Me ha llegado un libro
que como lector considero necesario comentar y fomentar, pues enaltece la
condición humana y es un referente obligado para los amantes de la música. Su primera virtud, está escrito por un artista a carta cabal: “es un pianista y director de orquesta
argentino nacionalizado español, israelí y palestino. Hijo de músicos (tanto
Enrique Barenboim como Aída Schuster, sus padres, fueron destacados pianistas),
debutó en Buenos Aires a los siete años con un éxito tal que fue invitado por
el Mozarteum de Salzburgo a continuar sus estudios en esta ciudad, en cuyo
festival triunfó tres años después” . La segunda, promueve el arte desde esta
condición. El libro: “El sonido es la vida, el poder de la música”, es un texto
escrito desde la condición subjetiva de quien ha vivido inmerso en la música, nos recalca: deberíamos hablar del mundo sonoro, después nos lleva a travèz de una prosa exquisita, clara y concisa revelarnos secretos de este universo, este es
parte de su magia y hacer un recorrido alrededor de la música clásica, desde lo
más primario hasta llegar a puntos verdaderamente profundos. Comienza con
una disertación sobre "El sonido y pensamiento".
Escribe al respecto: “ En mi opinión, la única definición realmente precisa y
objetiva es la de Ferrusio Busoni, el gran pianista y compositor Italiano, que
dijo que la música es aire sonoro, que lo dice todo y nada al mismo tiempo” Schopenhauer,
por otro lado, veía en la música una idea del mundo”. A partir de esta definición inicial va profundizando en aspectos sustanciales.
Esta apertura
temática, no le impiden tocar el tema político. el autor vive en medio de un conflicto cargado de radicalismos irreconciliables que lo tocan: El
Conflicto entre Palestinos e Israelitas, el problema entre árabes y judíos, la
historia total de un pueblo marcado por diferencias con mucho dolor. Resalto la condición humanística, me recuerda al gran escritor Said, el palestino
que tocaba temas de música e interpretación con absoluta sabiduría, quien nunca evitó el tema político, inclusive hay un capitulo en homenaje a este autor en
este libro.
El capítulo “oír y
escuchar” es de una belleza absoluta, nos es fácil tocar un tema tan
especializado y darse a entender, ser
legible para profanos, poder ser entendido
por personas sin ningún conocimiento, Barenboim es un maestro, pues
nos logra interesar en estas especialidades.
Otro tema que toca con
manos de cirujano, es el de la
inspiración, sobra decirle a mis lectores que hay que leerlo, veremos como
colgamos algún capitulo en este blog.
El libro vino de la
mano de Luis Fernando Potes, quien siempre nos alimenta con estas lecturas
inolvidables.
He rendido un homenaje de
Julio Cortázar no solamente contando mi experiencia como lector, sino haciendo
una pequeña antología de los mejores artículos a propósito del mismo. Este es el escrito de Sergio
Ramírez gran escritor Guatemalteco.
ALGUIEN
ANDUVO POR AHÍ
Estamos en el mes del
centenario de Julio Cortázar, y es la hora de evocarlo. Contar cómo lo
conocimos, dónde nos encontramos con él por primera vez. Para mí esa primera
vez fue en abril de 1976 en San José, Costa Rica, donde yo vivía para entonces.
En su cuento Apocalipsis
en Solentiname relata el viaje que en esa ocasión hicimos a
Solentiname, en el Gran Lago de Nicaragua, donde Ernesto Cardenal tenía su
comunidad campesina, no muy lejos de la frontera. Nuestro otro acompañante era
Óscar Castillo, actor y director de cine:
"Sergio y Óscar y
Ernesto y yo colmábamos la demasiado colmable capacidad de una avioneta Piper
Aztec, cuyo nombre será siempre un enigma para mí pero que volaba entre hipos y
borborigmos ominosos mientras el rubio piloto sintonizaba unos calipsos
contrarrestantes y parecía por completo indiferente a mi noción de que el
azteca nos llevaba derecho a la pirámide del sacrificio. No fue así, como puede
verse, bajamos en Los Chiles y de ahí un yip igualmente tambaleante nos puso en
la finca del poeta José Coronel Urtecho, a quién más gente haría bien en
leer..."
Eso fue un sábado. Julio
había llegado a Costa Rica invitado a dar unas conferencias en el Teatro
Nacional. Desde la finca Las Brisas, donde vivía Coronel Urtecho, cercana al
río San Juan, se llegaba en bote hasta el puerto de San Carlos, y de acuerdo al
santo y seña acordado entre la familia Coronel y los guardias del puesto
nicaragüense, se hacía un giro con el bote y así se podía seguir hacia el Gran
Lago sin necesidad de bajar en el muelle para los trámites de migración. Julio
entró a Nicaragua sin que la dictadura de Somoza se enterara. Clandestino.
Con alguna frecuencia yo
iba a Las Brisas, en vuelos más azarosos que el que describe Julio, pues
tomaba, a veces en compañía del poeta Carlos Martínez Rivas, un viejo bimotor
DC-3 de tiempos de la segunda guerra mundial, de esos que mientras están en
tierra parecen insectos gordos sentados en sus patas traseras. Un ruidaje de
las latas del fuselaje al despegar, y cuando iba a aterrizar en la pista
de barro rojizo de Los Chiles, el piloto debía pasar rasante y volver a
elevarse en señal de que las vacas vagabundas debían ser ahuyentadas.
