viernes, 6 de septiembre de 2019

GRUPO DE LECTURA DE LA FLORESTA EN MEDELLÍN COLOMBIA



A la realidad se le apropia desde la literatura y es un hecho que la condición estética constituye un bálsamo que nos permite sobrevivir al difícil trasegar. La biblioteca la “Floresta” hace parte del sistema de bibliotecas del municipio de Medellín Colombia. Es un espacio amplio, diseñado para los cometidos impuestos, entre ellos, descentralizar la cultura. Responde a una agenda pública extensa e intensa que les permite a sus usuarios integrarse desde varias actividades, el club de lectura es una de ellas.

Un grupo de treinta personas, sí mis cálculos no me fallan, se reúne todos los martes a hablar de literatura. Es un taller dirigido por Andrés Delgado, no tiene otro propósito que incentivar la lectura y generar conversatorios que les permitan a los asistentes, en un divertimento, el desciframiento de la condición humana desde los textos. He asistido tres veces y mi sorpresa ha sido mayor. Escuchar lectores anodinos, ciudadanos del común, enamorados de la lectura, tratando de discernir la condición humana desde los libros, es una experiencia inigualable sí pensamos por lo menos en la relación agenda pública-lectura, para citar una variable de tantas. Sacar el texto del dogma, del academicismo, del canon ya es una tarea loable. El grupo se autodenomina: “Tardes de café”.

Me quede gratamente impresionado por los aportes. Lo hacen desde la condición de lectores comunes, simplemente expresando lo que les deja un texto, una especie de desciframiento existencial, guiados por el profesor Andrés, quien con su formación va dilucidando y contextualizando los conceptos, cosas como la estructura del texto y su ubicuidad en la literatura nacional y universal, la hermenéutica y por supuesto, para qué nos puede servir en la vida, se va des-hilando el ovillo en dos horas, siempre alrededor de un libro o un autor.

Se parte del texto para llegar a la vida concreta. La discusión arranca simplemente con una exposición de lo que dejó el libro encomendado a uno de los asistentes, habla desde su experiencia personal. Como las buenas carreras de caballos, a partir de este momento entramos en tierra de derecha. Cada jinete aporta, se cruzan opiniones, se recita de súbito o se canta, se vibra, entonces el director, el señor Andrés, como un excelente maestro de obra, va redireccionando la charla, me imagino, para evitar dispersiones o simplemente para aportar desde su experiencia. 

Estos ejercicios relevan una agenda pública importante, basada en estrategias específicas, descentralizadas y palpables. En estos conversatorios hay un hábito, la biblioteca se vuelve punto de encuentro y la literatura importante desde la perspectiva estética, se convierte en un medio, no sólo como divertimiento, sino para entender lo que nos pasa desde la óptica de lectores comunes.

Curiosidades: Se despotrica también sin temores, se pontifica en otros casos, se expresa con sinceridad cuando no se conoce una palabra o un autor, siempre en un ambiente coloquial, constructivo.

No es el círculo de Bloomsbury[1], ni el grupo Barranquilla, diferencia  que paradójicamente lo hace importante, pues el libro y la lectura en sus desciframiento, dejan de ser privilegio de unos pocos intelectuales. Este ejercicio desde la cotidianidad cumple con su tarea y se van sembrando y rescatando aportes estéticos de suma importancia, sobre todo para la ampliación del espectro cultural, es como una esponja, se recibe y se irradia, también para los propios escritores (Se deben al lector) y por su puesto para la propia existencia de sus asistentes.

El compromiso de estas personas es total. Son puntuales, hacen la tarea y convierten estas dos horas en un ejercicio de interpretación. Dos hechos destaco: Cada quien va develando su experiencia como lector, el itinerario de su vida en este tópico, la relación que ha tenido con el libro y en esta revelación, desengranando la mazorca, se produce el otro efecto, una articulación con los textos de su vida, genera y siembra expectativa que incitan a otras lecturas.

El profesor Andrés, quien es un cronista y escritor muy importante de la ciudad, enamorado del libro, de la escritura y de la literatura, es un verdadero motivador, sabe llegarle a este grupo, tiene esa cualidad de los culebreros, que es enamorar y generar insumos y consumos, el producto: pura literatura.

No solo se lee y se conversa, también se traen escritores, personajes de la cultura, lo que le da al grupo nivel. Esto quiere decir que existe un verdadero acercamiento entre el lector común y el creador. Los relevamientos son otros. Este martes asiste el escritor y cineasta Andrés Burgos[2], lo que habla por sí solo de la importancia de la dirección del grupo.

En otro artículo hablaré del perfil de algunas personas que asisten al grupo, Des-hojaré la margarita. De antemano sobra decir, que seguiré asistiendo.










[1] En el barrio londinense de Bloomsbury, sitio de residencia de Virginia Wolf, que se convirtió en centro de reunión de antiguos compañeros universitarios de su hermano mayor, entre los que figuraban intelectuales de la talla del escritor E. M. Forster, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, y que sería conocido como el grupo o círculo de Bloomsbury. Tras estudios en King's College de Cambridge,14​ y King's College de Londres, Woolf conoció a Lytton Strachey, Clive Bell, Rupert Brooke, Saxon Sydney-Turner, Duncan Grant y Leonard Woolf
[2] Director, Guion

ANDRÉS BURGOS
pelucavieja@gmail.com
Nació en Medellín, el 30 de noviembre de 1973. Periodista, escritor, libretista y guionista, que realizó su debut como director de largometraje con la película Sofía y el terco, basada en el libro homónimo de su autoría y que fue protagonizada por la española Carmen Maura y el colombiano Gustavo Angarita. Su segundo largometraje Amalia la secretaria fue protagonizada por dos pesos pesados de la televisión colombiana Marcela Benjumea y Enrique Carriazo.

Comunicador social de la Universidad de Antioquia y cineasta de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba, con especialización en dirección. Fue participante del taller “La Ficción en el Documental”, dictado por Gabriel García Márquez en el verano de 2003 en la Escuela Internacional de Cine, de Cuba. Ha escrito cuatro novelas Manual de pelea (Colección La otra orilla, Editorial Norma, 2004), Nunca en cines (Colección La Otra Orilla, Editorial Norma, 2005), Mudanza (Alfaguara, 2008) y Sofía y el terco (Alfaguara, 2012); también hizo parte de las antologías de cuentos Una ciudad partida por un río (Planeta, Instituto Cervantes, 2007) y Calibre 39 (Villegas Editores, 2007); y como parte de este ejercicio literario, fue nombrado entre “Los 25 secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana” en la Feria del libro de Guadalajara 2011. También es colaborador permanente de la revista El Malpensante a través de crónicas y artículos de todo tipo, con enfoque particular en medios y cine, y desde 2007, colaborador ocasional de la revista SoHo con crónicas y artículos humorísticos.

Última actualización: Abril, 2018.

Tomado de Proimagen de Colombia






viernes, 30 de agosto de 2019

COMUNICACIÓN Y CREACIÓN LITERARIA


Para mis lectores, este ensayo, muy amplio por cierto, es de suma importancia, corresponde a un tema más amplio: “Creación literaria y comunicación” Es el primero de tres, espero, pese a lo especializado y extenso, sea de su agrado y nos ayude a profundizar en lo que significa en sentido amplio, el proceso de crear y leer ficción: Fue publicado por un portal especializado: Razón y palabra. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE.

Andrés González
PLURIESTILISMO:

INTRODUCCIÓN
Llamo "pluriestilismo" a la metodología que voy a exponer a lo largo de esta charla y que tiene el propósito general de acercar el hecho artístico a su espectador, el lector en el caso de la literatura. Tiene también esta metodología varios propósitos parciales, no menos importantes que éste que menciono en primer término, y puede decirse que están fuertemente relacionados con él. Claro que además de una metodología el pluriestilismo es para mí una postura filosófica respecto de la literatura, y del arte en general, tanto como para haber elaborado sobre el tema el Manifiesto pluriestilista pro homo artisticus1, que ustedes amablemente conocen.

Pero entre los propósitos parciales que menciono del pluriestilismo como metodología, dos tienen claramente esa importancia que en principio he dicho: primero: propiciar en los artistas jóvenes la creación ininterrumpida, librándolos de las caídas emocionales que los hacen temer carencia de talento, y que muchas veces los llevan a la frustración definitiva; segundo, facilitar la apreciación de la expresión artística de los demás, lo cual deviene honroso respeto no sólo por esa obra ajena, sino por la propia, cuando se es artista.

Todo esto sobre lo que he comenzado a platicarles hoy lo he dicho ya antes, hace mucho tiempo incluso, en diversos artículos que publiqué en la prensa especializada, o en diversas oportunidades bibliográficas, con carácter de ensayos o en charlas públicas. Sin embargo, y esta amable invitación de ustedes a hacerlo ahora de nuevo podría ser una muestra "fehaciente" de que se trata de un tema de total actualidad, que pudiese contribuir a la explicación de asuntos más o menos necesitados de ella. De otra parte, debo decirles que yo sigo hoy dando esta información en mis cursos de estética o de literatura en particular, como base fundamental de la teoría del arte, en la que creo ineludiblemente necesario inscribir la teoría literaria.

Por último, debo decirles que este texto que voy a leer, o en el que voy a basarme por aquí y por allá para mi exposición, está seguido de una serie de notas que pueden ser consultadas si alguien así lo desea, las cuales son en su mayoría las mismas que han aparecido en mis trabajos anteriores sobre el tema.

Paso ahora, con la amable venia de ustedes, a hablar directamente del tinglado teórico motivo de esta charla.

El planteamiento jungueano
Carlos Gustavo Jung, psicólogo discípulo de Sigmund Freud, postula en 1920 la existencia de cuatro "facultades mentales" en todos los seres humanos:

Raciocinio.
Sentimiento.
Percepción.
Intuición.

Esta propuesta vino a superar de una vez por todas las ternas hasta entonces axiológicas derivadas de la simbología antigua, comenzando por la aristotélica "normales, mejores peores", y también esa concepción maniquea de la existencia por la cual sólo se reconocen parejas de contrarios: lo bueno y lo malo, la inteligencia y la estupidez, etcétera. Por otra parte, esta hipótesis junguiana es compatible con un descubrimiento del mismo autor conocido como la simbología del "cuarto ausente", que puede verificarse sobre todo en la literatura fantástica medieval. Un ejemplo clásico que el mismo Jung nos da es el del caballo al que los lobos le cercenan una pata mientras huye guiado por su jinete, quien a su vez lleva en brazos a la princesa que acaba de rescatar del castillo del ogro que la había raptado.

A este respecto, contribuye el siguiente esquema en forma de equis por el que el psicólogo alemán muestra la actividad mental relacionada con las mencionadas facultades:



Es decir, que cuando el realismo predomina, se inhibe el sentimiento, y viceversa, y que cuando es la percepción la que predomina la que se inhibe es la intuición, y viceversa. Esta sería la aplicación de la propuesta del cuarto ausente del propio Jung en la actividad mental. Las dos facultades que aparecen a los extremos del otro brazo de la equis también resultan inhibidos, pero no tanto como la contraria a aquélla que funciona como tendencia principal en un momento dado.

El proceso es bien sencillo y comprensible en términos generales: cuando alguien está pensando, siendo "frío", como decimos habitualmente, no está sintiendo mucho; pero si está sujeto a una crisis emocional (para exagerar yo en busca del fácil entendimiento del asunto), le resultará muy difícil razonar. La percepción y la intuición se relacionan de un modo semejante al binomio anterior, porque la primera es la causa de la segunda y ésta, por ende, una respuesta a la primera. A una "corazonada", o sea a una percepción, se contesta con una acción consecuente, o sea una intuición.

Cabe aclarar que la tradición nos ha dicho siempre que la intuición es la percepción. Sabemos desde siempre que la filosofía se basa en intuiciones, y que entre las grandes intuiciones de los griegos estuvieron, por ejemplo, el átomo y el orden del universo. Es decir, que la intuición se pensó hasta el siglo diecinueve como la recepción pasiva e involuntaria de un conocimiento indefinido. Jung enuncia las cosas al revés, como aquí las expongo.

Debo decir que lo que yo nombro "percepción" es para él la "sensación", pero que yo traduzco el término del modo como lo hago porque el contenido del vocablo junguiano se acerca precisamente más al de nuestra "percepción", y así no corremos el riesgo de confundirlo con el de "sentimiento", que es muy claro en español para definir nuestra actividad sensoria3.

De otra parte, las facultades que Jung postula se ven estimuladas o desestimuladas en primer término por diversos factores intrínsecos de la personalidad; pero en una segunda instancia, y de continuo, pueden ser condicionadas y modificadas también por el medio ambiente, mismo que además tiene un alto peso específico en el estado de ánimo del artista.

