lunes, 8 de agosto de 2016

EL VALOR DE LA AUSENCIA ( RELATO)

La Muerte significa la ausencia total, aquellas personas que se van indefectiblemente no volverán jamas. En “La ridícula idea de no volver a verte”, Rosa Montero, toca magistralmente el tema, la ausencia nos marca, su imposibilidad absoluta es una desesperanza, se convierte en un peso inenarrable, es imposible volver a ser feliz. Esta escritora “Cuenta que le pidieron escribir un prólogo para un texto pequeño escrito por Marie Curie, de unas veinte páginas, un diario que escribió después de la muerte de su marido Pierre Curie, que murió a los 47 años. Confiesa la autora que el texto la conmovió tanto que no sólo hizo un prólogo, sino todo un libro. Y es ridícula la idea “de no volver a verte”, porque en el duelo es casi imposible imaginar que la ausencia del ser querido es interminable: no se quiere admitir, no se puede creer, y cita a Marie Curie: “A veces tengo la ridícula idea de que todo esto es una ilusión y vas a volver. ¿No tuve ayer, al oír cerrarse la puerta, la idea absurda de que eras tú?” También confiesa la autora que esperaba que su esposo muerto, enterrado y llorado por ella hacía poco tiempo, regresara de repente, ya fuera del trabajo o de un paseo; luego considera que así sucede en tantos casos de hombres y mujeres en duelo”[1].
Podemos ser completamente agnósticos y cuando un ser amado se nos va, resurge la idea del más allá, de eso que denominamos espiritualidad, el sentimiento de totalidad, lo que el filosofo Arabe Alfarabi llamaba el uno y el todo.  El libro de Rosa habla del peso de la ausencia, empieza con frases magistrales, cautivantes: “Sólo en los nacimientos y en las muertes se sale uno del tiempo; la Tierra detiene su rotación y las trivialidades en las que malgastamos las horas caen sobre el suelo como polvo de purpurina. Cuando un niño nace o una persona muere, el presente se parte por la mitad y te deja atisbar por un instante la grieta de lo verdadero: monumental, ardiente e impasible”. Solo quedan os recuerdos.
Ana Isabel, mi esposa, murió hace poco debido a un cáncer, muy joven, llena de vida, con un amor inconmensurable por sus hijos, razón suficiente para amar la vida, su actitud valiente la mantenía lista para enfrentar lo insondable, aferrada a su entorno, aún así se nos fue intempestivamente, su combate fue inútil, ya no está con nosotros, solo tenemos el recuerdo y el peso de su ausencia. Su partida me dejó dos sentencias: después de la muerte nada pasa y no se por qué no entendemos que la existencia es muy corta, nuestra  fragilidad es total, desperdiciamos la mitad del tiempo en cosas inútiles,  nos dejamos robar todos los días la vida, la alegría, siempre se nos va el tiempo en cosas que nada tienen que ver con lo que nos interesa, con nuestro sentido individual de trascendencia, por lo urgente olvidamos los importante, nos olvidamos siempre del objetivo indiscutible de la vida: la felicidad.
Ana Isabel tenía una sonrisa repentina, se despachaba cuando reía, mantenía una altivez que dignificaba todo lo que hacía, acompañada de una sencillez sin imposturas, nos dejó una  ética a carta cabal que nos enaltece y miró la vida con una naturalidad por fuera de vanidades y simulaciones. Nunca le he pedido riquezas, decía, simplemente que cumplamos con lo mínimo. Muchas veces me contó su pasado, sus remembranzas eran encarretadoras, era una conversadora encantadora. Sus relatos sobre sus años en Honda, los disfrutaba mucho, este es un pueblo a orillas del río Magdalena a cuatro horas de Bogotá, donde vivió parte de su niñez y adolescencia. Hablaba con un sentimiento de añoranza, como queriendo volver a esos días, recordaba a cada una de sus amigas, el club donde pasó gran parte de su tiempo, las fiestas, el estudio en medio de un calor infernal que hacía los días infinitos, como viviendo en un sarten al rojo vivo. Conservamos en la casa un cuadro de una calle colonial de Honda, cuando lo veía, de pronto decía Ana, esta es la calle de las trampas, lo miraba y empezaba a contar con una felicidad sobre estos años que tanto le marcaron.   
Ana salió de un colegio de Bachillerato de una tía, en uno de los barrios más tradicionales de Manizales. Estudió con su prima Laura que fue como una hermana y con la que tuvo una relación especial. Fue una estudiante puntual, responsable, con un sentido de la amistad lleno de compromiso y entrega. Amaba su tierra, conocía todos los tangos, las baladas, con sus letras, los nombres de los compositores, los intérpretes. Ana, tenía un rostro hermoso, delgada, con unas piernas de reina, eso se lo debo a las lomas de mi ciudad, decía categóricamente. Nunca se dejó llevar por esas esclavitudes que genera la vanidad, siendo importante no era lo fundamental para ella, al final poco le importaba.
Su mama Ana Emilia, siempre a estado pendiente de sus hijos, su responsabilidad es excesiva y obsesiva. Su hija era todo para ella. Mantenía siempre una comunicación directa y fluida con Ana, aun en los momentos difíciles. Ahora, que su ausencia nos pesa, a ella y a mi, que no está con nosotros, pienso en cuánto vale una vida. No tenerle me produce un dolor inmanejable, una especie de nostalgia suspendida. La evoco a toda hora. Vestía siempre con un orden y un gusto total. Estaba siempre arreglada a las 7.30 Am, Amaba los deportes, era buena lectora y una política apasionada que no tranzaba en sus posiciones. Mejor madre, basta ver a sus hijos para saber que cumplió con la tarea. La ausencia y el dolor se suplen con los recuerdos. Cuando recordamos esperamos que esa persona de súbito nos hable, que de pronto llegue, vuelva a conversarme, que sus ojos negros y grandes me miren de nuevo.
Rosa Montero lo dice de otra manera de estas crisis: “A mí esas crisis angustiosas me agrandaron el conocimiento del mundo. Hoy me alegro de haberlas tenido: así supe lo que era el dolor psíquico, que es devastador por lo inefable. Porque la característica esencial de lo que llamamos locura es la soledad, pero una soledad monumental. Una soledad tan grande que no cabe dentro de la palabra soledad y que uno no puede ni llegar a imaginar si no ha estado ahí. Es sentir que te has desconectado del mundo, que no te van a poder entender, que no tienes Palabras para expresarte. Es como hablar un lenguaje que nadie más conoce. Es ser un astronauta flotando a la deriva en la vastedad negra y vacía del espacio exterior. De ese tamaño de soledad estoy hablando. Y resulta que en el verdadero dolor, en el dolor-alud, sucede algo semejante”. Quien entiende la ausencia y el duelo que produce.
Mire como describe la autora: “Siempre, nunca, palabras absolutas que no podemos comprender siendo como somos pequeñas criaturas atrapadas en nuestro pequeño tiempo. ¿No jugaste, en la niñez, a intentar imaginar la eternidad? ¿La infinitud desplegándose delante de ti como una cinta azul mareante e interminable? Eso es lo primero que te golpea en un duelo: la incapacidad de pensarlo y de admitirlo. Simplemente la idea no te cabe en la cabeza. ¿Pero cómo es posible que no esté? Esa persona que tanto espacio ocupaba en el mundo, ¿dónde se ha metido? El cerebro no puede comprender que haya desaparecido para siempre. ¿Y qué demonios es siempre? Es un concepto inhumano. Quiero decir que está fuera de nuestra posibilidad de entendimiento. Pero cómo, ¿no voy a verlo más? ¿Ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni dentro de un año? Es una realidad inconcebible que la mente rechaza: no verlo nunca más es un mal chiste, una idea ridícula”.
Tengo recuerdos exactos de mi esposa. El texto sobre su vida que trabajo, será un diario intimo, un homenaje silencioso, una forma de mantener vivo el espíritu de su ser. Aun así su ausencia me duele, me pesa, no hay nada que hacer.









