martes, 17 de febrero de 2026

ALREDEDOR DE UN PARQUE (Capitulo 1)

 Como cuando la mejor bandeja de la vajilla se rompe y todo el simbolismo heredado de una familia se acaba, así, el intento de suicidio de Federico, dejó a todo el grupo del parque conquistadores estupefacto. Esperábamos algo como esto, pero no en el momento que creíamos que todo funcionaba. Desde hace cinco años somos la cagada pura del barrio conquistadores, nada que hacer, el grupo era lo más odiado. Estábamos enamorados  del sufrimiento, gozábamos con las miradas furtivas y los señalamientos, enamorados del mal, como buenos tropeleros entre discusiones eternas alrededor de lo que leíamos, los días pasaban sin nada  que nos preocupara.

Los tres mateos, Santiago, Ana, Caliche, federico, Sanín entre otros, a eso de las dos de la tarde,  estábamos, indefectiblemente sentados en la misma banca de siempre, disertábamos de lo humano y lo divino. El grupo nació después del último periodo presidencial del doctor Uribe, un facho de miedo, el oprobio de una nación que vive entre odios y radicalismos gracias a una derecha radical que hará todo por permanecer en el poder y lógico por usufructuarlo como una alimaña. El grupo sabía que no hay nada más estúpido que no saber qué hacer. además partimos siempre del principio de que la conciencia es una enfermedad y la inconciencia una virtud.

Cuando visite a Feder en la clínica Soma después de haber estado tres horas tomando cerveza en el parque de los periodistas, entre porros, pases de coca, profesionales desertores de las rutinas impuestas por la necesidad de sobrevivir en una sociedad voraz, me di cuenta que la vida es absolutamente frágil. El espectáculo de ver un hombre joven, que parece un cosaco o un Vikingo, vigoroso como el que más, inteligente y con un humor repentista sin igual, conectado a mil aparatos, inconsciente, enfrentando a los avatares de una decisión incuestionable para el grupo, sentí que, realmente la existencia es lo más efímero que hay, estamos de paso y queda claro que, la vida es para gastársela. Shakespeare decía que la muerte es una deuda que todos debemos pagar. Sócrates que morir no es tan temible como vivir temiendo la muerte. Nada más cierto. Feder lleva quince días inconsciente. Ahora pregunto, cuando realmente lo estuvo. Mientras lo miro, pienso en Ana, su pareja y quien hace dos años es cercana al grupo. A mis amigos los conozco desde lo que percibo en una existencia que desde hace cinco años parece un colectivo sin ningún acuerdo y menos condicionamientos. Vivimos algunos en barrios cercanos a conquistadores. Otros en el propio barrio y unos pocos, donde los coja la noche, o en lugares compasivos, como seres trashumantes e itinerantes urbanos. Miro a Feder y me pregunto que piensa. Nunca he creído en el más allá. Recordé a Borges quien con ese sabor poético en todo lo que habló expresaba que la muerte es una vida vivida y la vida es una muerte que viene. Salí de la clínica con más interrogantes que respuestas. El grupo no se había vuelto a reunir. Me encontraba de vez en cuando con Mateo el hijo de Zapatica en la tienda de Karen en Fátima, no dejaba de pensar en el protagonista de una excelente novela Dostoievski, "Memorias del subsuelo, sentía una profunda alienación con la sociedad y las normas sociales. Se siente marginado y despreciado por los demás, lo que le lleva a aislarse en el subsuelo, donde se siente más cómodo. Tal vez Feder sintió esto. No había vuelto hablar con Ana, creo que lo conoce mejor que nosotros. Volví a leer a Ernesto Sábato, lo que me producía verdadera angustia. Hace poco hable con Mateo el director y actor de teatro quien era más amigo de Feder que yo y fue poco lo que me dijo sobre el suceso, ha preferido el silencio y pienso que es más sabio. Solo nos queda esperar y la verdad poca paciencia me cabe en la vida. Es un hecho que hay cosa que manejamos y otras no. 


jueves, 12 de febrero de 2026

QUERIDAS LECTORAS QUERIDOS LECTORES(ANAGRAMA 6 DE FEBREO 2026)

 


Años más tarde de que Clarice Lispector se irritara por la comparación con Virginia Woolf que un crítico hizo de ella, la autora insistía en ese símil que consideraba odioso: «No me gusta cuando dicen que tengo una afinidad con Virginia Woolf (por cierto, no la leí hasta después de escribir mi primer libro): es que no quiero perdonarla por haberse suicidado. El terrible deber es el de llegar hasta el final».

Virginia Woolf se suicidó el 28 de marzo de 1941. Se adentró en el río Ouse con los bolsillos del abrigo llenos de piedras. En Reliquia, el nuevo libro de Pol Guasch, que publicamos en catalán y castellano, con traducción de Unai Velasco, el autor lo cuenta así: «Tenía cincuenta y nueve años. La encontraron semanas después. Su marido, Leonard, decidió incinerarla y enterrar sus cenizas bajo un árbol en Rodmell. A él le dedicó las últimas palabras, en una carta que escribió a mano, temblorosa, como pudo.»

