domingo, 12 de febrero de 2017

RICARDO PIGLIA II

Siempre en los últimos años estaba atento no solo de sus textos de ficción y ensayos sino de lo que decía a través de sus conferencias, lúcidas, al final terminaban siendo una guía para los amantes de la literatura. Hay escritores que es mejor leerlos, cuando hablan nos producen mucho desencanto, no pasaba esto con Piglia, quien tenía un don especial para encantar, su tono de voz agudo y claro, su inteligencia para relacionar, con un dejo argentino exquisito, matizado por una ironía que denostaba del lugar común y del engaño. Piglia en esencia fue un gran lector y su ejercicio como escritor está determinado por esta condición, desde la esclerótica del deslumbramiento que le producía la lectura, nos va llevando en el proceso de interpretación que se decanta entre el texto y el lector en sus mil articulaciones. Hay un texto, una antología periodística de sus mejores entrevistas, en donde se explaya en infinidad de conceptos, habla con toda amplitud de su vida como escritor, se llama “Crítica y Ficción”[1], nos permite conocerle a cabalidad. Empiezo a provocarlos:
P: ¿Caracterizaría su escritura como una escritura no ingenua, en la que la teoría tiene un papel importante?
Piglia: No creo que existan escritores sin teoría: en todo caso la ingenuidad, la espontaneidad, el antiintelectualismo son una teoría, bastante compleja y sofisticada, por lo demás, que ha servido para arruinar a muchos escritores.
P: Dijo alguna vez que en "Respiración artificial" se insinuaba la teoría de Valéry de que “El discurso del método” podría ser leído como la primera novela moderna porque allí se narraba la pasión de una idea.
Piglia: Creo que con esa afirmación se abren nuevas posibilidades de lectura, no sólo para el discurso considerado literario, sino también para otro tipo de discurso que puede también ser leído como literario. Leer a Freud, por ejemplo, como una novela de peripecias del inconsciente. ¿No es el psicoanálisis una gran ficción? Una ficción hecha de sueños, de recuerdos, de citas que ha terminado por producir una suerte de bovarismo clínico. Se podría decir, además, que hay muchos elementos folletinescos en el psicoanálisis; las sesiones, sin ir más lejos, ¿no parecen repetir el esquema de las entregas? El psicoanálisis es el folletín de la clase media, diría yo. Por otro lado, se puede pensar que La interpretación de los sueños es un extraño tipo de relato autobiográfico, el último paso del género abierto por las Confesiones de Rousseau.
P:¿Pero, entonces, ¿cuál es la especificidad de la ficción?
Piglia: Su relación específica con la verdad. Me interesa trabajar esa zona indeterminada donde se cruzan la ficción y la verdad. Antes que nada porque no hay un campo propio de la ficción. De hecho, todo se puede ficcionalizar. La ficción trabaja con la creencia y en este sentido conduce a la ideología, a los modelos convencionales de realidad y por supuesto también a las convenciones que hacen verdadero (o ficticio) a un texto. La realidad está tejida de ficciones. La Argentina de estos años es un buen lugar para ver hasta qué punto el discurso del poder adquiere a menudo la forma de una ficción criminal. El discurso militar ha tenido la pretensión de ficcionalizar lo real para borrar la opresión.
P: Foucault sostiene que la realidad tiene un carácter discursivo, la realidad política habría que buscarla en el discurso político, por ejemplo. Desde este punto de vista, ¿el discurso literario se definiría por la confluencia de múltiples discursos, por el trabajo de transformación de estos discursos, por la combinación entre ellos?
Piglia: Yo tomo distancia con respecto a la concepción de Foucault que a menudo tiende a ver lo real casi exclusivamente en términos discursivos. Es obvio para mí que hay zonas de la realidad, las relaciones de dominio y opresión, por ejemplo, que no son meramente discursivas. Las relaciones de dominación son materiales y sobre ellas se establecen relaciones discursivas. Hecha esta salvedad, volvemos a lo que decíamos antes: para mí la literatura es un espacio fracturado, donde circulan distintas voces, que son sociales. La literatura no está puesta en ningún lugar como una esencia, es un efecto. ¿Qué es lo que hace literario a un texto? Cuestión compleja, a la que paradójicamente el escritor es quien menos puede responder. En un sentido, un escritor escribe para saber qué es la literatura.
P: La ensayista italiana Maria Corti decía en una conferencia que el escritor que escribe crítica tiene una competencia por encima del crítico que sólo hace crítica. Él es un productor de textos y eso le confiere un conocimiento interno de las obras literarias. ¿Está de acuerdo?
Piglia: En términos generales por supuesto estoy de acuerdo. Admiro mucho los ensayos de Auden, de Gottfried Benn, de Butor, la lista podría seguir; las notas de Mastronardi, por ejemplo, son muy buenas. ¿Y qué tendrían en común? Por un lado una gran precisión técnica y por otro lado una estrategia de provocación. En general la crítica que escriben los escritores plantea siempre y de un modo directo el problema del valor. El juicio de valor y el análisis técnico, diría, más que la interpretación. Los escritores intervienen abiertamente en el combate por la renovación de los clásicos, por la relectura de las obras olvidadas, por el cuestionamiento de las jerarquías literarias. Los ejemplos son variadísimos. El panfleto de Gombrowicz contra la poesía, el rescate que hace Pound de Bouvard y Pécuchet, el modo en que Borges lee a «los precursores» de Kafka, la revalorización que hace Butor de la ciencia ficción, los ataques de Nabokov a Faulkner: se trata siempre de probar un desvío, rescatar lo que está olvidado, enfrentar la convención. Los escritores son los estrategas en la lucha por la renovación literaria.
Se dice que la escritura de ficción puede ser catártica. ¿Está de acuerdo y cree que la escritura de la crítica también puede ser catártica? Y si no lo es, ¿qué podría ser?
Piglia: No creo en la teoría de la catarsis. En cuanto a la crítica, pienso que es una de las formas modernas de la autobiografía. Alguien escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas. ¿No es la inversa del Quijote? El crítico es aquel que reconstruye su vida en el interior de los textos que lee. La crítica es una forma posfreudiana de la autobiografía. Una autobiografía ideológica, teórica, política, cultural. Y digo autobiografía porque toda crítica se escribe desde un lugar preciso y desde una posición concreta. El sujeto de la crítica suele estar enmascarado por el método (a veces el sujeto es el método) pero siempre está presente, y reconstruir su historia y su lugar es el mejor modo de leer crítica. ¿Desde dónde se critica? ¿Desde qué concepción de la literatura? La crítica siempre habla de eso.
