miércoles, 19 de agosto de 2020

MERCEDES BARCHA COAUTORA CON GABO DE TAN EXCEPCIONAL NARRATIVA

 

Hace pocos días murió Mercedes Barcha, la esposa de Gabo. Fue su compañera de toda la vida, su único amor. El mayor miedo de Gabriel García Márquez, fue la muerte. Además de escribir para que los amigos le quisieran más, lo hizo para superar este temor, con sentido de trascendencia y cierta inclinación a la superstición, este miedo le asaltó desde la niñez, se enfrentó a este galimatías en la vieja casa de los abuelos en Aracataca siendo muy niño, la casa de los mil misterios, del mundo metafísico, conoció sus misterios de la mano subliminal de las mujeres que la habitaban, este miedo lo asedio de manera inclemente toda la vida, desde esos días asumió como lo más normal vivir entre fantasmas. Mercedes conocía y comprendía este mundo inconsciente del escritor y los miedos que le atormentaban, alivianaba con inteligencia estas agencias.




Su discreción fue absoluta. Según Darío Arismendi, Mercedes era callada y discreta, en círculos privados era muy elocuente. Manejaba de manera absoluta la economía del nobel, quien siempre reconoció lo torpe en este tópico. Nunca intervenía en su vida pública, discreta y alejada, cuando lo hacía era en forma precisa, puntual, su origen árabe, constituyó un aporte en este orden. Gabo en una de sus crónicos contó que fue a Medellín donde tomaron la decisión de casarse.


Mercedes hizo posible “Cien años de soledad”. Manejó la situación de pobreza con dignidad. De igual manera manejó con destreza y cálculo absoluto los pocos recursos y adelantos enviados por la editorial sudamericana, para que el escritor se dedicará a escribir la novela, esa debería ser en adelante su única preocupación.  El barrio donde vivía era de clase media. Cuando empezó a escribir su obra magna, la situación económica era difícil. Habló con el dueño de la casa para que les permitiera una mora de 6 meses, calculó con Gabo este plazo, que tuvo que postergarse. El señor fue consecuente con su petición, de hecho estimaba al escritor, tuvo consideraciones especiales con Gabo. Los inviernos eran fatales donde vivían, en un acto total de complicidad, Mercedes en plena escritura de “Cien años de Soledad le hizo unos guantes, respeto sus horas de trabajo, cuido que no fuera molestado, lo que habla de su ternura y la convicción y confianza en lo que hacía su esposo, sabía la magnitud de lo que estaba pasando. Gabo tenía una complicidad absoluta con su esposa, se entendió toda la vida mejor con las mujeres que con los hombres


Gabo se exilió en México en los 70 del siglo pasado, durante el gobierno seudo fascista de Turbay Ayala, sintió y le informaron que estaba lista su orden de captura.. Nunca estuvo dispuesto a ceder su independencia, menos con una detención del más nefasto presidente que haya tenido Colombia. Desde su salida  a Europa de cuenta del espectador en el 50, el periplo de viajes fue mucho. Siempre pendiente de el amor de su juventud, Mercedes Barcha, una sincelejana de cuello largo y rostro hermoso. Se conocieron en Sincelejo muy jóvenes. Pese a la diferencia de edad, fue un amor contrariado, vencido por la perseverancia de Gabo, por su paciencia de relojero, la certeza y la predestinación que lo embistió, como todo lo suyo, desde que la vio supo que esa sería su esposa.


La anécdota de cómo empezó a escribir “Cien años de soledad” puede ser un mito, pero algo tiene de cierto. Yendo a Acapulco, para unas vacaciones de familia, Gabo le dijo a su esposa, tengo la novela lista, ahora si puedo sentarme a escribirla.. Ya sé cómo terminarla. Ella inmediatamente no solamente le dio el visto bueno sino además hizo posible su creación, le pidió que se olvidara de todo y se entregará con entereza a terminarla, ella se encargaría de lo demás. Se encargó de todo en casa. Realmente  "Cien años de soledad" terminó siendo su novela, la que lo inmortalizaría, todo lo que escribió hasta esta obra fue en función de la misma. La concibió desde los 17 años. Hasta que llegó a la novela que lo inmortalizó. Inclusive el primer biógrafo se atreve a decir que esta nació 25 años antes del nacimiento con el duelo entre el abuelo de gabo y Medardo Pacheco. Nada raro que fuese así, si miramos los efectos de semejante tragedia, que terminaron en su obra magistral. Siempre se debe comenzar a narrar esta historia aduciendo este inexplicable evento, un duelo de honor, que lo haría trasladar a Aracataca, como lo hiciera Úrsula y José Arcadio a Macondo. 

Los nietos son de Mercedes, lo hombres concretos no tienen hijos, le dijo Gabo a Arismendi, robándole su frase. Sus hijos, no los tuvo de joven. La historia de los avatares en el tiempo que escribe “Cien años de Soledad” son contados con una sindéresis magistral, en el texto de su hermano, Eligio Marqués, “Tras las huellas de Melquíades”..


Gabo se dedicó a escribir y la Gaba se encargó de todo en la casa. Con la sabiduría y paciencia que solo le vimos al personaje Úrsula, entre otras cosas, tiene mucho de Mercedes.  En Vivir para contarla” las memorias de Gabo describe dos aspectos fundamentales de su esposa. Los amores encubiertos que vencieron los obstáculos y prevenciones de la familia. Y su matrimonio siendo muy jóvenes. Cuando se la llevaron de Aracataca para hacerla olvidar de Gabo, en una complicidad del gremio, mantuvo comunicación permanente con Gabo, lo que hizo imposible la cura de amor hecha por los abuelos y padres e Mercedes. Fue como una novela de amor, Imposible contrariar la perseverancia del telegrafista de Aracataca.

Ella estuvo en todas las decisiones de Gabo. Fue su alma gemela. No llegabas nunca a Gabo sino pasabas el filtro de Mercedes. Cuando GGM término “Cien años de soledad” fueron a enviarla a Argentina. El del correo pesó las hojas, más de 500 hojas, escritas a doble espacio, como el lógico cobró de acuerdo a este peso.  Dijo el del correo, son 83 Pesos. Mercedes miró a Gabo y le hizo saber que tan sólo había la mitad. Mande la mita le dijo el escritor, así lo hizo ella. Efectivamente lo envió, pero una vez despachada se dio cuenta que había enviado la última parte. Fue cuando soltó la memorable frase: Ahora falta que esta novela salga mala. Empeñaron los pocos electrodomésticos que tenían y enviaron la otra parte.