Llegamos a Solentiname al atardecer, y al día siguiente asistimos a la misa de
Ernesto. Después de la lectura del Evangelio se iniciaba un diálogo con los
feligreses; las conversaciones se grababan, y luego se editaron en un libro, El
Evangelio de Solentiname. Ese domingo tocaba el prendimiento de Jesús en el
huerto, y allí están las intervenciones de Julio al comentar ese episodio de la
pasión de Cristo. El evangelio según Cortázar. También tomaron la palabra
los muchachos campesinos que en octubre del año siguiente participarían
en el asalto al cuartel del puerto de San Carlos al iniciarse la insurrección
contra Somoza; en represalia, fue incendiada la casa comunal, y destruida la
iglesia.
Pasada la misa, Julio
decidió fotografiar los cuadros primitivos pintados por los campesinos:
"...Sergio que llegaba me ayudó a tenerlos parados en la buena luz, y de
uno en uno los fui fotografiando con cuidado, centrando de manera que cada
cuadro ocupara enteramente el visor..."
Luego cuenta que ya de regreso en París, cuando proyecta una noche las
diapositivas a colores, en lugar de los cuadros empiezan a aparecer escenas del
terror de las dictaduras militares, prisioneros encapuchados, cadáveres mutilados.
Pero entre esas imágenes
hay una en que aparece la escena del asesinato del poeta salvadoreño Roque
Dalton, ejecutado por sus propios compañeros de armas acusado de ser agente de
la CIA, una acusación que iba más allá de la ejecución física porque pretendía
la ejecución moral.
Esa fue la primera vez que
nos encontramos. Y con el paso de los años, hasta su muerte en 1983, quedarían
muchas otras cosas que contar. Como para un libro.
Agustín scarpelli ha publicado en el suplemento Ñ
del periódico “El Clarín“ de Buenos Aires un excelente artículo sobre este filósofo
Alemán, quien gracias a un libro que es un éxito rotundo en ventas, está dando
mucho que hablar por esta fecha en todo Europa. Considero necesario que mis
lectores conozcan del texto y se enteren
de este pensador:
CRÍTICA A NUESTRO ILUSORIO ALBEDRÍO
Byung-Chul
Han. Una introducción y fragmentos de sus ensayos -no disponibles en el
país- para acercarse al ensayista de culto en Europa.
Probablemente el nombre
Byung-Chul Han suene menos extranjero en Alemania que aquí. No hay sitio más
global en el mundo que las grandes universidades de los países centrales, que
rivalizan entre sí por ser la más multicultural. De origen coreano, el filósofo
Byung-Chul se ha convertido en una celebridad universitaria en Berlín, donde
reside, y a la vez, en un bestséller que se mueve entre lo popular y lo culto.
Su ensayo La sociedad del cansancio (2012) va por la sexta
edición en español; los contados ejemplares que llegaron a Buenos Aires se
agotaron en una semana.
La sociedad de la
transparencia (2013), La agonía
del Eros (2014) y el flamante En el enjambre (2014)
van camino a correr la misma suerte. Quizá sea porque entre las principales
preguntas que hoy repican por todo Internet –las primeras en Argentina y otros
países, como Alemania, según reveló esta semana un informe de Google– figuran:
Por qué estamos tan cansados, por qué estamos solos. El apunte es estadístico
pero da una dimensión del tono existencial de estos tiempos. Agotados,
aislados. Tal vez el mismo lectorado masivo que se vuelca a los best-séllers de
autoayuda hoy esté leyendo obras de diversas disciplinas, entre ellas la
filosofía, con una búsqueda en clave existencial.
Doctorado con una tesis
sobre Martin Heidegger, Byung-Chul es considerado por algunos como el sucesor
de Peter Sloterdijk por sus análisis corrosivos de la contemporaneidad, aunque
la relación con él sea enigmática, cuando no tensa.
¿Qué es lo que le otorgó
notoriedad a este profesor que se había formado como metalúrgico en Seúl antes
de mudarse a Alemania para estudiar literatura y filosofía? Quizá, su principal
virtud sea la de asumir un lugar de enunciación arriesgado, el de polemista
incisivo, sitio ocupado brevemente por su maestro Peter Sloterdijk con su Reglas
para el parque humano . Precisamente, si existe un rasgo que permite
poner en una serie todos estos libros publicados por la española Herder, es que
todos los textos parten de la crítica y el comentario de autores precedentes
bien conocidos. Byung-Chul toma autores y teorías que han circulado
extensamente, también en nuestro medio. Pone en cuestión los conceptos de sociedad
inmunitaria de Roberto Esposito, la sociedad disciplinaria y biopolítica de
Michel Foucault, las ideas de Giorgio Agamben sobre la desnudez, el erotismo y
la profanación, la teoría de Hanna Arendt sobre el rol del “homo laborans” en
la vida moderna y las meditaciones de Richard Sennett sobre el trabajo.