P: ¿Y qué lugar tendría la verdad?
Cuestión compleja. ¿Cuál es el lugar de la verdad en la crítica? La ficción trabaja con la verdad para construir un discurso que no es ni verdadero ni falso. Que no pretende ser ni verdadero ni falso. Y en ese matiz indecidible entre la verdad y la falsedad se juega todo el efecto de la ficción. Mientras que la crítica trabaja con la verdad de otro modo. Trabaja con criterios de verdad más firmes y a la vez más nítidamente ideológicos. Todo el trabajo de la crítica, se podría decir, consiste en borrar la incertidumbre que define a la ficción. El crítico trata de hacer oír su voz como una voz verdadera.
P: ¿Hacer como si lo fuera.
Piglia: Y convencer a los demás de que es verdad lo que dice. La ilusión de objetividad de los críticos es por supuesto una ilusión positivista. La literatura es un campo de lucha. «¿La verdad para quién?», decía Lenin. Ésa me parece una buena pregunta para la crítica literaria.
P: Ha hablado varias veces de Arlt como de un visionario y en Respiración artificial Kafka es el visionario. ¿El escritor de ficción es sobre todo un visionario?
Piglia: La escritura de ficción se instala siempre en el futuro, trabaja con lo que todavía no es. Construye lo nuevo con los restos del presente. «La literatura es una fiesta y un laboratorio de lo posible», decía Ernst Bloch. Las novelas de Arlt, como las de Macedonio Fernández, como las de Kafka o las de Thomas Bernhard, son máquinas utópicas, negativas y crueles que trabajan la esperanza.
P: Si el escritor de ficción es un visionario, entonces ¿qué es el crítico?
El crítico es el que registra el carácter inactual de la ficción, sus desajustes con respecto al presente. Las relaciones de la literatura con la historia y con la realidad son siempre elípticas y cifradas. La ficción construye enigmas con los materiales ideológicos y políticos, los disfraza, los transforma, los pone siempre en otro lugar.
Esta son las preguntas de la primera entrevista del texto hecha por Mónica López Ocón, la traigo a colación, para confirmar como desde preguntas muy puntuales se abre un dialogo con este escritor de una lucidez que cautiva e incita a lecturas.
En otro texto ante una pregunta que le hicieron, me encontré con esta respuesta sabía, que le permite a uno realizar indagaciones y escrutaciones a través de articulaciones muy sutiles desde la literatura:
Política y literatura: Como siempre, he ahí la cuestión. ¿Podemos comenzar esta charla trayendo esa cuestión a la Argentina? La literatura trabaja la política como conspiración, como guerra; la política como gran máquina paranoica y ficcional. Eso es lo que uno encuentra en Sarmiento, en Hernández, en Macedonio, en Lugones, en Roberto Arlt, en Manuel Puig. Hay una manera de ver la política en la literatura argentina que me parece más interesante y más instructiva que los trabajos de los llamados analistas políticos, sociólogos, investigadores. La teoría del Estado de Macedonio, la falsificación y el crimen como esencia del poder en Arlt, la política como el sueño loco de la civilización en Sarmiento. En la historia argentina la política y la ficción se entreveran y se desvalijan mutuamente, son dos universos a la vez irreconciliables y simétricos.
Desde los diarios escritos desde que tenía 16 años, el año pasado se publicaron tres tomos, tal vez podamos entrarnos mucho más en los itinerarios de sus lecturas, inquietudes, conceptos, anclajes, en el universo creativo que se convierte para nosotros en un descubrimiento genealogico, en una verdadera guía, teniendo en cuenta el privilegiado lector que los escribe. Esto era noticia en el 2015: “Su presencia ha aumentado estos días por varios motivos: el 5 de septiembre se estrenó en Argentina el documental 327 cuadernos, de Andrés Di Tella, que cuenta de manera muy documentada y emotiva el origen y evolución de los diarios que ha llevado el escritor argentino desde 1957, cuando tenía 16 años; además, la película se ha proyectado estos días en el Festival de Cine de San Sebastián. Por otra parte, esta semana ha llegado a las librerías la edición del primero de los tres tomos de esa experiencia privada que es, según dice el propio autor, la obra de su vida y que ha titulado. Por otra parte, esta semana ha llegado a las librerías la edición del primero de los tres tomos de esa experiencia privada que es, según dice el propio autor, la obra de su vida y que ha titulado Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación (Anagrama, los otros dos aparecerán en 2016 y 2017, respectivamente). Y, finalmente, su nombre suena por la entrega del galardón literario, dotado con 50.000 euros”[2].
La obra de este gran escritor de culto, debe abordarse con rigor, para mí, su muerte fue una pérdida irreparable, es difícil encontrar ahora escritores tan completos, tan humanos, que no se dejen jalonar por las presiones del mercado, aquellos que fueron verdaderos lectores, se tomaron el tiempo suficiente para formarse, siempre por encima de todo, tuvieron una relación entrañable con el libro.
En el artículo de “El país de España” citado, el periodista señalaba: El mensaje-relato, o el nuevo pasaje inédito de sus famosos diarios, que Piglia envío para que leyera Herralde lo ha titulado “Las afecciones y las aficiones de la literatura”. En esas nueve páginas que se leen en un santiamén con una media sonrisa por su humor e ironía, Piglia deja que hable Emilio Renzi, un personaje que nació en 1967 en su primer libro de cuentos. Empieza diciendo que no puede recoger el premio por asuntos de salud (está afectado por una esclerosis lateral amiotrófica, ELA)[3], y a partir de ahí recuerda enfermedades que aquejaron a otros escritores argentinos, de su "misteriosa dolencia", y en todas tendría algo que ver el manejo de la lengua y gramática argentina. Pero, sobre todo, habla de dos cosas: de cómo se reencontró con esas anotaciones de medio siglo y de la pasión: “La pasión, vuelve a decir Renzi, es siempre actual, porque se manifiesta en un presente puro que persiste como un diamante en la vida. Si se vuelve a ella no es para recordarla, sino para vivirla, ahora, una vez más, en el presente, siempre viva e incandescente”.









