El lamento de Orfeo, por Franc Kavčič, siglo XIX.
Orfeo, músico excepcional, hijo de la musa Calíope, aquel joven que con su lira podía conmover a animales, árboles y piedras, se enamoró de Eurídice, una ninfa, y se casaron. Poco después de la boda, al ser mordida por una serpiente, Eurídice murió. Orfeo decidió entonces, devastado, hacer algo que parecía imposible: descender al inframundo, el reino de Hades, para recuperarla. Gracias a su música, Orfeo logró conmover a las almas del subsuelo, al barquero Caronte, también a Hades y Perséfone. Así fue cómo aceptaron devolverle a Eurídice, pero con una sola condición: Orfeo debía caminar delante de ella y no mirar atrás para comprobar que lo seguía hasta que ambos hubieran salido completamente del inframundo. El ascenso empezó. Preso de la duda, de la incertidumbre, Orfeo se giró para cerciorarse de que los dioses no lo habían engañado. Y en ese preciso momento Eurídice se desvaneció.
Maurice Blanchot, escritor y crítico literario, publicó en 1955 El espacio literario, un libro en el que convertía este instante, el de la traición de Orfeo y la desaparición de Eurídice, en el momento del arte. Actualizó el mito, lo repensó, para dotar de sentido la idea contemporánea de la creación. Decía que en ese gesto de girarse, en ese desafiamiento del pacto con los dioses, se contenía la verdad del momento del arte: ya sea por impaciencia o por imprudencia, Orfeo se convierte en un solitario que no puede ver eso que desea ver. Sin embargo, al volver a la Tierra, empieza a componer canciones que evocan el momento de pérdida definitiva de Eurídice y lamentan la muerte final de su amada.
En realidad, dice Blanchot, esas creaciones poéticas, esos cantos elegíacos, hablaban de algo que jamás se había visto, el rostro de Eurídice, porque justo al girarse, ella se había esfumado. Crear siempre implica, pues, algo de traición (por la negación del pacto) y algo de disimulo (por cantar algo que no se ha vivido). El espacio literario, afirma Blanchot, trasciende los límites convencionales de la realidad y el tiempo: es una experiencia en relación a la ausencia, la soledad y el silencio. La escritora belga Amélie Nothomb también recupera este mito. En Psicopompo, su última novela, una exploración fulgurante del concepto del vuelo como forma de entregarse a la ebriedad del vacío, Nothomb confiesa: «Yo quería ser Orfeo», pese a que también sea la Eurídice de esa historia, porque hay una parte de Nothomb que muere después de que un grupo de cuatro hombres abuse de ella en la playa de Cox’s Bazar, en Bangladesh. «Yo era la tumba de aquella muerta.» Convertirse en Orfeo fue su manera particular de reunirse «con la muerta que había en mí». | |||||
| Orfeo es el poeta, el que canta, como los pájaros. Orfeo es el psicopompo, aquella figura que viaja entre el mundo de los vivos y los muertos. Orfeo encarna una visión de la literatura, una nueva visión de la escritura, según Nothomb: es aquel que hace del arte algo que permite reencontrarse con los pedazos perdidos de uno mismo. Orfeo, como Nothomb, como tantos otros escritores, canta la pérdida y recupera el cuerpo. Revive la experiencia. Salva la desolación. Reconstruye el relato. Repara los muertos, incluso cuando los muertos son uno mismo. Rescata la vida. Esa es la afirmación que perdura en el libro de Nothomb: un canto al canto, a la creación, a la escritura. NOVEDADES De la Semana En 2015, Milena Busquets publicó También esto pasará, una novela que destilaba el dolor por la pérdida de su madre. Diez años después, coincidiendo con el rodaje de su adaptación cinematográfica, regresó a ese universo íntimo y lo reinventó. De ese viaje nace La dulce existencia, ahora disponible en audiolibro, narrado por la propia autora. PÍLDORAS Para Estar Al Día
En Metafísica de los tubos, uno de los libros clave de Nothomb, ahora convertido en película de animación gracias a Maïlys Vallade i Liane-Cho Han, no hay un «yo» desde el inicio: la narradora describe su estado inicial como el de un tubo. Más que un acto instantáneo, la creación (del sujeto, de la vida) es un proceso. Pide tiempo. Como el viaje de Orfeo de ida y vuelta, la protagonista nace cuando desea. Si Psicopompo trata del origen de la escritura, Metafísica de los tubos trata del origen de la existencia, si es que son cosas distintas. El problema llega después, cuando esa niña que empieza siendo tubo se autoproclama Dios… en un gesto filosófico o paródico de la creación divina.
En 2022, Jason M. Allen ganó la competición de bellas artes de la Colorado State Fair con una obra de arte digital, Théâtre D’opéra Spatial. Fue galardonado en la categoría de arte digital y fotografías manipuladas digitalmente. La polémica empezó al descubrir que el autor había utilizado la IA generativa Midjourney. La controversia estaba servida: la oposición argumentaba que Allen no debería haber ganado el premio ya que no era responsable de la creación íntegra de la obra. De un modo u otro, no había conciencia detrás de esa creación, no había la soledad de Orfeo al cantar sus elegías, la mirada perdida del sujeto creador. Pero sí que había traición, el incumplimiento de una promesa. ¿Basta con eso para ser artista?- Théâtre D'opéra Spatial, la imagen generada por IA que ganó el primer premio en el concurso de arte anual de la feria estatal de Colorado de 2022 © Jason Allen/Midjourney. FUERA De Página
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