El día 7
de septiembre de 2013 se reunió en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el jurado
calificador de la XXIII edición del Premio FIL de Literatura en Lenguas
Romances, correspondiente al año 2013, integrado por Horácio Costa, de Brasil;
Hugo Gutiérrez Vega, de México; Mariapia Lamberti, italo-mexicana; Esperanza
López Parada, de España; Simona Sora, de Rumania, y sesionado vía telefónica
Benedetta Craveri, de Italia, y Pascal Gabellone, de Francia. Una vez
examinadas las candidaturas que se presentaron, el jurado decidió, tras
cuidadosa deliberación, conceder por unanimidad el galardón a
Yves
Bonnefoy
Nacido
en 1923, Yves Bonnefoy es poeta, narrador, ensayista, crítico y traductor,
miembro del Collège de France. La suya es una poética muy sofisticada en contraste
con una dicción sencilla, que renueva el lenguaje de las artes contemporáneas a
cuyo análisis ha dedicado títulos fundamentales del pensamiento como
L’improbable (1959) La Seconde simplicité (1961), L’Arrière-Pays (1971),
Le Nuage rouge (1977), La Vérité de parole (1988), Récits en rêve (1987). Yves
Bonnefoy fue testigo de las experiencias humanas del siglo XX a las que se
enfrenta con toda la generosidad y la agudeza de su producción crítica y
poética, dentro de las que es capaz de hermanar la tradición con el presente.
Así vinculado en primera instancia al surrealismo, integra la vanguardia a los
grandes pilares de la modernidad poética, tales como Baudelaire, Celan o
Rimbaud, en el que se centra su reciente publicación ensayística, Notre besoin de
Rimbaud (2009). Renovador de los géneros, es autor de una amplísima obre
creadora en la que destacan títulos como Anti-Platon (1953), Pierre écrite
(1965), Rue Traversière (1977), L’Encore aveugle (1997), La Pluie d’été (1999),
Le Ca’ur-espace (2001), Les Planches courbes (2001), entre otros. Es además
editor de aquella obra magna que constituyen los cuatro tomos de su
Dictionnaire des mythologies et des religions (1981), obra que innova el
proceder mitocrítico para la exégesis de la tradición occidental.
Pese
a todos los críticas a la institución del nobel de literatura, tengo un respeto
por el premio, reconozco que a través del mismo me he encontrado desde mi niñez con grandes escritores y uno que otro poeta absolutamente ignorado por mí, por
aquella condición ínfima en que nos coloca el tsunami de publicaciones gracias
a la revolución de las editoras modernas.
Son
muchos los candidatos para el premio este año y está descontado que algunos que
se lo merecen, se quedaran definitivamente sin el galardón. Creo que el premio
no saldrá entre Milán Kundera, Joyce Carol Oates y Philip Roth. Inclusive, pese
a mi inclinación por el autor Checo, este no saldrá de los autores
norteamericanos, pues sería totalmente injusto que no se los otorgara a cualquiera
de los dos.
Esto
no me exime de las sorpresas que nos suele dar tan noble institución. Esperare
paciente hasta que se pronuncie el nombre, pero dejo constancia de mi humilde
pronostico. Joyce Carol Oates, definitivamente es una escritora de mi
preferencia y de muchos quilates, leerla es un deleite.
ESTE ES UN RELATO QUE APARECERÁ EN EL PRÓXIMO LIBRO DE CUENTOS URBANOS, SE PUBLICARÁ EN ESTE BLOG POR ENTREGAS.
Sintió de pronto que su
marido le llamaba insistentemente interrumpiéndole un sueño profundo que por
fin había vencido un insomnio de mil cueros que no la dejaba dormir desde hace
muchos meses. Miró el reloj por esa costumbre inveterada de levantarse a la
madrugada, gracias a una disciplina férrea que le fue impuesta por su madre en
los días eternos del colegio, se dio cuenta que eran las tres de la madrugada.
Alberto, ya no la llamaba sino la sacudía con desesperación, buscando que se
levantara de inmediato. Lo miró con cierta sorna, comprobó que no tenía tufo como de costumbre, ni
estaba borracho, lo que le preocupaba
aún más.
Salió a la sala y de súbito se encontró con
una pareja joven, llevando un maletín viejo, con una mirada tensa y expectante. Alberto no la
dejó ni hablar y le dijo:
Tamar, alístele la quedada,
acomódalos en el cuarto de huéspedes y ahora te cuento el por qué….por ahora
limitémonos a darles posada y los dos hablamos más tarde.
Impertérrita, obedeció con una
resignación ciega, sin ningún cuestionamiento, como un soldado empezó a buscar sabanas,
tender la cama de la pieza de huéspedes y mostrarles donde quedaba el baño y la
cocina por sí deseaban tomar agua o jugo que le había quedado del día anterior.
