domingo, 23 de noviembre de 2014

EN QUE PIENSA LA LITERATURA



Este es un texto de  Macherey Pierre, publicado por “Siglo del hombre editores”, la Universidad nacional de Colombia y la embajada francesa en el 2003, con traducción  de Rubén Sierra Mejía.  Lo encontré casualmente, como siempre oteando entre bibliotecas públicas; esta vez, en la de la universidad nacional de Medellín Colombia, la que visito mínimo una vez por semana cuando estoy en la ciudad, claro, si el tiempo me lo permite, suele depararme gratas sorpresas en concordancia con mis afinidades literarias.
El título de un texto es un imán y referente de suma importancia. Uno va conociendo las bibliotecas públicas, se va emparentando con ellas, sus estantes se van volviendo importantes en la medida que me van entregando, en una complicidad tacita, los libros que me conmueven, en ese contexto, me voy encariñando con aquellos rincones y autores de mí absoluta predilección, descubriendo nuevos textos, elijo, los de mi gusto y empiezo a degustar.
El primer texto, de este libro que reseño, el que le da el título, empieza con una referencia sobre el lenguaje y la poesía, la empecé a leer desprevenidamente, el primer  párrafo me llevó a mirar el libro con detenimiento, en esa magia que se da, cuando uno se encuentra con un buen libro de manera súbita: “La filosofía solo se puede hacer en forma de poemas. Esta frase la hubiera podido escribir Heidegger, y además quizá la escribió. Se encuentre en un conjunto de notas fragmentarias redactadas por Wittgensteing, donde ella resuena irónicamente, en una perspectiva crítica, en un segundo grado por así decirlo[1]”,  expresa luego el autor: “De esta manera, poner en forma poética la filosofía, sería conducirla de nuevo a la resolución de un problema de ajuste, sometida “estéticamente” a juicio de gusto. Fue avanzar en este tipo de maneras de pensar, se diría, que la filosofía no es otra cosa que literatura, verdad silenciosa, reigada a las márgenes de un texto; en la tesis que sostenía Derrida. La metafísica ha borrado en sí  misma la escena fabulosa que la produjo y que, sin embargo, continua activa, inquieta, inscrita con tinta blanca, dibujo invisible y recuerdo en palimpsesto”. Recordé de inmediato los escritos de Heidegger sobre el poema y la poética de Dilthey. Decidí leerlo, pues no solemos encontrarnos por estas épocas con autores duros, para decirlo coloquialmente.
El texto contiene ensayos, de mucha hondura, en apariencia muy cortos, pero al leerlos, comprendemos que esto es lo de menos, todos alrededor de la literatura, tratados desde muchas perspectivas, pero en la misma búsqueda: Descifrar el papel de la literatura en la condición humana y social. El segundo ensayo trata sobre Madame De Estael quien estuvo obsesionada por una preocupación a lo largo de su vida:  ¿ Qué papel juega la cultura en la constitución de un pueblo y de su identidad nacional, dice el autor con respecto a esta búsqueda: “Para responder a esta pregunta, hizo intervenir el elemento mediador, que en cierta forma tiene la función de un esquematismo de la imaginación: con este propósito, forjó un concepto de literatura, término que con su obra- De la literatura considerada en sus relaciones con las instituciones sociales-, publicada en 1800”.  Inaugura estudios de literatura social, que luego desarrollaría adelante las escuelas de la crítica social. Ella estudió con mucho rigor el concepto de la cultura nacional y la cultura universal, creó en todos sus estudios, los fundamentos que tomaron las naciones como estándar para fortalecer sus nacionalismos: una mitología a partir de conceptos de cultura y sustentada en ciertos autores y obras declaradas como nacionales.
Esta es la calidad de ensayos de este pequeño libro. Otros ensayos son:
1.- En torno a Víctor Hugo: Figuras del hombre de abajo.
2.-cGeroge Bataille y la inversión materialista.
3.- Una retórica de los abismos: : El metro mágico de Céline.
4.- Sade y el orden del desorden.
5.- El realismo de Flaubert.
6.-Focucaul, lector de Roussel: La literatura como fiolosofía.
7.- Para una filosofía literaría.

Mis queridos lectores, hay les dejo semejante bocado de cardenale.






[1] En que pensar la literatura, siglo del hombre editores, Macherey Pierre, pag 11.






[1] En que pensar la literatura, siglo del hombre editores, Macherey Pierre, pag 11.

lunes, 17 de noviembre de 2014

LA MUERTE DE AURORA

 
Este excelente artículo de Mario Vargas Llosa en el periódico el "Pais " de España,  está escrito con una dulzura absoluta y el encanto de quien los conoció ampliamente y fue su amigo entrañable, la rememoraciòn  lúcida y sincera de Aurora y Julio Cortazar es un reconocimiento a su grandeza, a propósito de la muerte de Aurora, eterna compañera de Cortazar. Las ultimas publicaciones de su obra póstuma fueron dirigidas por ella, como se desprende del presente escrito:
 
En diciembre de 1958, un amigo peruano de la Unesco, Alfonso de Silva, me invitó a su casa a cenar, en París. Me sentó junto a un hombre delgado, muy alto y lampiño que, sólo a la hora de la despedida, descubrí era Julio Cortázar. Parecía tan joven que lo creí mi contemporáneo y era 22 años mayor que yo. Su mujer, Aurora Bernárdez, bajita, menuda, tenía unos grandes ojos azules y una sonrisa un poco irónica que mantenía a la gente a distancia.
 
Nunca he olvidado la impresión que me hizo esa noche la conversación de esa pareja tan dispareja. Parecían haber leído todos los libros, sólo decían cosas inteligentes y había entre ellos una complicidad tal en lo que contaban —se pasaban la palabra como los palitroques dos diestros funámbulos— que, se diría, habían llevado todo aquello ensayado.
 
