martes, 27 de enero de 2026

QUERIDAS LECTORAS QUERRIDOS LECTORES (ANAGRAMA 23 ENERO )

 


      Vaca Muerta, enorme yacimiento petrolero ubicado en Neuquén, al suroeste de Argentina, y que para algunos supone la        mayor esperanza para salir de la crisis.


El último día de 1999, pocas horas antes de finalizar el año, Juan Gutiérrez, un joven argentino de veintisiete años, soltero, sin hijos, buen jugador de fútbol, comió, salió a la calle, dobló la esquina y, a plena luz del día, a las siete y cuarto de la mañana, se ahorcó de un cable de la luz. «Esa noche, a las doce en punto, estalló el fin del milenio y en Las Heras hubo fiestas», escribe Leila Guerriero en Los suicidas del fin del mundo. «Nadie suspendió los encuentros, las comidas, el brindis de la medianoche.» Los vecinos ya estaban acostumbrados a que los jóvenes de ese remoto lugar de Argentina se suicidaran.


Las Heras es un pueblo del norte de Santa Cruz que resultó encontrarse a las orillas de uno de los yacimientos de petróleo más importantes de la Patagonia, al que muchísimos habitantes de Salta, Formosa o Catamarca llegaron buscando fortuna y futuro. Después de varios años de prosperidad petrolera, comenzó el proceso de privatización de los yacimientos en manos de la multinacional Repsol y ese paraíso artificial empezó a tener algunas fallas, hasta que llegó el desempleo y la decadencia: Las Heras terminó siendo un pueblo maldito. Como en Comala de Pedro Páramo, donde todos están muertos pero nadie lo dice, o en Santa María de Juan Carlos Onetti, el pueblo donde las cosas se pudren lentamente, o el también rulfiano San Juan Luvina, azotado por el viento y el abandono. Hay lugares en los que es mejor no vivir.


¿Son los lugares los que marcan a las personas o son las personas las que marcan los lugares que habitan?


El sociólogo alemán Georg Simmel afirmó en el siglo XIX que la ciudad moderna, saturada de estímulos, genera individuos defensivos, fríos, calculadores y distantes, que no se sorprenden ante nada y que padecen de una sensibilidad atrofiada. Algo similar afirmaría el sociólogo Loïc Wacquant cien años más tarde: en los barrios más degradados no solo se concentra la pobreza, sino que también se interiorizan los estigmas que la sociedad produce sobre ellos, hasta el punto de que sus habitantes se perciben a sí mismos como descartables. El lugar en el que naces y creces, dicen ambos sociólogos, articula la forma como te piensas a ti mismo.


El suicidio de Juan Gutiérrez el último día del 1999 era un suicidio más, otra muerte normalizada por ese pueblo entristecido, sumido en una decadencia implacable. Leila Guerriero descubrió este fenómeno por una noticia del año 2001, que anunciaba la aplicación de un programa de Unicef en el interior de Argentina, en una localidad donde se habían suicidado veintidós jóvenes en menos de tres años. «En este pueblo pasan cosas raras», le dijo un chico a Guerriero nada más llegar, «es todo por culpa de los indios enterrados que andan por ahí. Hay muchos indios enterrados acá.»


Pero más allá del pensamiento mágico existen los hechos: el ocaso de la tierra, la caída de sus vecinos, la privatización de los yacimientos, el desempleo insalvable, la pobreza implacable, y la afirmación del «no future» convertida en lema de vida. ¿Quién querría vivir allí? ¿Quién podría pensar que su vida, en ese trozo de tierra maldito, tenía sentido?.


Los suicidas del fin del mundo de Leila Guerriero se ha consagrado como la crónica maestra del periodismo latinoamericano. Publicada originalmente en 2005, se trata de una investigación ejemplar que se hunde en las profundidades de la pérdida, el dolor y la marginalidad en un pueblo que podría contar la historia de tantos otros, y lo convierte en literatura.

Novedades

De la semana


«Panorama de narrativas» arranca el año con Missitalia, la nueva novela de Claudia Durastanti. Tras el éxito internacional de La extranjera, la autora vuelve con un tríptico magistral de figuras femeninas que se rebelan contra la historia y sus destinos impuestos. Un relato visionario que combina western, espionaje y ciencia ficción.


Le sigue Cruz del Sur, de Claudio Magris, un libro sobrecogedor que nos habla de los límites de la experiencia humana a partir de las historias de tres personajes que decidieron marcharse al fin del mundo para huir de sí mismos. Ambas traducciones son de Pilar González Rodríguez.