En segundo lugar, buena
parte de sus ensayos breves están atravesados por dos categorías de contornos
algo imprecisos, como el binomio positividad/negatividad. Para Byung-Chul, el
exceso de positividad –esa fuerza que ahuyenta del seno de la sociedad
cualquier posibilidad de contradicción– es lo que caracteriza a la sociedad
actual. La potencia de la negatividad consiste en que las cosas sean
experimentadas justamente por su contrario: el emblema de la negatividad es Batleby ,
el personaje de Herman Melville que a toda tarea o pedido responde con candor:
“Preferiría no hacerlo”. Por el contrario, la sociedad positiva, analiza
Byung-Chul en La sociedad de la transparencia , no admite el
sentimiento negativo: “se olvida de enfrentarse al sufrimiento y al dolor, de
darle forma” cuando, en verdad, “también el espíritu humano es un nacimiento
con dolor”, subraya.
Con sus textos, el lector
se siente inmediatamente interpelado y comprendido en su desgracia e insatisfacción
cotidianas: la hiperactividad y el multitasking, interpretados por el autor
como fenómenos que impiden la verdadera acción, aquella que requiere de la
actitud contemplativa; pero también el estrés que deriva de la autoexplotación;
o la intimidad amenazada por las redes sociales, en las que participamos
voluntariamente y que nos esclavizan a tiempo completo; el control ejercido por
el panóptico digital; la soledad y el aislamiento que ello implica,
imposibilitándonos para ejercer cualquier acción común. Estos son los “males de
época” diagnosticados por Byung-Chul.
En La agonía de
Eros el filósofo se propone explicar el actual declive del amor y del
deseo y la sexualidad, particularmente agudo en aquellos países donde más se
encarnan las vanguardias tecnológicas: “en la sociedad del rendimiento,
dominada por el poder, en la que todo es posible, todo es iniciativa y
proyecto, no tiene ningún lugar el amor como herida y pasión”. Otro de los
síntomas del hombre contemporáneo es la depresión, que se origina en la
persecución desmesurada del éxito personal. La sociedad disciplinaria
caracterizada por Foucault ya no tiene lugar: el hombre, convertido en
empresario de sí mismo, es más eficaz, más productivo autoexplotándose hasta
desfallecer. Y esto es así porque si por un lado el hombre de hoy asocia su
labor a una sensación de libertad, y no de coacción, por otro lado ya no
reclama nada a los mecanismos de control: “la explotación también es posible
sin dominio”, sostiene.
Como se ve, las ideas sobre
el poder sostenidas por el filósofo se ocupan de un aspecto menos opresivo que
productivo. En La sociedad de la transparencia parte de las
conceptualizaciones del utopista Jeremy Bentham sobre el sistema del panóptico
para explicar las nuevas formas de la vigilancia en la sociedad de control. Se
podría creer que en esto sigue al último Foucault. Sin embargo, dice del
filósofo francés: “Acepta sin crítica que el régimen neoliberal, como ‘sistema
de estado mínimo’, como ‘administrador de la libertad’, posibilita la libertad
del ciudadano. Se le escapa por completo la estructura de poder y coacción que
hay en la proclamación neoliberal de la libertad”.
Byung-Chul acaba de salir
de imprenta En el enjambre, aún no distribuido en España. En
él se ocupa de las modulaciones de la individualidad en medio de la colmena
digital de conexiones.
Para todos ellos, podemos
arriesgar tempranamente cinco claves de lectura:
1.
La adopción del
psicoanálisis, el cine y la literatura devuelve a sus textos una escala humana,
perdida en los vericuetos tecnicistas de otros autores. ¿Será acaso que el
lenguaje de las ciencias humanas se alejó tanto del hombre que ya no dice nada
sobre su experiencia? La lectura que hace en La agonía del Eros del
best-séller Cincuenta sombras de Grey , por ejemplo, le
permite mostrar hasta qué punto la desaparición del otro en la pornografía y
los imperativos de la salud y la vida sana (y el principio del rendimiento)
dinamitan el amor y la sexualidad. Y esto es así porque “El Eros se dirige al
otro en sentido enfático, que no puede alcanzarse bajo el régimen del yo. Por
eso, en el infierno de lo igual, al que la sociedad actual se asemeja cada vez
más, no hay ninguna experiencia erótica. Esta presupone la asimetría y
exterioridad del otro”.
2.
Byung-Chul tiene ideas
propias y originales pero se sirve de la crítica filosófica de otros autores
cuando esto le permite entrar en un tema y apropiarse de él.
La agonía de Eros parte
de una crítica a la israelí Eva Illous y “esas teorías sociológicas” que
desconocen que hoy está en marcha algo que ataca al amor más que la libertad
sin fin o las ilimitadas variantes: “No sólo el exceso de oferta de otros otros conduce
a la crisis del amor, sino también la erosión del otro, que tiene lugar en
todos los ámbitos de la vida y va unida a un excesivo narcisismo”.
3.
