domingo, 14 de mayo de 2017

LA MARíA DE JORGE ISAACC


Contrario a lo que algunos críticos aducen, existen excelentes trabajos y ensayos sobre esta novela romántica del siglo XIX, la más emblemática del  genero en el continente americano en los últimos dos siglos, después de ciento cincuenta años, sigue leyéndose con la misma avidez que en los mejores años de promoción y reconocimiento a finales del siglo XIX, recordemos que el autor conoció y disfrutó las mieles del éxito editorial en la época de su edición, algo excepcional para un escritor Colombiano.  Su éxito se fue consolidando en toda  Latinoamérica, en algunos países se publicó por entregas, al mejor estilo del folletín, ganando lectores de manera exponencial, hasta convertirse un icono de la literatura. El autor abrevó en lo mejor del romanticismo Francés, su influencia es indeleble y de ello cuentan varios trabajos que describen esta genealogía.
Moreno Duran en un prologo de una edición especial señaló estas influencias: “Cierto es que en 1788 Bernardín de Saint-Pierre había expresado la misma esperanza en el proemio de Paul et Virginie —esa "tramoya bucólica", como la llamara Willi Hardt—, aunque también lo es que la reacción larmoyante era mucho más comprensible en la época del escritor francés que ochenta años después, en un valle idílico de la América meridional. La cuestión radica en que, por encima de los tópicos y las costumbres, más allá de las escuelas literarias y los cambios históricos, los lectores de María lograron satisfacer con creces los deseos del anónimo albacea literario de Isaacs. Porque la anécdota del libro, pese a estar narrada en primera persona por Efraín, le llega al lector a través de un no identificado intermediario que no sólo edita el manuscrito, sino que también escribe unas breves líneas introductorias en cuyo apartado final hace suyos los deseos del propio autor. No debe sorprender el uso de este recurso, también utilizado por Saint-Pierre y, antes que éste, por Goethe en su Werther, libro a cuya atmósfera sentimental no permaneció indiferente ningún escritor de las diversas promociones románticas. ¿Qué es en realidad María? La crónica de una muerte anunciada, apoyada en una feliz confluencia de préstamos autobiográficos y sublimaciones culturales”. La historia de la “María” repite recursos y tópicos de algunas obras del romanticismo Europeo con una simetría que impacta: Los amores contrariados e imposibles, el alejamiento en que se ven inmersos los dos protagonistas, la enfermedad y muerte de uno de ellos, el regreso intempestivo, la descripción de los paisajes….estos paralelos han sido relevados en muchos estudios: “Fue precisamente este aspecto de la novela el que provocó una discrepancia entre los críticos: mientras que algunos afirmaban el parentesco entre María y Paul et Virginie*, otros lo negaban, basándose sobre todo en el 'escrutinio' de la biblioteca del principal protagonista Efraín . El estudio más válido en cuanto a su argumentación, que al seguir la investigación de las influencias (sobre todo de Átala de Chateaubriand) sobrepasa las limitaciones de la perspectiva unilateral, es el ensayo de Enrique Anderson Imbert, insuperado en este aspecto desde hace más de treinta. Su buen discípulo es McGrady, quien, siguiendo las premisas básicas del maestro argentino, ejemplifica con citas idóneas los paralelismos entre el prólogo, la línea general de composición y ciertos pormenores del argumento y de la técnica de Paul et Virginie y la obra colombiana”[1]. Carmen De Mora es más puntual al respecto: “La crítica ha venido reiterando la filiación literaria francesa de la novela de Isaacs desde que por primera vez José María Vergara y Vergara pusiera de manifiesto su semejanza con Atala de Chateaubriand y con otras novelas de su especie, como Pablo y Virginia, de Bernardin de Saint-Pierre, y Graziella y Rafael, de A. de Lamartine”. Está claro que es harto conocida la anatomía de sus influencias más fuertes.
He visto pocos estudios sobre lo que significó para el lector común de la época esta novela, el impacto en el lector común, se puede afirmar sin lugar a dudas, que fue nuestro primer éxito editorial en toda Latinoamérica, se vendió y publicó en todo el continente por fuera de cualquier predicción, el autor gozó del reconocimiento de sus lectores. Sería bueno saber cómo fueron los itinerarios e impactos en cada país, las influencias que la obra dejó, al final, se puede afirmar que este libro es la última expresión seria y rigurosa del periodo romántico  y por supuesto, la más emblemática. Ahora que volví a leerla,  compruebo de manera directa las virtudes de la novela, nos atrapa  desde el primer párrafo, es impresionante, se deja leer con absoluto encanto, esto es lo que hace a una obra perdurable por fuera de todos los estudios sobre su composición e influencias. Cualquier lector desprevenido, sin ninguna prevención crítica la disfruta, es un texto cautivante y la historia pese a ser tan conocida, empezamos el texto sabiendo el final, nos mantiene atentos a lo largo de toda su lectura, la descripción de los paisajes impacta, de los personajes, las tensiones sobre las cuales gravita, se mantienen a lo largo de todo el relato. Encontré en el trabajo de Carmen De Mora, un referente a este tópico: “Más que rastrear semejanzas y paralelismos con las obras Francesas me interesa descubrir la verdadera autenticidad de “Maria” dentro de los limites de una moda literaria definida por Albèrès como «el culto de la emoción bajo el ropaje de la virtud», que amanece en el siglo XVIII y recorre todo el siglo XIX. Conmover al lector es la llave de oro de esta literatura, por eso escribe Isaacs en el prólogo refiriéndose a las páginas de la novela: «Leedlas, pues, y si suspendéis la lectura para llorar, ese llanto me probará que la he cumplido fielmente», en este catálogo se incluye María, novela que, al menos en parte, conserva elementos pertenecientes a esta tradición: el amor de la primera juventud, la amada como mujer ideal espiritualizada y pura, la separación y el obstáculo que impiden la felicidad de los amantes, el aura de fatalismo y el amor truncado por la muerte”.
