domingo, 30 de septiembre de 2018

VALODIA TEITELBOIM



Hay escritores que parecen olvidarse pese a la importancia que tienen. Indagando sobre la relación de Borges y el cine, me encontré en mi biblioteca con un texto de este gran escritor Chileno. Se llama: “Los dos Borges”. Este escritor fue de aquellos creadores comprometidos con las causas políticas, perteneció a una generación de grandes cambios y batallas personales con los regímenes totalitarios de Latinoamérica, con la propia realidad convulsa del siglo XX, dejó una obra vasta, de una calidad estética excepcional, novelista y poeta, su labor crítica fue además rigurosa y pedagógica pese a las controversias que produjo.
“Valentín Teitelboim Volosky, más conocido como Volodia Teitelboim, nació el 17 de marzo de 1916, en Chillán. Hijo de Moisés Teitelboim y Sara Volosky, desde temprana edad manifestó inquietudes literarias. Leyó intensamente El Peneca, a Emilio Salgari, Julio Verne y la Biblia. A los 16 años inició su militancia en la Juventudes Comunistas. Desde entonces, su actividad política marcó un nuevo rumbo para su vida”.
No solo escribió poesía, produjo antologías, novelas y fue un excelente crítico literario, sino estuvo inmerso en los grandes debates  literarios y políticos de la época. Los trabajos sobre Neruda, Gabriela Mistral y Huidobro son excelentes,  en los mismos no le huyo a las controversias que suscitaron estos tres poetas no solamente en Chile sino a lo largo de todo el continente.
Enrique Samo expresa sobre este escritor: “Volodia Teitelboim exploró múltiples dimensiones de la creación intelectual y la praxis política distinguiéndose en todas sin buscar una correspondencia sistémica entre ellas. Esta característica marcó su vida desde hora muy temprana y lo acompañó hasta la muerte. “En sus biografías se mueve en los rasgos más íntimos de sus personajes, los misterios de su obra poética y la descripción minuciosa de paisajes y circunstancias”. Su biografía Neruda, aparecida en Madrid en 1984, fue publicada en alemán, ruso, francés e inglés. En Estados Unidos aparecieron dos ediciones. Para 1995 se reeditó en París en lengua francesa. Se publicó también en Argentina y Cuba. En Chile, Editorial BAT la publicó por primera vez legalmente en el país”.
El libro que me trajo de nuevo a leerlo, el texto sobre Borges, es una mirada muy centrada, la relación reflejada entre el hombre del libro y el ser de carne y hueso. Recuerda una de las sentencias más sabias de Borges: El mundo desgraciadamente es real; yo desgraciadamente soy Borges”.
Es un texto muy ordenado. Recurre a una especie de cronología creativa construida a partir de datos biográficos, citas vitales en el marco del universo Borgiano y referencias siempre articuladas a textos del propio autor o tomadas de conversaciones con sus amigos más cercanos. Desde su nacimiento, como en pequeñas fotografías, nos va llevando por esta especie de biografía literaria construida sabiamente, empieza con las consideraciones de sus antepasados, los mitos sobre la saga familiar que siempre le sirvieron al escritor para crear una especie de leyenda,  la influencia de Doña Leonor y por su puesto sus infinitas lecturas. Este libro tiene una don, diferente a todo lo que he visto sobre este autor,  son  textos cortos, pero esenciales, con pocas palabras nos revela muchas cosas, toda la información es relevante. Obra y vida en una hermenéutica muy lúcida. 
Aparecen Lugones,  Enrique Ureña, Cortazar, Sabato, Rafael Cansino Assens, los ambientes de Borges, sus patrias: Ginebra, Buenos Aires, Palermo y los temas propios del autor.    Trae  colación autores como Umberto Eco, los temas recurrentes a sus afinidades literarias, la poesía inglesa, el problema del tiempo, Poe, los Keningar, hay muchas referencias de importancia, aquellas que le sirvieron para crear textos fascinantes, novedosos.
Volodia después de 60 años de labor creativa murió en el 2008, dejó más de 27 obras que hablan de la importancia de su labor en las letras latinoamericanas y para el mundo en general. Volverlo a leer es un deleite.






