martes, 15 de enero de 2019

LAS LECTURAS DEL 2018 (2)


La última novela de Santiago Gamboa el escritor Colombiano se llama “Volver al oscuro valle”. Esta fue una de las experiencias como lector más gratas: varias historias entretejidas que tienen un factor común: La venganza, una mirada al pasado de personas que, por alguna razón tienen un eje que las une al final en tal propósito por esos azares del destino, que no son tan casuales. El autor desde cada personaje va tratando los temas que hoy agobian a la humanidad: El terrorismo, la migración, la xenofobia, la saturación de la información y por su puesto la soledad. El drama del regreso constituye el vértice desde donde gravitan estas historias. El punto que agrupa a varios de sus personajes es la vuelta al pasado, cada uno busca resolverlo. Entre capítulos va narrando las vicisitudes más del mundo creativo del poeta Rimbaud. Amerita su lectura, de verdad que es una muy buena novela.
Me encontré el año pasado en la biblioteca pública  la floresta en Medellín  una antología sobre Gabriel García Márquez excelente, uno supone que sobre Gabo se ha escrito todo y se sorprende de escrutaciones de este talante por lo novedoso, el texto se llama: “Gaborio artes de releer a Gabriel García Márquez”, no queda más que aconsejar su lectura.
Volví a leer al Marvel Moreno, la escritora Barranquillera, no solo su novela: “En diciembre llegan las brisas”, sino algunos relatos: “Algo tan feo en la vida de una señora bien, 1980 y El encuentro y otros relatos, 1992”, sus re-ediciones fueron un regalo para los que hemos valorado su obra, que como todo en este país se olvida.
Hablando de mujeres lúcidas, leí un texto que no conocía y que aún sigo trabajando, estoy hablando de Susan Sontag y los libros son: ““Cuestión de énfasis” y “Estética del silencio”, volví a disfrutar una prosa exquisita, rigurosa, de una factura llevada casi a la perfección y cuando se trata de ensayos de literatura, toma posiciones y realiza análisis profundos y puntuales, focaliza desde una esclerótica particular en donde siempre aporta, desmenuza los textos sin caer en la dispersión.
Encontré las memorias de Marguerite Yourcenar, en un solo tomo. Publicadas por la editorial Alfagura resultan ser un bocado de cardenal.  Está compuesta por “Recordatorios” “Archivos del norte” y “Que la eternidad”. Es una escritora a la que siempre vuelvo, me deleita su prosa excepcional, perfecta, su obsesión por lo clásico, en general la excelencia de sus textos, su escritura alcanza niveles inigualables, su vida y por lo tanto su biografía es a todas luces atractiva, fue una trotamundo, recibió una herencia cultural muy rica, la pasión desmedida por la lectura, su  existencia definitivamente fue diferente a todo lo que he visto, más siendo una mujer que se enfrentó a las imposturas de una sociedad ortodoxa e iconoclasta.
Sebastián Pinedo Buitrago, publicó, texto que ubiqué también oteando en bibliotecas públicas: “Breve historia de la narrativa Colombiana”. Una amplia gama de libros, con un trabajo riguroso, con mucho peso intelectual y de una profundidad sin parangón, producidos en los centros de investigación de la mayoría de nuestras universidades no tienen la divulgación que amerita. Sebastián Pinedo Buitrago es un escritor e investigador de muchos quilates, que a favor de la literatura colombiana, nos entrega un trabajo formidable sobre la historia de la literatura desde sus autores más emblemáticos. Esta lectura fue de lo exquisito del año pasado.
Hay libros que nos han esperado por años. Editorial “La carreta” de Medellín, publicó hace unos años un texto llamado “Grandes pensadores de la política” cuyos compiladores son José Lopera Builes y Raúl Alberto Botero Torres. La virtud del texto lo representa la calidad de los pensadores, constituyen el eje del pensamiento político contemporáneo: Pierre Bourdieu, Norberto Bobbio, Nicolás Maquiavelo, John Rawls, Durkheim, Marx, Marx Weber, Gerardo Molina, Nicos Poutlanzas, Richard Rorty, Thomas Hobbes. Sus autores, los ensayistas de cada uno de estos textos, son académicos cuya trayectoria y lucidez no tiene duda, Per se, es sorprendente la perspectiva en que ha sido tratado cada pensador, las articulaciones con el momento y las variables que son ejes y conectores para instrumentar análisis puntuales.
Los relatos contenidos “En los mares del sur” de Louis Stevenson, sobre las experiencias y observaciones efectuadas en las islas Marquesas, Pomotu y Gilbert, escrito desde la perspectiva de un antropólogo (Este señalamiento es muy personal, ha sido señalado por otros de igual manera) al que se le adicionan cualidades literarias sin parangón, de una calidad indiscutible, con una prosa alucinante, e donde el autor, sorprendido por la capacidad de usurpación de la humanidad, que siempre suele tomarse lo que no le es propio, desconociendo a los otros, eso que llamamos civilización, que en este caso, como en toda conquista es un acto de rapiña. Estos viajes furtivos, en busca de una cura para la tuberculosis, resultan ser una crónica que desde la esclerótica de un hombre Europeo, sin ninguna pretensión, quien se  sorprende ante la inconmensurable riqueza de estos pueblos del pacifico frente al entramado que significa la conquista e invasión de quienes se abrogan un derecho, desconociendo a los nativos, sus ancestros y por su puesto tradición. Estas crónicas, son de una factura perfecta, se dejan leer con tal agrado, que al final parecemos estar leyendo una novela de aventuras.  Volver por estos libros es abrevar en la fuente, en aquellos escritores que resultan ser precursores de generaciones enteras.  Stevenson definitivamente es un maestro.
En la próxima entrega terminaré este periplo que espero no canse a mis escasos lectores.





sábado, 5 de enero de 2019

LAS LECTURAS DEL 2018 (1)


