Los perros fueron los primeros animales domesticados, evolucionando de lobos a compañeros humanos hace 15,000-30,000 años. Esta alianza simbiótica, nacida en el Paleolítico, fue clave para la supervivencia humana, ofreciendo protección y caza, y facilitó la transición de cazadores-recolectores a la agricultura, convirtiéndose en pilar social. Se cree que los lobos menos agresivos, se acercaron al hombre en busca de las sobras y comenzarón a tener alianzas amigables con este, forjando una relación que evolucionó rapidamente hasta lo que vemos actualmente.
Los perros han recorrido un camino increíble, desde lobos salvajes hasta convertirse en nuestros mejores amigos. Adentrémonos en esta fascinante evolución, comprendamos por qué los perros son conocidos como el mejor amigo del hombre. La evidencia arqueológica y genética sugiere que los perros comenzaron a evolucionar a partir de los lobos hace entre doce y cuarenta mil años. Nuestra relación con los perros, que a menudo damos por sentada, es realmente notable. Los primeros ancestros de los perros se parecían mucho a los lobos que los humanos solían cazar y a los que temían. Se cree que nuestros ancestros pudieron haber adoptado cachorros de lobo, que gradualmente evolucionaron hasta convertirse en perros domésticos a lo largo de muchas generaciones. Surge entonces la pregunta: ¿qué hizo que los humanos cambiaran de opinión y comenzaran a ver a un animal que tradicionalmente despreciaban como un posible animal de compañía? Según Yuval Harari, en " Sapiens: De animales a dioses ", los primeros humanos tuvieron que descubrir cómo vivir en armonía con estos depredadores para obtener los beneficios que finalmente permitieron la domesticación.
Hoy está relación es casi de dependencia mutua y en muchos casos hasta patologíca. Aún así, hay gente y mucha que ha comprendido la relación desde una perspectiva más compleja, reconocen que somos habitantes del mismo planeta, seres vivos y la relación con los perros nos fortalece, más en un siglo de soleddad, depresión y una ambición perversa.
Conozco en Medellín a una pareja joven, hermosa, llena de vida y por supuesto armoniosa y feliz. Comparten la vida con cinco perros, viven en el barrio "Fátima", en un tercer piso y su vida fuera de sus objetivos personales, está dedicada a cuidar estos hermosos animales. Me recuerdan una novela muy importante de Leonardo Padura: "El hombre que amaba los perros". El argumento es simple. Es un relato histórico, muy documentado. En 2004, a la muerte de su mujer, Iván, aspirante a escritor y ahora responsable de un paupérrimo gabinete veterinario de La Habana, vuelve los ojos hacia un episodio de su vida, ocurrido en 1977, cuando conoció a un enigmático hombre que paseaba por la playa en compañía de dos hermosos galgos rusos. Tras varios encuentros, «el hombre que amaba a los perros» comenzó a hacerlo depositario de unas singulares confidencias que van centrándose en la figura del asesino de Trotski, Ramón Mercader, de quien sabe detalles muy íntimos. Gracias a esas confidencias, Iván puede reconstruir las trayectorias vitales de Liev Davídovich Bronstein, también llamado Trotski, y de Ramón Mercader, también conocido como Jacques Mornard, y cómo se convierten en víctima y verdugo de uno de los crímenes más reveladores del siglo XX.
Poco he hablado con la pareja que me inspiró escribir esta nota, pero advierto el amor que sienten por sus mascotas. Tienen rutinas de cuidados que cumplen a cabalidad, los veo salir con esos cinco perros con un compromiso firme, siempre con alegría y se denota una empatía de compañía con los animales que nos pone a pensar como debe ser la relación con todos los seres vivos del planeta, exactamente con animales en toda la gama de su diversidad. De los perros he aprendido la lealta no desde sus definiciones y connotaciones gramaticales, sino desde el ejemplo y ver como siempre están con sus amos, no importa las circunstancias. Hay otra novela que esta pareja me recordó, Tombuctú (1999), es una conmovedora novela breve de Paul Auster narrada desde la perspectiva de Mister Bones, un perro inteligente y leal que acompaña a su amo, Willy G. Christmas, un poeta vagabundo enfermo, en su último viaje a Baltimore. El libro explora la amistad, el azar y la muerte. Otra novela que aconsejaría también leer es "Colmillo Blanco" (1906), de Jack London, narra la transformación de un híbrido de perro-lobo en el salvaje Yukón canadiense durante la Fiebre del Oro. Tras una infancia cruel, es maltratado como perro de pelea, pero el amor y la paciencia de su último dueño Weedon Scott, logran domesticarlo, enseñándole lealtad y cambiando la brutalidad por afecto.
Ver a mis amigos me conmueve, me llena de esperanzas sobre como será en el futuro la relación con nuestras mascotas. En la misma cuadra donde viven, al lado de la tienda memorable de la costeña Karen, vive Rey, un amigo que tiene una tienda veterinaria con igual talante, afecto y relación de entrega con las mascotas. Los barrios están llenos de estos animalitos, pero no es menos cierto que aún hay muchos perros callejeros y que pasan trabajo. Es definitivo que debemos hacer algo por ellos.
Me despido felicitando a esta pareja y ojala su ejemplo perdure por siempre.