jueves, 5 de octubre de 2017

KAZUO ISHIGURO PREMIO NOBEL DE LITERATURA


Cuando se otorga el nobel a un escritor que leemos hace muchos años, la satisfacción es mucha, Ishiguro es fiel representante de una generación remozada, exitosa, que rompió el cordón umbilical con la anterior, ha producido una obra contundente, su prosa exquisita, bien hilvanada, de una levedad y hondura textual inexplicable para la crítica especializada, agradable de leer, con temas que tocan al hombre contemporáneo en su más intimo fuero, la decisión no me sorprende por lo tanto, tiene muchos lectores de culto, los que le seguimos perniciosamente y quienes siempre esperamos su próxima novela con mucha ansiedad.
EFE, realiza una síntesis muy puntual de su trayectoria literaria: “Ishiguro es autor de ocho libros, entre las que destaca "The Remains of the Day" (1989), cuyo título en español es "Los restos del día", pero más conocido como "Lo que queda del día", que fue el elegido para la película protagonizada por Anthony Hopkins en 1993. Los temas más recurrentes en su obra, explicó la Academia sueca, son la memoria, el tiempo y el autoengaño. El galardonado también se ha adentrado en la ciencia ficción con su obra distópica "Never let me go" ("Nunca me abandones", 2005) y en su último trabajo, "The buried giant" ("El gigante enterrado", 2015), exploró "cómo la memoria se relaciona con el olvido, la historia con el presente y la fantasía con la realidad", explica el fallo”.  Es un escritor formado en los Estados Unidos: “Ishiguro nació en 1954 en Nagashaki y vivió en Japón hasta los cinco años, ya que en 1960 su familia se trasladó al Reino Unido, donde su padre trabajó como oceanógrafo".
"El escritor estudió Filología Inglesa y Filosofía en la Universidad de Kent y participó en un curso de escritura creativa en la Universidad de East Anglia, momento en el que empezó a publicar cuentos. Su primera novela, "A Pale View of Hills" ("Pálida luz en las colinas") fue publicada en 1982 y con ella obtuvo el premio Winifred Holtby Memorial, pero fue en 1988 con "The Remains of the Day" cuando se consagró tras ganar el Booker Prize”.
Javier Aparicio Maideu del periódico “El país” de España alguna vez hizo una reseña que me pareció magistral por la descripción puntual de la forma y el fondo de sus novelas, describe los artificios creativos de la misma: “En Cuando fuimos huérfanos, su novela anterior, se inventó al detective Banks para hacernos creer desde buen principio que teníamos entre manos una de detectives. Pero lo que en realidad teníamos era un nuevo caso de travestismo textual. A las primeras de cambio el autor deja claro que le traen sin cuidado las pesquisas que su héroe emprende en el Londres de 1930 y en su Shanghai natal, y es que, por enésima vez en la narrativa de Ishiguro, las apariencias engañan, apenas si interesa la trama y lo único que en realidad importa es la construcción de la genuina identidad del protagonista a través de su proceso mental, una íntima exposición moral de la condición humana que trasciende la anécdota y escoge al personaje por encima de la acción. Nunca me abandones, su última y espléndida novela, tampoco es lo que parece, y sus hechuras de fábula futurista con ecos góticos de la claustrofobia y la sordidez de Flannery O'Connor resultan el persuasivo espejismo con el que el autor de Lo que queda del día le esconde al lector su verdadero objetivo: tejer una alegoría de la inmanente orfandad del individuo que funcione a la manera de una fábula moral. Se nos invita a creer que se trata de una novela de ciencia-ficción, pero no lo es. Una novela de Ishiguro jamás es lo que pretende ser, sino un tramposo ejercicio de enmascaramiento del género que confunde y que desbarata el horizonte de expectativas del lector”[
Su narrativa es fresca, nos va llevando en las historias como quien escribe una crónica, haciendo las descripciones de la complicada naturaleza humana en los contextos cotidianos que le amargan, de manera simple en apariencia, que es lo complicado en literatura, pero con una excelente prosa, historias bien armadas, nos atrapa  desde el principio, una vez empezada una novela no se quiere soltar. La única manera de disfrutar es leyéndolo. Espero se multipliquen sus lectores con este premio.







[1] Javier Aparicio Maideu. La historia más triste. Periódico “El País” de España”.


lunes, 25 de septiembre de 2017

LA FILOLOGÍA EN TIEMPO DE LA ERA DIGITAL

Dos personajes históricos (Nietzsche y José Eusebio Caro)   de suma importancia para las letras y la filosofía, cada uno en espacios muy específicos, me han acercado ineludiblemente al tema de la filología. En estos días, gracias a una conversación casual con María Paula, una prima encantadora quien estudió filología inglesa,  volví a escrutar y a revivir el entusiasmo por una ciencia que en estas dos últimas décadas amplió el espectro de sus competencias con la revolución de las tecnologías de la información y el conocimiento. Hoy, para la investigación académica, Las ciencias humanas, la lingüística, el derecho, la filosofía, la filología constituye un saber imprescindible. Donde están los filólogos y que hacen en estos tiempos es una pregunta ineludible. Admiro  el trabajo silencioso que se lleva a cabo en el instituto Caro y Cuervo de Bogotá, la mayoría de veces se queda en manos de los especialistas, no tienen la divulgación que merecen tales esfuerzos.  Leyendo a George Steiner, los trabajos publicados sobre Nietzsche en su aniversario, variopintos y muy interesantes, la biografía de José Eusebio Caro de Fernando Vallejo y algunos ensayos sobre Andrés Bello corroboré como esta ciencia está imbricada en todo lo que hacemos y decimos. Ahora que Colombia se bate en un proceso de paz he ratificado hasta la saciedad como las palabras son vehículos cargados de significados, con ellas se encubren muchos intereses, se manipula y se miente en nombre de la verdad. La filología, que no es otra cosa que la comprensión genealógica de los textos, la búsqueda de su origen, el desciframiento de su armadura, la escoriación histórica de las palabras y su evolución, para poder entenderlas en un contexto determinado, se ha convertido en una ciencia necesaria en esta era de la información. No solo para los estudios especializados de literatura, para la elucidación sobre los grandes textos de filosofía, para entender cómo evolucionan los idiomas, sino en el decir de Habermas, en el marco de una teoría de la comunicación de las sociedad: Eso que él llama, teoría de la acción comunicativa. Foucault, trabajó en todos los textos sobre poder y saber, la evolución de las palabras en las legislaciones, como se expresa el poder en diferentes épocas. Me pregunto por ejemplo por un solo término muy manoseado en estos años: “La seguridad”, expresión muy  usada por los gobernantes y los políticos, con ella se encubren todo tipo de políticas y acciones, la mayoría de veces perversas. En “Vigilar y castigar” de Foucault hay una escrutación de la acción penal desde la ley, atendiendo a la evolución histórica de algunas palabras con las que se solía  castigar. Hay mucha filología en este texto.
Mi prima viaja a Inglaterra a realizar una especialización. Hablé muy poco con ella, recordé los textos de Borges sobre la literatura inglesa. Los filólogos y críticos especializados siguen trabajando los escritos de Shakespeare en su versión original. No me imagino  el efecto en un lector ávido de descubrimientos al tener contacto con estos textos, el hecho de poderlos trabajar abiertamente. Recuerdo la tarea maratónica de Harold Bloom con el texto extenso “La invención humana”, “revisar las 38 obras teatrales de William Shakespeare, para sustentar la hiperbólica afirmación de que el dramaturgo inventó nada menos que la personalidad humana”.  Le deseo la mejor suerte a mi prima y me depara una envidia de las buenas.  




