jueves, 30 de abril de 2026

MEMORIA Y ALEGATO DE ENRIQUE KRAUZE (RAFAEL ROJAS)

 He decidido tomar la presente reseña de la revista creada por el hijo de Gabriel García Márquez , Rodrigo y Felipe Restrepo, "Revista ideal" no solo por la calidad del texto y la reseña de Rafael Rojas, sino por la importancia de Enrique Krauze como escritor y novelista. Es indudable que la lectura del artículo incita a la lectura del libro. Espero mis lectores disfruten el texto. CESAR H BUSTAMANTE.

Spinoza en el parque México', de Enrique Krauze, no desentona en ese célebre legado, el de la memoria como tributo, no como venganza. Un libro que es una memoria y también un alegato, que opta por la forma del diálogo.


No responde el arte de la memoria a una escritura cortés o necesariamente conciliadora. Algunos clásicos del género, en la modernidad, como Franklin, Casanova o Chateaubriand, contaron sus vidas, entre otras cosas, para quejarse de la imperfección humana, denunciar la vanidad del pensamiento ilustrado o nombrar obstáculos al avance del genio del cristianismo. Spinoza en el parque México (Tusquets, 2022), de Enrique Krauze, no desentona en ese célebre legado, el de la memoria como tributo, no como venganza.

Pero este libro es una memoria y también un alegato, que opta por la forma del diálogo: una larga conversación con el jurista y filósofo español José María Lassalle, estudioso de John Locke y la escuela liberal moderna. El gesto de narrar la vida propia, no por medio de una confesión o una autobiografía, sino de una charla o un coloquio también tiene antecedentes ilustres. Ahí están Goethe y sus conversaciones con Eckermann o el Memorial de Santa Elena del Conde Las Cases.

ENCUESTA SOBRE CUBA

El libro arranca con una evocación del reino de la infancia y la adolescencia, en la Condesa, durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta. Allí nació y creció Krauze, en una familia de varias generaciones de judíos polacos, por parte de padre y madre. Aquel mundo se describe apacible y próspero, en los años del cardenismo y el poscardenismo, donde asoma la mirada antisemita y xenófoba, como presencia inquietante, pero sin la fuerza necesaria para amenazar el entorno.

Muy reveladoras resultan las primeras lecturas, que pronto, en los años sesenta y setenta, ensancharán sus estudios en la Universidad Autónoma de México (UNAM) y El Colegio de México. La pasión por el pasado se iba perfilando ante las páginas de Historia Sagrada de la Biblia y la Enciclopedia Judaica Castellana, las charlas con su abuelo Saúl en una banca del Parque México y las lecciones de su maestro Ferdman en el Colegio Israelita. De aquella primera etapa formativa, familiar y colegial, datan algunos intereses que no abandonan a Krauze, siete décadas después: Spinoza y la heterodoxia judía, Lenin, Trotsky y la Revolución rusa, los hermanos Singer y la literatura centroeuropea.

Además del tributo a abuelos y padres, a los maestros y al barrio, este libro rinde homenaje a los profesores de la UNAM y El Colegio de México. Son enaltecederores, por su profundo sentido de gratitud, los pasajes dedicados a las enseñanzas de Enrique Rivero Borrel en la Escuela de Ingeniería y de José Gaos en el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. También agradece a varios amigos de juventud, José María Pérez Gay, Héctor Aguilar Camín o Hugo Hiriart, un repertorio de lecturas (Stevenson, Swift, Mann, Hesse, Kafka, Marcuse, Wilson) que visitaría en las décadas siguientes.

Entre los tantos tributos de este libro hay uno que destaca especialmente y es el consagrado a los profesores de El Colegio de México: Daniel Cosío Villegas, Luis González y González, Jean Meyer, el propio Gaos y toda la brillante generación de exiliados republicanos españoles que se incorporó a esa institución, fundada por Alfonso Reyes, a la UNAM y al Fondo de Cultura Económica. Bajo su magisterio, el joven Krauze escribió algunos libros, como El nacimiento de las instituciones, Caudillos culturales en la Revolución mexicana y Daniel Cosío Villegas. Una biografía intelectual, que hoy son clásicos ineludibles de la nueva historia intelectual hispanoamericana.

Krauze rinde honores, también, a sus maestros ex cátedra, que encuentra, sobre todo, en la gran tradición del pensamiento judío moderno. A propósito de un libro nunca escrito, sobre judíos heterodoxos o judíos no judíos, el historiador glosa la vida y la obra de Baruch Spinoza, original pensador holandés, de ascendencia sefardí-hispano-portuguesa del siglo XVII, de Heinrich Heine, poeta romántico alemán, que recitaban los jóvenes hegelianos en Jena, y de Karl Marx, el más sofisticado de los críticos del capitalismo y fundador del comunismo.



Spinoza, Heine y Marx, un linaje que perfectamente habrían reclamado para sí Paul Lafargue o Rosa Luxemburgo. Un cálculo tramposo de las citas de autores mencionados en el índice onomástico arroja que, después de Octavio Paz, nadie supera a Marx, seguido de cerca por Spinoza. Y tiene todo el sentido porque este libro es el diálogo de un liberal con el marxismo, el socialismo y, en gran medida, toda la izquierda del siglo XX. Diálogo que rige también, de principio a fin, la obra de Paz.