viernes, 21 de septiembre de 2018

UN RELATO KAFKIANO


La casa donde está la oficina de los ingenieros de Minas, en un segundo piso de un barrio tradicional de Medellín, un cuadrado perfecto, recuerda los diseños modernistas de Lecorvusier, líneas rectas, balcones salientes, tiene una distribución bastante tradicional, una sala de recibo que remata con un balcón hermoso, otra más amplia desde donde se accede a una cocina amplia,  descomunal para estos tiempos y tres oficinas que antes fueron habitaciones. Atrás, un patio con dos oficinas más. Rodrigo, siendo uno de los socios principales de la empresa comparte una de las oficinas ´pequeñas con una ingeniera de apoyo. Su silla resalta, parece la de un piloto,  su espaldar es muy alto, cómodo de sobremanera, el escritorio apenas es para su labor, caben, el computador, algunos textos y el celular. Siempre tenemos memoria de las personas cercanas, de sus comportamientos, de la forma como asumen la cotidianidad. Rodrigo trabaja acompañado de unos audífonos grandes, la música es consustancial a su vida, es muy alto, su rostro y figura me recuerdan a Lenin el padre de la revolución Rusa, antes de escribir este relato lo comprobé, volví a ver la película de Warren Betty,  “Diez días que conmovieron al mundo” mi comparación cobra cada vez más sentido. Cuando llega a la oficina, se dirige a su puesto sin mayores formalismos, tiene una sonrisa natural que contamina, se sienta en su silla, siempre derecho, parece un militar, es muy respetuoso de la ergonomía; tiene una idea de la vida diferente a todo lo que he visto,  siempre es  tranquilo pero responsable en sus tareas, al fin y al cabo es ingeniero, calcula, procede de acuerdo  a unas bitácoras y como toda persona joven, parece que nada le preocupa, lo que al final no es cierto.  Es un ser  moderno, joven, atlético, con una carrera profesional y una práctica concreta que se traduce en ingresos, por lo menos para sobrevivir, con una esposa que ama, el amor de su vida y la vida misma, con ella comparte la mayoría de sus sueños, estos son muchos. Cualquier día le vi más preocupado de lo corriente, se paraba a cada rato de la silla, llamaba a una persona recurrentemente,  caminaba de un lugar a otro, hablaba después con su amigo del alma Yeison y después se quedaba absorto, ido.  Al rato me contó lo que pasaba. Desde hace tres años había caído en eso que los literatos llamamos, el mundo kafkiano por gracia de una ilusión que se había convertido en una tortura. He sido testigo en los últimos días de esta encrucijada y puedo dar fe de lo intrincado de su situación,  me habló del caso, sabía que yo era abogado y gracias a una amistad que tenía muy poco tiempo pero que era muy sólida, quería que le diéramos alguna salida inteligente.  Me contó lo que estaba viviendo, recordé de inmediato al escritor checo, Kafka, al mundo Kafkiano, descrito en ese libro magistral “El proceso”, describe lo grotesco de la burocracia.
 De Rodrigo me sorprenden algunas cosas en particular, estas me ayudan a comprenderlo e incluso a admirarlo. Pocas veces me encuentro con un ser sin imposturas, sincero, honrado, con un humor de barman insólito. Salió de la universidad nacional de Medellín, creció en un mundo barrial sometido a valores contrapuestos, a tensiones de todo tipo. Por un lado, los de una sociedad clerical, rezandera, conservadora y patriarcal; por el otro, una clase arribista, delincuencial, enamorada del dinero fácil, metida hasta el tuétano en el narcotráfico, por lo tanto cruel y sanguinaria.  Su vida trascurrió en medio de estos dos mundos, con todas las tintas medias que tiene este tipo de convivencia, con las prevenciones que genera la existencia cercana al peligro, vivió bailando en el filo de la navaja, esto lo hizo, muy astuto, prevenido, no importa cuál sea la ocasión que esté viviendo, asume siempre por naturalidad, que alguien está  al acecho,  de antemano sabe que  vive en una sociedad enferma, paralelo a ello, nuestros líderes sostienen para su favor, una corrupción endémica, son parte de una burocracia caracterizada por la des-lealtad con el país, por donde miremos, el mundo parece al revés. Rodrigo fue testigo de cargo de una violencia descarnada, del sicariato más atroz, su barrio estuvo lleno de  patrones, la gente estuvo sometida  a una extorsión inclemente, un entorno manejado por eso que los criminalistas llaman hoy, las bandas criminales. En conclusión, Dos realidades para un mismo ser, que desde su propio constructo, fue creando su mundo interior inclasificable, su vida y su que-hacer diario le marcaron. ¿Cómo resulto un buen hombre de semejante híbrido social, vaya usted a saber.
Estudio entre las estridencias y avatares propios de una  clase en ascenso, llevaba en las venas las ganas de superarse, fue una disciplina, se acostumbró a sobrevivir en medio de afanes,  entre tensiones cotidianas fuertes. Fue estudiando, cumpliendo metas entre  dificultades propias de una familia con recursos limitados, acompañado del optimismo típico de los colombianos, quienes pese a vivir entre muerte y violencia, cargamos con una fe irracional en nuestras capacidades, la risa es nuestro valium, tenemos  humor para todo por grave que sea la situación, un sarcasmo a voces, ha sido el mejor antídoto, la única manera de existir entre las paradojas irresolutas de nuestra sociedad, esto lo supo siempre Rodrigo. Después de 6 años de trasegar en aulas y exámenes, amistades universitarias inolvidables, cofradías, uno que otro porro, se graduó como ingeniero de minas. Con el tiempo se casó con el amor de su vida, después de un noviazgo muy largo, la justa medida a sus ideales. Cuando decidieron con Paulina comprar el apartamento, estaba en su mejor momento. Paulina,  es una geóloga hermosa, entregada a su trabajo y a su pareja,  ha estado construyendo desde esta unión sus sueños, llevaba tiempo pensando en su casa, tragarse desde esas cuatro paredes el mundo a sorbos. La historia de la decisión para comprar, como todas las importantes de la vida, nació de una situación inusual. Partió de una imagen, como las buenas novelas: Pasaron por un sitio, quedaron impresionados ante lo hermoso del lugar, se imaginaron la torre, de hecho había una foto, la disfrutaron, y  dijeron de súbito, con esas decisiones que se construyen desde las compatibilidades propias del  amor, de los sueños, Aquí será nuestro apartamento.  