sábado, 12 de julio de 2014

JOHN BANVILLE

La última novela que leí de este excelente escritor Irlandés fue “El mar”, ha ganado premios como el Booker, Frank Kafka, Leteo, Nonino, American-Irish Foundation o el premio Asuríaco de Literatura Europea Booker en 2005. Este año recibió con todo justicia el príncipe de Asturias según el jurado reunido en Oviedo, lo premia por "su inteligente, honda y original creación novelesca" y, "a su otro yo", Benjamin Black -el pseudónimo que utiliza para escribir novela negra-, por sus "turbadoras y críticas novelas policiacas". Desdeñó la academia, viajó mucho regresando a su país para dedicarse de lleno   a la literatura.
Winston Manrique Sabogal,escribe con el tono siempre adecuado de sus comentarios literarios, acertados y de una textura absolutamente lúcida sobre su obra: “porque el novelista irlandés es el creador de exquisitos e inquietantes universos privados y emocionales en obras como Eclipse, El mar (Anagrama) o Antigua luz (Alfaguara); también el creador de zonas más oscuras con su álter ego Benjamin Black en la novela policíaca; y no contento con eso, y bajo el nombre de Black se atrevió a revivir a Philip Marlowe, el célebre detective creado por Raymond Chandler”.
Bamville describe los eventos más truculentos de la naturaleza humana, descarnados, asesinatos, develando las pasiones más bajas: la ambición, la lucha por el poder, la envidia inscrita en el ADN social de la humanidad desde tiempos inmemoriales, de la mano de sus personajes, quienes son estereotipos tomados de la  sociedad, los que se ocultan sutilmente en su entramado, pero hacen parte de la cotidianidad urbana, se producen a granel, descifrando al hombre en todas sus imposturas y describiendo las acciones más bajas, con una narración depurada, contrario a las novelas de este tipo, su prosa refleja el cuidado de un escritor riguroso y talentoso, con un lenguaje brillante,  en las novelas de este orden sobrepasa los tecnicismos que el formato exige, su estética corresponde a los textos más excelsos de la literatura Europea..
El acta del jurado definió su narrativa de manera muy acertada: "Cada creación suya atrae y deleita por la maestría en el desarrollo de la trama y en el dominio de los registros y matices expresivos, y por su reflexión sobre los secretos del corazón humano".
Hace más de diez años le vengo leyendo con cierta paranoia, Benjamin Black el hombre central de sus novelas policiacas, pasará a la historia como uno de los grandes personajes de la novela negra.
En la reseña de su texto “Copérnico”, la cual aconsejo  leer,  establece: “Le interesan los personajes ambivalentes y obsesivos que procuran aliviar su infelicidad a través del conocimiento”. La tetralogía se le agregaría “Mefisto” y la “Carta de Newton”, todas ellas ahondan en los intricados procesos mentales desde la perspectiva del creador que compite con Dios.
Es gratificante cuando confirmamos las calidades de lo que leemos a través de premios cuya seriedad está descontada. No por prurito ni vanidad, simplemente para confirmar las virtudes de un género literario que está en plena efervescencia. “Heredero de la literatura de Nabokov, al que admira desde su juventud, de su estilo destaca la cuidada construcción de cada frase, unidad básica de su literatura y la narración en primera persona. Todo ello y en muchos casos aderezado por su humor negro”.
“De su producción literaria sobresale «El intocable» (1985), «El libro de las pruebas» (1989), con el que fue finalista al prestigioso Premio Booker, «Eclipse» (2000) o «El mar» (2005), que muchos consideran su obra maestra y que fue reconocida con el Booker en 2005 y el Irish Book Award en 2006.
Su novela más reciente es «Antigua luz» (2012), donde retoma personajes y narradores de otras historias y donde mezcla sexo, intriga y melodrama”.
El universo literario de este narrador Irlandés es muy vasto. Se ha preocupado por hacer buena literatura. En un artículo posterior hablaremos del mismo con el rigor que este amerita. Solo queda decir que este escritor es de mi total preferencia.






lunes, 30 de junio de 2014

ALREDEDOR DE UN BUEN CAFÉ




Siempre trato de escribir desde la perspectiva de un impenitente lector, busco trasmitir mis impresiones sobre textos que en mi modesta opinión ameritan replicarse y autores de mi preferencia. Colombia se inventó unos fines de semana largos con una ley llamada Emiliani, nombre del legislador ponente que traslada los festivos para el lunes, creando eso que llamamos puentes, que le permiten un respiro a la vida, tres días libres para leer y otear, generando a la vez para la industria del turismo un aire a sus ingresos. Entre junio y julio hay tres seguidos.