Winston Manrique Sabogal. El país de España. 25 SEP 2015 - 18:19      

[3] El escritor argentino, que no pudo asistir a recibir el Premio Formentor de las Letras 2015, envía un texto literario que es un canto a la pasión del oficio de escribir Otros

lunes, 6 de febrero de 2017

LEON DE GREIFF POR ORLANDO MEJIA RIVERA

Desde su publicación en el 2015 había querido acercarme a este texto crítico por lo que significa este poeta para Colombia y para mi gusto personal y por el rigor y la seriedad  de quien lo escribe atendiendo a su obra extensa como novelista y ensayista harto reconocida y de indudable valor.
Me sorprendió primero el carácter excepcional con que rubrica su investigación el autor, aduciendo desde el principio el lugar común y asertivo en que recae la mayoría de la crítica publicada sobre el poeta hasta la fecha. De hecho los trabajos de la academia y de algunos especialistas no sólo en Colombia sino en España dicen otra cosa. El texto aun así es valioso, aporta mucho al conocimiento de la obra del poeta e incita a su lectura. Empieza su acercamiento a partir de una afirmación categórica: “La mayoría de los críticos literarios se han quedado intentando ubicar a De Greiff en algunas de las corrientes históricas de la poesía universal e hispanoamericana, tratando de reconocer la influencia de otros en su obra, como sí el poeta fuera un epígono más de los grandes poetas y no autentico creador de una poesía inclasificable. Por su puesto se nutrío de muchos poetas y lecturas diversos, pero no los imitó”[1]. Señala las tres posiciones en que se centra esta mirada: La que lo ubican como poeta en esencia modernista, influido por Darío y en especial por el simbolismo de los poetas Franceses del siglo XIX; Los que lo ubican como un precursor en Hispanoamérica de las vanguardias europeas de la primera posguerra: El expresionismo, el surrealismo y sus verdientes hispanoamericanas  del creacionismo y ultraísmo; Los que lo califican como un poeta premoderno afín al romanticismo Inglés, Francés y Alemán del siglo XVIII y sobre todo del culteranismo de Luis Gongora y sus formas poéticas rebuscadas y barrocas que florecieron en el siglo de oro Español. De hecho es muy difícil descifrar como se decantan de manera exacta las influencias del poeta en su obra, sobre todo por lo especial de la misma, aún así son detectables estas huellas y el propio poeta dejó improntas muy claras al respecto. Ahora que la crítica es más incisiva y que ha realizado un trabajo arqueológico en esta materia, podemos decir que existen instrumentos teóricos de suma importancia para realizar este trabajo[2]. En un ensayo sobre la asimilación de la poesía de De Greiff en la poesía medieval refiriéndose a las influencias señala aspectos genealógicos del tema “El primero de ellos es demostrar que todo texto literario es un complejo tejido que entrelaza diversos elementos y discursos, a la vez que se inserta en un conjunto mayor dentro del cual cobra la posibilidad de participar de forma activa en una cadena de interrelaciones. El segundo, la necesidad de probar que el estudio intertextual es algo mucho más complejo que el simple estudio de fuentes, y que se extiende a formas más abstractas, sutiles y complejas de diálogos y procesos formativos al interior de las re­des literarias”[3]. En el presente trabajo el autor se refiere al barroquismo, que fue la manera como se le abordó a su poesía por buena parte de la crítica, en sus dos tendencias: El Culteranismo y el conceptismo, en una posición poco acertada, de hecho según el Doctor Orlando, “el barroquismo se caracteriza por el uso de las palabras latinas y también de neologismos y transposición de frases”. El lenguaje poético de De Greiff no corresponde del todo a este análisis facilista de sus críticos: “La utilización de las palabras latinas es mínima en comparación con el uso de arcaísmos, anglicismos, neologismos, y algunos Germanismos”. De esta manera, abordando la crítica de los lugares comunes, el autor no solo va descifrando las miradas que hasta la fecha se han hecho de la poesía del poeta, sino que va elucidando sus errores y aciertos, con valiosos aportes.
Otro tema que toca corresponde al “De la sensibilidad romántica del poeta” Su posición al igual que algunos de sus predecesores en la crítica, Mejía Duque, Rene Uribe Ferrer, Carlos García Prada, es clara: “ Se puede plantear que sí existen varias características en De Greiff que autorizan a denominarlo como un poeta de tendencia romántica: “Su nostalgia por la naturaleza, su lirismo a partir del yo, su rechazo a la objetividad clásica de los conceptos y, al igual que los Alemanes y Francés, su anhelo a fundirse en la noche del universo como el gran útero sagrado de la tierra”[4].
El autor también se refiere a la ubicación del poeta De Greiff como modernista, lo hace con mucha lucidez y realmente hace aportes muy valiosos en su mirada crítica: “pero en especial de su lectura simbolista de los Franceses, en una tesis que han compartido escritores como Germán Arciniegas, Fernando Charry Lara y Rafael Maya que propugnaban por una perfección plástica de la forma poética, se mezclaron con los elementos simbolistas que buscaban la unión entre la música y la poesía y el descubrimiento del ritmo escondido de las palabras” , tema de los que hay infinidad de estudios en la academia y tesis de grado, así como muchos artículos de la crítica especializada, realmente lo relevante no sólo es la síntesis expedita del autor al respecto, sino la manera como deja en claro conceptos y articulaciones entre el simbolismo Francés y la poesía de De Greiff, siendo incisivo y puntual  en los aspectos en que se decanta en su poesía de manera directa. 
Otro tópico que toca el autor es la del  poeta  con el simbolismo, de hecho era imposible no hacerlo, estas como denomina: “las más notables”, la música, el ritmo en su poesía son diferentes a todo lo que habíamos visto en la poesía colombiana, la cita traída a colación en el texto escritas por el poeta en “Prosas de Gaspar”, es absolutamente explicita: “La poesía-yo creo- es lo que no se cuenta sino a seres cimeros, lo que no exhiben a las almas raptantes a las almas nobles; la poesía va de fastigio en fastigio,  es lo que no se dice, lo que apenas se sugiere, en formulas abstractas, y herméticas y arcanas e ilógicas para los oídos de esas gentes que han de leernos a nosotros los poetas”, no sólo abrevó en estas formas sino asumió actitudes propias de los simbolistas:”La literatura como una revolución permanente y en considerar a los escritores como críticos radicales de la sociedad burguesa”.[5] 
Después de realizar consideraciones muy precisas sobre su relación con el surrealismo y con lo que se denominan las vanguardias, establece categóricamente que su poesía está lejos de ser comprendida y estudiada en su totalidad, menos leida, fuera de unos versos de mucha popularidad y dejando a un lado a los especialistas, realmente estamos ante un poeta poco conocido.
El aporte esencial al desciframiento y análisis  del universo creativo de De Greiif en este texto, lo constituye la segunda parte: “El universo lingüístico y musical”: allí desde el principio afirma: “ La obra que conocemos de  De Greiff, escrita desde los primeros versos que hizo a los dieciocho años hasta sus últimos poemas de la vejez, tiene una gran característica que la unifica en un universo creativo que apenas estamos comenzando a visualizar mejor. Está gran característica es su particular lenguaje poético que, de manera indiscutible, se ha convertido en la razón de que posea pocos lectores”[6].
Este es un punto donde Orlando Mejía Rivera hace una afirmación categórica que es importante relevar, la revolución de De Greiif se asimila a lo que hizo Rebelais con la lengua Francesa, Hoderrlin con el Aleman, Rimbaud con el Frances del siglo XIX, y Joyce y T. S. Eliot con el inglés en el siglo XX, establece que “la diferencia se encuentra en que la revolución De Greiff  no ha sido comprendida todavía por los hispanoparlantes”. Lógicamente no es el primero en relevar estos aspectos: “La música siempre ha ocupado un lugar importante en la vida del poeta León de Greiff. El autor de Tergiversaciones, Libro de signos, Variaciones alredor de nada y otros libros, es un músico cuyos instrumentos son las palabras. Han observado esto los críticos que lo conocen, especialmente Juan Felipe Toruno en su artículo Sintonismo en la poesía de León de Greiff \ Hay tantos -ismos en la poesía de la época vanguardista, que creemos que el 'sinfonismo' de León de Greiff merece tanta consideración y admiración como los más reconocidos de ellos”[7].
En los dos últimos capítulos aborda los temas del universo creativos de Leon De Greiff, “los enigmas existenciales de la vida humana: El amor, la muerte, el tiempo, la soledad, la angustia, el tedio, el absurdo……..La respuesta del poeta a estos motivos insondables se da a travez de algunas pasiones que se repiten en su obra: La Fascinación por la noche, el silencio, los sonidos musicales, el arquetipo del eterno femenino, la nostalgia por los viajes imaginarios a universos perdidos en la memoria olvidada de los hombres; la autoironía y la ironía para soportar la vida, su negación a creer en los proyectos humanos, su ercepcion que la vida es un sueño como lo supo Calderon De La Barca Schakespeare”[8].
En esta parte del ensayo, el autor estudia y revela la genealogía tematica del poeta, su escepticismo, el origen de su nihilismo y los autores más emblemáticos que le han influenciado, incluso aborda el tema especifico del Budismo, tan esencial en su poesía.
Este es un libro que se deja leer, es un buen texto para iniciarse en el conocimiento del universo creativo del poeta, su lectura se hace de un tirón y se decanta el cuidado de una prosa ya constatada en otros libros del mismo autor. Espero lo disfruten.
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[1] Orlando Mejía Rivera. “ El extraño universo de Leon De Greiff”.  Fondo editorial universidad EAFIT.Pág 25
[2] León de Greiff: «¡Ni soy lo que ellos dicen…ni en lo que soy estoy!» Carmen LUNA SELLÉS Universidade de Vigo.
(1895-1976), escritor colombiano escasamente conocido en España siendo, no obstante, una figura relevante de la poesía colombiana contemporánea. Desde que Guillermo de Torre (1965) en su Historia de las literaturas de vanguardia y Anderson Imbert (1961) en Historia de la literatura hispanoamericana le aplicaron de forRecibido: 25-10-2010. Aceptado: 15-11-2010. 268 Carmen Luna Sellés ma excesivamente rígida el marbete de vanguardista1 , este siguió siendo utilizado durante mucho tiempo de forma mecánica, sin ninguna atenta y crítica mirada de su compleja obra. En la actualidad se ha tratado de subsanar esta falta de rigor crítico valorando la especial originalidad y ruptura de su poesía en función del sistema literario en el que el autor estaba inserto y no tanto en función de los parámetros trazados por las vanguardias históricas, de las cuales, por otra parte, como señala Gutiérrez Girardot, «se tuvo en Colombia un conocimiento fragmentario y posterior» (1982: 490). En medio del silencio y la confusión en la que durante largo tiempo estuvo obscurecida la obra de León de Greiff destacaron, no obstante, varias voces clarificadoras, que en la actualidad son guías necesarias para el que trata de adentrarse en la obra de este autor. Son fundamentales los estudios de Charry Lara (1984, 1985, 1991), los de Cabo Borda (1979, 1985), el temprano ensayo de Valencia Goekel (1956) y el de Gomes (2002). A estos se sumaron estudios que tratan de ofrecernos una visión panorámica de su amplia obra, resaltando sus características más sobresalientes como el de Hernández de Mendoza La poesía de León de Greiff (1974), el de Rodríguez Sardiñas León de Greiff: una poética de vanguardia (1975) o el de Suardíaz El múltiple rostro de León de Greiff (1995). La obra de León de Greiff debe ser atendida desde el análisis mismo de su escritura, libre de rígidas clasificaciones historiográficas, porque como señala Gomes (2002: 422)”.

