martes, 16 de julio de 2019

LITERATURA FEMENINA EN COLOMBIA


Las últimas ferias del libro de Bogotá fueron el escenario de sendos lanzamientos de novelas y ensayos de excelentes escritoras colombianas, hay un afán de publicar  obras que antes no tuvieron oportunidad en un país profundamente machista, esto significa para el público en general la visibilidad de una producción importante, de hecho hay una efervescencia e interés de parte de las editoriales, momento que ha permitido la publicación de trabajos sobre literatura femenina que estaban engavetados y de cierta manera olvidados, la academia por décadas viene haciendo una labor encomiable al respecto. La realidad en Colombia ha sido otra. Montserrat Ordoñez en un ensayo sobre el tema categoriza:” La producción y la crítica literarias, en Colombia, han pertenecido al espacio del hombre, con pocas excepciones significativas. Se encuentran más nombres de escritoras en la poesía que en la narrativa y en la crítica, un fenómeno que en otros países se ha tratado de explicar por posibles razones extraliterarias, tales como la imprescindible necesidad de más dinero, más tiempo y más espacio para poder producir obras si no de más valor, por lo menos de más longitud”. México es un ejemplo de país que le ha dado mucha importancia a las escritoras, de ello dan cuenta el número importante de narradoras de mucha relevancia mundial y la infinidad de trabajos y publicaciones sobre el tema. En el caso nuestro hemos tenido una producción constante, a estas publicaciones no se les dio la relevancia que tenían, hablo de las editoriales y de una crítica que des-atendió el tema.
Recuerdo que en mi casa había una producción extensa de libros de soledad Acosta De Samper, una escritora del siglo 19 muy prolífica y de suma importancia en el marco de la historia de la literatura colombiana. Las autoras del siglo XIX  son mucho más  de la que imaginamos: Mis recuerdos de Tibacuy, de Josefa Acevedo de Gómez; Aurora, de Mercedes Párraga de Quijano Otero; Nuestros próceres, de Waldina Dávila de Ponce; Luz y sombra; Un caballero español, de Eufemia Cabrera de Borda; y Un asilo en La Goajira, de Priscila Herrera de Núñez. Esto para recordar que siempre las mujeres han estado presentes en nuestra literatura.
El siglo XX y sobre todo en las dos últimas décadas han aparecido obras y escritoras jóvenes que rompieron ese paradigma de discriminación. No hablo de Marvel Moreno, de Fanny Buitrago, Laura Restrepo, o de Maria Mercedes Carranza, Meira Del Mar, Silvia Galvis que hacen parte de nuestro canon, me refiero a un grupo de escritoras que hasta ahora nadie conocía y que han escrito obras de suma importancia para nuestra literatura, las que por fortuna, la crítica empieza a tener en cuenta. La escritora Adriana Rosas consuegra a propósito de la ausencia de mujeres en muchas antologías del cuento trae un artículo de la revista Semana que expresa: En Colombia solo escriben los hombres. O al menos esa es la impresión que ofrecen los libros de historia de la literatura nacional: son muy pocos los nombres de mujeres que aparecen en ellos. Pareciera como si las obras de las mujeres hubieran estado ausentes por años de los circuitos editoriales y de los medios de comunicación. Además, los críticos literarios no se han preocupado por hacer un análisis serio sobre la escritura femenina”. En este blog hace poco escribí sobre dos escritoras colombianas que ameritan tenerse en cuenta: Adelaida Fernandez Ochoa y Adriana rosas Contreras, a ellas se suma: La poeta Alejandra Jaramillo, Alejandra Lerma, amparo Osorio excelente ensayista, Andrea Cote, Carolina Sanín, Andrea Mejía, Margarita Rocio Robayo, para solo citar algunas.
A este rosario de buenas escritoras se suma un innumerable número de ensayistas que desde la academia vienen produciendo y aportando estudios críticos muy rigurosos. La universidad Central de Bogotá, la universidad nacional, La UIS, la Universidad Javeriana y la del Norte en Barranquilla, vienen realizando investigaciones y de hecho publican textos muy serios que ameritan organizarse y publicarse en la red, es una tarea silenciosa que es preciso hacer relucir y divulgar. Otra variable la constituye el buen número de revistas que desde la academia cumplen una tarea pedagógica importante, constante y rigurosa donde las mujeres están presentes.
El trabajo de auscultar ese universo es imprescindible, no solo por la calidad de las obras, sino por justicia. En las regiones también se está produciendo a granel, este blog intestaré hacer un seguimiento a la literatura femenina en adelante. Ofrezco disculpas, pues soy consciente que he omitido muchos nombres en este artículo, pero espero realizar un artículo más ordenado y acorde con el momento que vive la literatura femenina.


