lunes, 27 de junio de 2011

EDWARD W SAID SOBRE EL EJERCICIO TARDIO

Ayer termine de leer este hermoso ensayo, que reposaba desde hace tiempo en mi mesa de noche en lista de espera, acto que es imperdonable teniendo en cuenta el deleite que significó degustar el texto, no solo por la profundidad de su autor al tratarlo desde una perspectiva estética amplia, sino por la prosa decantada.

El texto no fue publicado en vida y lo hizo el editor de los materiales recogidos, con la colaboración de su secretaria, Sandra Fahy y personas cercanas. Sobra recordar que Said, venía hablando del mismo en artículos y en muchas entrevistas, pues tenía una carrera con su enfermedad que le hacía apremiar por aquellos temas no resueltos, lo que hace que el proyecto sea un ejemplo de lo que el autor llama el ejercicio tardío.

“A tenor de lo que recuerdo, Edward incorporó este concepto-las obras tardías y el estilo tardío de escritores, músicos y otros artistas, -Adorno y lo tardío- a sus temas de conversación desde los 80, época en que empezó a mostrar interés y se sumió en su lectura” aclara en el prologo Mariam Said.

El libro empieza con una frase lapidaria de Samuel Beckett. “La muerte no nos ha exigido que le reservemos día”, adelante agrega: “Sin embargo, en ocasiones la muerte nos ronda desde cierta distancia y podemos ser conscientes de su espera”. En este preciso instante, en este estado de conciencia con la idea de lo mortal: “la naturaleza del tiempo se altera entonces, como un cambio de luz, por que el presente se ve acechado por otras épocas: el pasado revivido, o que tiende al olvido, el futuro inmensurable, el tiempo inimaginable más allá del tiempo. Inmersos en tales circunstancias alcanzamos las condiciones que recrean el sentido especial de lo tardío, que constituye el tema del libro.”

Que entendemos por lo tardío, en este caso. Se vale, para explicarlo, de los ejemplos que le sirven para tratar el tema. Adorno, Proust, Hopkins, del primero dice: “Cuando el narrador se siente al mismo tiempo hechizado por su reciente incursión en la recuperabilidad del pasado y angustiado ante los pocos años o meses que probablemente le quedan”.

Cita un poema de Hopkins. “Said piensa en los paisajes crepusculares que tanto gustan al poeta, en el invernal mundo que te pide excusas en mi triste nostalgia, entre suspiros, y, por encima de todo, quizá, en una imagen aterradora del sueño y muerte como nuestra única escapatoria de las súbitas caídas y del feroz tiempo de la mente:

Oh la mente, la mente tiene montañas; riscos del precipicio

Horribles, escarpados, insondables al hombre. Débilmente agarrado,

Nadie puede quedar colgado allí. Ni nuestra breve vida

Logra el subir o bajar. ¡Ea! Intenta trepar, desdichado,

Y abajo el torbellino te sirva de consuelo:

Toda la vida termina con la muerte y cada día muere con el sueño.

Adorno habla de paisaje fracturado, cuando el artista se enfrenta a los apremios del tiempo. Pero aclara:” El estilo tardío no puede ser un resultado directo del envejecimiento o la muerte, porque el estilo no es una criatura mortal, y las obras, y de modos muy distintos las obras de arte no tienen una vida orgánica que perder”. Pero aun así, Dice Michell Wod, en su introducción, “la proximidad de la muerte del artista se abre camino en las obras; y de modos muy distintos; las formas privilegiadas, son el anacronismo y la anomalía”.

La lista de autores tratados expresa la calidad de este ensayo, del ojo de su autor, el cual hemos leído con juicio y conocemos a cabalidad: Adorno, Thomas Mann, Richard Strauss, Jean Genet, Gisseppe Tomasí Di Lampedusa, K.P Kavafis, Sófocles, Shakespeare, Rembrandt, Matisse, Bach Wagner y Beethoven.

La relación entre la condición física y el estilo estético no es un tema irrelevante: “Así pues, la distinción importante es entre el reino de la naturaleza, por un lado, y la historia humana secular por el otro”. Dos problemáticas en esencia desarrolla en el ensayo: la primera es la “noción de principio”, el momento de nacimiento y origen, que en el contexto de la historia es todo el material utilizado para pensar en cómo determinado proceso, su creación e intuición, vida o proyecto se pone en marcha”. El tema ya fue tratado por Said en “ Beginnings: intention and método, desde la perspectiva histórica y cultural, trata de los diferentes ámbitos en que se podría mover un momento creativo: la era industrial, el periodo romántico……... y desde la perspectiva individual, que son los factores subjetivos que inciden en una obra: Emmanuel Kant tras leer a David Hume, despierta de su sopor dogmatico, la literatura occidental y hablando de la novela propiamente se desarrolla con la aparición de la burguesía”. Esta segunda, que es el tema del ensayo, habla de la creación tardía de la vida, del último periodo, en plena decadencia del cuerpo, el deterioro de la salud. Dice el autor. ¿Se vuelve uno más sabio con la edad y existen más cualidades únicas de percepción y forma que los artistas adquieren como resultado de la edad en la fase tardía de su carrera? Hallamos la noción aceptada de edad y sabiduría en las últimas obras de ciertos artistas que reflejan una madurez especial, un nuevo espíritu de reconciliación y serenidad expresado, a menudo, mediante una transfiguración milagrosa de la realidad común.