[3] Leon De Greiff  su asimilación a la poesía medieval.
“A partir de la mitad del siglo XX la crítica literaria ha venido insistiendo en la idea de que toda obra literaria se integra dentro de una red de continua circulación y producción. Ninguna obra literaria es, en realidad, una creación ex nihilo ni absolutamente original, sino que se enmarca en una dinámica de interacción con otras obras y discursos que la articulan y posibilitan. Los estudios sobre la intertextualidad han señalado con evidencia cómo dentro de una obra circulan diferentes corrientes de discursos sociales e ideológicos (Bajtin, Kristeva); se adoptan y transforman elementos de obras anteriores por medio de estrategias textuales como la imitación, el pastiche, la reescri­tura, la parodia (Genette); se reinterpreta de forma individual las obras de los predecesores con el fin de transformar su influencia en una energía creativa (Bloom); o bien se retoman obras y creaciones del pasado para reelaborarlas de forma paródica y así otorgarles una nueva vigencia que posibilite el diálogo de estas últimas con contextos históricos y culturales distintos (Hutcheon)”.
Ibidem.
[4] Orlando Mejía Rivera. “ El extraño universo de Leon De Greiff”.  Fondo editorial universidad EAFIT.Pág 32
[5] Orlando Mejía Rivera. “ El extraño universo de Leon De Greiff”.  Fondo editorial universidad EAFIT.Pág 33
[6] Ibidem. Pág. 49
[7] León de Greiff, poeta musical. Thesauros. Tomo XXXIX, tomo 2. Estphen A Mohller  Leon De Greiff poeta.