[1] Mónica de Neymet Ur. Departamento de filosofía y Letras Universidad Autónoma De México.

domingo, 7 de agosto de 2016

EL AUDIO LIBRO

Hay mil maneras de leer, más en el mundo moderno  con la revolución de las TIC. El audio libro es una de ellas. En los últimos dos años soy un adicto a este formato. Después de mucha lectura en el día, en la noche al acostarme apago la luz y empiezo a escuchar cualquiera de los textos escogidos, en el caso mío siempre son relecturas. Resulta curioso, las ventas de libros se mantienen en niveles muy altos, aún así, los niveles de lectura siguen siendo muy bajos, el mercado crece pero no se lee. Vivimos dateados, informados en el mejor de los casos, pero el conocimiento profundo, riguroso es muy escaso. Más cuando la gente lee con un sentido práctico exacerbante, responde al concepto de ganancia, de resultado, quien lee hoy “La Guerra y la Paz” de Tolstoi, muy pocos. En todo caso los libros de vampiros o Harry Potter, trajeron una una oleada de lectores nuevos y muy jóvenes, esto quiere decir que hay que saber incitar a la lectura. El sentido humanístico de la vida, esa formación que cubría la totalidad de las creaciones humanas, hoy es un despropósito, ya no hay humanistas, ni gente culta, estamos llenos de especialistas. Paradójico, cuando tenemos hoy acceso a toda la información con el internet, a bibliotecas infinitas, videos, todo el cine, en la explosión y revolución más importante de toda la humanidad, la tendencia es otra, cada tiempo tiene su afán.

Cuando hablo de Audio libros, no solamente me refiero a la literatura, existen en Yotube, documentales que son una verdadera joya, de todos los temas y pelambres, es impresionante el inventario de los mismos, lo que falta es tiempo. Miren estos ejemplos.

Historia de las matemáticas:





 


Historia económica





TODO SOBRE EL UNIVERSO




Todo Borges oral
























Filosofía:









Traigo a colación este formato solo para incentivar su uso y aquellos que no lo han aprovechado lo hagan. Es extraordinario, el conocimiento hoy es muy fácil, solo basta voluntad y amor por el conocimiento. 