Los balances en materia de lecturas siempre resultan variopintos en un año, siempre estoy en las bibliotecas públicas descubriendo esos autores que por alguna razón nunca hemos leído pese a lo importantes o en el caso contrario, no se explica el hecho de ciertos libros de una calidad absoluta siguen siendo tan poco conocidos, su divulgación es casi cero. Por otro lado, siempre se publican textos nuevos que confirman la calidad de un autor o como suele suceder nos encontramos con autores desconocidos, hablo desde mi experiencia personal, que al final resultan una verdadera revelación.
Colombia produjo todo tipo de textos sobre historia, una especie de retrospectiva desde ópticas novedosas, para entender lo que nos está pasando, es una especie de revisión del posconflicto mirando el pasado desde el presente que parecemos no entender ni descifrar. Gamboa, enrique Serrano, Antonio Caballero, Enrique Santos Calderón, Jorge Orlando Melo,  el ex ministro Ocampo.
De la academia, continuo leyendo gran parte de la obra de Jesús Bejarano, universidad nacional,  un economista y el primer consejero de paz quien fue asesinado hace mucho tiempo, no solo escribió sobre la violencia en Colombia, sino que es el hombre  más sabio del país en desarrollo rural, sus escritos son de un rigor que no tiene parangón, hay ciencia en cada ensayo.
Foster Wallace  “En cuerpo y en el otro”, quince ensayos traducidos al español, que ratifican la grandeza de este escritor norteamericano. “La contravida” de Philip Ropth. Descubrí un trabajo de la academia Colombiana sobre Borges que me impacto de sobremanera: “El humano adjetivo de la poesía” de Inés Posada, de la universidad Bolivariana de Medellín. Leí del Colombiano Roberto Burgos Cantor, que murió este año, "Ver lo que veo", premio nacional de literatura que confirman sus dotes de narrador, lamente mucho su muerte y su vida marco toda una época, pese a que sufrió los embates del triunfo avasallante de Gabo que opaco a casi una generación valiosa, con el tiempo obtuvo los reconocimientos de la crítica y del público. En diciembre leí 'Somos luces abismales', el más reciente libro de Carolina Sanín, este amerita una reseña especial y el libro 'Cómo perderlo todo', la novela más reciente de Ricardo Silva Romero, este excelente autor Colombiana mantiene su calidad, de igual manera prometo un comentario sobre este texto.
De Valodia Teotelboin, un excelente escritor Chileno, ensayista, poeta, novelista, casi olvidado, encontré el texto: “Los dos Borges”, un verdadero hallazgo, diferente a todo lo que he leído sobre este gran escritor, ameno y constructivo.
Leí gran parte de los textos cortos publicados por EPM de Medellín: ”Palabras rodantes”, libros para leer en el metro y que deben seguir rotando a otros lectores una vez aprovechados, una antología de textos cortos de lo mejor de la literatura nacional e internacional, un verdadero bocado de cardenal, un proyecto valioso y una forma de crear lectores en medio de las rutinas del día a día.
Llegaron a mis manos dos antologías periodísticas de Gabo, una publicada por el nuevo periodismo iberoamericano, Fnpi, de la mano de la “Organización Ardila Lule, de hace muchos años, con una calidad indiscutible, realmente me la encontré de coincidencia en una biblioteca pública y la otra lanzada en diciembre de Randon House editores.
Ensayos de literatura, una joya pasó por mis manos: “Paisajes en movimiento” del Venezolano Gustavo Guerrero, fue difícil conseguirlo, pero mí único consejo, hay que leerlo cuanto antes. Mire lo que escribe Patricio Pron:  “Guerrero, quien es profesor en la Universidad de Paris Seine y editor de los hispanohablantes de Gallimard, había escrito ya acerca de esas condiciones en libros como La estrategia neobarroca (1987), Itinerarios (1997) y La religión del vacío (2002), pero es en su nuevo libro donde los temas de la literatura hispanoamericana y el cambio cultural adquieren protagonismo en su obra.Paisajes en movimiento aborda ambos a partir de los ejes complementarios del tiempo, el mercado y la nación (o su abandono) en la literatura en español producida entre 1990 y 2010 aproximadamente; lo hace recurriendo a la producción crítica de Reinhart Koselleck y Andreas Huyssen, Paul Virilio, Hartmut Rosa y Francine Masiello, pero también a la de críticos latinoamericanos como Reinaldo Laddaga, Gabriel Zaid, Ángel Rama, Beatriz Sarlo, Néstor García Canclini y Octavio Paz”.
Por último, en este entrega, pues pienso culminar mi reseña de lecturas con otro artículo, espero no aburrirlos, quiero hablar del libro de Vargas Llosa: “La llamada de la tribu”, que describe la historia intelectual de este gran escritor, desde su juventud impregnada de Marxismo y existencialismo Sartreano, al liberalismo de la madurez. Este texto es extraordinario. Conoceremos a fondo a: Adam Smith. José Ortega y Gasset, Friededrich Von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin y Jean Francois Revel.






miércoles, 26 de diciembre de 2018

LUIS Y BLANCA (RELATO)


León Tolstói en su emblemática novela “Ana Karenina” escribe: “Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”.  En un mundo donde todos los mitos se mueren, se diluyen, nada perdura, lo efímero es la constante, las parejas se separan en muy corto tiempo, siempre por motivos insustanciales y vacuos, Luis Fernando Ángel y Blanca Duque, celebran esta navidad 25 años de casados. Para ello han preparado dos eventos, por fuera de ciertos protocolos tradicionales, convencidos que tienen muchos motivos para hacerlo.
Pocas parejas se ajustan tanto el uno para el otro como esta. Cuando conocí a Luis hace 17 años, quede impertérrito, un hombre más alto que el promedio, parece un personaje de novela policiaca de la baja Renania, lúcido de sobremanera, con un humor negro lacerante, cuando las mareas crecen, resguarda sus preocupaciones muy bien, en una especie de lobotomía intencional, creo, que nunca pierde el control pese a los temporales que lo asedien, al final, las respuestas frente a las vicisitudes están siempre a la mano. Para esa época un proyecto comercial, con algunos asociados, hacer muebles, con carpintería propia, daba señales de morir muy pronto, prácticamente no tenía futuro. Nunca lo vi ante este impase fuera de sus cabales, menos desesperado. Mesurado, así este bailando sobre el filo de la navaja. En una decisión trascendental en su vida empezó a pasar hojas de vida con una perseverancia casi religiosa. Es un hecho,