En los casi siete años que viví en Francia nos vimos muchas veces, en su casa, en la mía, en los cafés, o en la Unesco, donde ejercíamos como traductores. Nunca dejaron de admirarme la riqueza de sus lecturas, la sutileza de sus observaciones, la sencillez y naturalidad de sus maneras y, también, el modo como tenían organizada su vida para ver las mejores exposiciones, las mejores películas, los mejores conciertos. Era difícil descubrir quién era más inteligente y más culto, cuál de los dos había leído más, mejor y con mayor provecho. Cuidaban su intimidad con encarnizamiento —no perdían nunca el tiempo— y mantenían a raya a quien quisiera invadirla. Yo estuve siempre seguro que Aurora no sólo traducía —lo hacía maravillosamente, del inglés, el francés y el italiano, como atestiguan sus versiones de Faulkner, Durrell, Calvino, Flaubert— sino también escribía, pero que se abstenía de publicar por una decisión heroica: para que hubiera un solo escritor en la familia.
 
En 1967 los tres estuvimos juntos, de traductores en un congreso dedicado al algodón, en Atenas. Durante casi una semana convivimos en el hotel, en las sesiones del congreso, cenando todas las noches en restaurancitos de Plaka, en la visita de un domingo a la isla de Hydra, y al regresar a Londres (donde yo me había mudado) recuerdo haberle dicho a Patricia: “El matrimonio perfecto existe, es el de Julio y Aurora, no he visto nunca una inteligencia y compenetración igual en ninguna pareja. Tenemos que aprender de ellos, imitarlos”. Pocos días después recibí una carta de Julio que comenzaba así: “Tu sensibilidad te habrá hecho advertir, en Grecia, que no hay nada ya entre Aurora y yo. Nos estamos separando”. Nunca en mi vida me he sentido más desconcertado (y apenado). En esos días de convivencia me habían parecido la pareja mejor avenida y más envidiable del mundo, porque, con un tacto infinito, ambos se las habían arreglado para disimular a la perfección la tormenta sentimental que sacudía su matrimonio.
 
Para los amigos de Julio y Aurora su divorcio fue un drama, porque a todos nos había parecido que su unión era absoluta e irrompible, que dos personas no podían quererse y entenderse tanto como ellos. Pocas semanas después, en las oficinas de Gallimard, en París, yo se lo decía a Ugné Karvelis, que se ocupaba de la literatura extranjera. “¡Cómo va a ser posible, qué puede haber ocurrido para que se separen!”. Y en ese mismo momento vi en los ojos de Ugné una zozobra y turbación muy elocuentes: lo que había ocurrido estaba allí, de cuerpo presente, ante mis ojos.
 
La próxima vez que vi a Cortázar, en Londres, apenas lo reconocí. La suya es la más extraordinaria transformación de una persona que me haya tocado presenciar. (“Un mutante”, decía Chichita Calvino.) Se había hecho un tratamiento para tener barba y, en efecto, lucía una enorme, de celajes rojizos. Me pidió que lo llevara a un lugar donde pudiera comprar revistas eróticas y hablaba de sexo y marihuana con un desparpajo infantil, algo que en el Cortázar de antes resultaba inconcebible. Todas las veces que lo vi, en los años siguientes, siguió sorprendiéndome con ese rejuvenecimiento empecinado. Él, que defendía tanto su intimidad, vivía ahora poco menos que en la calle, al alcance de todo el mundo, y se interesaba en la política, tema que antes le producía alergia. (Yo había intentado presentarle a Juan Goytisolo una vez y me dijo: “Mejor no, es demasiado político”). Incluso, firmaba manifiestos, militaba a favor de Cuba y hablaba de la revolución de manera tan apasionada como ingenua. Su limpieza moral y su decencia eran las mismas, desde luego, pero en cierto modo se había tornado en la antípoda de sí mismo.
 
Creo que los años que estuvo con Ugné fue sin duda feliz, en el sentido más material de la palabra, y, tal vez por eso mismo, su obra literaria se empobreció, perdió mucho del misterio y la novedad que tenía, y yo siempre he pensado que la ausencia intelectual y sin duda también afectiva de Aurora, explica en buena parte ese empobrecimiento. Por eso me alegró muchísimo saber que años después, cuando estaba ya muy enfermo, había habido entre ellos una reconciliación. Y que ella había quedado como su albacea literaria, encargada de las ediciones de su obra póstuma y de su correspondencia. Como era de prever, Aurora ha cumplido esta tarea con todo el talento, la generosidad y sin duda el intenso amor que profesó siempre por Cortázar.
 
Luego de la separación, pasaron muchos años sin que volviera a verla, aunque siempre la tuve en la memoria, como una de las personas más lúcidas y finas que he conocido, una de las que hablaba de libros y autores literarios con más delicadeza y versación, dueña de una inconsciente elegancia en todo lo que hacía y decía. El año 1990 la volví a ver, en Deyá. Tenía los cabellos grises pero, en todo lo demás, seguía idéntica a la Aurora de mi memoria. Subía y bajaba las peñas mallorquinas con agilidad y su casita estaba impregnada por doquier con la presencia de Julio; en la salita donde conversábamos había una preciosa foto de él, tocando la trompeta. No sólo su cuerpo había conservado un vigor juvenil; también su mente, su curiosidad, su pasión por los libros, eran jóvenes y contagiosos. Hablamos de Georg Grosz, un pintor expresionista alemán, que yo admiro mucho y que Aurora, por supuesto, conocía al dedillo; de Claribel Alegría, poeta salvadoreña cuya casa parisina estaba siempre abierta a todos los escritores latinoamericanos; de si Flaubert o Balzac describieron mejor el siglo XIX francés. 
 