Más adelante se detiene Krauze, en conversación con Lassalle, en algunas de las grandes mentes judías del siglo XX: Walter Benjamin, Hannah Arendt, Gershom Scholem. De la mano de ellos interviene, una vez más, en el debate sobre el totalitarismo, la barbarie y el mal en la modernidad. Sus advertencias sobre los excesos de analogías entre nazismo y comunismo recuerdan la obra Enzo Traverso, otro explorador de la historia intelectual judía, que igualmente se ha ocupado de la escritura de la memoria, la melancolía de la izquierda y los riesgos de la metaforización del holocausto.

No están ausentes, tampoco, algunos clásicos del pensamiento liberal del siglo XX, muy citados en la obra de Krauze, como Karl Raimund Popper, Isaiah Berlin o Francois Furet. Pero el énfasis está puesto en la prole spinozista, que, justamente, en la pasada centuria, se asocia con estructuralistas o postestructuralistas franceses como Louis Althusser o Étienne Balibar o con marxistas sociales y culturales británicos de la New Left Review como Stuart Hall o Raymond Williams.

Libro de memoria al fin, Spinoza en el parque México, se ocupa de la propia producción intelectual de Krauze. Pero se ocupa poco, valga la aclaración. Repasa la escritura de sus primeros libros, aunque es más exhaustivo el recuento de sus colaboraciones en Plural y su paso por la redacción de Vuelta. En esa zona dedicada a las polémicas intelectuales del México de la Guerra Fría, el alegato desplaza a la memoria, con no pocas sorpresas para el lector poco enterado.

Vemos, por ejemplo, al joven Krauze escribiendo artículos a cuatro manos, con Héctor Aguilar Camín, para La Cultura en México, el suplemento dirigido por Carlos Monsiváis, donde cuestionaban las “sentencias totalizadoras” del liberalismo. Y vemos al joven Christopher Domínguez Michael publicando en Nexos, a principios de los ochenta, una defensa apasionada del marxismo como cultura política en México. Luego, al calor de las polémicas y los aprendizajes, las posiciones se decantan.

No reconstruye Krauze el muy actual debate sobre su precursor ensayo “Por una democracia sin adjetivos” (1984), en Vuelta, pero sí la polémica entre Octavio Paz y Carlos Monsiváis, en Proceso, en 1978; la que provocaron los artículos de Gabriel Zaid sobre la guerrilla salvadoreña y la ejecución fratricida del poeta Roque Dalton; y la que suscitó su reseña sobre el libro colectivo Historia, ¿para qué?, que publicó Siglo XXI en 1980.

Debate entre discípulos, aquel cruce de disparos intentó dirimir muchas cosas a la vez: la visión del gobierno de Luis Echeverría, la autonomía del campo intelectual, el sentido de la historia académica, la divulgación de las ciencias sociales. Al cabo de cuarenta años, como reconoce Krauze, los involuctados, Enrique Florescano, Héctor Aguilar Camín, Alejandra Moreno Toscano, Adolfo Gilly, más lo que ya fallecieron, como Arnaldo Córdova o Carlos Pereyra, dejan como saldo una obra inescamoteable.


De especial interés es el recorrido por la mirada de Vuelta a América Latina y el Caribe. Una vez más, la rígida ubicación de aquella revista en uno de los polos de la Guerra Fría cultural se deshace al constatar que, así como encontraban refugio en sus páginas los disidentes de Europa del Este y Cuba (Solzhenitsyn, Havel, Michnik, Cabrera Infante, Arenas), o los socialistas y liberales de la New Left occidental (Sontag, Howe, Castoriadis, Habermas), Vuelta produjo una impugnación elocuente de todas y cada una de las dictaduras militares de la derecha latinoamericana y caribeña.

¿Cómo resumir, entonces, el alegato de Enrique Krauze en estas memorias eruditas, apasionadas, entrañables? Me inclino por la hipótesis de que se trata de una apuesta por el liberalismo como corriente doctrinal permeable, abierta a cauces de muy diversa estirpe y cadencia ideológica: el judío y el socialista, el marxista y el católico, el anarquista y el libertario. Los tantos nombres y apellidos invocados en este libro describen esa constelación extraordinaria de pensadoras y pensadores de la libertad que hoy, más que nunca, es preciso rearticular.



RAFAEL ROJAS

Rafael Rojas (Santa Clara, Cuba, 1965). Es historiador y ensayista. Licenciado en Filosofía por la Universidad de La Habana, y doctor en Historia por El Colegio de México. Es colaborador habitual de la revista Letras Libres y el diario El País, y es miembro del consejo editorial de la revista Istor del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Ha publicado los libros: Un banquete canónico (2000), Revolución, disidencias y exilio intelectual cubano (2006), La vanguardia peregrina. El escritor cubano, la tradición y el exilio (2013), entre otros. Desde julio de 2019 ocupa la silla 11 de la Academia Mexicana de la Historia.



lunes, 27 de abril de 2026

QUERIDAS LECTORAS QUERIDOS LECTORES (ANAGRAMA 24 DE ABRIL 2026)

 

Casa Usher, ubicada en el barrio del Galvany, en Barcelona, ofrece una cuidada selección de fondo que abarca narrativa, infantil, libro ilustrado, cómic, ensayo, libro práctico y gastronomía y vinos, además de una agenda de actividades variada y siempre activa.

