martes, 13 de octubre de 2026

EL FANTASMA DEL PREMIO NOBEL GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

 Esta colunna le presentó algunos problemas en el proceso de su propia elección en la academía al nobel a Gabriel García Márquez, pues algunos miembros del comite expresaron sus dudas, no por la calidad de su obra, que estaba descontada sino por la posición del autor frente al proceso de adjudicasión. Al final se impusó la calidad de una obra indiscutible. La traigo a colación por el otorgamiento del premio este año a la canadiense Anni Carsón cuya obra es de una calidad e importancia para la letras universales que, me permite expresar mi alegria pues los últimos premios y hablo de los últimos doce años, no tienen discusión. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE. 


Todos los años, por estos días, un fantasma inquieta a los escritores grandes: el Premio Nobel de Literatura. Jorge Luis Borges, que es uno de los más grandes y también uno de los candidatos más asiduos, protestó alguna vez en una entrevista de Prensa por los dos meses de ansiedad a que lo someten los augures. Es inevitable: Borges es el escritor de más altos méritos artísticos en lengua castellana, y no pueden pretender que le excluyan, sólo por piedad, de los pronósticos anuales. Lo malo es que el resultado final no depende del derecho propio del candidato, y ni siquiera de la justicia de los dioses, sino de la voluntad inescrutable de los miembros de la Academia Sueca. No recuerdo un pronóstico certero. Los premiados, en general, parecen ser los primeros sorprendidos. Cuando el dramaturgo irlandés Samuel Beckett recibió por teléfono la noticia de su premio, en 1969, exclamó consternado: «¡Dios mío, qué desastre!». Pablo Neruda, en 1971, se enteró tres días antes de que se publicara la noticia, por un mensaje confidencial de la Academia Sueca. Pero la noche siguiente invitó a un grupo de amigos a cenar en París, donde entonces era embajador de Chile, y ninguno de nosotros se enteró del motivo de la fiesta hasta que los periódicos de la tarde publicaron la noticia. «Es que nunca creo en nada mientras no lo vea escrito», nos explicó después Neruda con su risa invencible. Pocos días más tarde, mientras comíamos en un fragoroso restaurante del Boulevard Montparnasse, recordó que aún no había escrito el discurso para la ceremonia de entrega, que tendría lugar 48 horas después en Estocolmo. Entonces volteó al revés la hoja de papel del menú, y sin una sola pausa, sin preocuparse por el estruendo humano, con la misma naturalidad con que respiraba y la misma tinta verde, implacable, con que dibujaba sus versos, escribió allí mismo el hermoso discurso de su coronación.

La versión más corriente entre escritores y críticos es que los académicos suecos se ponen de acuerdo en mayo, cuando se empieza a fundir la nieve, y estudian la obra de los pocos finalistas durante el calor del verano. En octubre, todavía tostados por los soles del Sur, emiten su veredicto. Otra versión pretende que Jorge Luis Borges era ya el elegido en mayo de 1976, pero no lo fue en la votación final de noviembre. En realidad, el premiado de aquel año fue el magnífico y deprimente Saul Bellow, elegido de prisa a última hora, a pesar de que los otros premiados en las distintas materias eran también norteamericanos.

Lo cierto es que, el 22 de septiembre de aquel año ―un mes antes de la votación―, Borges había hecho algo que no tenía nada que ver con su literatura magistral: visitó en audiencia solemne al general Augusto Pinochet. «Es un honor inmerecido ser recibido por usted, señor presidente», dijo en su desdichado discurso. «En Argentina, Chile y Uruguay se están salvando la libertad y el orden», prosiguió, sin que nadie se lo preguntara. Y concluyó impasible: «Ello ocurre en un continente anarquisado y socavado por el comunismo». Era fácil pensar que tantas barbaridades sucesivas sólo eran posibles para tomarle el pelo a Pinochet. Pero los suecos no entienden el sentido del humor porteño. Desde entonces, el nombre de Borges había desaparecido de los pronósticos. Ahora, al cabo de una penitencia injusta, ha vuelto a aparecer, y nada nos gustaría tanto a quienes somos al mismo tiempo sus lectores insaciables y sus adversarios políticos que saberlo por fin liberado de su ansiedad anual.

Sus dos rivales más peligrosos son dos novelistas de lengua inglesa. El primero, que había figurado sin mucho ruido en años anteriores, ha sido ahora objeto de una promoción espectacular de la revista Newsweek, que lo destacó en su portada del 18 de agosto como el gran maestro de la novela; con mucha razón. Su nombre completo es nada menos que Vidiadhar Surajprasad Naipaul, tiene 47 años, nació aquí al lado, en la isla de Trinidad, de padre hindú y madre caribe, y está considerado por algunos críticos muy severos como el más grande escritor actual de la lengua inglesa. El otro candidato es Graham Greene, cinco años menor que Borges, con tantos méritos y también con tantos años de retraso como él para recibir ese laurel senil.

En el otoño de 1972, en Londres, Naipaul no parecía muy consciente de ser un escritor del Caribe. Se lo recordé en una reunión de amigos y él se desconcertó un poco; reflexionó un instante, y una sonrisa nueva iluminó su rostro taciturno. «Good claim», me dijo. Graham Greene, en cambio, que nació en Berkhamsted, ni siquiera vaciló cuando un periodista le preguntó si era consciente de ser un novelista latinoamericano. «Por supuesto», contestó. «Y me alegro mucho, porque en América Latina están los mejores novelistas actuales, como Jorge Luis Borges». Hace algunos años, hablando de todo, le expresé a Graham Greene mi perplejidad y mi disgusto de que a un autor como él, con una obra tan vasta y original, no le hubieran dado el Premio Nobel.

«No me lo darán nunca», me dijo con absoluta seriedad, «porque no me consideran un escritor serio».