domingo, 9 de diciembre de 2018

UNA AÑO DE LECTURAS Y REFLEXIONES LITERARIAS l


Entre, el encantamiento con algunos textos nuevos realmente maravillosos y la re-lectura de algunos clásicos, los que no tienen discusión alguna, verdaderos tesoros a la espera que uno vuelva, pase este año, que más que explorar nuevos autores, confirme la calidad de una generación absolutamente renovada y consolidada de Hispanoamérica, la que trataremos de recordar en esta entrada y en el resto del mundo, una producción literaria descomunal e inabarcable, de mucha calidad, hablaremos de algunos autores emblemáticos.
El cultural, la revista de España releva algo de suma vitalidad con algunos nombres de la península que quiero traer a colación: “Julia Navarro lleva más de cinco millones de ejemplares vendidos de sus siete novelas; la trilogía de Santiago Posteguillo sobre Escipión superó el millón de copias; Javier Sierra alcanzó los tres millones de volúmenes de La cena secreta y ocupó un lugar de privilegio entre los best sellers del New York Times, y Eva García Sáenz de Urturi es un secreto a voces, con más de cien mil volúmenes vendidos en tres días de su último título, Los señores del tiempo. Los superventas arrasan, y no hay prejuicio que valga ni que les calle. Ya no”[1]. Expresa Nuri Azancot, quien escribió el artículo: “Después de décadas de estar bajo sospecha sólo por arrasar en las listas de best sellers es ahora -cuando vender mucho es vender cada vez menos-, cuando los autores más populares se reivindican sin falsos pudores. Son los únicos (junto al fenómeno de Patria, de Fernando Aramburu, que sobrevuela toda etiqueta) que cuentan sus lectores por millones. A fin de cuentas, como Julia Navarro (Madrid, 1953) dice, “hay libros que se venden por miles y que son extraordinarios, hay otros que se venden por miles y que no tienen tanta calidad literaria, pero también hay muchos que carecen de esa calidad y no se venden y libros que sí la tienen y tampoco se venden”. Es cierto, he leído a Julia, me gustó de Posteguillo casi todo, la pléyade del mundo cultural, ciertas elites imtelectuales, los han mirado con desdén, ellos siguen vendiendo, en el caso de este último sus novelas son encantadoras, innegable.
En Colombia sucedió con algunos escritores de una calidad absoluta, fuel el caso de German Espinosa, el mismo Burgos Cantor y muchos escritores de provincia.
Cuando Posteguillo Afirma, citado por el mismo artículo que: “Y lo hace, dice, “con una narrativa lo más cinematográfica posible, cruzando historias, argumentos, plano contra plano, intentando transmitir al lector la sensación de que está viendo una película o una serie de televisión muy entretenida”. No hay fórmulas, algunos saben cómo hacerlo, lo cierto, sus historias están en los anaqueles de muchos textos clásicos, el las desempolva y las vuelve a contar a su manera.
Relecturas: Empecé este año de nuevo la lectura de toda la obra de Gabo, ya hay un trabajo sobre la “La mala hora” y “El Coronel no tiene quien le escriba”, incluye la obra periodística. Estoy leyendo de nuevo a Roa Bastos, básicamente: “Yo el supremo”. Octavio Paz: “Signos de rotación”. Borges, como siempre, está ahí en la mesa de noche, su obra crítica de “Emece”, es encantadora.
Hubo un libro de ensayos de la universidad EAFIT, el cual encontré en una biblioteca  pública, de edición reciente: “El humano adjetivo de la poesía”, de Inés Posada, ya reseñado en este blog, me parece relevantes destacar. Es una lectura de la poesía humana absolutamente lúcida y existencial.   
Decidí hacer un trabajo sobre la pregunta: Por qué escriben los escritores y realmente ha implicado una investigación crítica y genealógica extraordinaria de la novela en principio. Relecturas de Kundera, de Eco, Gabriel Vázquez, de diccionarios críticos casi abandonados y ensayos viejos pero puntuales.
Se publicaron muchos libros históricos en Colombia, destacó dos: “La historia resumida de Colombia” de Melo e “Historia de Colombia y sus oligarquías” de Antonio Caballero. Estos textos nos ayudan a comprender parte de nuestro problema. Incluyo en esta reflexión el libro de memorias de Enrique Santos Calderón “El país que me toco”, de suma importancia para entender la coyuntura actual.
Leí de David Foster Wallace  “En cuerpo y en el otro”, quince ensayos traducidos al español, que ratifican la grandeza de este escritor norteamericano. “La contravida” de Philip Ropth, es una novela, me ha deslumbrado por su estructura y prosa, sino que ha significado una  visión de suma importancia para mi vida: Siempre existe la posibilidad de una existencia alternativa.
Seguiremos en la próxima entrada haciendo la presentación de lo que leí y descubrí este año en materia literaria.  






domingo, 18 de noviembre de 2018

DOS POETAS LATINOAMERICANOS PARA DOS PREMIOS


He querido exaltar la obra de dos poetas quienes han sido reconocidos en tres sendos premios, Darío Jaramillo con “El Federico García Lorca” de la ciudad de Granada España, que es justo homenaje a una obra y una vida y el de Ida Vitale, poeta Uruguaya de 95 años, ganadora del premio Cervantes de literatura de este año y el premio de la FIL en Guadalajara, el primero, es el más importante de Hispanoamérica. Traigo una introducción que hizo Quirarte de una antología de Darío que me parece extraordinaria y de Ida, un artículo y una entrevista del periódico “El país” de España. El artículo es una síntesis magistral de lo que ha significado para las letras la poesía de Ida, describe su trayectoria y aportes.  Después entregaré mis impresiones en artículos especiales para cada autor  CESAR HERNANDO BUSTAMANTE.

IDA VITALE: “ANTES LOS POETAS HABLABAN DE HÉRCULES; AHORA, DE BATMAN”


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
21 ENE 2015 - 18:03         COT


La escritora uruguaya recuerda las enseñanzas de su maestro, José Bergamín, habla de su obsesión por corregir y afirma que la poesía ha cambiado de referentes culturales

