domingo, 15 de enero de 2017

LA LITERATURA AFRICANA

He leído muy poco de la literatura de este continente, este año me propongo dedicar la mayoría de lecturas a sus autores más emblemáticos,  el universo creativo es extenso, original, rico, pese a seguir buscando imponer una voz propia, recurriendo al cumulo de reservas gracias al inconmensurable bagaje de una tradición milenaria, que parecía perderse en el proceso de occidentalización, lastre de un colonialismo harto traumático, paradójicamente le ha dado un corpus muy particular, el amalgama de estas dos miradas generaron una literatura valiosa, que el mundo empieza a reconocer, leer y estudiar con rigor. España es un país que siempre ha estado muy comprometido con los escritores Africanos.
Como lector itinerante, aquel que le saca tiempo a la vida para estos menesteres, es difícil estar al tanto de todo lo que se produce en el mundo. Ahora que los países escandinavos están en momento creativo explosivo, que tienen en su haber una gama de escritores valiosos, lo mismo que la literatura Irlandesa, para sólo hablar de algunos países, es complicado seguirle el paso a tanta publicación.  Seleccionar y priorizar se vuelve una actitud necesaria. Al final ayudados de la prensa y de las buenas revistas, vamos leyendo lo más afín a nuestros gustos. La literatura Africana de hecho está en boca de los especialistas, está pasando algo parecido al boom latinoamericano de los 70, pero este continente extenso y variopinto hay que abordarlo en principio desde las obras más importantes, una especie de antología. En todo caso no estoy tan alejado de su producción, he leído algunas obras, la labor apenas comienza.   
El callejón de los milagros de Naguib Mahfuz, me parece una obra de suma importancia no sólo para la literatura Africana sino para el concierto mundial, las historias entrecruzadas de un Barrio egipcio en una narración polifónica, escrita en 1947, el escritor quien abreva en la más antigua tradición ( Por ejemplo, las mil y una noche) para describir la sociedad moderna en que se crió, el Cairo en el caso concreto, narrando como la gente enfrenta no solo  la sobrevivencia, sino a la más ancestral tradición cargada de radicalismos en medio de retos nuevos, inimaginables, desde el callejón, lugar del barrio donde ocurren la mayoría de hechos, el cual termina siendo un personaje más,  describe un mundo completo, de la mano de una prosa cercana al realismo mágico nuestro, exaltada, entretenida, atrapa al lector desde la primera página y por supuesto atiende a la naturaleza humana en toda su complejidad.
He leído mucho a John Maxwell Coetzee, para mí es un escritor de culto, tiene una cofradía y lectores que le seguimos y esperamos con cierta pasión paranoica, sus temas siempre escrutan la naturaleza humana en sus más corrientes y complejos conflictos, siendo los mismos históricamente hablando, en cada personaje suyo vuelven a ser abordados con una mirada novedosa y sorprendente, terminan dominados por cierta impotencia frente al peso de ciertos hechos, derrotados.  Cuando un hombre cae en “Desgracia”, la existencia se desflora en sus más caóticas consecuencias, se le cae toda la estantería, su caos, el caso del profesor de esta novela, empieza con la decisión de una meretriz con la que tenía encuentros sexuales muy puntuales y quien decide encauzar su vida y abandonar esa penosa forma de ganarse la vida.  El corolario de hechos desgraciados del profesor de literatura inglesa nos deja atónitos. Me encanta el tono de la historia, lleno reflexiones muy sabias[1], el personaje (Laurie) a pesar de sus arrogancias, de cierta terquedad que nos saca de casillas, cautiva. Este texto es también una mirada a la vejez, al implacable tiempo.
He leído Wolw Soyinka, Nadine Gordiner, además algunas antologías del cuento  y de la tradición oral, ensayos,  he visto conferencias de los propios escritores, donde se analiza la atribulada  relación y paternidad con occidente, pasado que aun pesa mucho. Hay una África negra, blanca, mestiza, subsariana, el espectro es amplio y complejo
Ahora que he comenzado a realizar una mirada completa de la literatura Africana: Chimananda Ngozi Adichie, Mia Couto, Chinua Achebe, Wole Soyinka, Nadine Gordiner, Alain Macbankou, Ndalu De Almeida, para sólo citar algunos, empiezo el proceso de búsqueda, oteo entre bibliotecas y librerías. Esperaremos como me va en esta virtuosa intromisión.













