martes, 26 de mayo de 2026

VOLVER A LA OBRA PERIODISTICA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

 


GGM fue ante todo un periodista, un apasinado por el oficio más bello del mundo como solía decir, nunca dejó de ejercer el mismo. Basta  repasar cualquiera de sus grandes biografos y los estudios de Jacques Gilard al respecto. La Obra periodística de Gabriel García Márquez recopila sus artículos, crónicas y reportajes escritos entre 1948 y 1995. Está dividida en cinco tomos esenciales publicados originalmente por la editorial Mondador: Textos costeños, Entre cachacos, De Europa y América, Por la libre y Notas de prensa.

La relación de la obra general del escritor con el ejercicio del periodismo es vital para comprender la genealogia de su mundo creativo. Parto de una premisa para este artículo o pequeño ensayo y sobre esta desarrollaré mis elucidaciones al respecto.  Existe dentro del periodismo un sector que intercala la narración de un hecho real con los recursos expresivos que aporta la literatura: el denominado periodismo narrativo (o literario).  

Gabo se trasladó a Barranquilla, pocos días despues del 9 de Abril de 1948, día del asesinato de Jorge Eliiecer Gaitan. Primero a Barranquilla donde hizo algunos años de Bachillerato en el colegio San José y después a Cartagena. Allí se encontró con el medico Manuel Zapata Olivella quien lo contacto con el recien fundado diario Universal. Clemente Manuel Zabala jefe de redacción le daría la  bienvenida al escritor como más tarde lo haría Felix Fuemayor en el Heraldo de Barranquilla. Las primera colunna apareció el 21 de mayo de 1948. Fueron entre el 48 y 49 exactamante 38 las colunnas que escribió en el diario cartagenero.



En el periodico del Heraldo de Barranquilla tituló sus columnas con el seudonimo de "La Jirafa", Son una famosa serie de artículos de prensa escritos entre 1950 y 1952 para el diario El Heraldo de Barranquilla. Fueron firmadas bajo el seudónimo de "Septimus", combinan reportes internacionales, reflexiones culturales y ficción incipiente, sirviendo como laboratorio literario para sus futuras novelas. El nombre es un homenaje en ese entonces a su novia Mercedes Barcha.

Miremos la calidad de estos primeros textos con un jemplo, su primera colunna en el universal, ella por su excelsa prosa, me produce mucha admiración pues era premonitoria de lo que sería GGM en el mundo literario:

"Los habitantes de la ciudad nos habíamos acostumbrado a la garganta metálica que anunciaba el toque de queda. El reloj de la Boca del Puente, empinado otra vez sobre la ciudad, con su limpia, con su blanqueada convalescencia, había perdido su categoría de cosa familiar, su irremplazable sitio de animal doméstico. En las últimas noches ya no iban nuestras miradas a preguntarle por el regreso enamorado de aquella voz que nos quedó sonando en el oído como un pájaro eterno; o por el rincón temporal donde cortamos el hilo tenso de la aventura, sino que tratábamos de impedir, de detener con un gesto último y  desesperado aquella marcha lenta, angustiosa, que iba precipitando las horas contra una frontera conocida que era, a su vez, la orilla tremenda donde se doblaba nuestra libertad". 

Tomemos el acapite hecho por Gabriel García Marquez en "Doce cuentos peregrinos". Expresa el autor: “Este libro no debía ser una novela, como me pareció al principio, sino una colección de cuentos cortos, basados en hechos periodísticos pero redimidos de su condición mortal por las astucias de la poesía”. El hecho de considerar los articulos de prensa o las cronica como productos perecederos, no es del todo cierto mirando la producción periodistica del autor que aún se lee con mucho agrado por su calidad estetica y la verdad no aburre para nada, gracias a su excelente prosa. Su obra periodistica es uno de los ejemplos más significativos de la dilucidación de relaciones entre periodismo y literatura. 

En 1954 a comienzos de enero viaja en avión a Bogotá gracias a un tiquete que le regala Álvaro Mutis, quien le había prometido conseguirle un puesto en El Espectador. Le toma varias semanas ir entrando y ganando confianza en ese nuevo territorio, donde en principio no tiene nada asegurado.

A finales de enero El Espectador lo incorpora a la plantilla con un sueldo de novecientos pesos al mes, más de diez veces de lo que ganaba en Barranquilla en El Heraldo, de modo que acepta quedarse en Bogotá. Vive temporalmente en casa de la madre de Mutis, más tarde se muda a una casa de huéspedes.

