jueves, 2 de agosto de 2012

GORE VIDAL




Juliano el apostata” es una de las novelas históricas más importantes de la literatura del siglo XX.  Gore Vidal, quien murió ayer a los 86 años en los Ángeles es su autor. “fue uno de los intelectuales norteamericanos más críticos con la política oficial de su país, junto con Susan Sontang, Noam Chomsky, o Norman Mailer, con quien mantuvo sonados enfrentamientos”.

Perteneció a una generación de escritores comprometida con los grandes temas fue fiel representante de ella. Con Mailer y Truman, constituían un trípode que irradiaba controversias y generaba polémicas alrededor de temas de interés nacionales y de la política norteamericana.  Entre sus obras destacadas se cuentan "La Ciudad y el Pilar de Sal", de 1948; "Myra Breckinridge", comedia sobre la transexualidad; "Juliano el Apóstata", imperio  y "En directo del Gólgota", de 1992. Sus momentos de mayor fama los alcanzó en las décadas de 1960 y 1970.

La mayoría de informes de prensa destacan sus dotes de escritor, pero realmente su verdadera profesión fue la política. Vidal fue un polemista natural. Siempre estuvo Fascinado por los debates, era experto en poner el dedo en la llaga sobre lo divino y lo humano, en temas agudos de la geopolítica internacional y aquellos concernientes a la política interna norteamericana.

 “Juliano el apostata”, me dejó una impresión inenarrable.  Estaba muy joven cuando la leí por primera vez. Su lectura me suscito una pasión por la historia y las novelas históricas que nunca ha cesado.  Desde este momento estoy atento a las publicaciones en este orden. Su relectura siempre me es muy grata.  Reconstruir una época de manera tan completa,  constituye una de las virtudes más emblemáticas de esta excelente novela. Su narración gravita sobre un solo hecho: la libertad del pensamiento. Es una oposición al dogma, se enfrenta al monoteísmo cristiano y asume una defensa fervorosa del helenismo. En el fondo asume la defensa del pluralismo. Es a la vez una biografía novelada de este importante personaje de la Roma Antigua.

Gore Vidal de alguna manera se inspiró en la obra de Robert Graves. Esto escribió en la nota preliminar de la novela JEA: “Siempre se ha visto en –Europa a Juliano como una especie de héroe oculto. Su intento de detener a la cristiandad y de revivir el helenismo posee todavía un romántico atractivo y su personalidad ha ido reapareciendo en lugares dispares, en particular durante el renacimiento y posteriormente en el siglo] XIX. Dos escritores tan diferentes como Lorenzo de Medícis y Henry Ibsen escribieron obras teatrales sobre el.”

La novela histórica goza de mucho auge hoy. Se escriben grandes sagas y en este resurgimiento suele olvidarse a los precursores del género, que  entre otras cosas debe incluir a Hollywood como uno de los más importantes.  El cine produjo todo en materia de historia. Gore Vidal estuvo en los grandes proyectos cinematográficos del 50 y 60.  Aun recordamos todas las grandes películas sobre Roma, algunos personajes como Ben Hur, Calígula, Julio Cesar, cleopatra, para solo citar algunos de las más relevantes.

En el periódico el mundo de España, Álvaro Vargas Llosa abre el artículo sobre este escritor con esta sentencia: “Acaba de hacerse polvo el cuarto jinete del apocalipsis intelectual estadounidense, eso que los gringos llaman el "public intellectual", de la segunda mitad del siglo XX. Los otros tres –Truman Capote, Norman Mailer y William F. Buckley— habían ido muriendo uno a uno para dejarlo a él, improbable sobreviviente, riendo último. Si los cuatro jinetes del apocalipsis son la victoria, la guerra, el hambre y la muerte, ¿cuál de estas alegorías correspondió a Gore Vidal?. Vayamos por descarte. William F. Buckley, la gran figura cultural del conservadurismo estadounidense, fue la victoria. La "Pax Americana" del siglo 20 y la "excepcionalidad" estadounidense en versión contemporánea tuvieron en Buckley a su espada de honor. Truman Capote fue la muerte: la que inmortalizó en "In Cold Blood", la que él mismo cortejó con su disoluto final y la del cáncer que lo devoró trocito a trozo. Norman Mailer fue el hambre: la literaria, que lo llevó a inventar géneros; la sexual, que hizo de él el machista emblemático del ambiente literario estadounidense, y la política, que lo llevó a querer morderlo y masticarlo todo en la vida pública de su visceral Nueva York. Gore Vidal, sería, pues, la guerra. Maldito destino para alguien que dedicó toda una vida a odiarla. Pero apropiado para quien nació en una academia militar, escribió probablemente sólo una (casi) obra maestra dedicada, como no podía ser de otra manera, a la figura histórica de Lincoln y la guerra civil, y que produjo cantidades industriales de palabras para demostrar que el imperio americano, como el de Roma, se estaba acabando de tanto matar.”Esto y muchas cosas más fue este gran escritor. El mejor homenaje: leerlo.






domingo, 29 de julio de 2012

FABIAN CASAS Y LA RENOVADA POESIA LATINOAMERICANA


Latinoamérica Siempre ha tenido un gran poeta que la ronda. Martí, Rubén Darío, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Mario Benedetti, Lezama Lima,  han cumplido con este papel  y constituyeron faros emblemáticos en cada época y a través de sus vasos comunicantes, de sus versos propiamente dicho,  el mundo mantuvo una comunicación constructiva y a veces tensa como en el caso de Neruda. Hoy por el contrario nadie puede hablar del gran poeta de estos tiempos. Cada país cuenta con su propia selección.  Actualmente con innumerables festivales, con problemas graves en materia de publicaciones y lo que es peor, con muy escasos lectores, latinoamérica cuenta con buenos poetas.