miércoles, 27 de julio de 2016

JULIO CORTAZAR CLASES DE LITERATURA BERKELY


Desde hacía mucho tiempo tenía este libro en espera y después de su lectura volví a ratificar la admiración por la obra de este gran escritor Argentino. Sus cuentos, me parece que con Rybeiro, Gabriel García Márquez,  Borges, Onetti y Rulfo, para sólo citar algunos, constituyen algo especial, son textos fuera de serie, con una estructura rigurosa, pues eso que llamamos literatura fantástica, comenzó configurándose desde estos relatos, cada palabra responde a un propósito: Ritmo, sonoridad, línea argumentativa; confirman la tradición del género en Latinoamérica, realmente hemos tenido grandes cuentistas: Machado De Asis, Horacio Quiroga, Tomas Carrasquilla. Estas clases, dadas en la universidad de Berkeley en 1989, son una especie de confesión: “Tienen que saber que estos cursos los estoy improvisando muy poco antes de que ustedes vengan aquí: No soy sistemático, no soy ni un crítico ni un teórico, de modo que a medida que se me van planteando los problemas de trabajo, busco soluciones”. Fueron impartidas a partir de sus experiencias personales como escritor, hay un develamiento de las claves creativas, del recorrido de sus lecturas y por su puesto de los autores de su preferencia.  
Me sorprendió el tono de las mismas, sin arrogancia alguna, profundamente sinceras, por eso hablo de confesiones, pero todos sabemos el lector que fue Cortázar, con un ítem, sus lecturas, todas en absoluto,  fueron hechas para construir su obra, nunca desfalleció en este propósito. Por ello el habla en estas clases de “Los caminos de un escritor”. “Hace algunos años me planteé el problema de cuál había sido finalmente mi camino dentro Clases de literatura (decir “literatura” y “vida” para mí es siempre lo mismo, pero en este caso nos estamos concentrando en la literatura). Puede ser útil que reseñe hoy brevemente ese camino o caminos de un escritor porque luego se verá que señalan algunas constantes, algunas tendencias que están marcando de una manera significativa y definitoria la literatura latinoamericana importante de nuestro tiempo”. Por esto como un a priori explica sus fases creativas: “Creo que a lo largo de mi camino de escritor he pasado por tres etapas bastante bien definidas: una primera etapa que llamaría estética (ésa es la primera palabra), una segunda etapa que llamaría metafísica y una tercera etapa, que llega hasta el día de hoy, que podría llamar histórica. En lo que voy a decir a continuación sobre esos tres momentos de mi trabajo de escritor va a surgir por qué utilizo estas palabras, que son para entendernos y que no hay que tomar con la gravedad que utiliza un filósofo cuando habla por ejemplo de metafísica”. En la primera parte del texto hace tres referencias muy puntuales en la construcción de tres grandes textos: “El perseguidor”, la novela “Los premios” y “Rayuela”, en esta última habla de su personaje principal, Oliveira. “En esos años escribí un cuento muy largo, quizá el más largo que he escrito, “El perseguidor” —del que hablaremos más en detalle llegado el momento—, que en sí mismo no tiene nada de fantástico pero en cambio tiene algo que se convertía en importante para mí: una presencia humana, un personaje de carne y hueso, un músico de jazz que sufre, sueña, lucha por expresarse y sucumbe aplastado por una fatalidad que lo persiguió toda su vida. (Los que lo han leído saben que estoy hablando de Charlie Parker, que en el cuento se llama Johnny Carter.) Cuando terminé ese cuento y fui su primer lector, advertí que de alguna manera había salido de una órbita y estaba tratando de entrar en otra. Ahora el personaje se convertía en el centro de mi interés mientras que en los cuentos que había escrito en Buenos Aires los personajes estaban al servicio de lo fantástico como figuras para que lo fantástico pudiera irrumpir; aunque pudiera tener simpatía o cariño por determinados personajes de esos cuentos, era muy relativo: lo que verdaderamente me importaba era el mecanismo del cuento, sus elementos finalmente estéticos, su combinatoria literaria con todo lo que puede tener de hermoso, de maravilloso y de positivo. En la gran soledad en que vivía en París de golpe fue como estar empezando a descubrir a mi prójimo en la figura de Johnny Carter, ese músico negro perseguido por la desgracia cuyos balbuceos, monólogos y tentativas inventaba a lo largo de ese cuento”.
Después se refiere a “Los premios”: “Esta etapa que llamo metafísica a falta de mejor nombre se fue cumpliendo sobre todo a lo largo de dos novelas. La primera, que se llama Los premios, es una especie de divertimento; la segunda quiso ser algo más que un divertimento y se llama Rayuela”. Que quiero evidenciar, como cada texto responde a un trabajo especifico, con problemas creativos que casi siempre tienen que ver con la concepción de la vida y el destino del hombre y del propio escritor, pero plasmados desde una condición estética que lo hace diferente a todo. En el caso de Cortázar y en estas clases, nos va contando los problemas puntuales del escritor frente al texto. “Los premios me pregunté si dentro de un libro de las dimensiones habituales de una novela sería capaz de presentar y tener un poco las riendas mentales y sentimentales de un número de personajes que al final, cuando los conté, resultaron ser dieciocho. ¡Ya es algo! Fue, si ustedes quieren, un ejercicio de estilo, una manera de demostrarme a mí mismo si podía o no pasar a la novela como género. Bueno, me aprobé; con una nota no muy alta pero me aprobé en ese examen. Pensé que la novela tenía los suficientes elementos como para darle atracción y sentido, y allí, en muy pequeña escala todavía, ejercité esa nueva sed que se había posesionado de mí, esa sed de no quedarme solamente en la psicología exterior de la gente y de los personajes de los libros sino ir a una indagación más profunda del hombre como ser humano, como ente, como destino. En Los premios eso se esboza apenas en algunas reflexiones de uno o dos personajes”. Como se ve, no solo hay un trabajo estético, la escritura del texto, literatura en el amplio sentido de la palabra, sino una concepción filosófica de la vida expresada a través de los personajes. “A lo largo de unos cuantos años escribí Rayuela y en esa novela puse directamente todo lo que en ese momento podía poner en ese campo de búsqueda e interrogación. El personaje central es un hombre como cualquiera de todos nosotros, realmente un hombre muy común, no mediocre pero sin nada que lo destaque especialmente; sin embargo, ese hombre tiene —como ya había tenido Johnny Carter en “El perseguidor”— una especie de angustia permanente que lo obliga a interrogarse sobre algo más que su vida cotidiana y sus problemas cotidianos. Horacio Oliveira, el personaje de Rayuela, es un hombre que está asistiendo a la historia que lo rodea, a los fenómenos cotidianos de luchas políticas, guerras, injusticias, opresiones y quisiera llegar a conocer lo que llama a veces “la clave central”, el centro que ya no sólo es histórico sino filosófico, metafísico, y que ha llevado al ser humano por el camino de la historia que está atravesando, del cual nosotros somos el último y presente eslabón. Horacio Oliveira no tiene ninguna cultura filosófica —como su padre— y simplemente se hace las preguntas que nacen de lo más hondo de la angustia. Se pregunta muchas veces cómo es posible que el hombre como género, como especie, como conjunto de civilizaciones, haya llegado a los tiempos actuales siguiendo un camino que no le garantiza en absoluto el alcance definitivo de la paz, la justicia y la felicidad, por un camino lleno de azares, injusticias y catástrofes en que el hombre es el lobo del hombre, en que unos hombres atacan y destrozan a otros, en que justicia e injusticia se manejan muchas veces como cartas de póquer. Horacio Oliveira es el hombre preocupado por elementos ontológicos que tocan al ser profundo del hombre: ¿Por qué ese ser preparado teóricamente para crear sociedades positivas por su inteligencia, su capacidad, por todo lo que tiene de positivo, no lo consigue finalmente o lo consigue a medias, o avanza y luego retrocede? (Hay un momento en que la civilización progresa y luego cae bruscamente, y basta con hojear el Libro de la Historia para asistir a la decadencia y a la ruina de civilizaciones que fueron maravillosas en la Antigüedad.) Horacio Oliveira no se conforma con estar metido en un mundo que le ha sido dado prefabricado y condicionado; pone en tela de juicio cualquier cosa, no acepta las respuestas habitualmente dadas, las respuestas de la sociedad x o de la sociedad z, de la ideología a o de la ideología b”.
Este texto de Cortázar es fascinante, muestra el lado más humano de este escritor y nos entrega parte de las claves creativas de una obra que crece todos los días. Los invito a leerla.