No es sólo la filosofía
oriental la que opera en la obra de Byung-Chul. También su lectura descentrada
de la filosofía dominante. No es sorpresivo que un autor de origen coreano
utilice el mismo conjunto de autores que leemos en Argentina –Alain Badiou,
Jean Baudrillard, Agamben, Esposito o Arendt. La buena noticia es que ese
recorte sea atractivo para los europeos, que muchas veces han dudado de que
pueda haber algo más que objetos de estudio blindados “en el extranjero”,
reservándose la interpretación final excluyente. Más aún, parafraseando al
filósofo palestino Edward Said, también estrella de la academia estadounidense,
el nuevo peligro sería caer en el “occidentalismo” y creer en una imagen de
Occidente estereotipada.
4.
Su prosa tiende al axioma.
El argumento adquiere su potencia de esa brevedad. Su voz es la de un
ventrílocuo. Sostiene lo que la filosofia alemana no podría decir; y retoma
teorías de viejo cuño sin convocar a los autores que las forjaron ni la
tradición que conllevan. Pero eso ya obligaría a un libro de cientos de
páginas. Es cierto que la cita no siempre es elegante pero en ciertos casos la
referencia es obligada. “Las cosas se tornan transparentes cuando se despojan
de su singularidad y se expresan en la dimensión del precio. El dinero, que
todo lo hace comparable con todo, suprime cualquier rasgo de lo
inconmensurable, cualquier singularidad de las cosas. La sociedad de la
transparencia es un infierno de lo igual”, escribe. ¿No resuena allí la teoría
sobre el “fetichismo de la mercancía”, de Marx?
5.
Vida y obra. A la manera de
los gurúes de artes marciales, Byung-Chul no se hace presente... No contesta
los mails, nos dicen sus editores..., ha dado contadas entrevistas y no
respondió a nuestras gestiones. La sociedad de la transparencia es inaugurada
por un pasaje de Peter Handke: “Vivo de aquello que los otros no saben de mí”.
Es evidente que la frase caló en el filósofo. En ese mismo libro, en uno de los
capítulos que refieren a la fotografía, critica duramente aquello que denomina
“el valor de exposición” en la sociedad actual. “El imperativo de la
transparencia hace sospechoso todo lo que no se somete a la visibilidad actual.
En eso consiste su violencia”, sostiene. De su presencia queda la fotografía
pixelada de las solapas, de una belleza juvenil exótica.
En
el último número hacen un homenaje al nobel Colombiano, como suele suceder con
esta revista, es diferente a todo lo hecho. Hay un artículo que me
conmovió, resulta ser una crónica sobrecogedora de nuestro nobel en los últimos
días de vida. El texto es de Michael Jacobs, un viajero impenitente que para la
fecha realizaba un trabajo sobre nuestro rio magdalena.
Es
una pequeña crónica sobre un encuentro furtivo con el escritor en
Cartagena, narrada en primera persona, con mucha candidez, sin ramplonería ni
largateria, típica de los homenajes naturales en ocasión a su muerte. Describe
el encuentro con una prosa exquisita, con mucho decoro, con una sutileza
absoluta, muy humana sobre todo. Lean este aparte:
“Su
presencia tarde en la noche en un bar popular no era, pensándolo bien,
particularmente sorprendente. Él era un hombre del pueblo, amante de la vida de
los bajos fondos, una persona con el atractivo elemental de una estrella del
fútbol. Lo más notable era que por fin había vuelto a Cartagena y lo trataban
casi como si el Mesías hubiera reaparecido. A pesar de que tenía una casa en la
ciudad vieja, ahora apenas se alejaba de su hogar de adopción en Ciudad de
México. Evitaba de frente los festivales literarios, y no había estado en
Cartagena desde 2006, cuando su llegada había producido una severa congestión
en las calles del casco antiguo. Ahora tenía más de ochenta años y había estado
gravemente enfermo de cáncer. Yo había escuchado varios rumores sobre su muerte
inminente.
Sin
embargo, la persona sentada en el Bazurto Social Club mostraba pocos signos de
mala salud física; solo de soledad y falta de conexión con los que estaban con
él. La fama excesiva tal vez lo había aislado en su propio mundo,
convirtiéndolo, a su edad avanzada, en lo que había predicho su ficción, el
patriarca en el otoño, el coronel a quien nadie habla, el general en su
laberinto, la encarnación de Cien años de soledad. Y entonces, mientras
yo seguía observándolo con miradas furtivas desde el otro lado del bar
atiborrado, me di cuenta de algo más. Tenía una mirada que yo había observado
muchas veces en mis padres ancianos: una mirada con un poco de enojo y perplejidad,
como si quisiera que se marcharan quienes lo rodeaban, como si se hubiera dado
cuenta con temor de que no tenía idea de quiénes eran aquellas personas y qué
hacía él en su compañía. Mi padre había muerto del mal de Alzheimer en 1998,
sin ningún recuerdo de sus dos hijos, o de lo que había hecho en su vida. Mi
madre, ahora a pocas semanas de su nonagésimo cumpleaños, se encontraba en una
fase avanzada de demencia.
