sábado, 22 de junio de 2013

TRÍPTICO UNA MIRADA ALTERNATIVA DE LA EDUCACIÓN EN MEDELLÍN


En la ciudad de Medellín  los problemas sociales graves de violencia,  inequidad y exclusión,  le llevaron a realizar una apuesta muy grande en un plan educativo absolutamente revolucionario, que se ha traducido en la construcción de grandes bibliotecas, colegios con toda la dotación, verdaderos monumentos de la arquitectura contemporánea, un plan general en cobertura totalmente exitoso, que busca formar los jóvenes en el ciclo básico, pero además fomentar una ética basada en valores, en el día a día, generando inclusión, como la única manera real de enfrentar de manera seria este flagelo. Este componente y apuesta institucional ha comprometido a muchos de sus habitantes y líderes comunales en un esfuerzo que amerita darle la relevancia que tiene, pues es un verdadero paradigma para replicar en otras latitudes. Cultura Tríptico, es un ente privado, liderado por una familia, la cual cumple una labor muy bella e importante en la zona de Robledo, con un plan de educación alternativa que, a través de la lúdica le enseña a los niños una manera nueva de Entender, asumir e interpretar la vida desde la exploración artística.
Hay hechos que constituyen un ejemplo para el mundo, pese a su sencillez. En Medellín una pareja, con sus hijos,  deciden trasformar la conducta y la ética de su comunidad desde la lúdica. Aprender jugando. Sabemos que en las localidades es donde está ubicado el problema más grave de  violencia y el conflicto social en su floritura. Enfrentarlo desde su propio entorno resulta emblemático.  Primero nos trasformamos nosotros, después intentamos hacerlo con las personas más cercanas y después ayudaremos a los otros. Así lo ha entendido “Tríptico”. Cuando la gente se prepara para estas pequeñas revoluciones,  estudia y crea un modelo que busca trasformar su comunidad, para ello, se realiza una apuesta social muy grande en sus propósitos, que intenta  cambiar el entorno y con ello atacar desde la raíz un problema que los afecta directamente.
Que es “CULTURA TRÍPTICO”. Es una institución educativa, con un modelo alternativo, centrado en la niñez que desde la lúdica enseña artes y música, fomentando un cambio revolucionario en la mentalidad de los niños de la comunidad de Robledo.  Desde el juego se enseña a vivir con el pleno de las facultades, a pensar con el corazón y a tener una actitud positiva desde una ética centrada en los valores.
CULTURA TRÍPTICO nace del convencimiento que como pareja de esposos y Padres tenemos en la educación a través del Arte y los idiomas con un proceso formativo personalizado e incluyente que puede hacer que cada una de las personas que llegan a nuestra institución enriquezca su proyecto de vida con nuevos horizontes y formas de comunicación. Así como un TRIPTICO es una obra en tres secciones que al mirarla desde lo lejos se ve como una sola, LAS ARTES, LOS IDIOMAS Y LAS COMPETENCIAS CIUDADANAS incorporadas al quehacer y a la cotidianidad de las personas nos permitirán expresar nuestra alegría por la vida y la comunión.
La visión de futuro de CULTURA TRÍPTICO es consolidar un espacio  lleno de calidad humana, que  cada niño que llegue aquí   se sienta en casa, sienta amor. Es  gratificante ver la alegría de los niños, jóvenes y  adultos cuando están en TRIPTICO y lo que ellos hacen y aportan para la consolidación de este proyecto. Definitivamente nuestro futuro es  seguir construyendo día a día la escuela para la "Expresión y la alegría".
El papel de la institución frente a los problemas que aquejan la ciudad va más allá de impartir clases y dinamizar procesos es vivir en la esperanza, en la tolerancia, en el fortalecimiento del carácter y en el deseo de expresar el valor de la alegría y la libertad para darle sentido a nuestro propio proyecto de vida como personas, como comunidades, como países como ciudadanos del mundo que creemos en que vivir por y para el otro si se puede.  
Piaget gran pensador en estas materias, señalaba que la inteligencia es una forma de adaptación al entorno y que el juego es básicamente es una relación entre el niño y el entorno, es un modo de conocerlo, construirlo y aceptarlo.
Diana Fernanda Valencia, Juan Guillermo Taborda y María Isabel y Luciana, es la familia que lidera este proyecto. Lo hacen con una entrega total, con la suficiente formación para abordarlo con absoluta responsabilidad, lucidez y con una calidad humana sin parangón, que les permite  afrontar este reto que implica trasformar desde lo local una ciudad con mucha inequidad y conflictos a granel. Diana es una administradora excepcional, llena de voluntad y encanto, Juan es un artista a carta cabal y sus hijos: María y Luciana son artistas con formación pedagógica,  herederos naturales del don de sus padres. Esta familia realiza una revolución silenciosa atendiendo a la niñez que genera un paradigma excepcional y que es una manera de sembrar futuro verdaderamente revolucionaria. Ahora que buscamos soluciones cargadas de insensatez y costosas desde donde se les mire, deberíamos aprender de ellos, que esperamos perduren con su proyecto. Sobra decir que deberíamos apoyarlos incondicionalmente.




jueves, 20 de junio de 2013

ALBERTO SALCEDO RAMOS CRONISTA DE TIEMPO COMPLETO


ALBERTO SALCEDO RAMOS CRONISTA DE TIEMPO COMPLETO

Muchos fueron los cronistas latinoamericanos que en el siglo pasado  le dieron renombre y realce a este género.  Colombia, empezando por el nobel Gabriel García Márquez, que ha publicado piezas magistrales, es país de grandes cronistas.  La televisión y las TIC,  hasta hace poco pareciera que le daban entierro de tercera a la crónica escrita, pero escritores de la talla de Alberto Salcedo, no solo le dan vigencia diariamente con su trabajo, sino que la reverdecen  por la calidad indiscutible. Hoy la crónica escrita goza de un momento especial en el periodismo.  El premio Ortega y Gasset otorgado a Alberto Salcedo, lo confirma.  Sobra decir, que para este excelente periodista tan sólo es un justo reconocimiento a una labor de muchos años. Sus  crónicas las construye recorriendo el país palmo a palmo, preguntando y oteando cada evento de su interés, entrevistando a los protagonistas directos de las historias que narra, lo que le ha permitido hacer una radiografía del país desde los más intimo de la condición humana.
Alberto Salcedo Ramos “nació hace cincuenta años en Barranquilla, pero creció en el Arenal, un municipio del Caribe colombiano donde no había bibliotecas pero sí mucha gente que hablaba a los gritos y que dibujaba con palabras los primeros cuentos que él no leyó sino que escuchó”.  Periodista de la Universidad Autónoma del Caribe. En la actualidad se desempeña como cronista de las revistas SoHo El malpensante y como corresponsal de la revista Ecos de España.También dirige el programa de televisión Experiencias Significativas, que se emite por Señal Colombia. Ha publicado los libros De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicasLos golpes de la esperanza Diez juglares en su patio, este último en calidad de coautor. Su texto Por favor, ni siquiera orquídeas figura en la Antología de Grandes Reportajes Colombianos, de Daniel Samper Pizano. Salcedo Ramos ha ganado, entre otras distinciones, el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (tres veces), el Premio al Mejor Libro de Periodismo del Año (otorgado por la Cámara Colombiana del Libro) y el Premio al Mejor Documental en la II Jornada Iberoamericana de Televisión, celebrada en Cuba. Este año, gracias a su perfil El testamento del viejo Mile, publicado en El malpensante, fue uno de los cinco finalistas del Premio Nuevo Periodismo FNPI-Cemex, entre 470 concursantes de 21 países. La distinción le fue entregada en Monterrey, México.
“recibió este miércoles, en Madrid, el Premio Ortega y Gasset, en la categoría de periodismo impreso, otorgado por el diario El País. El galardón fue entregado a partir de una historia que narra el trayecto de cinco horas que todos los días debe recorrer un niño en el departamento de Chocó para llegar a su escuela. La crónica se llama La travesía de Wikdi y fue publicada en febrero de 2012 en la revista Soho. Alberto Salcedo Ramos fue presentado por el periodista radial Julio Sánchez Cristo durante el acto de entrega, que se llevó a cabo en el CaixaForum de Madrid. A la ceremonia,  asistieron en primera fila el expresidente del Gobierno Español, Felipe González, el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y la portavoz parlamentaria española, Soraya Rodríguez, fue un homenaje al periodismo de calidad y planteó algunos de los retos a los que se enfrenta la profesión ante los cambios tecnológicos y la crisis económica”.
En un texto sobre la crónica en Colombia se decía: “la crónica, en su estructura de columna, se convierte en un espacio autobiográfico, donde el autor narra los pequeños o grandes eventos que lo conmueven, la situación cómica o dramática que puede compartir con el lector. Con una filosofía de andar por casa opina sobre los temas más diversos de la vida cotidiana y de la condición humana, y se enfrenta a esta escritura gozando de todas las licencias creativas, con el único afán de cautivar a los lectores y de refrendar un pacto de fidelidad. La crónica, territorio sin fronteras, se convierte así en uno de los géneros de experimentación más fascinantes que existen en el periodismo literario para explorar lo personal y lo universal; para escribir la historia con mayúsculas y la historia con minúsculas”.
Salcedo, de antemano sabía que en Bogotá los costeños son mirados con cierto desdén por la clase intelectual y se dedicó a a borrar con su trabajo este señalamiento y sobre decir que lo logró con éxito, su trabajo le ha permitido ganarse un respeto y un lugar en la historia del periodismo colombiano. Por eso, en una entrevista que le hizo la periodista María Jimena Dussan donde le preguntó sobre su dedicación a la crónica de la violencia, Salcedo explicó con vehemencia sobre el tema, pero a la vez aclaró los problemas sobre que le ocasionaron su origen costeño y que le obligaron a dedicarse a temas más humanos: “Ese cambio tiene una explicación: estaba encasillado por mi origen costeño. Muchos creían que yo estaba pa’ echar chistes y hablar de música. Me costó mucho trabajo quitarme ese estigma de encima. Al principio solo pude hacer crónica de deportistas o de juglares y tuve que dar una pelea profesional ardua para ganarme el derecho de hacer otros temas que me movían. Desde que escribo crónicas sobre el conflicto armado me siento adulto y siento la sensación, quizás un poco mesiánica, de que estoy aportando mi grano de arena. Norman Mailer decía: “No sometas a la duda un tema que tienes ganas de trabajar”.  
Algunas de sus crónicas son un ejemplo de buen periodismo, excelente escritura e historias bien contadas. Este don viene desde su niñez: “Yo nací en Arenal, un pueblo de la costa, y le puedo decir que conocí la historia del país a través de la tertulia en los parques. Yo digo que los primeros libros que leí nunca fueron escritos, sino que fueron las conversaciones que escuchaba en las esquinas. Esa era mi manera de leer. Miguel Iriarte un poeta de Sincé, Sucre, me contaba que en su pueblo había un hombre que vendía horas de palabra. Por eso a mí me encanta una definición del humorista peruano Sofocleto por lo sincera. Le preguntaron por qué escribía y respondió: “Escribir es la forma de hablar sin que a uno lo interrumpan”. Y yo creo que escribo para que no me interrumpan.  
Qué bueno el premio otorgado a este gran periodista. En una próxima entrega publicare una de sus crónicas