En «Narrativas hispánicas» recuperamos Los suicidas del fin del mundo, el primer libro de Leila Guerriero y crónica maestra del periodismo latinoamericano y a la que hemos dedicado esta newsletter. Con precisión y sensibilidad, la autora de La llamada se adentra en la investigación de una serie de suicidios que sacudió a un pueblo de la Patagonia entre 1997 y 1999.


Continuamos con Las jefas, de Esther García Llovet, una comedia feroz y adictiva en la que tres mujeres y un manitas orbitan en torno a un resort en la Costa Blanca, donde el lujo kitsch, los caprichos imposibles y un caballo blanco desencadenan una odisea sentimental y criminal.


«Argumentos» trae Los comienzos, de Claire Marin, traducido por Álex Gibert. Un ensayo brillante (al que le dedicamos esta newsletter) a medio camino entre la filosofía y la literatura, que explora las incertidumbres, perplejidades y esperanzas que se entrecruzan en los momentos clave que reconfiguran el sentido de nuestras vidas.


En «Nuevos cuadernos Anagrama», Óscar Martínez, jefe de redacción del periódico digital El Faro, firma desde el exilio Bukele, el rey desnudo, un contundente e informado perfil de Nayib Bukele, el líder autoritario de El Salvador. 


«La Bella Varsovia» publica Al 2040, de Jorie Graham, probablemente la voz más importante de la poesía norteamericana actual. Narrado por alguien que reflexiona sobre su mortalidad, este libro nos invita a sentarnos en silencio y escuchar la respiración del suelo. La traducción es de Rubén Martín.


Para acabar, lanzamos el audiolibro La ley del menor, de Ian McEwan, traducido por Jaime Zulaika y narrado por Neus Sendra. Una novela cautivadora que habla del lugar donde justicia y fe se encuentran y se repelen; de la búsqueda de sentido, de asideros, y de lo que sucede cuando estos se nos escapan de las manos.

Pildoras

Para estar día

Escribir para conocer

Cuando Leila Guerriero decidió ir a Las Heras, conocía poco su historia. De hecho, llegó al pueblo a través de un comunicado del año 2001, algunos números de teléfono, un pasaje de avión de regreso a Buenos Aires y un puñado de nombres de los que no sabía nada. En el comunicado, se leía que veintidós jóvenes de entre dieciocho y veintiocho años se habían quitado la vida. Como Guerriero, otros escritores hicieron de la escritura una metodología de investigación y una forma de conocimiento: Truman Capote no conocía el asesinato de la familia Clutter hasta que leyó una nota breve en el periódico; Laurent Binet no sabía casi nada sobre la operación Antropoide antes de escribir HHhH; Colson Whitehead investigó en profundidad la red de solidaridad afroamericana de El ferrocarril subterráneo durante el proceso de escritura. En todos estos casos, la duda catalizó la escritura, y, la escritura, una suerte de descubrimiento.

                               Leila Guerriero © Ana Rodado.

La urbanopatía

En agosto del 2024, Anatxu Zabalbeascoa publicó un artículo en El País titulado «Leila Guerriero y la urbanopatía», en el que citaba al psicólogo José Covalschi, que entiende la urbanopatía como una ecoenfermedad que se da cuando una persona pierde el impulso vital. «Aparece cuando alguien se siente sin nadie en quien confiar. También cuando la exigencia hiperproductiva no deja espacio para el descanso. Y, seguramente, cuando no se puede vivir una vida significativa que aporte al bien común.» Guerriero lo expone sin ambages: «Es un sistema jodido que te deja expuesto, sin posibilidad de sostén. Hay un vacío, un dolor, y no hay sentido». ¿Qué es lo que se lo da a una vida? ¿Cómo sostenerla sin ello?

                   Panorama de conjunto rupestre de Río Pinturas, provincia de Santa Cruz, Argentina © Marianocecowski.


Fuera
De pagina
 
De izquierda a derecha: Jordi Puntí, Guillem Gisbert, Silvia Sesé, Carlota Gurt, Isabel Obiols, Imma Monsó i Mita Casacuberta, en el cóctel de celebración del 11.º Premi Llibres Anagrama de Novel·la © Marc Llibre Roig

Carlota Gurt, ganadora del 11º Premi Llibres Anagrama de Novel·la

Estamos de celebración. El pasado lunes, Carlota Gurt ganó el 11.º Premi Llibres Anagrama de Novel·la con su nueva obra, Els erms. Escrita con una prosa desenfadada, atravesada por destellos de crítica y humor, la novela celebra el poder de la fabulación como motor no solo del relato, sino también de una alegría salvaje y contagiosa. Els erms llegará a las librerías el 25 de marzo y, en octubre, publicaremos su traducción al

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Els erms - Carlota Gurt - 978-84-339-4928-8 - Editorial Anagrama


La obra de teatro El día del Watusi llega a Madrid
La novela inagotable sobre «los cómos, los porqués, los para qués y los y qués» de la transición española. El día del Watusi, de Francisco Casavella, se representará en los Teatros del Canal, en Madrid, del 4 al 8 de febrero, en una ambiciosa adaptación teatral de más de cuatro horas.

