jueves, 21 de marzo de 2019

MIGUEL HERNANDEZ




Ahora que gran parte de las editoriales Colombianas no publican poesía, según ellos por problemas de mercado, volví por la poesía de Miguel Hernández, ese bálsamo que nos enseña que la vida es más que consumo y vanidad. Abrevé en la generación del 27, ese cántaro de excelentes poetas y poesía, de una calidad indiscutible, obras que mantienen toda su frescura y que se pueden leer por fuera de los avatares políticos e históricos que la hicieron tan memorable. La vida atribulada de Miguel, su homosexualismo y la pasión por su poesía que consideraba una condición natural, un don que como diamante en bruto iría puliendo, escrita en medio de una persecución sin sentido, constituye un patrimonio de la lengua castellana, paradójicamente para Franco los poetas constituían un objetivo militar.

Pero siempre permanece una esperanza vital y entusiasta
Encima de los fusiles
Y en medio de las batallas.

En España, desde hace mucho tiempo se ha valorado y estudiado su obra, teniendo en cuenta lógicamente los contexto en que fue creada, pero desligando de alguna manera el valor de la misma de las acostumbradas manipulaciones políticas de unos y otros. Recordemos que por mucho tiempo se le reconoció como opositor al Franquismo, su obra pasaba casi a un segundo plano.
Estos estudios ahora enfatizan sobre “la recuperación de los testimonios de sus coetáneos, su relación con la universidad popular de Cartagena; su inclusión comprometida en la guerra civil Española; su vinculación y amistad con Ramon Sijé, tal como él lo refleja de forma muy específica en la documentación encontrada en su archivo, la vigencia del poeta y su relación con la cultura Andaluza; el imaginario artístico de la violencia; Los lectores de su palabra poética; la importancia de su métrica; el ritmo de sus poemas; la simbología  y fruición de sus imágenes; su revelación como dramaturgo en el ámbito de la segunda república; su ferviente participación en las misiones pedagógicas”.
Hay un tópico importante al analizar su creación poética,  Dice un texto de homenaje publicado por la revista Anthropos. “Se refiere a poesía y tragedia; al sentido clásico de su construcción poética; diversos contenidos que se pueden percibir en su obra Cancionero y romancero de ausencias. 
En su poesía decanta toda su formación y la esencia de su vida campesina, el contacto permanente con la naturaleza, la comunicación más allá del conocimiento, desde lo más íntimo de la naturaleza humana.  Desde niño tuvo que dedicarse al pastoreo. Fue un autodidacta, se debió más a algunos mentores, como el sacerdote Luis almarcha, José Marín Gutiérrez un intelectual quien firmaba con el seudónimo de Ramon Sijé, a través de ellos se acercó al romancero Español, de tanta importancia en su obra. Después vino el contacto con Madrid vital para su vida y poesía.
Hay una colección gratuita de libros y textos cortos que publica en Medellín la caja de compensación familiar Comfama y las empresas públicas de Medellín, llamado "Palabras rodantes" textos para ser leídos en el metro y con el ánimo de que rueden de lector en lector, una labor pedagógica encomiable. Hace un mes publicó un texto de María Zambrano que cae como anillo al dedo a propósito de la obra de Miguel Hernández. Dice María Zambrano en un texto denominado pensamiento y poesía: “A pesar de que en algunos mortales afortunados, poesía y pensamiento hayan podido darse al mismo tiempo y paralelamente, a pesar de que en otros más afortunamente todavía, poesía y pensamiento hayan podido trabarse  en un sola forma expresiva, la verdad es que poesía y pensamiento se enfrentan  con toda gravedad a lo largo de nuestra cultura. Cada una de ellas quiera para sí eternamente el alma donde anida”. Enfatiza adelante: “Es que hoy poesía y pensamiento se nos aparecen como dos formas insuficientes; y se nos antojan dos mitades: El filósofo y el poeta. No se encuentra el hombre entero en la filosofía; no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía”. Expresa: “En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual”.
Nada más cierto. Miguel Hernández es el ejemplo concreto de esta premisa. Miguel es un poeta esencial, nos conecta con la vida en sus rasgos más emblemáticos. Si alguien lo leyera sin saber nada de su vida y trayectoria, lo encontraría muy cerca de su propia naturaleza, de los avatares de la vida, de las grandes ausencias, del proceso de búsqueda que significa vivir. Su poesía nos toca en lo más íntimo.
La generación del 27 renovó la lectura de los clásicos castellanos (Hernando Charry Lara), dice el poeta colombiano, "Algunos se sintieron atraídos por aquel clasicismo de inspiración francesa, con clara alusión  a cierto purismo que se pretendió para la lírica". Enfatiza:“Se volvía de una parte a las formas y metros tradicionales. Y, de otra, lejos de la rauda verbosidad, se aspiraba a eliminar del poema todo aquello que no fuese poesía”.
Góngora renace con esta generación y para Miguel Hernández es fundamental. “Hay un intento de actualizar la des-humanización del arte. Insuflándole el componente humano neo-romántico”. El componente católico, el gongorismo entendido como fundamento de vuelta a lo esencial y la lírica amorosa constituye el trípode sobre el cual creará su obra poética.
Hay mucha obra en donde se decanta el gran proceso de interiorización del poeta (Cancionero y romancero de ausencias). Otra sus compromisos, su militancia, en todas el canto a la ausencia constituye una especie de constante (vientos de pueblo). A su proyecto estético, que constituye la razón de su vida, se suma su compromiso ético, su contemporaneidad, su entrega a la causa.
Leer a Miguel Hernández es un bálsamo, nos recuerda que la vida es más que sobrevir, le quita las presiones y las urgencias que nos hacen olvidar lo esencial, más en los actuales momentos. Es una vuelta a la naturaleza, a la fuerza que nos da la vida, pese a la tragedia que nos trae muchas veces la existencia. Siempre habrá esperanzas, insiste el poeta. Ojala las nuevas generaciones se acerquen a su obra:

 



lunes, 11 de marzo de 2019

CARLOS MONSIVAIS ESCENAS DE PUDOR Y LIVIANDAD


Cronistas como Osvaldo Soriano en Argentina o Ezequiel Martínez estrada, German Castro Caicedo, representan la expresión de un pueblo, de una ciudad, describen la vibración urbana con todas sus tensiones, los significantes que determinan la cultura popular, las identidades de un pueblo, sobre todo aquellas iconoclastas, contestarias,  la relación entre lo local y lo global, el lumpen. Carlos Monsiváis, fue el cronista y narrador de Ciudad de México.  En un texto sobre su vida y obra, en ocasión de su muerte, se escribió: Carlos Monsiváis (1938-2010) se despidió de sus lectores entre una gran profusión de notas, análisis, memorias y entrevistas. El cortejo fúnebre que acompañó su salida de este mundo confirmó su importancia en la vida de la sociedad mexicana, y captó la atención de un amplio sector del mundo más allá de México. Quizá la reacción más generalizada durante días y semanas después del fallecimiento del cronista fue la incredulidad. El hombre que había estado ahí siempre presente —para reportar virtualmente todo aspecto de la vida mexicana: comprobando, midiendo, sopesando diversos aspectos culturales— a sus 72 años dejaba a todos los que lo conocían y leían con fervor, debido a una fibrosis pulmonar. Su amiga Elena Poniatowska resumió los diversos comentarios y la colectiva sensación de luto: “¿Qué haremos sin ti, Monsi?” De modo más o menos explícito, la conclusión fue general: Carlos Monsiváis había sido un escritor, intelectual, crítico y celebridad pública de un talento extraordinario y una lealtad ética que México no volvería a conocer”.

Narrar una ciudad en el complejo entramado de sus significantes no es tarea fácil. Compenetrarse con el alma de lo urbano, de sus historias íntimas, de sus padecimientos cotidianos, de los personajes y momentos, con el talento de Monsivais es crear a partir de la vida de una ciudad, dejando una obra que está por encima de las narrativas cotidianas descritas.
Escenas de pudor y liviandad, es un texto de crónicas, sobre la ciudad de México, sus personajes, los iconos que la hacen tan especial, la vida íntima de sus calles, con toda la carga de historia y tensiones que genera la vida cotidiana de esta urbe cosmopolita, el cine tan importante para este país, la fotografía, la cultura popular. Monsivais, es uno y muchos, dice el mismo texto citado[1]: “Por ello “No tenemos que enumerar todas las “vidas” intelectuales que obligaban a Monsiváis a llegar perennemente tarde. A lo largo de muchos años se le conoció principalmente como el conocedor número uno de la cultura popular en México, esa cultura de masas tan distinta de la “alta” cultura que desde luego también conocía al derecho y al revés. El cronista mantuvo una visión siempre positiva de estas culturas y sus practicantes: creía en las piedras fundacionales de la democracia, o de lo que más recientemente él llamaba la sociedad diversa y civil. La cultura está inexorablemente entrelazada con la política, y a Monsiváis se le asociaba —y siempre se le asociará— con la vida política de México y América Latina, sobre todo con las ideologías que afectaban el poder electoral y la relación entre el gobierno y la iglesia católica”.
Monsiváis tiene dos obsesiones: El cine y los personajes populares (El santo, Cantinflas, Blue Demon). Escribió una autobiografía, algún libro de aforismos y muchos ensayos, sobre cine y cultura popular. Aun así es un escritor muy universal, pues la tragedia humana se repite invariablemente en todas partes del orbe. La lucha del ser con los poderes no cesa. Este libro, rescatado de una biblioteca pública de Medellín ha sido un bálsamo y una manera de entender mejor a México.