A partir de este momento se metieron en el cuento de comprarlo, las cuatro paredes que contendrían el universo de sus vidas.  Comprar significa: Planificar, calcular, saber cómo estamos de finanzas, pensar en créditos, y después escoger de acuerdo a nuestras realidades, que ojala conesten con nuestros sueños. Se trataba de vivir como lo imaginaron, se concentraron en ese propósito. Aparece el celular de nuevo, desde él en el mundo moderno, se articula todo.  El galimatías de comprar empezó.  Cada cosa que hacemos en esta vida empieza con una llamada. El celular es el adminiculo sobre el cual gravita la mayoría de la existencia del hombre moderno, nos comunicamos a través suyo de mil maneras con nuestro entorno, minuto a minuto,  parece pegado a la mano, se podría afirmar que hace parte del cuerpo, articulamos absolutamente todas las cosas de la vida: Trabajo, multiplicamos, sumamos, restamos, hacemos cuentas, colocamos mensajes, escribimos, nos irritamos, pagamos, nos resentimos, reímos, recordamos, pedimos auxilio, armamos nuevos conceptos, la historia, las memorias, con relatos y noticias que casi nunca sabemos de quién vienen, los que influyen en nuestra manera de pensar y de concebir el mundo.  Empezó para él un viacrucis típico de Kafka. La historia tiene un principio. El sueño, comprar un apartamento.  Se sometieron a un proceso largo y dispendioso, asumieron de antemano tener la paciencia del santo Job, llenaron papeles para una burocracia interminable e irracional,  estuvieron sometidos a decisiones demasiado repartidas y escalonadas, inexplicables muchas veces, pero inevitables. Nada los hacía perder la ilusión, menos por requisitos, nunca desfallecieron, cada cosa que les solicitaban la cumplían con un juicio sacramental, no importa lo  banal de la orden a cumplir.
Tomaron la decisión de financiar el apartamento por un ente público: El fondo nacional del ahorro. Los intereses eran los más bajos, se prestaba al presupuesto y las cuotas mensuales correspondían a la capacidad de Rodrigo y Paulina.  Tratar con el fondo es someterse a un laberinto de pasos y decisiones, que muchas veces siempre nos regresan al principio, es un recurrente ir y venir, parece nunca terminar. Primero se firma con la constructora, luego con la Fiducia, se hacen papeles con el Banco para tramitar parte del pago de la cuota inicial y después con el fondo. Es como decirle a alguien: Hable primero con Stalin, después con Hitler, encuéntrese con Mussolini y por último haga un acuerdo con Winston Churchill. No importa, Rodrigo y Paulina se enrutaron en semejante entuerto.
 Siempre aparecen los fantasmas en la vida. Nunca olvidamos ciertos hechos emblemáticos. Más, cuando nos marcan profundamente. Después de la muerte de su padre, terminando el Bachillerato, Rodrigo vivió momentos muy duros. No sólo por el propio hecho del deceso,  la muerte de un ser querido es lacerante y corroe el alma, la finitud es nuestro mayor problema y paradójicamente nunca la aceptamos. En todo caso sufrimos por todo lo que se viene después. El padre suple, provee y es un apoyo que nadie remplazará. Fuera de todo lo que produce su ausencia, había que tramitar la jubilación, la casa necesitaba ese ingreso. Rodrigo Estaba muy joven, no conocía nada de trámites ni de los avatares propios de la burocracia en un país lleno de funcionarios incompetentes.   Solo un colombiano sabe todo lo que hay que hacer para que se le reconozca una jubilación. Una vez se tienen los requisitos, nada garantiza la obtención de la misma, realmente no hemos ganado nada. Obtener la jubilación, es como subir al Everest. Ahí empezó a saber lo que es el mundo Kafkiano. La familia,  tuvo que conseguir un abogado, imagínense, se necesita contratar un abogado, eso ya produce un miedo tenaz, nunca imaginaron por todo lo que tendrían que pasar.   Contrataron a un hombre entrado en edad, al final, llegaron a la conclusión que fue  honrado, Rodrigo sólo recuerda muchas idas y vueltas con este señor, tenía una voz gutural y misteriosa, de detective, contrario a todos sus colegas, de pocas palabras y por mucho que tratará de explicarles, nunca entendieron porque esta jubilación duró 11 años en ser reconocida. Eso quiere decir, mil bajadas al centro, presentar papeles, esperar meses, ir de una oficina a otra, andar entre notarias, siempre para negarle recurrentemente cada decisión, cada traspapelada significaba, volver empezar, llenarse de paciencia y tratar de entender semejante rompecabezas de papeles y decisiones absurdas, se había vuelto necesario, la meta era, nunca desfallecer. Rodrigo siente miedo cuando piensa en semejante enredo. Al final obtuvieron la jubilación pero quedó marcado para siempre.
En las vueltas del apartamento sintió de nuevo que estaba cayendo en los laberintos parecidos a los de la jubilación.  Nunca olvida las cosas que vivió en esos tiempos tan aciagos.  