viernes, 20 de julio de 2018

GABORIO ARTES DE RELEER A GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ ( PRIMERA PARTE)


Las bibliotecas públicas de Medellín Colombia, que visito con asiduidad siempre me dan gratas sorpresas.  En una edición de la editorial Alcala, de la mano del compilador Julio Ortega, encontré un trabajo sobre Gabriel García Márquez de un contenido y factura sin igual. Podría uno decir que sobre Gabo, desde los estudios de Angel Rama en los 60, hasta la fecha se ha escrito y estudiado todo, hasta la saciedad. Releer y volver sobre un autor de tanta calidad, siempre trae nuevas ópticas y perspectivas, nunca acabamos de deslumbrarnos, menos de interpretarlo. En alguno de mis blog, ya había hecho una pequeña reseña de este texto, hoy, después de haber releído algunos ensayos, quisiera ampliar mis comentarios y de hecho aconsejar su lectura. Sobra decir, que los autores del Boom latinoamericano, están más vigentes que nunca, este movimiento y fenómeno fue y es absolutamente vital en el marco de la historia de la literatura hispanoamericana. Ahora, con las dictaduras en Venezuela y Nicaragua, la lectura del “Otoño del patriarca” para entender estos falsos patriarcas, resulta necesaria, es un texto que define la inclinación perversa de nuestros políticos por estas dictaduras, el caudillismo, demuestra que los mesianismo siguen vigentes.
El primer texto es de Carlos Monsivais, lo denomina: “Un relato clásico entre otros”, con un conocimiento innegable describe y habla del itinerario creativo de Gabo, señalando la importancia de cada obra dentro del universo creativo del escritor. Ely Fernandez Hardware, trae un catalogo de tecnología Gábica extraordinario, allí se decante la gran imaginación del autor: Cronógrafo lunar, Lector óptico transversal, Centrifugaador Bíblco, para sólo citar algunos.
Hay textos más personales, menos académicos, narran el deslumbramiento frente a una obra, opera como verdaderas revelaciones de lectores espontáneos, a pesar de lo importantes. Felipe Cussen es uno de ellos, lo mismo la de Jorge Carrión y Armando Luigi Castañeda.
En cambio Gustavo Faberon Patriu, denominado “La realidad in absentía”. Constituye un ensayo contra los lugares comunes, aquellas verdades que se van convirtiendo en realidades irrefutables de tanto nombrarse: El realismo mágico”, por ejemplo. Dice el autor: “Espero, más bien con la seguridad que tenemos todos sobre el asunto, compartir con otros lectores de GGM mi impresión de que su obra pretende mucho más que la típica conversión de lo imposible en posible, dentro del seno idisioncrástico latinoamericano, o la absorta celebración del inverosímil como definitorio de un carácter regional”. Adorables lectores, que texto este, a partir de esta premisa desarrolla un ensayo que denota la capacidad del autor para sobre-pasar los clichés y entregar una cartografía novedosa del mundo creativo de Gabo.
Pedro Ángel Palau, entrega un texto biográfico, igualmente esclarecedor. Calíhn Andrei Mihailescu, nos deja ver en su ensayo el encuentro entre un lector y una gran obra, las vicisitudes desde muchos puntos de vista, el encanto y el deslumbramiento que produce una obra maestra, en medio de la soledad implícita del lector. En este caso, con la obra de Gabo.





miércoles, 11 de julio de 2018

LOS NUEVOS.


Encontrar personas enamoradas de la literatura y quienes incursionan per se en el mundo creativo, mundo lejos de su profesión, resulta grato en un país de ágrafos, sobre todo en este caso, cuando su autora es una persona joven, lectora e inquieta por su puesto. Natalia vive en la ciudad de Medellín, asiste a talleres de literatura en la biblioteca piloto de la ciudad, este es el primero de tres cuentos que publicaré en este blog. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE

Por: Natalia Castro Serna.
 “No tiene piedad” —dijo Valencia, secándose el sudor de la frente con la mano y organizándose bajo el sombrero el montón de cabello crespo que ya buscaba camino hacia su rostro. Hundía la pala en la tierra y la sacaba a ritmo constante, como una máquina.
“Decime cuándo Carreño ha sentido algo de eso” —repliqué, alzando la mirada hacia un cielo tan azul, que bien podían los azulejos camuflarse en su vuelo.
“El sol, Leo, este sol no tiene piedad —contestó Valencia casi en un murmullo—. Al menos de Carreño nos libramos los viernes cuando se va a la ciudad, pero de este sol…”
Esa mañana nos habíamos levantado de los lechos de hoja de palma más temprano de lo normal, para organizar las palas y los guantes en la casucha que servía de depósito de herramientas. El Iguano Molina, quien siempre patrullaba durante la noche, nos había dado con su aliento mohoso el último trabajo de parte de Carreño. El sol subía y nosotros cavábamos.
Poco antes de mediodía llegaron los nuevos. Valencia y yo, listos cada uno con una pala y una fosa ya abierta, observamos las escasas nubes pasar por el cielo mientras a los nuevos los bajaban de la hilux 4x4. Nunca quisimos mirar. Veíamos fijamente el cielo —tan lejano de esta podredumbre— un poco también para no escuchar el peso de aquellos cuerpos contra la tierra.
“Tenés razón moro. Este sol no tiene piedad. Pero la de agua que va a caer” —murmuré.
 “Eso es en los funerales, Leo. La gente reza y llora, y dizque dios llora con ellos y por eso caen esos aguaceros. Acá no hay quién llore a estos muertos.”
Un montón de tierra, otro más, y otro. El sol ardía y nosotros cumplíamos. Apestaba a aceite de cocina, carne descompuesta, heces y perfume de mujer. Se iba cubriendo un pie, una mano. El encendido del motor se confundió con el ruido de la ametralladora. Valencia se desplomó en la fosa. Yo alcé los ojos y vi el cañón de un fusil. Una gota de agua cayó sobre mi frente.

lunes, 9 de julio de 2018

ASÍ SUENA RITA INDIANA



Dos cosas quiero destacar frente al artículo sobre esta excelente escritora Caribeña: Primero la distancia que tenemos Con la literatura del Caribe y Cemtro America, las cuales no solo tienen una tradición importante, sino que siempre se están renovando. La otra, felicitar al periódico “El tiempo” de Colombia donde lo he tomado, pues el nuevo formato y dirección de sus lecturas dominicales es un refresco para la literatura y la cultura y una grata contribución a su divulgación en Colombia. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE
La escritora dominicana es una de las voces más particulares de las letras caribeñas. 
Por: Andrea Uribe Yepes 

Cuando Rita Indiana no está de gira promocional, musicalizando una película o trabajando en algún guion para cine o televisión, está consumiendo arte y pensando en su próximo libro. Si le preguntan qué está viendo o leyendo hoy, les va a decir que
está volcada en series de terror y clásicos griegos. Pero si le hubiesen preguntado mientras estaba construyendo Hecho en Saturno, su nueva novela, es probable que estuviera entre lecturas de William Burroughs, Jim Carroll, Virgilio Piñerao Kazuo Ishiguro. Lo que no está claro es qué hubiera respondido cuando tenía catorce años y vendía poemas y cartas de todos los estilos en su colegio en la República Dominicana, aunque se puede adivinar.


“Lo primero que escribí fue un cuento que mi mamá ama, sobre un chico ciego en el lobby de un hotel”, dice Rita. Cuando lo escribió ya tenía el hábito de leer unos tres libros por semana. La primera vez que publicó lo hizo en la revista Vetas, la única publicación periódica de literatura que existía en la República Dominicana; ahí escribió poemas y cuentos y empezó a encontrar sus sonidos. Han pasado más de veinte años. Hoy tiene 41.

La literatura de Rita Indiana está marcada por Ovidio, Lovecraft, Philip K. Dick, Richard Wright y Alejo Carpentier; también por la cadencia de las palabras dominicanas, por la cotidianidad y el pasado de Santo Domingo, por la migración de sus compatriotas, por su fijación con el cuerpo, la sexualidad, las tradiciones mágico-religiosas del Caribe, por la música y las mezclas, el arte y la crítica social. Rita Indiana es plural, bebe de tantas artes y de tantos conceptos como puede, y de las historias que va oyendo por ahí. “La novela es el espacio donde me siento más cómoda”, cuenta, aunque ha pasado por el cuento, la poesía y la música. Es una escritora que ha sabido pintar Latinoamérica, pero sobre todo es una dominicana que no se queda quieta.
Sin embargo, no fue por medio de su literatura que se convirtió en una figura pública en la República Dominicana. Fue por la música. En 2011, junto a su banda Rita Indiana y Los Misterios, lanzó el disco El juidero, que tuvo un éxito para ella inesperado y que la llevó a enfrentarse a la fama, muy fuerte en su país y –aunque menos–también en el exterior. Su vida se volcó a las redes sociales y su agenda se llenó de entrevistas y conciertos para tocar canciones que sonaban así: merengue con un poco de blues y
rock, muchos sonidos tropicales latinos y letras que contaban historias. 
Durante ese tiempo, en el que fue más cantante y compositora que escritora, ella era la Mostra.  Este fue el sobrenombre que los fanáticos adoptaron para referirse a Rita y a su cuerpo enorme –mide 1,90–, delgado, andrógino, que no pasa desapercibido; un cuerpo que ella prefiere vestir con ropa de segunda mano, holgada, tenis –a los que se acostumbró desde cuando montaba patineta de niña– y relojes grandes. Pero Rita se cansó de la atención que vino con su música y eso la llevó a tomar de nuevo la literatura como su proyecto principal.


