lunes, 4 de julio de 2016

EL VALOR DE LA AMISTAD

Néstor Enrique Álvarez vivió sus últimos años en una plenitud envidiable, tenía una paz sin ningún peso de conciencia, como ciertos personajes de Onetti, en una especie de ingravidez frente a todo lo que le atormenta al común de los mortales, su visión del mundo estaba lejos de esta sociedad llena de banalidades, más bien vivía angustiado por las cosas más sencillas, que resultaban de suma trascendencia para su existencia, al final fueron las más importantes de su vida. Algunas veces se puede definir un valor desde la óptica de una experiencia personal. Eso me pasa cuando pienso en Néstor en relación  con la amistad.
Néstor fue un artista a carta cabal. El taller en su apartamento constituía el centro de sus actividades, desde ahí construía su mundo: Una mesa pequeña, como para un enano, unas herramientas simples que no puedo  describir por mi absoluta ignorancia en la materia, las cuales manejaba con  mucho respeto y solemnidad, un taladro que cuidaba con un esmero cercano a la paranoia y por su puesto mucha imaginación. Desde ahí creaba cosas, partía de una óptica  personal y simbólica del mundo,especial, de liliputiense, elaboraba figuras pequeñas con mucha precisión, con una estética centrada en el detalle, las que vendía a un mercado local que no las valoraba siempre, esto lo irritaba, pero al final terminó teniendo una clientela cautiva que lo seguía en las pequeñas ferias. Su trabajo era una especie de nostalgia, le recordaba con orgullo las maquetas que algún día elaboró como estudiante de arquitectura, fue un estudiante aventajado, era una  añoranza y cuando se le indagaba por estos años se llenaba de orgullo y empezaba unos cuentos de nunca acabar. Las figuras representaban el mundo cotidiano, las profesiones, los escudos de fútbol, todo cuando creía importante para la gente. Se sentaba en una silla a eso de las diez AM, muy cercano al balcón, con su camisilla blanca, un pelo abundante, negro, alborotado, parecía un Italiano, desde allí empezaba a elaborar sus figuras con una paciencia de relojero infinita, siempre escuchando radio o aprovechando las ventajas de la tecnología que poco a poco le fue atrapando y le permitía traer la música de sus preferencias. Su pasión fue el deporte. Estaba sobre-informado, vivía y sufría con el futbol y el ciclismo. Fue hincha acérrimo del club los millonarios y fans de la selección Colombia. Conocía la historia de los mundiales, se anticipaba a ellos con nominas, pronósticos, alineaciones, emitiendo conceptos con una sabiduría envidiable, asumiendo en este tópico posiciones radicales, solía armarse  batallas infernales contra los comentaristas de turno de la radio, contra el pesimismo de la gente, tenía un concepto arraigado de las virtudes de los jugadores nuestros, su positivismo frente a la selección no cedía con las tragedia de los resultados adversos, pensaba que no valorábamos nuestro fútbol, que siempre estábamos equivocados. Durante los tres años de las eliminatorias a los mundiales de fútbol acompañaba  la selección con una devoción de militante inclasificable. La pasión por el ciclismo superaba todo lo visto, le producía ansiedades, antes de iniciar una carrera empezaba augurar la suerte de nuestros ciclistas. Era un acérrimo creyente de Nairo Quintana, estaba esperando el tour de Francia convencido de que este año lo ganaría, de hecho esto le debió acelerar mucho su corazón.
Compartí muchos años con Néstor una vecindad que nos permitió construir una amistad entre las vicisitudes propias de este tipo de situaciones, en esa cotidianidad que ve pasar los días implacablemente y que se sostiene en la fe de nuestros proyectos, vimos como se nos fueron diluyendo entre urgencias y aplazamientos, desde este espacio tuvimos infinidad de momentos, unos muy buenos, otros no tanto, todos de mucha recordación, inolvidables para mí y para mis hijos. Vivíamos en un conjunto de Villamaría, Caldas, Colombia, eran mis primeros días de convivencia con mi esposa Ana Isabel, que era su sobrina. Encontré en Néstor esa mano amiga que me supo escuchar y aconsejar sin las típicas intromisiones que se dan en algunos lazos familiares. Siempre sabía guardar las distancias, fue muy sabio para darme consejos, y nunca hubo imposición en sus palabras, seducía, pues siempre me ponía a escoger, usted verá, terminaba diciendo.
Néstor tuvo muchos problemas para adaptarse a la vida productiva, era un hombre de un genio parejo y de posiciones radicales, no siempre terminaba bien en este campo. Su vida, en todo caso, la fue resolviendo desde una honradez impecable y con una ética sin tacha. El logro más grande de su vida: sus hijas, dos mujeres responsables en exceso, alegres, con un orden   que asusta, humanas y claras, saben que la vida se maneja con cuatro o cinco cosas a las que nunca debemos renunciar. Fue un hombre celoso al extremo, con ellas radical, parecía una monja de claustro, quiso alejar a sus hijas de cualquier relación amorosa, el miedo partía de la convicción alimentada de su propia experiencia, no confiaba en el género masculino, sabía de sus imposturas y creía que una urna de cristal las salvaría de tanto engaño, sus posiciones radicales las sostenía con argumentos que nunca fueron convincentes. Al final fue vencido por la vida, las hijas, en una tarea de mucho tiempo, le quitaron los miedos y lograron que aceptara que los hijos son prestados y que el mundo es ancho y ajeno. Hablábamos mucho de estas situaciones y pensé que al respecto me atendía, pues no soportaba mis concepciones cercanas al libertinaje, le decía Néstor, escúcheme,  algún día van a crecer y se van a enamorar, usted cree que van a tener niños por correo…se reía a desparpajo, me aceptaba aparentemente e iba de inmediato y les decía: No pueden salir...no cambiaba en su posición radical,  era un cancerbero, fue un defensor de ese par de mujeres  bellas y ahora pienso que mucho quedó en su formación entre tantas posturas implacables.
Cuando había mucha crisis, terminábamos buscándonos. Su relación con su padre fue  muy conflictiva, cuando se le presentaban diferencias irreconciliables,  solíamos caminar mucho. Su paso era corto, pero  ligero, en medio de estas caminatas resolvíamos las situaciones, siempre aplicando el principio que lo fácil es lo difícil, tratando de asumir la vida asumiendo absoluta sinceridad, sin atajos. Con Néstor las charlas no tenían ninguna falsedad, nos conocíamos totalmente y nos guardamos secretos que nunca traicionamos. Pocas veces se encuentran amigos en los que no hay dobleces, donde se charla sin velos, sin encubrimientos.  Néstor fue uno de ellos. Nadie sabe que hablábamos por teléfono seguido, en conversaciones cortas, preguntaba por mi bienestar y siempre, nunca bajo la guardia,  estaba pendiente de Ana Isabel, averiguaba por ella, puedo decir, que fue un hombre atento a  mi hogar y mis hijos.
Luz Dary su esposa y compañera de toda la vida, fue otro centro para su vida, ella fue la persona que lo supo comprender y llevar con la misma paciencia de relojero que Néstor construía sus piezas.  Ayer en la ceremonia de despedida la vi mirando el féretro, tratando de asimilar la partida de su esposo, puedo decir sin temor a equivocarme, que este hombre lo fue todo para su vida, lo amó con una pasión y devoción absoluta, desbordada, lo admiró y ponderó, le aguantó sus errores sin predicarlo, cediendo en la mayoría de las veces, convencida que al final las cosas saldrían bien y así se lo demostró la vida, pues sus últimos años la buena marcha de todas las cosas le permitió tener una convivencia llena de felicidad y paz. Sus rutinas en esa convivencia eran hermosas, había un conocimiento de los caprichos por igual, que se traducía en los pequeños detalles. Cada uno sabía del mundo del otro, de sus virtudes y sus defectos. Decía, este es el pocillo de Néstor, esta es la cuchara que le gusta, a él no le gusta que le sirvan de esta manera...ella tenía la radiografía de su espacios centímetro a centímetro y cada minuto de su rutina estaba sobre-diagnosticada por un conocimiento nacido de las estrategias que uno se arma para tener una convivencia feliz, sin resentimiento alguno. Néstor decía que el mejor tinto del mundo era el suyo, cortaba las cebollas muy pequeñas  y hacía el hogado para los frijoles con una devoción y pasión que nos llenaba de entusiasmo, cocinar con él era una fiesta, pero siempre respetando sus formulas, pues solía ponerse irascible cuando nos salíamos de su orden. Compartimos muchos almuerzos, partidos de futbol, silencios, en una complicidad tacita, alegre en ocasiones, triste en otras, eran rutinas que servían como refugios, comprendimos muy tarde y con cierta impotencia, que el mundo no cambia y tenemos muy poco control de nuestra suerte, estábamos como arrojados al vaivén de los acontecimientos, decía. Néstor tuvo un amor muy grande por los animales y especialmente por su perro. Desde hacía pocos días estaba dedicado a salvaguardar un perro de la calle en el parque de Villamaría. Iba y lo cuidaba todos los días con una religiosidad compasiva. El día que se nos fue tenía un compromiso para desparasitarlo. No sé qué pasaría con él perrito, pero tengo la convicción que Néstor tenía un responsabilidad irrenunciable con este ser. Este era mi amigo que amplía el ámbito de mis soledades y el cual no escucharé, ni veré más. Como me duele su partida…………………………..







