domingo, 5 de marzo de 2017

ANDRES CAICEDO Y EL CINE

La relación de Andrés con el cine era total, pienso que desde esta abordó todo el mundo estético que le conocemos, la literatura, su papel como crítico, su actitud como lector, su relación con Cali, tan especial y emblemática; el mundo de amigos, escasos pero a los que se ligó en proyectos inimaginables, como el cineclub, para sólo citar un ejemplo. Se cumple un aniversario más de su muerte, continua siendo estudiado con mucho juicio, tanto por la academia como por autores independientes en todo el mundo, es un escritor de culto, que parece ascender con el tiempo, en cada mirada que hacemos nos sorprende de sobremanera, como sí se renovara, tal vez sea por la calidad y obsesión con que asumió todo lo que hizo y definitivamente por la huella de una obra que confirma cada uno de sus elogios, simplemente quisiera hablar de un tópico, el cine, desde la perspectiva de un admirador más, sin pretensiones críticas.
La vida de Andrés hace parte de su obra, cuando uno se sienta a escrutarla en la infinidad de trabajos, en las entrevistas a sus amigos, en los documentales,  en las diferentes entrevistas hechas a su hermana, quien se ha dedicado preservar su obra y memoria, a través de sus cartas, confirma que  siempre se preocupó por dejar un rastro indeleble de lo que hizo, como parte del plan inmodificable que tenía para su vida, anticipándose a todo lo que pasaría con su obra. Para nadie es un descubrimiento su obsesión con el cine, más bien es imposible hablar de Andrés sin referirse a este tópico tan importante. Sandro Romero Rey, uno de los estudiosos más rigurosos de su obra en su texto empieza con una obertura que me parece ineludible: “El 4 de marzo de 1977, Andrés Caicedo Estela se quedó dormido para siempre sobre su máquina de escribir. Se había tomado una sobredosis de somníferos, y ponía fin a sus días, tras una discusión definitiva con su amiga Patricia Restrepo. Treinta años después, el 3 de febrero de 2007, el director de cine Carlos Mayolo, compañero de cinefilia y con quien había dirigido la película inacabada Angelita y Miguel Angel, moría de un infarto en su apartamento en Bogotá. La muerte abre y cierra los ciclos. Inaugura y acaba generaciones, inicia y concluye capítulos. Los que quedamos, los testigos, tratamos de darle una razón y una explicación a lo inevitable. Pero la muerte siempre termina triunfando”. Su obra parece refutar este hecho, Andrés sabía que su obra está por encima de eso que llamamos existencia, perdura. Sandro Romero, quien prologa su texto: “Ojo al cine” escribe: En los años setenta nació en Cali uno de los cinclubes de mayor importancia a nivel nacional, no sólo por su trabajo sistemático y develador, sino por la obsesiva fascinación temática que envolvía a sus miembros. El cine club de Cali fue fundado por un jovencito lewisiano y gruesas gafas llamado Andrés Caicedo el 29 de Setiembre de 1951 y muerto por sus propios medios el 4 de Marzo de 1977. Durante 25 años, Andrés no paso un solo minuto de su vida sin dejar pensar en el cine”[1]. Su trabajo es tomado de sus columnas en la ciudad de Cali, bajo el titulo “Cine y filo” y luego “Ojo al cine”, los folletos entregados en el teatro San Fernando de Cali los sábados.






Se les llamó el Grupo de Cali. “Con esta apelación se ha denominado un movimiento cinematográficoliterario nacido en la ciudad de Cali en los años setenta y que sin manifiesto alguno desarrolló un trabajo colectivo: La denominación fue necesaria para referirse a la trascendencia que iban adquiriendo las obras y andanzas de unos pocos buenos amigos caleños: Andrés Caicedo, Carlos Mayolo y Luis Ospina, inicialmente [...] Iconoclastas, intelectuales, adolescentes perpetuos, cinéfilos obsesivos, influidos por el pensamiento y las utopías de la década del sesenta (la Revolución Cubana, Mayo del 68, ‘Sex, Drugs and Rock & Roll’, viviendo en el ojo de huracán de las convulsiones contemporáneas, pero perdidos, como todos, en una esquina del Tercer Mundo. Ospina y Mayolo empiezan a hacer un cine que corresponde a las inquietudes políticas de la época (Hoyos, 1994: 169)”[1].  “Luego de su muerte voluntaria, un grupo de amigos y familiares comenzó la tarea de recoger y organizar todo el material inédito que Caicedo había escrito. Como fruto de este trabajo surgió la colección de cuentos Destinitos fatales, y otra con el nombre de Angelitos Empantanados; así mismo algunas piezas teatrales agrupadas con el título de Teatro. Ojo al cine, libro que contiene todos los textos sobre cine que Caicedo publicó en vida”, texto que recoge en esencia todo lo que escribió sobre cine, que responde a  su desmesura y precocidad de cinefago, que “forjó una cantidad considerable de obsesivos espectadores caleños” y que hoy lo ha convertido en un autor de culto, que nos sigue sorprendiendo todos los días".
Sus columnas de cine son de igual manera un pretexto para hacer buena literatura, pues en ellas va develando su mundo, sus tics literarios, aquellos aspectos autobiográficos que iba incorporando de manera encubierta en sus textos, todos articulados al film que reseñaba, en un ejercicio constante y cada vez más serio, pues iba aprendiendo la técnica, el mundo del cine con sus infinitas variables e historia, papel divulgador que nunca le impidió comentar desde una perspectiva muy personal, con eso que llamamos, ojo crítico, todo lo que pasaba en el séptimo arte, siempre con un carácter didáctico tendiente a incorporar a la ciudad en este mundo.
Edwin Carvajal en trabajo publicado en red afirma con mucha lucidez sobre el texto “Ojo al cine” que contiene toda su obra sobre el cine: “Un mérito que se le concede al texto es la presentación que hacen los compiladores. Al inicio de cada capítulo, se traen historias y anécdotas que antecedieron la creación de los artículos, así como la motivación que Caicedo manifestaba por algunos géneros en particular en el cine o por determinados detalles en la proyección de las películas. Igualmente es valioso el índice analítico al final del texto como una ayuda para los lectores que desean buscar desde el título de una película hasta el nombre de actores, actrices o directores de la época”[1]. Esta relación con el cine, fundamental, de encuentros y des-encuentros, tiene una historia muy particular, en la proxima entrega la completaré para darle cierre a este pequeño aporte.













[1] Edwin Carvajal. Sobre “Oojo al cine”
file:///C:/Users/ANA%20ISABEL/Documents/LITERATURA/Sobre%20ojo%20al%20cine.pdf



[1] Joaquín Llorca. Cine, ciudad y arquitectura, apuntes metodológicos. El caso de El grupo de Cali




[1] Ojo al cine. Editorial Norma. Bibloteca Andres Caicedo. Prologo de Sandro Romero Rey. Pag 17