viernes, 4 de noviembre de 2016

HISTORIA DE LA ETERNIDAD DE BORGES

Los textos de Borges no son fáciles, exigen un lector atento y enamorado de la literatura, de antemano, para el goce de su narrativa, se hace necesario como mínimo haber abrevado en buena parte del universo literario existente,  conocer parte de la republica de las letras en cabeza de los autores más emblemáticos, con todo el entramado de figuras y artificios gramaticales y literarios, recursos que este autor dominó con absoluta destreza. Su prosa es impecable, escrita con el cuidado de un relojero, cada palabra responde a un propósito específico, sus textos están llenos de referencias, citas, sentencias clásicas, estas constituyen el basamento de su obra. La interxtualidad  (Es uno de sus progenitores) adquiere en él, el nivel más alto, la perfección, tanto en sus cuentos, como en sus ensayos, que al final resultan ser lo mismo. Borges trató desde la ficción temas metafísicos, propios de la filosofía. Leonardo Acosta en un texto crítico hermoso expone magistralmente al respecto: “ Se ha dicho que la fantasía exacerbada de Borges, a diferencia de otros escritores latinoamericanos, responde a un pensamiento metafísico particular, acorde con ciertas doctrinas filosóficas ( Berkely Hume, Schopenhauer, Nietzsche), aunque sabemos que su enciclopédica erudición iba mucho más: de Heraclito al inefable Zenon De Elea,  de las disputas teológica, a  la especulación teológica de los Arabes, sin ignorar el pensamiento científico de Huxley, o de Bertrand Russel entre otros. En el umbral del pensamiento religioso y la mística, nos conduce de Pitágoras a los gnósticos, de Scoto De Erigena a Swudemborg, y a la metafísica Hindu de los spanihads[1].
El libro “Historia de la eternidad”, con muy pocos textos, constituye el mejor ejemplo del universo de Borges, de sus preocupaciones mayores, tratadas desde la ficción, estos fungen como ensayos, las referencias constituyen verdaderas joyas, perfectamente hilvanadas a un argumento encubierto, se van suscitando con mucha inteligencia, en Borges son artificios hermosos, pese la erudición de las citas, son traídas como alusiones esenciales del tema principal, sin ellas no habría trama, va creando aperturas temáticas alrededor de  conjeturas ordenadas con  premeditación bien intencionada, pensando en el lector, expectantes, parten de hipótesis muy especiales, el tiempo, la eternidad, o del análisis de un recurso literario, la metáfora, los keningar, con un grado de perfección magistral, nunca se les ve de más, asombroso para el lector, al final, uno no termina de saber, sí está frente a un ensayo, un cuento, un relato, o simplemente un texto lleno de alusiones, como una especie de juego.
El primero, el que da nombre al libro, “ Historia de la eternidad”,  es un buen ejemplo de la manera como construye Borges sus textos a partir de una conjetura: “En aquel pasaje de las Eneádas que quiere interrogar y definir la naturaleza del tiempo, se afirma que es indispensable conocer previamente la eternidad, que-según todos saben-es el modelo y arquetipo de aquel. Esa advertencia liminar, tanto más grave sí la creemos sincera, parece aniquilar toda esperanza de entendernos con el hombre que la escribió”. Después cita el Timeo de Platon: “El tiempo es una imagen móvil de la eternidad”.  A partir de esta conjetura, empieza una elucidación metafísica desde la esclerótica de autores muy diversos, todos de la predilección del autor, va citándolos uno a uno y construyendo hipótesis harto inverisímiles: “Invirtiendo el método de Plotino (única manera de aprovecharlo) empezaré a recordar  las oscuridades inherentes al tiempo: misterio metafísico, natural, que debe preceder a la eternidad, que es hija de los hombres.  Una de esas oscuridades, no la más ardua pero no la menos hermosa, es la que nos impide predecir la dirección del tiempo. Que fluye del pasado al porvenir es la creencia más común, pero no es más ilógica la contraria,  la fijada en un verso español por Miguel De Unamuno: Nocturno el rio de las horas fluye/ desde su manantial que es la mañana/eterno. Comienza de súbito a participar al lector en  la narración, lo hace cómplice de las conjeturas que va armando: “Se trata de una imaginación personal de la que puede prescindir el lector”, refiriéndose a las sentencias de Plotino: “El universo ideal a que nos convida Plotino es menos estudioso de variedad que de plenitud; es un repertorio selecto, que no tolera la repetición y el pleonasmo. Es el inmóvil y terrible mundo de los arquetipos platónicos”.
De pronto, como detectives, estamos inmersos en conjeturas metafísicas, “El universo, los números, el espacio” abriéndonos pasos entre sentencias, en un entramado de aluciones, llenas  de erudición, pero con el encanto que  produce este tipo de develaciones históricas, pues son alucinantes elucidaciones al propósito de sus intenciones literarias.  Analicemos el texto con más detalle: alusiones de Plotinio, del más arraigo idealismo Platonico, cita el libro tercero de las Eneadas, una afirmación que pone en duda la existencia de la materia: “En el libro tercero de las Eneadas , leemos que la materia es irreal: Es una mera y hueca pasividad que recibe las formas universales como las recibiría un espejo; estas la habitan y pueblan sin habitarla”, en adelante cita Shopenhauer y termina con una sentencia Platonica: “ los individuos y las cosas existen en cuanto participan de la especie que los incluye, que es su realidad permanente”  y a partir de estas elucidaciones va relacionando las más diversas referencias: “Keats, ajeno al error, puede pensar que el ruiseñor que le encanta es aquel que oyó Ruth en los trigales de Belen, Stevenson erige un solo pájaro que consume los siglos: el ruiseñor devorador del tiempo”.  Siempre en el texto va llevando al lector por el sendero señalado: “Presumo que la eterna leonidad puede ser aprobada por mi lector”. Además le pregunta: “Presumo si mi lector precisa argumentos para descreer de la doctrina Platónica”. Está no  esto cosa ue la disputa entre los universos idealistas y aquellos que refutan al mismo, los va suscitando desde la pregunta sobre naturaleza de la eternidad y el tiempo que es su imagen. Con una particularidad, estamos en el universo Borgeano, está es la forma como construye los textos de literatura fantástica, casí siempre a partir de conjeturas metafísicas, las mismas con las que deslumbró al mundo.
Por este camino cita a San Agustin, a Marco Aurelio, al obispo Ireneo para plantear los interrogantes alrededor de la trinidad: “ Si el hijo no es también el padre, la redención no es obra directa divina; si no es eterno, tampoco lo será el sacrificio de haberse denigrado a hombre y haber muerto en la cruz. Nada menos que una infinita excelencia  pudo satisfacer por un alma perdida para infinitas edades, insto Jeremias Taylor”. Más tarde afirma: “Desde que Ireneo la inauguró la eternidad cristiana empezó a diferir de la Alejandrina”. Categoriza en esas sentencias metafísicas muy propio de la inteligencia de Borges,utiliza la filosofía para generar conjeturas que termina convertidas en literatura fantástica a partir de especulaciones, que como cosa excepcional, proceden de un recorrido histórico sobre la eternidad desde los autores más emblemáticos: “La eternidad quedó como atributo de la ilimitada mente de Dios, y es muy sabido que generaciones de teólogos han ido trabajando en esa mente, a su imagen y semejanza”.  Después trae referencias  de la mitología, de Aristides, cita las últimas páginas del Ulises de Joyce,  Juan Escoto De Erigena.
Al final termina con una experiencia que es una visión propia de la eternidad. Uno supone que las elucubraciones constituyen el proposito de una busqueda especifica y se sorprende cuando responden a un proposito muy personal, es el preambulo a una experiencia fantastica. Espero que lean este texto, es un reflejo fidedigno de la literatura Borgiana. Lo reflejan cabalmente.








