Es un hecho que a medida que avanzamos en la vida, nos enfrentamos a diversas situaciones que requieren juicio y comprensión de las consecuencias que nuestras decisiones traen consigo. Equivocarnos al respecto significa no poder dar vuelta a lineamientos que harán de la existencia una locura o un entorno de coherencia y felicidad. Siempre que salgo de la biblioteca EPM de Medellín, donde trabajo habitualmente en mis procesos de creación, entre libros y tertulias constructivas, después de cuatro o cinco horas de lectura, camino mas o menos diez minutos, para llegar al barrio conquistadores, concretamente a la tienda de David. Allí siempre hay excelentes conversaciones en el ámbito más coloquial y cercano sin mayores expectativas que pasar un buen rato. Son charlas espontaneas, pero eso, no las hace aburridas ni menos, banales. Sentado en un muro cualquiera conocí a Sergio, Frank y Juan Carlos, funcionarios públicos. Al oírlos siempre con alusiones sobre lo que pasa en esta país, con mucha ironía y escepticismo, supe que estaba con personas inteligentes. Asumí que la psiquis de estos servidores públicos, estaba cargada de mucha incredulidad y pesimismo al enfrentar a diario verdaderas locuras, corrupción y violencia en un país que se desangra impunemente y donde al final no pasa nada, todo sigue igual a pesar de los muertos.
Hay casualidades que valen la pena. Esta es una de ellas. Quiero escribir sobre Sergio y una decisión que marco su vida. Nació en Santa Rosa de Osos. Está localizado en la subregión norte del departamento de Antioquia. tiene una extensión de 812 km². Su cabecera municipal está ubicada a 2550 m s. n. m. y dista 74 kilómetros de la ciudad de Medellín. Esta zona es un relevante centro de producción agrícola, ganadera, industrial y energética, además de ser la más poblada y menos extensa del Norte antioqueño. Su altura y su temperatura media de 13.3 °C, lo convierten en uno de los municipios más altos y fríos del departamento. En este municipio se crio Sergio. Su entorno fue muy familiar y rodeado no solo de familia católica hasta tuétano, sino en un entorno de compromiso permanente con la iglesia, que generó en mi amigo siempre la expectativa de entregarle la vida a Dios con todo lo que lo implica, alistarse, iniciar la fase Propedéutica, en este lapso. Se trata de un verdadero y propio tiempo de discernimiento vocacional realizado en el contexto de vida comunitaria y como verdadera iniciación a las etapas sucesivas. Con estos elementos y la ayuda del director de la etapa, de los demás formadores y los agentes de la formación vinculados a este proceso, el seminarista discierne la conveniencia de continuar el camino de la formación sacerdotal o de emprender uno distinto.
Sergio se crio entre misas, rosarios, procesiones, rituales cristianos, tíos curas, todo sumado, le hacía pensar siempre en su vocación, estaba marcado por un especie de huella indeleble que le permitía asegurar su vida y fe al servicio sin dilaciones del ministerio. Ahora que vive en Medellín con una vida tranquila, ejerciendo su profesión sin mayores problemas, dedicado por mucho tiempo al mundo de la finanzas y por lo tanto conoce las trampas de un sistema voraz y frio, donde no hay compasión, piensa como llegó a renunciar a una vocación y servicio que parecía no tenia reversa.
Santa Rosa es un pueblo tranquilo, su familia fue siempre bien alineada y realmente sin ser adinerados nunca les falto nada. El seminario mayor representa para este municipio un símbolo y una marca espiritual que lo enaltece. Por su puesto esto no quiere decir que es tierra de Santos. Allí esta también la huella de una país violento, corrupto, bebedor en exceso y rumbero a morir.
