Ayer estuve en la boda de mi amigo Yeison con mi hija Isabella. Desde que llegue a
la iglesia supe que todo estaba organizado por él y Lina con la infinita
paciencia de un relojero, con la puesta e intensa mirada en el detalle, como
ingeniero sabe que el éxito depende del cuidado que se le ponga a las pequeñas
cosas. La iglesia está ubicada en una zona llamada San Juan De Tasajero, en el
municipio de Copacabana muy cerca de Medellín. Esta iglesia data de 1530,
cuando uno llega al sitio siente la historia, el peso de los años enclavados en
sus paredes, recordándonos que somos un país joven y que aún los estertores de
la conquista trastocan nuestra realidad. Decorada con la sencillez típica de Yeison
y con ese sentido de la belleza natural
y sin arabescos que delata a Lina, parecía un cuadro primitivista de la Francia del siglo XIX. Yeison es un muchacho de la Unión Antioquía,
formado en la cultura de provincia de los hombres Antioqueños de pura cepa, aquellos
que han venido desapareciendo gracias a la avasallante catapulta de la
globalización que ha arrasado con nuestras costumbres en una estandarización
perversa. Camina firme, golpeando la tierra, queriéndonos
decir, aquí estoy, es sencillo, honesto y con
ambiciones imparables que responden a un sentido de superación constante, con una ética a toda prueba, su naturaleza es extraña en una época de tanto arribismo, facultades que le han permitido sobreponerse a los obstáculos variopintos de la vida e ir ganando batallas, como subiendo escalones. Desde que comenzó a preparar
esta boda lo vimos cambiado, más concentrado, sus ojos brillaban con la angustia
propia que generan estos eventos que sobrepasan las rutinas del día a día.
Este amigo es de decisiones, muy pocas veces le he visto echarse para atrás
cuando las asume. Pocas personas conocen de sus sacrificios, los recuerda con mucho orgullo, el traslado a
estudiar a Medellín que no fue fácil, los sorteos que enfrentó para entrar a la universidad, lo intricado que fue terminar la carrera de minas y el esfuerzo que ha
implicado la creación de su empresa de consultoría con su amigodel alma Rodrigo. Yeison nunca pierde la
alegría por grave que sean los problemas. No se acelera, analiza y crea salidas
siempre mirando a la cruda realidad, tiene una frase que lo define cuando se enfrenta a dificultades: " Eso no son problemas". En la vida hay sucesos y hechos que nos
marcan para siempre. Cuando conocí su pareja, Lina, supe que estaba profundamente enamorado, producto de esa sabiduría de brujo que me han dado los años, no dude que estaba frente a la mujer de sus sueños y que posiblemente
muy pronto terminaría casado. Lina es todo lo que ama Yeisón en términos de
pareja: Bonita, conservadora, ordenada, demasiado responsable, casi psico-rigida, leal de sobremanera y con una altivez
extraña, sutil, virtudes que le dan una dignidad natural y diferente al lugar común, con
un halo de reserva ficcional, nunca sabemos lo que está pensando, tiene una
cuota de misterio que la hace aún más bella. La boda fue una fotografía social
del mundo de mi amigo. Una familia típica de nuestros pueblos, un padre, lleno de salud, altivo, el doble de
su hijo, mejor dicho, igual, cuando lo vi sabía cómo sería Yeison dentro de
unos años. Una madre orgullosa, siempre de la mano de la abuela, cada una con
ojos exaltados, este muchacho lo crié yo, parecía afirmar en silencio y unos
hermanos enamorados de su linaje y de su par. Lo mismo en el caso de la
novia: Familia, amigas y compañeras de la universidad. Recordé los relatos y
las descripciones de Tomas Carrasquilla, de esos cuadros literarios de Mejía
Vallejo en la casa de las dos palmas que matizan y describen la familia
antioqueña de manera magistral. También estaban los amigos entrañables de la
niñez, seres que están ahí para siempre y sus
amigos de la facultad de minas con los que se graduó. Sin protocolos ni formalismos exacerbados la
ceremonia católica empezó con esa magia que tiene las congregaciones de este
tipo. Una novia hermosa con un vestido blanco, sencillo, estilo romántico y vintage, elaborado en tul y
apliques de encaje en parte superior y en falda, largo y con cola, espalda con transparencia, que
dejó ver un tatuaje delicado y cargado de mensajes en un minimalismo
perfecto. Sin ser un católico, entiendo que la boda católica está cargada de
simbolismos y protocolos hermosos, música, sensibilidad al máximo, discursos
llenos de trascendencia y sentido religioso y la extraña sensación de que el
amor es eterno y que somos el uno para el otro. Esto le encanta a mi amigo. Si
no puedes alcanzar a Dios te lo inventas. Todos salimos de la boda con la
sensibilidad en su máxima expresión. En la historia de los simbolismos, es un
hecho que estos protocolos cumplen, más como en este caso, el discurso del
padre fue de la más exacerbada ortodoxia y machismo ancestral, se le perdonará.
Después nos trasladamos a un estadero. Como todo lo que está
en manos del señor Yeison, preparado con el orden que le enseñó el álgebra
lineal y con la belleza que recogió de sus años en el conservatorio de música. Belleza,
arte y orden en un solo evento. Ahí está mi amigo como un todo, como el mejor de los pintores, este acto lo reflejó en su esencia, hecho que será trascendental
para su vida, afincó todo su futuro emocional, lo sustentó con las reservas
morales que creció y fundamentó su existencia, la puesta
en escena de valores que definitivamente ama entrañablemente. Nunca se me
olvidará este tres de noviembre. La vida está llena de pequeños Hitos, este fue
uno para mí, indudablemente y por su puesto para Yeison.
"El arte de la novela" de
Kundera es una elucidación sobre el desciframiento que ha hecho la novela de
la naturaleza humana, según este excelente escritor su aporte es inconmensurable y aún más lúcido que el hecho por la ciencia en el marco de un positivismo exacerbado. El texto empieza aludiendo a la crisis europea de la mano de una
preocupación expuesta por Edmund Husserl: “La crisis de la que Husserl hablaba
le parecía tan profunda que se preguntaba si Europa se encontraba aún en
condiciones de sobrevivir a la misma. Creía ver las raíces de la crisis en el
comienzo de la Edad Moderna, en Galileo y en Descartes, en el carácter
unilateral de las ciencias europeas que habían reducido el mundo a un simple
objeto de exploración técnica y matemática y habían excluido de su horizonte el
mundo concreto de la vida, die Lebenswelt, como decía él". Según el escritor,
el desarrollo de las ciencias, aludiendo a Heidegger llevó “Al olvido del ser”.
Contrario a esta afirmación, para Kundera el papel de la novela ha sido vital
en el desciframiento del ser, esta ha mantenido una preocupación constante
en esta materia: “En efecto, todos los grandes temas existenciales que
Heidegger analiza en Ser y Tiempo, y que a su juicio han sido dejados de lado
por toda la filosofía europea anterior, fueron revelados, expuestos, iluminados
por cuatro siglos de novela (cuatro siglos de reencarnación europea de la
novela). Uno tras otro, la novela ha descubierto por sus propios medios, por su
propia lógica, los diferentes aspectos de la existencia: con los contemporáneos
de Cervantes se pregunta qué es la aventura; con Samuel Richardson comienza a
examinar "lo que sucede en el interior", a desvelar la vida secreta
de los sentimientos; con Balzac descubre el arraigo del hombre en la Historia;
con Flaubert explora la tierra hasta entonces incógnita de lo cotidiano; con
Tolstoi se acerca a la intervención de lo irracional en las decisiones y
comportamiento humanos”. Podría citar cualquier palabra y la novela lo ha
indagado todo con una sabiduría inmensa: La soledad, el desamor, la guerra, el
exilio.
Las respuestas de
algunos escritores a por qué escriben
novelas son insólitas, al final responden a una pasión incontenible: “Para que
mis amigos me quieran más”, dice Gabriel García Márquez, en Amélie Nothomb,
“Porque no se elige, como un amor”; Por ser el masoquista que uno lleva dentro,
aduce Wole Soyinka; por los arroyos y los torrentes de los libros leídos,
cuenta Fernando Iwasaki, como forma de existencia, según Elvira Lindo.
"Una manera de vivir", que dice Vargas Llosa parafraseando a Flaubert.
Para sentirse vivo y muerto, proclama Fernando Royuela, igual que uno respira,
suelta entre interrogaciones Carlos Fuentes. O para sobrevivir a ese fin,
"a la necesaria muerte que me nombra cada día", testimonia Jorge
Semprún[1].
