miércoles, 3 de septiembre de 2014

DANIEL BAREMBOIM

Me ha llegado un libro que como lector considero necesario comentar y fomentar, pues enaltece la condición humana y es un referente obligado para los amantes de la música. Su primera virtud, está escrito por un artista a carta cabal: “es un pianista y director de orquesta argentino nacionalizado español, israelí y palestino. Hijo de músicos (tanto Enrique Barenboim como Aída Schuster, sus padres, fueron destacados pianistas), debutó en Buenos Aires a los siete años con un éxito tal que fue invitado por el Mozarteum de Salzburgo a continuar sus estudios en esta ciudad, en cuyo festival triunfó tres años después” . La segunda, promueve el arte desde esta condición. El libro: “El sonido es la vida, el poder de la música”, es un texto escrito desde la condición subjetiva de quien ha vivido inmerso en la música, nos recalca: deberíamos hablar del mundo sonoro, después  nos lleva a travèz de una prosa exquisita, clara y concisa revelarnos secretos de este universo,  este es parte de su magia y hacer un recorrido alrededor de la música clásica, desde lo más primario hasta llegar a puntos verdaderamente profundos.
Comienza con una disertación sobre "El sonido y pensamiento".  Escribe al respecto: “ En mi opinión, la única definición realmente precisa y objetiva es la de Ferrusio Busoni, el gran pianista y compositor Italiano, que dijo que la música es aire sonoro, que lo dice todo y nada al mismo tiempo” Schopenhauer, por otro lado, veía en la música una idea del mundo”. A partir de esta definición inicial va profundizando  en aspectos sustanciales.
Esta apertura temática, no le impiden tocar el tema político. el autor vive en medio de un conflicto cargado de radicalismos irreconciliables que lo tocan: El Conflicto entre Palestinos e Israelitas, el problema entre árabes y judíos, la historia total de un pueblo marcado por diferencias con mucho dolor.   Resalto la condición humanística, me recuerda al gran escritor Said, el palestino que tocaba temas de música e interpretación con absoluta sabiduría, quien nunca evitó el tema político, inclusive hay un capitulo en homenaje a este autor en este libro.
El capítulo “oír y escuchar” es de una belleza absoluta, nos es fácil tocar un tema tan especializado y darse  a entender, ser legible para profanos, poder ser entendido por personas sin ningún conocimiento, Barenboim es un maestro, pues nos logra interesar en estas especialidades.
Otro tema que toca con manos de cirujano, es el de la inspiración, sobra decirle a mis lectores que hay que leerlo, veremos como colgamos algún capitulo en este blog. 


El libro vino de la mano de Luis Fernando Potes, quien siempre nos alimenta con estas lecturas inolvidables.




jueves, 28 de agosto de 2014

A PROPOITO DE JULIO CORTAZAR EN SU ANIVERSARIO


He rendido un homenaje de Julio Cortázar no solamente contando mi experiencia como lector, sino haciendo una pequeña antología de los mejores artículos a propósito del mismo. Este es el escrito de Sergio Ramírez  gran escritor Guatemalteco.
ALGUIEN ANDUVO POR AHÍ
Estamos en el mes del centenario de Julio Cortázar, y es la hora de evocarlo. Contar cómo lo conocimos, dónde nos encontramos con él por primera vez. Para mí esa primera vez fue en abril de 1976 en San José, Costa Rica, donde yo vivía para entonces.
En su cuento Apocalipsis en Solentiname relata el viaje que en esa ocasión hicimos a Solentiname, en el Gran Lago de Nicaragua, donde Ernesto Cardenal tenía su comunidad campesina, no muy lejos de la frontera. Nuestro otro acompañante era Óscar Castillo, actor y director de cine:
"Sergio y Óscar y Ernesto y yo colmábamos la demasiado colmable capacidad de una avioneta Piper Aztec, cuyo nombre será siempre un enigma para mí pero que volaba entre hipos y borborigmos ominosos mientras el rubio piloto sintonizaba unos calipsos contrarrestantes y parecía por completo indiferente a mi noción de que el azteca nos llevaba derecho a la pirámide del sacrificio. No fue así, como puede verse, bajamos en Los Chiles y de ahí un yip igualmente tambaleante nos puso en la finca del poeta José Coronel Urtecho, a quién más gente haría bien en leer..."           
Eso fue un sábado. Julio había llegado a Costa Rica invitado a dar unas conferencias en el Teatro Nacional. Desde la finca Las Brisas, donde vivía Coronel Urtecho, cercana al río San Juan, se llegaba en bote hasta el puerto de San Carlos, y de acuerdo al santo y seña acordado entre la familia Coronel y los guardias  del puesto nicaragüense, se hacía un giro con el bote y así se podía seguir hacia el Gran Lago sin necesidad de bajar en el muelle para los trámites de migración. Julio entró a Nicaragua sin que la dictadura de Somoza se enterara. Clandestino.
Con alguna frecuencia yo iba a Las Brisas, en vuelos más azarosos que el que describe Julio, pues tomaba, a veces en compañía del poeta Carlos Martínez Rivas, un viejo bimotor DC-3 de tiempos de la segunda guerra mundial, de esos que mientras están en tierra parecen insectos gordos sentados en sus patas traseras. Un ruidaje de las latas del fuselaje  al despegar, y cuando iba a aterrizar en la pista de barro rojizo de Los Chiles, el piloto debía pasar rasante y volver a elevarse en señal de que las vacas vagabundas debían ser ahuyentadas.
            Llegamos a Solentiname al atardecer, y al día siguiente asistimos a la misa de Ernesto. Después de la lectura del Evangelio se iniciaba un diálogo con los feligreses; las conversaciones se grababan, y luego se editaron en un libro, El Evangelio de Solentiname. Ese domingo tocaba el prendimiento de Jesús en el huerto, y allí están las intervenciones de Julio al comentar ese episodio de la pasión de Cristo. El evangelio según Cortázar. También tomaron la palabra los  muchachos campesinos que en octubre del año siguiente participarían en el asalto al cuartel del puerto de San Carlos al iniciarse la insurrección contra Somoza; en represalia, fue incendiada la casa comunal, y destruida la iglesia.
Pasada la misa, Julio decidió fotografiar los cuadros primitivos pintados por los campesinos: "...Sergio que llegaba me ayudó a tenerlos parados en la buena luz, y de uno en uno los fui fotografiando con cuidado, centrando de manera que cada cuadro ocupara enteramente el visor..."
            Luego cuenta que ya de regreso en París, cuando proyecta una noche las diapositivas a colores, en lugar de los cuadros empiezan a aparecer escenas del terror de las dictaduras militares, prisioneros encapuchados, cadáveres mutilados.
Pero entre esas imágenes hay una en que aparece la escena del asesinato del poeta salvadoreño Roque Dalton, ejecutado por sus propios compañeros de armas acusado de ser agente de la CIA, una acusación que iba más allá de la ejecución física porque pretendía la ejecución moral.
Esa fue la primera vez que nos encontramos. Y con el paso de los años, hasta su muerte en 1983, quedarían muchas otras cosas que contar. Como para un libro.







