domingo, 9 de noviembre de 2014

LITERATURA Y VIOLENCIA EN COLOMBIA


Lo que he denominado literatura de la violencia, constituye el corpus de obras de ficción y en algunos casos,  documentos testimoniales, que tratan este tema en Colombia, desde la primera edición de la “ Casa grande” de Cepeda Samudio y la “Hojarasca” de Gabriel García Márquez, hasta las últimas novelas escritas por una pléyade de jóvenes narradores de mucho valor y que resulta ser un referente de suma importancia de nuestra narrativa.   
El periodo y las obras tomadas en este artículo son absolutamente arbitrarias, responden solo a mis preferencias, algunos autores están por fuera de las antologías hechas por la crítica especializada. No quiero hablar del género de la violencia en Colombia, como ha sido estudiado este fenómeno por la academia, no porque esté o no esté de acuerdo con estas clasificaciones, creo que es inevitable que se produzcan obras narrativas de este tipo en un país cruzado por mil violencias, donde el ciudadano de a pie a llevado la peor parte, para no hablar de la población campesina inerme. Voy  referirme a las novelas más emblemáticas en este espectro desde mi condición de lector impenitente. Tampoco asumo la perspectiva de la narrativa de compromiso, este es una mirada desde la esclerótica estética, sin otra pretensión encubierta.
 Lo primero que hay que esbozar como apertura es una sentencia de Ángel Rama que resulta vital: “Ningún escritor, absolutamente ninguno, inventa una obra, crea una construcción literaria en forma ajena al medio cultural en el cual nace, que al contrario, todo lo que puede hacer es trabajar un régimen de réplica y de enfrentamiento con los materiales que va integrando a su cosmovisión, y que. Desde luego, implican una opción dentro de la pluralidad que le llega del medio en el cual se encuentra”. La narrativa de la violencia rompe con el costumbrismo, es una generación más universal, compenetrada con los grandes escritores americanos y las nuevas técnicas narrativas que revolucionarían las letras hispanoamericanas.
Alvaro Cepeda Samudio, fue el progenitor del grupo de Barranquilla en Colombia, en los años 50 del siglo pasado, que revolucionó las letras colombianas.  Su conocimiento de la escuela norteamericana del periodismo que se alimento de las técnicas literarias, la literatura sureña y al cine en todo su contexto,  le aportan a una pléyade de escritores y pintores todas las herramientas para producir un verdadero tsunami en nuestras letras: García Marquez, Mutis, para citar sólo lo más relevante. Su obra “La casa grande” resulta ser un ejemplo vivo de lo que sería posteriormente la literatura colombiana, con una técnica novedosa, donde se incorporan incluso influencias del cine, esa manera de narrar desde la esclerótica del personaje, creando universos propios pero que atienden a nuestra realidad más intensa, en este caso la violencia vivida desde muchas perspectivas. "La casa grande"es una novela de “Tema dramático acerca de la relación de varios personajes de familia, pero, colateralmente la historia de una serie de soldados que dialogan aterrados ante el hecho de haber sido atraídos para reprimir la huelga de la bananera”. Esta obra es un anticipo emblemático de lo que serían nuestras letras.
Creo que la “La mala hora” de Gabriel García Márquez, resulta ser la novela que desde lo estrictamente ficcional, asume el tema de la violencia por primera vez, con mucha claridad y un valor estético incuestionable, haciendo énfasis en como la sufren y padecen los colombianos, en este caso, los personajes de un pueblo de la costa, dejando percibir toda la atmósfera tensa que la misma genera en el ciudadano común; de igual manera devela algunos de los problemas endémicos de nuestra sociedad: La corrupción de la clase política, la injerencia de los militares y el enpoderamiento de algunos funcionarios, la actitud permisiva y cómplice en muchos casos de nuestros ciudadanos frente a estas influencias perversas. El argumento es simple: “La guerra civil es del futuro, pero se vive una paz desagradable, que hace respirar un aire denso, donde el bando ganador, conservador, no escatima en gestos para incomodar a los antiguos adversarios, liberales; de manera solapada los asedian constantemente, lo que probablemente generará continuar el conflicto armado. César Montero, un vecino del lugar, acaba de asesinar de un escopetazo a Pastor, un cantor bastante popular, supuesto amante de su mujer. La causa para tal especulación: un pasquín que apareció pegado en la puerta de su casa. Pero es sólo otro de tantos panfletos que han venido apareciendo en el pueblo, notas que revelan secretos de los habitantes, algunos supuestos y otros tan ciertos que no necesitaban tan burdos mensajes. Se puede decir que los pasquines, que algunos consideran una tontería, representan la materialización inicial de esa violencia colectiva que hace tambalear esa paz del momento, y el asesinato que se relata, probablemente el detonador para continuar la guerra. Para este pueblo ha llegado la mala hora”. La novela esta cosida y forjada en este ambiente tenso y confuso, uno como lector lo siente, lo vive, así no lo comprenda del todo. Su escritura es impecable y anticipa la gran obra de Gabo, se empieza a decantar la influencia de Faulkner. A partir de esta novela, empiezan a aparecer un sin número de obras que reflejan el grave problema de violencia que padecemos. Después asumiré el tema de la violencia en toda la obra de Gabo, como es un hilo indeleble de su narrativa.
Eduardo Caballero Calderón, es un escritor de culto, trató el tema de la violencia, con obras inolvidables para nosotros: “El cristo de espaldas”, “Siervo sin tierra”, “Manuel  Pacho”, novelas escritas con una prosa clásica, castiza, obsesionada con la forma, pues este hombre culto abrevo en los clásicos españoles, fue un apasionado de la obra de Proust, un humanista a carta cabal. En “ Siervo sin tierra”,  desde su personaje, un campesino de un pueblo de Boyacá, toca uno de los problemas más graves del país, generador de violencia, la tenencia de la tierra, la explotación de los campesinos por parte de los terratenientes y la violencia de los partidos políticos de las décadas del cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo pasado.  En “El cristo de Espaldas”  el tema de la violencia es presentado de otra manera, como se vive en los pueblos colombianos, revela la injerencia de la iglesia, las perversidades de la clase política. En una tesis memorable de Pía Paganelli, se describe textualmente: “La novela El cristo de Espaldas al ser del año 1952 se desarrolla en pleno conflicto bipartidista en la región rural andina, representado en términos de una disputa familiar. Entre ambas familias lideradas por gamonales, se encuentra el pueblo encarnado en la figura sufriente del campesino, como rehén de un conflicto dentro del cual participa sin conciencia ni beneficios, casi por inercia. Teniendo en cuenta esos actores sociales, la novela pretende dar cuenta desde un estilo más descriptivo y reflexivo, de las consecuencias que tuvo la violencia política desatada en la zona rural, tales como, la des-organización familiar, la migración forzosa de poblaciones enteras, la usurpación de tierras indiscriminadamente tanto por parte de liberales como de conservadores, la desarticulación de la clase dirigente, y el surgimiento de grupos armados de autodefensa campesina como respuesta a la acción punitiva de “pájaros”, es decir, de asesinos a sueldo”.  Está claro, que Caballero, muestra la violencia rural del país, desde perspectivas diferentes, pero en cabeza del campesinado, del personaje inerme que vive entre fuerzas por fuera de su capacidad y que lo afectan implacablemente en todos sus sentidos.
“Manuel Pacho”  resulta la expresión más viva de lo que denominamos literatura de la violencia, pues en esta obra el autor asume la responsabilidad de entregarnos un cuadro vivo de la impotencia del hombre frente a este fenómeno que lo avasalla. En una reseña de editorial norma, de la mano de Alexander Peña Saenz, me encontré con esta descripción lúcida: “Su protagonista, representa los testigos silenciosos e impotentes de las atrocidades que los villanos políticos acometieron en todos los campos colombianos: Manuel Pacho, encaramado en un árbol de mango, ve cómo sus familiares y todo lo que posee desaparece bajo la sangre y el fuego, a excepción del cuerpo muerto de su padre, para quien busca la bendición de un sacerdote que, por los azares del destino, se encuentra lejos. Nos dice el autor, en el epílogo, que la intención del libro es “revelar que hasta el hombre más anodino puede tener cualquier día su momento de heroísmo y sublime generosidad”.
En un mes continuare con esta mirada a la novela de la violencia en Colombia. Entre tanto seguiremos comentando nuestras lecturas.

















