sábado, 12 de agosto de 2017

LECTURAS PROFANAS

Es impresionante el mundo de sugerencias que nos brindan   las revistas especializadas en literatura, las secciones de los periódicos sobre los nuevos libros publicados, constituyen sugerencias valiosas en su mayoría, claro, nos obligan a elegir por la imposibilidad de leer todo lo que nos aconsejan. Entonces la lectura se hace selectiva y el juicio estético y los gustos son los que mandan. Babelia del periódico “El país” de España, todas las semanas hace un listado de los libros más importantes para sus lectores según el sabio criterio de sus periodistas. Igual pasa con la revista “El cultural” del periodico el mundo del mismo país. Algunos quedan en la lista de espera, se convierten en esas lecturas aplazadas que algún día asumiremos,se alinean junto a los autores de nuestra preferencia, aquellos a los que seguimos desde hace mucho tiempo, lecturas que alimentan nuestra desmedida pasión. Entre toda esta canasta, hay autores que uno sigue, siempre está a la caza de su última publicación y por circunstancias especiales en ocasiones no puedo abordarlo. Me pasó con el texto “Hambre” de Caparros. Igual me ocurre ahora con Edgardo Dobry de Argentina, con la cantera de poetas Argentinos de los últimos quince años, que solo he podido degustar gracias a las antologías de algunos festivales, no queda más que esperar el encuentro furtivo. Hay un texto del gran biógrafo Irlandés de Lorca, el que he leído religiosamente,  Ian Gibson sobre la geografía de España, sobre la falta de pertenencia de sus ciudadanos a su historia y la relación especial de la península con el mundo, la indiferencia con Portugal, que en todo caso decanta en una mirada literaria desde el espacio.
Hay un libro sugerido por la revista Babelia llamado "En la turba", la reseña es una incitación sabia a su lectura: " A través de una urdimbre formada por personajes de diferentes nacionalidades ( Franceses, Italianos, Belgas, Ingleses) Laurent Mauvignier nos va introduciendo en el infierno de las masas: conglomeraciones de individuos que solo dejan de serlo cuando se dileuyen en la muchedumbre. Lo que ocurrió en el estadio de Heysel en 1985 fue la trasformación de dos multitudes beligerantes, pero amordazadas por el tabu de matar, en dos fuerzas en guerra capaces de generar matanza. Algo que esta siempre en el horizonte de todos los ritos que dan cabida a la doble masa (1).  En la revista Ñ del periódico “El clarín” de Buenos Aires, aparece una reseña sobre un texto de la correspondencia mantenida entre la escritora Marguerite Yourcenar y su traductora argentina, Silvia Baron Supervielle; “ Una reconquista apasionada” quienes mantuvieron correspondencia en los años 80. Este documento, de suma importancia, conociendo la capacidad intelectual de la autora Francesa y el talante humano con el que asumía todo en la vida, me parece que  amerita leerse, siempre las cartas nos dejan ver el lado más humano de un autor y ciertas claves creativas[2].  Estas y otras lecturas tengo en el tintero. Es un hecho que lo que nos falta es tiempo.

sábado, 29 de julio de 2017

POR LOS PAISES DE COLOMBIA ENSAYOS SOBRE POETAS COLOMBIANOS




Desde hace más de 30 años leo a William Ospina, “Las auroras de la sangre” sobre Juan de Castellanos, es para mí el ensayo más lucido y extraordinario sobre un poeta escrito en Colombia. William no solo es un excelente poeta, novelista, sino un ensayista de carta mayor, una verdadera institución. Este texto es un recorrido por los principales poetas Colombianos. Es una edición del “Fondo de cultura económica” de México en el 2011,  sí mi memoria no falla, fue publicado por tercer mundo editores unos años antes.

Julio Cesar Londoño, otro excelente ensayista y cuentista  describe a William magistralmente en su labor: “jubilados ya Gabo y Mutis, y con Fernando Vallejo patinando en círculos irascibles, William Ospina se perfila como nuestro escritor más representativo. Ospina llena los auditorios, sus libros son textos de estudio en las universidades, se venden como el pan y humedecen las yemas de los dedos de los lectores. Los detractores lo acusan de publicar tratados a la menor provocación. En su defensa, hay que decir que sus libros son polémicos y delicados a la vez, y que han sido elogiados por escritores tan planos como Vargas Llosa o tan barrocos como García Márquez. A mí me intriga que a pesar del éxito y los compromisos, Ospina siga moviéndose con esa parsimonia episcopal que lo distingue. Nunca tiene prisa y siempre tiene tiempo para conversar con el primer parroquiano que se le atraviese”.

Desde el ensayo sobre “Aurelio Arturo”, William, con una prosa hermosa, propia de un poeta, ha venido elucidando la geografía de nuestra poesía, con una lucidez, rigor y profundidad indiscutible. Este texto inicia con un pequeño ensayo sobre Juan De Castellanos, exactamente sobre el poema “Elegia de varones ilustres de indias”, El más ambicioso poema de la conquista de America” poema extenso, el cual ha sido estudiado por William desde hace muchos años, recuerdo que la casa de poesía Silva le encargó un ensayo para la historia de la poesía Colombiana sobre Juan De Castellanos, que fue el inicio de estudios más serios y amplios que terminaron con un texto excepcional sobre esta obra.

En este libro hay textos sobre Silva y su nocturno, de Barba Jacob, Luis Carlos López, Rivera, Rafael Maya, León De Greiff, Juan Lozano, de Antonio Llanos, Álvaro Mutis, José Manuel Arango y Giovanni Quessep.  El libro empieza con una frase que explica su razón y pulsión: “Admirables ejemplos de inspiración y admirables ejemplos de laborasidad ha producido la poesía Colombiana.

No solo es un estudio de nuestros mayores poetas, es también una elucidación histórica de nuestro mundo creativo, de la inabordable geografía, es a la vez una escrutacion del lenguaje y el paisaje, de las sinergias entre el viejo y el nuevo mundo, de la historia con sus  tragedias olvidadas. Este ensayo es un bálsamo para el alma,. Ojala mis lectores lo disfruten.


miércoles, 26 de julio de 2017

PASEAR LOS PERROS ES ALGO MÁS QUE PASEAR LOS PERROS (Relato)