De ahí en adelante todo es conocido y hace parte del mito que constituyó el autor de la novela más importante de Hispanoamérica después del Quijote. Es cierto lo que dice Gabo con cierta ironía: Se vendió como salchichas y los vendedores de revistas de Buenos Aires, fueron sus publicistas, ellos fueron sus agentes, son lectores endiablados de literatura, verdaderos críticos.

Mercedes fue todo para Gabo. Su mancorna, nunca estuvo lejos del escritor. Se encargó de los hijos y del dinero, Manejó la vida privada y tomó la mayoría de decisiones importantes por el escritor quien le entregó sin pensar esta potestad. Decidió vivir en México el resto de su vida. De hecho, murió en la misma casa donde murió Gabo.

El tiempo diluirá la importancia de Mercedes, igual de Gabo. Cien años de soledad les sobrevivirá a los dos. Pocos hablan de Cervantes, en cambio el quijote es popular, está ahí, todo les debemos algo a este personaje y sobrevivirá al autor, que nadie paradójicamente recordará con el tiempo. Hamlet es más importante que Shakespeare. Tal vez nadie recuerde a Gabo, pero Úrsula nadie la olvidará. Paradojas del mundo creativo. La ficción afecta a la realidad más de lo que imaginamos.




Gabo hxo de México su casa y México lo acogió como su hijo, le consintió y siempre ha sentido que nuestro escritor es uno de los suyos. Lo mismo le pasó a Mercedes.




domingo, 9 de agosto de 2020

DE QUÉ HABLO CUANDO HABLÓ DE ESCRIBIR

 

Dice en este libro Murakami: “Desde una perspectiva puramente, y con total franqueza personal, y con total franqueza, me parece que la mayoría de los escritores, -no todos obviamente. No destacan por ser personas con un punto de vista imparcial sobre las cosas y por tener un carácter apacible”.  Adelante categoriza: “Quizá no convenga decirlo en voz alta, pero pocos poseen algo realmente digno de admiración, y, de hecho, muchos tienen hábitos o comportamiento ciertamente extraños”. Realmente no cree en la amistad entre escritores. Absolutamente cierto.


Murakami, uno de mis novelistas preferido, lo he leído todo, en edición de “tusQues”. Algunos expresan sin ambajes, que, “Desconoce los fundamentos de la Ficción. 130 veces mentirosos. Héctor Abab Facio Lince dice al respecto del tema: “Si escribir artículos se pareciera a hacer sudokus o a llenar crucigramas. O si fuera más bien como jugar una partida de ajedrez (contrincante el lector, juegas con negras). O si tuviera algo que ver con el ordeño de las vacas al amanecer o con el paciente oficio del jardinero que siembra, abona, poda, quita la maleza y luego espera a que las matas broten y las flores florezcan. Si escribir fuera como pegar ladrillos hasta completar una pared, un edificio, siguiendo un plano diseñado por otro. O como cepillar una tabla el carpintero y serruchar y armar hasta ensamblar un mueble: la mesa coja, el sillón de lectura, la alacena vieja”. Siempre escribir es algo más complejo.



“En mi opinión, escribir novelas no es un trabajo adecuado para personas extremadamente inteligentes, Es obvio que exige un determinado de conocimiento”.  La mayoría de las veces los escritores expresan algo qué está en la conciencia en forma de narración. Dicho esto, se puede afirmar que hay un canon de lo que es escribir, como una aceptación tácita aceptada por todos. Por eso Héctor dice: “Si uno mezclara ideas y frases como quien cocina un sancocho, una paella, y a cada párrafo fuera probando si no le falta sal o le sobra pimienta. Si escribir y hablar fueran la misma cosa y lo que se escribe saliera como sale la voz al conversar con una amiga íntima en el bar o en la sala de la casa. Si hubiera un remoto parecido entre escribir y hacer goles, o entre escribir y parar un penalty, o entre escribir y caminar por el campo o por las calles del centro. Si esto que hago cada día fuera como sumar y restar y elevar al cuadrado; si fuera como rezar y pedir un milagro que no ocurre”. Todos tenemos una historia de cómo nacimos como escritores. Igual cómo accedieron al primer medio escrito. A propósito, se acaba de publicar una biografía del galimatías de la primera edición de “100 años de soledad”. La de su hermano Eligio realmente es la mejor: “tras las huellas de Macondo”.


El tema en este libro de “La Originalidad” es magistral. En la literatura no hay nada nuevo, la manera de contar y narrar es otra cosa. En “Superstición ética del lector” Borges no confiesa: “La condición indigente de nuestras letras, su incapacidad de atraer, han producido una superstición del estilo, una distraída lectura de atenciones parciales. Los que adolecen de esa superstición entienden por estilo no la eficacia o la ineficacia de una página, sino las habilidades aparentes del escritor: sus comparaciones, su acústica, los episodios de su puntuación y de su sintaxis. Murkami trae un ejemplo de locos para explicar el tema de la originalidad. “” En cuanto a la música Mahler, las circunstancias difieren un poco. El público corriente e incluso los propios músicos lo recibieron cómo una música desagradable. Ahora sabemos que Mahler reinterpretó un formato prexistente, como era el de las sinfonías, pero en aquel entonces nadie lo entendió así. Los músicos lo menospreciaban”.  A partir de los 60 se produjo el redescubrimiento casi dramático de la música de Mahler. Por su originalidad, según ciertos críticos. ¿Paradójico cierto?. Ratifica con lucidez MurakamI: En literatura sucede otro tanto con los estilos de Natsume, Soseki y Ernesto Hemingway”.  Los Beatles son un ejemplo típico en música.

Chistpher Hichens en un texto llamado "Amor y Guerra" Decía: Un antiguo proverbio dice que la vida de un hombre está incompleta a menos que, haya probado el amor,la pobreza y la guerra". Qiuimbaya Quemir, de 26 años, artista Colombiana, de Pereira, una ciudad de provincia en el aroma cafetero del viejo Caldas, decía tomándo a Quinaya la famosa bióloga: "Mí propuesta debe decirle a la gente que tome baños de sol, de lo qué estamos privado". El todo qué es la suma de las partes, nunca le conocemos. Así es la originalidad, no existe..en esencia. Por ejemplo el escritor colombiano Alfredo Molano lo hizo por una pasión inenarrable, nunca esperó dinero de esta actividad.