martes, 2 de julio de 2019

LA CORRESPONDENCIA ENTRE ALBERTO AGUIRRE Y GONZALO ARANGO


Siempre que organizo mi biblioteca, me encuentra con libros que, en lo personal, son como un fresco para la vida, no solo por la calidad de los mismos, ni por la importancia de sus autores, sino por su vigencia, virtud de pocos textos y por el hecho paradójico que con cada uno de ellos hay una historia personal.
Alberto Aguirre, fue un periodista y escritor colombiano iconoclasta, irreverente, honesto, con una prosa exquisita, que le permitía decir lo que se le viniera en gana, más bien con el desparpajo de quien siempre está bien informado, nunca le huyo a la denuncia e inauguró en Medellín el periodismo investigativo.
Fue un gran lector, alrededor suyo se formó un grupo de jóvenes aspirantes a ser escritores y autores consagrados,  en una tertulia habitual, cuyo eje principal fue la literatura y la buena poesía, desde una paternidad tacita, atenta, grupo que convocó y produjo ruido en una ciudad clerical y conservadora como siempre ha sido el Medellín de su alma.
Leí de nuevo “Cartas a Aguirre”, la correspondencia con Gonzalo Arango. Como expresa la reseña del texto, publicada por el fondo editorial de la universidad EAFIT, no sólo fue el gran amigo de Gonzalo, sino lo “Animo a escribir, le dio empleo, le financió unos pocos gustos privados y le regalo plata”.
Leer estas cartas, no solo es asistir al itinerario de una amistad enorme, lúcida, de una reciprocidad inenarrable, dos seres, con una pluma excelsa, es también, el encuentro con el género pastoral tan olvidado, desde el alma de dos seres excepcionales por donde se les quiera mirar. Aguirre, cuyas columnas publicadas hace pocos años, ejemplo de buen periodismo, fue editor, traductor, crítico de cine y ensayista, realmente fue un amigo a carta cabal. El prólogo de este texto, escrito por el propio Aguirre, es una crónica de Gonzalo sin parangón, que lo refleja en su totalidad, un Gonzalo por fuera del mito, nos da a conocer al poeta en toda su naturaleza, sobre todo aquellos años de formación de suma importancia para entender su obra.
Gonzalo Arango es un poeta y hombre que siempre deberá tenerse en cuenta cuando hablemos de literatura colombiana, "El nadaismo", su movimiento, levantó olas, atentó de frente y sin cortapisas contra el clero, la clase dirigente y por su puesto las vacas sagradas de nuestras letras. En este blog, hay artículos que relevan todo lo que significó para la historia de la literatura, la toma por asalto de la palabra por estos hombres excepcionales. Hay críticas y análisis, muy claros y rigurosos, que le restan importancia, de hecho, este movimiento abrevo en movimientos de mucha resonancia en el mundo, como los surrealistas, aspecto que no le quita valor.  
Un texto, tomado de la biblioteca, es una apertura  a un universo infinito, el encuentro con mil historias, autores y por su puesto revivir momentos personales con textos olvidados.
Recomiendo este libro en particular, es importante para conocer a dos autores que indudablemente cuentan para la historia de la literatura colombiana.





