miércoles, 28 de abril de 2021

EL ÚLTIMO LECTOR DE PIGLIA II

 


Entregaré algunas preguntas que hace el autor de esta excelente obra y que constituyen elucidaciones que son importantes para la literatura y que además incitan a nuevas lecturas y escrutan rigurosamente sobre la condición del lector desde la experiencia de un gran escritor. Aludiendo a experiencias de la mano de grandes escritores, que primero fueron lectores codiciosos: “Kafka se ha referido en su Diario a la propia extrañeza ante la escisión que acompaña el acto de leer: «Mientras leía Beethoven y los enamorados me pasaban por la cabeza diversos pensamientos que no guardaban la menor relación con la historia que estaba leyendo (pensé en la cena, pensé en Lowy, que estaba esperándome), pero esos pensamientos no me entorpecían la lectura que precisamente hoy ha sido muy pura. La vida no se detiene, diría Kafka, solo se separa del que lee, sigue su curso. Hay cierto desajuste que, paradójicamente, la lectura vendría a expresar. El lector inventado por Borges se instala en ese espacio. Quiero decir, Borges inventa al lector como héroe a partir del espacio que se abre entre la letra y la vida”.  Que hacer frente al universo de textos a disposición, ante la extensa y prolija publicación de obras y al poco tiempo que disponemos, Piglia afirma: “La versión contemporánea de la pregunta «qué es un lector» se instala allí. El lector ante el infinito y la proliferación. No el lector que lee un libro, sino el lector perdido en una red de signos”.

El interrogante planteado frente a la proliferación de textos lo resuelve con una cita de Borges: “En ese universo saturado de libros, donde todo está escrito, solo se puede releer, leer de otro modo. Por eso, una de las claves de ese lector inventado por Borges es la libertad en el uso de los textos, la disposición a leer según su interés y su necesidad. Cierta arbitrariedad, cierta inclinación deliberada a leer mal, a leer fuera de lugar, a relacionar series imposibles. La marca de esta autonomía absoluta del lector en Borges es el efecto de ficción que produce la lectura”.

Es cierto, al final el lector es el que selecciona, es su propio guía. De nuevo ante la disyuntiva que encuentra ante la pregunta qué es un lector, recurre a Borges: “Quizá la mayor enseñanza de Borges sea la certeza de que la ficción no depende solo de quien la construye sino también de quien la lee. La ficción es también una posición del intérprete. No todo es ficción (Borges no es Derrida, no es Paul de Man), pero todo puede ser leído como ficción. Lo borgeano (si eso existe) es la capacidad de leer todo como ficción y de creer en su poder. La ficción como una teoría de la lectura. Podemos leer la filosofía como literatura fantástica, dice Borges, es decir podemos convertirla en ficción por un desplazamiento y un error deliberado, un efecto producido en el acto mismo de leer”.

También en el acto leer aparece la otredad, el otro, el que mira a quien lee, la diatriba de Sarmiento entre civilización o barbarie es pertinente, pregunta que se hace Sancho en el Quijote.

Toma a Melville como modelo para estudiar al lector-copista, Felice como lo vimos anteriormente cumplió igual papel, Melville lo representa en este texto: “Bartleby, de Melville, es la figura literaria más radical de este tipo de lector-copista, lector-ayudante. El copista como héroe literario”. Hay una cita de Agamben a propósito del “Lector copista” que es pertinente:

Como escribiente Bartleby pertenece a una constelación literaria cuya estrella polar es Akakaij Akakievic («Allí, en aquella copia, se hallaba para él contenido en cierto modo el mundo entero […] tenía preferencia por ciertas letras y cuando llegaba a ellas perdía por completo la cabeza»); en su centro se encuentran esos dos astros gemelos que son Bouvard y Pécuchet («esa gran idea que ambos alimentaban en secreto… copiar») y en su otro extremo brillan las luces blancas de Simon Tanner («“Soy escribiente”, tal es la única identidad que reivindica») y del Príncipe Mishkin, capaz de reproducir sin esfuerzo cualquier caligrafía. Más allá, como un breve séquito de asteroides, los Secretarios de los tribunales kafkianos.

Piglia adelante realiza una serie de citas y análisis sobre las mujeres copistas a lo largo de la literatura. “Sofía Tolstoi podría ser el caso extremo y más interesante. Antes que nada, porque ella escribe un diario (y también porque se rebela: prefiere no hacerlo)”.  Son memorables, las veces que copia esta mujer las grandes obras de Tolstoi. Expresa Piglia con lucidez citando algunos textos:

Y aparece algo más secreto: “El lector como figura femenina. En su libro sobre los orígenes de la lectura, Phrasikleia. Anthropologie de la lecture en Grèce ancienne, Jesper Svenbro ha hecho notar la asimilación del lector a una posición femenina en la tradición griega. La pasividad estaría ligada a la imposibilidad del lector de discutir e interrogar un texto escrito, a diferencia de lo que sucede en la oralidad. (Cortázar, desde luego, cayó en la trampa con su idea del lector hembra opuesto al lector macho en Rayuela). Una pasividad que —siguiendo un estereotipo que viene de Freud— podríamos asimilar a una posición femenina. ¿Pasividad? No es el caso de Sofía Tolstói. Y, en un sentido, tampoco el de Felice”.

“Bartleby o la posición femenina. ¿Posición femenina? Bartleby y el rechazo tranquilo, la pasividad ligada a una firmeza y a una negación cerrada. La pasividad estaría ligada a la imposibilidad del lector de discutir e interrogar un texto escrito, a diferencia de lo que sucede en la oralidad. (Cortázar, desde luego, cayó en la trampa con su idea del lector hembra opuesto al lector macho en Rayuela). Una pasividad que —siguiendo un estereotipo que viene de Freud— podríamos asimilar a una posición femenina. ¿Pasividad? No es el caso de Sofía Tolstói. Y, en un sentido, tampoco el de Felice. Bartleby o la posición femenina. ¿Posición femenina? Bartleby y el rechazo tranquilo, la pasividad ligada a una firmeza y a una negación cerrada”.

Este libro nos entrega estereotipos de lectores, tomando a los escritores, a los textos emblemáticos de la literatura, en todo Aquello que es implícito para el acto de escribir, cuando se escribe siempre se espera que alguien nos lea y el lector como consumidor final e interprete quien cumple un rol amplio, el objetivo de quien escribe se cumple, cuando alguien lee lo escrito. Piglia estudia esta relación desde muchos ámbitos, como se da en la novela policiaca, escribe sobre el lector hostil, que va dejándonos un inventario lúcido del lector: “El letrado como el lector que sabe descifrar los signos oscuros de la sociedad; el acto de leer constituye al sujeto de la verdad”. Con respecto a la novela policiaca escribe: “En resumen, la clave del género es la construcción de una figura literaria nueva, que hemos visto nacer y que veremos transformarse: Dupin, el detective privado, el gran lector, el hombre culto que entra en el mundo del crimen. La prehistoria de la figura clásica del intelectual, su antecedente, y a la vez el que define su historia paralela, invisible. En Dupin, en la figura nueva del detective privado, aparece condensada y ficcionalizada la historia del paso del hombre de letras al intelectual comprometido”.

