Es definitivo, Auster, Amis y este escritor, son fundamentales dentro del panorama de la novela actual. Su lectura debe ser una tarea de cualquier persona apasionada por este genero. amanecera y veremos.
(2) Ibidem

No dejare de elogiar la traída del “Hay festival “a Colombia, donde la literatura toma la palabra de la mano de sus mejores creadores. La lista de invitados es excelente y los conversatorios serán un bocado para los amantes de la literatura y el arte en general. McEwan el Caballero de la Orden del Imperio Británico y ganador del Booker Prize con Amsterdam lleva décadas destacándose como una de las voces literarias más importantes y aclamadas del mundo anglosajón. La revista “ Semana” realiza una reseña de su trayectoria muy puntual “Desde que publicó su primer libro de cuentos en 1976, First Love, Last Rites (Primer amor, últimos ritos), fue una promesa de las letras británicas. El libro no sólo ganó el Somerset Maugham Award, el más prestigioso para escritores jóvenes ingleses, sino que, a los dos años, McEwan se consagró como novelista con Cement Garden (El jardín de cemento). Poco tiempo después, se convirtió en figura nacional luego de que la BBC suspendió las presentaciones de una de sus obras de teatro por supuesta obscenidad.
Su estilo ha dado bastante de qué hablar desde entonces. Temas como la pedofilia, el asesinato, el incesto y una narrativa en la que las convenciones morales se subvierten, hicieron que en la década de 1980 se le conociera como Ian McAbro. Y, desde entonces, la publicación de cada una de sus novelas es un acontecimiento literario en el mundo anglosajón. Amor perdurable, de 1997, fue aplaudida por la crítica y premiada con el James Tate Black Memorial Prize de Inglaterra; al año siguiente Amsterdam, para muchos su obra cumbre, recibió el Booker Award (premio para el que ha sido nominado en otras dos ocasiones); en 2002 el New York Times nombró Expiación la mejor novela del año; dos años más tarde Sábado fue nominada al Man Broker Internacional Award y, en 2008, Chesil Beach, su más reciente novela, le mereció una nueva nominación para este prestigioso premio. Solar, que estará en las librerías del Reino Unido en marzo, es una de las novelas más esperadas para el año que empieza, después de que McEwan leyó un fragmento en el Hay-on-Wye (el festival padre del Hay Festival) hace dos años. Se trata de una novela sobre el calentamiento global narrada en clave humorística. “[1]La programación completa está en la página oficial del evento: http://www.hayfestival.com/cartagena. Están invitados: Mario Vargas llosa, cineasta Alejandro González Iñárritu y Michael Ondaatje, autor de El paciente inglés, Najat el Hachmi, escritora marroquí establecida en España y parte de la selección oficial de Beirut 39 (los 39 escritores menores de 39 años de Oriente Medio), los libaneses Joumana Haddad, Roberto Pombo, William Ospina, Francis Pisani (Francia), Mario Tascón (España) y Jon Lee Anderson (EE.UU.), El historiador y periodista británico Andrew Roberts, autor de The Storm of War, Jennie Ostrosky (México), autora de novela, cuento y poesía y artículos sobre literatura, teoría literaria y uso de las TICs en educación básica en diversas publicaciones nacionales e internacionales y Octavio Henao (Colombia), director del Grupo Didáctica y Nuevas Tecnologías de la Universidad de Antioquia, Fernando Trueba, Guillermo Altares, Juan Gabriel Vásquez, Manuel Calderón y Christopher Domínguez, Mario Jursich, Luis García Montero, Darío Jaramillo, Como puede verse, la lista es un verdadero bocado, no queda sino disfrutarlo. Volvemos solicitar la publicación de los textos, sería un gran aporte.
[1]http://semana.com/noticias-cultura/festival-calienta-motores/133445.aspx
Este es el nombre del libro de entrevistas a grandes novelistas del siglo pasado, publicado por editorial “Bitácora” de Buenos Aires, que constituye un verdadero bocado de cardinale, para aquellos que nos encanta escudriñar sobre el proceso creativo de nuestros autores preferidos. Recuerdo la lectura del texto que recopiló las entrevistas realizadas en las paginas “The Paris Review”, el cual fue una verdadera revelación, trajo secretos insolitos , aún lo leemos con sumo agrado y de hecho hay claves inolvidables. El libro Lawrence Grobel, suscita sorpresas a granel. Primero las entrevistas realizadas no son hechas desde la esclerótica del experto, del crítico consumado, sino desde la mirada acuciosa de un excelente periodista. En mi vida personal tuve la dicha de compartir con algunos escritores Colombianos en medio de una informalidad total y muchas veces después de estas conversaciones, hubiese preferido no haberlos conocido, pues el don de la palabra no corresponde a sus dotes como escritores y esto nos suscita un desencanto injusto, pues ellos son importantes por sus escritos no por lo que hablan. Lógicamente no es una regla general, sino basta leer o ver, las encantadoras entrevistas de García Márquez, Carlos Fuentes, Cortázar, Kundera, par citar solo algunos. Caso especial las de Borges, el cual se le debe un estudio serio sobre sus conversaciones, que constituyen una obra al margen, tan importante como sus libros. Lo primero que hay que destacar del libro de la referencia es la selección de los escritores: Bellow, Bardbury, Donleavy, James Elroy, Allen Ginsberg, Greeley, Haley, Joseph Héller, Mailler, Joyce Carol Oates entre otros. Cada escritor corresponde a un entorno, a unas influencias y a un imaginario particular que encubre toda su obra, pues la ficción no es otra cosa, que una trasposición lucida de la realidad desde la perspectiva de la narración particular, no importa cual sea la técnica o los instrumentos de cada creador. Refiriéndose a Carlos Fuentes, Vargas Llosa, escribió sobre el arte de escribir novelas con una lucidez única: “Escribir una novela es una ceremonia parecida al strip-tease. Como la muchacha que, bajo impúdicos reflectores, se libera de sus ropas y muestra, uno a uno, sus encantos secretos, el novelista desnuda también su intimidad en público a través de sus novelas. Pero, claro, hay diferencias. Lo que el novelista exhibe de sí mismo no son sus encantos secretos, como la desenvuelta muchacha, sino demonios que lo atormentan y obsesionan, la parte más fea de sí mismo: sus nostalgias, sus culpas, sus rencores. Otra diferencia es que en un strip-tease la muchacha está al principio vestida y al final desnuda. La trayectoria es inversa en el caso de la novela: al comienzo el novelista está desnudo y al final vestido. Las experiencias personales (vividas, soñadas, oídas, leídas) que fueron el estímulo primero para escribir la historia quedan tan maliciosamente disfrazadas durante el proceso de la creación que, cuando la novela está terminada, nadie, a menudo ni el propio novelista, puede escuchar con facilidad ese corazón autobiográfico que fatalmente late en toda ficción. Escribir una novela es un strip-tease invertido y todos los novelistas son parabólicos (en algunos casos explícitos) exhibicionistas.”[1]