domingo, 23 de junio de 2019

MI BIBLOTECA


Por efectos de un trasteo, algo así como un castigo, tuve que volver a ordenar mi biblioteca, tener cada libro de nuevo entre mis manos, para recordar porque lo he adquirido, cual es la relación con el autor y que me evoca, en un ejercicio nostálgico, agradable, el itinerario de mis lecturas, la pasión por un ejercicio que se ha convertido en la justificación de mis días y  la única manera de entender mi atribulada vida: el conocimiento y la lectura, el amor por la filosofía y la novela, el encuentro con aquellos versos que me enseñaron la exaltación más lúcida de la belleza: El poema, cuando comprendí la fuerza especifica de las palabras y todo lo que podemos hacer con ellas.
Recordé la importancia de las enciclopedias en mi formación, ahora obsoletas gracias al internet. Borges fue un hombre enciclopédico, le tuvo mucho aprecio a las grandes enciclopedias, de hecho sus primeras lecturas fueron realizadas en estos volúmenes.  Mi padre, compró una enciclopedia en 20 volúmenes, “La universitas” de Salvat editores, fue el encuentro con el conocimiento universal, tuve contacto por primera vez con la ciencia, con la historia, con la biografía y por su puesto con la literatura y el ensayo. Desde estos índices asumí una especie de orden en mis lecturas, orden que aún prevalece.  Aún está conmigo y muchas veces cuando quiero asumir lecturas relajantes, voy a cualquier tomo y de hecho revivo lecturas y temas olvidados. También en 20 tomos y por mi padre tengo los clásicos, desde el Quijote, Montaigne, Dante, Rousseau, hasta los poetas castellanos. Con prólogos de Alfonso Reyes, Borges y German Arciniegas entre otros.
He sido un lector desordenado, avaro, tengo preferencias por autores que hoy casi nadie leería. Siempre he estado atento a la literatura colombiana, a los autores norteamericanos y la novela francesa del siglo XIX, así como a la gran novela rusa. Esto no me impide leer novelistas contemporáneos, menos arriesgar con los autores jóvenes.
Trabajé la fiflosofía Griega, leí a Foucault, Derrida, Heidegger y por su puesto Nietzsche.  Cada texto que tomo en mis manos evoca tiempos de luchas intelectuales inexplicablemente olvidadas. George Steiner, Umberto Eco, Alfonso Reyes, Octavio Paz y Borges, Gabo, Vargas Llosa (El Boom latinoamericano), Bolaños, son autores de mi preferencia, siempre vuelvo a ellos y de hecho estimulan y me llevan a relecturas e itinerarios relajantes.
Son muchos los textos, me fascina este recorrido. La novela y la poesía colombiana completa, los ensayos sobre la misma, la novela inglesa clásica, los grandes ensayos desde el movimiento posmoderno francés que generó con la deconstrucción tanta polémica. Todo Sartre, Camus, Cioran, Kundera.
Textos de economía, sobre la globalización, de geopolítica, la historia de las ciencias, poesía, narrativa. Ahí están, listos para ser leídos o de nuevo abiertos, en una especie de convivencia lúcida. Sería interminable hablar de cada libro, pero para lectores anodinos y sin importancia como el suscrito, estos ejercicios constituyen todo en la vida, la justifican, además de ser grata compañía a la espera del momento final.





jueves, 13 de junio de 2019

BOGOTÁ 39: VOCES PARA CONTAR LATINOAMÉRICA



Hay una renovada pléyade de escritores en plena consolidación, publico este artículo de “El país” de España, es importante hacerle seguimiento al itinerario creativo de esta generaciòn. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE HUERTAS

FRANCESCO MANETTO
19 ENE 2018 - 19:45

La lista de autores del continente menores de 40 años que promueve el Hay Festival de Cartagena de Indias propone una ventana a lo que une y distancia a esta generación
Gabriel García Márquez terminó de escribir Cien años de soledad a los 39. Esa es la edad de corte establecida para la selección de talentos literarios latinoamericanos promovida por el Hay Festival y que la semana que viene se presentará en Cartagena de Indias. Hablar de esta lista, Bogotá 39, implica una suerte de ejercicio de numerología. Se trata de 39 escritores de ficción que aún no han cumplido los 40. Provienen de 15 países. Sus nombres se dieron a conocer en mayo, 10 años después de la primera edición de esta iniciativa. Representan, de alguna manera, una generación. Algunas de las mejores mentes de su generación. 39 propuestas para seguir leyendo.
Entre ellos figuran el cubano Carlos Manuel Álvarez; los colombianos Felipe Restrepo Pombo (director de la revista Gatopardo), Giuseppe Caputo y Juan Cárdenas; los mexicanos Valeria Luiselli y Emiliano Monge; los argentinos Samanta Schweblin y Mauro Libertella; los peruanos María José Caro, Claudia Ulloa Donoso y Juan Manuel Robles; el dominicano Frank Báez; el ecuatoriano Mauro Javier Cárdenas; el chileno Gonzalo Eltesch. Los eligió un jurado formado por los escritores Leila Guerriero, Carmen Boullosa y Darío Jaramillo e integran una antología editada por Galaxia Gutenberg (a la venta el 31 de enero), que se propone “celebrar la buena literatura” y reflejar la diversidad de las letras latinoamericanas.
Cualquier selección de este tipo plantea preguntas e invita a formular hipótesis sobre sus hilos conductores y la naturaleza de los escogidos. Bogotá 39 no pretende ser un canon, algo que por definición solo puede existir a posteriori. Sugiere más bien una conversación generacional en la que destacan los lazos, los vínculos personales, el registro de la primera persona, la narración autobiográfica y la literatura de las pequeñas cosas, pero también la violencia, los entornos urbanos, la idea de frontera o la búsqueda de la representación política a través de códigos no convencionales.

El empeño no es nuevo. Hay una cierta historia de la literatura latino­americana contada a golpe de listas y generaciones. Del casi omnipresente boom de los sesenta a su reacción de McOndo, materializada en una antología publicada en Santiago de Chile en 1996. Lengua de Trapo lanzó en 1997 otra recopilación, Líneas aéreas, y Páginas de Espuma compila cuentos desde 2002 en su serie Pequeñas resistencias. Y si la revista Granta eligió en 2010 a los 22 narradores jóvenes en español, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) promovió el año siguiente el programa Los 25 secretos mejor guardados de América Latina, y en 2016, Ochenteros, una aproximación estética delimitada por la década del nacimiento de los elegidos. En ese hilo crítico, Bogotá 39 pretende ser una hipótesis de futuro, como lo fue la primera selección, que acertó en bastantes de los nombres que osó aventurar.