Cuando y como nació la
novela. Definir la novela en primera instancia es importante: Es una narración extensa, de ficción,
escrita en prosa. Gabo tiene una hermosa: Es una transposición de la realdad
desde la ficción. La novela moderna nace con Cervantes, esta es una afirmación
que no siendo categórica sí tiene mucho consenso. “Sin embargo, hay muchos
precedentes en prosa de la novela moderna. En primer lugar, el cuento,
considerado una forma de prosa muy cercana a la novela y en ocasiones
prácticamente indistinguible de esta. Así, en tiempos muy antiguos se escriben
ya las Fabulas, muchas de ellas muy famosas, como las de Esopo y Menandro. El
género del cuento tiene quizá su mayor exponente Las Mil y una Noches. Sera
cultivado durante siglos, y en el Renacimiento conocerá lo que puede
considerarse su mayor esplendor, con obras como el Decameron de Bocaccio o los
Cuentos de Canterbury de Chaucer. Tambien hay obras del periodo romano en prosa
de dificil clasificacion; Se trata de las novelas satiricas El Satiricon de
Petronio y El asno de Oro, de Apuleyo, asi como las Historias fantasticas de
Luciano de Samosata[2]. A esto agregaría la afirmación de Kundera: “La novela
acompaña constante y fielmente al hombre desde el comienzo de la Edad Moderna.
La "pasión de conocer" (que Husserl considera como la esencia de la
espiritualidad europea) se ha adueñado de ella para que escudriñe la vida
concreta del hombre y la proteja contra "el olvido del ser"; para que
mantenga "el mundo de la vida" bajo una iluminación perpetua. En ese
sentido comprendo y comparto la obstinación con que Hermann Broch repetía:
descubrir lo que sólo una novela puede descubrir es la única razón de ser de
una novela. La novela que no descubre una parte hasta entonces desconocida de
la existencia es inmoral. El conocimiento es la única moral de la novela” dice Kundera. En “Viajes con un mapa en Blanco” de Juan
Gabriel Vásquez, una elucidación sobre las formas de la novela, sobre el arte
de la novela, expresa “”Frente a Don quijote, los años y las lecturas me han
traído la convicción escandalosa de que la novela no es, cómo lo creí alguna
vez, el mejor instrumento del mundo para explorarse así mismo, sin que las
cosas son mucho más simples: El ser humano es el mejor invento de la
novela”[3]. Cuando habla de invento lo hace en su acepción latina:
Descubrimiento. Kundera afirma: La novela es obra de Europa; sus hallazgos, aunque efectuados en distintos
idiomas, pertenecen a toda Europa en su conjunto. La sucesión de los
descubrimientos (y no la suma de lo que ha sido escrito) hace la historia de la
novela europea. Sólo en este contexto supranacional puede el valor de una obra
(es decir, el alcance de sus hallazgos) ser plenamente visto y comprendido".
Otras voces hablan de
la invención novela mucho antes de la Europa
de Cervantes. “Mientras todo esto ocurría en Europa, en Japón ya se
había escrito la primera novela moderna: La Historia de Genji, escrita por
Murasaki Shikibu, una mujer que formaba parte de la Corte Imperial japonesa.
Escrita en el siglo XI, presenta ya todas las características de una novela
moderna: descripción psicológica de los personajes, longitud considerable,
estructuración similar a la de una novela moderna”.
Aunque esto no responde
al por qué escriben novelas quienes lo hacen, estos tic históricos nos permite
dilucidar la genealogía del género que trata de explicar la irrefrenable pasión
de quienes lo hacen. Javier Cercas dice: Toda novela es autobiográfica. El periódico, “El
país” de España citado, que me parece fenomenal, por lo que capta, en un acapite señala al respecto de manera magistral: “Al
principio fue el verbo. Pero Shakespeare o Cervantes lo enaltecieron, lo
igualaron a la medida de Dios. Porque exploraron todos los delirios y las
pasiones de sus criaturas. ¿Por qué escribir? Para emularlos, sin más, podría
ser. "Para parecerme a Espronceda", como suelta Caballero Bonald.
Escribir porque se medita, como Descartes, como Chesterton, cuya obra nos
envuelve en una paradoja sin fin. Para adentrarse en los laberintos y no
necesariamente querer salir de ellos, como Borges. "Porque estamos aquí,
pero querríamos estar allí", dice Antonio Tabucchi. Por emular la
infancia, cuando la niña Almudena Grandes enmendaba la plana a los finales que
no le gustaban, por volver a inventar historias de indios, vaqueros y pitufos,
dice David Safier, porque a la hora de hacerlo, "disfrutar es una palabra
que se queda corta", confiesa Ken Follet”. Escribir para algunas personas se vuelve una necesidad, es una pasión incontenible. Las novelas nacen de una imagen, de algún evento en la vida que se nos va volviendo un relato, de un hecho real, de un sueño. Las novelas me han ayudado a entender la vida en toda su dimensión, cuando se escriben se trata de entender algún aspecto de la vida desde una perspectiva estética, la ficción es más fuerte que la propia realidad. Muchas de las vicisitudes de la existencia están magistralmente descritas en las grandes novelas de la literatura universal, son como espejos, con la diferencia que están ahí siempre para hacernos entender la intrincada naturaleza humana.
Esta semana a propósito
de la muerte del escritor Colombiano Roberto Burgos Cantor, preparaba un texto en su homenaje, es uno de los escritores más importantes del país. No sólo lo respalda una obra
extensa, seria y de excelente calidad, sino el itinerario pedagógico y
extensivo de un creador que nunca renunció a la pasión por
la escritura que dominó su vida. De ello hablan sus talleres, sus cursos, el
contacto con la juventud y la exploración e investigación profunda con que documentó
casi la totalidad de sus obras, el combate silencioso de un creador contra las élites de la cultura,
que desconocieron una generación por efectos del Boom latinoamericano y la
grandeza de García Márquez, no se hablaba en el país de nadie más, en una época
muy buena para nuestra letras pero que sometió al ostracismo a un buen número
de escritores, los que afortunadamente con el tiempo obtuvieron el merecimiento que su obra
amerita. Este artículo publicado en el diario “El espectador” de Bogotá, de
excelente factura, me parece que cumple con todos los presupuestos que yo
esperaba de mi reseña, están plasmados con mucha lucidez, por lo que decidí hacerme al costado, entregársela
a mis lectores sin mayor reparo y con mucho agradecimiento. Incluyo una artículo del mismo diarioa propósito del premio nacional de literatura
que el escritor ganó este año. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE
Cultura
20 Oct 2018
- 9:00 PM
NELSON FREDY
PADILLA
ROBERTO BURGOS CANTOR
GANA PREMIO NACIONAL DE NOVELA 2018
Cultura
26 Jul 2018
- 9:40 AM
REDACCIÓN
CULTURA
El pasado 16 de octubre murió en Bogotá el escritor
cartagenero, autor de siete novelas y seis libros de cuentos. Una aproximación
a su legado.
Antes de las 7 de la mañana de un lunes llegó al campus de la
Universidad de la Sabana, en las afueras de Bogotá, para la clase de narrativa
literaria a la que fue invitado especial una vez cada semestre durante cinco
años. Dio las gracias al chofer del automóvil que lo llevó y apenas se bajó
dijo, para asegurarse de que la imagen no se le escapara: “Sabes que gracias al
trancón acabo de ver la sonrisa femenina más exultante que recuerde. La
muchacha venía en moto, se quitó el casco y se despidió de su novio, supongo.
Parecían humildes y felices”.
Roberto Burgos Cantor trabajaba en el libro de cuentos Una
siempre es la misma (2009) y su vida, apagada por un infarto el martes pasado,
era la de un pescador de imágenes. Buscaba “otras formas de mirar y, por lo
tanto, de sentir”. Cautivaba a los jóvenes estudiantes, en especial a las
mujeres, por la fuerza de los personajes femeninos que creaba. Sus alumnos de
las universidades Nacional y Central exhibieron ahora sus cariñosos autógrafos y
prometieron no olvidar sus páginas.
Su mejor amigo, Eligio García Márquez (1947-2001),
recomendaba leerlo, porque después de su hermano Gabito, Burgos y Germán
Espinosa eran sus escritores colombianos predilectos. A Gabriel García Márquez
le insistió hasta que leyó El patio de los vientos perdidos. Luego el nobel le
dio la razón: “Yo hubiera querido escribir algunos de estos capítulos”, y
autorizó a que esa frase promocionar dicha novela de 1984.
Esto para decir que, justamente, Burgos Cantor (1948-2018)
pasa a la historia de la literatura nacional e hispanoamericana por construir
una gran obra con una voz y una poética únicas en la misma era de García
Márquez. Lo explicó el año pasado en El Espectador: “Conviví con un monstruo
sin ser devorado”. (Lea: La vida es corta y el arte largo).
Nos deja siete novelas y seis libros de cuentos —el último,
Historias de trastienda, lo entregó a su sello editorial Seix Barral para ser
publicado en 2019—, que serán objeto de estudio empezando por la Universidad
Central, donde hasta esta semana era el director del Departamento de Escrituras
Creativas y este año inauguró la Cátedra García Márquez, y en la Nacional, de
donde era abogado y fue profesor de la Maestría de Escrituras Creativas.