Hay una disertación amplia sobre la novela policiaca referida al tema. Invito al lector a leerla, pues como dije al principio del texto, incita de antemano a otras lecturas.

Hay un aparte del texto que Piglia lo denomina: “Ernesto Guevara, rastros de lectura”, empieza magistralmente con esta afirmación: “El lector, entendido como descifrador, como intérprete, ha sido muchas veces una sinécdoque o una alegoría del intelectual. La figura del sujeto que lee forma parte de la construcción de la figura del intelectual en el sentido moderno. No solo como letrado, sino como alguien que se enfrenta con el mundo en una relación que en principio está mediada por un tipo específico de saber. La lectura funciona como un modelo general de construcción del sentido. La indecisión del intelectual es siempre la incertidumbre de la interpretación, de las múltiples posibilidades de la lectura. Hay una tensión entre el acto de leer y la acción política. Cierta oposición implícita entre lectura y decisión, entre lectura y vida práctica. Esa tensión entre la lectura y la experiencia, entre la lectura y la vida, está muy presente en la historia que estamos intentando construir. Muchas veces lo que se ha leído es el filtro que permite darle sentido a la experiencia; la lectura es un espejo de la experiencia, la define, le da forma”.

Cuando Guevara piensa que muere, alude a un personaje de Jack London, recurre a la literatura, “Encuentra en el personaje de London el modelo de cómo se debe morir. Se trata de un momento de gran condensación. No estamos lejos de don Quijote, que busca en las ficciones que ha leído el modelo de la vida que quiere vivir”. “es la lectura la que modela y transmite la experiencia, en soledad. Si el narrador es el que transmite el sentido de lo vivido, el lector es el que busca el sentido de la experiencia perdida”.

El lector en busca del sentido desde la lectura. “En un sentido más general Lionel Gossman se ha referido a la misma cuestión en Between History and Literature, cuando señala que la lectura literaria ha sustituido a la enseñanza religiosa en la construcción de una ética personal”.

 

 


 

 



jueves, 15 de abril de 2021

WILLIAN OSPINA

 





WO es un escritor con un obra extensa, rigurosa, lúcida y bella. Ha trabajado con igual éxito todos los géneros y hace gala de un humanismo que corresponde a la tradición latinoamericana del talante de Baldomero Sanín, Sarmiento, Martí, Mariátegui, en libros que tratan y reflejan una preocupación constante por la situación de nuestros países que aún no salen de la pobreza y el regazo.  

Su poesía es esencial en su obra, antes que nada, WO es un poeta. Para hablar de la poesía de un autor hay que indagar por aquellos elementos que despiertan esa sensibilidad especial que anida en su memoria, la relación con su mundo y la interpretación del mismo a través de los versos.  Hay un ensayo de Libardo Vargas Celemin, puntual al respecto, que describe ese mundo de la infancia, esa geografía vasta y misteriosa, motivo de su última novela, fuente de esos recuerdos de la niñez que tanto le inspiran: “Ospina nació el 2 de marzo de 1954 en Padua, un corregimiento del municipio de Herveo, ubicado en la carretera que une al Tolima con Caldas. Allí, en medio de la bruma, las montañas vecinas, las casas de madera y el rugir de los camiones que iban de Marquita para Manizales, pasó los primeros tres años recibiendo el aire frío que descendía de las alturas de la cordillera Central y el vaho cálido del llano que alcanzaba a llegar hasta sus modestas viviendas. El poblado fue fundado por migrantes antioqueños que le habían puesto el nombre indígena de “Guarumo”. Los domingos y días de fiesta, los jinetes ebrios entraban con sus bestias a las cantinas; hombres elementales con las huellas que dejaba el viento de los páramos en sus mejillas”. Alguna vez se le preguntó por qué se inclinó por la literatura y su respuesta es una clave certera para entender la genealogía temática de sus poemas esenciales: “Los poetas y escritores en general expresan su deuda con la infancia, ya sea porque es cantera de temas y asuntos, o porque moldearon los gustos y las aficiones estéticas. Una persona, un paisaje, una mirada, muchas veces permanecen en la memoria del artista durante años o afloran en el proceso creativo como una especie de marca. Hay momentos que esas imágenes o detonadores se tornan visibles, mientras otras veces esas influencias se escudan y es difícil develarlas. Ospina tiene claro el origen de estas primeras relaciones con la poesía, “ella ha tenido mucho que ver con el cancionero popular. Yo comparto la tesis de Auerbach de que la mejor literatura es la que combina, como la Biblia, las ‛sublimitas’ con las ‛simplecitas’; o sea, decir las cosas más profundas en el tono más sencillo, eso lo hace la Biblia que es muy profunda y al mismo tiempo accesible, pasa fácilmente de mano en mano y todo el mundo la entiende o cree entenderla. Con las canciones pasa lo mismo, estas son el primer cuerpo de literatura popular de cualquier pueblo, esa fue mi primera relación con la poesía”. Las canciones populares y la música son vitales en el proceso creativo de su poesía. Alberto Guzmán Naranjo tiene un trabajo en la red titulado “La música en la poesía de WO”, descifra en parte esas conexiones entre música y poesía tan universales. Hay una cita en este texto de William que de alguna manera lo define:  William Ospina escribió en alguna parte que poesía es: “Dejar un testimonio de asombro y gratitud por la opresiva minuciosidad de cada minuto”; y que, en su poesía, “la gratitud no quiere ser silencio, sueña erigir en música el recuerdo, con casuales, tortuosas, imprecisas palabras.” Erigir en música… con palabras. La música nace de la poesía y la poesía se vuelve intemporal por la música que contiene. Leyendo un poema de Darío, comentaba Borges que, si las imágenes parecían triviales o deleznables, la música no había perdido su magia. “Cuando un poeta acierta, acierta para siempre”, decía, también, Flaubert”. WO es un conocedor del mundo poético, en todo aquello que un buen lector y ensayista debe conocer, los grandes poetas, la historia de la poesía en sus más relevantes momentos, la poesía colombiana. El ensayo “Las auroras de la sangre” es un estudio extenso sobre el libro de Juan De Castellanos: “Elegía de varones ilustres”, definido también como “la conquista de América por el lenguaje”, es un trabajo bien documentado, donde se hace un análisis minucioso del texto y el papel que juega la conquista desde el idioma, la forma como el idioma español se trasforma y se renueva en ese intercambio desigual de dos mundos.