Los tres enigmas de la Academia Sueca

La Academia Sueca, que es la encargada de conceder el Premio Nobel de Literatura, sólo ese, se fundó en 1786, sin pretensiones mayores que la de parecerse a la Academia Francesa (*). Nadie se imaginó entonces, por supuesto, que con el tiempo llegaría a adquirir el poder consagratorio más grande del mundo. Está compuesta por dieciocho miembros vitalicios de edad venerable, seleccionados por la propia academia entre las figuras más destacadas de las letras suecas. Hay dos filósofos, dos historiadores, tres especialistas en lenguas nórdicas y sólo una mujer. Pero no es ese el único síntoma machista; en los ochenta años del premio, sólo se lo han concedido a seis mujeres, contra 69 hombres. Este año será concedido por una decisión impar, pues uno de los académicos más eminentes, el profesor Lindroth Sten murió el pasado 3 de septiembre: hace quince días.

Cómo proceden, cómo se ponen de acuerdo, cuáles son los compromisos reales que determinan sus designios, es uno de los secretos mejor guardados de nuestro tiempo. Su criterio es imprevisible, contradictorio, inmune incluso a los presagios, y sus decisiones son secretas, solitarias e inapelables. Si no fueran tan graves, podría pensarse que están animadas por la travesura de burlar todos los vaticinios. Nadie como ellos se parece tanto a la muerte.

Otro secreto bien guardado es dónde está invertido un capital que produce tan abundantes dividendos. Alfred Nobel (con acento en la e y no en la o), creó el premio en 1895 con un capital de 9.200.000 dólares, cuyos intereses anuales debían repartirse cada año, a más tardar el 15 de noviembre, entre los cinco premiados. La suma, por consiguiente, es variable, según haya sido la cosecha del año. En 1901, cuando se concedieron los premios por primera vez, cada premiado recibió 30.160 coronas suecas. En 1979, que fue el año de intereses más suculentos, recibió cada uno 160.000 coronas (2.480.000 pesetas).

Dicen las malas lenguas que el capital está invertido en las minas de oro de África del Sur y que, por consiguiente, el Premio Nobel vive de la sangre de los esclavos negros. La Academia Sueca, que nunca ha hecho una aclaración pública ni respondido a ningún agravio, podría defenderse con el argumento de que no es ella, sino el Banco de Suecia, quien administra la plata. Y los bancos, como su nombre lo indica, no tienen corazón.

El tercer enigma es el criterio político que prevalece en el seno de la Academia Sueca. En varias ocasiones, los premios han permitido pensar que sus miembros son liberales idealistas. Su tropiezo más grande, y más honroso, lo tuvieron en 1938, cuando Hitler prohibió a los alemanes recibir el Premio Nobel, con el argumento risible de que su promotor era judío. Richard Khun, el alemán que aquel año había merecido el Nobel de química, tuvo que rechazarlo. Por convicción o por prudencia, ninguno de los premios fue concedido durante la segunda guerra mundial. Pero tan pronto como Europa se repuso de sus quebrantos, la Academia Sueca cometió la que parece ser su única penosa componenda; le concedió el premio de literatura a sir Winston Churchill sólo porque era el hombre con más prestigio de su tiempo, y no era posible darle ninguno de los otros premios, y mucho menos el de la paz.

Tal vez las relaciones más difíciles de la Academia Sueca han sido con la Unión Soviética. En 1958, cuando el premio le fue concedido al muy eminente Boris Pasternak, este lo rechazó por temor de que no se le permitiera regresar a su país. Las autoridades soviéticas consideraron el premio como una provocación. Sin embargo, en 1965, cuando el premiado fue Mikhail Sholokhov, el más oficial de los escritores oficiales soviéticos, las proplas autoridades de su país lo celebraron con júbilo. En cambio, cinco años más tarde, cuando se lo concedieron al disidente mayor, Alexander Solzhenitsyn, el Gobierno soviético perdió los estribos y llegó a decirse que el Premio Nobel era un instrumento del imperialismo. A mí me consta, sin embargo, que los mensajes más cálidos que recibió Pablo Neruda con motivo de su premio provenían de la Unión Soviética, y algunos de muy alto nivel oficial. «Para nosotros», me dijo, sonriendo, un amigo soviético, «el Premio Nobel es bueno cuando se lo conceden a un escritor que nos gusta, y malo cuando sucede lo contrario». La explicación no es tan simplista como parece. En el fondo de nuestro corazón todos tenemos el mismo criterio.

El único miembro de la Academia Sueca que lee en castellano, y muy bien, es el poeta Artur Lundkvist. Es él quien conoce la obra de nuestros escritores, quien propone sus candidaturas y quien libra por ellos la batalla secreta. Esto lo ha convertido, muy a su pesar, en una deidad remota y enigmática, de la cual depende en cierto modo el destino universal de nuestras letras. Sin embargo, en la vida real es un anciano juvenil, con un sentido del humor un poco latino, y con una casa tan modesta que es imposible pensar que de él dependa el destino de nadie.

Hace unos años, después de una típica cena sueca en esa casa ―con carnes frías y cerveza caliente―, Lundkvist nos invitó a tomar el café en su biblioteca. Me quedé asombrado; era increíble encontrar semejante cantidad de libros en castellano, los mejores y los peores revueltos, y casi todos dedicados por sus autores vivos, agonizantes o muertos en la espera. Le pedí permiso al poeta para leer algunas dedicatorias, y él me lo concedió con una buena sonrisa de complicidad. La mayoría eran tan afectuosas, y algunas tan directas al corazón, que a la hora de escribir las mías me pareció que hasta la sola firma resultaba indiscreta. Complejos que uno tiene, ¡qué carajo!