La literatura y la música no tienen en ella tanta diferencia: en ambas puede alzar la voz. Y de su deseo de hablar duro sobre la corrupción en su país nació Hecho en
Saturno
, su nueva novela, que será publicada en Colombia el próximo mes(por la editorial Periférica). Es una historia que hace zoom a un personaje –Argenis Luna– que apareció por primera vez en La mucama de Omicunlé (novela que publicó en 2015) y que ahora se ubica entre la República Dominicana y Cuba para encarnar al hijo de un militante de izquierda durante la dictadura acallada de Joaquín Balaguer (presidente en tres periodos, entre 1960 y 1996).De la mano del Partido de Liberación Dominicano, termina siendo un político que representa el statu quo dominicano y una pieza de la corrupción.


La novela comienza en Cuba, a donde llega Argenis para ser tratado por su adicción a la heroína. Es la primera vez que este país es escenario de la obra de Rita Indiana, aunque es muy cercano a sus intereses y sus afectos: “A Cuba he viajado unas cinco veces, a visitar amigos –cuenta–. Es un país que adoro y cuya historia reciente me obsesiona. Fue el faro de revoluciones, pero también ha sido un faro cultural importantísimo, el lugar de donde salieron Lezama Lima, Lydia Cabrera, Wifredo Lam, Gutiérrez Alea. Vanguardia del pensamiento y el arte”. La otra mitad de la historia se desarrolla en la República Dominicana, casa y centro de toda su obra.

Pero su trabajo tiene una característica evidente que no excluye ninguna de sus novelas ni de sus canciones: todos los escenarios que imagina pueden ser cualquier
barrio latino y todos los personajes pueden haber habitado cualquier realidad de este lado del mundo
. Sí, la República Dominicana es la cuna de sus procesos creativos, pero en sus ficciones se convierte en un espejo evidente de cualquier país latinoamericano. Hecho en Saturno, ella misma lo dice, no es ajena a esto:  "Conozco muchos Argenis por toda Latinoamérica, hijos de exmilitantes que todavía buscan su lugar en el mundo, aplastados por el pasado de sus progenitores o por su desempeño actual en las redes de corrupción internacional”.
No es la primera vez que el tema de la corrupción y el poder impacta su literatura y el año pasado rompió su prolongado silencio musical precisamente para cantarle a eso. “Regreso, como dijo un trovador, para incomodar al que vive en el confort y para reconfortar al que vive en la incomodidad”, escribió en su cuenta de Twitter cuando compartió un nuevo tema con tintes claros de denunciaEl castigador, una canción
directa que habla desde adentro. Con una rabia que suena así: “Por cada peso que se han tumbado, santa tristeza la casa les llene. El que le quita al pobre es el peor cobarde. Aquí planto bandera contra los que se clavan a este pueblo jodi’o”.


Otro tema que también atraviesa de forma permanente su narración es el peso de lo que viene de atrás. “Los efectos de nuestro pasado colonial están por doquier –explica Rita–, afectan de forma directa nuestras decisiones, nuestro estilo de vida, nuestros sentimientos, sobre todo hacia el otro. Hay que mirar hacia atrás para poder entender ciertos procesos y sanar ciertas heridas”.Y en esa vía, las huellas que dejan los padres, las ciudades donde vivimos y las culturas que adoptamos pueden ser tan grandes que terminan definiendo lo que somos.

Es el caso de Argenis. La imagen de Saturno aparece justamente así. En la mitología griega, Saturno y Ops–diosa de la fertilidad– tuvieron seis de los doce dioses y diosas del Olimpo. Pero Saturno, desconfiando de que fueran a robarle el trono como él lo hizo con su padre, Urano, se los comía a medida que nacían. En la novela esta historia opera como una analogía perfecta: las ideologías que se entierran para ganar cierta comodidad y la vergüenza que esto significa terminan envenenando todo alrededor y aniquilando a Argenis.
La figura de Saturno que estaba en la cabeza de Rita era la del dios devorando a su hijo, el de las pinturas negras de Goya, un artista que le ha interesado:“Me llama la
atención su capacidad productiva, su fisicidad. Su trabajo pictórico es muy físico y de esa rudeza él se aprovecha. Una de las formas en que su trabajo inaugura la modernidad es con ese desparpajo, con esa brutalidad”.