La influencia de Jorge Luis Borges es evidente, de hecho, WO es un estudioso de su obra y lector juicioso del escritor argentino. Sus conferencias y estudios sobre el mismo son memorables, ordenados, rigurosos e invitan a otras lecturas. La poesía de Borges es como un faro que es percibido en los versos de WO entre otras influencias.  Toda obra es referencial a otros autores. “En el interior de toda obra literaria subyace una referencia implícita a diversas realizaciones artísticas precursoras de la concepción estética (Alfredo Laverde Ospina)”.

WO no solo es un excelente poeta sino un estudioso de la poesía universal y colombiana. En todos sus escritos, incluido los ensayos y las novelas, siempre están construidos con una prosa poética sublime.  El primer libro que leí hace muchos años fue el ensayo sobre la poesía del poeta Aurelio Arturo, ganador de un concurso sobre su obra. A este texto se le suman varios ensayos sobre la poesía colombiana

WO ha publicado excelentes libros sobre poetas colombiano, sobre algunos poetas universales y el proceso creativo.  En la próxima entrega hablaremos de ellos.


EL GATO

Gato Lejos del verbo y lejos de la idea,

fatal en los designios de su especie, 

sin nada en él que ame o que desprecie

por el mundo de Euclides se pasea 

el gato,  lenta, sigilosamente, 

simulando pensar; o salta a un lado, 

por súbitos impulsos acosado, 

a mi dicha o mi pena indiferente. 

¿Cómo verá este trágico teatro

 que es para mí temor, ventura, enojos, 

él, que ni sabe que son dos sus ojos,

 dos sus colores y sus patas cuatro?

         Bajo resurrecciones y agonías, 

         él es la eternidad, yo soy los días

CONTINUA EN LA PROXIMA ENTREGA 


domingo, 4 de abril de 2021

EXPERIENCIAS LITERARIAS

 


Hay un video en YOUTUBE que tiene como panelista al escritor Juan Gabriel Vásquez y al cineasta Sergio Cabrera, nos cuentan cómo nació y se escribió la novela “Volver la vista atrás” del primero. Estamos frente a una excelente disertación sobre la importancia del pasado en cualquier historia personal, el pasado es incólume, esta ahí y de hecho recurrentemente volvemos la mirada hacia hechos relevantes, en esta ocasión de la mano de un excelente escritor, de donde nace su última novela. Muchos nos preguntamos dentro del oficio, cómo nace una novela. Sabemos que en algunos casos, el poder de un escritor es descifrar la historia y narrarla. Esta es la historia de Sergio, de su exilio muy niño en China de Mao en compañía de su padre, el periplo por Europa, la prematura vocación por el cine, también es una novela sobre Colombia y su violencia eterna y del mundo por supuesto, en todo lo que afectó a Sergio. Me impactó esta conversación, nos dieron a conocer cómo nació la novela y como fue el proceso de restructuración de la misma, en un contexto que nos toca indefectiblemente. 

Gabriel García Márquez decía que sus novelas nacían de una imagen, de una historia que le perseguía y que sólo podemos salir de ella cuando la escribimos. Juan Gabriel, después de muchas Charlas con Sergio, se dio cuenta que en esos relatos de su vida había una novela.

Rosa montero escribió en la novela "La ridícula idea de volverte a ver" esta dilucidación: Los libros nacen de un germen ínfimo, un huevecillo minúsculo, una frase, una imagen, una intuición; y crecen como zigotos, orgánicamente, célula a célula, diferenciándose en tejidos y estructuras cada vez más complejas, hasta llegar a convertirse en una criatura completa y a menudo inesperada. Te confieso que tengo una idea de lo que quiero hacer con este texto, pero ¿se mantendrá el proyecto hasta el final o aparecerá cualquier otra cosa? Me siento como ese pastor del viejo chiste que está tallando distraídamente un trozo de madera con su navaja, y que cuando un paseante le pregunta, «¿Qué figura está haciendo?», contesta: «Pues, si sale con barbas, san Antón; y, si no, la Purísima Concepción».

Juan Gabriel Vásquez para este caso deja claro que es una novela de ficción y no una biografía como podemos presumir. La literatura está hecha de historias, el acto de la memoria se decanta en ficciones. Un novelista y un cineasta producen esta novela a partir de la vida de Sergio, su experiencia se convierte en el fundamento de la novela y por ese camino se cuentan muchas vicisitudes y hechos de carácter global.

Una novela empieza a nacer cuando un tema nos interesa, bien por que haga parte de nuestra propia vida o por otra razón, cuando se sobrepone a nuestra voluntad y empezamos a indagar y escrutar sus posibilidades narrativas, no hay otra manera de salir de esta obsesión que escribiendo. Viene después una etapa de investigación. Una vez superada esta etapa se inicia el proceso de estructuración de la novela o el cuento sí el caso.

Pilar Quintana, escritora colombiana, estructura completamente la novela a partir de una historia o una idea, ordena los ingredientes narrativos que la constituyen y solo a partir de este momento comienza a escribirla. Desde que inicia sus escritos sabe a donde llegará. He leído que en cambio algunos escritores más afortunados, empiezan a escribir sin ninguna estructuración hasta llegar al final de su historia, la musa les funciona. Gabo a partir de una idea como tema empezaba trabajar sus  textos, Bolívar, por ejemplo, inicia con una etapa de investigación muy intensa, mira si la escribirá en primera persona o no y después la estructura, para sentarse a escribirla. Hay hecho que nos persiguen, que parecen llamarnos, nos seducen. Javier Cercas escribió muchos de sus textos desde historias reales que después se convirtieron en ficciones, con todo el cuidado que requiere una buena historia.

Milán Kundera en los “Testamentos traicionados” da ejemplo de cómo nacieron algunas de sus historias, antes y después del exilio en Francia, después de nacer y vivir largo tiempo en su país ajeno a todas las libertades. El humor se vuelve una salida y a partir del mismo un escritor les da salida a muchas de sus ideas, desde la ficción funge como un Dios para oponerse a una situación de facto, por ahora inmodificable. Siempre parten de una pregunta o diatriba: La levedad o el peso, la inmortalidad, la ignorancia, la opresión, el humor como salida a servidumbres inmodificables.

Cómo una historia se vuelve universal, depende de su calidad estética, no importa el espacio y los limites que ella impone. El poder, las injusticias, las obligadas decisiones ante peligros eminentes como la migración, el amor...temas que recurrentemente están inmersos en las historias que la literatura nos entrega y nos devela. Está clara que hay que leer la novela de Juan Gabriel Vásquez.



domingo, 21 de marzo de 2021

EL ULTIMO LECTOR

 


Este es el nombre de un texto de Piglia, una elucidación sobre el lector y la lectura del más profundo calado. Desarrolla lo esencial de la condición del lector en la búsqueda del sentido de un texto, los mecanismos de apropiación y como no hay autor sin lector. Expresa en uno de sus apartes: La pregunta «qué es un lector» es, en definitiva, la pregunta de la literatura. Esa pregunta la constituye, no es externa a sí misma, es su condición de existencia. Y su respuesta —para beneficio de todos nosotros, lectores imperfectos pero reales— es un relato: inquietante, singular y siempre distinto.