Ida Vitale es, con 91 años, una de las grandes maestras de la literatura latinoamericana viva, pero disfruta, más que hablando de su obra, recordando a aquellos que, ilustres o anónimos, le enseñaron a leer y escribir. Entre los anónimos había, en el Montevideo de su infancia, una profesora que le hacía imitar el estilo de Azorín, de Gabriel Miró, de Ortega o de Rafael Barrett: “Cada mes, un autor distinto. Era una buena práctica: te obligaba a mirar de modo diferente”. Entre los ilustres estaba José Bergamín, verso suelto de la Generación del 27. “Fue un excelente maestro”, cuenta. “No sé si acá se tiene la imagen del Bergamín profesor a tiempo completo. Sabía mucho de literatura española, pero también del romanticismo alemán. Era de los que decían: ‘Tienen que leer este libro’, y te lo regalaba. Perdió su biblioteca al marchar al exilio tras la guerra y había resuelto que la solución era el desinterés completo”. La autora de Reducción del infinito (Tusquets) recuerda la soledad del escritor español en Uruguay hasta que llegaron sus hijos: “Decía que era el último orejón del tarro. No era muy halagador para nosotros, pero era verdad. Terminábamos cenando con él después de las clases. Era joven pero lo veíamos como un viejito”.
Su maestro en la poesía fue, sin embargo, un enemigo íntimo de Bergamín, Juan Ramón Jiménez, a quien también conoció cuando pasó por Montevideo. Con él comparte la obsesión por corregir: “De Juan Ramón me impresionó que le dieran un libro para que lo firmara y se dedicara a corregir los poemas. Decía que un poema hay que escribirlo y guardarlo hasta que a uno se le olvide. Yo lo he seguido en la medida de lo posible”.
Ida Vitale se marchó a México en 1974 con su marido, el poeta Enrique Fierro. La dictadura militar empezó persiguiendo a los tupamaros y luego a todos los que parecieran remotamente izquierdistas: "Nosotros no estábamos en eso, pero andábamos entre libros, algo que siempre inquieta a los militares”. Adiós a un Uruguay que, según la poeta, fue durante décadas “la democracia perfecta”: laico, con una gran educación pública gratuita, sin grandes desigualdades sociales y sin nacionalismo alguno. “¿Qué nacionalismo iba a haber si éramos la mitad italianos y la mitad españoles?”.
Desde 1989 vive en Austin (Texas) aunque viaja con regularidad a su país, a México —“fueron muy generosos con nosotros”—, e incluso a España. En Madrid formó parte del jurado que concedió el último Premio Loewe al chileno Óscar Hahn. “Había libros tremendos de gente que uno nota que tiene en la poesía la última esperanza”, cuenta sobre su experiencia en un jurado por el que ya pasó su amigo Octavio Paz. “Uno busca lo literario, pero a veces se pone en el alma de quien escribió esos versos y empieza a pensar en el ser humano, no en el escritor. Al final hay que ponerse de nuevo en el frío cargo de lector desinteresado”. Otra de las conclusiones de esa experiencia es que los referentes de la poesía están cambiando: “Las alusiones mitológicas se han ido perdiendo. Antes los poetas hablaban de Hércules; ahora, de Batman. No digo que eso dé una poesía inferior, pero marca una orientación distinta, sobre todo por los mundos que arrastran y lo que uno y otro te permiten entender”.
Más intensa que extensa, su poesía es, sin embargo, escasa en referencias. Las palabras son nómadas y los malos poemas las vuelven sedentarias, dicen unos versos suyos. ¿Cómo reconocer ese cambio de estado? “Instintivamente. En la medida en que son nómadas las sujetamos o seguimos su movimiento natural. ¿Por qué hay palabras que nos gustan y otras que no? No sé. A mí me choca profundamente constatar. Sin embargo, procrastinar me gusta”. Traductora de autores como Gaston Bachelard, Simone de Beauvoir o Luigi Pirandello, Ida Vitale cuenta que traducir le ha enseñado a mantener la atención aunque “la traducción conspira contra la poesía porque es un trabajo muy absorbente”. La poeta uruguaya publicó Mella y criba (Pre-Textos) en 2010 y ya tiene un libro nuevo. “Uno no, varios, y eso es lo peor”, aclara riendo. La prosa le divierte —la suya ha dado lugar a maravillas como Léxico de afinidades (El Cobre) y De plantas y animales (Paidós)—, pero sabe que la extrema esencialidad de sus versos podría terminar por llevarla al silencio, “la reducción total”. Con todo, huye de la metafísica —“estas cosas, cuando se sintetizan, quedan dramáticas”— para meterse en la cocina de la escritura: “A veces me sale un poema largo, más hablado de lo necesario, pero mi tendencia natural es abreviar. Aunque admiro profundamente a los que se dejan llevar por esa locura ingobernable, cada uno nace no con un guion sino con una escuadra a mano, y la mía es borrar y borrar. Corregir es como arreglar cajones: sacas lo que está de más".
POEMAS
AGOSTO, SANTA ROSA
Una lluvia de un día puede no acabar nunca,
puede en gotas,
en hojas de amarilla tristeza
irnos cambiando el cielo todo, el aire,
en torva inundación la luz,
triste, en silencio y negra,
como un mirlo mojado.
Deshecha piel, deshecho cuerpo de agua
destrozándose en torre y pararrayos,
me sobreviene, se me viene sobre
mi altura tantas veces,
mojándome, mugiendo, compartiendo
mi ropa y mis zapatos,
también mi sola lágrima tan salida de madre.
Miro la tarde de hora en hora,
miro de buscarle la cara
con tierna proposición de acento,
miro de perderle pavor,
pero me da la espalda puesta ya a anochecer.
Miro todo tan malo, tan acérrimo y hosco.
¡Qué fácil desalmarse,
ser con muy buenos modos de piedra,
quedar sola, gritando como un árbol,
por cada rama temporal,
muriéndome de agosto!

Fortuna


Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.
No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos.



IDA VITALE: “EL HUMOR ES ESENCIAL PARA SOBREVIVIR”


La poeta Ida Vitale recibe este sábado el gran premio de la FIL de Guadalajara. La escritora, distinguida la semana pasada con el Cervantes, prepara la comida en su casa de Montevideo y habla de su vida y su trayectoria.
ENRIC GONZÁLEZ
23 NOV 2018 - 11:55      COT
Ida Vitale es una figura señera de la poesía contemporánea. Tiene 95 años. Acaba de recibir el Premio Cervantes, en España, y el Premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en México. Uno espera encontrarse con una persona más o menos hierática, grave, consciente de su importancia. O con una persona decrépita. El visitante no cuenta en ningún caso con que Ida Vitale sea esta persona que baja sonriente a abrir el portal y cuenta entre risas que ayer, cuando volvía de Punta del Este con su hija, el auto se quedó sin gasolina. Lo que sigue no puede considerarse una entrevista, sino una conversación mientras la gran poeta cocina, sirve el almuerzo, come y bromea.

Para Vitale, Jorge Luis Borges es “el gran escritor de América”. Esto lo dice una mujer que formó parte, junto a autores como Mario Bene­detti y Juan Carlos Onetti, de la llamada generación de 1945. Tal vez la afirmación sobre Borges le parece demasiado solemne. Para recuperar su tono preferido, cuenta cómo conoció al gigante de las letras argentinas.

“En México, rápidamente encontré trabajo y amigos, no conozco un país más generoso”

“No recuerdo cuándo ocurrió, probablemente en los años sesenta. Un día le vi parado en una esquina, al lado de la Intendencia, aquí en Montevideo, junto a una mercería. Yo venía cargada con una máquina de coser que le había prestado a una cuñada, buscaba un taxi para volver a casa. Y, claro, pensé: ¿qué está haciendo ahí Borges? Sabía que ese día daba una conferencia, pero me extrañó que estuviera tan quieto, con la cabeza casi metida en la vidriera de la mercería. Pensé que no se atrevía a cruzar la calle y disimulaba. Me acerqué y le dije: ‘Perdón, Borges, ¿está usted perdido?’. ‘No, no’, respondió, ‘¿quién es usted?’. Me preguntó como 20 veces quién era yo. Finalmente me explicó que tenía que dar una conferencia y que le gustaba caminar por la Rambla, el paseo marítimo. Pero estaba como a ocho cuadras del mar. Le dije que no podía acompañarle hasta la Rambla porque iba muy cargada con una máquina de coser, pero que podíamos tomar un taxi. Volvió a preguntarme quién era yo y allí se quedó, quieto. Estuve toda la tarde pendiente de si llegaba a la conferencia. Llegó. Los ciegos deben tener un ángel de la guarda”.