jueves, 13 de junio de 2013

PREMIO DE LITERATURA PRINCIPE DE ASTURIAS


Es un gran acierto el premio otorgado a ANTONIO MUÑOZ MOLINA, quien está respaldado con una obra valiosa, con varias novelas que pasarán a la antología de las mejores obras del idioma español, mejor columnista y comprometido de lleno con la literatura.  Nacido en Úbeda (Jaén) en 1956, Antonio Muñoz Molina empezó a estudiar Periodismo en Madrid y se trasladó después a Granada, en cuya Universidad se licenció en Historia del Arte y donde vivió durante veinte años. Allí trabajó como funcionario, mientras colaboraba como columnista en el ya desaparecido «Diario de Granada». A lo largo de los años ha seguido colaborando como articulista en la prensa, publicando en ABC, «El País», «Ideal» o las revistas «Muy Interesante» y «Scherzo». Magina es la ciudad imaginaria donde transcurren buena parte de sus novelas.
Muñoz Molina, académico de la Lengua, es autor de obras como El invierno en Lisboa (1987), con la que al año siguiente recibió los Premios Nacional de Narrativa y la Crítica; El jinete polaco, Premios Planeta y Nacional de Narrativa en 1991 y 1992, respectivamente; o Plenilunio (1997), que obtuvo en 1998 el Premio Fémina a la mejor novela extranjera.
Autor también de colecciones de relatos -Historia de detectives y Escritores y sus ciudades, ambas en 1998-, abrió el nuevo milenio con la novela Sefarad (2001), a la que siguieron En ausencia de Blanca (2003), Ventanas de Manhattan (2004), El viento de la Luna (2006), La noche de los tiempos (2009) y las recopilaciones de cuentos Nada del otro mundo (2011) y de artículos El Robinson urbano (2012, versión que amplía la de 1984).
Elegido académico de la Lengua el 8 de junio de 1995, Muñoz Molina ingresó en la institución el 16 de junio de 1996 para ocupar el sillón "u" con un discurso dedicado al literato español de origen francés Max Aub.
Entre 2004 y 2006 dirigió el Instituto Cervantes en Nueva York, ciudad que le inspiró sus Ventanas de Manhattan (2004), con el trasfondo de los atentados del 11-S y que le valió el I Premio Quijote de Literatura en 2005.
Está casado en segundas nupcias con la escritora y articulista Elvira Lindo, autora del personaje radiofónico y literario Manolito Gafotas, convertido también en serie de televisión. Con 57 aos, es el escrito más joven en ganar este premio.
Es un escritor comprometido con su tiempo, enfrenta los debates sin remilgos, de frente y asume posiciones muy claras frente a los totalitarismos o las posiciones radicales tan en boga en estos tiempos en Europa.
Es un crítico exacerbado de su propio país. El diario "El espectador" de Colombia es muy acertado  cuando expresa: "Un hombre que ejerce el pensamiento para producir una suerte de análisis acerca de qué sucede en el mundo actual a través de la ficción o el ensayo. Y algunos lo han llamado traidor y otros lo han aclamado como mesías. Ninguna de las dos. Muñoz Molina practica una forma de la disidencia en un mundo que se entrega fácilmente al sectarismo y las divisiones. En parte de su obra se refleja España, claro, pero el conjunto de su trabajo abarca la condición humana como materia prima; otra cosa que tampoco sucede siempre que se trata de escritores".
“Plenilunio” es una reflexión sobre el fracaso y la derrota encarado en personas comunes sometidas a los avatares de un destino incierto. Llena de personajes sin ilusiones, cargados de culpa y al arbitrio de una suerte que rechazan con actitudes pasivas y sin resistencia alguna. Es una crítica a lo que le pasa al ciudadano frente a los poderes que lo avasallan. Desde historias personales, a través de un argumento bien hilvanando, va descifrando el mundo contemporáneo desde la subjetividad intensa.




El  mejor homenaje, leerlo.






martes, 4 de junio de 2013

LA DIVINA COMEDIA




El último libro de Dan Brown se llama “Infierno inspirada en “La divina comedia”. Mi hijo Santiago, empezó a leerla y desde sus primeras páginas me ha hecho mil preguntas sobre  el texto y la interpretación hecha por Dante. La mejor respuesta está en una conferencia de Borges que hace parte del libro “Borges oral”. He querido traerla a colación por ser una de las conferencias más bellas y lúcidas del escrito Argentino.