ADDENDA: El homenaje rendido a Gabo por los Mexicanos, en su aniversario, hace poco, es inconmensurable, inmenso, es una lección para los colombianos. Qué oprobio para nosotros. En muchas partes consideran a Gabo Mexicano. Y México lo considera uno de los suyos. Eso se demostró en la pompas fúnebres. Colombia estuvo lejos del homenaje dado por los manitos. De hecho sus dos hijos se consideran Mexicanos, el menor nació en el DF.



En el próximo artículo la 2 parte a esta elucidación.

 

 

 

 


jueves, 6 de agosto de 2020

INSTANTES


Conocí a mi esposa en circunstancias especiales hace 24 años. Ella necesitaba trabajo y de mí dependía su oportunidad, yo elegiría quién iba a realizarlo y ella tenía la necesidad del mismo. Trabajaba en Manizales la tierra adorada de Ana Isabel, este era su nombre, y el suscrito era subgerente de la empresa del tío Eduardo, de arquitectura, con proyectos de interés social en Villamaría Caldas. Habíamos ganado el premio nacional de publicidad, mi tío Eduardo Huertas es un gran pintor y decidimos comercializar el afiche del premio, en  la ciudad dibujada desde una perspectiva muy particular. La idea era vender vallas publicitarias que le permitían a las empresas aparecer en ellas y obtener afiches para regalar a los clientes. Necesitábamos un gerente, la idea era vender unos ciento veinte mil ejemplares. Doña Ana Emilia, su madre era cliente de nuestros apartamentos. Fue hacer un reclamo y de súbito me dijo: Tengo una hija, está buscado trabajo, cualquier cosa me dices. Le respondí de inmediato, claro, me mandas la hoja de vida.

Ana fue una Manizaleña hermosa, de grandes ojos negros, contenida, con unas piernas perfectas, confiable, solía nunca hablar de nadie y le producía disgusto que alguien lo hiciera. La otra virtud, su inteligencia. Podía confiársela cualquier secreto y nunca hacía revelaciones, menos infidencias. había estudiado cuatro años derecho, otros años de comunicación social, no se graduó, pero conocía de contratos y sabía más de lo que uno pudiera imaginar. Fue gerente de un club de tenis en Bogotá, trabajó en una empresa aérea: ACES y fue secretaria privada de la gerencia de la segunda empresa aseguradora del país. Complementa la hoja, con los trabajos donde su tía Beatriz, quien tuvo una pequeña empresa familiar de costura. Con ella vivió en Bogotá. Su mama, mi suegra, después me reveló que dicha estadía costo un Potosi, sostener la universidad fue un verdadero galimatías.

Mí tío me preguntó, cómo le fue con las entrevistas. Le dije bien. Volvió y repico: A a quién escogió. Le dije una niña inteligentísima y bella, Ana Isabel. Cómo la ve……..ideal para el trabajo, le respondí. Así conocía, la madre de mis hijos con la que compartí por más de 19 años, gozos, virtudes y desgracias.

Ana era la típica Manizaleña. Tienen un orgullo emblemático, una dignidad sin arrogancias, un ideal de señorío, siempre aducen ser diferentes a todo el mundo que, en todo caso, no incomoda, tienen clase, sus mujeres son bellas, amables, muy naturales, visten con gusto, alegres por naturaleza y con una capacidad de expresión por fuera del común, no importa la condición social. Se creen, de alguna manera, mejor que todos y de verdad que lo son. Manizales, es culta de sobremanera, ciudad de conciertos y lectores rigurosos, son los ricos del país, tienen una élite dueña del café, nuestro gran producto y por efecto del mismo es una sociedad super-educada. De hecho, siempre ha sido la ciudad universitaria. Su clima frio la hace perfecta para el estudio.

Ana al principio, hablo del primer año, nunca me le puso cuidado a mis coqueteos. La perseverancia vence hasta en el amor. Fuimos novios un año, nos fuimos a vivir juntos y en el mismo tiempo nació nuestra primera hija.

Fueron muchas las alegrías, las tristezas y cómo toda unión tuvimos crisis. Siempre nos amamos…por primera vez encontraba la mujer ideal para mí. Pese a la crisis económicas que tuvimos, nunca me dijo, no compre el periódico, siempre compraba tres al día y los leía de cabo a rabo. La casa se fue llenado de libros, hasta que ya no había sino, biblioteca. De alguna manera vivimos en excelentes lugares.

Después de Mariana nació Santiago y después en Medellín Isabella. Está es síntesis la historia en blanco y negro de mi amor y mi familia.

Cuando mi hija tenía 16 años, como todas las vacaciones, se fueron a Manizales, hablo de la época del mundial de futbol de Brasil si memoria no me falla, disfrutaba cada partido, desde la eliminatoria, se ponía camiseta y no había quien la pudiera vencer en materia de datos. Igualmente se sabía todas las baladas, no le gustaba el tango, pero por su madre, que era una aficionada compulsiva, se los aprendió todos.

Ana era de muy buen genio, cuando se trataba de sus hijos, se salía de la ropa, si las cosas no estaban bien. Circunstancias muy especiales hicieron que nos trasladáramos a Medellín. Mis hijos tenían 6 y 4 años e Isabella nació en tierra de la eterna primavera. Ellos siente esta ciudad como suya y la defienden a capa y espada.

Hasta aquí un cuento de rosas. Hace cinco años, se fue en junio para Manizales. Estaba Colombia en las eliminatorias de futbol para el mundial. Iba con sus hijos y cómo cosa excepcional, me quedé en Medellín. El problema era que no había con quien dejar al perrito. Ana cuando sentía algún dolor o molestia, siempre se  automedicaba, tenía una resistencia excepcional para el dolor, ir al médico nunca. sufría del Colon, ella lidiaba con ello sin consultar al médico. En su juventud, me lo contó, tuvo muchas crisis. 

Cuando llegó me dijo, quiero ir al médico. Me pareció extraño. Está fue la primera alarma. Ana tenía un cuerpo perfecto, la vi como con barriga muy pequeña, de hecho preferí no decirle nada, ella rebajaba en días, eso nunca fue problema, su cuerpo era perfecto y ahora de súbito parecía tener un embarazo, como en los primeros meses. Nunca le pregunte nada y sacamos cita de inmediato, por el dolor. Lo más absurdo fue que, casi no nos atiende, el medico general fue displicente e irresponsable y de paso le obligó a unos exámenes absurdos, para enviarla a un especialista, que fue peor, por estos hechos, perdimos tiempo valioso, puedo decir que esto le costo la vida. 