No es para menos que esa nota haya pasado a la historia como una de las despedidas más bellas que podemos recordar. En ella escribe: «Estoy segura de que me vuelvo loca otra vez. Siento que no podemos pasar por otro de esos momentos terribles. Y que esta vez no me recuperaré. Empiezo a oír voces, y no me puedo concentrar. Así que hago lo que me parece que es lo mejor que puedo hacer».

                Leonard y Virginia Woolf.


 Eso es lo que Clarice Lispector nunca perdonó: que en esa misma carta de despedida, Woolf le dijera a Leonard «no creo que dos personas hayan podido ser más felices», tampoco que rompiera la promesa que le hizo a su colega E. M. Forster de cenar a final de mes, y que se entregara al caudaloso río Ouse para no regresar jamás.

Lispector no perdonaba el abandono. O puede que lo que no perdonase fuera la retirada, la rendición. Miraba la muerte con cierta superioridad: «No llores a los muertos: ellos saben lo que hacen», dijo una vez. Escribir era la única forma que tenía de sentirse viva. Puede que, para ella, el suicidio de Woolf fuera una suerte de espejo en el que veía reflejados sus miedos: la locura, la capitulación, el olvido... Fuere como fuere, el juicio de la escritora brasileña denota una verdad reluciente: que no es fácil comprender las decisiones de los demás; ni tampoco sus huidas, que se convierten, para los que se quedan, en abandonos.



  • Aftersun

La celebrada película de Charlotte Wells, Aftersun, persigue a dos personajes a lo largo de un viaje final: el de un padre y una hija durante un verano por la costa turca. Ella regresará. Él, no. Se sugiere la posibilidad del suicidio como la causa de ese imposible retorno. No hay palabras para comprender qué ocurre en la cabeza del padre: la hija lo mira atónita, sin entender los mecanismos de su pensamiento. Puede tratarse de una tremenda melancolía o depresión, de un dolor indescriptible, un desarraigo existencial, da igual: no hay palabras para eso. Solo la poética del film puede capturar aquello que se escapa de cualquier discurso médico o sociológico. Es el dolor de alguien que no encuentra lugar en el mundo. 

En una escena, la hija descubre a su padre, que intenta aligerar su dolor practicando un arte marcial. Ocurre lo mismo en Reliquia, donde el autor, volviendo a los años de su infancia, descubre a su padre en el jardín practicando jiu-jitsu. Huidas parecidas para un sufrimiento compartido y una misma estrategia: hacer del arte, sea cine o literatura, la forma para nombrar lo que no tiene nombre.



  • Lo que no tiene nombre

Piedad Bonnett escribió un libro titulado Lo que no tiene nombre en el que repasaba la muerte por suicidio de su hijo Daniel. Unos años más tarde, se encontraría con la poeta Chantal Maillard en el Festival de Poesía Irreconciliables para compartir una velada de homenaje: ambas fueron madres de hijos que se llamaron Daniel y ambas les sobrevivieron después de que se suicidaran de la misma forma en el mismo mes. De ese encuentro poético, sobrio y litúrgico surgió el libro Daniel, escrito a cuatro manos, que empieza con esta dedicatoria: «Contra el tabú. Por esa libertad. Por el coraje del suicida. Como homenaje».


           Chantal Maillard y Piedad Bonnett, en el recital del Festival de Poesía Irreconciliables, 2018.




Conmover, irritar, sacudir las cosas

«La historia contemporánea se puede escribir en prosa, pero suena más bien a poesía apocalíptica. Vivimos anticipando una catástrofe que nunca llega a materializarse del todo y, sin embargo, nos destruye.»

Os invitamos a leer este lúcido texto, escrito por Patricio Pron, que amplía las posibilidades de su última novela, En todo hay una grieta y por ella entra la luz, ya en librerías.

https://www.anagrama-ed.es/noticias/general/conmover-irritar-sacudir-las-cosas-1592

La euforia de notar

«Mi novia ve cosas que yo no veo. [...] Su ojo selecciona elementos que merece la pena notar, y en numerosas ocasiones modifica el elemento a la hora de hacerlo.»

Ya está disponible el segundo artículo de la columna de Kiko Amat en Fuera de página, en el que reflexiona sobre el superpoder del escritor: estar siempre atento a los detalles que convierten la realidad en narrativa.






miércoles, 11 de febrero de 2026

SALMAN RUSHDIE. AUTOR ARAGONÉS

 


He  tomado este artículo de la excelente revista " Letras  Libres " de  México. Cesar Hernando Bustamante.


Como señaló Félix Romeo, todos los escritores del mundo son aragoneses, incluido el célebre autor de ‘Los versos satánicos’.

Las elecciones autonómicas de Aragón ayer fueron importantes. Pero también es buen momento para recordar asuntos permanentes e incluso axiomáticos. Como señaló Félix Romeo, todos los escritores del mundo son aragoneses, y yo voy a demostrarlo con Salman Rushdie.