[1]
 Como ella lo complace, como el placer que le da es inagotable, él ha terminado por tomarle afecto. Cree que, hasta cierto punto, ese afecto es recíproco. Puede que el afecto no sea amor, pero al menos es primo hermano de este. Habida cuenta del comienzo tan poco prometedor por el que pasaron, los dos han tenido suerte: él por haberla encontrado, ella por haberlo encontrado a él.

domingo, 8 de enero de 2017

SE NOS FUE RICARDO PIGLIA

La muerte de Ricardo Piglia me ha conmovido de sobremanera, soy un ferviente admirador de su obra, leo sus ensayos y veo sus conferencias siempre sobrecogido por la calidad de sus textos y la lucidez de su óptica. La columna que transcribo de Juan Cruz expresa mejor que nadie el sentimiento que me embarga.

JUAN CRUZ

RICARDO PIGLIA, CREADOR DE PALABRAS, CREADOR DEL MUNDO



Ricardo Piglia tenía en sus manos el mundo; en el suyo propio cabían todos los mundos. Un creador de palabras. Las palabras no necesitan movimiento: existen en su puridad extrema, nada las alimenta sino el sueño, el conocimiento. Era Piglia cuando se disponía a hablar, de pie, sentado, andando, ante un público multitudinario, ante cuatro amigos, en una cena en la que antes había ruido, cháchara, y de pronto él se alzaba, desde un silencio que parecía subrayado por su sonido de garganta opaca, Piglia, la idea de Piglia, lo que estuviera diciendo Piglia. Hay voces que desordenan, porque vienen de la ocurrencia. La palabra de Piglia ordenaba: cualquier cosa que fuera a suceder y pareciera un terremoto se apaciguaba en su voz, hallaba en él el encanto de la belleza o el desencanto del drama bien explicado. Era un racionalista del desorden del mundo, empezando por su propio mundo. El no se hizo un memorialista porque quisiera dejar por escrito lo que hacía; de hecho, no hizo memoria, sino pensamiento, recreación de lo que veía, y al escribirlo lo ordenaba como hacía en la conversación. No había dos Piglias o tres, había un solo Piglia y era todos los Piglia que ahora se han ido con él al silencio absoluto. Escucharlo era prolongar lo que habíamos escuchado de otros grandes hombres, de Platón a nuestros días, pasando, naturalmente, por Jorge Luis Borges o por Gustave Flaubert; era a la vez un inventor en el mundo como el ciego argentino que inventó El Aleph, y el creador de universos de ficción que parecían extraídos de la corrosión de la realidad.
Leer a Piglia era leer con Piglia. Esa sabiduría suya no era la de un erudito, pues un erudito es alguien que sabe y lo echa todo en la estantería. Era un pensador itinerante, hablaba igual que escribía, oyéndose a sí mismo libros que no había leído nunca, pues los estaba escribiendo en ese instante. Vi esa capacidad en dos seres muy distintos, Borges que reía mientras hablaba, y Paz, que era serio hasta riendo. Piglia escribía novelas para quitarse de encima del hombro ese sabio que fue, lector desde antes de leer; me contó un día, cuando ya tenía la enfermedad rompiéndolo, cómo se disfrazada de lector, a los cuatro años, en la calle, para hacer que los demás creyeran que ya él leía. Un hombre le dijo desde lo alto (“quizá fue Borges”, me dijo de broma) que el libro que creía leer estaba al revés. Siempre le escuché hablar de leer; pero era una noble impostura. En realidad estaba habitado por su propia lectura, lo que se leía hacia adentro, y acaso por humildad citaba a otros, para que no se sintiera que él estaba dando de sí lo que había aprendido sin otra interferencia que la de la vida, ese resplandor que al final lo ayudó a superar la trascendencia de lo que le pasaba. Y cuando ya parecía no tener nada sino dolor, siguió leyendo, siguió dictando, siguió siendo el lector Ricardo Piglia.
Me dijo una vez que ese Emilio Renzi de sus ficciones acaso era el verdadero Ricardo Piglia. Como si viviera todas las vidas en una, este hombre que sufrió la desventura del dolor venció la impaciencia que tuvo el tiempo para pararle el mundo. Ahora lo veo caminando por un patio oscurecido de Madrid, agarrando con su mano dolorida el suéter marrón de sus mañanas en el otoño de la ciudad. Luego lo veo hablando, ante un público que ignoraba de dónde venía tanto verbo lleno de la energía del saber, y luego lo veo sentado ante una mesa, hablando con esa voz queda que también le hurtó el tiempo. Era, como Borges, el lector siempre despierto, capaz de decirle a la muerte, espera, estoy leyendo. Piglia, creador del mundo, dios sin iglesia haciendo que el mundo habite en una sola palabra, más acá y más allá de los libros. Qué escritor, amigos, qué escritor permanece entre nosotros leyendo.