Para adentrarnos en esta librería de barrio, tan querida por los lectores de la capital catalana, hemos conversado con Anna y Maria, dos libreras con una amplia trayectoria en el mundo del libro, que han completado nuestro cuestionario. A continuación, compartimos sus respuestas.





Casa Usher. ¿Por qué este nombre para una librería? ¿Es un guiño a «La caída de la Casa Usher» de Poe? ¿Llamar casa a una librería es una declaración de intenciones?

Es una referencia a «La caída de la Casa Usher» de Poe, claro, pero también a la idea de casa y de identidad, de pertenecer a algo y, a su vez, de hacerlo con algo nuestro. Casa Usher responde al lugar donde estamos, en el que somos nosotras y al que pertenecemos.


¿Cuál era la premisa del proyecto cuando lo empezasteis? ¿Qué es lo que queríais conseguir creando este espacio?

Queríamos construir la librería que quisiéramos encontrar como lectoras, esa era la premisa. Por un lado, nos propusimos satisfacer los deseos lectores y, por el otro, que fuera un espacio de encuentro, un lugar seguro, de cobijo, que diera respuestas y que estas animaran a hacer más preguntas.


¿Qué libro de Anagrama se ha convertido para vosotras en un libro de cabecera?

Es difícil elegir uno entre mil, sobre todo porque como lectoras nos hemos formado con los «Compactos» de Anagrama, pero como solo puede ser uno, elegimos La flecha del tiempo, de Martin Amis, porque tiene un valor sentimental. Para nosotras es más que una novela: cuenta la Historia tirando para atrás, desde una perspectiva que no es la del relato oficial, desmontándolo, pero sin dejar de avanzar.


Entre varias de las actividades que organizáis, tenéis unos clubs de lectura muy sólidos. Vuestra librería no solo vende libros: es un centro cultural vivo. ¿Cómo han contribuido esos clubs al devenir de la librería? ¿Qué club de lectura recordáis con especial cariño?

Los clubs de lectura son la base de lo que somos, nosotras nos referimos a ellos como nuestro acto estrella. Las conversaciones que se generan allí siguen alimentando nuestras ganas de leer y compartir. Continúa siendo un privilegio poder hacerlo desde lecturas distintas con tantas personas vinculadas a la autoría, la edición o la traducción de los libros elegidos. También es muy enriquecedor seguir encontrándonos una vez al mes con las personas fieles al club, que ya lleva más de diez años de rodaje. Es un grupo con el que hemos compartido no solo lectura y opiniones, sino vida.

Y, puestas a elegir uno, nos quedamos con un autor que ha repetido –y volverá a hacerlo en breve– en nuestro club. Consigue que nos sintamos especiales cuando le leemos, además de muy afortunadas. Es Pol Guasch, y nos encanta su manera de narrar, que siempre haga poesía.



Una vez dijisteis que de anécdotas y rarezas tenéis para escribir un libro al año. ¿Cuál de ellas nos podríais revelar?

Es cierto que se dan muchas anécdotas y rarezas; siempre decimos que son cosas del directo, de tener la puerta abierta todos los días. Pero nos permitiréis seguir reservándolas solo para nosotras, para que sea más leve el rato que pasamos entre albaranes y facturas… ¡A no ser que nos ofrezcáis hacer ese libro!



Al fondo de vuestra librería tenéis un patio precioso con plantas. ¿Qué rol ha tenido ese espacio en vuestro proyecto?

Tiene un rol muy importante porque, además de ser un espacio bonito, con personalidad y con mucho de nosotras en él, nos ha permitido compartir conversaciones, proyectos, cultura, música y, claro, muchos libros. Como queda al final de la librería, es la sorpresa con la que se acaba el recorrido por las estanterías. Cuando el clima nos permite realizar los actos fuera, que en Barcelona es casi siempre, se convierte en un lugar en el que hacer una pausa del día a día.



Es una jornada de gran intensidad. ¿Qué ha implicado en términos de preparación? ¿Cómo vivís el día siguiente?


El día siguiente… ¡cerramos la librería!


La preparación ha sido larga, en ocasiones pesada. Nos ocupamos de libros, cajas, personal, material, permisos, nervios y un interminable etcétera. Empezamos con los pedidos de novedad en enero, los permisos en febrero, el personal y el material en marzo… y pasado el día estamos con las devoluciones hasta junio, así que la preparación de las 24 horas de Sant Jordi se alarga prácticamente durante los seis primeros meses del año.


Así que el día 24 de abril descansamos tumbadas sin hacer nada y leemos: es el premio que nos damos después de todo.

¿Qué libro os hubiera hecho especial ilusión que os regalaran este 

Sant Jordi?