En el verano del año pasado la vi por última vez, en el Escorial. Raspaba ya los 93 años y oía con dificultad, pero su memoria era notable y, durante la charla pública que celebramos, me maravilló ver la cantidad de episodios, anécdotas, personas que recordaba con sorprendente precisión, además, por supuesto, de los libros, entre los que siempre se movió como por su casa (eran su casa). “¿Por fin te vas a animar a publicar lo que seguramente tienes escrito?”, le pregunté. Su respuesta fue evasiva y, sin embargo, estimulante. “Necesito cinco años”, me dijo, con su vieja sonrisita un poco burlona de costumbre. “Para terminar una biografía de Julio Cortázar”. ¿Lo dijo en serio? ¿Habría comenzado a escribirla? Ojalá fuera así. Nadie podría dar un testimonio más fundado sobre el Cortázar creador de las historias sorprendentes de Bestiario, Final del juego, Historias de Cronopios y de Famas y de Rayuela, la novela que mostró cómo una manera de contar podía ser en sí misma una subyugante historia. 
 
He sabido que en sus últimas disposiciones estableció que fuera incinerada. No podré, pues, llevar unas flores a su tumba la próxima vez que caiga por París. Pero estoy seguro que no le hubiera importado que le dedique en cambio este pequeño homenaje verbal, a ella, tan sensible para detectar en las palabras los aromas y la belleza de las flores más fragantes.
 
Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2014.
 
 
© Mario Vargas Llosa, 2014.