[1] Leyendo a Monsiváis.
http://www.literatura.unam.mx/images/stories/pdf/egan-monsivais.pdf


miércoles, 6 de marzo de 2019

COMENTARIOS AL PROLOGO DEL CUADERNO DORADO


Este libro siempre permanece como grata compañía en mi mesa de noche. Siempre vuelvo por sus paginas. Doris Lessing, es una de mis escritoras preferidas, no solo por la factura de sus novelas, estructuradas de manera impecable y escrita con una prosa que deleita y mantiene al lector en vilo, sino por los aspectos ideológicos que desarrolla, las líneas argumentales de carácter político en la voz de sus personajes, que abarcan desde la mitad del siglo XX hasta casi los años 80, siglo cargado de convulsione, guerras y tensiones sociales en medio de debates políticos e ideológicos de mucho calado. Doris Lessing interpreta con lucidez la mitad del siglo XX en todo el caos que representa, las luchas de la clase obrera, de la izquierda, la actitud reaccionaria de la derecha, la consolidación de los partidos obreros, en concomitancia con las consecuencias de la revolución bolchevique, el Marxismo en su última reverberación, los conflictos internos de los países emergentes, matizados siempre por las intervenciones de las dos potencias, que no abandonaron nunca sus intereses mezquinos.
Por el prólogo conocemos algunas claves del texto.  “Otros temas intervinieron en la elaboración de este libro y dieron lugar a una época crucial para mí: Se juntaron pensamientos y temas que había guardado en mi mente durante años.  Una que no había podido hallarse una novela que describiera el clima moral e intelectual de cien años atrás, a mediados del siglo pasado  en Inglaterra; algo equivalente a lo que hicieron Toltoi en Rusia, Stendhal en Francia (Siglo 19). Llegados a este punto, conviene hacer las excepciones de rigor, Leer “Rojo y Negro” y “Lucien Leuwen”  es conocer aquella Francia como si viviera en ella, como leer “Ana Karenina” es conocer aquella Rusia. . Pero no se ha escrito así una novela que describa la época victoriana. Hardy nos cuenta lo que experimenta siendo pobre,  teniendo una imaginación rica en época limitada, sin posibilidades o siendo víctima.  George Eliot es buena hasta donde alcanza. Pero cree que el castigo que pagó por ser buena mujer, aunque estaba disconforme con las hipocresías de su tiempo y hay gran cantidad de cosas que su sentido moral no le permitía comprender. Meredith, sorprendente y poco estimado escritor, quizá rosó más la realidad. Trollope trató del asunto, Pero le faltaron posibilidades. No hay una novela que tenga el vigor y el conflicto de sentimientos en acción que se encuentre en una biografía de Willliam Morris”.
Adelante explica: "Desde luego que esta tentativa mía presuponía que el filtro usado por la mujer para mirar a la vida tiene idéntica validez que el que usa el propio hombre”. Y categoriza después: “Dejando aparte este problema o, más bien, no considerándolo siquiera, decidí que la expresión de “Sentido” ideológico de nuestro medio siglo (Siglo 20) debería colocarse entre socialista y Marxistas, debido a que los grandes debates de nuestro tiempo han tenido por escenario los congresos socialistas”. Este es el primer pretexto que le permite armar una de las novelas más grandes del siglo.
La novela la estructuró de manera muy especial, esto expresa al respecto: "Tiene un armazón o marco titulado” Mujeres libres”, novela corta convencional que puede sostenerse por ella misma. Pero está dividida en cinco partes y separada por los cinco periodos de los cuatro diarios: negro, rojo, amarillo y azul. Los diarios los relata Anna Wulf, un personaje importante en mujeres libres. Lleva cuatro diarios en vez de uno, pues, como ella misma lo reconoce, los asuntos deben separarse unos de otros, a fin de evitar el caos, la deformidad.., el fracaso. Los diarios terminan a causa de las presiones internas y externas. Se traza una raya negra que atraviesa la página, un cuaderno tras otro. Pero una vez terminado, puede surgir de sus fragmentos algo nuevos. “El cuaderno dorado”.  Aclara: “A través de los diarios, la gente ha polemizado, teorizado, dogmatizado, etiquetado y clasificado, a veces con palabras tan generales y representativas de la época, que resultan anónimas, podéis ponerles nombres a la usanza de las viejas comedias morales: El señor dogma y el señor-soy libre-porqué-no- pertenezco-a-ninguna-parte, la señorita necesito-amor-y-felicidad y la señora cuanto-haga-debo-hacerlo bien-,el señor ¿ dónde-hay-una-mujer-autentica? Y la señorita ¿dónde-hay-un-hombre-real?-, El señor estoy-loco-porque dicen que lo estoy y la señorita la-vida-experimentarlo-todo, el señor hago-la-revolución-luego existo y el señor y la señora, si-resolvemos-perfectamente-este-pequeño-problema-entonces-seguramente-podremos-olvidar-que debe-olvidar-que-debe-mos-fijarnos-en- los-grandes”.
Esta novela se ha etiquetado como feminista por la mayoría de la crítica, es un hecho que   es narrada desde la óptica feminista y en la dimensión que significa romper con el paradigma machista en un siglo convulso  y abierto a mil debates, aún así, creo que va mucho más allá de este molde. Esta discusión queda abierta, como toda obra polifónica, la óptica genera puntos de vista disímiles. Otro tema que toca en el prologo es la condición de los artistas en el siglo pasado (siglo 19) y el hecho de ser tratados como héroes. El libro explora y trata la condición del artista, realiza una elucidación sobre cómo los artistas interpretan la realidad, la esclerótica que los motiva. El tema del artista tiene que ver con la subjetividad y está con la manera como los poderes se expresan en el ciudadano de a pie, siempre matizados en medio de los grandes debates intelectuales. La autora diserta en este prólogo sobre lo que se conoce como novela convencional, "El cuaderno dorado", se asimila a la novela Europea y no a la inglesa, es una novela de ideas.
Este prólogo resulta ser además un ensayo sobre la novela en general, su lectura es enriquecedora y anticipa las dimensiones del texto. Leerla, releerla y tenerla como referencia es un mérito que nace de su calidad, en una prosa exquisita, los diálogos son además, un bocado de cardenal, tratan sobre lo humano y divino, siempre desde la perspectiva histórica, política y filosófica, son pedagógicos e incitan a tomar posición, la autora nos fustiga a no ser lectores pasivos. Recomiendo a mis lectores leerla definitivamente.