Su aporte a la literatura lo reconoció el jurado del Premio
Casa de las Américas de Narrativa, al concederle en 2009 el Premio José María
Arguedas por la que se considera su máxima novela, La ceiba de la memoria
(2007), finalista del Premio Iberoamericano Rómulo Gallegos, la obra que mejor
documenta la Cartagena de Indias del siglo XVII, con la esclavitud de una
sociedad colonizada como eje narrativo, su gran árbol de las palabras.
¿Cómo llegó hasta allí? Las claves están en el libro menos
conocido, Señas particulares, un testimonio de la vocación literaria publicado
en 2001. Su testamento. Supo que la ficción era un impulso vital desde que su
homónimo padre, fundador de la Facultad de Humanidades de la Universidad de
Cartagena, le habló, satisfecho, luego de descubrir lo que escribía producto de
las lecturas clásicas que el ilustrado abogado y maestro le dejaba en la gran
biblioteca de su casa.
La charla ocurrió “en la oscuridad improbable de la
madrugada, la Dodge 55 llevaba las luces altas encendidas… estábamos a 27
kilómetros de Cartagena de Indias, avanzando en una carretera que conducía a
Turbana, un antiguo poblado de aborígenes y brujas”. Quien le había revelado el
secreto fue Constancia Cantor, la madre y cómplice. Desde entonces Roberto
Eliécer, bautizado así por su papá y por Jorge Eliécer Gaitán, pues nació en
“el año de la ira” (1948), persistió en “la obstinada lealtad de un escritor a
su oficio”, en “los trabajos forzosos de la vocación”.
Asumió también el compromiso de estudiar derecho en la
Universidad Nacional, al tiempo de la revolución estudiantil de finales de los
años 60, de la influencia francesa y cubana, del caso Camilo Torres, de
lecturas subversivas y ateas. Abandonó Cartagena de Indias, “mi querencia, la
esquina de la cual salí”, agradecido con el novelista Manuel Zapata Olivella
por los consejos, por enseñarle la historia oculta de la cultura negra, que
reivindicó, y por publicarle el primer cuento en la revista Letras Nacionales.
Traía tatuados los personajes de su barrio popular del Pie de
La Popa que transitan sus libros, del malecón de El Cabrero; desde prostitutas,
pasando por boxeadores fracasados, hasta san Pedro Claver. Los usó como arcilla
creativa en Bogotá, “en un tiempo en que todo parecía conspirar a favor de la
ilusión. Como si la felicidad estuviera a la vuelta de la esquina”.
Sus primeros cuentos, premiados en concursos universitarios y
nacionales, trataban sobre “la espiral de violencia, que jamás se ha detenido”,
porque andaba en la etapa “inocente” de “textos experimentales”, en “la
incertidumbre moral de si había que escribir y echar tiros al tiempo”. Luego
tuvo claro que su mejor arma era la pluma y ratificó que sus protagonistas
serían, siempre, “los excluidos”. Ese camino lo emprendió de la mano de una de
las mayores influencias literarias: el argentino Ernesto Sabato. Fue su
escritor de cabecera desde que “la fortuna” le mostró la novela El túnel en la
compraventa de libros de J. Emilio Marulanda, en los límites de la ciudad
amurallada, a donde llegó atraído por el aviso “Venza la ignorancia”.
Esto sin olvidar, del otro lado, a Shakespeare, Kafka,
Proust, Baudelaire, Camus, Sartre, Benjamin, Cavafis, y de este lado a
Hemingway, Borges, Cortázar, Rulfo, Carpentier, Roa, Arguedas, García Márquez,
Cepeda Samudio. “Los venenos sin antídoto”. Entre ellos, interpretaba a Sabato
como el autor integral. Aparte de miradas al ser humano, por ejemplo las de
Sobre héroes y tumbas, “una seductora reflexión sobre la vocación, el
pensamiento, la cultura, la política, la ciencia”.
Sacó conclusiones en la tertulia del sótano de la librería Buchholz
de la avenida Jiménez, junto a Eligio García Márquez y R. H. Moreno-Durán,
entre “el olor a papel sin abrir y a madera recién cortada”. Aprendieron de su
“elegancia irreverente” para tratar temas filosóficos conectados con
“meditaciones” de la época, “poniéndolos bajo la luz de una ironía sutil”.
Encarnaba sus aspiraciones: “Era, sin duda, un testigo, y para quienes vivíamos
este tiempo en la complicidad del deseo de cambiar cuento existía, qué mejor
que este mirón insobornable que no se complacía”. Sin embargo, sufrió para
encontrar la prosa poética que lo caracteriza, fracasó con su primer intento de
novela. Él, tan sereno, se volvió “desgraciado, con frecuencia agresivo”.
Un día de 1968 decidió, junto a Eligio, escribirle a “don
Ernesto” y días después tenían en sus manos un reportaje con él, que, por
agudas, les respondió cuantas preguntas pudo en hojas mecanografiadas y en
fotocopias de fragmentos de sus libros con anotaciones manuscritas. Se publicó
en la edición dominical de El Espectador, dirigida por Isaías González.
Un año después, Sabato fue invitado al Festival de Teatro de
Manizales como presidente de honor y los encargados de todos los detalles
fueron Roberto y Eligio, quienes lo acompañaron en un angustiante vuelo que, en
el primer intento, no pudo aterrizar por tormenta —“la avioneta quedó presa en
una tormenta que la zarandeaba, inmisericorde, y el agua desatada golpeaba con
el furor de un látigo el fuselaje y las ventanillas”— y debieron regresar a
Bogotá, asustados y en medio de chistes sobre la muerte. Después volvieron y
todo salió perfecto. Lo contó Burgos como enviado especial de este diario. (Una
de sus últimas entrevistas).
Desde entonces intercambiaron cartas sobre todo, desde
política hasta tangos. Después lo visitó en su casa de las afueras de Buenos
Aires en un viaje en tren que describió como uno de los instantes más
emocionantes que regala la vida. Burgos aseguró que Sabato le impuso una
escritura a otro nivel: “Hacer del estilo un dominio de la crítica, corregir
las versiones oficiales de lo histórico, denunciar el pasado, subvertir el
orden, mejorar las ideas, proponer otro pensamiento luego de tropezar con las
certezas”. Un “testimonio de resistencia”.
Esa narrativa se desataría con el libro de cuentos Lo Amador,
escrito entre Bogotá, Barranquilla y Cartagena y publicado apenas en 1980,
porque no dejó de ejercer como abogado en “el orden injusto que el derecho
regulaba”, a pesar de que entraba en conflicto con “hacer dinero con la
búsqueda de esa apariencia de justicia”. Dilema que también se lo resolvió “la
ética de don Ernesto”, “una conciencia moral con la fuerza de un huracán
solitario”.
También fue “fundamental” asimilar el impacto nacional y
global de Cien años de soledad y del realismo mágico. La mayoría de los autores
que buscaban su lugar en medio del Boom latinoamericano terminaron agobiados,
mientras Burgos lo vio como una oportunidad: “Yo sentí al leerla que nada como
esta obra hacía tanto por la literatura y resolvía la mayor parte de los
problemas”. Atrás quedaban el indigenismo, el costumbrismo, el naturalismo, la
denuncia, el panfleto, lo rural. Le abrió su territorio, la mirada a la
condición humana desde lo urbano, y le “aligeró el debate estético”.
Esa visión, esa convicción disciplinada —“día tras día
escribí lo mejor que pude a sabiendas de que escribir era lo único que quería
hacer en la vida”—, le permitió consagrarse en el siglo XX y mantenerse vigente
y activo hasta este 2018, cuando le otorgaron el Premio Nacional de Novela por
Ver lo que veo, su enigma sobre la ruina y el azar en la vida de un hombre que
sobrevive en medio de un coro de voces anónimas de la sociedad del siglo XXI.
La dimensión de Roberto Burgos Cantor la completa su propia
humanidad, de la que no dejan de hablar su esposa —“mi puerto sagrado”—, la
profesora de física Dora Bernal, sus hijos, familiares, amigos y alumnos. Había
que verlo pleno, trabajando en su apartamento biblioteca, oírlo en sus clases o
conferencias, compartir con él mientras guardaba silencio, dejando que sus
invitados hablaran y le iluminaran ideas en construcción. ¿Por qué tan
reservado?, le preguntaban. “Para un escritor su silencio es voz”, dejó por
escrito. Por eso no volvió a vivir en Cartagena, aún extrañando “las charlas de
mecedora al atardecer”. En Bogotá adoptó la estrategia huraña de los cangrejos
inmemoriales de su tierra.
El homenaje que hoy le hace El Espectador no es solo al
escritor admirable, sino al amigo de esta redacción. Todos los días madrugaba a
leer el diario y muchas veces enviaba comentarios, sugerencias y artículos. Su
viuda contó que el lunes pasado regresó feliz de un fin de semana en Cartagena,
donde escribió las primeras ocho páginas de una nueva novela. Fue su punto
final.