domingo, 9 de noviembre de 2014

LITERATURA Y VIOLENCIA EN COLOMBIA


Lo que he denominado literatura de la violencia, constituye el corpus de obras de ficción y en algunos casos,  documentos testimoniales, que tratan este tema en Colombia, desde la primera edición de la “ Casa grande” de Cepeda Samudio y la “Hojarasca” de Gabriel García Márquez, hasta las últimas novelas escritas por una pléyade de jóvenes narradores de mucho valor y que resulta ser un referente de suma importancia de nuestra narrativa.   
El periodo y las obras tomadas en este artículo son absolutamente arbitrarias, responden solo a mis preferencias, algunos autores están por fuera de las antologías hechas por la crítica especializada. No quiero hablar del género de la violencia en Colombia, como ha sido estudiado este fenómeno por la academia, no porque esté o no esté de acuerdo con estas clasificaciones, creo que es inevitable que se produzcan obras narrativas de este tipo en un país cruzado por mil violencias, donde el ciudadano de a pie a llevado la peor parte, para no hablar de la población campesina inerme. Voy  referirme a las novelas más emblemáticas en este espectro desde mi condición de lector impenitente. Tampoco asumo la perspectiva de la narrativa de compromiso, este es una mirada desde la esclerótica estética, sin otra pretensión encubierta.
 Lo primero que hay que esbozar como apertura es una sentencia de Ángel Rama que resulta vital: “Ningún escritor, absolutamente ninguno, inventa una obra, crea una construcción literaria en forma ajena al medio cultural en el cual nace, que al contrario, todo lo que puede hacer es trabajar un régimen de réplica y de enfrentamiento con los materiales que va integrando a su cosmovisión, y que. Desde luego, implican una opción dentro de la pluralidad que le llega del medio en el cual se encuentra”. La narrativa de la violencia rompe con el costumbrismo, es una generación más universal, compenetrada con los grandes escritores americanos y las nuevas técnicas narrativas que revolucionarían las letras hispanoamericanas.
Alvaro Cepeda Samudio, fue el progenitor del grupo de Barranquilla en Colombia, en los años 50 del siglo pasado, que revolucionó las letras colombianas.  Su conocimiento de la escuela norteamericana del periodismo que se alimento de las técnicas literarias, la literatura sureña y al cine en todo su contexto,  le aportan a una pléyade de escritores y pintores todas las herramientas para producir un verdadero tsunami en nuestras letras: García Marquez, Mutis, para citar sólo lo más relevante. Su obra “La casa grande” resulta ser un ejemplo vivo de lo que sería posteriormente la literatura colombiana, con una técnica novedosa, donde se incorporan incluso influencias del cine, esa manera de narrar desde la esclerótica del personaje, creando universos propios pero que atienden a nuestra realidad más intensa, en este caso la violencia vivida desde muchas perspectivas. "La casa grande"es una novela de “Tema dramático acerca de la relación de varios personajes de familia, pero, colateralmente la historia de una serie de soldados que dialogan aterrados ante el hecho de haber sido atraídos para reprimir la huelga de la bananera”. Esta obra es un anticipo emblemático de lo que serían nuestras letras.
Creo que la “La mala hora” de Gabriel García Márquez, resulta ser la novela que desde lo estrictamente ficcional, asume el tema de la violencia por primera vez, con mucha claridad y un valor estético incuestionable, haciendo énfasis en como la sufren y padecen los colombianos, en este caso, los personajes de un pueblo de la costa, dejando percibir toda la atmósfera tensa que la misma genera en el ciudadano común; de igual manera devela algunos de los problemas endémicos de nuestra sociedad: La corrupción de la clase política, la injerencia de los militares y el enpoderamiento de algunos funcionarios, la actitud permisiva y cómplice en muchos casos de nuestros ciudadanos frente a estas influencias perversas. El argumento es simple: “La guerra civil es del futuro, pero se vive una paz desagradable, que hace respirar un aire denso, donde el bando ganador, conservador, no escatima en gestos para incomodar a los antiguos adversarios, liberales; de manera solapada los asedian constantemente, lo que probablemente generará continuar el conflicto armado. César Montero, un vecino del lugar, acaba de asesinar de un escopetazo a Pastor, un cantor bastante popular, supuesto amante de su mujer. La causa para tal especulación: un pasquín que apareció pegado en la puerta de su casa. Pero es sólo otro de tantos panfletos que han venido apareciendo en el pueblo, notas que revelan secretos de los habitantes, algunos supuestos y otros tan ciertos que no necesitaban tan burdos mensajes. Se puede decir que los pasquines, que algunos consideran una tontería, representan la materialización inicial de esa violencia colectiva que hace tambalear esa paz del momento, y el asesinato que se relata, probablemente el detonador para continuar la guerra. Para este pueblo ha llegado la mala hora”. La novela esta cosida y forjada en este ambiente tenso y confuso, uno como lector lo siente, lo vive, así no lo comprenda del todo. Su escritura es impecable y anticipa la gran obra de Gabo, se empieza a decantar la influencia de Faulkner. A partir de esta novela, empiezan a aparecer un sin número de obras que reflejan el grave problema de violencia que padecemos. Después asumiré el tema de la violencia en toda la obra de Gabo, como es un hilo indeleble de su narrativa.
Eduardo Caballero Calderón, es un escritor de culto, trató el tema de la violencia, con obras inolvidables para nosotros: “El cristo de espaldas”, “Siervo sin tierra”, “Manuel  Pacho”, novelas escritas con una prosa clásica, castiza, obsesionada con la forma, pues este hombre culto abrevo en los clásicos españoles, fue un apasionado de la obra de Proust, un humanista a carta cabal. En “ Siervo sin tierra”,  desde su personaje, un campesino de un pueblo de Boyacá, toca uno de los problemas más graves del país, generador de violencia, la tenencia de la tierra, la explotación de los campesinos por parte de los terratenientes y la violencia de los partidos políticos de las décadas del cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo pasado.  En “El cristo de Espaldas”  el tema de la violencia es presentado de otra manera, como se vive en los pueblos colombianos, revela la injerencia de la iglesia, las perversidades de la clase política. En una tesis memorable de Pía Paganelli, se describe textualmente: “La novela El cristo de Espaldas al ser del año 1952 se desarrolla en pleno conflicto bipartidista en la región rural andina, representado en términos de una disputa familiar. Entre ambas familias lideradas por gamonales, se encuentra el pueblo encarnado en la figura sufriente del campesino, como rehén de un conflicto dentro del cual participa sin conciencia ni beneficios, casi por inercia. Teniendo en cuenta esos actores sociales, la novela pretende dar cuenta desde un estilo más descriptivo y reflexivo, de las consecuencias que tuvo la violencia política desatada en la zona rural, tales como, la des-organización familiar, la migración forzosa de poblaciones enteras, la usurpación de tierras indiscriminadamente tanto por parte de liberales como de conservadores, la desarticulación de la clase dirigente, y el surgimiento de grupos armados de autodefensa campesina como respuesta a la acción punitiva de “pájaros”, es decir, de asesinos a sueldo”.  Está claro, que Caballero, muestra la violencia rural del país, desde perspectivas diferentes, pero en cabeza del campesinado, del personaje inerme que vive entre fuerzas por fuera de su capacidad y que lo afectan implacablemente en todos sus sentidos.
“Manuel Pacho”  resulta la expresión más viva de lo que denominamos literatura de la violencia, pues en esta obra el autor asume la responsabilidad de entregarnos un cuadro vivo de la impotencia del hombre frente a este fenómeno que lo avasalla. En una reseña de editorial norma, de la mano de Alexander Peña Saenz, me encontré con esta descripción lúcida: “Su protagonista, representa los testigos silenciosos e impotentes de las atrocidades que los villanos políticos acometieron en todos los campos colombianos: Manuel Pacho, encaramado en un árbol de mango, ve cómo sus familiares y todo lo que posee desaparece bajo la sangre y el fuego, a excepción del cuerpo muerto de su padre, para quien busca la bendición de un sacerdote que, por los azares del destino, se encuentra lejos. Nos dice el autor, en el epílogo, que la intención del libro es “revelar que hasta el hombre más anodino puede tener cualquier día su momento de heroísmo y sublime generosidad”.
En un mes continuare con esta mirada a la novela de la violencia en Colombia. Entre tanto seguiremos comentando nuestras lecturas.

















domingo, 26 de octubre de 2014

APUNTES DE ELIAS CANETTI


Y así, los apuntes se han acabado convirtiendo en una forma. Su capacidad de abarcar no tiene límites. Todo lo que luego falta es importante. El lector se añade él mismo como complemento.

La lectura de los diarios y los apuntes de algunos pensadores me ha conmovido de sobremanera, pues resulta ser un dialogo imaginario con quienes constituyen parte esencial de mis afinidades intelectuales. Apuntes de Canetti, es uno de mis textos predilectos, son intuiciones narrativas cortas, aforismos, donde se decanta el escritor desde la subjetividad más profunda, escritos desde la tragedia que constituye vivir en mundo irracional e inexplicable, como lo interpretó este autor emblemático del siglo XX.

Canetti fue un hombre comprometido con su siglo, sus textos representan el testimonio de un escritor lúcido, con una narrativa cercana a la perfección. Estos apuntes son una interpretación de hechos y textos  cercanos a sus lecturas. En cada uno de ellos se decanta la ansiedad de un pensador que vivía descifrando los acontecimientos, pues fue testigo de las peores brutalidades del siglo XX, lleno de guerras continuas y actos de barbarie inexplicables. Igualmente escribió infinidad de notas biográficas, de sentencias, estas son una obertura de su itinerario intelectual, escritas con la frescura de quien nunca pensó en publicarlas.
          