Rushdie, nacido en Bombay en 1947, formado en Inglaterra y residente en Estados Unidos, ha hablado en numerosas ocasiones de Luis Buñuel y lo cita en su nuevo libro, La penúltima hora, donde, en otro guiño a su aragonesidad, menciona el Manuscrito encontrado en Zaragoza de Potocki. Estas referencias no son una novedad. Muchos han señalado sus conexiones hispanas. Por ejemplo, su padre se cambió el nombre a Rushdie, en homenaje al filósofo cordobés Averroes. Cuenta José María Conget que un día en un taxi en Nueva York, en los años de la fetua, el taxista le preguntó: ¿Usted no es Salman Rushdie? Otra muestra de aragonesidad es que haya escrito un Quijote sin ser Cervantes, como Avellaneda, cuya identidad es desconocida pero del que el alcalaíno afirmó que era aragonés. 


En La penútilma hora las pruebas son abrumadoras. Uno de los personajes de la colección de relatos es Francisco de Goya, retratado en la Quinta del Sordo. Rushdie analiza la doble sensación de aislamiento del pintor, por la enfermedad y el regreso del absolutismo, y describe las Pinturas negras. La determinación de Rushdie por seguir viviendo y escribiendo y divirtiéndose frente a los fanáticos que lo habían condenado a muerte es un rasgo claramente aragonés. (O debería.) Cuando se produjeron los atentados del 11-M, Félix Romeo mandó a sus amigos un correo electrónico con estas palabras de Rushdie: “para demostrar que el fundamentalista se equivoca, tenemos que saber primero que se equivoca. Tenemos que estar de acuerdo en qué es lo que importa: besarse en público, los bocadillos de jamón, la divergencia de opiniones, la última moda, la literatura, la generosidad, el agua, una distribución más justa de los recursos mundiales, las películas, la música, la libertad de pensamiento, la belleza, el amor. Esas serán nuestras armas”. Félix decía en el mensaje: “el día de ayer fue un día terrible, por eso estaría bien que hoy fuera un día de amor”. (Cuchillo, que cuenta el atentado que sufrió Rushdie, contrapone la historia del ataque con la historia de amor del narrador y su esposa.)


Otra prueba de la aragonesidad de Salman Rushdie es su cameo en Curb Your Enthusiasm, la serie de Larry David, el cocreador de Seinfeld, donde Rushdie dice que la fetua tiene sus ventajas: la principal, que la sensación de peligro atrae a las mujeres. Larry David, como todo el mundo sabe, también es aragonés (el título de su serie es una clara alusión a la izquierda depresiva aragonesa, a la que José Antonio Labordeta decía pertenecer) y basó un episodio de Curb Your Enthusiasm en la lo difícil que es pronunciar la palabra Zaragoza.



lunes, 9 de febrero de 2026

QUERIDAS LECTORAS QUERIDOS LECTORES (ANAGRAMA 6 DE FEBEREO 2026)

 


«El monopolio para hablarle al pueblo lo tenían los medios de comunicación; ahora, con las redes sociales, realmente el político o el funcionario puede hablarle a toda la población sin pasar por ese filtro», afirmó recientemente Nayib Bukele, el actual presidente de El Salvador, en una entrevista en el canal del youtuber español TheGrefg. 


Este video, publicado hace apenas unas semanas, no es algo inusual en la forma de comunicarse de Bukele: el 24 de noviembre de 2021 se publicó en su página oficial un video titulado «#BitcoinCity», en el que el político compartía la propuesta de propagar el bitcoin por el mundo y hacer de El Salvador el primer país en utilizar la moneda prometida y convertirlo, así, en la «Alejandría Bitcoin» del mundo. Conocedor de cómo puede llegar a más población y de los mecanismos de propagación mediática, Bukele ha practicado un preciso sistema de comunicación política a costa de aplicar censura a la libertad de expresión en el país centroamericano.


Un gran ejemplo es un libro que sirve de testigo. O de rastro. En Bukele, el rey desnudo Óscar Martínez narra desde el exilio la deriva autoritaria del político: «dejémonos de rodeos: yo considero a Bukele un dictador». En un sistema democrático, un periodista podría investigar y argumentar esa posición sin temer por su vida, pero Martínez tuvo que hacerlo dejando atrás su país, después de dirigir el medio salvadoreño más atacado por el presidente, El Faro.


Pero ¿qué relación hay entre esos vídeos de YouTube y la pérdida de libertad de expresión en El Salvador? Martínez sostiene que con la formalización de nuevas estrategias comunicativas como estas, Bukele ha controlado cada vez con más precisión el mensaje: evita a los periodistas y sus preguntas, comunica sin contraste ni verificación, construye un relato único, y de esta manera reduce el pluralismo informativo y erosiona el debate público. A la vez, estos contenidos entran en la lógica del algoritmo de las redes sociales y, en muchas ocasiones, señala también, se amplifican con recursos estatales. Los medios críticos, como el que el autor dirige, quedan deslegitimados y etiquetados como «enemigos» o «traidores», aumentando así la autocensura de los pocos periodistas que no han tenido que escapar: el miedo al hostigamiento controla el fluir de la información. El discurso libre queda reemplazado por el discurso hegemónico.

