lunes, 22 de abril de 2013

CESAR VALLEJO EN UN TEXTO DE GUTIERREZ GIRARDOT




A la grandeza de Cesar Vallejo le persigue una crítica llena de lugares comunes que ha fomentado mitos que han desviado el valor subyacente de su poesía y que  no contribuyen al desciframiento riguroso de la misma y no tienen en cuenta el contexto total de su genealogía creativa. Rafael Gutiérrez Girardot escribió uno de las mejores textos sobre el poemario los “Heraldos Negros”, publicada hace unos años  por editorial “Panamericana” de Colombia y el que antes formó parte del libro “Cuestiones” editado por Procultura.  Comentar el mismo con los riesgos que conlleva resulta una tarea grata, además de volver a una obra de mi absoluta predilección.
Gutiérrez es categórico con respecto a los trabajos sobre Vallejo: “Nada delata tanto la perplejidad de la ciencia literaria al uso ante la obra poética de César Vallejo como la pertinacia con la que se registran las supuestas ramas del árbol genealógico del peruano. Juan Larrea lo hace descender de Witman, de Rubén Darío y de las inspiraciones del ultraísmos  que él, Larrea, su presbítero y su profeta, le trasmitió en lugares y fechas precisos. Otros le agregan al  nombre de Darío, el de Leopoldo Lugones, Julio Herrara y Reiseg, el Mallarmé traducido por Rafael Cansino Assen y, sin mayor precisión, los de los colaboradores de la revista Cervantes, entre ellos Larrea, que dirigía en Madrid el prolífico Guillermo La Torre, y hasta se llega a buscar antecedente de alguna frase en la literatura clásica europea”.  Agrega el autor sobre este fenómeno: “Ante semejante problema frente a tan liliputiense gigantomaquia-que hace pensar en un verso del poeta andino: -Le pegaban todos, sin que él les haga nada- suele darse el salto mortal hacía los temas rutinarios de la muerte, de la angustia, del tiempo cósmico, de lo telúrico que, como residuos de un existencialismo vulgar, diluyen la figura del poeta en un fatigante purgatorio de lugares comunes”. Siempre pasa esto, de tanto repetirse ciertas afirmaciones literarias, estas terminan convirtiéndose en verdades inamovibles.
En esencia, gran parte de la crítica mira a Vallejo producto de la generación espontanea, de circunstancias especiales, como si sólo fuera “un producto de beneficencia literaria”.  Gutiérrez Girardot establece que en la obra de Vallejo subyace “un exacto conocimiento y una asimilación crítica de la estética de su tiempo”. Recuerda como su tesis fue sobre “El romanticismo en la poesía castellana”, las colaboraciones en las revistas limeñas Mundial y Variedades, lo que deja clara que “en contra de los supuestos sobre los que se funda la desfigurada imagen de Vallejo, -sin entrenamiento- como apuntó en una ocasión Larrea,  es preciso más bien partir de que solo es penetrante conciencia de su labor poética es la que permite explicar su asimilación y trasformación del modernismo y de otros posibles ismos en los “heraldos negros”, lo que plantea el sorprendente –Trilce- y a concebir los libros finales, junto con su obra en prosa, como una consecuente y rigurosa, no pues  como la azorada, dispersa y a veces improvisada manifestación lírica de algunas obsesiones sembradas en Vallejo por una inspiración cualquiera”. Corresponde a decir que su obra es una laboriosa construcción producto de una labor juiciosa que no solo atiende a la herencia literaria importante, sino a la asimilación de lo mejor de la poesía de vanguardia y las revoluciones acuciadas hasta el momento. Otro aspecto que releva el ensayo en cuestión  es el lenguaje de “los heraldos negros” “Acuñado por las escenas de la historia sagrada y en especial por las más familiares de la vida y de la pasión de Jesús”.  El texto del poeta Peruano está repleto de estas incursiones.  A la luna le llama “roja corona de Jesús”, habla de “Rosado Jordán” y “Recordando a la serpiente del paraíso y a los indignados latigazos que dio Jesús en el templo, dice del cuerpo de una mujer-que donde, como látigo beatífico/que humillará a la víbora del mal”. En todo caso el “libro no es la expresión de una religiosidad criolla o chola, pero tampoco una manera de rescatar para un dolorismo cualquiera solemnidad de Dios y del viacrucis de Jesús, al intento de rescatar a Dios de las cadenas con que lo han atado los filósofos para hacer de él un Dios que sufre, que se sienta a la mesa con la familia, o al café con los amigos y que comparte con los hombres penas cotidianas”. En este momento el crítico colombiano llega a un punto culminante: -“Lo que hace Vallejo en –Los heraldos negros- es construir su teatro del mundo, su altar de marcaras sagradas, el Gólgota infantil y triste a la vez”. El peruano no es un poeta cristiano, pero tampoco es un blasfemo.  El tema de la muerte de Dios es emblemático según Gutiérrez. La relación con la muerte de Dios son tratadas a través de poemas específicos: “ La cena miserable “, “la mañana eterna”, “Retablo”, ”los anillos fatigados”, en este último dice el poeta a Dios que el hombre, este-este pobre barro pensativo-, no es hijo de un poderoso que no tiene marías que se van, que no sufre desengaños amorosos, y que no sabe ser Dios porque  no ha sido hombre, y que al jugar  a la suerte con el viejo dado, en el juego culpable del destino, el dado decisivo, , ya redondo a fuerza de rodar en la ventana la espera inútil e infinita, solo puede parar en hueco, en el hueco de la inmensa sepultura. El hombre que ya no es hijo de Dios frente a Dios, que no sabe ser hombre y que por ello no puede ser Dios, emerge en la partida del juego, siempre perdida del destino, como Dios mismo. Y el hombre si te sufre, el Dios es él, escribe Vallejo con tono de reproche, el Dios de los dados eternos, es el Dios que no es ya Dios, barra pensativo o creatura sin creador”. afirma  el crítico Colombiano a renglón seguido: En el último poema –Espergesia- el poeta afirma que el nació un día que Dios “estuvo enfermo, grave. La ultima cena infinitamente prolongada, las inacabables vísperas del viacrucis en el segundo presentimiento de una muerte sin fin, el monótono suicidio de Dios, el gesto con el dedo deicida , son imágenes que el sentido a toda la obra, que explican aquellos  golpes tan fuertes….Yo no se/Golpes como del odio de Dios”.
No se sustenta esta posición recurriendo a Hegel, Jean Paul, a Heine o Nietzsche, a Dostoievski o al Rambaud o el poeta Franceses de la llamada “agonía romántica”. Estas fuentes no son descartables, pero no podemos depender solo de ellas para explicarlas, en este punto radica la mirada especial del Gutiérrez Girardot.  El texto se conecta con la obra más importante del autor Peruano, resulta ser uno de los análisis más serios y mantiene una vigencia sin precedentes. Su lectura resulta fundamental para entender las claves genealógicas de la obra de uno de los poetas más grandes de la lengua española. Espero poder entregarles el original del mismo, que les permita un mirada directa. 









