domingo, 28 de julio de 2019

DESPUÉS DE LA MUERTE DE MI HERMANO TODO CAMBIO

 

Hablé esta mañana con mi hermano Edgar, que tiene más o menos 63 años, le oí un poco desvariado, más bien triste y me pregunté qué es lo que espera un hombre de la vida a esta edad, qué significa triunfar, irle bien como suelen decir, cómo hallar el punto de trascendencia que le permita a cualquiera de los mortales darle sentido a la vida. Está sin trabajo desde hace más de tres años, Ahora vive dedicado a cuidar a mi Madre. Mi padre nos enseñó siempre a pensar en grande, tal vez en utopías irrealizables, en grandes negocios, en esa especie de lámpara de Aladino que al final nos sacaría de problemas, el ADN de estas huellas terminó por hacernos mucho daño, el éxito de la vida está en los detalles, es difícil de aceptarlo, pero es así. Estos hechos me recordaron a mi padre y a mi familia. Trato de recordar las primeras imágenes de mi padre y lo primero que se me viene a la cabeza es la de un hombre impecablemente vestido, con un peinado hacia atrás, siempre en orden, alto, con unas piernas largas y perfectas, como de atleta, todos los días caminaba al centro de la ciudad, le encantó caminar. También tengo una fotografía nítida, leyendo el periódico, nunca dejó   de hacerlo, después entraba en disertaciones azarosas, tal vez por mi edad no puedo traerlas a colación con exactitud, pero son constantes, fue un ser político, un ciudadano comprometido.  Tendría para esa época tres o cuatro años, vivíamos en Bucaramanga, cerca de un parque muy famoso de la ciudad que se llamaba: “El parque de los niños”, me parecía inmenso, muchos años después al visitarlo, lo vi pequeño, siento que mi imaginación me traiciona en ocasiones y los sitios de mis recuerdos son como narrativas armadas a conveniencia, esto me ha pasado con muchos otros lugares.  A los nueve años adquirí plena conciencia de la existencia de mi padre, casi nunca estaba en la casa, la finca le quitaba todo el tiempo, vivíamos en una casa vecina al de la tía Matilde, quien tenía una hija llamada Cecilia, la tía era jubilada, padecía un asma que la mantenía siempre alarmada, nunca se me ha borrado su imagen, con ella me enfrenté a la enfermedad, a la mortalidad como tal, siempre tuve la impresión que sufría mucho, por su asma y en circunstancias que desconocemos de súbito fuimos llamados intespectivamente, nos enteramos, que se ahogó en un aguacero, suceso que recuerdo como si fuera ayer.. La casa nuestra era pequeña, fue el lugar donde tomé conciencia de mi vida, desde esa época los recuerdos son bastante nítidos y de hecho de niño, son más los miedos los que dominaban mi naturaleza que las alegrías, se suponía sucedía por efectos de la edad, supongo que es lo corriente. Tengo dos hermanos, antes fuimos cuatro hijos, soy el menor, en esa época era muy cercano a mi hermano Erwin, quien murió muy joven en un accidente absurdo, pasábamos el día completo juntos, solíamos ir al parque, el alquilaba cuentos y yo jugaba fútbol, me tomaba de la mano, siendo mayor nunca dejó de estar pendiente de mí. Era cariñoso, pero serio para su edad, parecía un señor. Nayibe mi hermana era una mujer joven, supongo que adolescente, comprometida con la vida y dedicada a sus estudios, de estos años son pocos los recuerdos, siento que fue por razones de la edad, éramos distantes, después consolidamos una amistad hermosa. Edgar el mayor, era otro mundo, lejos de nosotros y con cierta arrogancia, me imagino que es un defecto de los hermanos mayores. Mi padre hablaba por esa época de la violencia como el peor mal de este país, tenía una imagen nefasta de nuestra clase dirigente que paradójicamente aún tiene vigencia. Alegaba todo el día en abstracto con esa clase, la conocía perfectamente y cuando leía parecía que los tuviera al frente, les increpaba sus errores. Como lector no se dejaba asaltar por los mentirosos, conocía nuestra historia y sabía que una élite abusiva mantenía el poder desde tiempos inmemoriales sin importar nada de lo que le pasa a eso que llamamos pueblo.  Corría el año de 1968, se hacía una reforma total del estado, básicamente se creaban los organismos institucionales que hoy manejan la agenda pública, se instrumentaba un centralismo que al final le ha hecho mucho daño a la provincia, paradójicamente de la mano de un presidente liberal, el doctor Carlos Lleras Restrepo. A mi padre le encantaba precisamente por ser liberal y por su carácter, a mí me parecía siempre disgustado, amenazó al congreso con su renuncia varias veces si no le aprobaban sus reformas, el poder se centralizó aún más, está es una constante histórica del país. Para mi padre el doctor Lleras Restrepo fue el político del siglo XX más relevante, le tocó vivir la triste historia de muchas violencias, su vida política se inició con los gobiernos liberales del 30, vivió la violencia de los años cincuenta, colaboró con la creación del frente nacional, terminó siendo el último presidente de este acuerdo excluyente entre liberales y conservadores. Recuerdo que en estos tiempos siempre las noticias hablaban de la guerrilla, de los muertos del llano, del viejo Caldas y del Tolima grande. Tirofijo, que era el jefe guerrillero de la FARC, un movimiento insurreccional con mucha presencia en el territorio nacional, se convirtió en un personaje de mucha referencia en los discursos mi padre. Tirofijo era el peor problema para la élite colombiana, los otros eran los estudiantes, los sindicalistas y los líderes sociales. Mi padre narraba algunos hechos de la historia con una lucidez impresionante, era experto en la historia colombiana, en la conquista realizada por los españoles, en la segunda guerra mundial, conocía a la perfección todos los pormenores del asesinato de Kennedy, le oí relatar este suceso muchas veces, hacía énfasis en todas las implicaciones que trajo su muerte y acusaba con una seguridad sorprendente, la alianza perversa entre la mafia y los políticos, así como los cubanos del exilio; rastreaba con mucha obsesión los gobiernos populares de Latinoamérica. Ahora pienso, que me hablaba a esa edad como si fuera un mayor. Alguna vez baje con al centro, no se me olvida como sus amigos lo oían con un respeto casi reverencial. Para esa época empezaron a hablarnos de tener mucho cuidado cuando saliéramos, sentía que la gente vivía con muchos miedos. Este es un país de miedos y alegrías concomitantes. El secuestro, hablo de la década de los setenta, comenzó por los lados de la finca a ser un problema para las personas que habían conseguido algún dinero. Lo peor, era que nunca se sabía de dónde venía esa nefasta práctica, si de la guerrilla o la delincuencia. En esa época el movimiento estudiantil adquiere mucha importancia y los gobiernos comenzaron a estigmatizarlo y perseguirlo, hubo muertos y desaparecidos con una impunidad penosa para el país. Corrijo, la verdad es que en este país siempre hay muertos y asesinatos a granel. Comencé a entender que había muchos países en uno solo y que la muerte violenta siempre está detrás de la puerta. Apenas se consolidaba la clase media, la clase dirigente brillaba por su ausencia en las regiones, el país era manejado por los mismos políticos que lo habían llevado al lastre. No se me olvidan los alegatos del viejo. Conocía la violencia desde los años cincuenta, tristemente le tocó presenciar muchas tragedias. Este es un país de mil violencias, de sangre, me repetía a cada rato.Un día cualquiera sentí que en la casa las cosas no estaban bien. Mi abuelo, el padre de mi madre Myriam un día llegó con tres mujeres, que desde esa época se convirtieron en personas de la casa, como hermanas, algún día se irían de la misma manera. Nunca he sabido por qué ni qué acuerdo hicieron mi abuelo y mi madre, fue simplemente una realidad a partir de ese momento. La casa se hizo muy pequeña.Mi madre era una cosa distinta a todas las personas que he conocido, es una mujer activa por naturaleza, ahora por las enfermedades que le asedian ha suspendido muchas de sus cosas y la mayoría del día está en su cama, hay una infección que le ha llevado a estar muy mal y le ha producido serios problemas cardíacos, muchas veces hemos pensado que se nos va, ella siempre supera todo estos impases de salud, pese a su avanzada edad. tiene unas manos prodigiosas, para tejer, hacer cortinas, velos, carpetas, cocinar, todo tipo de cosas manuales, las que le sirvieron para sobrevivir en tiempos de crisis. Ella tiene mucho carácter y una capacidad extraordinaria para enfrentar los problemas, ahora me sorprende su verraquera, en tiempos difíciles nunca cedió, menos a las tragedias de la cotidianidad que son muchas. Venía de Puerto Salgar un pueblo de Cundinamarca del centro del país, famoso por que es la sede de la base aérea más importante de Colombia. Allí conoció a mi padre en los tiempos en que el perteneció a la fuerza aérea. Me imagino que fue en los años cincuenta, en plena efervescencia de la violencia política de este país. El viejo siempre decía: "Las mujeres son cosa aparte en este país, son las víctimas más numerosas, nuestro territorio está lleno de viudas, de mujeres maltratadas, de desplazadas. Al final, cuando se quedan sin marido, cuando son echadas de su tierra, sacan la verraquera y se echan la familia al hombro". La historia de la familia en buena parte es la historia violenta del país.

