viernes, 23 de septiembre de 2016

ALEJANDRO JOSE LOPEZ CACERES

Este es un autor muy importante de Colombia. Me encontré con uno de sus ensayos gracias a la red, a las virtudes del internet y de hecho quede sorprendido, pues pese al rigor y la calidad del mismo, en mi criterio, no ha tenido la divulgación que amerita. Esto no quiere decir que sea un desconocido, en los círculos académicos e intelectuales del país su reconocimiento es total, auscultando por sus datos me encuentro gratamente con numerosas conferencias y conversatorios a los que ha sido invitado recurrentemente, no tan solo a nivel universitario sino en otros círculos diferentes y en ocasiones fuera del país. Sus textos y ensayos publicados en editoriales poco comerciales, no tienen la resonancia que debería, lo que no les quita el gran valor que tienen.
El profesor Alejandro López, es un crítico de muchos quilates. Solo basta leer el ensayo que comento en el presente artículo para comprobarlo. De sus textos se deduce que es un consumado lector. Están escritos desde una óptica muy particular, se salen del lugar común. Es un lector de culto. El ensayo sobre Onetti me parece extraordinario:
Hay algunas obras maestras de la literatura que lo son porque llegan a dar cuenta —sin explicarlos— de fenómenos profundos, complejos, arquetípicos, de la condición humana. Esto hace que dichas obras resulten inolvidables para el lector, quien siente que una parte de su ser pasa por ahí de modo evidente o recóndito. Al mismo tiempo, esa capacidad para penetrar agudamente en los arduos aspectos que constituyen nuestra naturaleza hace que estas obras permanezcan siempre abiertas a nuevos sentidos y razonamientos; es decir, que no se dejen apresar en una sola línea de interpretación. Tal es lo que sucede, por ejemplo, con un relato como “Bartleby el escribiente” de Herman Melville, en el cual se indaga de forma exquisita el fenómeno de la desidia. Otro tanto hace Chéjov, con relación al desamparo, en su perdurable “Vanka”; o Hoffmann respecto de lo siniestro en su famosa historia “El hombre de arena”; o Maupassant en lo que toca al oportunismo con su célebre “Bola de Sebo”; o Poe con la culpa en su “Corazón delator”. También la crueldad ha sido condensada singular y memorablemente en un cuento magistral: “El inierno tan temido”, de Juan Carlos Onetti”.
La calidad de sus paralelos, sus interpretaciones particulares por fuera del canon crítico, la relevancia que hace de las influencias encubiertas; la develación de los anclajes narrativos, exponiendo las claves creativas, hacen de este ensayo una escrutación valiosa del Onetti como cuentista, Alejandro, arriesga con sus juicios, toma posición:
De los cuarenta y siete excelentes cuentos que escribió el maestro uruguayo a lo largo de su vida (1909-1995), en su periplo por Montevideo, Buenos Aires y Madrid, hay por lo menos cinco que merecerían estar en una hipotética antología de cuentos inolvidables de todos los tiempos: “Un sueño realizado” (1941), “Bienvenido, Bob” (1944), “Esbjerg, en la costa” (1946), “El inierno tan temido” (1957), y “Jacob y el otro” (1961). Todos comparten la fortuna de haber amalgamado de manera sorprendente ese mundo en descomposición, desolado y oscuro —que está en la base de la cosmovisión 18 Alejandro José López Cáceres onettiana—, con un lenguaje y una técnica narrativa de impecable factura. La icción ha sido tejida en ellos con tanta eicacia que el lector habita la ilusión sin percatarse de las costuras que la sostienen ni de los hilos que la constituyen; en otras palabras, éstos son cuentos orgánicos, sin isuras, o, como suelen decir los cuentistas, redondos”.
Soy un fervoroso lector de Onetti, su mundo desapacible y sórdido, me parece una de sus mayores virtudes narrativas, la vida en su narrativa se mira en blanco y negro. Alejandro José,  lo describe magistralmente:
El de Juan Carlos Onetti es un mundo a la vez complejo y apasionante. Su universo está en las antípodas de la simpliicación, pues estamos ante un narrador que ha elegido rastrear sin tregua las contradicciones del alma y sus sorprendentes intersticios”.
Me recuerda a Pedro Citati ese gran ensayista Italiano, quien realiza la crítica desde la esclerótica de los personajes. En el texto sobre Onetti, hace una crítica desde el relato, descifra tanto a los personajes, como el mundo sórdido que los domina, pero en el fondo, está aludiendo a las características propias de la literatura latinoamericana:
Detengámonos un momento en sus personajes para ilustrar algo de lo dicho. Hay un rasgo que muchos de ellos comparten, una especie de vocación o conducta recurrente. Dado que suelen sobrellevar existencias grises, anodinas, o que viven asediados por el fracaso de todas sus empresas, llega un momento en el cual una encrucijada de hastío o derrota los obliga a buscar una salida. Sí, la vida que llevan se les revela de pronto insufrible, tal vez sólo insustancial; entonces, dan un salto de vértigo. Quizá las cosas podrían ser de otra manera si habitaran un lugar distinto; así que transitan hacia allá, pasan a un entorno de fantasía, de ficción”.
Estoy hablando de un hombre muy joven que aun tiene mucho que dar, de Tulua Valle. “Se formó académicamente en la Universidad del Valle: Licenciado en Literatura, especialista en prácticas audiovisuales y magíster en literaturas colombiana y latinoamericana”.
Ha publicado dos libros de crónicas y entrevistas: Tierra posible (1999) y Al pie de la letra (2007); dos de ensayos: Entre la pluma y la pantalla: reflexiones sobre literatura, cine y periodismo (2003)y Pasión crítica: ensayos sobre literatura latinoamericana contemporánea (2010); y uno de cuentos: Dalí violeta (2005)”.
Leí con mucho juicio “Ensayos sobre literatura latinoamericana contemporánea” me sorprendió su calidad.  El texto de Onetti, que he venido trayendo a colación es de una factura excelente.  Parte de la revelación de las principales claves sobre las cuales está estructurado el relato. Por ejemplo releva en su ensayo el papel de la inventiva en los relatos de Onetti, que es una facultad intrínseca de la literatura como recurso, en este caso, no sólo es un artificio en la estructura del relato, sino además un mecanismo de los personajes para soportar su atribulada vida: “Y es que para Onetti, antes que un proceder indeseable, la invención constituye una categoría humana de rango esencial. Sin ella la vida misma se haría insufrible —más de lo que ya es—, lo cual nos pone sobre un aspecto central de su cosmovisión”.  La crítica no solo es una interpretación, ni el acto de desatornillar una obra desde su estructura, es el soporte desde el cual se van creando articulaciones a partir de las claves creativas, es la búsqueda de sentido desde la iluminación del texto.  En el texto crítico Alejandro López también expone las afinidades literarias de varios autores latinoamericanos. Miremos este ejemplo:
Pero hay un recurso literario, un principio iccional que Onetti heredaría del maestro norteamericano (William Faulkner)  —tal como le sucedió a García Márquez y a Juan Rulfo— y que habría de ser cardinal en toda su obra: la fundación de un mundo mítico. Faulkner inventó el condado de Yoknapatawpha y allí instaló sus personajes. En este universo también cifró las claves de aquellos dramas vividos por el Sur de su país tras ser vencido en la Guerra de Secesión. Justo es decir que al mismo tiempo estaba creando una de las más profundas y bellas metáforas de la derrota humana que hayan sido escritas en la historia de la literatura. De dicho proceder narrativo descienden otras geografías míticas, como Macondo o Comala. Y en lo que toca a Juan Carlos Onetti, Santa María, en cuyo territorio discurre la mayor parte de sus cuentos y novelas. Aunque apareció por primera vez en el cuento titulado “La casa de arena” (1949), sería en la cuarta novela publicada por el maestro uruguayo, “La vida breve” (1950), donde se construiría de un modo ya más profuso esta ciudad imaginaria”.
Pedro Soler refiriéndose a Faulkner trató el mismo tema, las conexiones no son mera coincidencia, en un ensayo se refiere puntualmente al papel de la inventiva en la vida y obra del escritor americano. Alejandro establece otras afinidades:
Rodríguez Monegal señalaba dos presencias más, igualmente determinantes, en la narrativa del maestro uruguayo: Borges y Louis Ferdinand Céline. El primero le aportó ese vértigo imaginativo que se expresa construyendo una acción dentro de otra —y en el tránsito permanente que los personajes hacen a través de ellas—, al estilo de ese inolvidable relato borgeseano llamado “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” (1941). Con el segundo tenía Onetti afinidades de fondo en lo que respecta a la visión del mundo, el cual percibían, en su oscuro pesimismo, como algo irredimible y catastrófico; también, y muy especialmente, en su relación con el lenguaje”.
Las criticas puntuales sobre Carlos Fuentes, de Skarmeta, de Oscar Collazos están escritas con la misma calidad. Es importante divulgar autores como el presente y como lector es grato encontrarse con material como este. Le debo el hecho de volverme a recordar los excelentes cuentos de Harold Kremer.