Cuando los visitantes se fueron
hacia la pieza para acomodar al maletín, le hizo muecas a Alberto para que le
medio explicará, para que le diera alguna clave de lo que estaba sucediendo.
Ahora...le calló haciéndole
señas con el dedo sobre sus labios...en la pieza le digo, okey.
La mujer tenía
aproximadamente 27 años, la piel acanelada que
contrastaban con ojos verdes hermosos y un pelo crespo que le
daba un aire de modelo Brasilera. El
señor aparentaba treinta y cuatro años aproximadamente, tenía el rostro como la
de un niño consentido, una nariz respingada, era absolutamente serio, los dos
parecían en una sala de espera, no se movían para nada.
Tamar sintió que no tenía
nada más que hacer, sino atenderlos, después hablaría con Alberto, que siempre
salía con unos cuentos muy largos e inexplicablemente terminaba haciendo lo que
le daba la gana. Pensó como llegó al
estado de cosas que ahora vivía. Como su matrimonio terminó en esta situación
sin salida con un hombre alcohólico.
Después de tender las camas
y alistarles la comida se dirigió a su pieza, se sentó en la cama y comenzó a
pensar el día que conoció a su marido.
Alberto era un medico sin
ningún amor a su profesión ni a la vida, al que poco le importaba lo que tuviera que
ver con el juramento hipocrático. Cuando lo conoció era un hombre lleno de
optimismo y agradable de sobremanera, casi siempre estaba metido en problemas
menores, de cuentas por pagar o con algún lio policial por efectos de sus
alegatos políticos. Ahora llegaba con dos médicos cubanos y cualquier cosa
podía suceder en adelante. En sus
grandes letargos alcohólicos, tenía discursos lúcidos, cargados de un
escepticismo procaz, que dejaban ver una formación familiar impecable y un
resentimiento tenaz.
Cuando Tamar lo vio por
primera vez, sintió una atracción irresistible y desde ese momento comenzó a
ceder a sus cortejos. Lo escuchaba con
una devoción cercana a la adoración, asumió con resignación que ese hombre iba
a ser suyo, lo que nunca se imaginó fue que le diera dos hijos y menos que
terminaría odiándolo tanto.
Ahora sentada en la cama lo
esperaba para que le contara que iba a pasar con esa visita intempestiva.
Alberto llegó como niño regañado y le habló con un cariño que le hizo recordar
los primeros cortejos. Vea tamar, ellos se han volado de Cuba, son dos médicos
muy buenos y esperan que nosotros le ayudemos.
Y ayudemos a qué, respondió
cortantemente Tamar.
A recuperar su hijo, que se
ha quedado en la isla.
Tamar sintió un escalofrió,
asumió de inmediato una solidaridad irrefrenable con la pareja, como si los
conociera de años. Miró a su marido y le dijo: que hay que hacer entonces.
Desde este momentos comenzó un galimatías que marco su vida y le enseñó que era
capaz de muchas cosas.
Al otro día en el
desayuno hablaron como si se conocieran
de años, como cuando viejos amigos se sientan a tomar tinto y cuentan vicisitudes
de la vida sin más ni más. El médico tenía un encanto personal raro. Hablaba
con mucha elegancia, con un acento cubano emblemático. A pesar de ser muy
marcado, no cansaba y diferente a sus compatriotas dejaba hablar y escuchaba
con atención.
Su esposa Yadira en cambio
era callada, pero cuando hablaba era certera y clara en sus conceptos y
aseveraciones. Sus frases eran como cuchillos de carne, cortantes, rajaban y se
imponían de una.
Tamar había ido varias
veces a Cuba y sabía que a la isla sólo se iba hablar con los cubanos. Este constituía el encanto. Ellos parecen
prosistas directos, son pura literatura. Cada una de estas conversaciones le
recordaba a Guillermo Cabrera Infante, en su novela memorable: “Tres tristes
tigres” que releía religiosamente todos los años.
Yadira de pronto hablando
de su hijo soltó unas lágrimas secas, como si llorara superando las durezas
históricas que había vivido y sobreponiéndose al ascendente de una dictadura
que somete a sus pares a disciplinas inaceptables, pero que sus ciudadanos han
aceptado con un sentido de trascendencia superior a sus tiempos, pensando en la
revolución. Su hijo se había quedado en varadero y le daba consuelo que estaba
en buenas manos.
Alberto sabía que los
tiempos de la utopía no llegarían nunca. Conocía perfectamente cada rincón de
la isla y podía hablar a cabalidad de lo que estaba pasando en cada centímetro
de su geografía. Recordó lo que alguna vez le dijo su padre, lo peor es el
autoengaño y en algún momento de su vida decidió salir de la isla, pero nunca a
Miami.
