domingo, 5 de junio de 2016

ANTIOQUIA LA CASA NO ESTÁ EN ORDEN



La entrevista que adelante transcribo apareció en el último número de la revista "Ñ" del periódico "El Clarín" de Buenos Aires a Héctor Abad Facio Lince y a Fernando Vallejo, me pareció no solo muy interesante, diferente, por la óptica que asume, es muy lúcida, no sólo por la calidad del dialogo sino por el análisis previo entre la concepción de patria que tiene el colombiano común en medio del conflicto largo y cruel en que le ha tocado vivir  en los últimos 60 años. El referente es la novela "La oculta " y de Vallejo "Llegaron".


Dos novelas publicadas a fines de 2015, escritas por autores colombianos, toman una región, la Antioquia edénica de los cafetales y los solares de familia, como camafeo del país. Y el espejo reelabora, en miniatura, los traumas de la nación entera. Se trata de “¡Llegaron!”, una breve novela moral de Fernando Vallejo, y “La oculta”, de Héctor Abad Faciolince, una crónica de ficción con tonos elegíacos, basada en las voces contrastantes de una familia de hermanos.

Contra todas las singularidades de estos novelistas, que en obras anteriores se ocuparon del género de memorias, ambas novelas se encuadran en esa contracorriente latinoamericana que son las narrativas antipatrióticas, según las caracterizó tempranamentela crítica Josefina Ludmer. Sobre el fin del tabú de la sexualidad, sostiene Ludmer en el ensayo “Aquí América latina”, sólo un dominio quedaba interdicto, el repudio al hogar común.

Desde luego, hay una singularidad colombiana que se acentúa en esta región, no sólo por su riqueza y sus elites. Cuando el país ya no es hospitalario, la gran casa familiar representa el último refugio. Pero éste también se ha perdido por las inclemencias de la guerrilla, la corrupción política y el narco –es también la región del patrón Pablo Escobar.

Ante la coincidencia temática, la iniciativa fue intercambiar correos con Vallejo y Abad Faciolince en base a un cuestionario muy semejante, que tuvo, es evidente, réplicas muy diferenciadas (en desarrollo y locuacidad...). Este es el resultado del ejercicio.

Entrevista a Héctor Abad Faciolince

–La casa familiar, la geografía y el lago propios: todas las coordenadas infantiles de la patria aparecen en La Oculta, un país dentro del otro. ¿Qué queda del sentimiento de patria una vez desaparecido el solar?
–Es tan odiosa la palabra “patria”... Etimológicamente es bonita: la tierra del padre. Pero los políticos abusaron tanto de ella, cometieron tantos crímenes en su nombre, que la degradaron hasta volverla casi repugnante. En mi novela sí importa lo que los mayores hicieron con la tierra; cómo la consiguieron, cómo la trabajaron y defendieron, cómo la van perdiendo. Todos necesitamos un lugar en el mundo, así sea para odiarlo. Los hermanos Ángel sienten un apego especial por este sitio de los antepasados. Es el paisaje de la infancia, que de algún modo produce serenidad. Pero el lugar que debería ser protector es también el de la amenaza. Colombia no siempre ha sido una buena patria; muchas veces fue lugar de masacres, la amenaza y el abandono. En ese sentido la finca amada se parece al país: amado y odiado al mismo tiempo. “Odi et amo”, como en el famoso poema de Catulo. Ovidio amaba a Roma, pero murió en el frío exilio, en el Mar Negro, lejos de Roma. Los argentinos saben bien lo que es una patria que nos exilia o una tierra que perdimos.

–¿Pero alguna vez la historia transcurrió con real placidez en ese territorio sentimental? Además, ¿en qué consiste el país, el “afuera” de Antioquia?
–El paraíso suele ser el pasado que nos cuentan, porque no lo vivimos, y porque quienes lo relatan (la memoria es selectiva) omiten lo horrible, idealizan la juventud. La placidez no suele ser una época sino algunos momentos o períodos. Esa mala memoria nos permite vivir sin resentimiento y soñar con algo mejor, por la falsa memoria de algo bueno que existió y puede recobrarse. “La Oculta” es exactamente eso: un territorio sentimental. Pero cada hermano que en la primera edad conoció esa “estancia”, como les dicen ustedes, la vive de un modo distinto. En mi libro, Pilar asimila lo malo o bien lo enfrenta, y trata de superarlo. Otra hermana, Eva, tiene una relación más conflictiva y escoge una especie de exilio: ella prefiere que esa finca se venda y rechaza todo apego emocional. Vive hacia adelante. Es una mujer moderna, urbana, que ya no quiere volver al campo. Antonio se refugia en la reconstrucción de la historia de la colonización de ese territorio.

–Convertida en región literaria, ¿cuál es la singularidad de esa provincia?
–Colombia es un país de países. Antioquia es mucho más extenso, poblado y con más recursos que, digamos, Nicaragua, y tiene un PBI que es diez veces el de Nicaragua, y lo mismo puede decirse de Medellín, la capital, comparada con Managua. Es un territorio aislado, de montañas duras y abruptas, y su geografía ha determinado cierta forma de ser (montañera) de los antioqueños. También sobre esa forma de ser nuestra indaga La Oculta .