domingo, 26 de octubre de 2014

APUNTES DE ELIAS CANETTI


Y así, los apuntes se han acabado convirtiendo en una forma. Su capacidad de abarcar no tiene límites. Todo lo que luego falta es importante. El lector se añade él mismo como complemento.

La lectura de los diarios y los apuntes de algunos pensadores me ha conmovido de sobremanera, pues resulta ser un dialogo imaginario con quienes constituyen parte esencial de mis afinidades intelectuales. Apuntes de Canetti, es uno de mis textos predilectos, son intuiciones narrativas cortas, aforismos, donde se decanta el escritor desde la subjetividad más profunda, escritos desde la tragedia que constituye vivir en mundo irracional e inexplicable, como lo interpretó este autor emblemático del siglo XX.

Canetti fue un hombre comprometido con su siglo, sus textos representan el testimonio de un escritor lúcido, con una narrativa cercana a la perfección. Estos apuntes son una interpretación de hechos y textos  cercanos a sus lecturas. En cada uno de ellos se decanta la ansiedad de un pensador que vivía descifrando los acontecimientos, pues fue testigo de las peores brutalidades del siglo XX, lleno de guerras continuas y actos de barbarie inexplicables. Igualmente escribió infinidad de notas biográficas, de sentencias, estas son una obertura de su itinerario intelectual, escritas con la frescura de quien nunca pensó en publicarlas.
          
Afirma en uno de ellos: “Estaría bien, a partir de cierta edad, irse haciendo cada vez más pequeño, año tras año, e ir recorriendo hacia atrás los mismos estadios por los que antaño trepó uno con orgullo. Los honores y dignidades de la edad, con todo, deberían seguir siendo los mismos de hoy, de modo que gente muy menuda, como muchachos de seis u ocho años, serían los más sabios y los de mayor experiencia. Los reyes más viejos serían los más pequeños; sólo habría Papas muy pequeños; los obispos mirarían desde arriba a los cardenales y los cardenales al Papa. No habría ya ningún niño que quisiera llegar a ser una persona mayor. La historia perdería importancia con la edad; uno tendría la impresión de que sucesos ocurridos trescientos años antes habían tenido lugar entre seres parecidos a los insectos, y el pasado tendría, al fin, la suerte de que nadie se fijara en él”. Delante de este mismo remata: El equilibrio entre saber y no saber depende de cómo uno va adquiriendo sabiduría. El no saber no puede empobrecerse con el saber. A cada respuesta - a lo lejos y aparentemente sin relación alguna con ella debe saltar una pregunta que antes dormía acurrucada. El que tiene muchas respuestas debe tener todavía más preguntas. A lo largo de toda una vida, el sabio no pasa de ser un niño y las respuestas lo único que hacen es secar el suelo y la respiración. El saber es un arma sólo para los poderosos, y no hay nada que el sabio desprecie tanto como las armas. El sabio no se avergüenza de su deseo de amar a más hombres de los que conoce; y jamás se separará arrogantemente de aquellos sobre quienes no sabe nada”.
La lectura de estos apuntes es un dialogo, nos va abriendo puertas, son búsquedas, incitaciones a otras lecturas, como si estuviéramos tomando café con el autor.
Este proyecto lo empezó en 1930, después de “Auto de fe” y lo que en principio no dejaba de ser un ejercicio sin mayores pretensiones, hoy constituye en la apreciación de muchos, lo mejor de su obra.
Su lectura para mí ha sido absolutamente enriquecedora y me ha dado herramientas para alimentar la poca esperanza que me queda, algo así, como pese a las circunstancias adversas, siempre existe una salida, esta incluso puede partir de la propia imaginación.  
Cada apunte es una apertura a muchos interrogantes y hoja de ruta a búsquedas importantes. Dice el autor en este texto en uno de sus notas:
“El comportamiento externo del hombre es tan equívoco que a uno le basta con manifestarse tal como es para vivir de un modo totalmente desconocido y oculto. Una guerra ocurre siempre como si la Humanidad no hubiera llegado aún al concepto de justicia. Canetti un autor entrañable, grande e imprescindible, me sorprende cada día más, no me canso de decir que, un escritor difícilmente muere para sus lectores. Este es un buen ejemplo.








