domingo, 7 de septiembre de 2014

EL CUENTO COLOMBIANO POR ESTOS TIEMPOS



Empezare con una afirmación que trae Juan Gabriel Vásquez en un breve ensayo, quien la toma de Frank O´Connor, la cual es pertinente con referencia al cuento: “A diferencia de la novela, vive despegado de los grandes movimientos históricos o sociales; es un género de solitarios, de hombres sin paisaje colectivo, donde lo que se juegan los personajes pertenece casi al terreno de las revelaciones intimas ( Eso que Joyce llamó epifanías sigue estando presente en la poética de varios de estos cuentistas)” y que servirá de sustrato para hacer una breve indagación sobre la situación del cuento Colombiano.
La primera categorización: La provincia reverbera, hay en las regiones una verdadera revolución en materia de literatura, focalizada en el género del cuento: Movimientos, academia y grupos, además de los representantes connotados, tanto los de la vieja guardia como la generación nueva, interesante por demás pues ya se dan algunos resultados,  en todo caso, espero que  trasciendan sus límites espaciales. Y por la otra, aquellos escritores que ya rebasaron lo local y que hoy configuran el panorama del cuento colombiano, la nueva narrativa, con reconocimiento por fuera del país. Algunos puntos de convergencia: Es eminentemente urbana, intimista, acopia técnicas de vanguardia muy mezcladas con la manera del relatar del cine, cargada de influencias múltiples que van más allá de la propia literatura, en la mayoría de casos matizada por la violencia, desligada por completo de la generación del Boom pero, está lejos de alcanzar la importancia que tuvo esta generación excepcional, aunque vale la pena advertir que no la hereda, menos la padece, hay frescura en su labor, no están marcados.
Se han publicado varias antologías que de alguna manera constituyen un a priori para acercarnos al cuento y los cuentistas, al panorama general.  Luz Mery Giraldo, Héctor Abad Facio Lince, tienen aportes valiosos en este sentido y Juan Gabriel Vásquez ha escrito algunos ensayos muy lúcidos sobre el tema.
De hecho la generación de los cincuenta,  Cepeda Samudio, Gabriel García Márquez, Herazo, Hernando Téllez y Fuemmayor, Mejía Vallejo, quien está en la mitad, para hablar de los  representantes más importantes,  cortan con la tradición costumbrista: Marroquín, Adel López Gómez, Tomas Vargas Osorio, Eduardo Caballero Calderón, para citar algunos, esta generación que tuvo en mito su plataforma constituye un buen punto de partida para poder entender a cabalidad lo que pasó con el cuento colombiano a partir de los años setenta en adelante, hasta llegar al día de hoy,.
La generación de Collazos, Trueque, Burgos, Ruiz, Fayad, Darío Ruiz Gómez, Valverde, David Sánchez Juliao, Oscar Collazos, German Espinosa, Gustavo Gardiazabal, Roberto Burgos Cantor, entre otros, llamada generación del desencanto por los efectos del Boom y el universo Garciamarquezco, la cual ha  sido rescatada de ese olvido imperdonable que alguna vez tuvo, a esta le siguen un grupo de escritores variopintos por fuera del canon, pues responden a influencias y marcos creativos muy diferentes, que realmente evitaron a toda costa las influencias del Boom o no las reconocen o no la tienen en cuenta y quienes desde el paisaje urbano han creado las bases de una narrativa consolidada, pero que se calibra realmente a partir de los aportes individuales, es muy difícil de agrupar, casí que la crítica especializada nunca ha caído en este error.
Mendoza, Héctor Abad, Gamboa, Bradan, Marvel Moreno, Botero, Ungar, constituyen eso que yo llamo la última generación, de escritores solitarios, con temas urbanos, pero con genealogías e influencias muy diversas, marcados aún por la violencia, sobre todo aquella posterior al narcotráfico tenaz de los 60, que responde a variables novedosas, sin dejar de ser  intensa.  El cine, los escritores norteamericanos (Raymond Carver. Auster), el mundo digital, la literatura del comic y la misma televisión son influencias notorias y de alguna manera novedosas.
Por ejemplo, el texto “Las semillas del tiempo” compuesto por”Epifanos” textos breves, de Juan Carlos Botero, resulta ser un ejemplo de lo expresado. “Están inspirados en la obra de Ernst Hemingway e impregnados de la violencia que nunca falta en Colombia”. Al respecto de esta publicación el escritor expresó: "La violencia en mi país está dando lugar a un fecundo momento artístico: las artes en Colombia no son un escapismo sino una respuesta de vitalidad ante ella". los "epífanos" no son cuentos ni microrrelatos, sino "un género original y autosuficiente, necesario para la literatura". Al leer los cuentos completos de Hemingway, Botero (Bogotá, 1960) se topó con unos textos "muy breves y poderosos", que el autor de El viejo y el mar describía como "pequeñas granadas que estallan en la cabeza del lector".
