domingo, 7 de enero de 2018

JOSE MANUEL CABALLERO BONALD

La poesía de este escritor Español reivindica a un género que por cosas inexplicables las editoriales pretenden mandar al cuarto de San Alejo. En una entrevista para la revista “Mercurio” realizada por Antonio Jiménez Millán expresaba el poeta: “De joven, yo seguía bastante de cerca las normas románticas de la exaltación, las normas barrocas de la ornamentación. Luego, me fui librando cada vez más de la mecánica literaria tradicional [...]. Ahora me he quedado a solas con una definición de la poesía: esa mezcla de música y matemáticas que ocupa más espacio que el texto propiamente dicho”. Heidegger afirmaba que «el pensamiento es la poesía original que precede todo arte poético». Leer a Caballero constituye una alucinación, sentimos la fuerza del lenguaje, su esencia. El filosofo Alemán lo expresa con más claridad: “«No se puede iniciar el pensamiento hasta que hayamos aprendido que la razón, esta cosa tan magnificada desde hace siglos, es el enemigo más encarnizado del pensamiento». De hecho, cuando leo a este poeta me encuentro en una relación directa entre palabra y pensamiento sin atender a la instrumentación de la razón y del poder en sus perversas maquinaciones. Hay una especie de radiografía de los sentimientos.
Este poeta estuvo dos años en Colombia y su estadía fue de suma importancia para su obra y en la metamorfosis de su poesía. Este año el periódico “El país” de España incluyó un libro suyo dentro de los más importantes del 2017. Su biografía gira en torno a la creación: “De padre cubano —republicano del Partido Reformista— y madre de ascendencia aristocrática francesa —de la familia del vizconde de Bonald—,​ estudió Filosofía y Letras en Sevilla entre 1949 y 1952 y náutica y astronomía en Cádiz. En estos mismos años comenzó a relacionarse con los cordobeses de la revista Cántico, como Pablo García Baena. Publicó su primer poemario, Las adivinaciones, en 1952, tras haber obtenido con él un accésit del Premio Adonáis. Dos años antes había ganado el Platero de poesía. Su carrera continuó en Latinoamérica,​ donde fue profesor universitario en Bogotá. En la capital colombiana escribió su primera novela —Dos días de septiembre, galardonada en 1961 con el Premio Biblioteca Breve y publicada al año siguiente— y tuvo a su primer hijo. Colaboró con Camilo José Cela y con el proyecto del Instituto de Lexicografía de la Real Academia Española. Además, tuvo un idilio de siete años con la primera mujer de Cela, Rosario Conde. En 1986 se inauguró un instituto con su nombre, y en 1998 se constituyó la Fundación Caballero Bonald”[1]. Hay un dato muy curioso que no aparece entre el cumulo de información existente sobre Gabriel García Marquez, Bonald estando en Colombia fue el que le entregó la información a Carmen Balcells sobre la existencia de nuestro nobel ante la pregunta de cuales eran los novelistas de relieve surgidos en Colombia por allá en los años 60. Dice el poeta: Yo le pase tres nombres: GGM, Pedro Gómez Valderrama y Alvaro Mutis. Es un dato muy valioso por lo que significó esta conexión para el escritor y para las letras hispanoamericanas. 
Los itinerarios de un escritor son de suma importancia para la crítica, pero cuando hablamos de poesía y de la obra de un poeta, sus versos lo son todo. Creo que uno puede programar los tiempos de una novela, el tema, su construcción a partir de la génesis que a bien tenga, está sujeta a una disciplina de alguna manera. Con la poesía no pasa lo mismo. Los poetas nacen y se pulen. Hay poetas más naturales, juglares. Otros a partir de su talento crean una obra vasta y atiende a disciplinas muy especificas. Neruda con residencia en la tierra forjó una obra que en algunos momentos deja ver estos esfuerzos, los artificios le quitan el encanto que solo nace del talento innato. La poesía, la labor creativa de Bonald se definió en un artículo de manera magistral: “Porque su obra se ha forjado, según la poeta Aurora Luque, "como una cuestión de fidelidad tormentosa y absoluta a las palabras, unida a cierta erótica codicia hacia el habla de la gente"[2]. Jiménez Millán lo define de otra manera, de igual manera con mucha lucidez: “la experiencia vivida en experiencia lingüística con una suficiente carga de ambigüedad iba a ser el eje de la poética de Caballero Bonald desde el principio. Su acercamiento al realismo crítico a finales de la década de los cincuenta responde, según sus propias palabras, a una “esporádica obediencia a las solicitaciones del tiempo histórico”: ya en Las horas muertas (1959), la profunda corriente existencialista dominante en sus primeros libros se decanta hacia un compromiso político que se explicita aún más en Pliegos de cordel (1963), un balance de la historia personal que traslada episodios y sensaciones al ámbito de la memoria compartida”. Este es un poeta para tener en cuenta y leer por su puesto.