Después de toda esta película, estábamos con el que era, el oncologo. Nos envió a una tomografía. Ana tenía unos dolores fuera de serie, uno nota cuando un medico se preocupa de sobremanera. Ana nunca se quejaba por dolor alguno, en cambio ahora presentía algo grave. Aunque uno siempre piensa en los malos augurios, guarda la esperanza que todo son falsas alarmas y que al final superara el impase. En estos casos, siempre actuamos cómo si fuéramos eternos, rehuimos el tema de la muerte, que es la tragedia existencial tácita por excelencia. Cuando el hombre descubre la muerte, siente que la finitud es su peor tragedia. Nunca salimos de esta crisis, la evitamos tal vez, pero está siempre al acecho.

Vivimos entonces la tragedia de nuestro sistema de Salud ante la declaración de un cáncer avanzado. Es un galimatías. De súbito, nos dieron la cita para la tomografía. El médico, simplemente debe pasarnos al especialista y entregar el examen. Fuimos puntuales y al terminar, no llamó y nos dijo, mirando a Ana : Usted le quedan minutos de vida, disfrute estos pocos meses de vida y nunca se haga una quimioterapia, ya no hay tiempo. Salí furioso. Me parecía un arrogante y presentía que nunca llegaríamos al tratamiento ideal, donde el especialista cumple un papel vital. Al final, se nos citó con un oncólogo Bogotano, fue el único sincero, profesional.

Ana, con esos ojos negros inmensos que hablaban, no necesita decir nada para expresar algo, su belleza aún estaba intacta, me dijo con lagrimas: Yo lo presentía. A partir de ese momento los hechos son inenarrables, la realidad supera cualquier narrativa.

Doña Ana Emilia, su madre, al otro día estaba en Medellín. Ana se disminuía día adía. Su madre, como un ángel, siempre, siempre, estaba a su lado junto conmigo y sus hijos. Ana se fue enflaqueciendo con una rapidez que no dio tregua. La salud en Colombia nunca funciona a cabalidad, ir al médico siempre fue una tragedia. Adoraba a mi esposa y todo lo que era se lo debía a ella. Mis hijos eran inteligentes y conscientes de todo lo que pasaba. Eran seres muy perspicaces.

Todos los días hablábamos y yo pasaba la noche entera rascándole la espalda, mitigando esos dolores infranqueables. Su mama no se despegaba en todo el día.  Pasó el primer mes y veíamos que nada mejoraba. El sufrimiento de su madre fue total, el de Ana ni hablar. Por supuesto el de sus hijos. Se fue disminuyendo, era un cuerpo lacerado por el cáncer, que avanza implacablemente, el dolor se impone, va asediando todo el cuerpo. Al final, ella no quería sino evitar el dolor. Su familia fue super solidaría. Estuvo la tía Amparo, Norma, el hermano Jorge, quien vino del Ecuador.

Cuando estas cerca de la muerte la preocupación mayor son los hijos, su madre y por supuesto el esposo. Cada día recibes recomendaciones entre los estertores de la enfermedad, el dolor lacerante y la fatiga y angustia que le produce a ella por no entender bien lo que está sucediendo. Al final sólo era lúcida para sus hijos y los consejos propios de quien sabe que no existirá dentro de poco. Nosotros sufríamos de otra manera, presentíamos su ausencia y sufríamos por ella y todo lo que le pasaba.

Así pasaron tres meses. En él último Ana estaba totalmente disminuida. Le aplicaban morfina dos veces al día. El oncólogo, un Bogotano de pura sepa, no había dicho, no la sometan a la quimio. La rutina era la misma. Ella sólo esperaba a los hijos, los recibía, les preguntaba cómo les fue y se quedaba dormida. Todos los días se consumían de esta manera.

En las noches me daba las indicaciones sobre todo lo que debería  hacer con mis hijos, con un dolor del alma absoluto. Está era su verdadera preocupación. Las personas que llegan a este punto, solo piensan en mitigar el dolor. No son conscientes de nada. Ella atendía a los hijos, a su madre, a mí y a Zuli una niña que nos ayudaba desde hace mucho tiempo y quien era como dela casa y a nadie más. La tía Amparo fue una acompañante dedica a todo lo que tenía que ver con sus cuidados más puntuales.

Hubo un doctor que cualquier día nos visitó de súbito. Parecía de otro planeta, de hecho, le envió exámenes de laboratorio casi absurdos y pidió una droga de urgencia. Mi suegra le dijo: Doctor usted está loco. Mi esposa estaba en el sillón que le había comprado toda la familia, dormida. Doña Ana Emilia, en todo caso, diligente como siempre, salió a Unicentro por la droga. De pronto llegó la doctora de la morfina. Mi esposa para este momento estaba completamente disminuida, era sólo huesos, verla aumentaba nuestro dolor e impotencia. Cuando llegó la doctora, llegaron mis hijos, que inexplicablemente habían salido muy temprano. Ana, llamó a Mari, la mayor, cómo le había ido, ella contestó que muy bien y su madre sonrió en esos acuerdos tácitos que sólo se dan entre una madre y un hijo, códigos que nunca se extinguen. De pronto, llame a Zuli, El médico salió como desesperado y se fue sin despedirse, la doctora que aplicaba la morfina nos acompañaba. De pronto Ana tomó la mano de Zuli, me miró, como entregándose, Zuli con la voz entrecortada me dijo, don Cesar, Doña Ana se está muriendo. De súbito cerró los ojos, miró cómo al cielo y murió. Esos ojos negros ya no existían. Ana se nos había ido en medio del más incompetente de los médicos y en la ausencia de su madre, que estaba en Unicentro por culpa de un doctor mediocre, nunca pude comprender a cabalidad lo que sucedió.

Santiago mi hijo, se metió al baño y lloró a gritos, Mariana se quedó en un silencio sepulcral, mi hija pequeña, testiga impotente, no sabía qué hacer, sufría lógicamente, pero en un silencio lleno de misterio, tácita, triste de sobremanera. Se nos fue lo que más adorábamos. Sabíamos que nunca más la veríamos. Pese a que todos los días esperamos que llegue, nunca va a pasar.

 

 

 

 


miércoles, 15 de julio de 2020

EL ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE BORGES


  Para Leo una gran mujer, me trae recuerdos insondables.  