jueves, 21 de septiembre de 2017

FILOSOFÍA Y PROSA

Quiero hablar de algunos textos y filósofos que se leen con absoluto agrado producto de una prosa excelsa, bien facturada, que no le envidia nada a las mejores obras de literatura en textura, belleza y rigor.  Nietzsche, para citar al más emblemático, es un autor cuyo valor literario de sus textos es incuestionable, es reconocido por infinidad de críticos,  terminó imponiendo un estilo particular, el aforismo, es la figura literaria preferente en su obra, de mucha exigencia y rigor, su influencia se decanta  fácilmente en muchos escritores contemporáneos, su prosa es metafórica, abierta, parece un juego de arma-todo, depende del lector, se da para interpretaciones múltiples, en un doble juego, donde se baten autor y lector, el aforismo es siempre cortante, tiene un filo peligroso, hay que descifrarlo, corresponde a un estilo contestario e iconoclasta, es el sello del filósofo alemán. Tomo por estilo de un autor, lo que lo diferencia de otros, en la construcción de sus textos, su esencia particular, lo que lo individualiza e identifica. “Uno puede hablar de estilo refiriéndose a la configuración de la obra o remitiéndolo a un concepto histórico". El estilo es el sello del autor, la huella digital que lo diferencia de otros. Leer a Schopenhauer en su idioma y traducido es difícil, podría uno admitir sin temor a equivocarse que su estilo es muy complicado, inentendible para muchos.

Hay filósofos y pensadores que gozan de un prestigio literario indiscutible: Nietzsche, Cioran, Sartre, Camus, Foucault, Ortega, Savater, Deleuze, Derrida, Freud.  El pensamiento es la base del estilo. Jesús de Ferrero, quien escribe en Boomerang literario, tiene un blog excelente, expresa en su última entrada: “Los filósofos, poetas, escritores de obra sólida y unitaria, con frondosa vegetación por fuera y mucho fuego por dentro, se convierten en planetas semánticos. Platón es un planeta semántico, pero también lo son Sófocles, Descartes, Nietzsche, Primo Levi (y su opuesto Junger). Y también lo son Poe y Whitman. A veces el planeta semántico se puedo componer de una sola obra de autor incierto, por ejemplo el Tao Te King (como hermosamente se escribía antes). Son planetas porque podemos ver su límite, conformado por su obra, e intuir su redondez, porque forman en sí mismos un mundo que ilumina de algún modo el mundo, porque crean su propio sistema de fuerzas, su propia divina comedia”[1].
Estoy leyendo a Gilles Deleuze, el texto: “Nietzsche  y la filosofía” es una muestra absoluta de lo que es un ensayo filosófico con el rigor, el estilo y la belleza de una obra literaria. No solo hay claridad conceptual, sino que su estilo es envidiable, se deja leer. En Colombia existió un filosofo muy importante para Latinoamérica, con obras de referencia obligada: Danilo Cruz Vélez, no solamente fue un gran filosofo, sino que sus  textos estan sustentados en una prosa diáfana, rigurosa gramaticalmente hablando y que tiene la facultad de hacer fácil lo que es muy díficil de digerir.  Fernando Savater, tiene similares características, por ello es reconocido como un gran divulgador. Los textos de Foucault sobre-pasan estas medidas, su estilo, prosa, construcción y argumentación es casi perfecta, habría podido ser un escritor excelente, de hecho sus ensayos literarios lo confirman.
Voy a terminar con un pequeño resumen que sirve de entrada a un texto sobre Borges en referencia a su elucidaciones sobre filosofía, constituye un acápite perfecto a lo que estoy tratando : “La relación de Borges con la filosofía parece haber sido objeto de tres interrogaciones: ¿Es acaso Borges un filósofo? ¿Cuál es su filosofía? ¿Qué hace con la filosofía? Sin embargo, no es seguro que en las respuestas a estas preguntas se explicite cuál es el valor de Borges para la filosofía. Se trata aquí de una pregunta diferente que, si la condición de filósofo de Borges es precisamente lo que se halla en juego, no podemos esperar contestarla desde su propia obra. Proponemos hacerlo a partir de la historia de la filosofía y la teoría del discurso filosófico de Gilles Deleuze. En efecto, creemos que es posible encontrar allí un modo novedoso de interpretar la famosa sentencia borgeana según la cual la filosofía sería una rama de la literatura”[2].







[1] Jesús De Ferrero. Boomerang literario. Planetas errantes, planetas semánticos.
http://www.elboomeran.com/blog/74/blog-de-jesus-ferrero-cielos-e-infiernos/
[2] . Axel Cherniavsk La filosofía como rama de la literatura: entre Borges y Deleuze.
http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1666-485X2012000200001

miércoles, 13 de septiembre de 2017

MI MADRE ESTA MUY GRAVE ( RELATO)

Toda relación con la madre es de dependencia, de hecho no importa cuánto crezcamos, no cambia, siempre será complicada lo que no quiere decir que no pueda ser feliz. Cuando vi a mi mamá en cuidados intensivos de la clínica Shaio de Bogotá después de un viaje intempestivo desde Medellín, conectada a todo tipo de aparatos, disminuida físicamente, postrada diría, confirmé que las llamadas de urgencia no eran exageraciones y que realmente estaba muy mal. A las ocho de la mañana de un sábado de septiembre de dos mil diez y siete (2017), empezó esta reflexión que me llevó a escribir este relato por  los sucesos que tanto me afectan. Un día después de mi llegada, estuve  cuarenta y cinco (45) minutos con ella en cuidados intensivos, a solas, en un silencio cómplice, expectante y misterioso, estaba completamente sedada. Realizaba movimientos bruscos, involuntarios, efecto de una lucha interna inexplicable. Me impresionó como en estos eventos está uno a merced de los médicos, inerme, nadie en el fondo sabe que pasa en el cuerpo, ellos están en una búsqueda tenaz por entenderlo, leyendo los síntomas, analizando las reacciones, basados en la infinidad de datos vitales con los que se evalúa el estado de la persona, oteando para poder proceder. Se parece a esas novelas policíacas donde se busca entender todo alrededor de un evento específico. Mi madre tiene 80 años, su vida no ha sido para nada fácil,  ha sido una guerrera y siempre ha resuelto cada problema que se le presenta con una tenacidad admirable. La tragedia fue y continúa siendo una constante en su vida,  es complicado entender como ha resistido  a tanta pérdida y dolor. A las familias siempre las unen estos hechos. Cuando me llamaron me dijeron está muy grave, en un tono cómo queriendo decir, de esta no va a pasar. Hace casi un mes y medio habíamos estado en el matrimonio de uno de sus nietos, Camilo, en una fiesta inolvidable que nos congregó después de muchos años. Hoy paradójicamente, nos reuniremos muchas personas, gracias a este triste suceso, vendrán a la clínica personas que no veía desde hace más de veinte (20) años y paradójicamente cada una de ellas tiene una relación especial con mi madre.  Miraba su rostro en la soledad de de una habitación de urgencia en medio de mil aparatos y no asimilaba el momento, tal vez lo entendía  prefigurando conceptos de sentido común: la edad, ya no puede más, sería un pre-infarto, en últimas me preguntaba, cómo ese cuerpo que alguna vez fue bello, lleno de vida, alegre, resuelto, vital en todo, terminó en un estado de vulneralidad tan desmesurado, lacerante y difícil de manejar. Nunca a pesar de lo inexorable imaginamos que todos somos candidatos fijos a estos estados. Pensaba de nuevo en los límites. En nuestra existencia se nos dificultad entender los limites. La vida es un tránsito hacía la muerte, a la vejez. Nacemos y empezamos a morir.
Mi madre vive hace mucho  tiempo con mi hermana Nayibe,  ella tiene dos hijos, han compartido su vida en una buena convivencia, sus nietos son una de las alegrías más grandes. Mi cuñado Rubén de igual manera tiene una relación  especial con mi madre y nunca ha tenido resistencia a su estadía en su casa. Son más de veinte (20) años de una convivencia total con acuerdos tácitos muy bien resguardados. De hecho el día de la crisis se encontraban Iván y Rubén, ellos cumplían con sus rutinas habituales. En este apartamento las rutinas son muy marcadas, todos tienen un trabajo y unos cronogramas muy puntuales. Curiosamente  pasa lo mismo con Nayron el perro consentido de ellos, sabe cuándo se van a ir, a qué hora se arreglan, los siente llegar a metros, en fin, es plena compañía, incondicional, pero sometido a rutinas como a todos y por su puesto consentido por la familia en pleno, especialmente por mi madre. Estoy convencido que la felicidad de una familia se le debe más a las alegrías pequeñas que se van juntando con los días, que a los  hechos de trascendencia que consideramos sustanciales,  casi nunca valoramos nuestras rutinas que son la constante. De pronto Iván, desde su pieza contigua a la de mi madre, sintió un toser raro y como un atoramiento. Se acercó y lo que encontró fue una persona desgonzada, morada y colapsando, casi sin signos vitales. Con mi cuñado en una actitud lúcida, pese al evento tan grave e intimidante,  la llevaron de inmediato alzada al carro y la trasladaron a la clínica. La evaluación de los médicos fue que este acto de alguna manera le salvó la vida.  Pensaba ahora viéndola dormida que no he sido un buen hijo,  en momentos como este es imposible evadir las culpas remozadas, des-hacer lo vivido. Siempre le he agradecido a mi hermana la constancia y perseverancia en sus cuidados con mi madre, su atención, el estar ahí siempre. Suplió mi ausencia y como dice Freud, los actos fallidos que hoy no me enaltecen. La síntesis del sentido de la existencia es perversa. Tengo la certeza por hechos como este, que no hemos entendido el verdadero sentido de la vida. Nos batimos y amargamos en cosas que al final no tienen importancia. Olvidamos lo esencial.
A las diez de la mañana después de verla, de hablar con la enfermera jefe, de tomarme un tinto, pensé que lo único que tenemos es tiempo, pese a que es  poco, realmente no le damos la importancia que tiene esta realidad Es un hecho después de la muerte inexorablemente nos vamos diluyendo en la memoria de todos los seres que nos conocieron, incluso de las personas más cercanas. Después de irnos seremos un vano recuerdo, una cita apenas, una anécdota, una nostalgia, el peso de una ausencia que se desvanecerá. La sumatoria de las pérdidas de mi madre son muchas. Las tragedias incontables y sus resistencias aún más memorables.
A las diez de la mañana comenzaron a llegar  los parientes más cercanos y las personas que de alguna manera tuvieron una relación vital con ella. Después de ver semejante romería entendí que con cada una tuvo una relación muy especial. Detrás de cada persona hay una historia. Hay una constante en todas estas historias particulares. Ella siempre sirvió en el momento preciso y con cada persona que convivió  tuvo una relación vital, la vida les cambió a partir de algunos hechos muy especiales. No hablo de dinero, me refiero a esa persona que resulta ser fundamental para uno en la existencia, después de ella, la vida será otra cosa. Miryan, como se llama mi madre, lo fue para cada una de ellas.