jueves, 15 de septiembre de 2016

EL OPEN DATA Y EL BIG DATA EN LA NARRATIVA


Este afirmación de Beatriz Sarlo refiriéndose a Borges  sirve como una aproximación al tema: “Escritor-crítico, cuentista-filósofo, oblicuamente discute tópicos capitales de la teoría literaria contemporánea. Eso lo convierte en un autor de culto para la crítica, que descubre en él las figuras platónicas de sus preocupaciones: la teoría de la intertextualidad, los límites de la ilusión referencial, la relación entre conocimiento y lenguaje, los dilemas de la representación y de la narración. La máquina literaria borgeana ficcionaliza estas cuestiones, y produce una puesta en forma de problemas teóricos y filosóficos, sin que en los movimientos del relato se pierdan jamás del todo el brillo de la distancia irónica o la prudencia antiautoritaria del agnosticismo”. Borges se anticipa a las virtudes que canaliza la tecnología con respecto al recurso de traer otros textos, de la referencia como parte del contenido, de lo que antecede. El open data y el big data constituyen la herramienta tecnológica más revolucionaria de las TIC,  para la literatura y la narrativa lo son de igual manera, integra, pone a disposición, en un ensayo o cualquier texto narrativo, todo el corpus de conocimiento y enlaces narrativos antes nunca visto ni imaginado.

Ya lo importante no es el acceso a la información, sino la capacidad para crear a partir de ella, de articular y relacionar, de trasformar desde la infinita disposición de la información a tan sólo un clic. Este video no da la primera entrada a lo que nos proponemos:



El open data y el big data son importantes al respecto: El open data se refiere al universo de información disponible en la red, hablo de la totalidad de los contenidos: Correos, información general, contenidos pdf, revistas, bibliotecas, bibliotecas digitales, blog, yotube, textos de toda índole……………todo, cuyo acceso libre permite una herramienta de conocimiento infinita. El Big data, es la manera como organizamos esa información de acuerdo a los propósitos de búsqueda nuestros, de nuestras necesidades concretas, es la forma como estructuramos dicha información, como la aprovechamos.
Si habláramos de este tema especifico, empezaríamos por buscar la relación con la narrativa y las TIC, la ficción y el open data.
El análisis de la herramienta lo voy a realizar desde el concepto de intertextualidad. Que entendemos por este concepto:
 “La intertextualidad es la relación que un texto (oral o escrito) mantiene con otros textos (orales o escritos), ya sean contemporáneos o anteriores; el conjunto de textos con los que se vincula explícita o implícitamente un texto constituye un tipo especial de contexto, que influye tanto en la producción como en la comprensión del discurso. El germen del concepto de intertextualidad lo tomó del filólogo ruso Mijaíl Bajtín, quien durante el segundo tercio del siglo XX publicó una serie de trabajos sobre teoría de la literatura. Sus ideas no fueron conocidas en la Europa occidental hasta años después de su aparición, cuando fueron divulgadas en el ambiente intelectual francés por un círculo de pensadores búlgaros a fines de los años sesenta, entre ellos Tzvetan Todorov y Julia Kristeva, esta última acuñó el término de "intertextualidad" en el año 1969”[1]. “Se abordan también las propuestas de Bajtin acerca del dialogismo, la polifonía y la pluridiscursividad, términos que permiten analizar las relaciones entre texto-lector-contexto y reconocer en el principio de otredad un factor importante en la configuración de sentido del texto”[2].
Crear con estas herramientas nunca será lo mismo, la responsabilidad es mayor, se requiere mucho cuidado con lo que se trae a colación, la configuración textual, saber cómo se articula con lo que estamos creando. Foucault estableció: “La relación de atribución- El autor es sin duda aquél al que se le puede atribuir lo que ha sido dicho o escrito. Pero la atribución —aun cuando se trate de un autor conocido— es el resultado de operaciones críticas complejas y raramente justificadas. Las incertidumbres del “opus” “. En materia literaria y en todo lo que tiene que ver con la producción de textos y la narrativa en general, bien sea ficcional o científica, el reto es mayor, pero deberá asumirse imposible sustraerse al fenómeno y a la revolución que se nos vino.
Estoy haciendo un trabajo sobre narrativa colombiana contemporánea. Me encontré en la academia y en la nube infinidad de textos sobre el tema, la mayoría muy serios. Lo mismo pasa en con la excesiva información no académica, es numerosa y rigurosa. Como el ensayo, no es referencial, ni menos descriptivo, busca hallar cuales son las característica relevantes y particulares de la narrativa colombiana contemporánea, propiamente de la novela desde la perspectiva de la  teoría literaria. Lo difícil es articular la información de acuerdo a mis propósitos. Matizar con absoluta lucidez, lo que permitirá crear un nuevo texto a partir de la misma desde una óptica personal, el crecimiento es exponencial y el entrecruzamiento de contenido de acuerdo a lo propuesto depende de la inteligencia y el talento de quien lo haga. “Cada texto constituye una unidad organizada en partes dotadas de sentido e intención comunicativa que se caracteriza por su cierre semántico y para su comprensión se acude a pistas gráficas, sonoras, icónicas y otras. Así es dable hablar de la lectura de hechos, discursos literarios, artísticos, de actitudes y contextos, de imágenes corporales y otras (Santana, 2000)”[3].
De hecho, la conexión, su creación a partir de otros textos, de referencias narrativas especificas de acuerdo a las necesidades objetivos, constituye el entrelazamiento con todo lo que existe, con todo lo publicado, lo que exista en la nube, con el infinito de posibilidades. Más que nunca se exige inteligencia y talento, la responsabilidad es mayor y requiere mucha lectura.
Borges en Evaristo carriego expresaba: “Antes de considerar este libro, conviene repetir que todo escritor empieza por un concepto ingenuamente físico de lo que es arte. Un libro, para él, no es una expresión o una concatenación de expresiones, sino literalmente un volumen, un prisma de seis caras rectangulares hecho de finas láminas de papel que deben presentar una carátula, una falsa carátula, un epígrafe en bastardilla, un prefacio en una cursiva mayor, nueve o diez partes con una versal al principio, un índice de materias, un ex libris con un relojito de arena y con un resuelto latín, una concisa fe de erratas, unas hojas en blanco, un colofón interlineado y un pie de imprenta: objetos que es sabido constituyen el arte de escribir. Algunos estilistas (generalmente los del inimitable pasado) ofrecen además un prólogo del editor, un retrato dudoso, una firma autógrafa, un texto con variantes, un espeso aparato crítico, unas lecciones propuestas por el editor, una lista de autoridades y unas lagunas, pero se entiende que eso no es para todos.. . Esa confusión de papel de Holanda con estilo, de Shakespeare con Jacobo Peuser, es indolentemente común, y perdura (apenas adecentada) entre los retóricos, para cuyas informales almas acústicas una poesía es un mostradero de acentos, rimas, elisiones, diptongaciones y otra fauna fonética”. Desde lo formal, tal vez siga siendo cierto, pero ya un texto es mucho más que eso. “En la trasmisión de los saberes y los poderes, de los textos, no existe tabula rasa el campo en que un texto se escribe es campo ya escrito, concomitante a la lectura, es una nueva teoría de la lectura”[4].  Frente a lo que está disponible en la red, esta realidad no cambia, pero el recurso de textos, es casi infinito, la disposición es total, lo precedente se multiplica. 