Afirma en uno de ellos: “Estaría bien, a partir de cierta edad, irse haciendo cada vez más pequeño, año tras año, e ir recorriendo hacia atrás los mismos estadios por los que antaño trepó uno con orgullo. Los honores y dignidades de la edad, con todo, deberían seguir siendo los mismos de hoy, de modo que gente muy menuda, como muchachos de seis u ocho años, serían los más sabios y los de mayor experiencia. Los reyes más viejos serían los más pequeños; sólo habría Papas muy pequeños; los obispos mirarían desde arriba a los cardenales y los cardenales al Papa. No habría ya ningún niño que quisiera llegar a ser una persona mayor. La historia perdería importancia con la edad; uno tendría la impresión de que sucesos ocurridos trescientos años antes habían tenido lugar entre seres parecidos a los insectos, y el pasado tendría, al fin, la suerte de que nadie se fijara en él”. Delante de este mismo remata: El equilibrio entre saber y no saber depende de cómo uno va adquiriendo sabiduría. El no saber no puede empobrecerse con el saber. A cada respuesta - a lo lejos y aparentemente sin relación alguna con ella debe saltar una pregunta que antes dormía acurrucada. El que tiene muchas respuestas debe tener todavía más preguntas. A lo largo de toda una vida, el sabio no pasa de ser un niño y las respuestas lo único que hacen es secar el suelo y la respiración. El saber es un arma sólo para los poderosos, y no hay nada que el sabio desprecie tanto como las armas. El sabio no se avergüenza de su deseo de amar a más hombres de los que conoce; y jamás se separará arrogantemente de aquellos sobre quienes no sabe nada”.
La lectura de estos apuntes es un dialogo, nos va abriendo puertas, son búsquedas, incitaciones a otras lecturas, como si estuviéramos tomando café con el autor.
Este proyecto lo empezó en 1930, después de “Auto de fe” y lo que en principio no dejaba de ser un ejercicio sin mayores pretensiones, hoy constituye en la apreciación de muchos, lo mejor de su obra.
Su lectura para mí ha sido absolutamente enriquecedora y me ha dado herramientas para alimentar la poca esperanza que me queda, algo así, como pese a las circunstancias adversas, siempre existe una salida, esta incluso puede partir de la propia imaginación.  
Cada apunte es una apertura a muchos interrogantes y hoja de ruta a búsquedas importantes. Dice el autor en este texto en uno de sus notas:
“El comportamiento externo del hombre es tan equívoco que a uno le basta con manifestarse tal como es para vivir de un modo totalmente desconocido y oculto. Una guerra ocurre siempre como si la Humanidad no hubiera llegado aún al concepto de justicia. Canetti un autor entrañable, grande e imprescindible, me sorprende cada día más, no me canso de decir que, un escritor difícilmente muere para sus lectores. Este es un buen ejemplo.








lunes, 13 de octubre de 2014

APRECIACIONES SOBRE EL NOBEL DE LITERATURA

Recuerdo un artículo excelente  de Gabriel García Márquez sobre los intríngulis en el proceso de elección del nobel de literatura,  escrito mucho tiempo antes que se le concediera.  Contaba los avatares que tiene esta elección, algunas anécdotas y secretos que pocos conocemos, revelados por los propios ganadores, quienes develaban detalles por encima de la condición estética de la obra que dejan al descubierto las tensas situaciones que sufren los miembros de la academia Sueca en la elección del ganador de cada año.  Los últimos premiados en mi apreciación constituyen un reconocimiento a ciertos escritores de una calidad indiscutible, quienes no son los más promocionados por las grandes editoriales. Es un hecho que no siempre los libros más vendidos o los autores más conocidos son los mejores, hablando desde la óptica literaria y estética. En mi criterio, existen una inmensa cantidad de buenos escritores que, por culpa de las propias editoriales, no trasciende las fronteras  de sus países,  tan sólo son conocidos por la crítica especializada y los lectores apasionados de siempre, que son mínimos.
Sí miramos lo que está pasando con los escritores Nórdicos en Europa, los excelentes novelistas Africanos, los jóvenes narradores latinoamericanos, para solo citar algunos casos, han sido muy poco promocionados, lo que significa que la literatura en un mundo global, parece no gozar  de las virtudes  más vitales de las TIC, como es su universalidad, los lectores no estamos lo suficientemente informados de lo que pasa por fuera de nuestras fronteras, peor aún, no conseguimos los títulos en las librerías locales. El premio de este año sorprendió a muchos, muy a pesar de ser un autor  admirado y lleno de reconocimientos en Francia desde hace mucho tiempo, es un autor de culto, no es inferior al premio nobel de ninguna manera, pero realmente desconocido en casi todo el mundo.
Con los últimos galardonados la academia le ha dado a conocer al mundo escritores de una calidad incuestionable, los cuales no son editados por fuera de sus países. Patrick Modiano, para los franceses, recibió un premio más que merecido. Desde este jueves su obra será re-editada y conocida, el premio tiene la virtud de crear este fenómeno, por eso cuando los académicos suecos se equivocan, resulta fatal.
El jurado le otorgó el premio "por el arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más inaprensibles y ha descubierto el mundo de la ocupación" nazi de Francia.  De hecho Modiano, revisa a través de su obra la condición de los franceses durante el régimen neonazi de Vichy y la ocupación del país por los alemanes durante la II Guerra Mundial, la ocupación, un mea culpa, que aun sus paisanos no han querido asumir y que esquivan inteligentemente.  Guillermo Altares desde el periódico “El país” de España, recordaba a propósito del premio: Con el guión de “Lacombe  Lucien, que escribió en 1974 junto a Louis Malle, fue uno de los primeros que denunció algo que hasta entonces había sido un tabú: “la activa participación francesa en la persecución de los judíos, la miseria del colaboracionismo. La película causó una conmoción tremenda en Francia y abrió una herida que Modiano nunca ha cerrado en sus libros”.  Adelantew explica con absoluta lucidez el articulista: “En la crítica de su última obra, La hierba de las noches, el sabio de los libros Alberto Manguel, escribió en julio en Babelia: “Si toda novela trata de imaginar los capítulos que faltan en una vida, toda biografía es de alguna manera una inspirada ficción. A lo largo de una obra considerable, Patrick Modiano ha intentado construir esos capítulos de los cuales el autor no conoce a ciencia cierta más que algunos retazos. Sin embargo, estos bastan para dar a las novelas de Modiano una verosimilitud y convicción extraordinarias. La biografía de Modiano abarca la segunda mitad del siglo XX y los comienzos del XXI; su obra también. En el centro están los pavorosos años de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación de Francia, y la larga sombra del Holocausto; también, la guerra de Argelia.La hierba de las noches no escapa a esa consabida trayectoria".
Como puede verse, en este caso, como en casi todos, la academia Sueca cumple una labor importante, centra la mirada en autores que de otra manera pasarían desapercibidos para muchos.  Es cierto que hay escritores que inexplicablemente  fueron desconocidos por la academia pese a sus méritos, pero algunos realmente no lo necesitaban, en el caso de Borges, para citar a este grande de la literatura, fue de los pocos que  nunca lo  espero para ser universal, en este caso específico se podrá afirmar con absoluta convicción que ya era un autor mundial, reconocido, admirado y estudiado, lo demás son vanidades.