jueves, 5 de enero de 2017

UNA LECTURA DE LA HISTORIA COLOMBIANA



El texto de Harari “De animales a dioses”, con toda la lucidez de su concepción y la calidad de una prosa que hace lo difícil fácil, demostró con este excelente libro, hasta qué punto la historia siempre tendrá nuevas maneras de abordarse, además que es de suma importancia el punto de vista del autor, quien siempre la somete a escrutaciones novedosas en busca de verdades muchas veces inalcanzables. Yo estudie la historia de Colombia en textos épicos de autores muy comprometidos con intereses partidistas, estaban más preocupados en ocultar la verdad que en revelarla, sus propósitos casi siempre correspondían a coyunturas específicas además de ser matizada por héroes y hazañas, las demás de las veces mentirosas. Ahora con todas las discusiones que se han dado en torno al conflicto armado de los últimos cincuenta años, pese a los excelentes trabajos sobre la violencia en Colombia publicados, sobre todo por la academia, está claro que es pertinente revisar de nueva la historia de esta época tan tergiversado últimamente. Traigo el tema a colación porque estoy leyendo la historia de Colombia por Antonio Caballero con el apoyo de la Biblioteca Nacional. Paradójicamente me recuerda la pluma de Enrique Caballero, su tío, un historiador poco convencional del siglo XX, quien nos entregó textos sobre el siglo XIX y XVIII, que aún recuerdo con gratitud por su particular visión. El libro de historia de Antonio Caballero, que está sólo publicado en la red, de antemano se opone a esa historia iconoclasta y oficial que tanto daño nos hizo, su propósito no  es otro que acercarse a la verdad de nuestro pasado que hasta la fecha sigue inexplicablemente sin revelarse en toda su compleja trama. Su prosa, como la de Eduardo Caballero, Lukas Caballero y el propio Enrique, periodistas y escritores muy importantes de nuestro país, es impecable, directa, respetuosa de la normas gramaticales, con un manejo de la ironía que se cuida mucho de exageraciones y sobre todo agradable y encarretadora. El texto responde a un orden, desde el encuentro de dos mundos, 1492 hasta el paramilitarismo de estas últimas décadas. Hasta ahora podemos leer las primeras entregas que resulta una entrada exquisita. Este es link, espero sea el gusto de mis lectores.

http://bibliotecanacional.gov.co/proyectos_digitales/historia_de_colombia/index.html