  








[2] estética e intertextualidad de la literatura. Yeymi Johann Romero Gómez. Universidad Nacional de Colombia.

[3] Javier González García.  Intertextualidad y desarrollo de competencias comunicativas y narrativas. Javier González García.


[4] La noción de intertextualidad entre Barthes y Kristeva. Ivan Villalobos Alpizar.
http://www.inif.ucr.ac.cr/recursos/docs/Revista%20de%20Filosof%C3%ADa%20UCR/Vol.%20XLI/No.%20103/La%20noci%C3%B3n%20de%20intertextualidad%20en%20Kristeva%20y%20Barthes.pdf

viernes, 9 de septiembre de 2016

LA FIESTA DEL LIBRO DE MEDELLIN 2016


Hoy, 9 de septiembre, comienza oficialmente la 10ª Fiesta del libro y la cultura, un evento que se extenderá por 10 días durante los cuales la literatura, las letras, y a la cultura en toda la extensión de la palabra se tomarán a Medellín.
Nos congratula el hecho de ver esta fiesta del libro consolidada año tras año, tiene un espacio privilegiado, pues el jardín botánico es diferente a todo lo que he visto como recinto ferial, amable, pleno de naturaleza, fresco, abierto totalmente al público, esta es la única feria que no tiene tarifa alguna. Este es un esfuerzo institucional que debemos reconocer y respaldar.
Este año el fuerte fuera de la excelente oferta en materia de libros me parece que es la calidad de los invitados, así lo expone su director: ““Estamos esperando aproximádamente a 300 autores de 20 países del mundo. No somos una feria del libro en el sentido estricto que se desvela por traer grandes figuras que ya son reconocidas en el mundo editorial. Lo que hacemos es buscar durante todo el año a esos autores que nos estremecen, que nos impactan y que queremos compartir con la gente de la ciudad. Vienen Francisco Goldman, Jane Teller de Dinamarca, con ella conversará Laura Restrepo. Vienen autores de América Latina como Guillermo Martínez, cuentista, Magela Baudoin y Edmundo Paz Soldán de Bolivia, Élmer Mendoza de México, Wendy Guerra de Cuba, Alberto Barrera Tyszka, de Venezuela, y con ellos unos autores africanos, una bonita oportunidad para saber cómo han sido los procesos de paz en otros países del mundo”. “Con el nombre ‘Las charlas de la tarde’, los  asistentes disfrutarán también de los diálogos entre Héctor Abad Faciolince y el escritor chileno Alberto Fuguet el sábado 10 de septiembre a las 7 pm en Teatro Explora. Así mismo el lunes 12 de septiembre el fotógrafo argentino Daniel Mordzinski y Julio Olaciregui conversarán con la bloguera Laila Abu Shihab.
El tema “Los nuevos mundos” significa según sus organizadores que para ver nuevos mundos basta abrir un libro, valorar el espectro de la información contenida en infinidad de textos que están a disposición nuestra, en bibliotecas públicas, en la red, en eventos como el presente, en la infinidad de conversatorios y encuentros entorno a la palabra.
“El 14 de septiembre, a las siete de la noche, la Fiesta del libro y la cultura entregará por primera vez el premio León de Greiff al Mérito Literario, un galardón creado el año pasado, cuyo fin es exaltar la obra completa de escritores vivos en toda iberoamérica. En esta oportunidad, el poeta venezolano Juan Calzadilla resultó ganador. Natural de Venezuela, Calzadilla nació en 1931 en la provincia rural del norte. Su traslado a la capital, su relación con ella, y en general con todo el concepto de ciudad occidental, grande, desordenada y caótica –con la que inicialmente entró en conflicto– hacen parte de sus temas más recurrentes. Además, sus poemas están asociada a movimientos estéticos de vanguardia. El acta habla de una obra “extensa y consolidada”, califica al autor como “crítico e insatisfecho con la realidad”, y subraya “la manera de involucrar a su poesía otros campos de creación como las artes plásticas, la arquitectura y las manifestaciones de la cultura popular”. Eso porque Calzadilla, además de poeta, también es ensayista, crítico de arte y artista plástico. De hecho, en ocasiones, incorpora elementos del dibujo o la caligrafía en sus obras”.
Desde este blog iré informando los pormenores del evento.