Con respecto a Octavio Giraldo y Badran expresa Juan Gabriel Vasquez en un texto a manera de epilogo: “Y, si se me permite la gigantesca licencia poética de pensar que la cultura popular es un subgénero literario, se me permitirá también admirar sin reticencias esas dos maravillas que son “La magia del Joe Domínguez”, de Pedro Badrán, y “¿Recuerdas Staying Alive?”, de Octavio Escobar. Badrán, fiel a la tradición caribe, es un aventajado lector de Faulkner, y su cuento es capaz de reinventar el célebre narrador colectivo de “Una rosa para Emily” para contarnos el auge y caída de un narco de segunda división. En un párrafo de más de diez páginas, y con un sentido impecable de la oralidad[1]” que está lejanamente emparentado con Cabrera Infante, Escobar consigue una pequeña hazaña que ya ha conseguido otras veces: un canto generacional que navega sin estrellarse entre esas dos formas tan peligrosas del optimismo que son el gregarismo y la nostalgia”. La revista “Especulo” escribe sobre Octavio:  Una de sus obras destacadas es la recopilación de cuentos “De música ligera” que, con sus propias palabras, extraídas de una conversación que hoy les transcribo, constituye: “Grupos de cuentos estructurados alrededor del tema de la música popular, no porque los cuentos en sí se ocupen de la música popular, sino porque los personajes de cada uno de los cuentos tiene una canción, un motivo, un cantante que lo obsesiona, que tiene mucho que ver con su vida. El libro parte de la idea de que la música popular, como muchas otras formas de cultura popular, son muy importantes en la vida de las personas. Con mucha frecuencia he realizado trabajos donde cosas de la cultura popular tienen mucha relevancia en la vida de los personajes”. Que ratifican todo lo expuesto con respecto a las influencias y estructura narrativa de estos escritores, es completamente novedosa con respecto a lo que veníamos leyendo. Luz Mery Giraldo con referencia a la generación del 90 escribe: “Afirmamos que los noventa traen una interesante renovación del género: a las búsquedas y hallazgos anteriores se une la voluntad de recuperar la fábula o el contar convencional, siguiendo las pautas de la sucesión, economía, unidad, clímax y consolidación del efecto causado por lo que se cuenta. Queda atrás la valiosa y necesaria experimentación, la búsqueda de un lector atento que se detenga a descifrar códigos y atar cabos, tan propio de la novela experimental y aprovechado por algunos autores en la escritura de sus cuentos; se busca, pues, un lector cómplice que busque y encuentre en la forma sincrética y sintética un cielo perfectamente acabado y una historia sugestivamente contada”.
Pienso que el cuento colombiano pasa por un excelente momento. Los autores consagrados, me refiero a Gamboa, Mendoza, Franco, Juan Gabriel Vásquez, Constain, Ungar, Enrique Serrano, entre otros,  a los que se le agregaría otros, importantes, con trayectoria (Badran, Octavio Escobar)  aun no suficientemente reconocidos por fuera del país, que confirma el buen momento de nuestra narrativa, pues es un hecho que su producción está plena efervescencia.
Sobra decir que hay otros escritores, casí todos exiliados por voluntad propia, consagrados de igual manera, simplemente haciendo su trabajo solitario sin mayores estruendos, los cuales no podemos pasar por alto: Autores como Marco Tulio Aguilera Garramuño, Óscar Castro García, Eduardo García Aguilar, Julio Olaciregui y Ramón Illán Bacca, quienes nacieron de la mano del cuento y que tienen una obra que alumbra con luz propia, bien estructurada, seria y que hace parte indefectible de nuestra literatura, este sería casí un capítulo aparte, podría llamarla la literatura del exilio, para darle algún nombre.
Es un hecho que el trabajo de indagación siempre queda a medias, pero queda trabajar los autores de manera individual, espero terminar la labor, pero creo que este es un abrebocas a un tema de nuestra narrativa de suma importancia.

















[1] Pedro Badrán Padauí1, tomo los textos de cuentos El lugar difícil, Hotel Bellavista y otros cuentos del mar y la novela breve El día de la mudanza2

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