sábado, 18 de marzo de 2017

JUAN GUSTAVO COBO BORDA

La importancia para la literatura Colombiana e hispanoamericana de este autor está descontada, su trayectoria como crítico, como promotor de ediciones de suma importancia, como poeta, como divulgador riguroso de todo lo relevante en materia literaria, textos  y ensayos que constituyen un aporte constante, invaluable, desde su pasión obsesiva por la lectura.
Desde la dirección de la revista “Eco”, hace más de treinta años, un proyecto excepcional de nuestra cultura, hablo en principio de Colombia, empezó una labor crítica sin pausa alguna, ha venido divulgando lo que pasa en Latinoamérica en materia literaria, trayendo poetas nuevos al sonajero, abordando el universo de nuestros escritores más emblemáticos, descifrando la genealogía de sus textos, generando controversias, haciendo paralelos con el momento creativo que vivimos, descubriendo  influencias, con una prosa exquisita, clara, ensayos que siempre incitan a la lectura y que por su puesto enseñan.
Samuel Serrano en un artículo del portal (De Cobo Borda[1]) lo describe magistralmente: “No ha de extrañarnos, por tanto, que algunos de los principales volúmenes de su amplia obra ensayística, en la que imaginación y reflexión se encuentran íntimamente ligadas, formando una tupida red de asociaciones, aparezcan signados desde su título por esta empresa que nunca concluye: La alegría de leer, Leyendo América Latina, El oficio del lector, Leyendo a Silva y, su más reciente colección de ensayos, Lector impenitente, publicada en 2005 por el Fondo de Cultura Económica, en la que partiendo de textos fundadores de nuestras letras, como el Sumario de Gonzalo Fernández de Oviedo o Elcarnero de Juan Rodríguez Freyle pasa revista a algunos de los principales hitos de nuestras letras hispanoamericanas que han sido fuente constante de sus reflexiones: "La indestructible María de Jorge Isaacs", "El modernismo y los múltiples Daríos", el inagotable Borges, los numerosos libros reunidos en esa novela de la memoria que es Vivir para contarla de Gabriel García Márquez, "El murmullo inagotable de Juan Rulfo", la batalla verbal de Vargas Llosa, los parajes que divisa en su delirio el Gaviero de Álvaro Mutis, la mirada implacable y reveladora de Machado de Assís, la violenta marginalidad de la prosa de Rubén Fonseca, etc.”.
Hay una afinidad con Cobo que me une por encima de tantas cualidades expuestas: Su pasión por la obra de Borges, por todo lo que implica este autor inmenso de nuestras letras. De hecho, cuando fue nombrado embajador en argentina hace muchos años,  pensé, pues siempre ha estado al tanto de su itinerario creativo, este hombre no tiene otro cometido que estar cerca del escritor Argentino en sus últimos años de vida. Hoy tenemos el testimonio en su obra de estos acercamientos, pese a que desde hacía más de treinta años estuvo al tanto de su obra y de su divulgación. No solo compartió con Borges muchos momentos, sino que lo entrevistó muchas veces, oteo su mundo, el Buenos Aires mítico que tanto influyó en su obra y que al final terminó en un ciclo de conferencias y de libros que le permiten fungir como uno de los Borgeanos más lúcidos y profundos que he conocido. Manuel Serrano expresa, refiriéndose a su mundo crítico, que cae como anillo al dedo a propósito de estas obsesiones: “Nacidos del diálogo y la pesquisa, los ensayos de Juan Gustavo Cobo Borda, en los que la lectura aplicada a la crítica literaria presenta una vocación creadora, dilatan nuestro pasado a base de desempolvarlo y presentarlo ante nosotros bajo una nueva lumbre, tarea desmitificadora que de análoga manera cumple su poesía con el hombre, pues armada de sarcasmo e ironía, rescata, a fuerza de señalarle sus flaquezas, lo que puede ser salvado de sus sueños e ilusiones frustradas”.
Su obra poética, de todo mi gusto, es tan importante como su obra crítica. Contenida en los libros Consejos para sobrevivir (1974), Salón de té (1979), Casa de citas (1981), Ofrenda en el altar del bolero (1981), Roncando al sol como una foca en las galápagos (1982), Todos los poetas son santos (1987), Almanaque de versos (1988), Tierra de fuego (1988), Dibujos hechos al azar de lugares que cruzaron mis ojos (1991) y El animal que duerme en cada uno (1995).
Su poesía es fresca, hilvanada con dulzura inenarrable, llena de sitios y evocaciones muy bellos,  nostálgica, entrañable por qué siempre está tocando al hombre de carne y hueso con todas sus tragedias y alegrías, devela al lector apasionado, al escritor con sus influencias más severas:

CAVAFIS

Las calles de Alejandría están llenas de polvo,
el resoplido de carros viejos y un clima
ardiente y seco cerrándose en torno a cada cosa viva.
Incluso la brisa trae sabor a sal.
En el letargo de las dos de la tarde
hay un ansia secreta de humedad
y el tendero busca en sueños, con obstinación,
la áspera suavidad de una lengua inventando la piel.
Bebe con avidez el agua amarga de la siesta
y despierta cansado por ese insecto que vibra insistente.
La frescura de la tarde desaparece también
y su única huella fue este sudor nervioso
y el bullicio que minuto a minuto agranda los cafés.
Pasan los muchachos, en grupo, alborotando
y aquel hombre comprende
que ninguna palabra logrará atrapar sus siluetas.
La noche devora y confunde
haciendo más largo su insomnio,
más hondos sus pasos por sucias callejuelas.
El amanecer lo encontrará contemplando
ese velero que abandona el muelle
y atraviesa la bahía, rumbo al mar.

En la red, en un portal que se llama “Poemas del alma” encontré una pequeña reseña de su  mundo poético muy reveladora: “Se lo ubica dentro del grupo llamado Generación sin nombre, cuyas principales características es presentar una poesía disconforme con la realidad, tal es así que algunos especialistas también suelen llamar a esta generación del desencanto. Su obra presenta un tono de delirio y sensualidad, cualidades presentes sobre todo en sus primeras publicaciones, que se titularon "Salón de té" y "Ofrenda en el altar del bolero". Posteriormente su poesía adquirió un carácter más intimista; de esta etapa podemos citar "Dibujos hechos al azar de lugares que cruzaron mis ojos" y "El animal que duerme en cada uno"[2].
Los estudios dedicados a la obra de Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis, son imprescindibles en cualquier acercamiento crítico al corpus creativo de estos dos importantes autores Colombianos, sus vidas paralelas, ligadas desde su juventud, hermanadas, aspectos biográficos de suma importancia; la genealogía de sus textos, son abordados por Borda, con la paciencia de un relojero, con la hondura crítica aguda que devela siempre nuevas miradas, expone el detalle, articula con sus influencias, trae a colación momentos esenciales de su creación, con anécdotas propias de quien  compartió y estudio mucho su mundo creativo, siempre incitando a nuevas lecturas. 
Lo mismo pasa con los extensos trabajos sobre nuestro poeta Silva. No solo recopila la extensa obra crítica sobre su obra sino que hizo infinidad de conservatorios y encuentros alrededor de su obra, editó trabajos que era imposible conseguir y generó un avivamiento alrededor de nuestro poeta mayor. Pienso que es hora de publicar las obras completas de Gustavo Cobo Borda, es justo y necesario para nuestras letras.
Quiero dejar una pequeña muestra de esta pluma lúcida que espero nos acompañe por mucho tiempo:

40 AÑOS DE CIEN AÑOS DE SOLEDAD


Juan Gustavo Cobo Borda

Hace 40 años, en una casa de Ciudad de México, un colombiano nacido en 1927 trataba de darles forma a sus fantasmas. Los cargaba desde niño y el exilio en México, a partir de 1961, le había permitido depurarlos y verlos con mayor nitidez. Duró 18 meses en esa ardua tarea y las 510 páginas de este logro perdurable fluyen con agilidad y siempre presente poesía. ¿De qué hablan?  De  una aldea  tropical, aislada del mundo, donde un hombre, instigado por los exóticos gitanos, busca los beneficios de la ciencia. Aquellos inventos que ayudan a vivir.