Varadero es
una ciudad de Cuba perteneciente el municipio Cárdenas, situada en la
península de Hicacos, provincia Matanzas a 130 kilómetros al
este de La Habana. Al noreste Punta Hicacos es el lugar
más al norte de Cuba. Es un territorio especial de la República de Cuba.
Constituye el punto más cercano a los Estados Unidos, tiene 30 km de
extensión de los cuales 22 km son de playas. Limita al norte con el estrecho de
La Florida, al sur con la bahía de Cárdenas, al este con Cárdenas,
al oeste con la cayería Sabana Camagüey, su población era para
la época de 16 000 habitantes, es una población itinerante, su principal
renglón económico es el desarrollo del turismo y la mayor fuerza laboral está
en función del mismo. Varadero es sinónimo de bellas playas y de turismo. Sus
habitantes eran por el contacto con los extranjeros diferentes a todos los
cubanos.
Su familia vivía en
Varadero desde hace diez años, tenían una tienda de cachivaches e insignias
sobre Cuba, donde se vendían libros de literatura muy baratos, insignias de la república
y se prestaba el servicio de guías. Lo
atendían sus padres, la abuela y una cuñada. Era un trabajedero distinto a todo
lo que se ofrecía en la isla, donde la gente trabajaba con el estado y la gran
mayoría sufría un desempleo galopante, muy a pesar de ser gente preparada, la
mayoría con títulos universitarios, con la ventaja adicional de ser muy
recursivos por naturaleza, era una condición casi genética. Había un
sentimiento general de impotencia, con tanta preparación y formación se sentían
desperdiciados, situación que no les impedía mostrar su orgullo por la utopía
de una revolución imposible para estos tiempos. En los últimos años viajaban por
el mundo gracias a los acuerdos con los países africanos y latinoamericanos que les estaban abriendo
oportunidades de trabajo excepcionales por efecto del intercambio de conocimientos por alimentos y materias primas.
Tal vez hoy se leen muy pocos cuentos, esa pieza magistral de la
literatura.. El cuento, primero oral y
mucho después escrito constituye uno de los instrumentos más fascinantes que ha
podido inventar el hombre como recurso para contar historias. Se puede definir
como una narración corta. En todo caso el término “se emplea a menudo para
designar diversos tipos de narraciones breves, como el relato fantástico, el
cuento infantil o el cuento folclórico o tradicional. A todos nos contaron
historias de pequeños y escucharlas resultaba un ábrete sésamo a mundos fantásticos.
Entre los autores universales de cuentos infantiles figuran Perrault, los
Hermanos Grimm y Andersen, creadores y refundidores de historias imperecederas
desde "Caperucita Roja" a "Pulgarcito",
"Blancanieves", "Barba Azul" o "La Cenicienta".
Siempre que vuelvo a este género, recuerdo los grandes cuentistas Rusos. En la
casa mi padre se hizo a una colección de treinta tomos, denominada grandes clásicos,
que dedicaba dos a estos prosistas. Leerlos fue una experiencia inolvidable. No
está claro cuando aparece la palabra cuento para denominar este tipo de narraciones.
Bocaccio utilizó las palabras fábula, parábola, historia y relato. Estos
nombres han ido identificándose con una forma de narración claramente
delineada.”Ramón
Menéndez Pidal, en el estudio preliminar de su antología de cuentos de la
literatura universal, dice: -Al terminar la Edad Media, la conciencia creadora
del narrador se ha impuesto, y, de ser refundidor, adaptador o traductor, se
convertiría en artista, en elaborador de ficciones. Así, a través de un lento
pero firme proceso de transformación, la Edad Media europea trasvasa a la
Moderna el género cuentístico como creación absoluta de una individualidad con
su propio rango de estructura literaria, autónoma, tan válida por sí misma como
el poema, la novela o el drama-“. Gabriel García Márquez, es el dueño de esta frase magistral: Escribir una novela es pegar ladrillo por ladrillo, escribir un cuento es vaciar en concreto. Su estructura debe ser
perfecta para que impacte al lector. Los primeros relatos breves o cuentos
están recopilados en “Las mil y una noches”, que sigue siendo el texto por
excelencia del género. Estos relatos son el ejemplo vivo de cómo atrapar un
lector desde la primera letra. No han sido superados aún. Julio Cortázar dice “Que un buen cuento
es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primerasfrases. Una
carrera que el cuentista debe ganarle al tiempo, un secuestro del lector hacía
países lejanos, una presencia alucinante que se instala desde las primeras
frases para fascinar al lector, hacerle perder contacto con la desvaída
realidad”. El portal en la red “Ciudad Seva”, le ha dedicado buena parte de sus
investigaciones a indagar sobre el cuento. En alguno de sus estudios sobre el
origen del mismo registró:
“Desde el punto de vista histórico, el cuento proviene de las
narraciones y relatos de Oriente, y aunque durante siglos ha tenido
significados equívocos e imprecisos, a menudo se confunde con la fábula.