Fabián  Casas es de todo mi gusto.  Nació en Buenos Aires. Pertenece a la famosa generación de los noventa, con José Villa, Daniel Durand, Darío rojo.  Es un hombre que se sale del común, no solo en sus versos, muy cotidianos, profundamente humanos, sino en su forma de ser y apreciar el mundo. Ha escrito ensayos bonsái, libros de auto ayuda, en un estilo muy propio, intimista, pero lejos del manoseo, narrativa al límite del texto periodístico, pero no se le puede tildar como tal, a pesar de tomar recursos del buen cronista.  De pronto resulte muy atrevida esta afirmación, en todo caso la haré, para mi, es un escritor típico de la posmodernidad, tal vez al autor le disguste la clasificación, pero me parece que así es. Es un contestario total: al poder, a la moda, no contemporániza. Su mirada no corresponde a esa eterna ojeriza de la sociedad de consumo . En uno de los breves apuntes de auto-ayuda escribió como se encontró con la escritura:

“Alfredo Chitarroni, el más grande de los dos, fue mi maestro de séptimo grado y quien me paró en un recreo y me preguntó si me gustaba hacer algo ya que mi rendimiento era pésimo y estaba a punto de repetir. Le dije que me gustaba escribir. Pero yo no había escrito nada. Hasta ese momento sólo me la pasaba leyendo. Me dijo que le trajera lo que escribía. Me puso contra la espada y la pared. Así que una tarde entré al dormitorio de mis viejos —había ahí una mesa inmensa— y escribí a mano un relato. Se lo llevé a la semana y tardó varios días en responderme. Días que pasé en vilo porque si yo repetía, la nenita de la que estaba enamorado se iba a ir al secundario sin mí, para siempre. Un oprobio.”

Ha dejado ver, en numerosas entrevistas, que en el fondo no es más que un lector.  Ha publicado: Otoño, poemas de desintoxicación y tristeza (1985); Tuca (Libros de Tierra Firme, 1990);  El salmón (Libros de Tierra Firme, 1996); Pogo; Bueno, eso es todo; Oda; El spleen de Boedo. También algunos libros como “Veteranos del pánico” de carácter autobiográfico. el ensayo "Matas de pasto". Publicó también las novelas "Ocio" y "Veteranos del pánico" y el libro de cuentos "Los Lemmings y otros

Su poesía nos describe e interpreta las vicisitudes y angustias de lo cotidiano, mirado desde la esclerótica de una sensibilidad por fuera de los estándares de una sociedad mediática. El hombre avasallado entre realidades que lo superan. Tienen un encanto especial, pues suele ser de una sencillez emblematica, tienen ritmo, develan en cada poema el universo total que encubre cualesquiera de los temas que trata, pero no son cerrados, se abren, dejando participar al lector, nunca se termian del todo . Su poesía me evoca a Paul Auster.   

DESPUÉS DE LARGO VIAJE

Me siento en el balcón a mirar la noche.
Mi madre me decía que no valía la pena
estar abatido.
Movete, hacé algo, me gritaba.
Pero yo nunca fui muy dotado para ser feliz.
Mi madre y yo éramos diferentes
y jamás llegamos a comprendernos.
Sin embargo, hay algo que quisiera contar:
a veces, cuando la extraño mucho,
abro el ropero donde están sus vestidos
y como si llegara a un lugar
después de largo viaje
me meto adentro.
Parece absurdo: pero a oscuras y con ese olor
tengo la certeza de que nada nos separa.



SIN LLAVES Y A OSCURAS


Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.

ESTE FUE EL TEXTO SUYO AL GANAR EL PREMIO “ANNA SEGHERS” EN BERLÍN:

Hace un tiempo atrás se me rompió un zapato. Me vi en problemas porque no recordaba una zapatería cerca de casa para poder arreglarlo. Sin embargo, salí a la calle y a las dos cuadras encontré una. Era un local viejo iluminado por una luz muy cálida. Había olor a cuero y una estufa daba un calor acogedor. Parecía una zapatería sacada de los cuentos infantiles. Detrás del mostrador, un hombre mayor trabajaba con un martillo y unos clavos. Tenía unos anteojos de esos que se usan para ver de cerca. Intercambiamos frases de cortesía y le pregunté si era nuevo en la zona, ya que yo –que había pasado infinidad de veces por ahí- no lo conocía. El hombre se sonrío y me dijo que hacía 20 años que estaba en el barrio. Que había visto crecer a varios de los chicos que antes jugaban en la vereda. Le dejé mis zapatos para que los arreglara, lo cual hizo de manera notable. Saqué una conclusión: hasta que no lo necesité, el zapatero había sido invisible. Saqué otra conclusión: todos los que hacen bien su trabajo son invisibles. De manera que, en una cultura que propicia la sobreexposición mediática, la invisibilidad es un don. Me di cuenta que también algo de ese espíritu estaba en los escritores que me gustan, esos que no salen a buscarte desde los desmesurados aparatos editoriales sino que se los encuentra irremediablemente cuando son necesarios.