Mi abuelo de parte materna también fue un desplazado de la violencia, llegó de Salgar Cundinamarca, huyendo de los asesinatos y la persecución en el Tolima grande, después tuvo que irse al sur del Dpto de Cesar. En la casa, hablábamos siempre de los muertos, mi padre contaba con mucha tristeza cada tragedia que conocía. La élite sembraba las guerras y el pueblo ponía los muertos. Mi abuelo era partero y tenía una droguería. Su capacidad de servir era emblemática y nunca dejó de ser esa persona, ayudaba a sirios y Troyanos, realmente era un filántropo. Los colombianos vivimos matándonos, es como un virus, el abuelo aprendió a vivir en medio de estas guerras fractales del país. En el treinta del siglo pasado después de una hegemonía conservadora de más de treinta años, Olaya Herrera, un político liberal, ganó la presidencia. Los conservadores quienes llevaban en el poder treinta años, los padres del país clerical y mojigato nunca aceptaron perderlo. Desde estos años comenzaron los muertos, los eventos reaccionarios se convirtieron en una constante. Los pájaros, unos asesinos al servicio de los políticos regionales comenzaron a ser famosos por sus asesinatos selectivos. A los ocho años, exactamente en el año 34, Alfonso Pumarejo un empresario y banquero de muchos quilates, modernizó al país, lo hizo a través de una reforma constitucional, implementa la función social de la propiedad, ordenó la primera reforma agraria y legalizó los sindicatos, el país entró realmente al siglo XX treinta años después, nos caracterizamos por el atraso institucional y la falta de industria y por lo tanto no teníamos una productividad sería. Mi abuelo en todo caso hablaba de esas épocas con mucho orgullo. Nos ganaron los liberales, él era un conservador de arraigo, honesto y trabajador, aún así, replicaba, seguimos siendo dueños de todo. Mi padre le refuta afirmándole con vehemencia que una clase empresarial y banquera del liberalismo había sembrado la modernidad y que ahora el pueblo si iba a tener mejores posibilidades.  Este momento nunca ha llegado a pesar que este país ha progresado mucho, siempre en medio de muertos. Recuerdo un libro de Solom Becerra que dio a leer el viejo, se llama “Al pueblo nunca le toca”. Lo leí muy joven. En síntesis, al pueblo nunca le toca, la clase dirigente ha venido aplazando el turno para la gente marginada. La década de los treinta del siglo XX fue de afirmamiento institucional. Apareció una generación de jóvenes liberales que iban a dar de qué hablar a lo largo de todo el siglo XX: Alberto Lleras, Darío Echandía, Carlos lleras, Jorge Eliécer Gaitán, Eduardo Santos, Álzate Avendaño, Silvio Villegas, Fernando Londoño, toda una pléyade. Estas también fueron las épocas del abuelo Genaro, el padre de mi viejo. Pertenecía al liberalismo radical de provincia, vivió en una población cercana llamada Rionegro, después se trasladó a Bucaramanga, la capital del Dpto. de Santander. Cuando lo conocí estaba muy viejo, parecía una pieza de museo, tengo la imagen de la impotencia que reflejaba, un rostro duro y triste, siempre en la puerta de la calle 34 como esperando a alguien, perfectamente vestido. Vivió en sus últimos años con la tía Chela, una mujer dura, organizada, sin hijos, económicamente estable, ella vivió con los abuelos y su esposo Manuel, un hombre silencioso, con una sumisión emblemática e inexplicable. El abuelo tuvo muchos hijos, no supe nunca cuál fue su actividad, tenía parientes importantes en Bucaramanga, un exgobernador que pesaba mucho y su hermana Beatriz González una mujer muy relevante para el arte colombiano, es aún una gran pintora y escultora, ha expuesto en todo el mundo y su obra hace parte ya del patrimonio nacional. Cuando se trataba de sacar los linajes aparecían todos estos lazos. Bucaramanga era una ciudad pequeña, gozaba en esa época de un clima primaveral, templado, la ciudad era muy comercial, básicamente es la capital del oriente colombiano, con una gran universidad pública, La universidad industrial de Santander. A Santander; a sus tierras no solo llegaron los españoles en la conquista, alemanes, detrás del oro imagino, lo que dejó una huella especial que aún prevalece, Santander es llena de hombres con los ojos zarcos y grises, muy altos. Fue industrial desde la colonia hasta finales del siglo XIX, esta región de alguna manera tiene una historia diferente a todo el país. Es la tierra de los primeros brotes insurreccionales, en Socorro Santander un poblado muy próspero en la colonia, se generó la revolución de los comuneros a finales del siglo 17. De ahí viene el carácter fuerte de los Santandereanos y una infatigable capacidad para el trabajo. Vivíamos en esa época muy cerca de la tía Chela y de los abuelos. Todos los Domingos acompañaba a mi padre a visitar a la abuela Ana.  Tenía una cabeza blanca, sus canas eran hermosas y su pelo ondulado siempre estaba arreglado. Era muy especial con mi padre y terciaba a su favor en algún problema que mi padre tenía con la tía chela. Tenía que ver con un Buldócer y una finca arrocera. Siempre la relación de mi abuela con mi padre fue muy afectiva. A finales de los 70, el país terminaba el Frente Nacional, un pacto entre conservadores y liberales, los partidos tradicionales que siempre habían manejado el país y el poder, acuerdo que dejó por fuera a todas las opciones de izquierda y al final fue un reparto del poder entre las mismas élites que germinaron la violencia a partir de los años cincuenta después el asesinato de Gaitán. Aprendí a vivir cerca del peligro, todos los colombianos hemos este curso de alguna manera, nuestro país vive entre mil violencias, tragedias, aprendimos a compartir con la muerte a granel, golpeándose la puerta y hasta ahora, esta es nuestra realidad, inmodificable. En la casa, gracias a mi padre que realmente estaba muy comprometido con todo lo que pasaba, vivíamos al tanto de todo. Enterarse de lo que pasa a nuestro lado también es una tragedia Mi padre Hernando era un historiador frustrado. Armaba historias inverosímiles de sus infatigables lecturas, al final muchas veces tuvo razón, sobre todo cuando intentaba descubrir casos velados por la élite dominante. Me dijo, la historia del país se puede estudiar como un sistema binario de infatigables tragedias. Fueron muchas las luchas enconadas entre caudillos, demasiados escándalos, muerte, desplazamiento, saqueos…en fin. La primera disputa que me narró fue la disputa entre Nariño y Camilo Torres después de la independencia. Admiraba a Nariño, fue el hombre ilustrado, seguidor de la revolución francesa, lector actualizado en una época de pocos libros, tradujo los derechos del hombre y fue quien fomenta las primeras tertulias en Santa Fe de Bogotá, no fue del todo un santo como los biógrafos nos hacían ver. Es el gran hombre de la independencia, de hecho, su biografía parece una novela de Honoré De Balzac. Las violencias en colombia son generadas desde la élite que nunca pone los muertos. Obando contra Mosquera, Mosquera contra Núñez, enfrentado al general Reyes...se repite como constante perversa de nuestro sistema. Es difícil encontrar un hombre público en Colombia que no tenga lunares. Este es un país de corruptos, repetía el viejo. A mí me encantaba leer la historia de nuestra conquista y de la colonia. Después me apasione por la historia del siglo XIX y por supuesto de la independencia. En ocasiones comenzábamos un ejercicio de indagación sobre hechos puntuales. Le encantaba hacerles seguimiento a los grandes desfalcos financieros de este país.El viejo fue un hombre noble, lleno de ambiciones y en los últimos veinte años de su vida las cosas no le salieron para nada, aun así, siempre tenía un proyecto en ciernes. El país de los setenta había incrementado la violencia de manera descomunal y desde esa época comenzó a consolidarse el narcotráfico, permeó todas las actividades productivas del país y gran parte de la sociedad. Para la época en que vivíamos en la casa cerca de la tía