La relación entre el hombre y el perro está suficientemente documentada. Quiero hablar desde mi experiencia personal. Esos dos seres vivos, mis mascotas, son dulce compañía de absolutamente todo lo que hago en mi vida, con ellos tengo una sinergia y amor especial, una relación al margen, suelen depararme experiencias por fuera de lo común, han abierto el espectro de mis amistades de una manera bastante generosa y me han enseñado más sobre la naturaleza que todos los libros de ecología que he leído. Compartir con un perro es dar y recibir cien veces lo que damos de muchas maneras. También es una forma de ocultar egoísmos y suplir esa incapacidad para relacionarnos con los demás. Vivo en un Barrio de clase media en Medellín Colombia. Se llama los colores. Ubicado cerca del estadio y de un cuartel militar, atravesado por dos calles, como largas lanzas y varias carreras en un desorden inexplicable, en cuadrantes de ochenta metros, los que constituyen el último rescoldo de la cuadratura española tradicional con la que crecieron nuestras ciudades: Casas amplias de dos pisos, de muchos años de construcción, generosas, con espaciosos antejardines. Conjuntos cerrados con más de cuarenta años, con apartamentos igualmente amplios, llenos de zonas verdes y grotescamente, ganando cada vez más terreno, torres nuevas, imponentes, producto de un acelerado crecimiento que se olvidó de los espacios, hechos para reducir la convivencia a su mínima expresión, pensados solo para obtener ganancias, sin un ápice de humanismo y carentes de zonas verdes proporcionales al número de apartamentos y personas, son como guetos que ocultan tal condición por la magia de la publicidad y el mercadeo que embruja a las personas. El barrio guarda en todo caso su vieja semblanza, fue diseñado por constructores de otro tiempo, tal vez por ello está lleno de parques y zonas verdes. En ellos siempre hay gente de la mano de sus perros, son parte del paisaje, me recuerda las pinturas del expresionismo  de lugares y costumbres emblemáticas de Paris del siglo XIX, como postales. Estas personas dedican mucho tiempo a sus mascotas, tienen una rutina implacable todos los días, con horas precisas. Mis salidas son de un rigor miliciano, en ellas reconozco a mis pares, amos con perros de todas las razas, engalanados,  descuidados, pequeños, grandes, bravos, consentidos, juguetones, indiferentes, cansados….tengo dos horas exactas para sacar a Tony, un viejo schnauzer, que lleva once años conmigo, sabio, lento, recatado e indiferente y Lost, un joven de la misma raza que recogí de la calle, impetuoso, locuaz, atrevido sin ser agresivo, pura juventud. Salgo A las 6 Am y a las 5 de la tarde. Hay algo curioso e inexplicable, los perros se parecen a sus amos y estos a sus perros, reflejan en sus locuaces movimientos las actitudes del amo. Podría decir que conociendo al perro se conoce a su amo o a la inversa. Algo me impresiona de esta relación, los perros nos hacen ser más cordiales, más comunicativos, dispuestos, que es mucho decir en estos tiempos de tantos egoísmos. Cuando salgo me encuentro con Verónica, una ejecutiva que sale con sus dos perros, clara y directa, la comunicación con sus mascotas la hace como si fueran dos personas. Ha vivido toda la vida en este barrio y es de esos personajes que une, relaciona y siempre suma, con una constante, sus mascotas son el eje pese a que su belleza sería suficiente razón para uno acercarse. Para tener su amistad es necesario e indefectible conquistar a sus perros. Me encuentro en estos recorridos puntualmente con una socióloga recién egresada que tiene dos mascotas y está siempre acompañada de una amiga o de su madre, uno de sus perros es un viejo que debe alzar pues los años ya no le dan para estos paseos y su compañero más joven que se somete con suma paciencia a esperas tediosas por la condición de su viejo amigo. A la misma hora también sale una señora, súper bien vestida, su soledad solo es mitigada por la relación con su mascota, habla con su perra como si fuera su pareja, le gesticula y le manotea incesantemente,  la perrita, consentida de sobremanera, sólo tiene ojos para su ama, los demás no importamos. Mis perros me han aportado muchos amigos. Ellos suplen una soledad sólo alivianada por el amor de mis hijos. En toda relación del amo con su perro hay siempre una ausencia, nosotros suplimos con estos seres muchas carencias. Es un hecho, ellos nos ayudan a ser felices. Un perro es nobleza y puro agradecimiento. En mi barrio, hay una especie de cofradía alrededor de las mascotas. Las charlas casuales en el parque comienzan necesariamente por el tema de los perros, después se podrá hablar de lo que sea, el a priori de la comunicación es lo que nos está pasando con las mascotas. Mis perros en esta pasarela natural son de la peor apariencia: despeinados, alborotados, parecen rokeros de los años sesenta, muy anacrónicos para estos tiempos de tanto glamour, con una constante, están siempre alegres. Quería hablar, de lo que pasa cuando salgo con mis perros…es todo un acontecimiento pese a que es un acto que repito todos los días, no lo dudo, mis mascotas me ayudan a ser más humano.      


sábado, 22 de julio de 2017

ESTHER DIAZ


La filosofía es y será siempre materia imprescindible de mis lecturas, pasión desmedida por el saber y por su puesto búsqueda: de la verdad,  de la intrincada naturaleza del ser, de respuestas a las preguntas más simples, del uno y el  todo en un ambición imposible de abarcar, de aquellos interrogantes que nacen entre el sujeto y su entorno, intento comprender esta relación con un ansiedad inenarrable, para aceptar la finitud, búsquedas  que muchas veces no me llevan a ningún lugar ni certeza en lo más más esenciales aspectos.  En este trasegar, siempre he tenido lecturas de esta índole y he estudiado filósofos sin ninguna pretensión, enamorado simplemente de la hondura de los textos. Grecia sigue y seguirá siendo el cántaro de mis autores preferidos. Aun así, filósofos como Descartes, Hegel, Kant, en muchas lecturas desprevenidas y sin ninguna pretensión académica me han dado gratos momentos de reflexión y estupefacción, estos son monumentos de inconmensurable valor, de hecho son ejercicios de creación y búsqueda de suma importancia en la historia del pensamiento. He sido un fervoroso lector de la filosofía después de Nietzsche.  Todo lo de este autor Alemán me apasiona. En adelante el itinerario de mis lecturas de la filosofía del siglo XX en un desorden imperdonable, hasta llegar a Foucault, constituye una búsqueda y un deleite permanente. Trabaje con devoción el estructuralismo, el existencialismo, la vida de Sartre y Simón de Beauvoir,  de vida intensa y conflictiva, llenos de encanto, de universos literarios paralelos, a quienes acompañaron siempre el deseo incontenible de cambiar el mundo. Por este camino me encontré con Foucault, uno de los filósofos más lúcidos  e inteligentes en esta vasta cartografía del pensamiento. Durante muchos años he sido lector impenitente de su obra. En este itinerario también he hallado autores  especiales y serios dedicados a su obra. Esther Díaz es uno de ellos[1], absolutamente rigurosa, puntual, excepcional hace lo difícil fácil y nos lo entrega con una capacidad de síntesis absoluta, además de siempre integrar sus estudios a la comprensión del ser con su entorno, en este siglo de tantos cambios que convierten cada vez al hombre en un ser  frágil, vulnerable y manipulador. Toda su obra es importante, Esther, Hegeliana en principio, tiene innumerables textos. Su mayor virtud, la calidad de su prosa, el hecho de poder leerse como si fueran obras de ficción, al igual que Foucault, en ella hay mucho talento, literatura encubierta en grandes elucubraciones filosóficas. El texto “La filosofía de Michel Foucault" es un libro con estas cualidades. Miremos como comienza:
“La vida es una continua resistencia al vacio de la muerte. Vivir es resistir.  Si lo otro de la vida es la muerte, cada fragmento de la vida es una batalla ganada a la muerte. Nuestra singularidad surge de la multiplicad de nuestras muertes. Vencemos la muerte del niño que fuimos.  De las relaciones que ya no son, de la lozanía, de la belleza, de la plenitud. El negativo de mi vida es todas mis muertes. Existen maneras de resistir. Foucault resistió pensando.  A partir de una educación rica, coercitiva y conflictiva, pensó el saber. De una sociedad convulsionada por respuestas contradictorias, pensó el poder.  Finalmente a partir de su propia problemática sexual, pensó el deseo. Y por último, enfrentado a la muerte a corto plazo, pensó la ética”.  
Este es el tono y la prosa rica y plena de un texto de filosofía. Borges decía que la filosofía hace parte de la literatura fantástica. Tal vez tenga razón. En todo caso hay textos en esta materia  que leemos desde un ámbito literario, más que formativo o académico, nos lleva el placer de la lectura sin mayores pretensiones. Esther Díaz es una autora con una pluma exquisita, para no ahondar en su obra filosófica, que es tan seria y rigurosa como su prosa.