El zapatero de mi cuadra hace zapatos, yo escribí algunos poemas. Y tengo hoy el inmenso honor de ser premiado con el galardón que lleva el nombre de una gran escritora. Me gustaría decirles que desde chico tuve la certeza de que la literatura no es algo individual, sino colectivo. Me siento parte de una larga lista de escritores, de todas las lenguas y de todos los tiempos. Por suerte el espíritu no tiene una sola dirección y sigue soplando donde quiere. No escribo poesía argentina, sino que formo parte de un territorio panlinguístico y mestizo donde se mezclan los dialectos y las costumbres de todos los seres que lo habitan. Escribamos o no, lo más importante es que todos nosotros somos narraciones de la vida. En cada bar, oficina, hotel o cualquier lugar donde la gente se junta, está alguien escribiendo el sermón de la montaña. Simplemente hay que ponerse en estado de atención para poder oírlo. Un joven, leyendo en el subte, está sosteniendo algo de lo mejor de nuestra civilización. Porque todo indica que los tiempos son oscuros. Que vivimos en una época de choque entre civilizaciones totalitarias, conducidas por puristas que sólo pueden engendrar horror y muerte. Si seguimos así, a todos nos va a tener que reconocer por la dentadura.


Lo cierto es que a la poesía no se la define, se la reconoce, dijo Alberto Girri, un gran poeta argentino. Así que no voy a cometer la estupidez de definir algo en lo que no se han puesto de acuerdo siglos y siglos de pensadores. Pero sí voy a nombrar algunas de las cosas en las que encuentro poesía: a veces en un animal, otras en el motor de un auto, en las largas vías del tren y en el silencio de los hospitales. En Johan Cruyff corriendo con su elegante camiseta naranja o en la construcción anónima de las catedrales. En el infierno de Dante, en el cerebro de Ugolino y en el sticker de la virgen pegado en el tablero del patrullero. La poesía siempre se encuentra en estado de pregunta. ¿Por qué estamos acá? ¿quiénes somos? ¿De dónde venimos? A veces, hasta nuestros seres queridos nos resultan extraños. Y sin embargo, la voluntad poética de habitar el mundo, es lo que todavía hace que la cosa valga la pena. Buenas noches, apúrense que vamos a cerrar, repite alguien desde hace años en uno de los versos de The Waste Land, buenas noches, buenas noches a todos. Mi nombre es Fabián Casas, pero en Alemania pueden decirme Kaspar Houses.