El planteamiento readiano
Algunos años más adelante de esta aportación de Jung, el esteta inglés Herbert Read relaciona las cuatro facultades mentales de aquél con las cuatro formas principales en que la creación artística se ha manifestado a través del tiempo, y que se conocen con el nombre específico de "estilos"**:

Al raciocinio corresponde el realismo;
al sentimiento " el idealismo;
a la percepción " el expresionismo, y
a la intuición " el abstraccionismo4.

El "realismo" consiste en tomar las formas de la realidad objetiva para representar con ellas esa misma realidad objetiva. Estilos "secundarios" suyos son el Naturalismo y el Realismo propiamente dicho, que se diferencian entre sí por su grado de abstracción, muy elemental en el primero y ya más marcado en el segundo. Digamos que en las Leyendas de las calles de México, de Antonio García Cubas, que para este aspecto identifico con el naturalismo, se describen hechos lógicos o sobrenaturales que pudieron ocurrir, según la conseja popular, en puntos urbanos que al menos en el tiempo de su escritura eran perfectamente reconocibles por el lector radicado en la propia ciudad de México. En El llano en llamas, de Juan Rulfo, de otra parte, se describen hechos que pudieron ocurrir en muchos puntos del altiplano mexicano, o de otras regiones del país que comparten tanto el paisaje natural como las características sociales que se describen en sus cuentos. Sería esta serie de cuentos, pues, un libro realista pero no ya naturalista.

El "idealismo" consiste en tomar las formas de la realidad objetiva para representar con ellas otra realidad, subjetiva ésta, de carácter social o que concierne a grandes conglomerados humanos: entre sus estilos o "ismos" derivados están el simbolismo, el arte religioso, el surrealismo, el arte onírico, el romanticismo, la literatura fantástica o la ficción científica. El estilo más ejemplificador de lo que Read quiere decir en este aspecto es el romanticismo, que consiste en describir la realidad, no como es objetivamente, sino como el artista quisiera que fuera.

El "expresionismo" consiste en tomar las formas de la realidad objetiva para representar con ellas una realidad asimismo subjetiva, pero, en este caso, personal del autor: aquí podemos mencionar el expresionismo alemán, que es el antonomástico, el fovismo, el impresionismo, el cubismo, algunos casos de arte matérico o la literatura de Kafka. Precisamente porque se trata de un estilo muy personal de los autores, es que los expresionistas son los artistas más diferenciados entre sí, al punto de haber llegado, muchos de ellos, a crear un estilo tan propio que lleva su nombre: un Picasso es una obra de Picasso, y una situación absurda es kafkiana.

Finalmente, siguiendo esta clasificación de Herbert Read, el "abstraccionismo" consiste en tomar las formas de la realidad objetiva para representar con ellas la esencia de las relaciones que esas formas guardan entre sí: abstraccionismo rectilíneo, abstraccionismo curvilíneo, arte matérico, arte cinético, arte lumínico, la novela Cómo es, de Samuel Beckett.

No hay estilos puros, porque el artista, en tanto que ser humano, posee todas las facultades mentales aunque en un momento dado una de ellas predomine sobre las otras, y porque su temperamento cambia según los diversos estímulos que recibe del funcionamiento de su organismo y del medio ambiente. A esto se debe que casi siempre, cuando hablamos del estilo de una obra de arte, nos estemos refiriendo a la tendencia formal más evidente en esa obra, pero sin ignorar que otras tendencias o estilos pueden estar presentes en ella. Como en el citado libro de García Cubas en las coloniales calles de México ocurren hechos imaginarios o sobrenaturales, según el postulado readiano el estilo de ese libro es, bien a bien, "realista-idealista". No será muy difícil deducir de esta afirmación que El llano en llamas, también según el postulado de Read, y debido a los muy marcados rasgos de la crueldad humana que allí se describen, es un libro de cuentos "realista-expresionistas".

Por otro lado, casi resulta inútil, al menos para todo artista o para toda gente de sensibilidad, decir que cualquier estilo encuentra legitimación física en la realidad objetiva. Veamos dos ejemplos de lo más sencillo: cuando introducimos una cuchara en un vaso de agua y producimos su aparente partición y doble emplazamiento, tenemos ante nosotros un fragmento "cubista" de la realidad; y cuando hacemos una tostada a partir de una tortilla y algo nos distrae, aparecen en ella zonas doradas, a veces calcinadas de acuerdo con el tiempo de nuestra distracción, que contrastan con el color amarillento o verde de la masa inicial, dando por resultado un verdadero disco de calidades abstractas. Claro que estas explicaciones no agotan para nada lo que puede y debe decirse del cubismo y del abstraccionismo. Nadie negará, además, que los barrios miserables o los manicomios pueden dar muestras lacerantes de expresionismo natural (se me ocurre llamarlo así; pero lo artístico no es nunca natural puesto que "arte" significa, entre otras cosas, el producto de un trabajo humano. La naturaleza, eso sí, puede ser estética), o un tronco bellamente retorcido, para no sugerir que el expresionismo es necesariamente horroroso o "negativo". Y así en los demás estilos, e incluso en las demás artes, ya no sólo respecto de la plástica. Recordemos que Breton basaba a ratos el surrea1ismo en ciertos hechos presuntamente anómalos de la realidad, muchos de ellos pertenecientes a lo que conocemos como "ensoñaciones".

Dejo fuera de esta exposición las ahora por desgracia cada vez menos infrecuentes consideraciones, parcializadoras o totalizadoras, sobre la utilidad o la inutilidad de la representación artística, pues para cualquier artista maduro ese trance reviste sobre todo un carácter de insulto.

Un refuerzo a partir de McLuhan
Tiempo después de Read, ya en los años sesenta del siglo veinte, el canadiense y teórico de la publicidad Marshall McLuhan enuncia, al margen de la estética, una teoría sobre los medios de comunicación conocida como "de los medios cálidos y los medios fríos". Dice él que un medio cálido estimula poco o en un solo sentido la actividad humana, y que un medio frío lo hace mucho o en varios sentidos; que un medio cálido posee o es mucha información, y un medio frío poca información; que los medios cá1idos exigen poca participación de quien en ellos actúa, y los fríos mucha participación. De tal modo, por lo que observo en un sinnúmero de casos, se me ocurre a mí hacer la siguiente relación de su pensamiento con los esquemas que he planteado páginas arriba:

El realismo
es el estilo
es el estilo más cálido;
el idealismo       
"
más cálido que frío;
el expresionismo         
"
más frío que cálido, y
el abstraccionismo      
"
más frío
Aunque en otra parte5 he dicho que lo importante en el arte más que entenderlo es sentirlo, vale apuntar, digamos, que el realismo es prácticamente accesible, desde un punto de vista aplicado a los sentidos tradicionales, para todo aquel que se mueva en el terreno de lo que se da en llamar una persona "racional". Es decir, que no busque en la realidad otra cosa que la realidad misma. Para tal persona, y al margen de que le guste o no un cuadro donde se presenta una casa, existe allí eso sin lugar a dudas: una casa.

En cuanto al idealismo, lo más fácil es ejemplificar con una obra de arte religioso. En la inmensa mayoría de ellas interviene de una u otra manera la figura humana. Tomemos una virgen de Murillo. Para un hindú común y corriente no será más que una señora rara, acaso un tanto cursi, parada sobre una nube. Pero como todo individuo en cuyo medio se profesa normalmente una religión tiene un sustrato para lo religioso (o para lo fantástico o lo idealista en general, en casos y ambientes ajenos a lo religioso), el cuadro en cuestión no le parecerá irreal sino en tanto que no representa su religión o la de su medio. Para saber de qué se trata, y para creer que de veras se trata de eso, sólo necesitará de una explicación general sobre las creencias católicas. Desde luego que a un hindú de sensibilidad y no muy regionalista, la mujer de Murillo incluso podrá parecerle bella.

Para relacionarse con el expresionismo, se necesita ya más información en torno al hecho artístico. Los Zapatos de Van Gogh ya no son asequibles para cualquiera. Para sentirlos en sus varios sentidos y entenderlos en sus varios significados, el observador tiene que entender o de texturas; o de relaciones de color; o de relaciones de composición en superficies planas; o de psicología; o del largo y agotador camino que el pintor holandés tuvo que recorrer (hasta romperse los zapatos) en busca de una bondad que dar al Hombre, sin saber que ya estaba dándosela; o de todo eso en su conjunto y otras cosas que cada observador de la referida pintura pueda aportar según su propia experiencia.

Y para sentir un Hartung, un Pollock o al último Beckett, todos ellos abstractos, se necesita estar bastante bien ubicado en nuestro tiempo, además de poseer una información sobre el arte del siglo veinte y el actual o una intuición (dicho esto al modo tradicional, y no al de Read) más o menos aceptables. Qué digo un Hartung, un Pollock o al último Beckett: para sentir un mandala abstracto o el arabesco de una cúpula islámica. Quien esté bien ubicado en la contemporaneidad y sea de veras sensible, se me ocurre, no dudará en, cuando menos, reconocer en una raya negra el vuelo de una mosca o en una plasta blanca o roja y rectangular al frente de un refrigerador. Y quien se entusiasme en tachar de burgués el arte abstracto apoyándose en esta tan gruesa explicación, debiera pensar antes que lo verdaderamente revolucionario, lo verdaderamente humano, sería el logro de que todo el mundo tuviera refrigerador (con lo que esto implicaría desde un punto de vista socioeconómico) y no el de que un artista tenga que representarlo sólo fotográficamente donde lo encuentre, así sea (como lo será mayoritariamente) una vivienda pequeñoburguesa. Además, debiera pensar antes, por ejemplo, que un cuadro de Monet, el padre del realismo europeo del siglo pasado, no se encuentra con demasiada facilidad en la casa de un obrero.

Es aquí donde entra el tan actual concepto de "empatía" que Read aplicó al arte habiéndolo tomado de la física contemporánea, o sea la que se derivó en general de la relatividad einsteniana6: no sólo hay artes bueno y malo, sino buenos y malos receptores de arte. Una obra valiosa podrá ser más o menos apreciada según sea la calidad del que la aprecia. Y, por supuesto, es quien sabe, quien estudia, el que decide lo que vale y lo que no. Como siempre, los pleitos entre ellos, por último y también como siempre, los resolverá la historia.

Hay buen arte en todos los estilos. Quienes lo niegan con cierta justificación son los propios artistas, que necesitan reprobar la obra ajena para que la suya mantenga validez ante sí mismos. Pero en nuestros días, debido a la deficiente información que se proporciona al individuo acerca de múltiples fenómenos cotidianos, prolifera sobre todo el abstraccionismo, producto de la intuición con que el propio individuo tiene que responder ante el escamoteo, y aun ante la multiplicidad y vertiginosidad de la información no escamoteada que le ofrece la realidad objetiva: un auto a 60 Km p/h, por ejemplo, va demasiado aprisa para que su figura original permanezca constante siquiera un segundo en las retinas de un observador y su cerebro lo codifique como algo real-continuo. Y porque hoy se manipula al individuo común y corriente sobre todo con abstracciones, sin informarle en detalle, es que ese individuo rechaza la sublimación artística abstracta: es por eso que inconscientemente le parece ociosa o hueca aunque esté relacionada muy directamente, digamos, con una realidad cercana a cua1quiera: el diseño industrial moderno o los proyectos arquitectónicos.

Por otro lado, una persona ajena a estas consideraciones no cae en la cuenta de que un auto, hecho para desplazarse aprisa, está más cumplido en una ráfaga de pintura verde o amarilla que "fotografiado" junto a una acera. A menos que el título de tal obra sea Automóvil descompuesto, claro. Y creo que los esquemas que hasta aquí he expuesto pueden ayudar al entendimiento cabal de este principio que la empatía aplicada al arte postula y que a estas alturas es aún novedoso desafortunadamente: "No sólo hay artes bueno y malo, sino buenos y malos receptores de arte"7.

Permítaseme ahora hacer una referencia personal: ya en el terreno de mi propia creatividad, yo trato de no caer más en etapas improductivas llenas de tormentas color de adolescencia; trato de orientar de continuo mi estado de ánimo cambiante (claro, sin hacer de ello un "programa", peligro del que me advirtió un día ya lejano el maestro Antonio Alatorre, con quien estoy de acuerdo) hacia la producción de diversos géneros, temas o líneas estilísticas de expresión literaria e incluso hacia diversas actividades. E1 resultado, respecto de lo que en el pasado publiqué, es interesante: un señor comentaba un día en la prensa, como buenos, los cuentos A, C y H, de mi último libro, y consideraba el resto como evidentes aberraciones o simples mediocridades; otro comentarista mencionaba poco después, como extraordinarios, los cuentos B, D, H y J del mismo libro, y tildaba los demás de nulidades, y así otros comentaristas hasta cubrir casi todo lo que había yo publicado. E igual pasaba con lectores a quienes había podido sondear de una u otra manera. Y yo, feliz de la vida con toda esa divergencia de opiniones y de que se me considerase, eso sí, unánimemente, un escritor irregular e inmaduro al que aún no le había tocado en gracia encontrar su camino definitivo.