Los imanes, la lupa, el telescopio, la alquimia, las alfombras voladoras lo conducen, no a la piedra filosofal o a la reproducción del oro, sino a descubrir a sus propios hijos: uno de 14 años y otro de 6. A toparse con verdades obvias y por ello mismo aún más asombrosas: la Tierra es redonda como una naranja y el hielo es el gran invento de nuestro tiempo. En este aprendizaje de la realidad, de darles por primera vez nombre a las cosas, el hombre tiene dos soportes: un gitano, Melquiades, con algo de sabio esotérico, y una frágil, pero no por ello menos terrestre mujer, Úrsula Iguarán, su esposa. Mientras Melquiades gira errante por el mundo, de Madagascar al estrecho de Magallanes, Úrsula siembra yuca y ñame, para darle de comer incluso a ese ser, víctima de ?alocadas novelerías?. Amenaza incluso con morirse, para quedar sembrados en ese palmo de tierra y no emprender otra quimérica aventura.

Fundadores de esta aldea de 300 al­mas, compartían un común remordi­miento de conciencia: "Eran primos entre sí" (p. 32). Ante el temor de parir iguanas, o engendrar hijos con cola de cerdo, se habían abstenido de todo trato carnal, hasta que Prudencio Aguilar, un rival de José Arcadio Buendía derrotado en la pelea de gallos, lo insultó llamándolo impotente. Este, para defender su honor, lo desafía a un duelo donde Aguilar muere atravesado por su lanza, como si fuesen guerreros homéricos.?

El machismo militante tendrá un reverso melancólico: Aguilar ya muerto reaparece todas las noches poniéndose un tapón de esparto mojado en agua para detener la sangre de la herida. Es tal la desolación de su mirada, y tan honda su nostalgia de los vivos, que la pareja debe abandonar el pueblo, como si se tratase de un éxodo bíblico, con familias amigas. Solo se detendrán cuando: "José Arcadio Buendía soñó esa noche que en el lugar se levantaba una ciudad ruidosa con casas de paredes de espejo. Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo" (p. 37).

La imaginación crea la utopía, muy pronto ese espacio se puebla de casas concretas, con terrazas y huertas, y de gente real, como el adolescente José Arcadio Buendía enloquecido por el deseo en pos de Pilar Ternera.?

"Una mujer alegre, deslenguada, pro­vocativa, que ayudaba en los oficios domésticos y sabía leer el porvenir en la baraja". Tocándolo, en su masculinidad excesiva, él "quería que ella fuera su madre" (p. 39). Finalmente, al hacer el amor, "se encontraba con el rostro de Úrsula" y no el de ella y en ese dilema de quedarse o de huir, de estar "para siempre en aquel silencio exasperado y aquella soledad espantosa" terminará por escapar de Pilar Ternera ya embarazada, detrás de una joven gitana. El orden patriarcal y sus códigos morales desde el inicio se ven rotos por esos hogares paralelos y esos frutos espurios.

Uno de los primeros círculos del libro se cierra entonces cuando Úrsula, buscando al hijo descarriado, encuentra el camino, a solo dos días de viaje, hacia pueblos que recibían el correo y conocían "las máquinas de bienestar". "Puros y simples accesorios terrestres puestos en venta sin aspavientos por los mercachifles de la realidad cotidiana? (p. 52). Macondo ya no estaba rodeado de agua por todas partes, como pensaba el fracasado expedicionario que había sido José Arcadio fundador. Úrsula había encontrado la vía de acceso al mundo real."

Están aquí trazadas algunas de las líneas clave que sostendrán esta hazaña narrativa. Un vértigo de aventuras, de excesos que siempre se nutren de la realidad y de pormenores realistas que terminan por adquirir la pátina del mito y la leyenda. Por ello, el libro, desde este Génesis auroral hasta el decrépito Apocalipsis final, donde se extingue la estirpe y la cola de cerdo agoniza estéril para clausurar el ciclo, mantiene varios niveles de lectura. Es una saga colombia­na, pero también una muy humana Biblia de guerras, caudillos y profetas, de esplendores y desaciertos. De ejes que giran y se desgastan, y de generaciones que intentan dejar huella y solo obtienen el olvido como su única recompensa. Tiene rasgos épicos, trazos trágicos, escenas de humor jocundo, exaltaciones líricas, revisiones históricas y la música alborozada de una comedia de excesos sexuales, todo ello en el marco incomparable de la cultura del Caribe. Pero es también una mixtura literaria donde tradición oral, Kafka, Faulkner y Virginia Woolf, Borges y Rulfo, Las mil y una noches y los cantos vallenatos forman un eficaz y sólido conjunto, donde los nombres se repiten y el destino de las generaciones parece enredarse en sus fallidos afanes. Guerras civiles, supersticiones, prejuicios, apariencias formales y juegos de azar contribuyen al declive. Para concluir en la más solitaria y desconsoladora elegía. La familia Buendía se borra de la faz de la tierra y solo nos queda el prodigio de una novela que la restituye a la vida: Cien  años  de soledad,  aparecida el 30 de mayo de 1967 en la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, y escrita hace 40 años en una casa de Ciudad de México.


©2014[3]










lunes, 13 de marzo de 2017

UN ENCUENTRO INESPERADO ( RELATO PRIMERA PARTE)