“La lista es un poco una apuesta. Pero no creo que sea cerrada, definitiva. Si hubiera pensado que aspiraba a lista canónica, no hubiera podido poner un solo voto. De haber cambiado una sola persona del jurado hubiera sido distinta”, explica Guerriero. Jaramillo considera, con todo, que hay algunos nombres indiscutibles. Uno de ellos es Valeria Luiselli, mexicana, nacida en 1983 y radicada en Nueva York. “A pesar de que hace unos años habría dicho que no hay tal cosa como una nueva generación, a medida que van pasando los años, sí es verdad que hay una conversación muy viva de autores que escriben en una misma lengua. La tengo en modo constante y profundo con gente de mi edad”, continúa. “Algunas de esas personas [de la lista] nunca las he visto, pero sí las he leído”. Y esta forma de comunicar genera un diálogo, aunque no sea literal en algunos casos, sobre la diversidad poética, de las formas, el interés por cómo abordar la actualidad, incluso las reflexiones sobre la circulación de los libros en español entre las dos orillas del Atlántico.
Bogotá 39 se publicará en colaboración con 14 editoriales independientes. Y es precisamente el papel que han desempeñado algunos pequeños sellos lo que está empezando a agitar el sector. Esta lista coincide, señala José Hamad, “con algo muy importante que revela un cambio de paradigma”. El trabajo de editoriales como la mexicana Sexto Piso —a la que Hamad se acaba de incorporar como editor tras años de trabajo como cazatalentos literario—, la argentina Eterna Cadencia o la chilena Laurel está contribuyendo a una suerte de emancipación de los narradores latinoamericanos. “Tradicionalmente, había que pasar por Barcelona o Madrid para obtener una legitimación”, continúa Hamad. Ahora “solo hay cinco autores que se publican originalmente en España en esa lista”. Solo la mitad, además, se podían encontrar hasta ahora en las librerías españolas. Las editoriales independientes han dado el primer paso para competir en sus territorios con los grandes grupos. Un fenómeno que abre la puerta a la descentralización y que supone un giro con respecto al pasado reciente.
“Un número significativo salió de escuelas universitarias de creación literaria”, continúa Jaramillo. Se dedican al oficio de escribir en distintos terrenos, del periodismo a la edición, pasando por la producción audiovisual o el teatro. Varios de ellos ya han publicado sus trabajos auspiciados por grandes grupos. Random House tiene ocho autores en la lista, aunque solo dos publicaron su primer libro con esa editorial. Y hay 13 mujeres. El jurado rechazó las cuotas preestablecidas. “Nunca pensamos cuántos hombres y cuántas mujeres teníamos que meter”, asegura Jaramillo, aunque la proporción femenina en el elenco final es más alta que la inicial. En definitiva, incide Guerriero, prevaleció la “libertad de los criterios de cada uno”.

“Creo que nuestra generación recuperó dos cosas que habían perdido prestigio y se veían con desconfianza en las anteriores: el interés por las vanguardias históricas o por las zonas poco exploradas de la tradición y la toma de posición política”, razona Juan Cárdenas. “Lo llamativo es que eso no ha significado que se nos pueda encasillar en un espacio ideológico cerrado ni en una estética precisa. Basta comparar a Emiliano Monge con Eduardo Rabasa y a estos dos con Giuseppe Caputo para ver que estamos en el mismo territorio, pero haciendo cosas muy distintas”. Este último habla de violencia en un país como Colombia, azotado por más de medio siglo de conflicto armado, desvinculándola del imaginario colectivo y planteando un dilema ético y estético: “¿Cómo podemos estar cerca de la representación de la violencia sin crear más violencia?”, se pregunta.