–Tu obra de ficción viene a demoler también la literatura como extensión mitológica nacional. ¿Cómo creés que se lee hoy el realismo mágico? (Le señalo que “realismo mágico” es hoy el eslogan turístico de Colombia.)
–Aquello que fue grande y seguirá siéndolo. El realismo mágico (pienso en García Márquez y su magnífica Macondo) fue un descubrimiento muy poderoso que va a perdurar. Pero ya es una vaca ordeñada y seca hace tiempo... Repetir esa receta literaria es ridículo en el siglo XXI. Hay cierto realismo mágico de exportación, para los mal informados. Ya ese tipo de literatura es tan lejano que ni siquiera puede parodiarse. Sirve simplemente para confirmar una idea perezosa de lo que es América Latina para quienes no la conocen y lo hace a través de la televisión, o subrayando lo más patético de nuestros gobiernos. O de nuestros delincuentes.

–Tu novela se publica en el mismo mes que ¡Llegaron!, de Fernando Vallejo: otro solar familiar en Antioquia.
–Fernando ya había escrito maravillosamente la historia de Santa Anita, la finca de su familia en Sabaneta, cerca de Medellín, en su primer libro, Los días azules . Pero como a él le gusta repetirse, ahora, al ser una sopa recalentada, le salió menos bien: la misma diatriba, algo ya mascado. Cuando un escritor se vuelve el eco de sí mismo...

–Tu “Oculta” alude a la lucha armada y los “paras” como elemento de disolución. Es perturbador leerla en los mismos meses en que se negocia la paz entre las Farc y el gobierno.
–La paz no se ha firmado del todo, aunque probablemente se firme este año. El territorio y el paisaje de esa finca, “La Oculta”, han sido recorridos por todas las violencias, incluyendo la de los narcos, que en Colombia está muy ligada tanto a los “paras” como a la guerrilla. Son distintos ejércitos irregulares, con intersección en los negocios ilegales de exportación de drogas. Esa paz es necesaria para que los colombianos podamos recobrar esa tierra perdida. Mi novela habla de esa nostalgia de la tierra que perdimos, del país que se volvió urbano y que no pudimos volver a recorrer. Colombia es muy grande, pero sus habitantes vivimos confinados en ciudades cada vez más absurdas e inhumanas. En el mundo hay muy pocos sitios tan extensos, vacíos y verdes como ciertas zonas de Colombia.

–En tu libro, una vez que se aquieta la violencia enseguida irrumpe, victorioso, el mercado, con su impulso de explotación inmobiliaria. Esto es visto en términos melancólicos, como factor de modernización forzosa. Pero, a la vez, posibilita que cada hermano pueda tener nuevas libertades. Hace dos siglos nuestros países constaban de grandes haciendas y unos pocos potentados.
–Pero Antioquia, en la zona cafetera, no era zona de terratenientes sino de medianos propietarios rurales. Fue un experimento más igualitario que en otras partes de América Latina. El más rico y el más pobre hablaban de la misma manera. Pero ahora que podemos volver a las pequeñas fincas perdidas, la amenaza mayor no es la de los paramilitares, sino la de los especuladores que quieren convertirlo todo en fincas de recreo, en esa visión edulcorada y fea del campo, en el que éste desaparece y se convierte en una especie de parque que reproduce lo peor de las ciudades, las urbanizaciones semirrurales (¿cómo les dicen en la Argentina?, countries ). El capitalismo salvaje. O agroindustria de monocultivos con obreros rurales, haciendas urbanizadas con vigilantes y campos de golf. Algo muy feo, cursi, aunque se crea elegante.

–El narco ha aportado un nuevo estereotipo latinoamericano de exportación, con toda el aura narrativa de la mafia y cierto heroísmo heredado del bandido anarcofilantrópico. ¿Qué te produce esta apelación a los villanos latinoamericanos?
–El bandido asesino, machista, despiadado, con los peores vicios aumentados de la vieja élite, es algo que puede ser idealizado desde afuera, desde donde ven América Latina como una anomalía donde la gente no aspira a placeres normales sino que siempre va detrás de caudillos políticos absurdos o fascinada por delincuentes más grotescos que sus gobernantes. Yo no siento ninguna fascinación, sólo repugnancia y fastidio, por los narcos de reina de belleza, silicona, mansiones y sicarios... No nos estamos matando por religión, por el petróleo de al lado. América Latina es bastante libre.