sábado, 2 de julio de 2016

UNIVERSO CENTRO DE MEDELLÍN


Quiero hablar de una publicación excepcional de la ciudad de Medellín, va en el numero 76 lo que constituye una proeza, su lectura se ha vuelto imprescindible, la  espero con avidez, casi con ansiedad, no solo por la calidad de sus artículos, sino por todo lo apostado en este proyecto: Hay una apuesta a la buena literatura, a la crónica urbana, al ensayo con mucho énfasis sociológico, siempre desde la experticia más esencial. Todos sus temas están escogidos desde la esclerótica del desciframiento, son una lectura de una ciudad paradojal, contradictoria, llena de vida y muerte, encantadora de sobremanera, desde los retablos de la cotidianidad, hasta los trabajos académicos perdidos en los hervores del claustro, siempre buscando interpretarla a cabalidad: con la totalidad de los sentidos, auscultando el pasado, trayendo a colisión en muchas ocasiones los recuerdos más olvidados de algunos personajes emblemáticos, acudiendo a la memoria, describiendo su caótico presente lleno de esperanza.
Me he puesto en la tarea de mirar numero por numero desde el nacimiento de la publicación y realmente pienso que es un aporte muy valioso a la ciudad, por fortuna tiene una recepción muy importante, es una referencia imprescindible para quien quiera entender e interpretar esta ciudad y diría, cayendo un poco en los lugares comunes que tanto aborrezco, es un patrimonio que hay que cuidar, de antemano conocemos lo efímero de estos proyectos, solo espero que se mantenga por mucho tiempo.
Ha y un acápite de la revista que la define, lo trascribiré, pues creo que en él se encuentra su objeto descrito impecablemente:

QUÉ ES UNIVERSO CENTRO?

Universo Centro es un periódico mensual, de distribución gratuita, que se piensa en Medellín, se escribe y se dibuja desde los escritorios de diferentes ciudades y se distribuye en más de 400 sitios en el Valle de Aburrá y algunos bares, librerías, universidades y cafés en Bogotá, Cali, Pereira y Manizales. Se lee en las calles, en las bibliotecas, en los parques, en las fiestas, en los insomnios, en la jubilación, en la oficina, en el desayuno a las 11 A.M. y hasta en la silla del embolador. Nuestros 150.000 lectores mensuales en Internet podrán responder por gustos puntuales, mañas y fobias.
Tertuliaderos, cafeterías y restaurantes; instituciones educativas, red de bibliotecas, museos, teatros y galerías; oficinas, consultorios y barberías; encuéntrenos de sur a norte, de oriente a occidente.

Luego de 7 años de impresiones nos hemos dado cuenta que el periódico, revista lo llaman los más cariñosos, va un paso más allá de la información y la opinión. Universo Centro es una "gaceta" que tiene a la creación su principal interés y su activo más importante.
Aquí se publican cada treinta días los inventos y los recuerdos de periodistas, cronistas, historiadores, dibujantes, artistas, músicos, escritores, editores, políticos, economistas, antropólogos, fotógrafos, cocineros, vagos en recuperación…

EN OTRAS PALABRAS

Universo Centro es una mezcla entre los añorados magazines culturales de los periódicos centenarios, los cuadernos de crónicas sobre la ciudad que no existen pero se piensan cada tanto y algo de las hojillas de sátira y caricatura que fueron famosas a comienzos del siglo XX. Todo eso puede leerse, u ojearse, como un catálogo parcial de creadores de la ciudad y como un directorio de amigos con ideas cercanas o lejanas, pero ideas al fin y al cabo.