Aprendió que se conoce más a una persona después de la muerte que en vida, uno no recuerda sino inventa y nada es lo que parece. Su padre pasó de ser un misterio a un descubrimiento. Ahora que era un profesional consumado, vivía haciendo vueltas entre entes gubernamentales, sabía cómo realizar una petición a estos organismos que le eviten sorpresas, aprendió perfectamente los bericuetos de la burocracia, esto no lo salvó para nada en los enredos propios en la compra del apto, pero le evito dolores de cabeza, nunca entendió la mitad de las decisiones frente a los trámites que ello implicaba, no porque fueran difíciles, sino por los tiempos y ciertos pasos inexplicables y a veces absurdos para cualquier mortal. Constructora, Banco privado, Fiducia y Fondo, notificar, volver a firmar, el banco necesita más papeles, devolver la firma a la fiducia, la constructora no acepta, sí acepta, pero es necesario firmar un “Otro sí”, es necesario aprobar de nuevo, el tramite dura solo un mes, entonces volver a presentar papeles, pero actualizados, sacarlos de nuevo, autenticarlos de nuevo, el banco entonces requiere de nuevo estudiar la financiación, ahora habrá que ver cómo estamos en los reportes financieros y cuando todo esté listo, la constructora intempestivamente informa que tiene un problema y pide un año para arreglar un permiso con la Alcaldía. Esto significa, en un año empezamos de nuevo. Son demasiadas instancias, recordé una figura de la vieja Roma, en los albores de la República, lo llamaban iustitium: el momento en que, ante una grave amenaza pública, el derecho quedaba en suspenso. Era, en otras palabras, una institución que ponía entre paréntesis a las demás instituciones y por ende a nosotros nos afecta de manera grave. Esto pasó con mis amigos, quedaron en puntos suspensivos.  La torre en todo caso, iba ganando espacio, ya habían terminado la estructura e iban en la obra blanca, se levantaba impetuosa, hacía parte del urbanismo de esta ciudad, esto quería decir que la ilusión seguía intacta, pese a todo. Rodrigo y Paulina, la visitaban recurrentemente. Veían su balcón y por su puesto el apto. Sentían que nada de  lo que pasara les iba a quitar este sueño.
Después de un año, las cosas volvieron a su cauce. Todo estaba listo, esperarían para la firma de la escritura y el desembolso para la constructora. Nada impediría que hubiese más tropiezos. Cualquier día, en esta espera, que no tiene términos, el jefe de ventas de la constructora, una mujer amable, por lo menos antes de este suceso, llamó y sin mediar le dijo a Rodrigo, hemos decidido resolver el contrato de venta con ustedes, la demora ha sido mucha. Así no más, sin explicación alguna, la llamada termino con un: “lo sentimos mucho”. Rodrigo quedó impertérrito en el puesto. Ni siquiera pensó en el sueño de tener un apartamento, sólo se le vino a la cabeza Paulina, cómo decirle, ese  era el interrogante a vencer.
En esta instancia de la historia decide hablar conmigo. Sabía que en los últimos meses le habíamos ganado varias batallas jurídicas a la alcaldía, que en este país de incisos y acápites legales estos casi siempre son más importantes que lo sustancial, alguna salida encontraríamos, eso esperaba de mí, por ahora, la opción, era ser más inteligentes que las circunstancias.  Lo primero entender el negocio de principio a fin, buscar cada uno de los enclaves legales, ver hasta qué punto la decisión podía tomarla la constructora discrecionalmente, hablamos de un contrato, supuestamente es un acuerdo y este mínimo se firma entre dos personas.  Después de una mirada minuciosa, concluimos que al haber aceptado al fondo nacional como prestamista, aceptaban tácitamente los tiempos del mismo, lo que se traducía que no podían aducir la demora como causal de terminación del contrato. Pero establecimos como estrategia, ante todo mantener la cordialidad a todo lugar, era imprescindible no  volverlo un problema legal, pese a que en el fondo era un problema legal. La estrategia se limitaba a seguir con las buenas maneras, sin bajar la cabeza, recurrir a la amabilidad extrema y hablar con cada una de las partes: Fiducia, constructora, fondo, sin cruzar información, evitar el consenso, deberíamos cumplir con los requerimientos finales de manera separada como si no hubiese problema, era una jugada de ajedrecista, estábamos adelantándonos con los caballos. Recordé el arte de la guerra de Zun Tzu. Empezamos con un derecho de petición bien estructurado, debería ser una comunicación magistral, cada palabra respondía a un peso específico. Este es nuestro país, nadie se imagina todo lo que hay que hacer para adquirir vivienda, Rodrigo lo empezaba a entender y conocía que la palabra clave es: Perseverar, en esto Paulina era experta.
En adelante, hubo muchos ires y venires, ir a la constructora, al fondo, preparar un otro sí modificatorio, coordinar con el banco y asumir que la constructora después de un comité accedería, sabíamos que si se supeditaban al contrato era difícil resolverlo, pues ellos habían aceptado al fondo como prestamista, entonces nosotros deberíamos actuar como si no hubiese pasado nada, pese a la tensión que originaban todas estas dudas. Un día cualquiera en medio de este galimatías, Rodrigo, sin ninguna premeditación, espontáneamente  se fue al edificio y empezó a ver el apartamento, había leído todo sobre la magia de la atracción, se lo fue apropiando mentalmente, asumió que era imposible que su sueño no se hiciera realidad, dijo con una decisión de general, nada impedirá que así sea…..Sabía que había que ser inteligente.  Zun Tzu decía: “Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla”.  Esa fue la estrategia, conocer muy bien lo que esperaba la constructora, insistir en que todo estaba listo, creerlo sobre todo, les dijo muy tranquilo, como llegando a la playa nos vamos a devolver. De pronto, la señorita adusta, la burócrata de hielo, comenzó a ceder. Rodrigo  recordó varias anécdotas. A Colon, la tripulación un día le dijo, si no vemos tierra mañana lo decapitamos, no esperamos más. Rodrigo siempre se imaginaba como fue la noche del conquistador frente a esa sentencia. La providencia apareció y Rodrigo De Triana, en la madrugada gritó: Tierra, tierra…Aquí pasó lo mismo, la constructora en cabeza de la funcionaria, cedió, el contracto de tracto sucesivo empezó a tomar la forma debida, el gerente firmo el otro sí, se lo llevó a la Fiducia y el sueño del apto empezó a ser una realidad. Cuando menos esperábamos, estábamos a la firma de la escritura. Nunca hable con Paulina del tema, pero sé que sufrió como nosotros. Estos son los avatares de un ciudadano común frente a la burocracia. Todos los días se enfrenta a situaciones como esta. Quise escribir la historia de un viacrucis, pero igualmente de un logro. La burocracia y los trámites en nuestra sociedad son lo más opresor que existe. Ojala nadie repita esta historia.   






