martes, 12 de junio de 2007

ROBERTO BOLAÑOS



La obra de Bolaño, es absolutamente descomunal, permite pensar en un cambio sustancial y emblemático de la literatura Latinoamericana frente a una generación muy valiosa de los sesenta y setenta. Sin ningún temor, podemos establecer un rompimiento con el éxito del Boom que le precede. Carlos Huerga, con acierto, destaca uno de los aspectos más preponderantes de su obra, que son pertinentes traer a colación: “La voz narrativa es uno de los aspectos literarios más significativos en el escritor; es la base sobre la que se construye el mundo, la excusa perfecta para hacer literatura. La voz narrativa es la voz del Dios que permite nombrar las cosas y por tanto darlas vida, dotarlas de sentido. La voz narrativa no sólo configura el tono, la focalización y la estructura, también sustenta los cimientos sobre los que después apoyarse el resto de elementos técnicos que dan forma a la novela. Pero además, en Bolaño se trata siempre de una voz poderosa, desdoblada en una amplísima gama de personajes. Bajtin dijo que lo propio de la novela era la polifonía y Bolaño parecer corroborarlo totalmente.”, en los detectives salvajes y 2666, se configura de manera sublime este recurso, que marca la diferencia con la novela tradicional y convierte su lectura en una exploración permanente sobre los hechos y la estructura como mecanismo de instauración, en un doble juego, donde siempre aparece la literatura y la poesía como parte central en la historia, pero no como simple interpolación, sino como recurso implícito, que no solo es importante en el mundo narrativo, sino en la misma existencia de los personajes. Bolaño, rompe con el esquema racionalista Aristotélico, mira desde muchos ámbitos, sujeto a un solo principio, no existe paradigma, no hay esquemas que garanticen la veracidad de un pensamiento. Sus personajes, no están inscritos en ninguno de los modelos de la posmodernidad, parecen anacrónicos en principio, pero realmente están más cercanos al tipo de vanguardias, que hemos olvidado en estas épocas y que fueron muy importantes en la mitad del siglo pasado. Son novelas extensas, pero no pesadas, se dejan leer sin esa angustia que suscita algunas historias muy signadas por la gravitación de los hechos o de una historia, podrían incluso tomarse saltándose algunas paginas o subvirtiendo el orden, sin temo a perder su encanto. Cuando Carlos huerga dice que “Las novelas y los relatos de Bolaño están llenos de intertextualidad interna, de guiños al lector y de huecos que el propio lector debe recomponer. Así en Los detectives salvajes se van alternando las voces de los distintos personajes-narradores, con saltos e importantes elipsis, que lo hacen más interesante y enriquecedor, tal y como ya hicieron Joyce y Cortázar”, señala uno de los recursos más valiosos de este autor Chileno. Jaime Alejandro Rodríguez, hablando de la metaficcion, lo dice con mucha más claridad: «Ya no sólo se trata de la posibilidad de re-presentar el mundo de la ficción, sino de re-presentar el mundo como una gran ficción». Solo queda aconsejar su lectura y recomendar el libro que recopila sus columnas, “entre paréntesis”, donde entrega un visión muy particular de nuestras letras y permite obtener algunas claves de su mundo creativo

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