[1] Esther Díaz (Ituzaingó, provincia de Buenos Aires, 1 de diciembre de 1939) es una epistemóloga y ensayista argentina. Cursó sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en donde también obtuvo un doctorado en Filosofía. Fue profesora en el Ciclo Básico Común de la misma Universidad entre los años 1985 y 2005. Dictó seminarios de posgrado sobre Metodología de la Ciencia y Epistemología en las Universidades Nacionales de Entre Ríos, Tucumán y del Nordeste. Ha realizado numerosas conferencias en diversas universidades latinoamericanas. Desde 1998, dirige la Maestría en Metodología de la Investigación Científica impartida en la Universidad Nacional de Lanús. Allí también se desempeña como profesora e investigadora.
Se le atribuye el haber realizado una importante contribución en lo que respecta a la introducción de la filosofía de Michel Foucault en el ambiente académico argentino. En tal sentido, su tesis de doctorado, redactada durante los años 80’, se tituló: “La ontología histórica en la temática filosófica contemporánea. Comunicación, poder y ética en la obra de Michel Foucault”. Entre sus aportes al campo de la epistemología, sobresale la elaboración del concepto de “epistemología ampliada”, al cual presenta del siguiente modo:
Me guía la premisa de que la racionalidad del conocimiento, aun la más estricta y rigurosa, hunde sus raíces en luchas de poder, factores económicos, connotaciones éticas, afecciones, pasiones, idearios colectivos, intereses personales y pluralidad de nutriciones que no están ausentes, por cierto, en el éxito o el fracaso de las teorías. Creo que la rampa de lanzamiento hacia esta “epistemología ampliada a lo político-social” no ha de perder de vista ni los antecedentes históricos de la disciplina, ni los conceptos de los pioneros de la filosofía de la ciencia.1
Su obra incluye estudios y ensayos sobre los discursos y las prácticas sexuales contemporáneas. También ha publicado libros y artículos en donde indaga al problema de la Posmodernidad y las expresiones de esta última tanto en la ciencia como en la vida cotidiana de los individuos. En varias ocasiones, ha expresado que los problemas filosóficos no sólo inspiran y orientan a su obra y a su actividad docente, sino que también la filosofía misma es su modo de vida: no tengo una vida al margen de la filosofía. Mi modo de vida es la filosofía.






martes, 11 de julio de 2017

ROSA MONTERO


Cuando uno se encuentra con un escritor que interpreta un momento histórico a cabalidad desde la perspectiva subjetiva, la soledad del ser, con trasposiciones ficcionales que nos ayudan a entender la atribulada realidad que nos avasalla, esa incomprendida manera de vivir que nos toca asumir frente a los poderes imbatibles, la vida en el corolario de compromisos ineludibles y los que no hemos tenido la opción de evadir, siente que alguien al fin nos ayuda en este trasegar infame, ayudándonos a descifrar aspectos que de antemano no entendemos y menos, aceptamos .
He vuelto a leer “La ridícula idea de no volver” una obra que nace de una tarea específica encomendada a la escritora: escribir sobre lo que significó para Marie Curie la muerte de su esposo a partir de sus diarios, al final termino en este excelente libro, texto que describe el dolor lacerante que sentimos por el compañero que se ha ido de nuestro lado quien no volverá jamás, pero el que solemos esperar siempre, el valor de la ausencia, lo que significa vivir sin alguien que lo fue todo en nuestras vidas. La reseña del texto es una de las más lúcidas y  perfectas que he leído, lo que es muy raro, pues la mayoría parecen ser escritas por personas que dan la impresión de no saber de lo que hablan:
“Cuando Rosa Montero leyó el maravilloso diario que Marie Curie comenzó tras la muerte de su esposo, y que se incluye al final de este libro, sintió que la historia de esa mujer fascinante que se enfrentó a su época le llenaba la cabeza de ideas y emociones. La ridícula idea de no volver a verte nació de ese incendio de palabras, de ese vertiginoso torbellino. Al hilo de la extraordinaria trayectoria de Curie, Rosa Montero construye una narración a medio camino entre el recuerdo personal y la memoria de todos, entre el análisis de nuestra época y la evocación íntima. Son páginas que hablan de la superación del dolor, de las relaciones entre hombres y mujeres, del esplendor del sexo, de la buena muerte y de la bella vida, de la ciencia y de la ignorancia, de la fuerza salvadora de la literatura y de la sabiduría de quienes aprenden a disfrutar de la existencia con plenitud y con ligereza. Vivo, libérrimo y original, este libro inclasificable incluye fotos, remembranzas, amistades y anécdotas que transmiten el primitivo placer de escuchar buenas historias. Un texto auténtico, emocionante y cómplice que te atrapará desde sus primeras páginas”.
En la primera parte escribe:
“Pero este no es un libro sobre la muerte.
En realidad no sé bien qué es, o qué será. Aquí lo tengo ahora, en la punta de mis dedos, apenas unas líneas en una tableta, un cúmulo de células electrónicas aún indeterminadas que podrían ser abortadas muy fácilmente. Los libros nacen de un germen ínfimo, un huevecillo minúsculo, una frase, una imagen, una intuición; y crecen como zigotos, orgánicamente, célula a célula, diferenciándose en tejidos y estructuras cada vez más complejas, hasta llegar a convertirse en una criatura completa y a menudo inesperada. Te confieso que tengo una idea de lo que quiero hacer con este texto, pero ¿se mantendrá el proyecto hasta el final o aparecerá cualquier otra cosa? Me siento como ese pastor del viejo chiste que está tallando distraídamente un trozo de madera con su navaja, y que cuando un paseante le pregunta, « ¿Qué figura está haciendo?» , contesta: « Pues, si sale con barbas, san Antón; y, si no, la Purísima Concepción» .
Una imagen sagrada, en cualquier caso.
La santa de este libro es Marie Curie. Siempre me resultó una mujer fascinante, cosa que por otra parte le ocurre a casi todo el mundo, porque es un personaje anómalo y romántico que parece más grande que la vida. Una polaca espectacular que fue capaz de ganar dos premios Nobel, uno de Física en 1903 junto con su marido, Pierre Curie, y otro de Química, en 1911, en solitario. De hecho, en toda la historia de los Nobel sólo ha habido otras tres personas que obtuvieron dos galardones, Linus Pauling, Frederick Sanger y John Bardeen, y sólo Pauling lo hizo en dos categorías distintas, como Marie. Pero Linus se llevó un premio de Química y otro de la Paz, y hay que reconocer que este último vale bastante menos (como es sabido, hasta se lo dieron a Kissinger). O sea que Madame Curie permanece imbatible”.
El tomo de este libro, que parece en ocasiones una crónica, por la forma como aborda la historia para develar aspectos desconocidos de esta gran científica a partir de sus diarios y desde un hecho concreto,  nos lleva de la mano para presenciar hechos inenarrables, la magistral manera para describir lo que significa la ausencia y el dolor en medio de una soledad incomprendida, la labor como científica desde su condición de mujer, hacen de su lectura un verdadero placer, un revelamiento excepcional de la naturaleza humana.
Rosa no es solo una gran escritora, es una intérprete lucida de la historia. Este texto, como la mayoría de los suyos me tiene impactado, solo espero que mis lectores lo aborden.