martes, 27 de diciembre de 2016

INTIMIDADES CONGELADAS

En diciembre suelen darse listas de libros, los mejores del año, bien sea por ventas, por su excelencia narrativa, en ella caben aquellos que recomendarías por alguna razón especial, casi siempre relecturas y por su puesto las acostumbradas antologías por categoría de lo editado en el año (novela, poesía, no ficción, ensayo, ciencia...) que ameritan tenerse en cuenta según el criterio de cada publicación o autor. La de la revista “Arcadia” de Colombia es muy completa, lo mismo la de “Babelia” del periódico “El país” de España. Estas listas suponen lectores de tiempo completo lo que realmente hoy es casi una utopía, muy pocos vivimos en esa compulsión irresponsable de querer leerlo todo. Es difícil en ese bosque escoger el árbol que nos aporte, no solo una lectura agradable, sino que al final nos produzca ese sentimiento de exaltación que suelen provocarnos los buenos libros, porque nos cambian, nos aportan, suman al final.
Quiero referirme a una lectura que me tiene encantado, me refiero a Eva Illouz con un texto que se llama “Las intimidades congeladas”. Descifrar el momento histórico para mí siempre es de suma importancia y esta autora lo logra con una lucidez asombrosa: “Tradicionalmente, los sociólogos entendieron la modernidad en términos del advenimiento del capitalismo, de la aparición de instituciones políticas democráticas o de la fuerza moral de la idea de individualismo, pero prestaron escasa atención al hecho de que, junto con los conceptos familiares de plusvalía, explotación, racionalización, desencantamiento o división del trabajo, la mayor parte de los grandes relatos sociológicos de la modernidad contenían otra historia colateral en clave menor, a saber, las descripciones o los relatos del advenimiento de la modernidad en términos de emociones”. No solo escruta las consecuencias del capitalismo en el sujeto, en el hombre de a pie, con todas sus imposturas, sino todas las dís-funcionalidades y las des-armonías que nos generan angustias y malestar, las emociones en suma, el cumulo de lo que sentimos. Su mirada está soportado en el pensamiento de los grandes filósofos y sociólogos de mitad del siglo pasado, en el proyecto de la modernidad, los textos y discursos que lo hicieron posible desde la ilustración: “Por más que no sean conscientes de ello, los relatos sociológicos canónicos de la modernidad contienen, si no una teoría desarrollada de las emociones, por lo menos numerosas referencias a éstas: angustia, amor, competitividad, indiferencia, culpa; si nos tomamos el trabajo de profundizar en las descripciones históricas y sociológicas de las rupturas que llevaron a la era moderna, podremos advertir que todos esos elementos están presentes en la mayor parte de ellas.  Lo que quiero destacar en este libro es que cuando recuperamos esa dimensión no tan oculta de la modernidad, los análisis de lo que constituye la identidad y la personalidad modernas, de la división entre lo privado y lo público y su articulación en las divisiones de género, experimentan un gran cambio”. Este texto lleva varios años de publicado, realmente no lo había referenciado, pero ahora que lo leo, estoy gratamente sorprendido, es un hecho que la relación del sujeto con los poderes instaurados, las servidumbres y la manera como vivimos en el marco del capitalismo imperante, situación que para la mayoría de sujetos no está resuelta desde la perspectiva de  la justicia social, es más una impostura de la que difícilmente escapamos, en una economía global como la actual, que no permite disidencias,  en medio de las tecnologías de la información y el conocimiento, las cuales  han trasformado sustancialmente a este sujeto y su relación  con el medio.
Nancy Fraser ha trabajado el tema con mucha hondura, sus textos son emblemáticos y en ellos enfatiza el grave problema de la distribución de la riqueza, como se dan las diferencias, como se traducen en la escasez de oportunidades´, trabajo que comenzó estudiando la discriminación de la mujer: “Así pues, en general nos enfrentamos a una nueva constelación. El discurso de la justicia social, centrado en otro momento en la distribu­ción, está ahora cada vez más dividido entre las reivindicaciones de la redistribución, por una parte, y las reivindicaciones del reconocimiento, por otra”. Desde el feminismo ha hecho evaluaciones y descripciones de la manera como se expresa el capitalismo en el sujeto a través de la distribución y el reconocimiento.
Estas lecturas confirman que la escuela sociológica del siglo XX, que tanto le aportó a la filosofía y al estudio de las sociedades pos-industriales continua de alguna manera produciendo textos lucidos que explican estos contextos tan importantes.

