* Los otros cuatro premios son: Física y Química, concedidos por la Real Academia de Ciencias, Medicina o Fisiología, concedido por el Comité Nobel del Instituto Carolino, y el de la Paz, concedido por el Comité Nobel del Parlamento de Noruega.

jueves, 8 de octubre de 2026

QUERIDAS LECTORAS QUERIDOS LECTORES (ANAGRAMA 25 DE SEPTIEMBRE 2026)

 

                                             Fotografía © Lilia Ana Ramos

Con motivo de la publicación de la nueva novela de Andrea Abreu, Pajaritos preñados, que ya va de camino a su segunda edición, invitamos a la autora a participar en nuestra newsletter, para que nos cuente el proceso creativo que se esconde tras el libro, así como algunas de las referencias que le sirvieron de inspiración durante la escritura de su obra.

Sin más preámbulos, los dejamos con ella:


Sentada delante de la misma ventana por la que veía caer la calima dorada y la lluvia negra, me siento a escribir este texto y miro a mi alrededor: el cuarto de la lavadora, donde guardo los libros y las libretas, donde escribo y tengo pegada la estructura. Dos folios de papel reciclado que rezan Pajaritos preñados en los que organicé la novela de principio a fin y que me servían como almanaque en el que ir tachando el paso de los días (los míos y los de la novela).


Cuando me preguntan cómo fue el proceso de escritura me quedo callada. Pienso muchas cosas pero digo poco: «lo di todo», «fue mucho esfuerzo», «nadie sabe el trabajo que hay detrás». Alexitímica, me pregunto: ¿cómo se nombra toda la vida en una frase? No sé por dónde empezar, pero siempre me viene a la cabeza la imagen de la estructura: cinco partes que contienen treinta y tres capítulos. Cada uno de ellos tenía antes un título orientativo que más tarde borré («Perdido en el monte», «Escalada sexo-odio»…).

Cada vez que me enfrentaba a un nuevo capítulo creaba una estructura específica para él y, dentro de ella, una subestructura. Desarrollaba cada subparte (solían ser una media de ocho o nueve), en orden lineal, y al final trabajaba las uniones entre ellas. Después de escribir cada capítulo, lo leía (× 1000) hasta que la eufonía de las palabras fuera la que yo deseaba. Luego, cuando estaba contenta, se lo mandaba a mi editora, Ana Rodado, y ella lo revisaba y me lo devolvía comentado. Seguíamos en ese intercambio hasta que estuviera listo para pasar al siguiente.


Al terminar de escribir todo el libro, empezó otro proceso que fue todavía más difícil: las correcciones finales, que duraron desde enero hasta julio de 2026. Leí en voz alta el manuscrito delante de mis padres, a presión, durante una semana (pobrecitos) para que hubiera verosimilitud histórica tanto en lo que ocurría como en el uso del dialecto. Corregí el texto tres veces, línea por línea, palabra por palabra, repitiendo la misma frase varias veces. Yo revisaba, se lo mandaba a mi correctora Inga Pellisa (que se eschavetó casi tanto como yo), ella me lo devolvía y yo lo releía e incorporaba o no sus sugerencias además de volver a meter cambios de mi cosecha.

Recuerdo que me quejaba: «no puedo más» y mi pareja y mi familia me respondían «venga, Andre, un fisquito namás». Busqué cada palabra del texto que no pertenecía al español estándar. Revisé todos los aprendizajes que podían contener errores. Consulté de nuevo a las personas a las que entrevisté para elaborar las diferentes partes: la luchada, la pesca, las plataneras, el tarot. Revisé las descripciones de fauna y flora, los rezados, las máquinas tragaperras, los coches, los caballos, las canciones, las comidas, las películas, los nombres… Todo. Y si me preguntan ahora cómo fue el proceso de escritura creo que no está tan desacertado lo que me sale cuando no me sale nada: «lo di todo», «fue mucho esfuerzo», «nadie sabe el trabajo que hay detrás».


Cuando empecé a escribir en esta casa, el invierno no era frío y hacía calima y los árboles estaban confusos y, con ellos, los pájaros. Tengo que reconocer que pasó algo sobrenatural: justo cuando desaté la lluvia en la novela, se desprendió también la lluvia del cielo de la isla. Corrieron los barrancos, pasamos un frío muy parecido al que viven los personajes de la novela y se obró el milagro-plaga. Estuvimos a punto de perder la cosecha. Cortamos la rama de las papas antes de lo habitual y las cogimos también antes que otros años. Tuvimos la suerte de sacar una cantidad bastante buena a pesar de la excesiva humedad: alrededor de 850 kg en total de papas roster, rosada y negra yema huevo.


Además de recopilar incontables palabras e incorporar varias técnicas de escritura que en mi primera novela no había aplicado, en estos años aprendí a surquiar, arrendar, sachar y cavar las papas. Antes solo me había dedicado a sembrarlas, ajuntarlas y escogerlas (seleccionarlas por tamaños), una labor que llevaba haciendo desde pequeña con mi abuela. El gym funciona.

Durante la semana en la que le leí la novela en voz alta a mis padres, tuvimos dos fieles compañías: la de Bimba (mi perra) y la de Mac (el perro de mis padres). Antes, Mac se la pasaba meando las esquinas del mundo sin un rumbo demasiado claro, pero, desde entonces, descubrió su segunda cosa preferida después de marcar territorio: corregir novelas.

NOVEDADES
 DE LA SEMANA



Llega el primer volumen de los Diarios de Sergio Pitol, con edición y prólogo de Ignacio Echevarría. Esta es la primera de tres entregas de un proyecto que supone la entrada al laboratorio creativo de un autor fundamental, Premio Cervantes y Juan Rulfo. En sus páginas lo acompañamos en su vida nómada por Europa y revela, por primera vez, su autorretrato más íntimo: desde el miedo al fracaso hasta sus lances eróticos y la forja de un estilo inconfundible.

Con El nervio principal completamos la publicación de toda la obra narrativa de Daniel Saldaña París hasta la fecha. Una subversión del Bildungsroman sobre un joven neurótico, recluido en su cama, que reflexiona sobre el punto de inflexión de su infancia: la desaparición de su madre.