Pues el libro que hayan pensado para nosotras porque la verdad es que, por raro que parezca, cuesta que le regalen libros a una librera. Lo esperamos como una sorpresa.


[Anna] Pero ahora que Ediciones Comisura recupera Dolor exquisito de Sophie Calle, ¡es una gran opción!


[Maria] Aunque me hubiera gustado un nuevo libro de Paul Auster. Un buen rato de buena lectura, de nuevo…

FUERA
De Pagina


Claudia Durastanti habla sobre Missitalia

Western, espionaje y ciencia ficción, Missitalia es un tríptico magistral que confirma a Claudia Durastanti como una voz única. En este vídeo, la autora expone su proceso creativo, los ejes de la novela y nos enseña cómo imaginar personajes femeninos que sean protagonistas. También le pone banda sonora a la historia.



¿Con quién escribirías un libro a cuatro manos?

Juan TallónPaulina FloresMario ObreroJuan VilloroLuis López Carrasco

Esther García LlovetCamila FabbriAriana HarwiczCynthia Rimsky

 y Andrés Barba se someten a un cuestionario de diez preguntas. Esta es la cuarta entrega.




martes, 21 de abril de 2026

OLGA ELENA MATTEI

 


Había leido esta gran poeta hace tiempo, pero me encontré con una antología editado por "Colección letras vivas de Medellín" que no solo me permitió volver a gozar con su excelente poesía sino a relerla con juicio. Ninguno de los textos aquí publicados son mios. El texto mencionado tiene un excelente prologo de Augusto Escobar Mesa que no encontré en la red, pero creo que lo publicado aquí es importante. Cuando encuentras escritos que cumplen con tus deseos es necesario reconocerlo en vez de tratar de expresar lo que otro ha dicho mejor. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE


Olga Elena Mattei (Arecibo, Puerto Rico, 1933) es una poeta antioqueña, nacida en Puerto Rico. Estudió Filosofía, Letras, Arte y Decoración, en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y se ha presentado en diversos auditorios del mundo.

Ha ganado varios premios de poesía en Colombia y otros países de habla hispana. Ha escrito alrededor de 23 libros publicados, 41 inéditos y miles de poemas por mecanografiar y recopilar, todos ellos en español.

Además de su labor literario, ella ha sido crítica de arte, actriz de teatro, bailarina de ballet, modelo, presentadora y galerista.

Su cantata Cosmofonía fue estrenada en la Radio y TV Francia en 1976 con música del maestro compositor Marc Carles.

En 1979 participó en el "International Writers Program" de la Universidad de Iowa. Su obra ha sido incluida en más de 120 antologías y diccionarios internacionales y nacionales.

Su poema multimedia sobre el cosmos, Cosmoagonía fue presentada en los planetarios de Nueva York, Washington, Toronto, Santo Domingo, Puerto Rico, México y Colombia.

Fue incluida en la lista de los 100 antioqueños del siglo XX y en la colección de postales "Grandes Hombres de Antioquia" (sólo 12 mujeres), donde era la única escritora, así como en una lista de investigaciones biográficas de la Universidad de Antioquía de los diez escritores antioqueños más importantes, en la que era la única poeta viva.

La actividad literaria de Olga Elena Mattei se extendió al periodismo, la crítica de arte y de música. Durante casi 15 años colaboró regularmente con la columna de crítica musical del periódico "El Mundo" de Medellín, en la que comenta, entre otras cosas, los conciertos de las Orquestas de Medellín. También fue periodista cultural honoraria durante 25 años en el diario El Colombiano.

Brindó conferencias sobre arte y culturas antiguas. También condujo programas culturales de radio y televisión.

Pedro Arturo Estrada escribe sobre ella:

"El amor, para Olga Elena Mattei, ha sido el eje de su existencia y de su obra literaria (…). Y es el que dicta sus palabras para expresar también el asombro, el dolor, la alegría, el goce, la emoción simple ante el mundo, la gente, los fenómenos físicos y aun, las realidades metafísicas que la obsesionan, puesto que de hecho, el arte en sí no es más que la manifestación concreta del amor humano en su plenitud, verdad de Perogrullo que no necesitamos dilucidar demasiado. Sin embargo, El profundo placer de este dolor reúne los textos más arriesgados que Olga Elena ha escrito desde su primera juventud en torno de la experiencia amorosa como tal, aquella que involucra dos seres de carne y espíritu en una especie de realidad anómala, desconocida, distinta de toda otra experiencia y en ocasiones incluso única y última, colindante con la experiencia mística, como en ciertos pasajes de la obra se evidencia, recordándonos en su intensidad, ritmo ascendente, pavura y temblor esa misma Llama de Amor Viva que cantara Juan de la Cruz. No es gratuita, en tal sentido, la imagen berniniana del Éxtasis de Santa Teresa que ilustra el libro. Por momentos el lector sentirá fundirse la voz amante al misterio absoluto del amor como instancia suprema, sagrada, definitiva, anonadándose, transfigurándose y conquistando el instante donde dolor y placer dejan de ser orillas opuestas para fluir al fin como una sola, extática sustancia (…). Fundamentalmente, los poemas de amor de Olga Elena son una constante, obsesiva y múltiple invitación al ser amado —luminoso y a la vez oscuro objeto del deseo—, al encuentro absoluto donde, como dijo Bretón, todos los contrarios dejan de existir".