En este fin de semana vi un video en YOTUBE del excelente periodista y escritor Sergio Gonzales Rodríguez que es importante que conozcan, es un verdadero desciframiento sobre lo que sucede en México de hoy:


Es impresionante todo lo que se puede ver desde este portal: entrevistas, biografías y conversatorios, todos importantes para entender el mundo desde una perspectiva más seria y precisa, por fuera de los estándares del mercado, debemos  realizar un inventario de lo que tenemos a mano en el mismo, sería de suma importancia.
En el “Boomerang, el portal de escritores de “El país” de España, donde siempre me acerco a muchos narradores, me encontré en el blog de Jorge Volpi un comentario  a propósito de la creación de una comisión sobre la familia creada por el senado Méxicano para legislar sobre la misma lógicamente, que le da un poder de interpretación y de penetración inconmensurable, que es en el fondo lo que queremos evitar a toda costa y realmente no hemos podido, somos impotentes al respecto, bastante tenemos con los medios masivos quienes no sólo dominan lo que pensamos, lo que imaginamos, lo que consumimos, sino lo que soñamos. Ahora se viene el tercer poder legislando sobre lo humano y lo divino, eso está pasando en México. Mire lo que dice Volpi:
  “Los avances sociales -y éticos- de una sociedad se encuentran justo en esas materias de las que ya no se puede hablar. Decir, y decir desde una posición de poder, que cualquier tema puede ser discutido es lo contrario de un avance democrático: una aberración y un pretexto para discriminar a quienes no piensan o actúan como nosotros (o la "abrumadora mayoría"). Así como ya resulta impensable discutir si los negros o los indígenas son inferiores, también debería resultar impensable discutir sobre la inferioridad de otras personas a causa de sus preferencias sexuales o a su estado civil. Hablar de una Familia es, ni más ni menos, como hablar de una Religión: un resabio medieval que sigue llegando a nosotros por obra y gracia de la Iglesia. La obligación de cualquier Estado democrático no es velar por lo que quiere la mayoría, así sea del 99 por ciento, sino asegurar que todas las personas sean tratadas de forma equivalente. Es lamentable que el Senado de la República y en particular los miembros de los partidos que no pertenecen a la derecha conservadora no se den cuenta del daño que le hacen al país al permitir la existencia de una comisión como ésta. No existe la Gran Familia Mexicana: lo que existe una gran variedad de familias y la obligación del Estado consiste en proteger a cada una de ellas -en especial de quienes creen que sólo existe Una”.
Este es un tema muy serio, llevo muchos años trabajándolo desde la obra de Foucault.
En el Boomerang encontré un texto sobre la melancolía de Vicente Verdu realmente diferente, esta es una sociedad depresiva y melancólica:


“MELANCOLÍA Y EVAPORACIÓN”


La melancolía es una emoción especialmente disolvente. Fluida y alcohólica como es, se infiltra en cualquier articulación del alma y ataca como un  líquido alcohólico los tejidos más dispares por donde escuece.
No hay además métodos fáciles para enjugar su influencia puesto que la melancolía nace de una fuente inmanente y al cabo de un periodo ha empapado la totalidad de los diferentes espacios emotivos. De ahí que frente a  la melancolía logre poco efecto el sentido del humor, que es un secativo, ni tampoco la objetivación que es especialmente apta para quedar apresada en su seno. De hecho la melancolía opera en dos eficientes direcciones. Una hacia el interior donde crea su angustioso charco característico  y hacia el exterior como un glaucoma que anega de niebla la contemplación y, en consecuencia, la posible valoración de todas las circunstancias, incluso las mejores. Anega todas ellas y al humedecerlas las hace siempre valer menos y perder la posible firmeza de su entidad.
Ciertamente le sobrevendrán acontecimientos positivos al melancólico que podrían compensarle de su aflicción pero debido a su mucilaginosa perspectiva  se le presentarán posiblemente muy mojados. Hechos desmedrados por el aguacero melancólico y perjudicados encima  por la composición alcohólica de esa llorosa lluvia. No hay pues otro remedio que esperar a que la situación escampe. Ninguna  melancolía acantona o alivia la anterior, sino que, por el contrario, toda melancolía fluye hacia un nuevo episodio melancólico y la solución no llega sino paradójicamente por la solución. En tanto la melancolía es un disolvente cabe esperar que corroa a toda  materia que se le aproxima pero siendo un disolvente cabe también que termine por corroer su originario corazón. La muerte de la melancolía llega así bien por la extinción mortal del melancólico, incapaz ya de emitir más triste humedad o por suicidio orgánico de esa emoción que, alcoholizada, pierde el juicio y deriva en su cirrosis polvorienta donde toda gota de líquido desaparece por implacable evaporación”.
Este texto de Félix De Azua en el mismo portal es muy bello:

LARGO VIAJE HACIA LA TRANSPARENCIA

Nunca llegué a leerlo, aunque era el libro que más me atraía en la biblioteca de mis padres. Seguramente me cautivaba el título, tan seductor como repelente. Se llamaba Primavera mortal y lo había escrito un húngaro entonces extensamente leído, pero hoy desaparecido, Lajos Zilahy. Creo que en posteriores ediciones se le cambió el título por otro más comercial,Primavera mortífera. Se me asociaba con un verso famoso: Abril es el más cruel de los meses. Un verso a veces profético.
    La última primavera está siendo especialmente mortífera con mis amigos, Ana María Moix, Leopoldo Panero, José María Castellet... ojalá que García Márquez sea tan sólo su invitado final. Ahora le veo, en algún momento del siglo pasado, abriendo la puerta de su modesto apartamento en la calle de la República Argentina de Barcelona, donde tenía que entregarle unas galeradas de parte de Carlos Barral. Vestía un chándal azul prusia, muy notable en una época en la que aún no se había aprobado el chándal ni siquiera como prenda casera. Sonaba una música y con el desparpajo de la juventud le dije que era una de mis piezas favoritas. Le llamó la atención y me hizo pasar para terminar de oírla. "Es usted la primera persona que conozco que la conoce", dijo con aquella facilidad para el juego de palabras tan típico de su generación. A partir de entonces siempre que nos veíamos me hablaba de aquel cuarteto de Bartók y yo le comentaba que era el único escritor que conocía que lo conocía.
    Menos la última vez, hará cosa de cinco años. Fue en casa de Carmen y con los encantadores Feduchis. En algún momento de la comida salió a relucir el bello soneto anónimo que comienza con el verso, No me mueve mi Dios para quererte. Comenzó a recitarlo Luis Feduchi, pero se le añadió García Márquez y lo dijeron a capella. Siguió luego una conversación sobre asuntos generales hasta que la interrumpió la voz de Gabo que comenzó de nuevo con No me mueve mi Dios para quererte. Luis se unió también en esta ocasión al recitado. La escena se repitió diez o doce veces. Luis le siguió en todos los recitados. Gabo decía los versos lentamente, como si los paladeara, y a veces con los ojos cerrados.
Podría haber sido una broma muy de los años setenta. Recuerdo escenas similares con amigos recitando una y otra vez un verso, un poema, un fragmento de novela. En mi grupo de colegas, casi todos escritores, podíamos repetir docenas de veces: Es cierto, el viajero que saliendo de Región pretende llegar a su sierra siguiendo el antiguo camino real... Cualquier ocasión era buena para ello, nadie podía pronunciar la frase "es cierto..." sin que se le echara encima la jauría presente para continuar la cita a coro y luego repetirla a lo largo de la noche tantas veces como aguantáramos hasta aburrirnos.
Pero esta vez no era ninguna broma. Aunque yo diría (no lo sé, por supuesto) que García Márquez no tenía creencias religiosas, aquel soneto, como cualquier obra maestra del lenguaje, le permitía participar de toda la esperanza, de todo el consuelo que suele aportar una religión. La perfección de la palabra escrita con arte, el resplandor de la verdad que lleva consigo, bastan para entender que el sentido de nuestras vidas es exactamente aquel que nosotros le damos, el que alcanzamos a cristalizar en algunos momentos excepcionales. Así podríamos nosotros ahora, si esto fuera una comida de amigos y lectores, comenzar a repetir una y otra vez, Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo. Porque quizás en esta frase se encuentre el sentido mismo de la vida de García Márquez, así como la de Región resume de modo extraordinario la vida de Benet, aquel viajero que para llegar a donde quería, siguiendo el antiguo camino real, no podía dejar de atravesar un pequeño y elevado desierto que parece interminable. Comienzos de obras inmortales que son también reflejos de vidas completas.