domingo, 16 de septiembre de 2018

PALABRAS RODANTES MEDELLÍN COLOMBIA


Así se llama, el proyecto liderado por el Metro de Medellín y la caja de compensación COMFAMA. Son libros en excelente formato, de bolsillo, muy pequeños, pero editados con  una calidad indiscutible, obras de autores importantes a nivel nacional e internacional, hay verdaderos iconos de la literatura, son entregados en el metro de manera gratuita para que los usuarios los lean y los sigan rodando, los pasen a otros lectores.
Dos cosas quiero destacar de esta campaña que lleva varios años.  Es una apuesta inteligente para fomentar la lectura, es una incitación a la lectura aprovechando los espacios y el tiempo  entre los avatares de la vida urbana, un acercamiento a la buena literatura  dirigida al ciudadano común, no hay predilección alguna, se democratiza la cultura y la lectura de la mejor manera, se aprovecha el sistema masivo de transporte, que significa esperas, trayectos, espacios de tiempo libre, muy cortos, que de ser acompañados por un buen texto, no solo enriquece el espíritu sino que aliviana la vida y aquellas rutinas inexorables en que solemos pasar gran parte de nuestra existencia. La otra, los autores: Charles Baudelaire con prólogo de Pablo Montoya, Alfonso Reyes, con prólogo de Orlando Mejía Rivera, Cuentos de Mujeres estadounidenses con prólogo de Luis Fernando Macías, Flush de Virginia Wolf, Poemas de Walt Whitman con prólogo de Wiliam Ospina, Carta al padre de Franz Kafka, autores colombianos como Carlos Castro Savedra, Daniel Samper Pizano, Fanny Buitrago…..una verdadera pléyade de creadores.
Las obras son verdaderas joyas de la literatura, el comité que las selecciona no solo se preocupa por la calidad de las mismas, sino que antepone a este requisito, el hecho de que serán leídas en espacios de tiempo muy pequeños, por ello busca relatos o novelas cortas, hay la necesidad de atrapar y encantar al lector, muchas veces estamos ante un ciudadano que por razones que no van al caso traer a colación, nunca tiene tiempo para leer, en estos breves minutos, tiene la posibilidad de encontrarse con la literatura, de volver al mundo de las letras.
Es necesario darle continuidad a esta campaña, espero no se olviden sus beneficios por esas decisiones  absurdas que suelen tomar en ocasiones algunas instituciones frente a lo que está funcionando. No me queda más que felicitar a sus promotores y ejecutores.









martes, 4 de septiembre de 2018

LAS FERIAS DEL LIBRO EN COLOMBIA


Voy a hablar de tres ferias del libro en Colombia, hoy son un orgullo para el país, reflejo de excelente organización y por su puesto divulgación de libros, escritores, editores, constituyen una incitación polifónica a la lectura desde lo institucional, son eventos de suma importancia para el mundo cultural nuestro.
La feria de Bogotá, la de Bucaramanga y la de Medellín. Cada una en fechas diferentes, la primera en abril, la segunda a finales de agosto y la última en los primeros días de noviembre.  Lo primero, no se reducen a una oferta de textos y exposición de editores. Son un encuentro con la cultura. Esto quiere decir, asistencia de excelentes escritores, no sólo presentando su obra, sino en conversatorios bien hilvanados, en cada feria siempre hay un país invitado y como suele suceder, hay muchos lanzamientos de libros, de toda Latinoamérica e incluso de otras latitudes. A esto se le suma, charlas con el mundo de la cultura y referentes a la era digital, esto quiere decir que no desconocen todos los efectos de la globalización en el mundo del libro.
La feria del libro de Bogotá, la Filbo, después de más de veinte años se consolidó entre las tres mejores ferias de Latinoamérica. El orden es el siguiente, sin temor a equivocarme: Buenos Aires, Guadalajara y Bogotá. La pléyade de escritores que cada año trae la Filbo es un orgullo. En el caso de Francia, el esfuerzo que se hizo, con filósofos, escritores y editores fue excepcional. Se produce por las fechas de la feria un avivamiento alrededor los libros. Medellín hace su feria en un recinto abierto, el jardín botánico, con entrada gratuita, es un evento de la Alcaldía, no sólo viene haciendo un trabajo juicioso,  en sensibilización, apoyo y mucho rigor en la organización que no se remite solo a los días de feria, sino que es continuo, es un labor de todo el año,  es política municipal, de la mano de las bibliotecas públicas, son verdaderas campañas para fomentar la lectura. Dentro de cuatro días comienza esta feria, exactamente del 7 al 16 de septiembre, en el Jardín Botánico y sitios aledaños. Tema: Las formas de la memoria. Autores confirmados: Marta Sanz (Es), Alonso Cueto (Pe), Alberto Ruy Sánchez (Mx), Mario Bellatín (Mx), Mercedes Estramil (Ur), Joris Luyendijk (NL), Javier Celaya (Es), Pilar Quintana, Antonio García Ángel.
Bucaramanga, que tiene la feria más joven, es un ejemplo de organización, buenos autores y conversatorios extraordinarios. Es un orgullo de ls Santandereanos y cada año, desde la universidad autónoma adquiere más importancia en el contexto nacional y latinoamericano.
Sugerencias. Los conversatorios deberían estar todos en la red, es un material valioso que no debe perderse. Es difícil encontrarlos. A mis lectores. No dejen de asistir.  En otra entrada hablaré de la feria de Cali y la de Barranquilla.
ADDENDA: Excelente noticia la inauguración de la librería del Fondo De Cultura Económica, en la ciudad de Medellin en alianza con la Biblioteca Piloto, que esta terminando su remo-delación.