En la última página de Señas particulares aparece la
pregunta: ¿de qué murió? Y él responde: “La parte de la vida que a cada quien
corresponde se agota. Y ella, poderosa, invencible, continúa desbocada. Se
asoma por doquier, para que no se olvide nuestra provisionalidad”.
ROBERTO BURGOS CANTOR GANA PREMIO
NACIONAL DE NOVELA 2018
Cultura
26 Jul 2018 - 9:40 AM
REDACCIÓN CULTURA
El jurado le otorgó el galardón al escritor cartagenero por
"Ver lo que veo", una novela "montada en una estructura compleja
que alterna los monólogos con la narración en tercera persona, en una
progresión de imágenes visuales compuestas mediante un lenguaje al mismo tiempo
personal y universal".
El escritor Roberto Burgos Cantor es el ganador del Premio
Nacional de Novela 2018 gracias a "Ver lo que veo", una historia
sobre un barrio marginal de la costa Caribe visto a través de sus habitantes y
narrado mediante monólogos. (Le recomendamos leer: Roberto Burgos Cantor: ver
lo que ha visto).
"Yo estaba buscando un acercamiento a ese mundo de la
gente que no tiene un nombre, que no tiene un lugar en las páginas sociales;
buscaba fundamentalmente un mundo sin voz y un mundo sin lugar. Con esta novela
empecé la búsqueda de esa respuesta, con la convicción de que en esa gente
humilde, muchas veces silenciosa, hay una humanidad tremenda y un mundo de
cosas que no han dicho. Entonces, la literatura permite que tengan un sitio,
una expresión y, de alguna manera, sean sujetos que comparten humanidad y
comparten un sitio en la sociedad", dice el autor sobre la obra que
escribió durante tres años y quien dirige el Departamento de Creación Literaria
de la Universidad Central de Bogotá. (Le puede interesar: La vida es corta y el
arte largo).
Para el jurado del Premio Nacional de Novela 2018, integrado
por el escritor mexicano Álvaro Enrigue y los colombianos Luis Fayad y Liliana
Ramírez, Burgos Cantor escribió "una novela de un gran propósito
literario. Montada en una estructura compleja, que alterna los monólogos con la
narración en tercera persona, en una progresión de imágenes visuales compuestas
mediante un lenguaje al mismo tiempo personal y universal".
Para ellos, la obra ganadora es el resultado de un autor
maduro de imaginación fresca que recurre a la pluralidad de voces y relatos
presentes en "Ver lo que veo" para realizar "una narración sin
fisuras en la que se complementan personajes de diferentes clases sociales que
cuentan de la formación de un mundo presente y de sus orígenes. Los oficios
diversos, los honestos y los que crea la necesidad de sobrevivir, las ilusiones
con su esfuerzo, su engaño y también su recompensa. La historia de Colombia
narrada en el tono de una melodía equilibrada. La armonía de sus frases, el
arte con sentido y sonido, la forma y la fábula unidas en un objeto que
pertenece a la mejor literatura". (Entrevista: “El escritor hace su
trabajo bajo un estado de aturdimiento”).
El Premio Nacional de Novela 2018, entregado por el
Ministerio de Cultura, tiene como objetivo reconocer la excelencia en la
producción literaria en el país. El cartagenero Burgos Cantor recibirá por su
obra, publicada por la editorial Seix Barral, $60 millones de pesos, así como
la difusión de su libro en ferias y otros eventos literarios nacionales e
internacionales.
Para el escritor, este reconocimiento es perfecto para una
novela "en la que el empeño estético es una nueva misión del autor, tiene
el papel de quitarle el miedo al lector de lo que llaman ‘obras difíciles’,
porque todo es difícil, hasta la vida misma. Es una oportunidad en el mal
momento que vivimos en el que la facilidad se impone, sobre todo frente a lo
que exige la lectura de literatura".
"Ver lo que veo" se desarrolla en el siglo XX,
época en la que sobrevivir es la única aspiración de un barrio desplazado en la
costa Caribe. Sus habitantes, visibles desde el estorbo que le generan a esta
nueva sociedad, no logran pertenecer más que a sus miedos y recuerdos. Un
hombre abrazado por la ruina se refugia en el azar del juego esperando que la
vida le devuelva un pedacito de luz, el pasado que ya no pasa.
Lejos de los casinos y las apuestas una mujer siempre ve lo
mismo: el mar y su brillo, la ciudad amurallada, el mangle, los vecinos y
extranjeros; plomeros, músicos, ladrones, prostitutas, carpinteros, estilistas,
púgiles. Con sus ojos nos sumerge en los secretos de la vida de este submundo
de deseos inconclusos.
La obra fue escrita por Roberto Burgos, quien nació en
Cartagena en 1948, y quien escribió cuentos en periódicos y revistas hasta
1981, justo antes de publicar su primer libro de cuentos "Lo Amador".
"De gozos y desvelos", "Quiero es cantar", "Juego de
niños", "Una siempre es la misma" y "El secreto de
Alicia" son otros cuentos publicados por el escritor, creador también de
un libro testimonio de época, "Señas particulares", así como otras
seis novelas: "El patio de los vientos perdidos", "El vuelo de
la paloma", "Pavana del ángel", "La ceiba de la
memoria" -ganadora del Premio de Narrativa Casa de las Américas 2009 y
finalista del Premio Rómulo Gallegos 2010- , "Ese silencio", "El
médico del emperador y su hermano" y "Ver lo que veo".
La literatura
colombiana pasa por un buen momento. La industria editorial ha publicado varias novelas y ensayos de excelente
calidad, son escritores con muchatrayectoria y reconocimiento, consagrados, dedicados de tiempo completo al oficio. las ferias del libro, que ya son
muchas en este país, han contribuido de alguna manera al incremento de
lectores. Esta reverberación está lejos de consagrarnos como lectores consumados
frente a las estadísticas de otros latitudes, continuamos siendo un país de
pocos lectores, de hecho recorremos un camino que tarde o temprano
generará un cambio sustancial en este campo. Apareció en la última edición de
la revista “Arcadia” del grupo editorial Semana, un artículo denominado: Por
qué en Colombia los escritores (Casi) no venden”. Es un análisis riguroso, un estudio del oficio, de los avatares de quienes viven de la escritura, y además, de lo que está sucediendo en el mundo editorial en Colombia. El artículo trata de responder la pregunta puntual desde varias ópticas. Hay muchos interrogantes, por qué las ediciones son tan bajas, pese a la diversidad de la oferta, aducen los editores entre otras razones, la falta de espacios, las cuatro capitales más
importantes del país concentran la mayoría de librerías, las demás ciudades con la excepción del eje cafetero tienen muy pocas, para no decir que realmente no tienen. Los escritores
consagrados, cuando venden, están lejos de las grandes cantidades y cifras que
se dan en otro países. El fenómeno de las ferias, atestadas de público, dista de tener la venta que las editoriales quisieran, es un esfuerzo grande y una manera de incitar a la lectura con conversatorios destacados e importantes, con autores y pensadores de primera linea, siempre está invitado un país, al final en ventas el resultado no es el esperado, lo que no le quita relevancia a estos esfuerzos.
Son muchos los ensayos publicados sobre el momento que vivimos en
Colombia, el pos-conflicto, hay de todos los talantes, muy serios, la mayoría de corte histórico: Antonio
Caballero, Enrique Serrano, Roberto Junguito; Novelas de parte de algunos escritores consagrados por la crítica: Laura Restrepo, Carolina
Sanín, Ricardo Silva Romero, Santiago Gamboa, Jorge Franco, Antonio Ungar; a esto se le suma el esfuerzo de las universidades: gran parte de la obra de Gonzalo
Arango ha sido publicada por la universidad EAFIT con una excelente presentación y precio muy bajo;
la Universidad de Antioquía ha publicado muchos títulos, desde ensayos capitales de literatura y algunos poetas connotados de la región; la
editorial de la universidad autónoma latinoamericana de Medellín realmente
lleva más de cuatro años publicando excelentes textos y lo que es más valioso, promoviendo autores nuevos, lo mismo pasa con la universidad nacional de Bogotá.
Quiero relevar, que hay
una pléyade de escritores dedicados al oficio en Colombia en plena producción y
que no sólo mantenemos una oferta renovada sino de calidad. En este blog comenzaremos
a comentar cada uno de estos textos, empezaré una juiciosa lectura. Traeré a este blog dándome lugar a mis lecturas, las reseñas aparecidas en el periodico "El tiempo" de Colombia al libro de Carolina Sanin y de Ricardo Silva. De la primera, soy asiduo lector de sus columnas en la revista Arcadía, de algunos textos publicados en la red y he sido testigo de los enconados y lúcidos debates de la escritora defendiendo su posición intelectual, siempre asumidos desde una perspectiva estética, es un hecho, sus textos incitan a la lectura, sus posiciones sobre la literatura aportan miradas renovadas diferentes a todo lo que conozco, de ello dan cuenta algunas de sus columnas. Del segundo, igualmente columnista, publica artículos en el periodico "El tiempo" excelentes, he leído dos novelas: Autogol y el hombre de los mil nombres. LA ORACIÓN DE LOS
PERDIDOS
Giuseppe Caputo
Reseña de 'Somos luces abismales', el más reciente libro de
Carolina Sanín.