LA DIVINA COMEDIA
Paul Claudel ha escrito en una página indigna de Paul Claudel que los espectáculos que nos aguardan más allá de la muerte corporal no se parecerán, sin duda, a los que muestra Dante en el Infierno, en el Purgatorio y en el Paraíso, Esta curiosa observación de Claudel, en un artículo por lo demás admirable, puede ser comentada de dos modos.
En primer término, vemos en esta observación una prueba de la intensidad del texto de Dante, el hecho de que una vez  leído el poema y mientras lo leemos tendemos a pensar que él se imaginaba el otro mundo exactamente como lo presenta. Fatalmente creemos que Dante se imaginaba que una vez muerto, se encontraría con la montaña inversa del Infierno o con las terrazas del Purgatorio o con los cielos concéntricos del Paraíso. Además, hablaría con sombras (sombras de la Antigüedad clásica) y algunas conversarían con él en tercetos en italiano.
Ello es evidentemente absurdo. La observación de Claudel corresponde no a lo que razonan los lectores (porque razonándola se darían cuenta de que es absurda) sino a lo que sienten y a lo que puede alejarlos del placer, del intenso placer de la lectura de la obra.
Para refutarla, abundan testimonios. Uno es la declaración que se atribuye al hijo de Dante. Dijo que su padre se había propuesto mostrar la vida de los pecadores bajo la imagen del Infierno, la vida de los penitentes bajo la imagen del Purgatorio y la vida de los justos bajo la imagen del Paraíso. No leyó de un modo literal. Tenemos, además, el testimonio de Dante en la epístola dedicada a Can Grande della Scala.
La epístola ha sido considerada apócrifa, pero de cualquier modo no puede ser muy posterior a Dante y, sea lo que fuere, es fidedigna de su época. En ella se afirma que la Comedia puede ser leída de cuatro modos. De esos cuatro modos, uno es el literal; otro, el alegórico. Según éste, Dante sería el símbolo del hombre, Beatriz el de la fe y Virgilio el de la razón.
La idea de un texto capaz de múltiples lecturas es característica de la Edad Media, esa Edad Media tan calumniada y compleja que nos ha dado la arquitectura gótica, las sagas de Islandia y la filosofía escolástica en la que todo está discutido. Que nos dio, sobre todo, la Comedia, que seguimos leyendo y que nos sigue asombrando, que durará más allá de nuestra vida, mucho más allá de nuestras vigilias y que será enriquecida por cada generación de lectores.
Conviene recordar aquí a Escoto Erígena, que dijo que la Escritura es un texto que encierra infinitos sentidos y que puede ser comparado con el plumaje tornasolado del pavo real.
Los cabalistas hebreos sostuvieron que la Escritura ha sido escrita para cada uno de los fieles; lo cual no es increíble si pensamos que el autor del texto y el autor de los lectores es el mismo: Dios. Dante no tuvo por qué suponer que lo que él nos muestra corresponde a una imagen real del mundo de la muerte. No hay tal cosa. Dante no pudo pensar eso.
Creo, sin embargo, en la conveniencia de ese concepto ingenuo, ese concepto de que estamos leyendo un relato verídico. Sirve para que nos dejemos llevar por la lectura. De mí sé decir que soy nunca he leído un libro porque fuera antiguo. He leído libros por la emoción estética que me deparan y he postergado los comentarios y las críticas. Cuando leí por primera vez la Comedia, me dejé llevar por la lectura. He leído la Comedia como he leído otros libros menos famosos. Quiero confiarles, ya que estamos entre amigos, y ya que no estoy hablando con todos ustedes sino con cada uno de ustedes, la historia de mi comercio personal con la Comedia.
con todos ustedes sino con cada uno de ustedes, la historia de mi comercio personal con la Comedia.
Todo empezó poco antes de la dictadura. Yo estaba empleado en una biblioteca del barrio de Almagro. Vivía en Las Heras y Pueyrredón, tenía que recorrer en lentos y solitarios tranvías el largo trecho que desde ese barrio del Norte va hasta Almagro Sur, a una biblioteca situada en la Avenida La Plata y Carlos Calvo. El azar (salvo que no hay azar, salvo que lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad) me hizo encontrar tres pequeños volúmenes en la Librería Mitchell, hoy desaparecida, que me trae tantos recuerdos. Esos tres volúmenes (yo debería haber traído uno como talismán, ahora) eran los tomos del Infierno, del Purgatorio y del Paraíso, vertidos al inglés por Carlyle, no por Thonias Carlyle, del que hablaré luego. Eran libros muy cómodos, editados por Dent. Cabían en mi bolsillo. En una página estaba el texto italiano y en la otra el texto en inglés, vertido literalmente. Imaginé este modus operandi: leía primero un versículo, un terceto, en prosa inglesa; luego leía el mismo versículo, el mismo terceto, en italiano; iba siguiendo así hasta llegar al fin del canto. Luego leía todo el canto en inglés y luego en italiano.
En esa primera lectura comprendí que las traducciones no pueden ser un sucedáneo del texto original. La traducción puede ser, en todo caso, un medio y un estímulo para acercar al lector al original; sobre todo, en el caso del español. Creo que Cervantes, en alguna parte del Quijote, dice que con dos ochavos de lengua toscana uno puede entender a Ariosto.
Pues bien; esos dos ochavos de lengua toscana me fueron dados por la semejanza fraterna del italiano y el español. Ya entonces observé que los versos, sobre todo los grandes versos de Dante, son mucho más de lo que significan. El verso es, entre tantas otras cosas, una entonación, una acentuación muchas veces intraducibie. Eso lo observé desde el principio. Cuando llegué a la cumbre del Paraíso, cuando llegué al Paraíso desierto, ahí, en aquel momento en que Dante está abandonado por Virgilio y se encuentra solo y lo llama, en aquel momento sentí que podía leer directamente el texto italiano y sólo mirar de vez en cuando el texto inglés. Leí así los tres volúmenes en esos lentos viajes de tranvía. Después leí otras ediciones.
He leído muchas veces la Comedia. La verdad es que no sé italiano, no sé otro italiano que el que me enseñó Dante y que el que me enseñó, después, Ariosto cuando leí el Furioso. Y luego el más fácil, desde luego, de Croce, He leído casi todos los libros de Croce y no siempre estoy de acuerdo con él, pero siento su encanto. El encanto es, como dijo Stevenson, una de las cualidades esenciales que debe tener el escritor. Sin el encanto, lo demás es inútil.
ellas, dos me reservo particularmente: la de Mornigliano y la de Grabher. Recuerdo también la de Hugo Steiner. Leía todas las ediciones que encontraba y me distraía con los distintos comentarios, las distintas interpretaciones de esa obra múltiple. Comprobé que en las ediciones más antiguas predomina el comentario teológico; en las del siglo diecinueve, el histórico, y actualmente el estético, que nos hace notar la acentuación de cada verso, una de las máximas virtudes de Dante.