DIARIO REENCUENTRO
Desde donde me vuelvo
a la pared, en medio de la noche,
desde donde estoy solo
cada noche, cautivo
bajo mi propia vigilancia, allí
me hallo según la fe que me fabrico
cada día.
                             Lavada está mi vida
 en virtud de su asombro. Ayer, mañana,
 viven juntos y fértiles, conforman
mi memoria conmigo.
                           Únicamente soy
mi libertad y mis palabras.









2. Caballero Bonald, un estilo implacable y leal a la palabra. Jesús Ruiz Mantilla

martes, 26 de diciembre de 2017

JORGE LUIS BORGES EL TANGO CUATRO CONFERENCIAS

Editorial sudamericana lanzó en  la pasada feria del libro de Buenos Aires un texto que recoge cuatro conferencias sobre el tango. “Las grabaciones que dan origen a este libro llegaron a manos del escritor Bernardo Atxaga en el 2002 cuando José Manuel Goikoeetxea le entregó unos casetes envueltos y le explicó que habían pertenecido a un gallego, que se había ido a la Argentina de niño y luego trabajado como productor musical en Alemania ( Era de Manuel Román Rivas. Fallecido en el 2008). Este se las había traído de Buenos Aires y se las regaló a  Goikoeetxea en agradecimiento por su amistad”.  La autenticidad de las mismas estás absolutamente comprobada. La primera conferencia se llama: “Los orígenes del tango”. La Segunda: “De compadritos y guapos”, la tercera: Evolución y expansión” y la última: El alma Argentina. (Al principio su intención era hacer una investigación sobre Evaristo Carriego que  paradójicamente termina en un estudio sobre el tango)
Este texto está lleno de excelentes referencias sobre el tema, con las articulaciones acostumbradas de este gran escritor que terminan convirtiendo cualquier disertación en buena literatura; comienza con Evaristo Carriego como era lógico. Borges tiene la virtud de volver lo local en universal, de ir contando las historias desde lo coloquial asumiendo siempre una indagación sobre conductas, marcas y valores de su Buenos Aires de principio de siglo XX, las que gracias a la música y la literatura se han vuelto universales: La venganza, la historia del arrabal, los amores contrariados. Entre otras, cuenta la historia de Palermo, el Barrio de sus ancestros, lleno de casas solariegas con patio, una vida coloquial que por supuesto  ha desaparecido. Toca de manera tangencial el fenómeno de la emigración, con sus influencias más emblemáticas, las trasformaciones sociales de un país en ciernes, lingüísticas, las etimologías, siempre entorno al tango, su nacimiento y consolidación a nivel mundial.
La tercera conferencia, que llama “Evolución y expansión”, entre 1910 y 1914,  se decanta Borges en su máxima expresión. Cita a Rubén Darío, Lugones, narra con cierta sorpresa  como el tango se tomó a Europa, como entró en los grandes salones. Dice: “El filósofo irlandés Berkeley dijo famosamente que “Ser es ser percibido” y también que “Ser es percibir”. Pues bien, hasta aquel momento habíamos percibido a los otros países, habíamos percibido el pasado, el presente, pero no habíamos sido percibidos por el mundo”. Habla de los visitantes ilustres, del bandoneón, ese instrumento nuevo que trasformaría la música, que sería una revolución. Expresa que el tango surge de la milonga. Luego el tango se va entristeciéndose, languideciendo. La tristeza viene de la migración italiana, se escucha en lugares específicos de la gran ciudad: Adela, Palermo, cerca de la penitenciaría, o de la calle Chile del barrio sur o quizás de los barrios viejos, se fue alejando de los barrios viejos y se fue adentrándose a la Boca. Borges a pesar de estas citas no está totalmente de acuerdo lo que hace del texto una indagación muy hermosa. Cita a Ascasubi, Estanislao Del Campo, Vicente Rossi. Termina citando a Gardel, su gran aporte como cantante. En este lugar hace una disgregación de la poesía. Borges recuerda que la poesía empieza con la epopeya, cita el “El cantar del Mío Cid, el Beowulf,el “Ramayana”.
La última conferencia: “El alma Argentina”. Termina con un análisis de la composición del tango,  de su internalización, sobre todo de la llegada a Japón, de los muchos tópicos en que se expresa, de la opinión de conocedores del tema.  Siempre he duda de la aparición de obras póstumas, los escritores parecieran que trabajan después de su muerte por efecto de las editoriales, que buscan a granel textos, sobre todo cuando se trata de un hombre universal como Borges. En este caso no tengo dudas sobre la autoría de estas conferencias