Y creo que lo mismo sucederá con todo lo que alcance a escribir o a hacer en otros campos distintos de la literatura. Consideraba esta postura estética mía entonces, y la sigo considerando ahora, un pretexto redondo para justificarme como artista y para creer (quizás influido sobre todo por Kierkegaard y el primer Sartre) que mis cosas son siempre magníficas8.

Remataré lo anteriormente expuesto con la siguiente apreciación de Dostoievsky, que como ustedes lo verán gira en el mismo sentido: "Yo deseo vivir dando satisfacción a todas mis facultades vitales, y no únicamente a mis facultades de razonar, que no representan en suma sino la vigésima parte de las fuerzas que hay en mí"9.

Los "cajones de sastre"
Consecuencia de la actitud pluriestilista en el pasado reciente han sido los "cajones de sastre" de Julio Cortázar, que el argentino tituló La vuelta al día en ochenta mundos10 y Último round11. Se trata de libros de obra múltiple, que contienen lo mismo cuentos o relatos que páginas autobiográficas, ensayos y poesía en prosa o en verso. El nombre del subgénero, "cajón de sastre", lo tomé del epígrafe que el propio Cortázar pone en el primero de esos libros, donde lo menciona de paso, y de una serie de antologías de don Francisco Mariano Nipho, crítico español del Siglo XVIII que tituló su obra "Cajón de sastre literato", aunque en sentido estricto la obra de él es más bien una serie de antologías. Otros antecedentes del nombre del subgénero son la serie de secciones llamadas "Varia" que Alfonso Reyes puso en dos de los tomos de sus obras completas, por estar hechas a base de materiales a los que no encontró acomodo en sus libros de estilos "regulares" o "tradicionales", y el libro Confabulario y varia invención, de Juan José Arreola, que es bien a bien un libro de cuentos con un agregado en su segunda edición, que es la obra de teatro "La hora de todos". Pero incluso la obra del español Nipho es de antier apenas. El primer ejemplo de "varia invención", creo yo, está nada menos que en el Atharva veda, de por lo menos el siglo V a.C. Como lo haría Reyes después, los sacerdotes de aquel tiempo hicieron el cuarto libro de los "vedas" con una serie de textos escritos en lenguaje popular que no proceden de la religión de los sacerdotes mismos, como los tres primeros, escritos éstos en sánscrito culto, sino de las creencias del pueblo. Aparece así como una retacería "pluriestilística" en la que hay ritos domésticos a la vez que himnos nupciales y funerarios, y no textos religiosos y litúrgicos, como en los anteriores.

"El estilo único, o la frustración literaria"
Me interesa ahora, por último, referirles un par de asuntos relacionados "inversamente" con el pluriestilismo, si se me permite decirlo así. También de ellos he hablado con anterioridad, pero asimismo creo que siguen siendo válidos para ilustrar mi pensamiento, si no del todo acerca de las consecuencias de no manejar el pluriestilismo, al menos sí respecto de lo que puede ocurrir cuando un artista se apega invariablemente a un solo estilo en su trabajo.

El subtítulo de esta última parte es el mismo de un artículo que publiqué en el año de 1975, en el periódico El Día, de la Ciudad de México, el que versaba exactamente sobre lo que ahora voy a recordar. Me referiré nada menos que a los casos de dos personajes muy importantes de la literatura contemporánea en español: Juan Rulfo y Gabriel García Márquez. Sobre todo al primero de ellos, por cuanto el segundo tuvo a bien aportar al fin al menos una obra de estilo distinto de la generalidad en que había venido escribiendo. Me refiero sólo a la obra literaria, y no al periodismo que el colombiano desde luego ha seguido ejerciendo a veces en forma de libros al parejo de su literatura. También prescindo aquí de las partes rulfianas (también excelentes, claro) del guionista y el fotógrafo.

Rulfo publicó en primer término el libro de cuentos realista-expresionistas que se titula El llano en llamas (1953), y después la novela idealista, concretamente mágico-realista, que se titula Pedro Páramo (1955). Se trata de dos portentos de la literatura contemporánea escrita en español. Difícil será, creo, encontrar alguien que opine lo contrario; pero se trata ahora de conjeturar acerca de la causa por la cual nuestro autor dejó prácticamente de producir literatura después de estas dos publicaciones.

Dije en varios artículos que publiqué en la década de los años setenta12, en el periódico El Día de la Ciudad de México, cosas como que Rulfo no escribió ningún cuento ni ninguna novela como tales después del Pedro Páramo principalmente porque no pudo o no se decidió a abordar un estilo literario distinto del realismo mágico*** en que hizo vivir ésta. Y expliqué esta osada afirmación diciendo que ese estilo artístico, idóneo para lo que Rulfo quería decir, desde luego, es totalizador por cuanto refleja el pensamiento absolutista de las sociedades rurales de Hispanoamérica. En el campo (y en las ciudades de gran afluencia campesina), las verdades no sólo son inamovibles mientras no sufren una intervención de ruptura o un constante y largo efecto cultural innovador, sino que son de una sola calidad sin matices, como corresponde a su raigambre religiosa. Que, en resumen, el realismo mágico es un estilo totalizador por el que se dicen verdades absolutas, después de haber dicho las cuales ya no hay nada que decir, o al menos nada nuevo que decir. Que, en el terreno de la literatura rulfiana, esto se traduce en que después de lo dicho por este autor en el Pedro Páramo, ya no podía decirse nada más, en el mismo modo, que fuera distinto. Y hacía yo en algún momento alusión al principio fundamental del arte que es creación de formas y no repetición de las mismas.

El móvil por el que dije estas cosas sobre Rulfo entonces fue que el insigne escritor acababa de anunciar en Buenos Aires su tercer libro, de nombre Memorial. Yo supuse que se trataba del mismo libro que ya antes nuestro autor había llamado Días de floresta y aún antes La cordillera, y que en realidad ni siquiera había comenzado a escribir nunca, aunque siempre andaba contándonos a sus amigos pasajes de ese pensado libro. Desde luego, esos pasajes eran tan geniales como los que generalmente aparecen en su obra conocida.

Por lo que hace a García Márquez, decía yo que si el colombiano sí había escrito La cándida Eréndira... luego de Cien años…, sólo había podido hacerlo repitiéndose desastrosamente, prácticamente autofusilándose. Ponía yo el ejemplo del olor a rosas que comienza a salir del mar una noche, en el cuento "El mar del tiempo perdido", que no hacía sino remitir al lector a la lluvia de flores amarillas que otra noche cayó del cielo para que al día siguiente el cadáver de Aureliano Buendía fuera llevado hacia su tumba sobre una alfombra digna de ese personaje memorable. No importaba, decía y digo, que la primera imagen que aquí cito, o sea la segunda en publicarse de modo generalizado, haya sido odorífera y la segunda visual. Me parecía, y me sigue pareciendo, que en todo lector de García Márquez se quedó grabado para siempre, inamoviblemente (porque también eso ocasiona el realismo mágico), el homenaje más grande que un autor ha hecho a un personaje propio, y que toda imagen cercana a la que conforma éste es absorbida y anulada por ella, como lo hacen esos hoyos negros siderales que son materia de densidad inmensa.

Celebro, de otra parte (y esto no es de ningún modo perdonarle la vida a García Márquez, que es otro grande y si no necesita de defensores menos necesita de detractores), que el autor de Cien años… haya escrito y publicado ulteriormente una obra de estilo realista (ya no idealista, como el célebre monumento a Macondo y sus posteriores imitaciones), que por un lado es también muy bella y por otro resultó ser, desde el punto de vista estructural y de acuerdo con algunas de las tendencias universales de la literatura de hoy, la obra perfecta del colombiano: Crónica de una muerte anunciada.

Esto es lo que he compilado esta noche para ustedes sobre mi propuesta que llamo "Pluriestilismo", y les agradezco mucho su interés por conocer acerca de la misma.

Notas:

1 González Pagés, Andrés, Manifiesto pluriestilista pro Homo artisticus, publicado en 2000 en revistas de la Internet tales como Crítica@virtual, de Santiago de Chile, marzo; El bar las virtudes, de San Juan de Puerto Rico, abril; Revista electrónica de la Fundación Aucal, de España, 3 de julio; Nolix Anitnegra, de la Sociedad de Grabadores de Argentina, núm. 33, julio-agosto; Revista literaria digital Letralia, de Colombia, núm. 96, del 18 de septiembre, y de México: Revista electrónica de literatura mexicana, núm. Siete, abril-junio; La alquimia del discurso y lo sensible (Documentos para la historia y bases teóricas de la poesía experimental contemporánea), 31 de julio; y en una hoja volante en febrero, en Cuernavaca, y en los periódicos impresos CAmbiAvía, núm. 21, febrero, en Toluca, y Suplemento Umbrales literario y cultural, de Nuevo milenio, núm. 8, s/f, en Querétaro.
2 He aquí, además, lo que al respecto dice Umberto Eco y que me sirve de apoyo: ...Pero es con la psicología transaccional, alimentada por la filosofía y por la lógica interactiva... cuando se afirma decididamente cómo el acto de percepción, si bien no es la recepción de sensaciones atómicas de la que nos hablaba la asociación clásica, se constituye sin embargo como una relación entre la que mis recuerdos, tendencias, persuasiones intelectuales inconscientes, cultura, tradición, ambiente, se integran en la configuración objetiva de los estímulos para conferirles un valor para mí, una forma última que será la significativa y con la cual, al percibirlo, interpreto y valúo el mundo que me circunda. Eco, Humberto, Obra abierta, Editorial Seix Barral, S.A., Barcelona, 1965. Pág. 115. Precisamente, de aquí se concluye, como dice Read respecto de la tercera facultad que Jung señala, el "muy personal" estilo de los expresionistas, en quienes la "percepción" (la "sensación", diría Jung) funciona más que las otras facultades.
3 Jung. C,G., Tipos psicológicos, Editorial Sudamericana, Bs. As., 1965.
4 Read, Herbert, Ob. cit., pp. 48 y ss.
5 González Pagés, Andrés, "La vigencia de la narrativa ahora. Notas alrededor del cuento." Primera de dos partes. Suplemento Cultural de El Heraldo de México, núm. 378, Méx., febrero 4 de 1973, p. 8, o Letras no euclidianas, Ed. El Caballito, Méx., 1979, p. 36.
6 Para los efectos de esta charla aún no cobran importancia los últimos descubrimientos sobre las leyes físicas que se manifiestan en el macrocosmos, las cuales parecen contradecir seriamente los postulados de Einstein. La conciencia de la relatividad, sobre todo de nuestra realidad inmediata, sigue incólume.
7 La semejanza entre el enunciado del proceso relativista de Empatía aplicado al arte por Herbert Read y lo que se dice en el cuento derviche "El alimento del Paraíso" (Idries Shah, Cuentos de los Derviches, Paidós, Bs. As., 1974, p. 17), no significa sino que los sabios occidentales tardaron mucho en codificar (con Einstein, y a despecho de Copérnico, que se quedó hablando solo en el Siglo XVI) lo que en Oriente ya era, hace mucho, cocimiento refinado en esos maestros llamados precisamente, "derviches". Por su parte, Goethe ha afirmado ya en el volumen 3 de sus Máximas y reflexiones: "La materia puede cualquiera verla ante sí; la sustancia sólo la descubre el que tiene algo que añadir. .." (luego añadió como crítica a la insensibilidad de muchos de sus coetáneos: ".. .la forma es un secreto para casi todos.").
8 Cuatro circunstancias debo citar aquí que han contribuido a conformar esta mi personalidad multiestilística: primera: la amistad de unos diez años que sostuve con el crítico de arte y periodista Antonio Rodríguez, a quien oía decir de continuo que un buen rasgo de la verdadera libertad consiste en aceptar todas las posibilidades positivas del hombre; segunda: una visita que realicé alguna vez a la Escuela de Pintura y Escultura del Instituto Potosino de Bellas Artes. Allí, por excepcional idea del pintor y maestro Gamboa, los alumnos se desarrollaban (bajo la dirección de profesores capacitados y capaces) según la tendencia estilística natural que ellos mismos mostraban tener al comienzo de sus estudios. Es decir, que no tenían que someterse a la absurda tarea de copiar en detalle el consabido "jarrito" si no mostraban tendencia hacia el realismo. Sin embargo, a fin del curso el examen consistía en hacer una obra en el estilo del vecino, lo cual hacía a cada alumno respetar de facto los estilos distintos al suyo propio; tercera: en 1969 me hice cargo del taller literario del Instituto Politécnico Nacional de México. Todo profesor de oficios artísticos que se respete, se halla ante la necesidad de sentir los diversos estilos que sus alumnos le presentan; si no lo hace, dará muestras de una limitación tan anacrónica como pedestre y, por desgracia, castrante para sus inexpertos pupilos. Al aceptarlos, por el contrario, él mismo desarrolla o alimenta la polivalencia de que vengo hablando. Esto, y no otra cosa, es lo que yo he hecho a partir de 1969, de seguro como herencia de Juan José Arreola, de cuyo taller yo formé parte al comienzo de esa misma década de los sesenta, y quien prefería pecar de "manga ancha" (según sus propias palabras) que castrar a alguien. Un comentarista opinó una vez que yo, como escritor, era una muestra clara de esa actitud de Arreola. Difícil sería, pues, que yo no concediera ahora la misma oportunidad que un día se me concedió a mí; cuarta: mis estudios de Historia del Arte en textos y con profesores de criterio diverso. Esto, desde luego, no impide que hoy unos me convenzan y otros no.
9 Dostoievsky, Fedor, Memorias del subsuelo, Ed. Juventud, S.A., Barcelona, 1970, p. 52.
10 Cortázar, Julio, La vuelta al día en ochenta mundos, Siglo XXI Editores, México, 1967.
11 -----, Último round, Siglo XXI Editores, México, 1969.
12 El Día, México, D.F., "El estilo único o la frustración literaria" (27-VII-74); "Los
* Me he basado principalmente, para esta charla, en el artículo "¿Por qué McLuhan?", de C.O.D. (Gobierno del Estado de Tabasco, 1980). Pero también, aunque en menor medida, he reproducido momentos de tres artículos que publiqué en El Día, de la Ciudad de México, en 1974, sobre los que doy el dato preciso en el momento oportuno, así como de "La varia invención" (Revista de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, vol. II, núm. 8, junio de 1985).
** En cuanto a la pretendida abolición de términos como "estilo" (¡nada menos!), basta con ver cómo quienes sostienen tan chistosa idea (Roland Barthes y epígonos) tienen que utilizarlos por fuerza, con la misma acepción común de siempre, apenas a unas páginas de distancia de aquélla donde los declararon abolidos. Para morirse de risa, véanse las páginas 38, y 65 y ss, de El grado cero de la escritura... de Roland Barthes, Siglo XXI Argentina editores, S.A.., 1973, y 124 y 137 de las Conversaciones con escritores, de Federico Campbell, Sepsetentas, 28, Méx., 1972. (Entrevista a Jorge Aguilar Mora).
*** La divergencia de este término con el de "mágico-realismo", de Alejo Carpentier, uno de los creadores del estilo y su primer exégeta, es una discusión que ya también inicié en otra época y que excedería con mucho el presente espacio, donde no sería sino una derivación excesiva.