Debemos considerar como cuentos numerosas manifestaciones literarias de la
antigüedad, de características muy diversas, como: La Historia de Sinuhé, en la literatura egipcia, o la de Rut en
el Antiguo Testamento, y
más modernamente, escritos hagiográficos como las florecillas de San Francisco
o La leyenda áurea. Sin
ninguna duda, son cuentos algunos de los relatos de Libro del buen amor, la historia que
narra Turmeda o los exiemplos del Conde
Lucanor. Sin embargo, hasta el siglo XIV, con el Decamerón, de Boccaccio, cuyos
relatos cortos están enmarcados por una leve trama que los unifica, no se
afirma y consolida la idea de cuento en el sentido moderno de la palabra”.
Borges alguna vez se
preguntó, si habían o no géneros literarios: “Es
sabido que Croce, en unas páginas de su Estética –su
formidable Estética‑, dice: Afirmar que un libro es una novela, una
alegoría o un tratado de estética tiene, más o menos, el mismo valor que decir
que tiene las tapas amarillas y que podemos encontrarlo en el tercer anaquel a
la izquierda. Es decir, se niegan los géneros y se afirman los individuos”.
Yo quisiera hablar de
algunos cuentos que han marcado mi vida, ratificando que el cuentista por
excelencia en este momento es Julio Cortázar, asumiendo que son muchos los
cuentistas que entrarían en una antología universal y destacando que Gabriel García Márquez, escribió algunos
cuentos insuperables, con una magia propia de su pluma. Otro escritor
excepcional en esta materia es Juan Rulfo que amerita un artículo especial.
Empecemos por aquellos
cuentos que me producen una fascinación inenarrable cada vez que los leo:
1.- En este pueblo no hay
ladrones. Gabriel García Márquez.
En las próximas semanas se
anuncia el Premio Nobel de Literatura 2013, y creo que es hora de que se
lo concedan a Stephen King.
La mayoría de esnobs que
desprecian a Stephen King no lo conocen. Lo detestan porque no lo han
leído, y no lo han leído porque lo detestan. Si le echaran un vistazo, sin
embargo, descubrirían a un narrador de historias excepcional. King no es un
mercachifle que se saca de la manga fenómenos sobrenaturales para espantar a
adolescentes con acné, sino un explorador de los miedos más arraigados en el
espíritu humano.
De hecho, su manejo de la
psicología es mucho más sofisticado que el de H. P. lovecraft . Las novelas de lovecraft, sí que rebosan gusanos repulsivos y monstruos
babeantes. Estos espectros cósmicos interactúan con personajes que, más allá de
temblar de pánico, carecen de emociones. Los temas humanos como el sexo o el
dinero ni siquiera se mencionan en sus libros. Sorprendentemente, a pesar de
ello, Lovecraft goza de un gran prestigio intelectual, igual que Edgar Allan
Poe. Supongo que es normal: a todos nos quieren más cuando ya nos hemos muerto.
Pero mientras esté vivo Stephen
King habría que reconocerle ciertos méritos. Uno de ellos es su capacidad
para expresar los temores que todos llevamos dentro. Cualquiera que haya sido
adolescente siente en carne propia la escena en que a Carrie le llega su
primera regla, y su miedo a sus crueles compañeras del colegio. Cualquiera que
lea Insomnia encontrará en ella su propio terror a la vejez, a la
pérdida de facultades cuya única certeza es la proximidad de la muerte. Y
cualquiera que se haya sentido solo se reconocerá en El resplandor,una
gran novela americana donde las haya.
Mientras
esté vivo Stephen King habría que reconocerle ciertos méritos
Por si alguien lo duda, King no
es un autor interesado sólo en rellenar la fórmula de la novela fantástica.
Puede escribir thrillers tan realistas comoMisery. O
correr riesgos con novelas sin género, como Stand by me o Dolores
Claiborne, que sólo asustaron a muerte a sus editores. Incluso ha
escrito ensayos sobre narrativa, entre ellos, Mientras escribo o Danza
macabra. Además de esos textos, novelas como Un saco de huesos
atestiguan la agudeza y profundidad de su pensamiento sobre la literatura,
y sobre los fantasmas interiores del escritor.