lunes, 13 de octubre de 2014

APRECIACIONES SOBRE EL NOBEL DE LITERATURA

Recuerdo un artículo excelente  de Gabriel García Márquez sobre los intríngulis en el proceso de elección del nobel de literatura,  escrito mucho tiempo antes que se le concediera.  Contaba los avatares que tiene esta elección, algunas anécdotas y secretos que pocos conocemos, revelados por los propios ganadores, quienes develaban detalles por encima de la condición estética de la obra que dejan al descubierto las tensas situaciones que sufren los miembros de la academia Sueca en la elección del ganador de cada año.  Los últimos premiados en mi apreciación constituyen un reconocimiento a ciertos escritores de una calidad indiscutible, quienes no son los más promocionados por las grandes editoriales. Es un hecho que no siempre los libros más vendidos o los autores más conocidos son los mejores, hablando desde la óptica literaria y estética. En mi criterio, existen una inmensa cantidad de buenos escritores que, por culpa de las propias editoriales, no trasciende las fronteras  de sus países,  tan sólo son conocidos por la crítica especializada y los lectores apasionados de siempre, que son mínimos.
Sí miramos lo que está pasando con los escritores Nórdicos en Europa, los excelentes novelistas Africanos, los jóvenes narradores latinoamericanos, para solo citar algunos casos, han sido muy poco promocionados, lo que significa que la literatura en un mundo global, parece no gozar  de las virtudes  más vitales de las TIC, como es su universalidad, los lectores no estamos lo suficientemente informados de lo que pasa por fuera de nuestras fronteras, peor aún, no conseguimos los títulos en las librerías locales. El premio de este año sorprendió a muchos, muy a pesar de ser un autor  admirado y lleno de reconocimientos en Francia desde hace mucho tiempo, es un autor de culto, no es inferior al premio nobel de ninguna manera, pero realmente desconocido en casi todo el mundo.
Con los últimos galardonados la academia le ha dado a conocer al mundo escritores de una calidad incuestionable, los cuales no son editados por fuera de sus países. Patrick Modiano, para los franceses, recibió un premio más que merecido. Desde este jueves su obra será re-editada y conocida, el premio tiene la virtud de crear este fenómeno, por eso cuando los académicos suecos se equivocan, resulta fatal.
El jurado le otorgó el premio "por el arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más inaprensibles y ha descubierto el mundo de la ocupación" nazi de Francia.  De hecho Modiano, revisa a través de su obra la condición de los franceses durante el régimen neonazi de Vichy y la ocupación del país por los alemanes durante la II Guerra Mundial, la ocupación, un mea culpa, que aun sus paisanos no han querido asumir y que esquivan inteligentemente.  Guillermo Altares desde el periódico “El país” de España, recordaba a propósito del premio: Con el guión de “Lacombe  Lucien, que escribió en 1974 junto a Louis Malle, fue uno de los primeros que denunció algo que hasta entonces había sido un tabú: “la activa participación francesa en la persecución de los judíos, la miseria del colaboracionismo. La película causó una conmoción tremenda en Francia y abrió una herida que Modiano nunca ha cerrado en sus libros”.  Adelantew explica con absoluta lucidez el articulista: “En la crítica de su última obra, La hierba de las noches, el sabio de los libros Alberto Manguel, escribió en julio en Babelia: “Si toda novela trata de imaginar los capítulos que faltan en una vida, toda biografía es de alguna manera una inspirada ficción. A lo largo de una obra considerable, Patrick Modiano ha intentado construir esos capítulos de los cuales el autor no conoce a ciencia cierta más que algunos retazos. Sin embargo, estos bastan para dar a las novelas de Modiano una verosimilitud y convicción extraordinarias. La biografía de Modiano abarca la segunda mitad del siglo XX y los comienzos del XXI; su obra también. En el centro están los pavorosos años de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación de Francia, y la larga sombra del Holocausto; también, la guerra de Argelia.La hierba de las noches no escapa a esa consabida trayectoria".
Como puede verse, en este caso, como en casi todos, la academia Sueca cumple una labor importante, centra la mirada en autores que de otra manera pasarían desapercibidos para muchos.  Es cierto que hay escritores que inexplicablemente  fueron desconocidos por la academia pese a sus méritos, pero algunos realmente no lo necesitaban, en el caso de Borges, para citar a este grande de la literatura, fue de los pocos que  nunca lo  espero para ser universal, en este caso específico se podrá afirmar con absoluta convicción que ya era un autor mundial, reconocido, admirado y estudiado, lo demás son vanidades.

Siempre estaremos pendientes de este premio y ahora solo nos queda leer a este connotado autor, una vez más le damos gracias a la academia por el papel que cumple para la literatura.


jueves, 2 de octubre de 2014

MAFALDA MUY PERSONAL


Mi relación con Mafalda ha sido entrañable, me dio una mirada filosófica y contestataria de la sociedad desde una perspectiva muy particular, representa todo lo que pienso de la vida, ella me expresa a cabalidad y para mi época y amigos lo fue todo, hablaba por nosotros con una lucidez sin parangón. Desde que la conocí tengo una amistad de nunca acabar, apasionada diría, espero por bien de la humanidad, poder resolver sus difíciles preguntas, hoy le releo con absoluto asombro, como si fuera la primera vez.
En 1974 tenía apenas catorce años pero vivía abrevando en una generación que luchaba contra el mundo y con todas las formas de vida que se nos imponía. Sólo queríamos la Paz, que los países grandes no se comieran a los chicos y que el esperpento de la guerra no fuera más. Para nada conestábamos con la sociedad de consumo y menos con la presión de las jerarquías sociales, basadas en un arribismo oprobioso. Vivía en mi ciudad natal Bucaramanga Colombia en pleno auge del proceso guerrillero, con un país apenas entrando con alguna fuerza en la modernidad, industrialmente quedado, violento, con una inequidad penosa, socialmente hablando.
El movimiento estudiantil era muy fuerte, la injerencia de los Estados Unidos en nuestros países era absolutamente descarada y sin cortapisas. Un día cualquiera un amigo nos pasó a Mafalda, ese personaje creado por Quino, quien desde ese momento constituyó una especie de guía, nos interpretó y enseñó mucho de lo que hoy nos diferencia del común, con ella aprendimos a pensar los grandes temas de la cotidianidad desde una perspectiva contestaria, pero real, sin sesgos.
“Mafalda es el nombre de una historieta argentina creada por Quino en 1964, cuyo personaje principal es una niña de clase media argentina con una actitud comprometida ante el mundo. Mafalda es una pequeña niña preocupada por la humanidad y la paz mundial, que se rebela contra la manera en que es el mundo, apareció en tiras cómicas en diarios argentinos de 1964 a 1973, y fue también muy popular en Latinoamérica en general, España, Italia, Francia y otros países europeos. Mafalda ha sido traducida a más de treinta idiomas Al comenzar la historieta tiene seis años y en marzo siguiente ingresa al jardín de infantes. A Mafalda le gustan Los Beatles y el Pájaro Loco. Le gusta también jugar en el parque a los vaqueros con sus amigos. Su comida preferida son los panqueques, que le gustan tanto que es capaz de comer sopa —plato que odia— para poder comer este postre. En los diez años de la historieta aparentemente llega hasta el tercer o cuarto grado. Los comentarios y ocurrencias de Mafalda son el espejo de inquietudes sociales y políticas de los años sesenta[1].
Para el grupo de amigos cada tira cómica que se publicaba, era un evento, generaba amplias disertaciones, nos hacía reír, nos ponía a pensar seriamente sobre lo que estaba sucediendo, su reflexión giraba siempre en torno a la guerra, la destrucción del planeta y la sociedad de consumo. Cada pregunta, pues el quid de la tira era hacer preguntas y afirmaciones con hondura, reflexivas, que criticaban al sistema, a los dirigentes, era un cuestionamiento a los adultos de parte de una niña que veía que nada cambiaba.  Mafalda nos interpretaba, con cierto toque de psicoanálisis, lo peor de todo es que sus dudas siguen vigentes, pues nada ha cambiado hasta ahora.
Esta tira cómica, creada por Joaquín Salvador Lavado, apareció por primera vez el 29 de septiembre de 1964, en el semanario argentino primera plana. Quino es un hombre agnóstico, escéptico como su personaje, desesperanzado en lo absoluto,
Tengo una relación muy extraña con Mafalda. Para mí nunca ha dejado de existir y me recuerda a mi barrio, a mis amigos y a una época que nos marcó. Tuve una amiga entrañable, mayte Rosales, que la adoraba, en sus momentos más tristes Mafalda le daba fuerzas para superar esos impases de la vida que creemos imposibles de manejar.
Recordaré cada uno de sus personajes:

MAFALDA
Al comenzar la historieta tiene seis años y en marzo siguiente ingresa al jardín de infantes. A Mafalda le gustan Los Beatles y el Pájaro Loco. Le gusta también jugar en el parque a los vaqueros con sus amigos. Su comida preferida son los panqueques, que le gustan tanto que es capaz de comer sopa —plato que odia— para poder comer este postre. En los diez años de la historieta aparentemente llega hasta el tercer o cuarto grado. Los comentarios y ocurrencias de Mafalda son el espejo de inquietudes sociales y políticas de los años sesenta. Papá Es un empleado público que trabaja en una compañía de seguros (en la era previa a los ordenadores). En una historieta se revela que se llama Tomás. Su afición son las plantas de interior, ya que viven en un apartamento. Conduce el auto familiar que es un Citroen 2CV.
MAMÁ
Es una típica ama de casa argentina de clase media de los años sesenta preocupada hasta la histeria por lo que pasa dentro de su microclima hogareño. En alguna tira se revela que se llama Raquel. Cocina, lava, plancha, hace las compras y (aparentemente) no maneja el auto. Fue a la universidad y abandonó la carrera, y la perspectiva de ser pianista profesional, porque se casó.
FELIPE
Felipe es un niño muy imaginativo y un buen amigo de Mafalda, Manolito, Susanita, Miguelito y Libertad. Va un curso más arriba que ellos. Vive eternamente agobiado por sus tareas escolares y su dificultad para mantener la atención en ellas. Ve la vida de manera más sencilla que Mafalda, más como el niño que es. Le gusta leer tiras cómicas de El Llanero Solitario, le gustan los Beatles, casi tanto como a Mafalda, juega muy bien al ajedrez y muestra interés por una niña llamada Muriel que aparentemente nunca se da cuenta de que él la está mirando.
MANOLITO
Manolito (Manuel Goreiro) es un amigo de Mafalda, Felipe, Susanita y Miguelito, hijo de un comerciante de barrio (el propietario del almacén Don Manolo), y representa a las ideas capitalistas y conservadoras dentro de la historieta, además de ser una caricaturización del inmigrante español. Es el más cabal del grupo, siempre con los pies en la tierra, no deja lugar para la imaginación sino es para imaginarse todo el dinero que ganara cuando sea grande. Físicamente, lleva el pelo cortado a cepillo y tiene la cabeza más cuadrada que los demás. Salvo por el vello facial, se parece mucho a su padre. Su hermano, que aparece en la tira una sola vez y es cuando le dan la baja del servicio militar, trabaja luego en el almacén de su padre. Una de sus características que más llama a atención es que a este personaje le agradaba la inflación que azotaba al país en aquella época. A diferencia del resto de los personajes, a Manolito le gusta la sopa y odia a Los Beatles y toda la moda de los sesenta, tanto como a la competencia del almacén Don Manolo (los otros almacenes). Su mayor sueño es tener una cadena de supermercados (Manolo's) y hacer fundir a Rockefeller.
SUSANITA
Según el libro Viva Mafalda se llama Susana Beatriz, en una tira aparece como Susana Clotilde Chirusi. Susanita es una amiga de Mafalda cuya máxima aspiración es ser madre y tener muchos hijos, asumiendo el rol clásicamente asociado a la mujer. Esto contrasta fuertemente con la actitud de Mafalda, más intelectual y concienzada de la liberación de la mujer y de la igualdad entre sexos. Susanita es una niña muy chismosa y parlanchina, al grado de enfermar a los demás. Nada de lo que pasa en su vecindario ocurre sin que ella se dé cuenta. Físicamente, Susanita es rubia y tiene bucles (tirabuzones), lo que le da un aspecto similar al de su madre. Como ella dice en clase, el futuro perfecto del verbo amar es «hijitos». Sus ideologías son un poco extrañas: prefiere pertenecer a la oligarquía, mantener el poder a un grupo selecto, etc. Se podría decir que es una conservadora. El simple hecho de pensar en Manolito la enferma, el único pasatiempo de ella es pelearse con Manolito cada un «dos por tres» como dijo Mafalda en su segunda historieta, pero muestra interés romántico en Felipe (el cual no es correspondido). Susanita es egoísta, rencorosa y muy modesta con ella cuando sabe perfectamente que lo que habla no es así.
MIGUELITO
Miguelito es un amigo de Mafalda, más pequeño y más inocente que el resto de la pandilla, y también más egocéntrico. Su pelo recuerda a las hojas de una lechuga. Su mayor deseo es que su madre deje de regañarlo por no sacarse las zapatillas para no arruinar el parquet. Sus comentarios se acercan a las ideas autoritarias de un dictador. Su abuelo es un seguidor del Duce y Miguelito se guía por los comentarios de éste. A veces su inocencia contrasta con una espontánea crueldad. Se revela que su nombre completo es Miguel Pitti.
GUILLE
Guille es el hermano pequeño de Mafalda y a pesar de su inocencia le gusta Brigitte Bardot y una vez le gritó a una nube que tuvo la mala educación de taparle el sol. Se caracteriza por hablar con un lenguaje infantil (por ejemplo, en una tira Mafalda trata de corregirlo para que diga «tortuga» y no «todtuga») y tiende a ser algo desfachatado (llama a sus padres «los viejos»). A pesar de ya no estar en edad sigue usando un chupete. La madre estaba embarazada para el golpe de estado en Argentina del general Juan Carlos Onganía en 1966, pero al cerrarse el periódico donde se publicaba la tira (El Mundo), no le dio tiempo a nacer. 
LIBERTAD
Libertad es muy bajita («chiquitita»), al punto que Guille es más alto que ella, y ello es motivo recurrente de comentario, haciendo un obvio guiño político. Es la única mujercita del grupo un poco más liberal que Mafalda, en contraste con los más conservadores Manolito y Susanita. Aspira a que el pueblo tome conciencia de la situación de su país, se levante en una revolución social y cambie las estructuras del país. Su madre es traductora de francés y su padre trabaja en un «puestucho de morondanga» como ella misma lo describe.
BUROCRACIA
Tortuga mascota de Mafalda y Guille, llamada así por la lentitud que tiene para todo. Al igual que Mafalda, odia la sopa, único motivo que en una tira la hizo correr muy rápido, no cabe duda de que su plato favorito conste de una buena hoja de lechuga.

