Conocí a Hernán entre aquellas rutinas de la vida llenas de cierta displicencia. La vida en ocasiones está sometida a vacíos inexplicables que nos conmueven y llenamos con la vuelta a los espacios que de alguna manera tienen un valor existencial para nosotros. Siempre recurrimos a las nostalgias como un recurso. Por gracia de cierto irracionalismo, nunca nos llenan del todo, pero son un consuelo en algunos momentos. Viviendo en Envigado un municipio del área metropolitana de Medellín, Hernán, casi todos los días llega al Barrio conquistadores, muy lejos de donde vive. La soledad es un concepto que puede abordarse desde distintas áreas del conocimiento, a decir: psicología, sociología, antropología, biología, el derecho. Sin embargo mi interés es comenzar por demarcarla específicamente en el terreno filosófico, observando a un hombre recostado en un muro, cerca del parque del rio de la ciudad, mientras fuma en una actitud que me recuerda a muchos pensadores.
Hernán parece un personaje cinematográfico. Carmen Posadas escribió con mucha lucidez: " “A fumar –como a besar– todos hemos aprendido con las películas, porque, mucho antes de estrenarse con un verdadero Lucky Strike a lo James Dean o una Sobrani a lo Audrey Hepburn, ya practicábamos a escondidas y ante el espejo: ‘¿Quieres fuego muñeca?’…”. Y seguía: “Me llamo John Wayne, me llamo James Dean, me llamo Cary Grant o, mejor aún –mi héroe fumador favorito–, me llamo Clint Eastwood y muerdo Mecarillos con las mandíbulas apretadas y los ojos achinados para que no me deslumbre el resplandor del desierto de Arizona… Me llamo Marlene Dietrich, me llamo Ingrid Bergman o, más probablemente, me llamo Lauren Bacall porque nadie ha sabido fumar como ella “the look that smokes” y así quería ser yo de mayor…. Hernán llega a la tienda de David, con tres paquetes de cigarrillos, saluda, compra un lata de gaseosa, se aleja a un garaje y prende el cigarrillo en una actitud meditativa, que me recuerda la emblemática película Casablanca.
He hablado tres o cuatro veces con mi amigo. Me encontré con un ser pragmático, tranquilo, de conceptos cortos pero certeros. El venir al barrio parece una terapia que lo recarga y le permite sobrevivir a una ciudad, como casi todas ellas, caótica, pero que al final es nuestra casa. Hannah Arendt, considera la soledad como un espacio para la reflexión y el dialogo interno, lo que es posibilitante de la construcción de una relación intelectiva pero a su vez intima; Foucault concibe que la soledad puede ser usada como practica disciplinaria, advierte que es posible hacer uso de ella como herramienta de control(como en el aislamiento a una persona), pero a su vez la considera también como un espacio de resistencia a los dispositivos de poder y de posibilidad autodefinición del individuo; por ultimo para Simone Weil la soledad es un espacio vital para la oración y relacionarse con lo divino, es por medio de ella que se logra una pureza de pensamiento y una comunión con lo absoluto. No se, si es un oxímoron, pero la soledad no tiene nada que ver con sentirse sólo. Es un acto meditativo por naturaleza, una búsqueda de sentido en el peor de los casos, una forma de afirmar la existencia.
Hernán me despertó con su actitud estas reflexiones que no pretenden otra cosa que hacer un reconocimiento. No solo a través de las palabras aprendemos, también con la contemplación, así sea la de ver un hombre fumando en un muro mientras piensa en silencio, esta figura, me llevo a realizar este escrito.
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