Berlín, noviembre de 2007









miércoles, 18 de julio de 2012

UNA HISTORIA PERSONAL DEL BOOM LATINOAMERICANO




Hay dos maneras de ver este fenómeno Latinoamericano. Una es la historia oficial de la mano de los grandes críticos de la época: Ángel Rama, José Miguel Oviedo, Cobo Borda, para no citar sino los más emblemáticos, otra es la personal. En mi caso, fue haber nacido como lector de la mano de grandes escritores. Todos mis encuentros fueron casuales, pero disfrutaba como nadie con estas lecturas, no dimensionaba su importancia. Actualmente soy un lector impenitente de Cortázar y Gabriel García Márquez. Caso especial  mi relación enfermiza con Borges. El Boom, además de los autores citados lo conformaron Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Onetti, Carpentier, Rulfo, Sábato, Uslar Pietri, Roa Bastos, Donoso, Arreola, Asturias, Lezama Lima., Guillermo Cabrera Infante y Jorge amado, los cuales he leído sin exclusión, en el setenta era imposible sustraerse a este tsunami.
En los años setenta del siglo pasado ya se habían publicado las grandes obras del Boom: “Cien años de soledad” “Rayuela”, “La muerte de Artemio Cruz”, “Pedro Paramo” y “conversación en la catedral”. Borges para numerosa crítica especializada constituía un fenómeno universal diferente a todo lo visto. Mi madre, cuando yo contaba tan sólo con catorce años, reconociendo mi amor por la lectura desde niño, me afilió al círculo de lectores en la ciudad de Bucaramanga. Esta es una ciudad Colombiana de provincia, en esta época aún sin ninguna librería, apenas en ciernes para la literatura. El círculo comenzó a publicar cada tres meses autores latinoamericanos. Editaron la obra completa de cada uno de éstos colosos.  Sin consejo de nadie, comenzamos a comprar estos libros y a leer. No alcanzaba a vislumbrar que estaba conociendo a los escritores que me acompañarían toda la vida.
Arranque con Borges como cosa curiosa. Fue la primera obra que me llegó, tal vez lo entendía muy poco, pero recuerdo que sus textos me atraían, su condición estética me deleitaba de sobremanera a pesar de la ignorancia absoluta en la materia y el hecho real de ser un lector imberbe. No imaginaba la importancia que tenía en los círculos críticos más enconados del mundo, ni lo que representaría su obra para las letras.
La lectura de “Cien años de soledad”, fue una experiencia inolvidable. Me lo lleve en la edición del círculo de lectores a unas vacaciones a Puerto Salgar, un pueblo cercano a la capital Colombiano, donde siempre hace un calor infernal, como del trópico, ideal para leer a Gabo. Un primo y una tía, invitaron a mi hermano y a mí en junio del 1974 a pasar unos días. Fueron las vacaciones más aburridas, salvadas extraordinariamente gracias a las virtudes estéticas y la pluma extraordinaria de Gabo. Mi vida como lector cambio desde este momento. Mi padre asumió la tarea de ser tutor de estas lecturas y me llevó de la mano. Mi compatriota narraba las historias más inverosímiles, con una belleza sin parangón, cargadas de un simbolismo encantador, nuevo para mí. Fue como encontrar un tesoro, reflejaba a los colombianos y latinos mejor que todos los textos de historia. Empecé a trabjarlo en orden después de esta lectura. Desde la Hojarasca hasta su obra periodística. En el diario Espectador de Colombia, donde realizó sus primeros pinos se publicaban todos los domingos una crónica suya, que en casa leíamos religiosamente, pues mi padre era adicto a estas. Gabo, me convirtió en un lector apasionado y convencido que la trasposición poética de la realidad hace la diferencia en esta vida.
Con Cortázar me sucedió algo parecido. Sigo pensando que es uno de los mejores cuentistas del mundo. Sus relatos son de una factura perfecta, con un manejo del idioma virtuoso. Rompió con los moldes clásicos con textos revolucionarios, experimentales, de una calidad inigualable. Nadie mejor que él para contar historias extraordinarias, de ciencia ficción, pero en el marco de los universos cotidianos. La novela: Rayuela es fuera de serie, constituye una revolución estética y formal. La Maga es un personaje inolvidable, Paris de su mano es una fiesta.
Mario Vargas Llosa, es el autor más emblemático del boom. Precoz, disciplinado, amigo personal de Gabo por mucho tiempo. Lo he leído religiosamente, sus artículos periodísticos fueron muy controvertidos en nuestra juventud, pero constituyeron una guía para conocer lo que pasaba en los círculos intelectuales del mundo y  conocer de primera mano la controversia de Sartre y Camus en -Francia. La primera novela que leí del peruano fue “la ciudad y los perros”. Fue una lectura grupal, con dos amigos iguales de inquietos, nos sorprendió su calidad y de hecho nos gustaba la historia, por ser de un colegio, afín a lo que vivíamos en el momento. He vuelvo a ella casi todos los años, la he releído en su aniversario para hacer un artículo de culto y aun la disfruto como si fuera la primera lectura. Mario Vargas Llosa maneja perfecto las técnicas de la novela, con absoluta destreza y esta cualidad se decanta en sus textos. De este autor he leído todo, he gozado sus novelas y siempre las espero con ansiedad. Su calidad estética esta fuera de discusión, su cultura universal y el hecho de ser un lector incansable le dan un lugar único como comentarista serio y riguroso, polémico como el demás, pues nunca oculta la posición desde donde escribe. El año pasado ganó el premio nobel de literatura, ya lo había hecho Gabo siendo muy joven, este es el mejor reconocimiento a todo el Boom.
Carlos Fuentes resultó ser el escritor más prolífico y cosmopolita. Escribió sobre lo humano y lo divino de nuestra realidad. Buscó como nadie la identidad de estos pueblos, su razón de ser y su prospectiva en medio de la naturaleza hibrida de un continente con una historia sin igual y llena de violencias entrecruzadas. Sus novelas constituyen iconos para la literatura: “Terra nostra “, “Aura”, “Cambio de piel”.
Hubo dentro de este espectro autores con los que establecí una relación especial. Me pasó con Sábato. Sus novelas tienen mucha fuerza psicológica, nos enfrenta con los fantasmas interiores, los miedos, el intrincado mundo de la psiquis. “El túnel”, me dejó perplejo, su personaje protagónico me enseñó que nuestra interioridad constituye un universo inaccesible la mayoría de las veces. Llegue a Freud por esta vía y aun no salgo de la búsqueda de las claves de una existencia más llevadera. Para muchos autores la felicidad es una entelequia, es una mentira en un mundo tan difícil. Sábato es un personaje pesimista, pero encantador.
Hay novelas que me enseñaron a tener una vida más llevadera. “el amor en los tiempos del cólera” es una de mis lecturas preferidas. Con ella comprendí a cabalidad los avatares absurdos e inevitables de la vida matrimonial, sus precariedades. En las primeras setenta y cinco páginas, Gabo hace una descripción perfecta del matrimonio. A pesar de que toda relación nace de la pasión siempre termina en la rutina más inclemente que solemos sobrepasar con el bálsamo de las hipocresías disimuladas. El resto es un relato de los amores contrariados entre dos seres con destinos opuestos. La historia termina resolviéndose con poca suerte para mi gusto, pero la belleza de la narración hace que este sea un mal menor. Cada palabra esta puesta con la precisión de relojero que caracteriza al escritor Colombiano. Sus definiciones son caso aparte. Sobra decir, que vuelvo a cada rato por las páginas de este hermoso libro.
Con Cabrera Infante no solo aprendí de literatura sino de cine. Su obra tiene un manejo del lenguaje diferente a todo, excelso, trajo el idioma de los cubanos al texto. Este solitario escritor con “Tres Tristes tigres”, ganó un puesto en la literatura universal. Sus ensayos y artículos tienen el encanto de aquellos autores por fuera del canon. Siempre me recuerda el impacto de los escritos de Oscar Wilde en la sociedad Londinense de la época.“ Vidas Para leerlas” es un ejemplo de ello. Cabrera fue contestatario, solitario, nunca se sintió autor del Boom y tiene una obra excelente.
El poeta del Boom, que amerita un artículo aparte fue Neruda. Su poesía para nosotros lo fue todo. Fue el primer nobel y sus versos, abarcan lo divino y lo humano. En esencia es el poeta de América, pero el más universal de todos.
Con el tiempo nos volvimos lectores de culto de toda la generación del Boom. Los disfrutamos con orgullo, los estudiamos muy juiciosos y supimos administrar la grandeza de una generación que difícilmente se repetirá. Fueron muy leídos y admirados en Europa y en los Estados Unidos. Se tradujeron a todos los idiomas y hoy en la distancia su valor estético constituye un icono dentro de la historia general de la literatura. De hecho tres nobeles confirman su calidad y sabemos que lo merecían Fuentes y Cortázar. El mundo nunca entendió por qué no lo recibió el más universal de todos: Borges, pero es unanime el juicio que no lo necesita para nada.
Se nos están muriendo poco a poco. Ha muerto Cortázar, Borges, Onetti, Sábato, Fuentes, hace mucho tiempo Carpentier, Prieti, quienes con otros autores desaparecidos constituyen una galería inolvidable. Sus obras mantienen la vigencia, frescura y fortaleza absoluta y cada vez adquieren más valor. En este caso el tiempo se ha encargado de confirmar su calidad. Con ellos convivieron escritores importantes que no tuvieron un tratamiento justo y que fueron opacados por esta ola inmensa que fue el Boom. En Colombia podría citar a Germán Espinoza, Oscar Collazos, Burgos Cantor, Rojas Herazo. Escritores excelentes que no recibieron los reconocimientos que ameritan, pues sus obras son de una calidad incuestionable. La crítica tiene un pecado que no se reparará nunca.
Esta es pues la historia personal del Boom. Muchas son las experiencias que se quedan por fuera. Espero ir desarrollando una especie de itinerario con cada uno de sus escritores.