domingo, 17 de agosto de 2014

BYUNG-CHUL HAN EN CLARIN





Agustín scarpelli ha publicado en el suplemento Ñ del periódico “El Clarín“ de Buenos Aires un excelente artículo sobre este filósofo Alemán, quien gracias a un libro que es un éxito rotundo en ventas, está dando mucho que hablar por esta fecha en todo Europa. Considero necesario que mis lectores conozcan  del texto y se enteren de este pensador:

CRÍTICA A NUESTRO ILUSORIO ALBEDRÍO
Byung-Chul Han. Una introducción y fragmentos de sus ensayos -no disponibles en el país- para acercarse al ensayista de culto en Europa.

Probablemente el nombre Byung-Chul Han suene menos extranjero en Alemania que aquí. No hay sitio más global en el mundo que las grandes universidades de los países centrales, que rivalizan entre sí por ser la más multicultural. De origen coreano, el filósofo Byung-Chul se ha convertido en una celebridad universitaria en Berlín, donde reside, y a la vez, en un bestséller que se mueve entre lo popular y lo culto. Su ensayo La sociedad del cansancio (2012) va por la sexta edición en español; los contados ejemplares que llegaron a Buenos Aires se agotaron en una semana.
La sociedad de la transparencia  (2013),  La agonía del Eros  (2014) y el flamante  En el enjambre (2014) van camino a correr la misma suerte. Quizá sea porque entre las principales preguntas que hoy repican por todo Internet –las primeras en Argentina y otros países, como Alemania, según reveló esta semana un informe de Google– figuran: Por qué estamos tan cansados, por qué estamos solos. El apunte es estadístico pero da una dimensión del tono existencial de estos tiempos. Agotados, aislados. Tal vez el mismo lectorado masivo que se vuelca a los best-séllers de autoayuda hoy esté leyendo obras de diversas disciplinas, entre ellas la filosofía, con una búsqueda en clave existencial.
Doctorado con una tesis sobre Martin Heidegger, Byung-Chul es considerado por algunos como el sucesor de Peter Sloterdijk por sus análisis corrosivos de la contemporaneidad, aunque la relación con él sea enigmática, cuando no tensa.
¿Qué es lo que le otorgó notoriedad a este profesor que se había formado como metalúrgico en Seúl antes de mudarse a Alemania para estudiar literatura y filosofía? Quizá, su principal virtud sea la de asumir un lugar de enunciación arriesgado, el de polemista incisivo, sitio ocupado brevemente por su maestro Peter Sloterdijk con su Reglas para el parque humano . Precisamente, si existe un rasgo que permite poner en una serie todos estos libros publicados por la española Herder, es que todos los textos parten de la crítica y el comentario de autores precedentes bien conocidos. Byung-Chul toma autores y teorías que han circulado extensamente, también en nuestro medio. Pone en cuestión los conceptos de sociedad inmunitaria de Roberto Esposito, la sociedad disciplinaria y biopolítica de Michel Foucault, las ideas de Giorgio Agamben sobre la desnudez, el erotismo y la profanación, la teoría de Hanna Arendt sobre el rol del “homo laborans” en la vida moderna y las meditaciones de Richard Sennett sobre el trabajo.
En segundo lugar, buena parte de sus ensayos breves están atravesados por dos categorías de contornos algo imprecisos, como el binomio positividad/negatividad. Para Byung-Chul, el exceso de positividad –esa fuerza que ahuyenta del seno de la sociedad cualquier posibilidad de contradicción– es lo que caracteriza a la sociedad actual. La potencia de la negatividad consiste en que las cosas sean experimentadas justamente por su contrario: el emblema de la negatividad es Batleby , el personaje de Herman Melville que a toda tarea o pedido responde con candor: “Preferiría no hacerlo”. Por el contrario, la sociedad positiva, analiza Byung-Chul en La sociedad de la transparencia , no admite el sentimiento negativo: “se olvida de enfrentarse al sufrimiento y al dolor, de darle forma” cuando, en verdad, “también el espíritu humano es un nacimiento con dolor”, subraya.
Con sus textos, el lector se siente inmediatamente interpelado y comprendido en su desgracia e insatisfacción cotidianas: la hiperactividad y el multitasking, interpretados por el autor como fenómenos que impiden la verdadera acción, aquella que requiere de la actitud contemplativa; pero también el estrés que deriva de la autoexplotación; o la intimidad amenazada por las redes sociales, en las que participamos voluntariamente y que nos esclavizan a tiempo completo; el control ejercido por el panóptico digital; la soledad y el aislamiento que ello implica, imposibilitándonos para ejercer cualquier acción común. Estos son los “males de época” diagnosticados por Byung-Chul.
En La agonía de Eros el filósofo se propone explicar el actual declive del amor y del deseo y la sexualidad, particularmente agudo en aquellos países donde más se encarnan las vanguardias tecnológicas: “en la sociedad del rendimiento, dominada por el poder, en la que todo es posible, todo es iniciativa y proyecto, no tiene ningún lugar el amor como herida y pasión”. Otro de los síntomas del hombre contemporáneo es la depresión, que se origina en la persecución desmesurada del éxito personal. La sociedad disciplinaria caracterizada por Foucault ya no tiene lugar: el hombre, convertido en empresario de sí mismo, es más eficaz, más productivo autoexplotándose hasta desfallecer. Y esto es así porque si por un lado el hombre de hoy asocia su labor a una sensación de libertad, y no de coacción, por otro lado ya no reclama nada a los mecanismos de control: “la explotación también es posible sin dominio”, sostiene.