domingo, 11 de agosto de 2019

AUTO DE FE



Llevo mucho tiempo con los dos tomos de apuntes de Elías Caneti en mi mesa de noche, leyendo con la lentitud que merecen estos diarios íntimos, el itinerario creativo de uno de mis autores preferidos, desde hace tres semanas, con igual parsimonia estoy releyendo “Auto de fe” su novela. La leí muy joven, siempre la retomo para leer apartes sin ninguna pretensión. Recuerdo al señor Kien reflejo absoluto de un racionalismo desmedido, semiólogo, considerado el hombre más culto del mundo, experto en literatura china, con una inmensa biblioteca que referencia tácitamente al conocimiento.
La experiencia de releer esta obra, no vuelve a enfrentar con las grandes preguntas no resueltas por la filosofía, la política y la ética, es una indagación de la relación del ciudadano de a pie con el poder, indescifrable, esta novela trabaja desde la  naturaleza perversa de la naturaleza humana. La novela es de una factura impecable, el señor Kien representa la irremediable concepción de la razón que pretende reemplazar a la existencia, que al final es lo único real que tenemos y palpamos, la lectura de este texto constituye una alucinación, el encuentro con un escritor que es consciente del peso específico de la palabra en la vida y en la propia narración, todo en esta novela responde a una factura prefigurada, nada es casual, atiende a un orden narrativo programado de antemano, por ello su lectura desde la primera página nos genera mucha tensión, por la irresoluta condición de la vida que se mueve entre razón y locura.

Canetti quiso escribir la comedia humana en ocho novelas, al final nos dejó solo “Auto de fe”. “Cuenta en sus memorias que Auto de fe nació de una imagen que, como un pequeño demonio pertinaz, lo obsesionaba: un hombre que prende fuego a su biblioteca y arde junto con sus libros. Comenzó a escribir la novela en el otoño de 1930, en la Viena deslumbrante y preapocalíptica de Broch y de Musil, de Karl Popper y de Alban Berg, como parte de una «Comedia Humana de la locura», que iba a constar de ocho historias, cada una de las cuales tendría como protagonista a un hombre desmedido, en las fronteras de la sinrazón”[1]. Cuando le preguntaron a Canetti por esta obra respondió: «Un día se me ocurrió que el mundo no podía ya ser recreado como en las novelas de antes, es decir, desde la perspectiva de un escritor; el mundo estaba desintegrado, y sólo si se tenía el valor de mostrarlo en su desintegración era posible ofrecer de él una imagen verosímil.»

Estas páginas, donde los sucesos remiten a un proyecto simbólico que prefigura la inutilidad del conocimiento frente a la brutalidad humana, traducida en hecho reales, como el genocidio judío, las persecuciones continuas y las irracionalidades cometidas siempre en honor a una razón que termina justificándolas. Al señor Kien la sabiduría no le sirve para nada. “Porque nada de lo que sabe —de lo que aprende y piensa— revierte sobre los demás; más bien levanta una muralla de incomunicación entre él y su mundo. ¿Cuál es la razón de que se niegue a enseñar? ¿De que publique con tamaña avaricia? ¿De qué viva enclaustrado en esa biblioteca de 25.000 volúmenes a la que nadie más tiene acceso? El conocimiento, para Peter Kien, no es algo que deba compartirse, un puente entre los hombres; es una manera de tomar distancia y de alcanzar una superioridad vertiginosa sobre el común de las gentes, esos analfabetos cuyo «despreciable objetivo vital es la felicidad»[2].

La novela va mucho más allá de estas interpretaciones, su lectura no siendo fácil, crea un universo narrativo total alrededor de pocos personajes, pero reflejan la perversa naturaleza del hombre y en cierta forma lo absurdo que es vivir cuando no resolvemos los mínimos problemas de la convivencia, siempre insolidaria.

Hay una característica que encontré en la crítica y me parece lúcida: “La falta de sentimentalismo es un rasgo central en Auto de fe, así como en los ensayos y el teatro de Canetti”. Es como el buen trago a las rocas, su narrativa está exenta de meloserias.

Lorenzo Davalos en un ensayo expresó: “Auto de fé no es una alegoría, pero su narrativa poderosamente simbólica describe el drama de una Razón que a finales del Siglo XIX se había alejado de la piel, de la carne y del corazón del hombre. Elevada al nivel de diosa por el proyecto de la Ilustración, no fue capaz de aludir los riesgos de alejarse del corazón del hombre, y con ello del resto de sus sentidos, para quedarse sola, en una suerte de larga y aburrida conversación consigo misma”.

En el prologo del libro publicado por Planeta en Debolsillo se hace una alusión a una conversación entre Canetti y el crítico John Barley, el escritor de súbito le pregunta que opina de El rey Lear de Schakespeare, dijo el escritor, "Mis amigos dicen que el libro es insoportable. Por fortuna Barley acertó a entender que Canetti se refería a su novela".  Entonces Canetti afirmó: El rey lear, también es insoportable. "Son ciertamente insoportables.  Y lo son por motivos semejantes: El violento azote de locura con que sacuden al lector, y la constatación terrible de que esa locura brota del aislamiento del ser humano y de cómo el lenguaje, lejos de servir para vencerlo, puede contribuir para extremarlo".

Leerla sin pretensiones intelectuales es otra cosa, es gozar de una prosa bien facturada, con tono, ritmo y que siempre guarda sorpresas que tienen que ver con los problemas existenciales de la humanidad, son los mismos desde hace mucho tiempo, lo que no es capaz de asumir o lo que es peor, que vive eludiendo.







[1] https://www.criticadelibros.com/drama-y-elemento-humano/auto-de-fe-elias-canetti/
[2] Ibidem

lunes, 5 de agosto de 2019

EL SUEÑO DE LEWIS CARROLL





He querido con una maliciosa intención traer este artículo de Borges escrito para el periódico “El país” de España a propósito de una charla que daré sobre  Borges en la biblioteca pública del barrio la floresta de Medellín Colombia, con el único afán de constatar una vez más, la calidad y lucidez de una obra que alucina y que definitivamente cambió la relación entre lector y la escritura para bien de la literatura universal. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE


JORGE LUIS BORGES


Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de febrero de 1986.


Gustav Spiller escribió que los sueños corresponden al plano más bajo de nuestra actividad mental. No comparto ese concepto que, a mi parecer, tiende a subestimar al arte. Todas las artes son acaso una forma de sueño. Ist es mei Leben getraümt oder ist es wahr? ¿He soñado mi vida o fue verdadera?, se pregunta espléndidamente el poeta austriaco Walter von der Vegelweide.La literatura inglesa y los sueños guardan una antigua relación. Beda el Venerable refiere que Caedmon, el primer poeta de Inglaterra, compuso su primer poema en un sueño. Stevenson confiesa que soñó la transformación de Jekyill en Hyde y la escena central de Olalla. Un triple sueño de palabras, de arquitectura y de música dictó a Coleridge el admirable fragmento de Kubla Khan. Los casos del sueño como tema son innumerables en la historia de la literatura. Pero sin duda los más ilustres se hallan en los libros que nos ha dejado Lewis Carroll. Alicia sueña con el rey Rojo, que está soñándola, y alguien le advierte que si el rey se despierta ella se apagará como una vela, porque no es más que un sueño del rey que ella está soñando. Los dos sueños de Alicia bordean la pesadilla. Las ilustraciones de Tenniel (que ahora son inherentes a la obra y que a Carroll no le gustaban) continuamente acentúan la sugerida amenaza. A primera vista, las aventuras de Alicia parecen irresponsables o casi arbitrarias; luego comprobamos que encierran el secreto rigor del ajedrez y de la baraja, que asimismo son aventuras de la imaginación. Carroll, según se sabe, fue profesor de matemáticas en la universidad de Oxford; las paradojas logico-matemáticas que la obra nos propone no impide que ésta sea una magia para los niños.

En el trasfondo de los sueños de Lewis Carroll acecha una resignada y sonriente melancolía; la soledad de Alicia entre sus monstruos refleja acaso la del célibe que tejió la inolvidable fábula. La soledad de un hombre que no se atrevió nunca al amor y que no tuvo otros amigos que algunas niñas que el tiempo fue robándole, ni otro placer que la fotografía, menospreciada entonces. Queda otra zona, que mi incapacidad no entrevé y que algunos entendidos desdeñan: la de los pillow problems que urdió para poblar las noches del insomnio y para alejar (él mismo lo confiesa) los malos pensamientos que lo acosaban. El triste Caballero Blanco, artífice de cosas inservibles, es un autorretrato deliberado y una proyección, tal vez involuntaria, de aquel provinciano que trató de ser Don Quijote. Un Quijote o Quijano que nunca sabe si es un pobre sujeto que sueña ser un paladín cercado de hechiceros o un paladín cercado de hechiceros que sueña ser un pobre sujeto. Recuerdo ahora que Martin Gardner, a propósito de estos sueños recíprocos, nos habla de cierta obesa que pinta a una pintora flaca, que pinta a una pintora obesa que pinta a una pintora flaca, y así hasta lo infinito.

De todos los episodios de Alicia, el más inolvidable es el adiós del Caballero Blanco. Quizá el Caballero está conmovido, porque no ignora que él también es un sueño de Alicia, como Alicia fue un sueño del rey Rojo, que está a punto de esfumarse. El Caballero es el propio Carroll que se despide de los queridos sueños que poblaron su soledad.

Quien escribe para los niños corre peligro de quedar contaminado de puerilidad; el autor se confunde con los oyentes. Tal es el caso de Jean de La Fontaine, de Robert Louis Stevenson y de Rudyard Kipling. Se olvida que Stevenson escribió A child's garden or verses, pero también The master of Ballantrae; se olvida que Kipling nos ha dejado las Just so stories y los relatos más complejos y trágicos de nuestro siglo. En lo que a Carroll se refiere creo que los admirables libros de Alicia pueden ser leídos y releídos, según la locución hoy habitual, en muy diversos planos.