Afirma Piglia: "La lectura es un arte de la microscopía, de la perspectiva y del espacio (no solo los pintores se ocupan de esas cosas). Segunda cuestión: "la lectura es un asunto de óptica, de luz, una dimensión de la física. Las interpretaciones sobre el papel del lector son muchas, muchas veces los textos han convertido al lector en un héroe trágico (y la tragedia tiene mucho que ver con leer mal), un empecinado que pierde la razón porque no quiere capitular en su intento de encontrar el sentido. Hay una larga relación entre droga y escritura, pero pocos rastros de una posible relación entre droga y lectura, salvo en ciertas novelas (de Proust, de Arlt, de Flaubert) donde la lectura se convierte en una adicción que distorsiona la realidad, una enfermedad y un mal”. La relación del texto y la realidad está develada en esta disertación desde perspectivas múltiples. Recordé el libro de Unamuno "Cómo se hace una novela”, la potencialidad de la literatura, de la ficción, plasmada en el texto, para el lector no solo hay una labor hermenéutica, sino de conocimiento, “Existe una filosofía de la lectura, atados a la concepción de la vida como novela y la novela como vida”. Para Unamuno “Rastrear el modo en que está representada la figura del lector en la literatura supone trabajar con casos específicos, historias particulares que cristalizan redes y mundos posibles (Piglia)”. El camino de estos desciframientos son laberinticos. 

Hay una historia del lector, una genealogía de su papel frente a la ficción y a la realidad. No existe texto sin lector. “El primero que entre nosotros pensó estos problemas fue, ya lo sabemos, Macedonio Fernández. Macedonio aspiraba a que su museo de “la novela de la Eterna” fuera «la obra en que el lector será por fin leído». Y se propuso establecer una clasificación: series, tipologías, clases y casos de lectores. Una suerte de zoología o de botánica irreal que localiza géneros y especies de lectores en la selva de la literatura. Para poder definir al lector, diría Macedonio, primero hay que saber encontrarlo. Es decir, nombrarlo, individualizarlo, contar su historia. La literatura hace eso: le da, al lector, un nombre y una historia, lo sustrae de la práctica múltiple y anónima, lo hace visible en un contexto preciso, lo integra en una narración particular”. “«Tlón, Uqbar, Orbis Tertius» plantea los dos movimientos del lector en Borges: la lectura es a la vez la construcción de un universo y un refugio frente a la hostilidad del mundo”. El lector juega un papel preponderante, completa el sentido, la hermenéutica hará “entender el discurso tan bien como el autor, y después mejor que él”. Grandes lectores ratifican en parte esta contextualización. Borges, George Steiner y el propio Piglia son ejemplo de esta dinámica.

Hay un acápite importante sobre “Hamlet”.  “Luego del encuentro crucial con el fantasma de su padre, Hamlet, como hemos dicho, entra con un libro en la mano. Shakespeare hacía muy pocas acotaciones, pero desde las primeras ediciones figura la precisión: «Hamlet entra leyendo un libro». Señala adelante en el texto: “Hay una tensión entre el libro y el oráculo, entre el libro y la venganza. La lectura se opone a otro universo de sentido. A otra manera de construir el sentido, digamos mejor. Habitualmente es un aspecto del mundo que el sujeto está dejando de lado, un mundo paralelo. Y el acto de leer, de tener un libro, suele articular ese pasaje. Hay algo mágico en la letra, como si convocara un mundo o lo anulara”.

Lo mismo hace con Kafka en relación con la correspondencia a Felice Bauer: “Esa correspondencia es un ejemplo extraordinario de la pasión por la lectura del otro, de la confianza en la acción que la lectura produce en el otro, de la seducción por la letra. «¿Será cierto que uno puede atar a una muchacha con la escritura?», se preguntaba Kafka en una carta a Max Brod, seis meses antes de conocer a Felice. Y de eso se trata”.

El texto entra en una disertación extensa sobre Kafka, no sólo en su relación con Felice y las interpretaciones de esta correspondencia de la cual sólo se conocen las cartas enviadas por el escritor y no las de Felice, mujer que tan sólo vio una sola vez. Igualmente, aspectos de sus “Diarios” en relación con su obsesión por la derrota de Napoleón y el regreso de las tropas de Rusia en pleno invierno. Indaga realmente el papel de la escritura en Kafka y de alguna manera en cualquier escritor: En lugar de una interpretación, tenemos el relato de lo que está por venir; mejor, la interpretación se convierte en relato (de las múltiples conexiones inesperadas). La escritura es una cifra de la vida, condensa la experiencia y la hace posible. Por eso Kafka escribe un diario, para volver a leer las conexiones que no ha visto al vivir. Podríamos decir que escribe su Diario para leer desplazado el sentido en otro lugar. Solo entiende lo que ha vivido, o lo que está por vivir, cuando está escrito. No se narra para recordar, sino para hacer ver. Para hacer visibles las conexiones, los gestos, los lugares, la disposición de los cuerpos”. Esta misma relación la establece en el caso de “Carta al padre”.

En un solo comentario conecta estas interpretaciones en relación con el escritor y el lector, con datos y enunciados que ayudan a entender el proceso creativo de Kafka y su metodología, resultados que terminan en las manos del lector: “Para entender la conexión hay que narrar otra historia. O narrar de nuevo una historia, pero desde otro lugar, y en otro tiempo. Ese es el secreto de lo que hay que leer. Y eso es lo que la literatura, según Kafka, hace ver sin explicar”. Algunos datos son muy curiosos: “Kafka escribe a mano con lápiz o con tinta. ¿Son dos momentos del manuscrito? ¿Dos versiones? ¿Una es más definitiva que la otra? Difícil saberlo. Por ejemplo, las dos cartas encontradas en su escritorio luego de su muerte con la orden de quemar sus manuscritos —quizá los dos textos decisivos de Kafka como autor— están escritas, la primera, en 1921, con tinta, y la segunda, en 1922, con lápiz”. “Digamos que Kafka era muy consciente de los distintos pasos y transformaciones de la escritura: el manuscrito, los cuadernos, el original, la copia, las pruebas de imprenta. Pasos en la lectura de sus propios textos. La dificultad es, por supuesto, salir de la versión solitaria y nocturna hacia la versión final, ir del manuscrito al original y a la copia. (Joachim Unseld ha trabajado muy bien estos problemas en su libro Franz Kafka. Una vida de escritor)”. En el texto igualmente se cita la forma en que trabajo León Tolstoi y su esposa Sofía, que copio siete veces versiones de “La guerra Y La Paz”; Dostoievski que escribe a la vez “Crimen Y Castigo” y “El Jugador”, está última en tensiones con un acreedor por lo que contrata a una taquígrafa: “Entre el 4 y 29 de octubre de 1866 le dicta El jugador y el 15 de febrero de 1867 se casa con ella, luego de pedirle la mano el 8 de noviembre: una semana después de terminar el libro y un mes después de haberla conocido. Una velocidad dostoievskiana (y una situación kafkiana). La mujer seducida por el simple hecho de ver la capacidad de producción de un hombre. La mujer seducida mientras escribe lo que se le dicta”.