Recuperamos en «Panorama de narrativas» El adversario, el magistral libro de Emmanuel Carrère sobre Jean-Claude Roman, una historia real que es un viaje al corazón del horror; y, en «Argumentos», el clásico que consagró a Oliver Sacks como «uno de los grandes escritores clínicos del siglo», El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, con traducciones de Jaime Zulaika y José Manuel Álvarez, respectivamente.

«Compactos» trae en bolsillo Teoría de la inteligencia creadora, de José Antonio Marina, la piedra angular de su pensamiento, con un nuevo prólogo del autor en tiempos de inteligencia artificial.

FUERA
DE PÁGINA

Andrea Abreu en Página Dos
Este sábado, Andrea Abreu visita Página Dos para hablar de Pajaritos preñados, el libro al que hemos dedicado la newsletter de hoy. Eduard Sola y Benjamín Labatut también participan en esta nueva entrega del programa literario de La 2.

Sábado, a las 12.45 h, en La 2.



En memoria de Marcos Ordóñez
«Escribo para fijarme. Para caer en la cuenta. [...], para que el viento del tiempo no se lo lleve todo y a mí con él, y no todo se afantasme antes de hora. Y para llegar a fin de mes» (Una cierta edad).

Despedimos con profunda tristeza a Marcos Ordóñez, una de las voces fundamentales de nuestra cultura.

Un sentido pésame a familia y amigos.




El mundo, un escenario: seminario virtual con La Central.

Ya están abiertas las inscripciones para el seminario «El mundo un escenario», cuatro sesiones en línea a cargo de Jordi Balló, Vicente Monroy, Camila Fabbri y Luis López Carrasco, que aportarán sus miradas y perspectivas para descubrir un sinfín de coincidencias entre la literatura y el cine. Conoce el programa y participa desde cualquier ciudad en la que te encuentres.





lunes, 5 de octubre de 2026

KAREN


 Todos en el barrio le decimos la coste, su universo humano se expresa con aliento y pasión en un espacio comercial  muy pequeño, una casa perfecta para su familia al frente del negocio, está habitada por solo mujeres y un numero variopinto de clientes que le han servido para conocer la naturaleza humana en todas su contradicciones y avatares. Es muy pequeña lo que no impide manejar su caracter fuerte y sincero, recio diría, sin ataduras. Tiene ojos expresivos llenos de brillo. Un rostro bello y camina como una hormiga por el local atendiendo clientes y vituperando sobre lo divino y lo humano. Ella me recuerda a Ursula Iguaran, que es una mujer de carácter fuerte, sumamente práctica y trabajadora. Mantiene unida a su familia y saca adelante el hogar mientras los hombres se distraen en guerras, inventos o locuras. Su sinceridad en ocasiones le trae problemas, pero esa el menor de sus preocupaciones. En el libro  "El cuento de la criada", de Margaret Atwood,  Offred / June, es  la voz de la resistencia y la memoria en medio de una distopía totalitaria que busca borrar a las mujeres. Evoco este texto por Karen, resiste a una sociedad de derecha, marginada y pobre que conesto con sus opresores sin saber que son esclavos mansos.

La tienda es más una cantina que una tienda. Sus clientes son los mismos tomadores consetudimarios, sus vecinos y ella los conoce al dedillo. Esto les molesta porque las mentiras ya no funcionan en este lugar.  Por el negocio evoco la lectura de la novela  "La colmena" (1951) de Camilo José Cela. Es una obra coral con más de 300 personajes, donde el verdadero protagonista es el grupo social (un Madrid asfixiante de la posguerra) más que un héroe individual. En este caso hablamos de medellín, del barrio fatima. En la colmena hay un personaje muy diferente  a Karen, es doña Rosa la dueña del café donde se reúnen muchos personajes. Físicamente corpulenta y de carácter avaro, dictatorial y desagradable, representa la hipocresía y la crueldad de una burguesía enriquecida en la miseria ajena. En cambio la Coste es fuerte pero amable, regañona pero condescendiente, no tiene nada de ávara y sabe que la vida en el fondo es una mierda y solo debemos lidiar con el día. La felicidad no baja del cielo, hay que ponerle trampas a las rutinas lacerantes para escapar de sus servidumbres y poder reir de sus locuras. 

La coste tiene dos hermosas hijas.  Una madre que parece una matrona costeña en un mundo urbano que no le es ajeno pese a ser de provincia. En su casa se maneja un orden prestablecido. Su vida marcada por este lugar, el negocio y sus hijas, parece signada por la resistencia, el habito de no comer entero y un rechazo a toda propuesta de amor. 

Nunca se me olvidará esta tienda. Allí ratífique del absurdo humano, de como los seres se juzgan implacablemente, sobre la presión social, el conformismo masivo y cómo el ser humano pierde su identidad individual para arrastrarse con la manada. Nada que no alivie una cerveza bien fria.

jueves, 24 de septiembre de 2026

LA BIBLIOTECA DEL CONCEJO DE MEDELLÍN

 


He visitado desde hace dos meses la Biblioteca Carlos Mauro Hoyos del concejo de Medellín. Es un sitio acogedor, especializado en la historia de la ciudad, contiene todas las actas del cabildo  y un repositorio de libros de derecho inmobiliario, planeación territorial y derecho administrativo. Actualmente la dirige la bibliotecaría Lorena Castañeda López y su asistente Juan Camilo Tobimba Pérez. Hay buena liteteratura, están la "Historia de las mujeres" En seis tomos e "Historia de la vida privada" en cinco tomos, unas joyas.

En reunión plenaria del 30 de abril de 1984 se aprueba la creación de la biblioteca del Concejo y otras dependencias, establecido en el Acuerdo 9 de 1984 «Por medio del cual se crea el Departamento de Comunicaciones, Documentación y Archivo como Dependencia de la Secretaría del Concejo Municipal», en el Artículo 2do de este Acuerdo establece: Dotar y mantener actualizada en el Concejo Municipal una Biblioteca especializada en temas de Administración Municipal. Se paerturó hace 39 años con libre acceso al público.