El segundo verso del soneto anónimo añade una causa determinante al primer verso: No me mueve mi Dios para quererte/ el cielo que me tienes prometido. Para amar algo, sea un dios, una compañía, un soneto, un paraje o la literatura misma, no es necesario que veamos en ello una garantía de felicidad, como pretendía Keats, para quien la belleza encerraba siempre una promesa de gozo perpetuo ya que nunca se marchitaba: Lo hermoso es alegría para siempre/ su encanto se acrecienta y nunca vuelve a la nada, dice el poeta en la traducción de Irene.
El verso es muy bonito, A thing of beauty is a joy for ever, pero es falso. El gozo de la belleza es pasajero y siempre vuelve a la nada. Ese es precisamente su encanto, que es efímero y debe ser tomado al vuelo, dura un instante y desaparece. Es la pequeña estrella shakespeariana que uno desearía ver danzar en la palma de la mano y observar su centelleo durante años y años placenteros, pero el lugar de la estrella es el firmamento en donde parpadea durante unas horas y ni siquiera podemos saber si su luz viene de un astro vivo o de una estrella muerta.
Por esta razón cuando queremos a alguien o algo no suelen movernos sus promesas de felicidad sino más bien su naturaleza transitoria, fugaz, la belleza de su paso ígneo antes de fundirse en la helada luna de la noche sin fin. Participar de esa fugacidad es la auténtica alegría, acabe como acabe. Así lo decía Ishmael, tras la catástrofe del capitán Ahab y su velero, el Pequod: él estaba allí y por eso pudo contarlo, porque todo lo vio y participó del instante en que el gigantesco Leviatán engulle en las simas del océano al infame, al obsesivo, al destructivo perseguidor de Moby-Dick. También en las destrucciones hay una chispa de belleza cuando la destrucción arrastra al maligno.
Y allí, frente al pelotón de fusilamiento, está también el testigo de una destrucción, esta vez definitiva, con su último recuerdo. En el chispazo que va a llevarle a las simas de la nada, el coronel vislumbra la posible razón de toda su existencia, aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo. Suelen decir algunos escritores que en el momento preciso de la muerte, un instante antes de que se abra la puerta del sueño eterno, toda nuestra vida circula velozmente por una memoria que se despide de sí misma. Prefiero pensar que más bien la memoria elige un instante privilegiado, un momento en el que se concentra todo el sentido posible de nuestra existencia, y con él nos ensimisma. El caso más exacto y precioso que conozco es el que relata Ambrose Bierce en El puente sobre el río del búho.
Como el hombre del cuento de Bierce, que va a morir de un momento a otro sobre el funesto río de Alabama, no sin que antes la memoria le arranque del presente con una prodigiosa mano mágica, así también el coronel, erguido ante la muerte, recibe la visita de un recuerdo específico e imborrable, aquel día en que su padre le llevó a  conocer el hielo. Y no es que su padre "le enseñara" o "le mostrara" el hielo, es que le llevó a "conocerlo". Tantos niños han esperado impacientemente a conocer el mar, a conocer la caza del oso, a conocer el amor, a conocer el mundo, a conocer la victoria, que el conocimiento del hielo es una hipérbole magnífica de todas las desesperadas ilusiones de la infancia.
El cielo que nos tiene prometido, la inmarchitable belleza eterna, el siempre te amaré, la estrella cautiva, la perduración de lo maravilloso, se truecan, en el instante supremo, en un radiante pedazo de hielo, en el remolino espumoso de la ballena blanca hundiéndose para siempre, en la estrella que se posa en tu mano durante unos segundos. A cada cual, según sus merecimientos.
Gabriel García Márquez sabe ahora cómo es el alma invisible del hielo. Fortuna será, para cada uno de nosotros, alcanzar a ver con luminosa claridad, en el relámpago previo a la oscuridad eterna, cuál ha sido nuestro ya ineludible cielo prometido.