Íbamos por un jugo natural especial, mi hija menor es diabética y desde que apareció un franquicia en el mercado colombiano con el nombre de “Cosechas”, la ciudad  se llenó de locales comerciales ofreciendo jugos naturales, hechos con frutas orgánicas y en condiciones que según ella respondían mucho más a las exigencias de su dieta. Cuando había dinero en la tarde era casi de rutina salir a buscar un local de estos. El día que conocí a Mara cumplía con ese itinerario, por alguna razón no fuimos al mismo sitio de siempre y de pronto estábamos en un local más lejos, nuevo para nosotros, pidiendo el susodicho jugo e impresionados por esta mujer bella que nos atendía, espontanea, y de alguna manera intuíamos tenía un universo inmenso, más allá de lo que uno supone en razón del lugar. Mi hija saborea estos jugos con jubilo, sublimiza el momento, los degusta con absoluto encanto, no importa que los tome todos los días, cada vez que lo hace, los disfruta como si fuera la primera vez, exagera sus gestos, abre los ojos; de hecho, ella que tiene una dieta tan restrictiva valora mucho estos momentos, los disfruta de sobremanera. Mientras toma su jugo me mira y me habla, para ella es muy importante que yo le preste atención, se irrita cuando no le contesto o no le sigo la charla, de pronto, me dijo.......Papi te estoy hablando, ahora la miras, me dice con una sonrisa irónica, estaba seriamente distraído viendo a Mara moverse como una gacela atendiendo a los clientes, atenta, pero no servil, puntual, nunca iba más allá de lo comercial y nunca pierde el orden, es exacta. La manos de Mara siempre me han impresionado, son mucho más que unas manos, ahí parece estar su mundo contenido, su vida, las expectativas que valen la pena, lo importante para ella. No sé cómo pasó, ni a qué hora, estábamos hablando de pintura, del arte figurativo, de la universidad de los Andes, de lo que le inquieta del arte contemporáneo con sus instalaciones y vanguardias, no podía creerlo, estaba con una pintora, que ahora por razones inexplicables, estaba sirviendo jugos en un lugar recóndito de Medellín, alejada de su mundo, rememorando todo lo que le importa realmente, lo hacía sin arrepentimientos, más bien con nostalgias por los amores con el arte arrinconados gracias a las vicisitudes de la vida. Desde ese día la visitamos habitualmente, rememoraba en cada encuentro, que la mayoría de pintores tienen experiencias de este tipo, desde ese día volví a los libros de arte, pensaba que es una constante histórica el hecho que la suerte de los pintores siempre está supeditada a un mecenas, que ahora paradójicamente se llama mercado, al final, es la capacidad para vender obra a una élite específica los que los hace importantes en el mundo comercial, tiene que ver al final mucho con las influencias, con la lagartería. Mara, nacida en Cali Colombia, había estudiado arte en la mejor universidad del país, tubo los mejores maestros y por lo tanto las mejores experiencias, vivió en Europa, cuando recordaba estos recorridos, sus ojos adquirían una matiz de nostalgia que difícilmente podía disimular. En cada visita que le hacíamos al negocio, conversábamos sobre todas aquellas afinidades que hoy nos unen, pero al final siempre terminaba mirando esas manos, que parecían hablar, que decían mucho de ella, cuando salía del local, me obsesionaba con sus movimientos, eran como portadoras de una sabiduría formal inocultable para el común de los mortales, como ocultando una sensibilidad extraordinaria. Recodé lo que significan las manos para un pintor, la obsesión de Leonardo Da Vinci con las manos…..En Mara, sus mano parecen hablar, suaves, sus dedos como de pianista se mantienen firmes, en una especie de contención inexplicable, listos para expresar. De pronto, quise conocer su obra, no sabía cómo decirle, conozco las estrechas y tensas relaciones entre la obra de un artista y su vida, en ella se traducen muchos de las emociones y las vicisitudes de su existencia, muchas veces no les gusta mostrar sus cuadros por lo que puedan expresar, no sabía si este era el caso de Mara. Por circunstancias especiales conocí su mejor obra, sus hijos, Andrea una niña con una dulzura  y sensibilidad extraordinaria, muy alta para su edad, sus ojos son intensos, tiene una delicadeza que me recuerda ciertas damas descritas por Alejandro Dumas en sus novelas más emblemáticas, enamorada de la vida, llena de expectativas. Nicolás, es un muchacho diferente a todo lo que conozco, dulce pero serio, amable, respetuoso, parco, pero no es tímido, habla lo necesario, pero cuando lo hace, deja ver toda su sabiduría y orden mental. Estudia veterinaria, pero su ilusión es ser médico, trabaja incansablemente para este sueño, que estoy seguro cumplirá.
Algún día, después de haber compartido muchos momentos con Mara, Andrea, Nicolas y mis hijos, termine en su casa. Nunca había perdido el deseo de conocer su obra, más bien estaba esperando el momento, que se me presentó de súbito, como todo lo grande de la vida.  Quede impertérrito, sabía que ese ser y esas manos, estaban por fuera del común de los mortales. Su oleos, con una fuerza tenaz, me trajeron a colación desde Miguel Ángel y algunos artistas del manierismo florentino como Rosso y Bronzino; hasta Diego Velásquez, Rembrandt, Francis Bacon,  Roberto Matta, Willem de Kooning, Goya, entre muchos otros, artistas que no había vuelto a tocar, que había abandonado por mi obsesión con la literatura. Era un hecho, su pintura expresa muchas influencias, un recorrido, evoca momentos específicos del arte Colombiano,la pintura de ciertos artistas norteamericanos del sesenta, su lectura está llena de sorpresas, hay un universo completo en estos oleos,  confirme que tenía una persona especial, no sabía qué hacer, raras veces tiene uno sorpresas tan bellas en la vida, estaba alegre y sabía que este ser estaba haciendo con su vida lo que no le corresponde, las razones las desconocía, pero ahí estaba su obra, como un faro, para repetirme esta verdad.


domingo, 5 de marzo de 2017

ANDRES CAICEDO Y EL CINE

La relación de Andrés con el cine era total, pienso que desde esta abordó todo el mundo estético que le conocemos, la literatura, su papel como crítico, su actitud como lector, su relación con Cali, tan especial y emblemática; el mundo de amigos, escasos pero a los que se ligó en proyectos inimaginables, como el cineclub, para sólo citar un ejemplo. Se cumple un aniversario más de su muerte, continua siendo estudiado con mucho juicio, tanto por la academia como por autores independientes en todo el mundo, es un escritor de culto, que parece ascender con el tiempo, en cada mirada que hacemos nos sorprende de sobremanera, como sí se renovara, tal vez sea por la calidad y obsesión con que asumió todo lo que hizo y definitivamente por la huella de una obra que confirma cada uno de sus elogios, simplemente quisiera hablar de un tópico, el cine, desde la perspectiva de un admirador más, sin pretensiones críticas.
La vida de Andrés hace parte de su obra, cuando uno se sienta a escrutarla en la infinidad de trabajos, en las entrevistas a sus amigos, en los documentales,  en las diferentes entrevistas hechas a su hermana, quien se ha dedicado preservar su obra y memoria, a través de sus cartas, confirma que  siempre se preocupó por dejar un rastro indeleble de lo que hizo, como parte del plan inmodificable que tenía para su vida, anticipándose a todo lo que pasaría con su obra. Para nadie es un descubrimiento su obsesión con el cine, más bien es imposible hablar de Andrés sin referirse a este tópico tan importante. Sandro Romero Rey, uno de los estudiosos más rigurosos de su obra en su texto empieza con una obertura que me parece ineludible: “El 4 de marzo de 1977, Andrés Caicedo Estela se quedó dormido para siempre sobre su máquina de escribir. Se había tomado una sobredosis de somníferos, y ponía fin a sus días, tras una discusión definitiva con su amiga Patricia Restrepo. Treinta años después, el 3 de febrero de 2007, el director de cine Carlos Mayolo, compañero de cinefilia y con quien había dirigido la película inacabada Angelita y Miguel Angel, moría de un infarto en su apartamento en Bogotá. La muerte abre y cierra los ciclos. Inaugura y acaba generaciones, inicia y concluye capítulos. Los que quedamos, los testigos, tratamos de darle una razón y una explicación a lo inevitable. Pero la muerte siempre termina triunfando”. Su obra parece refutar este hecho, Andrés sabía que su obra está por encima de eso que llamamos existencia, perdura. Sandro Romero, quien prologa su texto: “Ojo al cine” escribe: En los años setenta nació en Cali uno de los cinclubes de mayor importancia a nivel nacional, no sólo por su trabajo sistemático y develador, sino por la obsesiva fascinación temática que envolvía a sus miembros. El cine club de Cali fue fundado por un jovencito lewisiano y gruesas gafas llamado Andrés Caicedo el 29 de Setiembre de 1951 y muerto por sus propios medios el 4 de Marzo de 1977. Durante 25 años, Andrés no paso un solo minuto de su vida sin dejar pensar en el cine”[1]. Su trabajo es tomado de sus columnas en la ciudad de Cali, bajo el titulo “Cine y filo” y luego “Ojo al cine”, los folletos entregados en el teatro San Fernando de Cali los sábados.