Esos sueños forman parte de nuestra felicidad; ojalá compartan esa felicidad quienes, más allá de los años y la repetida vigilia, siguen, como yo, volviendo sus páginas.






domingo, 28 de julio de 2019

DESPUÉS DE LA MUERTE DE MI HERMANO TODO CAMBIO

 

Hablé esta mañana con mi hermano Edgar, que tiene más o menos 63 años, le oí un poco desvariado, más bien triste y me pregunté qué es lo que espera un hombre de la vida a esta edad, qué significa triunfar, irle bien como suelen decir, cómo hallar el punto de trascendencia que le permita a cualquiera de los mortales darle sentido a la vida. Está sin trabajo desde hace más de tres años, Ahora vive dedicado a cuidar a mi Madre. Mi padre nos enseñó siempre a pensar en grande, tal vez en utopías irrealizables, en grandes negocios, en esa especie de lámpara de Aladino que al final nos sacaría de problemas, el ADN de estas huellas terminó por hacernos mucho daño, el éxito de la vida está en los detalles, es difícil de aceptarlo, pero es así. Estos hechos me recordaron a mi padre y a mi familia. Trato de recordar las primeras imágenes de mi padre y lo primero que se me viene a la cabeza es la de un hombre impecablemente vestido, con un peinado hacia atrás, siempre en orden, alto, con unas piernas largas y perfectas, como de atleta, todos los días caminaba al centro de la ciudad, le encantó caminar. También tengo una fotografía nítida, leyendo el periódico, nunca dejó   de hacerlo, después entraba en disertaciones azarosas, tal vez por mi edad no puedo traerlas a colación con exactitud, pero son constantes, fue un ser político, un ciudadano comprometido.  Tendría para esa época tres o cuatro años, vivíamos en Bucaramanga, cerca de un parque muy famoso de la ciudad que se llamaba: “El parque de los niños”, me parecía inmenso, muchos años después al visitarlo, lo vi pequeño, siento que mi imaginación me traiciona en ocasiones y los sitios de mis recuerdos son como narrativas armadas a conveniencia, esto me ha pasado con muchos otros lugares.  A los nueve años adquirí plena conciencia de la existencia de mi padre, casi nunca estaba en la casa, la finca le quitaba todo el tiempo, vivíamos en una casa vecina al de la tía Matilde, quien tenía una hija llamada Cecilia, la tía era jubilada, padecía un asma que la mantenía siempre alarmada, nunca se me ha borrado su imagen, con ella me enfrenté a la enfermedad, a la mortalidad como tal, siempre tuve la impresión que sufría mucho, por su asma y en circunstancias que desconocemos de súbito fuimos llamados intespectivamente, nos enteramos, que se ahogó en un aguacero, suceso que recuerdo como si fuera ayer.. La casa nuestra era pequeña, fue el lugar donde tomé conciencia de mi vida, desde esa época los recuerdos son bastante nítidos y de hecho de niño, son más los miedos los que dominaban mi naturaleza que las alegrías, se suponía sucedía por efectos de la edad, supongo que es lo corriente. Tengo dos hermanos, antes fuimos cuatro hijos, soy el menor, en esa época era muy cercano a mi hermano Erwin, quien murió muy joven en un accidente absurdo, pasábamos el día completo juntos, solíamos ir al parque, el alquilaba cuentos y yo jugaba fútbol, me tomaba de la mano, siendo mayor nunca dejó de estar pendiente de mí. Era cariñoso, pero serio para su edad, parecía un señor. Nayibe mi hermana era una mujer joven, supongo que adolescente, comprometida con la vida y dedicada a sus estudios, de estos años son pocos los recuerdos, siento que fue por razones de la edad, éramos distantes, después consolidamos una amistad hermosa. Edgar el mayor, era otro mundo, lejos de nosotros y con cierta arrogancia, me imagino que es un defecto de los hermanos mayores. Mi padre hablaba por esa época de la violencia como el peor mal de este país, tenía una imagen nefasta de nuestra clase dirigente que paradójicamente aún tiene vigencia. Alegaba todo el día en abstracto con esa clase, la conocía perfectamente y cuando leía parecía que los tuviera al frente, les increpaba sus errores. Como lector no se dejaba asaltar por los mentirosos, conocía nuestra historia y sabía que una élite abusiva mantenía el poder desde tiempos inmemoriales sin importar nada de lo que le pasa a eso que llamamos pueblo.  Corría el año de 1968, se hacía una reforma total del estado, básicamente se creaban los organismos institucionales que hoy manejan la agenda pública, se instrumentaba un centralismo que al final le ha hecho mucho daño a la provincia, paradójicamente de la mano de un presidente liberal, el doctor Carlos Lleras Restrepo. A mi padre le encantaba precisamente por ser liberal y por su carácter, a mí me parecía siempre disgustado, amenazó al congreso con su renuncia varias veces si no le aprobaban sus reformas, el poder se centralizó aún más, está es una constante histórica del país. Para mi padre el doctor Lleras Restrepo fue el político del siglo XX más relevante, le tocó vivir la triste historia de muchas violencias, su vida política se inició con los gobiernos liberales del 30, vivió la violencia de los años cincuenta, colaboró con la creación del frente nacional, terminó siendo el último presidente de este acuerdo excluyente entre liberales y conservadores. Recuerdo que en estos tiempos siempre las noticias hablaban de la guerrilla, de los muertos del llano, del viejo Caldas y del Tolima grande. Tirofijo, que era el jefe guerrillero de la FARC, un movimiento insurreccional con mucha presencia en el territorio nacional, se convirtió en un personaje de mucha referencia en los discursos mi padre. Tirofijo era el peor problema para la élite colombiana, los otros eran los estudiantes, los sindicalistas y los líderes sociales. Mi padre narraba algunos hechos de la historia con una lucidez impresionante, era experto en la historia colombiana, en la conquista realizada por los españoles, en la segunda guerra mundial, conocía a la perfección todos los pormenores del asesinato de Kennedy, le oí relatar este suceso muchas veces, hacía énfasis en todas las implicaciones que trajo su muerte y acusaba con una seguridad sorprendente, la alianza perversa entre la mafia y los políticos, así como los cubanos del exilio; rastreaba con mucha obsesión los gobiernos populares de Latinoamérica. Ahora pienso, que me hablaba a esa edad como si fuera un mayor. Alguna vez baje con al centro, no se me olvida como sus amigos lo oían con un respeto casi reverencial. Para esa época empezaron a hablarnos de tener mucho cuidado cuando saliéramos, sentía que la gente vivía con muchos miedos. Este es un país de miedos y alegrías concomitantes. El secuestro, hablo de la década de los setenta, comenzó por los lados de la finca a ser un problema para las personas que habían conseguido algún dinero. Lo peor, era que nunca se sabía de dónde venía esa nefasta práctica, si de la guerrilla o la delincuencia. En esa época el movimiento estudiantil adquiere mucha importancia y los gobiernos comenzaron a estigmatizarlo y perseguirlo, hubo muertos y desaparecidos con una impunidad penosa para el país. Corrijo, la verdad es que en este país siempre hay muertos y asesinatos a granel. Comencé a entender que había muchos países en uno solo y que la muerte violenta siempre está detrás de la puerta. Apenas se consolidaba la clase media, la clase dirigente brillaba por su ausencia en las regiones, el país era manejado por los mismos políticos que lo habían llevado al lastre. No se me olvidan los alegatos del viejo. Conocía la violencia desde los años cincuenta, tristemente le tocó presenciar muchas tragedias. Este es un país de mil violencias, de sangre, me repetía a cada rato.Un día cualquiera sentí que en la casa las cosas no estaban bien. Mi abuelo, el padre de mi madre Myriam un día llegó con tres mujeres, que desde esa época se convirtieron en personas de la casa, como hermanas, algún día se irían de la misma manera. Nunca he sabido por qué ni qué acuerdo hicieron mi abuelo y mi madre, fue simplemente una realidad a partir de ese momento. La casa se hizo muy pequeña.Mi madre era una cosa distinta a todas las personas que he conocido, es una mujer activa por naturaleza, ahora por las enfermedades que le asedian ha suspendido muchas de sus cosas y la mayoría del día está en su cama, hay una infección que le ha llevado a estar muy mal y le ha producido serios problemas cardíacos, muchas veces hemos pensado que se nos va, ella siempre supera todo estos impases de salud, pese a su avanzada edad. tiene unas manos prodigiosas, para tejer, hacer cortinas, velos, carpetas, cocinar, todo tipo de cosas manuales, las que le sirvieron para sobrevivir en tiempos de crisis. Ella tiene mucho carácter y una capacidad extraordinaria para enfrentar los problemas, ahora me sorprende su verraquera, en tiempos difíciles nunca cedió, menos a las tragedias de la cotidianidad que son muchas. Venía de Puerto Salgar un pueblo de Cundinamarca del centro del país, famoso por que es la sede de la base aérea más importante de Colombia. Allí conoció a mi padre en los tiempos en que el perteneció a la fuerza aérea. Me imagino que fue en los años cincuenta, en plena efervescencia de la violencia política de este país. El viejo siempre decía: "Las mujeres son cosa aparte en este país, son las víctimas más numerosas, nuestro territorio está lleno de viudas, de mujeres maltratadas, de desplazadas. Al final, cuando se quedan sin marido, cuando son echadas de su tierra, sacan la verraquera y se echan la familia al hombro". La historia de la familia en buena parte es la historia violenta del país.