www.fiestadellibroylacultura.com/

Algunos vídeos de ferias pasadas







sábado, 3 de septiembre de 2016

ENTRE EL CINE Y LA REALIDAD PATRICIA

La felicidad completa no existe, le escuche repetidas veces a mi madre, he comprobado que esta sentencia resulta ser una verdad letal. Patricia está bien, de un tiempo para acá una relación sentimental con un  mexicano funciona perfectamente. Este Wey la hace muy feliz: Mantiene una alrgría por fuera de lo comun, una sonrisa cargada de expectativas la delata, sus ojos develan planes encubiertos, ilusiones aplazadas, los temores por los amores contrariados del pasado cada vez se despejan más. Hace muy poco murió su padre. Este hecho la tiene triste muy a pesar de ser una mujer realista al extremo. Dos sucesos concomitantes y en contravía que hacen del momento un claro-oscuro tenaz en su vida. Conozco a Pato desde hace más de 10 años y he compartido con ella muchas cosas de la vida. Es una mujer bonita, alta para nuestro promedio, de pelo largo, siempre bien peinado, delicada, muy femenina, clara y sincera de sobremanera. Con su hermana mantiene una relación perfecta, siendo muy diferentes, son absolutamente leales y en lo fundamental tienen acuerdos que nunca rompen. De ellas dos tengo recuerdos muy precisos. Salían del apartamento a su colegio en plena adolescencia, este quedaba al frente del conjunto donde vivíamos, siempre a la misma hora, apuradas, confirma aquello que lo cerca siempre es lejos y lo lejos termina siendo cerca. Estaban en plena formación, una adolescencia contenida, por la cercanía que tuvimos compartí estos años. Ella y su hermana son un libro abierto, a esa edad, atentas a escuchar y conocer las cosas que alimentaran sus deseos, sus ilusiones, el imaginario de sus posibilidades, eran seres en plena construcción. De esa época vienen ciertas afinidades intelectuales y una música muy puntual que de vez en cuando volvemos a compartir. Nació una amistad bella que tiene hoy frutos gratos y valiosos. Pato, fue, es y será una mujer práctica. No sé cómo ha manejado la muerte de su padre, su ausencia, el vacío que representa su partida, lo amó mucho, a pesar de ciertas diferencias irreconciliables que le generaron muchas discusiones, al final, me refiero a los últimos años, lograron una tregua llena de reconocimientos y silencios, de respeto. Su relación fue buena, cargada de solidaridades entre la rutina asfixiante de la convivencia.
Es un excelente matemática. Lo curioso es que no siempre fue así. En su bachillerato las matemáticas no eran su fuerte, mejor, fueron su debilidad. Con su experiencia comprobé, que no existe nada imposible. Cada vez que me digo, voy aprender ingles, siento que estoy muy viejo, se antepone a este caprichoso rechazo, lo que vivió y la actitud que tuvo frente a los números. Cuando terminó el bachillerato, planificó entrar a estudiar administración de empresas en la universidad nacional, las matemáticas resultaban de suma importancia, no solo para la carrera sino para pasar el examen que le diera el cupo respectivo.  Fracaso en el primer examen. Decidió entonces ser buena matemática, aprender y emprendió una batalla para lograrlo. Como toda guerra, fue obsesiva con el tema y la vi dedicada al 100 a formarse en el mundo de Pitágoras en medio de muchas precariedades, las cuales venció con su férrea voluntad. No solo aprendió matemáticas sino que empezó a quererlas, sin lugar a dudas, es muy buena en esta materia. No se me olvidan estos hechos, porque en estos años la vi imponerse a circunstancias adversas de todo tipo, difíciles.
La relación con su madre es excelente, siempre lo ha sido. Me atrevo a decir que esta es su mayor preocupación hoy, me cuentan que le ha dedicado más tiempo, me imagino que es imposible llenar ciertos vacios, la compañía en todo caso es un paliativo frente a hechos como  la muerte.  Luz, su madre, tiene para sus hijas una devoción casi religiosa. Ellas han sabido corresponderle con creces a esa fe y cuidados constantes. No siempre en la vida las relaciones entre los padres y los hijos son buenas. La mayoría de  las patologías y trastornos de las personas adultas nacen de las disfuncionalidades propias del ámbito familiar. De esto están plagados los escritos de Freud. Entre Patricia y su madre las cosas han sido más que buenas, siempre están en proceso de consolidación, mantienen una relación muy fresca y sin contradicciones graves, sin imposturas o ataduras paranoicas.
Desde un tiempo para acá, frente al fenómeno de la muerte, sobre todo cuando se nos va un  ser muy cercano de manera intempestiva, como recordándonos que no somos eternos, me pregunto: ¿qué es la vida?. Siento que pese al orden que se requiere, al sentido de trascendencia que le demos, la vida está hecha de momentos, atiende a circunstancias precisas y estos son los que en últimas terminan justificándola. Cuando recuerdo hechos del pasado que me hicieron feliz, se me aparecen solo instantes, como gotas por donde la plenitud florece, fotografías llenas de luz, pero muy fugaces. Otro aspecto vital son las decisiones que tomemos. Algunas cambian nuestro destino diametralmente, incluso, por los azares del destino, decisiones baladíes terminan siendo fundamentales, sentarse en un puesto en un viaje de pronto significa conocer a la persona que nos acompañará por el resto de nuestros días, tomar un camino, escoger un sitio para vacacionar, conocer una persona que con sus puntos de vista trasforma nuestra manera de pensar. No sé porque escribo sobre estas cosas cuando pienso en Patricia. Ayer meditaba: Patico debe apostarle a la felicidad, no debe aplazar su destino. Confió en las certezas que le guían siempre, se cómo actúa ella. Todo esto lo escribo porque estamos abocados a tomar decisiones y siento que ella está entreverada entre dilemas muy íntimos, que está pensando más en los otros. La filosofía y el psicoanálisis hablan del otro y la otredad. Este es un tema encarretador, actuamos casi siempre en razón del otro, ¿Cuál es el límite frente a este dilema que significa ceder a favor del otro, actuar de acuerdo a las circunstancias determinadas por la otredad?, difícil descifrar estas fronteras.
Siempre cuando escribo sobre estas cosas pienso en el cine que lo ha mostrado todo, el amor, la soledad, la guerra, la traición. Qué película se parece a estos momentos de la vida. Aun no la ubico exactamente pero recordé esta cinta de amor, vieja. Pienso en When Harry Met Sally, Harry Burns (Billy Crystal) y Sally Albright (Meg Ryan) “son dos estudiantes universitarios que se conocen por casualidad, cuando ella se ofrece llevar a Harry de Chicago a Nueva York, en su coche. Durante el viaje hablan sobre la amistad entre personas de diferente sexo y sus opiniones son absolutamente divergentes: mientras que Harry está convencido de que la amistad entre un hombre y una mujer es imposible, Sally cree lo contrario. A pesar de ello, Sally le dice que no pueden ser amigos por su forma de pensar y que es una lástima ya que él sería su primer amigo en Nueva York. Pasan los años y su relación continúa. En Nueva York cada uno de ellos hace su vida y trata de encontrar un amor. Un día coinciden casualmente en una librería y pasan un rato largo juntos filosofando sobre la vida. En los años siguientes se ven de cuando en cuando, cada vez con más frecuencia. Surge entre ellos una amistad que contradice la filosofía de Harry de que hombres y mujeres no pueden ser amigos. La historia es cortada cada cierto minuto con diálogos de parejas de ancianos que conocieron el amor y la forma que se enamoraron, en algo similar a una terapia. A pesar de intuirse que ambos están enamorándose, sus creencias, filosofías y actitudes les hacen rechazarse. En las escenas finales se producirá la declaración de amor de Harry en una de las más logradas escenas del cine romántico. Finalmente quedará claro que ellos son también una de las parejas de la terapia que cuenta su largo amor de 12 años y tres meses antes de casarse”.
La vida es una película donde el final feliz debería depender de nosotros, no siempre ocurre así, en la medida que podamos decidir en este orden, antes que se resuelva de otra manera, lo debemos asumir, tomar las decisiones.