Los 18 meses de Gabriel García Márquez como periodista de planta en El Espectador, no solo dejaron una amistad permanente entre el escritor y Guillermo Cano, sino que dejaron a El Espectador un legado importante de trabajos periodísticos. Muchos salieron sin firma porque hacían parte de la línea editorial del diario que trazaba el director y ayudaba a perfilar el escritor. Otros fueron reportajes claves de momentos fundamentales del país o de piezas excepcionales que se volvieron ejemplo de narración periodística. En estos años se consolidó como reportero y cronista excelso. Fue el periodista más leido del país.  Gabo aplicaba técnicas de ficción a hechos reales, tratando la crónica como una "novela de la realidad" caracterizada por el ritmo, la memoria visual y la intensidad dramática.

En un trabajo sobre la obra periodistica de GGM firmado por Aitana Molina Francés se dice: "A partir de la puesta en común de los tres ámbitos, periodismo, literatura y realidad, se busca detectar cómo interfieren los recursos literarios de los libros de García Márquez en su periodismo y viceversa, así como identificar los temas tratados en común. Se valora también la transcendencia de su periodismo literario para la reivindicación de su efectividad y de la existencia de relaciones entre periodismo y literatura. Estos vínculos no solo se dan en la obra del autor colombiano, muy por igual y solo poco tiempo desdpués del escritor colombiano aparece Truman Capote, después se han manifestado en los años 60 con Tom Wolfe, en los ochenta con Talese y Ryszard Kapuscinski y en la actualidad Hunter S. Thompson como figura representativa del periodismo gonzo (subgénero del nuevo periodismo)". Nada más cierto.  Es un hecho que el periodismo y la literatura comparten una historia de amor y rivalidad donde el límite entre la ficción y la realidad se difumina. Ambos oficios se nutren de las mismas herramientas —la palabra, la investigación y la narrativa—, operando como vasos comunicantes a lo largo de los siglos. No se nos olvide que grandes escritores como Charles Dickens, Edgar Allan Poe o Rubén Darío eran periodistas de profesión. Las novelas se publicaban originalmente por entregas en los folletines de los periódicos, lo que aumentó enormemente los índices de lectura. Desde esos primeros forjadores esta relación ha sido permanente y todos aplicaron descripciones detalladas, diálogos reconstruidos y puntos de vista psicológicos a hechos reales. Me parece que resulta artificial e insostenible, en el caso de la mayoría de los escritores, separar la escritura periodística de la propia y tradicionalmente literaria.

Miremos como comienza "Cronica de una muerte anunciada":

"El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. «Siempre soñaba con árboles», me dijo Plácida Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato". 

Hay mucho de los recursos utilizados en la cronica y el reportaje que le fueron tan familiares. Aun así su estilo es único y autentico. En la red encontré este enunciado que define de alguna manera sus influencias sobre Gabo: Ha sido el soplo divino de Borges, Kafka, Faulkner, Sherezade, Rulfo, Verne, Woolf, Hemingway, Homero y sus abuelos Tranquilina y Nicolás, y de los escritores barrocos, Joyce y más.

Siempre ejerció el oficio con encomio. A lo largo de su vida nunca desde el periodismo dejó de innovar. Dice Jacques Gilard en los estudio y el ensayo preliminar de Textos Costeños: "Quizá no se aplique con mucha propiedad a García Márquez la afirmación de que todo escritor es un incansable experimentador; él reconcentró en muy contadas obras su trabajo y sus variaciones en torno a sus temas fundamentales. Sin embargo sí fue un experimentador en sus años iniciales; lo demuestra un superficial recorrido por sus textos de juventud". 

Desde sus inicios en el Universal de Cartagena hasta los últimos trabajos periodísticos de Gabriel García Márquez que  se concentraron a finales de los años noventa y principios de los 2000 en la Revista Cambio y en su labor con la Fundación Gabo, donde impulsó el periodismo narrativo, el escritor ante todo fue un periodista preocupado por lo que pasaba en el mundo. Recordemos que en 1999,  adquirió la revista colombiana Cambio (junto a otros socios) para ejercer el periodismo de primera mano. Aquí publicó sus últimas grandes crónicas y artículos regulares. Allí  escribió sobre diversos temas, desde reflexiones sociales hasta perfiles, buscando que la crónica fuera la "novela de la realidad". Siempre persistió en lo que él creyó que era el objetivo del periodismo desde sus primeras colunnas.

