viernes, 6 de febrero de 2026

LOS HARLISTAS DE CONQUISTADORES MEDELLÍN


 La Harley Davidson nació en 1903 en un cobertizo de madera donde el papá de los hermanos Arthur y Walter Davidson montó un taller para que pudieran construir su primera bicicleta motorizada en compañía de su amigo William Harley. El lugar, bautizado como La Choza, actualmente es un sitio de peregrinaje obligado para los harlistas de todo el mundo. 

Poco tiempo después, los amigos se animaron a fabricar su primera moto. No tenía mucha potencia y sólo alcanzaba 56 kilómetros por hora, pero pudieron venderla por 200 dólares a un amigo de la familia que con ella se destacó después en las competencias. 

Cuando una de sus primeras motos Harley Davidson ganó una carrera, los amigos comenzaron a vender la idea de que sus vehículos de dos ruedas tenían el motor más poderoso disponible en el mercado. 

Pero el Harlismo es mucho más complejo, está por fuera de los formalismo en que lo ha clasificado  él común de los mortales. Es amistad, cofradía, complicidades alrededor de una actitud frente a la  vida, es pundonor y sobre todo solidaridad. Todo alrededor de una maquina poderosa que es sinónimo de libertad. En el barrio conquistadores de Medellín, en una casa de la vieja burguesía empresarial de esta ciudad, se reúnen un grupo de Harlistas que relevan su condición que supera definitivamente las rutinas de una sociedad de consumo completamente arribista. Ellos son otra cosa, diferentes, de alguna manera, contestatarios y con un acuerdo que es como una huella indeleble, respetar el desacuerdo, la diferencia y el libre albedrio.

Para Nietzsche, la libertad no se reduce a la simple capacidad de hacer lo que uno quiere. Más bien, implica un proceso continuo de autoafirmación y superación. La libertad es vista como la capacidad de crear y dar forma a la propia vida, superando las limitaciones impuestas por la cultura y la moralidad convencional. Ellos parecen haber leído con sus actitudes que los convoca, alrededor de un buen Habano, una cerveza, los presupuestos de este excelente filósofo. 

Siempre están acompañados por bellas e inteligentes mujeres, me recuerdan la actitud rebelde que asumen desde las grandes novelas. La compañía femenina en la literatura ha sido un tema de gran relevancia a lo largo de la historia. Las mujeres han luchado por encontrar su voz y su lugar en la literatura, desafiando los estereotipos de género y explorando temas relacionados con la identidad, el amor, la sexualidad y la lucha por la igualdad de género. Las escritoras han utilizado la literatura como una forma de expresión y resistencia, creando personajes femeninos complejos y realistas que desafían los roles tradicionales asignados a las mujeres. Las mujeres de mis amigos, son esto y algo más. Denotan mucha personalidad y son diferente a todo lo que conozco.

Estos amigos me recuerdan las aves migratorias, las gaviotas, cuando se posesionan de sus maquinas, como posesos enloquecidos, lo que los definen es la ansiedad por la libertad y el vuelo poético que no mide distancias y menos limites. Es un encuentro con el viento, es mirar pasar el mundo en su sentido más efímero. Creo que es pensar desde otros ámbitos, por fuera de lo común y lo evidente.

He charlado casualmente con Jordi mi amigo Español, Andrés el anestesiólogo, Santiago 7, Jairo, Guanín, Mónica, la mona, Toño y Míster potato. Claro que son muchos más. El sábado pasado se reunieron alrededor de una exquisita paella, me recuerdan esas películas americanas de los años cincuenta del siglo pasado, sobre todo "rebelde sin causa". Al verlos, con esas complicidades y afinidades sin ninguna jerarquía ni condición, siendo un escéptico de miedo, me lleno de esperanzas frente a esta puta vida sin sentido.

Como las aves migratorias que siguen típicamente cadenas montañosas y líneas costeras, y pueden tomar ventaja de brisas y otros patrones de viento o evitar barreras geográficas como amplias masas de agua abierta, ellos se inventan rutas específicas, pueden estar  programadas o aprendidas en grados variados, sus rutas son  a menudo diferentes, las escogen desde esas improvisaciones que alteran las cotidianidades que empobrecen la vida y en cambio la enaltecen en medio del rugido de esos potentes motores. 