Acabo de ver las conferencias ofrecidas por el escritor colombiano William Ospina sobre Borges, a propósito de su aniversario, 120 años de su nacimiento, en un seminario preparado por la universidad nacional de Colombia. Poco o nada es lo que se puede agregar a tan lúcidas disertaciones. Los videos que están en este blog, son de la universidad nacional, solo quiero que mis lectores los disfruten. Como lector de Borges, he gozado y abrevado en sus textos y excelente poesía, desde la condición de un lector anodino, soy testigo de la impresionante capacidad para sorprendernos, alucinarnos, con una erudición (la que hace parte esencial de su narrativa) que no le quita un ápice a la belleza a cada texto. Disfrute hace dos años de igual manera, las cuatro conferencias de Piglia para la televisión argentina sobre Borges, nos brinda otra manera de entender la obra y vida en su condición de lector lúcido, privilegiado y como habitante memorable de Buenos aires. 
Cómo un escritor de la periferia se convierte en un referente de la cultura occidental?, que a la vez renueva la literatura desde ámbitos antes no vistos. Borges se sintió más orgulloso como lector que como escritor. Encontró en la lectura una manera de comprender y descifrar la naturaleza humana y su relación con todas las cosas, auscultación que nunca se terminó de descifrar. Un texto suyo, es una experiencia inigualable. Sus escritos de manera especial parten del reconocimiento de lo que otros escribieron, desde la humildad de un lector privilegiado que desde niño vivió entre libros, enciclopedias, su vida es una experiencia textual.

Beatriz Sarlo expresa en una de las conferencias dadas en Cambridge hace unos años: “Borges, desde aquellos lejanos años cincuenta cuando traducciones de algunos textos suyos aparecieron en Les Temps Modernes, pasó a formar parte de un reducido grupo de escritores, conocido (más conocido que leído, como corresponde al trabajo actual de la fama) en el mundo entero. Fuera de las condiciones que rodean a sus textos en la Argentina, Borges casi ha perdido su nacionalidad: él es más fuerte que la literatura argentina, y más sugestivo que la tradición cultural a la que pertenece. Si Balzac o Baudelaire, si Dickens o Jane Austen parecen inseparables de algo que se denomina 'literatura francesa' o 'literatura inglesa', Borges en cambio navega en la corriente universalista de la 'literatura occidental. Escribió en un encuentro de caminos. Su obra no es tersa ni se instala del todo en ninguna parte: ni en el criollismo vanguardista de sus primeros libros, ni en la erudición heteróclita de sus cuentos, falsos cuentos, ensayos y falsos ensayos, a partir de los años cuarenta. Por el contrario, está perturbada por la tensión de la mezcla y la nostalgia por una literatura europea que un latinoamericano nunca vive del todo como naturaleza original. A pesar de la perfecta felicidad del estilo, la obra de Borges tiene en el centro una grieta: se desplaza por el filo de varias culturas, que se tocan (o se repelen) en sus bordes. Desestabiliza las grandes tradiciones occidentales y las que conoció de Oriente, cruzándolas (en el sentido en que se cruzan los caminos, pero también en el sentido en que se mezclan las razas) en el espacio rioplatense. Su obra muestra el conflicto y este libro intentará leerla en esa dimensión desgarrada. He querido mantener esta tensión que, según creo, atraviesa a Borges y constituye su particularidad: un juego en el filo de dos orillas. Busco la figura bifronte de un escritor que fue, al mismo tiempo, cosmopolita y nacional”. William nos recordó que la muerte del autor fue evocada por Borges antes que los franceses, mucho antes que la suscitara Foucault y la corriente deconstructivista”. Se educó en hogar con dos ejes vitales para todo lo que haría después. El acceso a la literatura en ingles de la mano de su abuela y la extensa biblioteca de su padre con toda la tradición occidental, siempre vista desde una perspectiva literaria, aceptando que la literatura no nació con nosotros, creamos a partir de la conciencia de que somos parte de una tradición superior a cualquiera individualidad, por eso, traer otros textos a sus narraciones nunca fue problema, la república de las letras corresponde a un valor universal. La ciudad de Buenos Aires, de compadritos y de inmigrantes de alguna manera fue siempre cosmopolita. “En Argentina toda persona educada puede gozar de la literatura francesa.  Aun cuando tenga dificultades para hablar con un camarero o para entenderse con un portero esta persona no tendrá grandes dificultades para entendérselas con Voltaire, Hugo o Verlaine, lo cual, evidentemente, es más importante”.  Escribe por ello: “Mis hábitos son: Buenos Aires, el culto de los mayores, la germanística, la contradicción del tiempo que pasa y de la identidad que perdura, mi estupor de que el tiempo, nuestra sustancia, pueda ser compartido. Camino por Buenos Aires y me demoró, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII,  las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson”. La obra de Borges siempre navega en la tradición, la respeta y la enaltece.   “Borges, desde aquellos lejanos años cincuenta cuando traducciones de algunos textos suyos aparecieron en Les Temps Modernes, pasó a formar parte de un reducido grupo de escritores, conocido (más conocido que leído, como corresponde al trabajo actual de la fama) en el mundo entero. Fuera de las condiciones que rodean a sus textos en la Argentina, Borges casi ha perdido su nacionalidad: él es más fuerte que la literatura argentina, y más sugestivo que la tradición cultural a la que pertenece. Si Balzac o Baudelaire, si Dickens o Jane Austen parecen inseparables de algo que se denomina 'literatura francesa' o 'literatura inglesa', Borges en cambio navega en la corriente universalista de la 'literatura occidental”(Beatriz Sarlo).
Desde el principio de sus primeras publicaciones fue un escritor de culto. Sus textos, sorprendentes para quien acceda a ellos, cuando se leen por primera, quedamos  impertérritos, percibimos que sus textos son diferentes a todo lo que hemos leído, siempre incitan a otras lecturas y otras realidades, son una expresión alucinante de la cultura occidental y su inter-relación con oriente, abarcan  la mitología, las religiones, la historia  y por su puesto la literatura, sus ensayos  son cuentos y sus cuentos son ensayos, trae la filosofía en sus formulaciones desde perspectivas novedosas que hacen parte de sus relatos.  Consideró  La filosofía y las religiones como grandes meta-relatos de la literatura fantástica y por ello en sus textos hay elucidaciones desde estos ejes. De igual manera se preocupó por lo cotidiano, por lo especifico, William nos recuerda uno de sus poemas que lo refleja en este tópico, la relación con las cosas:

Las cosas

El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,
un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde
una ilusoria aurora. ¿Cuántas cosas,
limas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,
ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

Borges expresó a una pregunta puntual en una entrevista con respecto a su condición de escritor: “He consagrado mí ya larga vida a las letras, a la cátedra, al ocio, a las tranquilas aventuras del diálogo, a la filología, que ignoro, al misterioso hábito de Buenos Aires y a las perplejidades que no sin alguna soberbia se llaman metafísica. Tampoco le ha faltado a mi vida la amistad de unos pocos, que es lo que importa. Creo no tener un solo enemigo o, si los hubo, nunca me lo hicieron saber. La verdad es que nadie puede herirnos salvo la gente que queremos”. El poema de los dones lo describe aún mejor:

POEMA DE LOS DONES

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.