Recuerda la relación de Borges con las mujeres como lectoras y también como copistas. “Todos los escritores son ciegos —en sentido alegórico a la Kafka—, no pueden ver sus manuscritos. Necesitan la mirada de otro. Una mujer amada que lea desde otro lugar, pero con sus propios ojos. No hay forma de leer los propios textos sino es bajo los ojos de otro”.

 

Seguiré realizando en la próxima entrega los aspectos relevantes del texto de Piglia “El último lector”.

 

sábado, 13 de marzo de 2021

LA CRITICA LITERARIA EN COLOMBIA

 


Me pregunto si existe una verdadera crítica en Colombia y la verdad, fuera de los grandes aportes de la academia, es difícil encontrar críticos rigurosos en la prensa y los medios de comunicación. Recordemos que ya no existen ni siquiera en la prensa escrita los famosos magazines del domingo, sobreviven muy pocos, eran un bálsamo, nos informaban lo que pasaba en materia de narrativa, fueron eliminados, las razones, nunca nos la dijeron. Sobrevive una sección cada mes en el periódico “El tiempo”, llamada lecturas, el colombiano todos los domingos pública en su magazín “Generación”, el periódico Espectador dedica unas cuantas páginas y pare de contar.

La crítica es muy importante, no solo escruta autores y obras, sino que constituye una incitación a la lectura. Colombia tuvo excelentes críticos. Los artículos de la academia son puntuales, verdaderos ensayos, rigurosos. Las facultades de literatura producen excelentes textos, muchas veces los aprovechan solo los alumnos pese a que se encuentran en la red, existe un problema de divulgación y análisis, imposible desconocer su labor, Pablo Montoya, escribió y escribe artículos y ensayos desde la revista de la universidad de Antioquía.

Baldomero Sanín Cano es el padre de la crítica literaria en Colombia. Después aparecen Luis Tejada, Marroquín, Hernando Téllez, Zalamea, Moreno Duran, Zuleta, Rafael Gutiérrez Girardot, Ramón Vinyes, Valencia Goelkel, entre el 30 y 70 del siglo XX,  cumplieron con una labor crítica encomiable, realmente fueron una pléyade de críticos que no ha vuelto a aparecer. Los mas destacados después de esta generación fueron Moreno Duran (Quien falleció muy joven), Gustavo Cobo Borda, William Ospina, Carolina Sanín, entre otros.

Julio Cesar Londoño, excelente escritor Valluno escribió al respecto: “Algunos piensan que la historia de la crítica en Colombia tiene tres hitos cosmopolitas: que empieza con esa catedral de la lengua que Rufino José Cuervo erigió en París (El diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana), se vuelve sofisticada y mundana en Buenos Aires con Baldomero Sanín Cano (Divagaciones filológicas) y toma la forma de una sinfonía babilónica en siete idiomas en México D. F. a través de la bífida lengua de Fernando Vallejo (Logoi). Estos tres polígrafos creían ser críticos, pero en realidad eran filólogos, id est, aplicados notarios de la lengua. Es por esto que aún erran extraviados en los eruditos laberintos de las declinaciones y las gramáticas comparadas. Yo creo que el ensayo literario empieza en serio a principios del XIX con Luis Tejada; con El humo, La nariz, La cola, El traje del hombre débil, Biografía de la corbata, La canción de la bala… son piezas brevísimas publicadas primero como columnas de periódico y compiladas luego bajo el rótulo de “crónicas” porque nadie sabía cómo llamarlas. A Tejada no le bastó la originalidad: agregó especulación, ternura y síntesis en proporciones exactas, y salpimentó la mezcla con una pizca de discreta perversidad. En su elogio a la gente simple, Los que lloran en el teatro, Tejada se compadece del crítico, muy avisado para conmoverse en el teatro y demasiado sensible para disfrutar las tragedias reales de la vida, “actos que solo algunos muy raros asesinos refinados saben apreciar”.

Escrute casi todos los periódicos de este tiempo, me refiero a Colombia indudablemente, pocas veces me encontré con comentarios adversos a una obra, siempre son elogiosas, no deja de ser paradójico, pareciera que trabajan para las editoriales. Hablan de su labor. Carolina Sanín, Antonio Caballero, Pablo Montoya, William Ospina, Julio Cesar Londoño cumplen un papel importante en esta materia.

Pablo Montoya se hace una pregunta pertinente y muy esclarecedora al respecto del tema: Hace más de medio siglo, Baldomero Sanín Cano hizo un pronóstico inquietante: en Colombia no existía crítica literaria. En breves pero justas explicaciones, Sanín Cano ponía en su sitio las pretensiones de muchos escritores de diversa índole. Todos ellos sospechaban, en realidad algunos estaban convencidos de ello, que eran críticos literarios en un país cuya literatura apenas alcanzaba los honores maltrechos de ser menor. Sanín Cano constataba, en el artículo “El ocaso de la crítica”, y apoyándose en lo que sucedió en la Francia y la Inglaterra decimonónicas, que una portentosa crítica literaria no tiene por qué surgir al lado de una portentosa narrativa o de una portentosa poesía. Esta última, concluía, se presenta por lo general años después y en pequeñas cantidades. Sin embargo, en el caso de Colombia habría que plantearse otra cuestión: ¿Cómo puede haber crítica literaria madura en un país dueño de una literatura de bajos niveles? Y más todavía: ¿Cómo puede desarrollarse favorablemente este género en un medio social ajeno a la práctica de la lectura?.  



sábado, 6 de marzo de 2021

ENTREVISTA A YÁSNAYA ELENA A. GIL. “LA LENGUA TIENE UNA CARGA POLÍTICA”

 

 

Después de la conquista poco nos hemos preguntado por los idiomas y la lengua de nuestras comunidades prehispánicas, no solo desde la perspectiva lingüística y etnológica, sino del valor subyacente de las misma y el papel del estado después del nacimiento de la república, cuando nos constituimos en estados libres. La apertura a la discusión la empezaremos con la lectura de este artículo, tomado de la revista “Letras libres “ punto de partida a discusiones futuras. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE

Karla Sánchez

En México, además del español, se hablan más de 365 lenguas y dialectos, agrupados en 68 sistemas lingüísticos, es decir, durante un año podríamos hablar un idioma diferente cada día. Así de lingüísticamente diverso es el país. Sin embargo, la mayoría de la población es monolingüe y no es capaz de nombrar las lenguas indígenas que se hablan en su región. Para Yásnaya Elena A. Gil, escritora y activista por la diversidad lingüística y los derechos lingüísticos de las comunidades indígenas, el Estado se ha valido de la lengua para borrar la identidad de los indígenas y construir el mito del mestizaje. Su libro más reciente, Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística (Almadía, 2020), es un compendio de artículos que reflexionan sobre la dimensión política de la lengua.