domingo, 3 de septiembre de 2017

BERNARDO ARIAS TRUJILLO


Siempre he hablado de aquellos escritores de culto, importantes, que no se olvidan por la perseverancia de ciertos estudiosos y la pasión de algunos lectores entorno a su obra y vida. Andrés Caicedo en Cali, Campobello en México, Arlt en Argentina, para citar algunos, todos ellos tienen una obra emblemática, una vida singularísima y un enfrentamiento con la sociedad que los vio crecer como artistas.
BAT corresponde a esta saga. Su obra es muy importante para la literatura colombiana, constituye un aporte valioso que rompió esquemas con la tradición literaria de la época, tiene rasgos muy especiales, los cuales son motivo de muchos estudios y por su puesto de lectores habidos. “Arias Trujillo nació en Manzanares el 19 de noviembre de 1903 y murió en Manizales el 4 de marzo de 1938. Su breve vida de 34 años fue tormentosa, rebelde y creadora. Provenía de una familia patriarcal movida por firmes convicciones religiosas, y él sería el caso contrario: anticlerical, inconformista y libertino. Poseía una inteligencia luminosa que le permitió escribir sus obras maestras, unas circuidas por el escándalo y la protesta social, y otras manejadas por la serenidad y el bello estilo[1]. “La juventud de escritor Bernardo Arias Trujillo transcurrió en el entonces destacado centro cultural que constituía la ciudad de Manzanares, en el departamento de Caldas. En los periódicos de esta ciudad escribieron intelectuales polémicos que tuvieron repercusión nacional como Silvio Villegas, Fernando Londoño, Juan Bautista Jaramillo y José Camacho Carreño, entre otros. Hay que recordar que el proceso histórico del cual surge la ciudad de Manizales es el de la colonización  que proviene de Antioquia en el siglo XIX. Antonio Cornejo Polar en «Escribir en el aire» señala cómo una de las reflexiones, que es urgente llevar a cabo, es la de la dinámica cultural de las regiones. Este concepto es muy importante para el caso de Arias Trujillo, quien en su novela «Risaralda», escrita en 1935, narra los orígenes épicos de esta sociedad”[2].
Le traigo a este blog, porque su obra, me parece  valiosa, pese a los muchos estudios, en el país no se le ha dado la importancia que tiene con la excepción de ciertos círculos académicos . La vida de Bernardo es caso aparte, da como para un excelente documental o una buena película. Pasa en nuestro país con algunos personajes. No se entiende cómo no se ha filmado  la vida de Porfirio Barba Jacob, por ejemplo. Lo mismo pasa con BAT, aunque ya hubo intentos bastante fallidos por cierto.
Se habla mucho de su novela “Risaralda”, se le señala como la obra más importante. Pienso que no hay equidad en esta apreciación. En ella se incorporan temas que la hacen diferente, frentera con ciertos tabúes y de hecho rompe con una tradición. Miremos algunas ópticas al respecto. “Por lo tanto, es posible que Bernardo Arias Trujillo intentara construir a través de  su novela una actitud de solidaridad con los negros, pero las mismas estrategias  discursivas lo van obligando a abandonar  este proyecto y a identificarse con la sociedad que ha dominado el valle de Risaralda. La narración comienza proponiendo la reivindicación de los esclavos negros: «como un canto llano a vuestra grandeza moribunda» dice la introducción, pero termina  siendo un canto al vaquero blanco: «¡Adiós, compadre Juan Manuel, vaquero de ‘verdad’, viejo querido!»[3]. Son muchos los aspectos relevantes en la visión del conflicto general  incorporado en la novela: Barbarie o civilización, su óptica del negro en el proceso de consolidación de la nueva sociedad después de su liberación, los conflictos sociales de parte de una elite perversa y mal enfocada, las injusticias de esta misma clase. Me parece que es una novela moderna, su técnica se ajusta a ciertos patrones que más tarde innovarán nuestra narrativa. Se sale de los lineamientos en boga del costumbrismo de la época, sin cortar con ciertos regionalismos.  Rompe con los esquemas anquilosados de una narrativa que se repetía. Todos los conceptos no apuntan en este sentido.  Señala la ensayista Betty Osorio: “Arias Trujillo enmarca su novela dentro de la tradición realista y criollista. En la edición de 1959, aparece una copia  facsimilar de una página escrita por el autor el 2 de octubre de 1935,  donde se identifica la novela con el cine: «Risaralda/ novela de negredumbre/ y/ de vaquería,/ filmada en dos estampas». Esta observación proviene probablemente de la intención del gobierno de llevar esta novela al cine. Sin embargo, tal pretensión  hay que leerla también en el contexto editorial explícito en la primera página del libro. La edición la hace  Rafael Montoya y Montoya quien ha publicado en los años inmediatamente anteriores obras como las siguientes: en 1957 dos ediciones de un libro titulado: «Los guerrilleros intelectuales» y otro titulado «Cartas clandestinas»; y en 1958 y 1959, tres ediciones agotadas de la obra de Gregorio Gutiérrez González. Es decir un contexto literario a la vez regional y polémico. Por esta razón, Montoya se sitúa en el reparto de la novela como «Operador y editor». En esa misma página se confirma la intención realista de Arias Trujillo, y se añade el tema del lenguaje oral: «Película escrita en español y hablada en criollo»”[4]. En todo caso sobre la novela hay muchos enfoques[5]. Publicó los libros titulados Risaralda, novela que identifica buena parte de esta región; En carne viva, radiografía de la vida nacional que le crea animadversiones por sus denuncias; Diccionario de emociones, obra que recoge piezas de bello calado poético, y la traducción de La cárcel de Reading de Oscar Wilde que genera una interesante polémica con el maestro Guillermo Valencia. Después de ediciones muy cerradas se conoce la novela Por los caminos de Sodoma, la compilación de los editoriales del periódico El Universal, lo mismo que su poesía que durante su vida se publicó suelta. Es de circulación continental su poema Roby Nelson”.
La vida de BAT da como para una novela. Termino por una sobredosis de morfina. Fue homosexual, iconoclasta, se enfrento a la acartonada sociedad manizalita. Fue un hombre culto, de ello dan cuenta sus artículos de prensa actualmente recopilados en un libro. Recomiendo la biografía suya escrita por Albeiro Valencia Llano, que está publicada en la red. Espero mis lectores se acerquen a su obra.