domingo, 29 de mayo de 2016

EL ANIVERSARIO DE BORGES


Se cumplen treinta años de la muerte de Borges, cada segundo alguien está leyendo algún texto suyo y cada minuto alguien está citándolo, para no hablar de la cantidad de estudios sobre su obra, ni la infinidad de lectores alrededor de un corpus literario de quien hizo aportes invaluables a la literatura y que enalteció el papel del lector como nadie. Es el más universal de los escritores latinoamericanos, pese a la infinidad de estudios críticos, está lejos de ser abarcado en su totalidad, el marco de referencias, de lecturas escalonadas que se decantan en cada uno de sus textos, de citas y alegorías que reflejan a un lector impenitente que solo imaginó y pensó el mundo a través de las letras, es infinito. Hay una descripción de Beatriz Sarlo muy exacta: “Borges plantea problemas que, a primera vista, no esperaríamos encontrar justamente en él, un escritor hiperculto en cuya obra muchas veces sólo se lee el paradigma de la literatura alta con sus procedimientos metacríticos de autorreflexión. Así, Borges estaría todo entero en las grandes cuestiones abiertas por relatos paradigmáticos como "Pierre Menard, autor del Quijote", donde se pueden encontrar muchos de los temas que persigue la crítica contemporánea: la teoría del intertexto, las nociones de enunciado y enunciación, la teoría de la lectura como escritura y de la escritura como lectura, la crítica a la idea de originalidad y de influencia”. Cada texto suyo es una incitación a la lectura, la literatura “es la diversa entonación de unas cuantas metáforas y es verosímil conjeturar que desde Homero todas las metáforas intimas, necesarias, fueron ya advertidas y escritas”[1]. Escuche la magistral conferencia pronunciada por Piglia, que trata de responder, por qué Borges es un buen escritor. Empieza diciendo que los escritores no siempre saben lo que quieren hacer, sino lo que quieren no hacer, sabemos que no podemos escribir pero que en el caso suyo, descartó tantas cosas, que al final terminó en materia literaria quedando con lo esencial. Para Piglia es el inventor de la literatura fantástica, que Piglia llama ficción especulativa, no solo la creo sino que invento el procedimiento para que otros la hagan. Nunca escribió un texto de 10 páginas, “le parecía demasiado extenso”. Borges vivió entre libros, su vida es una transposición de sus lecturas desde la escritura en un dialogo inteligente, solo preocupado por los efectos de sus escritos en el lector.  Hay algo extraordinario en esta disertación, y es la pregunta invertida  que trata de responder el escritor argentino en sus textos: Qué hay de fantástico en la realidad. “pues debe recordarse que su escritura va de lo fantástico a lo referencial; de alusiones a la lectura a enumeraciones caóticas; de traducciones desviadas a reelaboración de temas de otros. En fin, una larga lista de recursos y formas literarias que hacen de la producción borgiana una propuesta de teoría literaria latinoamericana”[2]. Trabaja expandiendo los espacios de acumulación de lo que lee. Sus textos están llenos de citas, constituyen recursos a favor del relato, sabiamente expuestas, no solo denotan una erudición impresionante, sino un aporte novedoso a favor de la literatura, al relato y  la cultura universal, descubrimos un modo de leer, hay una hermenéutica muy personal que se decanta en el relato, con todo esto produce algo nuevo, extraordinario, los textos que lo hicieron tan famoso. En los diarios publicados por Bioy Casares, hay una cita de noviembre del 56 que lo describe magistralmente. Bioy le pregunta que si debe escribir un artículo como un cuento, Borges le responde: “Yo creo que todo debe ser narrativo. Todo debe tener una forma de relato. Silvana le pregunta, ¿cómo?, ¿los poemas también?, Borges le responde, los poemas también, debe ser una situación desenlace. Desde luego, puede uno proponerse escribir algo no narrativo, pero casi siempre fracasará. Para mantener el interés del lector hay que hacer artículos como cuentos”. La preocupación permanente de Borges por el lector, por su vigilia, el interés que siempre debemos despertar alrededor del texto, fue una de sus mayores preocupaciones y de hecho sus libros son un verdadero manantial, Borges para los amantes de la buena literatura es como un vicio, volvemos a sus textos de manera recurrente, sus lecturas siempre nos lleva a otros textos, desde ellas se inician ciclos muy hermosos alrededor de las letras universales en un camino interminable.
Sigo pensando que la infinidad de conferencias y entrevistas realizadas durante más de treinta años, constituyen una obra aparte lejos de ser estudiada a cabalidad. Con las TIC, están a disposición de los lectores. Me he propuesto la tarea de hacer un inventario detallado de las mismas que genere un recurso novedoso para los amantes de su universo.













[1] http://www.borges.pitt.edu/sites/default/files/Alazraki%20El%20texto.pdf
[2] Martha Eliza Arismendi Dominguez. Borges y la intertextualidad.

sábado, 21 de mayo de 2016

LA ÓPERA TAMBIÉN CELEBRA A SHAKESPEARE

Este articulo del blog de Roberto  Herrscher, del boomerang literario de "El pais" de España, como casi todos los suyos, es de un encanto absoluto, espero lo disfruten mis lectores.

A 400 años de su muerte, William Shakespeare está más vivo que nunca: en los teatros, en el cine, en los libros, en los debates intelectuales… y también en la ópera.
El crítico literario Harold Bloom lo “acusó” de haber inventado “lo humano”, al hombre moderno. El idioma inglés le debe cientos de palabras y una capacidad única para la precisión y la ironía. El teatro le debe todo. Y la política, casi todo: sin él serían incomprensibles las campañas electorales, las series de televisión. No se puede contar ni ejercer el poder sin sus tragedias de reyes y emperadores. 
No es extraño entonces que haya sido fuente de inspiración de tantos músicos. La musicalidad de sus sonetos y monólogos parecen pedir melodías, y muchas de sus obras, sobre todo las comedias románticas, incluyen canciones. Pero fue a partir de Henry Purcell que los compositores empezaron a excavar la profunda mina de su obra.

PRIMERO FARSA, DESPUÉS TRAGEDIA

En 1692, a menos de un siglo de la  muerte de Shakespeare, el más grande de los compositores ingleses puso música incidental a una versión ligera del Sueño de una noche de verano. The Fairy Queen se interna en lo fantástico, lo divertido del juego de disfraces, la alegría del amor. Ritmos ágiles, melodías frescas y un uso chispeante de los instrumentos de viento.