Como se ve, las ideas sobre el poder sostenidas por el filósofo se ocupan de un aspecto menos opresivo que productivo. En La sociedad de la transparencia parte de las conceptualizaciones del utopista Jeremy Bentham sobre el sistema del panóptico para explicar las nuevas formas de la vigilancia en la sociedad de control. Se podría creer que en esto sigue al último Foucault. Sin embargo, dice del filósofo francés: “Acepta sin crítica que el régimen neoliberal, como ‘sistema de estado mínimo’, como ‘administrador de la libertad’, posibilita la libertad del ciudadano. Se le escapa por completo la estructura de poder y coacción que hay en la proclamación neoliberal de la libertad”.
Byung-Chul acaba de salir de imprenta En el enjambre, aún no distribuido en España. En él se ocupa de las modulaciones de la individualidad en medio de la colmena digital de conexiones.
Para todos ellos, podemos arriesgar tempranamente cinco claves de lectura:
1.
La adopción del psicoanálisis, el cine y la literatura devuelve a sus textos una escala humana, perdida en los vericuetos tecnicistas de otros autores. ¿Será acaso que el lenguaje de las ciencias humanas se alejó tanto del hombre que ya no dice nada sobre su experiencia? La lectura que hace en La agonía del Eros del best-séller Cincuenta sombras de Grey , por ejemplo, le permite mostrar hasta qué punto la desaparición del otro en la pornografía y los imperativos de la salud y la vida sana (y el principio del rendimiento) dinamitan el amor y la sexualidad. Y esto es así porque “El Eros se dirige al otro en sentido enfático, que no puede alcanzarse bajo el régimen del yo. Por eso, en el infierno de lo igual, al que la sociedad actual se asemeja cada vez más, no hay ninguna experiencia erótica. Esta presupone la asimetría y exterioridad del otro”.
2.
Byung-Chul tiene ideas propias y originales pero se sirve de la crítica filosófica de otros autores cuando esto le permite entrar en un tema y apropiarse de él.
La agonía de Eros parte de una crítica a la israelí Eva Illous y “esas teorías sociológicas” que desconocen que hoy está en marcha algo que ataca al amor más que la libertad sin fin o las ilimitadas variantes: “No sólo el exceso de oferta de otros otros conduce a la crisis del amor, sino también la erosión del otro, que tiene lugar en todos los ámbitos de la vida y va unida a un excesivo narcisismo”.
3.
No es sólo la filosofía oriental la que opera en la obra de Byung-Chul. También su lectura descentrada de la filosofía dominante. No es sorpresivo que un autor de origen coreano utilice el mismo conjunto de autores que leemos en Argentina –Alain Badiou, Jean Baudrillard, Agamben, Esposito o Arendt. La buena noticia es que ese recorte sea atractivo para los europeos, que muchas veces han dudado de que pueda haber algo más que objetos de estudio blindados “en el extranjero”, reservándose la interpretación final excluyente. Más aún, parafraseando al filósofo palestino Edward Said, también estrella de la academia estadounidense, el nuevo peligro sería caer en el “occidentalismo” y creer en una imagen de Occidente estereotipada.
4.
Su prosa tiende al axioma. El argumento adquiere su potencia de esa brevedad. Su voz es la de un ventrílocuo. Sostiene lo que la filosofia alemana no podría decir; y retoma teorías de viejo cuño sin convocar a los autores que las forjaron ni la tradición que conllevan. Pero eso ya obligaría a un libro de cientos de páginas. Es cierto que la cita no siempre es elegante pero en ciertos casos la referencia es obligada. “Las cosas se tornan transparentes cuando se despojan de su singularidad y se expresan en la dimensión del precio. El dinero, que todo lo hace comparable con todo, suprime cualquier rasgo de lo inconmensurable, cualquier singularidad de las cosas. La sociedad de la transparencia es un infierno de lo igual”, escribe. ¿No resuena allí la teoría sobre el “fetichismo de la mercancía”, de Marx?
5.
Vida y obra. A la manera de los gurúes de artes marciales, Byung-Chul no se hace presente... No contesta los mails, nos dicen sus editores..., ha dado contadas entrevistas y no respondió a nuestras gestiones. La sociedad de la transparencia es inaugurada por un pasaje de Peter Handke: “Vivo de aquello que los otros no saben de mí”. Es evidente que la frase caló en el filósofo. En ese mismo libro, en uno de los capítulos que refieren a la fotografía, critica duramente aquello que denomina “el valor de exposición” en la sociedad actual. “El imperativo de la transparencia hace sospechoso todo lo que no se somete a la visibilidad actual. En eso consiste su violencia”, sostiene. De su presencia queda la fotografía pixelada de las solapas, de una belleza juvenil exótica.