Mañana el club de Prensa de la biblioteca EPM, dirigido por Fredy Ochoa, sesionará en dicho lugar. En este sitio se encuentra toda la historia administrativa de la ciudad que es de suma importancia. Aquí se haya el ADN de Medellín desde sus origenes hace 351 años hasta hoy. Pocos la conocen y de verdad esperamos sea más visitada. Recordemos que la ciudad cuenta con 95 biblioteca públicas. Hoy es capital del libro a nivel mundial.

Lorena y Juan Camilo hacen una tarea encomiable de la biblioteca y diseñan ahora un plan para ampliar el número de visitantes. Haciendo un recorrido pór el depositario de la misma me encontré con libros únicos y valiosos como "El glosario de referencias lexicas de la obra de León De Greiff", trabajo realizado por Luis Fernando Macias y Mirian Velásquez. Veremos como haremos más popular este sitio.


sábado, 19 de septiembre de 2026

QUERIDAS LECTORAS QUERIDOS LECTORES (ANAGRAMA 11 SEPTIEMBRE)

 He querido continuar con los avances y reportes de "Anagrama" por ser no sólo informativo de las novedades, sino porque trae comentarios sobre escritores importantes en el panorama de la literatura universal.

                                  Jing Zhiyong, Daylight Town, 2020. Acrílico sobre panel de madera.


Sus libros se reconocen inmediatamente. La importancia de su obra continúa amalgamándose y esto nos permite observar el lugar que ocupa su corpus literario en el tiempo. Estamos hablando de Ian McEwan. Desde los relatos de Primer amor, últimos ritos hasta Lecciones, su literatura ha explorado las que son seguramente las más incómodas zonas de la experiencia contemporánea: el deseo y la culpa, la intimidad y la violencia, también la fragilidad de nuestras certezas. Ha combinado en sus novelas, y con una naturalidad destacable, precisión psicológica, inteligencia moral y el placer de contar una historia. Junto a Martin Amis, Julian Barnes o Kazuo Ishiguro, McEwan ha hecho de la novela un instrumento para indagar en el presente sin renunciar nunca a la intriga. Tampoco al humor. Y menos a la imaginación.

Su último libro, Lo que podemos saber, también publicado en catalán bajo el título Què podem saber, confirma hasta qué punto esta tradición sigue viva en su escritura. Comparada en genialidad con Expiación y Amsterdam y calificada como la creadora de un nuevo género –el de la novela de campus postapocalíptica–, esta última entrega del autor británico se considera uno de sus grandes hitos.


Situada en el año 2119, la novela nos traslada a un futuro en el que el planeta ha sufrido décadas de catástrofes climáticas, guerras, pandemias y transformaciones políticas, y buena parte de Inglaterra ha quedado bajo el agua. En ese hipotético tiempo, el pasado se ha convertido en un objeto de fascinación. Thomas Metcalfe, investigador de literatura, estudia los siglos XX y XXI y centra su atención en un acontecimiento ocurrido en 2014: la llamada Segunda Cena Inmortal, una reunión de escritores y artistas convocada por el poeta Francis Blundy y su esposa Vivien. Durante aquella noche, Blundy leyó un poema que escribió para ella. Se titulaba «Una Corona para Vivien». Y nadie conservó una copia.

Ese es el epicentro de la historia, un poema leído por un único individuo en voz alta durante una cena un siglo atrás. La inteligencia del libro reside precisamente aquí. Metcalfe no solo se propone rastrear un texto perdido, sino que busca reconstruir todo aquello que rodeó su desaparición: quiénes estaban allí, qué relación mantenían entre ellos, qué significaban sus palabras, qué ocurrió después. Es así como la investigación literaria se convierte poco a poco en una investigación sentimental, que termina por poner en duda si realmente podemos conocer a alguien a través de las huellas que ha dejado.



Fotograma de La Jetée (Chris Marker, 1962). Una meditación sobre la fragilidad de aquello que creemos conocer del pasado.


Instalados como estamos en una época en que la vida se ha convertido en archivo –correos, mensajes, audios, búsquedas, publicaciones…–, todo parece susceptible de ser conservado. En el futuro que escribe McEwan, la acumulación es todavía mayor. Los investigadores pueden acceder a cantidades extraordinarias de información sobre quienes vivieron cien años antes y el pasado parece estar, por primera vez, completamente documentado. Pero documentar no significa conocer y, como decía Jacques Derrida, el archivo no equivale a la memoria: una fotografía, por ejemplo, registra un gesto, pero no su significado.

Eso es lo que convierte la búsqueda de Metcalfe en algo más que un misterio literario: cuanto más se aproxima al pasado, más evidente resulta que el pasado se aleja. Mientras Thomas Metcalfe quiere recuperar una obra para comprender una vida, el lector lee su investigación para comprender a unas personas que, a su vez, intentaron comprenderse entre ellas. Cuanto más conocimiento, también más ignorancia. Puede que por este motivo Lo que podemos saber sea, en el fondo, una novela sobre la novela: porque demuestra que la literatura nace de esa distancia que se abre entre una persona y otra. En el lugar donde el conocimiento directo fracasa, aparece la imaginación. En el momento en que el archivo no es suficiente, la ficción construye una nueva posibilidad. Y es así como McEwan consigue algo muy especial: mirar nuestro propio tiempo desde fuera. ¿Qué parte de nosotros puede realmente conservarse?.

NOVEDADES

DE LA SEMANA

Vuelve uno de los grandes nombres de la narrativa contemporánea: Ian McEwan con Lo que podemos saber, la novela a la que hemos dedicado esta newsletter, traducida al castellano por Eduardo Iriarte y al catalán por Ariadna Pous, bajo el título Què podem saber. Un brillante juego metaliterario que se mueve entre la sátira académica y el thriller intelectual. También está disponible en audiolibro, narrado por Luis García Márquez y Neus Sendra.