Se les llamó el Grupo de Cali. “Con esta apelación se ha denominado un movimiento cinematográficoliterario nacido en la ciudad de Cali en los años setenta y que sin manifiesto alguno desarrolló un trabajo colectivo: La denominación fue necesaria para referirse a la trascendencia que iban adquiriendo las obras y andanzas de unos pocos buenos amigos caleños: Andrés Caicedo, Carlos Mayolo y Luis Ospina, inicialmente [...] Iconoclastas, intelectuales, adolescentes perpetuos, cinéfilos obsesivos, influidos por el pensamiento y las utopías de la década del sesenta (la Revolución Cubana, Mayo del 68, ‘Sex, Drugs and Rock & Roll’, viviendo en el ojo de huracán de las convulsiones contemporáneas, pero perdidos, como todos, en una esquina del Tercer Mundo. Ospina y Mayolo empiezan a hacer un cine que corresponde a las inquietudes políticas de la época (Hoyos, 1994: 169)”[1].  “Luego de su muerte voluntaria, un grupo de amigos y familiares comenzó la tarea de recoger y organizar todo el material inédito que Caicedo había escrito. Como fruto de este trabajo surgió la colección de cuentos Destinitos fatales, y otra con el nombre de Angelitos Empantanados; así mismo algunas piezas teatrales agrupadas con el título de Teatro. Ojo al cine, libro que contiene todos los textos sobre cine que Caicedo publicó en vida”, texto que recoge en esencia todo lo que escribió sobre cine, que responde a  su desmesura y precocidad de cinefago, que “forjó una cantidad considerable de obsesivos espectadores caleños” y que hoy lo ha convertido en un autor de culto, que nos sigue sorprendiendo todos los días".
Sus columnas de cine son de igual manera un pretexto para hacer buena literatura, pues en ellas va develando su mundo, sus tics literarios, aquellos aspectos autobiográficos que iba incorporando de manera encubierta en sus textos, todos articulados al film que reseñaba, en un ejercicio constante y cada vez más serio, pues iba aprendiendo la técnica, el mundo del cine con sus infinitas variables e historia, papel divulgador que nunca le impidió comentar desde una perspectiva muy personal, con eso que llamamos, ojo crítico, todo lo que pasaba en el séptimo arte, siempre con un carácter didáctico tendiente a incorporar a la ciudad en este mundo.
Edwin Carvajal en trabajo publicado en red afirma con mucha lucidez sobre el texto “Ojo al cine” que contiene toda su obra sobre el cine: “Un mérito que se le concede al texto es la presentación que hacen los compiladores. Al inicio de cada capítulo, se traen historias y anécdotas que antecedieron la creación de los artículos, así como la motivación que Caicedo manifestaba por algunos géneros en particular en el cine o por determinados detalles en la proyección de las películas. Igualmente es valioso el índice analítico al final del texto como una ayuda para los lectores que desean buscar desde el título de una película hasta el nombre de actores, actrices o directores de la época”[1]. Esta relación con el cine, fundamental, de encuentros y des-encuentros, tiene una historia muy particular, en la proxima entrega la completaré para darle cierre a este pequeño aporte.













[1] Edwin Carvajal. Sobre “Oojo al cine”
file:///C:/Users/ANA%20ISABEL/Documents/LITERATURA/Sobre%20ojo%20al%20cine.pdf



[1] Joaquín Llorca. Cine, ciudad y arquitectura, apuntes metodológicos. El caso de El grupo de Cali




[1] Ojo al cine. Editorial Norma. Bibloteca Andres Caicedo. Prologo de Sandro Romero Rey. Pag 17

viernes, 24 de febrero de 2017

JUAN CARLO ONETTI ( Primera Parte)

Con Onetti, lo digo sin ninguna pretensión crítica, guardo afinidades desde la perspectiva estética por las conexiones que me deparan sus textos, como simple lector, me asombra la manera como aborda sus relatos, el perfil tan particular de sus personajes, los temas, el manejo del tiempo, en fin, la calidad de su prosa, sobra decir que no he sido agradecido pese a todo lo que le debo gracias a una obra absolutamente valiosa,  a su inconmensurable universo literario  rico en matices, casi perfecto, de una factura impecable, describe el mundo desde un escepticismo lacerante, sus personajes desapacibles son siempre referencia obligada para la vida, aborda la naturaleza humana relevando los tópicos más penosos, mundo que todos los días nos confirma tal realidad, confundo muchas veces sus  historias con mi propia tragedia, nada pasa como queremos, todo parece ir en contravía. En sus relatos como en la vida, todo combate es inútil.
“Creador de 11 novelas, 47 relatos, por lo menos 116 ensayos y varios poemas, como "Tierra de nadie" y "Juntacadáveres", falleció el 30 de mayo de 1994 en Madrid, España. Galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1963 y el Premio Cervantes en 1980, nació el 1 de julio de 1909 en Montevideo, Uruguay, de la pareja formada por Carlos Onetti, un funcionario de aduana y Honoria Borges, quien provenía de una familia brasileña. Tuvo dos hermanos: Raúl y Raquel”[1].
Los personajes de Onetti son encantantadores por lo desapacibles, su mundo decante e inercial sin alguna motivación, responde a un irracionalismo sin pretensiones, Benedetti lo describe con mucha lucidez: “La atmósfera de las novelas y los cuentos de Juan Carlos Onetti, dominados y justificados por su carga subjetiva, estaba anunciada en una de las confesiones finales de El pozo (su primer libro, pu­blicado en 1939): «Yo soy un hombre solitario que fuma en un sitio cualquiera de la ciudad; la noche me rodea, se cumple como un rito, gradualmente, y yo nada tengo que ver con ella.» Ni Arán­zuru (en Tierra de nadie) ni Ossorio (en Para esta noche) ni Brausen (en La vida breve) ni Larsen (en El astillero) dejaron de ser ese hombre solitario, cuya obsesión es contemplar cómo la vida lo rodea, se cumple como un rito y él nada tiene que ver con ella”[2].  He hecho alusión a este ensayo, porque Benedetti tiene una labor como crítico de la que poco se habla, es certero y puntual, así fue con la crítica a la obra de García Márquez, en el caso concreto de Onetti, no deberíamos agregar ni una coma, es un texto completo, lúcido, esclarecedor y riguroso, siempre debería tenerse en cuenta cuando se habla de su obra. Después de leer a Onetti confirmo todas las dudas sobre la realidad que nos avasalla, cargada de mentiras, las circunstancias en la trama de la existencia se vuelven complicadas cuando uno atiende las servidumbres sociales, tal vez a esto se debe el abandono de sus personajes. Miremos el segundo párrafo del análisis de Benedetti: “Cada novela de Onetti es un intento de complicarse, de intro­ducirse de lleno y para siempre en la vida, y el dramatismo de sus ficciones deriva precisamente de una reiterada comprobación de la ajenidad, de la forzosa incomunicación que padece el prota­gonista y, por ende, el autor. El mensaje que éste nos inculca, con distintas anécdotas y en diversos grados de indirecto realismo, es el fracaso esencial de todo vínculo, el malentendido global de la existencia, el desencuentro del ser con su destino”.  Escribió sin arabescos, ni barroquismos, en seco, vació sus historias en una prosa de una factura impecable, evitó racionalizar el destino de sus personajes, una tesis  para obtener el grado de literatura de la universidad Javeriana lo describe perfectamente: “El uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994) escribió gran cantidad de novelas y cuentos a lo largo de su vida. Vale la pena recalcar que su posición como escritor de ficción fue limitarse a retratar con indiferencia y rigor las realidades de sus personajes pues sentía un profundo rechazo por los libros que buscan moralizar o transmitir mensajes, edificantes o corruptores, al lector. Si bien en su vida personal se identificó con el pensamiento de izquierda, como autor decidió dejar la política a los políticos, los testimonios históricos a los historiadores y los mensajes a las mensajerías”[3].
“El pozo”, se publica 1938, el mismo año que la “La nausea” de Sartre, las conexiones entre estos dos mundos narrativos son evidentes, aunque según algunos críticos, se debe más a una coincidencia que a una influencia, en todo caso, queda claro que el existencialismo como corriente filosófica, alimentó a toda una clase intelectual desde los años 40 del siglo anterior en Europa y en general en el mundo occidental, escéptica, descree totalmente del proyecto de la razón, desenmascara el humanismo impostado, cargado de mentiras, el cual termina siendo la peor falsedad. En “El extranjero” de Camus, una novela corta, casi perfecta, su protagonista nada le importa, las consecuencias de sus actos no le preocupan, no hay ningún moralismo que le impida asesinar, al final este acto no lo comprende del todo, pasó y eso basta, de hecho se ve intimidado en el juicio. En la introducción de sus cuentos completos publicada por Alfaguara, Antonio Muñoz Molina describe los personajes de Onetti magistralmente: “Los héroes de Onetti no disertaban adecuadamente sobre jazz en los cafés de París, no fundaban naciones ni atravesaban cordilleras, no volaban por los aires ni se perdían en selvas ni en laberintos simbólicos: los héroes de Onetti eran los más pacíficos, los más perezosos, los más inútiles del mundo. Lo único que hacían era fumar, preferiblemente echados bocarriba en la cama, fumar e inventarse cosas, contar embustes y enamorarse de mujeres sensuales y perdidas, de mujeres pintadas que bebían en los cafés o de muchachas angélicas cuya perfección y dulzura no podían ser merecidas por nadie”[4]. Vargas Llosa en el excelente libro sobre su obra, hablando de “El pozo”, escribe: Eladio Linacero, un fracasado, parece haber elegido la mediocridad en un acto de lucidez, para no comprometerse, algo que, cree él, le ocurre a la mayoría de los seres humanos”.  La importancia en el marco de la literatura Uruguaya es la ruptura ue implica la publicación de “El pozo” para la literatura de este país. “Para esa época, la narrativa uruguaya padecía aún las rémoras del nativismo, una literatura arraigada en la tierra y la azarosa vida campesina y, a excepción de Onetti -y un poco antes que él, José Pedro Bellán (1889-1930)- la ciudad no había podido desplegarse como el espacio literario correspon­diente al notorio crecimiento de la urbanización”[5]. Vargas Llosa afirma al respecto: “Parece mentira que, en 1939, cuando en América latina la narrativa no acaba de salir del regionalismo y el costumbrismo, con algunas connotadas excepciones como la de Roberto Arlt y Jorge Luis Borges, un joven uruguayo de treinta años que no había siquiera terminado el colegio escribiera una novela tan astuta que, además de abrir las puertas de la modalidad de la modernidad en la lengua española, sentaría las bases de un mundo novelístico propio, al que sus ficciones posteriores irían enriqueciendo hasta convertirlo en una pequeña comedia humana”. Este texto es el primero en romper paradigmas con una tradición literaria muy fuerte de nuestra narrativa muy cercana al costumbrismo, vigente aún para la época.
Ahora que se sostiene que la obra constituye el único corpus desde la cual uno podrá hablar de un autor, Onetti constituye un escritor que es sólo obra, decidió siempre evadir cualquiera de las posturas asumidas por una parte de la crítica, esa especie de estallido del espectáculo debido al auge de una generación de escritores latinoamericanos excepcional, banalidades propias del auge del Boom en manos de una parte de la crítica cultural, el solo habló y trabajo para su obra, lo demás nunca le importó.  


