Siempre estaremos pendientes de este premio y ahora solo nos queda leer a este connotado autor, una vez más le damos gracias a la academia por el papel que cumple para la literatura.


jueves, 2 de octubre de 2014

MAFALDA MUY PERSONAL


Mi relación con Mafalda ha sido entrañable, me dio una mirada filosófica y contestataria de la sociedad desde una perspectiva muy particular, representa todo lo que pienso de la vida, ella me expresa a cabalidad y para mi época y amigos lo fue todo, hablaba por nosotros con una lucidez sin parangón. Desde que la conocí tengo una amistad de nunca acabar, apasionada diría, espero por bien de la humanidad, poder resolver sus difíciles preguntas, hoy le releo con absoluto asombro, como si fuera la primera vez.
En 1974 tenía apenas catorce años pero vivía abrevando en una generación que luchaba contra el mundo y con todas las formas de vida que se nos imponía. Sólo queríamos la Paz, que los países grandes no se comieran a los chicos y que el esperpento de la guerra no fuera más. Para nada conestábamos con la sociedad de consumo y menos con la presión de las jerarquías sociales, basadas en un arribismo oprobioso. Vivía en mi ciudad natal Bucaramanga Colombia en pleno auge del proceso guerrillero, con un país apenas entrando con alguna fuerza en la modernidad, industrialmente quedado, violento, con una inequidad penosa, socialmente hablando.
El movimiento estudiantil era muy fuerte, la injerencia de los Estados Unidos en nuestros países era absolutamente descarada y sin cortapisas. Un día cualquiera un amigo nos pasó a Mafalda, ese personaje creado por Quino, quien desde ese momento constituyó una especie de guía, nos interpretó y enseñó mucho de lo que hoy nos diferencia del común, con ella aprendimos a pensar los grandes temas de la cotidianidad desde una perspectiva contestaria, pero real, sin sesgos.
“Mafalda es el nombre de una historieta argentina creada por Quino en 1964, cuyo personaje principal es una niña de clase media argentina con una actitud comprometida ante el mundo. Mafalda es una pequeña niña preocupada por la humanidad y la paz mundial, que se rebela contra la manera en que es el mundo, apareció en tiras cómicas en diarios argentinos de 1964 a 1973, y fue también muy popular en Latinoamérica en general, España, Italia, Francia y otros países europeos. Mafalda ha sido traducida a más de treinta idiomas Al comenzar la historieta tiene seis años y en marzo siguiente ingresa al jardín de infantes. A Mafalda le gustan Los Beatles y el Pájaro Loco. Le gusta también jugar en el parque a los vaqueros con sus amigos. Su comida preferida son los panqueques, que le gustan tanto que es capaz de comer sopa —plato que odia— para poder comer este postre. En los diez años de la historieta aparentemente llega hasta el tercer o cuarto grado. Los comentarios y ocurrencias de Mafalda son el espejo de inquietudes sociales y políticas de los años sesenta[1].
Para el grupo de amigos cada tira cómica que se publicaba, era un evento, generaba amplias disertaciones, nos hacía reír, nos ponía a pensar seriamente sobre lo que estaba sucediendo, su reflexión giraba siempre en torno a la guerra, la destrucción del planeta y la sociedad de consumo. Cada pregunta, pues el quid de la tira era hacer preguntas y afirmaciones con hondura, reflexivas, que criticaban al sistema, a los dirigentes, era un cuestionamiento a los adultos de parte de una niña que veía que nada cambiaba.  Mafalda nos interpretaba, con cierto toque de psicoanálisis, lo peor de todo es que sus dudas siguen vigentes, pues nada ha cambiado hasta ahora.
Esta tira cómica, creada por Joaquín Salvador Lavado, apareció por primera vez el 29 de septiembre de 1964, en el semanario argentino primera plana. Quino es un hombre agnóstico, escéptico como su personaje, desesperanzado en lo absoluto,
Tengo una relación muy extraña con Mafalda. Para mí nunca ha dejado de existir y me recuerda a mi barrio, a mis amigos y a una época que nos marcó. Tuve una amiga entrañable, mayte Rosales, que la adoraba, en sus momentos más tristes Mafalda le daba fuerzas para superar esos impases de la vida que creemos imposibles de manejar.
Recordaré cada uno de sus personajes:

MAFALDA
Al comenzar la historieta tiene seis años y en marzo siguiente ingresa al jardín de infantes. A Mafalda le gustan Los Beatles y el Pájaro Loco. Le gusta también jugar en el parque a los vaqueros con sus amigos. Su comida preferida son los panqueques, que le gustan tanto que es capaz de comer sopa —plato que odia— para poder comer este postre. En los diez años de la historieta aparentemente llega hasta el tercer o cuarto grado. Los comentarios y ocurrencias de Mafalda son el espejo de inquietudes sociales y políticas de los años sesenta. Papá Es un empleado público que trabaja en una compañía de seguros (en la era previa a los ordenadores). En una historieta se revela que se llama Tomás. Su afición son las plantas de interior, ya que viven en un apartamento. Conduce el auto familiar que es un Citroen 2CV.
MAMÁ
Es una típica ama de casa argentina de clase media de los años sesenta preocupada hasta la histeria por lo que pasa dentro de su microclima hogareño. En alguna tira se revela que se llama Raquel. Cocina, lava, plancha, hace las compras y (aparentemente) no maneja el auto. Fue a la universidad y abandonó la carrera, y la perspectiva de ser pianista profesional, porque se casó.
FELIPE
Felipe es un niño muy imaginativo y un buen amigo de Mafalda, Manolito, Susanita, Miguelito y Libertad. Va un curso más arriba que ellos. Vive eternamente agobiado por sus tareas escolares y su dificultad para mantener la atención en ellas. Ve la vida de manera más sencilla que Mafalda, más como el niño que es. Le gusta leer tiras cómicas de El Llanero Solitario, le gustan los Beatles, casi tanto como a Mafalda, juega muy bien al ajedrez y muestra interés por una niña llamada Muriel que aparentemente nunca se da cuenta de que él la está mirando.
MANOLITO
Manolito (Manuel Goreiro) es un amigo de Mafalda, Felipe, Susanita y Miguelito, hijo de un comerciante de barrio (el propietario del almacén Don Manolo), y representa a las ideas capitalistas y conservadoras dentro de la historieta, además de ser una caricaturización del inmigrante español. Es el más cabal del grupo, siempre con los pies en la tierra, no deja lugar para la imaginación sino es para imaginarse todo el dinero que ganara cuando sea grande. Físicamente, lleva el pelo cortado a cepillo y tiene la cabeza más cuadrada que los demás. Salvo por el vello facial, se parece mucho a su padre. Su hermano, que aparece en la tira una sola vez y es cuando le dan la baja del servicio militar, trabaja luego en el almacén de su padre. Una de sus características que más llama a atención es que a este personaje le agradaba la inflación que azotaba al país en aquella época. A diferencia del resto de los personajes, a Manolito le gusta la sopa y odia a Los Beatles y toda la moda de los sesenta, tanto como a la competencia del almacén Don Manolo (los otros almacenes). Su mayor sueño es tener una cadena de supermercados (Manolo's) y hacer fundir a Rockefeller.
SUSANITA
Según el libro Viva Mafalda se llama Susana Beatriz, en una tira aparece como Susana Clotilde Chirusi. Susanita es una amiga de Mafalda cuya máxima aspiración es ser madre y tener muchos hijos, asumiendo el rol clásicamente asociado a la mujer. Esto contrasta fuertemente con la actitud de Mafalda, más intelectual y concienzada de la liberación de la mujer y de la igualdad entre sexos. Susanita es una niña muy chismosa y parlanchina, al grado de enfermar a los demás. Nada de lo que pasa en su vecindario ocurre sin que ella se dé cuenta. Físicamente, Susanita es rubia y tiene bucles (tirabuzones), lo que le da un aspecto similar al de su madre. Como ella dice en clase, el futuro perfecto del verbo amar es «hijitos». Sus ideologías son un poco extrañas: prefiere pertenecer a la oligarquía, mantener el poder a un grupo selecto, etc. Se podría decir que es una conservadora. El simple hecho de pensar en Manolito la enferma, el único pasatiempo de ella es pelearse con Manolito cada un «dos por tres» como dijo Mafalda en su segunda historieta, pero muestra interés romántico en Felipe (el cual no es correspondido). Susanita es egoísta, rencorosa y muy modesta con ella cuando sabe perfectamente que lo que habla no es así.
MIGUELITO
Miguelito es un amigo de Mafalda, más pequeño y más inocente que el resto de la pandilla, y también más egocéntrico. Su pelo recuerda a las hojas de una lechuga. Su mayor deseo es que su madre deje de regañarlo por no sacarse las zapatillas para no arruinar el parquet. Sus comentarios se acercan a las ideas autoritarias de un dictador. Su abuelo es un seguidor del Duce y Miguelito se guía por los comentarios de éste. A veces su inocencia contrasta con una espontánea crueldad. Se revela que su nombre completo es Miguel Pitti.
GUILLE
Guille es el hermano pequeño de Mafalda y a pesar de su inocencia le gusta Brigitte Bardot y una vez le gritó a una nube que tuvo la mala educación de taparle el sol. Se caracteriza por hablar con un lenguaje infantil (por ejemplo, en una tira Mafalda trata de corregirlo para que diga «tortuga» y no «todtuga») y tiende a ser algo desfachatado (llama a sus padres «los viejos»). A pesar de ya no estar en edad sigue usando un chupete. La madre estaba embarazada para el golpe de estado en Argentina del general Juan Carlos Onganía en 1966, pero al cerrarse el periódico donde se publicaba la tira (El Mundo), no le dio tiempo a nacer. 
LIBERTAD
Libertad es muy bajita («chiquitita»), al punto que Guille es más alto que ella, y ello es motivo recurrente de comentario, haciendo un obvio guiño político. Es la única mujercita del grupo un poco más liberal que Mafalda, en contraste con los más conservadores Manolito y Susanita. Aspira a que el pueblo tome conciencia de la situación de su país, se levante en una revolución social y cambie las estructuras del país. Su madre es traductora de francés y su padre trabaja en un «puestucho de morondanga» como ella misma lo describe.
BUROCRACIA
Tortuga mascota de Mafalda y Guille, llamada así por la lentitud que tiene para todo. Al igual que Mafalda, odia la sopa, único motivo que en una tira la hizo correr muy rápido, no cabe duda de que su plato favorito conste de una buena hoja de lechuga.