¿Qué ocurre cuando nos perdemos? ¿Qué nos pasa mientras
estamos perdidos? ¿Cómo es perderse? En Somos luces abismales, Carolina Sanín
escribe: “Quizás el miedo procede siempre de que no sabemos dónde estamos; de
dudar de que estemos donde creíamos estar; de no poder encontrar dentro de
nosotros —de no poder intuir— las leyes del lugar que ocupamos”. Cuando nos
perdemos, podemos decir con ella, el mundo se descrea y se hace desconcertantemente
nuevo: ocurre la perplejidad y el desconocimiento. Perderse es haber perdido el
mundo, pero para perderlo hay que haber mirado. No hay pérdida sin mirada
(miramos afuera, nos miramos, y no encontramos una relación, algo que nos
vincule con el lugar en el que estamos) y no hay mirada sin pregunta. Perdidos
somos una pregunta dentro de otra pregunta.
¿Cómo escribir estando perdidos? O ¿cómo se escribe ese estar
perdidos? Una estructura narrativa convencional —inicio, desarrollo, nudo,
desenlace—, las consabidas tramas y puntos de giro, no sirven para escribir
perdidos y, sobre todo, no resisten la inestabilidad de la pérdida: la
experiencia de perderse rompe lo estable y predecible de cualquier estructura.
También podemos decirlo así: una estructura narrativa convencional interfiere
con la escritura de la pérdida. Si estamos perdidos, todo es un inicio —el
mundo es nuevo, el mundo es otro— y todo es un nudo. Todo lleva al giro
permanente: cualquier desarrollo y cualquier conclusión se convierten en un
nuevo inicio, en un nudo nuevo, en más desconocimiento. Así es este libro de
Carolina Sanín: un giro permanente que nos recomienza una y otra vez.
“El estilo”, ha dicho Martin Amis, “no es algo que lucha
contra la prosa regular, sino que es intrínseco a la percepción”. Al ser un
libro sobre la pérdida que sigue después de haberse detenido a mirar, escrito
reconociéndose perdida —y escrito, sobre todo, desde el deseo de la autora de
encontrar un lugar, su lugar—, Somos luces abismales descrea al mundo mientras
lo mira, oración a oración y pregunta a pregunta: “¿Qué significa abandonado?”,
“¿Qué significa ser un nido?”, “¿El nido es obra del pájaro y atributo del
árbol? ¿Es del pájaro para el árbol?”, “¿Qué cara vio mi madre bajo su ombligo
de embarazada cuando concibió mi nombre? ¿Qué voz oyó, que dijera: Me llamo
Carolina? ¿Se daba cuenta de que escogía un nombre para que otros repitieran
cuando hablaran mal o bien de mí, y que yo misma no lo pronunciaría con mucha
frecuencia?”, “¿Por qué mi abuelo se volvió así?”, “¿Cómo digo que se volvió mi
abuelo? ¿Malhumorado?, ¿remoto?, ¿antipático?, ¿humillante? ¿Y acaso sé si
antes (¿antes de qué?) se mostraba de otra forma?”, “¿Cómo se dice el día que
fue antes del que fue antes del que fue antes de ayer?”, “¿La tatarabuela de mi
abuelo es mi qué?”, “Para salirse del tiempo se busca el silencio. ¿Dónde se
busca?”.
Pero Carolina Sanín rehace lo que ha descreado: oración a
oración sigue fijándose en el mundo que ahora es nuevo por su mirada para
poderlo conocer y relacionarse con él —no se me ocurre mayor elogio para un
libro, mayor razón de agradecimiento—. En su búsqueda de relaciones entre las
cosas —pregunta nueva tras pregunta nueva—, el mundo vuelve a ser otro y otro y
otro. “Imaginar”, escribe Sanín, “es estar atento a lo que hay, buscar el lazo
entre las cosas, reconocer y desbrozar los caminos que llevan de una a otra, y
abrir caminos diferentes, que lleven de otra a otra. Es moverse a través de las
cosas y con ellas: vinculándolas, vincularse. En la imaginación viven los
caminos”. Así, podemos seguir diciendo con ella, imaginar es seguir mirando,
mirar más después de perderse. Es resistirse a estar perdido. Es seguir
componiendo una oración —gramática y plegaria—: la oración de los perdidos.
Somos luces abismales es un libro tan hermoso como raro
—ensayo narrativo o narración ensayística, ¿qué importa?—, lleno, lleno de
poesía. En su poesía, un diálogo interior y la religiosidad: la pregunta
siempre por el fin y por el principio, como un amanecer. “Cada oración que
escribo es un intento por ir a mi lugar; al lugar donde comienza el día”. La
belleza y extrañeza de este libro cambian nuestra mirada, y así, nuestra forma
de pensar y de sentir. Es un libro que recuerda y abre caminos de lectura y de
escritura.
CUADRO DE COSTUMBRES DE
LA COLOMBIA ACTUAL
Andrés Sánchez
Reseña de 'Cómo perderlo todo', la novela más reciente de
Ricardo Silva Romero.
En Cómo perderlo todo, la novela más reciente de Ricardo
Silva Romero, un año de plebiscitos y elecciones inesperadas, de asesinatos
escandalosos y muertes lamentadas se convierte en el trasfondo para un tejido
apasionante de historias de pareja donde lo único posible es el intento, casi
siempre imposible, de comunicación a través de las omnipresentes pantallas. La
primera ficha de dominó es un artículo que Horacio Pizarro, profesor de
filosofía, comparte en su perfil de Facebook ante el nacimiento inminente de su
nieta lejos de él, lejos de Bogotá. El artículo provoca la reacción de su
compañera de trabajo, la incoherente Gabriela Terán, y desde los miles de likes
que provocan las palabras de la filósofa se desencadenan, uno por uno como
fichas de dominó, una serie de infidelidades, aniversarios impensables que se
desvanecen en el tiempo, hombres incapaces de enamorarse, un triángulo amoroso
imposible entre mujeres, compañeros de taxi que se tratan a punta de groserías,
diálogos de paz que intentan avanzar en medio de la desconfianza mutua, una
esposa que despierta de un largo coma, militares que salen del clóset, campañas
políticas e insultos dignos del capitán Haddock.
En medio de esos dramas que comienzan con la contundente
relación entre las parejas y el deseo de muerte que recuerda, más que
marginalmente, a la descripción de las familias infelices de Anna Karenina,
Silva Romero crea el que, quizás, es el cuadro de costumbres más demoledor de
la Colombia actual. Los eufemismos, la corrección política, la cacería de
brujas, el oportunismo de algunos y la incapacidad de responder de otros son
los matices para una novela cuyo personaje principal, al mejor estilo de Los
Ángeles en Magnolia o Dublín en Ulysses, es la caótica Bogotá de 2016. Una
ciudad –mejor, un país– donde los titulares que saltan de tiempo en tiempo
entre los diálogos ambientan como aforismos un infierno cada vez más cotidiano.
Donde la aparente libertad de un bar en Bogotá se contrapone con un asesinato
en un lugar remoto, donde la astrología (en un casi imperceptible tributo que
Silva hace a su padre, Eduardo Silva Sánchez, físico y profesor que leía las
cartas del tarot) deviene en la mejor forma de contar los miedos de los
personajes y sus momentos en un guiño a Las luminarias de la neozelandesa
Eleanor Catton. Donde lo poco que queda son las pantallas convertidas en los
únicos espacios posibles de comunicación entre los seres humanos: WhatsApp,
Facebook, Twitter, Netflix, Waze, Instagram, Skype, música de fondo, la
telenovela de la noche, las películas y los partidos de fútbol son las
respuestas a personas que intentan subsanar su soledad y su búsqueda de un
simulacro de humanidad a través de los pixeles y sólo reciben a cambio estar en
vilo, incómodos en medio de un mundo que les proporciona la locura cada vez más
visible gracias al exceso de la información.