sábado, 16 de agosto de 2014

HOMENAJE A GABO EN MALPENSANTE



En el último número hacen un homenaje al nobel Colombiano, como suele suceder con esta revista, es diferente a todo lo hecho.  Hay un artículo que me conmovió, resulta ser una crónica sobrecogedora de nuestro nobel en los últimos días de vida. El texto es de Michael Jacobs, un viajero impenitente que para la fecha realizaba un trabajo sobre nuestro rio magdalena.
Es una pequeña crónica sobre un encuentro furtivo con el escritor en Cartagena, narrada en primera persona, con mucha candidez, sin ramplonería ni largateria, típica de los homenajes naturales en ocasión a su muerte. Describe el encuentro con una prosa exquisita, con mucho decoro, con una sutileza absoluta, muy humana sobre todo. Lean este aparte:
“Su presencia tarde en la noche en un bar popular no era, pensándolo bien, particularmente sorprendente. Él era un hombre del pueblo, amante de la vida de los bajos fondos, una persona con el atractivo elemental de una estrella del fútbol. Lo más notable era que por fin había vuelto a Cartagena y lo trataban casi como si el Mesías hubiera reaparecido. A pesar de que tenía una casa en la ciudad vieja, ahora apenas se alejaba de su hogar de adopción en Ciudad de México. Evitaba de frente los festivales literarios, y no había estado en Cartagena desde 2006, cuando su llegada había producido una severa congestión en las calles del casco antiguo. Ahora tenía más de ochenta años y había estado gravemente enfermo de cáncer. Yo había escuchado varios rumores sobre su muerte inminente.
Sin embargo, la persona sentada en el Bazurto Social Club mostraba pocos signos de mala salud física; solo de soledad y falta de conexión con los que estaban con él. La fama excesiva tal vez lo había aislado en su propio mundo, convirtiéndolo, a su edad avanzada, en lo que había predicho su ficción, el patriarca en el otoño, el coronel a quien nadie habla, el general en su laberinto, la encarnación de Cien años de soledad. Y entonces, mientras yo seguía observándolo con miradas furtivas desde el otro lado del bar atiborrado, me di cuenta de algo más. Tenía una mirada que yo había observado muchas veces en mis padres ancianos: una mirada con un poco de enojo y perplejidad, como si quisiera que se marcharan quienes lo rodeaban, como si se hubiera dado cuenta con temor de que no tenía idea de quiénes eran aquellas personas y qué hacía él en su compañía. Mi padre había muerto del mal de Alzheimer en 1998, sin ningún recuerdo de sus dos hijos, o de lo que había hecho en su vida. Mi madre, ahora a pocas semanas de su nonagésimo cumpleaños, se encontraba en una fase avanzada de demencia.
Mientras pensaba si el escritor iba por el mismo camino que mis padres, pensé en ir a saludarlo, como tantos otros lo estaban haciendo ahora en el bar. Sospechaba que conocerlo sería algo tan fugaz y carente de sentido como tocar una reliquia sagrada, pero al menos podría decir después que le había dado la mano a uno de los gigantes de la literatura moderna. Alguien a quien había conocido en el festival me pasó una botella de cerveza, así que abandoné mi plan y me reuní con los bebedores empedernidos en el bar. No creía que fuera a tener otra oportunidad de conocer al escritor”.
Alguna vez exprese en este blog, por experiencias muy particulares de mi vida, que en ocasiones es mejor no conocer algunos escritores, en mí caso, algunos encuentros fueron muy poco gratos. Siempre quise hablar algún día con nuestro nobel, quien pese a su timidez tenía una elocuencia caribeña inolvidable para quienes tuvieron el placer de escucharlo, tenía un don especial, hablaba como escribía, en sus charlas se decantaba el genio y el talento. En el caso de Gabo, la condición de sus últimos días me suscito muchas reflexiones sobre la soledad en la vida. Es hermosa cuando la buscamos para reflexionar, para encontrarnos, pero nunca cuando se nos viene encima por esas vicisitudes incomprensibles de la existencia. Gabo expresaba en sus ojos en sus últimos años, soledad y se denotaba la condición impotente de quien no entendía lo que estaba pasando en su interior, muy a pesar de haber intuido este fatal final. El olvido, como  lo describió  magistralmente en el capítulo del insomnio en “Cien años de soledad”, resulta ser el mal más cruel que le puede sobrevenir a un hombre o a un pueblo en el peor de los casos.
Quisiera que mis lectores la leyeran:


La crónica, termina con una reflexión sobre nuestra realidad, pertinente además:
“A mi regreso a Europa, adonde una madre que perdía todo sentido de la realidad, al igual que le había ocurrido a mi padre quince años antes, decidí releer Cien años de soledad. La novela adquirió una resonancia más profunda, a la luz de lo que me había enterado ahora. Aquellas partes del libro que alguna vez había interpretado como las reflexiones sobre la capacidad de una nación para olvidar el pasado parecían ejemplos adicionales de una extraordinaria capacidad de premonición del autor: la enfermedad que lleva a los habitantes de la aldea imaginaria de Macondo a perder sus recuerdos, la guerra civil que se lucha por tanto tiempo que ninguna de las partes recuerda por qué lo hace.
Y encontré un significado nuevo en la célebre frase inicial del libro sobre un coronel, a punto de ser ejecutado, que recuerda la época remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Ahora imaginaba al coronel como al escritor mismo, que cerca del final de su vida, después de haber olvidado casi todo de ella, era capaz aún de rescatar, desde algún rincón oscuro, recuerdos llenos de magia, extrañeza y asombro. Lo recordé recordando el Magdalena. “Me acuerdo de todo lo relacionado con el río, absolutamente de todo...”. Y al pensar en estas palabras, recordé sus ojos, como estuvieron más tarde aquella noche, convertidos en los de un caimán, abriéndose de vez en cuando para mirarme, haciéndome imaginar que nada escapaba a su atención, que podían ver a través de mí y leer mis pensamientos, y que ofrecían su bendición a un viaje que ya había comenzado esa noche en mi mente, río arriba por una corriente que era también metáfora de la memoria, hacia un mundo exuberante, de maravillas y peligros, hacia zonas del pasado, brillantes y oscuras, hacia el alto y distante nacimiento del Magdalena, en el páramo andino, a orillas del olvido”.








 