En 1976, Aribert Reiman compuso una ópera áspera, angulosa, con un acusado sentido dramático que lamentablemente no abunda en la lírica contemporánea. Lear fue estrenada con gran éxito en la Ópera de Múnich. Pocas veces la música contemporánea sin melodía discernible ha sido capaz de transmitir tanta emoción, de delinear con lentas punzadas musicales un puñado de personajes marcados por la desesperación.
Entre estos dos extremos, más de una veintena de compositores de todas las épocas y tradiciones sucumbieron al embrujo de Shakespeare.
Este año de aniversario presenta una muestra de esta riqueza y variedad en los principales teatros de ópera de la península. En diciembre, el tenor devenido barítono Plácido Domingo estrenó en el Palau de les Arts de Valencia su personificación de uno de los más grandes papeles verdianos, Macbeth, el “primer Shakespeare” del italiano. Dos meses más tarde, el Teatro Real de Madrid estrenó una rareza de Wagner: Das Liebesverbot (La prohibición de amar), su segunda ópera, basada en la comedia Medida por medida. Y en mayo, el Liceu de Barcelona presentará una joya del bel canto, I Capuletti e i Montecchi, la versión de Vincenzo Bellini sobre Romeo y Julieta. 

BEL CANTO, VERDI, ¡WAGNER!

Sin duda, el compositor más marcado por el bardo fue Giuseppe Verdi. Macbeth es su décima ópera, compuesta a los 33 años, y con ella los especialistas dicen que comienza una nueva relación, más profunda y moderna, con la dramaturgia.
Como Macbeth y Lady Macbeth, Domingo y la imponente soprano rusa Ekaterina Semenchuk se sumergen en la locura del poder, el crimen y la culpa en una puesta en escena oscura: una sucesión de paredes que se van cerrando sobre la pareja protagonista. En esta versión, Macbeth es vencido más por sus propios fantasmas y su fragilidad que por la fuerza de sus enemigos.
Verdi volvió a Shakespeare al final de su vida, en lo más alto de su carrera: cuando ya consideraba cerrada su obra, el libretista y compositor Arrigo Boito lo convenció para que volviera: a los 74 años compuso Otello, su obra maestra. Y a los 80, Falstaff, la comedia llena de piedad y empatía por las debilidades humanas, basada en el personaje del adorable gordinflón lascivo que aparece en Enrique IV, Enrique V y en Las alegres comadres de Windsor. El gran trágico Verdi se despide con una sonrisa comprensiva.
El gran rival de Verdi en la ópera en el siglo XIX, Richard Wagner, está mucho más alejado del universo de Shakespeare. Por eso fue una agradable sorpresa descubrir este año su segunda ópera, la única comedia que había compuesto antes de Los maestros cantores de Nuremberg, que termina de una forma tan wagnerianamente seria y solemne. 
Das Liebesverbot (La prohibición de amar) es la historia de un hipócrita gobernador que impone un código moral estricto y sentencia a muerte a un joven que se acostó con su novia. Cuando la hermana del joven, una monja, le ruega piedad, al gobernador se le despierta la misma libido que castigaba en los otros, y ofrece a la monja clemencia a cambio de sexo. Todo termina bien: en la obra original de Shakespeare, Medida por medida, el gobernador es castigado por su superior, un duque. En la versión de un Wagner revolucionario de 20 años, es el pueblo el que se rebela.
En el Teatro Real, como parte de la divertida puesta en escena de Kaspar Holten, todo termina con un aquelarre final, con el gobernador entrando disfrazado en el carnaval que él mismo había prohibido para encontrarse con la religiosa que lo desvela. Los personajes aparecen en el carnaval vestidos como los adustos héroes del Wagner maduro: el más desopilante es el jefe de policía, que lleva larga peluca rubia y cuernos, como una valquiria. 

Para terminar con las celebraciones operísticas de Shakespeare, el Liceu de Barcelona programa en mayo y junio una joya del bel canto: I Caputelli e i Montecchi, de Vincenzo Bellini. Aunque para muchos estudiosos el libreto de Felice Romani puede haberse basado en las mismas leyendas renacentistas italianas en que se basó Shakespeare, al ojo y al oído de hoy no hay duda: es el Romeo y Julieta de Shakespeare hecho ópera.    
Y a diferencia de su “rival”, el Roméo et Juliette de Charles Gounod, en el que Romeo es un tenor, aquí el joven enamorado está interpretado por  una mezzosoprano. En el estreno de 1830 fue la legendaria Giudita Grissi. En el Liceu lo interpretará la gran mezzo de coloratura Joyce di Donato.

¿Y QUÉ LE APORTA LA MÚSICA AL GRAN BARDO?

Shakespeare enriqueció enormemente el mundo de la lírica. ¿Pero qué aporta la ópera a las obras tan completas y redondas que el gran dramaturgo inglés creó para el teatro hablado? ¿Qué les agrega la música orquestal y el canto?.
Creo que tres cosas, que se ven patentes en Macbeth, en “La prohibición de amar” y en Montescos y Capuletos. La primera, la más obvia, es la inclusión del coro: nunca el teatro hablado tendrá un personaje coral tan potente y locuaz. El coro es el pueblo que clama, grita e implora con una sola voz en decenas de gargantas.
En la ópera, lo coral que bulle en los argumentos de Shakespeare se magnifica: el pueblo escocés llora por su opresión y al final celebra la caída de Macbeth. Wagner cambia el final de Medida por medida para que al gobernador hipócrita no lo venza el duque que lo nombró sino el pueblo, harto de sus arbitrariedades. Es el coro que triunfa sobre la injuticia. Y en la versión de Bellini, Romeo y Julieta son antes que nada miembros de familias rivales. No es extraño que esta obra tan coral se llame I Capuletti e i Montescchi.
En segundo lugar, los personajes de Shakespeare detienen la acción para hablar consigo mismos. El monólogo filosófico de Hamlet; el delirio heroico de Falstaff; la confesión feroz de maldad de Iago. Los libretistas de ópera transforman con facilidad estos momentos en grandes arias. Y los compositores, en música sublime.  Lo mejor del desparejo Hamlet de Ambroise Thomas es el aria de la locura y muerte de Ofelia, que enloquece cantando en una cascada aterradora de notas agudas, con las que deslumbró hace una década la soprano Natalie Dessay en el Liceu.
Por último, las descripciones de estados de ánimo, las tormentas y amaneceres y noches estrelladas, las escenas de alegría y tristeza colectiva, las batallas… El paso del teatro al libreto de ópera elimina o reduce muchas de las escenas en las que personajes secundarios cuentan lo que pasa fuera de escena. Los compositores lo reemplazan por paisajes sonoros: Otelo rumia en silencio sus celos y la música es el taladro de la duda insidiosa dentro de su cabeza; el bosque encantado del Sueño de una noche de verano florece en las cuerdas y los oboes de Purcell; en mundo se vuelve hostil y maligno en la música angulosa e inquietante del Lear de Aribert Reimann.