NUESTROS TEMAS

La ciudad y las ciudades, la literatura, las universidades, los deportes a ras de piso, la política desde arriba, las tiendas viejas, los antros nuevos, la moda sin maniquí, las preguntas que suscita la crónica roja, los libros, la comida barata, apostillas a la sicaresca, los barrios, las vejeces, las drogas, la ciencia de coquito, las crónicas de nuestros indios, el sexo gratis, el sexo pago, el sexo a secas, el paisaje, los cómic, los ilustres que pasan por la villa, el alcohol, los museos, el Metro, el parque del periodista, la poesía sin almíbar, las noticias sobre las noticias, los negocios a punto de desaparecer…

NUESTROS LECTORES

El público más entusiasta de Universo Centro son, sin duda, los estudiantes universitarios.
En segundo lugar, todas las personas dedicadas a oficios y ocios creativos. En ese caso, Universo Centro es una vitrina y una oportunidad para mostrar sus trabajos. Hemos visto a cuidadores de carros y señoras de peluquería leerlo con una sonrisa burlona. Entre sus ventajas está que hace reír a muecos y a recién blanqueados. Los lectores de prensa corriente encuentran en UC una sorpresa que los hace desdeñar el compañero de todos los días. Los curiosos de la ciudad, los que miran una foto vieja en un restaurante, los que se paran 10 segundos en el agáchese de libros viejos, los que saben que apagan el radio saturados de la indignación corriente de cada día.

NUESTRA CIRCULACIÓN

Universo Centro imprime 20.000 periódicos cada mes.
Dos terceras partes se distribuyen de manera gratuita en el transcurso de dos o tres días, en más de 400 sitios de la ciudad.
Se guarda una cuarta parte para distribuirla a lo largo del mes en los diferentes sitios que nos llaman cuando se agotan los ejemplares.

UC es coleccionable UC
No queda más que leerlo.







domingo, 26 de junio de 2016

LORENZO VIGAS: VENEZUELA VA A VIVIR LOS PEORES AÑOS DE SU HISTORIA


Transcribo esta entrevista del suplemento “El cultural” del diario “El mundo” de España, por considerar este premio de cine un hito para Latinoamérica, sobra decir que este director Venezolano, no solo por sus méritos propios y trayectoria, sino por los momentos tan graves que atraviesa su país, merece más divulgación y reconocimiento.  CESAR BUSTAMANTE.

Carlos Reviriego.
Dio la campanada en el pasado Festival de Venecia. Nadie contaba con que una ópera prima venezolana se alzara con el máximo galardón. Desde allá, de Lorenzo Vigas, es un relato crudo sobre una realidad no menos cruda, en la que dos seres con taras emocionales, distanciados por su origen social, mantienen una turbulenta y masoquista relación. El cineasta nos habla de la película y, por extensión, de su pesimista visión de Venezuela.

No era la primera vez que un cineasta hispano recogía el León de Oro de Venecia -ya lo hizo Luis Buñuel por Belle de jour (1967)-, pero sí que una película íntegramente latinoamericana recibía tal distinción. En septiembre de 2015, con su ópera prima, el venezolano Lorenzo Vigas (Mérida, 1967) hacía historia para todo un continente pero, especialmente, para un país que hasta la fecha no ha escrito ningún capítulo destacado en la historia del cine. “Todavía hay prejuicios con que una película venezolana de un desconocido gane un premio así, en lugar de hacerlo Sokurov -nos cuenta Vigas nueve meses después de haber alzado el galardón por Desde allá-. Responde a una actitud imperialista respecto a la cultura, el arte y la industria”.

Es una película hecha, efectivamente, desde allá, y que parece llegar como un mensaje en una botella a este lado de acá, donde ahora no deja de hablarse de Venezuela por razones menos cinemáticas. “Yo no voy a hablarle de política ni de ideologías, solo de mi película, pero sí le puedo decir que todo lo que se está hablando se queda corto frente a la realidad”. Aunque uno haya venido a este hotel madrileño, efectivamente, a hablar de cine (tanto el entrevistado como el entrevistador), el retrato del Caracas actual que vuelca Vigas en su película impide hablar sobre la película sin hacerlo sobre su país y lo que representa. Sería como hablar de Taxi Driver sin reparar en la América filofascista.

No voy a hablar de política, pero le digo que lo que se está hablando sobre Venezuela se queda corto frente a la realidad"

En la turbulenta relación entre un hombre acomodado (Alfredo Crespo en la piel de Armando) y un delincuente juvenil (Luis Silva en la de Elder) actúan como ejes vertebradores las luchas de clases y de poder, la homofobia y la represión, la violencia y la carencia emocional, pero, sobre todo, el deseo y la orfandad. Y todo ello en un relato sobrio, mínimo, elíptico, que siempre sugiere y casi nunca explicita, “que deja que el espectador rellene los huecos”. Nos convierte en voyeurs, como su protagonista, que paga a jóvenes que encuentra en los autobuses para verles desnudos y masturbarse. Así que hablar de la película es hablar de todo eso, pero también de Venezuela. “El país está en un aprieto económico salvaje y brutal, y todo va a recrudecerse aún más. Creo que Venezuela va a vivir los peores años de su historia”. Y ahí lo deja. Al menos de momento.

Pregunta.- ¿De todas las preguntas que hay en la película, cuál es la más importante para usted?
Respuesta.- La pregunta que nos hicimos Guillermo Arriaga y yo cuando elaboramos el argumento era si Armando sería capaz de lidiar con unas emociones que nunca ha sentido. Por lo tanto una de las grandes preguntas de la película es si está capacitado para amar. Cuando conoce a Elder, todo se desborda. Son dos personajes que acaban unidos porque comparten carencias emocionales. La ausencia de sus padres en sus vidas les ha marcado a fuego.