[8] Orlando Mejía Rivera. “ El extraño universo de Leon De Greiff”.  Fondo editorial universidad EAFIT.Pág 59





sábado, 28 de enero de 2017

GUSTAVO MARTÍN GARZO: "LA CRISIS DEL LIBRO ES CULPA DEL LECTOR"

El escritor publica No hay amor en la muerte (Destino), un canto a la relación entre un padre y un hijo con la historia bíblica del sacrificio de Isaac como telón de fondo.
ANDRÉS SEOANE | 26/01/2017 
         
Transcribo esta columna aparecida en la revista “El cultural” de España, por qué hace la presentación del último libro de este excelente escritor Español más bien desconocido en Latinoamérica, me refiero a los círculos por fuera de la academia y la crítica especializada, siendo de suma importancia dentro de la narrativa Hispanoamérica contemporánea. Como siempre cuando encuentro un escrito que amerita su reproducción, lo hago con gusto a favor de mis lectores y en reconocimiento a quien lo escribe.
Cuenta Gustavo Martín Garzo (Valladolid, 1948) que "a pesar de que quiero que cada libro sea distinto, al final siempre escribo el mismo libro". Una sensación que no se extiende al lector, que eso sí, reconoce en cada libro suyo una huella propia, un universo único y absolutamente diferenciado de la amplia mayoría de la narrativa, que como reconoce el escritor, bebe directamente de la tradición de los relatos e historias antiguas. Y una de esas historias antiguas es la base de su nueva novela, No hay amor en la muerte (Destino), en la que vuelve a visitar el mundo bíblico de obras como su debut literario El lenguaje de las fuentes, Premio Nacional en 1994, o Y que se duerma el mar (2012), al recupera el relato bíblico del sacrificio de Isaac." Esta historia me la cuentan de niño, sigue viva en mí muchísimo tiempo, pero en un momento dado, me pregunto qué hay en esa historia para que no la haya podido olvidar. Esa pregunta de qué hay ahí es la que me hace escribir el libro, es como abrir un cuarto cerrado para ver qué se guarda en él".

Porque en la concepción literaria de Martín Garzo, la clave es intentar responder a una pregunta, tratar de dar forma a esas historias que fascinan y permanecen en la memoria. "Estas son las historias de mi infancia, cuando se contaban no como cuentos, sino como historias verdaderas que habían sucedido en un tiempo remoto y contaban el origen de las cosas". De entre todas ellas, el escritor elige la historia de Isaac, que considera que a ojos de un niño, "es una de las más oscuras y fuertes que uno puede escuchar". Porque todos sabemos qué ocurre en el monte, un padre recibe la orden de matar a su hijo y no duda, porque es Dios el que se lo pide, y está dispuesto a matarle hasta que un ángel le detiene. "En la Biblia no se nos dice nada más, pero la pregunta que queda es ¿qué pasó después?, ¿cómo fue la relación de Isaac con su padre tras ese hecho?", se pregunta Martín Garzo.


En ese después es donde transcurre la novela, que es más un largo poema sin puntos y con frases a modo de versos separados por cesuras, y que supone una inmersión en la relación de un padre con un hijo y una exploración de la dicotomía entre el amor y el deber que es su naturaleza. "La historia de Abraham con su hijo reproduce de alguna forma la relación paternofilial. Un padre para un niño pequeño es como un Dios, no te puedes rebelar contra tu padre. Y esa relación está en la base de nuestra naturaleza", asegura Martín Garzo, que incluye además otro factor, el papel del hijo varón como continuador de la obra del padre y como portador de una carga que hereda junto a todo lo demás, la famosa "Promesa" de la Biblia. "De alguna manera todo padre hace depositario a su hijo de su "promesa", espera que su hijo cumpla sus sueños e incluso viva lo que no ha vivido él, y transmite sus valores. Pero ahí hay una pregunta terrible que nos podemos hacer, ¿y la vida del hijo, qué, dónde queda?".


"Isaac de alguna manera lo que quiere es huir, porque ya ha vivido esa sumisión, y lo que quiere de alguna forma es escapar. Escapar de la autoridad, que es lo que quieren, por ejemplo, todos los personajes de Kafka", asegura Martín Garzo. "Los personajes de las obras de Kafka, muy marcadas por la autoridad del padre, lo que quieren es encontrar grietas, fisuras, para huir de él. Que es lo que en un momento determinado le pasa a Isaac, que espera vivir una vida independiente de la sombra de su padre". Pero estas reflexiones, estos conflictos tan humanos, los plantea el escritor para que los piense el lector, sin entrar en valoraciones. "Un novelista nunca debe juzgar a sus personajes ni decir quiénes son, sino simplemente plantearlos para que el lector interprete".