viernes, 6 de julio de 2012

EL OLVIDO SENIL DEL NOVELISTA MÁS GRANDE DE LOS ULTIMOS TIEMPOS



El titulo de las memorias de Gabo, no es casual: “Vivir para contarla”, como todo en su obra literaria. Empieza con una frase lapidaria: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y como la recuerda para contarla”.  El novelista más grande de los últimos tiempos, le falla la memoria y empieza a olvidar. Paradójico pero natural. En sus diálogos era un hombre de citas memorables y de una conversación fluida y llena de anécdotas y entrecruzamientos entre sus experiencias y sus lecturas que  son inolvidables. En estas conversaciones se decantaba su talento para contar historias.

“En enero de 1983, sólo un mes después de haber recibido en Estocolmo el Premio Nobel, Gabriel García Márquez escribió una remembranza de su primera llegada a Ciudad de México, el 2 de julio de 1961. Allí, entre otras cosas, decía: "La fecha no se me olvidará nunca, porque al día siguiente muy temprano un amigo me despertó por teléfono y me dijo que Hemingway había muerto". De inmediato, el Nobel colombiano escribió una nota sobre la muerte, la vida y la obra de Hemingway, la cual apareció una semana más tarde en una revista mexicana. Titulada: "Un hombre ha muerto de muerte natural", la nota no volvió a aparecer en la prensa, ni en un texto hasta ahora, a proposito del centenario de Hemingway que se celebra este mes.”

Este articulo sobre Hemingway, es de una lucidez impresionante y a la vez una remembranza a la ausencia de sentido en la vida, de quien lo vivió todo de acuerdo a su propia naturaleza y como tal, fue un aventurero que no rehuyó a su destino y su vocación de escritor. Cuando no pudo escribir una letra, no le encontró justificación a la existencia, pues está era su verdadera pasión. Lo cito, pues en muchos de sus  apartes parece escrito para sí mismo, ahora que Gabo sufre del olvido, que es una especie de muerte precoz en medio del silencio respetuoso de sus seres queridos.

Escribió Gabo:

En realidad, Hemingway sólo fue un testigo ávido, más que de la naturaleza humana de la acción individual. Su héroe surgía en cualquier lugar del mundo, en cualquier situación y en cualquier nivel de la escala social en que fuera necesario luchar encarnizadamente no tanto para sobrevivir cuanto para alcanzar la victoria. Y luego, la victoria era apenas un estado superior del cansancio físico y de la incertidumbre moral.