El autor señala los caso específicos de grandes obras creadas en el ocaso de la edad, tardías: “ La tempestad o el cuento de invierno en Shakespeare, Edipo en Colono de Sófocles, Verdi compuso Otelo y Falstaff, otros son más emblemáticos: Rembrandt y Matisse, Bach y Wagner.

El tema, tomado de Adorno “quien uso la expresión tardío de un modo memorable en un fragmento de un ensayo titulado-Spatstil Beethovens-fechado en 1037 e incluido en una recopilación de ensayos musicales publicada en 1964, libro sobre Beethoven publicado póstumamente. Para Adorno, mucho más que para cualquier otro estudiosos, las composiciones que pertenecen al tercer periodo del compositor: “ Las cinco últimas sonatas para piano, la novena sinfonía, la misa solemnis, los seis últimos cuartetos para cuerda, las diecisiete bagatelas para piano, constituyen ejemplo absoluto del ejercicio tardío. ”Para Adorno la figura del compositor aislado, sordo y anciano resultó tan convincente como símbolo cultural que incluso apareció como parte de la contribución del filosofo al Doktor Faustus de Thomas Mann, en el que el joven Adrian Leverkuhn queda impresionado por una conferencia sobre el periodo final de Beethoven”. Remata el autor, refiriéndose al estudio de Adorno: “De hecho los estudios sobre el Beethoven más tardío casi siempre hacen referencia a su biografía y destino. Es así como enfrentado a la dignidad de la muerte humana, la teoría del arte se despojará de sus derechos y abdicará a favor de la realidad. El estilo tardío es lo que ocurre si el arte no abdica de sus derechos, en favor de la realidad”. Adelante agrega: Lo que fascino a Adorno de la obra tardía de Beethoven es su carácter episódico, su aparente indiferencia por su propia continuidad. Sostiene la tesis de que todo esto se basa en dos factores. En primer lugar afirma que, cuando era un compositor joven, la obra de Beethoven, era un todo vigoroso y orgánicamente entero, mientras que ahora se ha vuelto más caprichosa y excéntrica; y en segundo lugar que como anciano que se enfrentaba a la muerte, Beethoven se da cuenta de que su obra proclama, tal como afirma Rose Subotnik, que no es concebible una síntesis, los restos de una síntesis, el vestigio de un tema humano sentimental profundamente consciente del tema de la totalidad; y por consiguiente de la supervivencia, que le ha dado siempre”. Remata el autor. “Lo que Adorno describe aquí es la forma en que Beethoven parece habitar sus obras tardías, como una personalidad que se lamenta y luego deja la obra o las frases incompletas, como si las abandonará de un modo abrupto, al igual que en los primeros compases del cuarteto en fa mayor o el la menor. La sensación de abandono es especialmente aguda en comparación con la cualidad impecable de las obras del segundo periodo, como la quinta sinfonía, en la que, en momento como el final del cuarto movimiento, uno tiene la sensación de que Beethoven no puede apartarse de la pieza. Así para concluir, Adorno dice que el estilo de las obras es, a un tiempo, objetivo y subjetivo:

Objetivo es el paisaje fracturado, subjetiva es la luz en la que, sola brilla y adquiere vida. Beethoven no propicia su síntesis armoniosa. Como poder de disociación, la divide con el fin, tal vez, de preservarlos para la eternidad. En la historia del arte las obras tardías son la catástrofe”.

Para Adorno lo tardío es la idea de sobrevivir más allá de lo que resulta aceptable y normal. Remata diciendo, que Schonberg- creador de la música dodecafónica- prolongo en lo esencial las irreconcibiabilidades, negaciones e inmovilidades del Beethoven tardio.

A partir de este momento Said, hace un análisis del propio Adorno y el desarrollo de su obra tardía en relación con su propia teoría.

El libro tiene variaciones sobre un mismo tema: ¡.- “ Lo pertinente y lo tardío. 2.- Regreso al siglo XVIII, Cassi fan tutte al límite, en torno a Jean Genet, un viejo orden persistente, él virtuoso como intelectual, atisbos de estilo tardío.

Que buen libro, publicado por editorial Debate, 227 páginas para degustar.















1 comentario:

canticoprimaveral dijo...

Hemos estado dialogando sobre "el ejercicio tardío" este último mes de trabajo.
Creo que lo has colgado en la red, merced a estas tertulias.
¡Que sabroso este tema! Edward W Said, es el recomendado para todos.
Y aunque sea tardío, pienso que es pertinente a más de presentar mis poemas en canticoprimaveral, editarlos fisicamente, para que queden para la humanidad.