domingo, 26 de agosto de 2018

UNA ANTOLOGÍA PERIODÍSTICA HOMENAJE A GABO



La fundación Gabriel García Márquez para el nuevo periodismo iberoamericano, Fnpi, de la mano de la “Organización Ardila Lule”, publicó una “Antología de textos periodísticos de GGM, bajo la dirección de Héctor Feliciano, con selección y comentarios de una pléyade de escritores conocedores y cercanos a la obra periodística de nuestro nobel.  Pese a que lleva más de cuatro años de publicada, este texto llegó a mis manos de manera casual y por recomendación de una de las mentoras de la biblioteca pública de la Floresta de la ciudad de Medellín Colombia. Conozco muy bien la obra periodística de Gabo, leí con mucho juicio la publicación completa realizada por Editorial “Brugera” de España y después por la “Oveja Negra”, con excelentes y exhaustivos textos de Girard. Gabo expresó alguna vez:
“Soy un periodista, fundamentalmente. Toda la vida he sido un periodista.  Mis libros, son libros de periodista aunque se vea poco. Pero esos libros tienen una cantidad de investigación y de comprobación de datos y de rigor histórico, de fidelidad de hechos, que en el fondo son grandes reportajes novelados o fantásticos, pero el método de investigación y de manejo de la información y los hechos es de periodista”.
Nada más cierto. Lo demuestran sus novelas: El otoño del patriarca” y “El general en su laberinto”, para sólo citar dos. Su investigación fue profunda, dispendiosa, y asumió para cada hecho, leer muchos puntos de vista e investigaciones históricas de todo orden.
En la presentación de esta obra realizada por Héctor Feliciano, refiriéndose a los textos periodísticos  de Gabo y a su labor como periodista, escribe al respecto:
“No se trata de escritos que corren paralelos o que estén supeditados a su literatura, como si a esta hubieran servido de impedimento necesario o de acto, inconsciente, impensado, para ganarse su sueldo, sino que el periodismo del escritor colombiano ha sido, desde sus comienzos, una escritura esencial, una práctica diario, acaso el taller en que se forjó buena parte de su literatura”.
Esta antología se debe a un orden, perfectamente estudiado e hilvanado, es una selección rigurosa, por fortuna hay mucho de donde escoger. Comienza con una selección de Héctor Abad Facio Lince, quien para empezar seleccionó un artículo, el primero de Gabo en el periódico  " El Universal" de Cartagena, donde  decanta todo su talento:
“Los habitantes de la ciudad nos habíamos acostumbrado a la garganta metálica que anunciaba el toque de queda. El reloj de la Boca Del Puente, empinado otra vez sobre la ciudad, con su limpia, blanqueada convalecencia, había perdido su categoría de cosa familiar, su irremplazable sitio de animal doméstico. En las últimas noches ya no iban nuestras miradas a preguntarle por el regreso enamorado de aquella voz qué nos quedó sonando en el oído como un pájaro eterno; o por el rincón temporal donde cortamos el hilo tenso de la aventura, sino que tratábamos de impedir, de detener con un gesto último y desesperado aquella marcha lenta, angustiosa, que iba precipitando las horas contra una  frontera conocida que era, a su vez, la orilla tremenda donde estaba la liberta”.
Continua con la selección de María teresa Ronderos, de Juan Villoro, José Salgar, John Lee Anderson, Teodoro Petkoff, Sergio Ramírez, María Jimena Duzan,  Alex Grillemo Antonio Muñoz Molina, Juan Cruz, Joaquín Estefanía, María Elvira Samper, Alma guillermoproeto.
Se  agregan otros textos periodísticos, me imagino que fue labor de los editores, una entrevista a Mercedes Barcha, la eterna compañera de Gabo y la cronología periodística.
Como ustedes lo perciben, el libro es muy completo, una excelente guía de su labor periodística, pedagógico, además que cada artículo es un bocado.
Recomiendo a mis lectores se lean con mucho juicio estos tres vídeos, sobre todo el último, ahí esta el retrato de Gabo como periodista. 





 



domingo, 19 de agosto de 2018

LAS PALABRAS Y EL MUNDO / "PAISAJES EN MOVIMIENTO" DE GUSTAVO GUERRERO


Sigo con mucha atención el blog de Patricio Pron en el boomerang literario, no solo por el importante papel que cumple como crítico, sino por la calidad de sus escritos, el hecho de entregarnos autores de absoluta importancia para la literatura, algunos desconocidos para mi, es imposible seguirle el paso a sus lecturas. El artículo que reproduzco es una reseña de un texto de Gustavo Guerrero, espero sea del gusto de mis lectores y creo en justicia, que  amerita leer el ensayo recomendado. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE
BLOG DE PATRICIO PRON
domingo, 19 de agosto de 2018

Gustavo Guerrero (Caracas, 1957) obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 2008 con Historia de un encargo, una obra sobre las circunstancias que rodearon la escritura de la novela de Camilo José Cela La catira (1955) y, de forma más general, acerca de las condiciones de posibilidad de la circulación de literatura en el ámbito hispanohablante; Guerrero, quien es profesor en la Universidad de Paris Seine y editor de los hispanohablantes de Gallimard, había escrito ya acerca de esas condiciones en libros como La estrategia neobarroca (1987), Itinerarios (1997) y La religión del vacío (2002), pero es en su nuevo libro donde los temas de la literatura hispanoamericana y el cambio cultural adquieren protagonismo en su obra.