Mi abuelo de parte materna también fue un desplazado de la violencia, llegó de Salgar Cundinamarca, huyendo de los asesinatos y la persecución en el Tolima grande, después tuvo que irse al sur del Dpto de Cesar. En la casa, hablábamos siempre de los muertos, mi padre contaba con mucha tristeza cada tragedia que conocía. La élite sembraba las guerras y el pueblo ponía los muertos. Mi abuelo era partero y tenía una droguería. Su capacidad de servir era emblemática y nunca dejó de ser esa persona, ayudaba a sirios y Troyanos, realmente era un filántropo. Los colombianos vivimos matándonos, es como un virus, el abuelo aprendió a vivir en medio de estas guerras fractales del país. En el treinta del siglo pasado después de una hegemonía conservadora de más de treinta años, Olaya Herrera, un político liberal, ganó la presidencia. Los conservadores quienes llevaban en el poder treinta años, los padres del país clerical y mojigato nunca aceptaron perderlo. Desde estos años comenzaron los muertos, los eventos reaccionarios se convirtieron en una constante. Los pájaros, unos asesinos al servicio de los políticos regionales comenzaron a ser famosos por sus asesinatos selectivos. A los ocho años, exactamente en el año 34, Alfonso Pumarejo un empresario y banquero de muchos quilates, modernizó al país, lo hizo a través de una reforma constitucional, implementa la función social de la propiedad, ordenó la primera reforma agraria y legalizó los sindicatos, el país entró realmente al siglo XX treinta años después, nos caracterizamos por el atraso institucional y la falta de industria y por lo tanto no teníamos una productividad sería. Mi abuelo en todo caso hablaba de esas épocas con mucho orgullo. Nos ganaron los liberales, él era un conservador de arraigo, honesto y trabajador, aún así, replicaba, seguimos siendo dueños de todo. Mi padre le refuta afirmándole con vehemencia que una clase empresarial y banquera del liberalismo había sembrado la modernidad y que ahora el pueblo si iba a tener mejores posibilidades.  Este momento nunca ha llegado a pesar que este país ha progresado mucho, siempre en medio de muertos. Recuerdo un libro de Solom Becerra que dio a leer el viejo, se llama “Al pueblo nunca le toca”. Lo leí muy joven. En síntesis, al pueblo nunca le toca, la clase dirigente ha venido aplazando el turno para la gente marginada. La década de los treinta del siglo XX fue de afirmamiento institucional. Apareció una generación de jóvenes liberales que iban a dar de qué hablar a lo largo de todo el siglo XX: Alberto Lleras, Darío Echandía, Carlos lleras, Jorge Eliécer Gaitán, Eduardo Santos, Álzate Avendaño, Silvio Villegas, Fernando Londoño, toda una pléyade. Estas también fueron las épocas del abuelo Genaro, el padre de mi viejo. Pertenecía al liberalismo radical de provincia, vivió en una población cercana llamada Rionegro, después se trasladó a Bucaramanga, la capital del Dpto. de Santander. Cuando lo conocí estaba muy viejo, parecía una pieza de museo, tengo la imagen de la impotencia que reflejaba, un rostro duro y triste, siempre en la puerta de la calle 34 como esperando a alguien, perfectamente vestido. Vivió en sus últimos años con la tía Chela, una mujer dura, organizada, sin hijos, económicamente estable, ella vivió con los abuelos y su esposo Manuel, un hombre silencioso, con una sumisión emblemática e inexplicable. El abuelo tuvo muchos hijos, no supe nunca cuál fue su actividad, tenía parientes importantes en Bucaramanga, un exgobernador que pesaba mucho y su hermana Beatriz González una mujer muy relevante para el arte colombiano, es aún una gran pintora y escultora, ha expuesto en todo el mundo y su obra hace parte ya del patrimonio nacional. Cuando se trataba de sacar los linajes aparecían todos estos lazos. Bucaramanga era una ciudad pequeña, gozaba en esa época de un clima primaveral, templado, la ciudad era muy comercial, básicamente es la capital del oriente colombiano, con una gran universidad pública, La universidad industrial de Santander. A Santander; a sus tierras no solo llegaron los españoles en la conquista, alemanes, detrás del oro imagino, lo que dejó una huella especial que aún prevalece, Santander es llena de hombres con los ojos zarcos y grises, muy altos. Fue industrial desde la colonia hasta finales del siglo XIX, esta región de alguna manera tiene una historia diferente a todo el país. Es la tierra de los primeros brotes insurreccionales, en Socorro Santander un poblado muy próspero en la colonia, se generó la revolución de los comuneros a finales del siglo 17. De ahí viene el carácter fuerte de los Santandereanos y una infatigable capacidad para el trabajo. Vivíamos en esa época muy cerca de la tía Chela y de los abuelos. Todos los Domingos acompañaba a mi padre a visitar a la abuela Ana.  Tenía una cabeza blanca, sus canas eran hermosas y su pelo ondulado siempre estaba arreglado. Era muy especial con mi padre y terciaba a su favor en algún problema que mi padre tenía con la tía chela. Tenía que ver con un Buldócer y una finca arrocera. Siempre la relación de mi abuela con mi padre fue muy afectiva. A finales de los 70, el país terminaba el Frente Nacional, un pacto entre conservadores y liberales, los partidos tradicionales que siempre habían manejado el país y el poder, acuerdo que dejó por fuera a todas las opciones de izquierda y al final fue un reparto del poder entre las mismas élites que germinaron la violencia a partir de los años cincuenta después el asesinato de Gaitán. Aprendí a vivir cerca del peligro, todos los colombianos hemos este curso de alguna manera, nuestro país vive entre mil violencias, tragedias, aprendimos a compartir con la muerte a granel, golpeándose la puerta y hasta ahora, esta es nuestra realidad, inmodificable. En la casa, gracias a mi padre que realmente estaba muy comprometido con todo lo que pasaba, vivíamos al tanto de todo. Enterarse de lo que pasa a nuestro lado también es una tragedia Mi padre Hernando era un historiador frustrado. Armaba historias inverosímiles de sus infatigables lecturas, al final muchas veces tuvo razón, sobre todo cuando intentaba descubrir casos velados por la élite dominante. Me dijo, la historia del país se puede estudiar como un sistema binario de infatigables tragedias. Fueron muchas las luchas enconadas entre caudillos, demasiados escándalos, muerte, desplazamiento, saqueos…en fin. La primera disputa que me narró fue la disputa entre Nariño y Camilo Torres después de la independencia. Admiraba a Nariño, fue el hombre ilustrado, seguidor de la revolución francesa, lector actualizado en una época de pocos libros, tradujo los derechos del hombre y fue quien fomenta las primeras tertulias en Santa Fe de Bogotá, no fue del todo un santo como los biógrafos nos hacían ver. Es el gran hombre de la independencia, de hecho, su biografía parece una novela de Honoré De Balzac. Las violencias en colombia son generadas desde la élite que nunca pone los muertos. Obando contra Mosquera, Mosquera contra Núñez, enfrentado al general Reyes...se repite como constante perversa de nuestro sistema. Es difícil encontrar un hombre público en Colombia que no tenga lunares. Este es un país de corruptos, repetía el viejo. A mí me encantaba leer la historia de nuestra conquista y de la colonia. Después me apasione por la historia del siglo XIX y por supuesto de la independencia. En ocasiones comenzábamos un ejercicio de indagación sobre hechos puntuales. Le encantaba hacerles seguimiento a los grandes desfalcos financieros de este país.El viejo fue un hombre noble, lleno de ambiciones y en los últimos veinte años de su vida las cosas no le salieron para nada, aun así, siempre tenía un proyecto en ciernes. El país de los setenta había incrementado la violencia de manera descomunal y desde esa época comenzó a consolidarse el narcotráfico, permeó todas las actividades productivas del país y gran parte de la sociedad. Para la época en que vivíamos en la casa cerca de la tía Matilde sentía que algo no estaba bien en la casa. Un sábado cualquiera llegó a la casa un hermano de Luz Mery, Ninelly y Olga, con el tiempo sería como un hermano para mí, se llama Elio, vivimos demasiadas experiencias, de alguna manera estas nos unen, el pasado parece un cordón umbilical que de vez en vez nos da por desatar. En la casa siempre se discutían grandes temas. Había debate permanente, conexión con nuestra realidad, éramos una familia ideológica, sin los excesos del pragmatismo irreal de estos tiempos. Mi padre era un hombre actualizado y le gustaba debatir. La política fue el eje, siempre estábamos inmersos en los hechos del día. Se Vivían momentos muy difíciles para el país, la guerrilla se consolidaba y su presencia en el territorio se había convertido en una realidad más. Los gobiernos, para no decir que la élite encumbrada, antes y después del frente nacional, firmaron sendas amnistías con la guerrilla incipiente de los llanos, con el tiempo les jugaron sucio a los pocos hombres desmovilizados, estos grupos fueron creados por el partido liberal con propósitos políticos perversos, cuando firmaron los acuerdos y entregaron las armas, fueron asesinados inclementemente, primero en el gobierno dictatorial de Rojas Pinilla, el único militar que había hecho un golpe de estado en el siglo XX y gobernó por siete años al país de la mano con los partidos tradicionales, dictadura que empezó después de un golpe militar en el año 53 que derrocó a Laureano Gómez y terminó en el pacto denominado el frente nacional. Los pocos hombres que sobrevivieron en cabeza de Tirofijo la toma de Marquetalia, alimentados ideológicamente por la revolución cubana y con la ayuda de los partidos comunistas crearon la FARC en pleno frente nacional, se fortalecerán con el tiempo y sería el peor dolor de cabeza del país. El viejo guerrillero decía con ironía que la élite por no cumplirle a 14 guerrilleros le sembró al país el peor conflicto armado de su historia, guerra que le ha costado muchos muertos, desplazamiento, secuestros y violencia generalizada al país. En el setenta el narcotráfico, que era una realidad que desde hacía por lo menos diez años iba creciendo, empezó a permear la sociedad. Se volvió un poder más y enriqueció a muchos hombres, los que, con el tiempo, no solo mandaron en gran parte del territorio nacional, llenaron a este país de sicarios y asesinatos en el marco de una impunidad lacerante. Primero fue la exportación de marihuana desde la costa atlántico, después la creación de grandes cocinas de coca con pasta peruana y colombiana en los andes y el valle del Cauca. Como había dinero en todas partes, el país en general asumió una complicidad perversa que después le costaría mucho. Entre el ochenta y los noventa aparecieron los grandes capos, los mafiosos insignes que paradójicamente parecen ídolos, a ellos les debemos un sicariato desmedido, convirtieron  las ciudades en mercados de narcotráfico, las dividieron y empezaron a cobrar impuestos, crearon el negocio de los préstamos gota a gota y con el tiempo cuando fueron combatidos, estas plataformas terminaron en las bandas criminales al mando de estas zonas. Bucaramanga ciudad tradicional, hoy tiene un desarrollo descomunal, las malas lenguas se lo achacan al dinero oscuro y perverso del narcotráfico. Está ciudad siempre es proclive a estos arribismos en total hipocresía. Es una de las características del Santandereano, son solapados. Gente trabajadora, fue contaminada socialmente con esta epidemia. Teníamos una finca arrocera al sur del departamento del Cesar en una zona cerca del municipio de Aguachica, llamada el Barro, que fue colonizado por un grupo de tolimenses desplazados de la violencia del 50.  colombia nunca ha podido consolidar el sector rural y nunca hemos podido llegar a serlo por las ambiciones de la élite y políticas erráticas de nuestros ministros de Agricultura. Cada territorio de Colombia estaba marcado por la violencia, nosotros lo vivimos a nuestra manera, por la finca de mi padre fueron apareciendo los grupos paramilitares creados por los grandes terratenientes para oponerse a la izquierda de mierda como solían decir, con el tiempo se fortalecieron de tal manera que se volvieron aliados de algunos gobiernos, son un contrapoder aterrador, visible y descarado, tienen el triste récord de haber hecho las peores masacres de que se tenga noticia en de la historia. Tristemente nos acostumbramos a movernos con esta multiplicidad de variables, de muertes, como si no pasara nada, todos los días las noticias nos traen eventos llenos de crueldad. Cuando se es hijo de un agricultor siempre se estará esperando la próxima cosecha, se vive de esperanzas que casi nunca se cumplen. Mi familia realmente era grande y los costos no daban tregua. Crecí con esa tensión pese a que en la casa nunca hizo falta nada. En la finca aumentaban los secuestros de agricultores, habían aparecido en Aguachica al sur del Cesar, en la nueva zona de desarrollo agrícola del país, los extorsionistas y los agricultores exitosos tenían que pagarles a los grupos paramilitares supuestamente para su protección, lo paradójico fue que ellos mismos financiaron el nacimiento de estas fuerzas por fuera del estado. Las ciudades parecían desconocer estas realidades, vivían como en otro planeta, pese a que recibían los desplazados y víctimas de la violencia. Recuerdo con mucho cariño el mundial de futbol del 70, fue el primer mundial transmitido en directo por la televisión, desde esa época fui fanático del rey Pelé, el mejor futbolista del mundo ´para muchos. Vivíamos en una casa muy grande cerca de un sitio conocido como la concha acústica, una rotonda para espectáculos públicos. La tía Matilde se había muerte en circunstancias trágicas, un aguacero descomunal le toma solitaria, el asma le cobró la soledad y terminó muerta en una acera. El país vivía momentos realmente difíciles, en lo económico y social. Me pregunto cómo la violencia llegó a niveles tan crueles, fuimos algún día el país con más muertos, la pregunta es, cómo nos acostumbramos a los muertos y los desaparecidos. Mi familia materna y paterna eran muy grandes. En alguna medida habían sufrido los avatares de la violencia, mi abuelo Pedro terminó en el Cesar huyendo de la violencia del viejo Tolima y de Cundinamarca. A un tío nuestro le habían asesinado en Bogotá y mi padre recordaba de vez en vez y con mucha tristeza la mano de eventos penosos cometidos por las fuerzas militares en los cincuenta, los cuales eran el pan de cada día de estos años, ahora se repetían e otra manera. Para esos años estaba muy unido con mi hermano Erwin. El empezó a jugar ajedrez, paulatinamente se estaba volviendo un lector compulsivo. Siempre le iba muy bien en el colegio. En esta época, con diez años, formado el carácter empecé a enfrentarme a la vida.  La lectura nos dio otra dimensión de las cosas, sobre todo a mi hermano Erwin y a mí. Estábamos al tanto de lo que pasaba en el mundo y fuimos entendiendo las cosas desde una racionalidad muy diferente a la del común.  Empecé a leer libros clásicos. Leía novela francesa, toda la novela de aventuras, me deleite con el Quijote, aún es mi libro de cabecera, mi padre tenía una colección espléndida de libros, enciclopedias. La lectura cambió mi vida. Nunca más pude estar alejado de los libros y de alguna manera ellos han justificado buena parte de mi vida. El mundo de pronto se abrió en una dimensión que aún me asombra, un laberinto de autores y conocimiento que constituye un interlocutor valioso que me ha dado la lectura, me fui convirtiendo con el tiempo en el filósofo, el hombre lúcido para mis amigos. Lecturas que, paradójicamente siempre ha estado cerca... aun así no comprendo bien la naturaleza del hombre, la racionalidad no es garantía de nada, el arte por ello, es la mejor manera de comprenderlo en todo su contexto. La novela los miserables, leída tan sólo a los 14 años me produjo un impacto del cual aún no salgo. 

Era el primer gobierno después del llamado frente nacional, un pacto entre liberales y conservadores para turnarse el poder por 14 años. Fue un pacto de exclusión que terminó en el 74. El presidente era el doctor López Michelsen, hijo del expresidente  López Pumarejo. El mundo estaba en plena guerra fría. España era Franquista y el Fútbol se iba consolidando como la gran anestesia, en estos tiempos, la gente vive viendo partidos, esa es la realidad de hoy, todo el día, en la noche los repiten, el entretenimiento nos adormece. Fuí descubriendo a Freud, la lectura de las confesiones de Rousseau me conmovió de tal manera, que por un año, solo leía este libro. Latinoamérica era una región de tercera para los gobiernos del primer mundo. solo nos explotaban, esa era la costumbre, pese a la consolidación de una clase empresarial preparada y con recorrido.