[1] Gustavo Páez Escobar. Bernardo Arias Trujillo.

[2] Betty Osorio. Bernardo Arias Trujillo.

[3] Ibidem
[4] Betty Osorio. Bernardo Arias Trujillo.


[5] Doris Sommer en su estudio de la tradición narrativa de Santo Domingo utiliza la definición que Northrop Frye sobre el «romance» como un género situado entre los extremos del mito y del naturalismo. En esta situación de polarización se tiende a identificar la nación con la familia. Esta metáfora no es nada novedosa y se encuentra con abundancia en la Edad Media donde la victoria del caballero permite la unión del héroe y de la heroína que restaura el proceso de fertilidad que había sido amenazado por una fuerza a menudo de origen mágico. Este género se puede definir de la siguiente manera: «Por romance yo entiendo un cruce  entre nuestro uso contemporáneo de la palabra como historia de amor y el uso que se le daba en el siglo XIX como un género más abiertamente alegórico que la novela». En la tradición narrativa hispanoamericana, este género adopta una nueva estrategia, lo mágico es reemplazado por lo social. Las fuerzas en pugna son presentadas en términos del bien y del mal. El resultado de la confrontación es conocido de antemano, el bien es reestablecido, confirmando una situación de hecho que se da como fundacional y que, por esa razón, tiene carácter mítico. No existe dentro del discurso del texto una genuina posibilidad para otros desenlaces.

viernes, 25 de agosto de 2017

FERNANDA MELCHOR INTENSIDAD Y HORROR


Toda novela es una trasposición de la realidad en  su extensa complejidad desde la ficción. Es un hecho que la cruda violencia de México ha sido narrada de mil maneras. Esta novela, presenta una visión del caos que vive este país, recurriendo a un mundo super-puesto, un estado imaginario con unos personajes ficticios, que representan en su totalidad la realidad nefasta del país que, al final en lo que se refiere a su destino, al decir de Camus, es la suma de las elecciones de sus ciudadanos en el día a día y al que curiosamente se le anteponen todo tipo de exculpaciones: Dios, el consumo americano, el precio de los estupefacientes..En fin. Resulta paradójico, que sin leerla aún, pues no la he conseguido en Medellín Colombia, con la claridad de Edmundo Perez Soldan, que cita a Gabo, aludiendo al recurso utiizado por la narradora, no utilizar puntos, utilizado en “El otoño del patriarca”, para describir al dictador de la mejor manera, me haya inquietado tanto esta reseña, confirma el dolor que siento por la situación de este país hermano. Recordé Angosta de Héctor Abad  Lince, el excelente escritor Colombiano, en ella crea una ciudad imaginaria para describir la realidad de nuestro país. Confirma de igual manera este pequeño artículo la calidad del crítico Boliviano, que semana a semana nos deleita a nosotros lectores del común. Como siempre, cuando hay una nota periodística de importancia la traigo al Blog con el ánimo de que mis lectores la conozcan.

Edmundo Paz Soldan

Hay una escena memorable al principio del falso documental satírico This is Spinal Tap (1984), en la que el guitarrista de la banda de heavy metal dice que ellos tocan tan fuerte que el volumen de sus amplificadores está a 11. He recordado esta escena al leer Temporada de huracanes (Random), la segunda novela de la mexicana Fernanda Melchor: desde la primera a la última frase, está escrita con el volumen a 11. Eso no significa que en todas las páginas haya acción, sino algo más complejo y difícil de lograr para un novelista: incluso las escenas de diálogos más tranquilos, los momentos reposados, están narrados con intensidad, como si todo contara y no hubiera transiciones.  
Para narrar la violencia de la sociedad mexicana -el pueblo ficticio es La Matosa, en un estado que se asemeja a Veracruz-- Melchor ha elegido como modelo la estructura narrativa de El otoño del patriarca, en la que García Márquez prescindía del punto aparte: casi toda la novela era un larguísimo párrafo. García Márquez utilizaba ese recurso retórico para contar los excesos del poder y mostrar la realidad latinoamericana como un espacio donde lo extraordinario es cotidiano; Melchor representa otro tipo de excesos --los que vienen de abajo, de una marginalidad conectada con la pobreza, la violencia, el machismo y la misoginia-- y una cotidianeidad harto más brutal, en la que, sin embargo, también lo extraordinario se ha normalizado. Aquí el Estado-nación no parece haber dejado más huella que la de la corrupción de sus representantes, y rige la ley de Darwin: "Este mundo es de los vivos, pontificó; y si te apendejas, te aplastan
El relato gira en torno a la muerte de la Bruja, una mujer respetada y temida por el pueblo por su asociación con el mal: quien quiera hacerse un aborto, recuperar a su pareja o curarse de almorranas la busca, pero hay que persignarse porque se la puede imaginar "desnuda, montando al diablo". La Bruja es el principio y el fin: entre ambas partes se abren capítulos que cuentan la historia de los jóvenes involucrados con su muerte -Munra, Brando, Norma, Luismi--. Melchor despliega una prosa que convierte la oralidad en poesía, en la que las malas palabras, el deseo de nombrar lo obsceno y lo escatológico, se revelan en toda su explosiva belleza: "la pinche Vanesa cabrona hija de la chingada no estaba ahí porque la muy puta seguramente aprovechó que la tía la dejó suelta para irse a ver al novio, el greñudo mariguano ese que siempre la andaba rondando..." Todas las secciones de esta novela son brillantes, pero quizás la mejor es la que narra la relación de la adolescente Norma con su padrastro Pepe.   
La Bruja es poderosa en el pueblo porque sus habitantes la ven vinculada a un Mal que trasciende a todos, pero su mito también se construye a partir de su rabiosa independencia en un mundo masculino dominado por atavismos, en el que las mujeres están subordinadas y deben buscar estrategias de supervivencia. Temporada de huracanes se disfraza de ficción antropológica, aparenta buscar una explicación al horror mexicano a partir de las creencias de una comunidad en leyes sobrenaturales, para decantarse por algo más terrible: el mal somos nosotros, los hombres. Cuando la madre de Brando exclama: "¿Cómo permitiste que el diablo entrara en su cuerpo, Señor?", Brando responde: "El diablo no existe y tu pinche Dios tampoco". Lo cual no implica que no nos sigamos agotando en construir leyendas para comprender algo que escapa a nuestra razón. Edmundo Paz Soldan