sábado, 16 de diciembre de 2017

AÑORANZAS POR AQUELLOS LIBROS Y LECTURAS DE MI PREDILLECCION

La biblioteca personal se va volviendo con el tiempo en una presencia remozada de nuestras predilecciones como lectores, es un reflejo del itinerario de formación y encantamiento a lo largo de una vida donde los libros fueron y serán la más grata compañía, es el testimonio de lecturas alucinantes que están a la espera para volver algún día a darnos el placer de aquel primer encuentro. Recorro lentamente mi biblioteca, los estantes desordenados, voy bajando libros para abrirlos y por gracia de la lectura de  un párrafo, vuelvo a retroceder muchos años, a sentir cierta complicidad con un autor que no abordaba, en todo caso, está ahí, disponible, esperando que  vuelva por sus páginas, al hacerlo se me vienen muchas sensaciones, sin ninguna pretensión crítica, constituyen más bien huellas inenarrables de una experiencia que me marcó en el pasado. Recuerdo en principio como llegue al autor, lo que significó para mí, trató de revivir el momento de su lectura y sobre todo lo que dejó el texto en mi memoria y lo que aún produce. Hay libros que parecen sagrados desde la perspectiva personal. El círculo de lectores publicaba en el año 75 del siglo pasado clásicos latinoamericanos. Eran obras completas que trimestralmente  entregaba a sus lectores. Tendría quince años y con mucho esfuerzo, alcahueteado por mi madre, los compraba y los leía de cabo a rabo. Ahí me encontré con Onetti, con Borges, con Cortázar, con Fuentes, con García Marquez. Nadie me había dicho quienes eran estos señores y yo en una adolescencia precoz los leía simplemente por que llegaban por esos avatares del destino a mis manos.  Desde el principio, pese a que no entendía muchas cosas, Borges me produjo una alucinación de la que aun no despierto. Era consciente en mi ingenuidad de su enciclopedismo,  de una sabiduría aplicada a unos relatos como si fueran simples piezas de un rompecabezas ficcional infinito y sin barrera alguna. Las memorables citas y sus articulaciones con el relato me encantaban. En esta navidad he tomado todos los libros de Borges, incluyendo aquel tomo. Leo uno que otro relato, algún ensayo, la conferencia sobre los libros del texto: “Borges oral”……..por esa vía recuerdo mi casa en mi adolescencia, mi pequeña habitación, la  biblioteca que lentamente le iba robando espacio a la ropa y se fue tomando cada centímetro implacablemente. Descubrir ese otro mundo fue una experiencia de la que aún no me repongo. Cuando leí a Gabo, “En este pueblo no hay ladrones”, ese hermoso cuento, quede impertérrito….ni hablar de “Cien años de Soledad”. Pero nada es igual a lo que me produjo el libro “Los miserables” de Víctor Hugo. Mi vida cambió totalmente. La ficción que es una transposición estética de la realidad dejó de ser un pasa-tiempo para ser parte ineludible de mi existencia, una razón de ser, una manera de comprenderme y comprender al ser humano y al