jueves, 18 de abril de 2013

LA FERIA DEL LIBRO DE BOGOTA 2013



Está feria tiene un encanto especial para el suscrito, por el país homenajeado  y la feliz coincidencia que me suscitan los autores convocados, los cuales en su mayoría, son mis predilectos.  Al Nobel Jean Gustave Le Clézio, se suma  el Holandés Cees Nooteboom, el estadounidense John Katzenbach, los españoles Juan José Millás y Fernando Savater, la iraní Lila Azam Zanganeh, el alemán Wulf Dorn, el japonés Satoshi Kitamura, el suizo Peter Stamm, Pilar del Río, la viuda de José Saramago, y Martin Kohan, ganador del Premio Herralde de Novela. También estará Valerie Miles, editora de la prestigiosa revista literaria ‘Granta’.
Es inexplicable nuestra aparente  cercanía con la lengua Portuguesa  y al tiempo tanta distancia, sobre todo con el país Portugal. Realmente son muy pocos los autores traducidos y solo aquellos de culto como Pessoa o Lobo Antunes, están a la mano en librerías. En la feria conoceremos constituye una oportunidad para acercarnos a sus letras, a muchos autores y a una pléyade de novelistas noveles de una calidad a todo prueba, que para sorpresa de la literatura, están en plena renovación.  Solo el homenaje a Pessoa ameritaría ir a la feria.
Hay algunos eventos que son de mucha importancia: “El periodismo Colombiano en el mundo”: En su quinta versión, el Encuentro Internacional de Periodismo, quiere rendir un homenaje y hacer una reflexión sobre decenas de periodistas colombianos que trabajan para medios internacionales. El periodismo colombiano ha sido uno de los protagonistas en el mundo entero, debido a su lucha en contra de la corrupción, y la búsqueda de una verdad en una realidad turbulenta. Por su rigor, y profesionalismo, muchos colombianos han ocupado, y ocupan en la actualidad altos cargos en redacciones de medios de todo el mundo. Este es un homenaje a ellos”.
 “El encuentro de formación de editores” : Encuentro de formación de editores, del 26 al 28 de abril  de 2013, Desde este año, la Cámara Colombiana del Libro, a través de su comité de ferias, ha decidido relanzar su Seminario Internacional de Edición, proponiendo cinco grandes conversaciones en la 26ª Feria Internacional del Libro de Bogotá, orientadas al público general, al gremio editorial y a los estudiantes de énfasis o maestrías en el sector editorial o literario del país.  Así mismo, durante el año, la Cámara ofrecerá una conferencia cada dos meses, con miras a formar y apoyar las urgencias o dudas de los editores colombianos, que se realizarán en su sede del barrio La Merced, y en el Instituto Caro y Cuervo, en su diplomado de edición. Así, los encuentros con la edición ya no serán únicamente durante la Feria del libro, sino que se extenderán a todo el año con el objetivo de brindar herramientas en temas generales y específicos para los editores colombianos.
Jean Marie Gustave Le Clézio es un escritor de culto.  En Colombia, lo leen desde  hace mucho tiempo grupos y lectores muy selectos, de un corte excepcional: ecologistas, etnólogos, antropólogos, por su cercanía con los grupos indígenas y la posición frente al ecosistema y al mundo propiamente dicho. Son fieles a sus textos y lo siguen constantemente con una pasión intensa. La calidad de sus libros es indiscutible, sobra decir que hay que leerlos, a Colombia, antes no llegaban sus traducciones,  me conformaba gratamente con lo que había en red, gracias al nobel este problema se superó totalmente.
El homenaje que se le brindará a Saramago trayendo a su Espora y traductora Pilar del Rio, constituye un plato de cardenal  para quienes siempre estamos a la expectativa de lo nuevo que pueda hacernos disfrutar más su obra, nos ayudará a entender el  itinerario creativo de esta obra excepcional y por supuesto nos alienta de nuevo la pasión por este inmenso novelista tan vigente de de tanta importancia para las letras universales.
Günter Wallraff un periodista Alemán “destacado por sus importantes trabajos periodísticos en los que su investigación consiste en la inmersión directa en las situaciones que cuestiona. Este escritor se ha convertido en un camaleón cambiando de apariencia en varias ocasiones para vivir la experiencia de sus fuentes y poder analizar, de manera vivencial, las circunstancias de la sociedad que rodean los ambientes y condiciones laborales, los tratos inhumanos, el racismo, entre otros temas en Alemania”.
John Katzenbach, es un autor apasionante. Leí casi de un tirón" El psicoanalista" y ahora estoy disfrutando " La historia del loco ". Sus novelas una vez se empiezan es imposible soltarlas. Con este escritor se suscita otra vez la controversia, si estos creadores de trilles, están haciendo literatura o no. Para mí, basta reconocer que sus novelas son absolutamente encantadoras desde la perspectiva hedonista que asumo como lector. Escucharlo no deja de ser curioso. 
Juan José Millás, es un escritor del más refinado gusto. Excelente novelista, poeta en sus primeros años, filosofo diletante, sus columnas en el diario "El país " de España, son de todo mi gusto. Ganó hace poco el premio planeta. Verlo, escucharlo sera para los visitantes a este evento toda una justificación.
Fernando Savater, será siempre un deleite. Generan siempre controversia sus comentarios. Hace poco estuvo en Colombia y la acidez de sus comentarios incitan a nuevas lecturas y descubrimientos. No cabe duda que será un deleite.
Como siempre habrá muchos expositores, conferencias y libros. Mi consejo, no compren por bultos, lleven dos o tres libros buenos, de su entero gusto, acérquense a la literatura con criterio de selección, no solo en el comprar está el disfrute de este evento, pasear por ese universo Borgiano, ya es una experiencia inolvidable.
Esta feria es un regalo para los amantes de la literatura y del libro como tal. Les dejare el link oficial.









domingo, 7 de abril de 2013

PABLO NERUDA



Nunca he podido olvidar la emoción y el impacto que me produjo la lectura del libro de memorias de  Pablo Neruda “Confieso que he vivido”.  A pesar de ser una lectura de mis años de juventud, viví gracias al escritor Chileno una experiencia como lector inenarrable. Fue como empezar una amistad inquebrantable con el poeta más grande del continente.  “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” Fue como el primer amor, me marcó y desde ese momento tengo una relación entrañable con la poesía. Nunca he podido superar la perplejidad que me produce tanta belleza con tan pocas palabras. Algunos versos, siempre están presentes, son parte de mi vida:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta. 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. ……….