 Tomado de el Boomerang Literario:

http://www.elboomeran.com/blog/117/rio-fugitivo-blog-de-edmundo-paz-soldan/







sábado, 12 de agosto de 2017

LECTURAS PROFANAS

Es impresionante el mundo de sugerencias que nos brindan   las revistas especializadas en literatura, las secciones de los periódicos sobre los nuevos libros publicados, constituyen sugerencias valiosas en su mayoría, claro, nos obligan a elegir por la imposibilidad de leer todo lo que nos aconsejan. Entonces la lectura se hace selectiva y el juicio estético y los gustos son los que mandan. Babelia del periódico “El país” de España, todas las semanas hace un listado de los libros más importantes para sus lectores según el sabio criterio de sus periodistas. Igual pasa con la revista “El cultural” del periodico el mundo del mismo país. Algunos quedan en la lista de espera, se convierten en esas lecturas aplazadas que algún día asumiremos,se alinean junto a los autores de nuestra preferencia, aquellos a los que seguimos desde hace mucho tiempo, lecturas que alimentan nuestra desmedida pasión. Entre toda esta canasta, hay autores que uno sigue, siempre está a la caza de su última publicación y por circunstancias especiales en ocasiones no puedo abordarlo. Me pasó con el texto “Hambre” de Caparros. Igual me ocurre ahora con Edgardo Dobry de Argentina, con la cantera de poetas Argentinos de los últimos quince años, que solo he podido degustar gracias a las antologías de algunos festivales, no queda más que esperar el encuentro furtivo. Hay un texto del gran biógrafo Irlandés de Lorca, el que he leído religiosamente,  Ian Gibson sobre la geografía de España, sobre la falta de pertenencia de sus ciudadanos a su historia y la relación especial de la península con el mundo, la indiferencia con Portugal, que en todo caso decanta en una mirada literaria desde el espacio.
Hay un libro sugerido por la revista Babelia llamado "En la turba", la reseña es una incitación sabia a su lectura: " A través de una urdimbre formada por personajes de diferentes nacionalidades ( Franceses, Italianos, Belgas, Ingleses) Laurent Mauvignier nos va introduciendo en el infierno de las masas: conglomeraciones de individuos que solo dejan de serlo cuando se dileuyen en la muchedumbre. Lo que ocurrió en el estadio de Heysel en 1985 fue la trasformación de dos multitudes beligerantes, pero amordazadas por el tabu de matar, en dos fuerzas en guerra capaces de generar matanza. Algo que esta siempre en el horizonte de todos los ritos que dan cabida a la doble masa (1).  En la revista Ñ del periódico “El clarín” de Buenos Aires, aparece una reseña sobre un texto de la correspondencia mantenida entre la escritora Marguerite Yourcenar y su traductora argentina, Silvia Baron Supervielle; “ Una reconquista apasionada” quienes mantuvieron correspondencia en los años 80. Este documento, de suma importancia, conociendo la capacidad intelectual de la autora Francesa y el talante humano con el que asumía todo en la vida, me parece que  amerita leerse, siempre las cartas nos dejan ver el lado más humano de un autor y ciertas claves creativas[2].  Estas y otras lecturas tengo en el tintero. Es un hecho que lo que nos falta es tiempo.

sábado, 29 de julio de 2017

POR LOS PAISES DE COLOMBIA ENSAYOS SOBRE POETAS COLOMBIANOS




Desde hace más de 30 años leo a William Ospina, “Las auroras de la sangre” sobre Juan de Castellanos, es para mí el ensayo más lucido y extraordinario sobre un poeta escrito en Colombia. William no solo es un excelente poeta, novelista, sino un ensayista de carta mayor, una verdadera institución. Este texto es un recorrido por los principales poetas Colombianos. Es una edición del “Fondo de cultura económica” de México en el 2011,  sí mi memoria no falla, fue publicado por tercer mundo editores unos años antes.

Julio Cesar Londoño, otro excelente ensayista y cuentista  describe a William magistralmente en su labor: “jubilados ya Gabo y Mutis, y con Fernando Vallejo patinando en círculos irascibles, William Ospina se perfila como nuestro escritor más representativo. Ospina llena los auditorios, sus libros son textos de estudio en las universidades, se venden como el pan y humedecen las yemas de los dedos de los lectores. Los detractores lo acusan de publicar tratados a la menor provocación. En su defensa, hay que decir que sus libros son polémicos y delicados a la vez, y que han sido elogiados por escritores tan planos como Vargas Llosa o tan barrocos como García Márquez. A mí me intriga que a pesar del éxito y los compromisos, Ospina siga moviéndose con esa parsimonia episcopal que lo distingue. Nunca tiene prisa y siempre tiene tiempo para conversar con el primer parroquiano que se le atraviese”.

Desde el ensayo sobre “Aurelio Arturo”, William, con una prosa hermosa, propia de un poeta, ha venido elucidando la geografía de nuestra poesía, con una lucidez, rigor y profundidad indiscutible. Este texto inicia con un pequeño ensayo sobre Juan De Castellanos, exactamente sobre el poema “Elegia de varones ilustres de indias”, El más ambicioso poema de la conquista de America” poema extenso, el cual ha sido estudiado por William desde hace muchos años, recuerdo que la casa de poesía Silva le encargó un ensayo para la historia de la poesía Colombiana sobre Juan De Castellanos, que fue el inicio de estudios más serios y amplios que terminaron con un texto excepcional sobre esta obra.

En este libro hay textos sobre Silva y su nocturno, de Barba Jacob, Luis Carlos López, Rivera, Rafael Maya, León De Greiff, Juan Lozano, de Antonio Llanos, Álvaro Mutis, José Manuel Arango y Giovanni Quessep.  El libro empieza con una frase que explica su razón y pulsión: “Admirables ejemplos de inspiración y admirables ejemplos de laborasidad ha producido la poesía Colombiana.

No solo es un estudio de nuestros mayores poetas, es también una elucidación histórica de nuestro mundo creativo, de la inabordable geografía, es a la vez una escrutacion del lenguaje y el paisaje, de las sinergias entre el viejo y el nuevo mundo, de la historia con sus  tragedias olvidadas. Este ensayo es un bálsamo para el alma,. Ojala mis lectores lo disfruten.


miércoles, 26 de julio de 2017

PASEAR LOS PERROS ES ALGO MÁS QUE PASEAR LOS PERROS (Relato)

