Se cumplen cuarenta años de la muerte de Jorge Luis Borges. Murió el 14 de junio de 1986 y gracias a varios escritos sobre este hecho y lo que nos ha costado la ausencia de este grande la literatura, volví a la biografía de Samuel Johnson de Boswell. Esta obra escrita en 1791, está considerada de forma casi unánime como la mejor biografía jamás escrita en la lengua inglesa, y un hito absoluto en la literatura universal. Antes de Boswell, las biografías solían ser hagiografías (alabanzas ideales que pintaban a los personajes como santos) o simples cronologías aburridas de hechos y fechas. Boswell cambió las reglas del juego para siempre.
Dice Frank Brady en el prologo de la misma que "más allá de este juicio, los desacuerdos en torno a su naturaleza y sus características son tan variados y profundos que aquí habremos de restringirnos a tratar cinco cuestiones: (I) la teoría y práctica de la biografía en relación con la Vida; (2) la confección de la Vida; (3) la presentación que hace de la figura de Johnson; (4) el papel de Boswell como autor y personaje; (5) las opiniones del siglo XVIII y las opiniones de la crítica moderna acerca de la Vida. Boswell no quería elevar a Johnson a un altar; quería retratar al hombre real. Mostró a un Johnson brillante, pero también con sus obsesiones, sus arrebatos de ira, su miedo a la muerte, su melancolía y sus modales rústicos en la mesa. Además Introdujo el concepto de que una biografía debe buscar la verdad psicológica y humana, no la perfección moral".
Harold Alvarado Tenorio, en un escrito realizado para el periodico "El colombiano" de Medellín colombia a proposito de los diarios de Adolfo Byo Casares y del aniversario de la muerte de borges, expresa que este es un retrato intimo de las conversavciones de dos grandes amigos entre 1931 y 1989. Aunque esta datación incluye un pequeño error de dedo (abarca desde su primer encuentro en 1931 —con registros continuos desde 1947— hasta la muerte de Borges y sus repercusiones en 1989), la esencia es exacta: es una de las obras de registro testimonial más descomunales, fascinantes y polémicas de la literatura en español. Con casi 1.700 páginas, la genialidad, la malicia y la intimidad de este libro hace del chisme su más desnudo ejercicio, dice Harold, la cicuta que nos ha enveneado en la lectura.
En el prologo del libro de Byo se establece con claridad el itinerario de estos diario: "En septiembre de 1946 terminó Bioy su prólogo a la Suma; en 1947 empezó a registrar las «interminables, exaltadas conversaciones» con Borges, afanes en los que perseveró, calladamente, durante casi cuarenta años. Desde 1987 publicó fragmentos de esas charlas, que aspiraba a reunir, según anunció en 1990, en un libro donde Borges aparecería «riéndose de las cosas que él mismo respetaba, hablando como un amigo íntimo». En 1996, dentro de nuestro plan de edición de sus papeles privados, acordamos realizarlo: examiné sus diarios, sus cuadernos de apuntes, sus libretas y su correspondencia, y, durante 1997 y 1998 revisamos, organizamos y corregimos el texto, que leímos íntegramente en su versión final no menos de dos veces antes del adverso milagro de 1999".
Miremos la primera entrada del diario de Byo, para que entendamos la profundidad del mismo y las recurrentes incitaciones a autores y lecturas:
"Creo que mi amistad con Borges procede de una primera conversación, ocurrida en 1931 o 32, en el trayecto entre San Isidro y Buenos Aires. Borges era entonces uno de nuestros jóvenes escritores de mayor renombre y yo un muchacho con un libro publicado en secreto. Ante una pregunta sobre mis autores preferidos, tomé la palabra y, desafiando la timidez, que me impedía mantener la sintaxis una frase entera, emprendí el elogio de la prosa desvaída de un poetastro que dirigía la página literaria de un diario porteño. Quizás para renovar el aire, Borges amplió la pregunta:
—De acuerdo —concedió—, pero fuera de Fulano, ¿a quién admira,
en este siglo o en cualquier otro?.
—A Gabriel Miró, a Azorín, a James Joyce —contesté.
¿Qué hacer con una respuesta así? Por mi parte no era capaz de explicar qué me agradaba en los amplios frescos bíblicos y aun eclesiásticos de Miró, en los cuadritos aldeanos de Azorín ni en la gárrula cascada de Joyce, apenas entendida, de la que se levantaba, como irisado vapor, todo el prestigio de lo hermético, de lo extraño y de lo moderno. Borges dijo algo en el sentido de que sólo en escritores entregados al encanto de la palabra hallan los jóvenes literatura en cantidad suficiente. Después, ha blando de la admiración por Joyce, agregó:
—Claro. Es una intención, un acto de fe, una promesa. La promesa
de que les gustará —se refería a los jóvenes— cuando lo lean".
En el prologo de la biografía de Samuel Johnson acuñan: "La exactitud, por otra parte, podría parecer un ideal imposible. Como ha dicho Geoffrey Scott, «Boswell ha acuñado una imagen que bien describe su meta: una “vida” debería ser como un grabado impecable, hecho a partir de la plancha que ha repujado nuestra memoria… La biografía debiera ser nada más y nada menos que esta reduplicación de una imagen mental». Por citar directamente al propio Boswell, «he de ser preciso al máximo en cada una de las arrugas de su semblante, en cada pelo, en cada lunar»".
La de Byo es un grabado hecho con el pincel de la cotidianidad, de las gratas inquietudes de dos amigos del mundo de la ficcion y sus autores. Miren lo que recuerda Byo con exactitud y que es una muestra de la infinita sabiduria qye aporta este diario:
"Domingo, 28 de diciembre. En Pardo. Conversación con Silvina. Dice que cada uno de nosotros tiene un tema, al que siempre vuelve: Borges, la repetición infinita; ella, los diarios proféticos; yo, la evasión a unos pocos días de felicidad, que eternamente se repiten: La invención de Morel, «El perjurio de la nieve», la novela (o cuento) que ahora escribo (de los tres días y tres noches de Carnaval). Le conté que referí a Borges «El otro laberinto», en una versión muy tosca, hacia 1935, mientras caminábamos por la calle Vicente López, cerca del cementerio de la Recoleta; él me habló de Berkeley Square, film basado en The Sense of the Past, después empecé —y abandoné— la novela Pasado mortal y, en dos o tres meses de 1945, es cribí «El otro laberinto»".
Es registro de las conversaciones de dos grandes, de un autor, del mundo de la ficción, el mismo siempre nos tiene un infinito dwe referencias y de aluciones que reflejan el inmenso universo creativo que nos rodea.
Todo será pretexto para crear y escrbir.
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