Sin embargo, en el universo de Hemingway la victoria no estaba destinada al más fuerte, sino al más sabio, con una sabiduría aprendida de la experiencia. En ese sentido era un idealista. Pocas veces, en su extensa obra, surgió una circunstancia en que la fuerza bruta prevaleciera contra el conocimiento. El pez chico, si era más sabio, podía comerse al grande. El cazador no vencía al león porque estuviera armado de una escopeta, sino porque conocía minuciosamente los secretos de su oficio, y por lo menos en dos ocasiones el león conoció mejor los secretos del suyo. En El viejo y el mar -el relato que parece ser una síntesis de los defectos y virtudes del autor- un pescador solitario, agotado y perseguido por la mala suerte logró vencer al pez más grande del mundo en una contienda que era más de inteligencia que de fortaleza.”

Gabo describía al personaje literario que tan profusa admiración le deparó en sus años de formación literaria, no sólo por la calidad de la obra literaria del escritor americano, de la cual tomó muchas técnicas, sino por su excéntrica vida, que fue más interesante que todas sus novelas.

La trascendencia de Hemingway está sustentada precisamente en la oculta sabiduría que sostiene a flote una obra objetiva, de estructura directa y simple, y a veces escueta inclusive en su dramatismo.

Hemingway sólo contó lo visto por sus propios ojos, lo gozado y padecido por su experiencia, que era, al fin y al cabo, lo único en que podía creer. Su vida fue un continuo y arriesgado aprendizaje de su oficio, en el que fue honesto hasta el límite de la exageración: habría que preguntarse cuántas veces estuvo en peligro la propia vida del escritor, para que fuera válido un simple gesto de su personaje.

En ese sentido, Hemingway no fue nada más, pero tampoco nada menos, de lo que quiso ser: un hombre que estuvo completamente vivo en cada acto de su vida. Su destino, en cierto modo, ha sido el de sus héroes, que sólo tuvieron una validez momentánea en cualquier lugar de la Tierra, y que fueron eternos por la fidelidad de quienes los quisieron. Ésa es, tal vez, la dimensión más exacta de Hemingway. Probablemente, éste no sea el final de alguien, sino el principio de nadie en la historia de la literatura universal. Pero es el legado natural de un espléndido ejemplar humano, de un trabajador bueno y extrañamente honrado, que quizá se merezca algo más que un puesto en la gloria internacional.”

GGM fue fiel a su vocación y a su destino de escritor. El primer capítulo de “Vivir para contarla” constituye un recuento hermoso de la fidelidad a su vocación impertérrita.

Su madre, tratándole de cambiar la idea de ser escritor le preguntó cuando iban hacia Aracataca en plena juventud:

“Entonces que le digo a su padre”

Dígale que lo único que quiero en la vida es ser escritor, y que lo voy  a ser.”

Vaya, que lo fue: el más grande de todos. Como en el capitulo memorable del insomnio de “cien años de soledad” lo ha olvidado todo. Pero de igual manera, como los caramelos para recordar que vendía la india, su memorable obra que todos los días nos hace más felices, conserva sus valores estéticos. No importa que Gabo ya no recuerde. Su sonrisa guarda la alegría de siempre y esperamos que sus últimos años esten llenos de felicidad entre el cariño de los suyos. Ahí estan sus novelas y textos para disfrutarlos, con ellos será eterno, esto está descontado.

domingo, 24 de junio de 2012

EL ESCRITOR Y SUS FANTASMAS DE ERNESTO SABATO



No hay como releer aquellos textos que nos produjeron una fascinación inconmensurable, más cuando estos mantienen frescas sus calidades estéticas, su lectura agrada de sobremanera y tienen la virtud inexplicable de  renovarse, sobre todo frente a los nuevos arquetipos de fondo y forma que se imponen, en este caso especifico, sobre La ficción. Sábato intenta resolver una sola pregunta, que es el abrete sésamo de este excelente ensayo: “Este libro está constituido por variaciones de un solo tema, tema que me ha obsesionado desde que escribo, ¿por qué y para que se escriben ficciones?”, Sábato habla de esas “oscuras motivaciones que llevan a un hombre a escribir sería y hasta angustiosamente sobre seres y episodios que no pertenecen al mundo de la realidad; y que, por curioso mecanismo, parecen dar el más autentico testimonio de la realidad contemporánea. "

Recuerdo que Vargas Llosa en su discurso al recibir el nobel dijo que la lectura le permitió convertir el sueño en vida y la vida en sueño y puso al alcance del pedacito de hombre que era el universo de la literatura., agrego adelante "Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión". Jorge Volpi, fue vehemente: La ficción sirve para hacernos más humanos.