sábado, 23 de febrero de 2019

LA CUADRA DONDE VIVO EN MEDELLÍN ( RELATO)


Hace un año vivo en la Floresta, un barrio tradicional de Medellín de la más vieja estirpe, conserva casas de los años cincuenta, viejas pero de una belleza inclasificable, sus diseños son rurales, construcciones iguales a la de nuestras fincas cafeteras, ante-jardín con mecedoras de vieja data, madera y mimbre, hechas para estar cómodos, sentarse sin afugias, para conversar en las tardes cuando ya nada importa; techos de teja de barro, zaguanes anchos, ventanas amplias con barrotes de madera, y esa presencia de vieja arrogante a la que el tiempo no le hace mella, como diciendo aquí estoy.  Mi cuadra ya ha sido trasformada, producto de la ola de cambios urbanísticos de la modernidad, edificios a granel, suplen la necesidad de una explosión demográfica sin parangón que no para desde los años 90 del siglo pasado, pese a ello, estas construcciones no le quitan su aire de cuadra tradicional, hay un híbrido entre lo viejo y lo nuevo que la hace inclasificable, llena de árboles, grandes mangos abren sus copas altas,  dándole sombra todo el día, en medio de casas re-modeladas, edificios pequeños, como injertos. En las tardes se dan corrientes de aire como aquellas que corren en la costa en ciertas temporadas, muy mediterráneo y poco habitual en estos tiempos de cambios climáticos y calores infernales.
El entorno es importante para el hombre. En la infinitud espacial, la vecindad como dicen los Mexicanos sigue siendo vital, es la célula urbana, además nuestro centro existencial, en este lugar brota el sentimiento de un espacio común, de propiedad compartida. Una cuadra es el lugar más común de nuestra vida, es el punto desde donde observamos el mundo en que vivimos con sus alegrías y tragedias. Parece un organismo vivo,  tiene sus propios hábitos, conserva la atmósfera  que tienen nuestros pueblos. Todas las mañanas hasta el final del día, se repiten los mismos actos, como si viéramos el  mismo capitulo de alguna novela. Usted ve salir la misma gente a  una hora puntual, va conociendo por lo tanto sus trajes, su manera de encarar el día, en esas aparentes y ociosas rutinas: Prender el carro, barrer al frente de la casa, comprar las cosas del desayuno, rituales que se nos van volviendo lugares comunes. Con las mascotas, que constituyen un mundo absolutamente encantador, pasa algo curioso, siempre las sacamos  a una hora exacta,  no hay falla, me encuentro entre ellos, nos saludamos con un sentido de camaradería inusual, hablamos de cada experiencia con estos seres como si fueran personas, curiosamente a la gente se les olvidan que son perros, hay una especie de cofradía, se crea una solidaridad en tiempos de desconfianzas desmedidas, la mascotas nos humanizan, generan una cordialidad que no se da cuando estamos solos.
Los personajes de mi cuadra son variopintos. Don Orlando, el dueño de la casa donde vivo, es un señor jubilado, su figura es muy italiana, como aquellos personajes del Padrino, se sienta afuera en su silla con una altivez contagiosa, denota siempre la satisfacción de la labor cumplida, su anecdotario es rico y extenso, cada relato suyo tiene moralejas, evoca nombres y recuerdos como si nosotros viviéramos en los espacios y lugares en su pueblo natal San Jerónimo, que evoca más como sueños que como recuerdos, cuando habla lo mete a uno en su vida como un buen escritor: Cerca del parque, en la tienda del viejo Matías, dice y ahí se va yendo en sus añoranzas, llevándonos por su pasado en relatos interminables, llenos de nostalgia pero nunca de infelicidad, más bien reflejan mucho orgullo.  Cuando salgo a las 6 Am me encuentro con mi vecina, que barre con un juicio irredimible la calle, es alegre, sin un ápice de resentimiento, sin los prejuicios de la sociedad del éxito que nos venden los agentes de mercadeo y los gurues del comercio, presión que nos fatiga y agobia, ella  es pletórica por naturaleza, de una humildad sin cortapisas, por fuera de las presunciones  de la juventud de ahora, acepta la finitud de la vida sin mayores consideraciones metafísicas, sus irremediables injusticias, el tiempo corto, lo sabe de antemano y no le preocupa para nada, vivió con sobrecargas de trabajo como educadora con verdadera pasión, a pesar que solo le servia para compensar las necesidades primarias, levantar los hijos y no esperar más, así fue llevando la vida, como todos, terminará en soledad en medio de los encantos de la vejez que nos hace lentos y olvidadizos, mi vecina me ha enseñado más que muchos textos.