sábado, 27 de agosto de 2016

NARRATIVA Y VIOLENCIA EN COLOMBIA


La mirada estética en sus diversas expresiones artísticas siempre es permeada por la realidad social. Es muy difícil que se den expresiones cuyos nexos, conexiones, influencias y contextos no sean producto del entorno en que se desenvuelve el artista. Este crea a partir de ellos: objetos, narrativas, metáforas, pinturas, conceptos, nuevos, los cuales  se suman a la realidad e incluso contribuyen a configurarla, constituyen interpretaciones particulares que generan nexos, miradas, cuyo valor en términos de lo que entendemos por arte, va agregándose como patrimonio del conglomerado social sometido a su influencia. La novela colombiana de los últimos años ha tocado el tema de la violencia recurrentemente. La academia y ciertos críticos muy serios, tienen sendos estudios sobre el tema.
Ahora que estamos en pleno cierre del acuerdo con la hablamos del fin del conflicto armado a propósito de los acuerdos de la Habana entre el gobierno Colombiano y la FARC, traigo a colación el tema  de la relación entre la narrativa colombiana de los últimos 60 años y la violencia, por la importancia que tiene  en el marco general de nuestra literatura.  Miremos apenas un concepto y una realidad de nuestra historia, el de la victimas de la violencia. Tomas González, para citar un ejemplo,  ha  dibujado magistralmente en sus novelas la tragedia interna que vive una persona víctima  de la violencia, el sufrimiento y la des-ubicación, como queda inerme frente a situaciones de facto de  esta índole, la cual nunca entiende del todo, simplemente la padece. Este tema ha sido recurrentemente tratado por la crítica: “A lo largo de más de cuatro décadas de trabajo los críticos han ido desarrollando múltiples aproximaciones a la literatura asociada al fenómeno de la Violencia de los años cincuenta y sesenta en Colombia. Estas aproximaciones son de variada índole y de distinta calidad, y en su mayoría aportan a un mejor conocimiento del mencionado fenómeno literario y de sus relaciones con la historia del conflicto”[1].  Hay un capitulo exhaustivo, amplio y no divulgado de la crítica sobre la novela de la violencia en Colombia. “la expresión de la Violencia en la literatura nacional fue, y aún hoy es, de grandes magnitudes. En este punto cabe aclarar que, si bien la época de la Violencia fue retratada en cuentos y poesías, lo cierto es que la representación de la misma se ha dado, en gran medida, bajo la forma de novela. En Colombia se han publicado más de sesenta novelas al respecto, convirtiendo así el tema de la Violencia en un género de la literatura nacional, género que sin lugar a dudas también ha despertado el interés de la academia”[2].  Recuerdo la lectura de “La mala hora” de Gabriel García Márquez, “Manuel Pacho” y “El Cristo de Espaldas” de Eduardo Caballero Calderón, Mejía Vallejo, Osorio, Gardeazabal, Jorge Franco, para solo citar algunos de los más relevantes[3].
Es preciso realizar la aproximación sobre la narrativa de la violencia en Colombia cambiando de óptica, atendiendo al lector, como ha sido esta recepción de su parte en la construcción de esta estética,  mirada que debe hacer parte integral del corpus literario, incluyo en este ítem a la crítica por su puesto, para indagar cual ha sido su producción y focalización al respecto. Este tópico lo definió con lucidez Alejandro Rodríguez, esta sería  la mirada que guiara este recorrido: “En general, sería posible afirmar que la literatura posmoderna asume como punto de partida que la escritura es el modelo del mundo, su realidad; es consciente de que si bien lo real está más allá de los textos y de las escrituras, sólo es accesible por textos y escrituras.  Ahora bien, la literatura posmoderna opera bajo las consecuencias de una "estética de las fuerzas", según la cual, la obra literaria la hace el lector.  Un panorama de esta estética de las fuerzas en la novela posmoderna, obliga a reconocer críticamente fenómenos tales como la exigencia de nuevas competencias en el lector: doble productividad, capacidad de determinación de la indeterminación, relaciones no ligadas al sentido o a la idea, grado cero de la interpretación, etc.”[4].
Quiero hacer la aproximación desde una esclerótica muy personal, tendremos en cuenta el tema generacional, pero no será una camisa de fuerza (Juan Gabriel Vásquez: «La escritura de nove­las no es una actividad sindical: no tiene por qué haber acuerdo entre todos, ni siquiera entre dos») y más bien recurriendo a ciertas obras emblemáticas que aluden a la violencia, abrevando en la crítica que ha sido muy abundante. Antes agregaré algunas apreciaciones necesarias para contextualizar el tema:
“En las últimas décadas, una parte significativa de los textos que se han escrito sobre Colombia, en campos como la literatura, la crónica, la historia y las ciencias sociales, otorgan a la “violencia” un papel central en la configuración de la vida social, política, económica y cultural del país. Las razones de esta recurrencia resultan evidentes. La violencia en Colombia ha tenido efectos catastróficos sobre la configuración social del país y sobre las vidas individuales de la gran mayoría de sus habitantes”[5].  Podría decir que desde “La Mala hora” de Gabriel García Márquez hasta las novelas de Jorge Franco, el incremento de las novelas con esta temática es considerable.  