Nos acostumbramos a vivir entre múltiples realidades, como si fuera normal,siempre contrapuestas,  como vidas paralelas, cada quien tiene su propia historia en este galimatias. Edgar era el hermano mayor, siempre con una actitud emancipadora, como queriendo darle salida a la vida solo con palabras, sus ficciones eran muchas, como morcillas rellenas, sobre-dimensionadas. Son hechos múltiples en la medida que crecemos. Sembramos nuestro propio Karma. Leí los miserables y quedé pasmado, como somos presas de la gula, tomé tiempo para digerir tan exquisita narración del siglo XVIII, es un hecho que semejante texto no exige mayor preparación, como un plato de sancocho colombiano, está predestinado que será un buen plato. Lo leí a los 14. En mi barrio siempre le dejaba tiempo a esos días tan apretados típicos de la adolescencia, más cuán fuimos especiales. Después con Proust, el aprendizaje fue otra cosa...el tiempo es relativo y uno construye su pasado. La memoria siempre nos traiciona. Por ello cuando escribimos sobre el pasado estamos construyendo una ficción basados en los pocos datos que recordamos lo que, nunca son iguales a la realidad. Es una construcción subjetiva. Bucaramanga en el año 1979, era una ciudad de provincia, muy pequeña, de hecho, no tenía una librería buena, ordenada de sobremanera, capital del oriente colombiano, comercial a morir.  Estaba en plena transición. Ese año ocurrieron dos cosas en mi vida: Murió mi hermano Erwin en un accidente absurdo, muy joven y el suscrito apenas terminaba el bachillerato en el Instituto Caldas.  Un colegio laico, respetuoso, garantizaban ciertas libertades que en ningún otro colegio de la ciudad se daban, fue fundado por una de las familias más ricas de la ciudad, los Puyanas, gozaban para la época de muy buena fama, hacen parte de la nueva burguesía urbana, preparada, vanguardista, que combatía tácitamente los análisis marxistas sobre la Colombia rural que, ahora cedía sus espacios, en un país inmerso en graves conflictos y violencia, a un desarrollo urbano intenso, con la misma inequidad de siempre. La mayoría de integrantes de esta familia, con la excepción de Tatabo Puyana, estudiaban en el colegio, el viejo fue educado en Estados Unidos, políglota, dedicado a la construcción, al comercio, a la industria y como toda la elite del país inmersa en el poder, en la actividad política. La mejor manera de crear servidumbres, de ganar poder, es manejando la educación, ese aprendizaje dejado por los jesuitas, seguía vigente y estos señores eran conscientes de esta realidad. En esos tiempos era novio de Margie Rodríguez, la negra como le decíamos. Nunca he conocido mujer más delicada, agraciada e inteligente. Estudiaba en un colegio normalista, curiosamente se llamaba: “La normal de señoritas”. Es una excelente ajedrecista, como su padre Luis y como su hermano Rubén. Fue siempre una mujer detallista, llevada de su parecer, como dicen en Bucaramanga y tenía una coquetería, que le dio alegrías y además tristezas. Tuvimos un noviazgo hermoso, de seis años y como todos los amores, con la excepción del que le profesamos a los hijos, están llamados al fracaso. Vivíamos en un Barrio llamado Terrazas, en las afueras de la ciudad, en los suburbios, de la carrera 44 a la 48. Cada carrera ocupaba una terraza, una escala, no correspondía al cuadrante español, cada cuadra, estaba constituida por casas iguales, la cuadra fue reemplazada por un rectángulo de dos casas o tres casas en cada calle, rematados por una loma, llamada “Pan De azúcar”, justo estaba al frente de la carrera 48, marcada con letras grandes y visibles, se ve desde toda la ciudad y constituía un referente importante. Su diseño fue influenciado por el movimiento arquitectónico americano de los 50, los famosos suburbios, que generó el crecimiento de las ciudades cosmopolitas americanas. Casas iguales, estándar, con espacio para una ampliación, típica de clase media: Profesores, gerentes, comerciantes…etc., aquí vivan gentes con pretensiones burguesas y ciertas arrogancia inexplicable, eso que las matronas llamaban arribismos. Nuestro barrio estaba lleno de grandes extensiones de lotes vacíos a su alrededor, todavía guardaba un aroma vegetal, por ahora sin la intervención de los ambiciosos constructores, casi virginal. Éramos una juventud prepotente. Aficionados al fútbol, de hecho, buenos futbolistas. Vivíamos al día. El barrio era especial, vanguardista, la marihuana rondaba, reverberaban ideologismos, un marxismo profético marcado por un fracaso evidente, pero esperanzador, por lo menos en el plano de las perspectivas; buena literatura; posiciones radicales frente al poder iconoclasta y perverso de la derecha, la de nuestros padres por supuesto;  formado por familias de clase media, estudiantes de la universidad industrial y mujeres que rompían la vajilla sin inmutarse, marihuaneros insignes, gente liberal, desocupados, allí se vivía una revolución en materia social muy oprobiosa para nuestros padres; además había una liberación sexual por fuera del canon pastoral acostumbrado, nos daba mala fama en toda la ciudad.  En esa época solo tenía tiempo para Margie. Era la menor de cuatro hermanos, Rubén el mayor, que se casaría con mi hermana, después de que ambos terminaron economía, Orlando y La Gorda. Su padre Luis y su madre Teresa, vivan en un barrio llamado la victoria. Lo conocía por su cancha de Fútbol y ahora por ser la casa de mi novia, a la que iba todos los viernes religiosamente. El sábado o el mismo viernes, siempre salíamos a bailar. Mi suegra Teresita vivía en una dictadura. Había un régimen tenaz en su casa. En su casa había simulacros en favor de la convivencia. Yo vivía en un hogar absolutamente liberal. Algún día estaba en casa de mi novia, don Luis, mi suegro, acostumbraba a anunciar su llegada desde la esquina, haciendo pitar la bocina de su carro dos veces, una especie de santo y seña. Estaba por casualidad un viernes en la casa, de pronto sonó el pito del carro y súbitamente todos corrían en la casa, como sí viniese el mismo diablo, era una escena de locos. Doña Teresa se quitaba los rulos, idénticos a doña Florinda el célebre personaje del Chavo Del Ocho, quitaban el desorden visible o lo peor lo escondían, ordenaban la sala en un segundo, Orlando apagaba el equipo de sonido, lavaban los pocos platos y de pronto, estaban bellas y con una sonrisa forzada, como una obra de teatro. Quedé impertérrito. Después descubrí que le tenían un miedo atroz. Las salidas con Margie eran un encanto. Estudio en medio de pedagogos. es totalmente diferente a toda la educación estándar del país, era un bachillerato que les permitía salir licenciadas en educación. Tienen que hacer el pensum común y el especial, la carga es doble, el aprendizaje que implica ser profesoras en un país de analfabetos y mucha pobreza. Le acompañé muchas veces a su colegio y conocí a todas sus amigas. Estábamos en el gobierno de Turbay Ayala, fue el padre del clientelismo, un intercambio de dádivas por el voto a cambio de su voto o favores de otro orden, la burocracia por ejemplo, fue un personaje siniestro, liberal, de derecha, quien espero cincuenta años para llegar al poder, se lo fue ganando poco a poco, ya había sido nombrado designado, quien remplaza al presidente en caso de muerte, ausencia o por licencia, aprobó el estatuto de seguridad, una ley para que le permitía las peores violaciones a los derechos humanos, que miedo, en su gobierno, se dieron exterminios, desapariciones, tortura, al amparo de la ley, fue una dictadura camuflada de democracia que dejó desaparecidos y muertos a granel. Ya se estaba cociendo el primer escándalo financiero del país, la caída de Jaime Michelsen del grupo Colombia, ósea el banco de Colombia. el M-19, un grupo guerrillero de jóvenes. Con ellos nació la guerrilla urbana tipo tupamaros. Por esos tiempos comenzó para Colombia la bonanza marimbera y el narcotráfico.   Eran tiempos locos. Termine el bachillerato ese año. Por circunstancias muy raras cambió todo en mi vida. Inicie un exilio interior absoluto. Nosotros los Bustamante, somos optimistas por naturaleza. Nos ponen un revolver en la cabeza y decimos, salimos adelante. Siempre ha sido así. A mí por gracia de mi madre, desde los 8 años me visitaba un vendedor de libros del círculo de lectores. En Colombia teníamos una violencia muy cruda desde el año 48, cuando mataron a Jorge Eliécer Gaitán. Nosotros éramos la tercera generación después de ese hecho trágico, padecemos los estertores de un conflicto armado eterno, culpa de una élite irresponsable, por ello alentamos la protesta total. El M-19, era una realidad, cosa que nos alegraba y comprometía, la primera guerrilla urbana de Colombia, daba golpes de astucia, juzgó y ajustició a Raquel Mercado, un sindicalista que vendió a su clase. Cualquier día se robaron la espada de Bolívar. Su discurso seducía y nosotros no fuimos ajenos a esos encantos. El fundador de ese movimiento fue Jaime Bateman, un samario, inteligente y quien conocía nuestra historia desde tiempos ancestrales, no hablaba de la conquista sino del arrebatamiento perverso de nuestra historia, la riqueza, el idioma y las etnias. Por mi padre había leído muy joven “Biografía del Caribe” de German Arciniegas, el flaco, Bateman, sabía lo que estaba diciendo y haciendo, sus planteamientos era diferente a la lógica revolucionaria de la guerrilla latinoamericana, sobre todo aquella que nació a la sombra de la revolución de la Habana, es una historia, que ha querido ser manipulada. Tenía 14 años, había leído mucho. Era un lector compulsivo. Estaba matado con los cuentos de Cortázar y las obras de Borges, Cien años De Soledad, parecía la biblia, el círculo de lectores, tenía tan solo 14 años, publicaba los clásicos latinoamericanos, obras completas, así leí a Onetti, a Borges completo, Los cuentos de Gabo, Roa Bastos, Arturo Uslar Prieti, Carlos Fuentes, Rómulo Gallegos, Vargas Llosa…en fin………..Ya había abrevado en casi todo Nietzsche, Shopenhuauer…..conclusión, irresponsable total………. Y no tenía idea quienes eran en el contexto latino…Me los vendía, por el hecho de ser el recomendado del trimestre…Fuera de eso, me alucinaron “Los miserables” de Víctor Hugo… cuando lo releo…vuelvo a gozar del texto como si fuera la última lectura. Mi biblioteca ya era muy valiosa…a la casa todos los días llegaban los tres periódicos, el Espectador, El tiempo y Vanguardia Liberal. mi Madre los pagaba, alcahueteaba mi gusto. A partir del momento en que empecé a leer, mi realidad está marcada por esta afición…siempre. Me debo a muchas narrativas y autores. Viví más en la ficción que en la realidad. Esto no es un problema, pues la vida es una ficción en la mayoría de los conceptos que la sustentan. Una especie de mentira bien aligerada por conceptos de otros, somos lo que otros hicieron de nosotros. Ese año dicte clases en el colegio de una tía. Se llamaba “Nuestra señora del tránsito. En pleno centro, la ciudad vieja. Era una casona grande, de la época de la colonia, había sido una cárcel en el siglo XIX, de nuestras internas guerras civiles, sus salones extensos y dos patios constituían, los sitios sobre los que gravitaba todo el ambiente, entre patio había dos extensos salones y en el segundo piso estaba el internado. Estaba a media cuadra de la casa de Bolívar, al frente de la principal iglesia de la ciudad y a media cuadra de la Gobernación y la Alcaldía. Siempre leía a Borges,  Los circundó y abordó siempre, es un escritor excepcional con una inteligencia absoluta y el respeto irrenunciable por la buena prosa, en sus escritos mezcló el cuento y el ensayo, siempre estructurado, con un mundo de citas lúcidas e inteligentes, no siempre reales, que incitan a otras lecturas, perfectamente imbricadas como parte del texto con un propósito estético, termina siendo un artificio narrativo.  El escritor no existe sin el lector. Por estos días de lecturas obligadas, la pregunta es: Qué leer, qué escoger, de acuerdo a nuestras preferencias, la perspectiva estética y la sensibilidad son los únicos patrones, también somos una construcción estética de acuerdo a nuestras lecturas. Cuántos autores dejamos de conocer por el exceso de ofertas por gracia del mercado comercial, tan lleno de trampas, la dictadura de las editoriales, muchas veces publican pensando sólo en las ventas y no en la literatura. En todo caso la decisión la toma el lector. Escuche un conversatorio en la red de Juan Gabriel Vázquez sobre la relación de Camus y los escritores del Boom, sobre todo Vargas Llosa, habiendo muerto el primero, ósea Camus dos años antes de la publicación de la “Ciudad y los perros”, pareciera que conocía la obra de Vargas Llosa, hay conexiones impredecibles. Recordé el tema de los precursores traído a colación por Borges. Expresa Juan Gabriel Vásquez que "Escribir es una manera de subsanar, completar lo que está incompleto". Pienso que en la literatura todos los temas han sido tratados. Miremos el momento que vivimos.  El confinamiento. La relación de la casa con la literatura. Este fue el propósito de un ensayo (José Joaquin Parra Bañón), "La casa en la literatura latinoamericana contemporánea", gracias a la red lo pude leer, decía en un aparte: “Propongo entonces llevar a cabo un análisis de la representación de la casa a través de la literatura para ir más allá de su construcción material, y entender a cabalidad la importancia – cultural, política y económica – de este espacio en el imaginario social contemporáneo”. Expresa la autora: La casa es el lugar de la identidad y la intimidad por antonomasia, por eso se asimila a la idea de hogar, a una extensión material de nuestro «yo-cuerpo» (Zaplana Bebia 2004, 2) que se ha convertido en la actualidad en un dispositivo fundamental para la configuración de la subjetividad”. El autor deja ver que el tema ha sido tratado y está expuesto en muchas obras: “La casa de vapor de Julio Verne, Casa de muñecas de Ibsen, La casa Rusia de John de Carré, La ilustre casa de Ramires de Eça de Queiroz, La casa del juez de George Simenon, El Gran Gatsby de Scott Fitzgerald, La casa de Aizgorri de Pío Baroja, La casa de Bernarda Alba de García Lorca, En la casa del padre de Caballero Bonald o El país del miedo de Isaac Rosa”. Enfatiza; "En rigor, investigar el tratamiento de la casa en la literatura es una tarea compleja por dos razones:  porque implica una labor titánica de revisión de obras, y porque invita a una aproximación desde múltiples disciplinas y epistemes que complejizan el objeto de estudio" (1).