[1] Borges el escritor de las antípodas. Leonardo Acosta.
http://www.borges.pitt.edu/sites/default/files/Acosta.pdf

miércoles, 26 de octubre de 2016

A PROPOSITO DE LA MUERTE

Este es el evento que define la existencia en lo esencial, la finitud. La vida no es más que una resistencia a este presupuesto inexorable e implacable, una oposición, unas veces frentera, sin cortapisas, otras por evasión. “Platón afirmó que la filosofía es una meditación de la muerte. Toda vida filosófica, escribió después Cicerón, es una commentatio mortis.” El diccionario de Ferrater  Mora realiza algunas elucidaciones de considerable importancia: “Por otro lado, la muerte puede ser entendida de dos maneras. Ante todo, de un modo ambiguo, luego, de una manera restringida. Ampliamente entendida, la muerte es la designación de todo fenómeno en el que se produce una cesación. En sentido restringido, en cambio, la muerte es considerada exclusivamente como la muerte humana. Lo habitual ha sido atenerse a este último significado, a veces por una razón puramente terminológica y a veces porque se ha considerado que sólo en la muerte humana adquiere plena significación el hecho de morir”. En este mismo texto se establece que es fenómeno social y un fenómeno natural. Cuando nos enteramos de nuestra transitoriedad, de la muerte como hecho al que no escaparemos, como asechanza, sembramos una especie de angustia, latente, aparece cada vez que se nos vienen los miedos más profundos, aquellos que tocan nuestra naturaleza más intima. “Para Freud la muerte propia no se puede concebir. Cuando intentamos hacerlo, en verdad sobrevivimos como observadores. La experiencia psicoanalítica nos enseña que "nuestro inconsciente no cree en la muerte propia, se conduce como si fuera inmortal". Admite la muerte y al mismo tiempo la desmiente como irreal. No hay inscripción de la muerte propia, no hay simbolización de ella, no se sabe qué es”. Este año me enfrentado a la muerte por varios hechos. El primero la muerte de mi esposa Ana Isabel, la más dura de aceptar para mí, la de Nestor un amigo y  pariente muy cercano, murió de un ataque cardiaco, de pronto ya no estaba, no va más, como los arbitros cuando tocan el pitazo final. Ayer me entere de la enfermedad del padre de Ana por gracia de una aneurisma que lo tiene cercano a la muerte, muerto en vida suelen decir los médicos con la crueldad profesional que los caracteriza, en medio de una tristeza sin tregua por la muerte de su hija, que fue una especie de culpa anestesiada por silencios poco eficientes a la horade aliviar el dolor, tristeza sin ninguna salida, cierto sentimiento de lo inútil, la de un hombre que perdió todas sus batallas al final, aquellas que lo hicieron grande, con una impotencia lacerante que le quito las ganas de vivir.
La muerte de los otros nos afecta según el grado de compenetración que tengamos con las personas que se nos van yendo. Pienso que la existencia en estos tiempos, evade la muerte en el sentido amplio del verbo evadir, eludir, no entendemos el sentido, menos su relación con la vida. Hoy más que nunca actuamos como si fuéramos eternos, esa especie de auto-ficcion a que nos sometió la revolución de la TIC, el mundo del espectáculo, la sociedad de consumo con sus paraísos mutantes, parecemos tener dos existencias alternas, la propia, la natural y aquella que imaginamos a través de las redes, de una virtualidad sin personas, de una vida paralela incorporada por los flujos de información, del imaginario que significa la existencia de acuerdo a modelos que señalan quienes debemos ser, ser lo que otros quieren que seamos por gracia de los estereotipos implementados.
Hable con una buena amiga psicoanalista y me dijo, lo importante es el acto, la existencia concreta, resolver de acuerdo a nuestras circunstancias sin falsear la vida. Lo peor es el autoengaño.  La muerte, marca la existencia, la determina y crea el sentido de trascendencia, los actos y huellas que nos obligan a intentar ser eternos, eso que llaman el legado. “Cuando otro muere suele destacarse el carácter contingente de la muerte traslucir "nuestro afán de rebajar la muerte de necesidad a contingencia". Así, se la piensa como un accidente que podría haberse evitado. Pero la muerte de una persona querida y el dolor que conlleva produce un descalabro en la actitud convencional y nos confronta de golpe con lo real de la muerte, haciéndonos tomar conciencia de ella como algo cercano y posible. También la guerra barre con el tratamiento convencional de la muerte, que entonces se vuelve real”[1].
Ya se va a cumplir el primer aniversario de la muerte de Ana Isabel. El dolor crece, no se apacigua, la tristeza tiene que ver con cierto egoísmo, me duele pensar y sentir que la muerte llega y nada cambia, quisiera perpetuar el duelo, hacer temblar a la humanidad,  por qué no les duele a los otros como a mí. Estas cargas no se ceden, cada quien las padece de acuerdo a su nivel de compromiso y la impotencia de los otros es igual a la nuestra. Es mejor en este caso la levedad que el peso. La vida es sabia, como lo expresa el poema “La recoleta” de Borges, "Sólo la vida existe". La existencia concreta es lo real, el acto, la conciencia de ser, el ser ahí decía Heidegger. La felicidad depende de lo que nos prodiguemos para obtenerla, de la actitud que tengamos, lo bello que le demos a la vida depende de nosotros, aquello que nos haga sentir de acuerdo a nuestras potencialidades, es necesario que todo esto prevalezca. Esto quiere decir que el poder de la  voluntad no debe ceder a las contingencias propias  de la finitud, constituye más bien un don que no hace inigualables, la conciencia de nuestra mortalidad, del limite, constituye un item que nos marca, siempre debemos tenerlo en cuenta, los limites, significan que debemos ser conscientes hasta donde podemos llegar, quienes somos y como debemos actuar. Ana se fue, debo aceptarlo sin culpas, sin regodearme en la tragedia, no hay nada que se pueda hacerr con respecto a ese hecho contundente, debo respetar su espíritu, su ejemplo, en este sentido siento que siempre está con nosotros, permanece,  el derrotero de sus enseñanzas  se refleja en sus hijos que son su hechura.  Ana partió, ya no está conmigo, debo aceptarlo con resignación, se adelantó, quien se atreve a decir que no está mejor ahora.  Es indudable que fue un ser único, irrepetible, mucho más para mí. Siempre estará conmigo, ahora más que nunca, pero debe ser un hecho lleno de felicidad y no de tristeza. Así debe ser hasta el final de mis días.