domingo, 17 de julio de 2016

BIOGRAFIA DEL DESARRAIGO

Leer este texto después de cincuenta años de su publicación trae muchas sorpresas, no solo por su calidad, se lee con absoluto deslumbramiento, sino por su vigencia y lo que representa dentro de la cronología narrativa del autor y la historia de la literatura Colombiana. Oscar collazos fue un escritor consentido por la crítica latinoamericana, entró al coro de narradores importantes  por la puerta grande muy joven y suscito polémicas con mucha resonancia, la más connotada con Julio Cortazar y Vargas Llosa sobre el papel del escritor con la sociedad, sobre el nivel de compromiso del mismo, aun me sorprenden por su precocidad. Estos cuentos están escritos con una prosa impecable, hay unidad, un manejo de los tiempos perfecto, llenos de sonoridad y ritmo, los personajes son de un realismo lacerante hasta el punto que sus angustiosas experiencias terminan agobiándonos, nos contagiamos de sus tragedias pues los hechos, no es difícil deducirlo, son extrapolaciones literarias abrevadas en la propia experiencias del autor, tienen mucho de autobiográficos.

Ha y una entrevista que nos ayudaría a contextualizar todo lo concerniente a este gran escritor y al momento literario que vivía al momento de la publicación del libro:



La influencia de Jerome David Salinger: “El guardián entre el centeno”, que alucinó al autor, pues descubre que todas las cabronadas de la vida se pueden contar, le permiten narrar cada una de las experiencias vividas en el puerto de Buenaventura Colombia desde la literatura, no es un acto de catarsis, sino de la más pura recreación literaria. Esto expresa Oscar en un texto que se llama el oficio de escritor: “Como en el aprendizaje del habla, el aprendizaje de un escritor suele hacerse por medio de procesos: el alfabeto del habla da paso a las palabras, estas a su ordenamiento, de allí a las frases y párrafos, estas al texto hablado. La libertad adquirida da el paso siguiente en la creación de un lenguaje. Jean-Paul Sartre lo describió en uno de sus libros más hermosos, Las palabras. Se empieza a nacer como escritor imitando a aquellos escritores que se admiran. Cumplido ese ciclo, ya no cabe la impostura: se trata de encontrar una voz propia en el acerbo de La tradición, encontrar a los predecesores, inventarlos, como escribió Jorge Luis Borges. A veces se encuentran sin saberlo, pero un da reconocemos que nuestra voz viene de grandes voces reconocibles, voces de escritores que leemos y admiramos y a los que nos acercamos, con una especie de olfato, reconociendo en ellos familiaridad y cercanía”.
Cada relato de este libro, desde el primero, que pinta una situación familiar desde la óptica paternal, con sus odios, sus frustraciones, la opresión que nos carga de resentimientos, hasta el último relato, Biografía del desarraigo, el hilo conductor es el mismo, las experiencias limites de sujetos de provincia, sin norte, personas que sobreviven a lo adverso en una guerra que se mide por segundos, todos los días, este batallar  constituye su única realidad, viven en contravía, lo disfuncional es lo cotidiano. Aquí están todas las técnicas modernas de la narración: “El fluir de la conciencia, el monologo interior, la trasposición de la realidad desde la voz de sus personajes, los saltos narrativos….tal vez esto sorprendió a la crítica, más cuando hablamos de un joven que apenas empezaba su formación. José López Cáceres  expresa: Cuando uno se asoma a la obra cuentística de Óscar Collazos (Bahía Solano, Colombia, 1942), se pregunta de dónde proviene la tremenda fuerza que emanan sus relatos. Y, si leemos despacio, muy pronto hallamos respuesta: de la experiencia; es decir, de la vivencia o del testimonio. Sus ficciones están compuestas a partir de lo sabido, por eso respiran sinceridad; sus historias están contadas desde adentro, por eso transmiten conocimiento”[1].
En este link se encontrarán con una antología de cuentos que espero disfruten y adelante hablare de la obra novelística de este connotado autor.