Se ha comparado a Milton con Dante, pero Milton tiene una sola música: es lo que se llama en inglés “un estilo sublime”. Esa música es siempre la misma, más allá de las emociones de los personajes. En cambio en Dante, como en Shakespeare, la música va siguiendo las emociones. La entonación y la acentuación son lo principal, cada frase debe ser leída y es leída en voz alta.
Digo es leída en voz alta porque cuando leemos versos que son realmente admirables, realmente buenos, tendemos a hacerlo en voz alta. Un verso bueno no permite que se lo lea en voz baja, o en silencio. Si podemos hacerlo, no es un verso válido: el verso exige la pronunciación. El verso siempre recuerda que fue un arte oral antes de ser un arte escrito, recuerda que fue un canto.
Hay dos frases que lo confirman. Una es la de Homero o la de los griegos que llamamos Homero, que dice en la Odisea: “los dioses tejen desventuras para los hombres para que las generaciones venideras tengan algo que cantar”. La otra, muy posterior, es de Mallarmé y repite lo que dijo Homero menos bellamente; “tout aboutit en un livre”, “todo para en un libro”. Aquí tenemos las dos diferencias; los griegos hablan de generaciones que cantan, Mallarmé habla de un objeto, de una cosa entre las cosas, un libro. Pero la idea es la misma, la idea de que nosotros estamos hechos para el arte, estamos hechos para la memoria, estamos hechos para la poesía o posiblemente estamos hechos para el olvido. Pero algo queda y ese algo es la historia o la poesía, que no son esencialmente distintas.
Carlyle y otros críticos han observado que la intensidad es la característica más notable de Dante. Y si pensamos en los cien cantos del poema parece realmente un milagro que esa intensidad no decaiga, salvo en algunos lugares del Paraíso que para el poeta fueron luz y para nosotros sombra. No recuerdo ejemplo análogo de otro escritor, * únicamente quizá en La tragedia de Macbeth de Shakespeare, que empieza con las tres brujas o las tres parcas o las tres hermanas fatales y que luego sigue hasta la muerte del héroe y en ningún momento afloja la intensidad.
Quiero recordar otro rasgo: la delicadeza de Dante. Siempre pensamos en el sombrío y sentencioso poema florentino y olvidamos que la obra está llena de delicias, de deleites, de ternuras.
Esas ternuras son parte de la tramación. El verso siempre recuerda que fue un arte oral antes de ser un arte escrito, recuerda que fue un canto.
Hay dos frases que lo confirman. Una es la de Homero o la de los griegos que llamamos Homero, que dice en la Odisea: “los dioses tejen desventuras para los hombres para que las generaciones venideras tengan algo que cantar”. La otra, muy posterior, es de Mallarmé y repite lo que dijo Homero menos bellamente; “tout aboutit en un livre”, “todo para en un libro”. Aquí tenemos las dos diferencias; los griegos hablan de generaciones que cantan, Mallarmé habla de un objeto, de una cosa entre las cosas, un libro. Pero la idea es la misma, la idea de que nosotros estamos hechos para el arte, estamos hechos para la memoria, estamos hechos para la poesía o posiblemente estamos hechos para el olvido. Pero algo queda y ese algo es la historia o la poesía, que no son esencialmente distintas.
Carlyle y otros críticos han observado que la intensidad es la característica más notable de Dante. Y si pensamos en los cien cantos del poema parece realmente un milagro que esa intensidad no decaiga, salvo en algunos lugares del Paraíso que para el poeta fueron luz y para nosotros sombra. No recuerdo ejemplo análogo de otro escritor, * únicamente quizá en La tragedia de Macbeth de Shakespeare, que empieza con las tres brujas o las tres parcas o las tres hermanas fatales y que luego sigue hasta la muerte del héroe y en ningún momento afloja la intensidad.
Quiero recordar otro rasgo: la delicadeza de Dante. Siempre pensamos en el sombrío y sentencioso poema florentino y olvidamos que la obra está llena de delicias, de deleites, de ternuras. Esas ternuras son parte de la trama de la obra. Por ejemplo, Dante habrá leído en algún libro de geometría que el cubo es el más firme de los volúmenes. Es una observación corriente que no tiene nada de poética y sin embargo Dante la usa como una metáfora del hombre que debe soportar la desventura: “buon tetrágono a i colpe di fortuna”; el hombre es un buen tetrágono, un cubo, y eso es realmente raro.
Recuerdo asimismo la curiosa metáfora de la flecha. Dante quiere hacernos sentir la velocidad de la flecha que deja el arco y da en el blanco. Nos dice que se clava en el blanco y que sale del arco y que deja la cuerda; invierte el principio y el fin para mostrar cuan rápidamente ocurren esas cosas.
Hay un verso que está siempre en mi memoria. Es aquel del primer canto del Purgatorio que se refiere a esa mañana, esa mañana increíble en la montaña del Purgatorio, en el Polo Sur. Dante, que ha salido de la suciedad, de la tristeza y el horror del Infierno, dice “dolce color d’ oriental zaffiro”. El verso impone esa lentitud a la voz. Hay que decir oriental:
dolce color ¿oriental zafiro
che saccoglieva nel sereno aspetto
del mezzo puro infino al primo giro.