Matilde sentía que algo no estaba bien en la casa. Un sábado cualquiera llegó a la casa un hermano de Luz Mery, Ninelly y Olga, con el tiempo sería como un hermano para mí, se llama Elio, vivimos demasiadas experiencias, de alguna manera estas nos unen, el pasado parece un cordón umbilical que de vez en vez nos da por desatar. En la casa siempre se discutían grandes temas. Había debate permanente, conexión con nuestra realidad, éramos una familia ideológica, sin los excesos del pragmatismo irreal de estos tiempos. Mi padre era un hombre actualizado y le gustaba debatir. La política fue el eje, siempre estábamos inmersos en los hechos del día. Se Vivían momentos muy difíciles para el país, la guerrilla se consolidaba y su presencia en el territorio se había convertido en una realidad más. Los gobiernos, para no decir que la élite encumbrada, antes y después del frente nacional, firmaron sendas amnistías con la guerrilla incipiente de los llanos, con el tiempo les jugaron sucio a los pocos hombres desmovilizados, estos grupos fueron creados por el partido liberal con propósitos políticos perversos, cuando firmaron los acuerdos y entregaron las armas, fueron asesinados inclementemente, primero en el gobierno dictatorial de Rojas Pinilla, el único militar que había hecho un golpe de estado en el siglo XX y gobernó por siete años al país de la mano con los partidos tradicionales, dictadura que empezó después de un golpe militar en el año 53 que derrocó a Laureano Gómez y terminó en el pacto denominado el frente nacional. Los pocos hombres que sobrevivieron en cabeza de Tirofijo la toma de Marquetalia, alimentados ideológicamente por la revolución cubana y con la ayuda de los partidos comunistas crearon la FARC en pleno frente nacional, se fortalecerán con el tiempo y sería el peor dolor de cabeza del país. El viejo guerrillero decía con ironía que la élite por no cumplirle a 14 guerrilleros le sembró al país el peor conflicto armado de su historia, guerra que le ha costado muchos muertos, desplazamiento, secuestros y violencia generalizada al país. En el setenta el narcotráfico, que era una realidad que desde hacía por lo menos diez años iba creciendo, empezó a permear la sociedad. Se volvió un poder más y enriqueció a muchos hombres, los que, con el tiempo, no solo mandaron en gran parte del territorio nacional, llenaron a este país de sicarios y asesinatos en el marco de una impunidad lacerante. Primero fue la exportación de marihuana desde la costa atlántico, después la creación de grandes cocinas de coca con pasta peruana y colombiana en los andes y el valle del Cauca. Como había dinero en todas partes, el país en general asumió una complicidad perversa que después le costaría mucho. Entre el ochenta y los noventa aparecieron los grandes capos, los mafiosos insignes que paradójicamente parecen ídolos, a ellos les debemos un sicariato desmedido, convirtieron  las ciudades en mercados de narcotráfico, las dividieron y empezaron a cobrar impuestos, crearon el negocio de los préstamos gota a gota y con el tiempo cuando fueron combatidos, estas plataformas terminaron en las bandas criminales al mando de estas zonas. Bucaramanga ciudad tradicional, hoy tiene un desarrollo descomunal, las malas lenguas se lo achacan al dinero oscuro y perverso del narcotráfico. Está ciudad siempre es proclive a estos arribismos en total hipocresía. Es una de las características del Santandereano, son solapados. Gente trabajadora, fue contaminada socialmente con esta epidemia. Teníamos una finca arrocera al sur del departamento del Cesar en una zona cerca del municipio de Aguachica, llamada el Barro, que fue colonizado por un grupo de tolimenses desplazados de la violencia del 50.  colombia nunca ha podido consolidar el sector rural y nunca hemos podido llegar a serlo por las ambiciones de la élite y políticas erráticas de nuestros ministros de Agricultura. Cada territorio de Colombia estaba marcado por la violencia, nosotros lo vivimos a nuestra manera, por la finca de mi padre fueron apareciendo los grupos paramilitares creados por los grandes terratenientes para oponerse a la izquierda de mierda como solían decir, con el tiempo se fortalecieron de tal manera que se volvieron aliados de algunos gobiernos, son un contrapoder aterrador, visible y descarado, tienen el triste récord de haber hecho las peores masacres de que se tenga noticia en de la historia. Tristemente nos acostumbramos a movernos con esta multiplicidad de variables, de muertes, como si no pasara nada, todos los días las noticias nos traen eventos llenos de crueldad. Cuando se es hijo de un agricultor siempre se estará esperando la próxima cosecha, se vive de esperanzas que casi nunca se cumplen. Mi familia realmente era grande y los costos no daban tregua. Crecí con esa tensión pese a que en la casa nunca hizo falta nada. En la finca aumentaban los secuestros de agricultores, habían aparecido en Aguachica al sur del Cesar, en la nueva zona de desarrollo agrícola del país, los extorsionistas y los agricultores exitosos tenían que pagarles a los grupos paramilitares supuestamente para su protección, lo paradójico fue que ellos mismos financiaron el nacimiento de estas fuerzas por fuera del estado. Las ciudades parecían desconocer estas realidades, vivían como en otro planeta, pese a que recibían los desplazados y víctimas de la violencia. Recuerdo con mucho cariño el mundial de futbol del 70, fue el primer mundial transmitido en directo por la televisión, desde esa época fui fanático del rey Pelé, el mejor futbolista del mundo ´para muchos. Vivíamos en una casa muy grande cerca de un sitio conocido como la concha acústica, una rotonda para espectáculos públicos. La tía Matilde se había muerte en circunstancias trágicas, un aguacero descomunal le toma solitaria, el asma le cobró la soledad y terminó muerta en una acera. El país vivía momentos realmente difíciles, en lo económico y social. Me pregunto cómo la violencia llegó a niveles tan crueles, fuimos algún día el país con más muertos, la pregunta es, cómo nos acostumbramos a los muertos y los desaparecidos. Mi familia materna y paterna eran muy grandes. En alguna medida habían sufrido los avatares de la violencia, mi abuelo Pedro terminó en el Cesar huyendo de la violencia del viejo Tolima y de Cundinamarca. A un tío nuestro le habían asesinado en Bogotá y mi padre recordaba de vez en vez y con mucha tristeza la mano de eventos penosos cometidos por las fuerzas militares en los cincuenta, los cuales eran el pan de cada día de estos años, ahora se repetían e otra manera. Para esos años estaba muy unido con mi hermano Erwin. El empezó a jugar ajedrez, paulatinamente se estaba volviendo un lector compulsivo. Siempre le iba muy bien en el colegio. En esta época, con diez años, formado el carácter empecé a enfrentarme a la vida.  La lectura nos dio otra dimensión de las cosas, sobre todo a mi hermano Erwin y a mí. Estábamos al tanto de lo que pasaba en el mundo y fuimos entendiendo las cosas desde una racionalidad muy diferente a la del común.  Empecé a leer libros clásicos. Leía novela francesa, toda la novela de aventuras, me deleite con el Quijote, aún es mi libro de cabecera, mi padre tenía una colección espléndida de libros, enciclopedias. La lectura cambió mi vida. Nunca más pude estar alejado de los libros y de alguna manera ellos han justificado buena parte de mi vida. El mundo de pronto se abrió en una dimensión que aún me asombra, un laberinto de autores y conocimiento que constituye un interlocutor valioso que me ha dado la lectura, me fui convirtiendo con el tiempo en el filósofo, el hombre lúcido para mis amigos. Lecturas que, paradójicamente siempre ha estado cerca... aun así no comprendo bien la naturaleza del hombre, la racionalidad no es garantía de nada, el arte por ello, es la mejor manera de comprenderlo en todo su contexto. La novela los miserables, leída tan sólo a los 14 años me produjo un impacto del cual aún no salgo. 