viernes, 7 de julio de 2017

VARGAS LLOSA ROMPE EL SILENCIO SOBRE GARCÍA MÁRQUEZ

Para nadie ha sido un secreto la amistad tan cercana entre estos dos grandes escritores del  Boom  latinoamericano, “Historia de un deicidio” de Vargas Llosa sigue siendo el mejor y más completo estudio sobre “Cien años de soledad”, es un hecho que el rompimiento entre ellos ha despertado todo tipo de curiosidades, pese a ello guardaron respeto mutuo. Esta entrevista por primera vez se acerca a este episodio y por su puesto es una mirada  lúcida a la obra de Gabo, de quien la conoce minuciosamente, recordemos que el premio nobel peruano estuvo muy cerca al gran escritor colombiano en momentos claves de su mundo creativo. La entrevista es realizada por el ensayista colombiano Carlos Granel,  la  público en este blog por la importancia que tiene.

El Nobel peruano conversa en la Complutense sobre los años felices con su amigo . Ambos truncaron su relación en 1976 tras un enfrentamiento
San Lorenzo de El Escorial 
1967 no es solo el año en que se publicó ‘Cien años de soledad’, también es el año en que Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa se conocieron personalmente en Caracas con motivo de la entrega al segundo del premio Rómulo Gallegos por ‘La casa verde’.
La Cátedra Vargas Llosa ha organizado esta semana un curso dentro de la programación de verano de la Universidad Complutense en El Escorial para celebrar lo primero, pero resulta imposible olvidar lo segundo dado el peso literario de ambos escritores y, sobre todo, dada su ruptura en 1976 tras años de amistad, vecindad y complicidad
Lo uno y lo otro sobrevolaron ayer el diálogo que el Nobel peruano mantuvo con el ensayista colombiano Carlos Granés, que empezó comparando el acto con una hipotética charla de Camus sobre Sartre o de Tolstói sobre Dostoievski, “un titán hablando de otro titán que fue su contemporáneo”. Vargas Llosa no solo es el titular de la cátedra que organiza el curso sino el autor de ‘Historia de un deicidio’, en palabras de Gerard Martin, biógrafo de García Márquez, “uno de los homenajes más generosos y notables de la historia de la literatura que un gran escritor haya dedicado nunca a otro”. Más aún, el “mejor libro individual” que se haya escrito acerca del autor de Aracataca según el propio Martin, que trabaja actualmente en una biografía del autor de ‘La ciudad y los perros’ y que ayer escuchó a su futuro biografiado desde la segunda fila.
Vargas Llosa tenía, pues, toda la autoridad del mundo para hablar de su colega y con esa autoridad lo hizo. Empezó retratando a García Márquez –al que solo llamó Gabo para reproducir una conversación en estilo directo- como alguien tan tímido y huraño en público como locuaz y divertido en privado. Luego subrayó que más que el hecho de haber sido criados ambos por los abuelos maternos o de haber tenido relaciones conflictivas con sus respectivos padres, los unió la devoción por Faulkner, “nuestro común denominador”. Y algo más: el descubrimiento de ser latinoamericanos al llegar a Europa, algo imposible desde Bogotá o Lima.
No tardó en aparecer en la conversación el acontecimiento político que despertó “la curiosidad del mundo por América Latina y, de paso, por su literatura” y que con el tiempo se convertiría en un muro entre ambos: Cuba. Preguntado por el ‘caso Padilla’ -que dividió políticamente a los autores del boom en 1971, cuando el poeta fue acusado de ser agente de la CIA- Vargas Llosa desveló que cuando se conocieron, los papeles estaban cambiados: “Yo era muy entusiasta de la revolución; García Márquez, muy poco. Siempre fue discreto al respecto, pero él ya había sido purgado por el Partido Comunista cuando trabajaba en Prensa Latina junto a su amigo Plinio Apuleyo”. ¿Qué pasó para que aquel discreto descreído terminara haciéndose fotos con Fidel Castro? “No lo sé”, respondió. “Yo creo que tenía un sentido práctico de la vida y sabía que era mejor estar con Cuba que contra Cuba. Así se libró del baño de mugre que cayó sobre los que fuimos críticos con la evolución de la revolución hacia el comunismo desde sus primeras posiciones, que eran más socialistas y liberales”.
La charla tuvo un eminente cariz político pero no dejó de lado la literatura, empezando por ‘Cien años de soledad’. “Me deslumbró”, dijo sonriente el escritor peruano. “Tanto que corrí a escribir un artículo titulado ‘El Amadís en América’. Pensé que por fin América Latina tenía su novela de caballerías, una narración en la que primaba lo imaginario sin que desapareciera el sustrato real. Tiene además la virtud de pocas obras maestras: la capacidad de atraer a un lector exigente preocupado por el lenguaje y, a la vez, a un lector elemental que solo sigue la anécdota”. Vargas Llosa no solo escribió sobre García Márquez sino que enseñó su obra en cursos universitarios en Puerto Rico, Reino Unido y España. De aquellas notas terminó saliendo ‘Historia de un deicidio’, un estudio pionero en la obra de un autor que “funcionaba como un poeta, a base de intuiciones, pálpitos e instintos, no como un intelectual que reelabora conceptualmente lo que hace; le molestaba la figura del intelectual, alguien como Octavio Paz, por ejemplo”. Si ‘Cien años de soledad’ es la mejor novela del autor colombiano según su exégeta más ilustre, ¿cuál es “la más floja”? “El otoño del patriarca’. Parece una caricatura de García Márquez, la novela de alguien que se está imitando a sí mismo”.
Según el autor de ‘La fiesta del Chivo’, autores como Juan Rulfo, Alejo Carpentier o el propio García Márquez supieron extraer belleza de la “fealdad” y el “subdesarrollo” de América Latina. ¿Una Latinoamérica próspera producirá literatura tan imaginativa como esos escritores?, se preguntó. “No lo sé, pero que nuestro continente se quede como está para que produzca gran literatura, ¡no!. Los países tienen la literatura que se merecen”.
Una hora después de comenzada la entrevista pública, Granés lanzó con media sonrisa una de las preguntas más esperadas: ¿Volvieron a verse? “No”, respondió el entrevistado con una sonrisa entera. “Entramos en terrenos peligrosos. Es hora de poner fin a esta conversación”, añadió irónico. ¿Cómo recibió la noticia de su muerte? “Con pena. Como la muerte de Cortázar o de Carlos Fuentes. No solo eran grandes escritores sino que fueron grandes amigos. Descubrir que soy el último de esa generación es algo triste”.
UNA NOVELA A CUATRO MANOS
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Mario Vargas Llosa dedicó dos años a estudiar la obra del autor de Cien años de soledad. El resultado fue Gabriel García Márquez: Historia de un deicidio, un libro que primero presentó como tesis doctoral -dirigida por Alonso Zamora Vicente- en la Universidad Complutense de Madrid en junio de 1971 y que meses más tarde publicó Carlos Barral, que llegó a colocar en las librerías 20.000 ejemplares. La coincidencia en la misma cubierta de los nombres de los dos gigantes del boom llevó a muchos lectores a pensar, bromeaba el editor, que se trataba de una novela escrita a cuatro manos. No era tal, pero la idea no andaba muy errada: en 1967, el mismo año en que se conocieron personalmente después de una intensa correspondencia, García Márquez propuso a Vargas Llosa que escribieran juntos una novela sobre la guerra colombiano-peruana de 1932.
"¡Viva Colombia, abajo el Perú!" era el grito con el que rompía filas a diario durante su infancia el Gabo escolar. El Gabo maduro, sin embargo, animó a su amigo a que cada uno investigara -"con la tranquila objetividad de un reportaje"- la parte bélica de sus respectivos países antes de ponerse manos a la obra. "La posibilidad de dinamitar la patriotería convencional es sencillamente estupenda", le escribió en abril del 67. Cuatro meses después se estrechaban la mano por primera vez en Venezuela. De allí viajaron a Lima para participar en un coloquio en la universidad -una de las pocas conversaciones públicas de ambos escritores- y para bautizar al segundo hijo de Vargas Llosa, Gonzalo, que tuvo como padrinos a Gabriel García Márquez y a su esposa, Mercedes Barcha. Poco tiempo después el novelista peruano y su familia se instalarían en Barcelona, no lejos de donde ya vivía el colombiano. Hasta su sonada ruptura en 1976, fueron uña y carne, pero nunca llegaron a escribir aquella novela guerrera. Hoy sería una rareza firmada por dos premios Nobel. Gabriel García Márquez lo recibió en 1982. Mario Vargas Llosa, en 2010. Historia de un deicidio solo volvió a publicarse en 2006 y como parte de las obras completas del autor peruano, que nunca hasta entonces había autorizado su reedición.