Gracias a su vigencia se consigue toda la tira cómica completa, estudiarla sería una tarea que no solo interpretaría al personaje sino al mundo en su locura, como vemos para nada cambia y es un hecho que cada vez estamos lejos de convivir pacíficamente con nuestros semejantes y con el planeta. Ahora somos consumidores voraces.  
  












[1] http://www.albeos.org/IMG/pdf/Mafalda_tiras.pdf

lunes, 22 de septiembre de 2014

EL OCASO DEL PENSAMIENTO


¿Es posible pensar en estos tiempos? Me refiero al actor de pensar con independencia, en un tiempo donde los totalitarismos de la información alcanzaron niveles imaginables. El hombre de hoy no piensa, reacciona a contenidos que lo programan desde que nace, está inmerso en la sobre-información, que lo configura, en una infinitud de condicionamientos soportados por la sociedad de consumo imperante,  factor perverso, pero que sostiene todo el sistema capitalista.
Esto no quiere decir que el fenómeno sea nuevo, pero los niveles de tecnicismo y capacidad de entrada y salida de la información en sus múltiples formas, el tiempo record en que se procesa hoy, de una velocidad inimaginable, nos avasalla, nunca antes el hombre llegó a estos niveles de sometimiento. Para estos efectos es preciso entender cómo se articula esta alienación del sujeto frente a lo que recibe, el primer compromiso es resolver el problema con la verdad, para entender y descifrar, como se genera la alienación. Daniel Davidson, el filósofo Estadunidense, asumió en este sentido, “Que el acceso a la verdad no puede ser una prerrogativa especial de la filosofía, y que la verdad debe tener conexiones con los intereses humanos. Era despreciativo con la tradición filosófica que consideraba la verdad como correspondencia entre el pensamiento y una realidad inaccesible a la investigación experimental y a la práctica ordinaria. Creía que esta imagen de la verdad fue designada para servir a la tesis de que los filósofos poseen una técnica privilegiada para lograr una forma de conocimiento diferente de, y superior a, la ciencia”[1]. Realmente le quitaba a la verdad los artilugios que suelen darle los filósofos, que la desvían, según el pensamiento pragmático común a esta línea de pensamiento. 
Nietzsche expresó: “Qué es entonces la verdad?: Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal”[2]. Adelante agrega: “El intelecto, como medio de conservación del individuo, desarrolla sus fuerzas principales fingiendo”. Hoy ni siquiera finge, navega, está donde quiere que estén y los fundamentos mínimos de la existencia, permanecen condicionados por poderes no visibles para él, peor, sus pensamientos y deseos han sido condicionados en su totalidad.
En la revista “Observaciones filosóficas”, me encontré un artículo de Thomas Macho titulado: “El hombre factible, la domesticación de la muerte”, con un aporte pertinente para el tema: en el contexto premoderno del reconocimiento del nacimiento y de la muerte como límites, en principio fuera del alcance humano, se llevaban a cabo numerosas prácticas y rituales para comunicar las instancias de la providencia o del destino, para reconciliar y congraciarse, pero también, en el peor de los casos, para soportar sus decisiones –como prueba o castigo. Para ese propósito se celebraban ceremonias sacrificiales, se asumían reglas de comportamiento definidas hasta el último detalle (desde el bautismo hasta el funeral) y, no menos importante, una pronunciada metaforización del “más allá”: precisamente esta limitación definida de manera tan severa favorece la fantasía de transgredirla”.
Todas las formas de ser, de trascender han sido de alguna manera   previamente definidas, programadas, el sujeto no tiene  posibilidad de pensar de manera diferente, de trasgredir la norma, deslindarse del enrutamiento, es imposible escapar de la alienación, pues el individuo está configurado desde que nace, es lo que otros quieren que sea. Thomas Macho ratifica: “Nacimiento y muerte se virtualizan de manera latente junto con las posibilidades crecientes de manipular y cambiar las expectativas de vida: pero esta “virtualización” exige forzozamente planificaciones y decisiones que difícilmente se pueden juzgar desde la perspectiva de una ética tradicional”.
Cuando aparece un discurso que se sale de los giros lingüísticos impuestos, de las formas lógicas prevalentes, de los lineamientos generales, de inmediato se genera un optimismo que me lleva a imaginar que, sí es posible escapar a esa perversión que consiste en pertenecer al rebaño, a la estandarización del pensamiento y la vida.
Ojala pensar sea posible, no abdicamos de la tecnología, ni del progreso, sino de las formas, de las imposturas, de la manipulación, de esas formas insuperables de la esclavitud.
Pensadores como Onfray en Francia han trabajado estos procesos y son obsesivos con las descripciones de muchas de las formas en que se relacionan los ciudadanos con los conceptos que, en su análisis, son completamente errados y hacen parte de los condicionamientos  históricos  que mantienen a la humanidad en esta situación.
Parte desde el cuestionamiento al papel de la propia filosofía, la forma en que el poder desde el discurso, la ley, engaña a  a la sociedad, para darle un nombre elegante, hasta la manera como los gurúes de la academia, del conocimiento científico, caen en la misma categorización, de manipuladores y manipulados, pues ceden, lo que contribuye y justifica la situación imperante.
Solo la muerte parece liberarnos, lo demás está descontado.