Esa pintura en particular y la figura de Saturno aparecieron cuando estaba escribiendo un capítulo de la novela, pero es por azar que haya incluido una imagen de Goya. Tanto en Hecho en Saturno como en La mucama de Omicunlé, el artista español es una especie de ángel de la guarda de Argenis, un favorito suyo y de otros
personajes y una excusa para hacer algo en lo que ella cree (y que el protagonista necesita): reivindicar la artesanía de la pintura.


Antes de empezar a definir su cotidianidad con pinchazos de heroína, Argenis pintaba y su arte era valorado en la República Dominicana. En la novela, la pintura
es un símbolo de desacuerdo y contravía con lo establecido. A finales del siglo XX, hubo un desprestigio de la técnica para montar en el podio las prácticas artísticas más conceptuales
, pero “la pintura vuelve siempre,como Jason, el de Viernes 13 –dice–. Para mí, las prácticas artísticas que demandan de talento, técnica y tiempo nunca vana caducar. Al contrario, la difusión por internet ha fortalecido la pintura, el arte urbano, el rescate del outsider art, la ilustración. Todos son fenómenos interconectados con una nueva apreciación de la pintura”.
En su escritura no hay nada furtivo. Antes de dedicarse de lleno a escribir, Rita Indiana comenzó las carreras de Bellas Artes e Historia del Arte y su vida social en la
República Dominicana hoy está llena de artistas, curadores y críticos. Este contacto, tal vez, es el que la ha llevado a tener en muchas de sus novelas pequeños pensamientos y disertaciones sobre arte; pero también hay que pensar en su música como una performance y en sus libros como piezas de arte contemporáneo. Cada una de sus novelas está enmarcada en un concepto; cada una es una pieza de algo más
grande. Hecho en Saturno, por ejemplo, está planteada como la segunda parte de La mucama de Omicunlé y está anunciado que hay una nueva novela que completará la trilogía. Lo que une estos libros es la crítica al poder. Es arte contemporáneo contestatario y en pie de lucha.


La estrategia de Chochueca (2000), Papi (2011) y Nombres y animales (2013) conforman otra trilogía, que ella bautizó “la de las niñas locas”, pero no están conectadas por un personaje o un escenario, sino más bien por el lenguaje y por una actitud delirante y a veces ensordecedora. Papi, por ejemplo, es un rap que sale de la
garganta de una niña de ocho años que espera su padre mafioso regrese como un dios. Nombres y animales es más cotidiana y más diversa. Habla del descubrimiento
sexual, del maltrato a los haitianos, de historias mágicas. La estrategia de Chochueca tiene un tono más adolescente, sin descuidar en ningún momento el impulso de retratar una ciudad furiosa; es una novela refrescante que han vinculado a referentes dela generación Beat norteamericana. Cada una tiene un color y un sonido diferentes,
pero las reúnen las voces femeninas siempre construidas con lenguaje callejero dominicano, cubano, puertorriqueño, con los sonidos sin consonantes del Caribe, con el inglés traído de a poquitos y que se fusiona para una armonía única.

Estas trilogías, si bien tienen puntos de contacto, no se quedan en el mismo territorio. Su literatura se puede mover entre el espectro de la ciencia ficción y el realismo mágico. Puede hablar como lo hace su música mutante, cálida y popular, al tiempo que presenta una radiografía completa de temas como la diáspora latina y la soledad del migrante. Su trasfondo siempre es social, pero se vale de la estética y todos sus posibles soportes y lecturas. Ese es su arte. Cada uno de sus universos es activista y esquizofrénico, pero nunca se repite. Cada una de las novelas de Rita suena distinto.


sábado, 30 de junio de 2018

LA ESQUINA DE JHONY ( RELATO)



