Los espacios y conversatorios casuales son fundamentales para la cohesión social, actuando como la "infraestructura invisible" donde se construye la vida comunitaria auténtica y se fomenta la interacción humana. Estos lugares, a menudo llamados "terceros lugares" (distintos del hogar y el trabajo), permiten el intercambio espontáneo de ideas, experiencias y visiones en un ambiente informal y ameno. Muchas veces he hablado de algunos espacios sociales emblemáticos de la ciudad de Medellín. El parque de Santa lucia, en el Barrio del mismo nombre. La tienda de David en Conquistadores, la tiendad de Karen en Fatima, el parque de Fatima con sus jugadores de Cartas, el parque de los periodistas en el centro y por último el club de prensa de la Biblioteca EPM en el parque de las luces al frente del centro administrativo. Son espacios agradables, de encuentros que por pequeños que parezcan son una radiografía de todo lo que nos pasa como país.
En estos lugares se encuentra usted con todas las ideologias, las personalidades, la solidaridad sin límites, la envidia y por supuesto los avatares de una sociedad de consumo donde el dinero es el que manda. En ocasiones se aprende, se debate y en otras es mejor huir.
Como en todo espacio se maneja el poder. Está claro que los espacios no son neutros; son construcciones sociales que reflejan, ejercen y resisten el poder, moldeando comportamientos y relaciones sociales. En todo lugar hay personas que lo ejercen, ya sea para realizar una especie de control, en ocasiones necesario o como razon dictatorial. Ningún lugar de estos está excento de estas tensiones entre lo que se puede hacer y lo que debe evitarse. En ellos se construye una historia, no hay silencio histórico en parte alguna. La historia no tiene zonas oscuras, carece de agujeros negros en los que su lógica y su posibilidad se disloquen. Todo es una posible historia. Pero tal situación es relativamente reciente.
Al día de hoy en la tienda de Karen, existen muchas tensiones entre sus clientes por gracia de los chismes, que constituyen un virus social pecaminoso. Recordé que los grandes chismosos en la literatura suelen ser motores clave de la trama, revelando secretos y moviendo rumores que cambian el destino de los personajes. Figuras icónicas incluyen a los narradores chismosos en las obras de Balzac o Maupassant, y personajes que difunden información en "Rojo y negro" de Stendhal. Truman Capote decía que toda literatura es un chisme. Se dirá que en toda parte hay un murmurador, cotilla, chafardero, cuentista, correveidile, enredador, chismero, argüendero, boquiflojo, chimiscolero, conventillero, chambroso, faruscas, sacón. Es inevitable, lo comprobé leyendo a Galdos, quien me enseñó que el chisme es mas mortal que una bala. En las grandes cortes europea a un rey se empezaba a destituir con un buen chisme de cama.
Ayer hablaba Con Carolina y Felipe dos jovenes íconoclastas de lo incomodo que es vivir entre estas tensiones. Son inevitables les dije. Con el tiempo harán solo parte de la trama de un relato insustancial, cargado de alguna manera de pedagogía social. El silencio en estos casos es lo más elocuente y al final como las brisnas todo pasará. Con el tiempo nadie nos recordará, eso es lo único fijo.
Alguien siempre cree tener el derecho de poner el dedo en la yaga para urgarla malisiosamente. A los dardos lanzados no hay que darles la importancia que les quire dar el emisor. Se reciben con beneficio de inventario. La ofensa termina convirtiéndose en un elogio. Carolina lo sabe muy bien, pero debe tenerlo siempre en cuenta como defensa previa. Las revistas de chismes son las más vendidas. Es mejor que hablen de uno a pasar inadvertido. Los políticos sí que lo saben.Como dice la canción: Más todo pasa, todo pasará.