jueves, 26 de junio de 2014

CARTA NUMERO 2 DE RESPUESTA A XIMENA RESTREPO


Estoy gratamente impresionado por el tono de su carta, siento el tenue candor de una feminidad tácitamente expuesta y una sinceridad esquiva de toda arrogancia.  El tema entre lo que uno debe leer y lo que le apasiona es un verdadero viacrucis, pero resulta ser  una lúcida diatriba  que le acompañará toda la vida. Usted trajo a colación la literatura africana, le cuento que estoy seriamente comprometido en su estudio y la lectura rigurosa de la misma, he descubierto en esta exploración, no solamente su riqueza sino el rigor  absoluto de la misma, como el jazz, está cargada de una tristeza ancestral y una especie de grito profundo, de dolor contenido. Tiene mucha influencia de la literatura inglesa y por lo tanto es poco barroca y más bien su prosa es esencial, depurada, en este punto tiene una sustancial diferencia con los autores latinoamericanos muy a pesar de haber trasegado por algunos recorridos similares, como el costumbrismo por ejemplo, para solo citar uno, sus diferencias son muy marcadas. Mi exploración apenas empieza, pero estoy muy juicioso.

Son las dos y media de la mañana, está lloviendo, recuerdo las lluvias eternas que cita Gabo del Bogotá que siempre detestó en contraposición a su adorado caribe. Cuando  se refiere a sus lecturas, abres el interrogante entre lo que se debes leer y  lo que se quiere verdaderamente leer, , se vuelve al tema sobre los textos que son esenciales en una formación literaria y aquellos que nos apasionan. Recodé dos libros: “El arte de la novela” de Kundera y “porqué leer los clásicos” de Ítalo Calvino. En la primera, el autor Checo, con el que estoy totalmente de acuerdo, expresa que  la novela ha descrito al hombre en toda su esencia  muy por encima de la ciencia y en la segunda el italiano hace un estudio detallado de los clásicos desde la condición de lector impenitente.
Dice textualmente Kundera: ”La novela acompaña constante y fielmente al hombre desde el comienzo de la Edad Moderna. La "pasión de conocer" (que Husserl considera como la esencia de la espiritualidad europea) se ha adueñado de ella para que escudriñe la vida concreta del hombre y la proteja contra "el olvido del ser"; para que mantenga "el mundo de la vida" bajo una iluminación perpetua. En ese sentido comprendo y comparto la obstinación con que Hermann Broch repetía: descubrir lo que sólo una novela puede descubrir es la única razón de ser de una novela. La novela que no descubre una parte hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral. El conocimiento es la única moral de la novela”. La novela como el cine ha tocado todas las tragedias humanas.

Viene el otro tema, aquellos libros que es imposible evitar. Digamos que el Quijote en su riqueza no resulta ser esencial para muchos, incluso suele ser aburrido para la mayoría, pero aquellos inmersos en el universo de las letras, sabemos de su importancia y de su riqueza. Son muchos los libros que despiertan igual interrogante, no deja de ser esta una verdadera paradoja.
Vale citar de nuevo a Kundera, pues la literatura es directamente proporcional al conocimiento humano en su riqueza textual. Categoriza en su ensayo sobre la novela: “Cuando Dios abandonaba lentamente el lugar desde donde había dirigido el universo y su orden de valores, separado el bien del mal y dado un sentido a cada cosa, don Quijote salió de su casa y ya no estuvo en condiciones de reconocer el mundo. Este, en ausencia del Juez supremo, apareció de pronto en una dudosa ambigüedad; la única Verdad divina se descompuso en cientos de verdades relativas que los hombres se repartieron. De este modo nació el mundo de la Edad Moderna y con él la novela, su imagen y modelo”.

Estos son temas que lo encarretan a uno por su riqueza y por la pasión que encubren. En la próxima carta le hablaré del texto de Calvino, que creo usted debe conocer muy bien. Espero sus vacaciones lleguen pronto y las lecturas emprendidas sean de su deleite. Cuídate mucho.





domingo, 22 de junio de 2014

25 AÑOS SIN ANDRÉS HOLGUÍN


Recordamos a Andrés Holguín, el gran intelectual, poeta, traductor, crítico, jurista, profesor, diplomático y colaborador de la HJCK.
La razón, se cumplen 25 años de su muerte, ocurrida el 21 de junio de 1989.

En este aniversario que pasa inadvertido para los masivos medios de comunicación, pero no para los medios culturales, bien vale la pena recordar la trayectoria de quien fue uno de los más importantes intelectuales colombianos.


Andrés Holguín ocupó numerosos cargos públicos, entre ellos, procurador general de la Nación y consejero de Estado. También fue diplomático en París, Roma y Caracas.  El 5 de marzo de 1987, el Consejo Nacional Electoral lo eligió por unanimidad registrador nacional del Estado Civil, cargo al que renunció poco después por motivos de salud. 


Publicó más de veinte libros, entre ensayos, poesía, filosofía y crítica literaria. Fundó el Muro Blanco y El Arké, instituto dedicado a difundir la cultura.

También fue profesor en varias universidades, en especial en la de los Andes, de Bogotá. Allí fundó y dirigió la revista Razón y Fábula. Como periodista, publicó durante varios años su columna "Temas inesperados" en el diario El Tiempo, de Bogotá, con la cual obtuvo el Premio Nacional de Periodismo en la modalidad cultural y en la HJCK colaboró en esta Revista dominical.