Mientras
pensaba si el escritor iba por el mismo camino que mis padres, pensé en ir a
saludarlo, como tantos otros lo estaban haciendo ahora en el bar. Sospechaba
que conocerlo sería algo tan fugaz y carente de sentido como tocar una reliquia
sagrada, pero al menos podría decir después que le había dado la mano a uno de
los gigantes de la literatura moderna. Alguien a quien había conocido en el
festival me pasó una botella de cerveza, así que abandoné mi plan y me reuní
con los bebedores empedernidos en el bar. No creía que fuera a tener otra
oportunidad de conocer al escritor”.
Alguna
vez exprese en este blog, por experiencias muy particulares de mi vida, que en
ocasiones es mejor no conocer algunos escritores, en mí caso, algunos
encuentros fueron muy poco gratos. Siempre quise hablar algún día con nuestro
nobel, quien pese a su timidez tenía una elocuencia caribeña inolvidable para
quienes tuvieron el placer de escucharlo, tenía un don especial, hablaba como
escribía, en sus charlas se decantaba el genio y el talento. En el caso de
Gabo, la condición de sus últimos días me suscito muchas reflexiones sobre la
soledad en la vida. Es hermosa cuando la buscamos para reflexionar, para
encontrarnos, pero nunca cuando se nos viene encima por esas vicisitudes
incomprensibles de la existencia. Gabo expresaba en sus ojos en sus últimos
años, soledad y se denotaba la condición impotente de quien no entendía lo que
estaba pasando en su interior, muy a pesar de haber intuido este fatal final. El
olvido, como lo describió magistralmente en el capítulo del
insomnio en “Cien años de soledad”, resulta ser el mal más cruel que le puede sobrevenir a un hombre o a un pueblo en el peor de los casos.
La
crónica, termina con una reflexión sobre nuestra realidad, pertinente además:
“A
mi regreso a Europa, adonde una madre que perdía todo sentido de la realidad,
al igual que le había ocurrido a mi padre quince años antes, decidí
releer Cien años de soledad. La novela adquirió una resonancia más
profunda, a la luz de lo que me había enterado ahora. Aquellas partes del libro
que alguna vez había interpretado como las reflexiones sobre la capacidad de
una nación para olvidar el pasado parecían ejemplos adicionales de una
extraordinaria capacidad de premonición del autor: la enfermedad que lleva a
los habitantes de la aldea imaginaria de Macondo a perder sus recuerdos, la
guerra civil que se lucha por tanto tiempo que ninguna de las partes recuerda
por qué lo hace.
Y
encontré un significado nuevo en la célebre frase inicial del libro sobre un
coronel, a punto de ser ejecutado, que recuerda la época remota en que su padre
lo llevó a conocer el hielo. Ahora imaginaba al coronel como al escritor mismo,
que cerca del final de su vida, después de haber olvidado casi todo de ella,
era capaz aún de rescatar, desde algún rincón oscuro, recuerdos llenos de
magia, extrañeza y asombro. Lo recordé recordando el Magdalena. “Me acuerdo de
todo lo relacionado con el río, absolutamente de todo...”. Y al pensar en estas
palabras, recordé sus ojos, como estuvieron más tarde aquella noche,
convertidos en los de un caimán, abriéndose de vez en cuando para mirarme,
haciéndome imaginar que nada escapaba a su atención, que podían ver a través de
mí y leer mis pensamientos, y que ofrecían su bendición a un viaje que ya había
comenzado esa noche en mi mente, río arriba por una corriente que era también
metáfora de la memoria, hacia un mundo exuberante, de maravillas y peligros,
hacia zonas del pasado, brillantes y oscuras, hacia el alto y distante
nacimiento del Magdalena, en el páramo andino, a orillas del olvido”.
La escritura en el caso
propio, hablo muy a título personal, cumple con la misión de ser una catarsis hermosa
a esta vida harto complicada, aunque nunca infeliz, lo complicado al final
resulta ser un deleite, cuando se superan las trabas, cuando no, son trágicas ataduras,
gracias a ellas existe el psicoanálisis y los lacanianos que es otra manera de
vivir. La lectura sigue siendo el bálsamo que me permite sobre-llevarla con más
facilidad, otra barca que atenúa estos escozores, son aquellos encuentros y
conversaciones con quienes son capaces de liberarse del esclavo mundo digital
que nos domina y la estandarización del pensamiento.