Escrita y dirigida por Iván Morales, la obra cuenta con música en directo y está protagonizada por Guillem Balart, junto a un elenco de siete intérpretes que recorren más de dos décadas de historia personal y colectiva, del final del franquismo a la Barcelona posolímpica.






domingo, 25 de enero de 2026

LA ABSOLUTA CONVICCION DE HABER DECIDIDO ACERTADAMENTE (SERGIO )

Es un hecho que a medida que avanzamos en la vida, nos enfrentamos a diversas situaciones que requieren juicio y comprensión de las consecuencias que nuestras decisiones traen consigo. Equivocarnos al respecto significa no poder dar vuelta a lineamientos que harán de la existencia una locura o un entorno de coherencia y felicidad. Siempre que salgo de la biblioteca EPM de Medellín, donde trabajo habitualmente en mis procesos de creación, entre libros y tertulias constructivas, después de cuatro o cinco horas de lectura, camino mas o menos diez minutos, para llegar al barrio conquistadores, concretamente a la tienda de David. Allí siempre hay excelentes conversaciones en el ámbito más coloquial y cercano sin mayores expectativas que pasar un buen rato. Son charlas espontaneas, pero eso, no las hace aburridas ni menos, banales. Sentado en un muro cualquiera conocí a Sergio, Frank y Juan Carlos, funcionarios públicos. Al oírlos siempre con alusiones sobre lo que pasa en esta país, con mucha ironía y escepticismo, supe que estaba con personas inteligentes. Asumí que la psiquis de estos servidores públicos, estaba cargada de mucha incredulidad y pesimismo al enfrentar a diario verdaderas locuras, corrupción y violencia en un país que se desangra impunemente y donde al final no pasa nada, todo sigue igual a pesar de los muertos.
Hay casualidades que valen la pena. Esta es una de ellas. Quiero escribir sobre Sergio y una decisión que marco su vida. Nació en Santa Rosa de Osos. Está localizado en la subregión norte del departamento de Antioquia.  tiene una extensión de 812 km². Su cabecera municipal está ubicada a 2550 m s. n. m. y dista 74 kilómetros de la ciudad de Medellín. Esta zona es un relevante centro de producción agrícola, ganadera, industrial y energética, además de ser la más poblada y menos extensa del Norte antioqueño.​ Su altura y su temperatura media de 13.3 °C, lo convierten en uno de los municipios más altos y fríos del departamento. En este municipio se crio Sergio. Su entorno fue muy familiar y rodeado no solo de familia católica hasta tuétano, sino en un entorno de compromiso permanente con la iglesia​, que generó en mi amigo siempre la expectativa de entregarle la vida a Dios con todo lo que lo implica, alistarse, iniciar la fase Propedéutica, en este lapso. Se trata de un verdadero y propio tiempo de discernimiento vocacional realizado en el contexto de vida comunitaria y como verdadera iniciación a las etapas sucesivas. Con estos elementos y la ayuda del director de la etapa, de los demás formadores y los agentes de la formación vinculados a este proceso, el seminarista discierne la conveniencia de continuar el camino de la formación sacerdotal o de emprender uno distinto.
Sergio se crio entre misas, rosarios, procesiones, rituales cristianos, tíos curas, todo sumado, le hacía pensar siempre en su vocación, estaba marcado por un especie de huella indeleble que le permitía asegurar su  vida y fe al servicio sin dilaciones del ministerio. Ahora que vive en Medellín con una vida tranquila, ejerciendo su profesión sin mayores problemas,  dedicado por mucho tiempo al mundo de la finanzas y por lo tanto conoce las trampas de un sistema voraz y frio, donde no hay compasión, piensa como llegó a renunciar a una vocación y servicio que parecía no tenia reversa.  
Santa Rosa es un pueblo tranquilo, su familia fue siempre bien alineada y realmente sin ser adinerados nunca les falto nada. El seminario mayor representa para este municipio un símbolo y una marca espiritual que lo enaltece. Por su puesto esto no quiere decir que es tierra de Santos. Allí esta también la huella de una país violento, corrupto, bebedor en exceso y rumbero a morir.  