“Los 39 que quedamos podrían ser perfectamente otros 39, y eso habla de una calidad muy grande de lo que se escribe en el continente”, apunta Felipe Restrepo Pombo. “Los del boom tenían vínculos, fueron unidos por Carmen Balcells, fue un proyecto editorial y literario. Aquí vivimos en diferentes países, vivimos muy lejos y creo que tenemos preocupaciones diferentes. Juan Gabriel Vásquez, que formó parte de la primera selección de Bogotá 39 junto a Daniel Alarcón, Guadalupe Nettel o Junot Díaz, describe de forma gráfica esta brecha generacional, aunque lo hace con la advertencia de que se trata de una aproximación. “Una de las maneras de explicar la distancia del boom con nosotros es el cambio del gran angular al microscopio. La presa mayor del boom eran esas novelas que eran un gran fresco de una situación”. Con el paso del tiempo, muchos empezaron a echar mano de la primera persona, del punto de vista. Para Vásquez, entrar en la lista supuso comenzar una conversación con otros autores. “Lo fantástico en el descubrimiento es cuánto nos unen las diferencias, cuánto nos une la atomización de los gustos, la diferencia de intereses”.
Otro de los narradores incluidos en 2007, Ricardo Silva, considera que algo ha cambiado en la década que media entre una y otra lista: la revolución de las redes sociales, que supone un cambio de paradigma para la comunicación y, al mismo tiempo, curte a quien escribe ante el juicio, a menudo gregario, del público. “Vivimos y escribimos en una época de la inmediatez”, agrega Restrepo Pombo sobre ese feedback instantáneo que ofrecen las redes.

Gabo, en cambio, tuvo que esperar casi un año para que la editorial Sudamericana publicara en Buenos Aires las historias de los Buendía. Fue en junio de 1967. Pero entonces el premio Nobel ya había cumplido 40 años.

Hay Festival Cartagena de Indias (Colombia). Del 25 al 28 de enero.

‘Bogotá 39. Nuevas voces de ficción latinoamericanas’, editado por Galaxia Gutenberg, se publicará el 31 de enero.





sábado, 25 de mayo de 2019

MARCEL SCHOWB


Gracias al furtivo encuentro con una alumna de literatura de la universidad Bolivariana de Medellín Colombia volví por este grande de las letras, memorable por ser el precursor de tantos escritores. En una columna de Enrique Vilas Matta en el periódico “El país” de España apuntaba con lucidez al respecto: “Y pensar que hubo un tiempo en que este escritor estuvo olvidado. Se cuenta que allá por los años cuarenta sólo le conocían de verdad en Argentina, donde no había librería ni biblioteca ni sala de espera de un dentista que no tuviera un ejemplar de Vidas imaginarias. La culpa, claro, era de Borges (1), que en 1935 publicó Historia universal de la infamia, inscribiéndose en la estela del autor francés”. Estoy tratando de leer con juicio “Vidas paralelas “de Petrarca y de hecho, busque las alusiones de Alfonso Reyes sobre este texto, dos cosas me quedaron claro ahora que abrevo en el mundo Grecolatino, el mundo clásico, es un universo de una riqueza absoluta, allí se encuentra todo lo pertinente a la naturaleza humana en el fragor de la tragedia. De alguna manera, Marcel Schowb, me evoca siempre estas referencias desde relatos encantadores que tanto gustaron y le sirvieron a Borges, quien fue un divulgador riguroso de su obra.
Es curioso el olvido en que caen ciertos autores de una riqueza textual importante y reconocida por los grandes prosistas: “Una lista selecta de sucesores de Schwob no podría olvidarse de cómo El libro de Monelle (1894) inspiró a André Gide. Y de cómo la estructura de La cruzada de los niños (1896) prefiguró Mientras agonizo, de William Faulkner. En cuanto a Vidas imaginarias, su sombra es alargada: Fleur Jaeggy, Juan Rodolfo Wilcock, Pierre Michon (Vidas minúsculas), Moisés Mori, Danilo Kiš, Antonio Tabucchi (su biografía breve de Antero de Quental en Dama de Porto Pim), Gérard Macé, Rodrigo Fresán (La parte soñada), Roberto Bolaño (La literatura nazi en América)”. Esta lista excluyó al italiano Antonio Tabucchi, es un caso aparte y amerita un estudio especial. Hay una descripción en el prologo de “Vidas imaginarias” que deja ver a este excelso escritor con todo el poder evocador, es magistral: “"Ayer Schwob estuvo en casa hasta las dos de la mañana. Me pareció como si tomara entre sus dedos finos mi cerebro y le diera vueltas, poniéndolo a la luz. Hablaba de Esquilo, comparándolo con Rodin. Analizaba Los siete contra Tebas y la rivalidad de Eteocles y Polínices y la manera geométrica, arquitectural, en que esta obra se halla compuesta: tantos enemigos contra tantos, tantos versos, diez por ejemplo, para cada jefe. . . De pronto la lámpara se apagó. Encendí las velas del piano. El rostro de Schwob quedó en la sombra. Siento que ese muchacho ejercerá en mí una influencia enorme." La tragedia humana se repite de muchas maneras, los problemas del hombre no han rebasado la visión de los Griegos. Lo entendió Marcel, Josep Conrad, Stevenson. Ahora, lo importante de este autor lo constituye su prosa bien hilvanada,  sin la exagerada  adjetivación de estos tiempos, lo simple se vuelve complejo, sus puntuales evocaciones a lo clásico. Bolaños, el gran escritor chileno apunto por ello: “Pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges”, en uno de sus Consejos sobre el arte de escribir cuentos”.
Vilas Matta, remata el artículo con un dato significativo sobre el precursor máximo de Marcel Schowb: “Nos gusta evocarle joven, en plena “conmoción imaginativa” al descubrir en un ferrocarril la prosa de Stevenson. Porque, dicho sea de paso y casi susurrado, Schwob desciende del escritor escocés. Algunos años después del momento epifánico, intactos todavía los efectos de aquella decisiva conmoción, Schwob contó el instante: se había llevado La isla del tesoro para un largo viaje en tren hacia el sur y había empezado su lectura bajo la temblorosa luz de una lámpara de ferrocarril. La aurora meridional teñía de rojo las ventanillas del vagón cuando despertó del sueño del libro, como Jim Hawkins tras el graznido del loro, y vio que tenía ante sus ojos a John Silver y una botella de ron, y que todo flotaba en el viento marino. “Entonces supe que había sucumbido al poder de un nuevo creador de literatura”, escribiría Schwob”.
Volver a Schowb, a Stevenson, a los ensayos de Montaigne, a los grandes cuentistas como Maupassant, a Alfonso Reyes, Octavio Paz y por su puesto Borges siempre será grato.  