En su cortometraje Los elefantes nunca olvidan (2004), un joven va a la caza de su padre para matarle. El Armando de Desde allá podría ser la versión adulta de ese joven que busca venganza por los abusos que él y su hermana sufrieron de niños. Armando no solo persigue a los jóvenes, también a un hombre mayor, el padre al que odia, filmado como si fuera un fantasma. “El corto vendría a ser la primera parte de una trilogía sobre la orfandad. En verano filmaré la tercera parte. Yo tenía un amigo que murió en Venezuela y Guillermo uno que murió en México y que nos ayudaron a entender al personaje de Armando. A mí me interesaba contar la historia de un autista en la ciudad, que no tiene capacidad de empatar socialmente y quien no le gusta que le toquen. Tiene ese complejo virginal”.

Para separarlo del mundo, Vigas persigue a su personaje buscando a otros personajes, que aparecen desenfocados a su alrededor. Los desafíos formales del filme los ancla Vigas en su admiración por Bresson y Bergman. Del autor de Pickpocket le interesa el modo “en que huye de los sentimentalismos y de articular la historia a partir de módulos que solo adquieren sentido en el conjunto”. Del sueco reconoce el misterio de la mirada. “Desde allá es una película sobre la mirada del deseo”, dice, lo que no deja de emparentarle, precisamente, a Buñuel. “Me interesaba también la idea de filmar con anamórficos para buscar el efecto contrario, la claustrofobia y no la amplitud que generalmente da. Uno tiene ideas, pero no sabe si van a funcionar”.

Siempre hubo diferencias de clase, pero la gente se hablaba. El chavismo ha producido una fractura social irreversible"

P.- Hay un sentimiento constante de ambigüedad en la película. El misterio fluctúa de un personaje a otro...
R.- Yo no quiero juzgarles, solo que sean comprendidos. La ambigüedad es importante porque como seres humanos nunca estamos seguros de lo que sentimos. La ambigüedad sobre lo que debes sentir es algo que se ha perdido en el cine. Desde allá puede provocar rechazo en el sentido de que el espectador debe involucrarse, no solo desde el punto de vista del contenido, también estéticamente.

P.- La sensación última es que hay un determinismo social muy claro…
R.- Yo creo que la relación entre ambos se hace eco de algo que ha pasado en Venezuela en los últimos años, y que antes no ocurría, y es la radical incomunicación entre los ricos y los pobres, el muro que se ha levantado entre ambos. Ya las clases no se hablan entre ellas. Ni siquiera se tocan. Esta es una película sobre las consecuencias, no sobre las causas.

P.- ¿Se refiere a las consecuencias del chavismo?
R.- Siempre hubo diferencias de clase muy marcadas, pero la gente se hablaba. Todo empezó por un discurso muy nocivo y muy violento de las clases políticas, que en lugar de integrar, nos separó mucho más. Antes no había un problema de comunicación. Desde el chavismo se ha producido una fractura social irreversible. Yo no pensé en todo esto cuando estaba escribiendo el guión, pero ahora sí veo esa lectura clara.

P.- ¿Por qué le interesa tanto el tema de la orfandad?
R.- No lo sé, no lo he vivido personalmente, pero en Latinoamérica es muy común. Los padres casi nunca están en casa, se van y no vuelven, hay muchos casos de personas que crecen sin padre. Esa conciencia colectiva es una realidad no solo venezolana, también de más países latinoamericanos. Estamos siempre esperando que el caudillo venga a arreglar nuestros problemas.


lunes, 13 de junio de 2016

TEXTOS DE HISTORIA QUE SE LEEN COMO NOVELAS

Hace poco en el blog “Letras y política” cite al historiador Israelita Harari, cuyo texto “De animales a dioses” cuenta la historia de la humanidad desde una perspectiva absolutamente innovadora, ratifica de nuevo que todo depende de la óptica en que se narren y se interpreten los hechos, la constante es que al final la historia constituye un desciframiento desde el modelo elegido, es un acto de interpretación del pasado que nos permite entender mejor el presente. Para Harari el hombre es  un inventor de ficciones. En una entrevista se le pregunta: “Dice que la fuerza motriz (De la historia) fue, primero, la capacidad de cotillear. Y después, de inventar historias. A lo que contesta: Cotillear te permite crear sociedades de 150 o 200 individuos. Para crear grandes redes de cooperación política, la clave es la imaginación, la capacidad de crear y difundir ficciones. Realidades que existen porque nosotros nos las inventamos. El poder se basa en la ficción: la religión, evidentemente, pero también la economía y la política. La nación es una ficción. El dinero también. Pero sirve para que personas que no se conocen colaboren, porque ambas creen en una misma historia. Dos chimpancés de grupos distintos no sabrán intercambiar un plátano y un coco. Nosotros sí sabemos cambiar un trozo de papel en el que ambos creemos por una botella de agua”.
Cito este artículo porque Chile vive un momento excepcional con dos textos de historia que han despertado un interés inusitado en toda la población. Son escritos sobre la historia del país Austral, que no corresponden a la épica y nacionalismo acostumbrado por los textos oficiales. No son escritos propiamente por historiadores. Uno es de Daniel Mansuy, un filósofo. Se titula “Nos fuimos quedando solos, la agonía de Chile de la transición” parte de una realidad, “ estudia el momento crítico que vive Chile, sin que exista un acuerdo sobre el diagnostico de la enfermedad”.  Su indagación se sale del canon, “la ventaja del trabajo de Munsay es que no interroga el pasado y al presente desde aspectos exclusivamente prácticos, sino que indaga en las raíces intelectuales de los cambios, ocupándose de una compresión propiamente política de Chile, su trayectoria, indagando el estado actual y sus perspectivas” a partir del pasado. Hace una mirada exhaustiva de la transición, develando el cumulo de hipocresías encubiertas que se tradujeron en el encumbramiento de unas élites nuevas quienes terminaron compartiendo el poder con los sectores tradicionales. Este es un recorrido amplio por la historia del país austral, trata el mito fundacional, los periodos de consolidación de la república, la política internacional en sus diferentes épocas y hace un crítica a las políticas de desarrollo.
El otro libro es el de Jorge Baradit, se ha vendido como salchichas, va en su tercera edición con más de un millón y medio de copias. Se llama “Historia secreta de Chile”. Ha dejado al descubierto una cantidad de hechos que nadie entiende como se pasaron por alto, desde el nacimiento de la república hasta la época actual. Queda al descubierto el hecho que hasta la fecha la historia ha sido escrita por quienes detentan el poder, la cual nunca deja ver los acontecimientos en su dimensión real y está contada de acuerdo a sus intereses. Revela aspectos de suma importancia pasados por alto perversamente en la historia oficial, que van desde la independencia hasta la dictadura de Pinochet. Demuestra por ejemplo, como la guerra del pacifico fue una guerra de las élites Chilenas ofendidos por un impuesto, cuidando sus bolsillos, todo el carácter patriótico de la misma es una mentira perfectamente camuflada pese a que los hombres humildes ponen los muertos y los actos heroicos, al final las consecuencias fueron nefastas para Chile y sus vecinos.
Estos textos indagan y rumean en las historias nacionales,  se leen como novelas, en Chile despertaron un interés por el pasado que definitivamente ayuda a comprender el presente desde una perspectiva novedosa. Su virtud, han puesto de moda la historia y pusieron a los lectores a pensar en su país.
En Colombia desde hace un tiempo ocurre algo parecido con sus escritores y los libros de ficción. Enrique Serrano es un escritor de ficción que siempre ha encontrado en la historia el pretexto para sus novelas. Las últimas novelas de Gabriel Vásquez se han soportado en hechos históricos.  Juan Esteban Constain también ha recurrido a este recurso para sus novelas.
Hubo un escritor Colombiano que investigó seriamente una historia Colombiana, que se salió de la óptica oficial y reveló hechos que nos sorprendieron a todos. Su texto se llama “Lo que lengua decir no pudo” de Alfredo Iriarte. Siempre la historia nos brindará un buen pretexto para narrar el pasado y entender el presente desde ópticas diferentes al canon oficial.