[2] Mario Benedetti .Juan Carlos Onetti y la aventura del hombre.
[3]  Ángela Meneses Perdigón, dentro de tierra de nadie: un análisis intrínseco de la novela.

[4] Antonio Muñoz Molina. “Sueños realizados: invitación a los relatos de Juan Carlos Onetti”. Prologo.

domingo, 12 de febrero de 2017

RICARDO PIGLIA II

Siempre en los últimos años estaba atento no solo de sus textos de ficción y ensayos sino de lo que decía a través de sus conferencias, lúcidas, al final terminaban siendo una guía para los amantes de la literatura. Hay escritores que es mejor leerlos, cuando hablan nos producen mucho desencanto, no pasaba esto con Piglia, quien tenía un don especial para encantar, su tono de voz agudo y claro, su inteligencia para relacionar, con un dejo argentino exquisito, matizado por una ironía que denostaba del lugar común y del engaño. Piglia en esencia fue un gran lector y su ejercicio como escritor está determinado por esta condición, desde la esclerótica del deslumbramiento que le producía la lectura, nos va llevando en el proceso de interpretación que se decanta entre el texto y el lector en sus mil articulaciones. Hay un texto, una antología periodística de sus mejores entrevistas, en donde se explaya en infinidad de conceptos, habla con toda amplitud de su vida como escritor, se llama “Crítica y Ficción”[1], nos permite conocerle a cabalidad. Empiezo a provocarlos:
P: ¿Caracterizaría su escritura como una escritura no ingenua, en la que la teoría tiene un papel importante?
Piglia: No creo que existan escritores sin teoría: en todo caso la ingenuidad, la espontaneidad, el antiintelectualismo son una teoría, bastante compleja y sofisticada, por lo demás, que ha servido para arruinar a muchos escritores.
P: Dijo alguna vez que en "Respiración artificial" se insinuaba la teoría de Valéry de que “El discurso del método” podría ser leído como la primera novela moderna porque allí se narraba la pasión de una idea.
Piglia: Creo que con esa afirmación se abren nuevas posibilidades de lectura, no sólo para el discurso considerado literario, sino también para otro tipo de discurso que puede también ser leído como literario. Leer a Freud, por ejemplo, como una novela de peripecias del inconsciente. ¿No es el psicoanálisis una gran ficción? Una ficción hecha de sueños, de recuerdos, de citas que ha terminado por producir una suerte de bovarismo clínico. Se podría decir, además, que hay muchos elementos folletinescos en el psicoanálisis; las sesiones, sin ir más lejos, ¿no parecen repetir el esquema de las entregas? El psicoanálisis es el folletín de la clase media, diría yo. Por otro lado, se puede pensar que La interpretación de los sueños es un extraño tipo de relato autobiográfico, el último paso del género abierto por las Confesiones de Rousseau.
P:¿Pero, entonces, ¿cuál es la especificidad de la ficción?
Piglia: Su relación específica con la verdad. Me interesa trabajar esa zona indeterminada donde se cruzan la ficción y la verdad. Antes que nada porque no hay un campo propio de la ficción. De hecho, todo se puede ficcionalizar. La ficción trabaja con la creencia y en este sentido conduce a la ideología, a los modelos convencionales de realidad y por supuesto también a las convenciones que hacen verdadero (o ficticio) a un texto. La realidad está tejida de ficciones. La Argentina de estos años es un buen lugar para ver hasta qué punto el discurso del poder adquiere a menudo la forma de una ficción criminal. El discurso militar ha tenido la pretensión de ficcionalizar lo real para borrar la opresión.
P: Foucault sostiene que la realidad tiene un carácter discursivo, la realidad política habría que buscarla en el discurso político, por ejemplo. Desde este punto de vista, ¿el discurso literario se definiría por la confluencia de múltiples discursos, por el trabajo de transformación de estos discursos, por la combinación entre ellos?
Piglia: Yo tomo distancia con respecto a la concepción de Foucault que a menudo tiende a ver lo real casi exclusivamente en términos discursivos. Es obvio para mí que hay zonas de la realidad, las relaciones de dominio y opresión, por ejemplo, que no son meramente discursivas. Las relaciones de dominación son materiales y sobre ellas se establecen relaciones discursivas. Hecha esta salvedad, volvemos a lo que decíamos antes: para mí la literatura es un espacio fracturado, donde circulan distintas voces, que son sociales. La literatura no está puesta en ningún lugar como una esencia, es un efecto. ¿Qué es lo que hace literario a un texto? Cuestión compleja, a la que paradójicamente el escritor es quien menos puede responder. En un sentido, un escritor escribe para saber qué es la literatura.
P: La ensayista italiana Maria Corti decía en una conferencia que el escritor que escribe crítica tiene una competencia por encima del crítico que sólo hace crítica. Él es un productor de textos y eso le confiere un conocimiento interno de las obras literarias. ¿Está de acuerdo?
Piglia: En términos generales por supuesto estoy de acuerdo. Admiro mucho los ensayos de Auden, de Gottfried Benn, de Butor, la lista podría seguir; las notas de Mastronardi, por ejemplo, son muy buenas. ¿Y qué tendrían en común? Por un lado una gran precisión técnica y por otro lado una estrategia de provocación. En general la crítica que escriben los escritores plantea siempre y de un modo directo el problema del valor. El juicio de valor y el análisis técnico, diría, más que la interpretación. Los escritores intervienen abiertamente en el combate por la renovación de los clásicos, por la relectura de las obras olvidadas, por el cuestionamiento de las jerarquías literarias. Los ejemplos son variadísimos. El panfleto de Gombrowicz contra la poesía, el rescate que hace Pound de Bouvard y Pécuchet, el modo en que Borges lee a «los precursores» de Kafka, la revalorización que hace Butor de la ciencia ficción, los ataques de Nabokov a Faulkner: se trata siempre de probar un desvío, rescatar lo que está olvidado, enfrentar la convención. Los escritores son los estrategas en la lucha por la renovación literaria.
Se dice que la escritura de ficción puede ser catártica. ¿Está de acuerdo y cree que la escritura de la crítica también puede ser catártica? Y si no lo es, ¿qué podría ser?