lunes, 26 de junio de 2017

ALEJANDRA ( RELATO )

Los Heraldos Negros
(1918)

LOS HERALDOS NEGROS
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé.

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... Yo no sé!

En estos últimos meses cuando viajaba de su casa de Acevedo a la universidad de Medellín, pensaba en los espacios, desde hace siete meses estaba defendiendo a comunidades desplazadas de los abusos del poder local, para la gente desplazada el problema vital era el habitad, la tierra, un lugar para vivir. Un amigo le había entregado el dato de un filósofo Alemán de suma importancia que basaba toda su filosofía a partir del espacio. La vida se mide y palpita desde los espacios escribía. Le daba y le daba vueltas al asunto sin resolverlo, lo que nunca esperó fue que estas meditaciones la fueran a tocar en lo personal tanto, terminaron cuestionándole muchas cosas que creía firmes, de hecho su vida la asumía de una manera muy diferente al común de los mortales, cargada de imaginarios literarios, en medio de luchas sociales, realidades paralelas al mundo real, actitudes y acciones que había escogido para llenar la vida de sentido, en medio de tantas posibilidades encontradas, siempre sustentado lo que hace en el factor potencial de la existencia, nunca se ha dejado intimidar por las dificultades pese a ser proclive a un saudade persistente, una tristeza contenida, irracional, la falta de algo se decía, no ha sabido qué, pero nunca el vaso ha estado lleno. En los últimos meses siempre pensaba en el otro espacio, en la otra persona, nunca en ella, no se centraba….cuando estaba en su casa pensaba en los otros lugares, el cumulo de representaciones con un atmósfera de seguridad intemporal que se confundían con sus ausencias más fuertes, en un orden anhelado, en el ideal de felicidad que no ha podido alcanzar, al contrario,  de súbito en estos sitios, compartiendo con estas familias, valoraba todo lo que había logrado en su casa, con su hermano y su madre, en medio de pocos recursos, pegados a una dignidad que no conestaba con las mil presiones con las que solían lidiar, en condiciones de respeto, en curso de cierta anarquía encantadora y mucha libertad, condiciones que adoraba, el hecho es que últimamente no quería estar en el sitio que se encontraba, siempre pensaba en los otros lugares…..vivía en plena fuga, como bálsamo tenía una manera de encarar las cosas de acuerdo a una bitácora, a un orden, a lineamientos específicos, a una agenda, que se oponia a estos estados de animo, por ello escribía todos sus itinerarios, nada estaba al garete, constituía una lucha silenciosa contra todos sus fantasmas, como atendiendo a un universo microscópico que le recordaban los mejores relatos de Cortázar, asumir el tiempo fuera del tiempo de los mortales, la realidad por encima de las tangenciales realidades de los otros……tal vez por ello vivía comprometida en luchas sociales por lo general imposibles, batallas eternas contra la injusticia rampante, leer filósofos que no tenían que ver con la sociedad de consumo abobinable, aborrecer a los tecnócratas, admirar a Simone De Beauvoir, Hipitia, Camus, Sartre, García Márquez, sentir más estos relatos que la vida misma, recordar aquellas heroínas del cine, por fuera del contexto normal que se oponen a todo lo banal que le enseñaron…sabía que la mayor influencia a estos tópicos, que en ocasiones se convertían en verdaderos tormentos, le venían de su padre, el rubricada todo lo que quería con pocas palabras, llenas de una fuerza tenaz que nunca ha podido explicar, son como placebos…..Le llamaba de pronto y con una sola frase le daba sentido a la vida, con una sola actitud le indicaba el norte…era un ser totalmente diferente….cuando fumaba, en esas largas soledades, pensaba en él…….Está siempre ahí, es una presencia  y ausencia viva….inexplicablemente es una comapañía…….hoy, camino a firmar el  contrato de arrendamiento de un apartamento que compartiría con Kene, que le daría un nuevo rumbo a su existencia, cuyo único objetivo es actuar  plena a las convicciones personales y a la decisión de asumir la libertad con todas sus consecuencias, sin pensar en los otros, tal vez, atormentada por eso que la Beauvoir sintetizó en una pregunta inteligente, para qué la acción?, hoy, miraba la vida, no cómo un interrogante, sino como una solución que se sintetiza en el quehacer del día a día, en la ganancia de espacio y libertad, en estar en el lugar escogido por fin sin pensar en los otros….en este bolso pesado, que solía acompañarle a toda hora, cargaba todo lo que le importaba, lo llevaba siempre delante de su cuerpo; su rostro que tanto sorprendía a los demás por una belleza apabullante y ofensiva, más para ciertas mujeres, le hacía preguntarse por el galimatías que representa la estética y la vanidad a la que tanto se oponía, su cuerpo, templo que respetaba en demasía, lo era todo, le despertó actitudes claras, rectitudes, salvaguardas, su vida siempre atendía a éticas muy precisas, de ahí el encanto por los personajes del flaco Rybeiro, de Puig, estos le hicieron entender, que al final  sólo se cuenta con lo que llevamos encima. Había aprendido a moverse en su Medellín del alma, a recorrer sus calles y paseos como un espacio propio, su casa al fin y al cabo, la calle, el aire libre, lugares que le daban sentido y seguridad a su vida, de la mano de Mejía Vallejo, de León De Greiff, de la poesía de Gonzalo Arango, de la música cubana, de la salsa que repicaba en sus oídos y que aprendió a escuchar en el parque de los periodistas, en medio de trafugas y marginados……………..Camino a la notaría miraba el lapicero con el que firmaría el contrato, con todas las clausulas leoninas, los infinitos acápites, en este momento este adminiculo, adquiría un valor extraño, sabía que sería un punto clave en las notas de su vida, como Gide, entendía que uno debe vivir la vida como esperamos que se recuerde y no como no la imponen…..llevaba varios años estudiando los movimientos de resistencia….de pronto pensaba que su vida es una resistencia a ciertas persistencias……..El humo del cigarrillo en espiral constituía  grata compañía…..fumaba y miraba a los cielos, pensaba en su padre……….de pronto recordó el poema de Cesar Vallejo, los heraldos negros………la música cubana…todo aquello que le da firmeza a su existencia. 