domingo, 5 de junio de 2016

ANTIOQUIA LA CASA NO ESTÁ EN ORDEN



La entrevista que adelante transcribo apareció en el último número de la revista "Ñ" del periódico "El Clarín" de Buenos Aires a Héctor Abad Facio Lince y a Fernando Vallejo, me pareció no solo muy interesante, diferente, por la óptica que asume, es muy lúcida, no sólo por la calidad del dialogo sino por el análisis previo entre la concepción de patria que tiene el colombiano común en medio del conflicto largo y cruel en que le ha tocado vivir  en los últimos 60 años. El referente es la novela "La oculta " y de Vallejo "Llegaron".


Dos novelas publicadas a fines de 2015, escritas por autores colombianos, toman una región, la Antioquia edénica de los cafetales y los solares de familia, como camafeo del país. Y el espejo reelabora, en miniatura, los traumas de la nación entera. Se trata de “¡Llegaron!”, una breve novela moral de Fernando Vallejo, y “La oculta”, de Héctor Abad Faciolince, una crónica de ficción con tonos elegíacos, basada en las voces contrastantes de una familia de hermanos.

Contra todas las singularidades de estos novelistas, que en obras anteriores se ocuparon del género de memorias, ambas novelas se encuadran en esa contracorriente latinoamericana que son las narrativas antipatrióticas, según las caracterizó tempranamentela crítica Josefina Ludmer. Sobre el fin del tabú de la sexualidad, sostiene Ludmer en el ensayo “Aquí América latina”, sólo un dominio quedaba interdicto, el repudio al hogar común.

Desde luego, hay una singularidad colombiana que se acentúa en esta región, no sólo por su riqueza y sus elites. Cuando el país ya no es hospitalario, la gran casa familiar representa el último refugio. Pero éste también se ha perdido por las inclemencias de la guerrilla, la corrupción política y el narco –es también la región del patrón Pablo Escobar.

Ante la coincidencia temática, la iniciativa fue intercambiar correos con Vallejo y Abad Faciolince en base a un cuestionario muy semejante, que tuvo, es evidente, réplicas muy diferenciadas (en desarrollo y locuacidad...). Este es el resultado del ejercicio.

Entrevista a Héctor Abad Faciolince

–La casa familiar, la geografía y el lago propios: todas las coordenadas infantiles de la patria aparecen en La Oculta, un país dentro del otro. ¿Qué queda del sentimiento de patria una vez desaparecido el solar?
–Es tan odiosa la palabra “patria”... Etimológicamente es bonita: la tierra del padre. Pero los políticos abusaron tanto de ella, cometieron tantos crímenes en su nombre, que la degradaron hasta volverla casi repugnante. En mi novela sí importa lo que los mayores hicieron con la tierra; cómo la consiguieron, cómo la trabajaron y defendieron, cómo la van perdiendo. Todos necesitamos un lugar en el mundo, así sea para odiarlo. Los hermanos Ángel sienten un apego especial por este sitio de los antepasados. Es el paisaje de la infancia, que de algún modo produce serenidad. Pero el lugar que debería ser protector es también el de la amenaza. Colombia no siempre ha sido una buena patria; muchas veces fue lugar de masacres, la amenaza y el abandono. En ese sentido la finca amada se parece al país: amado y odiado al mismo tiempo. “Odi et amo”, como en el famoso poema de Catulo. Ovidio amaba a Roma, pero murió en el frío exilio, en el Mar Negro, lejos de Roma. Los argentinos saben bien lo que es una patria que nos exilia o una tierra que perdimos.

–¿Pero alguna vez la historia transcurrió con real placidez en ese territorio sentimental? Además, ¿en qué consiste el país, el “afuera” de Antioquia?
–El paraíso suele ser el pasado que nos cuentan, porque no lo vivimos, y porque quienes lo relatan (la memoria es selectiva) omiten lo horrible, idealizan la juventud. La placidez no suele ser una época sino algunos momentos o períodos. Esa mala memoria nos permite vivir sin resentimiento y soñar con algo mejor, por la falsa memoria de algo bueno que existió y puede recobrarse. “La Oculta” es exactamente eso: un territorio sentimental. Pero cada hermano que en la primera edad conoció esa “estancia”, como les dicen ustedes, la vive de un modo distinto. En mi libro, Pilar asimila lo malo o bien lo enfrenta, y trata de superarlo. Otra hermana, Eva, tiene una relación más conflictiva y escoge una especie de exilio: ella prefiere que esa finca se venda y rechaza todo apego emocional. Vive hacia adelante. Es una mujer moderna, urbana, que ya no quiere volver al campo. Antonio se refugia en la reconstrucción de la historia de la colonización de ese territorio.