Piglia: No creo en la teoría de la catarsis. En cuanto a la crítica, pienso que es una de las formas modernas de la autobiografía. Alguien escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas. ¿No es la inversa del Quijote? El crítico es aquel que reconstruye su vida en el interior de los textos que lee. La crítica es una forma posfreudiana de la autobiografía. Una autobiografía ideológica, teórica, política, cultural. Y digo autobiografía porque toda crítica se escribe desde un lugar preciso y desde una posición concreta. El sujeto de la crítica suele estar enmascarado por el método (a veces el sujeto es el método) pero siempre está presente, y reconstruir su historia y su lugar es el mejor modo de leer crítica. ¿Desde dónde se critica? ¿Desde qué concepción de la literatura? La crítica siempre habla de eso.
P: ¿Y qué lugar tendría la verdad?
Cuestión compleja. ¿Cuál es el lugar de la verdad en la crítica? La ficción trabaja con la verdad para construir un discurso que no es ni verdadero ni falso. Que no pretende ser ni verdadero ni falso. Y en ese matiz indecidible entre la verdad y la falsedad se juega todo el efecto de la ficción. Mientras que la crítica trabaja con la verdad de otro modo. Trabaja con criterios de verdad más firmes y a la vez más nítidamente ideológicos. Todo el trabajo de la crítica, se podría decir, consiste en borrar la incertidumbre que define a la ficción. El crítico trata de hacer oír su voz como una voz verdadera.
P: ¿Hacer como si lo fuera.
Piglia: Y convencer a los demás de que es verdad lo que dice. La ilusión de objetividad de los críticos es por supuesto una ilusión positivista. La literatura es un campo de lucha. «¿La verdad para quién?», decía Lenin. Ésa me parece una buena pregunta para la crítica literaria.
P: Ha hablado varias veces de Arlt como de un visionario y en Respiración artificial Kafka es el visionario. ¿El escritor de ficción es sobre todo un visionario?
Piglia: La escritura de ficción se instala siempre en el futuro, trabaja con lo que todavía no es. Construye lo nuevo con los restos del presente. «La literatura es una fiesta y un laboratorio de lo posible», decía Ernst Bloch. Las novelas de Arlt, como las de Macedonio Fernández, como las de Kafka o las de Thomas Bernhard, son máquinas utópicas, negativas y crueles que trabajan la esperanza.
P: Si el escritor de ficción es un visionario, entonces ¿qué es el crítico?
El crítico es el que registra el carácter inactual de la ficción, sus desajustes con respecto al presente. Las relaciones de la literatura con la historia y con la realidad son siempre elípticas y cifradas. La ficción construye enigmas con los materiales ideológicos y políticos, los disfraza, los transforma, los pone siempre en otro lugar.
Esta son las preguntas de la primera entrevista del texto hecha por Mónica López Ocón, la traigo a colación, para confirmar como desde preguntas muy puntuales se abre un dialogo con este escritor de una lucidez que cautiva e incita a lecturas.
En otro texto ante una pregunta que le hicieron, me encontré con esta respuesta sabía, que le permite a uno realizar indagaciones y escrutaciones a través de articulaciones muy sutiles desde la literatura:
Política y literatura: Como siempre, he ahí la cuestión. ¿Podemos comenzar esta charla trayendo esa cuestión a la Argentina? La literatura trabaja la política como conspiración, como guerra; la política como gran máquina paranoica y ficcional. Eso es lo que uno encuentra en Sarmiento, en Hernández, en Macedonio, en Lugones, en Roberto Arlt, en Manuel Puig. Hay una manera de ver la política en la literatura argentina que me parece más interesante y más instructiva que los trabajos de los llamados analistas políticos, sociólogos, investigadores. La teoría del Estado de Macedonio, la falsificación y el crimen como esencia del poder en Arlt, la política como el sueño loco de la civilización en Sarmiento. En la historia argentina la política y la ficción se entreveran y se desvalijan mutuamente, son dos universos a la vez irreconciliables y simétricos.
Desde los diarios escritos desde que tenía 16 años, el año pasado se publicaron tres tomos, tal vez podamos entrarnos mucho más en los itinerarios de sus lecturas, inquietudes, conceptos, anclajes, en el universo creativo que se convierte para nosotros en un descubrimiento genealogico, en una verdadera guía, teniendo en cuenta el privilegiado lector que los escribe. Esto era noticia en el 2015: “Su presencia ha aumentado estos días por varios motivos: el 5 de septiembre se estrenó en Argentina el documental 327 cuadernos, de Andrés Di Tella, que cuenta de manera muy documentada y emotiva el origen y evolución de los diarios que ha llevado el escritor argentino desde 1957, cuando tenía 16 años; además, la película se ha proyectado estos días en el Festival de Cine de San Sebastián. Por otra parte, esta semana ha llegado a las librerías la edición del primero de los tres tomos de esa experiencia privada que es, según dice el propio autor, la obra de su vida y que ha titulado. Por otra parte, esta semana ha llegado a las librerías la edición del primero de los tres tomos de esa experiencia privada que es, según dice el propio autor, la obra de su vida y que ha titulado Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación (Anagrama, los otros dos aparecerán en 2016 y 2017, respectivamente). Y, finalmente, su nombre suena por la entrega del galardón literario, dotado con 50.000 euros”[2].
La obra de este gran escritor de culto, debe abordarse con rigor, para mí, su muerte fue una pérdida irreparable, es difícil encontrar ahora escritores tan completos, tan humanos, que no se dejen jalonar por las presiones del mercado, aquellos que fueron verdaderos lectores, se tomaron el tiempo suficiente para formarse, siempre por encima de todo, tuvieron una relación entrañable con el libro.
En el artículo de “El país de España” citado, el periodista señalaba: El mensaje-relato, o el nuevo pasaje inédito de sus famosos diarios, que Piglia envío para que leyera Herralde lo ha titulado “Las afecciones y las aficiones de la literatura”. En esas nueve páginas que se leen en un santiamén con una media sonrisa por su humor e ironía, Piglia deja que hable Emilio Renzi, un personaje que nació en 1967 en su primer libro de cuentos. Empieza diciendo que no puede recoger el premio por asuntos de salud (está afectado por una esclerosis lateral amiotrófica, ELA)[3], y a partir de ahí recuerda enfermedades que aquejaron a otros escritores argentinos, de su "misteriosa dolencia", y en todas tendría algo que ver el manejo de la lengua y gramática argentina. Pero, sobre todo, habla de dos cosas: de cómo se reencontró con esas anotaciones de medio siglo y de la pasión: “La pasión, vuelve a decir Renzi, es siempre actual, porque se manifiesta en un presente puro que persiste como un diamante en la vida. Si se vuelve a ella no es para recordarla, sino para vivirla, ahora, una vez más, en el presente, siempre viva e incandescente”.