La rutina también genera trascendencia, esta no se crea sólo desde lo que reconocemos como grandes acontecimientos, solemos medirla casi siempre por logros y  resultados que consideramos de suma importancia en nuestra escala de ascenso: El nacimiento, nuestros estudios, la graduación, la boda etc...etc., siendo fundamentales, no son los únicos, pareciera que el día a día no vale. Lo mismo pasa con los espacios, aquellos lugares donde transcurre la mayor parte de nuestra vida, algunos muy especiales parecen no contar dentro de nuestros recuerdos, curiosamente los traemos muy poco a nuestra mente, bastante etéreos por cierto: La ciudad, el colegio, la universidad. Siempre existen espacios entrañables, con un sabor a permanencia único, tienen imán y son inclasificables. En la floresta un barrio tradicional de Medellín Colombia, ciudad todavía con grandes manzanas al viejo estilo del cuadrante que nos dejaron los españoles, en una esquina, se encuentra la tienda del amigo Jhony. Es especial por todo: Su ubicación, mantiene un fresco gracias a unas corrientes de aire que la privilegian; tiene una terraza que le da un aire mediterráneo,  y es el punto de encuentro de un grupo de gente heterogéneo, de clase media, que la ve como su segundo hogar, cuando llegan a este lugar encuentran una atmósfera de cofradía única, tal vez por la renuncia espontanea a los egos, de hecho se comportan con sentido de gratitud y amistad, extraño en esta época llena de intereses y egoísmos, aquí no hay diferencias que ofendan, pese  a que se dan debates de toda índole, hay dialéctica. Cuando conocí el sitio me pareció en principio una tienda como todas. Con el tiempo empecé a ver el sentido de pertenencia de sus clientes, eso que los reyes del mercadeo llaman fidelización, pero con una diferencia absoluta, la gente se siente como en su casa, se comporta con sentido de congregación, la libertad es el eje que los une: Para comprar, para ver el fútbol, para beber, siempre con cierto toque de importaculísmo. Cuando se encuentram, saludan con sentido familiar, sin ataduras, se sienten como en casa, con una excepción, aquí nadie regaña, nadie cohíbe.
Su dueño Jhony, es un ser igualmente excepcional, frentero, perdió la pena hace mucho tiempo, sincero, no tiene problema para decir algo por feo que parezca; guarda una amabilidad inenarrable, mucha calidad  y un sentido humano sin igual.  Es un Antioqueño  a carta cabal, padre de una hermosa hija y con una esposa que le ayuda de sobremanera, leal y siempre en su lugar. Esta tienda me recuerda la cueva de Barranquilla, el lugar que se hizo famoso por ser el punto de reunión de un grupo de escritores en los años cincuenta del siglo pasado, que engalanaría las letras colombianas años después: Gabo, Cepeda Samudio, Fuemayor, German Vargas, el sabio catalán, no por ser esta esquina un punto de encuentro propiamente de intelectuales, sino por el sentido de la amistad entre lo cotidiano, una especie de vecindad bien construida, capacidad de asociación sin miserablesas, sin arribísmos. En los últimos días hemos compartido el mundial de futbol, posamos de comentaristas doctos, aquí a nadie se le indilga nada, la democracia es total. Este lugar, es un remanso….difícil encontrar sitios que nos llenen tanto. Los espacios también desaparecen, se vuelven recuerdos que se van diluyendo. Espero este nos acompañe por mucho tiempo.



martes, 26 de junio de 2018

DE LECTURAS Y OTROS TEMAS

Un artículo leído por casualidad, se preguntaba cuantas obras de mitad del siglo pasado se leen hoy, se refería por su puesto a la literatura Colombiana, señalaba el cumulo de novelas, antologías, libros de poesía, ensayos, que hoy están en el olvido, ni se citan si quiera, estoy hablando del común de los lectores, del ciudadano de a pie, pues tan sólo un sector especializado de la crítica y la academia, los traen a colación en estudios muy importantes, pero en cierta forma son marginales. Cuántos autores sobreviven a una generación. En la pasada feria del libro de Bogotá, me quede impresionado de la oferta tan vasta, lo que me dejó muy satisfecho de cierta forma, pese a que nos coloca en una posición incómoda como lectores, debemos escoger entre ese bosque las lecturas de nuestra predilección y preferencias, pues es imposible abarcar semejante universo, al final, cuántos textos sobreviven. El tema ha sido tratado por muchos críticos con absoluto rigor. Del siglo XIX, realmente qué autores Colombianos tienen vigencia, me refiero a que se lean realmente, tengan cierta popularidad. Citaría a “María” de Isaac y  a Silva como poeta. No son los únicos  con valor literario por su puesto, hablo de aquellos autores que se leen actualmente, los que sobreviven en el tiempo en cierta forma.  Pasa lo mismo con el principio del siglo XX, nadie recuerda un autor, están en total olvido. Pongo un ejemplo puntual. Estoy leyendo algunos ensayos de Eduardo Caballero Calderón compilados en un texto editado por Villegas Editores, bajo el nombre de  “Hablamientos y habladurías”, está descontada la calidad de la narrativa de este excelente escritor, del conocimiento profundo de la literatura universal, de Cervantes, de Proust, del cual no solo fue un lector asiduo, sino un estudioso apasionado de su obra. Sus artículos de prensa fueron una verdadera guía en materia literaria. Realice una encuesta casual entre jóvenes, algunos lectores muy serios y casi ninguno conoce a cabalidad la obra de este autor, menos sus ensayos: “Ancha es Castilla”, muchos trabajos sobre literatura Francesa….En fin. En estos días se publico la totalidad de la obra de Marvel Moreno, escritora Barranquillera de mucha importancia, resalta el desconocimiento total de esta autora or las nuevas generaciones. Me pasa lo mismo con muchos autores leídos en el 70 del siglo pasado, hablo de literatura universal, pocos sobreviven. Los clásicos, esos textos que nunca pierden vigencia, en el caso Colombiano: María, La vorágine, Cien años de Soledad, La tejedora de coronas, para citar algunos, se siguen leyendo y realmente son muy conocidos. Pero son pocos, sí se mira el espectro de publicaciones de cada tiempo. Cuantos autores de esta época se leerán en pocos años. Es un interrogante. Siempre cito al poeta Guillermo Valencia, fue el poeta nacional, hablo de principios del siglo XX, hoy ha caído en el olvido. Estos son esbozos de un lector desprevenido, así de simple. 