mundo a través de estas hermosas historias. El ensayo de la noche a la mañana se convirtió en una lectura prevalente, de todo mi gusto; la historia, la filosofía. Mi padre compró los clásicos Grolier y en estos tomos me encontré con Aristóteles, Platón, Dostoievski, Cicerón, una antología excelente de poesía hispanoamericana, Chejov…con estudios preliminares de Alfonso Reyes, Germán Arciniegas, de Martínez Estrada…un bocado de cardenal insuperable, 20 tomos que he tratado de adquirir lentamente y que me abstraen totalmente cuando vuelvo a ellos. Quien lee ahora a Wladislae Reymont, nobel polaco que publicó hace muchos años la novela “Los campesinos”, a Larra, Baroja, Tomas Carrasquilla……tal vez no quiere hablar de los libros más leídos este año, ni de los más vendidos, pese a que siempre se publican excelentes textos……..…he querido disfrutar mi biblioteca…Camus, Savater “Panfleto contra todo”, los cuentos de Tolstoi, las antologías de cuentos policíacos, Cortázar, uno que otro Best seller……..Recorro mi apartamento atestado de libros y pienso en el destino que tendrán cuando me muera……..Hoy, al lado de mis adorables hijos, son mi mejor compañía…..Mi hija mayor me preguntó: ¿Papa qué te regalo en esta navidad: Pensé…lo mejor…un buen libro.        

jueves, 14 de diciembre de 2017

ROGELIO ECHAVARRÍA


Se confirma la crisis de la poesía, la muerte de este gran poeta Colombiano no ha suscitado los homenajes acordes a una obra importante, remozada, de una calidad indiscutible:

 El transeúnte

Todas las calles que conozco
son un largo monólogo mío
llenas de gentes como árboles
batidos por oscura batahola.
O si el sol florece en los balcones
y siembra su calor en el polvo movedizo
las gentes que hallo son simples piedras
que no sé por qué viven rodando.
Bajo sus ojos que me miran hostiles
como si yo fuera enemigo de todos
no puedo descubrir una conciencia libre
de criminal o de artista
pero sé que todos luchan solos
por lo que buscan todos juntos
son un largo gemido
todas las calles que conozco.

Fue un periodista de carrera, un hombre culto, sin arrogancias, la soledad de la capital, como alguna vez lo dijo en una de tantas entrevista, lo llevó a escribir poesía, con los años se convertirían en los versos de:” El transeúnte”. Nació en Santa Rosa de Osos, igual que Porfirio Barba Jacob su mayor influencia. La muerte fue su  obsesión, le compuso a esta inexorable presencia, a esa silenciosa compañía, lloraba cuando leía a Epifanio Mejía, a Zaid. Su labor crítica es de suma importancia, las antologías de la poesía colombiana suyas son memorables, didácticas y constituyen una verdadera guía de la geografía poética nuestra. “Se   le asoció en un principio con el grupo literario "Cuadernícolas" y más tarde con la generación de "Mito". No obstante, su obra permanece casi insular dada su sencillez, brevedad y hondura existencial”. 

La Muerte me coge el pie,
yo la cojo del cabello;
si se queda con mi pie,
me quedo con su cabeza.