viernes, 23 de junio de 2017

GIOCONDA BELLI, EN CUERPO Y ALMA


Esta columna, como todas las de Juan Cruz, es una lúcida presentación y reflexión sobre la excelente poetiza Nicaragüense, que amerita ser replicada por su importancia, con el ánimo que la disfruten mis lectores.

Juan Cruz

Un libro, una conversación

La nicaragüense publica en España 'Sobre la grama', su primer libro, escrito cuando rozaba los 20 y estaba en la cúspide del sexo y del amor.
El último libro de Gioconda Belli (Sobre la grama, Navona) es su primer libro, pero en España no lo conocíamos, nunca se había editado aquí. Lo escribió en la cúspide del amor, del sexo, cuando su cuerpo descubrió la física y la química de la caricia salvaje. Cuando publicó esos versos, a sus 20 años, los veteranos de la literatura de Nicaragua, su país, donde nació hace 67 años, la celebraron como “una revelación histórica”. Le dijeron: “¡Escribí!”.
Luego ha escrito más versos, novelas, ha ganado premios muy graves (como el Sor Juana Inés de la Cruz, el Biblioteca Breve, el Anna Seghers de la Academia de Artes de Alemania…). Fue revolucionaria sandinista y perdió esa fe al tiempo que otros, como Sergio Ramírez. Ahora sigue viviendo en Managua; viajó en mayo a Barcelona para ser parte de un recital mundial de poesía y allí presentó Sobre la grama, que lleva una portada de Rousseau en la que la serpiente le entrega la manzana del placer a la Eva desnuda de la selva. Sobre fondo verde, la foto transmite sensualidad y, así es la cosa, pecado.
Fue una conversación cerca de la plaza de Cataluña de Barcelona. Con el libro delante. Aquí es preferible dejar que aparezca como monólogo.
“Me encanta Rousseau. Y la desnudez. Este libro fue el descubrimiento de la desnudez y de la poesía… Significó saberme quién era. Era muy jovencita cuando me casé, tenía 18 años, era positiva y optimista y me casé con un hombre sumamente negativo y pesimista. No sabía cómo interpretar lo que me estaba pasando, por qué el sueño tan romántico tan pronto se destrozó… A esa edad lo quería hacer todo, e irme de casa. Este hombre apareció; le gustaba leer, era melancólico. Creí que casado podía cambiar, que yo lo iba a alegrar y que lo iba a hacer feliz. Cuando me cortejaba era muy simpático”.
“¡Y un día me habló de Knut Hamsun.  Yo era un ratón de bibliotecas y me encantó que él leyera a Hamsun. Eso me enamoró, y que fuera guapo. Me enseñó luego lo que era la sexualidad, pero de manera inocente. ¡Yo creía que los testículos eran dos cosas que colgaban de bolsitas diferentes!”.
Tras publicar los primeros poemas mi marido me dijo: “No vuelves a escribir uno sin que yo lo lea”
“Eso de los testículos me lo explicó con dibujitos. Nunca hicimos el amor hasta que nos casamos. ¡Yo no entendía por qué había que esperar! Pero la virginidad no me parecía tan importante: ¡lo hacías casi todo!… Sí, en el libro hay una gran entrega, pero es para otra persona. Tras el casamiento todo se diluyó, ya no había romanticismo, todo lo que había imaginado que iba a ser la relación amorosa se esfumó. Así que el libro viene del enamoramiento de otra persona. ¡Aquel hombre era un solitario encerrado que se ponía el pijama el viernes y se lo quitaba el lunes, veía la televisión! Y yo era una chavala con ganas de vivir. ¡No lo entendía!”.
“En el trabajo conocí a un poeta fantástico que me empezó a hablar de literatura. Me hablaba de poesía, del Frente Sandinista, de lo que se hacía en Nicaragua en una época de gran efervescencia cultural antisomocista. Se reunía con poetas, y yo iba de oyente. Mi familia era acomodada, pero antisomocista, de un antisomocismo sin esperanza. En ese grupo del poeta vi que sí había esperanza, la salida era la revolución sandinista”.
“Esa revelación me llevó a la poesía y a mi reconocimiento como mujer y a la revolución. ¡Podía cambiar el mundo! El poeta me metió en ese mundo. Me separé del marido. Volví. Me volví a separar del marido. El poeta me gritó: ‘¡Escribí!’. Me lo tomé sumamente en serio. Hasta entonces había escrito cartas; y en ese momento me metí en mi cuarto, ante mi máquina de escribir, y de ahí salió el primer poema, ‘Y Dios me hizo mujer’. ¡Y seis más! Se los llevé al poeta. Me dijo que estaban buenísimos, pero que había que apretarlos, como a los nacatamalitos, una especie de polenta y plátanos que se hierven apretados y se toman calentitos. ¡A un poema no le puede sobrar ni faltar nada!”.
“Le dimos los poemas a un gran escritor, Pablo Antonio Cuadra, director del suplemento literario de La Prensa. Fue un éxito. Yo tenía 20 años. Pusieron en el periódico: ‘Una nueva voz en la poesía nicaragüense’. ¡Feliz de la vida! Lo mejor que me pasó como escritora. Al día siguiente llegué a casa de la familia, oronda. ¡Mis tíos estaban horrorizados de que yo me hubiera atrevido a publicar esos poemas! Y mi marido, el lector de Knut Hamsun, me dijo: ‘No vuelves a escribir un poema sin que yo lo lea’. Me di cuenta de que había tocado algo subversivo: ¡mi gozo amenazaba! ¿Y por qué una mujer no puede expresar todo esto? Yo había leído poesía erótica de Tomás Segovia, de Rubén Darío… ¿Y por qué no una mujer?”.
Tuve miedo hasta que me hice dueña de mi cuerpo y de mis palabras
“La reacción de mi marido no me hizo dejar de escribir. Tuve la enorme suerte de que los poetas grandes de Nicaragua, José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Carlos Martínez Rivas, empezaron a escribir que yo era la maravilla, el descubrimiento. Ante esas autoridades mis familiares callaron y mi marido, pues también. Fue una sensación rara: para los hombres parecía que yo había descubierto la sexualidad y me miraban de una manera libidinosa. Pensé: ‘O termino como la mediocridad de este país o hago lo que quiero y que me critiquen’. En eso fui valiente”.
“Empezaron a decir que mi poesía era vaginal. Entraba en un lugar y sentía que todo el mundo murmuraba. Era muy incómodo. Empecé a ir a un psicólogo. Tenía problemas en mi matrimonio. Y el psicólogo me dijo: ‘Ponte el vestido más sexy que tengas y sal al mundo, no tengas miedo’. Tuve miedo hasta que me hice dueña de mi cuerpo y de mis palabras. Sentí que estaba haciendo algo hermoso y que no tenían por qué meterse en mi vida. La sociedad estaba podrida. Alrededor estaba la rebeldía feminista, la rebelión de la juventud. Principios de los setenta. Germaine Greer, Betty Friedan, Doris Lessing, Julia Kristeva… Me metí en el Frente Sandinista, tuve el valor para agarrarme a esa lucha y mi vida cambió totalmente. Mi manera de ver la vida”.
—Y usted se enamoró también de Nicaragua.
—Sí, total. Me enamoré de Nicaragua, de lo que podía hacer Nicaragua, ¡me enamoré también de mí misma! ¡Sentí que tenía un poder como mujer!
De eso también va el libro, de ese paisaje interior que fue para ella el descubrimiento del cuerpo y el descubrimiento del paisaje de Nicaragua, “el país chiquito que se resiste a morir”, como dijo, además, recientemente.





