martes, 17 de febrero de 2026

ALREDEDOR DE UN PARQUE (Capitulo 1)

 Como cuando la mejor bandeja de la vajilla se rompe y todo el simbolismo heredado de una familia se acaba, así, el intento de suicidio de Federico, dejó a todo el grupo del parque conquistadores estupefacto. Esperábamos algo como esto, pero no en el momento que creíamos que todo funcionaba. Desde hace cinco años somos la cagada pura del barrio conquistadores, nada que hacer, el grupo era lo más odiado. Estábamos enamorados  del sufrimiento, gozábamos con las miradas furtivas y los señalamientos, enamorados del mal, como buenos tropeleros entre discusiones eternas alrededor de lo que leíamos, los días pasaban sin nada  que nos preocupara.

Los tres mateos, Santiago, Ana, Caliche, federico, Sanín entre otros, a eso de las dos de la tarde,  estábamos, indefectiblemente sentados en la misma banca de siempre, disertábamos de lo humano y lo divino. El grupo nació después del último periodo presidencial del doctor Uribe, un facho de miedo, el oprobio de una nación que vive entre odios y radicalismos gracias a una derecha radical que hará todo por permanecer en el poder y lógico por usufructuarlo como una alimaña. El grupo sabía que no hay nada más estúpido que no saber qué hacer. además partimos siempre del principio de que la conciencia es una enfermedad y la inconciencia una virtud.

Cuando visite a Feder en la clínica Soma después de haber estado tres horas tomando cerveza en el parque de los periodistas, entre porros, pases de coca, profesionales desertores de las rutinas impuestas por la necesidad de sobrevivir en una sociedad voraz, me di cuenta que la vida es absolutamente frágil. El espectáculo de ver un hombre joven, que parece un cosaco o un Vikingo, vigoroso como el que más, inteligente y con un humor repentista sin igual, conectado a mil aparatos, inconsciente, enfrentando a los avatares de una decisión incuestionable para el grupo, sentí que, realmente la existencia es lo más efímero que hay, estamos de paso y queda claro que, la vida es para gastársela. Shakespeare decía que la muerte es una deuda que todos debemos pagar. Sócrates que morir no es tan temible como vivir temiendo la muerte. Nada más cierto. Feder lleva quince días inconsciente. Ahora pregunto, cuando realmente lo estuvo. Mientras lo miro, pienso en Ana, su pareja y quien hace dos años es cercana al grupo. A mis amigos los conozco desde lo que percibo en una existencia que desde hace cinco años parece un colectivo sin ningún acuerdo y menos condicionamientos. Vivimos algunos en barrios cercanos a conquistadores. Otros en el propio barrio y unos pocos, donde los coja la noche, o en lugares compasivos, como seres trashumantes e itinerantes urbanos. Miro a Feder y me pregunto que piensa. Nunca he creído en el más allá. Recordé a Borges quien con ese sabor poético en todo lo que habló expresaba que la muerte es una vida vivida y la vida es una muerte que viene. Salí de la clínica con más interrogantes que respuestas. El grupo no se había vuelto a reunir. Me encontraba de vez en cuando con Mateo el hijo de Zapatica en la tienda de Karen en Fátima, no dejaba de pensar en el protagonista de una excelente novela Dostoievski, "Memorias del subsuelo, sentía una profunda alienación con la sociedad y las normas sociales. Se siente marginado y despreciado por los demás, lo que le lleva a aislarse en el subsuelo, donde se siente más cómodo. Tal vez Feder sintió esto. No había vuelto hablar con Ana, creo que lo conoce mejor que nosotros. Volví a leer a Ernesto Sábato, lo que me producía verdadera angustia. Hace poco hable con Mateo el director y actor de teatro quien era más amigo de Feder que yo y fue poco lo que me dijo sobre el suceso, ha preferido el silencio y pienso que es más sabio. Solo nos queda esperar y la verdad poca paciencia me cabe en la vida. Es un hecho que hay cosa que manejamos y otras no.