(1) En este sentido, André Marcel Mayel (1867-1905), más conocido como Marcel Schwob, nos puede ilustrar perfectamente acerca de esa importancia que la literatura de Grecia y Roma tuvo para la estética moderna. Jorge Luis Borges explica claramente cuál es el signo distintivo de estos pequeños relatos de Schwob: “Para su escritura inventó un método curioso. Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos” (OC 3: 486). Buena representación de la estética simbolista son estas “vidas imaginarias”, cuyos rasgos básicos podemos resumir, a nuestro juicio, en tres:
(a) La brevedad es uno de los rasgos fundamentales, dado que, como el propio Schwob expresa en su “Prefacio”, sólo pretende rescatar algunos hechos recónditos de cada personaje, de ahí que lo anecdótico y lo mínimo cobre una importancia esencial en sus relatos.
(b) Las vidas se encuentran repletas de elementos visionarios y oníricos, unidos en otros casos a aspectos sórdidos. Estos las convierten en
misteriosas y a veces crípticas.
(c) En tercer lugar, cuando se recrean vidas de escritores, sus biografías van a confundirse deliberadamente con sus propias ficciones
literarias, logrando así un texto de marcado carácter metaliterario. ( Francisco García Jurado)



lunes, 13 de mayo de 2019

TRES ESCRITORAS INVITADAS A LA FILBO



Voy escribir esta nota desde la perspectiva de un simple lector anodino, quien ha vivido entre lecturas desde hace muchos años. Acaba de terminar la feria del libro de Bogotá y de hecho la oferta es inmensa, son muchos los libros que deberíamos leer por su calidad y realmente contamos con muy muy poco tiempo para abarcarlos. Los lectores también nos imponemos metas, este año he querido leer la obra completa de Patricio Pron, la pléyade de narradoras hispanoamericanas, quienes han producido un catálogo de obras muy valiosas, esperamos leerlas.
Empiezo hablando de Adelaida Fernández Ochoa, quien ganó el premio Casa de las Américas 2015 con la obra “La hoguera lame mi piel con cariño de perro”.  Es una escritora Caleña, forjada en la academia, escruta la condición del negro y escribe desde la esclerótica de la conciencia del esclavo, su voz es la que cuenta, protagonistas tomados de la misma literatura, concretamente de  “La maría”.  En un portal, me encuentro con esta reseña, cuya síntesis sorprende: “La interesante novela de Adelaida Fernández Ochoa (1957) pp. 53 y 90 (2017:89) La novela es una ampliación variada (o hipertexto) de dos textos bien diversos. Primero es una ampliación y versión diferente de la novela romántica y costumbrista colombiana María (1867) del escritor colombiano Jorge Isaac (1837-1895). Segundo, es una versión histórico-ficticia de su investigación y tesis de maestría titulada Presencia de la mujer negra en la novela colombiana (sus hipotextos)”. Recuerdo a Manuel Zapata Olivella, un escritor que indagó y escribió sobre las negritudes, sus novelas son de mucha importancia desde esta perspectiva, fueron el inicio de una escrutación desde la ficción que representó la creación de voces novedosas, el negro habla. “Aída Fernández Ochoa, viene consolidándose como escritora, entre sus obras  se encuentra “Que me busquen en el río (2006)”, finalista del Premio Nacional de novela del Ministerio de Cultura en Colombia. Es una novela de denuncia. En ella se relatan las masacres ocurridas durante los meses de marzo y abril del año 1990 en el municipio de Trujillo en el Valle del Cauca, donde militares y paramilitares asesinaron a varios miembros de la comunidad por su posible nexo con grupos guerrilleros”.  Ella expresó en un diario, sobre esta obra: “Para el posgrado yo escribí sobre la presencia de la mujer negra en la novela colombiana, para lo que me basé en las del siglo XIX, como María, que es una obra icónica, pero también en algunas más contemporáneas y de ese trabajo surgió la idea de ponerme a escribir el libro premiado”. La apertura temática abreva en la misma ficción, lo que hace más valioso su aporte. Su invitación a la feria no solo es un acierto sino un mérito sustentado en obra muy valiosa y que es importante divulgar.