Era el primer gobierno después del llamado frente nacional, un pacto entre liberales y conservadores para turnarse el poder por 14 años. Fue un pacto de exclusión que terminó en el 74. El presidente era el doctor López Michelsen, hijo del expresidente  López Pumarejo. El mundo estaba en plena guerra fría. España era Franquista y el Fútbol se iba consolidando como la gran anestesia, en estos tiempos, la gente vive viendo partidos, esa es la realidad de hoy, todo el día, en la noche los repiten, el entretenimiento nos adormece. Fuí descubriendo a Freud, la lectura de las confesiones de Rousseau me conmovió de tal manera, que por un año, solo leía este libro. Latinoamérica era una región de tercera para los gobiernos del primer mundo. solo nos explotaban, esa era la costumbre, pese a la consolidación de una clase empresarial preparada y con recorrido.

Nos acostumbramos a vivir entre múltiples realidades, como si fuera normal,siempre contrapuestas,  como vidas paralelas, cada quien tiene su propia historia en este galimatias. Edgar era el hermano mayor, siempre con una actitud emancipadora, como queriendo darle salida a la vida solo con palabras, sus ficciones eran muchas, como morcillas rellenas, sobre-dimensionadas. Son hechos múltiples en la medida que crecemos. Sembramos nuestro propio Karma. Leí los miserables y quedé pasmado, como somos presas de la gula, tomé tiempo para digerir tan exquisita narración del siglo XVIII, es un hecho que semejante texto no exige mayor preparación, como un plato de sancocho colombiano, está predestinado que será un buen plato. Lo leí a los 14. En mi barrio siempre le dejaba tiempo a esos días tan apretados típicos de la adolescencia, más cuán fuimos especiales. Después con Proust, el aprendizaje fue otra cosa...el tiempo es relativo y uno construye su pasado. La memoria siempre nos traiciona. Por ello cuando escribimos sobre el pasado estamos construyendo una ficción basados en los pocos datos que recordamos lo que, nunca son iguales a la realidad. Es una construcción subjetiva. Bucaramanga en el año 1979, era una ciudad de provincia, muy pequeña, de hecho, no tenía una librería buena, ordenada de sobremanera, capital del oriente colombiano, comercial a morir.  Estaba en plena transición. Ese año ocurrieron dos cosas en mi vida: Murió mi hermano Erwin en un accidente absurdo, muy joven y el suscrito apenas terminaba el bachillerato en el Instituto Caldas.  Un colegio laico, respetuoso, garantizaban ciertas libertades que en ningún otro colegio de la ciudad se daban, fue fundado por una de las familias más ricas de la ciudad, los Puyanas, gozaban para la época de muy buena fama, hacen parte de la nueva burguesía urbana, preparada, vanguardista, que combatía tácitamente los análisis marxistas sobre la Colombia rural que, ahora cedía sus espacios, en un país inmerso en graves conflictos y violencia, a un desarrollo urbano intenso, con la misma inequidad de siempre. La mayoría de integrantes de esta familia, con la excepción de Tatabo Puyana, estudiaban en el colegio, el viejo fue educado en Estados Unidos, políglota, dedicado a la construcción, al comercio, a la industria y como toda la elite del país inmersa en el poder, en la actividad política. La mejor manera de crear servidumbres, de ganar poder, es manejando la educación, ese aprendizaje dejado por los jesuitas, seguía vigente y estos señores eran conscientes de esta realidad. En esos tiempos era novio de Margie Rodríguez, la negra como le decíamos. Nunca he conocido mujer más delicada, agraciada e inteligente. Estudiaba en un colegio normalista, curiosamente se llamaba: “La normal de señoritas”. Es una excelente ajedrecista, como su padre Luis y como su hermano Rubén. Fue siempre una mujer detallista, llevada de su parecer, como dicen en Bucaramanga y tenía una coquetería, que le dio alegrías y además tristezas. Tuvimos un noviazgo hermoso, de seis años y como todos los amores, con la excepción del que le profesamos a los hijos, están llamados al fracaso. Vivíamos en un Barrio llamado Terrazas, en las afueras de la ciudad, en los suburbios, de la carrera 44 a la 48. Cada carrera ocupaba una terraza, una escala, no correspondía al cuadrante español, cada cuadra, estaba constituida por casas iguales, la cuadra fue reemplazada por un rectángulo de dos casas o tres casas en cada calle, rematados por una loma, llamada “Pan De azúcar”, justo estaba al frente de la carrera 48, marcada con letras grandes y visibles, se ve desde toda la ciudad y constituía un referente importante. Su diseño fue influenciado por el movimiento arquitectónico americano de los 50, los famosos suburbios, que generó el crecimiento de las ciudades cosmopolitas americanas. Casas iguales, estándar, con espacio para una ampliación, típica de clase media: Profesores, gerentes, comerciantes…etc., aquí vivan gentes con pretensiones burguesas y ciertas arrogancia inexplicable, eso que las matronas llamaban arribismos. Nuestro barrio estaba lleno de grandes extensiones de lotes vacíos a su alrededor, todavía guardaba un aroma vegetal, por ahora sin la intervención de los ambiciosos constructores, casi virginal. Éramos una juventud prepotente. Aficionados al fútbol, de hecho, buenos futbolistas. Vivíamos al día. El barrio era especial, vanguardista, la marihuana rondaba, reverberaban ideologismos, un marxismo profético marcado por un fracaso evidente, pero esperanzador, por lo menos en el plano de las perspectivas; buena literatura; posiciones radicales frente al poder iconoclasta y perverso de la derecha, la de nuestros padres por supuesto;  formado por familias de clase media, estudiantes de la universidad industrial y mujeres que rompían la vajilla sin inmutarse, marihuaneros insignes, gente liberal, desocupados, allí se vivía una revolución en materia social muy oprobiosa para nuestros padres; además había una liberación sexual por fuera del canon pastoral acostumbrado, nos daba mala fama en toda la ciudad.  En esa época solo tenía tiempo para Margie. Era la menor de cuatro hermanos, Rubén el mayor, que se casaría con mi hermana, después de que ambos terminaron economía, Orlando y La Gorda. Su padre Luis y su madre Teresa, vivan en un barrio llamado la victoria. Lo conocía por su cancha de Fútbol y ahora por ser la casa de mi novia, a la que iba todos los viernes religiosamente. El sábado o el mismo viernes, siempre salíamos a bailar. Mi suegra Teresita vivía en una dictadura. Había un régimen tenaz en su casa. En su casa había simulacros en favor de la convivencia. Yo vivía en un hogar absolutamente liberal. Algún día estaba en casa de mi novia, don Luis, mi suegro, acostumbraba a anunciar su llegada desde la esquina, haciendo pitar la bocina de su carro dos veces, una especie de santo y seña. Estaba por casualidad un viernes en la casa, de pronto sonó el pito del carro y súbitamente todos corrían en la casa, como sí viniese el mismo diablo, era una escena de locos. Doña Teresa se quitaba los rulos, idénticos a doña Florinda el célebre personaje del Chavo Del Ocho, quitaban el desorden visible o lo peor lo escondían, ordenaban la sala en un segundo, Orlando apagaba el equipo de sonido, lavaban los pocos platos y de pronto, estaban bellas y con una sonrisa forzada, como una obra de teatro. Quedé impertérrito. Después descubrí que le tenían un miedo atroz. Las salidas con Margie eran un encanto. Estudio en medio de pedagogos. es totalmente diferente a toda la educación estándar del país, era un bachillerato que les permitía salir licenciadas en educación. Tienen que hacer el pensum común y el especial, la carga es doble, el aprendizaje que implica ser profesoras en un país de analfabetos y mucha pobreza. Le acompañé muchas veces a su colegio y conocí a todas sus amigas. Estábamos en el gobierno de Turbay Ayala, fue el padre del clientelismo, un intercambio de dádivas por el voto a cambio de su voto o favores de otro orden, la burocracia por ejemplo, fue un personaje siniestro, liberal, de derecha, quien espero cincuenta años para llegar al poder, se lo fue ganando poco a poco, ya había sido nombrado designado, quien remplaza al presidente en caso de muerte, ausencia o por licencia, aprobó el estatuto de seguridad, una ley para que le permitía las peores violaciones a los derechos humanos, que miedo, en su gobierno, se dieron exterminios, desapariciones, tortura, al amparo de la ley, fue una dictadura camuflada de democracia que dejó desaparecidos y muertos a granel. Ya se estaba cociendo el primer escándalo financiero del país, la caída de Jaime Michelsen del grupo Colombia, ósea el banco de Colombia. el M-19, un grupo guerrillero de jóvenes. Con ellos nació la guerrilla urbana tipo tupamaros. Por esos tiempos comenzó para Colombia la bonanza marimbera y el narcotráfico.   Eran tiempos locos. Termine el bachillerato ese año. Por circunstancias muy raras cambió todo en mi vida. Inicie un exilio interior absoluto. Nosotros los Bustamante, somos optimistas por naturaleza. Nos ponen un revolver en la cabeza y decimos, salimos adelante. Siempre ha sido así. A mí por gracia de mi madre, desde los 8 años me visitaba un vendedor de libros del círculo de lectores. En Colombia teníamos una violencia muy cruda desde el año 48, cuando mataron a Jorge Eliécer Gaitán. Nosotros éramos la tercera generación después de ese hecho trágico, padecemos los estertores de un conflicto armado eterno, culpa de una élite irresponsable, por ello alentamos la protesta total. El M-19, era una realidad, cosa que nos alegraba y comprometía, la primera guerrilla urbana de Colombia, daba golpes de astucia, juzgó y ajustició a Raquel Mercado, un sindicalista que vendió a su clase. Cualquier día se robaron la espada de Bolívar. Su discurso seducía y nosotros no fuimos ajenos a esos encantos. El fundador de ese movimiento fue Jaime Bateman, un samario, inteligente y quien conocía nuestra historia desde tiempos ancestrales, no hablaba de la conquista sino del arrebatamiento perverso de nuestra historia, la riqueza, el idioma y las etnias. Por mi padre había leído muy joven “Biografía del Caribe” de German Arciniegas, el flaco, Bateman, sabía lo que estaba diciendo y haciendo, sus planteamientos era diferente a la lógica revolucionaria de la guerrilla latinoamericana, sobre todo aquella que nació a la sombra de la revolución de la Habana, es una historia, que ha querido ser manipulada. Tenía 14 años, había leído mucho. Era un lector compulsivo. Estaba matado con los cuentos de Cortázar y las obras de Borges, Cien años De Soledad, parecía la biblia, el círculo de lectores, tenía tan solo 14 años, publicaba los clásicos latinoamericanos, obras completas, así leí a Onetti, a Borges completo, Los cuentos de Gabo, Roa Bastos, Arturo Uslar Prieti, Carlos Fuentes, Rómulo Gallegos, Vargas Llosa…en fin………..Ya había abrevado en casi todo Nietzsche, Shopenhuauer…..conclusión, irresponsable total………. Y no tenía idea quienes eran en el contexto latino…Me los vendía, por el hecho de ser el recomendado del trimestre…Fuera de eso, me alucinaron “Los miserables” de Víctor Hugo… cuando lo releo…vuelvo a gozar del texto como si fuera la última lectura. Mi biblioteca ya era muy valiosa…a la casa todos los días llegaban los tres periódicos, el Espectador, El tiempo y Vanguardia Liberal. mi Madre los pagaba, alcahueteaba mi gusto. A partir del momento en que empecé a leer, mi realidad está marcada por esta afición…siempre. Me debo a muchas narrativas y autores. Viví más en la ficción que en la realidad. Esto no es un problema, pues la vida es una ficción en la mayoría de los conceptos que la sustentan. Una especie de mentira bien aligerada por conceptos de otros, somos lo que otros hicieron de nosotros. Ese año dicte clases en el colegio de una tía. Se llamaba “Nuestra señora del tránsito. En pleno centro, la ciudad vieja. Era una casona grande, de la época de la colonia, había sido una cárcel en el siglo XIX, de nuestras internas guerras civiles, sus salones extensos y dos patios constituían, los sitios sobre los que gravitaba todo el ambiente, entre patio había dos extensos salones y en el segundo piso estaba el internado. Estaba a media cuadra de la casa de Bolívar, al frente de la principal iglesia de la ciudad y a media cuadra de la Gobernación y la Alcaldía. Siempre leía a Borges,  Los circundó y abordó siempre, es un escritor excepcional con una inteligencia absoluta y el respeto irrenunciable por la buena prosa, en sus escritos mezcló el cuento y el ensayo, siempre estructurado, con un mundo de citas lúcidas e inteligentes, no siempre reales, que incitan a otras lecturas, perfectamente imbricadas como parte del texto con un propósito estético, termina siendo un artificio narrativo.  El escritor no existe sin el lector. Por estos días de lecturas obligadas, la pregunta es: Qué leer, qué escoger, de acuerdo a nuestras preferencias, la perspectiva estética y la sensibilidad son los únicos patrones, también somos una construcción estética de acuerdo a nuestras lecturas. Cuántos autores dejamos de conocer por el exceso de ofertas por gracia del mercado comercial, tan lleno de trampas, la dictadura de las editoriales, muchas veces publican pensando sólo en las ventas y no en la literatura. En todo caso la decisión la toma el lector. Escuche un conversatorio en la red de Juan Gabriel Vázquez sobre la relación de Camus y los escritores del Boom, sobre todo Vargas Llosa, habiendo muerto el primero, ósea Camus dos años antes de la publicación de la “Ciudad y los perros”, pareciera que conocía la obra de Vargas Llosa, hay conexiones impredecibles. Recordé el tema de los precursores traído a colación por Borges. Expresa Juan Gabriel Vásquez que "Escribir es una manera de subsanar, completar lo que está incompleto". Pienso que en la literatura todos los temas han sido tratados. Miremos el momento que vivimos.  El confinamiento. La relación de la casa con la literatura. Este fue el propósito de un ensayo (José Joaquin Parra Bañón), "La casa en la literatura latinoamericana contemporánea", gracias a la red lo pude leer, decía en un aparte: “Propongo entonces llevar a cabo un análisis de la representación de la casa a través de la literatura para ir más allá de su construcción material, y entender a cabalidad la importancia – cultural, política y económica – de este espacio en el imaginario social contemporáneo”. Expresa la autora: La casa es el lugar de la identidad y la intimidad por antonomasia, por eso se asimila a la idea de hogar, a una extensión material de nuestro «yo-cuerpo» (Zaplana Bebia 2004, 2) que se ha convertido en la actualidad en un dispositivo fundamental para la configuración de la subjetividad”. El autor deja ver que el tema ha sido tratado y está expuesto en muchas obras: “La casa de vapor de Julio Verne, Casa de muñecas de Ibsen, La casa Rusia de John de Carré, La ilustre casa de Ramires de Eça de Queiroz, La casa del juez de George Simenon, El Gran Gatsby de Scott Fitzgerald, La casa de Aizgorri de Pío Baroja, La casa de Bernarda Alba de García Lorca, En la casa del padre de Caballero Bonald o El país del miedo de Isaac Rosa”. Enfatiza; "En rigor, investigar el tratamiento de la casa en la literatura es una tarea compleja por dos razones:  porque implica una labor titánica de revisión de obras, y porque invita a una aproximación desde múltiples disciplinas y epistemes que complejizan el objeto de estudio" (1).