sábado, 13 de septiembre de 2014

VIDA Y OBRA: HERMAN MELVILLE


Me he propuesto en este blog divulgar algunos artículos de importancia que incentivan la buena lectura, el periódico “El clarín” de Buenos Aires cumple a través de la revista literaria Ñ un papel preponderante en esta materia,este artículo escrito por  Andrés Hax resulta ser una apología a la obra de Herman Melville, ameno, lúcido e incita a la lectura,  espero que mis lectores lo disfruten:

Andrés Hax
I.
Cuando uno es muy joven y queda hechizado por primera vez por la literatura, nace al mismo tiempo la idea de que la felicidad máxima se alcanzará escribiendo. Y a la vez también la desesperada idea de que el mejor desenlace posible para la propia vida sería escribir una Gran Novela. Desafortunadamente, el 99,999 % de las personas que sintieron esto en algún momento iluminado de su juventud nunca llegaron –o nunca llegarán– a comprobar si cumplir este anhelo es, de hecho, una forma de entrar en una especie de inmortalidad en vida o al menos en un pequeño nirvana. La historia nos dice que no. Escribir una obra maestra no garantiza ni paz, ni felicidad, ni reconocimiento. Un caso emblemático es el de Herman Melville. 


Aquí lo vemos, en 1851. Es noviembre y está caminando por los helados campos cercanos a su casa -llamada Arrowhead, por las puntas de flecha de piedra que los indios americanos –ya espantados– dejaron desparramados por todos lados. Estamos en Pittsfield. Es un pequeño pueblo en el oeste del estado de Massachusetts, a unos 220 kilómetros de Boston. Tal vez está nevando un poco, al comienzo de la primera tormenta del año. En poco tiempo vendrá el invierno.

¡Qué joven que está Melville! Tiene 32 años, nada más. Hace cuatro años que está casado. Tiene un hijo, Malcom, de tres (que se suicidará en la casa de sus padres, con un tiro de pistola a la cabeza, a los 18 años). Tiene otro hijo, Stanwix, recién nacido (este se morirá a los 36 años de tuberculosis, muy lejos de su padre, en San Francisco).

Entonces, es noviembre de 1851 en Pittsfield, Massachusetts y Herman Melville está caminando entre los antiguos y colosales arces y robles deshojados. Cuervos y halcones trazan sus dramáticas curvas en un cielo gris. Sus pasos son firmes. Por allí está yendo a visitar su amigo y vecino Nathaniel Hawthorne, a quien admira con un fervor casi amoroso. Tal vez las exhalaciones de su aliento hacen humo en el aire de la tarde fría. O tal vez sólo se pueden ver sus ojos, ya que su rostro está envuelto en una larga bufanda. Lo que sí sabemos –aunque no está escrito en ningún lado- es que Melville en este preciso momento está en un estado de gracia. No está caminando; está flotando. Es un ser perfecto que ha cumplido la misión de su vida. Søren Kierkegaard dijo que llegamos a la vida con órdenes selladas. El 99,999% de nosotros ni lo sabemos o, si lo sabemos, nunca llegamos a leer esas órdenes. ¿Dónde están? ¿Por qué no llegan? ¿O llegaron hace tiempo y estarán perdidas entre tantos otros papeles?


Herman Melville acaba de terminar de escribir Moby Dick. Lo escribió fuera de sí, con ángeles y demonios a su espalda. Es su sexta novela pero nadie podría haberse imaginado que el autor de esos previos amenos relatos marítimos hubiera sido capaz de escribir algo así. Un libro infinito. Eso decían sus órdenes selladas: escriba Moby Dick. Y lo hizo.

¿Y entonces?


Y entonces nada.


Nadie leyó Moby Dick. Los que le prestaron una mínima atención lo despacharon como una locura incomprensible. Cuando murió Melville, a los 72 años -tras trabajar viente años como inspector de aduanas- era un desconocido. En el obituario del New York Timesescribió su nombre Henry Melville. Aunque en su vida publicó -aparte de Moby Dick- diez novelas más, más de una decena de cuentos, y un centenar de poemas, la escritura de Herman Melville es esencialmente póstuma: su obra cobró vida solamente después de su muerte. El autor de una de las mejores novelas de la historia de la literatura murió solo y triste, amargado y desconocido.


Es un cuento viejo.


II.
Moby Dick empieza con un saludo íntimo. El narrador simplemente se presenta diciendo: "Call me Ishmael". Es la primera frase del libro. En castellano suele ser traducido como: "Llamadme Ismael"; o peor aún: "Pueden ustedes llamarme Ismael." Esto es una tragedia.Call me Ishmael es un frase coloquial e imposiblemente más llana. Si vas a un bar en los Estados Unidos a beber solo, como se suele hacer en los bares de los Estados Unidos, y tu compañero de barra, tras unas cervezas silenciosas, decide iniciar una charla, tu podrías aceptar su avance diciendo: Call me (Joe, John, Peter, Chris, Bob, Bill...). "Llamadme" es una aberración. ¿Quién dice Llamadme? Y lo de ustedes funciona aun menos, porque Ishmael no esta dirigiéndose a un grupo. No está comenzando un discurso. Ishmael te está hablando íntimamente, informalmente. Te va a contar algo que le pasó, si querés escucharlo. Si no tenés otra cosa que hacer. Pedite otra Budweiser. Si te faltan puchos, andá a comprar. Acomodate, que esto da para largo y va a estar bueno.


Y el relato empieza así. A Ishmael, que viene de una buena familia, que fue profesor de escuela, le agarró una depresión, una desilusión con todo lo cotidiano y con el mundo en general. Tanto es así que está pensando -con inquietante frecuencia- en suicidarse. También lo poseen sentimientos violentos. Tiene ganas de revolear los sombreros a los solemnes peatones de la ciudad. Pero cuando le pasa esto tiene una solución. Se embarca en un ballenero. Son viajes largos, de dos o tres años. Das la vuelta del mundo. Mandás todo al carajo y te vas. Es, de hecho, como un suicidio temporario. Pero además, te pagan. Por más romántico que nos suena hoy, en su momento era un trabajo proletario. Como si un joven de privilegio abandonara su vida cómoda para ir a trabajar a una fábrica.