[1] Morir no es para tanto. Blog.
http://morirnoesparatanto.blogspot.com.co/2010/03/la-muerte-segun-freud.htm

martes, 18 de octubre de 2016

EL PREMIO NOBEL DE LITRATURA



Admito que me entusiasme mucho cuando supe la noticia del premio nobel de literatura, Bob Dylan es el símbolo de una época que nos trae los más gratos recuerdos, no sólo por todo lo que representó para la juventud, sino por todo lo que se jugó en pro de un mundo diferente. Sus canciones, su poesía, su actitud iconoclasta fueron una apuesta hermosa por la vida que se perdió entre los entramados de un realismo lejos de nuestros sueños. Después de traer a colación sobre la época que marcó su trayectoria, con sus posturas críticas al sistema, con todo lo que implicó el movimiento juvenil que denostaba de todo del cual fue fiel represente, de escuchar de nuevo su música, de leer alguno de sus relatos, ahora recuerdo que en el primer número de la revista Mito de Colombia de la mano de Gaitan Duran se publicó un relato suyo (1955), de leer lo poco que se consigue, llegue a la conclusión que el comité Sueco que otorga el premio se equivocó, que el premio de literatura hizo un giro que aún no termino de comprender.
Empecemos por lo esencial. Sus canciones están llenas de poesía, son versos hermosos. Los grandes poemas épicos como la “Ilíada” y la “Odisea” son el ejemplo más emblemático de la tradición oral, se cantaban, constituyen el nacimiento mismo de la literatura.  Hace poco se publicó en los Estados Unidos en una edición cerrado toda su prosa. Es un hecho la literatura va más allá de lo escrito. El premio a Bob Dylan representa que el abanico de posibilidades se amplió, un buen libretista de cine o de televisión tendrían el mismo derecho, de igual manera los grandes compositores cabrían en esta bolsa, para no citar otras formas de expresión más revolucionarias.

Creo que en este punto es donde empiezo a tener serias dudas sobre el giro de la academia Sueca. No es que las canciones de Bob no estén llenas de poesía, incluso a escrito relatos, aunque siempre habrá mucha controversia al respecto como todos los años, pero no es un escritor, no hay corpus, esto quiere decir que el espectro que abrió la academia en este orden podría terminar en una especie de desbordamiento que afecta a la propia literatura. Sí uno mira a un compositor de la talla de Agustín Lara, de Armando Manzanero que aún está vivo, podría decir que este último es un serio candidato al nobel, lo mismo pasaría con ciertos compositores Ingleses. Pienso que más bien la academia habría podido crear un premio alternativo que cubriera estas expresiones tan importantes y dejar el nobel en las condiciones que hasta ahora lo ha otorgado. Es un hecho que en adelante en materia de pronósticos la cosa se pone de otro pelambre, pues ya no sabríamos apostar por tal o cual escritor, ahora hay que pensar en compositores, yotuber, grafiteros………y por su puesto en libretistas y guionistas.
Las dudas ni siquiera tienen que ver con la calidad de su poesía, de la expresión como tal, sino de cómo evitar una dispersión que le hace daño a la literatura en lo que tiene que ver con el premio nobel, pues mal o bien cuando se concedía generaba muchas controversias y constituía una puerta para volver la mirada a ciertos escritores olvidados, genera siempre un reverberamiento crítico, que obliga a tomar posición. Tal vez yo no esté preparado para este giro, pero en lo que atañe a lo propiamente literario aún me quedan muchas dudas, creo que el corpus creativo de Bob Dylan no daban para un nobel, aun así reconozco en este compositor un icono de una época muy bella y un canta-autor de talla mayor.   