La articulación entre textos, la relación azarosa de sus temas y las coincidencias por fuera de cualquier intencionalidad es tema que me inquieta mucho. Kundera afirma que la novela comenzó a admitir la risa con el Quijote. El escritor  como creador en este caso, compite con Dios: “La desdivinización del mundo (Entgötterung) es uno de los fenómenos que caracteriza los Tiempos Modernos. La desdivinización no significa el ateísmo, designa la situación en la que el individuo, ego que piensa, reemplaza a Dios como fundamento de todo; por mucho que el hombre pueda seguir conservando su fe, arrodillándose en la iglesia, rezando al pie de la cama, su piedad sólo permanecerá en adelante a su universo subjetivo. Tras describir esta situación, Heidegger concluye: «Así es como los dioses terminaron por marcharse. El vacío que se produjo en consecuencia fue colmado por la exploración histórica y psicológica de los mitos»”. Kundera en los testamentos traicionados es categórico: ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Todas las novelas buscan una respuesta a estas preguntas. En efecto, ¿mediante qué se define un yo? ¿Por lo que hace un personaje, por sus actos? Pero la acción escapa a su autor, se vuelve casi siempre contra él. ¿Por su vida interior, pues, por los pensamientos, por los sentimientos ocultos? Pero ¿es capaz un hombre de comprenderse a sí mismo? ¿Pueden sus pensamientos ocultos servir de clave para su identidad? ¿O es que el hombre se define por su visión del mundo, por sus ideas, por su Weltanschauung? Es la estética de Dostoievski: sus personajes están arraigados en una ideología personal muy original según la cual actúan con una lógica inflexible. En cambio, en la obra de Tolstói la ideología personal está lejos de ser algo estable en lo cual pueda echar raíces la identidad individual: «Stefan Arcadiévitch no elegía en absoluto ni sus actitudes ni sus opiniones, las actitudes y las opiniones iban solas hacia él, tampoco elegía la forma de sus sombreros o de sus levitas, sino que se quedaba con lo que se llevara» (Ana Karenina). Pero, si el pensamiento personal no es el fundamento de la identidad de un individuo (si no tiene mayor importancia que la de un sombrero), ¿dónde se encuentra este fundamento?". Esta es una manera de abordar los textos desde una concepción narrativa frente a los interrogantes fundamentales de la vida. La novela es un desciframiento de la condición humana desde la ficción. Escoger los temas también tiene que ver con nuestras concepciones, con la esclerótica de nuestras convicciones. Para el lector, fuera de todo aquello que el mercado le va imponiendo, escoger qué leer es vital, creo en la lectura hedónica, al final siempre vuelvo al redil y a los autores de siempre. Con el confinamiento y ante la limitante del tiempo, hay más para leer que tiempo para abordar todos los textos, escoger bien es la clave. Nos podemos dejar llevar por varios autores. Para mí, el mejor guía sigue siendo Borges. Pero los apuntes y las memorias: Canetti, Musil, Borges-bioy, nos llevan siempre a otros autores, son una guía perfecta y una manera de tomar café con nuestros autores preferidos. Mi padre fue un buen guía. Leía los clásicos con pasión, hasta el punto de olvidar los negocios. Se levantaba en la mañana, muy temprano, con alguna frase célebre. Era lector de Marco Aurelio, de los estoicos en general. Decía. Buenos días hijo y ahí soltaba la frase lapidaria: “De mi preceptor: no tomar partido en quejas públicas; la resistencia y frugalidad; el cuidado de no encomendar a otro el trabajo propio, de no empezar cien asuntos a la vez y de no prestar oídos a los chismosos”. Un día ante un error mío que me trajo muchas penas, me sentó en sus piernas y me leyó: De Apolonio: la independencia; el decidirme a obrar sin vacilaciones y sin entregarme ciegamente en manos de la suerte; el no tener otro guía que la razón en todo instante; el ser siempre dueño de mí mismo, aun afligido por grandes dolores, por largas enfermedades o aun por la pérdida de un hijo; el haberme mostrado con su nobilísimo ejemplo que la mayor energía y la más grande dulzura de carácter pueden aliarse perfectamente; el haber aprendido a ser paciente como él lo era en todas sus explicaciones; el haberme enseñado con su ejemplo vivo y sencillo, pues era hombre tan modesto que en muy poco tenía aquella habilidad y experiencia con que participaba a los demás sus doctrinas; en fin, el haberme enseñado, asimismo, cómo es preciso acoger lo que entre amigos suelen considerarse como favores, es decir, a no dejarme ganar fácilmente por ellos, ni tampoco a despreciarlos groseramente.

En el año 73 nos pasamos al barrio terrazas de Bucaramanga, de dos pisos, amplia. Las narrativas sobre la niñez proliferan. Al final buscan relevar moralejas que se constituyan en ejemplos, la búsqueda de una ética, de esa ortodoxia impuesta por un catolicismo anacrónico. En estas líneas, sin ninguna pretensión literaria, sólo quieren evitar el olvido de un barrio que fue singular en la ciudad de Bucaramanga, por allá entre el 70 y el 82, dejó una huella indeleble en la ciudad en todo lo que generó, precoz si se quiere, generó una transformación paulatina en términos sociales, la juventud que la habitaba asumió una posición iconoclasta en una sociedad mojigata, llena de arribismos sin ningún sustrato ideológico, trabajadora pero intensamente ignorante, una élite de choferes y comerciantes de tercera, sin norte. La inequidad fue el pan de cada día, tal vez por eso, en el departamento apareció la primea guerrilla y la primera toma de un pueblo, en el año 68, en el pueblo de simacota Santander, famoso, porque allí llegó el cura Camilo Torres de tanta importancia histórica, quien se dedicó la lucha armada, y sin fortuna, moriría ingenuamente en su primer combate.  Bucaramanga por esa época, era aún una ciudad de provincia, con una de las mejores universidades, “La Universidad Industrial De Santander”, pero con un atraso emblemático frente a las cuatro ciudades de importancia del país, Terrazas nuestro barrio se salía del canon, fuimos adelantados en muchas materias. Era la más marihuanera de la ciudad, pero la marihuana no era un vicio sino una actitud contestaría contra el patriarcado perverso, ni siquiera consideramos importante discutir sobre el tema, simplemente se fumaba en el parque a partir de una subjetividad que trataba de ganar algunos derechos desde embalajes contestatarios, teníamos una actitud política que iba más allá de las posiciones apelmazadas, del  canon y tradiciones paquidérmicas, que responden a una tradición católica,  lo que generó enfrentamientos con nuestros padres que desearon siempre, que fueramos niños sumisos a la vieja usanza. Escuchábamos música diferente a todo, leíamos sobre la revolución, el budismo y los poemas de Gonzalo Arango, cien años de soledad fue muy popular, hacíamos yoga y el importaculismo era parte de la cuota de irresponsabilidad típica de la edad, tenazmente anclado en cada cosa que hacíamos. El barrio no estaba formado por el tradicional cuadrante español de tanta tradición, sino de cuadras largas, como un cordón de tenis, al final lo cerraban por calles de tan solo dos casas. Iba de la calle 52 hasta la 57 y de la 48 hasta la 44, en la última cuadrase enfrentaba a una loma llamada Pan De Azúcar que se divisaba desde toda la ciudad y en la primera cuadra, donde nacía el barrio, había un bosque lleno de bambúes, rematado por una cancha de futbol, nuestra cancha, debajo pasaba una quebrada. Estos parques fueron nuestro segundo hogar, pasábamos largas noches, al principio en la etapa infantil y después alrededor del aguardiente en largas tertulias, llena de jóvenes con una actitud contestaría y rebelde.

Nosotros llegamos en diciembre del año 73 del siglo pasado al barrio, mi Madre, con un dinero que le dio el abuelo, compró una casa hermosa en la última cuadra, frente a la loma de Pan De Azúcar, en plena carrera 48.  Al principio me pareció que vivíamos muy lejos, no sentíamos como en un pueblo.  Después nos dimos cuenta que en Bucaramanga nada era lejos. De hecho, estas construcciones responden a la influencia de la arquitectura americana de los 50, los famosos suburbios. Llegamos en pleno gobierno de Pastrana, un presidente conservador que fue favorecido por el miedo de una élite que le robo las elecciones a Rojas Pinilla, un verdadero dictador camuflado de político, hablaba del frente popular, realmente le ganó las elecciones al establecimiento y se las robo el viejo Lleras un presidente inteligente y de la vieja guardia. Llegamos al Barrio después del mundial de futbol del 70 que nos deslumbró, tenía el equipo perfecto.

Hoy comprendo que detrás de la realidad que vivíamos había otra trágica, mentirosa y con serias implicaciones en nuestro futuro. Pasaba lo mismo con el país. fuimos criados aprendiendo nuestra historia llena de héroes en un épica que después desvelaremos en tragedia, corrupción y muerte.

Mi padre fue un hombre muy rico siendo joven. Por razones que desconozco el declive de sus negocios hizo que se trasladara de Bogotá a su ciudad natal Bucaramanga. Estábamos en el gobierno del viejo liberal Carlos Lleras que tanto le gustaba. La guerrilla Colombiana crecía sigilosamente y al parecer a nadie incomodaba, fuera de aquellos que sufren sus desmanes. Con el tiempo llegaron a manejar medio país. El mundo vivía una guerra fría tenaz entre las dos potencias. Por esa época vivía más en la ficción que en la realidad. Después aprendí con el escritor Argentino Piglia, quien tomo esta sentencia de Borges, que la ficción afecta la realidad. También leía las meditaciones de Marco Aurelio, quien ha sido un maestro para mí. Recuerdo esta sentencia suya:  la aversión a las futilidades; la incredulidad a las patrañas y mentiras sobre la manera de preservarse de los demonios y otras necedades parecidas; el no aficionarse a la crianza de codornices augurales ni otras manías semejantes; el soportar las opiniones de los demás cuando eran sinceras; el haberme familiarizado con la filosofía teniendo por maestros primero a Baquio y luego a Tandasio y a Marciano; el aprender a dialogar desde muy niño; el haberme habituado a cama humilde cubierta de piel, y en fin, a cuantas prácticas y disciplinas son propias de un filósofo Griego.

Muy pequeño estudié en un colegio pequeño cerca de mi casa llamado Luis Gonzaga, al frente de un parque, que después sería el centro de prostitución más famosos de la ciudad, pues a él llegaban las mujeres al ejercicio de su trabajo a eso de las once de la mañana hasta muy tarde de la noche. La prostitución sería un tema que trabajaría en mis aficiones a la filosofía y a la sociología Francesa. Después con la revolución del LGTB, aprendería muchas cosas al respecto. Juditt Bluter expresa:" El mundo es dividido en dos, masculino y femenino, con base en referentes sociales y normativos del género que a su vez se soportan en características naturalizadas —que no naturales— de los cuerpos sexuados. Como resultado, todo sujeto se forma en la reiteración obligada de normas de género que tienen como punto de partida —y que a su vez reafirman— la dicotomía de la diferencia sexual. Esto equivale a decir, para Butler, que todo sujeto —su inteligibilidad social, su identidad y su cuerpo— se forma en y por el poder que se ejerce en la reiteración normativa". En síntesis la atención se centraba en criticar un supuesto heterosexual dominante en la teoría literaria feminista. Mi intención era rebatir los planteamientos que presuponen los límites y la corrección del género, y que limitaban su significado a las concepciones generalmente aceptadas de masculinidad y feminidad. Consideraba y sigo considerando que toda teoría feminista que limite e significado del género en las presuposiciones de su propia práctica dicta normas de género excluyentes en el seno del feminismo, que con frecuencia tienen consecuencias homofóbicas. Me parecía –y me sigue pareciendo- que el feminismo debía intentar no idealizar ciertas expresiones de género que al mismo tiempo originan nuevas formas de jerarquía y exclusión; concretamente, rechacé los regímenes de verdad que determinaban que algunas expresiones relacionadas con el género eran falsas o carentes de originalidad, mientras que otras eran verdaderas y originales

 


     

 

 