En estas obras geniales, la música completa y acaricia las palabras de Shakespeare. 

 http://www.elboomeran.com/blog/1479/blog-de-roberto-herrscher/

sábado, 14 de mayo de 2016

ALMUDENA GRANDES, HENNING MANKELL Y ALAINE TOURINE

Estoy leyendo  varios libros, quisiera comentarlos sin mayores pretensiones, aludiendo a eso que llamó Borges la actitud del cisne, siempre picando allí y acá, cediendo a una pasión en esa búsqueda por entender la naturaleza humana desde las historias que nos entrega la buena literatura. “Atlas de geografía humana” es la primera novela que leo de Almaduena Grandes,  le había querido leer desde hace tiempo, el éxito comercial es estridente, de hecho en España y Latinoamérica su reconocimiento es total, tanto de la crítica especializada como de los lectores quienes le mantienen vigente, para mí constituía uno de esos autores que uno sabe terminará leyendo.
Es un historia narrada desde la esclerótica de cuatro mujeres, pese a ello, no corresponde a eso que llaman literatura feminista. Cada una de ellas se enfrenta e indecisiones en una etapa de la vida que no les permite más aplazamientos, en una especie de encaramiento con la cosas importantes que no han sido resueltas, con aquellas verdades que se vienen negando, en medio del  rol que les tocó asumir como mujeres a partir de la liberación de genero a tantos años de exclusión y servidumbre. Al principio me pareció muy lenta, simples historias entrecruzadas de cuatro mujeres en medio de la rutina  alrededor de una revista, preparan un número llamado atlas de geografía humana, viven los problemas   recurrentes en este tipo de publicaciones, pero en este entramado, cada una  va descubriéndose, enfrentándose a todo lo aplazado en plena madurez. Vamos conociendo las tragedias particulares, con la lectura de esta novela confirmo que la vida de las mujeres está siempre agolpada de detalles, de nimiedades en apariencia,  estas al final son de absoluta importancia, de ellas está lleno su mundo, pero es a través suyo desde donde va encarando lo fundamental, lógico con el peso cultural que significa ser mujer en esta transición del genero después de los años 60, las nuevas conquistas y el viejo ancestro cultural que las estructuró por siglos chocan en apariencia, les pesó mucho. La historia está contada en una prosa clara, sin arabescos, directa, la cual no tiene reparos, Almaduena es una gran prosista, más tarde hablaré de los recursos literarios de esta autora
Esta es una de las novelas más exitosas de la autora, se han creado series de televisión y fue llevada al teatro en Madrid con éxito. La generación de la mujeres sobre la cual gravita el relato,  es la del 60, aquella que le toco vivir la transición de su naturaleza social y psicología que respondía a una sociedad machista,  pasó de ser  ama de casa, la señora, un ser de resignaciones absolutas, a ser una persona con la plenitud de derechos para comparecer al mundo, tomárselo, aquella que se enfrenta de súbito a su autonomía, al desarrollo de sus capacidades y al entrar en pleno a la sociedad asumiendo un rol hasta ahora nuevo, nunca dejan de ser por esto razón madres, esposas, paralelo asumen el papel de ejecutivas, profesional, en fin…..  las mujeres se enfrentaron a una metamorfosis que cambió toda su esencia personal y social, para muchas fue intempestivo, nada fácil.
Roxana Torres del periódico el país comentado la puesta en escena hizo una síntesis magistral de la novela: “Atlas de Geografía Humana habla de los conflictos, las virtudes, los defectos y las contradicciones de las mujeres de la generación de Grandes, a las que se conoce también por las chicas de la movida: “Estrenamos nuestra libertad adolescente al mismo tiempo que la adolescente democracia española se estrenaba a sí misma. Nos habían educado para vivir en un país que, por fortuna, había desaparecido cuando nos hicimos adultas, y nadie nos preparó para trabajar, para competir en la selva laboral, para tener hijos mientras hacíamos jornadas de ocho horas en una oficina”, señala la autora quien tiene claro que esas mujeres, entre las que se encuentra, tuvieron que avanzar en una sola etapa el mismo trecho que el resto de las mujeres europeas habían salvado en dos. “Porque cuando sus madres andaban quemando sujetadores, las nuestras vivían en los usos y costumbres del siglo XIX. Pero la modernidad, la independencia, no nos ahorró la angustia de llegar tarde al colegio cada dos por tres a recoger a nuestros hijos y de sentirnos culpables cada vez que cogíamos un avión. Entonces, nuestras madres no nos entendían. Ahora, nuestras hijas tampoco nos entienden. Y sin embargo, aunque tuvimos que hacerlo todo solas, lo hicimos bastante bien, tanto que a veces miro hacia atrás y ni siquiera lo comprendo. Creo sinceramente que las mujeres españolas que en este momento están cerca de cumplir los cuarenta, lo tienen más fácil que nosotras. Y me alegro por ellas”, concluye”[1].
Estoy leyendo a la vez una excelente novela policiaca de Henning Mankell: “Asesinos sin rostro”, este es una obra magistral: Ritmo, escrita en apariencia de manera simple, pues su prosa es directa, como escribiendo un informe, pero al final resulta perfecta, el tono de  su narración nos va ganando como lectores, su milimétrica composición va describiendo en medio de las rutinas propias de la investigación policiaca emprendida por el legendario Wallander, el cruel y sangriento, asesinato de un anciano, reflejan las eternas contradicciones de una sociedad que suponemos civilizada. Siempre, de la mano de este personaje, lúcido, solitario, lleno de dudas, con muchas cosas no resueltas en lo personal, quien no deja de asombrarse por la facilidad del ser humano para asesinar, ya no le sorprende su crueldad, la vive todos los días, pero tampoco se acostumbra.
Me encontré publicado por Paidos un ensayo llamado “El mundo de las Mujeres” de Alain Tourine. Es un texto que hay que leer, porque en medio de tanta literatura  y textos académicos sobre el feminismo, la emancipación de las mujeres, sus derechos, el nuevo rol asumido,  su puesta en escena en el mundo, suelen los teóricos caer en unos maniqueísmos lingüísticos, en una toma de posición, que al final resulta contradictoria con lo que se quiere desde el lenguaje, en unos casos describe la opresión, en otro  define la toma de posición en medio de las tensiones propias de una transición intempestiva, asumen en la mayoría de casos, entender cuál es el papel de la mujer en el rol que han venido ganando, pero el  factor crítico de estos análisis al final, es que la mujer en medio de todas estas discusiones se va diluyendo, desaparece y no sabemos aun que queda. Las mujeres pretenden suprimir a las mujeres, este es el primer texto del libro que me deslumbró.