TE ESPERO

Te espero

en la última hora de la tarde

con el deseo de dejarte

destrenzar mis cabellos en el aire.

Y te quiero

con mi último amo� entretejido

en la sombra del sauce.

Esta es la hora azul

de mi ventana,

y aquella es la campana

de mis tardes.

Todavía

puedo cantar tu lejanía

con la misma ansiedad

de aquellos días disueltos en la irifancia.

Todos mis día� fueron

como murciélagos

ciegos;

fueron como voces

gritadas en el agua;

lo mismo que canciones

no escuchadas.

Pero ahora,

lejos de tu mirada,

comprendo tanta luz que me ·cegaba .

.Y en esta hora azul,

la de mi llama renovada,

puedo decirte que te espero

con aquella canción interminada


Palabras de Hector Aba Facio Lince sobre Olga Elena Mattei:

A mí no me tocó, por distraído, cuando Olga Elena Mattei era modelo profesional. Ni cuando fue bailarina de ballet; ni cuando era presentadora de televisión. La primera noticia que tuve de ella fue por un libro de tapas grises que había en la biblioteca de mi casa y que se llamaba Sílabas de arena. Dice su pie de imprenta que fue publicado por La Tertulia de Medellín en 1962. En ese libro había un poema: “Palabras para un niño sordomudo”, que me conmovía profundamente. Ese libro se me perdió en una de las mil mudanzas de la vida, pero todavía recuerdo algunos versos: “Todo es tuyo, porque eres dueño del silencio. (…) La música que piensas es incienso”.

El siguiente recuerdo que tengo de Olga Elena es en una casa por una loma arriba de El Poblado que en ese tiempo quedaba en la frontera de la ciudad y el campo. Yo vivía en una casa de clase media por Laureles, de esas de salas horribles llenas de porcelanas espantosas y corredores con piso de baldosas de todos los colores. En cambio la casa de Olga Elena y Justo Arosemena era un museo. Allá vi por primera vez cuadros de Obregón y pinturas antiguas. Allá los muebles eran unos inmensos mesones de conventos. Allá había santos coloniales que te miraban con ojos atónitos desde los rincones. Yo me iba a fingir que hacía tareas con Fernando Arosemena, mi compañero de clase, y por la noche oía desde lo lejos las discusiones y las carcajadas de las tertulias que se organizaban en la casa del Cónsul de Panamá (eso era Justo) a las que asistían los escritores y artistas más importantes de Colombia. Cuentos de Manuel Mejía Vallejo, murales de Obregón, discusiones vitales o teológicas.

Cuando, hacia el año 72, yo empecé a escribir poesías (pésimas poesías), se las mandaba a Olga Elena al escondido de mis compañeros y durante semanas esperaba con una ansiedad insoportable sus respuestas. Tenía 15 años y ella me trataba —se lo agradeceré siempre— como un adulto serio. Recuerdo algo muy importante en sus comentarios. Era una sigla: L.C. Ele Ce. ¿Qué quería decir eso? Ella me lo aclaró: “Lugar Común”. Yo no tenía ni idea de lo que era la expresión “lugar común”, y con mucha tristeza mi papá me lo tuvo que explicar: “Es una expresión gastada, una frase manida, algo que de tan oído no se puede repetir”. Desde los 15 años no he hecho otra cosa que tratar de sacarles el cuerpo a los lugares comunes, y no sé si lo he logrado, pero si alguna vez lo logro se lo debo a Olga Elena Mattei. Gracias a ella, aunque me estimuló mucho, dejé la poesía, pero me aferré a la escritura como salvación.

En esos mismos años apareció su tercer o cuarto libro, La gente, premiado y publicado por el Instituto Colombiano de Cultura en 1973. Era la antipoesía pura y dura, en el escueto estilo de Nicanor Parra. Antes había salido la Pentafonía, que para su presentación en París, para la radio y la televisión francesa, fue acortada y salió como Cosmofonía.

Después fueron otros diez años. Su casa de casada con Justo Arosemena se acabó. Volví a ver a Olga Elena en un apartamento, también atiborrado de maravillas, en Nueva York. Vivía con el poeta Ocampo Zamorano y en las semanas que estuve cerca de ella fue mi guía por el Metropolitan y por el Museo de Arte Moderno.

Ese viaje suyo duró mucho tiempo, tal vez demasiado. Olga Elena se fue cuando era una de las poetas más reconocidas de Colombia. Cuando regresó, 20 años después, mucha gente la había olvidado. Pese a sus recitales en el mundo entero, pese a las críticas elogiosas de hombres ilustres, Colombia, que es tierra fértil para la amnesia, la había olvidado.

Cosmoagonía pertenece a la veta quizás más prolífica en Olga Elena: la que mezcla conocimiento científico con exploraciones de elevación mística.

La literatura no es como el deporte, o como los desfiles de moda y los presentadores de televisión. No puede ser que para ser un buen escritor tengan que averiguar la edad y hacer un casting.