–Convertida en región literaria, ¿cuál es la singularidad de esa provincia?
–Colombia es un país de países. Antioquia es mucho más extenso, poblado y con más recursos que, digamos, Nicaragua, y tiene un PBI que es diez veces el de Nicaragua, y lo mismo puede decirse de Medellín, la capital, comparada con Managua. Es un territorio aislado, de montañas duras y abruptas, y su geografía ha determinado cierta forma de ser (montañera) de los antioqueños. También sobre esa forma de ser nuestra indaga La Oculta .

–Tu obra de ficción viene a demoler también la literatura como extensión mitológica nacional. ¿Cómo creés que se lee hoy el realismo mágico? (Le señalo que “realismo mágico” es hoy el eslogan turístico de Colombia.)
–Aquello que fue grande y seguirá siéndolo. El realismo mágico (pienso en García Márquez y su magnífica Macondo) fue un descubrimiento muy poderoso que va a perdurar. Pero ya es una vaca ordeñada y seca hace tiempo... Repetir esa receta literaria es ridículo en el siglo XXI. Hay cierto realismo mágico de exportación, para los mal informados. Ya ese tipo de literatura es tan lejano que ni siquiera puede parodiarse. Sirve simplemente para confirmar una idea perezosa de lo que es América Latina para quienes no la conocen y lo hace a través de la televisión, o subrayando lo más patético de nuestros gobiernos. O de nuestros delincuentes.

–Tu novela se publica en el mismo mes que ¡Llegaron!, de Fernando Vallejo: otro solar familiar en Antioquia.
–Fernando ya había escrito maravillosamente la historia de Santa Anita, la finca de su familia en Sabaneta, cerca de Medellín, en su primer libro, Los días azules . Pero como a él le gusta repetirse, ahora, al ser una sopa recalentada, le salió menos bien: la misma diatriba, algo ya mascado. Cuando un escritor se vuelve el eco de sí mismo...

–Tu “Oculta” alude a la lucha armada y los “paras” como elemento de disolución. Es perturbador leerla en los mismos meses en que se negocia la paz entre las Farc y el gobierno.
–La paz no se ha firmado del todo, aunque probablemente se firme este año. El territorio y el paisaje de esa finca, “La Oculta”, han sido recorridos por todas las violencias, incluyendo la de los narcos, que en Colombia está muy ligada tanto a los “paras” como a la guerrilla. Son distintos ejércitos irregulares, con intersección en los negocios ilegales de exportación de drogas. Esa paz es necesaria para que los colombianos podamos recobrar esa tierra perdida. Mi novela habla de esa nostalgia de la tierra que perdimos, del país que se volvió urbano y que no pudimos volver a recorrer. Colombia es muy grande, pero sus habitantes vivimos confinados en ciudades cada vez más absurdas e inhumanas. En el mundo hay muy pocos sitios tan extensos, vacíos y verdes como ciertas zonas de Colombia.

–En tu libro, una vez que se aquieta la violencia enseguida irrumpe, victorioso, el mercado, con su impulso de explotación inmobiliaria. Esto es visto en términos melancólicos, como factor de modernización forzosa. Pero, a la vez, posibilita que cada hermano pueda tener nuevas libertades. Hace dos siglos nuestros países constaban de grandes haciendas y unos pocos potentados.
–Pero Antioquia, en la zona cafetera, no era zona de terratenientes sino de medianos propietarios rurales. Fue un experimento más igualitario que en otras partes de América Latina. El más rico y el más pobre hablaban de la misma manera. Pero ahora que podemos volver a las pequeñas fincas perdidas, la amenaza mayor no es la de los paramilitares, sino la de los especuladores que quieren convertirlo todo en fincas de recreo, en esa visión edulcorada y fea del campo, en el que éste desaparece y se convierte en una especie de parque que reproduce lo peor de las ciudades, las urbanizaciones semirrurales (¿cómo les dicen en la Argentina?, countries ). El capitalismo salvaje. O agroindustria de monocultivos con obreros rurales, haciendas urbanizadas con vigilantes y campos de golf. Algo muy feo, cursi, aunque se crea elegante.

–El narco ha aportado un nuevo estereotipo latinoamericano de exportación, con toda el aura narrativa de la mafia y cierto heroísmo heredado del bandido anarcofilantrópico. ¿Qué te produce esta apelación a los villanos latinoamericanos?
–El bandido asesino, machista, despiadado, con los peores vicios aumentados de la vieja élite, es algo que puede ser idealizado desde afuera, desde donde ven América Latina como una anomalía donde la gente no aspira a placeres normales sino que siempre va detrás de caudillos políticos absurdos o fascinada por delincuentes más grotescos que sus gobernantes. Yo no siento ninguna fascinación, sólo repugnancia y fastidio, por los narcos de reina de belleza, silicona, mansiones y sicarios... No nos estamos matando por religión, por el petróleo de al lado. América Latina es bastante libre.