Paisajes en movimiento aborda ambos a partir de los ejes complementarios del tiempo, el mercado y la nación (o su abandono) en la literatura en español producida entre 1990 y 2010 aproximadamente; lo hace recurriendo a la producción crítica de Reinhart Koselleck y Andreas Huyssen, Paul Virilio, Hartmut Rosa y Francine Masiello, pero también a la de críticos latinoamericanos como Reinaldo Laddaga, Gabriel Zaid, Ángel Rama, Beatriz Sarlo, Néstor García Canclini y Octavio Paz. Autores todos ellos de producciones intelectuales de signo muy diverso, Guerrero los pone a dialogar entre sí para abordar una producción literaria no menos variada, y en la que destacan los libros de los argentinos Rodrigo Fresán, Laura Wittner, Fabián Casas, Sergio Raimondi y César Aira, el cubano Antonio José Ponte, el uruguayo Eduardo Milán, los chilenos Roberto Bolaño y Germán Carrasco, el colombiano Juan Gabriel Vásquez, los venezolanos Eugenio Montejo y Rafael Cadenas, el guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, el salvadoreño Horacio Castellanos Moya y los mexicanos Julián Herbert, Luis Felipe Fabre, Mario Bellatin y Álvaro Enrigue.

Se trata (en palabras de su autor) de un "esfuerzo por plasmar unas narrativas críticas y abiertas, que no se reconozcan en los numerosos discursos alarmistas sobre el apocalipsis de la cultura, pero que tampoco incurran en el conformismo de aquellos que piensan que no hay nada nuevo bajo el sol" (11-12); como tal, uno de sus méritos se deriva del talento de su autor para hacernos creer que su objeto de estudio existe; es decir, que hay "una" literatura latinoamericana y que ésta es susceptible de ser abordada desde el "presente embriagado de presente" del que habla la ensayista argentina Graciela Speranza en su más reciente libro. No es un mérito menor, en especial si se considera que (como demuestra Guerrero) es una literatura con una relación problemática con la adscripción nacional y/o la idea de pertenencia.

A pesar de las susceptibilidades que suscita (y en consideración a ellas), es singular apreciar cómo es el mercado el ámbito que, en Paisajes en movimiento, más y mejores perspectivas ofrece para abordar la cuestión del tiempo y la de la nación en la literatura latinoamericana: como sostiene Guerrero, "en una época en que el aumento de la producción de libros y la rápida cadencia en los tiempos de su comercialización van haciendo desaparecer los fondos de catálogos y librerías, con las consecuencias que pueden adivinarse por lo que toca a la presencia o visibilidad de una obra y a la transmisión y la constitución de una memoria literaria común entre las generaciones" (49), el mercado es el ámbito en el que se dirimen las divergencias entre una literatura latinoamericana escasamente interesada en ensayar los gestos de una nacionalidad fuerte y unas expectativas internacionales que condicionan la circulación de esa literatura a su legibilidad y a su capacidad de adscripción a un territorio, lo que, por cierto, puede verse (también) en el catálogo de latinoamericanos de Gallimard, por ejemplo.

Guerrero se enfrenta al problema de cómo abordar la producción literaria latinoamericana que resulta del nuevo régimen de historicidad en el que vivimos, un "extraño ahora cada vez menos estable y definido, cada vez más laberíntico e imprevisible" (37); lo hace con precisión y con elegancia, señalando las principales tendencias y también las formas de resistencia (las estéticas de la apropiación, la cita y la reescritura, el surgimiento de las editoriales independientes, los intentos de redefinir la noción de valor literario, la escritura de la inmediatez, la escritura "antipatriótica" de Fresán y Castellanos Moya, la literatura "performativa" de Bellatin, la del nomadismo de Bolaño y Rey Rosa) que en los últimos tiempos se han articulado para reconciliar la experiencia y la escritura, las palabras y el mundo. "Con la redefinición del papel del mercado y con esa trivialización de lo escrito que trae consigo la multiplicación de soportes tecnológicos", escribe, "el escenario de los noventa y los dos mil es el de una gran crisis del valor literario que vuelve más perentoria que nunca una discusión sobre sus modos de fabricación, de acumulación y de transmisión, pero que, al mismo tiempo, convierte dicha discusión, para muchos, en un objeto anacrónico, y aun reaccionario, de cara a la reivindicación de un relativismo generalizado que marcha al unísono con la masificación de los productos de las industrias culturales" (89). Paisajes en movimiento pone de manifiesto la posibilidad de que esa discusión se produzca con inteligencia y gracia y sin los gestos banales (tan comunes, por cierto) de quien apuesta a un futuro que nunca llega y/o los de quien añora un pasado indefectiblemente ido.


Gustavo Guerrero
Paisajes en movimiento: Literatura y cambio cultural entre dos siglos
Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2018