Veo siempre a Juan, muy a las 6 Am, un constructor que está terminando un edificio de apartamentos  al frente de mi casa, esa mole rompe con la tradición del barrio, pero no contradice para nada el espíritu de la cuadra, más bien la engalana. Su estilo es moderno, líneas rectas, grandes ventanas y una estética minimalista exenta de todo barroquismo. Juan es un hombre amable, con una filosofía de la vida sin mayores complicaciones ni teorías complejas. Le he venido comprendiendo en medio de  tratos muy cortos. No se complica para nada,  pese a que ha tenido muchas dificultades, sabe que la única manera de salir adelante es con responsabilidad y  honradez.  Lo he visto con su hermosa hija, en esos momentos refleja todo el sentido de trascendencia de su vida, se le ve orgulloso, delata mucho amor por su familia,  cuando está con su hija veo en sus sus ojos el inconmensurable amor que lo motiva, cómo diciéndonos, los esfuerzos valen la pena. Su socio, es un ingeniero Civil joven, aplicado, pragmático a morir y de pocas palabras, lo que no quiere decir que no sea  cortes, es un hombre perspicaz por naturaleza. Tiene una esposa joven, bella, de buenas maneras, siempre con una sonrisa espontanea y sincera. Son dos profesionales, reflejan esa juventud que de hecho es muy diferente  a mi generación. Representan el porvenir que nos enaltece, me traen a colación a mis tres hijos quienes igualmente salen en la mañana a devorar los días y sus responsabilidades, su presente es solo futuro. Se van formando con una religiosidad y cierto temor producto de una sociedad implacable y llena de competitividad, más bien cruel, pero saben que no hay tregua.
Son muchos los personajes: Jubilados, retirados,  exitosos, cesantes, sabios silenciosos, resentidos, negociantes frustrados, seres itinerantes, sin apuros, han vencido a la vida de alguna manera. Otros son más relevantes para la vida y la rutina propia del lugar. Jhonny con su tienda bien surtida producto de una dedicación inenarrable, negocio que vende todo lo que un hogar necesita, es un ser amable, con un humor negro cortante, conoce a todo el mundo por estos lados, vive en contacto con la gente a diario, sabe todas las historias de esta cuadra, la vida le exige mucha discreción y sabiamente la tiene y la maneja. Nolasco, es un señor diferente a todo lo que he visto, su lógica es producto de un escepticismo bárbaro, lacerante, su socio,  es un hombre de familia, más coloquial, de finca, un negociante que triunfó y sobrevivió a las mentiras de esta sociedad hipócrita y falsa, tienen una oficina al lado de la tienda, allí se pernota y sobrevive sin perder nunca la alegría. Ellos dos son puntuales  de sobremanera, abren a las 8 de la mañana, no fallan en el horario pese a que son sus propios jefes.  Después, toman la prensa, básicamente el crucigrama y empieza el galimatias de sus días, siempre sin sobresaltos. A estos dos personajes se suma, una caterva de viejos que nos sentamos en la esquina a conversar cosas insustanciales, manteniendo una vigencia impertérrita, contradiciendo esas implicaciones del tiempo que nos delatan, reflejamos cansancio, pero no agotamiento, alguna sabiduría práctica, como los perros viejos, los años en su azarosa tragedia no han enseñado más que todos los libros.  Esta es la vida. Estos son los días que van pasando y nos acercan a la muerte. Con el tiempo nadie nos recordará. Eso está descontado. La cuadra nos sobrevirá.
CESAR HERNANDO BUSTAMANTE