El diario “El país” de España, abre con una noticia que conmueve a todo una generación que compartió con el poeta no solo sus versos, literatura a borbotones,  sino una vida atribulada de luchas, aciertos y profundas equivocaciones producto de una ingenuidad infinita. “Esta tarde, cuando la luz natural todavía ilumine el balneario de Isla Negra, a la orilla del Pacífico, a 100 kilómetros de Santiago de Chile, el juez Mario Carroza y doce peritos comenzarán a remover la tierra de la sepultura de Pablo Neruda”. Siempre hemos pensado que el asesinato de Salvador Allende fue un hecho insuperable para el poeta y que se murió de tristeza.  Ahora se vislumbra la posibilidad de develar un posible asesinato del régimen, después de cuarenta años de su muerte. “Después del 11 de septiembre, el poeta iba a exiliarse a México junto a su esposa Matilde. El plan era derrocar al tirano desde el extranjero en menos de tres meses. Le iba a pedir ayuda al mundo para echar a Pinochet. Pero antes de que tomara el avión, aprovechando que estaba ingresado en una clínica, le pusieron una inyección letal en el estómago”, explicó Manuel Araya Osorio a EL PAÍS”.
Su poesía no es mi preferida, a pesar de que algunos versos siempre están presentes en mi vida. Descubrí el motivo en un excelente ensayo del crítico Colombiano Andrés Holguín llamado: “la poesía del silencio y otros ensayos”.  En esencia un poeta debe contar siempre con el lector, Pablo lo dice todo, nos desplaza, no avasalla en medio de la riqueza de su universo verbal y nos deja un vacío, que no he podido comprender. Por ello Vallejo, Nicanor, Huidobro, Lezama y Octavio, para no citar a Borges, son mis poetas.
El tema hoy por su puesto no es su poesía, corresponde a este nuevo suceso que despejará muchas dudas sobre los hechos que rodearon su trágica muerte. Para mí los resultados agregaran muy poco a lo que ya sabemos. La dictadura no solo acabó con las esperanzas de todo un pueblo, con su presidente, sino con su poeta.
Plinio Apuleyo Mendoza escribió hoy para el tiempo una excelente crónica. Les dejo la crónica:

PLINIO APULEYO MENDOZA FUE A CHILE POR ALLENDE Y SEPULTÓ A NERUDA

 Este escritor y periodista cuenta cómo vivió las horas y circunstancias de la muerte del poeta.
Nunca he olvidado aquel momento. Estaba en Caracas, ocupándome de la revista Bohemia, cuando me llegó la noticia de que había estallado un golpe militar en Chile contra el presidente Salvador Allende. Sin pensarlo dos veces, decidí entonces tomar el primer avión que saliera para Santiago, llevándome como fotógrafa a Fina Torres, una muchacha que semanas atrás yo había contratado en la revista.
Bonita, muy joven, casi una niña, vestida siempre de cualquier manera y con ojos llenos de sueño, sus fotos, magníficas, sabían rodear a temas y personajes de una atmósfera, un halo y un carácter muy particular. Pero a Fina la seguía un duende maligno que le extraviaba las cámaras, le hacía olvidar citas y llegar a los aviones cuando estos ya rodaban por la pista.
Pese a todo ello, decidí llevarla a Chile. El propietario de Bohemia, Armando de Armas, debió de interpretar aquella decisión mía de manera equívoca. Todo el mundo, en realidad, pues nadie cree en Edipos inocentes. Pero este lo era: luego de adquirir con su madre el compromiso de sacar adelante aquella niña con mucho talento pero desastrosamente imprevisible, me había convertido para Fina en un padre colérico, exigente y protector.
Aquel viaje a Chile estuvo lleno de sobresaltos. El avión no pudo aterrizar en Santiago porque todos los aeropuertos de Chile estaban cerrados por orden de los golpistas. De modo que el avión tuvo que regresar a Lima. Junto con un venezolano que estaba desesperado por llegar a Chile para encontrarse con su mujer, decidimos volar a Tacna. De allí, tramposamente, cruzamos la frontera en automóvil y nos dirigimos a Arica. No sé hoy cómo logramos obtener de las autoridades militares un salvoconducto para viajar de noche, pues en todo el país se había establecido el toque de queda.
A punto de ser fusilados