La relación entre el hombre y el perro está suficientemente documentada. Quiero hablar desde mi experiencia personal. Esos dos seres vivos, mis mascotas, son dulce compañía de absolutamente todo lo que hago en mi vida, con ellos tengo una sinergia y amor especial, una relación al margen, suelen depararme experiencias por fuera de lo común, han abierto el espectro de mis amistades de una manera bastante generosa y me han enseñado más sobre la naturaleza que todos los libros de ecología que he leído. Compartir con un perro es recibir cien veces lo que damos. También es una forma de ocultar egoísmos y suplir esa incapacidad para relacionarnos con los demás. Vivo en un Barrio de clase media en Medellín Colombia. Se llama los Colores. Ubicado cerca del estadio y de un cuartel militar, atravesado por dos calles, como largas lanzas y varias carreras en un desorden inexplicable, en cuadrantes de ochenta metros, los que constituyen el último rescoldo de la cuadratura española tradicional desde donde fueron creciendo nuestras ciudades: Casas amplias de dos pisos, de muchos años de construcción, generosas, con espaciosos antejardines. Conjuntos cerrados con más de cuarenta años, con apartamentos igualmente amplios, llenos de zonas verdes y grotescamente, ganando cada vez más terreno, torres nuevas, imponentes, producto de un acelerado crecimiento que se olvidó de los espacios, hechos para reducir la convivencia a su mínima expresión, pensados solo para obtener ganancias, sin un ápice de humanismo y carentes de zonas verdes proporcionales al número de apartamentos y personas, son como guetos que ocultan tal condición por la magia de la publicidad y el mercadeo que embruja a las personas. El barrio guarda en todo caso su vieja semblanza, fue diseñado por constructores de otro tiempo, tal vez por ello está lleno de parques y zonas verdes. En ellos siempre hay gente en compañía de sus mascotas, panorama que se parece a esas pinturas del expresionismo, de parques floridos y gente que marcaba una época, reflejan lugares y costumbres emblemáticas de Paris del siglo XIX. Las personas le dedican mucho tiempo a sus mascotas, tienen una rutina implacable todos los días, con horas precisas. Mis salidas son de un rigor miliciano, en ellas reconozco a mis pares, amos con perros de todas las razas, engalanados,  descuidados, pequeños, grandes, bravos, consentidos, juguetones, indiferentes, cansados….tengo dos horas exactas para sacar a Tony, un viejo schnauzer, que lleva once años conmigo, sabio, lento, recatado e indiferente y Lost, un joven de la misma raza que recogí de la calle, impetuoso, locuaz, atrevido sin ser agresivo, juventud en efervesencía. Salgo a las 6 Am y a las 5 de la tarde. Hay algo curioso e inexplicable, los perros se parecen a sus amos y estos a sus perros, reflejan en sus locuaces movimientos las actitudes del amo. Podría decir que conociendo al perro se conoce a su amo o a la inversa. Algo me impresiona de esta relación, los perros nos hacen ser más cordiales, más comunicativos, dispuestos, que es mucho decir en estos tiempos de tantos egoísmos. Cuando salgo me encuentro con Verónica, una ejecutiva que sale con sus dos perros, clara y directa, la comunicación con sus mascotas la hace como si fueran dos personas. Ha vivido toda la vida en este barrio y es de esos personajes que une, relaciona y siempre suma, con una constante, sus mascotas son el eje pese a que su belleza sería suficiente razón para uno acercarse. Para tener su amistad es necesario e indefectible conquistar a sus perros. Me encuentro en estos recorridos puntualmente con una socióloga recién egresada que tiene dos mascotas y está siempre acompañada de una amiga o de su madre, uno de sus perros es un viejo que debe alzar pues los años ya no le dan para estos paseos y su compañero más joven que se somete con suma paciencia a esperas tediosas por la condición de su viejo amigo. A la misma hora también sale una señora, súper bien vestida, su soledad solo es mitigada por la relación con su mascota, habla con su perra como si fuera su pareja, le gesticula y le manotea incesantemente,  la perrita, consentida de sobremanera, sólo tiene ojos para su ama, los demás no importamos. Mis perros me han aportado muchos amigos. Ellos suplen una soledad sólo alivianada por el amor de mis hijos. En toda relación del amo con su perro hay siempre una ausencia, nosotros suplimos con estos seres muchas carencias. Es un hecho, ellos nos ayudan a ser felices. Un perro es nobleza y puro agradecimiento. En mi barrio, hay una especie de cofradía alrededor de las mascotas. Las charlas casuales en el parque comienzan necesariamente por el tema de los perros, después se podrá hablar de lo que sea, el a priori de la comunicación es lo que nos está pasando con las mascotas. Mis perros en esta pasarela natural son de la peor apariencia: despeinados, alborotados, parecen rokeros de los años sesenta, muy anacrónicos para estos tiempos de tanto glamour, con una constante, están siempre alegres. Quería hablar, de lo que pasa cuando salgo con mis perros…es todo un acontecimiento pese a que es un acto que repito todos los días, no lo dudo, mis mascotas me ayudan a ser más humano.      


sábado, 22 de julio de 2017

ESTHER DIAZ


La filosofía es y será siempre materia imprescindible de mis lecturas, pasión desmedida por el saber y por su puesto búsqueda: de la verdad,  de la intrincada naturaleza del ser, de respuestas a las preguntas más simples, del uno y el  todo en un ambición imposible de abarcar, de aquellos interrogantes que nacen entre el sujeto y su entorno, intento comprender esta relación con un ansiedad inenarrable, para aceptar la finitud, búsquedas  que muchas veces no me llevan a ningún lugar ni certeza en lo más más esenciales aspectos.  En este trasegar, siempre he tenido lecturas de esta índole y he estudiado filósofos sin ninguna pretensión, enamorado simplemente de la hondura de los textos. Grecia sigue y seguirá siendo el cántaro de mis autores preferidos. Aun así, filósofos como Descartes, Hegel, Kant, en muchas lecturas desprevenidas y sin ninguna pretensión académica me han dado gratos momentos de reflexión y estupefacción, estos son monumentos de inconmensurable valor, de hecho son ejercicios de creación y búsqueda de suma importancia en la historia del pensamiento. He sido un fervoroso lector de la filosofía después de Nietzsche.  Todo lo de este autor Alemán me apasiona. En adelante el itinerario de mis lecturas de la filosofía del siglo XX en un desorden imperdonable, hasta llegar a Foucault, constituye una búsqueda y un deleite permanente. Trabaje con devoción el estructuralismo, el existencialismo, la vida de Sartre y Simón de Beauvoir,  de vida intensa y conflictiva, llenos de encanto, de universos literarios paralelos, a quienes acompañaron siempre el deseo incontenible de cambiar el mundo. Por este camino me encontré con Foucault, uno de los filósofos más lúcidos  e inteligentes en esta vasta cartografía del pensamiento. Durante muchos años he sido lector impenitente de su obra. En este itinerario también he hallado autores  especiales y serios dedicados a su obra. Esther Díaz es uno de ellos[1], absolutamente rigurosa, puntual, excepcional hace lo difícil fácil y nos lo entrega con una capacidad de síntesis absoluta, además de siempre integrar sus estudios a la comprensión del ser con su entorno, en este siglo de tantos cambios que convierten cada vez al hombre en un ser  frágil, vulnerable y manipulador. Toda su obra es importante, Esther, Hegeliana en principio, tiene innumerables textos. Su mayor virtud, la calidad de su prosa, el hecho de poder leerse como si fueran obras de ficción, al igual que Foucault, en ella hay mucho talento, literatura encubierta en grandes elucubraciones filosóficas. El texto “La filosofía de Michel Foucault" es un libro con estas cualidades. Miremos como comienza:
“La vida es una continua resistencia al vacio de la muerte. Vivir es resistir.  Si lo otro de la vida es la muerte, cada fragmento de la vida es una batalla ganada a la muerte. Nuestra singularidad surge de la multiplicad de nuestras muertes. Vencemos la muerte del niño que fuimos.  De las relaciones que ya no son, de la lozanía, de la belleza, de la plenitud. El negativo de mi vida es todas mis muertes. Existen maneras de resistir. Foucault resistió pensando.  A partir de una educación rica, coercitiva y conflictiva, pensó el saber. De una sociedad convulsionada por respuestas contradictorias, pensó el poder.  Finalmente a partir de su propia problemática sexual, pensó el deseo. Y por último, enfrentado a la muerte a corto plazo, pensó la ética”.  
Este es el tono y la prosa rica y plena de un texto de filosofía. Borges decía que la filosofía hace parte de la literatura fantástica. Tal vez tenga razón. En todo caso hay textos en esta materia  que leemos desde un ámbito literario, más que formativo o académico, nos lleva el placer de la lectura sin mayores pretensiones. Esther Díaz es una autora con una pluma exquisita, para no ahondar en su obra filosófica, que es tan seria y rigurosa como su prosa.




