viernes, 17 de noviembre de 2023

CONVERSACIONES CON BORGES

 Es absolutamente aceptado, como lo he defendido con vehemencia desde hace mucho tiempo, sobra decir, posición de un Borgiano anodino, que las charlas del escritor, sus entrevistas y conversaciones hacen parte importante de su obra,  muchas veces nos dan las  claves para descifrarla, desde una óptica muy esencial pues vienen de su posición como autor, aunque es cierto que sus disertaciones literarias en muchas ocasiones aparecen como algo distinto a lo que interpretamos, así se refieran a un relato concreto de su autoría. Son como un juego ficcional que nunca nos permite saber si hablamos de otro relato dentro del relato en la  multiplicación de miradas y variables  acostumbradas: Los cuentos se leen como ensayos, los ensayos como disertaciones filosóficas.

Los diálogos con Roberto Alifano son una muestra de ello. Trascribiré algunos aportes de Borges en la conversaciones sostenidas con su amigo y lector infatigable que, se publicaron hace mucho tiempo.

Alifano: Borges, usted siempre se interesó por el género policial, y con Adolfo Bioy Casares se dedicaron, en una época, a escribir cuentos policiales. Ambos, además, fueron los fundadores de la colección El Séptimo Círculo, donde se editaron importantes autores del género, traducidos por ustedes. ¿Por qué se llamó así esa colección? 

Borges: Con Bioy necesitábamos un título, y yo le propuse: busquemos el círculo de los violentos en el Infierno de La Divina Comedia. Ese círculo resultó ser el séptimo. Y quedó bien. Porque si hubiera sido el sexto, el octavo o el cuarto no nos habría servido: en cambio el Séptimo Círculo era perfecto. Tuvimos esa suerte y bautizamos entonces con ese nombre a la colección.

A.: Borges, creo que sería importante indagar sobre la novela policial. ¿Qué orígenes le atribuye usted? 

B.: Hace algunos años yo tuve una polémica con Roger Caillois sobre ese tema. Creo haber tenido la razón y tenerla todavía; aunque, después de haber estado en el Japón he aprendido que se debe procurar que el interlocutor sea quien tenga la razón y no uno. Pues bien, en aquel momento yo era poco o nada japonés y lo traté a Caillois con bastante descortesía y con cierta dureza. Yo dije que el género policial era un invento de Edgar Allan Poe, que escribió Los crímenes de la calle Morgue, La carta robada, El escarabajo de oro y Tú eres el hombre, entre otros cuentos memorables. En esas obras está prefigurado todo lo que se hizo después en el llamado género policial. Además, Poe inventó la ficción del hombre que descubre un crimen por medios lógicos, a fuerza de razonamiento. Y el hecho de que eso sea contado por un amigo de él menos inteligente; lo cual, desde luego, no corresponde a la realidad ya que los crímenes se descubren por investigaciones, por delaciones o por azar; pero no por medio de razonamientos. El caballero Augusto Dupin es el hombre sedentario que reflexiona sobre un delito y encuentra la solución, y eso, después, fue heredado famosamente por la pareja Sherlock Holmes y Watson, de Conan Doyle, y por los cuentos del Padre Brown, de Chesterton.

A.: ¿Es en los cuentos cortos donde Poe volcó la mayor parte de su genio creador, verdad, Borges? 

B.: Yo creo que en ellos es donde está su obra más lograda, más que en ningún otro género que haya cultivado; más que en la poesía y que en la crítica. Yo creo que sus cuentos policiales fueron los que lo hicieron acreedor del lugar que hoy ocupa en la literatura. La novela policial es un género que Poe contribuyó a definir en la teoría y a perfeccionar en la práctica. Todo parte de él. Yo he pensado siempre que Poe tenía conciencia, además, de que el género policial es un género fantástico. Una prueba de ello es que él escribe en Estados Unidos, pero hace que su detective sea francés; es decir, él lo sitúa en París, en una lejanía, y esa lejanía es el sitio donde ocurren los crímenes. Indudablemente Poe sabía que si sus narraciones las hubiera situado en Nueva York, la gente habría buscado una similitud. Pero al ubicarlos en otra ciudad, hacía que esos hechos resultaran lejanos e irreales. Por eso yo sostengo que el género policial es un género fantástico. Hay también una idea que inventó Poe: la idea de que algo se torna invisible precisamente por ser demasiado visible. En su cuento La carta robada, por ejemplo, Poe nos presenta a un político al que le han robado una carta muy importante. La policía examina de un modo muy prolijo la casa. La examina con vidrios de aumento, se fija en las junturas de las baldosas, en la encuadernación de los libros. Están buscando minuciosamente el escondrijo donde puede estar la carta, pero no consiguen encontrarla. Luego el caballero Augusto Dupin encuentra la carta; esa carta estaba encima de la mesa. O sea que el lugar donde estaba era tan evidente, tan visible estaba la carta que, por esa misma razón se había tornado invisible.