Llega Gran manual del fracaso, de Juanpe Sánchez López, una defensa del fracaso como lugar privilegiado. El autor nos invita a tomar conciencia de cómo la búsqueda del éxito ha permeado nuestras vidas, nuestros cuerpos, el amor y la forma en que nos acercamos al arte.

Publicamos Años luz, de Jacobo García, la obra que resultó ganadora del 7.º Premio Anagrama de Crónica / Fundación Giangiacomo Feltrinelli y que recoge más de dos décadas del periodista como corresponsal en México, Centroamérica, Venezuela, Colombia o Haití.

En «La Bella Varsovia» aparece Nunca muere, de Miriam Reyes, la consagración absoluta de una de las grandes poetas actuales, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía 2025 con su poemario anterior. En este nuevo libro expone la fragilidad a la que nos vemos sometidos cuando no podemos plantar raíces.

«Compactos» trae La dádiva, de Vladimir Nabokov, un estudio fascinante sobre la formación de un joven escritor en el Berlín de entreguerras, y, en catalán, Les partícules elementals, la radiografía del vacío existencial contemporáneo que llevó a Michel Houellebecq a la fama internacional.

PILDORAS 

PARA ESTAR AL DÍA

El archivo no es neutral

En sus trabajos sobre el archivo y la «historia potencial», la profesora Ariella Azoulay insiste en que los archivos no son simplemente lugares donde se conserva el pasado: también determinan qué puede ser visto, leído y contado. El archivo produce historia tanto por lo que conserva como por lo que excluye. La pregunta de McEwan adquiere, en diálogo con Azoulay, una dimensión bien contemporánea: ahora que empresas y gobiernos pueden conservar cantidades prácticamente infinitas de información sobre los ciudadanos, ¿estamos dejando un registro más verdadero de nuestras vidas o simplemente un archivo infinitamente más grande de interpretaciones posibles?.


En 2023, Ariella Aïsha Azoulay recibió el Infinity Award del International Center of Photography (ICP) por su excelencia en escritura crítica, teoría e investigación sobre fotografía.


¿Quién contará la catástrofe?

Los personajes de Ian McEwan estudian nuestro presente como nosotros estudiamos la antigüedad. Allí, la crisis climática ya tiene un nombre histórico y la catástrofe ha adquirido una estructura narrativa. Es inevitable no preguntarse: ¿estamos siendo capaces, hoy, de retratar lo que nos está ocurriendo? ¿Hemos encontrado las formas narrativas para poder relatar la dimensión y la complejidad de las transformaciones de nuestro presente? Lo que podemos saber confronta al lector con estas preguntas. Todavía más: en un presente en el que tantos gobiernos, y también ciudadanos, hacen ver que no ven, ¿es sintomático que no sepamos representar la catástrofe declinada en directo?.



             El deshielo de al menos una parte de la Antártida ya es inevitable © DurkTalsma/Istock.

FUERA

DE PAGINA




El canon Formentor

La Fundación Feltrinelli Anagrama y la Fundación Formentor publican El canon Formentor. Una historia de la literatura, un volumen que reúne por primera vez los ensayos dedicados a los escritores distinguidos por el Premio Formentor desde su fundación en 1961 hasta la actualidad, desde Samuel Beckett y Jorge Luis Borges hasta Annie Ernaux, László Krasznahorkai, Hélène Cixous y Gonçalo M. Tavares.

https://www.anagrama-ed.es/libro/fuera-de-coleccion/el-canon-formentor/9788433950512/FC_24

Hidrogenesse lleva los poemas de Álvaro Pombo a la pista de baile

Después de años disfrutando de su obra poética, el dúo catalán dedica todo un disco al escritor cántabro. Saldrá en otoño y se presentará en dos conciertos: el 30 de octubre en Barcelona y el 14 de noviembre en Madrid.

https://www.anagrama-ed.es/noticias/general/hidrogenesse-lleva-los-poemas-de-alvaro-pombo-a-la-pista-de-baile-1689



Mis muertos tristes, la miniserie basada en cuentos de Mariana Enriquez

Netflix estrena el 24 de septiembre Mis muertos tristes, la miniserie de cuatro capítulos basada en el cuento homónimo, de Mariana Enriquez, que aparece en Un lugar soleado para gente sombría.

La serie, dirigida por Pablo Larraín, toma pasajes de varias obras de la autora argentina, y sigue la historia de Ema, una médica que puede ver a los muertos, mientras intenta procesar la muerte de su madre y sus propias cuentas pendientes.


















martes, 8 de septiembre de 2026

LOS ICONOCLASTAS DE LA TIENDA DE KAREN

 Un iconoclasta es una persona que rechaza el culto a las imágenes sagradas o que desafía y rompe con las normas, tradiciones y autoridades establecidas. La tienda de Karen es un lugar atípico en el Barrio Fatima de medellín, de hecho allí se vive y diserta con una libertad absoluta. En las grandes ciudades existen puntos de encuentro famosos. Pucadelly Circus en londres, la plaza del sol en Madrid, Pizza Del Popolo en Roma, el Times Square en Neuw YorK. La tienda es un lugar humilde y pequeño, pero apacible y abierto desde la pespectiva ideologica. Los iconoclastas de este sitio son un grupo de jovenes absolutammente diferentes, contestatarios, locos e irreverentes, por fuera del molde diría. Recuerdo a los poetas malditos en Francia.  fueron un grupo de escritores franceses del siglo XIX que rechazaron las normas de la sociedad burguesa y llevaron vidas marcadas por los excesos, el sufrimiento y la incomprensión. En colombia el nadaísmo un movimiento de mitad del siglo XX, literario, artístico y filosófico de contracultura, fundado en 1958 por el escritor Gonzalo Arango junto a otros jóvenes rebeldes. Fue un grupo que se enfrentó a la sociedad de su tiempo, con sus actitudes,comportamientos y manifiestos. 