domingo, 29 de mayo de 2016

EL ANIVERSARIO DE BORGES


Se cumplen treinta años de la muerte de Borges, cada segundo alguien está leyendo algún texto suyo y cada minuto alguien está citándolo, para no hablar de la cantidad de estudios sobre su obra, ni la infinidad de lectores alrededor de un corpus literario de quien hizo aportes invaluables a la literatura y que enalteció el papel del lector como nadie. Es el más universal de los escritores latinoamericanos, pese a la infinidad de estudios críticos, está lejos de ser abarcado en su totalidad, el marco de referencias, de lecturas escalonadas que se decantan en cada uno de sus textos, de citas y alegorías que reflejan a un lector impenitente que solo imaginó y pensó el mundo a través de las letras, es infinito. Hay una descripción de Beatriz Sarlo muy exacta: “Borges plantea problemas que, a primera vista, no esperaríamos encontrar justamente en él, un escritor hiperculto en cuya obra muchas veces sólo se lee el paradigma de la literatura alta con sus procedimientos metacríticos de autorreflexión. Así, Borges estaría todo entero en las grandes cuestiones abiertas por relatos paradigmáticos como "Pierre Menard, autor del Quijote", donde se pueden encontrar muchos de los temas que persigue la crítica contemporánea: la teoría del intertexto, las nociones de enunciado y enunciación, la teoría de la lectura como escritura y de la escritura como lectura, la crítica a la idea de originalidad y de influencia”. Cada texto suyo es una incitación a la lectura, la literatura “es la diversa entonación de unas cuantas metáforas y es verosímil conjeturar que desde Homero todas las metáforas intimas, necesarias, fueron ya advertidas y escritas”[1]. Escuche la magistral conferencia pronunciada por Piglia, que trata de responder, por qué Borges es un buen escritor. Empieza diciendo que los escritores no siempre saben lo que quieren hacer, sino lo que quieren no hacer, sabemos que no podemos escribir pero que en el caso suyo, descartó tantas cosas, que al final terminó en materia literaria quedando con lo esencial. Para Piglia es el inventor de la literatura fantástica, que Piglia llama ficción especulativa, no solo la creo sino que invento el procedimiento para que otros la hagan. Nunca escribió un texto de 10 páginas, “le parecía demasiado extenso”. Borges vivió entre libros, su vida es una transposición de sus lecturas desde la escritura en un dialogo inteligente, solo preocupado por los efectos de sus escritos en el lector.  Hay algo extraordinario en esta disertación, y es la pregunta invertida  que trata de responder el escritor argentino en sus textos: Qué hay de fantástico en la realidad. “pues debe recordarse que su escritura va de lo fantástico a lo referencial; de alusiones a la lectura a enumeraciones caóticas; de traducciones desviadas a reelaboración de temas de otros. En fin, una larga lista de recursos y formas literarias que hacen de la producción borgiana una propuesta de teoría literaria latinoamericana”[2]. Trabaja expandiendo los espacios de acumulación de lo que lee. Sus textos están llenos de citas, constituyen recursos a favor del relato, sabiamente expuestas, no solo denotan una erudición impresionante, sino un aporte novedoso a favor de la literatura, al relato y  la cultura universal, descubrimos un modo de leer, hay una hermenéutica muy personal que se decanta en el relato, con todo esto produce algo nuevo, extraordinario, los textos que lo hicieron tan famoso. En los diarios publicados por Bioy Casares, hay una cita de noviembre del 56 que lo describe magistralmente. Bioy le pregunta que si debe escribir un artículo como un cuento, Borges le responde: “Yo creo que todo debe ser narrativo. Todo debe tener una forma de relato. Silvana le pregunta, ¿cómo?, ¿los poemas también?, Borges le responde, los poemas también, debe ser una situación desenlace. Desde luego, puede uno proponerse escribir algo no narrativo, pero casi siempre fracasará. Para mantener el interés del lector hay que hacer artículos como cuentos”. La preocupación permanente de Borges por el lector, por su vigilia, el interés que siempre debemos despertar alrededor del texto, fue una de sus mayores preocupaciones y de hecho sus libros son un verdadero manantial, Borges para los amantes de la buena literatura es como un vicio, volvemos a sus textos de manera recurrente, sus lecturas siempre nos lleva a otros textos, desde ellas se inician ciclos muy hermosos alrededor de las letras universales en un camino interminable.
Sigo pensando que la infinidad de conferencias y entrevistas realizadas durante más de treinta años, constituyen una obra aparte lejos de ser estudiada a cabalidad. Con las TIC, están a disposición de los lectores. Me he propuesto la tarea de hacer un inventario detallado de las mismas que genere un recurso novedoso para los amantes de su universo.













[1] http://www.borges.pitt.edu/sites/default/files/Alazraki%20El%20texto.pdf
[2] Martha Eliza Arismendi Dominguez. Borges y la intertextualidad.

sábado, 21 de mayo de 2016

LA ÓPERA TAMBIÉN CELEBRA A SHAKESPEARE

Este articulo del blog de Roberto  Herrscher, del boomerang literario de "El pais" de España, como casi todos los suyos, es de un encanto absoluto, espero lo disfruten mis lectores.

A 400 años de su muerte, William Shakespeare está más vivo que nunca: en los teatros, en el cine, en los libros, en los debates intelectuales… y también en la ópera.
El crítico literario Harold Bloom lo “acusó” de haber inventado “lo humano”, al hombre moderno. El idioma inglés le debe cientos de palabras y una capacidad única para la precisión y la ironía. El teatro le debe todo. Y la política, casi todo: sin él serían incomprensibles las campañas electorales, las series de televisión. No se puede contar ni ejercer el poder sin sus tragedias de reyes y emperadores. 
No es extraño entonces que haya sido fuente de inspiración de tantos músicos. La musicalidad de sus sonetos y monólogos parecen pedir melodías, y muchas de sus obras, sobre todo las comedias románticas, incluyen canciones. Pero fue a partir de Henry Purcell que los compositores empezaron a excavar la profunda mina de su obra.

PRIMERO FARSA, DESPUÉS TRAGEDIA

En 1692, a menos de un siglo de la  muerte de Shakespeare, el más grande de los compositores ingleses puso música incidental a una versión ligera del Sueño de una noche de verano. The Fairy Queen se interna en lo fantástico, lo divertido del juego de disfraces, la alegría del amor. Ritmos ágiles, melodías frescas y un uso chispeante de los instrumentos de viento.

En 1976, Aribert Reiman compuso una ópera áspera, angulosa, con un acusado sentido dramático que lamentablemente no abunda en la lírica contemporánea. Lear fue estrenada con gran éxito en la Ópera de Múnich. Pocas veces la música contemporánea sin melodía discernible ha sido capaz de transmitir tanta emoción, de delinear con lentas punzadas musicales un puñado de personajes marcados por la desesperación.
Entre estos dos extremos, más de una veintena de compositores de todas las épocas y tradiciones sucumbieron al embrujo de Shakespeare.
Este año de aniversario presenta una muestra de esta riqueza y variedad en los principales teatros de ópera de la península. En diciembre, el tenor devenido barítono Plácido Domingo estrenó en el Palau de les Arts de Valencia su personificación de uno de los más grandes papeles verdianos, Macbeth, el “primer Shakespeare” del italiano. Dos meses más tarde, el Teatro Real de Madrid estrenó una rareza de Wagner: Das Liebesverbot (La prohibición de amar), su segunda ópera, basada en la comedia Medida por medida. Y en mayo, el Liceu de Barcelona presentará una joya del bel canto, I Capuletti e i Montecchi, la versión de Vincenzo Bellini sobre Romeo y Julieta. 