Oteando en la red me he
encontrado con dos cosas muy hermosas. En el suplemento de Babelia de “El país “ Un artículo de Alberto Manguel que recomienda la lectura de un texto que recoge
relatos sobre el mar: “Desde Colon a Hemingway”, se llama. El libro por razones del tema,
de antemano nos da garantía de ser un deleite, pues resulta ser una especie de antología
que recopila los relatos más importantes sobre el mar. Manguel trae algunas consideraciones
hermosas del vasto océano, como perlas:
“Sófocles comparó
el mar a las mareas de la miseria humana. Jorge Manrique, a la muerte. Joseph
Conrad sintió que el mar era, como los sueños, una imagen de la vida
misma, y en Lord Jim escribió: “Un hombre que nace, cae en un
sueño como quien cae al mar. Si trata de remontar a la superficie como hacen
las personas inexperimentadas, se ahoga, nicht wahr?¡No! Le digo:
lo que se debe hacer es someterse al elementodestructivo”. Otros
sintieron que el mar era una prisión (Robinson Crusoe), un emblema de la
libertad (Baudelaire), una metáfora de nuestra soledad (Terence Ratinggan) o
del populoso universo (Melville) Marta Salís resume esa ambigua riqueza
diciendo que el mar ha sido siempre una "gran fuente de inspiración
literaria" cuya lectura refleja "toda su belleza, misterio y
crueldad". Agrega adelante: “La selección de textos que Salís propone en
esta antología sobre este vasto tema no es "histórica", en el sentido
de verse obligada a retrasar los pasos de Moisés, Ulises o Jasón, pero sí
cronológica, e incluye no solo ficciones sino crónicas de aventuras auténticas
que merecerían serlo. Así leemos de la nave que perdieron los marineros de
Colón, de los piratas que acosaron la ciudad de Maracaibo, de una
seudorrobinsonada contada por el inventor de la primera, Daniel Defoe, de
los sufrimientos de esclavos como Olaudah Equiao y de los razonamientos de
negreros como el capitán Hugh Crow, de aventuras más recientes como la del
circunnavegador solitario Joshua Slocum (que, al parecer de Richard
Ford, fue uno de los mejores escritores de lengua inglesa)”. Es un plato Gourmet
realmente.
Esta semana, que
realmente ha sido una especie de catástrofe, alcance a leer un texto muy corto
pero de una hondura y rigor inimaginable: “En el mismo barco” del filósofo Alemán
Sloterdijk, es una visión del sujeto y del estado, por quien descifra con pasmosa claridad los intríngulis del sistema,
la relación sujeto-poder y por supuesto las claves de la política desde la
lógica de sus configuraciones, lectura que hacemos como víctimas lúcidas, frenetizando
con alguna racionalidad las consecuencias que padecemos, sus efectos están ahí,
nos atormentan, hacen parte de nuestras complicaciones cotidianas, realmente es
un libro tenaz.
Conseguí en la ciudad
de Manizales Colombia una versión antigua de la enciclopedia “Universitas” de
Salvat editores, en 20 tomos. Esta belleza editorial fue la que me permitió
nacer como lector en mi lejana niñez, es hermoso rescatar algunos objetos que
nos recuerdan claves de nuestra vida. Suelo rememorar a cada rato como si fuera
hoy, sus artículos sobre el renacimiento, realmente es una obra magistral, allí
está todo.
Hay una excelente serie
de publicaciones sobre la segunda guerra mundial. Empezaré a realizar una
especie de selección, lógico para ir entregándola. Siempre se encuentra uno con
excelentes blog. Recomiendo este:
Lo encontré buscando información
más amplia sobre Thomas Piketti. Este hombre desnuda en su totalidad las
perversidades del capitalismo, el autor del blog reseña con inteligencia: “El
nuevo libro de Thomas Piketty, Capital en el siglo 21 hace un
trabajo notable para centrar la atención sobre el crecimiento de la desigualdad en las últimas tres décadas y
advertir sobre el potencial riesgo de que aumentará aún más en los próximos
años sino se hace algo para frenar esta situación que amenaza con hacer
retroceder al mundo al siglo 19. Piketty aborda un punto básico muy simple y es
que cuando la tasa de retorno sobre el patrimonio (r) es mayor que la tasa de
crecimiento (g), se acelera la concentración de la riqueza. Esto es lo que ha
ocurrido en los últimos 30 años con la implantación a gran escala de los
postulados del libre mercado y la desregulación financiera. Las fallas
intrínsecas en los modelos de competencia perfecta que ocultan asimetrías
y mercados imperfectos, ha creado un
primer mundo en la periferia del tercer mundo y un tercer mundo en el corazón
del primer mundo”.
Releí un texto “Sobre
escritores y escritoras ingleses” De Howard Rochester, que había leído hace más
de quince años, publicado por la Universidad nacional de Colombia, realmente
segundas lecturas son mejores. No son solamente análisis críticos, sino nos
entrega muchas de las circunstancias en que nacieron obras clásicas de la
literatura Anglo-Sajona. El texto de Shakespeare es muy bien logrado, realmente
hay aportes valiosos.
La última columna de este excelente
escritor colombiano, giró en torno a dos escritores: Knausgard, Guadalupe
Nettel, que le permitió disertar sobre la auto-ficción como recurso
literario. En este blog alguna vez hable del mismo, no dejo de insistir en que es un instrumento extraordinario que
le permite al escritor crear, pontificar sobre temas específicos, actuar como ensayista
a la vez, salirse del argumento, mezclar variables temáticas múltiples, con aluciones autobiográficas. Gamboa escribió al respecto: “Es poco frecuente un empeño tan claramente proustiano
como el de Knausgard, el cual consiste ya no sólo en aislar un episodio de su
vida y narrarlo, sino en trasponer a la escritura la totalidad de su vida para
verla al trasluz, darle vuelta y analizarla, interrogarla con las armas de la
literatura y, en particular, de la novela. El propio Knausgard denominó su obra
global -Mi lucha-, título obviamente provocador, de la cual se han publicado en
español los dos primeros tomos, La muerte del padre y la muy reciente Un hombre
enamorado”.