Este aniversario llega en un momento de una crisis excepcional del mundo, memorable por lo extraña, nos enseñó cuan vulnerables somos. Borges fue siempre consciente de nuestra fugacidad. De lo efímeros: “Pero, al mismo tiempo, resulta que nosotros también estamos hechos de esa “materia deleznable” que es el tiempo: igual que aquello que nos rodea, el ser humano es una realidad que deviene, como nos hizo ver Nietzsche, lo cual imposibilita el cumplimiento de aquel dictado socrático de llegar a conocernos a nosotros mismos: como si el “yo” fuese una especie de naturaleza fijada de antemano, algo perfectamente coherente y nítido, una sustancia idéntica a sí misma que estuviese esperando a ser “descubierta” en virtud de un ejercicio mayéutica o de nuestra introspección infalible”. Le debo mucho como lector, no hay como pagar tan digna deuda.






martes, 7 de julio de 2020

LA NOVELA COLOMBIANA EN EL SIGLO XIX


Paula Andrea Marin colorado, académica excepcional, nos trae en uno de sus textos una definición de la teoría de los campos de Pierre Bourdieu: “Este enfoque, hoy dominante en los estudios sociales de la literatura, postula que un «campo» es un espacio relativamente autónomo de relaciones específicas dentro del espacio social. En cada campo (literario, económico, político, etc.), una variedad de actores e instituciones ocupan diferentes posiciones de poder y luchan por apropiarse de sus formas específicas de capital. La lucha consiste también en apropiarse del poder de definición de los límites del campo y de sus formas legítimas de capital. Cada campo posee, entonces, sus intereses específicos, no equiparables a intereses económicos”. Categoriza después: “Un «campo literario» es un espacio social de relaciones donde se produce aquello que una sociedad define como literatura. En ese espacio participan los escritores, pero también las casas editoriales, las revistas de crítica, las instituciones públicas y privadas de apoyo a la creación, los grupos literarios y los lectores”[1].
Qué entendemos por tradición literaria en el corpus narrativo del siglo XIX, desde lo específicamente literario de la nación colombiana. Hay una literatura de la conquista, de la colonia y la república. En el siglo XIX, nacimos como nación soberana, autónomos políticamente hablando, “Con un ADN de amplias influencias hispánicas, donde lo religioso y político aún prevalece en la mayoría de conceptos fundamentales que dominan el que-hacer de la sociedad emancipada”. Cuáles son los autores y con qué criterios se estudiarán. Sobre abundaron las proclamas, los textos políticos, las constituciones que es la manera de fundamentar la nación desde la política y el derecho internacional, fue época de grandes discursos y una disputa enconada por el poder entre la élite, existía una literatura incipiente, éramos un país de poetas.  
Empezare con aquellos textos que antecedieron al siglo XIX relevantes por ser precursoras de una tradición narrativa. Las grandes crónicas de la conquista, sobre todo, la obra monumental de Juan De Castellanos, “El Carnero”, de Juan Rodríguez Fraile, “El desierto prodigioso y el prodigio del desierto” de Pedro Solís Y Valenzuela. María Rodríguez Arenas expresa con respecto a esta última: “la obra del neogranadino Pedro de Solís y Valenzuela presenta un claro ejemplo de coexistencia de los aspectos ambiguos antes mencionados para los textos coloniales, su obra, escrita hacia 1650, además de producida en el momento histórico de disolución de las formas novelescas españolas, es una obra de ficción, elaborada no por un letrado seglar, sino por un religioso, quien a su vez fue miembro de los Tribunales de la Inquisición. La estructura de su narrativa presenta imbricación de realidad y ficción/ilusión, coexistencia y confluencia de escritura y oralidad a nivel de su historia, y subversión de la oralidad en la escritura a nivel de su discurso”. La expedición botánica, con Humboldt, Mutis y el sabio Caldas fue la primera escrutación científica de nuestra riqueza natural con la producción de estudios y textos científicos de nuestra geografía y botánica. Después de la independencia una elite se dedicó al mundo de las letras, aparecieron las ediciones y el corpus de una literatura nacional, revistas y seminarios literarios, pese a la temporalidad de los mismos, hacen parte de la historia literaria.  Londres ejerce alta influencia sobre Hispanoamérica, igualmente de España. Después de 1810, este fue el centro más influyente de nuestra literatura, el romanticismo inglés. El papel de la crítica igualmente es incipiente, corresponden a una evolución, a nuevas formas y reconocimientos de lo literario como herramienta de análisis de la producción intelectual en el contexto social. Pese a que este era un país de poetas, la novela se fue consolidando, para ser plenamente desarrollada en el siglo XX.“En la medida en que la novela se iba afianzando como género autónomo en el campo literario colombiano, sus agentes se vieron en la obligación de ir transformando el paradigma estético desde el cual se juzgaban las obras literarias, pues este género literario iba absorbiendo y haciendo evidentes los numerosos cambios estéticos y sociales, y difícilmente se adecuaba ya a las reglas con las cuales era evaluado, provenientes de la poesía”. Hoy Prevalecen algunos autores: Soledad Acosta de Samper, Rafael Pombo, Jorge Isaacs, José Eugenio Díaz Castro, José Asunción Silva, José Caicedo Rojas, Eustaquio Palacios, entre otros. En pleno siglo XX, en mi colegio recitábamos a Gregorio Gutiérrez González, “Memoria sobre el cultivo del maíz”.  Leímos en los años 70 del siglo XX en nuestros colegios las Fabulas de Rafael Pombo, en Antioquia Epifanio Mejía era el patriarca de las letras, entre otras compuso el himno de Antioquía. Julio Flórez fue el poeta popular por antonomasia. Candelario Obeso, fue un poeta excepcional de las negritudes y por su puesto José Asunción Silva, el gran adelantado del siglo XIX.
Qué novelas se leen aún del siglo XIX: Manuela, considerada la obra literaria más importante antes de la “Maria”. Por supuesto “María” de Jorge Isaac, Aura y las violetas de José María Vargas Vila y “Sobremesa” de José Asunción Silva. Es un hecho que hay un cumulo de libros que no se leen. Sergio Chejfe en un comentario lúcido Expresa: “Hay también otra forma del tiempo, semejante a la del silencio. El tiempo que no transcurre. Me refiero al tiempo inerte que rodea los libros olvidados, no vigentes, no leídos, descatalogados, los del cementerio o como se los quiera llamar; la abrumadora mayoría de los libros. En cierto modo es un tiempo definitivo, libros en el limbo o en el purgatorio, del cual improbablemente serán rescatados”[2].  Deben ser muchos.
En un siglo, pese a las muchas publicaciones sobreviven muy pocas obras. La obra solo existe cuando el lector llega a ella. El crítico Älvaro Pineda Botero expresa: “Con excepción de El desierto prodigioso y prodigio del desierto (1650 - 1673) publicada a partir de 1979, tal como vimos en la parte primera de este trabajo, no se conocen otras novelas colombianas de la Colonia. Tampoco se conocen novelas de la época de la Independencia: comenzaron a publicarse en la década de 1840, ya en la República. En consideración a sus méritos literarios y a su carácter auténticamente nacional, Manuela, escrita en 1856, es, sin duda, la obra más acabada y de mayor importancia de estos primeros años fundadores”. Pienso que así es. Este es la primera novela moderna en Colombia. Pienso que esta novela permite hacemos un corte con fines didácticos. Hay un antes y un después de la publicación de Manuela.  Cual fue el impacto en la época de su publicación y su aporte desde la perspectiva de la critica literaria. José "María Vergara y Vergara fundó el periódico cultural "El mosaico". En este órgano apareció "Manuela" en varias entregas a partir del 24 de noviembre de 1858, precedida de un prologo de Vergara y Vergara. La segunda edición tuvo lugar en París, después de la muerte del autor (Garnier hermanos en dos volúmenes). Desde entonces se han públicado varias ediciones"(Raymonds L William, novel y poder en Colombia). Los lectores consolidaron esta novela, ha sobrevivido por sus propios méritos.