En una calle de Arica detuvimos un taxi. Su conductor no podía creer que yo le solicitara una carrera a Santiago, a solo dos mil o más kilómetros de distancia (algo tan estrambótico como parar un taxi en Barranquilla y pedirle que lo lleve al sur del país). Con dólares en el bolsillo y una moneda chilena que estaba por los suelos, no nos resultó costoso lo que el conductor cobraba por el viaje. Antes de tomar carretera, él se detuvo en su casa para llevar consigo una maleta.
Por cierto, aquel taxi, una verdadera antigüedad, se varó en pleno desierto, de noche y con un toque de queda que daba a aquellos parajes, bajo las fastuosas estrellas, un aura de silencio y soledad lunares. Nos ayudó a desvararlo un solitario cantante de óperas que venía desde Guayaquil ynada sabía de Allende ni de Pinochet.
Recuerdo que cuando llegamos a Antofagasta se oían disparos. Acababa de estallar una bomba. Como lo he escrito también, soldados histéricos recorrían las calles en todoterrenos y camiones. Fue entonces, en aquel instante electrificado de tensión, cuando el duende de Fina volvió a hacer una de las suyas poniéndole en su cámara un teleobjetivo tan grande como una bazuca, detrás de la cual, en el taxi, ella parecía como un francotirador agazapado. Violentos soldados saltaron de un camión, nos rodearon, nos sacaron a empellones y nos pusieron de cara contra un muro. Un oficial nos salvó de ser fusilados. Después de los centenares de muertos de esos primeros días posteriores al golpe, los soldados tenían el gatillo fácil.
Pese a todo, en aquel país todavía sin vuelos y con los aeropuertos cerrados, fui uno de los primeros periodistas extranjeros en llegar a Santiago. Logré ver amigos de izquierda escondidos en sus casas, mientras otros eran detenidos y llevados al Estadio Nacional y otros invadían las embajadas. Arrumes de sus libros eran quemados en las calles. No sé cómo, logré que una hermana de Jorge Edwards me consiguiera una cita con Neruda, que estaba internado en la clínica Santa María de los Ángeles. Allí me dirigí, siempre movilizándome en el viejo taxi contratado en Arica, apenas se levantó el toque de queda.
Nunca he olvidado el choque que recibimos Fina y yo cuando, al decirle a la recepcionista de la clínica que teníamos una cita con el poeta, ella nos replicó sorprendida: “El maestro Neruda murió a las tres de la mañana”.
Fue tal nuestra congoja y desconcierto que la mujer, apiadada, decidió darnos la dirección de la casa a donde habían llevado el cuerpo del poeta. Aquella dirección me quedó grabada para siempre en la memoria: calle Marqués de la Plata.
Como lo tengo escrito en un texto titulado Aquel adiós a Neruda, hacía frío y todavía flotaba en el aire una neblina matinal cuando llegamos a aquel lugar. La calle pequeña, olvidada, refugio ideal para un poeta, se desprende de otra, igualmente pintoresca, llena de árboles de un intenso color rojizo, que en plena primavera austral dan una impresión de otoño. Cuando, atendiendo los golpes que dábamos a la puerta, apareció una mujer a quien le hicimos una pregunta absurda:
–¿Don Pablo?

–Está arriba –respondió de la manera más natural.

Una casa saqueada

El patio de entrada se veía inundado. Las piezas de la primera planta, también, por un agua que fluía de alguna parte. Al otro lado del patio, en un nivel más alto, había un jardín húmedo, lleno de escombros: papeles, libros quemados, vidrios, muchos vidrios: crujían bajo la suela del zapato. Dos mujeres removían cautelosamente los escombros. Una de ellas se volvió hacia nosotros.
–La destruyeron –dijo simplemente.

Nos inclinamos para recoger una foto sucia de barro. Era muy antigua: tres hombres y una mujer, vestidos a la moda de los años 30, sentados en medio de la nieve. Parecían reír felices ante el fotógrafo.
–Eran fotos y cartas de don Pablo –dijo la mujer–. No esperaron siquiera a que muriera.
–¿Dónde lo tienen? –pregunté.

–Allí –dijo ella señalando una casa pequeña, semejante a un palomar, que se alzaba en lo alto del jardín.
Subimos por una empinada escalera. Al abrir la puerta, nos encontramos delante del féretro, en un cuarto helado y sin luces, donde solo había media docena de mujeres.
Aquel féretro gris, sin pompa, sin cirios, sin coronas, colocado en un extremo de la pieza y adornado solo con dos rosas blancas que parecían cortadas de prisa, daba una sensación de soledad. Bajo el cristal, descansando sobre un raso, la cara de Neruda parecía reducida, irreal. Lo humano en aquel momento no era su cara, sino la camisa de cuadros que llevaba abierta en el cuello y el saco de tweed: una indumentaria deportiva que hacía pensar en plácidos domingos en Isla Negra.
La esposa de Neruda estaba sentada junto al féretro, sola. A Matilde Urrutia la había yo conocido incidentalmente dos años atrás en Barcelona, en la casa de García Márquez. Nada en aquel verano hacía temer por la vida del poeta. Ni por Chile. La mujer rubia que entonces hablaba con animación mientras se enfriaban en la nevera las botellas de vino blanco esperando la llegada de Neruda permanecía ahora inmóvil y sin llorar, al pie del ataúd, en un cuarto sembrado de escombros. La casa había sido requisada y saqueada. Al ser desviadas las aguas de un canal, la planta baja se había inundado. No había luz eléctrica. Las ventanas estaban rotas. Rotas también las lámparas, rotas en añicos las cerámicas, quemados los libros y desaparecidos los cuadros, una colección de primitivos que Neruda había reunido a lo largo de su vida.
El segundo forastero que llegó, después de nosotros, era un escritor alto, jovial, de cabellos blancos que yo había conocido en un viaje anterior a Chile. No recuerdo hoy su nombre. Pertenecía al partido comunista. Cuando charlábamos en voz baja junto al féretro, Matilde se dirigió a él para solicitarle que se hiciera cargo de los trámites con la funeraria. Buscaba un auto. Yo le ofrecí mi taxi, que esperaba en la puerta. Así quedé también yo comprometido en esas diligencias que abarcaron el resto del día.
Recuerdo que al salir recogí en el jardín un buen número de fotos y cartas regadas por el suelo. Las tuve conmigo seis meses, hasta que se las devolví a Matilde en Caracas, cuando nos encontramos de nuevo en casa de Miguel Otero Silva. Aquella mañana, antes de salir con mi amigo el escritor, la vi en el jardín con la frente apoyada en el tronco de un sauce, llorando en silencio.
Mientras avanzábamos hacia el centro de la ciudad por calles grises, llenas de frío, mi amigo nos contaba a Fina y a mí cómo se había descartado la idea, propuesta por algunos, de llevar el cadáver de Neruda a México. Matilde no estuvo de acuerdo porque podría ser algo malinterpretado por el pueblo chileno. Mi amigo abrió su mano y nos enseñó una llave. “Es para la tumba de Pablo”, nos dijo.
El mausoleo donde sería sepultado el cuerpo del poeta pertenecía a los familiares de un famoso dirigente de fútbol chileno, Carlos Dittborn.Sepultura provisional: más tarde sus restos serían llevados a Isla Negra, para respetar una voluntad expresada por Neruda.
El empleado que nos atendió en la funeraria llenó las planillas con una minuciosa aplicación burocrática. “¿Nombre del fallecido?” “Neftalí Reyes Basoalto”. “¿Padres?” “José del Carmen Reyes y Rosa Basoalto”. Etcétera.
Al cabo de un detallado registro, no todo estaba en regla. Faltaba la cédula del poeta y el registro de defunción (lo obtendríamos más tarde: Neruda había fallecido a consecuencia de un cáncer en la próstata y no de un infarto, como se dijo).
Finalmente, una última pregunta: “¿Cuántas carrozas?” Nuestro amigo no sabía: “En condiciones normales deberían ser más: siete o diez carrozas, qué sé yo –dijo–. Pero me temo que en las actuales circunstancias baste una sola”.
Un funeral convertido en mitin