Es una lástima cuando la civilización del espectáculo suplanta una de las pocas cosas que mejora con los años, que es la especialidad lingüística.

Los muchachos y las muchachas son de una gran belleza, pero no saben hablar, o cuando hablan, lo único que sueltan son lugares comunes. No saben que el agua tibia se inventó hace siglos.

Olga Elena Mattei no ha dejado un solo día de escribir durante estos 35 años en que yo la conozco. Ha publicado 12 libros y tiene inéditos otros 32. Regiones del más acá es uno de sus títulos más hermosos, de 1994. El último, uno de los premiados, es Escuchando al Infinito. Hoy es un gusto y un honor poder oír su voz. Creo que no oirán ningún lugar común.


El Desconocido

Despierto,

llena de conmoción,

del más intenso sueño:

Un beso hueco

con un hueco

negro

aspirando galaxias

en mitad

de las gargantas!

Galaxias ácidas

que recorrieron

todos mis nervios

convirtiendo

mi cerebro

en una supernova

efervesciendo!

Y eras tú, el desconocido,

el que aún no ha venido.

El que he estado buscando

entre todos

los rostros

de soldados

egipcios

y de ejércitos

chinos

plasmados

en barro…

El que busqué hace años

dentro de los ojos

de mis amigos…

El que sigo buscando

sin que jamás desista…

El que hoy me ha besado…

Tú, el que

tal vez no exista!





sábado, 18 de abril de 2026

QUERIDAS LECTORAS QUERIDOS LECTORES (ANAGRAMA 17 ABRIL DEL 2026)

 

                                      El lamento de Orfeo, por Franc Kavčič, siglo XIX.

Orfeo, músico excepcional, hijo de la musa Calíope, aquel joven que con su lira podía conmover a animales, árboles y piedras, se enamoró de Eurídice, una ninfa, y se casaron. Poco después de la boda, al ser mordida por una serpiente, Eurídice murió. Orfeo decidió entonces, devastado, hacer algo que parecía imposible: descender al inframundo, el reino de Hades, para recuperarla. Gracias a su música, Orfeo logró conmover a las almas del subsuelo, al barquero Caronte, también a Hades y Perséfone. Así fue cómo aceptaron devolverle a Eurídice, pero con una sola condición: Orfeo debía caminar delante de ella y no mirar atrás para comprobar que lo seguía hasta que ambos hubieran salido completamente del inframundo. El ascenso empezó. Preso de la duda, de la incertidumbre, Orfeo se giró para cerciorarse de que los dioses no lo habían engañado. Y en ese preciso momento Eurídice se desvaneció.

Maurice Blanchot, escritor y crítico literario, publicó en 1955 El espacio literario, un libro en el que convertía este instante, el de la traición de Orfeo y la desaparición de Eurídice, en el momento del arte. Actualizó el mito, lo repensó, para dotar de sentido la idea contemporánea de la creación. Decía que en ese gesto de girarse, en ese desafiamiento del pacto con los dioses, se contenía la verdad del momento del arte: ya sea por impaciencia o por imprudencia, Orfeo se convierte en un solitario que no puede ver eso que desea ver. Sin embargo, al volver a la Tierra, empieza a componer canciones que evocan el momento de pérdida definitiva de Eurídice y lamentan la muerte final de su amada.


                                      Orfeo y Eurídice, por Edward John Poynter, 1862.

En realidad, dice Blanchot, esas creaciones poéticas, esos cantos elegíacos, hablaban de algo que jamás se había visto, el rostro de Eurídice, porque justo al girarse, ella se había esfumado. Crear siempre implica, pues, algo de traición (por la negación del pacto) y algo de disimulo (por cantar algo que no se ha vivido). El espacio literario, afirma Blanchot, trasciende los límites convencionales de la realidad y el tiempo: es una experiencia en relación a la ausencia, la soledad y el silencio.

La escritora belga Amélie Nothomb también recupera este mito. En Psicopompo, su última novela, una exploración fulgurante del concepto del vuelo como forma de entregarse a la ebriedad del vacío, Nothomb confiesa: «Yo quería ser Orfeo», pese a que también sea la Eurídice de esa historia, porque hay una parte de Nothomb que muere después de que un grupo de cuatro hombres abuse de ella en la playa de Cox’s Bazar, en Bangladesh. «Yo era la tumba de aquella muerta.» Convertirse en Orfeo fue su manera particular de reunirse «con la muerta que había en mí».

Orfeo es el poeta, el que canta, como los pájaros. Orfeo es el psicopompo, aquella figura que viaja entre el mundo de los vivos y los muertos. Orfeo encarna una visión de la literatura, una nueva visión de la escritura, según Nothomb: es aquel que hace del arte algo que permite reencontrarse con los pedazos perdidos de uno mismo. Orfeo, como Nothomb, como tantos otros escritores, canta la pérdida y recupera el cuerpo. Revive la experiencia. Salva la desolación. Reconstruye el relato. Repara los muertos, incluso cuando los muertos son uno mismo. Rescata la vida. Esa es la afirmación que perdura en el libro de Nothomb: un canto al canto, a la creación, a la escritura.