Donald Trump y Nayib Bukele, en una reunión en la Casa Blanca, el 14 de abril de 2025 © Ken Cedeno / UPI / Bloomberg.

Más allá de repasar la deriva autoritaria del mandatario y sus varias facetas (el «Bukele todopoderoso», el «internacional», el «ridículo», el «cruel» y el «distractor»), Martínez traza la huella de la transformación del discurso del político comparando tuits que el propio Bukele escribió antes de la presidencia y después de hacerse con el poder. En 2013, cuando era alcalde de la izquierda en el distrito de Nuevo Cuscatlán, dijo en Facebook: «Si nuestra política es mala, imaginenla [sic] si no existieran periodistas. ¿Vieron que importantes son? ¡Felicidades a los periodistas en su día!»; sin embargo, en 2020, cuando ya era presidente, escribió en sus redes que los periodistas «son intocables. No se les puede criticar, ni cuestionar, no han sido electos por nadie, pero tienen fuero. [...] Quieren que la libertad de expresión sea solo para ellos».

Las maneras de desmantelar la libertad de expresión son múltiples, pero todas tienen un punto en común: la deriva autoritaria de quien las ejerce.

Novedades

De la semana


Para arrancar la semana, celebramos los ochenta años de Julian Barnes con la publicación de Despedidas, traducido por Jaime Zulaika, una bellísima exploración en torno a la memoria y el pasado, la búsqueda de la felicidad –a cualquier edad– y, cómo no, el amor, la amistad y la escritura.


También publicamos Reliquia, de Pol Guasch, en catalán y castellano –con traducción de Unai Velasco–, una elegía fulgurante sobre los vínculos familiares, la ausencia y la escritura. También disponible en formato audiolibro, narrado por Pol Guasch en catalán y por Omar Ayuso en castellano.


En «Argumentos» contamos con la incorporación al catálogo de Brigitte Vasallo con La fosa abierta, una deconstrucción de la experiencia de la diáspora rural en el sur de Europa a partir de la historia íntima familiar.

Roger Bartra presenta El oficio de ser extranjero, una reflexión sobre el viaje como proceso de distanciamiento cultural y emocional que confronta nuestra identidad y nuestros orígenes con el mundo que nos rodea.

Cerramos con el nuevo libro de Nick Hornby, Dickens y Prince, con traducción también de Jaime Zulaika, un doble retrato sorprendente de dos genios y los puntos de conexión que comparten, tanto en sus carreras como en sus vidas.

Pildoras

Para estar al día

Las vidas que importan

Óscar Martínez recuerda cómo el escritor cubano Reinaldo Arenas creó el término «no ciudadanos» para referirse a las personas sin ningún derecho debido a que el poder los necesita al margen. «Las cárceles salvadoreñas están llenas de no ciudadanos desde que Bukele decretó su régimen de excepción en 2022», escribe el periodista. Fue Judith Butler quien en 2009 acuñó el concepto «vidas que importan» para preguntarse por las condiciones que hacen que una vida sea reconocida como tal: una vida importa cuando es considerada humana, es visible socialmente, su pérdida se considera una tragedia y puede ser llorada públicamente. Hay vidas que son «llorables» porque generan duelo, memoriales, titulares; mientras que hay otras que no, y mueren en silencio, como cifras, daños colaterales o estadísticas. Son las muertes de los «no ciudadanos»: aquellos que han desaparecido de la mirada social. O aquellos que hoy llenan las cárceles de El Salvador.

               Fachada del centro penitenciario CECOT, en El Salvador, ideado por Nayib Bukele © Alex Brandon / AFP.


El lenguaje de la vestimenta

La levita es una prenda de vestir masculina de etiqueta, a modo de chaqueta, con faldones que llegan a cruzarse por delante. «Es como un saco alargado, de líneas rectas, con reminiscencias militares», escribe Martínez. Nadie había visto a Bukele vestido así hasta el 1 de junio de 2024, el día de su toma de posesión, arropado por Javier Milei, Daniel Noboa y el rey español Felipe VI, entre otros. Para el periodista, esa vestimenta recuerda a Simón Bolívar y a Napoleón Bonaparte. De alguna forma, el mandatario decidió trazar un paralelismo con ellos: la comunicación política a través de la forma de vestir es fundamental. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, Volodímir Zelenski ha optado por una indumentaria de estilo militar; del mismo modo, el mono que vestía Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial transmitía una imagen de practicidad y disponibilidad permanente para la acción. Bukele, el 1 de junio de 2024, se vistió como un emperador y esa decisión no fue en vano, sentencia Martínez.

                              Nayib Bukele con levita.

Fuera 
De pagina


Estrenamos Bestiario: ¡ya disponible el primer episodio!

Con muchísima emoción anunciamos que ayer nació Bestiario, el nuevo podcast literario de Beñat Azurmendi y Anagrama.