[1] http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/21/actualidad/1353523859_813717.html

martes, 3 de mayo de 2016

LA FERIA DEL LIBRO DE BOGOTA

La feria del libro debe ser un festival para los lectores, el sitio que nos permita tener un acercamiento con los autores,   ideal para promocionar el libro e incentivar la lectura, con conferencias, conservatorios y por su puesto la firma de originales.
En la feria hay más ofertas de lo tradicional, por ejemplo, editoriales internacionales que por razones de mercado es difícil tener alcance o no llegan al país, la oportunidad para ver todo lo que ha publicado la academia; y por su puesto es la semana que nos actualizará en materia de publicaciones y novedades, estamos expectantes a la espera de los grandes lanzamientos.
Este año no fue el afortunado, pues se cometieron algunos errores logísticos que desvirtuaron el objeto de la feria, lo  convirtieron en un espectáculo grotesco de mercado, lo peor, de productos que nada tienen que ver con el libro.
Hay un hecho contundente confirmado en el recinto ferial, la juventud está leyendo libros muy alejados de la literatura tradicional, existen predilecciones por fuera del canon literario, fenómenos como el de Harry Potter no son casuales, las sombras de Grey o las sagas como juego de Tronos, las  novelas de vampiros, para no citar sino algunas, que se venden como salchichas, algunas con mucho merito, sería muy bueno escrutar con rigor este fenómeno. La juventud lee y mucho.
Otro hecho relevante es que el libro físico está lejos de morir, mantiene los niveles de venta y podría categorizar que se ha incrementado, inclusive hay un resurgimiento y apertura de  librerías nuevas y diferentes a todo lo que conocíamos, con un formato más amable, han sido creadas por enamorados de la buena literatura y el libro, se acercan más al lector, funge de nuevo ese librero-lector que actúa como mentor.
En el caso personal, el exceso de ofertas, ese mundo de librerías agolpadas en un mismo sitio, recintos feriales inmensos llenos de todo tipo de libros, ya no es mi preferido, cada vez selecciono más lo que leo, no me interesa comprar libros para guardar, prefiero un excelente libro a cien dudosos, debo cuidar el poco espacio que me queda en la casa, no le cabe un libro más y realmente son muchas las lecturas aplazadas.
En todo caso sigue siendo la semana y el sitio donde reverberan los temas alrededor del libro, su importancia está fuera de discusión, espero se corrijan los errores y de hecho siempre a los lectores esta semana nos deja mucho.









sábado, 23 de abril de 2016

‘DON QUIJOTE’, ES DECIR, LA HISTORIA DE LA NOVELA

Creo que este excelente artículo de Francisco Rico publicado hoy en el periódico “El país” de España amerita ser reproducido por su calidad y por salirse de lo común en estos aniversarios.[1]
FRANCISCO RICO

Se ha dicho que toda filosofía es una nota a pie de página de Platón. Puede decirse que toda la ficción en prosa es una variación sobre ‘el tema del Quijote’[2]. Es muy cierto el juicio de Lionel Trilling, y en parte se entiende porque ‘el tema del Quijote’ tiene mucho que ver con las raíces mismas de la ficción como dimensión constitutiva del ser humano y como sustancia primordial de toda literatura.