[1] Novela, autonomía literaria y profesionalización del escritor en Colombia (1926-1970). Medellín: La Carreta

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jueves, 18 de junio de 2020

LITERATURA PARA ESCARABAJOS


El problema no es leer, sino qué leer. Borges es el lector por antonomasia, de manera precoz supo cuales eran los autores y temas de su preferencia. Los circundó y abordó siempre, casi  no salió nunca de ellos, los hizo de muchas maneras, con una inteligencia absoluta y el respeto irrenunciable por la buena prosa, en sus escritos mezcló el cuento y el ensayo, siempre estructurado, con un mundo de citas lúcidas  e inteligentes, no siempre reales, que incitan a otras lecturas,  perfectamente imbricadas como parte del texto con un propósito estético, termina siendo un artificio narrativo.  El escritor no existe sin el lector.
Por estos días de lecturas obligadas, la pregunta es: Qué leer, qué escoger, de acuerdo  a nuestras preferencias, la perspectiva estética y la sensibilidad son los únicos patrones, también somos una construcción estética de acuerdo a nuestras lecturas. Cuántos autores dejamos de conocer por el exceso de ofertas por gracia del mercado comercial, tan lleno de trampas, la dictadura de las editoriales, muchas veces publican pensando sólo en las ventas y no en la literatura.
En todo caso la decisión la toma el lector. Escuche un conversatorio en la red de Juan Gabriel Vázquez sobre la relación de Camus y los escritores del Boom, sobre todo Vargas Llosa, habiendo muerto el primero, ósea Camus dos años antes de la publicación de la “Ciudad y los perros”, pareciera que conocía la obra de Vargas Llosa, hay conexiones impredecibles. Recordé el tema de los precursores traído a colación por Borges. Expresa Juan Gabriel Vásquez que "Escribir es una manera de subsanar, completar lo que está incompleto". Pienso que en la literatura todos los temas han sido tratados.
Miremos el momento que vivimos.  El confinamiento. La relación de la casa con la literatura. Este fue el propósito de un  ensayo (José Joaquin Parra Bañón), "La casa en la literatura latinoamericana contemporánea", gracias a la red lo pude leer, decía en un aparte: “Propongo entonces llevar a cabo un análisis de la representación de la casa a través de la literatura para ir más allá de su construcción material, y entender a cabalidad la importancia – cultural, política y económica – de este espacio en el imaginario social contemporáneo”. Expresa la autora: La casa es el lugar de la identidad y la intimidad por antonomasia, por eso se asimila a la idea de hogar, a una extensión material de nuestro «yo-cuerpo» (Zaplana Bebia 2004, 2) que se ha convertido en la actualidad en un dispositivo fundamental para la configuración de la subjetividad”. El autor deja ver que el tema ha sido tratado y está expuesto en muchas obras: “La casa de vapor de Julio Verne, Casa de muñecas de Ibsen, La casa Rusia de John de Carré, La ilustre casa de Ramires de Eça de Queiroz, La casa del juez de George Simenon, El Gran Gatsby de Scott Fitzgerald, La casa de Aizgorri de Pío Baroja, La casa de Bernarda Alba de García Lorca, En la casa del padre de Caballero Bonald o El país del miedo de Isaac Rosa”. Enfatiza; "En rigor, investigar el tratamiento de la casa en la literatura es una tarea compleja por dos razones:  porque implica una labor titánica de revisión de obras, y porque invita a una aproximación desde múltiples disciplinas y epistemes que complejizan el objeto de estudio" (1).
La articulación entre textos, la relación azarosa de sus temas y las coincidencias por fuera de cualquier intencionalidad es tema que me inquieta mucho. Kundera afirma que la novela comenzó a admitir la risa con el Quijote. El escritor  como creador en este caso, compite con Dios: “La desdivinización del mundo (Entgötterung) es uno de los fenómenos que caracteriza los Tiempos Modernos. La desdivinización no significa el ateísmo, designa la situación en la que el individuo, ego que piensa, reemplaza a Dios como fundamento de todo; por mucho que el hombre pueda seguir conservando su fe, arrodillándose en la iglesia, rezando al pie de la cama, su piedad sólo pertenecerá en adelante a su universo subjetivo. Tras describir esta situación, Heidegger concluye: «Así es como los dioses terminaron por marcharse. El vacío que se produjo en consecuencia fue colmado por la exploración histórica y psicológica de los mitos»”. Kundera en los testamentos traicionados es categórico: ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Todas las novelas buscan una respuesta a estas preguntas. En efecto, ¿mediante qué se define un yo? ¿Por lo que hace un personaje, por sus actos? Pero la acción escapa a su autor, se vuelve casi siempre contra él. ¿Por su vida interior, pues, por los pensamientos, por los sentimientos ocultos? Pero ¿es capaz un hombre de comprenderse a sí mismo? ¿Pueden sus pensamientos ocultos servir de clave para su identidad? ¿O es que el hombre se define por su visión del mundo, por sus ideas, por su Weltanschauung? Es la estética de Dostoievski: sus personajes están arraigados en una ideología personal muy original según la cual actúan con una lógica inflexible. En cambio, en la obra de Tolstói la ideología personal está lejos de ser algo estable en lo cual pueda echar raíces la identidad individual: «Stefan Arcadiévitch no elegía en absoluto ni sus actitudes ni sus opiniones, las actitudes y las opiniones iban solas hacia él, tampoco elegía la forma de sus sombreros o de sus levitas, sino que se quedaba con lo que se llevara» (Ana Karenina). Pero, si el pensamiento personal no es el fundamento de la identidad de un individuo (si no tiene mayor importancia que la de un sombrero), ¿dónde se encuentra este fundamento?". Esta es una manera de abordar los textos desde una concepción narrativa frente a los interrogantes fundamentales de la vida. La novela es un desciframiento de la condición humana desde la ficción. 
Escoger los temas también tiene que ver con nuestras concepciones, con la esclerotica de nuestras convicciones. Para el lector, fuera de todo aquello que el mercado le va imponiendo, escoger qué leer es vital, creo en la lectura hedonica, al final siempre vuelvo al redil y a los autores de siempre.
Con el confinamiento y ante la limitante del tiempo, hay más para leer que tiempo para abordar todos los textos, escoger bien es la clave. Nos podemos dejar llevar por varios autores. Para mi, el mejor guía sigue siendo Borges. Pero los apuntes y las memorias: Canetti, Musil, Borges-bioy, nos llevan siempre a otros autores, son una guía perfecta y una manera de tomar café con nuestros autores preferidos.
(1) file:///C:/Users/CON&CON%20PC2/Downloads/Imaginarios_de_la_casa_en_la_literatura.pdf