Sábato renunció a la ciencia, las matemáticas y a la física teórica, que fueron en principio un bálsamo para lidiar con sus miedos y se decidió por  la literatura y el arte como único camino para entender la naturaleza humana y su propio mundo. Este periplo no solamente lo ha vivido este escritor, algo parecido le ocurrió a Lewis Carrol, Standhal, Saint-Exupery, para solo citar algunos.
Este texto es un recorrido por sus lecturas predilectas, es una incitación a la lectura.  Escribe en la primera variación: “Decía Donne que nadie duerme en la carreta que lo conduce de la cárcel al patíbulo, y que sin embargo todos dormimos desde la matriz hasta la sepultura, o no estamos enteramente despiertos. Una de las misiones de la gran literatura: Despertar al hombre que viaja hacía el patíbulo.”
Se pregunta primero sobre el arte como conocimiento, cita a Sócrates a Kierkegaard: “Las condiciones e la pasión son las únicas dignas de fe”, a Pitágoras, pretende resolver la superioridad del arte sobre el pensamiento.
Indudablemente tenía que hacer un recorrido por toda la novela del siglo XIX, por los escritos del Joven Marx, por la gran novelística Rusa y por los grandes padres de la novela.
Hay un aparte sobre los personajes de la ficción. Toma ejemplos concretos. Cita a Proust o Faulkner. En este texto se devela la relación fuerte e intima de Sábato con Dostoievski. Este sería un buen manual para aquellos que quieran dedicarse a la ficción: El prototipo de la literatura científica, la novela total, el cosmos del hombre, el escritor voz de su tiempo, literato y escritores, para solo citar algunos temas.
Al final hay un capitulo de mi absoluta predilección: “Ficción e historia”. Solo queda aconsejar su lectura, de hecho realizare un ensayo sobre el tema, que ha sido tratado lucidamente por muchos escritores y críticos.












domingo, 17 de junio de 2012

DARIO JARAMILLO AGUDELO




Darío es uno de los poetas vivos más leídos y recordados en Colombia. Hay excelentes poetas, pero por razones que no vale ahora escrutar no se leen sino en círculos muy pequeños. Darío es un escritor popular, con algunos poemas que están metidos en la memoria del común de la gente,  verdaderos recursos para sobrellevar la vida, versos como fruta fresca, que tienen el merito de hacernos sentir más humanos y no maquinas al arbitrio del consumo. La primera obra que leí suya por gracia de un concurso literario hace más de veinte años, fue su novela corta “la muerte de Alec”, un homenaje al género epistolar “de una depurada calidad poética”,  que no responde a la estructura tradicional del genero.

Darío se nos vino ahora con una “Antología de la crónica Latinoamericana actual”. Hay una tendencia a revivir la crónica en los medios escritos, que fue la razón de ser del ejercicio periodístico en otros tiempos y que parecía haberse olvidado frente a la revolución de las tecnologías de la información y el conocimiento. Hay una nueva actitud de los grandes medios por rescatarla y  lo están logrando. Revistas como “Soho, el periódico “El tiempo” y “El espectador”, de Colombia, el diario “El clarín” de Buenos Aires,  están publicando muchas de las incluidas en esta antologia, son excelentes trabajos, de la mano de plumas consagradas.

Este libro ha sido publicado por “Alfaguara”,  bellamente editado.  Esperamos que la distribución no tenga el pecado que cometen estas editoriales en Suramerica donde han creado verdaderas insulas sin ninguna conexión.  La mayoría de estas crónicas ya las he leído en los medios, lo que me permite hablar de la calidad de las mismas.  Juan José Hoyos, Caparros, Villoro, Laura Castellanos, Alejandro Almazan, Andrés Felipe Solano.

Quiero entregarles el link de una crónica que se publicó en “Soho”, que hace parte de esta texto y el  primer capitulo del libro. La revista "Soho" se ha querido meter en las experiencias cotidianas de la mano de sus periodistas, para narrar desde adentro de las mismas, aspectos vitales del diario vivir. Una de estos experimentos quedó plasmada en una cronica de una factura impecable, agradable para el lector: “Seis meses con el Salario mínimo” de Andrés Felipe Solano.  Esta es apenas una de las tantas escogidas, lo que dice de su calidad:

http://www.alfaguara.com/uploads/ficheros/libro/primeras-paginas/201201/primeras-paginas-antologi-cronica-latinoamericana-actual_1.pdf

Muy bien mi por este regalo mi querido poeta.