Winston Manrique Sabogal. El país de España. 25 SEP 2015 - 18:19      

[3] El escritor argentino, que no pudo asistir a recibir el Premio Formentor de las Letras 2015, envía un texto literario que es un canto a la pasión del oficio de escribir Otros

lunes, 6 de febrero de 2017

LEON DE GREIFF POR ORLANDO MEJIA RIVERA

Desde su publicación en el 2015 había querido acercarme a este texto crítico por lo que significa este poeta para Colombia y para mi gusto personal y por el rigor y la seriedad  de quien lo escribe atendiendo a su obra extensa como novelista y ensayista harto reconocida y de indudable valor.
Me sorprendió primero el carácter excepcional con que rubrica su investigación el autor, aduciendo desde el principio el lugar común y asertivo en que recae la mayoría de la crítica publicada sobre el poeta hasta la fecha. De hecho los trabajos de la academia y de algunos especialistas no sólo en Colombia sino en España dicen otra cosa. El texto aun así es valioso, aporta mucho al conocimiento de la obra del poeta e incita a su lectura. Empieza su acercamiento a partir de una afirmación categórica: “La mayoría de los críticos literarios se han quedado intentando ubicar a De Greiff en algunas de las corrientes históricas de la poesía universal e hispanoamericana, tratando de reconocer la influencia de otros en su obra, como sí el poeta fuera un epígono más de los grandes poetas y no autentico creador de una poesía inclasificable. Por su puesto se nutrío de muchos poetas y lecturas diversos, pero no los imitó”[1]. Señala las tres posiciones en que se centra esta mirada: la que lo ubican como poeta en esencia modernista, influido por Darío y en especial por el simbolismo de los poetas Franceses del siglo XIX; los que lo ubican como un precursor en Hispanoamérica de las vanguardias europeas de la primera posguerra: El expresionismo, el surrealismo y sus verdientes hispanoamericanas  del creacionismo y ultraísmo; Los que lo califican como un poeta premoderno afín al romanticismo Inglés, Francés y Alemán del siglo XVIII y sobre todo del culteranismo de Luis Gongora y sus formas poéticas rebuscadas y barrocas que florecieron en el siglo de oro Español. De hecho es muy difícil descifrar como se decantan de manera exacta las influencias del poeta en su obra, sobre todo por lo especial de la misma, aún así son detectables estas huellas y el propio poeta dejó improntas muy claras al respecto. Ahora que la crítica es más incisiva y que ha realizado un trabajo arqueológico en esta materia, podemos decir que existen instrumentos teóricos de suma importancia para realizar este trabajo[2]. En un ensayo sobre la asimilación de la poesía de De Greiff en la poesía medieval refiriéndose a las influencias señala aspectos genealógicos del tema “El primero de ellos es demostrar que todo texto literario es un complejo tejido que entrelaza diversos elementos y discursos, a la vez que se inserta en un conjunto mayor dentro del cual cobra la posibilidad de participar de forma activa en una cadena de interrelaciones. El segundo, la necesidad de probar que el estudio intertextual es algo mucho más complejo que el simple estudio de fuentes, y que se extiende a formas más abstractas, sutiles y complejas de diálogos y procesos formativos al interior de las re­des literarias”[3]. En el presente trabajo el autor se refiere al barroquismo, que fue la manera como se le abordó a su poesía por buena parte de la crítica, en sus dos tendencias: El Culteranismo y el conceptismo, en una posición poco acertada, de hecho según el Doctor Orlando, “el barroquismo se caracteriza por el uso de las palabras latinas y también de neologismos y transposición de frases”. El lenguaje poético de De Greiff no corresponde del todo a este análisis facilista de sus críticos: “La utilización de las palabras latinas es mínima en comparación con el uso de arcaísmos, anglicismos, neologismos, y algunos Germanismos”. De esta manera, abordando la crítica de los lugares comunes, el autor no solo va descifrando las miradas que hasta la fecha se han hecho de la poesía del poeta, sino que va elucidando sus errores y aciertos, con valiosos aportes.
Otro tema que toca corresponde al “De la sensibilidad romántica del poeta” Su posición al igual que algunos de sus predecesores en la crítica, Mejía Duque, Rene Uribe Ferrer, Carlos García Prada, es clara: “ Se puede plantear que sí existen varias características en De Greiff que autorizan a denominarlo como un poeta de tendencia romántica: “Su nostalgia por la naturaleza, su lirismo a partir del yo, su rechazo a la objetividad clásica de los conceptos y, al igual que los Alemanes y Francés, su anhelo a fundirse en la noche del universo como el gran útero sagrado de la tierra”[4].
El autor también se refiere a la ubicación del poeta De Greiff como modernista, lo hace con mucha lucidez y realmente hace aportes muy valiosos en su mirada crítica: “pero en especial de su lectura simbolista de los Franceses, en una tesis que han compartido escritores como Germán Arciniegas, Fernando Charry Lara y Rafael Maya que propugnaban por una perfección plástica de la forma poética, se mezclaron con los elementos simbolistas que buscaban la unión entre la música y la poesía y el descubrimiento del ritmo escondido de las palabras” , tema de los que hay infinidad de estudios en la academia y tesis de grado, así como muchos artículos de la crítica especializada, realmente lo relevante no sólo es la síntesis expedita del autor al respecto, sino la manera como deja en claro conceptos y articulaciones entre el simbolismo Francés y la poesía de De Greiff, siendo incisivo y puntual  en los aspectos en que se decanta en su poesía de manera directa. 
Otro tópico que toca el autor es la del  poeta  con el simbolismo, de hecho era imposible no hacerlo, estas como denomina: “las más notables”, la música, el ritmo en su poesía son diferentes a todo lo que habíamos visto en la poesía colombiana, la cita traída a colación en el texto escritas por el poeta en “Prosas de Gaspar”, es absolutamente explicita: “La poesía-yo creo- es lo que no se cuenta sino a seres cimeros, lo que no exhiben a las almas raptantes a las almas nobles; la poesía va de fastigio en fastigio,  es lo que no se dice, lo que apenas se sugiere, en formulas abstractas, y herméticas y arcanas e ilógicas para los oídos de esas gentes que han de leernos a nosotros los poetas”, no sólo abrevó en estas formas sino asumió actitudes propias de los simbolistas:”La literatura como una revolución permanente y en considerar a los escritores como críticos radicales de la sociedad burguesa”.[5] 
Después de realizar consideraciones muy precisas sobre su relación con el surrealismo y con lo que se denominan las vanguardias, establece categóricamente que su poesía está lejos de ser comprendida y estudiada en su totalidad, menos leida, fuera de unos versos de mucha popularidad y dejando a un lado a los especialistas, realmente estamos ante un poeta poco conocido.
El aporte esencial al desciframiento y análisis  del universo creativo de De Greiif en este texto, lo constituye la segunda parte: “El universo lingüístico y musical”: allí desde el principio afirma: “ La obra que conocemos de  De Greiff, escrita desde los primeros versos que hizo a los dieciocho años hasta sus últimos poemas de la vejez, tiene una gran característica que la unifica en un universo creativo que apenas estamos comenzando a visualizar mejor. Está gran característica es su particular lenguaje poético que, de manera indiscutible, se ha convertido en la razón de que posea pocos lectores”[6].
Este es un punto donde Orlando Mejía Rivera hace una afirmación categórica que es importante relevar, la revolución de De Greiif se asimila a lo que hizo Rebelais con la lengua Francesa, Hoderrlin con el Aleman, Rimbaud con el Frances del siglo XIX, y Joyce y T. S. Eliot con el inglés en el siglo XX, establece que “la diferencia se encuentra en que la revolución De Greiff  no ha sido comprendida todavía por los hispanoparlantes”. Lógicamente no es el primero en relevar estos aspectos: “La música siempre ha ocupado un lugar importante en la vida del poeta León de Greiff. El autor de Tergiversaciones, Libro de signos, Variaciones alredor de nada y otros libros, es un músico cuyos instrumentos son las palabras. Han observado esto los críticos que lo conocen, especialmente Juan Felipe Toruno en su artículo Sintonismo en la poesía de León de Greiff \ Hay tantos -ismos en la poesía de la época vanguardista, que creemos que el 'sinfonismo' de León de Greiff merece tanta consideración y admiración como los más reconocidos de ellos”[7].
En los dos últimos capítulos aborda los temas del universo creativos de Leon De Greiff, “los enigmas existenciales de la vida humana: El amor, la muerte, el tiempo, la soledad, la angustia, el tedio, el absurdo……..La respuesta del poeta a estos motivos insondables se da a travez de algunas pasiones que se repiten en su obra: La Fascinación por la noche, el silencio, los sonidos musicales, el arquetipo del eterno femenino, la nostalgia por los viajes imaginarios a universos perdidos en la memoria olvidada de los hombres; la autoironía y la ironía para soportar la vida, su negación a creer en los proyectos humanos, su ercepcion que la vida es un sueño como lo supo Calderon De La Barca Schakespeare”[8].
En esta parte del ensayo, el autor estudia y revela la genealogía tematica del poeta, su escepticismo, el origen de su nihilismo y los autores más emblemáticos que le han influenciado, incluso aborda el tema especifico del Budismo, tan esencial en su poesía.
Este es un libro que se deja leer, es un buen texto para iniciarse en el conocimiento del universo creativo del poeta, su lectura se hace de un tirón y se decanta el cuidado de una prosa ya constatada en otros libros del mismo autor. Espero lo disfruten.
.