Quisiera demorarme sobre el curioso mecanismo de ese verso, salvo que la palabra “mecanismo” es demasiado dura para lo que quiero decir. Dante describe el cielo oriental, describe la aurora y compara el color de la aurora el del zafiro. Y lo compara con un zafiro que se llama zafiro oriental”, zafiro del Oriente. En dolce color d’ oriental zaffiro hay un juego de espejos, ya que el Oriente se explica por el color del zafiro y ese zafiro es un “zafiro oriental”. Es decir, un zafiro que está cargado de la riqueza de la palabra “oriental”; está lleno, digamos, de Las mil y una noches que Dante no conoció pero que sin embargo ahí están.
Recordaré también el famoso verso final del canto quinto del Infierno: “e caddi come carpo morto cade”. ¿Por qué retumba la caída? La caída retumba por la repetición de la palabra “cae”.
Toda la Comedia está llena de felicidades de ese tipo. Pero lo que la mantiene es el hecho de ser narrativa. Cuando yo era joven se despreciaba lo narrativo, se lo llamaba anécdota y se olvidaba que la poesía empezó siendo narrativa, que en las raíces de la poesía está la épica y la épica es el género poético primordial, narrativo. En la épica está el tiempo, en la épica hay un antes, un mientras y un después; todo eso está en la poesía.
Yo aconsejaría al lector el olvido de las discordias de los güelfos y gibelinos, el olvido de la escolástica, incluso el olvido de las alusiones mitológicas y de los versos de Virgilio que Dante repite, a veces mejorándolos, excelentes como son en latín. Conviene, por lo menos al principio, atenerse al relato. Creo que nadie puede dejar de hacerlo.
Entramos, pues, en el relato, y entramos de un modo casi mágico porque actualmente, cuando se cuenta algo sobrenatural, se trata de un escritor incrédulo que se dirige a lectores incrédulos y tiene que preparar lo sobrenatural. Dante no necesita eso: “Nel mezzo del cammin di nostra vita / mí ritrovai per una selva oscura”. Es decir, a los treinta y cinco años “me encontré en mitad de una selva oscura” que puede ser alegórica, pero en la cual creemos físicamente: a los treinta y cinco años, porque la Biblia aconseja la edad de setenta a los hombres prudentes. Se entiende que después todo es yermo, “bleak”, como se llama en inglés, todo es ya tristeza, zozobra. De modo que, cuando Dante escribe “nel mezzo del cammin di nostra vita”, no ejerce una vaga retórica: está diciéndonos exactamente la fecha de la visión, la de los treinta y cinco í años.
No creo que Dante fuera un visionario. Una visión es breve. Es imposible una, visión tan larga como la de la Comedia. La visión fue voluntaria: debemos abandonarnos a ella y leerla, con fe poética. Dijo Coleridge que la fe poética es una voluntaria suspensión de la incredulidad. Si asistimos a una representación de teatro sabemos que en el escenario hay hombres disfrazados que repiten las palabras de Shakespeare, de Ibsen o de Pirandello que les han puesto en la boca. Pero nosotros aceptamos que esos hombres no son disfrazados; que ese hombre disfrazado que monologa lentamente en las antesalas de la venganza es realmente el príncipe de Dinamarca, Hamlet; nos abandonamos. En el cinematógrafo es aún más curioso el procedimiento, porque estamos viendo no ya al disfrazado sino fotografías de disfrazados y sin embargo creemos en ellos mientras dura la proyección.
En el caso de Dante, todo es tan vivido que llegamos a suponer que creyó en su otro mundo, de igual modo como bien pudo creer en la geografía geocéntrica o en la astronomía geocéntrica y no en otras astronomías.
Conocemos profundamente a Dante por un hecho que fue señalado por Paul Groussac: porque la Comedia está escrita en primera persona. No es un mero artificio gramatical, no significa decir “vi” en lugar de “vieron” o de “fue”. Significa algo más, significa que Dante es uno de los personajes de la Comedia. Según Groussac, fue un rasgo nuevo. Recordemos que, antes de Dante, San Agustín escribió sus Confesiones. Pero estas Confesiones, precisamente por su retórica espléndida, no están tan cerca de nosotros como lo está Dante, ya que la espléndida retórica del africano se interpone entre lo que quiere decir y lo que nosotros oímos.
El hecho de una retórica que se interpone es desgraciadamente frecuente. La retórica debería ser un puente, un camino; a veces es una muralla, un obstáculo. Lo cual se observa en escritores tan distintos como Séneca, Que-vedo, Milton o Lugones. En todos ellos las palabras se interponen entre ellos y nosotros.
A Dante lo conocemos de un modo más íntimo que sus contemporáneos. Casi diría que lo conocemos como lo conoció Virgilio, que fue un sueño suyo. Sin duda, más de lo que lo pudo conocer Beatriz Portinari; sin duda, más que nadie. Él se coloca ahí y está en el centro de la acción. Todas las cosas no sólo son vistas por él, sino que él toma parte. Esa parte no siempre está de acuerdo con lo que describe y es lo que suele olvidarse.
Vemos a Dante aterrado por el Infierno; tiene que estar aterrado no porque fuera cobarde sino porque es necesario que esté aterrado para que creamos en el Infierno. Dante está aterrado, siente miedo, opina sobre las cosas. Sabemos lo que opina no por lo que dice sino por lo poético, por la entonación, por la acentuación de su lenguaje.
Tenemos el otro personaje. En verdad, en la Comedia hay tres, pero ahora hablaré del segundo. Es Virgilio. Dante ha logrado que tengamos dos imágenes de Virgilio: una, la imagen que nos deja la Eneida o que nos dejan las Geórgicas; la otra, la imagen más íntima que nos deja la poesía, la piadosa poesía de Dante. Uno de los temas de la literatura, como uno de los temas de la realidad, es la amistad. Yo diría que la amistad es nuestra pasión argentina. Hay muchas amistades en la literatura, que está tejida de amistades. Podemos evocar algunas. ¿Por qué no pensar en Quijote y Sancho, o en Alonso Quijano y Sancho, ya que para Sancho “Alonso Quijano” es Alonso Quijano y sólo al fin llega a ser Don Quijote? ¿Por qué no pensar en Fierro y Cruz, en nuestros dos gauchos que se pierden en la frontera? ¿Por qué no pensar en el viejo tropero y en Fabio Cáceres? La amistad es un tema común, pero generalmente los escritores suelen recurrir al contraste de los dos amigos. He olvidado otros dos amigos ilustres, Kim y el lama, que también ofrecen el contraste.
En el caso de Dante, el procedimiento es más delicado. No es exactamente un contraste, aunque tenemos la actitud filial: Dante viene a ser un hijo de Virgilio y al mismo tiempo es superior a Virgilio porque se cree salvado. Cree que merecerá la gracia o que la ha merecido, ya que le ha sido dada la visión. En cambio, desde el comienzo del Infierno sabe que Virgilio es un alma perdida, un reprobo; cuando Virgilio le dice que no podrá acompañarlo más allá del Purgatorio, siente que el latino será para siempre un habitante del terrible “nobile castello” donde están las grandes sombras de los grandes muertos de la Antigüedad, los que por ignorancia invencible no alcanzaron la palabra de Cristo. En ese mismo momento, Dante dice: “Tu, duca; tu, signare; tu, maestro”... Para cubrir ese momento, Dante lo saluda con palabras magníficas y habla del largo estudio y del gran amor que le han hecho buscar su volumen y siempre se mantiene esa relación entre los dos. Esa figura esencialmente triste de Virgilio, que se sabe condenado a habitar para siempre en el nobile castello lleno de la ausencia de Dios... En cambio, a Dante le será permitido ver a Dios, le será permitido comprender el universo.
Tenemos, pues, esos dos personajes. Luego hay miles, centenares, una multitud de personajes de los que se ha dicho que son episódicos. Yo diría que son eternos.
Una novela contemporánea requiere quinientas o seiscientas páginas para hacernos conocer a alguien, si es que lo conocemos. A Dante le basta un solo momento. En ese momento el personaje está definido para siempre. Dante busca ese momento central inconscientemente. Yo he querido hacer lo mismo en muchos cuentos y he sido admirado por ese hallazgo, que es el hallazgo de Dante en la Edad Media, el de presentar un momento como cifra de una vida. En Dante tenemos esos personajes, cuya vida puede ser la de algunos tercetos y sin embargo esa vida es eterna. Viven en una palabra, en un acto, no se precisa más; son parte de un canto, pero esa parte es eterna. Siguen viviendo y renovándose en la memoria y en la imaginación de los hombres.
Dijo Carlyle que hay dos características de Dante. Desde luego hay más, pero dos son esenciales: la ternura y el rigor (salvo que la ternura y el rigor no se contraponen, no son opuestos). Por un lado, está la ternura humana de Dante, lo que Shakespeare llamaría “the milk of human kindness”, “la leche de la bondad humana”. Por el otro lado está el saber que somos habitantes de un mundo riguroso, que hay un orden. Ese orden corresponde al Otro, al tercer interlocutor.
Recordemos dos ejemplos. Vamos a tomar el episodio más conocido del Infierno, el del canto quinto, el de Paolo y Francesca. No pretendo abreviar lo que Dante ha dicho —sería una irreverencia mía decir en otras palabras lo que él ha dicho para siempre en su italiano—; quiero recordar simplemente las circunstancias.
Dante y Virgilio llegan al segundo círculo (si mal no recuerdo) y ahí ven el remolino de almas y sienten el hedor del pecado, el hedor del castigo. Hay circunstancias físicas desagradables. Por ejemplo Minos, que se enrosca la cola para significar a qué círculo tienen que bajar los condenados.
Eso es deliberadamente feo porque se entiende que nada puede ser hermoso en el Infierno. Al llegar a ese círculo en el que están penando los lujuriosos, hay grandes nombres ilustres. Digo “grandes nombres” porque Dante, cuando empezó a escribir el canto, no había llegado aún a la perfección de su arte, al hecho de hacer que los personajes fueran algo más que sus nombres. Sin embargo esto le sirvió para describir al nobile castello.
Vemos a los grandes poetas de la Antigüedad. Entre ellos está Homero, espada en mano. Cambian palabras que no es honesto repetir. Está bien el silencio, porque todo condice con ese terrible pudor de quienes están condenados al Limbo, de quienes no verán nunca el rostro de Dios. Cuando llegamos al canto quinto, Dante ha llegado a su gran descubrimiento: la posibilidad de un diálogo entre las almas de los muertos y el Dante que los sentirá y juzgará a su modo. No, no los juzgará: él sabe que no es el Juez, que el Juez es el Otro, un tercer interlocutor, la Divinidad.
Pues bien: ahí están Homero, Platón, otros grandes hombres ilustres. Pero Dante ve a dos que él no conoce, menos ilustres, y que pertenecen al mundo contemporáneo: Paolo y Francesca. Sabe cómo han muerto ambos adúlteros, los llama y ellos acuden. Dante nos dice: “Quali colombe dal disio chiamate”. Estamos ante dos reprobos y Dante los compara con dos palomas llamadas por el deseo, porque la sensualidad tiene que estar también en lo esencial de la escena. Se acercan a él y Francesca, que es la única que habla (Paolo no puede hacerlo), le agradece que los haya llamado y le dice estas palabras patéticas: “Se fosse árnica U Re dell’universo / noi preghremmo lui per la tua pace”, “si fuese amigo el Rey del universo (dice Rey del universo porque no puede decir Dios, ese nombre está vedado en el Infierno y en el Purgatorio), le rogaríamos por tu paz”, ya que tú te apiadas de nuestros males.
Francesca cuenta su historia y la cuenta dos veces. La primera la cuenta de un modo reservado, pero insiste en que ella sigue estando enamorada de Paolo. El arrepentimiento está vedado en el Infierno; ella sabe que ha pecado y sigue fiel a su pecado, lo que le da una grandeza heroica. Sería terrible que se arrepintiera, que se quejara de lo ocurrido. Francesca sabe que el castigo es justo, lo acepta y sigue amando a Paolo.
Dante tiene una curiosidad. “Amor condusse noi ad una morte”: Paolo y Francesca han sido asesinados juntos. A Dante no le interesa el adulterio, no le interesa el modo como fueron descubiertos ni ajusticiados: le interesa algo más íntimo, y es saber cómo supieron que estaban enamorados, cómo se enamoraron, cómo llegó el tiempo de los dulces suspiros. Hace la pregunta.
Apartándome de lo que estoy diciendo, quiero recordar una estrofa, quizá la mejor estrofa de Leopoldo Lugones, inspirada sin duda en el canto quinto del Infierno. Es la primera cuartera de “Alma venturosa”, uno de los sonetos de Las horas doradas, de 1922:
Al promediar la tarde de aquel día,
Cuando iba mi habitual adiós a darte,
Fue una vaga congoja de dejarte
Lo que me hizo saber que te quería.
Un poeta inferior hubiera dicho que el hombre siente una gran tristeza al despedirse de la mujer, y hubiera dicho que se veían raramente. En cambio, aquí, “cuando iba mi habitual adiós a darte” es un verso torpe, pero eso no importa; porque decir “un habitual adiós” expresa que se veían frecuentemente, y luego “fue una vaga congoja de dejarte / lo que me hizo saber que te quería”.