Entre sus publicaciones se destacan: Poemas, La tortuga, símbolo del filósofo, Antología crítica de la poesía colombiana, y Notas griegas.

En esta sección recordamos a Andrés Holguín con la grabación de archivo en la que el escritor Germán Arciniegas habla de Andrés Holguín y uno de los comentarios que Holguín presentaba en la Revista dominical HJCK, titulado Perdura el yo.













miércoles, 18 de junio de 2014

LA TENTACIÓN DE SIRACUSA

Me parece un artículo importante
FERNANDO SAVATER
Cuando Martin Heidegger renunció al rectorado de la universidad de Friburgo y regresó a su tarea docente, escarmentado pero no arrepentido de su colaboración con los nazis, un colega le preguntó con ironía: “¿Qué tal tu viaje a Siracusa?”. Aludía al intento de Platón de convertir a Dionisio, tirano de Siracusa, en un rey-filósofo, aventura fracasada que casi le cuesta la vida. Los intelectuales de todos los tiempos siempre han tenido la tentación de meterse en política, consiguiendo muchas veces que fuese la política la que se metiera con ellos. Algunos les han reprochado este afán, como Julien Benda en La trahison des clercs (aunque él mismo no se privó de ejercerlo también), otros en cambio no han cesado de exigirles ese compromiso… para luego afeárselo si no elegían su bando preferido. Una excelente crónica de episodios a lo largo de la historia de la relación entre intelectuales y poder político se encuentra en el libro de César Antonio Molina La caza de los intelectuales(Destino). El autor visitó también Siracusa (fue ministro de Cultura, quizá junto a Jorge Semprún el más generosamente culto de todos) y tiene recuerdos agridulces de esa excursión, de modo que sabe de lo que habla…
Sobre el tema escribió con su penetración habitual Tony Judt, centrándose en los ejemplos franceses, desde Voltaire y Zola los intelectuales par excellence. En Pasado imperfecto (Taurus) se ocupa del periodo entre 1944 y 1956, cuando la definición de cada cual se establecía según su postura ante el comunismo y la Unión Soviética. EnEl peso de la responsabilidad (Taurus) estudia sólo tres figuras emblemáticas —Léon Blum, Albert Camus y Raymond Aron— que fueron ejemplares intelectual y moralmente, cada cual con sus fragilidades o inconsecuencias, a los que conviene lo que Bertrand Russell dijo de Thomas Paine: “Muchos hombres son detestados por sus vicios; él lo fue por sus virtudes”. Ninguno de ellos compartió ese dogma digamosguillotinante (según Judt proviene de la Revolución Francesa) tan extendido, que “todo cambio real se produce y sólo se puede producir de resultas de una ruptura única y tajante. Todo lo que no llegue a ser esa ruptura resulta inadecuado y por tanto fraudulento”. Es una actitud antipolítica, porque la política es esa actividad en la se negocian las diferencias sin la expectativa final de abolirlas alguna vez definitivamente. Los tres autores mencionados fueron denostados políticamente por intentar ser políticos real e intelectualmente.
Ayer se llamaba “mediáticos” a los intelectuales que escribían en la prensa o salían a veces en televisión. Hoy, lo más parecido a un intelectual mediático es probablemente Belén Esteban (aunque ahora haya surgido de las pantallas algún otro Príncipe del Pueblo para hacerle competencia). A algunos se les censura haberse vendido al poder, entendiendo por tal el gobierno o los oligarcas. ¡Ingenuos! El verdadero poder al que hoy ceden los intelectuales es otro, bien descrito por Alan Fienkielkraut: “En los tiempos democráticos, todas las autoridades se hacen sospechosas, salvo la autoridad de la opinión. No hay ningún poder que la sociedad no recuse, excepto precisamente el poder social” (L’identité malhereuse, Stock). Este es el poder irresistible y ante él conozco gente ilustre que responde como aquel político venal descrito por Flaubert, que “pagaría por venderse”.