domingo, 3 de junio de 2018

DOS TEXTOS EMBLEMÁTICOS DE SUSAN SONTAG


Voy hablar de dos libros publicados en español hace mucho tiempo de esta excelente novelista, ensayista y pensadora Estadounidense, a la que he vuelto de nuevo: “Cuestión de énfasis” y “Estética del silencio”, volví a disfrutar una prosa exquisita, rigurosa, de una factura llevada casi a la perfección, Susan fue un hito para las letras norteamericanas y para el mundo, sus posiciones como intelectual son de mucha valía: Opinó sobre lo divino y humano, sus aportes como ensayista aún son un referente de suma importancia, no han perdido vigencia por supuesto.
“Cuestión  de énfasis” reúne varios ensayos de literatura, uno que otro de cine y sobre algunos autores de su predilección. Será siempre grato encontrarse con una escritura de tanta hondura y  sabiduría. Tomemos el primer ensayo como ejemplo. En él saltan a la vista las dotes de crítica excelsa. Se llama: “La prosa de un poeta”. Empieza con una frase lapidaría: “Yo nada sería sin el siglo XIX Ruso”, frase pronunciada por Camus en una carta de homenaje a Pasternak. Ella lo expresa de otra manera: “El siglo XIX que cambio nuestras almas fue hazaña de prosistas. Su siglo XX ha sido, casi por entero, hazaña de poetas; si bien no solo en poesía”. Ratifica adelante: “Los poetas sostuvieron las opiniones más apasionadas de su propia prosa: todo ideal de seriedad inevitablemente bulle de desprecio". Empieza a elubricar desde diferentes ópticas la relación y diferencias entre la prosa y la poesía en una época especifica, debate que tiene muchas articulaciones, realmente se ha suscitado desde hace mucho tiempo, no por ello es carente de importancia. Expresa refiriéndose al siglo XX de los poetas rusos: “Fue característico que los poetas se entregaran a una definición de poesía como un empeño de tal inherente superioridad ( la meta más eminente de la literatura, la condición más eminente del lenguaje) que toda obra en prosa se volvía una empresa inferior; como si la prosa fuese siempre una comunicación, una actividad de servicio”.  Trae a colación la posición de Tsvietáieva, dice la poesía en cuanto cúspide del empeño literario, lo cual supone  la identificación  de todo gran escrito, aunque se trate de prosa, con la poesía”. Brodski, otro gran poeta ruso lo dice de otra manera: “En contraste con el modelo más exaltado y perceptivo de la poesía (cuyo verdadero objetivo son  los objetos y los sentimientos absolutos), es obligado tener al poeta por aristócrata de las letras y al prosista por burgués o plebeyo; sí la poesía es la fuerza aérea; la prosa es la infantería”. Valery citado por la autora expresa: “La prosa es la poesía, lo que el andar a la danza: la supuesta superioridad inherente de la poesía en los románticos apenas se limita a los grandes poetas rusos”. El contraste no sólo se refiere a la velocidad, desde luego, sino a la masa: la naturaleza compacta de la poesía lírica frente a la cabal extensión de la prosa”. Un poeta casi siempre escribe en prosa sin problemas, en cambio un prosista difícilmente puede hacer poesía. “Pero el meollo sin duda no es que escribir poesía sea menos rentable que escribir prosa, sino que es singular; la marginación de la poesía y su público, lo que antaño se tenía por un oficio común como tocar un instrumento musical, parece en la intimida coto de lo difícil e intimidante”. Ya no se escribe poesía con la misma pasión ni generalización. Es tarea de muy pocos. Por eso ser poeta “Es definirse, y persistir en seguir siéndolo”. De igual manera el poeta que ejerce la actividad crítica sigue siéndolo, al prosista le es casi imposible hacer poesía.  Al final dice: “Los límites de la  prosa y la poesía se han vuelto mucho más difusos, unificados por el ethos maximilista propio del artista moderno; crear una obra que alcance sus propio extremos”. La prosa a evolucionado: impaciente, ardiente, elíptica, en general en primera persona; que a menudo emplea formas discontinuas o quebradas, y sobre todo, obra de poetas”. Remata: “La prosa de un poeta es la autobiografía del ardor”.