Otra escritora, formada en Barranquilla, trashumante, viajera incasable, es “Adriana Rosas Consuegra, escritora y profesora de literatura y cine en la Universidad del Norte, Barranquilla. Doctora en Literatura Comparada de la Universidad Autónoma de Barcelona. En Buenos Aires obtuvo un diploma de especialización en Guion Cinematográfico y realizó estudios de cine. Trabajar como ingeniera de sistemas le abrió las puertas a algunos de sus viajes largos y posgrados. Amante del transitar y el observar lento. Es autora del libro de cuentos Frente a un hombre desnudo (Collage Editores, 2014). Sus cuentos, crónicas, ensayos han sido publicados en antologías y revistas en Colombia, Italia, Dinamarca, España y México. Dirige el Taller Caminantes Creativos afiliado a RELATA- Ministerio de Cultura de Colombia, y ha dictado varios talleres de escritura creativa”.

A pesar de no haber nacido en el caribe, es hija adoptiva de Curramba la bella, alentada por la lectura de mujeres, que le dieron aliento a su deseo de ser una escritora de tiempo completo, sus lecturas le han marcado y son evidente soporte en la pasión incontenida que alimenta su mundo creativo, el portal Aurora Boreal, delata parte de este corolario, incluyendo las esperas:  “En el banquete hay sitio para todos. Está Virginia Woolf y su ejemplar de Orlando, Marvel Moreno y su colección de cuentos. Pedro Juan Gutiérrez también tiene su lugar en la mesa, pero debe cuidar su vocabulario. ¡Cómo iba a faltar Cortázar! El juego de rayuela no puede iniciar sin él. Se sabe que Hemingway no llegará a tiempo porque París sigue de fiesta, pero se debe tener cuidado con los insecticidas si Kafka decide asistir. El ejército de Evelio Rosero ya está formado y espera enfrentarse en la guerra que no tiene rostro de mujer de Svetlana”. Felicito a la FILBO, por este acierto.




Agustina Bazterrica, es una escritora argentina, con una novela devastadora, novedosa, no solo por la forma, sino la manera como aborda una temática, esta tiene que ver con el ánimo caníbal de la humanidad, el hombre solo sabe devorar. “Cadáver exquisito presenta un futuro distópico, desolador, con reminiscencias de 1984 de George Orwell, La máquina del tiempo de H. G. Wells y Soy leyenda de Richard Matheson, aunque hay mucho más detrás de ese título que, a su vez, nos remite a una técnica de escritura surrealista”.
Leedor, es un portal argentino que hace una reseña magistral sobre esta novela, que definitivamente hay que leer: “Como en todo buen texto, nada está puesto al azar. Ya desde los epígrafes, se juega con dos motivos que recorren todo el libro: la relatividad de los conceptos de humanidad/animalidad y lo que está detrás de las palabras. Es esta una historia personal pero también colectiva. Es el relato de lo que le pasa a Marcos Tejo –un personaje que nos recuerda mucho a Winston Smith, de 1984; alguien que cumple una rutina, que se debate entre lo que piensa y siente, y lo que está obligado a hacer–, pero también es la historia de una sociedad caníbal. “Después de todo, desde que el mundo es mundo, nos comemos los unos a los otros. Si no es de manera simbólica, nos fagocitamos literalmente. La Transición nos concedió la posibilidad de ser menos hipócritas”, dice  Urlet, un cazador de personas. Estamos en un mundo donde algunos humanos son el alimento de otros humanos, donde algunos son criados como ganado, como animales para la subsistencia de los otros –similar a lo que pasa con los Morlock y los Eloi en La máquina del tiempo–“. Es un hecho, la literatura se renueva para bien de los lectores y que hay una generación importante que debemos tener en cuenta.