“Isaacs publicó en vida tres ediciones de María supervisadas por él. La primera se editó en Bogotá, en la imprenta de Gaitán, en 1867; la segunda, a cargo de don Fernando Pontón, en la imprenta de Medardo Rivas, Bogotá, 1869. Ignacio Rodríguez Guerrero propone que debe ser tenida como tercera edición de la novela la de Santiago de Chile, de 1877, en la imprenta de Gutenberg; sin embargo, figura como tercera edición de María, la de Medardo Rivas, de 1878. En esta edición Isaacs anunciaba una definitiva para 1891 con anotaciones, adiciones y correcciones. Ésta sólo aparecería muchos años más tarde, en 1922 (Bogotá, Camacho Roldan y Tamayo), y por haber sido manipulada no es en absoluto fiable”[2].
Borges fue un defensor de la “María”  no solo desmintió a los críticos, sino que dio un testimonio personal a favor de la obra como lector, aún se cita de manera insistente, este es un juicio emblemático por la calidad de quien viene, es  un lector fuera de serie, constituye el mejor elogio y la confirmación de la importancia de esta novela en el contexto de las letras hispanoamericanas.
Está escrita en primera persona: “Era yo niño aún cuando me alejaron de la casa paterna para que diera principio a mis estudios en el colegio del doctor Lorenzo María Lleras, establecido en Bogotá hacía pocos años, y famoso en toda la República por aquel tiempo.
En la noche víspera de mi viaje, después de la velada, entró a mi cuarto una de mis hermanas, y sin decirme una sola palabra cariñosa, porque los sollozos le embargaban la voz, cortó de mi cabeza unos cabellos: cuando salió, habían rodado por mi cuello algunas lágrimas suyas”[3]. Desde el principio nos conecta directamente con la tragedia romántica que recorrerá todo el texto, se anticipa el peso inefable del destino, de lo inevitable, pese a ello, está enmarcada de simbolismos e idealismos sobre la virtud, el amor, la lealtad, la familia, la amistad, la responsabilidad. Después de comenzarla es difícil dejar el libro a un lado, está es una de sus mayores cualidades. La historia responde a un orden signado a este propósito: “El ritmo autobiográfico, alterado o no, es uniforme y permite seguir la trayectoria de Efraín desde su niñez y sus estudios en la capital hasta su regreso a la casa paterna, donde se enamora de María. El paulatino empeoramiento de la salud de ésta y la evocación de la enfermedad de su madre no le dejan duda al lector sobre el destino de la heroína, sobre todo si se tiene en cuenta que tal situación aparece subrayada por la irrupción de una ave negra, cuyo súbito vuelo en la plenitud de la noche roza la frente de Efraín (C. XV). Muchos episodios se suceden a partir de este primer llamado de alerta: los preparativos del viaje de Efraín a Europa y la repercusión que los mismos tienen en el ánimo de María se ven compensados en un hábil juego de alternancias con la evocación del frívolo pasado del trío compuesto por Carlos, Emigdio y Efraín. Sus aventuras y una cierta picaresca rompen eficazmente el crescendo dramático de la situación principal, a lo que se suma la anécdota de la doble sesión cinegética: la cacería del tigre y la del venado, excelentes pretextos para insertar algunos cuadros realistas. La segunda irrupción del ave negra (C. XXXIV) confirma en la simultaneidad del registro la creciente desgracia: es ahora María quien ve el ave, aunque en el mismo instante Efraín contempla los estragos que una carta produce en el ánimo de su padre: la amenaza de la ruina total”[4]. Está novela, que junto a “La Vorágine”, “Cien años de soledad” constituyeron durante mucho tiempo el trípode que nos ha servido de eje para cualquier análisis histórico sobre la novela Colombiana, representa la entrada a la literatura mundial, el principio de la modernización de nuestra narrativa, que después con Silva en la poesía  adquirió la madurez que hoy nos permite tener un lugar importante en el contexto de las letras del mundo. No sólo con el nobel y el Boom, sino con una pléyade de escritores de una importancia indiscutible: Germán Espinosa, Fernando Vallejo, Juan Gabriel Vásquez, Álvaro Mutis, para sólo citar algunos.  Lo más importante, volver a leer “La María”, vibrar de nuevo con esta hermosa historia.








[1] María de Jorge Isaacs ante la crítica. Thesauros tomo XXXVIII, Número 3 ELZBIETA SKLODOWSKA
[2] Carmen De Mora. En torno a Maria de Jorge Isaacs. Biblioteca virtual. Miguel De Cervantes.


[3] Primeros párrafos de la novela “La Maria”.

[4] Carmen De Mora. En torno a Maria de Jorge Isaacs. Biblioteca virtual. Miguel De Cervantes.

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