domingo, 18 de diciembre de 2016

TEXTO Y CONTEXTO 2

Quisiera referirme de nuevo a este tema, titulo de uno de los ensayos más lúcidos de George Steiner, exponer la infinidad de conexiones que podemos articular alrededor de una obra.  Depende de cada lector quien matiza su mirada y su relación con el texto de múltiples maneras. Carolina Sanin una inteligente escritora, profesora de literatura y crítica Colombiana en su última columna de la revista “Arcadia”, comenta la poca importancia que le da al contexto histórico de una obra, explica que este debe ser descubierto al interior de la misma, que en todo caso, para sus alumnos lo tiene en cuenta, pero que siempre hace esfuerzos para recordarlo en cada obra, al final, para ella este no es tan importante. “Babelia”, el suplemento literario del diario “El país” de España acaba de declarar el libro del año los relatos de Lucia Berlin “Manual para mujeres de la limpieza”.  Su vida, una verdadera novela, recuerda los periplos extremos de los poetas malditos de la Francia del siglo XIX, la divulgación de su atribulada existencia  ayuda a disparar  las expectativas por su obra, sobra decir que para la crítica especializada siguen siendo de suma importancia. La relación entre los aspectos biográficos del autor y el texto, aspectos que muchas veces los publicistas de las editoriales terminan convirtiendo en mito con el ánimo de impulsar un mercado, y los cuales la crítica, sobre todo los estudios académicos, descifran y develan con mucho rigor, pese a su importancia, no desplazan al texto,  desde Poe constituyen un basamento que es imposible eludir, pero la obra se sobre-pone a estas articulaciones.
El texto, sin caer en los pecados propios del estructuralismo, constituye un cuerpo, un universo, que sobrevive al autor y a todo el contexto histórico que pretendamos elucidar. Toda obra nace en circunstancias especiales desde la perspectiva histórica, incluyendo el entorno del escritor, aquellos aspectos meramente personales. “El coronel no tiene quien le escriba” de Gabriel García Márquez, tal vez sea el mejor ejemplo, la relación con el contexto histórico en que fue concebida y escrita por el autor son fundamentales sí se quiere ahondar en un estudio genealógico más incisivo, las circunstancia existenciales del escritor son de igual manera imprescindibles para entender ciertos tics del texto y el propio contexto al interior del mismo develan algunas claves de la génesis del cuerpo narrativo y de su estructura.  Miremos los comentarios de  Carolina Sanin al respecto: “Promuevo la lectura fuera del contexto: en el texto. Les digo a los estudiantes que en el texto está el contexto. Que el contexto son el texto. Que el contexto son el texto, la totalidad de la lengua y el lector. Que la vida de uno es el contexto de lo que uno lee, y además, eso es irreversible. Enseño literatura, no historia de la literatura”. Estas elucidaciones que además Carolina expone desde la esclerótica del amor, tienen mucho sentido: “Creo que sí tratamos de entender un poema, entrevemos como fuimos al escribirlo, cuando lo leemos con atención (Cuando lo contemplamos, lo analizamos, lo partimos y lo juntamos y nos demoramos en sus espacios) el poema- o cualquier obra de arte-nos dignifica, pues nos enseña que es ser humano, y que después que un ser humano alcanza-y no alcanza- en suma, creo que leer y amar son una sola cosa, una sóla cancelación del tiempo. Leer hace que nos amemos así mismos”. Dice  Steiner: “ Las configuraciones psicológicas de la lectura, los reflejos de conciencia que organizan nuestra ingestión, (Termino de Ben Jonson) del texto, no son ciertamente, menos temporales, menos el producto de la intrincada coincidencia de opciones innatas y ambientales, aquí como en la historia del arte o de la forma musical, el momento cogniscitivo más simple implica procesos interactivos y en constante movimiento, que van desde los neurofisiológicos, por un lado, hasta los elementos más inestables y difíciles de de documentar de la moda, la contingencia social, y el accidente local por el otro”.  Establece después: “La mayoría de los actos de lectura, digamos el 95 %, simplemente para ejemplificar la tosquedad de la evidencia, se dán en un contexto ( adviértanse las proximidades ininteligibles, y sin embargo vitales, , de texto y contexto) se objetivizan con relación a los fines que no pueden llamarse sino  efímeros, utilitarios, mecánicos, casi sonámbulos”.

Un texto siempre remite a otras referencias, pese a no necesitar el entrevero de estas articulaciones muy comunes en la crítica especializada. Citati, el gran crítico Italiano, nos ha enseñado a mirar las obras desde adentro, sin contexto. Desde su universo construye todas las miradas, para nada se sale del texto, la obra siempre se contiene en una totalidad, no necesita referencias de ningún orden. Lo interesante es que el lector tiene la palabra. La relación del texto con su lector es rica en matices, de esto no hay duda.