Algún informado me responderá que
el Premio Nobel no se recibe por tener muchos lectores. Pero tampoco
dice en ninguna parte que deban ser pocos. Autores de gran éxito comercial como
Gabriel García Márquez o Hemingway han sido galardonados en Suecia sin que
nadie se rasgue las vestiduras. De hecho, quienes piensan que un autor bueno es
un autor elitista deberían empezar por tachar de su lista a Cervantes, cuyo Quijote vendió
tanto que hasta tuvo una secuela, igual que una película de Schwarzenegger.
Otros lectores, socialmente
sensibles, argumentarán que el Premio Nobel no sólo reconoce la
calidad literaria de un autor, sino su compromiso con una sociedad, su ambición
por contar un país, como Saramago hizo con Portugal o Mario Vargas Llosa con
Perú. Estoy totalmente de acuerdo. Precisamente, creo que eso es lo que ha
hecho Stephen King con el país más poderoso del mundo: Estados Unidos de
América.
El concepto fundamental de la
cultura americana es el terror. Decenas de miles de personas mueren cada año
por arma de fuego, pero la población se niega a controlar las armas, porque
temen se quede con la suya justo el psicópata de su vecindario. El gasto
militar de Estados Unidos es el mayor del mundo, y supera al de los siguientes
diez países de la lista sumados. Los citados Lovecraft y Poe eran americanos,
como los grandes cineastas de terror de todo el siglo XX (Hitchcock no cuenta,
lo suyo es suspense). Los norteamericanos temieron primero a los comunistas;
luego, a los narcotraficantes, y ahora, a los musulmanes, y en cada etapa
invadieron distintos países y rodaron distintas películas al respecto. Es el
país más religioso de Occidente, es decir, el que más teme a la muerte. La
política, la vida y el entretenimiento están teñidos de pánico, empapados en
miedo ¿Y quién es el gran escritor del miedo? Les daré una pista: no es
Jonathan Franzen.
Bajo cualquier concepto, King,
ese príncipe de la oscuridad, se merece el premio más prestigioso del mundo.
Aunque, por supuesto, nadie se lo reconocerá. Los prejuicios de la alta cultura
contra la popular son demasiado fuertes.
Afortunadamente, da lo mismo. Lo
que más ansían los escritores de lNobel es alcanzar la inmortalidad.
Y justo para derrotar a la muerte, Stephen King tiene aliados más poderosos que
cualquier académico.
Este es el tema de
la feria del libro de Medellín Colombia que empezó esta semana. Hace poco reseñe un texto del filósofo Mario
Armando Valencia sobre literatura urbana en Colombia, referido a una novelas puntuales, pero con la hondura de un académico serio. El referente de la feria es un tema paralelo
al que evoca Mario en su libro “La dimensión crítica de la novela urbana
contemporánea en Colombia”. Nadie como Borges conoce el entramado de esta relación. Luis García Jambrina en un hermoso texto
escribe en su preámbulo una nota que sirve de abrebocas a esta reseña ferial:
“Como es bien sabido, la ciudad —cualquier ciudad— no es tan sólo un lugar
geográfico, un territorio urbano. Es también un espacio literario, un ámbito en
el que se funden el mito, la invención y la realidad. No en vano las ciudades
las construyen también los escritores, los novelistas, los dramaturgos y, desde
luego, los poetas. Son ellos los que las crean, configuran y remodelan, libro
tras libro y siglo tras siglo, en el imaginario colectivo de las gentes". Cita a María Zambrano:
“Una ciudad sin escritores queda vaciada de
su esencia de ciudad, y aparece como un complejo aglomerado, como algo que
puede cambiarse, transmutarse o desaparecer sin que su vacío se note. Una
ciudad sin escritor —añade— es un templo vacío, una plaza sin centro, o quizá
con el centro desplazado y puesto al margen, esquinado, para dejar su lugar,
todo el lugar, a algo cuyo nombre no está siquiera bien catalogado, algo para
lo que, en realidad, no hay palabra”.
La relación es mucho
más compleja. En la Biblia, cuando se habla de “Ur de caldea”, en el génesis, el cristianismo cita parábolas que reconocen un espacio urbano,
ejemplo, antiquísimo, de una relación viva, real de la ciudad y la literatura. Páscale Casanova en su memorable ensayo “la república mundial de
las letras” nos recuerda: "El crítico debe descubrir el objeto encubierto en cada obra". Creo
que la ciudad es uno de ellos, la plataforma imaginaria sobre la que se
desenvuelven los personajes en argumentos trajinados en medio de calles y monumentos, con grandezas y miseria como en
algunas novelas de Dickens, quien creó una idea propia de Londres, denunciando sus
injusticias, como lo hicieron escritores con otras urbes.