La articulación entre textos, la relación azarosa de sus temas y las coincidencias por fuera de cualquier intencionalidad es tema que me inquieta mucho. Kundera afirma que la novela comenzó a admitir la risa con el Quijote. El escritor  como creador en este caso, compite con Dios: “La desdivinización del mundo (Entgötterung) es uno de los fenómenos que caracteriza los Tiempos Modernos. La desdivinización no significa el ateísmo, designa la situación en la que el individuo, ego que piensa, reemplaza a Dios como fundamento de todo; por mucho que el hombre pueda seguir conservando su fe, arrodillándose en la iglesia, rezando al pie de la cama, su piedad sólo permanecerá en adelante a su universo subjetivo. Tras describir esta situación, Heidegger concluye: «Así es como los dioses terminaron por marcharse. El vacío que se produjo en consecuencia fue colmado por la exploración histórica y psicológica de los mitos»”. Kundera en los testamentos traicionados es categórico: ¿Qué es un individuo? ¿En qué consiste su identidad? Todas las novelas buscan una respuesta a estas preguntas. En efecto, ¿mediante qué se define un yo? ¿Por lo que hace un personaje, por sus actos? Pero la acción escapa a su autor, se vuelve casi siempre contra él. ¿Por su vida interior, pues, por los pensamientos, por los sentimientos ocultos? Pero ¿es capaz un hombre de comprenderse a sí mismo? ¿Pueden sus pensamientos ocultos servir de clave para su identidad? ¿O es que el hombre se define por su visión del mundo, por sus ideas, por su Weltanschauung? Es la estética de Dostoievski: sus personajes están arraigados en una ideología personal muy original según la cual actúan con una lógica inflexible. En cambio, en la obra de Tolstói la ideología personal está lejos de ser algo estable en lo cual pueda echar raíces la identidad individual: «Stefan Arcadiévitch no elegía en absoluto ni sus actitudes ni sus opiniones, las actitudes y las opiniones iban solas hacia él, tampoco elegía la forma de sus sombreros o de sus levitas, sino que se quedaba con lo que se llevara» (Ana Karenina). Pero, si el pensamiento personal no es el fundamento de la identidad de un individuo (si no tiene mayor importancia que la de un sombrero), ¿dónde se encuentra este fundamento?". Esta es una manera de abordar los textos desde una concepción narrativa frente a los interrogantes fundamentales de la vida. La novela es un desciframiento de la condición humana desde la ficción. Escoger los temas también tiene que ver con nuestras concepciones, con la esclerótica de nuestras convicciones. Para el lector, fuera de todo aquello que el mercado le va imponiendo, escoger qué leer es vital, creo en la lectura hedónica, al final siempre vuelvo al redil y a los autores de siempre. Con el confinamiento y ante la limitante del tiempo, hay más para leer que tiempo para abordar todos los textos, escoger bien es la clave. Nos podemos dejar llevar por varios autores. Para mí, el mejor guía sigue siendo Borges. Pero los apuntes y las memorias: Canetti, Musil, Borges-bioy, nos llevan siempre a otros autores, son una guía perfecta y una manera de tomar café con nuestros autores preferidos. Mi padre fue un buen guía. Leía los clásicos con pasión, hasta el punto de olvidar los negocios. Se levantaba en la mañana, muy temprano, con alguna frase célebre. Era lector de Marco Aurelio, de los estoicos en general. Decía. Buenos días hijo y ahí soltaba la frase lapidaria: “De mi preceptor: no tomar partido en quejas públicas; la resistencia y frugalidad; el cuidado de no encomendar a otro el trabajo propio, de no empezar cien asuntos a la vez y de no prestar oídos a los chismosos”. Un día ante un error mío que me trajo muchas penas, me sentó en sus piernas y me leyó: De Apolonio: la independencia; el decidirme a obrar sin vacilaciones y sin entregarme ciegamente en manos de la suerte; el no tener otro guía que la razón en todo instante; el ser siempre dueño de mí mismo, aun afligido por grandes dolores, por largas enfermedades o aun por la pérdida de un hijo; el haberme mostrado con su nobilísimo ejemplo que la mayor energía y la más grande dulzura de carácter pueden aliarse perfectamente; el haber aprendido a ser paciente como él lo era en todas sus explicaciones; el haberme enseñado con su ejemplo vivo y sencillo, pues era hombre tan modesto que en muy poco tenía aquella habilidad y experiencia con que participaba a los demás sus doctrinas; en fin, el haberme enseñado, asimismo, cómo es preciso acoger lo que entre amigos suelen considerarse como favores, es decir, a no dejarme ganar fácilmente por ellos, ni tampoco a despreciarlos groseramente.

En el año 73 nos pasamos al barrio terrazas de Bucaramanga, de dos pisos, amplia. Las narrativas sobre la niñez proliferan. Al final buscan relevar moralejas que se constituyan en ejemplos, la búsqueda de una ética, de esa ortodoxia impuesta por un catolicismo anacrónico. En estas líneas, sin ninguna pretensión literaria, sólo quieren evitar el olvido de un barrio que fue singular en la ciudad de Bucaramanga, por allá entre el 70 y el 82, dejó una huella indeleble en la ciudad en todo lo que generó, precoz si se quiere, generó una transformación paulatina en términos sociales, la juventud que la habitaba asumió una posición iconoclasta en una sociedad mojigata, llena de arribismos sin ningún sustrato ideológico, trabajadora pero intensamente ignorante, una élite de choferes y comerciantes de tercera, sin norte. La inequidad fue el pan de cada día, tal vez por eso, en el departamento apareció la primea guerrilla y la primera toma de un pueblo, en el año 68, en el pueblo de simacota Santander, famoso, porque allí llegó el cura Camilo Torres de tanta importancia histórica, quien se dedicó la lucha armada, y sin fortuna, moriría ingenuamente en su primer combate.  Bucaramanga por esa época, era aún una ciudad de provincia, con una de las mejores universidades, “La Universidad Industrial De Santander”, pero con un atraso emblemático frente a las cuatro ciudades de importancia del país, Terrazas nuestro barrio se salía del canon, fuimos adelantados en muchas materias. Era la más marihuanera de la ciudad, pero la marihuana no era un vicio sino una actitud contestaría contra el patriarcado perverso, ni siquiera consideramos importante discutir sobre el tema, simplemente se fumaba en el parque a partir de una subjetividad que trataba de ganar algunos derechos desde embalajes contestatarios, teníamos una actitud política que iba más allá de las posiciones apelmazadas, del  canon y tradiciones paquidérmicas, que responden a una tradición católica,  lo que generó enfrentamientos con nuestros padres que desearon siempre, que fueramos niños sumisos a la vieja usanza. Escuchábamos música diferente a todo, leíamos sobre la revolución, el budismo y los poemas de Gonzalo Arango, cien años de soledad fue muy popular, hacíamos yoga y el importaculismo era parte de la cuota de irresponsabilidad típica de la edad, tenazmente anclado en cada cosa que hacíamos. El barrio no estaba formado por el tradicional cuadrante español de tanta tradición, sino de cuadras largas, como un cordón de tenis, al final lo cerraban por calles de tan solo dos casas. Iba de la calle 52 hasta la 57 y de la 48 hasta la 44, en la última cuadrase enfrentaba a una loma llamada Pan De Azúcar que se divisaba desde toda la ciudad y en la primera cuadra, donde nacía el barrio, había un bosque lleno de bambúes, rematado por una cancha de futbol, nuestra cancha, debajo pasaba una quebrada. Estos parques fueron nuestro segundo hogar, pasábamos largas noches, al principio en la etapa infantil y después alrededor del aguardiente en largas tertulias, llena de jóvenes con una actitud contestaría y rebelde.

Nosotros llegamos en diciembre del año 73 del siglo pasado al barrio, mi Madre, con un dinero que le dio el abuelo, compró una casa hermosa en la última cuadra, frente a la loma de Pan De Azúcar, en plena carrera 48.  Al principio me pareció que vivíamos muy lejos, no sentíamos como en un pueblo.  Después nos dimos cuenta que en Bucaramanga nada era lejos. De hecho, estas construcciones responden a la influencia de la arquitectura americana de los 50, los famosos suburbios. Llegamos en pleno gobierno de Pastrana, un presidente conservador que fue favorecido por el miedo de una élite que le robo las elecciones a Rojas Pinilla, un verdadero dictador camuflado de político, hablaba del frente popular, realmente le ganó las elecciones al establecimiento y se las robo el viejo Lleras un presidente inteligente y de la vieja guardia. Llegamos al Barrio después del mundial de futbol del 70 que nos deslumbró, tenía el equipo perfecto.

Hoy comprendo que detrás de la realidad que vivíamos había otra trágica, mentirosa y con serias implicaciones en nuestro futuro. Pasaba lo mismo con el país. fuimos criados aprendiendo nuestra historia llena de héroes en un épica que después desvelaremos en tragedia, corrupción y muerte.

Mi padre fue un hombre muy rico siendo joven. Por razones que desconozco el declive de sus negocios hizo que se trasladara de Bogotá a su ciudad natal Bucaramanga. Estábamos en el gobierno del viejo liberal Carlos Lleras que tanto le gustaba. La guerrilla Colombiana crecía sigilosamente y al parecer a nadie incomodaba, fuera de aquellos que sufren sus desmanes. Con el tiempo llegaron a manejar medio país. El mundo vivía una guerra fría tenaz entre las dos potencias. Por esa época vivía más en la ficción que en la realidad. Después aprendí con el escritor Argentino Piglia, quien tomo esta sentencia de Borges, que la ficción afecta la realidad. También leía las meditaciones de Marco Aurelio, quien ha sido un maestro para mí. Recuerdo esta sentencia suya:  la aversión a las futilidades; la incredulidad a las patrañas y mentiras sobre la manera de preservarse de los demonios y otras necedades parecidas; el no aficionarse a la crianza de codornices augurales ni otras manías semejantes; el soportar las opiniones de los demás cuando eran sinceras; el haberme familiarizado con la filosofía teniendo por maestros primero a Baquio y luego a Tandasio y a Marciano; el aprender a dialogar desde muy niño; el haberme habituado a cama humilde cubierta de piel, y en fin, a cuantas prácticas y disciplinas son propias de un filósofo Griego.

Muy pequeño estudié en un colegio pequeño cerca de mi casa llamado Luis Gonzaga, al frente de un parque, que después sería el centro de prostitución más famosos de la ciudad, pues a él llegaban las mujeres al ejercicio de su trabajo a eso de las once de la mañana hasta muy tarde de la noche. La prostitución sería un tema que trabajaría en mis aficiones a la filosofía y a la sociología Francesa. Después con la revolución del LGTB, aprendería muchas cosas al respecto. Juditt Bluter expresa:" El mundo es dividido en dos, masculino y femenino, con base en referentes sociales y normativos del género que a su vez se soportan en características naturalizadas —que no naturales— de los cuerpos sexuados. Como resultado, todo sujeto se forma en la reiteración obligada de normas de género que tienen como punto de partida —y que a su vez reafirman— la dicotomía de la diferencia sexual. Esto equivale a decir, para Butler, que todo sujeto —su inteligibilidad social, su identidad y su cuerpo— se forma en y por el poder que se ejerce en la reiteración normativa". En síntesis la atención se centraba en criticar un supuesto heterosexual dominante en la teoría literaria feminista. Mi intención era rebatir los planteamientos que presuponen los límites y la corrección del género, y que limitaban su significado a las concepciones generalmente aceptadas de masculinidad y feminidad. Consideraba y sigo considerando que toda teoría feminista que limite e significado del género en las presuposiciones de su propia práctica dicta normas de género excluyentes en el seno del feminismo, que con frecuencia tienen consecuencias homofóbicas. Me parecía –y me sigue pareciendo- que el feminismo debía intentar no idealizar ciertas expresiones de género que al mismo tiempo originan nuevas formas de jerarquía y exclusión; concretamente, rechacé los regímenes de verdad que determinaban que algunas expresiones relacionadas con el género eran falsas o carentes de originalidad, mientras que otras eran verdaderas y originales