jueves, 8 de junio de 2017

NELLIE CAMPOBELLO


La geografía de la literatura es tan vasta que muchos  autores y obras se nos escapan, le pasa de igual manera a un sector de  la crítica, con obras de suma importancia, no solo por su calidad sino por el papel preponderante en el marco general de las literaturas locales y por su puesto en el contexto universal. Nellie es una autora excepcional de México, tuvo un final trágico típico de las novelas de Carson Macullers y es extraño que buena parte de la clase intelectual de su país la evite, guarde silencio sobre sus textos.
Nellie Campobello Morton (María Francisca Moya Luna) nació el 7 de noviembre de 1900, en Villa Ocampo, Durango. Murió el 9 de julio de 1986, en Progreso de Obregón, Hidalgo. Además de Villa Ocampo, vivió en Parral, en la ciudad de Chihuahua y en Laredo, Texas. Llegó a la ciudad de México en 1923. En la capital, estudió en una escuela inglesa, tomó clases de ballet y se relacionó con intelectuales y artistas. Dio a conocer en 1928 su primer libro, el volumen de poesía Yo, versos por Francisca, al parecer en edición de autor. Lo reeditó el doctor Atl al año siguiente. Su formación de balletista la llevó a incorporarse en 1930 a la sección de Música y Bailes Nacionales de la Secretaría de Educación Pública. En 1931 fundó la Escuela Nacional de Danza, que dirigió por varias décadas. En 1943 creó el Ballet de la Ciudad de México. Publicó Ritmos indígenas de México (1940), en colaboración con Gloria Campobello. Acerca del tema de la Revolución, escribió Cartucho. Relatos sobre la lucha en el norte de México (1931), Las manos de mamá (1937) y Apuntes sobre la vida militar de Francisco Villa (1940). Fue secuestrada por sus “cuidadores”, quienes valiéndose de su vejez, enfermedad, soledad y ausencia de herederos directos, la obligaron a firmar una carta poder para que ellos cobraran su pensión. Estos hombres ocultaron su muerte y su osamenta durante trece años,  Las autoridades del INBA exhumaron sus restos, le organizaron un homenaje póstumo en el Palacio de las Bellas Artes el 27 de junio de 1999 y la trasladaron a su ciudad natal, donde el gobierno estatal hizo un monumento en su honor y la declararon hija distinguida de la localidad que la vio nacer.
Es conocida como la escritora de la revolución. En la edición del texto “El cartucho”, “Jorge Aguilar Mora en el prologo categoriza: “fue una escritora memorable por varias razones, por su valor testimonial, su refinadísima percepción artística y su extraña mirada autobiográfica. La propia familia, con la madre al frente, fue víctima y testigo del villismo en Parral. A través de medio centenar de cuentos breves, algunos entre los más singulares de la lengua, Cartucho saca a la narrativa de la Revolución Mexicana de la demagogia populista y de la retórica, dizque republicana, del heroísmo pretoriano. La suya es una voz que elige uno de los artificios literarios más difíciles de lograr: la impostación verosímil de la guerra civil, particularmente el episodio villista en Chihuahua entre 1916 y 1920— desde un punto de vista infantil”[1].
Este prologo es absolutamente lúcido, constituye un análisis completo de su obra, parte de la relación del mismo con otros textos, con la revolución, escruta el papel que juega en la cartografía literaria de México, las conexiones puntuales con libros emblemáticos, visibles en su narrativa,  y las referencias tacitas y expresas, tanto en sus orígenes e influencias, sus basamentos creativos, sino como precursora de otros textos.  Este prologo tiene un análisis previo de las conexiones e influencias que ejerció sobre la obra de Rulfo, concretamente de “Pedro Paramo” y a través de este en “Cien años de soledad”, son un bocado de cardinale, no solo por lo esclarecedoras y rigurosas, sino por las referencias tan exactas, que corroboran una arqueología, no siempre tangible, de las conexiones entre estas tres obras: “La novela de Rulfo es el ejemplo magistral de la novela más abierta y más libre de la literatura latinoamericana del siglo XX; la del Colombiano, igualmente magistral, es la estructura autosuficiente más perfecta en ese mismo siglo, Cien años de soledad no hubiera sido posible sin Pedro Páramo y Pedro Páramo no hubiera sido posible sin Cartucho de Nellie Campobello. Esta  revela y anticipa rasgos que definirían el estilo de Rulfo: ese trato constante de las palabras con el silencio; ese parentesco en acción del silencio con la sobriedad irónica, tierna, de frases elípticas, breves, brevísimas, a veces casi imposiblemente breves; esa velocidad de la narración que, sin transición, recorre instantáneamente todos los registros del lenguaje y todas las intensidades de la realidad; esas metáforas súbitas y reveladoras de una acendrada unidad y fragilidad del mundo en donde lo humano y la naturaleza dejan de oponerse; esa convicción profunda, terrenal, de que el lenguaje, su lenguaje, corresponde a una experiencia propia e intransferible”[2].
Desde hace quince días estoy leyendo todo lo que encuentro de esta escritora, la sorpresa no solo ha sido grata sino que he quedado estupefacto de eso que llamo el universo literario, que es tan vasto e inabarcable, por lo qué me preguntaba sin pena alguna, cómo no había leído a una autora tan importante, no entendía cómo ha sido tan olvidada por la crítica especializada de su país. En el prologo, después de exponer el itinerario de la obras dedicadas a la revolución en México, de dilucidar como estos textos abordan estos sucesos, Jorge Aguilar señala: “En las circunstancias mexicanas, no había espacio, según él, para el ejercicio de la voluntad, ni para la intervención divina, sólo para la maquinaria in eluctable y corrupta del gobierno. Muñoz y Campobello, desviando su mirada del poder y dirigiéndola hacia los bandidos derrotados, supieron regresarle al destino trágico su singularidad y su inocencia”. El análisis hecho de la obra se hace a partir de esta óptica: “En el primer texto del lib ro, el personaje del que nunca sabremos el nombre y del que sólo sabremos su apodo, "Cartucho", siempre cantaba la misma canci ón hasta hacer de ella la única cantable, la única posible: "No hay más que una canción y ésa e ra la que cantaba 'Cartucho ' ". Así so n todas las vidas únicas: se can ta siempre la misma canción; lo único que cambia es la intensidad. La diferencia entre una vida mediocre una vida trágica está en la elección del nivel de intensidad. Cartucho", cantando la única canción posible, escogió la intensidad máxima, la más pura, la más colectiva: encontró la muerte que quería y se confundió con todos sus semejantes en un acto único: "El amor lo hizo un cartucho, ¿Nosotros? Cartuchos".
No queda otra que leer este hermoso texto de relatos y abrirse al universo de esta autora tan importante.