Martin Amis y Paul Auster, son dos
novelistas quienes lo han explotado con una perfección indiscutible,
convirtiéndolo en una técnica no solamente novedosa (En apariencia), sino
versátil. Este recurso le dio a la novela un respiro frente al avasallante mundo
digital, consolidándose como el género más importante y exitoso de la
literatura en estos tiempos de dominio de la imagen y las TIC sobre la prosa.
.
La cita de Proust no es casual: “En busca
del tiempo perdido”, es una clara muestra del recurso desde la subjetividad más
extrema, desde donde hace un recorrido por el arte, la sociedad francesa de su
tiempo, la música y la propia literatura, realmente es una radiografía de lo
que el autor quiera tocar desde las líneas de una historia de ficción.
Un artículo de “El país” de España
categorizaba frente a un encuentro de escritores: La auto-ficción domina la
narrativa en castellano y ha llegado también al cómic y al arte. No son
memorias, no son diarios, no son biografías: es una escritura del Yo, que se diversifica
y ocupa nuevos espacios. Ratifica el artículo mencionado refiriéndose al
recurso: “Los trazos principales de este retrato oral hablan de que se trata de
libros con un tipo de argumento y de narración más acorde a estos tiempos de
individualidad, del supuesto desprestigio de la ficción, de la avidez de los
lectores por historias verídicas, de la necesidad del lector de que le
reconstruyan el mundo y poder reconocerse en él, de lo difícil que es competir
con tantas historias increíbles divulgadas por los medios de comunicación; y en
España, por la desinhibición de hablar de sí mismos tras un pasado de miedos y
de la pérdida de prejuicios sobre los géneros que cuentan vidas”.
Me pregunto acaso si Balzac y Fiódor
Dostoyevski, no son representantes dignos del recurso, escriben verdaderos
tratados sociales, entran y salen de la historia analizando aspectos esenciales
de la subjetividad acordes a los grandes sucesos y problemas de su tiempo que
no eran menores.
Es absolutamente cierto lo que expresa
Gamboa con respecto “Al olvido que seremos” de Facio Lince, es un formidable ejemplo
del recurso, pero además constituye una obra mayor de la literatura colombiana
e hispanoamericana debido al grado de perfección que alcanza: Excelente retrato
de una ciudad, una época, del conflicto social que reverberaba,
auto-biográfica, de una textura especial, bien contada, con una prosa coloquial
que hace de su lectura un frescura, rememora al padre asesinado, un personaje
inolvidable de Medellín vilmente asesinado, al país enfrentado en medio de una
violencia soterrada que aun no superamos.
La literatura sobrevive hábilmente a los
embates de la era digital, con total éxito, leer una gran novela aún es un gran
divertimiento.
Winston Manrique Sabogal, expresa con
respecto a la novela de autoficcion: No son autobiografías, no son diarios, no
son memorias, no son actas notariales, no son biografías, no son ensayos
novelados, no son novelas puras donde todo es imaginación. Pero también son
todo eso. Es literatura. Son novelas, insiste Javier Marías, "porque ella
lo asimila todo".
Siempre he categorizado que la novela es
la que mejor interpreta la naturaleza humana. El artículo de Gamboa cumplió con
la tarea de rememorar este excelente artificio.
“El teniente Sturm de Ernest Junger es un
reflejo vivo de esta técnica, no solo narra una historia, sino que describe en
su totalidad una época y sucesos de guerra inenarrables de la primera guerra
mundial y a la vez realiza una reflexión filosófica sobre la misma de una hondura que interroga a la humanidad.
El nuevo
Siglo de Bogotá ha venido publicando una serie de artículos del escritor Colombiano Luis
Fernando Potes que en mi criterio ameritan ser publicados en este blog, empezaré
con el primero y espero entregarle a mis lectores la totalidad.
El
presente criba el pasado. El pasado suele ser una proyección de preocupaciones
y desahogo de fantasmas. Pero es más patético, es una rutina.
Al margen
de ese devenir anodino, se están cristalizando vidas que ansían la luz, los
llamados constantes, depositarios de una verdad que no es de nadie y que puede
liberar a todos.
Ser, es
una dignidad que comporta haber desentrañado auténticos significados vitales,
haber traspasado un velo que detiene la comprensión de la infinitud, el
escenario oculto de lo viviente.
Quién
como Bruno, indagó y aprendió a vivir como un sabio, despreciando toda necedad
humana, honores, apegos, ambiciones del yo que se aferran al mundo, puede
proclamar con mirada transparente una percepción ligada a verdades centradas en
la claridad.
Él fue
visionario, su profunda capacidad de captar el universo y habitar la vida como
un extraño, lo hizo asombroso y relator de maravillas.
No basta
ser incomprendido, no hay que exponerse al mundo que tritura todo a su paso. La
verdad de Bruno es para quien trasciende. Su inmenso amor por la verdad lo
llevó a divulgar lo que descubría, y esto lo llevó al martirio.
El mundo
es ciego y no ve más allá de la apariencia, de la inmediatez. Su obra es
delirante, desafiante, tanto por la época, como por innumerables circunstancias
históricas.