Uno se imagina perfectamente a Vitale cargada con una máquina de coser, igual que ha cargado toda la vida con la máquina de escribir, ahora el ordenador: le da pereza, o pudor, exhibir su erudición, su dominio de varios idiomas (es una extraordinaria traductora) y su conocimiento del mundo. La poeta que se dispone a recibir el gran premio de Guadalajara y que aún no ha pensado en su discurso de aceptación del Premio Cervantes se va a la cocina. “¿Le gusta el bacalao?”, pregunta. Prepara una sopa de verduras, una ensalada y un bacalao muy sabroso. Hay pan negro. Y un par de botellines de vino de los que sirven en los aviones. Y dos dedos de jerez seco en una botella que encuentra en un armario.
La conversación va y viene, al ritmo de sus idas y venidas de la mesa a la cocina. No permite que el invitado ayude. Lamenta que la enseñanza se haya vuelto menos exigente en cuanto a nivel académico, tanto para alumnos como para profesores. Se pregunta cómo es posible que alguien como Donald Trump (“el monstruo rubio”, le llama) haya alcanzado la Casa Blanca. Se pregunta también qué va a pasar con la columna de migrantes que ha llegado ya a México y espera pasar a Estados Unidos. Se horroriza con la historia de un submarino argentino que desapareció un año atrás y acaba de ser localizado en una sima marítima, sin duda con 44 cadáveres a bordo. Habla de su amor por las palabras, por los animales y por las plantas. Y ríe, ríe muchísimo. Ella suele ser el blanco de sus propias bromas.

Ida Vitale nació en una familia ilustrada de origen italiano. Su padre se llamaba Publio Tesio: con ese nombre, lo normal es que uno se interese por la historia y la literatura. Sus primeros recuerdos: una lamparita azul, el recuerdo más remoto; los cuatro diarios, dos de mañana y dos de tarde, que llegaban a casa; el tío médico que le caía muy mal; la tía pedagoga que le caía muy bien. Su tía Débora Vitale D’Amico fundó la sección femenina del colegio nacional José Pedro Varela y luego un colegio femenino con el mismo nombre. “Ahora es un colegio mixto, ¡qué tontería separar a los chicos y las chicas!”, comenta. Ida Vitale estudió con su tía, quien le descubrió las primeras lecturas. Luego siguió descubriendo por su cuenta, en la biblioteca. Novelas, muchas novelas: “No habría cambiado ningún poema por Los tres mosqueteros”. Sigue leyendo más prosa que poesía.

“A veces el humor se refleja en una actitud de tolerancia que debe empezar por uno mismo”

Tardó en percibir el encanto del verso. Todo comenzó en el colegio, con la lectura de un poema de Gabriela Mistral. Empieza a recitarlo de memoria: “La hora de la tarde, la que pone su sangre en las montañas…”. (Conviene hacer un inciso: no soporta la poesía declamada, sino la que se dice con naturalidad, como lo hacía su querido y admirado Juan Ramón Jiménez o como lo hacía el gran actor italiano Vittorio Gassman). “Era quinto curso y no entendí nada de ese poema de Mistral, algo entreví en sexto, y ya en Liceo ese poema me pareció evidente”, explica. “Poco a poco fui dedicándome a la poesía, quizá como un juego conmigo misma; vas trabajando, sabes que lo que haces va a ser juzgado y procuras hacerlo lo mejor posible”. Así de simple, según ella. Cuando escribe, prefiere renunciar a la completa perfección formal si a cambio logra aportar al lector un cierto enigma, un punto de misterio. Escribe, despoja lo escrito de elementos superfluos, poda una y otra vez hasta quedarse con la esencia. Deja el trabajo en un cajón hasta tenerlo casi olvidado y entonces, cuando le parece obra de otra persona, relee y juzga.

Esta mujer de educación exquisita, que guarda muy buen recuerdo de sus profesoras de francés e italiano y muy mal recuerdo de su profesora de inglés, se casó con el crítico y ensayista Ángel Rama. Tuvieron dos hijos, Amparo, la arquitecta con la que el día antes se había quedado sin gasolina, y Claudio, economista en Buenos Aires. Formaban parte de la élite cultural uruguaya. En una de sus idas y venidas de la cocina muestra una foto del mítico Felisberto Hernández acompañado por su esposa del momento (tuvo cuatro, una de ellas una espía del KGB), gran amiga de Ida. “Aquí Felisberto era joven y aún estaba delgado, luego se puso muy gordo”, comenta. No debe haber muchas personas que puedan hacer ese tipo de comentario, entre afectuoso y displicente, sobre alguien como el pianista, poeta y novelista Felisberto Hernández.
En 1974 cayó el viejo régimen liberal uruguayo, el juego de alternancia entre rojos y blancos, y llegó la dictadura. Un día apareció en casa la policía buscando a su hija. La familia (ella se había casado ya con su segundo marido, el poeta y crítico Enrique Fierro) dejó el país. Con más de 50 años, Ida Vitale comenzó su exilio en México. Colegas izquierdistas como Onetti y Benedetti la previnieron contra el mexicano Octavio Paz, un hombre que a ella le pareció formidable. Igual que México. “Rápidamente encontré trabajo y amigos, no conozco un país más generoso que México”, recuerda. Dio clases, tradujo, pronunció conferencias, publicó numerosísimos artículos y ensayos. En 1984, con la dictadura ya agonizante, Vitale y Fierro volvieron a Montevideo. “Nos pareció que teníamos que colaborar en lo posible en la restauración de la democracia”, explica. Fierro fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, donde pasó cuatro años “infernales”. “La dictadura había colocado a su gente y el pobre Enrique tuvo que lidiar con ellos, lo pasó muy mal”. En 1989, a Fierro le ofrecieron un puesto en la Universidad de Austin, Texas, y la pareja volvió a emigrar para instalarse en Estados Unidos.

Ida Vitale muestra un ejemplar de Quiero ver una vaca, un poema de Enrique Fierro que se ha convertido en celebérrimo cuento para niños: “Enrique acabó maldiciendo ese poema, temía pasar a la historia por una obra que no representaba en absoluto su estilo”.