Luis García establece que:“La ciudad es en sí un gran relato, una novela de novelas, una tupida red
de narraciones que se entrecruzan y se bifurcan, un gran símbolo, una creación
autónoma de la imaginación, un hipertexto al que se vinculan infinitos textos,
como el famoso libro de arena de Borges, un palimpsesto sobre el que
escribimos una y otra vez las mismas historias y metáforas, siempre renovadas y
distintas. En el subsuelo de toda ciudad hay, además, una ciudad oculta y
sumergida, una ciudad onírica y subconsciente, en espera de que un escritor la
redescubra y la haga aflorar”.
Borges habló de los
escritores que representan a una nación, se refirió a una relación cuya ecuación literaria aún no
está resuelta. También hay ciudades con sus creadores insignes. Existe el
Bogotá de Silva en “sobremesa”. El Paris de Cortázar en “Rayuela”, el Medellín
de Vallejo en “La virgen de los sicarios”, “hay escritores que han logrado una
simbiosis tan perfecta con su ciudad natal o de adopción que ya no es posible
mencionar a uno sin evocar inmediatamente a la otra. Baudelaire y París, Kafka
y Praga, Joyce y Dublín, Pessoa y Lisboa, Cavafis y Alejandría”. Pablo Montoya, un escritor joven de Medellín,
con una cultura rara para estos tiempos de conocimientos líquidos y
fracturados, absolutamente riguroso y con obra conocida y bien recibida que,
será tema de otra entrega, dio una conferencia sobre el tema en Riosucio Caldas, magistral. Cita el suceso de Babel,
argumento bíblico que originó la multiplicidad de lenguas: Estamos aquí
ante un rasgo moderno de la ciudad. Babel representa un grupo
humano reunido para materializar una ilusión. En Babilonia, que significa
“Puerta de Dios”, los hombres edificaron una escalera al cielo. Y ya conocemos
el fracaso acarreado por tal pretensión. Quiero agregar en las ciudades que la
literatura ha creado, aquellas que existen por sobre las reales., paralelas,
concomitantes, con influencias marcadas entre una y otra. Dice Pablo, después
de señalar la emigración como fenómeno latente de la conformación de las
ciudades: “Pensar lo contrario, una ciudad desprovista de inmigrantes, es tocar
uno de los perfiles de las ciudades utópicas. Estas, recuérdese, no existen.
Sólo se levantan en los libros y respiran en sus páginas con una sospechosa
pretensión de permanencia. Como lector, es lo que siento cada vez que entro a
Amauroto, la capital de Utopía, la isla creada por Tomás Moro”. Sobre estas
ciudades cerradas, tendientes al fracaso, distantes. Recordemos a propósito,
que Platon expulsó a los poetas de la ciudad en “La república”. "Existen las ciudades abandonadas, fangosas,
reflejo de inequidad, que la literatura en el siglo XIX hizo famosas, están
citadas en esta conferencia dentro del contexto de la charla. El autor remata
en un aparte: "Toda ciudad es una geografía. En esta perspectiva, va adquiriendo
los relieves de una aparente metamorfosis caprichosa. Tales caprichos, sin
embargo, se van instalando en los terrenos baldíos, en las sabanas, en los
valles, en las faldas de las montañas, en los desiertos, en enclaves
hondonados, en deltas y bahías, en ásperos altiplanos, hasta configurar los
diversos semblantes que posee la ciudad. Algunos de ellos han sido atrapados de
una forma inolvidable por la escritura poética. En realidad, yo creo, que es
ésta y no otra la que tiene la virtud de rozar los secretos de las ciudades.