 

A lo largo de sus artículos y de su trabajo como activista ha señalado cómo las comunidades, naciones y pueblos indígenas han sido víctimas del Estado, que ha usado la lengua como herramienta para anular su identidad. ¿Cuáles son los mecanismos de la imposición del español a los hablantes de lenguas indígenas y sus consecuencias?

 

No en todo el mundo, pero en México la lengua ha sido el principal medio de mestizaje del Estado. ¿Por qué? Porque es muy difícil de hacerlo. En Canadá sabes que alguien es indígena porque hay una serie de mecanismos legales que tienen que ver con la cuota de sangre, es decir, que a partir de cierto “porcentaje” de sangre indígena en tu linaje te van a considerar como tal. En el caso mapuche en Chile, por ejemplo, rastrean el apellido. Si tienes apellido mapuche eres mapuche. En México el apellido no te sirve; yo me apellido Aguilar, por ejemplo, y la cuota de sangre arrojaría que el 80% de la población es indígena. El criterio que utiliza el Estado legalmente es el de la autoadscripción, o sea, con que tú te asumas indígena eres indígena, pero en los hechos no es así. Si preguntas cuánta gente indígena ha muerto por covid lo que te dicen las autoridades es cuánta gente que habla lengua indígena ha muerto por covid. Entonces en México lo que importa es la lengua.

 

En 1820 entre el 65 y el 70 por ciento de la población, según cálculos de los historiadores, hablaba una lengua indígena. El español era una lengua muy minoritaria y el 30 por ciento restante seguramente hablaba alguna lengua indígena además del español u otras lenguas. En doscientos años se desidentificó a la población mayoritariamente indígena para que ahora solo el 6.6 por cierto hablemos una lengua indígena y que como indígenas solo nos identifiquemos un 11 por ciento.

 

¿Qué pasó con esa abrumadora mayoría? En muchos casos el etnocidio, como en el norte que desaparecieron a pueblos completos; ya no hay pericúes, por ejemplo. Federico Navarrete apunta muy bien cómo, al final del siglo XIX, la unión por matrimonio e informal entre gente blanca y gente indígena era muy poca. Lo que ahora llamamos una mayoría mestiza es población que en realidad es indígena, pero que fue desindigenizada a través de arrebatarles la lengua. Por eso la lengua es tan importante en el caso mexicano, porque el Estado la ha utilizado para construir el mito del mestizaje. Si alguien purépecha se casaba con alguien mixe, por la presión cultural y el racismo, ya no transmitían sus lenguas, ni sus culturas, y después de dos generaciones, aun casándose entre migrantes indígenas, sus descendientes ya se consideraban mexicanos de la Ciudad de México, y entonces ya no se identificaban con ser purépecha o ser mixe, sino ahora con ese nuevo licuado ideológico que creó el Estado que es ser mexicano y que implica hablar español. Es muy raro que alguien se identifique como mestizo. El arrebatar la lengua ha sido fundamental para el proyecto nacionalista mexicano y la creación de la identidad mexicana. Si se hubiera mantenido la proporción de inicios del siglo XIX y el 70 por ciento de la población mexicana hablara una lengua indígena la minoría no sería la población indígena y el español no sería la lengua dominante. Podríamos tener un escenario similar al de la India, con una sociedad multilingüe o por lo menos bilingüe. Es posible que tal vez la lengua franca del Estado fuera el náhuatl, que hubiera una mayor presencia de las lenguas indígenas y que lo normal fuera que en la Ciudad de México la gente hablara español y náhuatl.

 

En un ensayo de 2015 ya advertía sobre el lingüicidio en México y en el mundo. ¿Cuál es el panorama al día de hoy? ¿Ha habido un avance o un retroceso? En el caso del mixe, ¿cuál es el estado en el que se encuentra?

 

Según datos del censo de 2015, la población de cinco años y más hablante de una lengua indígena era del 6.6 por ciento. Patricio Solís, investigador del Colmex, calculó que la tasa media de pérdida de transmisión intergeneracional, es decir, de mamás que hablan lenguas indígenas e hijas que ya no, es del 40 por ciento. Esto es brutal, mucho más alto de lo que yo había considerado hace unos años. Se pueden hacer muchas cosas, pero si no se garantiza la tasa de transmisión intergeneracional la lengua se muere.

 

La principal razón por la que esto sucede es por el factor ideológico y la presión de no querer transmitirla porque el español es la lengua que más se utiliza. Esto es una falsa disyuntiva porque por fortuna el cerebro no te dice: “Oye, ¿quieres aprender inglés?, desinstálate el español para que puedas hacerlo.” Puedes aprender mixe y español perfectamente. También el problema es el sistema educativo. Yo conozco a personas que no hablan inglés y mandan a sus hijos a escuelas bilingües para que aprendan inglés. También conozco a personas que han transmitido su lengua, por ejemplo, mis primitas y mis primitos hablaban mixe muy bien antes de ir a la escuela, pero al entrar a la escuela se los cercenaron. Aunque ya no te lo prohíben explícitamente o te golpean para que no lo hables, a mí todavía me tocó eso, en las escuelas no hay enseñanza en mixe. Hay muy poco espacio para tu lengua. Yo jugaba con mis primos con la lengua de casa, ahorita ver a los niños jugando en mixe es muy raro.

 

Algunos lingüistas consideran que, como las lenguas están en constante evolución, es normal que muchas mueran cuando ya no son útiles para los hablantes. ¿Por qué es importante proteger la diversidad lingüística?

 

Esa postura tiene varias falacias. Una es que las lenguas no dejan de ser útiles, sino que existen porque son útiles. Yo no te puedo decir: “Fíjate que estás en Estados Unidos, pero ya no quiero que sueñes en español porque no es útil.” O sea, es útil porque tú sueñas en esa lengua, te es útil porque es el vehículo de tu pensamiento. Existe porque es útil a una comunidad de hablantes.