La Muerte me coge un brazo,
yo la agarro con el otro;
cuando amanezca estaremos
dando vueltas en redondo.

Un prologo al transeúnte expresaba con sabiduría sobre su poesía: “En la poesía de Rogelio Echavarría hay humor. Ligereza de baile y música, juego verbal. Un humor tenue, que podríamos llamar metafísico. Como en esta "Biografía":

Ayer, sueño.
Hoy, recuerdo.
¿Cuándo realidad?

Se nos ha ido un cultor de la buena poesía, un estudioso, un divulgador y un gran ser. No lo digo yo, lo dicen sus amigos.








jueves, 7 de diciembre de 2017

ALEJANDRO ROJAS ( RELATO )

El médico hace poco después de verlo le dijo con preocupación e ironía –No solamente tienes un corazón muy grande, tienes sobre-peso, debe cuidarse mucho en adelante…está para cuidados intensivos- Esta sentencia lo marcó, fue el corolario de sus últimos días.. su corazón era muy grande, desproporcionado, de cierta manera definía su forma de ser. Alejandro fue un hombre lleno de bondad, nunca tuvo un ápice de rencor con nadie. Era alto, gordo, bien parecido, un rostro muy Italiano, desparpajado, leal hasta los tuétanos, con un humor inteligente y  repentista. Su figura me recordaba  los personajes de Capolla en "El Padrino", caminaba lento y siempre estaba pensando con absoluta seriedad en proyectos grandes, descomunlaes……..parecía un ministro de obras sin cargo alguno. Ayer me llamó como todos los días a preguntarme: ¿Cesar cómo va todo?....actué como hacemos casualmente, como sí tuviéramos la vida comprada- ya te llamo- le dije mientras hablaba por el otro teléfono……A la media hora me llamó un amigo del alma que conocí por Alejo, hicimos una  apuesta al futuro tomados de las manos y me dijo: Le tengo malas noticias…Alejandro se acaba de morir…….impertérrito, sin palabras, absorto, ratifique que la vida es única y temporal…no se nos puede olvidar nunca…..Me encuentre intespectivamente de nuevo con la muerte de la peor manera………Mi amigo del alma, ya no estaba…ya no volvería…no me hablaría nunca más..No compartiría más………Alejandro me brindó una amistad que fue como el As debajo de la manga que me permitía  saber que no estaba sólo, como los segundos a bordo él estaría siempre conmigo sin importar los resultados, era una fortaleza espiritual inmensa. Mucha veces me llamó prendido a decirme_ Este seguro Cesar…No importa…yo estoy contigo, pase lo que pase..sin angustias……
Con Alejandro compartí un periplo muy largo en Europa que recuerdo como si fuera ayer……..Viajando se conoce la gente y ahora que ya no está, me consuelo recordando estos momentos que sellaron nuestra amistad…con el ganamos, perdimos, nos reímos, lloramos, nos abrazamos, escuchamos música….Alejandro era ante todo un músico, un enamorado del folclor, de la guitarra,  de la música de cuerda….pienso que esta era su pasión…aunque si leyera este texto estoy seguro que me corregiría…pues su  pasión fueron su esposa y sus hijos…de eso no hay duda.  Hace casi tres años me presentó un gran amigo…….La vida me dio un regalo de su mano, la mistad con Oscar Rojas…En un sociedad llena de intereses es difícil decir, tengo un amigo…No puedo escribir acorde a las responsabilidades que nacen de tantos años de amistad……ante estos hechos, la mejor estrategia es el silencio……A Mónica y a sus hijos…..hay que recordarle que:  nadie realmente muere sí atendemos a su espíritu….siempre decanta en todo lo que hacemos, está ahí..Mire a sus hijos y lo comprobará fácilmente…Pienso que a nadie se le debe recordar con tristeza…en este caso no lo perdonaría Alejandro…la vida continua y el mejor homenaje es seguir luchando….para ser feliz,..No para otra cosa.