lunes, 4 de julio de 2016

EL VALOR DE LA AMISTAD

Néstor Enrique Álvarez vivió sus últimos años en una plenitud envidiable, tenía una paz sin ningún peso de conciencia, como ciertos personajes de Onetti, en una especie de ingravidez frente a todo lo que le atormenta al común de los mortales, su visión del mundo estaba lejos de esta sociedad llena de banalidades, más bien vivía angustiado por las cosas más sencillas, que resultaban de suma trascendencia para su existencia, al final fueron las más importantes de su vida. Algunas veces se puede definir un valor desde la óptica de una experiencia personal. Eso me pasa cuando pienso en Néstor en relación  con la amistad.
Néstor fue un artista a carta cabal. El taller en su apartamento constituía el centro de sus actividades, desde ahí construía su mundo: Una mesa pequeña, como para un enano, unas herramientas simples que no puedo  describir por mi absoluta ignorancia en la materia, las cuales manejaba con  mucho respeto y solemnidad, un taladro que cuidaba con un esmero cercano a la paranoia y por su puesto mucha imaginación. Desde ahí creaba cosas, partía de una óptica  personal y simbólica del mundo,especial, de liliputiense, elaboraba figuras pequeñas con mucha precisión, con una estética centrada en el detalle, las que vendía a un mercado local que no las valoraba siempre, esto lo irritaba, pero al final terminó teniendo una clientela cautiva que lo seguía en las pequeñas ferias. Su trabajo era una especie de nostalgia, le recordaba con orgullo las maquetas que algún día elaboró como estudiante de arquitectura, fue un estudiante aventajado, era una  añoranza y cuando se le indagaba por estos años se llenaba de orgullo y empezaba unos cuentos de nunca acabar. Las figuras representaban el mundo cotidiano, las profesiones, los escudos de fútbol, todo cuando creía importante para la gente. Se sentaba en una silla a eso de las diez AM, muy cercano al balcón, con su camisilla blanca, un pelo abundante, negro, alborotado, parecía un Italiano, desde allí empezaba a elaborar sus figuras con una paciencia de relojero infinita, siempre escuchando radio o aprovechando las ventajas de la tecnología que poco a poco le fue atrapando y le permitía traer la música de sus preferencias. Su pasión fue el deporte. Estaba sobre-informado, vivía y sufría con el futbol y el ciclismo. Fue hincha acérrimo del club los millonarios y fans de la selección Colombia. Conocía la historia de los mundiales, se anticipaba a ellos con nominas, pronósticos, alineaciones, emitiendo conceptos con una sabiduría envidiable, asumiendo en este tópico posiciones radicales, solía armarse  batallas infernales contra los comentaristas de turno de la radio, contra el pesimismo de la gente, tenía un concepto arraigado de las virtudes de los jugadores nuestros, su positivismo frente a la selección no cedía con las tragedia de los resultados adversos, pensaba que no valorábamos nuestro fútbol, que siempre estábamos equivocados. Durante los tres años de las eliminatorias a los mundiales de fútbol acompañaba  la selección con una devoción de militante inclasificable. La pasión por el ciclismo superaba todo lo visto, le producía ansiedades, antes de iniciar una carrera empezaba augurar la suerte de nuestros ciclistas. Era un acérrimo creyente de Nairo Quintana, estaba esperando el tour de Francia convencido de que este año lo ganaría, de hecho esto le debió acelerar mucho su corazón.
Compartí muchos años con Néstor una vecindad que nos permitió construir una amistad entre las vicisitudes propias de este tipo de situaciones, en esa cotidianidad que ve pasar los días implacablemente y que se sostiene en la fe de nuestros proyectos, vimos como se nos fueron diluyendo entre urgencias y aplazamientos, desde este espacio tuvimos infinidad de momentos, unos muy buenos, otros no tanto, todos de mucha recordación, inolvidables para mí y para mis hijos. Vivíamos en un conjunto de Villamaría, Caldas, Colombia, eran mis primeros días de convivencia con mi esposa Ana Isabel, que era su sobrina. Encontré en Néstor esa mano amiga que me supo escuchar y aconsejar sin las típicas intromisiones que se dan en algunos lazos familiares. Siempre sabía guardar las distancias, fue muy sabio para darme consejos, y nunca hubo imposición en sus palabras, seducía, pues siempre me ponía a escoger, usted verá, terminaba diciendo.
Néstor tuvo muchos problemas para adaptarse a la vida productiva, era un hombre de un genio parejo y de posiciones radicales, no siempre terminaba bien en este campo. Su vida, en todo caso, la fue resolviendo desde una honradez impecable y con una ética sin tacha. El logro más grande de su vida: sus hijas, dos mujeres responsables en exceso, alegres, con un orden   que asusta, humanas y claras, saben que la vida se maneja con cuatro o cinco cosas a las que nunca debemos renunciar. Fue un hombre celoso al extremo, con ellas radical, parecía una monja de claustro, quiso alejar a sus hijas de cualquier relación amorosa, el miedo partía de la convicción alimentada de su propia experiencia, no confiaba en el género masculino, sabía de sus imposturas y creía que una urna de cristal las salvaría de tanto engaño, sus posiciones radicales las sostenía con argumentos que nunca fueron convincentes. Al final fue vencido por la vida, las hijas, en una tarea de mucho tiempo, le quitaron los miedos y lograron que aceptara que los hijos son prestados y que el mundo es ancho y ajeno. Hablábamos mucho de estas situaciones y pensé que al respecto me atendía, pues no soportaba mis concepciones cercanas al libertinaje, le decía Néstor, escúcheme,  algún día van a crecer y se van a enamorar, usted cree que van a tener niños por correo…se reía a desparpajo, me aceptaba aparentemente e iba de inmediato y les decía: No pueden salir...no cambiaba en su posición radical,  era un cancerbero, fue un defensor de ese par de mujeres  bellas y ahora pienso que mucho quedó en su formación entre tantas posturas implacables.
Cuando había mucha crisis, terminábamos buscándonos. Su relación con su padre fue  muy conflictiva, cuando se le presentaban diferencias irreconciliables,  solíamos caminar mucho. Su paso era corto, pero  ligero, en medio de estas caminatas resolvíamos las situaciones, siempre aplicando el principio que lo fácil es lo difícil, tratando de asumir la vida asumiendo absoluta sinceridad, sin atajos. Con Néstor las charlas no tenían ninguna falsedad, nos conocíamos totalmente y nos guardamos secretos que nunca traicionamos. Pocas veces se encuentran amigos en los que no hay dobleces, donde se charla sin velos, sin encubrimientos.  Néstor fue uno de ellos. Nadie sabe que hablábamos por teléfono seguido, en conversaciones cortas, preguntaba por mi bienestar y siempre, nunca bajo la guardia,  estaba pendiente de Ana Isabel, averiguaba por ella, puedo decir, que fue un hombre atento a  mi hogar y mis hijos.
Luz Dary su esposa y compañera de toda la vida, fue otro centro para su vida, ella fue la persona que lo supo comprender y llevar con la misma paciencia de relojero que Néstor construía sus piezas.  Ayer en la ceremonia de despedida la vi mirando el féretro, tratando de asimilar la partida de su esposo, puedo decir sin temor a equivocarme, que este hombre lo fue todo para su vida, lo amó con una pasión y devoción absoluta, desbordada, lo admiró y ponderó, le aguantó sus errores sin predicarlo, cediendo en la mayoría de las veces, convencida que al final las cosas saldrían bien y así se lo demostró la vida, pues sus últimos años la buena marcha de todas las cosas le permitió tener una convivencia llena de felicidad y paz. Sus rutinas en esa convivencia eran hermosas, había un conocimiento de los caprichos por igual, que se traducía en los pequeños detalles. Cada uno sabía del mundo del otro, de sus virtudes y sus defectos. Decía, este es el pocillo de Néstor, esta es la cuchara que le gusta, a él no le gusta que le sirvan de esta manera...ella tenía la radiografía de su espacios centímetro a centímetro y cada minuto de su rutina estaba sobre-diagnosticada por un conocimiento nacido de las estrategias que uno se arma para tener una convivencia feliz, sin resentimiento alguno. Néstor decía que el mejor tinto del mundo era el suyo, cortaba las cebollas muy pequeñas  y hacía el hogado para los frijoles con una devoción y pasión que nos llenaba de entusiasmo, cocinar con él era una fiesta, pero siempre respetando sus formulas, pues solía ponerse irascible cuando nos salíamos de su orden. Compartimos muchos almuerzos, partidos de futbol, silencios, en una complicidad tacita, alegre en ocasiones, triste en otras, eran rutinas que servían como refugios, comprendimos muy tarde y con cierta impotencia, que el mundo no cambia y tenemos muy poco control de nuestra suerte, estábamos como arrojados al vaivén de los acontecimientos, decía. Néstor tuvo un amor muy grande por los animales y especialmente por su perro. Desde hacía pocos días estaba dedicado a salvaguardar un perro de la calle en el parque de Villamaría. Iba y lo cuidaba todos los días con una religiosidad compasiva. El día que se nos fue tenía un compromiso para desparasitarlo. No sé qué pasaría con él perrito, pero tengo la convicción que Néstor tenía un responsabilidad irrenunciable con este ser. Este era mi amigo que amplía el ámbito de mis soledades y el cual no escucharé, ni veré más. Como me duele su partida…………………………..