Texas no es México. Ida Vitale no se sintió tan cómoda allí, en parte porque su inglés (lo domina, ha traducido obras inglesas y alemanas) no es tan fluido como su francés o su italiano: culpa de nuevo a aquella mala profesora en el colegio. Pero no tenía previsto volver. Hasta que murió su marido, hace dos años. Las fotografías de Enrique están por todas partes y su ausencia resulta perceptible, pero Vitale no es persona de quejas o lamentaciones. Su hija la convenció para que regresara a Montevideo y le arregló el moderno apartamento donde vive ahora, muy cerca de la Rambla marítima (o fluvial, según se mire) que le gustaba a Borges. Se instaló hace unos meses. Aún está ordenando los libros.

La poesía de Ida Vitale es sobria, elegante, con un punto de ironía. “Los poetas de mi juventud eran gente importante que escribía poesía narrativa, de tono bíblico, casi sacramental, sin ningún humor”. Ella hace lo contrario. “¿Dice usted que en mis libros hay humor? El humor es esencial para sobrevivir, y no me refiero a los chistes: a veces el humor se refleja simplemente en una actitud de tolerancia que debe empezar por uno mismo”. A diferencia de varios de sus colegas de generación, no ha mezclado sus versos con la política. “Respeto mucho La Marsellesa, a la que pusieron una música muy bonita, pero yo hago otra cosa. Sí me he referido a ideas como la libertad, generalmente en piezas que luego no he recogido…”. Vitale ha publicado abundantemente, pero ha desechado mucho y tiene mucho guardado. Incluyendo novelas.

Ha llegado el fotógrafo y toma imágenes mientras Vitale habla. “Oiga”, se encrespa en broma, “me está sacando siempre con gafas”. La escritora se quita las gafas y exhibe sus ojos azules. Quizá no se trata de un gesto de coquetería: siempre fue muy bella, tanto como para relacionarse de forma relajada con su aspecto. “Me interesa más la ética que la política”, afirma. Alguna vez sí se ha referido a la política. En Reducción del infinito, uno de sus libros más celebrados, escribe: “A veces verás la hoz / aparejada a un cintillo. / Escarapela y martillo / acompañando a la hoz / suman su fuerza feroz / disfrazada de tristeza, / trayéndonos de cabeza / a quienes nos rebelamos / al ver que los mismos amos / vuelven por la misma presa”.


Ida Vitale ignora aún qué dirá en su discurso de aceptación del Cervantes. “Buscaré alguna fórmula no muy gastada de dar las gracias. Me angustia la gente que se sentirá postergada, gente que probablemente merecía el premio más que yo”, comenta. Y, como de costumbre, se quita importancia: “Cuando me dieron el Premio Reina Sofía, alguien me advirtió de que vendrían otros premios, y parece que funciona así: estás en una especie de escalafón y piensan en ti, esa señora mayor ya premiada por otros, y te conceden un honor para evitar riesgos”.


SOBRE DARIO JARAMILLO

VICENTE QUIRARTE



Uno es el ser humano que vive. Otro, el poeta que crea. Cuando ambos se fusionan en una sola criatura, cuando la persona es la máscara y la máscara adquiere más realidad que quien la porta, estamos en presencia de alguien que combate con éxito la frase de que el poeta es el ser más antipoético del mundo. Tal es el caso de Darío Jaramillo. Debajo de su poesía de aparente sencillez, palpita el deber moral y estético de quien se arriesga a titular a una recolección de sus textos Libros de poemas o atreve la peligrosa y difícil definición de Poemas de amor.
Conocimos a Darío Jaramillo en un encuentro de poesía en la Ciudad de México, en octubre de 1989. Un par de meses atrás había perdido una pierna a causa la violencia civil de su natal  Colombia, elemento que hermana a nuestras dos naciones, devastadas por la violencia pero redimidas por la herencia de su historia, sus respectivas cadencias, sus criaturas de palabra, sus inverosímiles y admirables paisajes. Conocer y querer a Darío fueron dos verbos simultáneos. Acudo a la primera persona del plural porque varios éramos quienes en ese momento entramos en el conocimiento de su persona y estuvimos de acuerdo en esa emoción inmediata.
El nombre del hotel Casablanca, donde se alojaban los poetas invitados, era igualmente una coincidencia afortunada. Al final de ese auto sacramental que es la película Casablanca, Rick dice al policía francés que ha decidido ponerse de su lado: “Louie, creo que este es el principio de una hermosa amistad”. Con el paso del tiempo, Darío se ha convertido en el mejor, informal  y auténtico embajador de las dos naciones. Elena Poniatowska lo definió en una metáfora impecable: “arcángel de los mexicanos”.
Su simpatía natural, su amistad exigente y generosa, creció a la par que su trabajo como novelista, poeta y ensayista. Darío Jaramillo Agudelo ha demostrado que la transparencia no es enemiga de la inteligencia, ni la popularidad de la forma que desemboca en su claridad sin concesiones. Sus poemas de amor, inscritos de manera casi inmediata en la imaginación colectiva han llegado a ser, lo que es aún más difícil, patrimonio espiritual de la lengua. De ahí la importancia de su labor como antólogo y lector de escrituras de otros, como lo demuestra su notable Antología de crónica latinoamericana actual o el tratado que lo pinta de cuerpo entero: Poesía en la canción popular latinoamericana.

El viaje propuesto en los poemas que integran esta antología es una exploración del mundo a partir del carácter sedentario de su autor. Observador de los gatos, Darío sabe, como Baudelaire, que quien no es capaz de poblar su propia soledad tampoco podrá estar solo en medio de la multitud. Otro gran solitario, Luis Cernuda, dijo que la soledad sólo podría ser poblada por ella misma. Esta aceptación por parte del poeta colombiano no entraña un alejamiento sino una entrada profunda en el oficio de vivir. Por esa razón, su poesía es contundente, elemental y enemiga de la retórica o de fuegos de artificio. La presente antología es una muestra de las cartas de identidad de su autor: el amante, el gato, el mango, la piedra o la cama aparecen no en su elementalidad pura sino en su significación plena. Esta capacidad para hallar en la vida diaria los elementos de su poética hacen de la aventura verbal de Jaramillo una de las más honestas y por esa razón convincentes de las letras actuales.
 “¿Para qué las palabras si es posible el silencio?”. Alguien que formula semejante declaración de fe tiene la obligación de afinar las palabras en el esmeril siempre renovado del mundo. Que den todo de sí para volver a su origen. De ahí que en los poemas de este libro no haya una sola palabra ociosa y los adjetivos esenciales actúen como puntos de apoyo para afianzarse en la realidad y llegar a la cima.
Oriundo de Santa Rosa de Osos, también lugar de nacimiento del poeta Porfirio Barba Jacob, otro intenso y gran amigo de México, Darío es un antioqueño puro, sobrio animal de costumbres. Cuando alguien que no lo conocía lo interrogaba sobre su labor cotidiana, respondía sin titubear: “Trabajo en un banco”, lo cual era rigurosamente cierto, aunque no explicaba que era el subgerente cultural del Banco de la República y que bajo su responsabilidad estaban algunas de las entidades culturales más nobles y queridas de Colombia. Desde hace tiempo alejado de esos deberes, vive de su pluma, anima proyectos heroicos como la editorial Luna Libros y escribe su adictivo boletín Gozar leyendo, que cuenta con miles de seguidores en el espacio cibernético. El año 2014, Ediciones Era dio a la luz una antología personal de la poesía de Darío Jaramillo Agudelo, bajo el título Basta cerrar los ojos. Es un orgullo para la UNAM que ahora sus palabras ingresen al catálogo de Material de lectura y de tal modo puedan llegar a las manos y los ojos del lector que les dará nueva vida.
Cada uno de los poemas de este pequeño gran libro que el lector tiene en sus manos es una bomba contra el tiempo. La obtusa y permanente violencia humana no impedirá que las notas del poeta sigan sonando a través de los años. Me gusta imaginar estos poemas en su voz, con la limpia honestidad de su camisa de algodón blanco y disfrutando del lujo mayor de cada tarde cuando el crepúsculo entra a raudales por su ventana y tiñe de colores cambiantes las montañas frente a su departamento de Bogotá, donde da la bienvenida a la soledad para estar más intensamente con nosotros.
VICENTE QUIRARTE