 

martes, 23 de julio de 2019

LA CRITICA EN COLOMBIA 2


Hace poco en una entrevista encontrada en la red, a una pregunta puntual al escritor Mario Mendoza sobre qué pensaba de la crítica colombiana, respondió con una decepción total, en este país, se reseña, pero hay muy pocos críticos, muchos de ellos sin haber leído la novela completa, se atreven a comentarla.  La cita no es textual. Me he puesto a mirar sí este país tiene un crítico de la altura de Pietro Cítate, para dar un ejemplo y la verdad que no lo he encontrado. Nos falta rigor.
La crítica debe por empezar a asumir su trabajo con la seriedad y responsabilidad que esta labor implica. En la última crítica del texto de Santiago Gamboa, algunos lectores de mi blog señalaban que era muy extensa. Pienso que no solo debemos reseñar y contextualizar los aspectos relevantes de la novela que estamos comentando, argumento, personajes, la sensación que produjo en nuestra lectura, siempre desde una perspectiva estética, sino además relevar cual ha sido la evolución del autor, lo que implica conocer su obra. 
Esto no impide que hablemos de un texto en particular, sin haber leído la obra total del autor, casi siempre pasa, hay escritores que por alguna razón no hemos conocido, todos los días aparecen nuevos escritores o libros aclamados que nos suscitan mucha curiosidad, lo que implica que hablaremos sólo del texto en mención en nuestra lectura, imposible abarcar más.
En un hermoso texto donde se recopilan ensayos sobre literatura, arte y cine de Peter Handke en el prólogo escrito por Matías Serra Bradfor expresaba algo que viene al caso: Peter Handke y sus ensayo y textos ocasionales proponen una manera menos convencional de acercarse a la intimidad de un escritor y a su modo de crear intimidad, en este caso a través de los otros. Una parte central de esa privacidad son sus obras como lector.  (O espectador de cine, o aficionado al arte, arte y cine que el medita como lector)  y la lectura se ha constituido, de paso, en la tradición de lo visible e invisible”.
Para el caso, partiendo del lector anodino que soy, sin cartones, más bien desconocido, solo me debo a mis lecturas y a la impresión que me producen, la crítica es un ejercicio constante que muchas veces justifica mi vida, ejercicio doble, el del escritor y el lector, buscan descifrar la naturaleza humana a través de los prodigios que brinda la lectura, experiencia paralela entre ficción y la realidad. Cuando trató de hacer crítica trato de hacerla con el mayor rigor.
Julio Cesar Londoño excelente cuentista y ensayista colombiano, hablando de la crítica colombiana, en un artículo del espectador expresaba: “ Algunos piensan que la historia de la crítica en Colombia tiene tres hitos cosmopolitas: que empieza con esa catedral de la lengua que Rufino José Cuervo erigió en París (El diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana), se vuelve sofisticada y mundana en Buenos Aires con Baldomero Sanín Cano (Divagaciones filológicas) y toma la forma de una sinfonía babilónica en siete idiomas en México D. F. a través de la bífida lengua de Fernando Vallejo (Logoi).”
Pienso que por mucho tiempo, recibimos mucha influencia de buena crítica de España y Francia. Después con el nacimiento de las grandes tendencias, el funcionalismo, el estructuralismo y la literatura del ensayo en Francia. Con  la revista Mito apareció una crítica de mucho calado, la que incorporó el que-hacer de la crítica y la conexión de nuestra literatura con la grandes corrientes de occidente. Colombia tiene periodos y personajes muy marcados: Eduardo Zalamea, Hernando Tellez, Alvaro Mutis, cobo borda, para nombrar tan solo algunos. Londoño en la misma columna aclara: “Yo creo que el ensayo literario empieza en serio a principios del XIX con Luis Tejada; con El humo, La nariz, La cola, El traje del hombre débil, Biografía de la corbata, La canción de la bala… son piezas brevísimas publicadas primero como columnas de periódico y compiladas luego bajo el rótulo de “crónicas” porque nadie sabía cómo llamarlas”.
Londoño cita dos autores fundamentales, el primero Valencia Goelkel y el otro R. H. Moreno-Durán, quien realizó esta labor desde el Magazín dominical del” Espectador”.  Volver a leerlos es un ejercicio muy grato.
Pablo Montoya fue más contundente al respecto: “"No hay crítica literaria en Colombia".  Enfatizo: “"Hay una gran influencia y un mercadeo literario que me parece que incide mucho en los gustos de los lectores. De tal manera, los lectores quieren un cierto tipo de literatura que está encajonada en lo que los grandes consorcios proponen". Una cosa es lo que proponen la editoriales y otra la función de la crítica como guía para los lectores.
Hay una crítica que se hace en Colombia de mucho rigor y seriedad, los trabajos publicados por la academia. Hablando de Mario Mendoza, encontré un trabajo llamado: “La Poética de Mario Mendoza: Percepciones y Narrativas de la Ciudad Moderna”, de autoría de Juan David Avendaño Amaya. Mario Armando Valencia, un filósofo de Manizales a escrito sendos trabajos sobre literatura urbana. Hay un trabajo suyo llamado “colonialidad y mimesis, arqueología y critica de la representación occidental de la naturaleza”, que definitivamente aconsejo leer a mis lectores.  Estos ensayos por fuera de la academia no tienen la resonancia que amerita y deberían.
Podría concluir uno diciendo que no hay crítica literaria seria en los medios corrientes de comunicación, que ella está por fuera de estos medios, además de la academia, en los autodidactas y con contadas excepciones en trabajos publicados por algunos escritores profesionales: William Ospina, German Espinosa en su época…en fin.   
La prensa debería ser más acuciosa al respecto. De hecho el periódico " El tiempo" nos sorprende de vez en vez con alguna crónicas sobre escritores u obras extraordinarias. La revista Arcadia del Grupo Semana igualmente una labor encomiable y de igual manera la revista "Malpensante". Cobo Borda, Pardo, Londoño, Fernando Vallejo, Pablo Montoya constituyen buena parte de la critica de este país. Aún nos falta, pero es un hecho que en colombia estamos lejos de ser buenos lectores y es emblemática la ausencia de una crítica rigurosa. 






martes, 16 de julio de 2019

LITERATURA FEMENINA EN COLOMBIA


Las últimas ferias del libro de Bogotá fueron el escenario de sendos lanzamientos de novelas y ensayos de excelentes escritoras colombianas, hay un afán de publicar  obras que antes no tuvieron oportunidad en un país profundamente machista, esto significa para el público en general la visibilidad de una producción importante, de hecho hay una efervescencia e interés de parte de las editoriales, momento que ha permitido la publicación de trabajos sobre literatura femenina que estaban engavetados y de cierta manera olvidados, la academia por décadas viene haciendo una labor encomiable al respecto. La realidad en Colombia ha sido otra. Montserrat Ordoñez en un ensayo sobre el tema categoriza:” La producción y la crítica literarias, en Colombia, han pertenecido al espacio del hombre, con pocas excepciones significativas. Se encuentran más nombres de escritoras en la poesía que en la narrativa y en la crítica, un fenómeno que en otros países se ha tratado de explicar por posibles razones extraliterarias, tales como la imprescindible necesidad de más dinero, más tiempo y más espacio para poder producir obras si no de más valor, por lo menos de más longitud”. México es un ejemplo de país que le ha dado mucha importancia a las escritoras, de ello dan cuenta el número importante de narradoras de mucha relevancia mundial y la infinidad de trabajos y publicaciones sobre el tema. En el caso nuestro hemos tenido una producción constante, a estas publicaciones no se les dio la relevancia que tenían, hablo de las editoriales y de una crítica que des-atendió el tema.
Recuerdo que en mi casa había una producción extensa de libros de soledad Acosta De Samper, una escritora del siglo 19 muy prolífica y de suma importancia en el marco de la historia de la literatura colombiana. Las autoras del siglo XIX  son mucho más  de la que imaginamos: Mis recuerdos de Tibacuy, de Josefa Acevedo de Gómez; Aurora, de Mercedes Párraga de Quijano Otero; Nuestros próceres, de Waldina Dávila de Ponce; Luz y sombra; Un caballero español, de Eufemia Cabrera de Borda; y Un asilo en La Goajira, de Priscila Herrera de Núñez. Esto para recordar que siempre las mujeres han estado presentes en nuestra literatura.
El siglo XX y sobre todo en las dos últimas décadas han aparecido obras y escritoras jóvenes que rompieron ese paradigma de discriminación. No hablo de Marvel Moreno, de Fanny Buitrago, Laura Restrepo, o de Maria Mercedes Carranza, Meira Del Mar, Silvia Galvis que hacen parte de nuestro canon, me refiero a un grupo de escritoras que hasta ahora nadie conocía y que han escrito obras de suma importancia para nuestra literatura, las que por fortuna, la crítica empieza a tener en cuenta. La escritora Adriana Rosas consuegra a propósito de la ausencia de mujeres en muchas antologías del cuento trae un artículo de la revista Semana que expresa: En Colombia solo escriben los hombres. O al menos esa es la impresión que ofrecen los libros de historia de la literatura nacional: son muy pocos los nombres de mujeres que aparecen en ellos. Pareciera como si las obras de las mujeres hubieran estado ausentes por años de los circuitos editoriales y de los medios de comunicación. Además, los críticos literarios no se han preocupado por hacer un análisis serio sobre la escritura femenina”. En este blog hace poco escribí sobre dos escritoras colombianas que ameritan tenerse en cuenta: Adelaida Fernandez Ochoa y Adriana rosas Contreras, a ellas se suma: La poeta Alejandra Jaramillo, Alejandra Lerma, amparo Osorio excelente ensayista, Andrea Cote, Carolina Sanín, Andrea Mejía, Margarita Rocio Robayo, para solo citar algunas.
A este rosario de buenas escritoras se suma un innumerable número de ensayistas que desde la academia vienen produciendo y aportando estudios críticos muy rigurosos. La universidad Central de Bogotá, la universidad nacional, La UIS, la Universidad Javeriana y la del Norte en Barranquilla, vienen realizando investigaciones y de hecho publican textos muy serios que ameritan organizarse y publicarse en la red, es una tarea silenciosa que es preciso hacer relucir y divulgar. Otra variable la constituye el buen número de revistas que desde la academia cumplen una tarea pedagógica importante, constante y rigurosa donde las mujeres están presentes.
El trabajo de auscultar ese universo es imprescindible, no solo por la calidad de las obras, sino por justicia. En las regiones también se está produciendo a granel, este blog intestaré hacer un seguimiento a la literatura femenina en adelante. Ofrezco disculpas, pues soy consciente que he omitido muchos nombres en este artículo, pero espero realizar un artículo más ordenado y acorde con el momento que vive la literatura femenina.


