domingo, 7 de enero de 2018

JOSE MANUEL CABALLERO BONALD

La poesía de este escritor Español reivindica a un género que por cosas inexplicables las editoriales pretenden mandar al cuarto de San Alejo. En una entrevista para la revista “Mercurio” realizada por Antonio Jiménez Millán expresaba el poeta: “De joven, yo seguía bastante de cerca las normas románticas de la exaltación, las normas barrocas de la ornamentación. Luego, me fui librando cada vez más de la mecánica literaria tradicional [...]. Ahora me he quedado a solas con una definición de la poesía: esa mezcla de música y matemáticas que ocupa más espacio que el texto propiamente dicho”. Heidegger afirmaba que «el pensamiento es la poesía original que precede todo arte poético». Leer a Caballero constituye una alucinación, sentimos la fuerza del lenguaje, su esencia. El filosofo Alemán lo expresa con más claridad: “«No se puede iniciar el pensamiento hasta que hayamos aprendido que la razón, esta cosa tan magnificada desde hace siglos, es el enemigo más encarnizado del pensamiento». De hecho, cuando leo a este poeta me encuentro en una relación directa entre palabra y pensamiento sin atender a la instrumentación de la razón y del poder en sus perversas maquinaciones. Hay una especie de radiografía de los sentimientos.
Este poeta estuvo dos años en Colombia y su estadía fue de suma importancia para su obra y en la metamorfosis de su poesía. Este año el periódico “El país” de España incluyó un libro suyo dentro de los más importantes del 2017. Su biografía gira en torno a la creación: “De padre cubano —republicano del Partido Reformista— y madre de ascendencia aristocrática francesa —de la familia del vizconde de Bonald—,​ estudió Filosofía y Letras en Sevilla entre 1949 y 1952 y náutica y astronomía en Cádiz. En estos mismos años comenzó a relacionarse con los cordobeses de la revista Cántico, como Pablo García Baena. Publicó su primer poemario, Las adivinaciones, en 1952, tras haber obtenido con él un accésit del Premio Adonáis. Dos años antes había ganado el Platero de poesía. Su carrera continuó en Latinoamérica,​ donde fue profesor universitario en Bogotá. En la capital colombiana escribió su primera novela —Dos días de septiembre, galardonada en 1961 con el Premio Biblioteca Breve y publicada al año siguiente— y tuvo a su primer hijo. Colaboró con Camilo José Cela y con el proyecto del Instituto de Lexicografía de la Real Academia Española. Además, tuvo un idilio de siete años con la primera mujer de Cela, Rosario Conde. En 1986 se inauguró un instituto con su nombre, y en 1998 se constituyó la Fundación Caballero Bonald”[1]. Hay un dato muy curioso que no aparece entre el cumulo de información existente sobre Gabriel García Marquez, Bonald estando en Colombia fue el que le entregó la información a Carmen Balcells sobre la existencia de nuestro nobel ante la pregunta de cuales eran los novelistas de relieve surgidos en Colombia por allá en los años 60. Dice el poeta: Yo le pase tres nombres: GGM, Pedro Gómez Valderrama y Alvaro Mutis. Es un dato muy valioso por lo que significó esta conexión para el escritor y para las letras hispanoamericanas. 
Los itinerarios de un escritor son de suma importancia para la crítica, pero cuando hablamos de poesía y de la obra de un poeta, sus versos lo son todo. Creo que uno puede programar los tiempos de una novela, el tema, su construcción a partir de la génesis que a bien tenga, está sujeta a una disciplina de alguna manera. Con la poesía no pasa lo mismo. Los poetas nacen y se pulen. Hay poetas más naturales, juglares. Otros a partir de su talento crean una obra vasta y atiende a disciplinas muy especificas. Neruda con residencia en la tierra forjó una obra que en algunos momentos deja ver estos esfuerzos, los artificios le quitan el encanto que solo nace del talento innato. La poesía, la labor creativa de Bonald se definió en un artículo de manera magistral: “Porque su obra se ha forjado, según la poeta Aurora Luque, "como una cuestión de fidelidad tormentosa y absoluta a las palabras, unida a cierta erótica codicia hacia el habla de la gente"[2]. Jiménez Millán lo define de otra manera, de igual manera con mucha lucidez: “la experiencia vivida en experiencia lingüística con una suficiente carga de ambigüedad iba a ser el eje de la poética de Caballero Bonald desde el principio. Su acercamiento al realismo crítico a finales de la década de los cincuenta responde, según sus propias palabras, a una “esporádica obediencia a las solicitaciones del tiempo histórico”: ya en Las horas muertas (1959), la profunda corriente existencialista dominante en sus primeros libros se decanta hacia un compromiso político que se explicita aún más en Pliegos de cordel (1963), un balance de la historia personal que traslada episodios y sensaciones al ámbito de la memoria compartida”. Este es un poeta para tener en cuenta y leer por su puesto.


DIARIO REENCUENTRO
Desde donde me vuelvo
a la pared, en medio de la noche,
desde donde estoy solo
cada noche, cautivo
bajo mi propia vigilancia, allí
me hallo según la fe que me fabrico
cada día.
                             Lavada está mi vida
 en virtud de su asombro. Ayer, mañana,
 viven juntos y fértiles, conforman
mi memoria conmigo.
                           Únicamente soy
mi libertad y mis palabras.









2. Caballero Bonald, un estilo implacable y leal a la palabra. Jesús Ruiz Mantilla

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