POEMAS
POEMAS DE AMOR
Ese otro que también me habita,
acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este cuerpo ajeno o de ambos,
ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel,
ese otro que está solo siempre que estoy solo, ave o demonio
esa sombra de piedra que ha crecido en mi adentro y en mi afuera,
eco o palabra, esa voz que responde cuando me preguntan algo,
el dueño de mi embrollo, el pesimista y el melancólico y el
                                                                        inmotivadamente alegre,
ese otro,
también te ama.


POEMA DE AMOR 3

Algún día te escribiré un poema que no mencione el aire ni la noche;
un poema que omita los nombres de las flores, que no tenga jazmines o magnolias.
Algún día te escribiré un poema sin pájaros ni fuentes, un poema que eluda el mar
y que no mire a las estrellas.
Algún día te escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.
Sin comparaciones, sin metáforas, algún día escribiré un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones, con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha.

NOCTURNO, VALS, MAZURKA, POLONESA

Con este piano conozco la dulzura única de un tiempo mío,
tiempo sin fecha y sin memoria,
todo fue, todo es, todo será
este flujo, este juego, esta caricia del piano.
Tiemblo de emoción, aplaudo el encore de Malcuzinski
y vitoreo y aún floto,
alucino entre valses y nocturnos.
Germán a mi lado tiene 16 o 17 años
y yo soy eterno ya,
mortal y eterno como Germán mi amigo de la infancia.
¿Es tan ridículo llorar de la alegría?
¿Puedo confesar este perfume de violetas,
admito mi cielo azul adentro, mi agua fresca en el alma?
Mañanas tranquilas bajo un sol indulgente:
se oye correr el agua, el piano muestra bosques,
verdes campos de cultivo, vacas mudas con ubre generosa.
Chopin hace el milagro.
Chopin detiene minutos y hemorragia.
Chopin es un sedante, sólo este piano y los restos de vida.
El piano, el tres por cuatro del vals atándome a la vida,
Chopin en mi oído anunciándome la lejanía de la muerte.
La música me lleva de la mano
por fuera del tiempo y por dentro,
por encima de mí,
viéndome otro me lleva de la mano,
soy uno que se aburre, uno que llora,
otro -el más miserable- que con ansias espera:
ninguno de ellos mientras el vals me lleve de la mano,
el vals sopla brisas de paz en mis entrañas,
me enseña a transcurrir,
todo llega, me repite el vals irrepetible siempre,
el vals irrepetible me cuenta la historia de otro más sereno que seré,
en una clave sin acosos me repite algo que todavía ignoro,
otro aprendizaje elemental que no percibo,
que el piano apenas insinúa.