miércoles, 12 de octubre de 2016

EN CAUSA PROPIA DE ERNESTO VOLKENING


Este  es el diario de un crítico muy importante para Colombia, un lector consumado. “Ernesto Volkening (Amberes, pero de vecindario renano-alemán, 1908-Bogotá, 1982) llegó a Colombia en 1934, recién graduado de Derecho, y aquí se quedó hasta su muerte. De hecho, toda su obra —sus ensayos paulatinos y constantes— la publicó en Colombia, salvo la bella edición de ese libro extraño y maravilloso, entre diario y evocación de la infancia europea, que es Los paseos de Lodovico (1974). Y sus dos únicos libros colombianos son, el primero, selección de sus ensayos, y el segundo la edición revisada de su tesis de grado en Derecho”.
Quiero comentar el libro “En causa propia”,  re-editado por la universidad EAFIT de Medellín, valioso aporte a las letras Colombianas, no solo por el rescate que hace de nuestra memoria literaria y crítica, sino por la divulgación y reverberamiento que producen estas re-ediciones.. El texto es un diario de sus lecturas, sin mayores pretensiones, no fue escrito para ser publicadas, refleja la agudeza de un lector fuera de serie, juicioso, preparado, con mucha sensibilidad, su mirada sobrepasa los rígidos análisis académicos, son los efectos del deslumbramiento que le dejan ciertos libros y autores, el revelamiento de las emociones que se desprenden desde el texto que lee, sus impresiones,  la esclerótica de un  poliglota enfrentado a un mundo muy ajeno al suyo por circunstancias históricas especiales. Su formación académica la tuvo en Europa.  El descubrimiento del talante creativo de esta parte del mundo lo impresionó mucho y de hecho con sus escritos  contribuyó a su desciframiento a través del estudio de autores y libros muy puntuales.
Oscar Collazos escribe el prologo del texto, esto expresa: “Cada lector crea y construye su método para leer. Y lo que importa y revela es lo que con ellas-la lectura y la mirada- se destruye y construye desde la sensibilidad y la crítica, porque ambas se evidencian en el momento de la destrucción y el caos, como dice Volkening- no basta, pues, con la contemplación pura: precisa mirar a través de las cosas”, , los libros sólo viven cuando se leen; puesto que la biblioteca constituye su muerte”.
Cada lector responde a una formación, desde ahí parten sus elucidaciones. Hay lectores emblemáticos como Borges, Octavio Paz, Vargas Llosa, de una cultura descomunal.  Volkening, también lo era, es un lector fuera de serie, profundo, quien no realiza juicios, ni elabora esquemas, trasmite lo esencial de los textos desde una espiritualidad que abrevó en lo más calado de la cultura occidental. La diferencia es que hay dos culturas enfrentadas, este europeo se ve incorporado a una cultura que lo asalta, diferente a su país de origen, del cual se vino evitando los horrores de la guerra.  
Cuando uno entra a leer estos diarios queda impertérrito. Nunca había leído unos diarios de esta calidad, no me deslumbra su conocimiento desproporcionado de la buena literatura, ni su excelsa y exquisita prosa, no, es el tacto, la textura de, la manera como expresa lo que le deja cada lectura, El 26 de junio escribe: “El que está habituado a asociar al barroco las ideas de énfasis y de plenitud desbordante hará bien en leer a Baltasar Gracia.  Sin duda, esto es bien barroco, y del mejor, más por añadidura representa una de aquellas audaces abreviaturas en las cuales aparece el periodo clásico contraído al mínimo, encerrado en formulas cuyo laconismo llega gongoristas extremos.” Las disertaciones sobre el quijote con que comienza este diario son fascinantes, inducen a lecturas olvidadas: “Cuando Don quijote, tras extensas lecturas de “Amadis De Gaula” y otros libros de caballería resuelve salir como caballero andante, ha de ver se en ella la inversión de usuales procederes literarios. Lo leído se trasforma ahora en aquella realidad viva la que tomaban los viejos autores el material para sus historias”.  
Este libro es además una biografía literaria de su relación personal y crítica con Gabriel García Márquez: “Gabriel es hombre de porte sencillo y natural, sin pretensiones, tiene un manera discreta de mostrar sus simpatías. Su fama de autor debiera haberme intimidado, pues así me suele suceder en presencia de gente de peso. Pero al contrario fue él que dio la impresión de sentirse inhibido.  Curioso parece que me tiene como un pozo de sabiduría, sin embargo, se creó al instante un ambiente de mutuo entendimiento, más aún experimente en e trato de él, igual qué para que con los personajes de sus libros. Esa sensación honda de familiaridad que no había vuelto a sentir desde mi amistad con Benno.” Sus articulaciones y referencias literarias son caso aparte:  “En filosofía sin supuestos” de Danilo cruz Velez, parte II, página 210, ahí donde el autor, interpretando a Heidegger, se ocupa del modi essendi, encontré una clave para el entendimiento de  Robert Musill y su “Hombre sin atributos”. Lo posible es lo todavía no real, la posibilidad se ve, pues, dese la realidad; es un escalón previo de la realidad. Lo posible es lo que se puede llegar a ser; por lo tanto, no debe ser pleno, sino ser deficiente. Además, lo posible es lo indeterminado. En estos dos respectos, la posibilidad es lo posible no es todavía planamente pero puede llegar a ser, su posibilidad es doble; puede llegar a ser real o no llegar a serlo. Por ello, la posibilidad se opone a la necesidad”, etc.”.
Volkening fue un fiel lector de la obra de Nicolás Gómez Dávila, su mirada a este autor, siempre fue de respeto y sorpresa, de deslumbramiento con una inteligencia de tantos quilates. En este diario hay citas bellas alrededor de sus diarios. No me queda más que recomendar su lectura.
  