La más difundida de todas las interpretaciones del Quijote, hasta el punto de convertirse en la explicación estándar que en principio viene acompañando durante dos siglos a quien se dispone a leerlo por primera vez, la dio el romanticismo alemán: en palabras de Schelling, el tema de la obra es “das Reale im Kampf mit dem Idealem”, ‘la lucha de lo real con lo ideal’. Hay un fondo indudable de verdad en esa interpretación, pero si hubiera que proponer un núcleo último de significación, una significación a todas luces no buscada por Cervantes y sin embargo admisible sin la menor violencia, yo personalmente me atrevería a razonar que don Quijote ilustra en grado superlativo un rasgo fundamental de la condición humana.

Vivir, en efecto, es contar, ir contándonos historias. La más modesta acción cotidiana, no digamos si crucial, supone imaginar una narración en que nos corresponde el papel de protagonistas, ponerla a prueba frente a los condicionamientos de las circunstancias, para volvérnosla luego a contar dentro de una trama más compleja, mejor estructurada. Don Quijote y el Quijote ilustran en grado supremo, digo, esa dimensión constitutivamente narrativa de la vida, y la ilustran provocándonos a un tiempo la risa y la adhesión, llevándonos a contemplarlos con la cercanía de nuestros propios relatos, pero con la tranquilizadora distancia de la ficción.
Ese trasfondo universal, esa referencia más o menos implícita del Quijote a una constante de la condición humana, reviste en él la forma de polémica literaria, en la medida en que confronta las dos grandes direcciones de la especie de ficción que actualmente llamamos novela, en principio autónomas: una antigua, inmemorial, la otra sustancialmente moderna.

Con una modernidad perenne, este texto se configura así como un completo universo a la vez de realidad y de literatura

La antigua se centra en el relato de sucesos y pasiones extraordinarias, protagonizado por personajes que reúnen perfecciones de todo orden y se mueven en escenarios inaccesibles para el común de las gentes, a menudo con elementos fantásticos o sobrenaturales, en un mundo de nítidas jerarquías y fronteras entre el bien y el mal. Cervantes ha empezado justamente su carrera con una de las variedades de esa especie, La Galatea (1585), en la línea de la fábula pastoril de filiación clásica asociada con el relato sentimental de la tardía Edad Media. Y su última obra serán Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617), con su incesante despliegue de peripecias (raptos, naufragios, maravillas...) que complican el destino de los dos jóvenes y modélicos enamorados.

Al margen de esa tradición milenaria, desde el siglo XVI fluye independientemente otra modalidad de escritura: las ficciones que se presentan como relatos de hechos reales, efectivamente acaecidos; cuya acción se desarrolla entre las cosas y personas de la vida diaria, y que adoptan las formas corrientes en los escritos del mundo real: cartas, memorias, biografías, relaciones, crónicas..., unas veces en primera persona, como en el Lazarillo de Tormes o en la picaresca, y otras en tercera persona, como en el Diario del año de la peste de Defoe o en las biografías inglesas de criminales.

Pues bien: la historia de la novela es la historia de la confluencia del antiguo ideal romancesco y una narrativa moderna inspirada por la ficción pseudo-real, una confluencia en la que será aquél quien a la larga más honda y perdurablemente acoja las propuestas y los procedimientos de ésta. La culminación del proceso sólo se alcanza cuando la estética más prestigiosa en los siglos XIX y XX acoge en su marco y superpone a título de iguales la ficción pseudo-real, los simulacros de prosa de hechos reales, y las especies de ficción que hasta entonces había tenido como propias el establishment literario. Pero todo ese proceso está prefigurado ya en el Quijote: el Quijote adelanta, contiene y en medida importante inventa (no temamos decirlo: inventa) no ya la novela, sino la historia de la novela.

El Quijote ensancha con categorías nuevas el espacio de la ficción pero, se diría, sin desechar ninguna de las viejas

Por otra parte, la novela se nos presenta hoy como la forma por excelencia híbrida, polifónica, para decirlo con Bajtin, o, en la fórmula de Marthe Robert, “totalitaria”: el género de géneros, el cajón de sastre donde se mezclan y conviven todas las modalidades literarias y expresivas. El Quijote, a la altura de su tiempo, concuerda sustancialmente con esa concepción de la novela que llegó a formarse el siglo XX.

El Quijote ensancha con categorías nuevas el espacio de la ficción, pero, se diría, sin desechar ninguna de las viejas. De la teoría clásica le viene el problema capital de cómo concertar la admiratio con la verosimilitud. El grand roman está reelaborado no sólo en diálogo crítico con los libros de caballerías, sino en episodios pastoriles como el de Grisóstomo y Marcela o en las aventuras del Capitán Cautivo. El relato folkórico y la novella corta a la italiana se emulan al par que se critican, por ejemplo, en el cuento de Lope Ruiz (I, 20) y en El curioso impertinente.

Si en la Primera parte (1605) los materiales de diversas tradiciones tienden a yuxtaponerse, al arrimo de la noción renacentista de que la varietas es fuente a la vez de verdad y de belleza, la Segunda (1615), sin renunciar a ellos, los ensambla en un hilo conductor que enlaza desde el trasmundo onírico de la Cueva de Montesinos hasta la crónica de actualidad de Roque Guinart, pasando por la farsa cortesana de los Duques. La mise en abîme y la metaficción tienen en la Segunda parte un papel sobresaliente a través de las conspicuas referencias a la Primera y a la continuación del apócrifo Avellaneda.