NOVEDADES
De la Semana


En 2015, Milena Busquets publicó También esto pasará, una novela que destilaba el dolor por la pérdida de su madre. Diez años después, coincidiendo con el rodaje de su adaptación cinematográfica, regresó a ese universo íntimo y lo reinventó. De ese viaje nace La dulce existencia, ahora disponible en audiolibro, narrado por la propia autora.

PÍLDORAS
Para Estar Al Día

  • El origen de la conciencia

En Metafísica de los tubos, uno de los libros clave de Nothomb, ahora convertido en película de animación gracias a Maïlys Vallade i Liane-Cho Han, no hay un «yo» desde el inicio: la narradora describe su estado inicial como el de un tubo. Más que un acto instantáneo, la creación (del sujeto, de la vida) es un proceso. Pide tiempo. Como el viaje de Orfeo de ida y vuelta, la protagonista nace cuando desea. Si Psicopompo trata del origen de la escritura, Metafísica de los tubos trata del origen de la existencia, si es que son cosas distintas. El problema llega después, cuando esa niña que empieza siendo tubo se autoproclama Dios… en un gesto filosófico o paródico de la creación divina.



  • Quién crea qué

En 2022, Jason M. Allen ganó la competición de bellas artes de la Colorado State Fair con una obra de arte digital, Théâtre D’opéra Spatial. Fue galardonado en la categoría de arte digital y fotografías manipuladas digitalmente. La polémica empezó al descubrir que el autor había utilizado la IA generativa Midjourney. La controversia estaba servida: la oposición argumentaba que Allen no debería haber ganado el premio ya que no era responsable de la creación íntegra de la obra. De un modo u otro, no había conciencia detrás de esa creación, no había la soledad de Orfeo al cantar sus elegías, la mirada perdida del sujeto creador. Pero sí que había traición, el incumplimiento de una promesa. ¿Basta con eso para ser artista?-



Théâtre D'opéra Spatial, la imagen generada por IA que ganó el primer premio en el concurso de arte anual de la feria estatal de Colorado de 2022 © Jason Allen/Midjourney.


FUERA

De Página



Brigitte Vasallo habla sobre La fosa abierta

La fosa abierta. Anarchivo emocional de un milagro económico es una deconstrucción de la experiencia de la diáspora rural en el sur de Europa a partir de la historia íntima familiar.

En este vídeo, su autora, Brigitte Vasallo, introduce los temas que trata en este ensayo y desarrolla cómo ha sido el proceso de escritura, con múltiples entrevistas y testimonios y un cuidado uso del lenguaje.



Estreno en Filmin de Irvine Welsh: De la escoria al éxtasis

Drogas, literatura y mucha música. El proceso creativo del prolífico escritor de Trainspotting, Irvine Welsh, tiene cierta sintonía con la naturaleza de sus personajes, y este documental así lo atestigua. Irvine Welsh: De la escoria al éxtasis (Paul Sng, 2025) llega hoy a Filmin, construido a partir de imágenes de archivo, material observacional y lecturas de su obra.

El estreno sirve además como anticipo al lanzamiento de Hombres enamorados, la secuela de Trainspotting treinta años después de su publicación, que llegará a las librerías en mayo.



Firmas de Sant Jordi

Este este año Amélie Nothomb será nuestra autora internacional invitada para celebrar Sant Jordi en Barcelona, donde estará firmando Psicopompo en castellano y Psicopomp en catalán, así como toda su amplia obra, junto con muchos otros autores de Anagrama. 

Esta novela, que añade un nuevo capítulo a su leyenda y la consagra como una de las autoras más excepcionales de nuestro tiempo, es también una manera de dar sentido pleno a la tradición catalana de regalar y regalarnos libros el 23 de abril; como si, con ese gesto, con la entrega de un texto y su capacidad de trascender mundos, estuviéramos ampliando la experiencia, salvando la desolación.

Descubre todas las firmas en Barcelona para este Sant Jordi




jueves, 16 de abril de 2026

MI HERMANA NAYIBE

 En este momento están operando a mi hermana en la fundación Santa Fe de Bogotá. Cambian la válvula vitral de su marcapasos. El corazón es el órgano principal del sistema circulatorio, encargado de impulsar la sangre a través del cuerpo. Su función es bombardear la sangre rica en oxígeno y nutrientes a los tejidos y órganos, mientras transporta la sangre desoxigenada hacia los pulmones para su oxigenación. Además, el corazón tiene un tamaño aproximado de un puño y consta de cuatro cámaras: dos aurículas y dos ventrículos, que trabajan en conjunto para mantener el flujo sanguíneo adecuado en todo el organismo. Nayibe desde hace más de 25 años ha tenido que lidiar con su corazón y lo ha hecho no sólo con mucha inteligencia y diligencia, sino desde un amor por todo lo que ha significado su vida y como si fuera poco con un agradecimiento por todo lo que le ha dado, esto constituye un ejemplo para los que la conocemos.