Si bien en esta novela se sienten ecos de sus primeras
historias, centradas en una Bogotá vista desde los ojos de jóvenes adultos
enfrentándose a la realidad y con el edificio La Gran Vía de la 100 con Séptima
como centro de gravedad de un universo en ciernes, el tamiz de las novelas
posteriores a El hombre de los mil nombres (2004), cada vez más cargadas del
karma de ser colombiano –el fútbol en Autogol (2009), las masacres en El
espantapájaros (2012), la marginalidad en El libro de la envidia (2014) y,
sobre todo, ese fresco renacentista que es Historia oficial del amor (2016)–
permea a estos seres humanos puestos en medio del mapa de una ciudad
pasivo-agresiva donde la posibilidad de consumar ese amor que retrató Silva
Romero con la historia de los Silva y los Romero se hace, si no imposible,
difícil en medio del infierno cuyos nombres son un mapa franqueado por las
montañas y el río, y sus indicaciones son las incontables referencias a la
cultura popular que cubren un denso espectro enciclopédico y, gracias al
Instagram del autor (@ricardosilvaromero), hacen más tangible la realidad
dantesca pero hilarante de esta novela.
No resulta casual que, en varias escenas de Cómo perderlo
todo, Horacio Pizarro enfatice en sus iniciales. Silva Romero creó en este
H.P., como Salman Rushdie y Nerón Golden (2017), como Jonathan Franzen y Purity
(2015) o, hace ochenta años, Fitzgerald con Jay Gatsby, un retrato conmovedor,
sardónico y a la vez doloroso de una sociedad que convierte, con un like, a un
anodino profesor en un paria. Una sociedad donde las barras bravas se esconden
detrás de arrobas y la corrección política reemplazó la discusión. La sociedad
que, sin saberlo y como muchos lo han advertido (desde la vilipendiada Camille
Paglia hasta el lúcido Steven Pinker, pasando por Vargas Llosa y Harold Bloom),
incubó a los extremismos de ambos lados del espectro. Esa advertencia, como un
susurro de Casandra, subyace las palabras de Cómo perderlo todo: quizás, la
mejor forma de perder absolutamente todo sea dejarse llevar por el torrente del
extremismo y por el miedo a la palabra.
Hay escritores que
parecen olvidarse pese a la importancia que tienen. Indagando sobre la relación
de Borges y el cine, me encontré en mi biblioteca con un texto de este gran
escritor Chileno. Se llama: “Los dos Borges”. Este escritor fue de aquellos creadores comprometidos con
las causas políticas, perteneció a una generación de grandes cambios y batallas
personales con los regímenes totalitarios de Latinoamérica, con la propia
realidad convulsa del siglo XX, dejó una obra vasta, de una calidad estética excepcional, novelista y poeta, su labor crítica fue además rigurosa y pedagógica pese a las controversias que produjo.
“Valentín Teitelboim
Volosky, más conocido como Volodia Teitelboim, nació el 17 de marzo de 1916, en
Chillán. Hijo de Moisés Teitelboim y Sara Volosky, desde temprana edad manifestó
inquietudes literarias. Leyó intensamente El Peneca, a Emilio Salgari, Julio
Verne y la Biblia. A los 16 años inició su militancia en la Juventudes
Comunistas. Desde entonces, su actividad política marcó un nuevo rumbo para su
vida”.
No solo escribió poesía,
produjo antologías, novelas y fue un excelente crítico literario, sino estuvo inmerso en los grandes debates literarios y políticos de la época. Los trabajos
sobre Neruda, Gabriela Mistral y Huidobro son excelentes, en los mismos no le
huyo a las controversias que suscitaron estos tres poetas no solamente en Chile
sino a lo largo de todo el continente.
Enrique Samo expresa
sobre este escritor: “Volodia Teitelboim exploró múltiples dimensiones de la
creación intelectual y la praxis política distinguiéndose en todas sin buscar
una correspondencia sistémica entre ellas. Esta característica marcó su vida
desde hora muy temprana y lo acompañó hasta la muerte. “En sus biografías se
mueve en los rasgos más íntimos de sus personajes, los misterios de su obra
poética y la descripción minuciosa de paisajes y circunstancias”. Su biografía
Neruda, aparecida en Madrid en 1984, fue publicada en alemán, ruso, francés e
inglés. En Estados Unidos aparecieron dos ediciones. Para 1995 se reeditó en
París en lengua francesa. Se publicó también en Argentina y Cuba. En Chile,
Editorial BAT la publicó por primera vez legalmente en el país”.
El libro que me trajo
de nuevo a leerlo, el texto sobre Borges, es una mirada muy centrada, la
relación reflejada entre el hombre del libro y el ser de carne y hueso.
Recuerda una de las sentencias más sabias de Borges: El mundo desgraciadamente
es real; yo desgraciadamente soy Borges”.
Es un texto muy ordenado. Recurre a una especie de cronología creativa construida a partir de datos biográficos, citas vitales en el marco del universo Borgiano y referencias siempre articuladas a textos del propio autor o tomadas de conversaciones con sus amigos más cercanos. Desde su nacimiento, como en pequeñas fotografías, nos
va llevando por esta especie de biografía literaria construida sabiamente, empieza con las consideraciones de sus antepasados, los mitos sobre la saga familiar que siempre le sirvieron al escritor para crear una especie de leyenda,la influencia de Doña Leonor y por su puesto sus infinitas lecturas.
Este libro tiene una don, diferente a todo lo que he visto sobre este autor, son textos cortos, pero esenciales, con pocas palabras nos revela muchas cosas, toda la información es relevante. Obra y vida en una hermenéutica muy lúcida.
Aparecen Lugones, Enrique Ureña, Cortazar, Sabato, Rafael Cansino Assens, los
ambientes de Borges, sus patrias: Ginebra, Buenos Aires, Palermo y los temas
propios del autor. Trae colación autores como Umberto Eco, los temas recurrentes a sus afinidades literarias, la poesía inglesa, el problema del tiempo, Poe, los Keningar, hay muchas
referencias de importancia, aquellas que le sirvieron para crear textos fascinantes, novedosos.
Volodia después de 60 años de labor creativa murió en el 2008, dejó más de 27 obras que
hablan de la importancia de su labor en las letras latinoamericanas y para el
mundo en general. Volverlo a leer es un deleite.
La casa donde está la oficina de los
ingenieros de Minas, en un segundo piso de un barrio tradicional de Medellín,
un cuadrado perfecto, recuerda los diseños modernistas de Lecorvusier, líneas
rectas, balcones salientes, tiene una distribución bastante tradicional, una
sala de recibo que remata con un balcón hermoso, otra más amplia desde donde se
accede a una cocina amplia, descomunal
para estos tiempos y tres oficinas que antes fueron habitaciones. Atrás,un patio con dos oficinas más. Rodrigo,
siendo uno de los socios principales de la empresa comparte una de las
oficinas ´pequeñas con una ingeniera de apoyo. Su silla resalta, parece la de
un piloto, su espaldar es muy alto,
cómodo de sobremanera, el escritorio apenas es para su labor, caben, el computador,
algunos textos y el celular. Siempre tenemos memoria de las personas cercanas,
de sus comportamientos, de la forma como asumen la cotidianidad. Rodrigo
trabaja acompañado de unos audífonos grandes, la música es consustancial a su
vida, es muy alto, su rostro y figura me recuerdan a Lenin el padre de la
revolución Rusa, antes de escribir este relato lo comprobé, volví a ver la
película de Warren Betty, “Diez días que
conmovieron al mundo” mi comparación cobra cada vez más sentido. Cuando llega
a la oficina, se dirige a su puesto sin mayores formalismos, tiene una sonrisa
natural que contamina,se sienta en su silla, siempre derecho, parece un militar, es muy respetuoso de la ergonomía; tiene una idea de la vida
diferente a todo lo que he visto, siempre
estranquilo pero responsable en sus
tareas, al fin y al cabo es ingeniero, calcula, procede de acuerdoa unas bitácoras y como toda persona joven,
parece que nada le preocupa, lo que al final no es cierto.Es un sermoderno, joven, atlético, con una carrera profesional y una práctica
concreta que se traduce en ingresos, por lo menos para sobrevivir, con una esposa que ama, el amor de su vida y la vida misma, con ella comparte la mayoría de sus sueños, estos son muchos. Cualquier día le
vi más preocupado de lo corriente, se paraba a cada rato de la silla, llamaba a
una persona recurrentemente,caminaba de
un lugar a otro, hablaba después con su amigo del alma Yeison y después se
quedaba absorto, ido.Al rato me contó
lo que pasaba. Desde hace tres años había caído en eso que los literatos
llamamos, el mundo kafkiano por gracia de una ilusión que se había convertido
en una tortura. He sido testigo en los últimos días de esta encrucijada y puedo
dar fe de lo intrincado de su situación, me habló del caso, sabía que yo era abogado y gracias
a una amistad que tenía muy poco tiempo pero que era muy sólida, quería que le
diéramos alguna salida inteligente.Me contó
lo que estaba viviendo, recordé de inmediato al escritor checo, Kafka, al mundo
Kafkiano, descrito en ese libro magistral “El proceso”, describe lo grotesco de
la burocracia.