Estos muchachos  son de corte menos popular pero rompen el molde del barrio tradicional de Fatima, muy conservador, mojigato y clerical. Federico, Maya, Chava, Felipe, Andres, Rastra, Estiven, Carolina, Andrés, Rojo y la misma Karen para nombrar tan solo los más visibles y connotados. Se reunen todos los días, sin tema escogido  o motivo, por gusto y como una necesidad gregaria y por pura solidaridad. Así de simple, llegan. Los caracteriza un entusiamo que raya con lo vital y la simpleza de los temas que tratan. Se conocen hace mucho tiempo. Pienso, gracias a este grupo en un un aparte del manifiesto nadaista que dice: Nos declararon varias veces idiotas redomados, degenerados, mugre. Los insultos nos hacían sentir en la opulencia. Gonzalo Arango decía: " “No llegar es también el cumplimiento de un destino”. Estos muchachos podría darnos para un libro de relatos urbanos. Van a beber al Token después de que Karen cierra. Les puede pasar cualquier cosa, hace poco rescataron un perro callejero  de una indingente que lo maltrataba. Muchas veces entre ellos hay peleas a puño limpio, fuman bareta casi siempre y los fines de semana amanecen inexorablemente en el Token. Es una bomba de gasolina muy cerca de la tienda.

Sabemos que los espacios como las plazas, las esquinas y las calles moldean el comportamiento, las normas y las relaciones de las personas. Estoy seguro que estos muchachos, tiene una personalidad pulida por estas experiencias locas y por su puesto, moldeadas en la calle. Nunca olvidaran la tienda y menos a Karen.  Creo que los muchachos no se han visto la pelicula Easy Rider con  Peter Fonda y Dennis Hopper, viajan por el Sur en una motocicleta y conocen a mucha gente interesante en el camino. Igual, me recordaron el relato de José Felix Fuemayor "la muerte en la calle", es uno de los cuentos más hermosos de la literatura hispanoamericana. Su protagonista es un mendigo que relata su vida en el desamparo no desde el rencor, sino como un nómada existencial que acepta con total serenidad el fin de sus días en la acera. 

Alguna vez escribiré  relatos basados en sus historias locas. 




viernes, 4 de septiembre de 2026

QUERIDAS LECTORES, QUERIDOS LECTORES (ANAGRAMA 4 SEPTIEMBRE 2026)

 

Una casa tradicional malaya en Kampong Bharu, empequeñecida por las altas torres de apartamentos que la rodean © Kate Mayberry / The Guardian.


Tash Aw, nacido en Taiwán, criado en Malasia y educado en Inglaterra, es uno de esos escritores que llegó a la literatura contemporánea con un mundo entero y singular a cuestas: durante años, ha construido una sólida obra alrededor de la memoria, la identidad, la familia y las transformaciones sociales de Asia. Sus novelas, que han formado parte hasta en tres ocasiones de la longlist del Premio Booker, han sido traducidas a más de veinte lenguas. El sur, el libro con el que damos la bienvenida al autor a nuestro catálogo, fue uno de los nominados y el primer volumen de una tetralogía dedicada a una familia malasia y a un país en plena transformación.

Para los lectores de Édouard Louis –a quien Aw traduce al inglés– o de Colm Tóibín, hay algo que les puede resultar familiar: como Louis, Tash Aw entiende que la intimidad está atravesada por la clase, la familia y las estructuras sociales; como Tóibín, sabe encontrar en una historia aparentemente privada el eco de las transformaciones históricas. A esa tradición, a esos escritores que desde geografías distintas están trazando un mapa compartido, marcado también por la importancia de la sexualidad y la corporalidad, Aw añade la marca de la herencia colonial, las migraciones y la transformación acelerada de las formas de vida en países como Malasia.

                                         Kuala Lumpur, Malasia, 1990 © Ian Berry / Magnum Photos.


De forma análoga a Louis y Tóibín, pero también a la de Didier Eribon u Ocean Vuong, en la escritura de Aw el deseo aparece como una fuerza desordenadora de estructuras familiares y las jerarquías sociales, algo que se descubre antes de poder ser nombrado y que abre nuevas formas de vida. Con una escritura sensual y sin solemnidad, al autor le interesa más mostrar qué sucede cuando el deseo irrumpe en una vida. 

En la novela, ese deseo tiene dieciséis años. Jay viaja con su familia a una propiedad heredada en el sur de Malasia, una antigua plantación que ya no es lo que fue. Allí conoce a Chuan, el hijo del administrador de la finca. Entre ambos comienza una relación marcada por la curiosidad, la atracción, el secretismo y la sensación de descubrimiento. A pesar de pertenecer a clases sociales distintas y tener futuros claramente diferentes, el deseo y su insistencia en el tiempo presente del cuerpo y del amor suspenden temporalmente los destinos opuestos. No es extraño, pues, que Édouard Louis haya definido El sur como «una novela sublime» y a Aw como «uno de los escritores más importantes de nuestro presente».


El tercer personaje de la novela, no menos importante, es el paisaje: los árboles, cuando Jay llega a la finca, están enfermos, y los campos llevan meses sufriendo una sequía. La plantación, antes próspera, se encuentra ahora en decadencia. Como la familia: un padre a punto de quedarse sin trabajo, una economía estatal que se tambalea y una herencia que ese convierte en carga. Los personajes intentan aferrarse a un mundo que está marchitándose. Puede que esta sea una de las ideas más potentes de la novela: que la crisis ecológica no es un escenario que pueda separarse de la vida humana. Por eso, la sequía que convierte la lectura en una sensación de hastío y agotamiento no es solamente una condición meteorológica, sino que modifica lo que los personajes pueden hacer, sentir, heredar y hasta imaginar.