Su tono era ligeramente amargo. El amigo de Neruda no sabía en aquel momento si debía o no esconderse, si sería o no detenido. Aquella madrugada había recibido por teléfono la noticia de la muerte del poeta cuando se hallaba en su apartamento, entregado a una faena dispendiosa: estaba quemando su biblioteca, llena de libros marxistas, en previsión de una requisa. Los libros habían terminado de arder en la chimenea del salón cuando empezaba a amanecer.
Al día siguiente, contra lo que temíamos, había más gente de lo previsto en la puerta de la casa: unas 300 personas, contando periodistas y fotógrafos europeos. El sol apenas calentaba. Había en el aire algo que sugería aún el olor, el color del invierno austral. Cubierto con la bandera chilena, el féretro fue transportado a través del jardín lleno de agua hasta la carroza funeraria que aguardaba en la puerta. Cuando el cortejo iba a iniciar su marcha, en un ambiente donde llegaba a percibirse el miedo de aquellos días, estalló en la calle un grito anónimo:
–¡Camarada Pablo Neruda!

–¡Presente! –contestó la multitud.

El grito se repitió dos veces con la misma réplica. Luego, la voz anónima cortó con un rotundo: “Ahora y siempre”. Y el cortejo inició su marcha, de nuevo en silencio y muy despacio. No había mucha distancia de la casa de Neruda al cementerio general: dos kilómetros a lo sumo. En el clima que vivía la ciudad intensamente patrullada por el Ejército, aquel fue un recorrido lento y cargado de tensión. Había gente en algunas puertas y ventanas que miraba pasar el féretro sin decir nada.
Al llegar a la alta y abovedada puerta del cementerio, el féretro fue descendido de la carroza funeraria y depositado sobre una tarima rodante. El grupo, a medida que avanzaba, fue haciéndose más denso. De pronto, alrededor del ataúd, se alzó el rumor sordo de un canto. Parecía un zumbido de abejas. En la acústica de la galería, las voces se hicieron más decididas, más firmes. Cantaban La Internacional.
Detrás, en la plazuela que se abre delante del cementerio, se escuchaban las sirenas de los vehículos militares. Soldados, metralleta en mano, saltaban de los camiones. Pero la multitud seguía cantando. Cuando el ataúd iba a ser introducido en el nicho, en medio de una lluvia de flores, estalló de nuevo el grito a Neruda. Y de repente, otro intempestivo:
–¡Compañero Salvador Allende!

Era la primera vez que el nombre de Allende era gritado en Santiago después de su muerte. Un coro inmenso contestó: “¡Presente!”
Luego el saludo fue para Víctor Jara, un cantante chileno fusilado una semana atrás en el Estadio Nacional. Su esposa, una inglesa alta y rubia que se encontraba junto al féretro, estalló en sollozos. Cuatro días antes, acompañada por el embajador británico, había descubierto el cadáver de su esposo en la morgue, en medio de 200 muertos.
De pronto, el funeral de Neruda se había convertido en un mitin. ‘Primer acto público de oposición’, titularía el diario francés Le Monde. El acto fue, de todas maneras, muy breve. Apenas quedó clausurado el nicho que guardaba los restos de Neruda, se produjo de nuevo un silencio hecho de desconcierto y tensión. Seguían escuchándose fuera las sirenas de los autos militares. La multitud empezó a dispersarse con prisa en todas direcciones.
Cuando salimos, a pocos metros de la entrada, encontramos un grupo de mujeres vestidas de negro que lloraban. No lloraban por Neruda. Eran esposas de dirigentes obreros que habían muerto fusilados. Acababan de reconocer los cadáveres de sus maridos en la morgue y tenían en las manos recientes certificados de defunción dados por las autoridades militares. Lloraban a pocos metros de los camiones del Ejército.
De todo ello tomó Fina extraordinarias fotos, empezando por la de Neruda en el ataúd tomada la víspera. Junto con un relato mío, llegaría a varios medios de Europa. Por cierto, aquella hija adoptiva yo la llevaría a París, la haría entrar en el IDHEC (Instituto de Altos Estudios Cinematográficos), sin imaginar que con el tiempo se convertiría en una famosa directora de cine.
Nunca olvidamos aquel adiós a Neruda, adiós que hoy cobra actualidad cuando se anuncia que su cuerpo va a ser exhumado, pues el entonces chofer del poeta sostiene que este murió asesinado por obra de una inyección letal y no del cáncer que padecía.
La fotógrafa Fina Torres

Estudió diseño, periodismo y fotografía en Venezuela. Luego viajó a París, donde cursó estudios de cine en el Institute des Hautes Études Cinématographiques (IDHEC). Después de graduarse, ejerció como editora, operadora de cámara y ‘script’, mientras desarrollaba sus propios proyectos de cortometraje y documental. En 1985 ganó el premio Cámara de Oro del Festival de Cannes, por su ópera prima, la película ‘Oriana’. En 1993 coescribió, produjo y dirigió ‘Mecánicas celestes’, protagonizada por la española Ariadna Gil. En el 2000 dirigió a otra española, Penélope Cruz, en la comedia romántica ‘Las mujeres arriba’. En el 2010 escribió y dirigió la cinta ‘Habana Eva’, con la venezolana Prakriti Maduro como protagonista, una película desarrollada en La Habana, Cuba. En la actualidad reside en Los Ángeles (California), donde prepara sus proyectos cinematográficos.
Plinio Apuleyo Mendoza

Escritor y periodista, coautor del ‘Manual del perfecto idiota latinoamericano’.