Hay periodos muy relevantes en su vida como periodista. En el periodo denominado la violencias, la dictadura del general Rojas Pinilla. Escribe sus dos novelas de “La Violencia” (para muchos investigadores así consideradas): El coronel no tiene quien le escriba y La mala hora, ambas relacionadas con su contexto espacial y temporal. En cuanto al periodismo, García Márquez ya no es un novato. A través de la especialización en temas locales y nacionales y la muestra de verdadera pasión por todos aquellos hechos que narra, el autor se afianza como reportero, su papel preferido como periodista, y escribe su reportaje más famoso, “La verdad sobre mi aventura”, que años después (en 1970) pasaría a publicarse en forma de novela con el nombre de Relato de un náufrago.

Dentro de ester analisis hay que tener en cuenta dos obras que caben en el mismo: Noticia de un secuestro (1996): Un relato exhaustivo, a modo de reportaje, sobre el secuestro de varias figuras prominentes en Colombia por parte de los carteles de la droga y La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile (1986): La crónica sobre el cineasta chileno que ingresó de forma encubierta a su propio país durante la dictadura de Augusto Pinochet. Hay siempre en GGM una preocupación por la realidad latinoamericana y por ello mantiene el faro de su interes en los sucesos más relevantes de su entorno.

Otros lugares de su mirada fueron Francia, Italia, Europa Oriental  destinos donde escribió reportajes y crónicas sobre los temas más variados: política internacional, semblanzas de hombre conocidos, realidades nacionales, acontecimientos culturales, y sobre cine, su otra gran pasión. De su pluma fluía un lenguaje rico y desenfadado, con humor a veces sarcástico y siempre con una mirada latinoamericana sobre los otros mundos.

Otra época importante en este ámbito lo es duando en 1974 participó en la fundación de la revista Alternativa con Enrique Santos Calderón, primera revista que daba cuenta de las luchas populares y del pensamiento de una izquierda no sectaria. Fue una revista muy leída que duro hasta 1980. En el primer número de la revista García Márquez escribió sobre el bombardeo de la Casa de la Moneda, palacio presidencial de Chile, por los hombres de Pinochet que participaron del golpe contra Allende.

Son muchas las tesis de pregrado y doctorales sobre GGM como periodista. En historia de un deicidio de Mario Vargas Llosa igualmente hay paginas magistrales al respecto. Es imposible desconocer la labor de Jacques Gilard y el rescate que hizo de sus articulos, notas, cronicas y colunnas  a lo largo de su vida. Quise recordar esta faceta importante de nuestro nobel.








lunes, 25 de mayo de 2026

Del FOMO al JOMO, la alegría de perder

 


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Hubo un tiempo en que viajábamos mal porque nos obsesionábamos con el destino en lugar de beberlo a tragos lentos. En vez de dar un paseo por el mejor parque de la ciudad, sufríamos al incumplir el itinerario canónico y quedarnos sin la experiencia única que nos aguardaba.

La ansiedad por el más mejor acabó por hacerse agotadora, de aquí que cuajara el acrónimo FOMO (fear of missing out), acuñado por el capitalista de riesgo Patrick J. McGinnis. Lo cuenta Juan Evaristo Valls Boix en JOMO, el gusto de perder (Cuadernos Anagrama), un ensayo que ahonda en el miedo a perder, incluso en el vicio de ganar a fin de exaltar todo lo contrario: la placidez, la tranquilidad y el fin de la performance. “El JOMO es la condición alegre de los perdedores que beben y cantan en la vereda del río mientras otros corren en busca de una meta incógnita”, escribe. Y no solo exalta la vereda del río, sino el descanso como la forma más alta de justicia social.

La abundancia de series, podcasts, libros y batidos energéticos nos abruma. Va acompañada por exigentes mandatos para lograr una vida plena y mostrarla en redes. La cifra galopante de depresiones juveniles coincide con lo que el autor denomina “hedonia depresiva”: una depresión contradictoria en que se consume sin parar: scrolling, comida a domicilio, match, compras: “El zombi hedónico que todas las plataformas quieren”. Luego viene el vacío.

Aprendemos a vivir cuando tomamos el control de nuestro tiempo, así como la certidumbre de que no podemos abarcarlo todo. Después de la covid hemos asistido a un cambio de la cultura laboral, desde dimisiones en bloque por burnout hasta la desafección al trabajo por parte de los jóvenes, para quienes la meta profesional ya no es el faro.

La antiambición surge de los márgenes; carece de profetas que se atrevan a cuestionar el discurso de la productividad y el éxito social. En lugar de losers, diríamos que hoy son desertores felices quienes se pierden los últimos modelos de móviles o de zapatillas deportivas porque prefieren gestionar una economía minimalista, libres de obligaciones. Ni jefes, ni cenas de trabajo u hojas de excel. Se abonan al lenguaje de los afectos, la camaradería y el gusto por renunciar a planes. Esos de los que antes exclamaban: no era para tanto.