Ishmael no es megalómano pero sabe que su pequeña vida es una parte, aunque sea infinitesimal, de un gran relato cósmico. Este tipo es un poeta y un filósofo. Parte hacía la isla de Nantucket porque para sus gustos –que son finos– los balleneros más nobles y clásicos salen de esa isla (que está a menos de 200 kilómetros al suroeste de Boston). Pero primero tiene que hacer escala en New Bedford -un puerto entre Boston y Nueva York- donde se embarcará al punto de partida de su aventura. Tiene poca plata y en el hotel oscuro y de mala muerte que encuentra un sábado por la noche (los barcos a Nantucket salen el lunes por la mañana) no hay cupo, salvo que quiera compartir su habitación con otro huésped. Bueno, ¿por qué no? Ishmael acepta y, todavía solo, se acomoda en la cama. Horas más tarde, entra su compañero de cama. Es un enorme hombre negro, tatuado de pies a cabeza, que no habla una sílaba de inglés. Tras una confusión inicial, y después de un breve ritual pagano llevado a cabo por Queequeg (el "salvaje"), los dos terminan en cama juntos, charlando como un viejo matrimonio -cada uno en su idioma y de alguna manera entendiéndose. Se despiertan con la luz del día, sus piernas entrelazadas. Ya son amigos íntimos y los dos irán juntos en búsqueda de una nave para lanzarse a los océanos del mundo, por uno, dos o tres años, sin hacer nunca pie en tierra firme en todo ese tiempo.

Así empieza Moby Dick. Si lo agarra un buen cineasta podría hacer una versión fiel que espantaría la iglesia y cualquier señora de buen gusto. Y eso, para nuestros gustos, es bueno.

Herman Melville es un contemporáneo de Karl Marx, de Fiódor Dostoyevski, de Walt Whitman (su compatriota), de Charles Darwin, de Rimbaud, de Van Gogh, de Nietzche, de Wagner. Es una lista absurdamente incompleta esbozada simplemente para ubicar a Melville en su momento histórico. Pero la lista también sirve para mostrar la soledad de Melville. Aunque sus logros como escritor lo ponen, retrospectivamente, en la misma categoría de los pensadores, pintores, músicos y filósofos sugeridos, en vida no pudo usufructuar ni de la admiración de ellos ni de su compañía. Melville es un solitario.

Resumir Moby Dick en una página es una tarea tan inútil como intentar resumir el Museo del Prado en semejante espacio. Si podrías dedicarle una monografía entera a sólo un rincón de un panel de El jardín de las delicias de El Bosco, por ejemplo. Si te conviertes en fanático lo mismo podrías hacer con cada capítulo, con cada párrafo, de la gran novela de Melville. Mencionamos ese cuadro en particular, porque Moby Dick también está lleno de miniaturas. Como ese cuadro del Siglo XV, la novela de Melville está híperpoblada con decenas de personajes; tiene aspectos luminosos y partes sombrías; es alegórico pero sus simbolismos son alarmantes en vez de ser repeticiones de viejas mitologías; lo puedes mirar y mirar y siempre encontrás algo nuevo; es desesperadamente seria, pero también tiene algo de juego; es narrativo, pero también enciclopédico; a primera vista parece inocente, pero tras una inmersión en su mundo, da miedo.

Al principio de Moby Dick, Melville entona: "“Pero he nadado por bibliotecas navegado por océanos". Moby Dick es un laberinto, una antología, un poema en prosa, una aventura, un informe sobre la industria más importante de su momento, un borrador para una nueva metafísica.

Es urgente que lo leas lo antes posible.


III.

La obra de Herman Melville no se limita a Moby Dick. En total escribió once novelas; pasó casi treinta años de su vida escribiendo poesía; escribió cuentos canónicos como Billy Budd y Bartleby el escribiente (que podría haber sido escrito por Kafka). Pero si leemos estas otras obras de Melville -o indagamos sobre los detalles de su biografía- es en gran parte para acercarnos al inagotable misterio de Moby Dick. De intentar entender mejor de dónde vino, cómo fue escrito, y de hacer tiempo antes de una relectura de la obra que lo hizo inmortal, por más que él nunca se haya enterado.