De Rodrigo me sorprenden algunas cosas en
particular, estas me ayudan a comprenderlo e incluso a admirarlo. Pocas veces me
encuentro con un ser sin imposturas, sincero, honrado, con un humor de barman
insólito. Salió de la universidad nacional de Medellín, creció en un mundo
barrial sometido a valores contrapuestos, a tensiones de todo tipo. Por un
lado, los de una sociedad clerical, rezandera, conservadora y patriarcal; por
el otro, una clase arribista, delincuencial, enamorada del dinero fácil, metida
hasta el tuétano en el narcotráfico, por lo tanto cruel y sanguinaria.Su vida trascurrió en medio de estos dos
mundos, con todas las tintas medias que tiene este tipo de convivencia, con las
prevenciones que genera la existencia cercana al peligro, vivió bailando en el
filo de la navaja, esto lo hizo, muy astuto, prevenido, no importa cuál sea la
ocasión que esté viviendo, asume siempre por naturalidad, que alguien estáal acecho, de antemano sabe quevive en una sociedad enferma, paralelo a ello,
nuestros líderes sostienen para su favor, una corrupción endémica, son parte de
una burocracia caracterizada por la des-lealtad con el país, por donde miremos,
el mundo parece al revés. Rodrigo fue testigo de cargo de una violencia
descarnada, del sicariato más atroz, su barrio estuvo lleno depatrones, la gente estuvo sometidaa una extorsión inclemente, un entorno manejado
por eso que los criminalistas llaman hoy, las bandas criminales. En conclusión,
Dos realidades para un mismo ser, que desde su propio constructo, fue creando
su mundo interior inclasificable, su vida y su que-hacer diario le marcaron. ¿Cómo
resulto un buen hombre de semejante híbrido social, vaya usted a saber.
Estudio entre las estridencias y avatares
propios de una clase en ascenso, llevaba
en las venas las ganas de superarse, fue una disciplina, se acostumbró a
sobrevivir en medio de afanes,entre
tensiones cotidianas fuertes. Fue estudiando, cumpliendo metas entre dificultades propias de una familia con
recursos limitados, acompañado del optimismo típico de los colombianos, quienes
pese a vivir entre muerte y violencia, cargamos con una fe irracional en
nuestras capacidades, la risa es nuestro valium, tenemoshumor para todo por grave que sea la
situación, un sarcasmo a voces, ha sido el mejor antídoto, la única manera de existir
entre las paradojas irresolutas de nuestra sociedad, esto lo supo siempre Rodrigo.
Después de 6 años de trasegar en aulas y exámenes, amistades universitarias
inolvidables, cofradías, uno que otro porro, se graduó como ingeniero de minas.
Con el tiempo se casó con el amor de su vida, después de un noviazgo muy largo,
la justa medida a sus ideales. Cuando decidieron con Paulina comprar el
apartamento, estaba en su mejor momento. Paulina,es una geóloga hermosa, entregada a su
trabajo y a su pareja,ha estado
construyendo desde esta unión sus sueños, llevaba tiempo pensando en su casa, tragarse
desde esas cuatro paredes el mundo a sorbos. La historia de la decisión para
comprar, como todas las importantes de la vida, nació de una situación inusual.
Partió de una imagen, como las buenas novelas: Pasaron por un sitio, quedaron
impresionados ante lo hermoso del lugar, se imaginaron la torre, de hecho había
una foto, la disfrutaron, ydijeron de
súbito, con esas decisiones que se construyen desde las compatibilidades propias
del amor, de los sueños, Aquí será
nuestro apartamento. A partir de este
momento se metieron en el cuento de comprarlo, las cuatro paredes que
contendrían el universo de sus vidas. Comprar
significa: Planificar, calcular, saber cómo estamos de finanzas, pensar en
créditos, y después escoger de acuerdo a nuestras realidades, que ojala
conesten con nuestros sueños. Se trataba de vivir como lo imaginaron, se
concentraron en ese propósito. Aparece el celular de nuevo, desde él en el
mundo moderno, se articula todo.El
galimatías de comprar empezó. Cada cosa
que hacemos en esta vida empieza con una llamada. El celular es el adminiculo
sobre el cual gravita la mayoría de la existencia del hombre moderno, nos
comunicamos a través suyo de mil maneras con nuestro entorno, minuto a
minuto,parece pegado a la mano, se
podría afirmar que hace parte del cuerpo, articulamos absolutamente todas las
cosas de la vida: Trabajo, multiplicamos, sumamos, restamos, hacemos cuentas,
colocamos mensajes, escribimos, nos irritamos, pagamos, nos resentimos, reímos,
recordamos, pedimos auxilio, armamos nuevos conceptos, la historia, las
memorias, con relatos y noticias que casi nunca sabemos de quién vienen, los
que influyen en nuestra manera de pensar y de concebir el mundo.Empezó para él un viacrucis típico de Kafka.
La historia tiene un principio. El sueño, comprar un apartamento. Se sometieron a un proceso largo y dispendioso,
asumieron de antemano tener la paciencia del santo Job, llenaron papeles para una
burocracia interminable e irracional,estuvieron
sometidos a decisiones demasiado repartidas y escalonadas, inexplicables muchas
veces, pero inevitables. Nada los hacía perder la ilusión, menos por
requisitos, nunca desfallecieron, cada cosa que les solicitaban la cumplían con
un juicio sacramental, no importa lobanal de la orden a cumplir.
Tomaron la decisión de financiar el
apartamento por un ente público: El fondo nacional del ahorro. Los intereses
eran los más bajos, se prestaba al presupuesto y las cuotas mensuales
correspondían a la capacidad de Rodrigo y Paulina.Tratar con el fondo es someterse a un
laberinto de pasos y decisiones, que muchas veces siempre nos regresan al
principio, es un recurrente ir y venir, parece nunca terminar. Primero se firma
con la constructora, luego con la Fiducia, se hacen papeles con el Banco para
tramitar parte del pago de la cuota inicial y después con el fondo. Es como
decirle a alguien: Hable primero con Stalin, después con Hitler, encuéntrese
con Mussolini y por último haga un acuerdo con Winston Churchill. No importa,
Rodrigo y Paulina se enrutaron en semejante entuerto.
Siempre aparecen los fantasmas en la vida.
Nunca olvidamos ciertos hechos emblemáticos. Más, cuando nos marcan
profundamente. Después de la muerte de su padre, terminando el Bachillerato,
Rodrigo vivió momentos muy duros. No sólo por el propio hecho del deceso,la muerte de un ser querido es lacerante y
corroe el alma, la finitud es nuestro mayor problema y paradójicamente nunca la
aceptamos. En todo caso sufrimos por todo lo que se viene después. El padre
suple, provee y es un apoyo que nadie remplazará. Fuera de todo lo que produce
su ausencia, había que tramitar la jubilación, la casa necesitaba ese ingreso. Rodrigo
Estaba muy joven, no conocía nada de trámites ni de los avatares propios de la
burocracia en un país lleno de funcionarios incompetentes. Solo un
colombiano sabe todo lo que hay que hacer para que se le reconozca una
jubilación. Una vez se tienen los requisitos, nada garantiza la obtención de la
misma, realmente no hemos ganado nada. Obtener la jubilación, es como subir al
Everest. Ahí empezó a saber lo que es el mundo Kafkiano. La familia,tuvo que conseguir un abogado, imagínense, se
necesita contratar un abogado, eso ya produce un miedo tenaz, nunca imaginaron por
todo lo que tendrían que pasar. Contrataron
a un hombre entrado en edad, al final, llegaron a la conclusión que fuehonrado, Rodrigo sólo recuerda muchas idas y
vueltas con este señor, tenía una voz gutural y misteriosa, de detective,
contrario a todos sus colegas, de pocas palabras y por mucho que tratará de
explicarles, nunca entendieron porque esta jubilación duró 11 años en ser
reconocida. Eso quiere decir, mil bajadas al centro, presentar papeles, esperar
meses, ir de una oficina a otra, andar entre notarias, siempre para negarle
recurrentemente cada decisión, cada traspapelada significaba, volver empezar,
llenarse de paciencia y tratar de entender semejante rompecabezas de papeles y
decisiones absurdas, se había vuelto necesario, la meta era, nunca desfallecer.
Rodrigo siente miedo cuando piensa en semejante enredo. Al final obtuvieron la
jubilación pero quedó marcado para siempre.
En las vueltas del apartamento sintió
de nuevo que estaba cayendo en los laberintos parecidos a los de la jubilación.