 

También están los que culpan a la globalización de la pérdida de las lenguas. Si eso fuera verdad solo once lenguas se hablarían porque son las que tienen mayor presencia en internet. Uno pensaría que las lenguas con muy pocos hablantes van a desaparecer a causa de la globalización. El yoruba es una lengua indígena que se habla en África Central, tiene cuatro veces más hablantes que el danés, pero está perdiendo hablantes mucho más rápido que el danés. ¿Por qué el danés que, a pesar de tener tan pocos hablantes, no está en riesgo de desaparecer por la globalización? La diferencia es que hay un Estado, un sistema educativo y judicial que utiliza el danés. El yoruba no tiene eso. Se trata de un asunto político. Junto con las lenguas maternas siempre han existido las lenguas vehiculares como el latín lo fue muchos siglos, el francés lo ha sido, el náhuatl lo fue para estos territorios. Eso no significa que estas atenten contra otras lenguas, porque tienen claro dónde se usa una y dónde se usa otra. No es la necesidad de comunicarse en el mundo lo que hace que se atente contra las lenguas. El hecho de que exista el inglés como lengua franca es maravilloso, pero eso no significa que yo deje de hablar mi lengua, porque además el cerebro no me lo exige; puedo hablar español, inglés, mixe y más porque el cerebro humano te permite aprender muchas lenguas, de hecho el límite para aprender lenguas es más de memoria que de capacidad. Entonces, no es la globalización, son los Estados nación.

 

Hablar diferentes lenguas tiene muchas ventajas a nivel cognitivo y cultural. Pero, en el caso de México, una sociedad que era multilingüe se convirtió en monolingüe a causa de la intervención del Estado. Mientras la mayor parte de la población indígena somos bilingües, la mayor parte de la población hispanohablante es lamentablemente monolingüe.

 

El año pasado, la Secretaría de Cultura y el Inali presentaron la Declaración de Los Pinos “Construyendo un Decenio de Acciones para las Lenguas Indígenas”, en la que plantean incorporar las lenguas indígenas a las políticas públicas y garantizar la educación bilingüe, multilingüe y en lengua materna, entre otras medidas. ¿Cómo califica los esfuerzos gubernamentales para preservar, difundir y promover la diversidad lingüística del país? ¿Toman en cuenta las dinámicas, tradiciones y opiniones de los hablantes?

 

La historia de la legislación lingüística se puede rastrear desde la época colonial. Pero los casos más recientes iniciaron con el cambio del artículo 4° de la Constitución en 1992, el cual empieza a reconocer los derechos de los indígenas. Posteriormente hubo un cambio en el artículo 2°, como consecuencia de no hacer la reforma propia de los Acuerdos de San Andrés. Y en 2003 se promulga, con gran empuje del movimiento indígena, la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas de México. Esa ley equipara las lenguas indígenas con el español como lenguas nacionales. Es una ley muy potente y con base en ella se crea el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas en 2003. Ya existe una fuerte reglamentación porque al bloque constitucional se suma el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo que es muy útil en el activismo judicial a favor a los pueblos indígenas. El asunto, como siempre, es que existe todo un entramado legal pero hay una brecha de implementación.

 

La Declaración de Los Pinos estuvo enmarcada en el Año Internacional de las Lenguas Indígenas y se está planificando un decenio. El asunto es que hay poco entendimiento desde el Estado de lo que tiene que hacer para que las lenguas se revitalicen. Para empezar tiene que hacer un diagnóstico. No hay un diagnóstico fiable porque no es lo mismo una lengua como el ayapaneco, que tiene menos de cinco hablantes fluidos que son personas muy mayores, que mi comunidad donde las asambleas son en mixe y hay mucha interacción con la lengua, o que un pueblo monolingüe como el chinanteco. Se necesita un diagnóstico regional, no son iguales una comunidad indígena en la sierra y una ciudad indígena zapoteca como Juchitán, son otras realidades. También sería bueno formar comités por cada lengua para que los hablantes participen y se puedan desarrollar diferentes programas de intervención desde las comunidades.

 

Urge que el Estado deje de violentar los derechos lingüísticos. Toda la administración judicial de intérpretes y traductores debería armonizarse. Y más adelante reconocernos la autonomía que de facto poseemos para tener nuestros propios sistemas educativos. ¿Te imaginas al Estado soltando el control de la educación? Yo no lo veo. El Estado lo que hace es inventar más premios de literatura en lenguas indígenas, o sea, la lengua como folclor pero no como un fenómeno societal, como dice Víctor Naguil, un artista mapuche. La lengua lo empapa todo; a mí me encantan las danzas, la música de los pueblos indígenas, pero es verdad que no estamos danzando ni haciendo música todo el tiempo, aunque la lengua sí está presente a cada momento. Tú te despiertas y piensas en una lengua, vas y le hablas a tu perrito en una lengua, y el hecho de que tú sueñes en una lengua tiene una carga política detrás porque no depende de ti. Es un asunto de territorio lingüístico, de territorio cognitivo.

 

En relación con la legislación, en diciembre, el senador Martí Batres presentó una iniciativa para que el español y las lenguas indígenas sean consideradas idiomas oficiales de México, ¿por qué esto sería contraproducente?

 

Como decía antes, vemos que legislan y el problema es la brecha de implementación. Ya existe la Ley General de Derechos Lingüísticos que dice que las lenguas indígenas y el español son lenguas nacionales, que no es lo mismo que oficiales. Por otro lado hay personas como Gonzalo Celorio o Jaime Labastida que han luchado por hacer del español la lengua oficial de México. No es necesario tener lenguas oficiales porque sabemos que de facto el español es la lengua de la administración del Estado, pero si le das esa potencia legal la violación a los derechos lingüísticos de los hablantes de lenguas indígenas será peor porque no estaremos en igualdad de circunstancias. El año pasado se pasó a diputados otro cambio al artículo 2° para que ahí quedara establecido que las lenguas indígenas y el español son lenguas nacionales, o sea lo que ya estaba en la Ley General pasarlo a nivel constitucional. En medio de este proceso se le ocurre esta iniciativa al senador Martí Batres, sin consultarla con los hablantes y representantes de los pueblos.

 

¿Cuál es mi problema con que sean oficiales? En primer lugar, no es una ley a favor de la diversidad lingüística ni en contra de la discriminación lingüística y no toma en cuenta que además de las lenguas indígenas hay otras lenguas de otras comunidades que también necesitan tener protegidos sus derechos lingüísticos, como es el caso de la población menonita que habla plautdietsch, la población gitana que habla romaní, la población de Chipilo donde se habla véneto, y además no contempla que en un futuro puede haber mayor migración que genere otro tipo de comunidades de habla. Tampoco considera las lenguas de señas –ni la maya ni la mexicana ni la purépecha– que están en desarrollo. Entonces, tiene una visión estrecha en torno a la diversidad lingüística que no abona. Cualquier persona que esté a favor de la diversidad lingüística no va a estar a favor de tener lenguas oficiales, porque es un encajonamiento de estas y solo estas.

 

Una de las discusiones en torno a las lenguas indígenas es si es pertinente o no llamar literatura a sus producciones poéticas y narrativas. Vemos que cada vez es más común encontrar categorías dentro de premios nacionales e internacionales enfocadas en lenguas indígenas, pero que de alguna manera las conciben como si fueran todas iguales. En primer lugar, ¿podemos hablar de una literatura en lenguas indígenas? Y si es así, ¿cómo fomentarla sin reproducir estas prácticas segregadoras?