domingo, 14 de junio de 2020

MARI



Tiene unos ojos negros hermosos, un color de piel acanelado, de estatura media como buena latina, mucha gracia que se devela siempre con una sonrisa intempestiva, inteligencia, apuntes inteligentes, repentistas, matizados con carcajadas estridentes. Nació a las cuatro de la mañana en la ciudad colombiana de Manizales hace 22 años y el miércoles se gradúa de comunicadora social después de un periplo por instituciones educativas, 16 años de formación, donde cumplió a cabalidad y nunca perdió una materia. Esta es la historia rosa de mi hija. Podría agregarle que se preocupa más de lo normal, que ciertos retos se le vuelven angustia, que ser directa y franca, muchas veces le trae problemas y que no acepta dobleces ni hipocresías en una sociedad que está diseñada para asumir estos insumos tan nefastos de manera cotidiana. Ana Isabel, su  madre que murió hace cuatro años después de un cáncer que sinuosamente apareció y que no le dio tregua, se dedicó con una pasión desmedida a formar sus hijos y de hecho esta sería su semana, el logro de tantas mañanas y días, los siete días de la semana y los 365 de todos los años formando a su hija, enseñándole la responsabilidad y aplicándole el antibiótico emocional como regla, no se deje robar la alegría de nadie ni de nada, cero miedos, lo que nos ponga la vida, lo podremos superar. Uno podría afirmar que la actitud moral y la honradez, al estilo de Kant, fueron para Ana, categorías morales, deberes indeclinables.   
Esta sociedad, la que nos tocó, está cargada de servidumbres, nos obliga a cumplir con formalismos y ciclos para ser competitivos y para sobrevivir al darwinismo económico avasallador que nos imponen, aspecto que genera en la formación de un hijo muchas dicotomías, angustias y una incertidumbre total. Enseñarles a ser inteligentes para no dejarse consumir por arribismos, para enseñarles que la vida no puede ser sólo de resultados, es lo pertinente. Conocemos las reglas que imperan: Lo económico es vital para sobrevivir, no hay otro medio. Es bueno por ello recordar que la vida es una afirmación de fe no fundamentada en bases concretas, llena de belleza, magnificencia, gracia e infinita hondura de sensibilidad.  El hombre es más que maquina o una serie de actos reflejos. Cómo los poetas románticos, hay que vivir todos los días, con grandeza. Ser más inteligentes que las circunstancias y no olvidar por lo urgente lo importante, es lo ideal. Cómo dice Epitecto, Compórtate en tu vida como en un banquete. Si algún plato pasa cerca de ti, cuídate mucho de meter la mano. En cambio, si te lo ofrecen, coge tu parte. Haz lo mismo con tus riquezas, amigos, parejas, familia o cualquier otro aspecto. Si puedes lograrlo, serás digno de sentarte a la mesa de los dioses. Y si eres capaz, incluso, de rechazar lo que te ponen delante, tendrás parte de su poder.
Disfrutar el presente es un antídoto eficaz contra las tristezas que nos impone la vida. El presente, el hoy de mi hija es un logro, su grado, premio a muchos esfuerzos, de muchas mañanas corriendo para su universidad como si fuera a perder una guerra por unos segundos embolatados entre los avatares de la rutina; de lágrimas y alegrías en cada batalla ganada, de momentos de soledad e incomprensión y de la firmeza que camino se hace al andar y la vida es un reto irrenunciable.
También es la alegría de muchos quienes siempre le dieron ayuda, sobre todo en los momentos más adversos. De su madre, de sus hermanos, de sus abuelas, de sus tías, de sus primas y primos, de sus amigas. De igual manera de las azarosas circunstancias y articulaciones de un destino que no siempre manejamos y que permitió que llegara a este logro y sobre todo de su perseverancia.