sábado, 10 de diciembre de 2016

LA JUVENTUD COLOMBIANA Y NUESTRA LITERATURA

Pocas veces se hace el diagnostico sobre el conocimiento de la literatura Colombiana de  nuestra juventud, el nivel de compromiso en este ámbito, cómo se articula esta relación en un mundo dominado por las TIC, con mucha prevalencia de los medios digitales. En este semestre he visitado de manera continua las bibliotecas públicas de Medellín, he conversado con estudiantes de literatura y con lectores espontáneos sin ninguna formación profesional. También soy un asiduo visitante de las principales librerías de la ciudad y en estos sitios de igual manera he escrutado este tópico. No dejo de asistir a los eventos en que se presentan nuevos libros, esto para dejar en claro, que de alguna manera puedo ser testigo de cargo de cómo vibra esta relación. Varias son las realidades. La primera, ya no populan los lectores compulsivos de otros tiempos y son muy pocos los sitios de encuentro para hablar de literatura, la juventud cada vez se aleja del texto y más bien se acerca al mismo a través de otros medios tecnológicos más acordes con su mundo. Aún así, pese a que se venden muchos libros, no se leen. Segundo, el acercamiento a los más importantes textos de nuestra literatura: “María”, “La vorágine”, " Cien años de Soledad" ,la poesía de Silva,  para citar sólo unos, la información que obtuve fue de personas absolutamente distantes, la mayoría de veces los interrogados desconocen estas obras, los jóvenes están leyendo autores contemporáneos, pero no nuestros clásicos, algunos muy populares, más por gracia de los medios de comunicación, me refiero aquellos libros que han servido para montar series televisivas, series que han tenido mucha popularidad, su vigencia se debe más a los artificios de la publicidad que a su calidad.
A esta especie de apatía imperante contribuye la ausencia de una crítica rigurosa, llamativa y que fomente la lectura, por este camino el conocimiento de nuestra literatura ya no es importante, ni siquiera para los lectores asiduos, la oferta de textos extranjeros es muy grande . Quede estupefacto, de comprobar cómo la juventud desconoce la mayoría de los autores emblemáticos de nuestra literatura. Tomé a Héctor Rojas Herazo como ejemplo, realice una encuesta alrededor suyo y después de mucho preguntar entre la juventud,  su desconocimiento era casi general. Con un problema adicional, a la juventud no le preocupa esta falencia, la lectura de textos es cada vez menos importante para su formación. En todo caso, no se puede afirmar que la batalla esta perdida, pues en otros países la lectura de literatura es popular y de suma importancia. Que estamos haciendo desde la gestión pública. Colombia tiene una de las mejores redes de Bibliotecas públicas. Hay una política de fomento a la lectura rigurosa. Tal vez debemos ser más ingeniosos en el acercamiento del joven al texto. Pascale Casanova, está excelente crítica, escribió: “¿Es posible restablecer el eslabón perdido entre la literatura, la historia y el mundo, y al mismo tiempo mantener una completa percepción de la irreducible singularidad de los textos literarios? Segunda, ¿puede concebirse la literatura como un mundo en sí? Y en tal caso, ¿podría una exploración de su territorio ayudarnos a responder la primera pregunta. Cómo darle a entender a nuestra juventud la importancia de la buena literatura, como memoria, desde la perspectiva hedonística, como descubrimiento del mundo estético propio y de la visión particular narrada por nuestros escritores a través de sus obras más importantes”.
Funda lectura realiza un labor encomiable. Los libros y las bibliotecas en las paradas de autobús son un recurso de suma importancia, reglar libros en el transporte público y fomentar lecturas, labores en las que no cede son una buena política. Fuera de esto, gestiona políticas públicas a favor del fomento de los lectores y por su puesto en el conocimiento de nuestras letras. La lectura cumple un papel vital en la vida nuestra, como formación y como memoria, Alberto Manguel recordaba:
“¿En qué consiste ese extraño sentimiento de intimidad compartida, de sabiduría regalada, de maestría del mundo a través de un mero juego de palabras? Éste es un paseo por la historia de los libros y por las obras de algunos de esos grandes hechiceros responsables del paraíso de la lectura. Memoria, intimidad, imaginación, sentimientos, inteligencia, aventura y descubrimiento son algunas de las palabras que reivindican el estatus de un placer que nos hace más humanos.
Como la experiencia muestra, la debilidad de nuestra memoria olvida fácilmente no sólo los actos ocurridos hace mucho tiempo, sino también los recientes de nuestros días. Es, pues, muy conveniente y útil poner por escrito las hazañas e historias antiguas de los hombres fuertes y virtuosos para que sean claros espejos, ejemplos y doctrina para nuestra vida, según afirma el gran orador Tulio". Así comienza la novela que, entre los pocos libros perdonados de la biblioteca de Don Quijote, el cura rescata por ser "un tesoro de contento y una mina de pasatiempos": el Tirant lo Blanc de Joanot Martorell y Martí Joan de Galba. "Llevadle a casa y leedle", le dice a su compadre el barbero, "y veréis que es verdad cuanto dél os he dicho"[1].
Después agrega, refiriéndose a la lectura: “Pero ¿qué es este placer? ¿En qué consiste ese extraño sentimiento de intimidad compartida, de sabiduría regalada, de maestría del mundo a través de un mero juego de palabras, de entendimiento adquirido como por acto de magia, de manera profunda e intraducible? ¿Por qué nos lleva a rechazar ciertos libros sin misericordia y a coronar a otros como clásicos de nuestra devoción si algo en ellos nos conmueve, nos ilumina, pero por sobre todo nos deleita?”. Tal vez la respuesta a estos interrogantes, nos permitan fomentar más el conocimiento de nuestras letras, que es un poco el rescate de nuestra memoria y de la identidad a travez de las obras de literatura más importantes.