Pero es importante establecer el contexto de esta gravidez: “Las palabras de Arango Ferrer nos suenan hoy demasiado ingenuas y las de Cobo Borda ―más cercanas a nuestra contemporaneidad― nos evidencian el cambio de paradigma estético que se dio en el campo literario colombiano a partir de finales de la década de 1950 y, sobre todo, durante toda la década de 1960. "Este cambio de paradigma obedece a seis causas principales: 1) el surgimiento de una nueva mirada acerca del lenguaje usado en las obras literarias, distanciada del gramaticalismo que caracterizó el siglo xix y las cuatro primeras décadas del siglo xx; 2) el advenimiento de una perspectiva crítica que se alejaba de la consideración sobre la novela como expresión de un “pueblo” para empezar a verla como expresión “del hombre”; 3) la aparición de un nuevo público lector que empezó a preferir el consumo de la prosa sobre la poesía; 4) el surgimiento de premios de novela por iniciativa de entidades privadas; 5) el aumento en el grado de diferenciación de las actividades intelectuales; 6) la elaboración de la realidad cercana en las obras narrativas”[6]. Esta realidad es una violencia desborda que se puede contextualizar en los siguientes periodos: “  Con la inevitable -aunque ambigua y desigual- exposición de los efectos de la violencia partidista que vivió Colombia durante las décadas del 50 y 60 (el hecho socio-político e histórico más impactante que ha vivido el país en este siglo), surgió en la literatura colombiana una tradición de escritura que se inicia como puro testimonio y logra con el tiempo afianzarse como una opción estética en la que la fuerza de lo temático va dando paso a la elaboración de obras de gran alcance y valor artísticos”.  Tomaré como referencia como punto de partida la muerte del caudillo popular Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948 hasta 1960, después el periodo entre este año 1980 y por último desde esta última fecha hasta nuestros días, partiendo de que la violencia en estas fechas tiene connotaciones diferentes y cada una está alimentada por factores especiales muy diferenciadores".
Uno pensaría que frente a nuestra avasallante realidad, tarde o temprano un autor colombiano terminaría tocando el tema de la violencia en su obra, partiendo del hecho contundente  que nuestro entorno está cargada de hechos violentos múltiples y concomitantes, siempre nos están tocando de alguna manera. Mire lo que escribió Gabriel García Márquez hace más de sesenta años frente al compromiso del autor de tocar el tema, lo asume desde una perspectiva política: “Las personas de temperamento político, y tanto más cuanto más a la izquierda se sientan situadas, consideran como un deber doctrinario presionar a los amigos escritores en el sentido de que escriban libros políticos. Algunos, tal vez no más sectarios pero si menos comprensivos, se sienten obligados a descalificar, más en privado que en público, a los escritores amigos cuyos trabajos no parecen políticamente comprometidos de manera evidente. Tal vez ninguna circunstancia de la vida colombiana ha dado más motivo a ese género de presiones, que la violencia política de los últimos años. Una pregunta oyen con frecuencia los escritores: “¿Cuándo escribe algo sobre la violencia?” O también un reproche directo: “No es justo que cuando en Colombia ha habido 300.000 muertes atroces en 10 años, los novelistas sean indiferentes a ese drama.” La literatura, suponen sin matices preguntantes y reprochadores, es un arma poderosa que no debe permanecer neutral en la contienda política.  Conozco a algunos escritores que están de acuerdo en principio con ese punto de vista. Pero en la práctica —para utilizar los mismos términos que suelen movilizarse en las tertulias sobre el tema— acaso no hayan podido resolver su más aguda contradicción: la que existe entre sus experiencias vitales y su formación teórica. Conozco escritores que envidian la facilidad con que algunos amigos se empeñan en resolver literariamente sus preocupaciones políticas, pero sé que no envidian los resultados. Acaso sea más valioso contar honestamente lo que uno se cree capaz de contar por haberlo vivido, que contar con la misma honestidad lo que nuestra posición política nos indica que debe ser contado, aunque tengamos que inventarlo. He oído decir a algunos escritores y es preciso creerles a los escritores cuando revelan secretos de su profesión, que la invención tiene que ver muy poco con las cosas que escriben. Consideran que ninguna aventura de la imaginación tiene más valor literario que el más insignificante episodio de la vida cotidiana. Y no lo creen por principio, sino porque la práctica diaria, el esfuerzo de varios años, el haberse trasnochado frente a la máquina de escribir y haber roto mucho y publicado poco, y el haber tenido por eso mismo oportunidad de saber que escribir cuesta trabajo, los ha arrastrado —digamos por la fuerza— a ese convencimiento”[7]. Las posiciones de este tipo terminan siendo poco importantes frente a la realidad, casi todos los escritores nuestros han tocado el tema de la violencia.
La primera novela que he escogido curiosamente es  “La mala hora” de Gabriel García Márquez. Se publicó en el 61 del siglo pasado, pero la temática está referida a la violencia de los 50, partidista, trazada por la política.
Esta es una de las novelas que mejor ha tratado el tema de la violencia, es de una factura perfecta, estructurada con un orden argumental al propósito del tema; el ambiente y la atmosfera de violencia que se va sucintado a lo largo de las paginas termina contaminándonos, nos abarca, los miedos constituyen el eje central de la trama, en esta novela cada personaje responde a una simbología especifica, el cura, el alcalde, el político, el poder en toda sus envestiduras, al estilo de Gabo, cada uno descrito magistralmente. Miren el primer dialogo entre el cura y quien es encargado del negocio del cine los domingos en el pueblo, este se produce después del asesinato de Pastor por Cesar Montero, con el que empieza la trama del texto:
“.-Ya he aceptado la cuestión de los toques -dijo- porque es cierto que hay películas inmorales. Pero ésta no tiene nada de particular. Pensábamos darla el sábado en función infantil. El padre Ángel le explicó entonces que, en efecto, la película no tenía ninguna calificación moral en la lista que recibía todos los meses por correo. -Pero dar cine hoy -continuó- es una falta de consideración habiendo un muerto en el pueblo. También eso hace parte de la moral. El empresario lo miró. -El año pasado la misma policía mató un hombre dentro del cine, y apenas sacaron al muerto se siguió la película exclamó. -Ahora es distinto -dijo el padre-, el alcalde es un hombre cambiado. -Cuando vuelva a haber elecciones volverá la matanza replicó el empresario, exasperado-. Siempre, desde que el pueblo es pueblo, sucede la misma cosa. -Veremos -dijo el padre[8].