Son la una de la mañana, me tomaré el ultimo aguardiente en honor a mis amigos: Salud y larga vida. Espero continúen engrandeciendo la vida de esa manera. 







miércoles, 4 de febrero de 2026

JENNI FAGAN: NUEVE PISOS DEL SIGLO XX

 


He tomado este artículo de la excelente "Revista Ñ" del periódico "El Clarín" de Buenos Aires, espero mis lectores conozcan y lean esta novela. CESAR BUSTAMANTE HUERTAS.

Verónica
Boix

27/01/2026 15:41

La nueva editorial Queequeg Press debuta con la audaz novela Luckenbooth, de Jenni Fagan.

La hija del diablo flota dentro de un ataúd sobre el Atlántico Norte, llega a la costa de Edimburgo, se levanta y camina directo a Luckenbooth, el edificio que da nombre a la novela de Jenni Fagan, y resulta uno de sus protagonistas. Con un comienzo así de potente, la historia recorre el siglo XX alternando nueve historias independientes, nueve personajes y nueve décadas, que a la larga se enlazan para exponer la marginalidad, la venganza y la desolación de una humanidad en ruinas. Y eso no es lo más excepcional: lo verdaderamente extraordinario es la multiplicidad de sentidos que puede darse a la narración, que se lee con vértigo.


La chica que flota en un ataúd se llama Jessie McRae y la única marca visible de su origen son los cuernos en la frente. Su padre –el diablo– la vendió al matrimonio Udnam para que engendre un hijo para ellos. En el año 1910, la esperan en el primer piso del edificio y ese encuentro va a transformarla. Si es capaz de encarnar el mal y lanzar una maldición contra el lugar, a la vez es la única con poder suficiente para luchar contra él.


La segunda historia transcurre en 1928. Flora es “una única criatura perfecta hecha de polvo de estrellas”, como le dice un amante. Es chicochica, hermafrodita, y deambula por un departamento del segundo piso, en medio de una fiesta con alcohol, drogas, alguna orgía. Udnam, esta vez, aparece para poner orden, en nombre de la religión. Es decir, esgrime el discurso del bien, pero se nota que sólo quiere ejercer poder para dominar y hacer daño. “El edificio nos toca como si fuéramos instrumentos de una orquesta”, piensa Levi, el norteamericano que se aloja en el tercer piso. Vive en 1939, trabaja en la Biblioteca de huesos, ve a los veteranos de guerra practicar tiro en el sótano de la facultad, siente fantasmas y es testigo de un asesinato atroz, injustificado, en la calle.


La atmósfera de todas las historias tiene la oscuridad del gótico, en esa clave que llena el presente de un pasado que pervive porque necesita ser dicho o resuelto. No hay nada autobiográfico en la trama; aun así, la vida de Fagan podría funcionar como la chispa feroz que proyecta las sombras de la desigualdad. En Ootlin, sus memorias todavía sin traducir, la escocesa cuenta que su madre era adicta a la heroína y en cuanto nace la deja en el sistema de orfanatos de Escocia.


Ahí transcurren los primeros 16 años de su vida, en un ida y vuelta entre posibles familias que parecían adoptarla, y luego la devolvían. Fue víctima de múltiples abusos, incluido un abuso sexual, hasta que se escapó del sistema y vivió varios años sin techo. Más adelante escribió, fue parte de varias bandas de grunge y se doctoró en filosofía en la Universidad de Edimburgo.


Si bien las historias que integran Luckenbooth son independientes, contienen algunos detalles que las van hilando en una trama total. Aparecen, entre otras, un minero, una médium, una ocupa, un grupo de criminales. Es evidente que la imaginación de Fagan es exuberante; recorre los márgenes de un siglo cruzado por las guerras, el totalitarismo, arreciado por un individualismo rapaz. Y lo hace en una escritura que desborda pasión, en un lenguaje sensual y eléctrico, que se aprecia en todo su esplendor gracias a la traducción de Micaela Ortelli.


Y hay más aún: William Burroughs protagoniza una de las historias. Convive con su amante en el sexto piso. Habla de poesía, de amor, de sexo y de ese edificio que lo aloja. “Quizás si hablamos de un programa dentro de un programa mayor que nos contiene a todos, un código si quieres, entonces, tal vez, la forma escrita sea la más antigua de las artes. Entonces, piensa esto: los códigos están hechos para romperse”. Ilimitada, fantástica y profundamente real, la narración se sostiene en una arquitectura que excede los géneros, por momentos historia queer, por momentos fantástica, incluso histórica. Luckenbooth se mueve en los márgenes de una sociedad rapaz, y desde ese borde nos deja a la intemperie.

Luckenboot, Jenni Fagan.Trad. Micaela Ortelli. Queequeg Press,376 págs.