[2] Nellie Campobello, El Cartucho. Prologo de Jorge Aguillar Mora.


jueves, 1 de junio de 2017

EL RULFO MÍO DE MÍ



Como es costumbre en este blog, cuando leemos una columna que amerita ser publicada por ser un aporte lúcido al tema que nos convoca, en este caso todo lo que gire alrededor de ese gran escritor Juan Rulfo en su aniversario, lo hacemos con el único animo de promover su lectura y ampliar la resonancia sobre una obra excepcional en la literatura universal.
RESEÑA DEL LIBRO 'HABÍA MUCHA NEBLINA O HUMO O NO SÉ QUÉ' DE LA MEXICANA CRISTINA RIVERA GARZA
POR: MAURICIO BECERRA

31 DE MAYO 2017 , 05:33 P.M.

Decía Rulfo –o dicen que decía, como pasa con los rumores– que escribía para dos o tres amigos, y nada más. Incluso, dicen que lo llegó a asegurar en una entrevista, cuando se celebraban treinta años de la publicación de Pedro Páramo, la novela (la única) que lo encumbraría en lo más alto de las letras latinoamericanas. “Nunca me imaginé el destino de esos libros. Los hice para que los leyeran dos o tres amigos o, más bien, por necesidad”. 

El destino quiso, sin embargo, que esos libros (en realidad dos, Pedro Páramo y El llano en llamas) llegaran un buen día a las manos de Cristina Rivera Garza para que ella, también movida por la necesidad –la necesidad de estremecer a otros con la misma intensidad con la que la obra de Rulfo la había estremecido a ella–, escribiera Había mucha neblina o humo o no sé qué, una especie de biografía y relato de ficción sobre el autor más importarte de las letras mexicanas del siglo XX; u
n viaje íntimo construido a partir de la evocación y el reportaje; un homenaje cargado de una hermosa gramática sentimental que se une a la celebración del centenario del nacimiento del autor de Pedro Páramo. 

Escribe Rivera Garza:


“–Siento que he estado con usted una vida entera –murmura a medida que coloca el pie sobre el borde inferior de la puerta.

–Y así ha sido –le dice él, le dice Juan N. Pérez V. mientras sostiene la puerta abierta e inclina la cabeza hacia el piso”. 


Digamos que Había mucha neblina o humo o no sé qué son en realidad tres libros en uno. El primero vendría a ser el libro en el que la autora se regala el privilegio de estar al lado de Juan Rulfo para convertirse ella misma (casi) en un personaje más dentro del universo rulfiano. El segundo sería el libro histórico sobre el México flamante y poderoso de las carreteras y los programas de industrialización que terminarían castigando al mundo rural, ese que a juicio de Rivera Garza (y de tantos otros) acabaría por nutrir en definitiva la obra de Rulfo. Y el tercero, la biografía tradicional donde se arrojan datos puntuales como que Juan Rulfo se llamaba en realidad Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, y que era natural de Jalisco, y que era huérfano de padre y madre, y que amaba el alpinismo, y la fotografía, y la literatura nórdica, y etcétera.

Tres libros en uno, sí. Aunque quizás son más. Todos entrelazados, ligados y yuxtapuestos.

Ya desde la contratapa Rivera Garza advierte por dónde correrá el río para que después nadie trate de pescar en aguas revueltas: 
“Cada quien tiene su Rulfo privado”, escribe. “El mío, mi Rulfo mío de mí, está tan interesado en escribir una obra como preocupado por ganarse la vida”. La intención, entonces, era escribir sobre el Rulfoque la ha acompañado durante toda la vida, sacarlo de la maleta del tiempo, rendirle un homenaje en la antesala de su centenario. Que la Fundación Juan Rulfo haya descalificado recientemente el libro de Rivera Garza, al considerarlo difamatorio, se entiende poco.


“Hay muchos años de trabajo y cariño detrás de Había mucha neblina o humo o no sé qué. Más que un libro sobre Rulfo –lo he dicho ya varias veces en presentaciones y entrevistas– es un libro que, moviéndose alrededor o a través de Rulfo, invita al lector a tocar el territorio de un país en vilo”, escribió hace poco Rivera Garza en una carta a propósito del boicot y la censura. “Lean, cotejen, comparen, contrasten, regresen, subrayen, anoten, debatan –si fuera de su interés–disientan –si ese fuera el caso–. Las páginas son todas suyas. Supongo que es así que los libros van armando sus propias esferas de afecto”, remata. 
Bienvenidos, pues, al Rulfo ‘nuestro de nosotros’.

http://www.eltiempo.com/lecturas-dominicales/resena-del-libro-habia-mucha-neblina-o-humo-o-no-se-que-94108