miércoles, 23 de julio de 2008

FERNANDO PESSOA

El poeta es un fingidor que finge constantemente, que hasta finge que es dolor, el dolor que en verdad siente.Y, en el dolor que han leído, a leer sus lectores vienen, no los dos que él ha tenido, sino sólo el que no tiene.Y así en la vida se mete, distrayendo a la razón, y gira, el tren de juguete que se llama el corazón.

"Hay que cultivar el olvido pues el destino no recuerda"


En Hispanoamérica el aniversario del natalicio de Pessoa pasó desapercibido. Este es un poeta excepcional, extraño y con una relación absolutamente encantadora con sus heterónimos. Saramago escribió una novela utilizando uno de estos personajes. “El año de la muerte de Ricardo Reis”, donde a través del mismo recurso crea un historia alucinante, pero que en esencia constituye un homenaje al poeta y su extraña relación con estos seres. Octavio Paz en el libro “Excursiones/incursiones escribió un ensayo lúcido y centrado sobre el poeta Portugués. Dice en uno de sus apartes: “Anglomano, miope, cortes, huidizo, vestido de obscuro, reticente, familiar, cosmopolita que predica el nacionalismo, investigador solemne de cosas fútiles, humorista, que nunca sonríe y nos hiela la sangre, inventor de otros poetas y destructor de si mismo, autor de paradojas claras como el agua y como ella, vertiginosas: fingir es conocerse, misterioso que no cultiva el misterio, misterioso como la luna del medio día, taciturno fantasma del medio portugués: ¿ Quien es Pessoa?”. “De día Pessoa se ganaba la vida como traductor. Por la noche escribía poesía. No escribía "su" propia poesía, sino la poesía de diversos autores ficticios, diferentes en voz, estilo y modos. Publicó bajo varios heterónimos (de los cuales los más importantes son Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Bernardo Soares), e incluso publicó críticas contra sus propias obras firmadas por sus heterónimos. Habiendo vivido la mayor parte de su juventud en Sudáfrica, donde estudió durante su juventud, la Lengua Inglesa tuvo importancia en su vida, pues Pessoa traducía, trabajaba y pensaba en ese idioma. La figura enigmática en que se convirtió motiva gran parte de los estudios sobre su vida y su obra. Murió por problemas hepáticos a los 47 años en la misma ciudad en que naciera, dejando una descomunal obra inédita que todavía suscita análisis y controversias. Paz dice en el ensayo citado con absoluta claridad: “ Pessoa significa "persona" : hay que sobrellevar el destino de ese nombre mientras se piensa que la personalidad es una falacia torturante o una convención vacía; cuando se tiene la convicción de que no es preciso conocerse, pero desconocerse apabulla. Quería sentir con la imaginación, porque la idea de actuar lo angustiaba de pereza, era, más que la polifonía verbal realizada, la encarnación literaria de un destacamento entero de personalidades, prueba de que las sombras y la enajenación no estaban reñidas con una mente constructiva rigurosa. En él arreciaba el temor a la locura: oía voces, sentía que el brazo se le volvía autónomo, lo llenaban de impulsos destructivos, eran nadie o se desdoblaba; se defendía estudiando pero más que nada escribiendo. Acechado por la locura, marcado por la muerte temprana de su padre, la aparición de un usurpador, el exilio inmediato del lugar y la lengua natales, alcohólico y cancerbero del fantasma de la homosexualidad, tradicionalista que languidecía por la ciudad moderna; hizo de la contradicción una vía.” Algunos versos suyos nos ayudarán a recordar su grandeza:

ABDICACIÓN
Tómame, oh noche eterna, en tus
brazos y llámame hijo.
Yo soy un rey que
voluntariamente abandoné mi
trono de ensueños y cansancios
. Mi espada, pesada en brazos
flojos, a manos viriles
y calmas entregué;
y mi cetro y corona yo los dejé
en la antecámara, hechos pedazos.
Mi cota de malla, tan inútil,
mis espuelas, de un tintineo tan fútil,
las dejé por la fría escalinata.
Desvestí la realeza, cuerpo y alma,
y regresé a la noche antigua y serena
como el paisaje al morir el día.

AH! LA ANGUSTIAAh!
La angustia, la abyecta rabia, la desesperación
De no yacer en mí mismo desnudo
Con ánimo de gritar, sin que sangre el seco corazón
En un último, austero alarido!
Hablo -las palabras que digo son nada más un sonido:
Sufro -Soy yo.
Ah, extraer de la música el secreto, el tono
De su alarido!
Ah, la furia -aflicción que grita en vano
Pues los gritos se tensan
Y alcanzan el silencio traído por el aire
En la noche, nada más allí!


EN LA GRAN OSCILACIÓN...
En la gran oscilación
Entre creer y no creer,
El corazón se trastorna
Lleno de nada saber
Y, ajeno a lo que sabía
Por no saber lo que es,
Sólo un instante le cabe
Que es el conocer la fe-
Fe que los astros conocen
Porque es la araña que está
En la tela que ellos tejen,
Y es vida que había ya.

1 comentario:

Enrique dijo...

Que bueno saber que las palabras nos son invalidas, grato leer las remembranzas de este heterónimo personaje.El mundo necesita más Pessoa,más poesía y menos ignominía.