[1] Esther Díaz (Ituzaingó, provincia de Buenos Aires, 1 de diciembre de 1939) es una epistemóloga y ensayista argentina. Cursó sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en donde también obtuvo un doctorado en Filosofía. Fue profesora en el Ciclo Básico Común de la misma Universidad entre los años 1985 y 2005. Dictó seminarios de posgrado sobre Metodología de la Ciencia y Epistemología en las Universidades Nacionales de Entre Ríos, Tucumán y del Nordeste. Ha realizado numerosas conferencias en diversas universidades latinoamericanas. Desde 1998, dirige la Maestría en Metodología de la Investigación Científica impartida en la Universidad Nacional de Lanús. Allí también se desempeña como profesora e investigadora.
Se le atribuye el haber realizado una importante contribución en lo que respecta a la introducción de la filosofía de Michel Foucault en el ambiente académico argentino. En tal sentido, su tesis de doctorado, redactada durante los años 80’, se tituló: “La ontología histórica en la temática filosófica contemporánea. Comunicación, poder y ética en la obra de Michel Foucault”. Entre sus aportes al campo de la epistemología, sobresale la elaboración del concepto de “epistemología ampliada”, al cual presenta del siguiente modo:
Me guía la premisa de que la racionalidad del conocimiento, aun la más estricta y rigurosa, hunde sus raíces en luchas de poder, factores económicos, connotaciones éticas, afecciones, pasiones, idearios colectivos, intereses personales y pluralidad de nutriciones que no están ausentes, por cierto, en el éxito o el fracaso de las teorías. Creo que la rampa de lanzamiento hacia esta “epistemología ampliada a lo político-social” no ha de perder de vista ni los antecedentes históricos de la disciplina, ni los conceptos de los pioneros de la filosofía de la ciencia.1
Su obra incluye estudios y ensayos sobre los discursos y las prácticas sexuales contemporáneas. También ha publicado libros y artículos en donde indaga al problema de la Posmodernidad y las expresiones de esta última tanto en la ciencia como en la vida cotidiana de los individuos. En varias ocasiones, ha expresado que los problemas filosóficos no sólo inspiran y orientan a su obra y a su actividad docente, sino que también la filosofía misma es su modo de vida: no tengo una vida al margen de la filosofía. Mi modo de vida es la filosofía.






martes, 11 de julio de 2017

ROSA MONTERO


Cuando uno se encuentra con un escritor que interpreta un momento histórico a cabalidad desde la perspectiva subjetiva, la soledad del ser, con trasposiciones ficcionales que nos ayudan a entender la atribulada realidad que nos avasalla, esa incomprendida manera de vivir que nos toca asumir frente a los poderes imbatibles, la vida en el corolario de compromisos ineludibles y los que no hemos tenido la opción de evadir, siente que alguien al fin nos ayuda en este trasegar infame, ayudándonos a descifrar aspectos que de antemano no entendemos y menos, aceptamos .
He vuelto a leer “La ridícula idea de no volver” una obra que nace de una tarea específica encomendada a la escritora: escribir sobre lo que significó para Marie Curie la muerte de su esposo a partir de sus diarios, al final termino en este excelente libro, texto que describe el dolor lacerante que sentimos por el compañero que se ha ido de nuestro lado quien no volverá jamás, pero el que solemos esperar siempre, el valor de la ausencia, lo que significa vivir sin alguien que lo fue todo en nuestras vidas. La reseña del texto es una de las más lúcidas y  perfectas que he leído, lo que es muy raro, pues la mayoría parecen ser escritas por personas que dan la impresión de no saber de lo que hablan:
“Cuando Rosa Montero leyó el maravilloso diario que Marie Curie comenzó tras la muerte de su esposo, y que se incluye al final de este libro, sintió que la historia de esa mujer fascinante que se enfrentó a su época le llenaba la cabeza de ideas y emociones. La ridícula idea de no volver a verte nació de ese incendio de palabras, de ese vertiginoso torbellino. Al hilo de la extraordinaria trayectoria de Curie, Rosa Montero construye una narración a medio camino entre el recuerdo personal y la memoria de todos, entre el análisis de nuestra época y la evocación íntima. Son páginas que hablan de la superación del dolor, de las relaciones entre hombres y mujeres, del esplendor del sexo, de la buena muerte y de la bella vida, de la ciencia y de la ignorancia, de la fuerza salvadora de la literatura y de la sabiduría de quienes aprenden a disfrutar de la existencia con plenitud y con ligereza. Vivo, libérrimo y original, este libro inclasificable incluye fotos, remembranzas, amistades y anécdotas que transmiten el primitivo placer de escuchar buenas historias. Un texto auténtico, emocionante y cómplice que te atrapará desde sus primeras páginas”.
En la primera parte escribe:
“Pero este no es un libro sobre la muerte.
En realidad no sé bien qué es, o qué será. Aquí lo tengo ahora, en la punta de mis dedos, apenas unas líneas en una tableta, un cúmulo de células electrónicas aún indeterminadas que podrían ser abortadas muy fácilmente. Los libros nacen de un germen ínfimo, un huevecillo minúsculo, una frase, una imagen, una intuición; y crecen como zigotos, orgánicamente, célula a célula, diferenciándose en tejidos y estructuras cada vez más complejas, hasta llegar a convertirse en una criatura completa y a menudo inesperada. Te confieso que tengo una idea de lo que quiero hacer con este texto, pero ¿se mantendrá el proyecto hasta el final o aparecerá cualquier otra cosa? Me siento como ese pastor del viejo chiste que está tallando distraídamente un trozo de madera con su navaja, y que cuando un paseante le pregunta, « ¿Qué figura está haciendo?» , contesta: « Pues, si sale con barbas, san Antón; y, si no, la Purísima Concepción» .
Una imagen sagrada, en cualquier caso.
La santa de este libro es Marie Curie. Siempre me resultó una mujer fascinante, cosa que por otra parte le ocurre a casi todo el mundo, porque es un personaje anómalo y romántico que parece más grande que la vida. Una polaca espectacular que fue capaz de ganar dos premios Nobel, uno de Física en 1903 junto con su marido, Pierre Curie, y otro de Química, en 1911, en solitario. De hecho, en toda la historia de los Nobel sólo ha habido otras tres personas que obtuvieron dos galardones, Linus Pauling, Frederick Sanger y John Bardeen, y sólo Pauling lo hizo en dos categorías distintas, como Marie. Pero Linus se llevó un premio de Química y otro de la Paz, y hay que reconocer que este último vale bastante menos (como es sabido, hasta se lo dieron a Kissinger). O sea que Madame Curie permanece imbatible”.
El tomo de este libro, que parece en ocasiones una crónica, por la forma como aborda la historia para develar aspectos desconocidos de esta gran científica a partir de sus diarios y desde un hecho concreto,  nos lleva de la mano para presenciar hechos inenarrables, la magistral manera para describir lo que significa la ausencia y el dolor en medio de una soledad incomprendida, la labor como científica desde su condición de mujer, hacen de su lectura un verdadero placer, un revelamiento excepcional de la naturaleza humana.
Rosa no es solo una gran escritora, es una intérprete lucida de la historia. Este texto, como la mayoría de los suyos me tiene impactado, solo espero que mis lectores lo aborden.









viernes, 7 de julio de 2017

VARGAS LLOSA ROMPE EL SILENCIO SOBRE GARCÍA MÁRQUEZ

Para nadie ha sido un secreto la amistad tan cercana entre estos dos grandes escritores del  Boom  latinoamericano, “Historia de un deicidio” de Vargas Llosa sigue siendo el mejor y más completo estudio sobre “Cien años de soledad”, es un hecho que el rompimiento entre ellos ha despertado todo tipo de curiosidades, pese a ello guardaron respeto mutuo. Esta entrevista por primera vez se acerca a este episodio y por su puesto es una mirada  lúcida a la obra de Gabo, de quien la conoce minuciosamente, recordemos que el premio nobel peruano estuvo muy cerca al gran escritor colombiano en momentos claves de su mundo creativo. La entrevista es realizada por el ensayista colombiano Carlos Granel,  la  público en este blog por la importancia que tiene.