Quizás exagere, pero creo que hay una Praga más vigente, más plena de belleza y
melancolía en algunos cuentos de Franz Kafka, que no superan la página y
parecen ser más bien prosas poéticas, que en sus grandes narraciones donde
se describe una ciudad interminable, llena de oscuras trampas, de leyes
incomprensibles pero que nos definen, tramadas de procesos judiciales de los
cuales no es posible escapar". "Dublín se dibuja mejor en dos o tres frases
inolvidables de James Joyce en sus primeros cuentos que en el monumental
recorrido hecho por Stephen Dedalus en el Ulises. Creo que los poemas de José
Manuel Arango, acaso los más breves, nos revelan mejor el enigma terrible y
encantador de Medellín que todas las novelas que se han escrito para descifrar
la vertiginosa urbe habitada por nosotros". Agrega Pablo en un aparte que refleja
mejor esta relación: “Toda ciudad es una geografía. En esta perspectiva, va
adquiriendo los relieves de una aparente metamorfosis caprichosa. Creo, que es ésta y no otra la que tiene la virtud de rozar los secretos de
las ciudades. Casi en el remata escribe con gran acierto: La ciudad de Fervor de
Buenos Aires, más que un reflejo del tedio, más que una encontrada heredad, más
que el verso olvidado y de repente presente en nuestros labios, es un sueño. Apoyado
en conjeturas de filósofos metafísicos como Schopenhauer y Berkeley, la ciudad
en Borges es una mera actividad de la mente”. Los escritores han creado su
propia geografía, el entramado urbano con calles solitarias, el Buenos Aires en
los versos memorables, que leemos, las calles sombrías y de luto de Silva. Zenda Liendivit, en un texto denominado: “Borges el barrio y
la eternidad”, hace una radiografía más minuciosa sobre un escrito que crea una
ciudad desde la forja de la literatura y del autor. Establece el autor: El tema del barrio fue
fundamental en la idea de un nuevo tipo de ciudad burguesa que vendría a
suplantar al fallido esquema de ciudad liberal de Roca y Alvear. El barrio,
como espacio relegado en relación al centro –espacio donde se mide el verdadero
potencial de una metrópolis-, funciona como partícipe necesario de aquel
desarrollo tecnológico, una especie de patio de atrás donde la sociedad queda
estratificada de acuerdo al grado del nivel comunicacional y de
infraestructuras así como por las características topográficas y las
actividades predominantes de cada zona. Ese barrio que detesta Arlt, por
considerarlo mediocre y falto de expectativas, donde todos se conocen, habitado
por modistillas, comerciantes envidiosos del éxito ajeno y demás,
surge en Borges tanto como espacio simbólico y primigenio de una identidad y de
una lengua, así como estrategia de conservación de un privilegio que se perdía
en el anonimato metropolitano”.
Hay ciudades
imaginarias con más peso específico que las reales. Quien negaría a Macondo, a
Comala, para citar mis preferidas. El tema de la feria no es menor, esperamos
no cansarlos.
Se
inaugura la fiesta del libro de Medellín, un evento que todos los años gana más
adeptos y que se caracteriza por hacer más énfasis en la lectura que en libro. La ciudad, todos los años cumple rigurosamente
con este encuentro de la cultura y cada vez sus invitados son de más calidad.
La
Fiesta del Libro y la Cultura es un referente para Medellín. En ella se
festejan las artes y las letras en un espacio abierto como el Jardín Botánico.
Este evento se realizará del 13 al 22 de septiembre, con entrada gratuita para
el disfrute de la ciudadanía.
La zona norte de Medellín será una
vez más el escenario para la construcción de dinámicas alrededor de la lectura,
donde más de 300 escritores de 17
nacionalidades que llegarán como invitados, serán el eje central.
Del 13 al 22 de septiembre habrá talleres, conferencias,
lanzamientos, actividades académicas, artísticas y exposiciones en la séptima
versión del festival del libro y la Cultura, que este año tendrá como
temática central, las ciudades y los escritores.
“La
fiesta es importante y está presente en las personas no solo como espacio para
la promoción de lectura sino para el encuentro. Este es un activo de la ciudad
que supera cualquier otro evento promocional de lectura con su modelo diferente
al de una feria, con una programación que trasciende el mero acto de leer”,
dice María del Rosario, secretaria de Cultura.
Este
año los escritores no solo serán invitados, sino también actores de la Fiesta. Juan Manuel Roca, por ejemplo, será el
organizador de un encuentro de poesía en el marco del Festival, y
en el Parque Explora habrá una exposición sobre la vida y obra de Julio Verne.
Además,
estos serán adoptados por diferentes colegios de Medellín, donde leerán sus
obras y los estudiantes tendrán la oportunidad de conversar con ellos.
“Hemos
creado un evento magno. Lo que hacemos es intentar aproximar la lectura como
una necesidad, no como un deber”, expresa Juan Diego Medía, escritor y director
de la Fiesta del Libro.
Algunos
de los invitados al encuentro
Wendy
Guerra y Amir Valle (Cuba), Martín Caparrós y Pablo Ramos (Argentina), Jon Lee
Anderson (Estados Unidos), Jean-Francois Fogel (Francia), Gabriela Alemán (Ecuador),
Santiago Roncagliolo (Perú), Sergio Ramírez (Nicaragua) y Manuel Gutiérrez
Aragón (España).
Por
Colombia estarán Juan Gabriel Vásquez, Laura Restrepo, Mario Mendoza, Héctor
Abad Facionlinca, Óscar Collazos, William Ospina, Gonzalo Mallarino, Tomás
González y Roberto Burgos.
Algunos
de suma importancia y en el mejor momento como escritores. Tomas González, por
ejemplo acaba de publicar su último libro de cuentos, es una opción de lectura
absolutamente deliciosa, buena factura, historias bien armadas, son historias de
amor, sus protagonistas siempre luchan
contra un destino impasible en medio de conflictos personales profundos y
crisis insuperables.