domingo, 31 de marzo de 2013

CHINUA ACHEBE


Obtener un reconocimiento no fue fácil para muchos pueblos africanos. Pese a tener una riqueza cultural y una tradición  inconmensurable,  la indiferencia de occidente era emblemática.  Achebe, quien nació en Nigeria  es uno de los escritores más importantes del siglo pasado. Obtuvo un reconocimiento mundial con la publicación de su novela “Todo se desmorona”.  Esta se editó en 1958, su aparición se da en pleno auge cultural del país y en medio del renacimiento cultural de África. A este pertenecieron Ben Orki, John Pepper-Clark, Cole Omotoso y el premio nobel  Wole Soyinka.  Todos escriben en la lengua inglesa,  que es la lengua de sus opresores, como un acto de exorcismo que pretende liberar a su pueblo contando su propia tragedia. Donato Indongo-Bydyogo escribe en “El país” de España al respecto “De ahí que no desdeñen construir su literatura en el inglés sencillo propio del común de su gente, en el idioma de los suburbios y de los estibadores de los puertos de Lagos o Port-Harcourt. Esa apuesta, además de remarcar su grandeza, permite soslayar polémicas un tanto artificiales que desde hace tiempo planean sobre las literaturas africanas: el papel de las llamadas “lenguas importadas” en la construcción de las culturas postcoloniales, o la presunta inutilidad de la literatura en sociedades mayoritariamente analfabetas”. Ayer murió este gran escritor.
El argumento de esta novela en apariencia es simple: “konkwo es un gran guerrero, cuya fama se extiende por toda el África Occidental, pero cuando mata accidentalmente a un prohombre de su clan es obligado a expiar su culpa con el sacrificio de su hijastro y el exilio. Cuando por fin puede regresar a su aldea, la encuentra repleta de misioneros y gobernadores británicos, su mundo se desintegra, y él no puede más que precipitarse hacia la tragedia”.  El mensaje subyacente es más  profundo. Se  denuncia como Europa acabó con la cultura gracias a su ambición desmesurada.  El precursor de esta literatura fue Olaudah Equiano, un esclavo liberado, se convirtió en uno de los primeros africanos en producir un trabajo literario en inglés. Publicado en 1789 y titulado The Interesting Narrative of the Life of Olaudah Equiano, or Gustava, the African, se trata de una autobiografía donde cuenta cómo fue secuestrado a la edad de doce años de su pueblo, Essaka, próximo a Benín, vendido a un comerciante de esclavos blanco y posteriormente liberado. El libro fue el primeo en mostrar a Europa la realidad del continente y la perversión de la esclavitud. Se convirtió automáticamente en un bestseller, llegando a la novena edición en el año de la muerte del autor, 1797.
 En términos políticos, M.J.C. Echeruo señala: "En Achebe y su generación, la agitación política y las especulaciones filosóficas de los años cuarenta dieron sus frutos, mucho antes de lograr la independencia dos décadas más tarde". El propio Achebe lo confirmó cuando declaró: "Tengo que decir a Europa que África posee pasado, historia, religión, civilización... Hemos reconstruido esta historia para afrontar los estereotipos". Posteriormente, explicó la posición comprometida y combativa de estos escritores: "Europa nos concedió la independencia y acto seguido empezamos a menoscabarla.
Su muerte le servirá de nuevo para recordarle al mundo el papel que cumple la literatura para resguardar la memoria de los pueblos y el papel de ciertos escritores, pese a la historiade sangre y saqueo del pueblo Africano.

sábado, 23 de marzo de 2013

SERGIO PITOL



Los escritores de la talla de Sergio, humanistas a carta cabal,  enciclopedias ambulantes, se están extinguiendo lentamente, son remplazados por una clase intelectual focalizada, especializada en temas muy puntuales, informada más no profunda, la revolución de las comunicaciones constituye la plataforma desde donde se desarrollan y se imponen implacablemente. Hoy se ha perdido el talante universal de la cultura occidental. Sergio cumplió 80 años. Su trayectoria en materia literaria es rica en aportes y constituye un icono para las letras hispanoamericanas y para el mundo. Es uno de los traductores más importantes de Latinoamérica con más  de cuarenta libros de autores como Jane Austen, Joseph Conrad, Antón Chéjov, Tibor Déry, Witold Gombrowicz, Robert Graves, Henry James, Malcolm Lowry, Bruno Schulz, Lu Hsun, entre otros. n abril de 2006, recibió el Premio Miguel de Cervantes de Literatura en Lengua Castellana 2005 (España), máximo reconocimiento a la labor creadora de escritores españoles e hispanoamericanos cuya obra ha contribuido a enriquecer el patrimonio literario en lengua española. El también ganador del Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo 1999, es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1997.
Con el aniversario se han editado sus traducciones más importantes y novelas: Un drama de caza, de Antón Chéjov (Rusia); Madre de reyes, de Kazimierz Brandys (Polonia); Las puertas del paraíso, de Jerzy Andrzejewsky (Polonia); y Washington Square, de Henry James, además de la autobiografía Adiós a todo eso, de Robert Graves (Inglaterra). Las obras se unen a cinco más publicadas previamente como parte de esa colección: las novelas La vuelta de tuerca, de Henry James (Estados Unidos); Diario de un loco, de Lu Hsun (China); Emma, de Jane Austen (Inglaterra); y El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad (Polonia-Inglaterra), así como el libro de cuentos El ajuste de cuentas, de Tibor Déry (Hungría)”.
Entre sus títulos más conocidos destacan: Tiempo cercado (1959), No hay tal lugar (1967), Infierno de todos (1971), Los climas (1972), El tañido de una flauta (1973), Asimetría (1980). También Nocturno de Bujara (1982), cuento por el que recibió el premio Xavier Villaurrutia; El desfile del amor (1984), novela con la que obtuvo el premio Herralde; La casa de la tribu (1989); De la realidad a la literatura (2002), y El mago de Viena (2006).
“Nació en Puebla el 18 de marzo de 1933. Se licenció en derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, y ha sido titular de esa carrera en su alma máter, en la Universidad Veracruzana de Xalapa y en la Universidad de Bristol. Fue miembro del Servicio Exterior mexicano desde 1960, para el que ha trabajado como agregado cultural en París, Varsovia, Budapest, Moscú y Praga. Su paso por Moscú  afianzó en él su afición por la literatura rusa en general y por Antón Chéjov en particular. Además residió en Roma, Pekín y Barcelona por motivos de estudio y trabajo. En esta última ciudad vivió entre 1969 y 1972 traduciendo para varias editoriales, entre ellas Seix Barral, Tusquets y Anagrama (la cual publica sus obras en España). Actualmente vive en Xalapa, capital del estado mexicano de Veracruz. Siempre ha estado vinculado a la cátedra. Con Octavio Paz y Alfonso Reyes es una reserva literaria de más hondo calado, son verdaderos ejes, por donde indagar la cultura de este país hermoso y variopinto. Su obra, a propósito de este aniversario  necesariamente debe ser estudiada, ha sido  re-editada en su totalidad y esta a la mano.”
Sergio es un férreo defensor de los derechos humanos. El estado nunca podrá estar por encima del ser humano, afirma.  No acepta que se aduzcan razones de estado para violar derechos humanos. Su lucha en este sentido es un ejemplo para la juventud actual, que ha resultado enorgullecerse de ser apolítica y distante de los procesos sociales, en una región llena de inequidades.
Jorge Pitol, escribió un ensayo hermoso sobre aspectos muy particulares de su obra.  Se llama el “Arte de la memoria de Sergio Pitol”:
Tal como fue entendida desde la Antigüedad clásica hasta bien avanzado el siglo XVIII, el Arte de la Memoria no era ni un simple divertimento ni una herramienta para tratar de petrificar el pasado —una de las obsesiones permanentes de los seres humanos—ni una técnica usada por comediantes o embaucadores, sino un vehículo indispensable de conocimiento, una disciplina propia de sabios y filósofos. Como dice Cicerón en De Ora tore, “quienes deseen educar esta facultad han de seleccionar lugares y han de formar imágenes mentales de las cosas que desean recordar, y almacenar esas imágenes en los lugares, de modo que el orden de los lugares asegure el orden de las cosas, de modo que las imágenes de las cosas remitan a las cosas mismas”. Aunque la técnica pareciese sencilla, dominarla requería años de entrenamiento: la imaginación se convertía, así, en un instrumento privilegiado a la hora de asomarse al mundo y sus misterios, capaz por tanto de representarlo ordenadamente. En los textos de -Una autobiografía soterrada, Ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones-, Sergio Pitol parece evocar conscientemente este arte ancestral, aplicado en este caso a revelar —siempre de manera sutil o, como él sugiere, soterrada— las conexiones secretas entre su vida y su obra.  Sabemos perfectamente, gracias a su segunda trilogía, conformada por El arte de la fuga, El viaje y El mago de Viena, que Pitol es un memorialista exquisito, capaz de enhebrar autobiografía, ensayo y ficción en un solo flujo narrativo, pero en esta especie de apéndice acentúa el lazo entre su poética y su experiencia o, yendo un poco más lejos, de hecho asienta los vínculos indisolubles entre su forma de entender la literatura y el papel que ésta ha desempeñado a lo largo de su vida. Ya desde el primer texto de este volumen, el exquisito y desconcertante “Diario de La Pedrera”, Pitol no duda a la hora de señalar la poderosa correspondencia entre los lugares entendidos aquí no sólo como sitios físicos, sino como lugares mentales— y los recuerdos: ingresado en la Clínica de La Pedrera, en La Habana, Cuba, para un tratamiento de ozonificación de la sangre —un procedimiento que suena casi alquímico—, Pitol sufre una anamnesis y, con una “energía física y mental desde hace tiempo desconocida”, regresa al momento de su primer viaje a Cuba, a su juventud y, de manera aun más significativa, al momento en que se convirtió en escritor”.
La cita no resulta extensa por la calidad del texto. Sergio amerita ser evocado y de hecho su obra perdurará y resulta ser clave para entender no solo a México sino a la propia Latinoamérica desde una perspectiva estética. Como siempre leerlo es el menor homenaje.