 

Claro que se puede hablar de literatura en lenguas indígenas porque la hay y se está produciendo bajo la división genérica textual literaria de Occidente. Además hay un movimiento de mujeres escritoras en lenguas indígenas muy importante. Lo que hay que hacer es reconocer esta literatura, leerla y que la industria editorial se abra a la realidad y deje de ser monolingüe.

 

Roman Jakobson ya hablaba de la función poética, que es la capacidad que tienen todas las lenguas de generar un corpus poético, o sea un habla extraordinaria que no es la común. En las muchas naciones indígenas se encuentra esta función poética y usualmente está vinculada a los rituales y sus soportes son distintos, no siempre es el papel o la imprenta, es la memoria.

 

Es distinto, por un lado, el pueblo mixe ha tendido un puente intercultural en cuanto a aprender de los géneros y la tradición occidental y escribir en la propia lengua; y, por otro lado, la pérdida lingüística puede generar un poeticidio, por así decirlo, de estas tradiciones distintas. Para mí la literatura es un fenómeno muy propio de Occidente con sus propios rituales y tradiciones, y la conformación del canon sobre todo es escrita. Pero la función poética en las tradiciones indígenas se manifiesta de diferentes maneras, por ejemplo, en la tradición zapoteca del Istmo tienen su propia división genérica poética. Habría que dejar de ver esto como “literatura oral”, o “lírica popular”, porque esto revela un desprecio. No creo que pueda haber una división binaria como literatura y “todo lo demás”, sino que en ese “todo lo demás” hay un montón de diversidad.

 

Mucho se habla del papel del Estado para lograr que las lenguas indígenas ocupen más espacios y se respeten los derechos lingüísticos de sus hablantes, pero ¿cuáles son las responsabilidades de los ciudadanos y de otras esferas, como la academia y los medios de comunicación, en esta labor?

 

Primero asumir que no es un asunto de culpas. El Estado hizo que cuando fueras a la primaria te aprendieras los nombres de los ríos de Europa, pero no los de las lenguas que se hablan en tu región. Hay una censura sistemática sobre estos temas, porque es parte de olvidar a los pueblos indígenas. Entonces, lo primero que hay que hacer es informarse, porque no puedes apreciar lo que no conoces o no sabes que existe. Debemos estar conscientes de la diversidad lingüística y encontrar el disfrute en ella, que conozcas una canción en náhuatl, aprendas a leer en maya y puedas hablar purépecha. Sin duda aprender una lengua indígena es algo muy deseable, pero también unirse a las causas de las naciones indígenas, porque hay muchos casos de discriminación y de violencia lingüística. Como persona hablante de español también le puedes exigir al Estado que tienes derecho a disfrutar esa diversidad lingüística y que tendría que darte esos espacios.

jueves, 4 de marzo de 2021

LA IGNORANCIA DE MILAN KUNDERA


Estoy leyendo de Milán Kundera, una novela corta llamada “La ignorancia”, definitivamente es uno de mis autores preferidos. Es la historia del regreso, dos personajes que se hallan en esta peculiar Odisea moderna, viven entre la opresión de un capitalismo voraz y la izquierda, el sujeto metido en el eje de la geopolítica, la disputa entre el capitalismo voraz y los gobiernos de izquierda, el último reducto de las profecías de Marx. Al final, con la caída del muro de Berlín, se impone la democracia liberal, el capitalismo. La realidad de occidente será otra cosa a partir de este hecho.  Una pareja que se conoce por pura casualidad en el periplo de regresar, después de 20 años de exilio, se enamoran, saben de antemano que volver a Praga termina siendo una nostalgia, el tema también es la añoranza.

Se narra desde la visión del sujeto que le toca aceptar decisiones por encima de su fuero. Kundera escruta la condición humana, el sujeto sometido a servidumbres que no maneja, es también una mirada a la condición del exiliado, el abandono y el corte con el pasado, que siempre aparece y por su puesto es una Odisea moderna, el regreso desde Homero es un tema importante. Pese a ser una narración exótica, profundamente triste, tiene el tono metafísico que suele identificar a este autor, parte siempre de una hipótesis, de un interrogante que obliga a una toma de decisión.

Me encontré con este análisis de Amelia Gamoneda: Hay, como siempre en la producción de Kundera, una voluntad de aunar ficción y reflexión, y, también como siempre, parece que la ficción se resiente de tal alianza. No es un secreto que sus novelas atraen al público por valores como la causticidad o la mordacidad, y que de ellas el lector retiene sobre todo frases punzantes y máximas atrevidas; la entretela de sus libros es más especulativa que narrativa, y esa predominancia explica las incursiones de Kundera en el ensayo, y muy en particular la emprendida justo después de su mayor éxito novelístico: La insoportable levedad del ser. En realidad, no fue sólo un cambio de género, pues El arte de la novela (1986) supuso también un cambio de lengua: del checo al francés. Volvió después momentáneamente al checo con la novela La inmortalidad, pero –como en el caso de Irena y de Josef– esta vuelta a la patria lingüística no fue sino un rodeo para abandonarla; desde entonces, sus ensayos y novelas están escritos originalmente en francés: Los testamentos traicionados, La lentitud, La identidad, La ignorancia. Volver a la lengua materna, el giro lingüístico.

Otro tema importante, la libertad y la toma de decisiones. Asumimos que nosotros decidimos, al final pesan más las circunstancias ajenas, las decisiones las toma otro. Hay una especie de soledad programada desde el poder, otros deciden por nosotros, pese a la encrucijada, volver, que es la grata esperanza, nos lleva a lo mismo, no importa dónde nos hallemos…valen más los deseos y las aventura en el regreso que la glorificación de llegar, llegamos y añoramos el exilio que es la indiferencia. El tema se desarrolla a partir de una relación, el azar. “Una mujer y un hombre se encuentran por casualidad durante su viaje de regreso al país natal del que emigraron hace veinte años. ¿Podrán reemprender una extraña historia de amor, apenas iniciada entonces en su tierra? El caso es que, tras tan larga ausencia, «sus recuerdos no se parecen». Porque «nuestra memoria, la pobre, ¿qué puede hacer? Sólo es capaz de retener del pasado una miserable pequeña parcela sin que nadie sepa por qué precisamente ésa y no otra…». Vivimos sumidos en un inmenso olvido, y no queremos saberlo. Sólo aquellos que, como Ulises, vuelven después de veinte años a su Ítaca natal pueden ver de cerca, atónitos y deslumbrados, a la diosa de la ignorancia.

La novela es la historia sobre la pérdida de la patria. Narra sobre los sentimientos de una mujer y un hombre checos que habían emigrado de la Checoslovaquia comunista y que visitan su patria después de que ésta recuperara la libertad. Al final no se reconocen en ningún sitio, no se identifican.