LA ESTÉTICA DEL SILENCIO

Así comienza: “Cada época debe reinventar para sí misma el proyecto de “espiritualidad”. (Espiritualidad = planes, terminologías, ideas sobre cómo comportarse para resolver las dolorosas contradicciones estructurales inherentes a la condición humana, a la consumación de la conciencia humana, a la trascendencia). En la época moderna, una de las metáforas más trajinadas para el proyecto espiritual es el “arte”. Una vez reunidas bajo esta denominación genérica (innovación bastante reciente), pintar, hacer música, escribir poesía, bailar, entre otras, han demostrado ser un ámbito particularmente adaptable para montar los dramas formales que acosan a la conciencia, puesto que cada obra de arte individual es un paradigma más o menos astuto que sirve para regular o conciliar estas contradicciones. Por supuesto, es indispensable renovar continuamente dicho ámbito. La meta que se adjudica al arte, cualquiera que sea, termina por surtir un efecto restrictivo cuando se la coteja con las metas más vastas de la conciencia”. El ensayo, habla del arte como expresión de conciencia, qué papel juega y como se renueva en sus objetivos frente a lo que representa la dimensión humana, en tiempos tan convulsos y diferentes?: “. El período moderno del arte comienza en el momento en que nace el “arte”. A partir de entonces, cualquiera de las actividades incluidas en él se convierte en una actividad profundamente problemática, y es lícito poner en tela de juicio no sólo todos sus procedimientos sino también, en última instancia, su derecho mismo a existir”. Remata: “La elevación de las artes a la categoría de “arte” genera el mito principal sobre el arte, a saber, el que concierne a la “naturaleza absoluta” de la actividad del artista. En su primera versión, más irreflexiva, el mito abordaba el arte como expresión de la conciencia humana: la conciencia en busca de su propio conocimiento”. El arte entonces no es simple expresión, la toma de conciencia y la posición del artista expresada en la obra v mucho más allá de lo meramente artístico. Lo dice de otra manera: “Así como la actividad del místico debe concluir en una vía negativa, en una teología de la ausencia de Dios, en un anhelo de alcanzar el limbo de lo desconocido que se alberga más allá de lo conocido, y en el silencio que se encuentra más allá de la palabra, así también el arte debe orientarse hacia el anti-arte, hacia la eliminación del “sujeto” (del “objeto”, de la “imagen”), hacia la sustitución de la intención por el azar, y hacia la búsqueda del silencio”. La crisis se traduce en muchas ópticas, expresiones y maneras de materializarse en la obra. No desconoce los problemas: “Pero la versión más moderna, en la cual el arte forma parte de una transacción dialéctica con la conciencia, plantea un conflicto más profundo, más frustrante: el “espíritu” que busca corporizarse en el arte choca con la naturaleza “material” del arte mismo. Se desenmascara la gratuidad del arte, y la misma condición concreta de los instrumentos del artista (y, sobre todo en el caso del lenguaje, su historicidad), se presentan como una trampa”. Al final, la autodestrucción, la obra, el arte y por ende el artista se niegan.
La entrada al silencio como factor fundamental de expresión también cuenta: “Rimbaud ha ido a Abisinia para enriquecerse con el tráfico de esclavos. Wittgenstein, después de desempeñarse durante un tiempo como maestro de escuela en una aldea, ha optado por un trabajo humilde como enfermero de hospital. Duchamp se ha dedicado al ajedrez. Al mismo tiempo que renunciaba de manera ejemplar a su vocación, cada uno de estos hombres proclamaba que sus logros anteriores en el campo de la poesía, la filosofía o el arte habían sido triviales, habían carecido de importancia”. El silencio no anula la obra, le da portento”. Al final no es el  silencio sino la ruptura, la toma de conciencia que implica no hablar, no expresarse, no aparece: “La finalidad característica del arte moderno, la de ser inaceptable para su público, expresa, a la inversa, que para el artista es inaceptable la presencia misma de un público, en el sentido moderno de un conjunto de espectadores voyeuristas. Por lo menos desde que Nietzsche comentó en The Birth of Tragedy que los griegos no tenían la idea del público tal como la conocemos nosotros, la de personas presentes a las que los actores hacen caso omiso, gran parte del arte contemporáneo parece sentirse estimulado por el deseo de eliminar al público del arte, empresa que a menudo se manifiesta como una tentativa de eliminar por completo el “arte”. (¿En beneficio de la “vida”?)”. Ahora con las instalaciones, con el arte conceptual, con la toma de posiciones expresadas en muchas obras de vanguardia entorno al mundo y su tragedia, el arte toma la palabra de otra manera, sienta posición.
No queda más que leer este excelente ensayo y discutir con una autor que está más viva que nunca