sábado, 2 de julio de 2016

UNIVERSO CENTRO DE MEDELLÍN


Quiero hablar de una publicación excepcional de la ciudad de Medellín, va en el numero 76 lo que constituye una proeza, su lectura se ha vuelto imprescindible, la  espero con avidez, casi con ansiedad, no solo por la calidad de sus artículos, sino por todo lo apostado en este proyecto: Hay una apuesta a la buena literatura, a la crónica urbana, al ensayo con mucho énfasis sociológico, siempre desde la experticia más esencial. Todos sus temas están escogidos desde la esclerótica del desciframiento, son una lectura de una ciudad paradojal, contradictoria, llena de vida y muerte, encantadora de sobremanera, desde los retablos de la cotidianidad, hasta los trabajos académicos perdidos en los hervores del claustro, siempre buscando interpretarla a cabalidad: con la totalidad de los sentidos, auscultando el pasado, trayendo a colisión en muchas ocasiones los recuerdos más olvidados de algunos personajes emblemáticos, acudiendo a la memoria, describiendo su caótico presente lleno de esperanza.
Me he puesto en la tarea de mirar numero por numero desde el nacimiento de la publicación y realmente pienso que es un aporte muy valioso a la ciudad, por fortuna tiene una recepción muy importante, es una referencia imprescindible para quien quiera entender e interpretar esta ciudad y diría, cayendo un poco en los lugares comunes que tanto aborrezco, es un patrimonio que hay que cuidar, de antemano conocemos lo efímero de estos proyectos, solo espero que se mantenga por mucho tiempo.
Ha y un acápite de la revista que la define, lo trascribiré, pues creo que en él se encuentra su objeto descrito impecablemente:

QUÉ ES UNIVERSO CENTRO?