Decidió en una etapa importante de su vida, en plena juventud, entrar al seminario, parecía la decisión más importante de su vida. La literatura tiene ejemplos de la toma de decisiones que marcan toda una historia y vida. Recuerdo Antígona de Sófocles, donde la protagonista debe elegir entre seguir la ley del rey Creonte o cumplir con su deber familiar al enterrar a su hermano. En el cine recuerdo como Atticus Finch en "Matar a un ruiseñor" o el capitán Miller en "Rescatando al soldado Ryan", se enfrentan a dilemas morales que reflejan decisiones difíciles en el mundo real. No solo frente a hechos trascendentales nos enfrentamos a un problema moral, en ocasiones tienen que ver con todo lo que pasará en la vida en el futuro, como si la definición apuntalara nuestro destino. 
Sergio entró al seminario muy joven, el ciclo le permitiría diferenciar entre devoción y vocación. Allí debería  asentar bases sólidas para la vida espiritual y favorecer el autoconocimiento, en orden a su desarrollo humano y cristiano, basado en procesos perfectamente predeterminados para aceptar o rechazar una vocación. El Seminario es un tiempo y un espacio dedicado a la formación de los futuros sacerdotes, que con la ayuda de la Iglesia en la persona de los formadores, los candidatos al ministerio sacerdotal disciernen su vocación y responden al llamado de Dios. Su arquitectura, su pedagogía, los espacios abiertos, los silencios y rituales responden a la búsqueda de Dios y a una alianza futura con la divinidad. De Aristóteles y un filosofo árabe, trabaje el concepto de la relación del uno y el todo, del ser y la divinidad para los cristianos. La unidad es un concepto fundamental en la filosofía que abarca una amplia gama de significados y aplicaciones en diferentes contextos filosóficos. En su esencia, la unidad se refiere a la cualidad de ser uno, completo o indivisible, y puede aplicarse a diversos aspectos de la realidad, la experiencia humana y el pensamiento filosófico.  Durante el tiempo de seminario, cada uno asume el llamado de Dios, para estar con Él.
Sergio contrario a todas la denuncias que se han producido en los últimos 25 años, sobre pederastia, corrupción y abusos de padres de la iglesia, en su paso por el seminario de Santa Rosa de  Osos, nunca vio algo parecido. Su experiencia no tuvo sobresaltos. Padres y rectores estrictos, disciplina, exceso de ritualidad, buenos y malos compañeros, excelentes profesores de gramática y formación humana excelsa. Cuando pienso en seminarios traigo a colación el palacio escorial construido por Felipe II, cuando se visita, como cuando lo hacemos en Roma y vemos la capilla Sixtina, pensamos de inmediato en la divinidad. La arquitectura parece confirmar su existencia. 
No se a cabalidad cuantos años pasó Sergio en este sitio. Descubrir la diferencia entre devoción y vocación creo que fue fundamental. Al poco tiempo de decidir sobre sí se alistaría. Llegó al seminario un padre, Jesús Armando, que se parecía más al che Guevara, que al propio Pedro, o San Juan el bautista. Con absoluta sabiduría, un noche cualquiera, junto con unos compañeros  se los llevo a la cancha de Futbol, con una de Ron en la mano, unos cuantos tabacos, quería conversar lo que para él, significaba ser sacerdote desde una perspectiva absolutamente humana. La charla se matizo con todo menos con frases persuasivas o ejemplos de vocación, sino más bien desde lo que significa vivir en cristo y asumir un compromiso como el que  iban a tomar. San Agustín en las confesiones escribía: Dios mío, ayúdame a conocerte y a amarte, para que pueda encontrar verdadera felicidad. Temprano, después de libar con el cura, entendió que pese a ser un excelente cristiano, no tenía vocación y que su vida tendría otro destino. Sergio piensa que esta fue una de las mejores decisiones de su vida y elucidaciones. Tomada desde la comprensión existencial  de lo que significa mi vida y el mundo, el entorno y lo que soy, nos dijo algún día.
Después en su propio Bar, en el centro del municipio, se encontró con el cura Armando, que más bien parecía haberse leído a todo Sartre, Camus, la teología de la liberación e incluso al cura Camilo Torres. En Blue Bar, acabó de entender lo que había significado la respuesta de Sergio, de no atender el llamado al sacerdocio. Recuerdo que el filosofo Rumano Cioran decía: "Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar". No se que significa la felicidad para Sergio, pero estoy absolutamente convencido que no es un hombre infeliz.