EL MUNDO SIMBÓLICO DE LOS MITOS
Y son los relatos míticos, las narraciones universales las que a entender del autor tienen ese poder para hacernos comprender todo lo que encerramos en nuestro interior. Ahí está la clave de su vigencia y de su importancia. "La virtud que tienen los mitos es hablar de lo más hondo del ser humano. Pensamos que son historias que han quedado atrás y sin embargo son relatos que siguen dando cuenta de lo esencial", explica Martín Garzo. "No solo la Biblia, claro, sino también, por ejemplo, los mitos griegos, que son inagotables porque cada vez que te asomas a ellos descubres más cosas". Pero estos símbolos también encierran un peligro que deriva de la actualidad, el peligro del rechazo prejuicioso y de la interpretación literal. "En el fondo estamos tan llenos de prejuicios que hay cosas que inconscientemente nos echan para atrás porque hay un clima que las veta, como por ejemplo hablar de la Biblia, que se ve como algo casposo y vetusto cuando en realidad está en el centro de nuestra cultura"

En cuanto a la literalidad, asegura que es una forma de degradación de los mitos. "Tú no puedes leer esta historia de forma literal, porque podrías decir: "qué cabrón era Abraham que quiere matar a su hijo y no le importa", y verlo como un fanático. Sí y no. No voy a decir que esto no sea cierto, pero la historia va mucho más allá". El simplificar estas narraciones y el denostarlas por leerlas "con los ojos de hoy", es un síntoma del empobrecimiento de la cultura en la sociedad, y provoca que, lamentablemente, sea la literatura su único espacio de pervivencia. Como ejemplo, Martín Garzo asegura que "hoy en día un joven que vaya al Museo del Prado a ver los cuadros no se enterará de la mitad, porque esas pinturas están llenas de esas historias de la mitología griega o de la Biblia", se lamenta. "Claro, ves un cuadro de Velázquez o de Tiziano y te maravillas de la técnica, pero si conoces las historias te conmueve muchísimo más. ¿Por qué olvidamos esas historias?".

EL LECTOR DESAPARECIDO

El escritor no tiene respuesta a esta pregunta, pero sí que achaca esta pérdida de interés en el germen primigenio de la literatura que son estos relatos como síntoma de la tan cacareada crisis del libro. Por eso para él la raíz del problema no está en los "muy buenos" autores, sino en la otra punta de la cadena, los lectores. "Los buenos lectores no abundan, por decirlo de una manera suave. El otro día leía que el 40% de los españoles no había abierto ni un solo libro, y los que han abierto uno a saber cuál habrá sido, más vale no preguntárselo", puntualiza rotundo. Y el lector es clave en la concepción de Martín Garzo porque tiene el papel de creador. "El lector que se entrega de verdad a la lectura de un libro está creándolo, transformándolo en algo suyo. La prueba es que un mismo libro es diferente según quien lo lea", defiende. "La lectura es un acto de creación que exige, quietud, silencio, entrega. Es casi un acto monacal, porque te obliga a separarte del mundo".



Pero, "¿cuánta gente en este mundo lleno de ruido, de barullo, de estímulos constantes como las redes sociales, dispone de ese silencio y está dispuesta a esa entrega?", se pregunta Martín Garzo. "Ese tipo de lector, no voy a decir que ha desaparecido, porque los lectores son una minoría muy viva que siempre existirá, pero no abundan y gran parte de la crisis del libro tiene que ver con eso", concluye. 







domingo, 15 de enero de 2017

LA LITERATURA AFRICANA

He leído muy poco de la literatura Africana, este año me propongo dedicar la mayoría de lecturas a sus autores más emblemáticos,  el universo creativo es extenso, original, rico, pese a seguir buscando imponer una voz propia, recurriendo al cumulo de reservas en el inconmensurable bagaje de su tradición milenaria, que parecía perderse para literatura en el proceso de occidentalización del último siglo, lastre de un colonialismo harto traumático, paradójicamente este factor le ha dado un corpus muy particular, el amalgama de estas dos miradas generaron una literatura valiosa, que el mundo empieza a reconocer, leer y estudiar con rigor. España es un país que siempre ha estado muy comprometido con los escritores Africanos.
Como lector itinerante, aquel que le saca tiempo a la vida para estos menesteres, es difícil estar al tanto de todo lo que se produce en el mundo. Ahora que los países escandinavos están en momento creativo explosivo, que tienen en su haber una gama de escritores valiosos, lo mismo que la literatura Irlandesa, para sólo hablar de algunos países, es complicado seguirle el paso a tanta publicación.  Seleccionar y priorizar se vuelve una actitud necesaria. Al final ayudados de la prensa y de las buenas revistas, vamos leyendo lo más afín a nuestros gustos. La literatura Africana de hecho está en boca de los especialistas, está pasando algo parecido al boom latinoamericano de los 70, pero este continente extenso y variopinto hay que abordarlo en principio desde las obras más importantes, una especie de antología. En todo caso no estoy tan alejado de su producción, he leído algunas obras, la labor apenas comienza.   
El callejón de los milagros de Naguib Mahfuz, me parece una obra de suma importancia no sólo para la literatura Africana sino para el concierto mundial, las historias entrecruzadas de un Barrio egipcio en una narración polifónica, escrita en 1947, el escritor quien abreva en la más antigua tradición ( Por ejemplo, las mil y una noche) para describir la sociedad moderna en que se crió, el Cairo en el caso concreto, narrando como la gente enfrenta no solo  la sobrevivencia, sino a la más ancestral tradición cargada de radicalismos en medio de retos nuevos, inimaginables, desde el callejón, lugar del barrio donde ocurren la mayoría de hechos, el cual termina siendo un personaje más,  describe un mundo completo, de la mano de una prosa cercana al realismo mágico nuestro, exaltada, entretenida, atrapa al lector desde la primera página y por supuesto atiende a la naturaleza humana en toda su complejidad.
He leído mucho a John Maxwell Coetzee, para mí es un escritor de culto, tiene una cofradía y lectores que le seguimos y esperamos con cierta pasión paranoica, sus temas siempre escrutan la naturaleza humana en sus más corrientes y complejos conflictos, siendo los mismos históricamente hablando, en cada personaje suyo vuelven a ser abordados con una mirada novedosa y sorprendente, terminan dominados por cierta impotencia frente al peso de ciertos hechos, derrotados.  Cuando un hombre cae en “Desgracia”, la existencia se desflora en sus más caóticas consecuencias, se le cae toda la estantería, su caos, el caso del profesor de esta novela, empieza con la decisión de una meretriz con la que tenía encuentros sexuales muy puntuales y quien decide encauzar su vida y abandonar esa penosa forma de ganarse la vida.  El corolario de hechos desgraciados del profesor de literatura inglesa nos deja atónitos. Me encanta el tono de la historia, lleno reflexiones muy sabias[1], el personaje (Laurie) a pesar de sus arrogancias, de cierta terquedad que nos saca de casillas, cautiva. Este texto es también una mirada a la vejez, al implacable tiempo.
He leído Wolw Soyinka, Nadine Gordiner, además algunas antologías del cuento  y de la tradición oral, ensayos,  he visto conferencias de los propios escritores, donde se analiza la atribulada  relación y paternidad con occidente, pasado que aun pesa mucho. Hay una África negra, blanca, mestiza, subsariana, el espectro es amplio y complejo
Ahora que he comenzado a realizar una mirada completa de la literatura Africana: Chimananda Ngozi Adichie, Mia Couto, Chinua Achebe, Wole Soyinka, Nadine Gordiner, Alain Macbankou, Ndalu De Almeida, para sólo citar algunos, empiezo el proceso de búsqueda, oteo entre bibliotecas y librerías. Esperaremos como me va en esta virtuosa intromisión.