jueves, 7 de agosto de 2014

ALGUNAS LECTURAS PARA TENER EN CUENTA




La escritura en el caso propio, hablo muy a título personal, cumple con la misión de ser una catarsis hermosa a esta vida harto complicada, aunque nunca infeliz, lo complicado al final resulta ser un deleite, cuando se superan las trabas, cuando no, son trágicas ataduras, gracias a ellas existe el psicoanálisis y los lacanianos que es otra manera de vivir. La lectura sigue siendo el bálsamo que me permite sobre-llevarla con más facilidad, otra barca que atenúa estos escozores, son aquellos encuentros y conversaciones con quienes son capaces de liberarse del esclavo mundo digital que nos domina y la estandarización del pensamiento.
Oteando en la red me he encontrado con dos cosas muy hermosas. En el suplemento de Babelia de “El país “ Un artículo de Alberto Manguel que recomienda la lectura de un texto que recoge relatos sobre el mar: “Desde Colon a Hemingway”, se llama. El libro por razones del tema, de antemano nos da garantía de ser un deleite, pues resulta ser una especie de antología que recopila los relatos más importantes sobre el mar. Manguel trae algunas consideraciones hermosas del vasto océano, como perlas:
“Sófocles comparó el mar a las mareas de la miseria humana. Jorge Manrique, a la muerte. Joseph Conrad sintió que el mar era, como los sueños, una imagen de la vida misma, y en Lord Jim escribió: “Un hombre que nace, cae en un sueño como quien cae al mar. Si trata de remontar a la superficie como hacen las personas inexperimentadas, se ahoga, nicht wahr?¡No! Le digo: lo que se debe hacer es someterse al elementodestructivo”. Otros sintieron que el mar era una prisión (Robinson Crusoe), un emblema de la libertad (Baudelaire), una metáfora de nuestra soledad (Terence Ratinggan) o del populoso universo (Melville) Marta Salís resume esa ambigua riqueza diciendo que el mar ha sido siempre una "gran fuente de inspiración literaria" cuya lectura refleja "toda su belleza, misterio y crueldad". Agrega adelante: “La selección de textos que Salís propone en esta antología sobre este vasto tema no es "histórica", en el sentido de verse obligada a retrasar los pasos de Moisés, Ulises o Jasón, pero sí cronológica, e incluye no solo ficciones sino crónicas de aventuras auténticas que merecerían serlo. Así leemos de la nave que perdieron los marineros de Colón, de los piratas que acosaron la ciudad de Maracaibo, de una seudorrobinsonada contada por el inventor de la primera, Daniel Defoe, de los sufrimientos de esclavos como Olaudah Equiao y de los razonamientos de negreros como el capitán Hugh Crow, de aventuras más recientes como la del circunnavegador solitario Joshua Slocum (que, al parecer de Richard Ford, fue uno de los mejores escritores de lengua inglesa)”. Es un plato Gourmet realmente.
Esta semana, que realmente ha sido una especie de catástrofe, alcance a leer un texto muy corto pero de una hondura y rigor inimaginable: “En el mismo barco” del filósofo Alemán Sloterdijk, es una visión del sujeto y del estado, por quien descifra con  pasmosa claridad los intríngulis del sistema, la relación sujeto-poder y por supuesto las claves de la política desde la lógica de sus configuraciones, lectura que hacemos como víctimas lúcidas, frenetizando con alguna racionalidad las consecuencias que padecemos, sus efectos están ahí, nos atormentan, hacen parte de nuestras complicaciones cotidianas, realmente es un libro tenaz.
Conseguí en la ciudad de Manizales Colombia una versión antigua de la enciclopedia “Universitas” de Salvat editores, en 20 tomos. Esta belleza editorial fue la que me permitió nacer como lector en mi lejana niñez, es hermoso rescatar algunos objetos que nos recuerdan claves de nuestra vida. Suelo rememorar a cada rato como si fuera hoy, sus artículos sobre el renacimiento, realmente es una obra magistral, allí está todo.
Hay una excelente serie de publicaciones sobre la segunda guerra mundial. Empezaré a realizar una especie de selección, lógico para ir entregándola. Siempre se encuentra uno con excelentes blog. Recomiendo este:
Lo encontré buscando información más amplia sobre Thomas Piketti. Este hombre desnuda en su totalidad las perversidades del capitalismo, el autor del blog reseña con inteligencia: “El nuevo libro de Thomas Piketty, Capital en el siglo 21 hace un trabajo notable para centrar la atención sobre el crecimiento de la desigualdad en las últimas tres décadas y advertir sobre el potencial riesgo de que aumentará aún más en los próximos años sino se hace algo para frenar esta situación que amenaza con hacer retroceder al mundo al siglo 19. Piketty aborda un punto básico muy simple y es que cuando la tasa de retorno sobre el patrimonio (r) es mayor que la tasa de crecimiento (g), se acelera la concentración de la riqueza. Esto es lo que ha ocurrido en los últimos 30 años con la implantación a gran escala de los postulados del libre mercado y la desregulación financiera. Las fallas intrínsecas en los modelos de competencia perfecta que ocultan asimetrías y mercados imperfectos, ha creado un primer mundo en la periferia del tercer mundo y un tercer mundo en el corazón del primer mundo”.

Releí un texto “Sobre escritores y escritoras ingleses” De Howard Rochester, que había leído hace más de quince años, publicado por la Universidad nacional de Colombia, realmente segundas lecturas son mejores. No son solamente análisis críticos, sino nos entrega muchas de las circunstancias en que nacieron obras clásicas de la literatura Anglo-Sajona. El texto de Shakespeare es muy bien logrado, realmente hay aportes valiosos. 