El sistema circulatorio es el primer sistema funcional del embrión de un vertebrado. El corazón fetal manifiesta actividad a partir de la tercera semana del desarrollo embrionario. La formación del corazón empieza en la línea primitiva del embrión a partir de células del mesodermo.  En la 5.ª semana la frecuencia cardiaca del embrión es entre 400-500 latidos/min, disminuye progresivamente hasta alcanzar en la 10.ª semana 180-200 latidos/min. Es el órgano que nunca deja de funcionar. Así es mi hermana con su vida. Es demasiado responsable, lo fue desde niña. Nació en Bucaramanga Santander. Sí no estoy mal, creo que  fue entre el 55 y 56 del siglo pasado. Es la única mujer entre tres hermanos. 

Recuerdo que recién casada, es más, en su luna de miel empezó el galimatías con su corazón y la lucha por vivir con un diagnostico reservado con respecto a este órgano vital. La vida le cambio desde ese momento, pero es cierto que el hecho se convirtió en un reto que asumió con entereza y valentía. Empezamos todos desde este momento a volvernos expertos en el corazón. Siempre asumimos que nos funcionará perfectamente. No fue el caso de Nayibe. No sabíamos si su corazón presentaba bradicardia, bloqueos o pausas que casi siempre causan mareos, desmayos o fatiga persistente. Inició muy joven la búsqueda de un diagnostico certero que le permitiera vivir tranquilamente. Realmente fueron muchos años de visitas al cardiólogo, de días en la clínica y por supuesto de angustias. Todo lo asumió con mucha entereza.

 Así ha sido todo en su vida. Nunca perdió un año. Estudio hasta cuarto de Bachillerato en el colegio "Nuestra señora del transito" de Bucaramanga. Los dos años siguientes en el colegio del Rosario que era de monjas. En estos años no fue compinchera, ni rumbera y siempre daba la sensación de ser una niña sin mayores problemas. Después por ella misma supe que tenía una percepción de la realidad inusual para la edad y que para bien o para mal, se enteraba de todo lo que sucedía en la casa: Lo bueno y lo malo. Desde esa época comenzó una relación directa con mi madre miryan que permaneció así, hasta la muerte de ella. 

En una novela de Héctor Abad Facio Lince que se llama; "Salvo mi corazón todo está bien" Aprendí todo sobre el corazón de una persona. No solo es la historia de Alberto Álvarez, uno de los críticos de cine más importantes que ha tenido Colombia, sino que es un verdadero tratado sobre el corazón. Allí leí que "Hipócrates, en su aforismo 69, dice que «los obesos están más expuestos a la muerte repentina que los delgados». Otros médicos de la Antigüedad observaron que las personas de baja estatura viven más años, en promedio, que las altas. Es posible que estas observaciones tengan alguna explicación fisiológica. Según la legge del cuore (ley del corazón) del italiano Darío Maestrini, hay una relación entre la sangre que entra en el ventrículo izquierdo durante la diástole (cuando el músculo cardíaco se relaja) y la cantidad de sangre que el corazón está en condiciones de repartir a todo el cuerpo durante la sístole, cuando el ventrículo izquierdo se contrae y expulsa por la aorta la sangre oxigenada de la que vivimos y nos nutrimos los animales". "La fuerza normal del corazón y la medida más importante de su funcionamiento es la FE, que nada tiene que ver con la fe de los creyentes, sino que es la fracción de eyección, es decir, el porcentaje de sangre que se expulsa en cada contracción o, lo que es lo mismo, el volumen que queda de sangre en el ventrículo izquierdo inmediatamente después de la sístole". A mi hermana por sus problemas cardiacos le pusieron un marcapasos. Creo que fue hace 21 años en  la "Fundación clínica Sachio".

Nayibe se casó con Rubén Darío con quien terminó economía en la universidad Santo Tomas De Aquino, tiene dos hijos, Camilo e Iván. Tres hermosos nietos y hoy vive en Bogotá disfrutando de su jubilación. Cuando pienso en sus días nunca se me olvida que en la medida en que su corazón sea capaz de expulsar siquiera la mitad de la sangre oxigenada que entra en su ventrículo izquierdo (proveniente de la aurícula izquierda y de los pulmones), ella está bien. Analizo que una persona sana, en general, expulsa dos tercios de ese volumen, poco más o menos, o un 66 %. Si al ventrículo izquierdo le entran 100 cm3 de sangre oxigenada al relajarse, cuando el corazón se contrae o hace la sístole debe ser capaz de enviar al cuerpo 60 cm3 de esa sangre, es decir, el 60 % de lo que le entró. Es cierto, un buen corazón humano bombea en cada sístole setenta mililitros, un poco más de cuatro litros por minuto. Con sesenta pulsaciones y en sesenta segundos, casi toda la sangre que tenemos en el cuerpo ha pasado ya a través del corazón y se ha oxigenado en los pulmones. Pocas veces estamos conscientes de estos datos. Menos lo somos  de que nuestro corazón piensa.

Son las 11 AM en punto. Creo que a esta hora ya salió de la cirugía. Su marcapasos deberá funcionar muy bien y esa bella vida estará más tiempo con nosotros. Ahí estarán sus hijos, sus nietos y su esposo. Su perro Nayron la estará esperando y si la vida es justa la volveremos a verla sonriendo y llena de tareas. Ojala el destino nos prodigue esa suerte.