miércoles, 11 de junio de 2014

CORRESPONDENCIA LITERARIA A XIMENA RESTREPO



XIMENA:
                 Desde ayer estaba que le escribía  un correo como se diría en estos tiempos, actualmente por lo urgente olvidamos lo importante, vivimos inmersos en cosas que no suelen alimentarnos ni espiritualmente y menos materialmente. Paradójico, lo escribí el mismo día que hablamos y no pude enviarlo y menos colgarlo en el blog que fue lo prometido, el tiempo no suele ser nuestro mejor aliado. No me imagino a Flaubert, con su extensa correspondencia en está época, menos a  Proust,  cuyas cartas constituyen una obra aparte. Es curioso, ahora que abrimos este dialogo en torno a a las lecturas, estoy leyendo en estos días entre muchos textos, la correspondencia entre Paul Auster y  J. M Coetzee, publicado por “Anagrama”  sus páginas en apariencia no tienen pretensiones literarias, están llenas frescura y en apariencia levedad, pero van adquiriendo una hondura en la medida de su lectura, al final terminan atrapándonos, lo leemos como si tomáramos café con los autores. La primera disertación es sobre la amistad, es encantadora.
Me sorprendió cuando me contaste que eras de Manizales. Es tierra de buenos escritores, culta, pero sobre todo de excelentes lectores. Alguna vez publiqué en “Papel Salmón” y de hecho vamos con unos amigos a volver a editar un periódico gratuito que se llama “Ludimia”, como el nombre de este blog. Te envié el libro de Burgos Cantor, “La Ceiba de la memoria”, empezaré su lectura para intercambiar impresiones, conozco la obra de Roberto Burgos Cantor, es un hombre culto, su obra critica es formidable, no se sí está recogida en algún texto. En la red hay un trabajo de Angélica María Osorio Espinosa, se llama: “La ceiba de la memoria de Roberto Burgos Cantor y un concepto de africanidad”, leí la introducción y algunos apartes, realmente me pareció muy lúcido[1]. Esta niña conoció al escritor costeño en la presentación del libro en Pereira en 2007, estas impresiones expuestas en la tesis,  lo describen de manera magistral: “Recuerdo entonces que nunca había estado tan cerca del mar como aquella vez cuando se lograban sostener imágenes poéticas con una sintaxis larga, nada breve, nada confusa, hermosas y claras para todos los que allí estábamos. Supuse entonces que era un escritor muy cercano a lo que durante todos esos años habíamos estudiado y considerado literatura y al mismo tiempo, cercano a un deseo individual por escribir de esa misma manera, como si al escucharlo un deseo guardado de escritura se revelara ante mí”.
Solo espero no cansarte con mis disertaciones y espero cambiemos impresiones sobre nuestras lecturas.




[1]http://repositorio.utp.edu.co/dspace/bitstream/11059/3065/1/86344O83.pdf


               