“Los acontecimientos ocurren en un momento de tregua entre las guerrillas de ese período que se ha venido llamando en Colombia la Violencia. Se presentan en orden cronológico durante un período que va de un martes, 4 de octubre (pág. 7), a un viernes, 21 de octubre (pág. 197). El protagonista colectivo es el pueblo mismo que se perfila a través de una serie de episodios en que el autor presenta en detalle las acciones de los habitantes. Entre los personajes individuales que desfilan por la obra se destacan el alcalde y el Padre Ángel”[9]. La estructura está constituida por un trípode de hechos que confluyen como factores emblemáticos que describen desde la línea argumental la violencia imperante: “La estructura, fragmentada y suelta, responde a la intención del autor de narrar la vida cotidiana de un pueblo en un momento dado de su historia. Comprende esencialmente tres historias: a) la aparición de unos pasquines que publican secretos de varios habitantes, secretos por cierto bien conocidos; b) un diluvio que anega al pueblo y hace que los pobres de las tierras bajas se muden a los altos del municipio; y c) las actividades del alcalde, que se relacionan tanto con la primera como con la segunda historia. Los temas que García Márquez desarrolla a lo largo de la novela se entretejen en los diversos sucesos para dar a la obra cohesión interna, no obstante su estructura episódica”[10].
“A nuestro parecer, la estructura de la obra está concebida en dos planos: la externa, que corresponde a la realidad inmediata y minuciosa en que se mueven los personajes, y la interna, que revela las motivaciones psicológicas que influyen en las acciones de los mismos. En su creación del plano externo el autor se vale de una visión episódica y fragmentada que abarca las tres historias que hemos señalado. Entre éstas la más importante es el relato de los pasquines que ponen en movimiento las acciones y agitan la vida emocional del pueblo”[11].

Con esta obra se inició la renovación de la prosa en Colombia, renovación que se va consolidando paulatinamente, tomó todas las herramientas posibles del periodismo, como cronista itinerante del país conoció nuestra situación, se subsume en la realidad, desde la novela hace una transposición estética de la violencia. Gabo descibe la violencia que sufre la provincia, la cual vive los efectos directos de la política capitalina. Desde este pueblo, que no es Macondo, como las ondas que produce una piedra al ser tirada al agua, su historia refleja una realidad que los abarca, del contexto nacional, está narrada desde los personajes en apariencia sin importancia. Parece un libreto. Meticuloso en sus descripciones:

“César Montero retrocedió. El alcalde continuó con el dedo tenso en el gatillo. No se movió un solo músculo de su cuerpo, hasta que César Montero bajó la escopeta y la dejó caer. Entonces el alcalde se dio cuenta de que estaba vestido apenas con el pantalón del pijama, de que estaba sudando bajo la lluvia y de que la muela había dejado de doler. Las casas se abrieron. Dos agentes de policía, armados de fusiles, corrieron hacia el centro de la plaza. La multitud se precipitó tras ellos. Los agentes saltaron en una media vuelta y gritaron con los fusiles montados: -Atrás. El alcalde gritó con la voz tranquila, sin mirar a nadie”

Estos hechos que parecen aislados en el principio, están conectados con una violencia política por fuera de su alcance,de cualquier posibilidad de manejo, irresoluta, como impuesta por un destino que se sale de sus manos, me refiero a esa violencia política, partidista irracional que se va regando por el país como una plaga, contaminando todo lo que toca. 



En otra entrega continuare con el análisis de esta novela y después trataremos a Manuel Mejía Vallejo.








[1] Seis estudios sobre la novela de la violencia en Colombia. Oscar Osorio.

[2] Novela de la violencia: una herramienta para la
construcción de memoria histórica en Colombia. 1946-1959. Pag 15. LAURA MILENA NIEVES GONZÁLEZ.


[3] Como podemos ver la violencia ha sido parte transversal de la historia de Colombia, tal vez por ello, la violencia es uno de los fenómenos más novelados en la historia de la literatura colombiana. En Colombia contamos con más de una centena de obras cuya diégesis se construye sobre el referente de la Violencia. Escobar Mesa, limitándose al tramo entre 1949 y 1967, hizo la lista de 70 obras de la novelística sobre la violencia [4] y Arango [5], por otro lado, clasificó 74 obras publicadas entre 1951 y 1972. El Tolima ha contribuido con varias de estas obras, entre las que podemos citar al libro de cuentos La violencia diez veces contada, y las novelas Sin tierra para morir de Eduardo santa, El sargento matacho de Alberto Machado Lozano, Los peregrinos de la muerte de Alirio Vélez Machado y El jardín de las Hartmann de Jorge E. Pardo. Muchas de estas obras salen en los años 60’s y 70´s. Según Luz Mary Giraldo[6] esto se debió a “el compromiso político e ideológico del escritor”. Algunos rasgos de la novela de la violencia presentes en las obras No morirás de German Santamaría y El jardín de las Hartmann de Jorge Eliécer Pardo.



[4] Jaime Alejandro Rodríguez - Narrativa colombiana de fin de siglo. http://www.javeriana.edu.co/narrativa_colombiana/contenido/bibliograf/jar_narrativacol/intro.html


[5] Nación y narración de la violencia en Colombia (de la historia a la sociología). María Helena Rueda.

[6] La novela colombiana ante la historia y la crítica literarias (1934-1975). Paula Andrea Marín Colorado.

[7] Dos tres cosas sobre “La novela de la violencia”. Gabriel García Márquez. 1959.

[8] “La mala hora”. Gabriel García Márquez. Pág 13.

[9] Leydi Hazera. Estructura y temática de la mala hora. Pag 472.