[1]
 Como ella lo complace, como el placer que le da es inagotable, él ha terminado por tomarle afecto. Cree que, hasta cierto punto, ese afecto es recíproco. Puede que el afecto no sea amor, pero al menos es primo hermano de este. Habida cuenta del comienzo tan poco prometedor por el que pasaron, los dos han tenido suerte: él por haberla encontrado, ella por haberlo encontrado a él.

domingo, 8 de enero de 2017

SE NOS FUE RICARDO PIGLIA

La muerte de Ricardo Piglia me ha conmovido de sobremanera, soy un ferviente admirador de su obra, leo sus ensayos y veo sus conferencias siempre sobrecogido por la calidad de sus textos y la lucidez de su óptica. La columna que transcribo de Juan Cruz expresa mejor que nadie el sentimiento que me embarga.

JUAN CRUZ

RICARDO PIGLIA, CREADOR DE PALABRAS, CREADOR DEL MUNDO



Ricardo Piglia tenía en sus manos el mundo; en el suyo propio cabían todos los mundos. Un creador de palabras. Las palabras no necesitan movimiento: existen en su puridad extrema, nada las alimenta sino el sueño, el conocimiento. Era Piglia cuando se disponía a hablar, de pie, sentado, andando, ante un público multitudinario, ante cuatro amigos, en una cena en la que antes había ruido, cháchara, y de pronto él se alzaba, desde un silencio que parecía subrayado por su sonido de garganta opaca, Piglia, la idea de Piglia, lo que estuviera diciendo Piglia. Hay voces que desordenan, porque vienen de la ocurrencia. La palabra de Piglia ordenaba: cualquier cosa que fuera a suceder y pareciera un terremoto se apaciguaba en su voz, hallaba en él el encanto de la belleza o el desencanto del drama bien explicado. Era un racionalista del desorden del mundo, empezando por su propio mundo. El no se hizo un memorialista porque quisiera dejar por escrito lo que hacía; de hecho, no hizo memoria, sino pensamiento, recreación de lo que veía, y al escribirlo lo ordenaba como hacía en la conversación. No había dos Piglias o tres, había un solo Piglia y era todos los Piglia que ahora se han ido con él al silencio absoluto. Escucharlo era prolongar lo que habíamos escuchado de otros grandes hombres, de Platón a nuestros días, pasando, naturalmente, por Jorge Luis Borges o por Gustave Flaubert; era a la vez un inventor en el mundo como el ciego argentino que inventó El Aleph, y el creador de universos de ficción que parecían extraídos de la corrosión de la realidad.
Leer a Piglia era leer con Piglia. Esa sabiduría suya no era la de un erudito, pues un erudito es alguien que sabe y lo echa todo en la estantería. Era un pensador itinerante, hablaba igual que escribía, oyéndose a sí mismo libros que no había leído nunca, pues los estaba escribiendo en ese instante. Vi esa capacidad en dos seres muy distintos, Borges que reía mientras hablaba, y Paz, que era serio hasta riendo. Piglia escribía novelas para quitarse de encima del hombro ese sabio que fue, lector desde antes de leer; me contó un día, cuando ya tenía la enfermedad rompiéndolo, cómo se disfrazada de lector, a los cuatro años, en la calle, para hacer que los demás creyeran que ya él leía. Un hombre le dijo desde lo alto (“quizá fue Borges”, me dijo de broma) que el libro que creía leer estaba al revés. Siempre le escuché hablar de leer; pero era una noble impostura. En realidad estaba habitado por su propia lectura, lo que se leía hacia adentro, y acaso por humildad citaba a otros, para que no se sintiera que él estaba dando de sí lo que había aprendido sin otra interferencia que la de la vida, ese resplandor que al final lo ayudó a superar la trascendencia de lo que le pasaba. Y cuando ya parecía no tener nada sino dolor, siguió leyendo, siguió dictando, siguió siendo el lector Ricardo Piglia.
Me dijo una vez que ese Emilio Renzi de sus ficciones acaso era el verdadero Ricardo Piglia. Como si viviera todas las vidas en una, este hombre que sufrió la desventura del dolor venció la impaciencia que tuvo el tiempo para pararle el mundo. Ahora lo veo caminando por un patio oscurecido de Madrid, agarrando con su mano dolorida el suéter marrón de sus mañanas en el otoño de la ciudad. Luego lo veo hablando, ante un público que ignoraba de dónde venía tanto verbo lleno de la energía del saber, y luego lo veo sentado ante una mesa, hablando con esa voz queda que también le hurtó el tiempo. Era, como Borges, el lector siempre despierto, capaz de decirle a la muerte, espera, estoy leyendo. Piglia, creador del mundo, dios sin iglesia haciendo que el mundo habite en una sola palabra, más acá y más allá de los libros. Qué escritor, amigos, qué escritor permanece entre nosotros leyendo.