sábado, 2 de diciembre de 2017

EL HOMBRE QUE FUE CHESTERTON


Savater es un excelente  lector, de ello dan cuenta muchos libros suyos sobre la experiencia de leer.“La infancia recuperada”, que sigo abriendo de vez en cuando, ensayo lúcido, alegre que incita gratamente a la lectura, siempre suelo recomendarlo a los jóvenes. Este texto aparecido en la revista “Babelia” del periódico “ El país” de España, que reproduzco es una muestra de este talento. Espero mis lectores lo disfruten. Cesar H. Bustamante.

Fernando Savater

"Creo que es una verdad abstracta que cualquier literatura que represente nuestra vida como peligrosa y sorprendente es más verdadera que cualquier literatura que la represente como vaga y lánguida. Pues la vida es una lucha, y no una conversación” (G. K. Chesterton).

Uno de los empeños más evidentes de Chesterton (Londres, 1874-Beaconsfield, 1936) en casi todas las páginas que escribió es refutar la perspectiva moderna, pero de raíces clásicas, que describe el mundo con tintes lúgubres y pesimistas, un lugar donde incluso los goces sensuales y rebeldes están tocados por el ala negra de la desesperación. Para Chesterton la verdadera herejía moderna no es haber rechazado o ignorar a Dios sino rechazar o ignorar en qué consiste la alegría. No oculta su intención apologética, más bien blasona de ella hasta el punto que a veces su particular cruzada llega a hartar un poco incluso a quienes sentimos mayor simpatía por él. No es que predique con demasiado entusiasmo sino que su enorme entusiasmo sólo alcanza su cénit en el arrebato predicador. Pero no hay que confundir su actitud con una postura conformista que conjura los abismos de la existencia irreligiosa con abluciones de agua bendita. Al contrario, apuesta por la ortodoxia descartada en la era moderna pero desde una orilla trémula e incierta que tras un velo de humor resulta tan inquietante como el peor paganismo. No promete un futuro feliz para tranquilizarnos sino que precisamente nos inquieta por medio de él. Por decirlo con las mismas palabras con que describe la función de la buena poesía, “clama contra todos los mojigatos y progresistas desde las mismísimas profundidades y abismos del corazón destrozado del hombre, que la felicidad no es sólo una esperanza, sino en cierto extraño sentido un recuerdo y que somos reyes en el exilio”.

Es evidente que Chesterton es un escritor lleno de humor, a veces francamente cómico, que incluso diríamos que se pierde —o pierde el hilo de lo que está contando— por un buen chiste o una carambola verbal. Hasta cuando está hablando del tomismo medieval o del militarismo alemán puede ser sumamente divertido. Pero aun reconociendo esa infrecuente virtud, aunque lo leemos con una sonrisa perpetua en los labios y a veces con una abierta carcajada, también es cierto que al cabo de un rato de leerle nos sentimos más fatigados que si hubiéramos tenido entre manos el libro de un autor más aburrido. No trato de plantear una paradoja de apariencia chestertoniana y decir que los autores divertidos cansan antes que los aburridos: esta paradoja no es propia de G. K. Chesterton por la sencilla razón de que es falsa. Luego hablaremos de ello… Lo cierto es que hay una buena razón para que esa paradoja en general falsa sea en su caso verdadera. Y es que cada página, no cada página sino cada párrafo, no cada párrafo sino cada línea o línea y media de Chesterton plantea una polémica. Leerle es participar en un torneo interminable, en una batalla de esas que comienzan al alba y aún sigue entre mandobles y lanzadas cuando llega el crepúsculo. Al levantar con un suspiro la vista de la página que estamos leyendo, tenemos la imaginación llena de tópicos muertos, de evidencias destripadas, de creencias indiscutibles que han sido discutidas hasta que hemos dejado de creer en ellas y yacen yertas. Cada observación aparentemente inocente ha dado lugar a una refriega, cada certeza se ha disuelto en un pulso, cada perspectiva histórica vulgar ha sido arrastrada por las mulillas después de varias estocadas y el correspondiente descabello. El rato que leemos a G. K. Chesterton no estamos disfrutando del sillón en nuestro gabinete sino que hemos galopado en nuestro corcel de guerra por el campo de liza, que no en vano se llamó en tiempos “campo de la verdad”. No es extraño que de vez en cuando tengamos que descansar…