En este episodio inaugural, exploramos la intersección entre pop y literatura. Beñat Azurmendi invita a Paula Melchor a conversar sobre obsesiones y cruces inesperados: ¿quién dijo que Taylor Swift no podía compartir espacio con Sylvia Plath? En la segunda parte del programa, Azurmendi se traslada a una bodega barcelonesa para entrevistar a Mariana Enriquez y seguir conversando sobre cómo la música atraviesa su imaginario literario.

Disponible en audio en las principales plataformas de podcast y en vídeo en Spotify y YouTube. 

Escúchalo aquí

#1 Literatura y pop - Editorial Anagrama



Abierta la convocatoria del Premio Anagrama de Ensayo 2026

Ya está en marcha una nueva edición del Premio Anagrama de Ensayo. La convocatoria para 2026 permanecerá abierta del 19 de enero al 30 de marzo, plazo durante el cual se podrán postular los participantes con sus originales.

El último galardón fue para Natalia Castro Picón, por La fiesta del fin del mundo, un ensayo que reivindica el carácter político de la imaginación y explora el apocalipsis como una poética de ambición revolucionaria.

Bases de Anagrama de Ensayo - Editorial Anagrama







viernes, 6 de febrero de 2026

LOS HARLISTAS DE CONQUISTADORES MEDELLÍN


 La Harley Davidson nació en 1903 en un cobertizo de madera donde el papá de los hermanos Arthur y Walter Davidson montó un taller para que pudieran construir su primera bicicleta motorizada en compañía de su amigo William Harley. El lugar, bautizado como La Choza, actualmente es un sitio de peregrinaje obligado para los harlistas de todo el mundo. 

Poco tiempo después, los amigos se animaron a fabricar su primera moto. No tenía mucha potencia y sólo alcanzaba 56 kilómetros por hora, pero pudieron venderla por 200 dólares a un amigo de la familia que con ella se destacó después en las competencias. 

Cuando una de sus primeras motos Harley Davidson ganó una carrera, los amigos comenzaron a vender la idea de que sus vehículos de dos ruedas tenían el motor más poderoso disponible en el mercado. 

Pero el Harlismo es mucho más complejo, está por fuera de los formalismo en que lo ha clasificado  él común de los mortales. Es amistad, cofradía, complicidades alrededor de una actitud frente a la  vida, es pundonor y sobre todo solidaridad. Todo alrededor de una maquina poderosa que es sinónimo de libertad. En el barrio conquistadores de Medellín, en una casa de la vieja burguesía empresarial de esta ciudad, se reúnen un grupo de Harlistas que relevan su condición que supera definitivamente las rutinas de una sociedad de consumo completamente arribista. Ellos son otra cosa, diferentes, de alguna manera, contestatarios y con un acuerdo que es como una huella indeleble, respetar el desacuerdo, la diferencia y el libre albedrio.

Para Nietzsche, la libertad no se reduce a la simple capacidad de hacer lo que uno quiere. Más bien, implica un proceso continuo de autoafirmación y superación. La libertad es vista como la capacidad de crear y dar forma a la propia vida, superando las limitaciones impuestas por la cultura y la moralidad convencional. Ellos parecen haber leído con sus actitudes que los convoca, alrededor de un buen Habano, una cerveza, los presupuestos de este excelente filósofo. 

Siempre están acompañados por bellas e inteligentes mujeres, me recuerdan la actitud rebelde que asumen desde las grandes novelas. La compañía femenina en la literatura ha sido un tema de gran relevancia a lo largo de la historia. Las mujeres han luchado por encontrar su voz y su lugar en la literatura, desafiando los estereotipos de género y explorando temas relacionados con la identidad, el amor, la sexualidad y la lucha por la igualdad de género. Las escritoras han utilizado la literatura como una forma de expresión y resistencia, creando personajes femeninos complejos y realistas que desafían los roles tradicionales asignados a las mujeres. Las mujeres de mis amigos, son esto y algo más. Denotan mucha personalidad y son diferente a todo lo que conozco.

Estos amigos me recuerdan las aves migratorias, las gaviotas, cuando se posesionan de sus maquinas, como posesos enloquecidos, lo que los definen es la ansiedad por la libertad y el vuelo poético que no mide distancias y menos limites. Es un encuentro con el viento, es mirar pasar el mundo en su sentido más efímero. Creo que es pensar desde otros ámbitos, por fuera de lo común y lo evidente.

He charlado casualmente con Jordi mi amigo Español, Andrés el anestesiólogo, Santiago 7, Jairo, Guanín, Mónica, la mona, Toño y Míster potato. Claro que son muchos más. El sábado pasado se reunieron alrededor de una exquisita paella, me recuerdan esas películas americanas de los años cincuenta del siglo pasado, sobre todo "rebelde sin causa". Al verlos, con esas complicidades y afinidades sin ninguna jerarquía ni condición, siendo un escéptico de miedo, me lleno de esperanzas frente a esta puta vida sin sentido.