Decidió en una etapa importante de su vida, en plena juventud, entrar al seminario, parecía la decisión más importante de su vida. La literatura tiene ejemplos de la toma de decisiones que marcan toda una historia y vida. Recuerdo Antígona de Sófocles, donde la protagonista debe elegir entre seguir la ley del rey Creonte o cumplir con su deber familiar al enterrar a su hermano. En el cine recuerdo como Atticus Finch en "Matar a un ruiseñor" o el capitán Miller en "Rescatando al soldado Ryan", se enfrentan a dilemas morales que reflejan decisiones difíciles en el mundo real. No solo frente a hechos trascendentales nos enfrentamos a un problema moral, en ocasiones tienen que ver con todo lo que pasará en la vida en el futuro, como si la definición apuntalara nuestro destino.
Sergio entro al seminario, el ciclo le permitiría diferenciar entre devoción y vocación. Allí debería asentar bases sólidas para la vida espiritual y favorecer el autoconocimiento, en orden a su desarrollo humano y cristiano, basado en procesos perfectamente predeterminados para aceptar o rechazar una vocación. El Seminario es un tiempo y un espacio dedicado a la formación de los futuros sacerdotes, que con la ayuda de la Iglesia en la persona de los formadores, los candidatos al ministerio sacerdotal disciernen su vocación y responden al llamado de Dios. Su arquitectura, su pedagogía, los espacios abiertos, los silencios y rituales responden a la búsqueda de Dios y a una alianza futura con la divinidad. De Aristóteles y un filosofo árabe, trabaje el concepto de la relación del uno y el todo, del ser y la divinidad para los cristianos. La unidad es un concepto fundamental en la filosofía que abarca una amplia gama de significados y aplicaciones en diferentes contextos filosóficos. En su esencia, la unidad se refiere a la cualidad de ser uno, completo o indivisible, y puede aplicarse a diversos aspectos de la realidad, la experiencia humana y el pensamiento filosófico. Durante el tiempo de seminario, cada uno asume el llamado de Dios, para estar con Él.
Sergio contrario a todas la denuncias que se han producido en los últimos 25 años, sobre pederastia, corrupción y abusos de padres de la iglesia, en su paso por el seminario de Santa Rosa de Osos, nunca vio algo parecido. Padres y rectores estrictos, disciplina, exceso de ritualidad, buenos y malos compañeros, excelentes profesores de gramática y formación humana excelsa. Cuando pienso en seminarios traigo a colación el palacio escorial construido por Felipe II, cuando se visita, como cuando lo hacemos en Roma y vemos la capilla Sixtina, pensamos de inmediato en la divinidad. La arquitectura parece confirmar su existencia.
No se a cabalidad cuantos años pasó Sergio en este sitio. Descubrir la diferencia entre devoción y vocación creo que fue fundamental. Al poco tiempo de decidir sobre sí se alistaría. Llegó al seminario un padre, Jesús Armando, que se parecía más al che Guevara, que al propio Pedro, o San Juan el bautista. Con absoluta sabiduría, un noche cualquiera, junto con unos compañeros se los llevo a la cancha de Futbol, con una de Ron en la mano, unos cuantos tabacos, quería conversar lo que para él, significaba ser sacerdote desde una perspectiva absolutamente humana. La charla se matizo con todo menos con frases persuasivas o ejemplos de vocación, sino más bien desde lo que significa vivir en cristo y asumir un compromiso como el que iban a tomar. San Agustín en las confesiones escribía: Dios mío, ayúdame a conocerte y a amarte, para que pueda encontrar verdadera felicidad. Temprano, después de libar con el cura, entendió que pese a ser un excelente cristiano, no tenía vocación y que su vida tendría otro destino. Sergio piensa que esta fue una de las mejores decisiones de su vida y elucidaciones. Tomada desde la comprensión existencial de lo que significa mi vida y el mundo, el entorno y lo que soy.
Después en su propio Bar, en el centro del municipio, se encontró con el cura Armando, que más bien parecía haberse leído a todo Sartre, Camus, la teología de la liberación e incluso al cura Camilo Torres. En Blue Bar, acabó de entender lo que había significado la respuesta de no atender el llamado al sacerdocio. Recuerdo que el filosofo Rumano Cioran decía: "Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar". No se que significa la felicidad para Sergio, pero estoy absolutamente convencido que no es un hombre infeliz.