martes, 19 de febrero de 2019

MISCELÁNEA TEXTOS CRÍTICOS DE JORGE LUIS BORGES



Random Hause bajo la dirección de María Kodoma, en edición de bolsillo recopila en un solo volumen gran parte de la obra crítica de JLB que no está incluida en las obras completas publicadas hasta ahora. “El volumen tiene seis libros de prosas de carácter eminentemente crítico realizadas por el autor en vida: “Prologo de prólogos (Buenos Aires, Torres Agüero editor  1975) y Borges oral (Buenos aires Emece Editores/Editorial Belgrano 1979), el tercero, Biblioteca personal. Prólogos se, se basa en una edición realizada con anuencia del autor, pero publicada después de su muerte (Madrid Alianza Editorial 1988) y reúne los prólogos que Borges había escrito para una colección de obras de lecturas imprescindibles.  El cuarto libro Borges en el sur, sigue la edición de Emece(Buenos Aires/Barcelona,1999) y recoge casi cien textos que el autor publicó en dicha revista y que no había sido incluido en sus obras completas. El quinto y el sexto han sido fundidos aquí en un solo texto, cuya articulación se detalla en una nota explicativa más adelante, tras la portadilla correspondiente.  La obra reunificada recupera todas las colaboraciones que Borges realizó para la revista Hogar y que hasta ahora habían visto la luz en dos volúmenes separados: Textos cautivos (Buenos Aires, Tusquets Editores, 1986,edición de Enrique Sicerio-Gari y Emir Rodriguez Monegal) y Borges en Hogar (Buenos Aires/Emece Editores, 2000)".
Este texto realmente es un acierto. Los Borgianos consumados como el suscrito, que fácilmente tienen toda la obra de este autor en varias ediciones y además sus obras de manera independiente, sabemos la importancia del mismo. Primero por reunir en un solo volumen una obra crítica de una factura impecable, denota no solo un conocimiento absoluto de la literatura universal, quien había leído con abonada pasión desde temprana edad casi todo lo importante, sino que delata, desde los escritos de juventud, una lucidez por fuera del canon. Lo interesante de esta obra, es como el autor toma posición frente a cualquier autor o libro, hace crítica, es incisivo. A manera de jemplo, sobre Almafuerte dice: “Los defectos de Almafuerte son evidentes y lindan en cualquier momento con la parodia; de lo que no podemos dudar es de su inexplicable fuerza poética”. Adelante agrega a propósito de un desciframiento de uno de sus versos: El puro pesimismo de Almafuerte excede los límites del Eclesiastés y de Marco Aurelio; estos vilipendian y admiral al hombre justo; al que se identifica con Dios. No así Almafuerte, para quien la virtud es un azar de las fuerzas universales”.
En un texto sobre la “La invención de Morel” de Bioy Casares empieza con esta acotación: “Stevenson, hacía 1982, anoto que los lectores británicos desdeñan  un poco las peripecias y opinaban que era muy hábil redactar una novela sin argumentos o de argumentos infinitesimal, atrofiado”. La publicación en este texto de Bolsillo de sus artículos en la revista Hogar es de suma importancia, no solo por la juventud del autor en el momento de escribirlo, lo que habla muy bien de su obra temprana, sino porque nos permite ir acercándonos a su cronología creativa, que constituye un verdadero galimatías por lo prolífica, y la precocidad de quien iba a ser el más universal autor de hispanoamerica después de Cervantes.
Cada texto escrito es de una riqueza única, por su factura, con referencias esenciales, articulaciones con otros textos sin precedentes, son afirmaciones de un lector lúcido y aventajado, fuera de todo contexto, especiales, sobre todo, nos enseña a leer, a disfrutar la buena literatura.