martes, 5 de junio de 2012

SAMUEL BECKETT



La editorial segoviana La “Uña Rota” pública “Samuel Beckett, el último modernista”, de Anthony Cronin, la primera biografía editada en castellano, de quien fuera premio nobel 1969, con una obra excepcional, creador del teatro del absurdo. Con este escritor suelo mantener una relación entrañable gracias a una obra impecable, sombría, pesimista por antonomasia y profundamente lúcida, pues describe la tragedia del hombre en la modernidad con un sentido del humor que termina convertido en ironía descarnada. Estaba muy joven cuando alguien me entregó su novela “el innombrable”, que me generó un impacto que recuerdo con absoluta claridad, pues me enfrenté a un monólogo en apariencia sin sentido,  no respondía a ninguna trama específica, con un tono nihilista perseverante, aspectos todos nuevos para mí. Lo releo religiosamente todos los años y me sorprende su vigencia y el vigor de su prosa y sobre todo la visión del mundo cargada de un escepticismo,en contra de cualquier simulacro de humanismo como impostura.
Esta novela es la tercera de su trilogía después de “Molloy” y “Malone muere”. Beckett fue un escritor con una vida extraña desde su niñez. Solía decir: “tengó escaso talento para la felicidad”. Su vida fue cómoda y su familia gozaba de una excelente posición económica, sin afujías se diría hoy, fue excelente deportista y gustó desde muy temprana edad del teatro, se impactó con la obra de Luigi Pirandello.
Cuando uno lee a Beckett, sufre una especie de estupor, como si se encontrará siempre en una situación límite, sin salida, nace de la inacción que caracteriza a sus personajes, de la impotencia,  su obra de teatro “Esperando a Godot”, es muy emblemática en este sentido, es la que mejor representa el teatro del absurdo, este fue uno de sus grandes aportes a la literatura. Su prosa minimalista, de un clasicismo depurado, es profundamente pesimista y cada frase está puesta para generar esta angustia permanente, que es la misma que vivimos constantemente en nuestra cotidianidad agobiante. Beckett me recuerda aquella frase lapidaria: Un hombre optimista es una persona mal informada.
Cuando se escruta la vida de este autor nos encuentramos con la sorpresa que no fue tan pasiva como se ha divulgado falsamente, menos la de  un anacoreta alejado totalmente de la sociedad. Tan solo hace un mes se publicó en español su primera obra: “Sueño con mujeres que ni fu fa”. Silvina Friera, escribió a propósito de esta publicación: "primera novela del escritor irlandés, hasta ahora inédita en castellano, traducida por José Francisco Fernández y Miguel Martínez-Lage. Dream of Fair to Middling Women –el título original– es considerado por los traductores el texto “más personal e íntimo”, la piedra angular del “primer” Beckett, que en 1932 tenía 26 años y estaba en el hotel Trianon de París, aguijoneado por una gran tensión emocional, cuando decidió poner punto final a los desvelos y contratiempos del protagonista, Belacqua, un joven poeta que vagabundea por París y Dublín.” Se editó por primera vez en 1992, tres años después de su muerte. Sobre la propia novela escribe o cita magistralmente un análisis que devela a este escritor en su totalidad tan inabarcable para la crítica:
“Leer a Balzac es como obtener la impresión de un universo cloroformizado. Es dueño y señor de su materia, puede hacer lo que le venga en gana, puede predecir y calcular hasta las más mínimas incidencias, puede escribir el final del libro antes de haber terminado el primer párrafo, porque ha convertido a todos sus personajes en repollos mecánicos y puede dar por hecho que se queden quietos donde sea necesario o que se pongan en marcha a la velocidad que sea y en la dirección que él mismo decida”, cuestiona el narrador de Sueño con mujeres que ni fu ni fa en su pertinaz combate. No hay “repollos mecánicos” en Beckett. En los sucesivos desvíos que experimentan sus criaturas flamea un vitriólico horizonte de pérdidas. Si el sustantivo no se deshace en la boca apenas se lo pronuncia, el “personaje” Belacqua se materializa en un espíritu errante que discurre por los ripios de un lenguaje exuberante, cultivado por expresiones y citas en francés, alemán, español, italiano y latín. Beckett disemina y potencia minúsculas parcelas de la Divina Comedia de Dante; Anatomía de la melancolía, de Richard Burton; retazos de epigramas de Marcial y sátiras de Juvenal; incrusta versos de Hölderlin y una frase de Caperucita Roja, de Charles Perrault, entre otras inserciones de una ecléctica pléyade de autores.
Esperamos que esta sea una biografía literaria que nos ayude a construir el itinerario creativo de este autor extraño para estos tiempos, pero alucinante para cualquier lector. Hoy es necesario, volver por autores como Samuel Beckett, frente a cierta literatura exenta de calidad y con muy poco trabajo, actualmente tiene mucho éxito debido a las argucias del mercado. Está claro que no se exige al lector, hoy se impone una levedad estética muy común en la era digital que vivimos.
Sus textos cargados de "inactividad, de ensimismamientos prolongados, de humor", están estructurados en un minimalismo riguroso, pero en esencia, es muy buena literatura, diferente a todo, con una precisión gramatical sin parentela, cada palabra es ajustada a una estética prefigurada por el autor. Algún crítico en la red esbozaba con respecto a una de sus novelas: Beckett explora el movimiento humano como si ejemplificara una permutación matemática, presagiando la preocupación final  con el "espacio" y el "movimiento exacto".
La enciclopedia wikipedia al referirse a su periodo intermedio de su narrativa, precisa:  lo sobrebresaliente de Beckett durante este periodo fueron las ya mencionadas novelas Molloy (1951), Malone muere (1951) y El Innombrable (1953). En dichas novelas, que suelen tomarse como trilogía, pese al criterio expreso del autor, el lector puede trazar el desarrollo del estilo y los temas del Beckett maduro. La escritura en ellas se muestra cada vez más desnuda y escueta. Molloy conserva todavía muchas de las características de una novela convencional (tiempo, lugar, acción y argumento) y puede interpretarse además, de alguna manera, como novela de detectives. En Malone muere, sin embargo, se prescinde ya en gran medida de la acción y el argumento, si bien existen referencias de lugar y del paso del tiempo: la acción del libro adopta la forma de un “monólogo interior” al estilo joyceano. En El Innombrable, por último, todo sentido de lugar o tiempo se ha esfumado, y el tema esencial parece ser el conflicto entre el impulso de la “voz” protagonista de seguir hablando con el fin de sobrevivir de alguna forma, y su igualmente impetuosa urgencia de hacerse merecedora del silencio y el olvido definitivos”.
Esperamos leer esta biografía, pero que bueno volver a este mundo narrativo, que enriquece la visión estética de nuestros días aciagos.