* * * * *



jueves, 8 de noviembre de 2018

EL HUMANO ADJETIVO LA POESÍA DE BORGES



He venido oteando la crítica literaria publicada por la academia, hablo de la universidad EAFIT, la universidad de Antioquía, La pontificia Bolivariana y la Universidad Autónoma Latinoamericana de la ciudad de Medellín Colombia. Me he encontrado no solo con trabajos de un rigor inigualable, sino con una variedad de temas alrededor de la creación poética de suma importancia. Comentaré el texto de Inés Posada, “El humano adjetivo” sobre la poesía de Borges.
Este libro es  diferente a todo lo que he leído en materia de crítica, más, cuando nos referimos a la obra poética de Borges, tan sobre-estudiada en el mundo, realmente hay de todo como en botica, para escoger. Inés Posada, autora que nunca había leído, es una comunicadora social de la Universidad de Antioquía especializada en literatura en la Pontificia Bolivariana. Me encontré con su libro preguntando sobre el tema a una bibliotecóloga del Barrio la floresta en Medellín, quien simplemente me dijo, vea lo que llegó hoy, léalo y me cuenta.  
Esta es la experiencia de una lectora, escrita por fuera de los rigores que impone la crítica académica, pero alinderada con los instrumentos que le ha brindado  sus estudios y la cátedra, los cuales son gratamente visibles en el texto. Parte del reconocimiento a Borges, de su admiración: “Escritor universal, lector infatigable, memorioso y original. Borges como un puerto sereno de llegada y como un inquietante de partida que nos incita a la reflexión, a la emoción, la conjetura, la ironía, la paradoja”[1].  El libro es un testimonio de amor a una obra, con el deseo ferviente de comunicar la experiencia como lectora a quienes se aproximan a la literatura. Traigo dos puntos de la obra que se configuran como un a priori; Parten del valor que se le concede a la lectura como experiencia vital, y “Esta aproximación a la poesía de Borges, cuentos y ensayo- que he querido leer con  una íntima y secreta felicidad y compartir con otros, para invitarlos a reconocer en ella todo el aliento que esta poesía da a su obra- No está regida por un sistema cerrado, o por la cuadricula de una teoría; no pretende ser académica sino tal vez  como diría el mismo Borges revelar –un hábito de mi alma, una memoria emocionada que siempre vuelve a estas primeras líneas que me conmovieron (Que aprendí de memoria) y provocaron mi amistad con los poemas y con los poemas y con la poesía que me espera cada vez que abro la obra de Borges”.  No hay método, es  una lúcida lectura, desde lo más existencial, de una lectora ávida, es una búsqueda,  una interpelación con la obra de Borges, para utilizar los términos de la autora.
Nos devela al Borges total desde la poesía, trae citas puntuales, precisas al tema, hay un intercambio de interpretaciones, no sólo validas por cada tema que trae a colación sino además explican su recorrido, del escritor y de la lectora en sus descubrimientos (1). La autora señala: “Y la poesía, la poesía de y en Borges.. ..Dulce y terrible..” Hay razones más terribles que los tigres”. Pero también en cada palabra pronunciada algo de ternura, de curiosa amistad con lo humano”.
En el capítulo tres trata de dilucidar: Qué es  la poesía para Borges: “Este hombre, tocado en lo profundo y en lo liviano, en el silencio y en la palabra, en el gesto que conduce a los sencillos actos del asombro, sí, en su amplitud, en su destino de dialogo universal con todos, es decir, con cada uno, escribe sobre la palma de su mano-el poema-“. “Este hombre, aunque ha visto en cada cosa todas las cosas del tiempo y el espacio, aunque sabe reconocer el pensamiento de lo infinito en lo finito, aunque ha mirado el terror de los espejos y desde ellos se sabe tan irreal-pero ta cierto-como la fría lisura con las que sus manos tropiezan al buscarse entre ellos; ese hombre elige, tal vez es elegido por las simples palabras de cada día- las que trabajan adentro del lenguaje- como decir y señalar  la modesta complejidad que nos habita y que habitamos  desde la banca  de un parque, en el sur”…. Adelante señala: “Y sus palabras nos arden, nos estallan”.
Dos constantes en la poesía de Borges: La perplejidad y el asombro. Este último lo  explica desde el desciframiento de su poesía, esta es la que habla: “ Y es allí, en la poesía y en la prosa poética de Borges, donde buscaremos esas señales que nos deja a cada rato-para reconocer en el amplio horizonte de lo poético-esas sutiles y sugestivas confidencias de su conocimiento íntimo, no solo de las tareas de la poesía y de su fruto maduro y visible que es el poema, sino de ese destino ineludible del poeta, que asalta, primero a los que escriben sus asombros y sus revelaciones y luego a los lectores que los recrean, con los cuales la poesía resuena y repercute”. Cita con precisión, para tal efecto a Gastón Bachelard: “En la resonancia oímos el poema, en la repercusión lo hablamos, es nuestro”. Expresa: Leer a Borges, encontrarse cuerpo a cuerpo con su poesía es una experiencia profunda y cercana”. Categoriza: "Tenemos entonces, desde los primeros poemas, alguna claves- junto con otras- que nos irá revelando y presentando en sus múltiples matices a través de toda su obra-donde se arma una figura de poeta, que es a la vez un hombre de letras, un sentidor, un percebidor y un pensativo: asombro, testimonio, persistencia en la búsqueda de los nombres que os dejan sentir la unidad del ser en las relaciones con el mundo”.
La autora trae una cita magistral de Henry James que tal vez explica el origen del nombre de este texto “En la realidad, universalmente, las relaciones no concluyen en ninguna parte, y el exquisito problema del artista, eternamente, no es otro que el dibujar, por una geometría propia, el circulo dentro del cual parecerá felizmente que si lo hacen”.
Hay un capítulo especial para mí: Lo llama: Poesía y filosofía: Borges la experiencia poética, la experiencia filosófica. La cita de Borges en el inicio del mismo es una apertura extraordinaria: “Esse rerum est percipi: La perceptibilidad es el ser de las cosas: Sólo existen las cosas en cuanto son advertidas: sobre esa perogrullada genial estriba y encumbra la ilustre fábrica de Berkeley, con esa escasa fórmula conjura los embustes del duadismo y nos descubre que la realidad no es un acertijo lejano, huraño y trabajosamente descifrable, sino una cercanía intima, fácil y de todos lados abierta”. Nos habla de la experiencia filosófica aplicada al  pensamiento o al conocimiento que se ha asignado casi  siempre desde la teoría y su separación con la práctica-vinculada a la filosofía y la palabra conocimiento- que también se a aplicado casi exclusivamente a las labores de la inteligencia racional-aplicada a la poesía, parecería necesitar justificación”. Expresa, la filosofía es una forma de experiencia y la poesía una forma de conocimiento.
Es un capitulo hermoso, que sólo sugiero a mis lectores, que en el encuentro con este texto lean con mucha atención, trae a colación a Valéry, Savater, Bachelard, Plotino, Nietzsche, las reflexiones de Borges al respecto.
Hay capítulos como la prosa poética, de igual importancia y llegamos “Al humano adjetivo: La poesía de Borges, miremos.
La cita de Borges puntual: “El hecho central de mi vida ha sido la existencia de las palabras y la posibilidad de entretejer y trasformar esas palabras en poesía”. Después con magisterio nos dice:
"Senderos que se bifurcan, se superponen, convergen y, en ellos, delicadas y extrañas imagines, metáforas cuya finalidad no es sorprender, sino revelar eternas afinidades a través de distintas entonaciones; comparaciones, contrastes, bellas e inagotables enumeraciones, hipálages que dotan de humanidad a las cosas, y su amado oxímoron, país posible para las paradojas, para la libertad de pensamiento; reflexiones, memorias, percepciones, sensaciones y la imaginación que también es él y el sueño en que se teje la literatura y los libros como experiencias de la vida; pero sobre todo el adjetivo, el humano adjetivo, esa conmovedora adjetivación pensativa que es precisión de su escritura: Dos deberes tendría todo verso: Comunicar un hecho preciso y tocarnos físicamente como la cercanía del mar”.
Desde este momento comienza un dialogo no solamente inteligente sino sensible con la poesía de Borges, expresa: Vamos a dialogar con ella, con humildad, con ojos de lector que se apasiona y sonríe y padece y goza y comprende”. Este es apenas el comienzo de un capitulo extraordinario, lúcido y humano. A este capitulo le dedicaré una entrada especial.
Solo espero que este texto tenga más divulgación y ojala pueda entrevistar a la autora.

1.- Traigo una referencia de Jorge Volpi sobre la labor creativa de Sergio Pitol,  pertinente por la forma como se acerca la autora a la obra poética de Borges: Desde su primera publicación, "Victorio Ferri cuenta un cuento" (1958), Pitol ha aplicado con rigor esta consigna. Por más que sea posible descubrir el cúmulo de obsesiones que animan su escritura, su biografía permanece oculta, entreverada en la trama, los escenarios o los personajes de sus libros. Su vida ha devenido, pues, literatura: Pitol, como Borges, es ya un personaje que ha podido incorporarse naturalmente a los territorios de la ficción.


                                         









[1] Posada Ines. El humano adjetivo de la poesía. La poesía de Borges. Universidad pontificia Bolivariana. Pág 29