sábado, 2 de agosto de 2014

A PROPOSITO DE UNA COLUMNA DE SANTIAGO GAMBOA


La última columna de este excelente escritor colombiano, giró en torno a dos escritores: Knausgard,  Guadalupe Nettel, que le permitió disertar sobre  la auto-ficción como recurso literario. En este blog alguna vez hable del mismo, no dejo de insistir en que es un instrumento extraordinario que le permite al escritor crear, pontificar sobre temas específicos, actuar como ensayista a la vez, salirse del argumento, mezclar variables temáticas múltiples, con aluciones autobiográficas. Gamboa escribió al respecto: “Es poco frecuente un empeño tan claramente proustiano como el de Knausgard, el cual consiste ya no sólo en aislar un episodio de su vida y narrarlo, sino en trasponer a la escritura la totalidad de su vida para verla al trasluz, darle vuelta y analizarla, interrogarla con las armas de la literatura y, en particular, de la novela. El propio Knausgard denominó su obra global -Mi lucha-, título obviamente provocador, de la cual se han publicado en español los dos primeros tomos, La muerte del padre y la muy reciente Un hombre enamorado”.  
Martin Amis y Paul Auster, son dos novelistas quienes lo han explotado con una perfección indiscutible, convirtiéndolo en una técnica no solamente novedosa (En apariencia), sino versátil. Este recurso le dio a la novela un respiro frente al avasallante mundo digital, consolidándose como el género más importante y exitoso de la literatura en estos tiempos de dominio de la imagen y las TIC sobre la prosa.   .
La cita de Proust no es casual: “En busca del tiempo perdido”, es una clara muestra del recurso desde la subjetividad más extrema, desde donde hace un recorrido por el arte, la sociedad francesa de su tiempo, la música y la propia literatura, realmente es una radiografía de lo que el autor quiera tocar desde las líneas de una historia de ficción.
Un artículo de “El país” de España categorizaba frente a un encuentro de escritores: La auto-ficción domina la narrativa en castellano y ha llegado también al cómic y al arte. No son memorias, no son diarios, no son biografías: es una escritura del Yo, que se diversifica y ocupa nuevos espacios. Ratifica el artículo mencionado refiriéndose al recurso: “Los trazos principales de este retrato oral hablan de que se trata de libros con un tipo de argumento y de narración más acorde a estos tiempos de individualidad, del supuesto desprestigio de la ficción, de la avidez de los lectores por historias verídicas, de la necesidad del lector de que le reconstruyan el mundo y poder reconocerse en él, de lo difícil que es competir con tantas historias increíbles divulgadas por los medios de comunicación; y en España, por la desinhibición de hablar de sí mismos tras un pasado de miedos y de la pérdida de prejuicios sobre los géneros que cuentan vidas”.
Me pregunto acaso si Balzac y Fiódor Dostoyevski, no son representantes dignos del recurso, escriben verdaderos tratados sociales, entran y salen de la historia analizando aspectos esenciales de la subjetividad acordes a los grandes sucesos y problemas de su tiempo que no eran menores.
Es absolutamente cierto lo que expresa Gamboa con respecto “Al olvido que seremos” de Facio Lince, es un formidable ejemplo del recurso, pero además constituye una obra mayor de la literatura colombiana e hispanoamericana debido al grado de perfección que alcanza: Excelente retrato de una ciudad, una época, del conflicto social que reverberaba, auto-biográfica, de una textura especial, bien contada, con una prosa coloquial que hace de su lectura un frescura, rememora al padre asesinado, un personaje inolvidable de Medellín vilmente asesinado, al país enfrentado en medio de una violencia soterrada que aun no superamos.  
La literatura sobrevive hábilmente a los embates de la era digital, con total éxito, leer una gran novela aún es un gran divertimiento.
Winston Manrique Sabogal, expresa con respecto a la novela de autoficcion: No son autobiografías, no son diarios, no son memorias, no son actas notariales, no son biografías, no son ensayos novelados, no son novelas puras donde todo es imaginación. Pero también son todo eso. Es literatura. Son novelas, insiste Javier Marías, "porque ella lo asimila todo".
Siempre he categorizado que la novela es la que mejor interpreta la naturaleza humana. El artículo de Gamboa cumplió con la tarea de rememorar este excelente artificio.
“El teniente Sturm de Ernest Junger es un reflejo vivo de esta técnica, no solo narra una historia, sino que describe en su totalidad una época y sucesos de guerra inenarrables de la primera guerra mundial y a la vez realiza una reflexión filosófica sobre la misma de una hondura que interroga a la humanidad.
















lunes, 21 de julio de 2014

GIORDANO BRUNO Y LOS FURORES HEROICOS



El nuevo Siglo de Bogotá ha venido publicando una serie  de artículos del escritor Colombiano Luis Fernando Potes que en mi criterio ameritan ser publicados en este blog, empezaré con el primero y espero entregarle a mis lectores la totalidad.