Antes dije que una paradoja falsa o artificiosa no pertenece al género que cultivó Chesterton, cuya maestría en ese campo le envidian incluso quienes le detestan y sobre todo los que pretenden sin éxito imitarle. Borges señaló perspicazmente que una característica de Oscar Wilde que suelen menospreciar hasta los que más festejan sus boutades y trallazos de ingenio es que por lo común además tiene razón. Algo semejante puede decirse del estilo pugnaz de G. K. Chesterton: no busca sobre todo sorprender o desconcertar (aunque es evidente que no le disgusta conseguirlo) sino hacernos pensar dos veces y desde un ángulo menos trillado lo que suponemos obvio… porque vemos a otros aceptarlo como tal. Cuando polemiza con escritores de talento a los que sin duda admira (Chesterton tenía buen ojo literario y nunca desprecia a un autor por no compartir sus ideas) se nota especialmente este tipo de chocante esgrima. Elijo un ejemplo entre mil. Como tantos otros antes o después que él, critica en el gran Rudyard Kipling su adoración del militarismo. Pero se distancia crucialmente de los demás en su argumentación, de acuerdo con su línea paradójica: “El mal del militarismo no es que enseñe a ciertas personas a ser feroces y altaneras y excesivamente belicosas. El mal del militarismo es que enseña a la mayoría de los hombres a ser mansos y tímidos y excesivamente pacíficos. El soldado profesional gana más y más poder a medida que decae el coraje de una comunidad. (…) Los militares ganan el poder civil en la misma proporción en la que los civiles pierden las virtudes militares”. Más adelante señala que nuestra época ha logrado a la vez “el deterioro del hombre y la más increíble perfección de las armas”, lo que ya era cierto en aquellos días y lo es mucho más en los nuestros. El complemento ideal de la beata admiración de los uniformes y la fanfarronería es el repliegue pacifista. Incluso quienes más veneramos a Kipling tenemos que asumir que este sesgo inusual del reproche usual que se le suele hacer es diabólicamente certero…

Podríamos aducir otros muchos casos en que Chesterton, cuando aparta la vista de los elfos y los gerifaltes de antaño, señala con penetración las grietas de la modernidad. A la fascinación del cine le opone que propicia errores irrefutables, sobre todo en materia histórica: cuando alguien escribe disparates en un libro siempre salen otros diez o doce escritores que señalan sus fallos, pero nadie hace otra película para enmendar las equivocaciones filmadas. Es más, los que ven películas no suelen leer además libros para conocer las mentiras de la pantalla, hasta tal punto —señala G. K. Chesterton— que la palabra “pantalla” cobra el extraño sentido de lo que encubre y disimu­la. ¿Qué hubiera dicho ante el actual imperio de la pantalla digital y sus embelecos? También la creciente idolatría de la naturaleza, que ya apuntaba en su tiempo en la aplicación del darwinismo a la moral y en el nuestro en la psicología evolutiva o la ecología, le mueve a reflexiones oportunas: “Basarse en la teoría evolutiva permite ser inhumano o absurdamente humano, pero no humano. Que tú y el tigre seáis lo mismo puede ser un motivo para ser amable con el tigre. O para ser tan cruel como él”. En cuanto a sus ideas políticas, la fundamental para él era la democracia y la entendía del mejor modo posible: “He ahí el primer principio de la democracia: que lo esencial en los hombres es lo que tienen en común y no lo que los separa”. Aún no se había puesto de moda lo de que la mayor riqueza humana es la diversidad y quincalla intelectual semejante…