Nunca olvida las cosas que vivió en esos
tiempos tan aciagos.Aprendió que se
conoce más a una persona después de la muerte que en vida, uno no recuerda sino
inventa y nada es lo que parece. Su padre pasó de ser un misterio a un
descubrimiento. Ahora que era un profesional consumado, vivía haciendo vueltas
entre entes gubernamentales, sabía cómo realizar una petición a estos organismos
que le eviten sorpresas, aprendió perfectamente los bericuetos de la
burocracia, esto no lo salvó para nada en los enredos propios en la compra del
apto, pero le evito dolores de cabeza, nunca entendió la mitad de las
decisiones frente a los trámites que ello implicaba, no porque fueran
difíciles, sino por los tiempos y ciertos pasos inexplicables y a veces
absurdos para cualquier mortal. Constructora, Banco privado, Fiducia y Fondo,
notificar, volver a firmar, el banco necesita más papeles, devolver la firma a
la fiducia, la constructora no acepta, sí acepta, pero es necesario firmar un
“Otro sí”, es necesario aprobar de nuevo, el tramite dura solo un mes, entonces
volver a presentar papeles, pero actualizados, sacarlos de nuevo, autenticarlos
de nuevo, el banco entonces requiere de nuevo estudiar la financiación, ahora
habrá que ver cómo estamos en los reportes financieros y cuando todo esté
listo, la constructora intempestivamente informa que tiene un problema y pide
un año para arreglar un permiso con la Alcaldía. Esto significa, en un año
empezamos de nuevo. Son demasiadas instancias, recordé una figura de la vieja
Roma, en los albores de la República, lo llamaban iustitium: el momento en que,
ante una grave amenaza pública, el derecho quedaba en suspenso. Era, en otras
palabras, una institución que ponía entre paréntesis a las demás instituciones
y por ende a nosotros nos afecta de manera grave. Esto pasó con mis amigos,
quedaron en puntos suspensivos.La torre
en todo caso, iba ganando espacio, ya habían terminado la estructura e iban en
la obra blanca, se levantaba impetuosa, hacía parte del urbanismo de esta
ciudad, esto quería decir que la ilusión seguía intacta, pese a todo. Rodrigo y
Paulina, la visitaban recurrentemente. Veían su balcón y por su puesto el apto.
Sentían que nada delo que pasara les
iba a quitar este sueño.
Después de un año, las cosas
volvieron a su cauce. Todo estaba listo, esperarían para la firma de la
escritura y el desembolso para la constructora. Nada impediría que hubiese más
tropiezos. Cualquier día, en esta espera, que no tiene términos, el jefe de
ventas de la constructora, una mujer amable, por lo menos antes de este suceso,
llamó y sin mediar le dijo a Rodrigo, hemos decidido resolver el contrato de
venta con ustedes, la demora ha sido mucha. Así no más, sin explicación alguna,
la llamada termino con un: “lo sentimos mucho”. Rodrigo quedó impertérrito en
el puesto. Ni siquiera pensó en el sueño de tener un apartamento, sólo se le
vino a la cabeza Paulina, cómo decirle, ese era el interrogante a vencer.
En esta instancia de la historia decide
hablar conmigo. Sabía que en los últimos meses le habíamos ganado varias
batallas jurídicas a la alcaldía, que en este país de incisos y acápites
legales estos casi siempre son más importantes que lo sustancial, alguna salida encontraríamos, eso
esperaba de mí, por ahora, la opción, era ser más inteligentes que las
circunstancias.Lo primero entender el
negocio de principio a fin, buscar cada uno de los enclaves legales, ver hasta
qué punto la decisión podía tomarla la constructora discrecionalmente, hablamos
de un contrato, supuestamente es un acuerdo y este mínimo se firma entre dos
personas. Después de una mirada
minuciosa, concluimos que al haber aceptado al fondo nacional como prestamista,
aceptaban tácitamente los tiempos del mismo, lo que se traducía que no podían
aducir la demora como causal de terminación del contrato. Pero establecimos
como estrategia, ante todo mantener la cordialidad a todo lugar, era
imprescindible novolverlo un problema
legal, pese a que en el fondo era un problema legal. La estrategia se limitaba
a seguir con las buenas maneras, sin bajar la cabeza, recurrir a la amabilidad extrema
y hablar con cada una de las partes: Fiducia, constructora, fondo, sin cruzar
información, evitar el consenso, deberíamos cumplir con los requerimientos
finales de manera separada como si no hubiese problema, era una jugada de ajedrecista,
estábamos adelantándonos con los caballos. Recordé el arte de la guerra de Zun
Tzu. Empezamos con un derecho de petición bien estructurado, debería ser una
comunicación magistral, cada palabra respondía a un peso específico. Este es
nuestro país, nadie se imagina todo lo que hay que hacer para adquirir
vivienda, Rodrigo lo empezaba a entender y conocía que la palabra clave es:
Perseverar, en esto Paulina era experta.
En adelante, hubo muchos ires y
venires, ir a la constructora, al fondo, preparar un otro sí modificatorio,
coordinar con el banco y asumir que la constructora después de un comité
accedería, sabíamos que si se supeditaban al contrato era difícil resolverlo,
pues ellos habían aceptado al fondo como prestamista, entonces nosotros
deberíamos actuar como si no hubiese pasado nada, pese a la tensión que
originaban todas estas dudas. Un día cualquiera en medio de este galimatías,
Rodrigo, sin ninguna premeditación, espontáneamentese fue al edificio y empezó a ver el
apartamento, había leído todo sobre la magia de la atracción, se lo fue
apropiando mentalmente, asumió que era imposible que su sueño no se hiciera
realidad, dijo con una decisión de general, nada impedirá que así sea…..Sabía
que había que ser inteligente. Zun Tzu
decía: “Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas
correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo,
perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a
ti mismo, correrás peligro en cada batalla”.Esa fue la estrategia, conocer muy bien lo que esperaba la constructora,
insistir en que todo estaba listo, creerlo sobre todo, les dijo muy tranquilo,
como llegando a la playa nos vamos a devolver. De pronto, la señorita adusta,
la burócrata de hielo, comenzó a ceder. Rodrigorecordó varias anécdotas. A Colon, la tripulación un día le dijo, si no
vemos tierra mañana lo decapitamos, no esperamos más. Rodrigo siempre se
imaginaba como fue la noche del conquistador frente a esa sentencia. La
providencia apareció y Rodrigo De Triana, en la madrugada gritó: Tierra,
tierra…Aquí pasó lo mismo, la constructora en cabeza de la funcionaria, cedió,
el contracto de tracto sucesivo empezó a tomar la forma debida, el gerente
firmo el otro sí, se lo llevó a la Fiducia y el sueño del apto empezó a ser una
realidad. Cuando menos esperábamos, estábamos a la firma de la escritura. Nunca
hable con Paulina del tema, pero sé que sufrió como nosotros. Estos son los
avatares de un ciudadano común frente a la burocracia. Todos los días se
enfrenta a situaciones como esta. Quise escribir la historia de un viacrucis,
pero igualmente de un logro. La burocracia y los trámites en nuestra sociedad
son lo más opresor que existe. Ojala nadie repita esta historia.
Así se llama, el proyecto liderado por el Metro de Medellín y la caja de compensación COMFAMA. Son
libros en excelente formato, de bolsillo, muy pequeños, pero editados conuna calidad indiscutible, obras de
autores importantes a nivel nacional e internacional, hay verdaderos iconos de
la literatura, son entregados en el metro de manera gratuita para que los
usuarios los lean y los sigan rodando, los pasen a otros lectores.
Dos cosas quiero
destacar de esta campaña que lleva varios años.Es una apuesta inteligente para fomentar la lectura, es una incitación a
la lectura aprovechando los espacios y el tiempo entre los avatares de la vida urbana, un
acercamiento a la buena literatura dirigida al ciudadano común, no hay predilección alguna, se democratiza la cultura y la lectura
de la mejor manera, se aprovecha el sistema masivo de transporte, que significa
esperas, trayectos, espacios de tiempo libre, muy cortos, que de ser acompañados por un buen
texto, no solo enriquece el espíritu sino que aliviana la vida y aquellas rutinas inexorables en que solemos
pasar gran parte de nuestra existencia. La otra, los autores: Charles Baudelaire
con prólogo de Pablo Montoya, Alfonso Reyes, con prólogo de Orlando Mejía
Rivera, Cuentos de Mujeres estadounidenses con prólogo de Luis Fernando Macías,
Flush de Virginia Wolf, Poemas de Walt Whitman con prólogo de Wiliam Ospina,
Carta al padre de Franz Kafka, autores colombianos como Carlos Castro Savedra,
Daniel Samper Pizano, Fanny Buitrago…..una verdadera pléyade de creadores.
Las obras son verdaderas joyas de la literatura, el comité que las selecciona no solo se
preocupa por la calidad de las mismas, sino que antepone a este requisito, el
hecho de que serán leídas en espacios de tiempo muy pequeños, por ello busca
relatos o novelas cortas, hay la necesidad de atrapar y encantar al lector,
muchas veces estamos ante un ciudadano que por razones que no van al caso traer
a colación, nunca tiene tiempo para leer, en estos breves minutos, tiene la
posibilidad de encontrarse con la literatura, de volver al mundo de las letras.
Es necesario darle
continuidad a esta campaña, espero no se olviden sus beneficios por esas
decisionesabsurdas que suelen tomar en
ocasiones algunas instituciones frente a lo que está funcionando. No me queda
más que felicitar a sus promotores y ejecutores.