domingo, 7 de septiembre de 2014

EL CUENTO COLOMBIANO POR ESTOS TIEMPOS



Empezare con una afirmación que trae Juan Gabriel Vásquez en un breve ensayo, quien la toma de Frank O´Connor, la cual es pertinente con referencia al cuento: “A diferencia de la novela, vive despegado de los grandes movimientos históricos o sociales; es un género de solitarios, de hombres sin paisaje colectivo, donde lo que se juegan los personajes pertenece casi al terreno de las revelaciones intimas ( Eso que Joyce llamó epifanías sigue estando presente en la poética de varios de estos cuentistas)” y que servirá de sustrato para hacer una breve indagación sobre la situación del cuento Colombiano.
La primera categorización: La provincia reverbera, hay en las regiones una verdadera revolución en materia de literatura, focalizada en el género del cuento: Movimientos, academia y grupos, además de los representantes connotados, tanto los de la vieja guardia como la generación nueva, con resultados muy satisfactorios en materia de publicaciones. Y por la otra, se consolidan escritores que ya rebasaron lo local y hoy hacen parte de la pléyade del cuento colombiano, la nueva narrativa, con reconocimiento por fuera del país. Algunos puntos de convergencia: Es eminentemente urbana, intimista, acopia técnicas de vanguardia muy mezcladas con la manera del relatar del cine, cargada de influencias múltiples que van más allá de la propia literatura, en la mayoría de casos matizada por la violencia, desligada por completo de la generación del Boom pero, está lejos de alcanzar la importancia que tuvo esta generación excepcional, aunque vale la pena advertir que no la hereda, menos la padece, hay frescura en su labor, no están marcados.
Se han publicado varias antologías que de alguna manera constituyen un a priori para acercarnos al cuento y los cuentistas, al panorama general.  Luz Mery Giraldo, Héctor Abad Facio Lince, tienen aportes valiosos en este sentido y Juan Gabriel Vásquez ha escrito algunos ensayos muy lúcidos sobre el tema.
De hecho la generación de los cincuenta,  Cepeda Samudio, Gabriel García Márquez, Herazo, Hernando Téllez y Fuemmayor, Mejía Vallejo, quien está en la mitad, para hablar de los  representantes más importantes,  cortan con la tradición costumbrista: Marroquín, Adel López Gómez, Tomas Vargas Osorio, Eduardo Caballero Calderón, para citar algunos, esta generación que tuvo en mito su plataforma constituye un buen punto de partida para poder entender a cabalidad lo que pasó con el cuento colombiano a partir de los años setenta en adelante, hasta llegar al día de hoy,.
La generación de Collazos, Trueque, Burgos, Ruiz, Fayad, Darío Ruiz Gómez, Valverde, David Sánchez Juliao, Oscar Collazos, German Espinosa, Gustavo Gardiazabal, Roberto Burgos Cantor, entre otros, llamada generación del desencanto por los efectos del Boom y el universo Garciamarquezco, la cual ha  sido rescatada de ese olvido imperdonable que alguna vez tuvo, a esta le siguen un grupo de escritores variopintos por fuera del canon, pues responden a influencias y marcos creativos muy diferentes, que realmente evitaron a toda costa las influencias del Boom o no las reconocen o no la tienen en cuenta y quienes desde el paisaje urbano han creado las bases de una narrativa consolidada, pero que se calibra realmente a partir de los aportes individuales, es muy difícil de agrupar, casí que la crítica especializada nunca ha caído en este error.
Mendoza, Héctor Abad, Gamboa, Bradan, Marvel Moreno, Botero, Ungar, constituyen eso que yo llamo la última generación, de escritores solitarios, con temas urbanos, pero con genealogías e influencias muy diversas, marcados aún por la violencia, sobre todo aquella posterior al narcotráfico tenaz de los 60, que responde a variables novedosas, sin dejar de ser  intensa.  El cine, los escritores norteamericanos (Raymond Carver. Auster), el mundo digital, la literatura del comic y la misma televisión son influencias notorias y de alguna manera novedosas.
Por ejemplo, el texto “Las semillas del tiempo” compuesto por”Epifanos” textos breves, de Juan Carlos Botero, resulta ser un ejemplo de lo expresado. “Están inspirados en la obra de Ernst Hemingway e impregnados de la violencia que nunca falta en Colombia”. Al respecto de esta publicación el escritor expresó: "La violencia en mi país está dando lugar a un fecundo momento artístico: las artes en Colombia no son un escapismo sino una respuesta de vitalidad ante ella". los "epífanos" no son cuentos ni microrrelatos, sino "un género original y autosuficiente, necesario para la literatura". Al leer los cuentos completos de Hemingway, Botero (Bogotá, 1960) se topó con unos textos "muy breves y poderosos", que el autor de El viejo y el mar describía como "pequeñas granadas que estallan en la cabeza del lector".
Con respecto a Octavio Giraldo y Badran expresa Juan Gabriel Vasquez en un texto a manera de epilogo: “Y, si se me permite la gigantesca licencia poética de pensar que la cultura popular es un subgénero literario, se me permitirá también admirar sin reticencias esas dos maravillas que son “La magia del Joe Domínguez”, de Pedro Badrán, y “¿Recuerdas Staying Alive?”, de Octavio Escobar. Badrán, fiel a la tradición caribe, es un aventajado lector de Faulkner, y su cuento es capaz de reinventar el célebre narrador colectivo de “Una rosa para Emily” para contarnos el auge y caída de un narco de segunda división. En un párrafo de más de diez páginas, y con un sentido impecable de la oralidad[1]” que está lejanamente emparentado con Cabrera Infante, Escobar consigue una pequeña hazaña que ya ha conseguido otras veces: un canto generacional que navega sin estrellarse entre esas dos formas tan peligrosas del optimismo que son el gregarismo y la nostalgia”. La revista “Especulo” escribe sobre Octavio:  Una de sus obras destacadas es la recopilación de cuentos “De música ligera” que, con sus propias palabras, extraídas de una conversación que hoy les transcribo, constituye: “Grupos de cuentos estructurados alrededor del tema de la música popular, no porque los cuentos en sí se ocupen de la música popular, sino porque los personajes de cada uno de los cuentos tiene una canción, un motivo, un cantante que lo obsesiona, que tiene mucho que ver con su vida. El libro parte de la idea de que la música popular, como muchas otras formas de cultura popular, son muy importantes en la vida de las personas. Con mucha frecuencia he realizado trabajos donde cosas de la cultura popular tienen mucha relevancia en la vida de los personajes”. Que ratifican todo lo expuesto con respecto a las influencias y estructura narrativa de estos escritores, es completamente novedosa con respecto a lo que veníamos leyendo. Luz Mery Giraldo con referencia a la generación del 90 escribe: “Afirmamos que los noventa traen una interesante renovación del género: a las búsquedas y hallazgos anteriores se une la voluntad de recuperar la fábula o el contar convencional, siguiendo las pautas de la sucesión, economía, unidad, clímax y consolidación del efecto causado por lo que se cuenta. Queda atrás la valiosa y necesaria experimentación, la búsqueda de un lector atento que se detenga a descifrar códigos y atar cabos, tan propio de la novela experimental y aprovechado por algunos autores en la escritura de sus cuentos; se busca, pues, un lector cómplice que busque y encuentre en la forma sincrética y sintética un cielo perfectamente acabado y una historia sugestivamente contada”.
Pienso que el cuento colombiano pasa por un excelente momento. Los autores consagrados, me refiero a Gamboa, Mendoza, Franco, Juan Gabriel Vásquez, Constain, Ungar, Enrique Serrano, entre otros,  a los que se le agregaría otros, importantes, con trayectoria (Badran, Octavio Escobar)  aun no suficientemente reconocidos por fuera del país, que confirma el buen momento de nuestra narrativa, pues es un hecho que su producción está plena efervescencia.
Sobra decir que hay otros escritores, casí todos exiliados por voluntad propia, consagrados de igual manera, simplemente haciendo su trabajo solitario sin mayores estruendos, los cuales no podemos pasar por alto: Autores como Marco Tulio Aguilera Garramuño, Óscar Castro García, Eduardo García Aguilar, Julio Olaciregui y Ramón Illán Bacca, quienes nacieron de la mano del cuento y que tienen una obra que alumbra con luz propia, bien estructurada, seria y que hace parte indefectible de nuestra literatura, este sería casí un capítulo aparte, podría llamarla la literatura del exilio, para darle algún nombre.
Es un hecho que el trabajo de indagación siempre queda a medias, pero queda trabajar los autores de manera individual, espero terminar la labor, pero creo que este es un abrebocas a un tema de nuestra narrativa de suma importancia.

















[1] Pedro Badrán Padauí1, tomo los textos de cuentos El lugar difícil, Hotel Bellavista y otros cuentos del mar y la novela breve El día de la mudanza2