domingo, 17 de marzo de 2013

LA ANTOLOGIA POETICA DE ELKIN URIBE




No se debería hablar sobre la poesía, simplemente tendríamos que leerla y disfrutarla. Pero es un hecho que este ejercicio muchas veces explicitan aspectos de la obra y el autor poco conocidos por el lector.  Elkin es un escritor laborioso, sus poemas corresponden a un trabajo meticuloso, artesanal en esencia. Estos atienden al ritmo, la rima, el verso clásico heredado del romancero.  Sin temor a equivocarme, diría que su trabajo es el de un artesano, desarrolla temas puntuales  con un corte muy existencialista, que evocan momentos especiales de su vida. Sus poemas han sido forjados con rigor. Cuáles son las influencias y quien es en esencia este escritor Colombiano. Citaré lo más relevante de su biografía literaría y excluiré aquellos aspectos banales.  
Elkin es un poeta natural, autodidacta, que atendió el llamado de una pasión: La poesía. En Antioquia aun se acostumbra en los pueblos  a dar recitales y poesía. En estos festivales y en las reuniones donde escuchaba a espontáneos recitar, sintió la vena, el llamado,  ese cosquilleo que producen ciertas cosas cuando nos gustan y que nos parece conocemos de antemano. Desde joven en su tierra natal, comenzó a descubrir  la poesía y aquellos poetas que con el tiempo marcaran sus versos.
Pese a que muchos de sus poemas corresponden al verso libre, la mayoría están hechos atendiendo las reglas del verso endecasílabo, del soneto en el sentido más clásico, al poema impuesto por el modernismo en su estructura, movimiento que más ha influido en su poesía. Rubén Darío, José María Peman, Porfirio, Silva, Flórez, Ramón Jiménez son algunos de los poetas que más han marcado su obra. El verso endecasílabo posee un ritmo particular articulado en torno a tres ejes rítmicos o acentos; de ellos, dos al menos son obligatorios, en la sexta y décima sílaba (endecasílabo propio), aunque también son correctos los endecasílabos con acentos en cuarta, octava y décima sílaba (endecasílabos sáficos). Elkin no trabaja con excesiva rigurosidad estas reglas, pero atiende a sus aspectos esenciales del ritmo y la rima: Sentado cabizbajo sobre la almena/ inundada la mente de melancolía, / se traslapa la alegría con la pena; / ¡Oh angustia!: matas al alma mía.
Octavio Paz refiriéndose a Porfirio Barba Jacob escribió: Por su acento elocuente y la musicalidad de su prosodia, una y otra carentes de noble intensidad, Porfirio es un modernista rezagado”. Cobo Borda señala a renglón seguido a través de las palabras de otro ensayista, Jorge Cuesta, fechada en 1928: Barba Jacob es un poeta que emplea los logros del modernismo, lleva a un punto de plenitud tales instrumentos, sin innovar en él”. Hago la cita puntual, para decir que  Elkin es un modernista, estudia y juega constantemente con estas formas y sus versos son una  búsqueda de la perfección, sin caer en aquellos versos forzados, empalagosos, corrientes en nuestra geografía.
En Colombia son muchos los poetas, más bien poca la poesía. Cobo Borda,  por ello enfatiza: Nuestro poeta más actual sigue siendo José Asunción Silva.  En su texto la tradición de la pobreza es tajante: “La lectura de la poesía Colombiana, aunque solo sea la de un siglo, resulta incomoda, es una poesía poco importante”.  Agrega a renglón seguido: “Colombia bien puede ser llamado el país americano del término medio, de las auras mediocraticas. Estas palabras de Jaime Jaramillo Uribe, bien pueden aplicarse a nuestra poesía: “Una línea gris jalona su historia, y entre el bosque de sonetistas ingeniosos y cantores rotundos, unos pocos árboles vuelven aún más desolado el panorama, no tanto por lo que ellos encierran de plenitud, sino por la sombra que arrojan sobre el resto”.  El trabajo, la inspiración y su meticulosidad, le han evitado caer en estas aguas. En este caso sería preciso a propósito de la actitud de Elkin, traer a colación lo expresado por Borges: “Buscamos la poesía; buscamos la vida. Y la vida está, estoy seguro, hecha de poesía. La poesía no es algo extraño: está acechando, como veremos, a la vuelta de la esquina. Puede surgir ante nosotros en cualquier momento”. 
En los últimos años ha recatado poetas olvidados del país y del mundo. Ha vuelto a poner en contexto aspectos biográficos y a recordar sus mejores versos. Esta tarea el hecho en silencio y de algún día compilará y publicará esta antología.
La biografía de Elkin Uribe se sintetiza en una búsqueda constante de la palabra precisa que le de punto final a sus versos, es la única arma con la  que intenta comprender y soslayar la vida.  Mejor que hablar de su vida con datos que no dicen nada, es más inteligente conocerlo a través de su obra.   
He querido que mis lectores tomen en cuenta este trabajo. Pronto por medio digitales se editará su antología. Estaremos atentos a la misma.


