lunes, 13 de marzo de 2017

UN ENCUENTRO INESPERADO ( RELATO PRIMERA PARTE)

Íbamos por un jugo natural especial, mi hija menor es diabética y desde que apareció un franquicia en el mercado colombiano con el nombre de “Cosechas”, la ciudad  se llenó de locales comerciales ofreciendo jugos naturales, hechos con frutas orgánicas y en condiciones que según ella respondían mucho más a las exigencias de su dieta. Cuando había dinero en la tarde era casi de rutina salir a buscar un local de estos. El día que conocí a Mara cumplía con ese itinerario, por alguna razón no fuimos al mismo sitio de siempre y de pronto estábamos en un local más lejos, nuevo para nosotros, pidiendo el susodicho jugo e impresionados por esta mujer bella que nos atendía, espontanea, y de alguna manera intuíamos tenía un universo inmenso, más allá de lo que uno supone en razón del lugar. Mi hija saborea estos jugos con jubilo, sublimiza el momento, los degusta con absoluto encanto, no importa que los tome todos los días, cada vez que lo hace, los disfruta como si fuera la primera vez, exagera sus gestos, abre los ojos; de hecho, ella que tiene una dieta tan restrictiva valora mucho estos momentos, los disfruta de sobremanera. Mientras toma su jugo me mira y me habla, para ella es muy importante que yo le preste atención, se irrita cuando no le contesto o no le sigo la charla, de pronto, me dijo.......Papi te estoy hablando, ahora la miras, me dice con una sonrisa irónica, estaba seriamente distraído viendo a Mara moverse como una gacela atendiendo a los clientes, atenta, pero no servil, puntual, nunca iba más allá de lo comercial y nunca pierde el orden, es exacta. La manos de Mara siempre me han impresionado, son mucho más que unas manos, ahí parece estar su mundo contenido, su vida, las expectativas que valen la pena, lo importante para ella. No sé cómo pasó, ni a qué hora, estábamos hablando de pintura, del arte figurativo, de la universidad de los Andes, de lo que le inquieta del arte contemporáneo con sus instalaciones y vanguardias, no podía creerlo, estaba con una pintora, que ahora por razones inexplicables, estaba sirviendo jugos en un lugar recóndito de Medellín, alejada de su mundo, rememorando todo lo que le importa realmente, lo hacía sin arrepentimientos, más bien con nostalgias por los amores con el arte arrinconados gracias a las vicisitudes de la vida. Desde ese día la visitamos habitualmente, rememoraba en cada encuentro, que la mayoría de pintores tienen experiencias de este tipo, desde ese día volví a los libros de arte, pensaba que es una constante histórica el hecho que la suerte de los pintores siempre está supeditada a un mecenas, que ahora paradójicamente se llama mercado, al final, es la capacidad para vender obra a una élite específica los que los hace importantes en el mundo comercial, tiene que ver al final mucho con las influencias, con la lagartería. Mara, nacida en Cali Colombia, había estudiado arte en la mejor universidad del país, tubo los mejores maestros y por lo tanto las mejores experiencias, vivió en Europa, cuando recordaba estos recorridos, sus ojos adquirían una matiz de nostalgia que difícilmente podía disimular. En cada visita que le hacíamos al negocio, conversábamos sobre todas aquellas afinidades que hoy nos unen, pero al final siempre terminaba mirando esas manos, que parecían hablar, que decían mucho de ella, cuando salía del local, me obsesionaba con sus movimientos, eran como portadoras de una sabiduría formal inocultable para el común de los mortales, como ocultando una sensibilidad extraordinaria. Recodé lo que significan las manos para un pintor, la obsesión de Leonardo Da Vinci con las manos…..En Mara, sus mano parecen hablar, suaves, sus dedos como de pianista se mantienen firmes, en una especie de contención inexplicable, listos para expresar. De pronto, quise conocer su obra, no sabía cómo decirle, conozco las estrechas y tensas relaciones entre la obra de un artista y su vida, en ella se traducen muchos de las emociones y las vicisitudes de su existencia, muchas veces no les gusta mostrar sus cuadros por lo que puedan expresar, no sabía si este era el caso de Mara. Por circunstancias especiales conocí su mejor obra, sus hijos, Andrea una niña con una dulzura  y sensibilidad extraordinaria, muy alta para su edad, sus ojos son intensos, tiene una delicadeza que me recuerda ciertas damas descritas por Alejandro Dumas en sus novelas más emblemáticas, enamorada de la vida, llena de expectativas. Nicolás, es un muchacho diferente a todo lo que conozco, dulce pero serio, amable, respetuoso, parco, pero no es tímido, habla lo necesario, pero cuando lo hace, deja ver toda su sabiduría y orden mental. Estudia veterinaria, pero su ilusión es ser médico, trabaja incansablemente para este sueño, que estoy seguro cumplirá.
Algún día, después de haber compartido muchos momentos con Mara, Andrea, Nicolas y mis hijos, termine en su casa. Nunca había perdido el deseo de conocer su obra, más bien estaba esperando el momento, que se me presentó de súbito, como todo lo grande de la vida.  Quede impertérrito, sabía que ese ser y esas manos, estaban por fuera del común de los mortales. Su oleos, con una fuerza tenaz, me trajeron a colación desde Miguel Ángel y algunos artistas del manierismo florentino como Rosso y Bronzino; hasta Diego Velásquez, Rembrandt, Francis Bacon,  Roberto Matta, Willem de Kooning, Goya, entre muchos otros, artistas que no había vuelto a tocar, que había abandonado por mi obsesión con la literatura. Era un hecho, su pintura expresa muchas influencias, un recorrido, evoca momentos específicos del arte Colombiano,la pintura de ciertos artistas norteamericanos del sesenta, su lectura está llena de sorpresas, hay un universo completo en estos oleos,  confirme que tenía una persona especial, no sabía qué hacer, raras veces tiene uno sorpresas tan bellas en la vida, estaba alegre y sabía que este ser estaba haciendo con su vida lo que no le corresponde, las razones las desconocía, pero ahí estaba su obra, como un faro, para repetirme esta verdad.