martes, 2 de julio de 2019

LA CORRESPONDENCIA ENTRE ALBERTO AGUIRRE Y GONZALO ARANGO


Siempre que organizo mi biblioteca, me encuentra con libros que, en lo personal, son como un fresco para la vida, no solo por la calidad de los mismos, ni por la importancia de sus autores, sino por su vigencia, virtud de pocos textos y por el hecho paradójico que con cada uno de ellos hay una historia personal.
Alberto Aguirre, fue un periodista y escritor colombiano iconoclasta, irreverente, honesto, con una prosa exquisita, que le permitía decir lo que se le viniera en gana, más bien con el desparpajo de quien siempre está bien informado, nunca le huyo a la denuncia e inauguró en Medellín el periodismo investigativo.
Fue un gran lector, alrededor suyo se formó un grupo de jóvenes aspirantes a ser escritores y autores consagrados,  en una tertulia habitual, cuyo eje principal fue la literatura y la buena poesía, desde una paternidad tacita, atenta, grupo que convocó y produjo ruido en una ciudad clerical y conservadora como siempre ha sido el Medellín de su alma.
Leí de nuevo “Cartas a Aguirre”, la correspondencia con Gonzalo Arango. Como expresa la reseña del texto, publicada por el fondo editorial de la universidad EAFIT, no sólo fue el gran amigo de Gonzalo, sino lo “Animo a escribir, le dio empleo, le financió unos pocos gustos privados y le regalo plata”.
Leer estas cartas, no solo es asistir al itinerario de una amistad enorme, lúcida, de una reciprocidad inenarrable, dos seres, con una pluma excelsa, es también, el encuentro con el género pastoral tan olvidado, desde el alma de dos seres excepcionales por donde se les quiera mirar. Aguirre, cuyas columnas publicadas hace pocos años, ejemplo de buen periodismo, fue editor, traductor, crítico de cine y ensayista, realmente fue un amigo a carta cabal. El prólogo de este texto, escrito por el propio Aguirre, es una crónica de Gonzalo sin parangón, que lo refleja en su totalidad, un Gonzalo por fuera del mito, nos da a conocer al poeta en toda su naturaleza, sobre todo aquellos años de formación de suma importancia para entender su obra.
Gonzalo Arango es un poeta y hombre que siempre deberá tenerse en cuenta cuando hablemos de literatura colombiana, "El nadaismo", su movimiento, levantó olas, atentó de frente y sin cortapisas contra el clero, la clase dirigente y por su puesto las vacas sagradas de nuestras letras. En este blog, hay artículos que relevan todo lo que significó para la historia de la literatura, la toma por asalto de la palabra por estos hombres excepcionales. Hay críticas y análisis, muy claros y rigurosos, que le restan importancia, de hecho, este movimiento abrevo en movimientos de mucha resonancia en el mundo, como los surrealistas, aspecto que no le quita valor.  
Un texto, tomado de la biblioteca, es una apertura  a un universo infinito, el encuentro con mil historias, autores y por su puesto revivir momentos personales con textos olvidados.
Recomiendo este libro en particular, es importante para conocer a dos autores que indudablemente cuentan para la historia de la literatura colombiana.





domingo, 23 de junio de 2019

MI BIBLOTECA


Por efectos de un trasteo, algo así como un castigo, tuve que volver a ordenar mi biblioteca, tener cada libro de nuevo entre mis manos, para recordar porque lo he adquirido, qué me atrajo, cual es la relación con el autor y qué me evoca, fue un ejercicio nostálgico, agradable, el itinerario de mis lecturas, afirmar mi pasión por los libros, pasión que se ha convertido en la justificación de mi días y la única manera de comprender mi atribulada vida: El conocimiento y la lectura, el amor por la filosofía y la obsesión por la novela, el encuentro con aquellos versos que me enseñaron la exaltación lúcida desde la palabra: El poema, cuando comprendí la fuerza específica de las palabras y todo lo que podemos hacer con ellas, entendí muchas aspectos de la naturaleza humana.
Recordé la importancia de las enciclopedias en mi formación, ahora obsoletas gracias al internet. Borges fue un hombre enciclopédico, le tuvo mucho aprecio a las grandes enciclopedias, de hecho sus primeras lecturas fueron realizadas en estos volúmenes.  Mi padre, compró una enciclopedia en 20 volúmenes, “La universitas” de Salvat editores, fue el encuentro con el conocimiento universal, tuve contacto por primera vez con la ciencia, con la historia, con la biografía y por su puesto con la literatura y el ensayo. Desde estos índices asumí una especie de orden en mis lecturas, orden que aún prevalece.  Aún está conmigo y muchas veces cuando quiero asumir lecturas relajantes, voy a cualquier tomo y de hecho revivo lecturas y temas olvidados. También en 20 tomos y por mi padre tengo los clásicos, desde el Quijote, Montaigne, Dante, Rousseau, hasta los poetas castellanos. Con prólogos de Alfonso Reyes, Borges y German Arciniegas entre otros.
He sido un lector desordenado, avaro, tengo preferencias por autores que hoy casi nadie leería. Siempre he estado atento a la literatura colombiana, a los autores norteamericanos y la novela francesa del siglo XIX, así como a la gran novela rusa. Esto no me impide leer novelistas contemporáneos, menos arriesgar con los autores jóvenes.
Trabajé la fiflosofía Griega, leí a Foucault, Derrida, Heidegger y por su puesto Nietzsche.  Cada texto que tomo en mis manos evoca tiempos de luchas intelectuales inexplicablemente olvidadas. George Steiner, Umberto Eco, Alfonso Reyes, Octavio Paz y Borges, Gabo, Vargas Llosa (El Boom latinoamericano), Bolaños, son autores de mi preferencia, siempre vuelvo a ellos y de hecho estimulan y me llevan a relecturas e itinerarios relajantes.
Son muchos los textos, me fascina este recorrido. La novela y la poesía colombiana completa, los ensayos sobre la misma, la novela inglesa clásica, los grandes ensayos desde el movimiento posmoderno francés que generó con la deconstrucción tanta polémica. Todo Sartre, Camus, Cioran, Kundera.
Textos de economía, sobre la globalización, de geopolítica, la historia de las ciencias, poesía, narrativa. Ahí están, listos para ser leídos o de nuevo abiertos, en una especie de convivencia lúcida. Sería interminable hablar de cada libro, pero para lectores anodinos y sin importancia como el suscrito, estos ejercicios constituyen todo en la vida, la justifican, además de ser grata compañía a la espera del momento final.





jueves, 13 de junio de 2019

BOGOTÁ 39: VOCES PARA CONTAR LATINOAMÉRICA



Hay una renovada pléyade de escritores en plena consolidación, publico este artículo de “El país” de España, es importante hacerle seguimiento al itinerario creativo de esta generaciòn. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE HUERTAS

FRANCESCO MANETTO
19 ENE 2018 - 19:45

La lista de autores del continente menores de 40 años que promueve el Hay Festival de Cartagena de Indias propone una ventana a lo que une y distancia a esta generación
Gabriel García Márquez terminó de escribir Cien años de soledad a los 39. Esa es la edad de corte establecida para la selección de talentos literarios latinoamericanos promovida por el Hay Festival y que la semana que viene se presentará en Cartagena de Indias. Hablar de esta lista, Bogotá 39, implica una suerte de ejercicio de numerología. Se trata de 39 escritores de ficción que aún no han cumplido los 40. Provienen de 15 países. Sus nombres se dieron a conocer en mayo, 10 años después de la primera edición de esta iniciativa. Representan, de alguna manera, una generación. Algunas de las mejores mentes de su generación. 39 propuestas para seguir leyendo.
Entre ellos figuran el cubano Carlos Manuel Álvarez; los colombianos Felipe Restrepo Pombo (director de la revista Gatopardo), Giuseppe Caputo y Juan Cárdenas; los mexicanos Valeria Luiselli y Emiliano Monge; los argentinos Samanta Schweblin y Mauro Libertella; los peruanos María José Caro, Claudia Ulloa Donoso y Juan Manuel Robles; el dominicano Frank Báez; el ecuatoriano Mauro Javier Cárdenas; el chileno Gonzalo Eltesch. Los eligió un jurado formado por los escritores Leila Guerriero, Carmen Boullosa y Darío Jaramillo e integran una antología editada por Galaxia Gutenberg (a la venta el 31 de enero), que se propone “celebrar la buena literatura” y reflejar la diversidad de las letras latinoamericanas.
Cualquier selección de este tipo plantea preguntas e invita a formular hipótesis sobre sus hilos conductores y la naturaleza de los escogidos. Bogotá 39 no pretende ser un canon, algo que por definición solo puede existir a posteriori. Sugiere más bien una conversación generacional en la que destacan los lazos, los vínculos personales, el registro de la primera persona, la narración autobiográfica y la literatura de las pequeñas cosas, pero también la violencia, los entornos urbanos, la idea de frontera o la búsqueda de la representación política a través de códigos no convencionales.

El empeño no es nuevo. Hay una cierta historia de la literatura latino­americana contada a golpe de listas y generaciones. Del casi omnipresente boom de los sesenta a su reacción de McOndo, materializada en una antología publicada en Santiago de Chile en 1996. Lengua de Trapo lanzó en 1997 otra recopilación, Líneas aéreas, y Páginas de Espuma compila cuentos desde 2002 en su serie Pequeñas resistencias. Y si la revista Granta eligió en 2010 a los 22 narradores jóvenes en español, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) promovió el año siguiente el programa Los 25 secretos mejor guardados de América Latina, y en 2016, Ochenteros, una aproximación estética delimitada por la década del nacimiento de los elegidos. En ese hilo crítico, Bogotá 39 pretende ser una hipótesis de futuro, como lo fue la primera selección, que acertó en bastantes de los nombres que osó aventurar.