El Nobel peruano conversa en la Complutense sobre los años felices con su amigo . Ambos truncaron su relación en 1976 tras un enfrentamiento
San Lorenzo de El Escorial 
1967 no es solo el año en que se publicó ‘Cien años de soledad’, también es el año en que Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa se conocieron personalmente en Caracas con motivo de la entrega al segundo del premio Rómulo Gallegos por ‘La casa verde’.
La Cátedra Vargas Llosa ha organizado esta semana un curso dentro de la programación de verano de la Universidad Complutense en El Escorial para celebrar lo primero, pero resulta imposible olvidar lo segundo dado el peso literario de ambos escritores y, sobre todo, dada su ruptura en 1976 tras años de amistad, vecindad y complicidad
Lo uno y lo otro sobrevolaron ayer el diálogo que el Nobel peruano mantuvo con el ensayista colombiano Carlos Granés, que empezó comparando el acto con una hipotética charla de Camus sobre Sartre o de Tolstói sobre Dostoievski, “un titán hablando de otro titán que fue su contemporáneo”. Vargas Llosa no solo es el titular de la cátedra que organiza el curso sino el autor de ‘Historia de un deicidio’, en palabras de Gerard Martin, biógrafo de García Márquez, “uno de los homenajes más generosos y notables de la historia de la literatura que un gran escritor haya dedicado nunca a otro”. Más aún, el “mejor libro individual” que se haya escrito acerca del autor de Aracataca según el propio Martin, que trabaja actualmente en una biografía del autor de ‘La ciudad y los perros’ y que ayer escuchó a su futuro biografiado desde la segunda fila.
Vargas Llosa tenía, pues, toda la autoridad del mundo para hablar de su colega y con esa autoridad lo hizo. Empezó retratando a García Márquez –al que solo llamó Gabo para reproducir una conversación en estilo directo- como alguien tan tímido y huraño en público como locuaz y divertido en privado. Luego subrayó que más que el hecho de haber sido criados ambos por los abuelos maternos o de haber tenido relaciones conflictivas con sus respectivos padres, los unió la devoción por Faulkner, “nuestro común denominador”. Y algo más: el descubrimiento de ser latinoamericanos al llegar a Europa, algo imposible desde Bogotá o Lima.
No tardó en aparecer en la conversación el acontecimiento político que despertó “la curiosidad del mundo por América Latina y, de paso, por su literatura” y que con el tiempo se convertiría en un muro entre ambos: Cuba. Preguntado por el ‘caso Padilla’ -que dividió políticamente a los autores del boom en 1971, cuando el poeta fue acusado de ser agente de la CIA- Vargas Llosa desveló que cuando se conocieron, los papeles estaban cambiados: “Yo era muy entusiasta de la revolución; García Márquez, muy poco. Siempre fue discreto al respecto, pero él ya había sido purgado por el Partido Comunista cuando trabajaba en Prensa Latina junto a su amigo Plinio Apuleyo”. ¿Qué pasó para que aquel discreto descreído terminara haciéndose fotos con Fidel Castro? “No lo sé”, respondió. “Yo creo que tenía un sentido práctico de la vida y sabía que era mejor estar con Cuba que contra Cuba. Así se libró del baño de mugre que cayó sobre los que fuimos críticos con la evolución de la revolución hacia el comunismo desde sus primeras posiciones, que eran más socialistas y liberales”.
La charla tuvo un eminente cariz político pero no dejó de lado la literatura, empezando por ‘Cien años de soledad’. “Me deslumbró”, dijo sonriente el escritor peruano. “Tanto que corrí a escribir un artículo titulado ‘El Amadís en América’. Pensé que por fin América Latina tenía su novela de caballerías, una narración en la que primaba lo imaginario sin que desapareciera el sustrato real. Tiene además la virtud de pocas obras maestras: la capacidad de atraer a un lector exigente preocupado por el lenguaje y, a la vez, a un lector elemental que solo sigue la anécdota”. Vargas Llosa no solo escribió sobre García Márquez sino que enseñó su obra en cursos universitarios en Puerto Rico, Reino Unido y España. De aquellas notas terminó saliendo ‘Historia de un deicidio’, un estudio pionero en la obra de un autor que “funcionaba como un poeta, a base de intuiciones, pálpitos e instintos, no como un intelectual que reelabora conceptualmente lo que hace; le molestaba la figura del intelectual, alguien como Octavio Paz, por ejemplo”. Si ‘Cien años de soledad’ es la mejor novela del autor colombiano según su exégeta más ilustre, ¿cuál es “la más floja”? “El otoño del patriarca’. Parece una caricatura de García Márquez, la novela de alguien que se está imitando a sí mismo”.
Según el autor de ‘La fiesta del Chivo’, autores como Juan Rulfo, Alejo Carpentier o el propio García Márquez supieron extraer belleza de la “fealdad” y el “subdesarrollo” de América Latina. ¿Una Latinoamérica próspera producirá literatura tan imaginativa como esos escritores?, se preguntó. “No lo sé, pero que nuestro continente se quede como está para que produzca gran literatura, ¡no!. Los países tienen la literatura que se merecen”.
Una hora después de comenzada la entrevista pública, Granés lanzó con media sonrisa una de las preguntas más esperadas: ¿Volvieron a verse? “No”, respondió el entrevistado con una sonrisa entera. “Entramos en terrenos peligrosos. Es hora de poner fin a esta conversación”, añadió irónico. ¿Cómo recibió la noticia de su muerte? “Con pena. Como la muerte de Cortázar o de Carlos Fuentes. No solo eran grandes escritores sino que fueron grandes amigos. Descubrir que soy el último de esa generación es algo triste”.
UNA NOVELA A CUATRO MANOS
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Mario Vargas Llosa dedicó dos años a estudiar la obra del autor de Cien años de soledad. El resultado fue Gabriel García Márquez: Historia de un deicidio, un libro que primero presentó como tesis doctoral -dirigida por Alonso Zamora Vicente- en la Universidad Complutense de Madrid en junio de 1971 y que meses más tarde publicó Carlos Barral, que llegó a colocar en las librerías 20.000 ejemplares. La coincidencia en la misma cubierta de los nombres de los dos gigantes del boom llevó a muchos lectores a pensar, bromeaba el editor, que se trataba de una novela escrita a cuatro manos. No era tal, pero la idea no andaba muy errada: en 1967, el mismo año en que se conocieron personalmente después de una intensa correspondencia, García Márquez propuso a Vargas Llosa que escribieran juntos una novela sobre la guerra colombiano-peruana de 1932.
"¡Viva Colombia, abajo el Perú!" era el grito con el que rompía filas a diario durante su infancia el Gabo escolar. El Gabo maduro, sin embargo, animó a su amigo a que cada uno investigara -"con la tranquila objetividad de un reportaje"- la parte bélica de sus respectivos países antes de ponerse manos a la obra. "La posibilidad de dinamitar la patriotería convencional es sencillamente estupenda", le escribió en abril del 67. Cuatro meses después se estrechaban la mano por primera vez en Venezuela. De allí viajaron a Lima para participar en un coloquio en la universidad -una de las pocas conversaciones públicas de ambos escritores- y para bautizar al segundo hijo de Vargas Llosa, Gonzalo, que tuvo como padrinos a Gabriel García Márquez y a su esposa, Mercedes Barcha. Poco tiempo después el novelista peruano y su familia se instalarían en Barcelona, no lejos de donde ya vivía el colombiano. Hasta su sonada ruptura en 1976, fueron uña y carne, pero nunca llegaron a escribir aquella novela guerrera. Hoy sería una rareza firmada por dos premios Nobel. Gabriel García Márquez lo recibió en 1982. Mario Vargas Llosa, en 2010. Historia de un deicidio solo volvió a publicarse en 2006 y como parte de las obras completas del autor peruano, que nunca hasta entonces había autorizado su reedición.