BEL CANTO, VERDI, ¡WAGNER!

Sin duda, el compositor más marcado por el bardo fue Giuseppe Verdi. Macbeth es su décima ópera, compuesta a los 33 años, y con ella los especialistas dicen que comienza una nueva relación, más profunda y moderna, con la dramaturgia.
Como Macbeth y Lady Macbeth, Domingo y la imponente soprano rusa Ekaterina Semenchuk se sumergen en la locura del poder, el crimen y la culpa en una puesta en escena oscura: una sucesión de paredes que se van cerrando sobre la pareja protagonista. En esta versión, Macbeth es vencido más por sus propios fantasmas y su fragilidad que por la fuerza de sus enemigos.
Verdi volvió a Shakespeare al final de su vida, en lo más alto de su carrera: cuando ya consideraba cerrada su obra, el libretista y compositor Arrigo Boito lo convenció para que volviera: a los 74 años compuso Otello, su obra maestra. Y a los 80, Falstaff, la comedia llena de piedad y empatía por las debilidades humanas, basada en el personaje del adorable gordinflón lascivo que aparece en Enrique IV, Enrique V y en Las alegres comadres de Windsor. El gran trágico Verdi se despide con una sonrisa comprensiva.
El gran rival de Verdi en la ópera en el siglo XIX, Richard Wagner, está mucho más alejado del universo de Shakespeare. Por eso fue una agradable sorpresa descubrir este año su segunda ópera, la única comedia que había compuesto antes de Los maestros cantores de Nuremberg, que termina de una forma tan wagnerianamente seria y solemne. 
Das Liebesverbot (La prohibición de amar) es la historia de un hipócrita gobernador que impone un código moral estricto y sentencia a muerte a un joven que se acostó con su novia. Cuando la hermana del joven, una monja, le ruega piedad, al gobernador se le despierta la misma libido que castigaba en los otros, y ofrece a la monja clemencia a cambio de sexo. Todo termina bien: en la obra original de Shakespeare, Medida por medida, el gobernador es castigado por su superior, un duque. En la versión de un Wagner revolucionario de 20 años, es el pueblo el que se rebela.
En el Teatro Real, como parte de la divertida puesta en escena de Kaspar Holten, todo termina con un aquelarre final, con el gobernador entrando disfrazado en el carnaval que él mismo había prohibido para encontrarse con la religiosa que lo desvela. Los personajes aparecen en el carnaval vestidos como los adustos héroes del Wagner maduro: el más desopilante es el jefe de policía, que lleva larga peluca rubia y cuernos, como una valquiria. 

Para terminar con las celebraciones operísticas de Shakespeare, el Liceu de Barcelona programa en mayo y junio una joya del bel canto: I Caputelli e i Montecchi, de Vincenzo Bellini. Aunque para muchos estudiosos el libreto de Felice Romani puede haberse basado en las mismas leyendas renacentistas italianas en que se basó Shakespeare, al ojo y al oído de hoy no hay duda: es el Romeo y Julieta de Shakespeare hecho ópera.    
Y a diferencia de su “rival”, el Roméo et Juliette de Charles Gounod, en el que Romeo es un tenor, aquí el joven enamorado está interpretado por  una mezzosoprano. En el estreno de 1830 fue la legendaria Giudita Grissi. En el Liceu lo interpretará la gran mezzo de coloratura Joyce di Donato.

¿Y QUÉ LE APORTA LA MÚSICA AL GRAN BARDO?

Shakespeare enriqueció enormemente el mundo de la lírica. ¿Pero qué aporta la ópera a las obras tan completas y redondas que el gran dramaturgo inglés creó para el teatro hablado? ¿Qué les agrega la música orquestal y el canto?.
Creo que tres cosas, que se ven patentes en Macbeth, en “La prohibición de amar” y en Montescos y Capuletos. La primera, la más obvia, es la inclusión del coro: nunca el teatro hablado tendrá un personaje coral tan potente y locuaz. El coro es el pueblo que clama, grita e implora con una sola voz en decenas de gargantas.
En la ópera, lo coral que bulle en los argumentos de Shakespeare se magnifica: el pueblo escocés llora por su opresión y al final celebra la caída de Macbeth. Wagner cambia el final de Medida por medida para que al gobernador hipócrita no lo venza el duque que lo nombró sino el pueblo, harto de sus arbitrariedades. Es el coro que triunfa sobre la injuticia. Y en la versión de Bellini, Romeo y Julieta son antes que nada miembros de familias rivales. No es extraño que esta obra tan coral se llame I Capuletti e i Montescchi.
En segundo lugar, los personajes de Shakespeare detienen la acción para hablar consigo mismos. El monólogo filosófico de Hamlet; el delirio heroico de Falstaff; la confesión feroz de maldad de Iago. Los libretistas de ópera transforman con facilidad estos momentos en grandes arias. Y los compositores, en música sublime.  Lo mejor del desparejo Hamlet de Ambroise Thomas es el aria de la locura y muerte de Ofelia, que enloquece cantando en una cascada aterradora de notas agudas, con las que deslumbró hace una década la soprano Natalie Dessay en el Liceu.
Por último, las descripciones de estados de ánimo, las tormentas y amaneceres y noches estrelladas, las escenas de alegría y tristeza colectiva, las batallas… El paso del teatro al libreto de ópera elimina o reduce muchas de las escenas en las que personajes secundarios cuentan lo que pasa fuera de escena. Los compositores lo reemplazan por paisajes sonoros: Otelo rumia en silencio sus celos y la música es el taladro de la duda insidiosa dentro de su cabeza; el bosque encantado del Sueño de una noche de verano florece en las cuerdas y los oboes de Purcell; en mundo se vuelve hostil y maligno en la música angulosa e inquietante del Lear de Aribert Reimann.

En estas obras geniales, la música completa y acaricia las palabras de Shakespeare. 

 http://www.elboomeran.com/blog/1479/blog-de-roberto-herrscher/