El tema es esencialmente el mismo del canto quinto: dos personas que descubren que están enamoradas y que no lo sabían. Es lo que Dante quiere saber, y quiere que le cuente cómo ocurrió. Ella le refiere que leían un día, para deleitarse, sobre Lancelote y cómo lo aquejaba el amor. Estaban solos y no sospechaban nada. ¿Qué es lo que no sospechaban? No sospechaban que estaban enamorados. Y estaban leyendo una historia de La matiere de Bretagne, uno de esos libros que imaginaron los britanos en Francia después de la invasión sajona. Esos libros que alimentaron la locura de Alonso Quijano y que revelaron su amor culpable a Paolo y Francesca. Pues bien: Francesca declara que a veces se ruborizaban, pero que hubo un momento, “guando leggemmo il disiato riso”, “cuando leímos la deseada sonrisa”, en que fue besada por tal amante; éste que no se separará nunca de mí, la boca me besó, “tutto tremante”.
Hay algo que no dice Dante, que se siente a lo largo de todo el episodio y que quizá le da su virtud. Con infinita piedad, Dante nos refiere el destino de los dos amantes y sentimos que él envidia ese destino. Paolo y Francesca están en el Infierno, él se salvará, pero ellos se han querido y él no ha logrado el amor de la mujer que ama, de Beatriz. En esto hay una jactancia también, y Dante tiene que sentirlo como algo terrible, porque él ya está ausente de ella. En cambio, esos dos réprobos están juntos, no pueden hablarse, giran en el negro remolino sin ninguna esperanza, ni siquiera nos dice Dante la esperanza de que los sufrimientos cesen, pero están juntos. Cuando ella habla, usa el nosotros: habla por los dos, otra forma de estar juntos. Están juntos para la eternidad, comparten el Infierno y eso para Dante tiene que haber sido una suerte de Paraíso.
Sabemos que está muy emocionado. Luego cae como un cuerpo muerto.
Cada uno se define para siempre en un solo instante de su vida, un momento en el que un hombre se encuentra para siempre consigo mismo. Se ha dicho que Dante es cruel con Francesca, al condenarla. Pero esto es ignorar al Tercer Personaje. El dictamen de Dios no siempre coincide con el sentimiento de Dante. Quienes no comprenden la Comedia dicen que Dante la escribió para vengarse de sus enemigos y premiar a sus amigos. Nada más falso. Nietzsche dijo falsísimamente que Dante es la hiena que versifica entre las tumbas. La hiena que versifica es una contradicción; por otra parte, Dante no se goza con el dolor. Sabe que hay pecados imperdonables, capitales. Para cada uno elige una persona que ha cometido ese pecado, pero que en todo lo demás puede ser admirable o adorable. Francesca y Paolo sólo son lujuriosos. No tienen otro pecado, pero uno basta para condenarlos.
La idea de Dios como indescifrable es un concepto que ya encontramos en otro de los libros esenciales de la humanidad. En el Libro de Job, ustedes recordarán cómo Job condena a Dios, cómo sus amigos lo justifican y cómo al fin Dios habla desde el torbellino y rechaza por igual a quienes lo justifican y a quienes lo acusan. Dios está más allá de todo juicio humano y para ayudarnos a comprenderlo se sirve de dos ejemplos extraordinarios: el de la ballena y el del elefante. Busca estos monstruos para significar que no son menos monstruosos para nosotros que el Leviatán y el Behemot (cuyo nombre es plural y significa muchos animales en hebreo). Dios está más allá de todos los juicios humanos y así lo declara Él mismo en el Libro de Job. Y los hombres se humillan ante Él porque se han atrevido a juzgarlo, a justificarlo. No lo precisa. Dios está, como diría Nietzsche, más allá del bien y del mal. Es otra categoría.
Si Dante hubiera coincidido siempre con el Dios que imagina, se vería que es un Dios falso, simplemente una réplica de Dante: En cambio, Dante tiene que aceptar ese Dios, como tiene que aceptar que Beatriz no lo haya querido, que Florencia es infame, como tendrá que aceptar su destierro y su muerte en Ravena. Tiene que aceptar el mal del mundo al mismo tiempo que tiene que adorar a ese Dios que no entiende.
Hay un personaje que falta en la Comedia y que no podía estar porque hubiera sido demasiado humano. Ese personaje es Jesús. No aparece en la Comedia como aparece en los Evangelios: el humano Jesús de los Evangelios no puede ser la Segunda Persona de la Trinidad que la Comedia exige.
Quiero llegar, por fin, al segundo episodio, que es para mí el más alto de la Comedia. Se encuentra en el canto veintiséis. Es el episodio de Ulises. Yo escribí una vez un artículo titulado “El enigma de Ulises”. Lo publiqué, lo perdí después y ahora voy a tratar de reconstruirlo. Creo que es el más enigmático de los episodios de la Comedia y quizá el más intenso, salvo que es muy difícil, tratándose de cumbres, saber cuál es la más alta y la Comedia está hecha de cumbres.
Si he elegido la Comedia para esta primera conferencia es porque soy un hombre de letras y creo que el ápice de la literatura y de las literaturas es la Comedia. Eso no im-plica que coincida con su teología ni que esté de acuerdo con sus mitologías. Tenemos la mitología cristiana y la pagana barajadas. No se trata de eso. Se trata de que ningún libro me ha deparado emociones estéticas tan intensas. Y yo soy un lector hedónico, lo repito; busco emoción en los libros.
La Comedia es un libro que todos debemos leer. No hacerlo es privarnos del mejor don que la literatura puede darnos, es entregarnos a un extraño ascetismo. ¿Por qué negarnos la felicidad de leer la Comedia? Además, no se trata de una lectura difícil. Es difícil lo que está detrás de la lectura: las opiniones, las discusiones; pero el libro es en sí un libro cristalino. Y está el personaje central, Dante, que es quizá el personaje más vivido de la literatura y están los otros personajes. Pero vuelvo al episodio de Ulises.
Llegan a una hoya, creo que es la octava, la de los embaucadores. Hay, en principio, un apostrofe contra Venecia, de la que se dice que bate sus alas en el cielo y en la tierra y que su nombre se dilata en el infierno. Después ven desde arriba los muchos fuegos y adentro de los fuegos, de las llamas, las almas ocultas de los embaucadores: ocultas, porque procedieron ocultando. Las llamas se mueven y Dante está por caerse. Lo sostiene Virgilio, la palabra de Virgilio. Se habla de quienes están dentro de esas llamas y Virgilio menciona dos altos nombres: el de Ulises y el de Diomedes. Están ahí porque fraguaron juntos la estratagema del caballo de Troya que permitió a los griegos entrar en la ciudad sitiada.
Ahí están Ulises y Diomedes, y Dante quiere conocerlos. Le dice a Virgilio su deseo de hablar con estas dos ilustres sombras antiguas, con esos claros y grandes héroes antiguos. Virgilio aprueba su deseo pero le pide que lo deje hablar a él, ya que se trata de dos griegos soberbios. Es mejor que Dante no hable. Esto ha sido explicado de diversos modos. Torcuato Tasso creía que Virgilio quiso hacerse pasar por Homero. La sospecha es del todo absurda e indigna de Virgilio porque Virgilio cantó a Ulises y a Diomedes y si Dante los conoció fue porque Virgilio se los hizo conocer. Podemos olvidar las hipótesis de que Dante hubiera sido despreciado por ser descendiente de Eneas o por ser un bárbaro, despreciable para los griegos. Virgilio, como Diomedes y Ulises, son un sueño de Dante. Dante está soñándolos, pero los sueña con tal intensidad, de un modo tan vivido, que puede pensar que esos sueños (que no tienen otra voz que la que les da, que no tienen otra forma que la que él les presta) pueden despreciarlo, a él que no es nadie, que no ha escrito aún su Comedia.
Dante ha entrado en el juego, como nosotros entramos: Dante también está embaucado por la Comedia. Piensa: éstos son claros héroes de la Antigüedad y yo no soy nadie, un pobre hombre. ¿Por qué van a hacer caso de lo que yo les diga? Entonces Virgilio les pide que cuenten cómo murieron y habla la voz del invisible Ulises. Ulises no tiene rostro, está dentro de la llama.
Aquí llegamos a lo prodigioso, a una leyenda creada por Dante, una leyenda superior a cuanto encierran la Odisea y la Eneida, o a cuanto encerrará ese otro libro en que aparece Ulises y que se llama Sindibad del Mar (Simbad el Marino), de Las mil y una noches.
La leyenda le fue sugerida a Dante por varios hechos. Tenemos, ante todo, la creencia de que la ciudad de Lisboa había sido fundada por Ulises y la creencia en las Islas Bienaventuradas en el Atlántico. Los celtas creían haber poblado el Atlántico de países fantásticos: por ejemplo, una isla surcada por un río que cruza el firmamento y que está lleno de peces y de naves que no se vuelcan sobre la tierra; por ejemplo, de una isla giratoria de fuego; por ejemplo, de una isla en la que galgos de bronce persiguen a ciervos de plata. De todo esto debe de haber tenido alguna noticia Dante; lo importante es qué hizo con estas leyendas. Originó algo esencialmente noble.
Ulises deja a Penélope y llama a sus compañeros y les dice que aunque son gente vieja y cansada, han atravesado con él miles de peligros; les propone una empresa noble, la empresa de cruzar las Columnas de Hércules y de cruzar el mar, de conocer el hemisferio austral, que, como se creía entonces, era un hemisferio de agua; no se sabía que hubiera nadie allí. Les dice que son hombres, que no son bestias; que han nacido para el coraje, para el conocimiento; que han nacido para conocer y para comprender. Ellos lo siguen y “hacen alas de sus remos”...
Es curioso que esta metáfora se encuentre también en la Odisea, que Dante no pudo conocer. Entonces navegan y dejan atrás a Ceuta y Sevilla, entran por el alto mar abierto y doblan hacia la izquierda. Hacia la izquierda, “sobre la izquierda”, significa el mal en la Comedia. Para ascender por el Purgatorio se va por la derecha; para descender por el Infierno, por la izquierda. Es decir, el lado “siniestro” es doble; dos palabras con lo mismo. Luego se nos dice: “en la noche, ve todas las estrellas del otro hemisferio” —nuestro hemisferio, el del Sur, cargado de estrellas—. (Un gran poeta irlandés, Yeats, habla del starladen sky, del “cielo cargado de estrellas”. Eso es falso en el hemisferio del Norte, donde hay pocas estrellas comparadas con las del nuestro.)
Navegan durante cinco meses y luego, al fin, ven tierra. Lo que ven es una montaña parda por la distancia, una montaña más alta que ninguna de las que habían visto. Ulises dice que la alegría se cambió en llanto, porque de la tierra sopla un torbellino y la nave se hunde. Esa montaña es la del Purgatorio, según se ve en otro canto. Dante cree que el Purgatorio (Dante simula creer para fines poéticos) es antípoda de la ciudad de Jerusalén.
Bueno, llegamos a este momento terrible y preguntamos por qué ha sido castigado Ulises. Evidentemente no lo fue por la treta del caballo, puesto que el momento culminante de su vida, el que se refiere a Dante y el que se refiere a nosotros, es otro: es esa empresa generosa, denodada, de querer conocer lo vedado, lo imposible. Nos preguntamos por qué tiene tanta fuerza este canto. Antes de contestar, querría recordar un hecho que no ha sido señalado hasta ahora, que yo sepa.
Es el de otro gran libro, un gran poema de nuestro tiempo, el Moby Dick de Herman Melville, que ciertamente conoció la Comedia en la traducción de Longfellow. Tenemos la empresa insensata del mutilado capitán Ahab, que quiere vengarse de la ballena blanca. Al fin la encuentra y la ballena lo hunde, y la gran novela concuerda exactamente con el fin del canto de Dante: el mar se cierra sobre ellos. Melville tuvo que recordar la Comedia en ese punto, aunque prefiero pensar que la leyó, que la asimiló de tal modo que pudo olvidarla literalmente; que la Comedia debió ser parte de él y que luego redescubrió lo que había leído hacía ya muchos años, pero la historia es la misma. Salvo que Ahab no está movido por ímpetu noble sino por deseo de venganza. En cambio, Ulises obra como el más alto de los hombres. Ulises, además, invoca una razón justa, que está relacionada con la inteligencia, y es castigado.
¿A qué debe su carga trágica este episodio? Creo que hay una explicación, la única valedera, y es ésta: Dante sintió que Ulises, de algún modo, era él. No sé si lo sintió de un modo consciente y poco importa. En algún terceto de la Comedia dice que a nadie le está permitido saber cuáles son los juicios de la Providencia. No podemos adelantarnos al juicio de la Providencia, nadie puede saber quién será condenado y quién salvado. Pero él había osado adelantarse, por modo poético, a
ese juicio. Nos muestra condenados y nos muestra elegidos. Tenía que saber que al hacer eso corría peligro; no podía ignorar que estaba anticipándose a la indescifrable providencia de Dios.
Por eso el personaje de Ulises tiene la fuerza que tiene, porque Ulises es un espejo de Dante, porque Dante sintió que acaso él merecería ese castigo. Es verdad que él había escrito el poema, pero por sí o por no estaba infringiendo las misteriosas leyes de la noche, de Dios, de la Divinidad.
He llegado al fin. Quiero solamente insistir sobre el hecho de que nadie tiene derecho a privarse de esa felicidad, la Comedia, de leerla de un modo ingenuo. Después vendrán los comentarios, el deseo de saber qué significa cada alusión mitológica, ver cómo Dante tomó un gran verso de Virgilio y acaso lo mejoró traduciéndolo. Al principio debemos leer el libro con fe de niño, abandonarnos a él; después nos acompañará hasta el fin. A mí me ha acompañado durante tantos años, y sé que apenas lo abra mañana encontraré cosas que no he encontrado hasta ahora. Sé que ese libro irá más allá de mi vigilia y de nuestras vigilias.