Como las aves migratorias que siguen típicamente cadenas montañosas y líneas costeras, y pueden tomar ventaja de brisas y otros patrones de viento o evitar barreras geográficas como amplias masas de agua abierta, ellos se inventan rutas específicas, pueden estar  programadas o aprendidas en grados variados, sus rutas son  a menudo diferentes, las escogen desde esas improvisaciones que alteran las cotidianidades que empobrecen la vida y en cambio la enaltecen en medio del rugido de esos potentes motores. 

Son la una de la mañana, me tomaré el ultimo aguardiente en honor a mis amigos: Salud y larga vida. Espero continúen engrandeciendo la vida de esa manera. 







miércoles, 4 de febrero de 2026

JENNI FAGAN: NUEVE PISOS DEL SIGLO XX

 


He tomado este artículo de la excelente "Revista Ñ" del periódico "El Clarín" de Buenos Aires, espero mis lectores conozcan y lean esta novela. CESAR BUSTAMANTE HUERTAS.

Verónica
Boix

27/01/2026 15:41

La nueva editorial Queequeg Press debuta con la audaz novela Luckenbooth, de Jenni Fagan.

La hija del diablo flota dentro de un ataúd sobre el Atlántico Norte, llega a la costa de Edimburgo, se levanta y camina directo a Luckenbooth, el edificio que da nombre a la novela de Jenni Fagan, y resulta uno de sus protagonistas. Con un comienzo así de potente, la historia recorre el siglo XX alternando nueve historias independientes, nueve personajes y nueve décadas, que a la larga se enlazan para exponer la marginalidad, la venganza y la desolación de una humanidad en ruinas. Y eso no es lo más excepcional: lo verdaderamente extraordinario es la multiplicidad de sentidos que puede darse a la narración, que se lee con vértigo.


La chica que flota en un ataúd se llama Jessie McRae y la única marca visible de su origen son los cuernos en la frente. Su padre –el diablo– la vendió al matrimonio Udnam para que engendre un hijo para ellos. En el año 1910, la esperan en el primer piso del edificio y ese encuentro va a transformarla. Si es capaz de encarnar el mal y lanzar una maldición contra el lugar, a la vez es la única con poder suficiente para luchar contra él.


La segunda historia transcurre en 1928. Flora es “una única criatura perfecta hecha de polvo de estrellas”, como le dice un amante. Es chicochica, hermafrodita, y deambula por un departamento del segundo piso, en medio de una fiesta con alcohol, drogas, alguna orgía. Udnam, esta vez, aparece para poner orden, en nombre de la religión. Es decir, esgrime el discurso del bien, pero se nota que sólo quiere ejercer poder para dominar y hacer daño. “El edificio nos toca como si fuéramos instrumentos de una orquesta”, piensa Levi, el norteamericano que se aloja en el tercer piso. Vive en 1939, trabaja en la Biblioteca de huesos, ve a los veteranos de guerra practicar tiro en el sótano de la facultad, siente fantasmas y es testigo de un asesinato atroz, injustificado, en la calle.


La atmósfera de todas las historias tiene la oscuridad del gótico, en esa clave que llena el presente de un pasado que pervive porque necesita ser dicho o resuelto. No hay nada autobiográfico en la trama; aun así, la vida de Fagan podría funcionar como la chispa feroz que proyecta las sombras de la desigualdad. En Ootlin, sus memorias todavía sin traducir, la escocesa cuenta que su madre era adicta a la heroína y en cuanto nace la deja en el sistema de orfanatos de Escocia.


Ahí transcurren los primeros 16 años de su vida, en un ida y vuelta entre posibles familias que parecían adoptarla, y luego la devolvían. Fue víctima de múltiples abusos, incluido un abuso sexual, hasta que se escapó del sistema y vivió varios años sin techo. Más adelante escribió, fue parte de varias bandas de grunge y se doctoró en filosofía en la Universidad de Edimburgo.


Si bien las historias que integran Luckenbooth son independientes, contienen algunos detalles que las van hilando en una trama total. Aparecen, entre otras, un minero, una médium, una ocupa, un grupo de criminales. Es evidente que la imaginación de Fagan es exuberante; recorre los márgenes de un siglo cruzado por las guerras, el totalitarismo, arreciado por un individualismo rapaz. Y lo hace en una escritura que desborda pasión, en un lenguaje sensual y eléctrico, que se aprecia en todo su esplendor gracias a la traducción de Micaela Ortelli.


Y hay más aún: William Burroughs protagoniza una de las historias. Convive con su amante en el sexto piso. Habla de poesía, de amor, de sexo y de ese edificio que lo aloja. “Quizás si hablamos de un programa dentro de un programa mayor que nos contiene a todos, un código si quieres, entonces, tal vez, la forma escrita sea la más antigua de las artes. Entonces, piensa esto: los códigos están hechos para romperse”. Ilimitada, fantástica y profundamente real, la narración se sostiene en una arquitectura que excede los géneros, por momentos historia queer, por momentos fantástica, incluso histórica. Luckenbooth se mueve en los márgenes de una sociedad rapaz, y desde ese borde nos deja a la intemperie.