Chesterton fue un decidido humanista pero convencido de que mejoramos nuestra humanidad al reflejarnos en lo divino. En una vida no excesivamente larga pero muy fecunda escribió narraciones, poemas, piezas teatrales, ensayos y artículos. También unas estupendas biografías, que nada tienen que ver con el puntillismo académico que levanta sesudo inventario de la frecuencia de los alivios intestinales de los personajes estudiados y miserias parecidas. En las suyas, de escritores, santos o artistas, Chesterton realiza a mano alzada un retrato del alma de su biografiado, es decir de aquello que le hizo único y que justifica nuestro interés por su vida. También su memorable autobiografía sigue el mismo criterio. En España tenemos la suerte de contar desde hace décadas con múltiples ediciones de la mayor parte de la obra de G. K. Chesterton. Acantilado ha editado varias, entre ellas últimamente un volumen de Ensayos escogidos seleccionados por W. H. Auden que recomiendo a quienes quieran conocer esta faceta del autor, distinta a su habilidad como articulista. Y Renacimiento se lleva la palma, con un amplio catálogo que incluye todos los géneros: su publicación más reciente reúne lo mejor que escribió G. K. Chesterton para celebrar la Navidad, una fiesta religiosa y popular, con abundante tradición gastronómica y llena de ilusiones mágicas, que se celebra en familia y disfrutan (¡o disfrutaban!) sobre todos los niños…En una palabra, hecha para gustar al gigante feliz.






miércoles, 22 de noviembre de 2017

SERGIO RAMIREZ

Castigo Divino fue una obra que leí hace muchos años, la primera de este gran escritor y aún hoy puedo revivir la grata impresión que me causó esta obra polifónica: “un triple asesinato con estricnina, perpetrado por un joven abogado de veinticinco años en las personas de su propia esposa, una posible amante y el padre de ésta. La novela se construye a modo de expediente del caso, combinando registros diversos y divergentes, propios de la industria cultural y de discursos “no literarios”, como se evidencia sin problemas con un simple repaso de los títulos de las partes y capítulos del texto”[1].  Muchas voces, desde diferentes ámbitos, con lenguajes propios en una trama que sabe llevar al lector al éxtasis, con una calidad literaria que vislumbraba el hombre que hoy ha sido galardonado con el premio Cervantes. En adelante cada obra ha sido una grata sorpresa y una confirmación de sus dotes de narrador. Lo sigo religiosamente y me parece que ha tenido una vida a la par del pueblo centroamericano: Contradictorio, rico, hermoso, lleno de una riqueza cultural inabarcable, políticamente convulsionado,  lugar que  constituye el eje de su narrativa y desde donde realiza la mirada estética, que se decanta con excepcional calidad no solo en sus novelas, sino desde una obra ensayística y periodística extensa y constante.
Su carrera la comenzó como cuentista, publicó muy joven buena parte de sus relatos, después algunas novelas hasta llegar al premio Alfaguara con  “Margarita está linda la mar”. A partir de ahí son muchas las novelas publicadas,  en una contante producción, cada novedad la espero con avidez. Su  vida política  da como para una novela, llena de sobre-saltos, gira al compás de su convulsionada Nicaragua, le ha permitido elucidaciones importantes, que son una huella indeleble de quien  fue  protagonista de muchos hechos importantes de su país. Nunca ha dejado de escribir sobre lo que pasa en su tierra Centroamericana y el mundo, pese a que desde hace mucho tiempo se dedicó solo a las letras. Hablo como lector agradecido, sin pretensiones críticas, alegre del reconocimiento que acaba de tener.  Espero volver sobre su obra y de antemano se que dará mucho  más, es un hombre joven como escritor, talentoso, gratas serán las sorpresas.








[1] Castigo Divino Gisela Kozak Rovero . Castigo divino, de Sergio Ramírez
novela policial, folletinesca, satírica y autorreflexiva