Laura Restrepo es una escritora mayor,
madura, con una prosa bien hilvanada, comprometida con la historia social
nuestra y con la suficiente aceptación de unos lectores cautivos que siempre
esperan por sus publicaciones.
Mario Mendoza, es un escritor
profesional que nació desde la academia,
se ha consolidado con historias urbanas, crueles, delatoras de crímenes y
asesinos. Su primera novela, “La
ciudad de los umbrales”, fue publicada en 1992. Tan sólo dos años más tarde fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Colombia por “La travesía del vidente”. Con una de
sus últimas obras, Satanás,
se hizo con el Premio Biblioteca
Breve de la editorial Seix Barral en 2002. Después de “Satanás”, ha publicado novelas e historias
excelentes, centradas en sus temas preferidos: El asesinato, personajes fuera
del canon, asesinatos, detectives misteriosos…… En fin. Algunas de estas
publicaciones son: Cobro de Sangre
(2004), Escalera al cielo (2004),Los hombres invisibles (2007),Buda Blues
(2009),La Locura de nuestro tiempo (2010),Apocalipsis (2011),La importancia de
morir a tiempo (2012),Mi extraño viaje al mundo de Shambala (2013),La colonia
de Altair ( 2013),Lady
masacre (2013).
Juan Gabriel Vásquez, es en este
momento el escritor más premiado en de Colombia, lo que confirma su calidad. La
obra ganadora del Premio Alfaguara de novela 2011, El ruido de las
cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez, ha sido finalista de
los premios Médici y Femina, y del Independent Foreign Fiction Prize de
este año, un galardón que concede el diario británico The Independent y
el Consejo de las Artes delReino Unido. Además, en el 2012 Juan Gabriel
Vásquez fue galardonado con el premio Roger Caillois en su XXI edición,
distinción que otorga la Casa de América Latina en colaboración con
la Sociedad de Amigos y Lectores de Roger Caillois y el Pen Club Francés.
Hector Abad Facio Lince, es ya un
escritor de culto, con lectores cautivos, propios, no solo en el país sino en
todo hispanoamerica, con libros absolutamente exitosos, con una prosa fresca,
que se deja leer, historias hermosas y de una factura impecable. Ha recibido un
Premio Nacional de Cuento (1981), una Beca Nacional de Novela (1994) y un
Premio Simón Bolívar de Periodismo de Opinión (1998). Obtuvo en España el
primer Premio Casa de América de Narrativa Innovadora en el año 2000, y en
abril de 2005 le fue conferido en China el premio a la mejor
novela extranjera del año por Angosta. En septiembre del año 2010
le fue otorgado el premio Casa de América Latina de Portugal por el libro
"El olvido que seremos", como mejor obra latinoamericana.
Oscar Collazos, pertenece a una generación emblemática, creció y se consolidó en medio del auge del
Boom latinoamericano, batalla des-igual, como Gardel, cada vez escribe mejor,
no solo lo ha demostrado en sus novelas, sino en sus columnas y ensayos. Tiene
una virtud, sus conversaciones son agradables, son didácticas por excelencia.
Willian Ospina, es el escritor y
conferencista más solicitado y exitoso del país en la última década. Sus
ensayos son rigurosos, documentados, escritos con una prosa impecable, el texto:
“Las auroras de la sangre”, es un libro excepcional, el mejor ensayo de los
últimos cincuenta años, en mi modesta apreciación. La trilogía de novelas sobre
la conquista esta descontada su calidad y su poesía solo me queda recomendarla.
Sus artículos sobre literatura son un verdadero bocado.
Roberto Burgos, es un escritor de mil
batallas, divulgador de nuestra literatura como el que nadie, con mucha
elegancia y el rigor de los creadores costeños, quienes además de escribir muy
bien, tienen esa frescura que hace de sus textos una buena compañía y un ábrete
sésamo a nuevos autores y lecturas. En un escritor que deja ver ese dejo
costeño para contar lo impredecible como si nada. Es un excelente conversador
en otras palabras. Ha publicado: Lo
Amador (cuentos) 1980. El patio de los vientos perdidos (novela)
1984. De gozos y desvelos(cuentos) 1987. El vuelo de la
paloma (novela) 1992. Pavana del ángel (novela) 1995. Quiero
es cantar (cuentos) 1998. Juegos de niños (cuentos)
1999. Señas particulares (testimonio) 2001. La ceiba
de la memoria. 2007, (novela, premio José María Arguedas de narrativa,
Casa de las Américas 2009).
En la próxima entrega hablaré de los
invitados internacionales y de los lanzamientos de feria, sobre todo haciendo énfasis
en lo local.