                         
      






jueves, 6 de octubre de 2016

LAS LECTURAS APLAZADAS



Un libro  vuelve a nacer cuando el lector lo toma, lo selecciona y abre sus páginas para diluirse en su universo, llegamos a esa prosa o al poema desde el texto, por una decisión contenida. Es un ejercicio subliminal, bálsamo para la vida, océano de conocimiento. Siempre tenemos lecturas aplazadas. En esos recorridos  por nuestros libros o por las extensas bibliotecas de la ciudad, hay una especie de tensión encubierta con ciertos autores, con libros específicos que por diversas razones vamos dejando en espera. Siempre prometemos volver. Diferente al caso con ciertos  textos y autores que releemos constantemente, nuestros libros preferidos o lecturas renuentes, hay con ellos una relación más bien apasionada, obsesiva, de redescubrimientos infinitos.  El efecto que se produce cuando comenzamos una lectura: “Frente al pelotón de fusilamiento”…….., es inenarrable, inconmensurable. Nos abrimos a otro mundo, de pronto estamos en otra parte. Lo mismo pasa cuando leemos un ensayo. Es un dialogo noble con un autor, que nos va entregando un trabajo especifico, no solo nos enseña, dialoga, nace de nuevo, habla desde el texto, sino que nos lleva a su complejo entramado referencial, a sus lecturas, a las concepciones que hicieron posible lo que estamos leyendo. Cuando leo a Balzac, me parece estar totalmente en la Francia de la época descrita magistralmente en sus novelas, imagino la sociedad que intentó descifrar, disfruto con esa parte de la historia de esta nación contada desde personajes imaginarios, los mensajes subliminales del texto, las tacitas invocaciones. Lo mismo me pasa en mis relecturas de “Los Miserables” de Víctor Hugo.  
Hace dos décadas, en un contexto muy Borgeano, se estudió mucho la  lectura en el mundo occidental, su genealogía. La lectura es un acto complejo. “La comprensión de lectura, como actividad intelectual, involucra mucho más que la sola decodificación de unidades gráficas a sonoras y el reconocimiento de letras, sílabas o palabras. Investigaciones que datan ya de muchos años atrás han puesto de manifiesto que la lectura implica una constante interacción entre texto y lector. Esta interacción fue sugerida en 1917 por Edward Thorndike: “comprender un párrafo es como resolver un problema de matemáticas. Consiste en seleccionar los elementos claves de la situación y en relacionarlos correctamente con la cantidad exacta de peso, influencia o fuerza para cada uno”. Años después, Goodman (1982) describió a la lectura como un “juego psicolingüístico de adivinanzas” donde el lector, a partir de la información visual y de la información no visual, va anticipando, prediciendo, elaborando y corrigiendo hipótesis para comprender el texto”[1]. Steiner escribió un hermoso ensayo denominado: “Texto y contexto”, sobre la naturaleza de los textos: “ El que el proceso de compresión, el acto de entendimiento y respuesta- cuya fórmula imperfecta cubre supuestamente una dinámica o dialéctica inmensamente compleja  de impulso y ordenamiento-sea también social, que haya una matriz socio-económico-política de la lectura, así como la hay del libro en sentido material, es un reconocimiento que aparece con Dilthey y que después Walter Benjamín depura.  Sí existe una sociología del texto y de nuestras relaciones con el texto, también existe una psicología. Las estructuras de atención, de memorización, de verbalización entre las cuales y a través de los cuales tiene lugar el acto de la lectura no son ni uniformes ni estables.”[2]. Con los libros desde lo material, tenemos una relación compleja, no tan simple como se cree en principio. Los miro en los anaqueles, a la espera, llenos  de sabiduría,  silenciosos, lo he adquirido por razones diversas, pero en el marco de una expectativa, de una referencia, de suplir, por curiosidad y parece muy cruel que no articulemos esa relación hasta que no empecemos a leer.
Tengo “Las historia de amor en Francia” de Guy Breton, me genera ansiedad no haberme metido en esta lectura, conozco el valor de las misma y puedo anticipar que estos libros me encantan. Algunos libros de Steiner, muchos textos de historia colombiana, dos novelas de Piglia, infinidad de textos de Filosofía y una biografía de Nietzsche: “El águila angustiada”….en fin. Son muchos. Miro mi biblioteca  y pienso en la conferencia de Borges sobre el libro: “En «César y Cleopatra» de Shaw, cuando se habla de la biblioteca de Alejandría se dice que es la memoria de la humanidad. Eso es el libro y es algo más también, la imaginación. Porque, ¿qué es nuestro pasado sino una serie de sueños? ¿Qué diferencia puede haber entre recordar sueños y recordar el pasado? Esa es la función que realiza el libro”.
   















[1] Alejandra Pellicer, Sofía A. Vernon. Entre el texto y el lector: la creación de mundos posibles.