Luckenboot, Jenni Fagan.Trad. Micaela Ortelli. Queequeg Press,376 págs.




martes, 27 de enero de 2026

QUERIDAS LECTORAS QUERRIDOS LECTORES (ANAGRAMA 23 ENERO )

 


      Vaca Muerta, enorme yacimiento petrolero ubicado en Neuquén, al suroeste de Argentina, y que para algunos supone la        mayor esperanza para salir de la crisis.


El último día de 1999, pocas horas antes de finalizar el año, Juan Gutiérrez, un joven argentino de veintisiete años, soltero, sin hijos, buen jugador de fútbol, comió, salió a la calle, dobló la esquina y, a plena luz del día, a las siete y cuarto de la mañana, se ahorcó de un cable de la luz. «Esa noche, a las doce en punto, estalló el fin del milenio y en Las Heras hubo fiestas», escribe Leila Guerriero en Los suicidas del fin del mundo. «Nadie suspendió los encuentros, las comidas, el brindis de la medianoche.» Los vecinos ya estaban acostumbrados a que los jóvenes de ese remoto lugar de Argentina se suicidaran.


Las Heras es un pueblo del norte de Santa Cruz que resultó encontrarse a las orillas de uno de los yacimientos de petróleo más importantes de la Patagonia, al que muchísimos habitantes de Salta, Formosa o Catamarca llegaron buscando fortuna y futuro. Después de varios años de prosperidad petrolera, comenzó el proceso de privatización de los yacimientos en manos de la multinacional Repsol y ese paraíso artificial empezó a tener algunas fallas, hasta que llegó el desempleo y la decadencia: Las Heras terminó siendo un pueblo maldito. Como en Comala de Pedro Páramo, donde todos están muertos pero nadie lo dice, o en Santa María de Juan Carlos Onetti, el pueblo donde las cosas se pudren lentamente, o el también rulfiano San Juan Luvina, azotado por el viento y el abandono. Hay lugares en los que es mejor no vivir.


¿Son los lugares los que marcan a las personas o son las personas las que marcan los lugares que habitan?


El sociólogo alemán Georg Simmel afirmó en el siglo XIX que la ciudad moderna, saturada de estímulos, genera individuos defensivos, fríos, calculadores y distantes, que no se sorprenden ante nada y que padecen de una sensibilidad atrofiada. Algo similar afirmaría el sociólogo Loïc Wacquant cien años más tarde: en los barrios más degradados no solo se concentra la pobreza, sino que también se interiorizan los estigmas que la sociedad produce sobre ellos, hasta el punto de que sus habitantes se perciben a sí mismos como descartables. El lugar en el que naces y creces, dicen ambos sociólogos, articula la forma como te piensas a ti mismo.


El suicidio de Juan Gutiérrez el último día del 1999 era un suicidio más, otra muerte normalizada por ese pueblo entristecido, sumido en una decadencia implacable. Leila Guerriero descubrió este fenómeno por una noticia del año 2001, que anunciaba la aplicación de un programa de Unicef en el interior de Argentina, en una localidad donde se habían suicidado veintidós jóvenes en menos de tres años. «En este pueblo pasan cosas raras», le dijo un chico a Guerriero nada más llegar, «es todo por culpa de los indios enterrados que andan por ahí. Hay muchos indios enterrados acá.»


Pero más allá del pensamiento mágico existen los hechos: el ocaso de la tierra, la caída de sus vecinos, la privatización de los yacimientos, el desempleo insalvable, la pobreza implacable, y la afirmación del «no future» convertida en lema de vida. ¿Quién querría vivir allí? ¿Quién podría pensar que su vida, en ese trozo de tierra maldito, tenía sentido?.


Los suicidas del fin del mundo de Leila Guerriero se ha consagrado como la crónica maestra del periodismo latinoamericano. Publicada originalmente en 2005, se trata de una investigación ejemplar que se hunde en las profundidades de la pérdida, el dolor y la marginalidad en un pueblo que podría contar la historia de tantos otros, y lo convierte en literatura.

Novedades

De la semana


«Panorama de narrativas» arranca el año con Missitalia, la nueva novela de Claudia Durastanti. Tras el éxito internacional de La extranjera, la autora vuelve con un tríptico magistral de figuras femeninas que se rebelan contra la historia y sus destinos impuestos. Un relato visionario que combina western, espionaje y ciencia ficción.


Le sigue Cruz del Sur, de Claudio Magris, un libro sobrecogedor que nos habla de los límites de la experiencia humana a partir de las historias de tres personajes que decidieron marcharse al fin del mundo para huir de sí mismos. Ambas traducciones son de Pilar González Rodríguez.


En «Narrativas hispánicas» recuperamos Los suicidas del fin del mundo, el primer libro de Leila Guerriero y crónica maestra del periodismo latinoamericano y a la que hemos dedicado esta newsletter. Con precisión y sensibilidad, la autora de La llamada se adentra en la investigación de una serie de suicidios que sacudió a un pueblo de la Patagonia entre 1997 y 1999.


