martes, 28 de julio de 2026

LOS PARQUES DE MI EXISTENCIA

 


JUEGO MI VIDA

Escuche la canción mientras lee.

Llegué como todos los días a la tienda de Karen a las 3PM y sin saludarme siquiera, me dijeron sabiendo mi amistad con Federico, que estaba en la clínica Soma de Medellín, pues el día anterior muy a la madrugada tomó 90 pastillas. Nadie me especificó el nombre de las pepas y lo único que hice fue guardar silencio y pensar en todo lo que había vivido el amigo en los últimos seis meses. Salí después y pase por el edificio donde vivía en el barrio de los conquistadores. Pensé en lo que decía el padre de la antipsiquiatría, expresaba que la persona que ha sido rotulada de esquizofrénica, considerándola en su contexto humano real, e indagar asimismo cómo llega a asignársele ese rótulo, quién realiza la asignación, y qué significa ésta para el rotulador y para el rotulado, quien tiene la razón, meditaba, quien define o quien siente que esta marca no le corresponde y peor no le importa. El diagnóstico que le dieron a Feder hace tres meses le abrió una bitácora loca, inexplicable, que terminó en muchos sucesos escandalosos para la sociedad mojigata del barrio.

Había tenido muchas discusiones con Juanca por Feder. A él le parecía peligroso por razones de su vicio y actitudes. No se sentía bien en su compañía y en cierta forma tenía razón. Juanca no tenía ningún tipo de problemas, los evitaba a morir, pero en últimas lo que otros ven como problema yo lo veo como bálsamo. Para mi en cambio su compañía la disfrutaba. Teníamos largas conversaciones de literatura y filosofía. Nuestra peleas, la del grupo, eran contra los estereotipos, con los avasallamientos y las identidades performativas. Por ello permanecemos en guerra total con todos los que viven a nuestro alrededor, en crisis eterna. Ahora que estamos distante del suicidió, del que salió bien después meses de convalecencia, mientras que todos los amigos entramos en una verdadera crisis por esos días, porque de hecho su forma alocada de ser los enfrentó al mundo cargado de metas y servidumbres y lógico a su propia naturaleza. Yo soy un viejo que conocí a estos muchachos por ser amigos de mi hijo Santi, mi soledad era otro problema. 

Ahora, nadie ha contado mejor las crisis del hombre que la novela. Pensaba en eso con mucho juicio. Recordaba la metamorfosis de Franz Kafka, este relato explora la deshumanización y el colapso del rol familiar ante lo insólito. Que nos vende la vida. Miremos qué pasa en el texto. Narra la transformación de Gregorio Samsa en un insecto, el rechazo de su familia y su muerte en el aislamiento. Grete su hermana lo cuida al principio, pero la familia se cansa de él y ella no es la excepción. Quien iba a pensar que el padre le hiere la espalda al lanzarle una manzana, que está cansado con esa situación, como muchos mayores con estos chicos a los que no soportan.

Después de salir Feder de la clínica Soma, transcurridos unos días, nos reunimos para celebrar su eterna existencia y su capacidad de sobrevivir a sus torpezas. Sabía que todo terminaría en  Saturnales y  Bacanales de droga y alcohol en un parque de los conquistadores. Siempre fue así y por ahora se repetirán las locuras. Salí del Apto a eso de las 3 de la tarde. Apenas salí a la puerta del edificio me encontré con Andrés, un habitante de calle. Merodeaba por el barrio desde hace unos quince años. Honesto, callado, inteligente, de vez en vez se echaba unos discursos muy coherentes, demostraban que había vivido mucho y que alguna vez tuvo familia y estudios. Reflejaba una tristeza lacerante. Este barrio con sus chicos malos, los padres opresivos, los señores arrogantes me trajo una novela que  me gustó mucho. Se trata de “Chicos de la calle” de Dirian Passaglia. Es una novela argentina que transcurre en Harlem. Archie, el protagonista, busca posicionarse como una figura relevante en la cadena de las drogas de El Barrio, su zona de compra-venta, que comparte los problemas de Rosario o de Buenos Aires. Vive así en un espacio y tiempo híbridos y, confundidas la realidad y su imaginación, todo a su alrededor cobra un matiz de extraña duda que lo lleva a cuestionar el estatuto de su existencia y las desigualdades que observa, mientras debe también lidiar con los problemas materiales de su familia. 

Cuando llegué al parque estaban Ana y Feder, sentados en la zona que llevamos “El jardín de Freud”. Ana era una mujer hermosa, con una capacidad verbal y de razonamiento espacial. No era eso que dicen bien hablado, no. Era diferente de verdad, sus conclusiones eran siempre inesperadas. Me recordaba a La Jodie Foster de “Taxi Driver”, ese contundente filme de Martin Scorsese que relata la historia del inadaptado Travis Bickle (Robert De Niro), un veterano de la guerra de Vietnam que trabaja de taxista y recorre en el turno nocturno las sórdidas calles de Nueva York. La frustración por un amor no correspondido y la paternal relación que entabla con Iris, una prostituta de catorce años (Jodie Foster), le llevan a tomarse la justicia por su mano y a estallar en un catártico acto de violencia final. Algunos amigos de Feder no querían a Ana, cosa que le importaba un culo. Era una mezcla de Artemisia de Caria y Antonia San Juan o Penélope Cruz en “Todo por mi madre” de Pedro Almadovar. Ver trabada a Ana es majestuoso, su cara es otra, sus razonamientos se salen de la línea y de pronto sus silencios son emblemáticos.