jueves, 5 de enero de 2017

UNA LECTURA DE LA HISTORIA COLOMBIANA



El texto de Harari “De animales a dioses”, con toda la lucidez de su concepción y la calidad de una prosa que hace lo difícil fácil, demostró con este excelente libro, hasta qué punto la historia siempre tendrá nuevas maneras de abordarse, además que es de suma importancia el punto de vista del autor, quien siempre la somete a escrutaciones novedosas en busca de verdades muchas veces inalcanzables. Yo estudie la historia de Colombia en textos épicos de autores muy comprometidos con intereses partidistas, estaban más preocupados en ocultar la verdad que en revelarla, sus propósitos casi siempre correspondían a coyunturas específicas además de ser matizada por héroes y hazañas, las demás de las veces mentirosas. Ahora con todas las discusiones que se han dado en torno al conflicto armado de los últimos cincuenta años, pese a los excelentes trabajos sobre la violencia en Colombia publicados, sobre todo por la academia, está claro que es pertinente revisar de nueva la historia de esta época tan tergiversado últimamente. Traigo el tema a colación porque estoy leyendo la historia de Colombia por Antonio Caballero con el apoyo de la Biblioteca Nacional. Paradójicamente me recuerda la pluma de Enrique Caballero, su tío, un historiador poco convencional del siglo XX, quien nos entregó textos sobre el siglo XIX y XVIII, que aún recuerdo con gratitud por su particular visión. El libro de historia de Antonio Caballero, que está sólo publicado en la red, de antemano se opone a esa historia iconoclasta y oficial que tanto daño nos hizo, su propósito no  es otro que acercarse a la verdad de nuestro pasado que hasta la fecha sigue inexplicablemente sin revelarse en toda su compleja trama. Su prosa, como la de Eduardo Caballero, Lukas Caballero y el propio Enrique, periodistas y escritores muy importantes de nuestro país, es impecable, directa, respetuosa de la normas gramaticales, con un manejo de la ironía que se cuida mucho de exageraciones y sobre todo agradable y encarretadora. El texto responde a un orden, desde el encuentro de dos mundos, 1492 hasta el paramilitarismo de estas últimas décadas. Hasta ahora podemos leer las primeras entregas que resulta una entrada exquisita. Este es link, espero sea el gusto de mis lectores.

http://bibliotecanacional.gov.co/proyectos_digitales/historia_de_colombia/index.html






martes, 27 de diciembre de 2016

INTIMIDADES CONGELADAS

En diciembre suelen darse listas de libros, los mejores del año, bien sea por ventas, por su excelencia narrativa, en ella caben aquellos que recomendarías por alguna razón especial, casi siempre relecturas y por su puesto las acostumbradas antologías por categoría de lo editado en el año (novela, poesía, no ficción, ensayo, ciencia...) que ameritan tenerse en cuenta según el criterio de cada publicación o autor. La de la revista “Arcadia” de Colombia es muy completa, lo mismo la de “Babelia” del periódico “El país” de España. Estas listas suponen lectores de tiempo completo lo que realmente hoy es casi una utopía, muy pocos vivimos en esa compulsión irresponsable de querer leerlo todo. Es difícil en ese bosque escoger el árbol que nos aporte, no solo una lectura agradable, sino que al final nos produzca ese sentimiento de exaltación que suelen provocarnos los buenos libros, porque nos cambian, nos aportan, suman al final.
Quiero referirme a una lectura que me tiene encantado, me refiero a Eva Illouz con un texto que se llama “Las intimidades congeladas”. Descifrar el momento histórico para mí siempre es de suma importancia y esta autora lo logra con una lucidez asombrosa: “Tradicionalmente, los sociólogos entendieron la modernidad en términos del advenimiento del capitalismo, de la aparición de instituciones políticas democráticas o de la fuerza moral de la idea de individualismo, pero prestaron escasa atención al hecho de que, junto con los conceptos familiares de plusvalía, explotación, racionalización, desencantamiento o división del trabajo, la mayor parte de los grandes relatos sociológicos de la modernidad contenían otra historia colateral en clave menor, a saber, las descripciones o los relatos del advenimiento de la modernidad en términos de emociones”. No solo escruta las consecuencias del capitalismo en el sujeto, en el hombre de a pie, con todas sus imposturas, sino todas las dís-funcionalidades y las des-armonías que nos generan angustias y malestar, las emociones en suma, el cumulo de lo que sentimos. Su mirada está soportado en el pensamiento de los grandes filósofos y sociólogos de mitad del siglo pasado, en el proyecto de la modernidad, los textos y discursos que lo hicieron posible desde la ilustración: “Por más que no sean conscientes de ello, los relatos sociológicos canónicos de la modernidad contienen, si no una teoría desarrollada de las emociones, por lo menos numerosas referencias a éstas: angustia, amor, competitividad, indiferencia, culpa; si nos tomamos el trabajo de profundizar en las descripciones históricas y sociológicas de las rupturas que llevaron a la era moderna, podremos advertir que todos esos elementos están presentes en la mayor parte de ellas.  Lo que quiero destacar en este libro es que cuando recuperamos esa dimensión no tan oculta de la modernidad, los análisis de lo que constituye la identidad y la personalidad modernas, de la división entre lo privado y lo público y su articulación en las divisiones de género, experimentan un gran cambio”. Este texto lleva varios años de publicado, realmente no lo había referenciado, pero ahora que lo leo, estoy gratamente sorprendido, es un hecho que la relación del sujeto con los poderes instaurados, las servidumbres y la manera como vivimos en el marco del capitalismo imperante, situación que para la mayoría de sujetos no está resuelta desde la perspectiva de  la justicia social, es más una impostura de la que difícilmente escapamos, en una economía global como la actual, que no permite disidencias,  en medio de las tecnologías de la información y el conocimiento, las cuales  han trasformado sustancialmente a este sujeto y su relación  con el medio.
Nancy Fraser ha trabajado el tema con mucha hondura, sus textos son emblemáticos y en ellos enfatiza el grave problema de la distribución de la riqueza, como se dan las diferencias, como se traducen en la escasez de oportunidades´, trabajo que comenzó estudiando la discriminación de la mujer: “Así pues, en general nos enfrentamos a una nueva constelación. El discurso de la justicia social, centrado en otro momento en la distribu­ción, está ahora cada vez más dividido entre las reivindicaciones de la redistribución, por una parte, y las reivindicaciones del reconocimiento, por otra”. Desde el feminismo ha hecho evaluaciones y descripciones de la manera como se expresa el capitalismo en el sujeto a través de la distribución y el reconocimiento.
Estas lecturas confirman que la escuela sociológica del siglo XX, que tanto le aportó a la filosofía y al estudio de las sociedades pos-industriales continua de alguna manera produciendo textos lucidos que explican estos contextos tan importantes.