SER: INTERNO Y EXTERNO

Igual que la música es:
La unión de las notas con el silencio;
la meditación es:
La unión de los espacios entre los pensamientos.

Igual que el ruido
estorba al recogimiento y al silencio;
el ego es chirrido,
para hallar a Dios en lo interno.

Ruido, estruendo...
Acciones sádicas
cultivo del ego.
Silencio, recogimiento...
Acciones mágicas
del ser interno.
Ruido, estruendo...
Acciones sádicas
cultivo del ego.
Silencio, recogimiento...
Acciones mágicas
del ser interno.

CON EL AMOR

Sentado cabizbajo sobre la almena4,
inundada la mente de melancolía,
se traslapa5 la alegría con la pena;
¡Oh angustia!: matas al alma mía.

¿Qué silencio ronda aquel estado
induciendo al espíritu a la derrota?,
¿te martiriza acaso algún pecado
o está ansiosa, quizás, tu alma toda?.

¿Cuál incertidumbre es tu sigilo,
no crees que debes del letargo despertar?.
La meditación ha llegado a punto,

iniciando entonces la hora de cambiar...
¡Oh reflexión!: expulsa al dolor!
y arróbate alma mía, con el amor.


domingo, 10 de marzo de 2013

ALGUNAS LECTURAS PARA TIEMPOS DE TEDIO


Piedad Bonnet la poeta y novelista Colombiana,  lanzará su último libro: “Lo que no tiene nombre” el próximo 13 de Marzo. Este texto es un testimonio sobre el suicidio de su hijo, el artista plástico Daniel Segura Bonnett, el 14 de mayo de 2011, en Nueva York (EE. UU.), mientras adelantaba una maestría en la Universidad de Columbia.  Es una catarsis de la mano de una de las poetas más connotadas del país, el enfrentamiento a un suceso desgarrador. En una entrevista, dio algunas claves del origen del libro: “Buscando entender, empecé consignando en una libreta mis recuerdos, mis reflexiones y mis preguntas, sin ningún fin. Lo hacía a medida que leía testimonios de pérdidas, libros sobre el suicidio, sobre el duelo. Y estos libros me dieron la idea de contar la historia de Daniel, que es la historia de muchos. Porque está llena de hechos dramáticos, de dolor y de lucha, porque plantea infinidad de preguntas y porque nos hace repensar en esa noción de destino que manejaban los griegos”. Esperamos leerlo, para poder hacer un comentario más amplio, de hecho será una buena experiencia viniendo de quien viene.
Philip Roth cumple ochenta años. Quien por alguna razón, siendo amante de la buena literatura, no lo ha leído hasta ahora, el consejo es que lo haga, este es uno de los escritores más grandes de todos los tiempos, sus libros tienen una fuerza impresionante y una prosa excelsa y directa sin parangón. Este hombre que  sufre de paranoias sucesivas, proclive al suicidio y solitario insigne, nunca ha dejado de trabajar y menos de publicar. La cadena PBS presentará este mes el documental: “Philip Roth, Unmasked”. El mismo ha generado una gran expectativa, pues el autor abrió las puertas de su casa durante diez días, algo impensable dados sus antecedentes de ermitaño. Quienes lo han visto dicen que la producción, de 90 minutos, es reveladora y que Roth habla por primera vez de su vida privada y de su obra. Leerlo constituye casi una obligación. No he leído “Némesis”, publicada  que el autor en 1910, la cual señala como su última novela, esperamos no sea así. Recuerdo la afirmación hecha por Harold Boom: “En términos generales, Roth es probablemente el mayor novelista estadounidense tras Faulkner”.
Leí el texto “ En_ línea, leer y escribir en la red” de Daniel Cassany, que es un documento completo sobre la red y sus ventajas, didáctico por excelencia, comienza con lo elemental y termina entregándonos las herramientas más idóneas sobre este instrumento revolucionario. Este ensayo de quien es un experto en la comunicación escrita y que se ha especializado y comprometido con la revolución de las TIC, resulta importante frente al momento estelar que vive el mundo digital y al cual pertenecemos inevitablemente.
El libro “Gabo cartas y recuerdos” de Plinio Apuleyo Mendoza resulta ser un plato exquisito y es un retrato del Gabo más entrañable, del hombre de carne y hueso, en su época de consolidación como escritor. Fueron los tiempos difíciles de su vida, pero emblemáticos y entrañables. Las cartas publicadas dejan ver los aspectos más humanos de quien es el novelista más importante de la lengua castellana. Se podrá estar de acuerdo ideológicamente con Plinio o no, pero tiene una prosa excelsa y es un cronista de mil quilates.
Empecé a leer de Herta Muller, la “piel del zorro”. Es un cuadro desgarrador y sórdido sobre la Rumania después de Ceaucescu. Ampliare el comentario después de su lectura final.