Sobre el Quijote expresó:


 A.: Borges, usted confesó alguna vez que en su vida había leído muy pocas novelas; entre ellas El Quijote, cuya segunda parte relee a menudo. Recientemente usted ha escrito un prólogo para una versión italiana de El Quijote, ¿no cree que sería oportuno hablar de ese trabajo y, por ende, de la obra capital de Cervantes? 

B.: Sí, yo acabo de concluir, precisamente, ese prólogo. Y esa tarea me ha permitido observar algunas cosas sobre la novela de Cervantes. Podríamos hablar de ellas. Lo primero que cabría decir es que en El Quijote hay, por lo menos, dos argumentos: uno, el argumento ostensible es decir, la propia historia del ingenioso hidalgo, y el otro, el argumento íntimo, que yo creo que es el verdadero tema: la amistad de don Quijote y de Sancho. Ese es un tema que se ha repetido después en la literatura, quizá el ejemplo más famoso sea Bouvard et Pécuchet, de Gustave Flaubert, donde lo más importante es la amistad de esos dos infelices. Tenemos, luego, un ejemplo menor: El Fausto de Estanislao del Campo, cuyo verdadero argumento no es, como creía Leopoldo Lugones, la parodia del doctor Fausto, sino la amistad de los dos aparceros. Pero a mí se me ocurre que podemos pensar en un tercer argumento. Eso me ha llevado a concebir un cuento, que aún no he escrito y del que no puedo revelar nada, sobre el último capítulo de El Quijote. Solo puedo adelantar que esta será la historia de Alonso Quijano que quiere ser don Quijote y trata de serlo, ya sobre el final de su vida. De modo que ahí tenemos un tercer argumento. Sobre el primer argumento, el de las aventuras que todo el mundo conoce, recuerdo que dijo Juan Ramón Jiménez, que debemos imaginar un Quijote con otras aventuras, y que ese Quijote podría ser esencialmente el mismo. En este momento, sin embargo, las aventuras son lo que menos me interesa. Yo creo que lo que más interesa son los dos caracteres. Y a mí sobre todo, en la actual circunstancia en la que estoy a punto de escribir ese cuento sobre El Quijote, el último de ellos: es decir, el de Alonso Quijano que quiere ser al final de su vida don Quijote.

 A.: El Quijote está dividido en dos partes; la primera —esto ha sido observado por muchos autores— difiere esencialmente de la segunda. Al comienzo don Quijote y Sancho son dos personajes un tanto inexplicables que se unen e inician sus aventuras y que reciben su esperada cuota de befas y de palizas. En cambio, en la segunda parte todo cambia. Cuando el hidalgo y su escudero hacen su otra salida ya la gente los conoce. Por consiguiente, todos los personajes de la segunda parte vienen a ser cómplices de la locura de don Quijote. Esa diferencia esencial la anota usted también en su ensayo anterior que escribió sobre la gran novela de Cervantes: además usted confiesa que se inclina por esa segunda parte, ¿no es así? 

B.: Ah, claro, es cierto. Yo creo que esa segunda parte Cervantes la escribió diez años después. Ahora, como usted dice, cuando hacen esa otra salida ya la gente los conoce y todos son cómplices de la locura de don Quijote. El ejemplo más evidente sería el de los duques. Cuando ellos llegan al palacio, todo está preparado y arman una serie de bromas para fomentar esa locura de don Quijote. Luego está la historia de Clavileño, y también podríamos citar al bachiller Sansón Carrasco que quiere curar su locura a don Quijote, y se convierte en el Caballero de la Blanca Luna para vencerlo. Es decir, todos fomentan la locura de don Quijote, y eso crea una diferencia muy importante entre la primera y la segunda parte. 

A.: La frase aquella «nunca segundas partes fueron buenas», es atribuida a Cervantes. ¡Qué paradoja, no! ¿Significa esto que el propio Cervantes no tenía fe en la segunda parte de su novela? 

B.: Bueno, según se ha dicho, Cervantes nunca tuvo demasiada confianza en la segunda parte de El Quijote. Yo creo, sin embargo, que siempre segundas partes fueron buenas. En esa parte, Cervantes prescinde de esos burdos percances físicos y todo lo que ocurre es distinto. Es sentimental, es psicológico, ya no hay tantos golpes, ya no hay tantas tundas, ya no hay cosas que eran terribles, graciosas y, al mismo tiempo, novedosas, como la aventura de los molinos. Podríamos decir también que cuando Cervantes empezó a escribir don Quijote, él lo conocía muy poco a Alonso Quijano. Quizá eso suceda con todo libro. Si uno empieza a escribir un libro, uno va compenetrándose con los personajes; en este caso con el personaje Alonso Quijano o Don Quijote. Ahora está aquello que señaló Paul Groussac: que en su primera versión, don Quijote había sido una novela ejemplar como las otras. En la primera parte, Cervantes vio las posibilidades cómicas para él y para su época, posibilidades que eran graciosas en la acción. En la segunda parte, en cambio, vio las posibilidades patéticas.