Todos los géneros y los estilos literarios, del teatro a la épica, y todos los tipos de discurso, de la pieza oratoria al documento legal, se someten a revisión. Todos los niveles del lenguaje, en fin, de los artificiosos arcaísmos del caballero a la fraseología popular de Sancho, se conciertan con la prosa limpia y natural que da el tono de la narración, en una fascinante polifonía. Con una modernidad perenne, el Quijote se configura, así, como un completo universo a la vez de realidad y de literatura






domingo, 10 de abril de 2016

REALIDAD Y FICCION

No quiero referirme a los excelentes trabajos académicos sobre realidad y ficción que hay publicados, ni a las disertaciones en conversatorios a lo largo de Hispanoamérica realizadas por los mismos escritores, quiere tratarlo desde lo más coloquial, desde mi experiencia personal.  Esta semana leí como la publicación de unos pasquines en un pueblo de Colombia generó separaciones entre parejas, violencia de parte de los maridos traicionados y la intervención de la iglesia. Gabriel García Marquez, trató el tema en su obra hace muchos años, de manera idéntica, hace cincuenta años, lo hizo en “La Hojarasca”, En "La mala Hora”, y en el “Coronel no tiene quien le escriba”. La ficción trae de manera magistral  sus historias de la realidad, entender y rastrear cómo fueron creadas a partir de ella, así hablemos de la literatura fantástica, es un trabajo fascinante. Julio Cortázar, leyó y recogió todo lo que vivió a favor de sus historias, toda su existencia gravitó a favor de lo que necesitaba y muchas fueron construidas desde su experiencia personal, la cual si leemos cuidadosamente veremos confrontada.
En una conferencia de Piglia, magistral por cierto, expresa que algunos de lo escrito más memorables de Borges vienen de la historia de su familia, esta indagación le llama, escritura de origen. La literatura, la ficción, que es una parte de la realidad, que busca hacernos más humanos, muchas veces se anticipa a los hechos, de manera sorprendente, otras narra lo que a posteriori vemos constatado, como en el caso de los pasquines en Gabriel Garcia Marquez, resultado del conocimiento perfecto que tiene de un pueblo, producto del ojo del reportero avezado,excepcional, como lo fue nuestro nobel.
Todo lo que escribió en sus novelas de espionaje John Le Carré, partió de sus experiencias personales como diplomático. Sus libros de suspenso y espionaje ambientados en la época de la Guerra Fría, muchas veces se anticiparon a los hechos y después me parecía, cuando ellos sucedían, que ya los había visto, no lograba entender por qué lo sabía, se me olvidaba que lo había leído de la mano de este magistral escritor Británico. Tom Clancy, un escritor de Best seller, me enseñó más de geopolítica, que muchos textos académicos, con una virtud, se anticipó a muchos hechos.
En Colombia se están escribiendo novelas históricas, que paradójicamente nos hacen entender mejor el presente caótico que vivimos, nos permiten conocer desde la ficción, la genealogía del conflicto armado y la violencia, desde la experiencia literaria. Gabo decía que la realidad era siempre más rica que la ficción, sus primeras crónicas periodísticas le permitieron comprobarlo.
Todo lo que escribió Cervantes parte de sus experiencias. Leyendo el excelente trabajo de Martin De Riquer, que sigue siendo uno de los más importantes que se han hecho sobre el padre de la novela moderna, se comprueba que Cervantes, abrevo en sus propias vivencias, esta fue el principal material para cada una de sus obras.
Me encontré en la red con una afirmación muy lúcida a propósito de una de las novelas de Javier Marias, que le generó muchos debates, nunca pude identificar al autor, pero me parece pertinente: “Aunque sea válido afirmar que el individuo ficticio no es real, es necesario aceptar que lo ficticio tiene efectividad. Si el vocablo "ficción" se entiende como construcción de mundos todo el discurrir del ser humano sobre la realidad está impregnado de ella. Es ficción la unidad y exageraste un gesto, la justicia es una convención y simulaste no quererle, el tiempo es una invención y fingió creerte. Pero entendiendo "ficción" como falsedad o mentira se debe distinguir la ficción literaria. La mentira sobrepasa la verdad y la obra literaria sobrepasa al mundo real que incorpora ya que como advertía Philip Sidney El poeta nada afirma y, por tanto, nunca miente. Esta forma de sobrepasar la realidad es algo muy distinto a la mentira. La fórmula básica de la mentira y de la ficcionalidad es provocar la simultaneidad de lo que mutuamente es excluyente, soy fiel e infiel, vencí y perdí, estoy en Región y en Barcelona. La condición que separa a las ficciones literarias de la mentira es que descubren su ficcionalidad, algo que la mentira no puede permitirse sin riesgo de interrogatorio y condena[1].
La ruptura producida por la escuela Francesa que empezó con el estructuralismo, que le dio un giro a la crítica clásica, caracterizada por olvidar los aspectos biográficos, lo que conocemos como el giro lingüístico, que concentra su dilucidación de una obra sólo alrededor del texto, la deconstrucción en cabeza de Derrida, hizo olvidar la escuela historicista, que le da mucha importancia a la vida del autor, pues parte de escrutar las experiencias biográficas y establecer como influyeron en su obra, estos datos constituyen las herramientas desde ka cual las desciframos. Lo sorprendente es que a nosotros como lectores, quiero destacar este detalle, en una especie de tras-polación nos parece que muchos de los hechos de la realidad, lo hemos vivido antes y realmente es la ficción quien nos lo ha entregado de manera magistral.


[1] http://www.monografias.com/trabajos13/reayficc/reayficc.shtml#ixzz45TLJUior