sábado, 18 de mayo de 2013

LA INVENCION DE UNA VIDA MARGARITE YOURCENAR


Después de casi veinte años de ser publicada esta  biografía, he vuelto a leerla como un ejercicio anticipado para volver a la totalidad de la obra de Margarite Yourcenar. Fue todo un deleite, no solo por la calidad y el rigor de la misma, sino porque resulta ser una excelente guía para adentrarse en el mundo textual de una autora con una vigencia total y cuyos textos son de  una factura impecable, casi perfecta, linda con cierto clasicismo exento de los típicos anacronismos e imposturas acostumbradas cuando se aborda este estilo de tanta exigencia. Pocas veces los datos biográficos son tan importantes para descifrar una obra como en el caso de esta escritora Belga. Recordemos que ella fue la primera mujer en pertenecer a la academia Francesa de las letras. Cada libro escrito está conectado con aspectos fundamentales de su vida y constituyen una catarsis intelectual de su propia existencia. Esta biografía mantiene un velo sutil  tensa, nunca sale a flote la relación íntima relación que alguna vez tuvo la biógrafa con la autora. Mantiene la distancia necesaria y el tacto, para no caer en el morbo especulativo y menos desmejorar el trabajo intelectual.
Cuando se vuelve a una obra después de mucho tiempo, se decanta la calidad o la mediocridad de la misma. Se le quitan las imposturas del mercadeo y la promoción. Cuando se está frente a una autora de los quilates de Josyane, estos riegos están descontados. La autora se resistió por mucho tiempo a emprenderla. Fue escrita en una mimesis con el espejo retrovisor que se impuso la Yourcenar en “Las memorias de Adriano”. Es una biografía impecable, documentada, bien escrita y con las claves pertinentes que nos permiten contar con una guía de su itinerario literario. Contribuye al trabajo el rastro premeditado que Yourcenar iba dejándola a cada obra, la huella que brinda las claves para su desciframiento,con sus influencias y la genealogía biográfica.
Margarite murió en 1987. “Huérfana de madre desde su nacimiento, fue llevada muy pronto a Francia por el padre (natural de Lille) que, tras impartirle una educación bastante esmerada, la llevó siempre con él, en el curso de su cosmopolita existencia, comunicándole su amor por los viajes”. Poliglota, criada siempre en permanente tránsito, con una relación muy especial con su padre y por fuera de cualquier estructura familiar tradicional, su vida fue una preparación ara la escritura y la vida intelectual.
La biografía en cuestión contiene datos relevantes y hasta la fecha de su publicación, inéditos, esenciales para el desciframiento de su obra. Recordemos que la escritora dejó su correspondencia sellada y solo podrá ser abierta cincuenta años después de su muerte, muy a pesar de contar con la huella que la autora guardó para su interpretación, con la reserva señalada. Su “padre rico, refinado, decadente, bohemio que provocaba en ella una reacción hacia la reserva interior y la ambivalencia en defensa de su intimidad, resulta ser capital en su obra. Desde muy pronto, como señala Josyane Savigneau, aprendió la niña a desviar la curiosidad impertinente de los que no formaron parte del círculo de sus escasas amistades, llegando a detalles bastante significativos para el conocimiento de su personalidad.  Desde la idea de disfrazar el apellido familiar utilizando un anagrama (Yourcenar=Crayencour), hizo lo mismo con su imagen privada, al ocultarla tras un estereotipo que, de cara al público, presentaba el aire de timidez y altivo distanciamiento que siempre le atribuyeron”.
Margarite Yourcenar era consciente que la labor del biógrafo constituye un imposible. La autora señala al respecto en la introducción: “Todos tendemos a tener en cuenta no solo al escritor que, por definición, se expresa en sus libros, sino también al individuo, forzosamente confuso siempre, contradictorio y mudable, escondido aquí y visible allí, y, sobre todo, a tener en cuenta al personaje, a esa sombra o reflejo que a veces el mismo individuo  (Este es el caso de Mischima)  contribuye a proyectar por defensa o desafío, aunque el hombre real viviera y muriese más allá o más acá de los mismos, guardando ese secreto impenetrable que es la vida”.  “En el ensayo dedicado a Mischima en 1981 la Yourcenar pone en entredicho la pertenencia de la investigación biográfica. De igual manera protesto por el exceso del Culto a la personalidad”.
La biografia hace incidencia sobre aspectos fundamentales de su vida que inciden en su obra: la relación especial con su padre; su formación clásica, humanística; las lecturas intensas de autores griegos y Latinos; la trashumancia de una mujer excepcional que se enfrenta a la sociedad mojigata de su época, que la hace diferente a todas; las relaciones apasionadas con sus grandes amores; su aislamiento; sus largos silencios.
Toda biografía en el fondo es una invención. Para la escritora belga, escribir una biografía es “intentar acercarse a la verdad de una mentira. No porque entendamos este último término como una falsificación continuamente deliberada, sino más bien las serie de desfases, amnesias y, para decirlo todo, de ficción que constituye, sino una vida, al menos toda una mirada sobre una vida”.
En un trabajo académico sobre las “memorias de Adriano”, donde se escrutan exhaustivamente las claves de su genealogía Claudia Pérez expresa magistralmente[1]: ”Que nos sitúa en las relaciones entre lo ficcional textual y un ficcional real. Si se produce una progresiva impregnación de la vida a partir de la ficción, este hecho nos permitiría considerar el proceso inverso: si la vida se ficcionaliza, la ficción se impregna del plano simbólico de la autora, de su contexto, construido en interacción”. Agrega adelante: " La progresiva construcción de su personalidad se nutre de ese imaginario artístico que es a la vez alimentado por los propios hechos de la vida. No se trata de determinar la prevalencia de un dominio, real o ficcional; muy por el contrario, de abrir a una sucesión de imágenes de sí el imaginario poético. Tal vez sea muy dable considerar la ficcionalización de la vida, así como recibimos su construcción biográfica de acuerdo a una cierta estructura consciente y no consciente de presentaciones de sí”.
Esta biografía resulta ser una perfecta guía como  a la lectura de la obra de Margarite Yourcenar. Cada texto de la Yourcenar nace de circunstancias existenciales especiales y de objetivos específicos en su permanente indagación intelectual. 















