lunes, 1 de enero de 2024

LA SOLEDAD ENCANTADORA DE ANA

Cuando la vi estaba como siempre, impecable, su sonrisa intempestiva y contagiosa, su figura hermosa me recuerda a Hannah Arendt, vestida con orden y colores que le dan a su rostro una vivacidad exuberante, como aquellos personajes que solo el cine crea con sus majestuosos artificios. Oculta una recóndita tristeza convertida en la mejor carta para navegar en el próximo futuro, en cada expresión delata un optimismo rampante, más aferrada a sus hijos y amigos que nunca. Ana es una mujer especial y diferente, directa, paisa de sobremanera, hasta las groserías le suenan bien, son guturales.

La conocí en el parque de los iconoclastas en el barrio los Alcázares de Medellín. Siempre camina por uno de sus andenes, el del costado, por la esquina de Cesar, muy apurada hacía la tienda de don Joaquín por cigarrillos. Tiene gemelas hermosas y un hijo entregado a Dios con un amor inconmensurable y lúcido, guarda disciplinas que pocos entienden. Ahora hablo con Ana con verdadero fervor que solo la amistad aporta. Ama a su madre y es muy condescendiente con su hermano.

Su niñez fue hermosa. Conserva la mayoría de sus amigos de esta época. Su cerebro es muy masculino, realmente poco se entiende con las mujeres, el conocimiento de su propia naturaleza le basta para saber cómo son las féminas y por qué es preciso ciertas distancias con ellas.

La escritora francesa, ganadora del nobel de literatura, Annie Ernaux, es el personaje central de sus propias novelas. La vida de sus padres, las crisis familiares, su adolescencia, sus primeras experiencias sexuales, su embarazo, son temas de sus novelas. Ana daría para todo esto, en pequeñas novelas cortas de una hondura y profundidad que expresaría temas muy universales. 

Los amores contrariados de Ana se podrían narrar desde la tragedia que implicó sus vivencias con cada pareja, desde una naturaleza femenina muy rebelde y absolutamente iconoclasta. Su vida sexual, por fuera de los matices de la sociedad patriarcal antioqueña que le tocó inevitablemente, debe ser rebelde y por fuera de los imperiosos dictados de una sociedad clerical. Cómo sí la mujer tuviera que manejar el deseo con guante de seda, lleno de protocolos y por fuera de la locura que solo la pasión despierta, tema exclusivo de los machos hasta hace poco. Definitivamente las cosas han cambiado y la vida es para gastarla.

Igual pasa con su niñez y adolescencia, más cercana a los amigos que a los conciabulos de mujeres, al aquelarre habitual. Su adolescencia y los primeros amores constituyen un bello recuerdo entre parques, arroyuelos de barrio y juegos inolvidables. La vida alrededor de padres y de sus hijos la marcó, bien sea para rebelarse o para tomar lo mejor. Ella es experta en toda la protocolización, venta y escrituras de bienes inmuebles. Se mueve como pez en el agua y de seguro en esta materia su futuro es alentador.

La conocí cuando estaba con su última pareja. Todo giraba en torno al hogar, ese era el proyecto vital, la razón de su hacer diario y, con dos inteligencias de ese talante lo previsible era un futuro halagador. Pero todo combate en el amor está condenado al fracaso o a la simulación en pro de intereses mutuos, al consumo de los días en propósitos solo para sobrevivir, horas banales de mierda. La pasión pasa y quedan las rutinas, o lo peor, los celos mutuos agrietan cualquier relación, son como llagas incurables y cualquier confianza se pierde, sin ella nada prospera en materia de amor y convivencia. Nada es lo que parece entonces. Al final, para ella, la soledad es de las mejores compañías. Cero engaños.

Ahora, Ana es Ana. Expresiva, suelta, locuaz, inteligente, sin imposturas y con los riesgos de volverse a enamorar. Está claro que en el fondo es una mujer de hogar, antioqueña neta. Me agradó verla, oírla cantar, dicharachera y siempre alegre. Sé de antemano que saldrá adelante, viajará mucho y en cualquier recodo del azaroso destino encontrará todo lo que la hace feliz. Verla me recordó a muchos personajes literarios y una alegría que habla del cariño que siento por ella.



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