domingo, 13 de mayo de 2018

LECTURAS VARIOPINTAS


Marguerite Yourcenar es una escritora a la que siempre vuelvo, me deleita su prosa excepcional, perfecta, su obsesión por lo clásico, en general la excelencia de sus textos, su escritura alcanza niveles inigualables, su vida y por lo tanto su biografía es a todas luces atractiva, fue una trotamundo, recibió una herencia cultural muy rica, la pasión desmedida por la lectura, su  existencia definitivamente fue diferente a todo lo que he visto, más siendo una mujer que se enfrento a las imposturas de una sociedad ortodoxa e iconoclasta.  Sus memorias publicadas en un solo tomo por la editorial Alfagura resultan ser un bocado de cardenal.  Está compuesta por “Recordatorios” “Archivos del norte” y “Que la eternidad”.  La reseña del texto es explicita y expresa con todo rigor el contexto de estas memorias: “En este ambicioso proyecto, escrito desde 1972 hasta su muerte en 1987, la Yourcenar evoca a los abuelos, a su padre, y también a su propia infancia y juventud. “Los retazos de una vida son tan complejos como la imagen de una galaxia, escribe la autora de memorias de Adriano, “Como sería su rostro antes de que tu padre y tu madre te encontraran”[1].  Termina diciendo: "A la manera renacentista, Yourcenar se sirve del pasado para hablar del presente. Es una moralista que nunca da lecciones de moral". Patricia Daumas y Silvia Molina en un trabajo introductoria a unos textos suyos para la UNAN, la define con mucha lucidez: “A simple vista, lo primero que resalta de la obra de Marguerite Yourcenar, cimentada en una vasta cultura clásica, es una aparente diversidad de temas, épocas, personajes y lugares: la Grecia Antigua de Fuegos, el Oriente de los Cuentos orientales, los Países Bálticos de El tiro de gracia, el paisaje austro-húngaro de Alexis, la Italia de Mussolini de Denario del sueño, la Roma Imperial de Adriano, el Flandes del siglo XVI de El alquimista... Su escritura no se basa directamente ni en la experiencia ni en el recuerdo sino en el rescate de los momentos esenciales de la historia; pero su talento está al servicio de la literatura, y el hilo que une toda su obra es la recuperación de una memoria colectiva y de la sustancia del hombre y su pasado”[2]. Estoy releyendo recordatorios, definitivamente es una experiencia como lector extraordinaria.  A la vez, leo de ella “Una vuelta a la cárcel”,  es un texto sobre el Japon, habla por ejemplo de Basho un monje Girovago que vivió en el siglo XVII, el libro marra en esencia muchos viajes por este país, incluye los escritos sobre Mischima.  Es un mirada llena de asombro y admiración por una cultura que siempre la cautivo.
Me le he metido a un texto de Enrique Serrano, novelista e historiador, es un análisis de nuestro pasado, hablo por supuesto de mi país, Colombia,  controvirtiendo ciertas verdades que no son tan ciertas como parece y dándole al pasado nuevas interpretaciones que nos ayudan a comprender la tragedia que siempre nos rodea. Expresa el autor en libro: “Intentaré desterrar esa idea y, a cambio, preguntaré por qué al pueblo colombiano parece importarle tan poco su pasado, mientras que otras naciones, incluso algunas hacen de su historia un solemne edificio —así su pasado sea espurio y esté edificado sobre algún mito— en el cual fundamentar el presente y sus aspiraciones, consolidar sus grandes proyectos o irlos realizando a partir de lo que creían ser, aquello que creían propio de sí mismos, ya sea que ello resulte muy glorioso o, por el contrario, sea producto exclusivo de la humillación y la derrota[3]”. Constituye una mirada novedosa, por su puesto generará muchos debates, de eso se trata.




[1] Reseña del texto. Alfagura. El laberinto del mundo.
[2]
[3] Colombia historia de un olvido. Enrique Serrano. Pagina 11