[1]Elogio de la lectura”. Alberto Manguel. http://elpais.com/diario/2006/04/22/babelia/1145662750_850215.html


domingo, 4 de diciembre de 2016

UN LIBRO SOBRE LAS HERIDAS DEL PASADO GANA EL PREMIO CLARÍN NOVELA


Tomado De la revista “Ñ” del periódico “Clarin” de Argentina
El texto elegido fue escrito por Carlos Bernatek, nacido en Avellaneda en 1955. La Historia en la vida personal.
Después de la espera, de los saludos, en el Teatro Coliseo, llegó la noticia: el ganador del Premio Clarín Novela es Carlos Bernatek, un escritor que nació en Avellaneda en 1955 y actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional.
La novela se llama El canario, que es el apodo de Maidana, el personaje sobre el que gira la trama de la novela. El canario explora el pasado reciente de la Argentina, el pasado truculento de los Años de Plomo. El tema aparece de manera infrecuente porque Maidana es un conscripto que accidentalmente va a parar a la ESMA y es testigo involuntario de los horrores que allí ocurren. Logra salir pero queda marcado de manera definitiva. Todo está contado por un narrador testigo que es Javier, un hombre autoexiliado, que vuelve a la Argentina de los 80 para encontrar un país en el que los bares se han transformado en estacionamientos y que ve con desencanto.
En la sala, habían esperado la decisión personalidades de la política, la cultura y el periodismo. Entre ellos, el ministro de Cultura, Pablo Avelluto; el titular del Sistema de Medios Públicos, Hernán Lombardi, la subsecretaría de Cultura de San Isidro, Eleonora Jaureguiberry; los escritores Claudia PIñeiro, Guillermo Martínez, Daniel Guebel y Patricia Suárez; los editores Augusto Di Marco, Julieta Obedman, Daniel Divinsky y Kuki Miller, entre otros.
En la sala, antes de proclamar al ganador, se leyó la lista de los diez finalistas. Algunos llevaban "hichada", que los vivaba al ser nombrados. Pero el que subió fue Bernatek, quien contó que éste es su décimo libro, que tiene su origen hace veinte años y que cuando lo volvió a tomar, tanto los personajes como él habían cambiado.
El autor vivió muchos años en la ciudad de Santa Fe. De hecho La noche litoral, su última novela está protagonizada por un hombre que se busca la vida en esa ciudad.
PRIMERA PÁGINA DE LA NOVELA
Fue como nacer de nuevo, pero viejo. El tiempo, como una clase de combustible fósil, se había consumido demasiado rápido. Y ya era tarde para muchas cosas. Tarde para preguntarse, por ejemplo, como el irlandés Yeats, si ¿había acaso otra Troya para que ella incendiara?
Porque esa ella, en mi caso, no era Helena, sino la juventud, los años más o menos salvajes, quemados sin sentido ni nostalgia. Edad peculiar los cuarenta: excesivamente tarde para muchas cosas, demasiado temprano para el retiro, una especie de vejez prematura con atisbos de juventud tardía. Una verdadera cuarentena de dudoso final.
Al menos sabía que nadie me buscaba: mis osadías de muchacho, de exasperado, eran causas prescriptas, algo en realidad insignificante en comparación con todo lo ocurriera en éste lugar después de mi partida. Ni siquiera estaban vivos los que podrían reclamarme algo. La ley, la norma –como siempre lo supuse- es un papel que alguien, un empleado menor, una secretaria, un cadete, de pronto olvida, extravía, omite (...)
Mirá también: Un libro sobre las heridas de la Dictadura gana el Premio Clarín Novela