[1] CRAYENCOUR, HADRIANUS: CONSTRUCCIONES DE LA FIGURA DEL IMPERATOR CAESAR EN EL IMAGINARIO HOMOERÓTICO FEMENINO EN LA OBRA DE MARGUERITE YOURCENAR

CLAUDIA PEREZ

domingo, 5 de mayo de 2013

EDUARDO PACHON PADILLA




A una crítica consentida por los medios y las propias editoriales se le oponen los trabajos de personas de la academia quienes hacen una labor encomiable, seria, rigurosa y  muy poca conocida. Eduardo fue uno de los lectores más juiciosos, con una mirada especial a cada texto y siempre dedicado a descifrar las claves del mundo creativo, no solo de la literatura Colombiana y sus autores sino de muchos escritores de reconocido prestigio universal. Fue novelista, ensayista, divulgador, realizó algunas antologías del cuento memorables y siempre ejerció la cátedra universitaria.
Hay un dialogo con Álvaro Pinedo Botero, publicado por “Plaza y Janes”, que nos permite conocer el mundo literario en que se movió, sus inquietudes más íntimas al respecto, el recorrido como lector, su método y algunas claves hasta ahora desconocidas de su trabajo y que dejan ver el amor por esta actividad.
En el prólogo del texto Álvaro Pinedo expresa: La verdadera  profesión de Pachón Padilla, sin lugar a dudas, ha sido la de lector. Lector incansable y obsesivo, principalmente de narrativa, no sólo Colombiana; también Latinoamericana, la norteamericana y europea. Lector y estudioso, además trabajo la teoría crítica.
Eduardo murió en 1994 en Bogotá víctima de un cáncer. No solo trabajó una antología memorable del cuento sino termino su libro “Historia y análisis de la novela colombiana”, además de sus novelas y cuentos e innumerables  ensayos y trabajos.
El libro comienza con lo esencial. Que entiende Eduardo por crítica.  Empieza abordándola desde los orígenes griegos hasta llegar a definirla. Su definición es sencilla pero absolutamente lúcida: Es la faculta de “Emitir” un juicio sobre los valores de un acto, de una obra, o de una persona. La crítica no tiene necesariamente sentido negativo, como sí lo tiene el concepto de censura.  Cita a Aristófanes, Aristóteles, Platón, Eurípides. Nos recuerda que toda actividad artística radica en la mímesis o imitación. Cita después a los latinos, destacándose Horacio. A lo largo del libro se va decantando una vasta cultura literaria, pero con un sentido práctico inigualable. Nunca pierde la condición de lector hedónico.
En los últimos años, se han hecho trabajos profundos sobre la historia de la crítica literaria Colombiana. Pero realmente este hombre es uno de sus pioneros  desde la perspectiva de la crítica literaria rigurosa. Este libro es una síntesis clara de la crítica colombiana. Con mucha sencillez, pero puntual, toca los autores más emblemáticos y los trabajos más conocidos. El texto es un buen inicio en esta materia para las personas que se quieran acercar a este tópico.
Cuando Pinedo Botero le pregunta por el método para interpretar una obra, no deja de sorprender la sencillez que encubre su respuesta, pero la calidad de su respuesta:
1.- Es necesario desmontar la estructura de la obra. Hacerle la autopsia. Suena feo ¿No es cierto?
2.- Reconocer: El tema principal, los subtemas, el ambiente, el espacio o los espacios, los escenarios interiores o exteriores; y el tiempo, ya sea cronológico o ficticio.
3.- Se va desmembrando la obra.
4.-Se atiende quien es el narrador, como aparece desde la narración misma.
4.- Quien habla en cada párrafo.

En otras palabras busca los elementos de la narratología.

El itinerario descrito en este texto  de la crítica Colombiana es de suma importancia. Desde Juan De Castellanos, Eugenio Díaz, Juan De Castellanos, José María Vergara  y Vergara, Miguel Antonio Caro, Julio Arboleda, José Eusebio Caro y Diego Fallón. Cita de igual manera a Antonio Restrepo, Jorge Isaac, Rafael Pombo, Baldomero Sanín entre otros y para no repetir un glosario de representantes sin ningún propósito. Lo que quiero destacar es la relevancia del texto como guía e incitación a otras lecturas.

Nuestro país nunca ha estado ajeno a lo que pasa en el mundo en materia literaria y ha tenido hombres que cultivan diferentes géneros con alguna importancia. De hecho en la página 47 del texto hay un número de críticos nombrados por el autor que ameritan tenerse en cuenta.

Cita a autores extranjeros que han hecho una labor encomiable con la publicación de trabajos muy rigurosos sobre nuestra literatura y que divulgan a ciertos autores de su preferencia.: Kurt Levy, Donald MacGrady, Anderson Imbert, Symour  Menton, John  Brushwood.
Este hombre tuvo lecturas emblemáticas que lo formaron: Emilio Salgari, Julio Verne, Victor Hugo, Balzac, Zolá, Edmundo De Amicis, Proust, Steimbeck, Joyce, Thomas Mann, John Dos pasosos, Sinclair Lewis Aldous Huxley, Kafka y por su puesto Stendhal con “Rojo y Negro”, que lee constantemente.

Fue amigo de Alfonso Fuenmayor, German Pardo García, Andrés Holguín y Néstor Madrid Malo.

Este texto no solamente conocer a semejante crítico, sino hacer un recorrido por el mundo literario colombiano  entre el año 50 y el 90 con detalles desconocidos hasta ahora. Es rico en anécdotas, claves y de hecho datos esclarecedores. Ha y un recorrido por la literatura universal de la mano de sus preferencias
Se deja leer de un solo tirón y muestra de cuerpo y alma a un hombre muy valioso para las letras colombianas. Solo queda recordar este libro que suscita los encantos del dialogo inventado para divulgar el pensamiento por el filosofo Griego Platón.