[1] Orlando Mejía Rivera. “ El extraño universo de Leon De Greiff”.  Fondo editorial universidad EAFIT.Pág 25
[2] León de Greiff: «¡Ni soy lo que ellos dicen…ni en lo que soy estoy!» Carmen LUNA SELLÉS Universidade de Vigo.
(1895-1976), escritor colombiano escasamente conocido en España siendo, no obstante, una figura relevante de la poesía colombiana contemporánea. Desde que Guillermo de Torre (1965) en su Historia de las literaturas de vanguardia y Anderson Imbert (1961) en Historia de la literatura hispanoamericana le aplicaron de forRecibido: 25-10-2010. Aceptado: 15-11-2010. 268 Carmen Luna Sellés ma excesivamente rígida el marbete de vanguardista1 , este siguió siendo utilizado durante mucho tiempo de forma mecánica, sin ninguna atenta y crítica mirada de su compleja obra. En la actualidad se ha tratado de subsanar esta falta de rigor crítico valorando la especial originalidad y ruptura de su poesía en función del sistema literario en el que el autor estaba inserto y no tanto en función de los parámetros trazados por las vanguardias históricas, de las cuales, por otra parte, como señala Gutiérrez Girardot, «se tuvo en Colombia un conocimiento fragmentario y posterior» (1982: 490). En medio del silencio y la confusión en la que durante largo tiempo estuvo obscurecida la obra de León de Greiff destacaron, no obstante, varias voces clarificadoras, que en la actualidad son guías necesarias para el que trata de adentrarse en la obra de este autor. Son fundamentales los estudios de Charry Lara (1984, 1985, 1991), los de Cabo Borda (1979, 1985), el temprano ensayo de Valencia Goekel (1956) y el de Gomes (2002). A estos se sumaron estudios que tratan de ofrecernos una visión panorámica de su amplia obra, resaltando sus características más sobresalientes como el de Hernández de Mendoza La poesía de León de Greiff (1974), el de Rodríguez Sardiñas León de Greiff: una poética de vanguardia (1975) o el de Suardíaz El múltiple rostro de León de Greiff (1995). La obra de León de Greiff debe ser atendida desde el análisis mismo de su escritura, libre de rígidas clasificaciones historiográficas, porque como señala Gomes (2002: 422)”.

[3] Leon De Greiff  su asimilación a la poesía medieval.
“A partir de la mitad del siglo XX la crítica literaria ha venido insistiendo en la idea de que toda obra literaria se integra dentro de una red de continua circulación y producción. Ninguna obra literaria es, en realidad, una creación ex nihilo ni absolutamente original, sino que se enmarca en una dinámica de interacción con otras obras y discursos que la articulan y posibilitan. Los estudios sobre la intertextualidad han señalado con evidencia cómo dentro de una obra circulan diferentes corrientes de discursos sociales e ideológicos (Bajtin, Kristeva); se adoptan y transforman elementos de obras anteriores por medio de estrategias textuales como la imitación, el pastiche, la reescri­tura, la parodia (Genette); se reinterpreta de forma individual las obras de los predecesores con el fin de transformar su influencia en una energía creativa (Bloom); o bien se retoman obras y creaciones del pasado para reelaborarlas de forma paródica y así otorgarles una nueva vigencia que posibilite el diálogo de estas últimas con contextos históricos y culturales distintos (Hutcheon)”.
Ibidem.
[4] Orlando Mejía Rivera. “ El extraño universo de Leon De Greiff”.  Fondo editorial universidad EAFIT.Pág 32
[5] Orlando Mejía Rivera. “ El extraño universo de Leon De Greiff”.  Fondo editorial universidad EAFIT.Pág 33
[6] Ibidem. Pág. 49
[7] León de Greiff, poeta musical. Thesauros. Tomo XXXIX, tomo 2. Estphen A Mohller  Leon De Greiff poeta.

[8] Orlando Mejía Rivera. “ El extraño universo de Leon De Greiff”.  Fondo editorial universidad EAFIT.Pág 59