[2] George Steiner. Texto y Contexto. Fondo de cultura económica. Pag 14

viernes, 23 de septiembre de 2016

ALEJANDRO JOSE LOPEZ CACERES

Este es un autor muy importante de Colombia. Me encontré con uno de sus ensayos gracias a la red, a las virtudes del internet y de hecho quede sorprendido, pues pese al rigor y la calidad del mismo, en mi criterio, no ha tenido la divulgación que amerita. Esto no quiere decir que sea un desconocido, en los círculos académicos e intelectuales del país su reconocimiento es total, auscultando por sus datos me encuentro gratamente con numerosas conferencias y conversatorios a los que ha sido invitado recurrentemente, no tan solo a nivel universitario sino en otros círculos diferentes y en ocasiones fuera del país. Sus textos y ensayos publicados en editoriales poco comerciales, no tienen la resonancia que debería, lo que no les quita el gran valor que tienen.
El profesor Alejandro López, es un crítico de muchos quilates. Solo basta leer el ensayo que comento en el presente artículo para comprobarlo. De sus textos se deduce que es un consumado lector. Están escritos desde una óptica muy particular, se salen del lugar común. Es un lector de culto. El ensayo sobre Onetti me parece extraordinario:
Hay algunas obras maestras de la literatura que lo son porque llegan a dar cuenta —sin explicarlos— de fenómenos profundos, complejos, arquetípicos, de la condición humana. Esto hace que dichas obras resulten inolvidables para el lector, quien siente que una parte de su ser pasa por ahí de modo evidente o recóndito. Al mismo tiempo, esa capacidad para penetrar agudamente en los arduos aspectos que constituyen nuestra naturaleza hace que estas obras permanezcan siempre abiertas a nuevos sentidos y razonamientos; es decir, que no se dejen apresar en una sola línea de interpretación. Tal es lo que sucede, por ejemplo, con un relato como “Bartleby el escribiente” de Herman Melville, en el cual se indaga de forma exquisita el fenómeno de la desidia. Otro tanto hace Chéjov, con relación al desamparo, en su perdurable “Vanka”; o Hoffmann respecto de lo siniestro en su famosa historia “El hombre de arena”; o Maupassant en lo que toca al oportunismo con su célebre “Bola de Sebo”; o Poe con la culpa en su “Corazón delator”. También la crueldad ha sido condensada singular y memorablemente en un cuento magistral: “El inierno tan temido”, de Juan Carlos Onetti”.
La calidad de sus paralelos, sus interpretaciones particulares por fuera del canon crítico, la relevancia que hace de las influencias encubiertas; la develación de los anclajes narrativos, exponiendo las claves creativas, hacen de este ensayo una escrutación valiosa del Onetti como cuentista, Alejandro, arriesga con sus juicios, toma posición:
De los cuarenta y siete excelentes cuentos que escribió el maestro uruguayo a lo largo de su vida (1909-1995), en su periplo por Montevideo, Buenos Aires y Madrid, hay por lo menos cinco que merecerían estar en una hipotética antología de cuentos inolvidables de todos los tiempos: “Un sueño realizado” (1941), “Bienvenido, Bob” (1944), “Esbjerg, en la costa” (1946), “El inierno tan temido” (1957), y “Jacob y el otro” (1961). Todos comparten la fortuna de haber amalgamado de manera sorprendente ese mundo en descomposición, desolado y oscuro —que está en la base de la cosmovisión 18 Alejandro José López Cáceres onettiana—, con un lenguaje y una técnica narrativa de impecable factura. La icción ha sido tejida en ellos con tanta eicacia que el lector habita la ilusión sin percatarse de las costuras que la sostienen ni de los hilos que la constituyen; en otras palabras, éstos son cuentos orgánicos, sin isuras, o, como suelen decir los cuentistas, redondos”.
Soy un fervoroso lector de Onetti, su mundo desapacible y sórdido, me parece una de sus mayores virtudes narrativas, la vida en su narrativa se mira en blanco y negro. Alejandro José,  lo describe magistralmente:
El de Juan Carlos Onetti es un mundo a la vez complejo y apasionante. Su universo está en las antípodas de la simpliicación, pues estamos ante un narrador que ha elegido rastrear sin tregua las contradicciones del alma y sus sorprendentes intersticios”.
Me recuerda a Pedro Citati ese gran ensayista Italiano, quien realiza la crítica desde la esclerótica de los personajes. En el texto sobre Onetti, hace una crítica desde el relato, descifra tanto a los personajes, como el mundo sórdido que los domina, pero en el fondo, está aludiendo a las características propias de la literatura latinoamericana:
Detengámonos un momento en sus personajes para ilustrar algo de lo dicho. Hay un rasgo que muchos de ellos comparten, una especie de vocación o conducta recurrente. Dado que suelen sobrellevar existencias grises, anodinas, o que viven asediados por el fracaso de todas sus empresas, llega un momento en el cual una encrucijada de hastío o derrota los obliga a buscar una salida. Sí, la vida que llevan se les revela de pronto insufrible, tal vez sólo insustancial; entonces, dan un salto de vértigo. Quizá las cosas podrían ser de otra manera si habitaran un lugar distinto; así que transitan hacia allá, pasan a un entorno de fantasía, de ficción”.
Estoy hablando de un hombre muy joven que aun tiene mucho que dar, de Tulua Valle. “Se formó académicamente en la Universidad del Valle: Licenciado en Literatura, especialista en prácticas audiovisuales y magíster en literaturas colombiana y latinoamericana”.
Ha publicado dos libros de crónicas y entrevistas: Tierra posible (1999) y Al pie de la letra (2007); dos de ensayos: Entre la pluma y la pantalla: reflexiones sobre literatura, cine y periodismo (2003)y Pasión crítica: ensayos sobre literatura latinoamericana contemporánea (2010); y uno de cuentos: Dalí violeta (2005)”.
Leí con mucho juicio “Ensayos sobre literatura latinoamericana contemporánea” me sorprendió su calidad.  El texto de Onetti, que he venido trayendo a colación es de una factura excelente.  Parte de la revelación de las principales claves sobre las cuales está estructurado el relato. Por ejemplo releva en su ensayo el papel de la inventiva en los relatos de Onetti, que es una facultad intrínseca de la literatura como recurso, en este caso, no sólo es un artificio en la estructura del relato, sino además un mecanismo de los personajes para soportar su atribulada vida: “Y es que para Onetti, antes que un proceder indeseable, la invención constituye una categoría humana de rango esencial. Sin ella la vida misma se haría insufrible —más de lo que ya es—, lo cual nos pone sobre un aspecto central de su cosmovisión”.  La crítica no solo es una interpretación, ni el acto de desatornillar una obra desde su estructura, es el soporte desde el cual se van creando articulaciones a partir de las claves creativas, es la búsqueda de sentido desde la iluminación del texto.  En el texto crítico Alejandro López también expone las afinidades literarias de varios autores latinoamericanos. Miremos este ejemplo:
Pero hay un recurso literario, un principio iccional que Onetti heredaría del maestro norteamericano (William Faulkner)  —tal como le sucedió a García Márquez y a Juan Rulfo— y que habría de ser cardinal en toda su obra: la fundación de un mundo mítico. Faulkner inventó el condado de Yoknapatawpha y allí instaló sus personajes. En este universo también cifró las claves de aquellos dramas vividos por el Sur de su país tras ser vencido en la Guerra de Secesión. Justo es decir que al mismo tiempo estaba creando una de las más profundas y bellas metáforas de la derrota humana que hayan sido escritas en la historia de la literatura. De dicho proceder narrativo descienden otras geografías míticas, como Macondo o Comala. Y en lo que toca a Juan Carlos Onetti, Santa María, en cuyo territorio discurre la mayor parte de sus cuentos y novelas. Aunque apareció por primera vez en el cuento titulado “La casa de arena” (1949), sería en la cuarta novela publicada por el maestro uruguayo, “La vida breve” (1950), donde se construiría de un modo ya más profuso esta ciudad imaginaria”.
Pedro Soler refiriéndose a Faulkner trató el mismo tema, las conexiones no son mera coincidencia, en un ensayo se refiere puntualmente al papel de la inventiva en la vida y obra del escritor americano. Alejandro establece otras afinidades:
Rodríguez Monegal señalaba dos presencias más, igualmente determinantes, en la narrativa del maestro uruguayo: Borges y Louis Ferdinand Céline. El primero le aportó ese vértigo imaginativo que se expresa construyendo una acción dentro de otra —y en el tránsito permanente que los personajes hacen a través de ellas—, al estilo de ese inolvidable relato borgeseano llamado “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” (1941). Con el segundo tenía Onetti afinidades de fondo en lo que respecta a la visión del mundo, el cual percibían, en su oscuro pesimismo, como algo irredimible y catastrófico; también, y muy especialmente, en su relación con el lenguaje”.
Las criticas puntuales sobre Carlos Fuentes, de Skarmeta, de Oscar Collazos están escritas con la misma calidad. Es importante divulgar autores como el presente y como lector es grato encontrarse con material como este. Le debo el hecho de volverme a recordar los excelentes cuentos de Harold Kremer.