domingo, 10 de febrero de 2019

DOS LIBROS ENTORNO A LA LECTURA


Hay momentos en que las coincidencias te remiten a libros que tocan temas paralelos sin habérnoslo propuesto. Me encontré en una biblioteca pública de Medellín, el libro de Virginia Woolf,  "Horas en una biblioteca", reúne todos los textos críticos de la autora y ciertos relatos, se devela  su capacidad de apreciación literaria, el itinerario de sus lecturas, y algunas claves sobre su relación con autores de su predilección que resultan importantes para entender su obra.
El primer artículo, pese a lo corto parece un ensayo, es sobre la lectura, aquella que se hace desde el simple placer que representa esta actividad, frente a esa otra que está sustentada en un interés específico.
El hombre que lee por erudición se diferencia de aquel que lo hace desde la simple condición estética, desde una pasión incontenible, que se acrecenta en la medida que reconocemos su valor,  por los grados de intromisión especiales que nos da la  lectura de ficción, llámese poema, novela o teatro.
Este libro tiene piezas críticas sobre Kipling, Melville, Dostoievski, Conrad, la poesía inglesa, los autores de su predilección, muchas veces desconocidos para mi y sobre aspectos concretos del mundo creativo y la literatura, del arte de escribir.
Hay un texto en este libro que se llama “El arte de la ficción”,  todos los amantes de la literatura deberíamos leerlo, nos acerca a la escritora de manera especial,  nos muestra el ADN creativo de  Virginia Woolf. Libros como este, son un dialogo inteligente con una escritora cuya vigencia es indiscutible, son realmente una oportunidad de conocerla a fondo. El libro de 364 páginas es una joya, fue editado por Seix Barral.
El otro texto es de Terry Eagleton, se llama: “Cómo leer literatura”, es un verdadero tratado de cómo abordar la literatura, es una guía para lectores de ficción.  Pese a que no lo reseñan como un manual para principiantes, constituye una escrutación rigurosa sobre la lectura, el lenguaje y como debemos abordar las obras de ficción, los mínimos presupuestos que debemos tener en cuenta en este tópico.
Abarca autores como Shakespeare, Jane Austin, Samuel Beckett y JK Rowling. La relación entre la funcionalidad y el lector, los ámbitos de esta articulación, por lo tanto aborda la imaginación creativa, y “la tensión entre lo que la obra dice y muestra”.
Hay un capítulo referido al personaje y se remite a las grandes obras, estos seres, que son más inmortales, diferente a los propios autores, siempre requieren una mirada e interpretación rigurosa, cada personaje se debe a su lector, pero hay premisas críticas que nos ayudan a entenderlos desde una perspectiva estética más lucida, este texto es una buena guía al respecto.
El capítulo final, habla del valor, que hace a una obra mala o buena. Este es un verdadero bocado de cardenal que nos obliga a abordar este excelente texto formativo. Las claves del éxito de un libro son muchas. Solo aconsejo a mis lectores su lectura