Gracias a su vigencia se consigue toda la tira cómica completa, estudiarla sería una tarea que no solo interpretaría al personaje sino al mundo en su locura, como vemos para nada cambia y es un hecho que cada vez estamos lejos de convivir pacíficamente con nuestros semejantes y con el planeta. Ahora somos consumidores voraces.  
  












[1] http://www.albeos.org/IMG/pdf/Mafalda_tiras.pdf

lunes, 22 de septiembre de 2014

EL OCASO DEL PENSAMIENTO


¿Es posible pensar en estos tiempos? Me refiero al actor de pensar con independencia, en un tiempo donde los totalitarismos de la información alcanzaron niveles imaginables. El hombre de hoy no piensa, reacciona a contenidos que lo programan desde que nace, está inmerso en la sobre-información, que lo configura, en una infinitud de condicionamientos soportados por la sociedad de consumo imperante,  factor perverso, pero que sostiene todo el sistema capitalista.
Esto no quiere decir que el fenómeno sea nuevo, pero los niveles de tecnicismo y capacidad de entrada y salida de la información en sus múltiples formas, el tiempo record en que se procesa hoy, de una velocidad inimaginable, nos avasalla, nunca antes el hombre llegó a estos niveles de sometimiento. Para estos efectos es preciso entender cómo se articula esta alienación del sujeto frente a lo que recibe, el primer compromiso es resolver el problema con la verdad, para entender y descifrar, como se genera la alienación. Daniel Davidson, el filósofo Estadunidense, asumió en este sentido, “Que el acceso a la verdad no puede ser una prerrogativa especial de la filosofía, y que la verdad debe tener conexiones con los intereses humanos. Era despreciativo con la tradición filosófica que consideraba la verdad como correspondencia entre el pensamiento y una realidad inaccesible a la investigación experimental y a la práctica ordinaria. Creía que esta imagen de la verdad fue designada para servir a la tesis de que los filósofos poseen una técnica privilegiada para lograr una forma de conocimiento diferente de, y superior a, la ciencia”[1]. Realmente le quitaba a la verdad los artilugios que suelen darle los filósofos, que la desvían, según el pensamiento pragmático común a esta línea de pensamiento. 
Nietzsche expresó: “Qué es entonces la verdad?: Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal”[2]. Adelante agrega: “El intelecto, como medio de conservación del individuo, desarrolla sus fuerzas principales fingiendo”. Hoy ni siquiera finge, navega, está donde quiere que estén y los fundamentos mínimos de la existencia, permanecen condicionados por poderes no visibles para él, peor, sus pensamientos y deseos han sido condicionados en su totalidad.
En la revista “Observaciones filosóficas”, me encontré un artículo de Thomas Macho titulado: “El hombre factible, la domesticación de la muerte”, con un aporte pertinente para el tema: en el contexto premoderno del reconocimiento del nacimiento y de la muerte como límites, en principio fuera del alcance humano, se llevaban a cabo numerosas prácticas y rituales para comunicar las instancias de la providencia o del destino, para reconciliar y congraciarse, pero también, en el peor de los casos, para soportar sus decisiones –como prueba o castigo. Para ese propósito se celebraban ceremonias sacrificiales, se asumían reglas de comportamiento definidas hasta el último detalle (desde el bautismo hasta el funeral) y, no menos importante, una pronunciada metaforización del “más allá”: precisamente esta limitación definida de manera tan severa favorece la fantasía de transgredirla”.
Todas las formas de ser, de trascender han sido de alguna manera   previamente definidas, programadas, el sujeto no tiene  posibilidad de pensar de manera diferente, de trasgredir la norma, deslindarse del enrutamiento, es imposible escapar de la alienación, pues el individuo está configurado desde que nace, es lo que otros quieren que sea. Thomas Macho ratifica: “Nacimiento y muerte se virtualizan de manera latente junto con las posibilidades crecientes de manipular y cambiar las expectativas de vida: pero esta “virtualización” exige forzozamente planificaciones y decisiones que difícilmente se pueden juzgar desde la perspectiva de una ética tradicional”.
Cuando aparece un discurso que se sale de los giros lingüísticos impuestos, de las formas lógicas prevalentes, de los lineamientos generales, de inmediato se genera un optimismo que me lleva a imaginar que, sí es posible escapar a esa perversión que consiste en pertenecer al rebaño, a la estandarización del pensamiento y la vida.
Ojala pensar sea posible, no abdicamos de la tecnología, ni del progreso, sino de las formas, de las imposturas, de la manipulación, de esas formas insuperables de la esclavitud.
Pensadores como Onfray en Francia han trabajado estos procesos y son obsesivos con las descripciones de muchas de las formas en que se relacionan los ciudadanos con los conceptos que, en su análisis, son completamente errados y hacen parte de los condicionamientos  históricos  que mantienen a la humanidad en esta situación.
Parte desde el cuestionamiento al papel de la propia filosofía, la forma en que el poder desde el discurso, la ley, engaña a  a la sociedad, para darle un nombre elegante, hasta la manera como los gurúes de la academia, del conocimiento científico, caen en la misma categorización, de manipuladores y manipulados, pues ceden, lo que contribuye y justifica la situación imperante.
Solo la muerte parece liberarnos, lo demás está descontado.