[10] Ibidem.
[11] Ibidem



viernes, 19 de agosto de 2016

FEDERICO GARCIA LORCA

Siempre he estado más cerca de sus poemas que del mito. El fusilamiento, hace ochenta años cerca de Granada, en el camino que une las poblaciones de Vínar y Alcafar, lo convirtieron en el poeta nacional de España, fue víctima de un fascismo en ciernes, con la guerra civil esta nación confirmó sus anacronismos históricos, decadente, absurda, con este hecho se ratificó de nuevo, que el poeta siempre se sobrepone al tiempo, sobrevive a su propia muerte, nada apaga su voz.
Federico nació en plena decadencia del imperio español, en 1898 La guerra contra Estados Unidos desembocó en la independencia de Cuba y en la pérdida de las últimas colonias españolas en América y Asia como Puerto Rico o Filipinas. Paradójicamente estos hechos alimentaron un nacionalismo que volvió a rescatar los temas populares, los valores locales. “La obra entera de Federico García Lorca, del Romancero gitano a Bodas de sangre, Doña Rosita la soltera, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Seis poemas galegos o Diván del Tamarit, está atravesada por un profundo sentido de lo popular español, que atiende tanto a saberes, creencias y sentimientos como al modo de celebración de la vida (y la muerte) en las manifestaciones folclóricas de toda la Península”. “García Lorca fue un moderno. A principios del siglo XX, se sumó en Granada a la rebelión de las provincias para regenerar España con maestros como Fernando de los Ríos y Manuel de Falla. Fue también un moderno cuando llegó a la Residencia de Estudiantes en 1919 y buscó a Juan Ramón Jiménez. Pronto abandonó la elocuencia sentimental para ensayar la síntesis de las canciones y el poder conceptual de los versos. Fue moderno al comprender el valor de las metáforas ultraístas y al acompañar a Salvador Dalí en su paso del cubismo al surrealismo, un viaje que Lorca caracterizó con las etapas de la imaginación, la inspiración y la evasión. Por si fuese poco viajó en 1929 a Nueva York, leyó a Whitman y a Eliot y sintió de manera muy personal la deriva al vacío de la civilización contemporánea. Quizá por esto colocó a Garcilaso y san Juan de la Cruz sobre la tierra baldía, porque dudó del camino lineal que se llama progreso y quiso habitar un presente perpetuo o un eterno retorno en el que actualizar el pasado. No es raro que buscase en su último libro, Diván del Tamarit, un abrazo entre los aires clásicos y la expresión radicalizada”[1]. Los temas fueron populares, su poesía no fue popular. El cancionero de Lorca se pega a la piel, el poeta cuida mucho que sus versos calen y por ello compone abrevando en el arraigo, el tema de la muerte, la danza, el duende,  la infidelidad, del amor imposible son recurentes. Rodrigo Purcel Torreti lo expresa de otra manera: “A Lorca no le gusta el aburrimiento de la aristocracia y prefiere deambular o transitar dentro del terreno de lo popular, o como el poeta lo llama, “el espíritu oculto de la dolorida España”. A través de esta mención, podemos ver que Lorca, asocia lo popular al dolor, y desde ese dolor construye su poética, comenzando a introducir desde ese sitial temático el tema del duende, que no es un concepto propio, sino de la tradición popular española, y más puntualmente, andaluza”[2].
Tengo grabado el poema “La casada infiel”, nunca se me olvida: “Y que yo me la lleve al rio/ creyendo que era mozuela/ pero tenía marido. Perteneció a la generación del 27 que es mi preferida.  Fue un flamenco muy particular: “Y es que Lorca inventó un público y una manera de entender el flamenco desde la cultura europea, lo “puro” debía más al purismo de Le Corbusier que a la impostura primitivista del cante. Es verdad que muchas veces lo que consideramos lorquismo es ajeno a Lorca. Pensemos, por ejemplo, en cómo ignoró a Carmen Amaya, que tan bien vendría a su tópico, y alabó a La Argentinita. Lorca es un efecto, una manera de enfocar. Por ejemplo, para el situacionista Debord el Romancero gitano era digno de Villon, el poeta delincuente. Su homosexualidad y su asesinato cierran su topología flamenca. Lorca es ajeno a cualquier binarismo —hombre/mujer, gitano/payo, humano/animal— y se diría que es flamenco como ahora se dice queer, maricón, un calificativo despectivo tomado como bandera. Así, escuchamos a Shostakóvich con textos de Lorca y nos parecen flamencos. ¡Dios!, qué bien entendía a Lorca el cante, el decir de Enrique Morente”.
Es típico de la generación del 27 fusionar los temas populares con ciertos vanguardismos que le dieron a muchos de estos poetas una condición muy especial, los poemas de esta generación son  de una factura perfecta, fueron estudiosos de la tradición poética española y por lo tanto renovadores de la misma, es una poesía con mucho ritmo. Después de Lorca mi preferido es Rafael Alberti.
Hay una anécdota que identifica el carácter aristocrático y sui generis de Lorca: “Sin embargo, también es en esta época cuando Federico García Lorca vive, según sus palabras, «una de las crisis más hondas de mi vida»,9 a pesar de que sus obras Canciones y Primer romancero gitano, publicados en 1927 y 1928 respectivamente, están gozando de gran éxito crítico y popular. Esta crisis fue provocada por varios acontecimientos en su vida. Por un lado, con el éxito del Romancero gitano, comenzó a verse a Lorca como costumbrista, defensor de los gitanos, ligado al folclore andaluz. Éste se quejaba en una carta a Jorge Guillén diciendo: «Me va molestando un poco mi mito de gitanería. Los gitanos son un tema. Y nada más. Yo podía ser lo mismo poeta de agujas de coser o de paisajes hidráulicos. Además, el gitanismo me da un tono de incultura, de falta de educación y de poeta salvaje que tú sabes bien no soy. No quiero que me encasillen. Siento que me va echando cadenas».9 Y, por otro lado, se separó de Emilio Aladrén, un escultor con el que había mantenido una intensa relación afectiva. Además, esta crisis debió agravarse cuando Lorca recibió las duras críticas de Dalí y Luis Buñuel sobre el Romancero gitano.9 A pesar de esto, Lorca siguió trabajando y comenzando nuevos proyectos, como la revista Gallo de la que sólo se publicaron dos números o la obra Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, la cual intentó estrenar en 1929 pero fue prohibida por la censura de la Dictadura de Primo de Rivera”[3].
Aun existen muchos hechos oscuros alrededor de su muerte. “En Granada buscó refugio en casa de la familia de su amigo el poeta Luis Rosales, donde se sentía más seguro ya que dos de sus hermanos, en los que confíaba, eran destacados falangistas de Granada. A pesar de ello, el 16 de agosto de 1936, se presentó allí la Guardia Civil para detenerlo. Acompañaban a los guardias Juan Luis Trescastro Medina, Luis García-Alix Fernández y Ramón Ruiz Alonso, exdiputado de la CEDA, que había denunciado a Lorca ante el gobernador civil de Granada José Valdés Guzmán. Valdés consultó con Queipo de Llano lo que debía hacer, a lo que este le respondió: «Dale café, mucho café».3 Según el historiador Ian Gibson, se acusaba al poeta de «ser espía de los rusos, estar en contacto con éstos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual».19 Fue trasladado al Gobierno Civil, y luego al pueblo de Víznar donde pasó su última noche en una cárcel improvisada, junto a otros detenidos. Después de que la fecha exacta de su muerte haya sido objeto de una larga polémica, parece definitivamente establecido que Federico García Lorca fue fusilado a las 4:45 h de la madrugada del 19 de agosto,20 21 en el camino que va de Víznar a Alfacar. Su cuerpo permanece enterrado en una fosa común anónima en algún lugar de esos parajes, junto con el cadáver de un maestro nacional, Dióscoro Galindo, y los de los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, ejecutados con él. Trescastro presumiría después de haber participado personalmente en los asesinatos, recalcando la homosexualidad de Lorca.22 23 La fosa se encuentra en el paraje de Fuente Grande, en el municipio de Alfacar”[4].
Este es un homenaje sin ninguna pretensión crítica, hecho desde la pasión que despierta uno de los poetas más entrañables, aquel que me enseñó a querer la poesía por fuera de los academicismos que la hacen difícil, sus poemas no solamente se disfrutan desde la lectura desprevenida, se cantan.