martes, 5 de febrero de 2019

‘ORDESA’: EL MEJOR LIBRO DE 2018



Esta novela ha sido un éxito total en ventas en España y Latinoamérica, tiene el aval de grandes críticos y escritores que de por sí confirman de alguna manera los destellos que hasta la fecha  suscita, no la he podido conseguir en las librerías de Medellín Colombia, en todo caso espero leerla muy pronto. He querido traer la crítica escrita por Juan José Millas en la revista “Babelia” del periódico “El país” de España, con el único propósito de inquietar un poco el sonajero alrededor de este texto. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE
JUAN JOSÉ MILLÁS
14 DIC 2018 - 18:22          COT
La obra de Manuel Vilas llegó a las librerías cabalgando sobre una ola de espuma que al retirarse la dejó en la orilla.

Ordesa es el resultado de una hazaña verbal en la que las oraciones gramaticales se despliegan ante los ojos del lector al modo de un grupo de fuerzas especiales dispuestas a conquistar un nido de ametralladoras. Por nido de ametralladoras entendemos los lugares comunes que podrían haber arruinado sus páginas al acometer Vilas la historia de una familia estándar en la España de los sesenta hacia delante, más o menos. Si al referir tramas originales la lengua nos arrastra de manera inclemente al tópico, ¿cómo defenderse de él al describir una familia normal en una ciudad de provincias homologada hasta el paroxismo? ¿Cómo no tropezar en vulgaridades costumbristas al relatar las aventuras y desventuras de un viajante de comercio, experto en telas, que va de un sitio a otro en busca de la sombra de un árbol bajo la que aparcar su Seat 1430, símbolo de una victoria textil en una España de alpargata? ¿Cómo no caer en sentimentalismos reglados al evocar los delirios de grandeza de la madre muerta, de un abuelo suicidado, de un tío incapaz de salir adelante, de la roña generalizada desde la que el narrador surge a la vida y al alcohol y al matrimonio y a la paternidad y a la literatura?.

“Ordesa es la carta del náufrago que esperábamos desde hacía años”
¿Cómo hacerlo?
Con estrategias gramaticales, suponemos. Así, la sintaxis de Ordesa recuerda a veces al movimiento de las olas del mar. Las ves venir cargadas de retórica, dispuestas a dejarte con la boca abierta, pero las ves retirarse enseguida abandonando sobre la superficie tersa, como recién afeitada de la arena, pequeños restos biológicos o antibiológicos: un cangrejo chico al que le falta una de las pinzas, una estrella de mar, un conjunto de algas descompuestas, una piedra con la forma de un dedo índice, un peine de plástico desdentado, un frasco de colonia vacío, una lata oxidada de pastillas de mentol, un zapatito de bebé, una cáscara de naranja… Una representación del mundo, en fin, donde siempre esperamos hallar la botella del náufrago con la carta de petición de auxilio o el mapa del tesoro. La buscamos cada vez que bajamos a la playa, no importa que tengamos 6 años o 60. ¿Por qué? Porque esa carta la escribimos nosotros mismos en otra vida para darle sentido a esta.

 ‘Ordesa’: el mejor libro de 2018
Ordesa es la carta del náufrago que esperábamos desde hacía años. Llegó a las librerías cabalgando sobre una ola de espuma que al retirarse la dejó en la orilla, abandonada entre una cantidad notable de restos de lo más variado. No destacaba por su título ni por su portada, tampoco por el nombre de su autor, que no era conocido fuera de determinados circuitos. Pero bastaba leer la primera página para advertir que aquella llamada de socorro venía de lo más hondo de nosotros mismos. Nos reclamaba porque en cierto modo, además de sus protagonistas, éramos también sus autores. Parecía una obra colectiva porque veníamos de ahí, de los mismos paisajes morales que se describen en el libro, de las mismas ambiciones económicas, de idénticos anhelos estéticos, de semejante locura. Describía con palabras nuevas, ordenadas de una manera insólita, lo que habíamos sido y aquello de lo que pretendimos salvarnos. Por medio de una prosa que iba y venía en un vaivén hipnótico, alternaba la fiereza con la piedad, el sí con el no, el ahora con el ayer. Total, que tras leer esa primera página nos la llevamos a casa.