Quizás por eso el deseo entre Jay y Chuan sea tan potente y transformador, porque en un mundo que parece estar perdiendo sus formas conocidas, ellos experimentan por primera vez la posibilidad de algo nuevo: el amor. El descubrimiento del cuerpo del otro. La posibilidad de una vida nueva. Todo, una forma mínima de creación. En los tiempos que corren, novelas como esta recuerdan que la posibilidad de imaginar, ni que sea algo delicado y frágil, puede devenir una gran forma de resistencia. Leyendo el libro es imposible no preguntarse qué merece la pena salvar y qué cosas tenemos que ser capaces de crear de nuevo.




Estamos de vuelta tras el periodo vacacional con muchas novedades: empezamos con El sur, de Tash Aw, el libro al que hemos dedicado esta newsletter, finalista del Premio Booker 2025. «Una novela fascinante del heredero malasio de Chéjov» (The Times).

Le sigue la esperada nueva novela de Andrea Abreu, la autora que revolucionó el panorama literario en lengua española. Pajaritos preñados se adentra en la historia de Cathaysa, una adolescente que crece en un entorno que no concede tregua, y su padre, El Tiznado: dos trayectorias que se separan y se reflejan.

Publicamos Otras historias del Archivo de Indias, tercer volumen de la colaboración con el Hay Festival, que reúne textos de diez escritoras y escritores provenientes de España y América Latina.

Por su parte, llega Lengua mortal no dice lo que sentía, de Diego Garrido, una de las introducciones más clarificadoras a la figura de Giacomo Leopardi, el gran genio del romanticismo italiano.

En català publiquem el poemari Bèstia, el debut literari d’Irene Solà. Aquí entrem al seu món, que en certa manera anticipa l’imaginari de la seva narrativa, però que sobretot mostra ja una veu personalíssima i radical.

Y cerramos con la recuperación en «Panorama de narrativas» de dos libros imprescindibles de nuestro catálogo: Nada se opone a la noche, la sobrecogedora crónica familiar que consagró a Delphine de Vigan internacionalmente; y Seda, de Alessandro Baricco, una lacónica y perfecta historia de amor.


PILDORAS
PARA ESTAR AL DÍA


Narrar el mundo en crisis
Se puede decir que El sur pertenece a una tradición cada vez más importante de obras que se preguntan qué significa crear (una familia, una identidad, una vida) cuando las condiciones materiales que sostienen la creación desaparecen. Amitav Ghosh concibe la crisis climática como una crisis de la imaginación colectiva y de la cultura moderna, tal como lo expone en El gran delirio. El cambio climático y lo impensable, una de las obras que retrata mejor cómo la sociedad moderna avanza hacia el colapso ignorando las señales de alarma. Por su parte, Richard Powers hizo de El clamor de los bosques, libro merecedor del Pulitzer, un retrato de la crisis climática como una desconexión entre el ser humano y el ritmo de la naturaleza. Y, como Aw, Jenny Offill escribió una novela, Clima, que capturaba la ansiedad sutil y la vida cotidiana previas a la destrucción del planeta. Toda esta literatura dialoga con El sur, que describe un mundo sometido a una transformación ambiental que ya no pertenece al futuro, sino al presente.
Malasia depende en gran medida de la mano de obra de los trabajadores migrantes para que el aceite de palma siga siendo rentable y competitivo a nivel mundial.

El insulto como origen
«En la cancha, el profesor y el resto de compañeros me gritaban órdenes incomprensibles: pásala, detrás de ti, salta, corre más rápido, juega más duro, chuta. Eran instrucciones que mi cuerpo no asimilaba. Y luego, cuando no lograba obedecerlas, llegaban los insultos, siempre los insultos, que a esas alturas eran ya del todo irrelevantes», dice Jay en un momento del libro. El sociólogo Didier Eribon ha explicado muy bien este fenómeno: el niño, o el adolescente, no descubre primero que sea gay y después sufre homofobia, sino que, en muchos casos, como en este, son la mirada y el lenguaje homófobos los que les hacen descubrir que puede ser situado socialmente como gay. El insulto, pues, precede a la identidad, y tiene una dimensión performativa, asigna un lugar dentro de un orden social a aquel que lo recibe. Dicho de otro modo: el insulto es la puerta de entrada a la identidad para muchos niños y niñas queer.

Nick Nelson (Kit Connor) y Charlie Spring (Joe Locke) durante un entrenamiento de rugby en la serie de televisión Heartstopper (2022).

FUERA
DE PAGINA


Andrea Abreu habla de Pajaritos preñados

Conversamos con Andrea Abreu en este vídeo donde destaca algunos de los elementos clave de su nueva novela: desde el título hasta la elección precisa de un lenguaje que nos traslada hasta el norte de Tenerife. También explica cómo surgieron los personajes principales, la ambientación y desde dónde aplica perspectiva política. Todo ello trufado con hipnóticas lecturas de fragmentos de la historia.

https://www.anagrama-ed.es/noticias/general/copi-dios-salve-a-la-reina-1673

Copi: Dios salve a la reina, por Edu Bravo

Desde París y escribiendo en francés, el escritor y dibujante Raúl Natalio Roque Damonte, más conocido como Copi, se convirtió en una de las voces imprescindibles de la literatura latinoamericana y la cultura queer contemporánea.


El libro del verano

La última novela de Bernhard Schlink ha dado mucho que hablar este verano en redes sociales y se ha convertido en uno de los libros más buscados de las vacaciones. Y es que con un estilo sencillo, La vida al final es una lectura llena de calidez y sensibilidad acerca de lo efímero de la vida, la importancia de las relaciones humanas y el valor del tiempo que nos queda, en la que la muerte no se presenta como una desgracia sino como parte natural del ciclo de la vida.

https://www.anagrama-ed.es/noticias/empieza-a-leer/1620?empiezaLeer=true