jueves, 15 de septiembre de 2016

EL OPEN DATA Y EL BIG DATA EN LA NARRATIVA


Este afirmación de Beatriz Sarlo refiriéndose a Borges  sirve como una aproximación al tema: “Escritor-crítico, cuentista-filósofo, oblicuamente discute tópicos capitales de la teoría literaria contemporánea. Eso lo convierte en un autor de culto para la crítica, que descubre en él las figuras platónicas de sus preocupaciones: la teoría de la intertextualidad, los límites de la ilusión referencial, la relación entre conocimiento y lenguaje, los dilemas de la representación y de la narración. La máquina literaria borgeana ficcionaliza estas cuestiones, y produce una puesta en forma de problemas teóricos y filosóficos, sin que en los movimientos del relato se pierdan jamás del todo el brillo de la distancia irónica o la prudencia antiautoritaria del agnosticismo”. Borges se anticipa a las virtudes que canaliza la tecnología con respecto al recurso de traer otros textos, de la referencia como parte del contenido, de lo que antecede. El open data y el big data constituyen la herramienta tecnológica más revolucionaria de las TIC,  para la literatura y la narrativa lo son de igual manera, integra, pone a disposición, en un ensayo o cualquier texto narrativo, todo el corpus de conocimiento y enlaces narrativos antes nunca visto ni imaginado.

Ya lo importante no es el acceso a la información, sino la capacidad para crear a partir de ella, de articular y relacionar, de trasformar desde la infinita disposición de la información a tan sólo un clic. Este video no da la primera entrada a lo que nos proponemos:



El open data y el big data son importantes al respecto: El open data se refiere al universo de información disponible en la red, hablo de la totalidad de los contenidos: Correos, información general, contenidos pdf, revistas, bibliotecas, bibliotecas digitales, blog, yotube, textos de toda índole……………todo, cuyo acceso libre permite una herramienta de conocimiento infinita. El Big data, es la manera como organizamos esa información de acuerdo a los propósitos de búsqueda nuestros, de nuestras necesidades concretas, es la forma como estructuramos dicha información, como la aprovechamos.
Si habláramos de este tema especifico, empezaríamos por buscar la relación con la narrativa y las TIC, la ficción y el open data.
El análisis de la herramienta lo voy a realizar desde el concepto de intertextualidad. Que entendemos por este concepto:
 “La intertextualidad es la relación que un texto (oral o escrito) mantiene con otros textos (orales o escritos), ya sean contemporáneos o anteriores; el conjunto de textos con los que se vincula explícita o implícitamente un texto constituye un tipo especial de contexto, que influye tanto en la producción como en la comprensión del discurso. El germen del concepto de intertextualidad lo tomó del filólogo ruso Mijaíl Bajtín, quien durante el segundo tercio del siglo XX publicó una serie de trabajos sobre teoría de la literatura. Sus ideas no fueron conocidas en la Europa occidental hasta años después de su aparición, cuando fueron divulgadas en el ambiente intelectual francés por un círculo de pensadores búlgaros a fines de los años sesenta, entre ellos Tzvetan Todorov y Julia Kristeva, esta última acuñó el término de "intertextualidad" en el año 1969”[1]. “Se abordan también las propuestas de Bajtin acerca del dialogismo, la polifonía y la pluridiscursividad, términos que permiten analizar las relaciones entre texto-lector-contexto y reconocer en el principio de otredad un factor importante en la configuración de sentido del texto”[2].
Crear con estas herramientas nunca será lo mismo, la responsabilidad es mayor, se requiere mucho cuidado con lo que se trae a colación, la configuración textual, saber cómo se articula con lo que estamos creando. Foucault estableció: “La relación de atribución- El autor es sin duda aquél al que se le puede atribuir lo que ha sido dicho o escrito. Pero la atribución —aun cuando se trate de un autor conocido— es el resultado de operaciones críticas complejas y raramente justificadas. Las incertidumbres del “opus” “. En materia literaria y en todo lo que tiene que ver con la producción de textos y la narrativa en general, bien sea ficcional o científica, el reto es mayor, pero deberá asumirse imposible sustraerse al fenómeno y a la revolución que se nos vino.
Estoy haciendo un trabajo sobre narrativa colombiana contemporánea. Me encontré en la academia y en la nube infinidad de textos sobre el tema, la mayoría muy serios. Lo mismo pasa en con la excesiva información no académica, es numerosa y rigurosa. Como el ensayo, no es referencial, ni menos descriptivo, busca hallar cuales son las característica relevantes y particulares de la narrativa colombiana contemporánea, propiamente de la novela desde la perspectiva de la  teoría literaria. Lo difícil es articular la información de acuerdo a mis propósitos. Matizar con absoluta lucidez, lo que permitirá crear un nuevo texto a partir de la misma desde una óptica personal, el crecimiento es exponencial y el entrecruzamiento de contenido de acuerdo a lo propuesto depende de la inteligencia y el talento de quien lo haga. “Cada texto constituye una unidad organizada en partes dotadas de sentido e intención comunicativa que se caracteriza por su cierre semántico y para su comprensión se acude a pistas gráficas, sonoras, icónicas y otras. Así es dable hablar de la lectura de hechos, discursos literarios, artísticos, de actitudes y contextos, de imágenes corporales y otras (Santana, 2000)”[3].
De hecho, la conexión, su creación a partir de otros textos, de referencias narrativas especificas de acuerdo a las necesidades objetivos, constituye el entrelazamiento con todo lo que existe, con todo lo publicado, lo que exista en la nube, con el infinito de posibilidades. Más que nunca se exige inteligencia y talento, la responsabilidad es mayor y requiere mucha lectura.
Borges en Evaristo carriego expresaba: “Antes de considerar este libro, conviene repetir que todo escritor empieza por un concepto ingenuamente físico de lo que es arte. Un libro, para él, no es una expresión o una concatenación de expresiones, sino literalmente un volumen, un prisma de seis caras rectangulares hecho de finas láminas de papel que deben presentar una carátula, una falsa carátula, un epígrafe en bastardilla, un prefacio en una cursiva mayor, nueve o diez partes con una versal al principio, un índice de materias, un ex libris con un relojito de arena y con un resuelto latín, una concisa fe de erratas, unas hojas en blanco, un colofón interlineado y un pie de imprenta: objetos que es sabido constituyen el arte de escribir. Algunos estilistas (generalmente los del inimitable pasado) ofrecen además un prólogo del editor, un retrato dudoso, una firma autógrafa, un texto con variantes, un espeso aparato crítico, unas lecciones propuestas por el editor, una lista de autoridades y unas lagunas, pero se entiende que eso no es para todos.. . Esa confusión de papel de Holanda con estilo, de Shakespeare con Jacobo Peuser, es indolentemente común, y perdura (apenas adecentada) entre los retóricos, para cuyas informales almas acústicas una poesía es un mostradero de acentos, rimas, elisiones, diptongaciones y otra fauna fonética”. Desde lo formal, tal vez siga siendo cierto, pero ya un texto es mucho más que eso. “En la trasmisión de los saberes y los poderes, de los textos, no existe tabula rasa el campo en que un texto se escribe es campo ya escrito, concomitante a la lectura, es una nueva teoría de la lectura”[4].  Frente a lo que está disponible en la red, esta realidad no cambia, pero el recurso de textos, es casi infinito, la disposición es total, lo precedente se multiplica. 






  








[2] estética e intertextualidad de la literatura. Yeymi Johann Romero Gómez. Universidad Nacional de Colombia.

[3] Javier González García.  Intertextualidad y desarrollo de competencias comunicativas y narrativas. Javier González García.


[4] La noción de intertextualidad entre Barthes y Kristeva. Ivan Villalobos Alpizar.
http://www.inif.ucr.ac.cr/recursos/docs/Revista%20de%20Filosof%C3%ADa%20UCR/Vol.%20XLI/No.%20103/La%20noci%C3%B3n%20de%20intertextualidad%20en%20Kristeva%20y%20Barthes.pdf