Continuamos con Las jefas, de Esther García Llovet, una comedia feroz y adictiva en la que tres mujeres y un manitas orbitan en torno a un resort en la Costa Blanca, donde el lujo kitsch, los caprichos imposibles y un caballo blanco desencadenan una odisea sentimental y criminal.


«Argumentos» trae Los comienzos, de Claire Marin, traducido por Álex Gibert. Un ensayo brillante (al que le dedicamos esta newsletter) a medio camino entre la filosofía y la literatura, que explora las incertidumbres, perplejidades y esperanzas que se entrecruzan en los momentos clave que reconfiguran el sentido de nuestras vidas.


En «Nuevos cuadernos Anagrama», Óscar Martínez, jefe de redacción del periódico digital El Faro, firma desde el exilio Bukele, el rey desnudo, un contundente e informado perfil de Nayib Bukele, el líder autoritario de El Salvador. 


«La Bella Varsovia» publica Al 2040, de Jorie Graham, probablemente la voz más importante de la poesía norteamericana actual. Narrado por alguien que reflexiona sobre su mortalidad, este libro nos invita a sentarnos en silencio y escuchar la respiración del suelo. La traducción es de Rubén Martín.


Para acabar, lanzamos el audiolibro La ley del menor, de Ian McEwan, traducido por Jaime Zulaika y narrado por Neus Sendra. Una novela cautivadora que habla del lugar donde justicia y fe se encuentran y se repelen; de la búsqueda de sentido, de asideros, y de lo que sucede cuando estos se nos escapan de las manos.

Pildoras

Para estar día

Escribir para conocer

Cuando Leila Guerriero decidió ir a Las Heras, conocía poco su historia. De hecho, llegó al pueblo a través de un comunicado del año 2001, algunos números de teléfono, un pasaje de avión de regreso a Buenos Aires y un puñado de nombres de los que no sabía nada. En el comunicado, se leía que veintidós jóvenes de entre dieciocho y veintiocho años se habían quitado la vida. Como Guerriero, otros escritores hicieron de la escritura una metodología de investigación y una forma de conocimiento: Truman Capote no conocía el asesinato de la familia Clutter hasta que leyó una nota breve en el periódico; Laurent Binet no sabía casi nada sobre la operación Antropoide antes de escribir HHhH; Colson Whitehead investigó en profundidad la red de solidaridad afroamericana de El ferrocarril subterráneo durante el proceso de escritura. En todos estos casos, la duda catalizó la escritura, y, la escritura, una suerte de descubrimiento.

                               Leila Guerriero © Ana Rodado.

La urbanopatía

En agosto del 2024, Anatxu Zabalbeascoa publicó un artículo en El País titulado «Leila Guerriero y la urbanopatía», en el que citaba al psicólogo José Covalschi, que entiende la urbanopatía como una ecoenfermedad que se da cuando una persona pierde el impulso vital. «Aparece cuando alguien se siente sin nadie en quien confiar. También cuando la exigencia hiperproductiva no deja espacio para el descanso. Y, seguramente, cuando no se puede vivir una vida significativa que aporte al bien común.» Guerriero lo expone sin ambages: «Es un sistema jodido que te deja expuesto, sin posibilidad de sostén. Hay un vacío, un dolor, y no hay sentido». ¿Qué es lo que se lo da a una vida? ¿Cómo sostenerla sin ello?

                   Panorama de conjunto rupestre de Río Pinturas, provincia de Santa Cruz, Argentina © Marianocecowski.


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De izquierda a derecha: Jordi Puntí, Guillem Gisbert, Silvia Sesé, Carlota Gurt, Isabel Obiols, Imma Monsó i Mita Casacuberta, en el cóctel de celebración del 11.º Premi Llibres Anagrama de Novel·la © Marc Llibre Roig

Carlota Gurt, ganadora del 11º Premi Llibres Anagrama de Novel·la

Estamos de celebración. El pasado lunes, Carlota Gurt ganó el 11.º Premi Llibres Anagrama de Novel·la con su nueva obra, Els erms. Escrita con una prosa desenfadada, atravesada por destellos de crítica y humor, la novela celebra el poder de la fabulación como motor no solo del relato, sino también de una alegría salvaje y contagiosa. Els erms llegará a las librerías el 25 de marzo y, en octubre, publicaremos su traducción al

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Els erms - Carlota Gurt - 978-84-339-4928-8 - Editorial Anagrama


La obra de teatro El día del Watusi llega a Madrid
La novela inagotable sobre «los cómos, los porqués, los para qués y los y qués» de la transición española. El día del Watusi, de Francisco Casavella, se representará en los Teatros del Canal, en Madrid, del 4 al 8 de febrero, en una ambiciosa adaptación teatral de más de cuatro horas.

Escrita y dirigida por Iván Morales, la obra cuenta con música en directo y está protagonizada por Guillem Balart, junto a un elenco de siete intérpretes que recorren más de dos décadas de historia personal y colectiva, del final del franquismo a la Barcelona posolímpica.