Esta es una muestra de la lucidez de Borges, espero los lectores se interesen por esta faceta del excepcional escritor Argentino.

He aquí el texto:

Conversaciones con Borges (Roberto Alifano) (Z-Library).pdf


domingo, 12 de noviembre de 2023

LINA ( LOS PRIMEROS ENCUENTROS )

Por las imponderables decisiones del  destino que nadie comprende a cabalidad, conocí a Lina en el apartamento de Simon, muy a las ocho de la noche de un sábado cualquiera, entre cervezas y aguardiente, en una reunión de amigos. Es una mujer hermosa, que para el caso es lo de menos, inteligente, aguda, con apreciaciones intempestivas, como quien saca un AS debajo de la manga,  sorprenden, la flecha da en el punto, hay cierto cinismo en sus elucidaciones, como sí se burlara de esta sociedad patriarcal de la que tanto denosta. Está por fuera de los presupuestos de esta sociedad, refutándola desde sus actos y pensamiento, con esa manera de mirar y apreciar la vida que se sale del canon, de los convencionalismos. Nada es producto del azar, debe ser un ser con muchas tensiones internas, dudas, llena de virtudes, aciertos y fracasos, enumeración que la ha formado, sus elucidaciones y decisiones, se  deben a muchos factores: Otras miradas contribuyen a lo que es hoy, bien sean textuales, experiencias de vida, entornos familiares, empresariales o de cualquier tipo. Lina es una síntesis excelente de la vida. Nadie sabe lo que carga el universo en una subjetivada tan especial como la suya. 
Después tuvimos varios encuentros en el parque de los iconoclastas en los Alcazares de Santa Lucia en Medellín. Estuvimos con Omar, Wey, Mario y Simon. Las charlas siempre giran alrededor de lo coloquial, pero con el tiempo van adquiriendo cierta ironía alrededor de la vida, el sexo, el trabajo y las servidumbres que definitivamente nos esclavizan. El primer instinto cuando uno se encuentra con Lina, es pensar en el sexo, siendo una compulsión natural, nacida del carisma y la belleza de esta mujer, sorprende como después de minutos de conversación se encuentra con un ser muy complejo. Freud alguna vez dijo: " Sabemos menos sobre la vida sexual de la niñas que de los niños. Pero no debemos avergonzarnos de esta distinción; después de todo; la vida sexual de las mujeres adultas es un -continente oscuro- para la psicología", la mujer en el marco de la perspectiva histórica, en el siglo XX  ha librado muchas batallas. Más en una sociedad patriarcal como la antioqueña. Quién entiende a las mujeres, dicen ellas mismas. Lina es una mujer separada, madre de dos hijos, muy independiente, si no me equivoco trabaja en mercadeo, el arte de persuasión en este capitalismo voraz, definitivamente tiene todas las herramientas subjetivas para ser muy persuasiva.
Hay luchas que se dan contra el mundo. Cleopatra puso en tensiones al imperio más grande y perdurable que ha existido: Roma. Marco Antonio y Octavio se disputaron su amor, que solo tenía como propósito salvar a Egipto. Antígona, personaje de la tragedia Griega se enfrentó a todos los convencionalismos. Hipita, fue la primera matemática del mundo, Luchó contra todos y todo el poder, para sobresalir en la biblioteca de Alejandría, de solo hombres, se impuso solo con las armas que le brindó la sabiduría y sarcasmo. Elizabeth Benne de "Orgullo y prejuicio" de mente aguda, con un sarcasmo inteligente, rechaza todos los convencionalismos sociales de la época Isabelina, solo por seguir su propio camino. Lina es un poco de todas estas experiencias. No tengo ni idea de las historias más relevantes en su vida, pero estoy seguro que su personalidad es un amalgama de todas ellas.
Hace poco viajó a Europa. Me imagino que esta experiencia se suman al cumulo de formaciones performativas. No he tenido la oportunidad de hablar sobre lo que le dejó este viaje y cuales fueron sus percepciones más significativas. Tomaré el estereotipo de esta bella mujer, para escribir un relato corto, que trata de plasmar en esencia, que nada esta acabado en lo que respecta a la verdadera emancipación del sexo femenino. No importa cuan sean sus logros, ni como en apariencia todo está descontado para ellas. Cada batalla se hace desde la interioridad, atendiendo las circunstancias en que se vive. Hasta ahora estoy estructurando el relato, espero publicarlo pronto.