miércoles, 1 de mayo de 2019

LENGUAJE Y SILENCIO DE GEORGE STEINER


Releer constituye uno de los placeres más especiales de la vida intelectual, sobre todo, cuando abordamos escritos como los de este gran crítico. Sus textos siempre son de hondo calado, estructurados, bien hilvanados, con referencias filosóficas y sociológicas que nos ayudan a entender la lógica e historia de los conceptos, siempre realiza conexiones sabias con la lingüística y la literatura en relación con el papel de la crítica literaria, apoyado en contextos muy lúcidos, realmente su lectura constituye un aprendizaje de principio a fin.
Steiner explica en el prólogo el objeto de este libro, pese a que son varios ensayos escritos en periodos diferentes, todos tienen un eje que los une con el mismo propósito: “Éste es, ante todo, un libro sobre el lenguaje: sobre el lenguaje y la política, el lenguaje y el futuro de la literatura, sobre las presiones que ejercen los regímenes totalitarios y la decadencia cultural, sobre el lenguaje y otros códigos de significación (música, traducción, matemáticas), sobre el lenguaje y el silencio”.
El desarrollo de las neurociencias, ha ratificado la importancia del lenguaje, que es la materia prima de la literatura y  de la vida. Esta verdad de a puño, la tiene muy clara George Steiner. “¿Cuáles son las relaciones del lenguaje con las criminales falsedades que se le ha hecho expresar y exaltar en ciertos regímenes totalitarios? ¿O con la enorme carga de vulgaridad, imprecisión y codicia que arrastra en la cultura de masas en las democracias? ¿Cómo reaccionará el lenguaje, en el sentido tradicional de código general de las relaciones efectivas, ante el apremio, cada vez más acuciante, cada vez más integral, de códigos más exactos, como las matemáticas y la notación simbólica? ¿Estamos saliendo de una era histórica de primacía verbal, del período clásico de la expresión culta, para entrar en una fase de lenguaje caduco, de formas «poslingüísticas» y, acaso, de silencio parcial? Éstas son las cuestiones que he querido plantear y precisar”.
Hoy con las redes sociales y la proliferación del mundo digital, el lenguaje es cada vez  más dinámico y  responde a presiones novedosas que apenas empezamos a conocer y descifrar. Pese a esta realidad, continua siendo la herramienta básica de la literatura, estos ensayos tratan el tema desde la perspectiva literaria y terminan rebasándola. Es un hecho, con el lenguaje hemos construido el mundo, de igual manera ha servido para justificar múltiples atrocidades  históricas que nos apenan. Hay muchos hechos que han sido justificados desde dispositivos discursivos perversos: “La mansión del humanismo clásico y el sueño de la razón que animaba a la sociedad occidental se han derrumbado casi en su totalidad. Las ideas de adelanto cultural, de racionalidad inherente mantenidas desde la antigua Grecia y todavía válidas en el historicismo utópico de Marx y en el autoritarismo estoico, de Freud (ambos acólitos tardíos de la civilización grecorromana) no pueden ya sostenerse con mucha confianza. Los alcances del hombre tecnológico, en cuanto ser sensible a las manipulaciones del odio político y a las propuestas sádicas, se han prolongado considerablemente hacia la destrucción”. La literatura y la cultura, el lenguaje depurado y la racionalidad no nos eximen de responsabilidades: “Leer a Esquilo o a Shakespeare -menos aún «enseñarlos»- como si los textos, como si la autoridad de los textos en nuestra propia vida hubiera permanecido inmune a la historia reciente, es una forma sutil pero corrosiva de analfabetismo”. Hemos sido testigos de las peores tragedias en medio de actos paradójicos: Sabemos que un hombre puede leer a Goethe o a Rilke por la noche, que puede tocar a Bach o a Schubert, e ir por la mañana a su trabajo en Auschwitz. Los ensayos de este texto van mucho más allá de la crítica literaria, son una indagación del lenguaje atendiendo a su condición performativa y a sus funciones.  “Tanto en el método como en los fines busco algo distinto de la crítica literaria. Aunque conozca bien las limitaciones de estos ensayos, quiero sin embargo que tengan como meta una «filosofía del  lenguaje ». Llegar a tal filosofía debe ser el paso siguiente si queremos acercarnos. a una comprensión de la herencia específica y de la desolación parcial de nuestra cultura, de lo que la ha socavado y de lo que se puede restaurar con los recursos de la inteligencia en la sociedad moderna”.
Hay un concepto de este prologo que me parece absolutamente lúcido, con el que quiero rematar este primer comentario sobre esta excelente obra: “Como dice Roman Jakobson: «Los recursos poéticos ocultos en la estructura morfológica y sintáctica del lenguaje, en suma la poesía de la gramática. y su producto literario, la gramática de la poesía. Rara vez han sido conocidos por los críticos y casi siempre han sido desdeñados por los lingüistas, pero han sido dominados con pericia por los creadores»”.
En la próxima entrega hablaré de como remata este prólogo y agregaré un comentario sobre el primer ensayo.