El presente criba el pasado. El pasado suele ser una proyección de preocupaciones y desahogo de fantasmas. Pero es más patético, es una rutina.
Al margen de ese devenir anodino, se están cristalizando vidas que ansían la luz, los llamados constantes, depositarios de una verdad que no es de nadie y que puede liberar a todos.
Ser, es una dignidad que comporta haber desentrañado auténticos significados vitales, haber traspasado un velo que detiene la comprensión de la infinitud, el escenario oculto de lo viviente.
Quién como Bruno, indagó y aprendió a vivir como un sabio, despreciando toda necedad humana, honores, apegos, ambiciones del yo que se aferran al mundo, puede proclamar con mirada transparente una percepción ligada a verdades centradas en la claridad.
Él fue visionario, su profunda capacidad de captar el universo y habitar la vida como un extraño, lo hizo asombroso y relator de maravillas.
No basta ser incomprendido, no hay que exponerse al mundo que tritura todo a su paso. La verdad de Bruno es para quien trasciende. Su inmenso amor por la verdad lo llevó a divulgar lo que descubría, y esto lo llevó al martirio.
El mundo es ciego y no ve más allá de la apariencia, de la inmediatez. Su obra es delirante, desafiante, tanto por la época, como por innumerables circunstancias históricas.
La tolerancia de esta época es la medida de lo mediocre, es un síntoma de decadencia, un triunfo de la ignorancia. Bruno es un ejemplo de excelsitud de pensamiento y respeto a la vida, y esto no se lo perdonaron. Es muy fácil que triunfe la bestia.
Bruno es una resplandeciente llama que jamás se apagará, porque portó el estandarte de los valientes que no se doblegan al poder servil de complacencias que deterioran la vida. Él es el profeta de un universo infinito poblado de mundos innumerables, habitados por seres inteligentes, luminosos.
Las guerras de poder retrasan el avance de una plenitud que se aplaza porque nadie puede decidirla, nadie puede otorgarla. Nadie libera a nadie, es un trabajo sinuoso de inmensa soledad, de interminable meditación; de conectarse con fuentes sensibles, ocultas a lo vulgar.
La madurez ardiente de Bruno lo eleva a percibir realidades estrambóticas para su tiempo, son cosmovisiones de un enajenado. Bruno está vigente, su visión relativista es un puente gigante que se erige para resolver muchas dudas. En él, el Uno alterna con lo cotidiano, es una comprensión de la totalidad. El Dios de Bruno lo penetra todo, su teología trasciende conceptos, es vívida. Su concepción espiritual es para crear una civilización más digna y honesta, llena de valores que exalten la vida, la liberen. El cielo es la imagen universal, lo que debería ser, si aclaráramos la conciencia.
El amor en la expresión bruniana es el heroico furor que impulsa al héroe a trascender su condición actual, a fin de explorar los secretos del universo y del saber. Un héroe furioso es el que mira en los espejos de la realidad en su anhelo de sondear la vida, el punto divino que armoniza los contrarios para concentrar toda su energía e inteligencia. Giordano Bruno ve en la naturaleza y en la mitología una manera de recrear en la imaginación un entramado que no es lógico, más bien mágico, en el sentido de no ser aprehensible a la razón.
Sus furores heroicos y la expulsión de la bestia triunfante, son obras como sistemas de imágenes diseñadas con el objeto de instrumentar y vivificar con contenidos conceptuales relacionados con la dirección de la vida para desarrollar una filosofía práctica. Sus elaboradas artes de la memoria son sistemas constructivos de imágenes, máquinas de imágenes mentales orgánicamente relacionadas con las peculiaridades de la vida individual.
Bruno no se limitó a pensar que la teoría científica, al igual que la poesía, pertenecen al mundo irreal de lo fantástico; creía que la realidad se nos ofrece a través de la irrealidad de la imaginación, como en la música la notación no va referida a los sonidos sino a imágenes de tono visual interno.
Uno de los lemas que mejor corresponde al mundo filosófico de Bruno, es aquél que los descubren como la imagen del furor y de la bestia.
Bruno contrapesa la grandiosidad astronómica y el aparato celeste de su plan moral, con unos diálogos irónicos y a menudo irreverentes. Gusta mezclar lo trivial con lo metafísico, por su afición al contraste.
La expulsión de la bestia triunfante es una obra condenatoria, que lo condenó. Dibuja al hombre, el vicio, la virtud, toda la atrocidad que destruye la sociedad. La frescura y franqueza de sus textos no da lugar a equívocos, acusa su tiempo, clama por cambios que jamás vendrán.
Lo definieron como despertador de almas dormitantes, domador de la ignorancia presuntuosa y recalcitrante, en todos sus actos proclama una filantropía universal.
Las virtudes y potencias del alma, acuden a secundar la obra y el acto de todo cuanto por justo, bueno y verdadero define la luz eficiente, la cual endereza el sentido, el intelecto, el discurso, la memoria, el amor, la sindéresis, la elección, es decir, un cambio interior que resignifique nuestra orientación y despierte la conciencia a una claridad que antes no se sospechaba, esto es Bruno, un instigador de una moral celestial.
Quería purificación, renovación, nuevas influencias e improntas, cambiar causas, una mejor humanidad.
Como apóstol de la libertad de pensamiento, vagabundeó buscando acomodo, para divulgar sus doctrinas. Acerbo crítico contra la superstición, el fanatismo y la intolerancia de los credos de su época. Su convicción es de una íntima unidad de todo lo real, frente al universo frío e inerte de la ciencia.
El Dios de Bruno no es trascendente, es inmanente al mundo; el hombre se concibe como un ser natural, pero partícipe de esa dignidad. Su ética de la dignidad humana se fundamenta en atreverse a saber, aunque cueste la vida misma. Su ética de la restauración de los valores se encamina a una coherencia entre palabras y objetos, un recto pensamiento. Apela al silencio y la soledad para una regeneración espiritual, ese desierto que nos revela una verdad que une seres y naturaleza.
Bruno es un ejemplo vigente del esfuerzo del alma por alcanzar la luz, en medio de las mayores vicisitudes, aunque haya adversidad y contrariedad.
LUIS FERNANDO ZULUAGA P.