lunes, 2 de junio de 2014

JUAN CARLOS ONETTI


Este personaje de la literatura actuó en la vida como mi cobardía no lo ha permitido hacer con la mía. Desdeñó de la sociedad, la despreció, develó sus imposturas en una obra que se anticipó a toda la grandeza del llamado Boom latinoamericano. Sus textos resultan ser un a priori a esa camada de grandes que engalanaron la literatura hispanoamericana, fue una generación que nos llena de orgullo por la calidad de su obra.  Relevo en Onetti con mucha nostalgia, el existencialismo arraigado de sus narraciones; sus posiciones radicales frente a la vida; lo evasivo con la prensa, evitó a toda costa sus manoseos; fue un solitario irredento, un bebedor de whisky de excelsas cualidades, entregado por completo a la literatura, desde el desarraigo acorde con su visión de la vida.
Su influencia más emblemática fue Willian Faulkner, no solo para armar sus novelas sino para fondearlas con  temas desapacibles. Lo que olvidan algunos de sus críticos más connotados fue que el “Pozo” (1939) se publicó diez años antes de que la literatura existencialista hiciera explosión en Europa, en carta blanca Onetti fue anterior a Sartre y Camus, por lo tanto es su precursor. Ivan Gabriel Villarroel Gonzáles, interpreta con absoluta lucidez esta novela corta, en una tesis magistral llamada “Limites en la escritura” con la cual obtuvo la maestría en la universidad Nacional de Bogotá. Esto escribió: “El pozo” es una novela corta que se describe a sí misma como las memorias de Eladio Linacero; no obstante, Linacero omite numerosos episodios de su vida, cuenta otros oblicuamente y los mezcla con fragmentos de fantasías sin desarrollar. Son unas memorias atípicas que reflejan el carácter escindido del narrador y su conflicto irresoluble con el mundo; están impregnadas no sólo de antipatía por los hechos de su propia vida, sino de un confeso desprecio por el lenguaje como medio para expresar sus ensueños; estos son el plano de su mundo interno incapaz de alcanzar en el plano escrito. sino de un confeso desprecio por el lenguaje como medio para expresar sus ensueños; estos son el plano de su mundo interno incapaz de alcanzar en el plano escrito”. Este es el tono de la mayoría de sus escritos, cargado de un escepticismo irreductible. Cuando se leen las novelas de Onetti, es el caso mío por lo menos, me brota un sentimiento de derrota, una especie de desidia, un escepticismo tenaz, como si  la vida la enfrentáramos con los dados cargados, me pasa algo similar a lo que viví con las novelas de Gabo, cuando las leo siento el calor del caribe, la atmósfera pesada de los pueblos de la costa, su ambiente solitario e inamovible repleto de historias inverosímiles.
Onetti nació en Montevideo: “Hijo segundo de un funcionario de aduanas descendiente de emigrados irlandeses (ONetty, parece haber sido el apellido original) y de una brasileña que pertenecía a una familia de hacendados gaúchos, desertó de los estudios de derecho a mitad de la carrera, y desde la temprana adolescencia frecuentó las redacciones de periódicos y revistas de ambas márgenes del Río de la Plata, viviendo alternativamente en Montevideo y Buenos Aires, ciudad esta última en la que se instaló por primera vez, y ya independiente de los suyos, cuando sólo contaba veinte años”. Vivió 25 años entre Buenos Aires y Montevideo. En Uruguay había obtuvo “el Premio Nacional de Literatura, en 1962, y en España se le concedió el Cervantes, en 1980, y un año antes el de la Crítica por Dejemos hablar al viento, votado por los especialistas en forma unánime como el mejor libro de habla española publicado durante 1979”. Después de sus primeros relatos (ganó un concurso del género, convocado por el diario La Prensa, de Buenos Aires, en 1934) se inició en la novela con El pozo (1939), durante el decenio siguiente, la narrativa occidental. Tras ella escribió Tiempo de abrazar (1940), Tierra de nadie (1941), Para esta noche (1943), Los adioses (1954) y Para una tumba sin nombre (1959), además de las sucesivas colecciones de cuentos Un sueño realizado (1951), La cara de la desgracia (1960), El infierno tan temido(1962) y Tan triste como ella (1963)”.
La “Vida Breve”, “El astillero” y Juntacadaveres” son un tríptico extraordinario, cuyo espacio es “Santa María” una ciudad imaginaria, habitada por los mismos personajes, personajes que se nos van imponiendo en nuestro inconsciente en la medida de la lectura, se nos convierten en seres reales, por su manera de llevar la vida, por esa actitud de rechazo frente a las potencias de la misma. En una biografía en la red encontré esta reseña que sintetiza el carácter del texto “La vida breve”[1], que sirve de colofón para entender toda su obra: “Los temas y la atmósfera que van configurando la producción de Onetti son comunes y sórdidos: la soledad, la prostitución, la rutina, el dinero. La vida breve (entre las mencionadas) es por su exasperado realismo una auténtica obra maestra: relata el desdoblamiento de un ser tímido y sin aliento, José María Braussen, que se inventa otro yo, José María Arce, personaje violento que planea un crimen. En ella se da la fundación de Santa María, una ciudad mítica y ficticia (como Macondo de García Márquez y Comala de Rulfo), de indeterminado emplazamiento rioplatense, escenario de todo el ciclo narrativo”. Lo más importante en este excelente escritor es el estilo. Hay creadores cuyo mayor aporte lo constituyen este acápite y además la perfecta estructura de sus narraciones, el universo de sus historias crea un espacio propio, tan real como la vida misma, tan es así, que le trasfiere al lector todos sus fantasmas.
Onetti en los últimos años en España ni siquiera se quería levantar de su cama. Se dejaba acompañar por un Whiskie mientras veía pasar entre lecturas la vida que de antemano sabía nunca cambiaría por la implacable estupidez humana. Ivan Gabriel Villaroel cita a Rama en su trabajo de Onetti, que este lo ubica en lo que él llama la Generación crítica, una corriente de intelectuales que adelantaron una labor de controversia y búsqueda de renovación en la cultura uruguaya desde el 39 hasta el 69, durante principios del siglo XX el Uruguay vivió una relativa bonanza económica y estabilidad social que permitió formar una fecunda cosecha de intelectuales; no obstante, desde el 39 ya surgían visos de una crisis latente y obras como las de Onetti daban cuenta de ella”.
Volver a la obra de este grande será un placer, incitar su lectura es una responsabilidad. Espero lo lean, de seguro no se arrepentirán.











[1] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/onetti.htm