Universo Centro es un periódico mensual, de distribución gratuita, que se piensa en Medellín, se escribe y se dibuja desde los escritorios de diferentes ciudades y se distribuye en más de 400 sitios en el Valle de Aburrá y algunos bares, librerías, universidades y cafés en Bogotá, Cali, Pereira y Manizales. Se lee en las calles, en las bibliotecas, en los parques, en las fiestas, en los insomnios, en la jubilación, en la oficina, en el desayuno a las 11 A.M. y hasta en la silla del embolador. Nuestros 150.000 lectores mensuales en Internet podrán responder por gustos puntuales, mañas y fobias.
Tertuliaderos, cafeterías y restaurantes; instituciones educativas, red de bibliotecas, museos, teatros y galerías; oficinas, consultorios y barberías; encuéntrenos de sur a norte, de oriente a occidente.

Luego de 7 años de impresiones nos hemos dado cuenta que el periódico, revista lo llaman los más cariñosos, va un paso más allá de la información y la opinión. Universo Centro es una "gaceta" que tiene a la creación su principal interés y su activo más importante.
Aquí se publican cada treinta días los inventos y los recuerdos de periodistas, cronistas, historiadores, dibujantes, artistas, músicos, escritores, editores, políticos, economistas, antropólogos, fotógrafos, cocineros, vagos en recuperación…

EN OTRAS PALABRAS

Universo Centro es una mezcla entre los añorados magazines culturales de los periódicos centenarios, los cuadernos de crónicas sobre la ciudad que no existen pero se piensan cada tanto y algo de las hojillas de sátira y caricatura que fueron famosas a comienzos del siglo XX. Todo eso puede leerse, u ojearse, como un catálogo parcial de creadores de la ciudad y como un directorio de amigos con ideas cercanas o lejanas, pero ideas al fin y al cabo.

NUESTROS TEMAS

La ciudad y las ciudades, la literatura, las universidades, los deportes a ras de piso, la política desde arriba, las tiendas viejas, los antros nuevos, la moda sin maniquí, las preguntas que suscita la crónica roja, los libros, la comida barata, apostillas a la sicaresca, los barrios, las vejeces, las drogas, la ciencia de coquito, las crónicas de nuestros indios, el sexo gratis, el sexo pago, el sexo a secas, el paisaje, los cómic, los ilustres que pasan por la villa, el alcohol, los museos, el Metro, el parque del periodista, la poesía sin almíbar, las noticias sobre las noticias, los negocios a punto de desaparecer…

NUESTROS LECTORES

El público más entusiasta de Universo Centro son, sin duda, los estudiantes universitarios.
En segundo lugar, todas las personas dedicadas a oficios y ocios creativos. En ese caso, Universo Centro es una vitrina y una oportunidad para mostrar sus trabajos. Hemos visto a cuidadores de carros y señoras de peluquería leerlo con una sonrisa burlona. Entre sus ventajas está que hace reír a muecos y a recién blanqueados. Los lectores de prensa corriente encuentran en UC una sorpresa que los hace desdeñar el compañero de todos los días. Los curiosos de la ciudad, los que miran una foto vieja en un restaurante, los que se paran 10 segundos en el agáchese de libros viejos, los que saben que apagan el radio saturados de la indignación corriente de cada día.

NUESTRA CIRCULACIÓN

Universo Centro imprime 20.000 periódicos cada mes.
Dos terceras partes se distribuyen de manera gratuita en el transcurso de dos o tres días, en más de 400 sitios de la ciudad.
Se guarda una cuarta parte para distribuirla a lo largo del mes en los diferentes sitios que nos llaman cuando se agotan los ejemplares.

UC es coleccionable UC
No queda más que leerlo.







domingo, 26 de junio de 2016

LORENZO VIGAS: VENEZUELA VA A VIVIR LOS PEORES AÑOS DE SU HISTORIA


Transcribo esta entrevista del suplemento “El cultural” del diario “El mundo” de España, por considerar este premio de cine un hito para Latinoamérica, sobra decir que este director Venezolano, no solo por sus méritos propios y trayectoria, sino por los momentos tan graves que atraviesa su país, merece más divulgación y reconocimiento.  CESAR BUSTAMANTE.

Carlos Reviriego.
Dio la campanada en el pasado Festival de Venecia. Nadie contaba con que una ópera prima venezolana se alzara con el máximo galardón. Desde allá, de Lorenzo Vigas, es un relato crudo sobre una realidad no menos cruda, en la que dos seres con taras emocionales, distanciados por su origen social, mantienen una turbulenta y masoquista relación. El cineasta nos habla de la película y, por extensión, de su pesimista visión de Venezuela.

No era la primera vez que un cineasta hispano recogía el León de Oro de Venecia -ya lo hizo Luis Buñuel por Belle de jour (1967)-, pero sí que una película íntegramente latinoamericana recibía tal distinción. En septiembre de 2015, con su ópera prima, el venezolano Lorenzo Vigas (Mérida, 1967) hacía historia para todo un continente pero, especialmente, para un país que hasta la fecha no ha escrito ningún capítulo destacado en la historia del cine. “Todavía hay prejuicios con que una película venezolana de un desconocido gane un premio así, en lugar de hacerlo Sokurov -nos cuenta Vigas nueve meses después de haber alzado el galardón por Desde allá-. Responde a una actitud imperialista respecto a la cultura, el arte y la industria”.