“La lista es un poco una apuesta. Pero no creo que sea cerrada, definitiva. Si hubiera pensado que aspiraba a lista canónica, no hubiera podido poner un solo voto. De haber cambiado una sola persona del jurado hubiera sido distinta”, explica Guerriero. Jaramillo considera, con todo, que hay algunos nombres indiscutibles. Uno de ellos es Valeria Luiselli, mexicana, nacida en 1983 y radicada en Nueva York. “A pesar de que hace unos años habría dicho que no hay tal cosa como una nueva generación, a medida que van pasando los años, sí es verdad que hay una conversación muy viva de autores que escriben en una misma lengua. La tengo en modo constante y profundo con gente de mi edad”, continúa. “Algunas de esas personas [de la lista] nunca las he visto, pero sí las he leído”. Y esta forma de comunicar genera un diálogo, aunque no sea literal en algunos casos, sobre la diversidad poética, de las formas, el interés por cómo abordar la actualidad, incluso las reflexiones sobre la circulación de los libros en español entre las dos orillas del Atlántico.
Bogotá 39 se publicará en colaboración con 14 editoriales independientes. Y es precisamente el papel que han desempeñado algunos pequeños sellos lo que está empezando a agitar el sector. Esta lista coincide, señala José Hamad, “con algo muy importante que revela un cambio de paradigma”. El trabajo de editoriales como la mexicana Sexto Piso —a la que Hamad se acaba de incorporar como editor tras años de trabajo como cazatalentos literario—, la argentina Eterna Cadencia o la chilena Laurel está contribuyendo a una suerte de emancipación de los narradores latinoamericanos. “Tradicionalmente, había que pasar por Barcelona o Madrid para obtener una legitimación”, continúa Hamad. Ahora “solo hay cinco autores que se publican originalmente en España en esa lista”. Solo la mitad, además, se podían encontrar hasta ahora en las librerías españolas. Las editoriales independientes han dado el primer paso para competir en sus territorios con los grandes grupos. Un fenómeno que abre la puerta a la descentralización y que supone un giro con respecto al pasado reciente.
“Un número significativo salió de escuelas universitarias de creación literaria”, continúa Jaramillo. Se dedican al oficio de escribir en distintos terrenos, del periodismo a la edición, pasando por la producción audiovisual o el teatro. Varios de ellos ya han publicado sus trabajos auspiciados por grandes grupos. Random House tiene ocho autores en la lista, aunque solo dos publicaron su primer libro con esa editorial. Y hay 13 mujeres. El jurado rechazó las cuotas preestablecidas. “Nunca pensamos cuántos hombres y cuántas mujeres teníamos que meter”, asegura Jaramillo, aunque la proporción femenina en el elenco final es más alta que la inicial. En definitiva, incide Guerriero, prevaleció la “libertad de los criterios de cada uno”.

“Creo que nuestra generación recuperó dos cosas que habían perdido prestigio y se veían con desconfianza en las anteriores: el interés por las vanguardias históricas o por las zonas poco exploradas de la tradición y la toma de posición política”, razona Juan Cárdenas. “Lo llamativo es que eso no ha significado que se nos pueda encasillar en un espacio ideológico cerrado ni en una estética precisa. Basta comparar a Emiliano Monge con Eduardo Rabasa y a estos dos con Giuseppe Caputo para ver que estamos en el mismo territorio, pero haciendo cosas muy distintas”. Este último habla de violencia en un país como Colombia, azotado por más de medio siglo de conflicto armado, desvinculándola del imaginario colectivo y planteando un dilema ético y estético: “¿Cómo podemos estar cerca de la representación de la violencia sin crear más violencia?”, se pregunta.

“Los 39 que quedamos podrían ser perfectamente otros 39, y eso habla de una calidad muy grande de lo que se escribe en el continente”, apunta Felipe Restrepo Pombo. “Los del boom tenían vínculos, fueron unidos por Carmen Balcells, fue un proyecto editorial y literario. Aquí vivimos en diferentes países, vivimos muy lejos y creo que tenemos preocupaciones diferentes. Juan Gabriel Vásquez, que formó parte de la primera selección de Bogotá 39 junto a Daniel Alarcón, Guadalupe Nettel o Junot Díaz, describe de forma gráfica esta brecha generacional, aunque lo hace con la advertencia de que se trata de una aproximación. “Una de las maneras de explicar la distancia del boom con nosotros es el cambio del gran angular al microscopio. La presa mayor del boom eran esas novelas que eran un gran fresco de una situación”. Con el paso del tiempo, muchos empezaron a echar mano de la primera persona, del punto de vista. Para Vásquez, entrar en la lista supuso comenzar una conversación con otros autores. “Lo fantástico en el descubrimiento es cuánto nos unen las diferencias, cuánto nos une la atomización de los gustos, la diferencia de intereses”.
Otro de los narradores incluidos en 2007, Ricardo Silva, considera que algo ha cambiado en la década que media entre una y otra lista: la revolución de las redes sociales, que supone un cambio de paradigma para la comunicación y, al mismo tiempo, curte a quien escribe ante el juicio, a menudo gregario, del público. “Vivimos y escribimos en una época de la inmediatez”, agrega Restrepo Pombo sobre ese feedback instantáneo que ofrecen las redes.

Gabo, en cambio, tuvo que esperar casi un año para que la editorial Sudamericana publicara en Buenos Aires las historias de los Buendía. Fue en junio de 1967. Pero entonces el premio Nobel ya había cumplido 40 años.

Hay Festival Cartagena de Indias (Colombia). Del 25 al 28 de enero.

‘Bogotá 39. Nuevas voces de ficción latinoamericanas’, editado por Galaxia Gutenberg, se publicará el 31 de enero.





sábado, 25 de mayo de 2019

MARCEL SCHOWB


Gracias al furtivo encuentro con una alumna de literatura de la universidad Bolivariana de Medellín Colombia volví por este grande de las letras, memorable por ser el precursor de tantos escritores. En una columna de Enrique Vilas Matta en el periódico “El país” de España apuntaba con lucidez al respecto: “Y pensar que hubo un tiempo en que este escritor estuvo olvidado. Se cuenta que allá por los años cuarenta sólo le conocían de verdad en Argentina, donde no había librería ni biblioteca ni sala de espera de un dentista que no tuviera un ejemplar de Vidas imaginarias. La culpa, claro, era de Borges (1), que en 1935 publicó Historia universal de la infamia, inscribiéndose en la estela del autor francés”. Estoy tratando de leer con juicio “Vidas paralelas “de Petrarca y de hecho, busque las alusiones de Alfonso Reyes sobre este texto, dos cosas me quedaron claro ahora que abrevo en el mundo Grecolatino, el mundo clásico, es un universo de una riqueza absoluta, allí se encuentra todo lo pertinente a la naturaleza humana en el fragor de la tragedia. De alguna manera, Marcel Schowb, me evoca siempre estas referencias desde relatos encantadores que tanto gustaron y le sirvieron a Borges, quien fue un divulgador riguroso de su obra.
Es curioso el olvido en que caen ciertos autores de una riqueza textual importante y reconocida por los grandes prosistas: “Una lista selecta de sucesores de Schwob no podría olvidarse de cómo El libro de Monelle (1894) inspiró a André Gide. Y de cómo la estructura de La cruzada de los niños (1896) prefiguró Mientras agonizo, de William Faulkner. En cuanto a Vidas imaginarias, su sombra es alargada: Fleur Jaeggy, Juan Rodolfo Wilcock, Pierre Michon (Vidas minúsculas), Moisés Mori, Danilo Kiš, Antonio Tabucchi (su biografía breve de Antero de Quental en Dama de Porto Pim), Gérard Macé, Rodrigo Fresán (La parte soñada), Roberto Bolaño (La literatura nazi en América)”. Esta lista excluyó al italiano Antonio Tabucchi, es un caso aparte y amerita un estudio especial. Hay una descripción en el prologo de “Vidas imaginarias” que deja ver a este excelso escritor con todo el poder evocador, es magistral: “"Ayer Schwob estuvo en casa hasta las dos de la mañana. Me pareció como si tomara entre sus dedos finos mi cerebro y le diera vueltas, poniéndolo a la luz. Hablaba de Esquilo, comparándolo con Rodin. Analizaba Los siete contra Tebas y la rivalidad de Eteocles y Polínices y la manera geométrica, arquitectural, en que esta obra se halla compuesta: tantos enemigos contra tantos, tantos versos, diez por ejemplo, para cada jefe. . . De pronto la lámpara se apagó. Encendí las velas del piano. El rostro de Schwob quedó en la sombra. Siento que ese muchacho ejercerá en mí una influencia enorme." La tragedia humana se repite de muchas maneras, los problemas del hombre no han rebasado la visión de los Griegos. Lo entendió Marcel, Josep Conrad, Stevenson. Ahora, lo importante de este autor lo constituye su prosa bien hilvanada,  sin la exagerada  adjetivación de estos tiempos, lo simple se vuelve complejo, sus puntuales evocaciones a lo clásico. Bolaños, el gran escritor chileno apunto por ello: “Pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges”, en uno de sus Consejos sobre el arte de escribir cuentos”.
Vilas Matta, remata el artículo con un dato significativo sobre el precursor máximo de Marcel Schowb: “Nos gusta evocarle joven, en plena “conmoción imaginativa” al descubrir en un ferrocarril la prosa de Stevenson. Porque, dicho sea de paso y casi susurrado, Schwob desciende del escritor escocés. Algunos años después del momento epifánico, intactos todavía los efectos de aquella decisiva conmoción, Schwob contó el instante: se había llevado La isla del tesoro para un largo viaje en tren hacia el sur y había empezado su lectura bajo la temblorosa luz de una lámpara de ferrocarril. La aurora meridional teñía de rojo las ventanillas del vagón cuando despertó del sueño del libro, como Jim Hawkins tras el graznido del loro, y vio que tenía ante sus ojos a John Silver y una botella de ron, y que todo flotaba en el viento marino. “Entonces supe que había sucumbido al poder de un nuevo creador de literatura”, escribiría Schwob”.
Volver a Schowb, a Stevenson, a los ensayos de Montaigne, a los grandes cuentistas como Maupassant, a Alfonso Reyes, Octavio Paz y por su puesto Borges siempre será grato.  

(1) En este sentido, André Marcel Mayel (1867-1905), más conocido como Marcel Schwob, nos puede ilustrar perfectamente acerca de esa importancia que la literatura de Grecia y Roma tuvo para la estética moderna. Jorge Luis Borges explica claramente cuál es el signo distintivo de estos pequeños relatos de Schwob: “Para su escritura inventó un método curioso. Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos” (OC 3: 486). Buena representación de la estética simbolista son estas “vidas imaginarias”, cuyos rasgos básicos podemos resumir, a nuestro juicio, en tres:
(a) La brevedad es uno de los rasgos fundamentales, dado que, como el propio Schwob expresa en su “Prefacio”, sólo pretende rescatar algunos hechos recónditos de cada personaje, de ahí que lo anecdótico y lo mínimo cobre una importancia esencial en sus relatos.
(b) Las vidas se encuentran repletas de elementos visionarios y oníricos, unidos en otros casos a aspectos sórdidos. Estos las convierten en
misteriosas y a veces crípticas.
(c) En tercer lugar, cuando se recrean vidas de escritores, sus biografías van a confundirse deliberadamente con sus propias ficciones
literarias, logrando así un texto de marcado carácter metaliterario. ( Francisco García Jurado)