sábado, 11 de agosto de 2018

LA AMISTAD ENTRE ATARDECERES


Hay puntos de encuentro que se van volviendo importantes en nuestra existencia, tal vez porque entre los avatares de la vida, estos terminan siendo bálsamo de las rutinas lacerantes. Allí,  vamos reconociendo  por habitualidad a los visitantes más recurrentes, los encuentros casuales hacen que se conviertan en seres familiares, pocas cosas sabemos de estas personas, aún así, son referentes en nuestra vida, por el sólo  hecho de compartir algunas horas, de estar cercanos simplemente por efectos de la rutina, así nunca hablemos con nadie. A pocos metros de mi casa hay una esquina, una tienda básicamente, con una terraza agradable, mediterránea, siempre corre una brisa fresca, pero inusual para esta ciudad, lo que lo hace más especial. En ella no sólo compro las cosas necesarias del diario vivir,  en ocasiones me siento en una de sus mesas, solo, a pensar, leer, degustar una cerveza, o en últimas hablar con el primero que aparezca. Hay personajes de todo tipo, con un factor común, la mayoría son padres de familia o amas de casa, esto para decir que es un barrio tradicional, de pura clase media . No es un sitio de intelectuales y más bien la visitan gente práctica, trabajadores y profesionales casuales combatiendo a diario por la vida. Hay personas que llaman la atención más que otras, eso  suele pasar por razones de afinidades o por esa memoria interna que llevamos producto de nuestra formación, la misma que hace que busquemos pares. Hace meses mi hermano Edgar me visitó de la capital donde vive. Él es un arquitecto inteligente, trashumante, cervecero como el que más y con una capacidad de ganar amigos envidiable. Nunca le falta tema y como ha sido itinerante consumado, no le faltan cualidades para sostener una charla amigable y agradable para su interlocutor. En este sitio veía de vez en cuando a dos personajes, de edad media, jóvenes que por alguna razón inexplicable me recordaron a los dos protagonistas  de la película novecento de Bertolucci. Daban la impresión de tener una amistad entrañable. Pedían siempre dos cervezas como si fueran las últimas, pero al final demoraban, departían con un disfrute poco común, realmente después de la primera, duraban horas en una charla sostenida en medio de cada sorbo. Uno es muy alto, de ropa siempre informal, con una risa repentista y una alegría que le salta a voces. El otro, más bajito, muy latino, serio en apariencia, deja ver un humor  más sutil, alegórico diría, se le vía muy tenso a veces, de pronto soltaba una carcajada que lo dibujan en toda su esencia. Nunca dejamos de imaginar a las personas antes de conocerlas. En el caso mío, La rutina va convirtiéndolos  en personajes de ficción, literarios. Estos dos personas me despertaban una curiosidad especial, pero nunca los abordé, hasta que mi hermano resultó teniendo una charla sostenida, como si llevara años hablando con ellos. Un día cualquiera, me dijo son ingenieros de minas. Siempre he tenido por esta profesión una aversión total, los  asimilo con depredadores de la naturaleza, veo esos socavones que dejan las minas a cielo abierto y me lleno de ira. En Tabio Cundinamarca estrene hace muchos años el derecho de tutela, un mecanismo procesal para proteger derechos fundamentales, en el caso concreto ambientales, cerré dos gravilleras, por razones de este litigio me  enfrente a los ingenieros de minas de estas explotaciones insensibles, nunca tuve la oportunidad de hablar con ellos, la comunicación fue a través de memoriales, al final me dieron la razón y llegamos a un acuerdo forzado pero cordial, pese a que no me convenció del todo.  Recordé el texto “Viaje al centro de la tierra” de Julio Verne. Esta historia la leí muy joven, casi un niño, aún conservo intacto y fresco el éxtasis que produjo en mi alma. Recuerdo el profesor Lidenbroc, a la mineralogía en la descripción de Verne que es tan llena de misterio y alucinante, miren este aparte que traigo a colación: “Hay en mineralogía muchas denominaciones, semigriegas, semilatinas, difíciles de pronunciar; nombres rudos que desollarían los labios de un poeta. No quiero hablar oral de esta ciencia; lejos de mí profanación semejante. Pero cuando se trata de las cristalizaciones romboédricas, de las resinas retinasfálticas, de las selenitas, de las tungstitas, de los molibdatos de plomo, de los tunsatatos de magnesio y de los titanatos de circonio, bien se puede perdonar a la lengua más expedita que tropiece y se haga un lío”. Esta aventura extraordinaria, como todas las de Verne, me daban otra mirada más noble de esta profesión. Se dice que ingeniero viene del inglés engineer, (engine=maquina) es decir “el hombre máquina”. Este nombre se daba a aquellos que operaban las primeras máquinas de vapor creadas por james Watt en Inglaterra. Engine proviene del inglés de la Edad Media enginoury este del latín ingenium, algo que se mueve por sí solo. Yo soy un humanista, hay cierta prevención cuando me acerco a personas de este talante. Sobre todo en un momento donde las luchas por lo ambiental son tan fuertes. Cualquier día, en esta tienda, de súbito estaba hablando con los dos ingenieros: Yeison y Rodrigo, dos mortales amables, humanos, bien informados, contrario a todo lo que yo temía, no eran trogloditas de la naturaleza, son hombres de ciencia, con una mirada pragmática de la vida sorprendente, pero poéticos en el fondo, ávidos de conocimientos. De este encuentro nació una amistad poderosa. Volví a recordar el libro de Verne que tantos buenos momentos me deparó.  El primer día bogamos cerveza como locos, descubriéndonos en miradas opuestas pero no enfrentadas del todo. Me dí cuenta que los ingenieros tan bien tienen familia, aman a sus mujeres y tienen sentimientos. Se preocupan por la naturaleza, por lo menos estos dos amigos y además tienen una visión holística de su profesión. Con ellos traje a colación la técnica, el ascenso del hombre en todas aquellas cosas que nos rodean, logros inimaginables, producto de la ingeniería, cada cosa que tomamos, cualquier adminiculo tecnológico, de ese infinito universo, celulares, memorias, computadores, por donde andamos, caminos, carreteras, puentes, como vivimos en gran parte  se lo debemos a estos señores, los ingenieros, son logros de la ciencia, de la pragmática en sus concreciones más visibles. Yeison, es un hombre de provincia, formado a plomo, certero y leal. Rodrigo es urbano por naturaleza, amable, sincero, lo que quiere decir que por contraposición, ama el campo, las salidas al aire libre. No se cómo estos dos seres han podido lidiar con su profesión, que en todo caso no es la más noble. Pero están ahí, me dan consuelo, por lo menos sé que tienen alma y que en el caso de su ejercicio hay alguna garantía de que nuestra relación con la naturaleza no será tan des-igual.