Es una película hecha, efectivamente, desde allá, y que parece llegar como un mensaje en una botella a este lado de acá, donde ahora no deja de hablarse de Venezuela por razones menos cinemáticas. “Yo no voy a hablarle de política ni de ideologías, solo de mi película, pero sí le puedo decir que todo lo que se está hablando se queda corto frente a la realidad”. Aunque uno haya venido a este hotel madrileño, efectivamente, a hablar de cine (tanto el entrevistado como el entrevistador), el retrato del Caracas actual que vuelca Vigas en su película impide hablar sobre la película sin hacerlo sobre su país y lo que representa. Sería como hablar de Taxi Driver sin reparar en la América filofascista.

No voy a hablar de política, pero le digo que lo que se está hablando sobre Venezuela se queda corto frente a la realidad"

En la turbulenta relación entre un hombre acomodado (Alfredo Crespo en la piel de Armando) y un delincuente juvenil (Luis Silva en la de Elder) actúan como ejes vertebradores las luchas de clases y de poder, la homofobia y la represión, la violencia y la carencia emocional, pero, sobre todo, el deseo y la orfandad. Y todo ello en un relato sobrio, mínimo, elíptico, que siempre sugiere y casi nunca explicita, “que deja que el espectador rellene los huecos”. Nos convierte en voyeurs, como su protagonista, que paga a jóvenes que encuentra en los autobuses para verles desnudos y masturbarse. Así que hablar de la película es hablar de todo eso, pero también de Venezuela. “El país está en un aprieto económico salvaje y brutal, y todo va a recrudecerse aún más. Creo que Venezuela va a vivir los peores años de su historia”. Y ahí lo deja. Al menos de momento.

Pregunta.- ¿De todas las preguntas que hay en la película, cuál es la más importante para usted?
Respuesta.- La pregunta que nos hicimos Guillermo Arriaga y yo cuando elaboramos el argumento era si Armando sería capaz de lidiar con unas emociones que nunca ha sentido. Por lo tanto una de las grandes preguntas de la película es si está capacitado para amar. Cuando conoce a Elder, todo se desborda. Son dos personajes que acaban unidos porque comparten carencias emocionales. La ausencia de sus padres en sus vidas les ha marcado a fuego.

En su cortometraje Los elefantes nunca olvidan (2004), un joven va a la caza de su padre para matarle. El Armando de Desde allá podría ser la versión adulta de ese joven que busca venganza por los abusos que él y su hermana sufrieron de niños. Armando no solo persigue a los jóvenes, también a un hombre mayor, el padre al que odia, filmado como si fuera un fantasma. “El corto vendría a ser la primera parte de una trilogía sobre la orfandad. En verano filmaré la tercera parte. Yo tenía un amigo que murió en Venezuela y Guillermo uno que murió en México y que nos ayudaron a entender al personaje de Armando. A mí me interesaba contar la historia de un autista en la ciudad, que no tiene capacidad de empatar socialmente y quien no le gusta que le toquen. Tiene ese complejo virginal”.

Para separarlo del mundo, Vigas persigue a su personaje buscando a otros personajes, que aparecen desenfocados a su alrededor. Los desafíos formales del filme los ancla Vigas en su admiración por Bresson y Bergman. Del autor de Pickpocket le interesa el modo “en que huye de los sentimentalismos y de articular la historia a partir de módulos que solo adquieren sentido en el conjunto”. Del sueco reconoce el misterio de la mirada. “Desde allá es una película sobre la mirada del deseo”, dice, lo que no deja de emparentarle, precisamente, a Buñuel. “Me interesaba también la idea de filmar con anamórficos para buscar el efecto contrario, la claustrofobia y no la amplitud que generalmente da. Uno tiene ideas, pero no sabe si van a funcionar”.

Siempre hubo diferencias de clase, pero la gente se hablaba. El chavismo ha producido una fractura social irreversible"

P.- Hay un sentimiento constante de ambigüedad en la película. El misterio fluctúa de un personaje a otro...
R.- Yo no quiero juzgarles, solo que sean comprendidos. La ambigüedad es importante porque como seres humanos nunca estamos seguros de lo que sentimos. La ambigüedad sobre lo que debes sentir es algo que se ha perdido en el cine. Desde allá puede provocar rechazo en el sentido de que el espectador debe involucrarse, no solo desde el punto de vista del contenido, también estéticamente.

P.- La sensación última es que hay un determinismo social muy claro…
R.- Yo creo que la relación entre ambos se hace eco de algo que ha pasado en Venezuela en los últimos años, y que antes no ocurría, y es la radical incomunicación entre los ricos y los pobres, el muro que se ha levantado entre ambos. Ya las clases no se hablan entre ellas. Ni siquiera se tocan. Esta es una película sobre las consecuencias, no sobre las causas.

P.- ¿Se refiere a las consecuencias del chavismo?
R.- Siempre hubo diferencias de clase muy marcadas, pero la gente se hablaba. Todo empezó por un discurso muy nocivo y muy violento de las clases políticas, que en lugar de integrar, nos separó mucho más. Antes no había un problema de comunicación. Desde el chavismo se ha producido una fractura social irreversible. Yo no pensé en todo esto cuando estaba escribiendo el guión, pero ahora sí veo esa lectura clara.

P.- ¿Por qué le interesa tanto el tema de la orfandad?
R.- No lo sé, no lo he vivido personalmente, pero en Latinoamérica es muy común. Los padres casi nunca están en casa, se van y no vuelven, hay muchos casos de personas que crecen sin padre. Esa conciencia colectiva es una realidad no solo venezolana, también de más países latinoamericanos. Estamos siempre esperando que el caudillo venga a arreglar nuestros problemas.