La
tolerancia de esta época es la medida de lo mediocre, es un síntoma de
decadencia, un triunfo de la ignorancia. Bruno es un ejemplo de excelsitud de
pensamiento y respeto a la vida, y esto no se lo perdonaron. Es muy fácil que
triunfe la bestia.
Bruno es
una resplandeciente llama que jamás se apagará, porque portó el estandarte de
los valientes que no se doblegan al poder servil de complacencias que
deterioran la vida. Él es el profeta de un universo infinito poblado de mundos
innumerables, habitados por seres inteligentes, luminosos.
Las
guerras de poder retrasan el avance de una plenitud que se aplaza porque nadie
puede decidirla, nadie puede otorgarla. Nadie libera a nadie, es un trabajo
sinuoso de inmensa soledad, de interminable meditación; de conectarse con
fuentes sensibles, ocultas a lo vulgar.
La
madurez ardiente de Bruno lo eleva a percibir realidades estrambóticas para su
tiempo, son cosmovisiones de un enajenado. Bruno está vigente, su visión
relativista es un puente gigante que se erige para resolver muchas dudas. En
él, el Uno alterna con lo cotidiano, es una comprensión de la totalidad. El Dios
de Bruno lo penetra todo, su teología trasciende conceptos, es vívida. Su
concepción espiritual es para crear una civilización más digna y honesta, llena
de valores que exalten la vida, la liberen. El cielo es la imagen universal, lo
que debería ser, si aclaráramos la conciencia.
El amor
en la expresión bruniana es el heroico furor que impulsa al héroe a trascender
su condición actual, a fin de explorar los secretos del universo y del saber.
Un héroe furioso es el que mira en los espejos de la realidad en su anhelo de
sondear la vida, el punto divino que armoniza los contrarios para concentrar
toda su energía e inteligencia. Giordano Bruno ve en la naturaleza y en la
mitología una manera de recrear en la imaginación un entramado que no es
lógico, más bien mágico, en el sentido de no ser aprehensible a la razón.
Sus
furores heroicos y la expulsión de la bestia triunfante, son obras como
sistemas de imágenes diseñadas con el objeto de instrumentar y vivificar con
contenidos conceptuales relacionados con la dirección de la vida para
desarrollar una filosofía práctica. Sus elaboradas artes de la memoria son
sistemas constructivos de imágenes, máquinas de imágenes mentales orgánicamente
relacionadas con las peculiaridades de la vida individual.
Bruno no
se limitó a pensar que la teoría científica, al igual que la poesía, pertenecen
al mundo irreal de lo fantástico; creía que la realidad se nos ofrece a través
de la irrealidad de la imaginación, como en la música la notación no va
referida a los sonidos sino a imágenes de tono visual interno.
Uno de
los lemas que mejor corresponde al mundo filosófico de Bruno, es aquél que los
descubren como la imagen del furor y de la bestia.
Bruno
contrapesa la grandiosidad astronómica y el aparato celeste de su plan moral, con
unos diálogos irónicos y a menudo irreverentes. Gusta mezclar lo trivial con lo
metafísico, por su afición al contraste.
La
expulsión de la bestia triunfante es una obra condenatoria, que lo condenó.
Dibuja al hombre, el vicio, la virtud, toda la atrocidad que destruye la
sociedad. La frescura y franqueza de sus textos no da lugar a equívocos, acusa
su tiempo, clama por cambios que jamás vendrán.
Lo
definieron como despertador de almas dormitantes, domador de la ignorancia
presuntuosa y recalcitrante, en todos sus actos proclama una filantropía
universal.
Las
virtudes y potencias del alma, acuden a secundar la obra y el acto de todo
cuanto por justo, bueno y verdadero define la luz eficiente, la cual endereza
el sentido, el intelecto, el discurso, la memoria, el amor, la sindéresis, la
elección, es decir, un cambio interior que resignifique nuestra orientación y
despierte la conciencia a una claridad que antes no se sospechaba, esto es
Bruno, un instigador de una moral celestial.
Quería
purificación, renovación, nuevas influencias e improntas, cambiar causas, una
mejor humanidad.
Como
apóstol de la libertad de pensamiento, vagabundeó buscando acomodo, para
divulgar sus doctrinas. Acerbo crítico contra la superstición, el fanatismo y
la intolerancia de los credos de su época. Su convicción es de una íntima
unidad de todo lo real, frente al universo frío e inerte de la ciencia.
El Dios
de Bruno no es trascendente, es inmanente al mundo; el hombre se concibe como
un ser natural, pero partícipe de esa dignidad. Su ética de la dignidad humana
se fundamenta en atreverse a saber, aunque cueste la vida misma. Su ética de la
restauración de los valores se encamina a una coherencia entre palabras y
objetos, un recto pensamiento. Apela al silencio y la soledad para una
regeneración espiritual, ese desierto que nos revela una verdad que une seres y
naturaleza.
Bruno es
un ejemplo vigente del esfuerzo del alma por alcanzar la luz, en medio de las
mayores vicisitudes, aunque haya adversidad y contrariedad.