jueves, 5 de enero de 2017

UNA LECTURA DE LA HISTORIA COLOMBIANA



El texto de Harari “De animales a dioses”, con toda la lucidez de su concepción y la calidad de una prosa que hace lo difícil fácil, demostró con este excelente libro, hasta qué punto la historia siempre tendrá nuevas maneras de abordarse, además que es de suma importancia el punto de vista del autor, quien siempre la somete a escrutaciones novedosas en busca de verdades muchas veces inalcanzables. Yo estudie la historia de Colombia en textos épicos de autores muy comprometidos con intereses partidistas, estaban más preocupados en ocultar la verdad que en revelarla, sus propósitos casi siempre correspondían a coyunturas específicas además de ser matizada por héroes y hazañas, las demás de las veces mentirosas. Ahora con todas las discusiones que se han dado en torno al conflicto armado de los últimos cincuenta años, pese a los excelentes trabajos sobre la violencia en Colombia publicados, sobre todo por la academia, está claro que es pertinente revisar de nueva la historia de esta época tan tergiversado últimamente. Traigo el tema a colación porque estoy leyendo la historia de Colombia por Antonio Caballero con el apoyo de la Biblioteca Nacional. Paradójicamente me recuerda la pluma de Enrique Caballero, su tío, un historiador poco convencional del siglo XX, quien nos entregó textos sobre el siglo XIX y XVIII, que aún recuerdo con gratitud por su particular visión. El libro de historia de Antonio Caballero, que está sólo publicado en la red, de antemano se opone a esa historia iconoclasta y oficial que tanto daño nos hizo, su propósito no  es otro que acercarse a la verdad de nuestro pasado que hasta la fecha sigue inexplicablemente sin revelarse en toda su compleja trama. Su prosa, como la de Eduardo Caballero, Lukas Caballero y el propio Enrique, periodistas y escritores muy importantes de nuestro país, es impecable, directa, respetuosa de la normas gramaticales, con un manejo de la ironía que se cuida mucho de exageraciones y sobre todo agradable y encarretadora. El texto responde a un orden, desde el encuentro de dos mundos, 1492 hasta el paramilitarismo de estas últimas décadas. Hasta ahora podemos leer las primeras entregas que resulta una entrada exquisita. Este es link, espero sea el gusto de mis lectores.

http://bibliotecanacional.gov.co/proyectos_digitales/historia_de_colombia/index.html






martes, 27 de diciembre de 2016

INTIMIDADES CONGELADAS

En diciembre suelen darse listas de libros, los mejores del año, bien sea por ventas, por su excelencia narrativa, en ella caben aquellos que recomendarías por alguna razón especial, casi siempre relecturas y por su puesto las acostumbradas antologías por categoría de lo editado en el año (novela, poesía, no ficción, ensayo, ciencia...) que ameritan tenerse en cuenta según el criterio de cada publicación o autor. La de la revista “Arcadia” de Colombia es muy completa, lo mismo la de “Babelia” del periódico “El país” de España. Estas listas suponen lectores de tiempo completo lo que realmente hoy es casi una utopía, muy pocos vivimos en esa compulsión irresponsable de querer leerlo todo. Es difícil en ese bosque escoger el árbol que nos aporte, no solo una lectura agradable, sino que al final nos produzca ese sentimiento de exaltación que suelen provocarnos los buenos libros, porque nos cambian, nos aportan, suman al final.
Quiero referirme a una lectura que me tiene encantado, me refiero a Eva Illouz con un texto que se llama “Las intimidades congeladas”. Descifrar el momento histórico para mí siempre es de suma importancia y esta autora lo logra con una lucidez asombrosa: “Tradicionalmente, los sociólogos entendieron la modernidad en términos del advenimiento del capitalismo, de la aparición de instituciones políticas democráticas o de la fuerza moral de la idea de individualismo, pero prestaron escasa atención al hecho de que, junto con los conceptos familiares de plusvalía, explotación, racionalización, desencantamiento o división del trabajo, la mayor parte de los grandes relatos sociológicos de la modernidad contenían otra historia colateral en clave menor, a saber, las descripciones o los relatos del advenimiento de la modernidad en términos de emociones”. No solo escruta las consecuencias del capitalismo en el sujeto, en el hombre de a pie, con todas sus imposturas, sino todas las dís-funcionalidades y las des-armonías que nos generan angustias y malestar, las emociones en suma, el cumulo de lo que sentimos. Su mirada está soportado en el pensamiento de los grandes filósofos y sociólogos de mitad del siglo pasado, en el proyecto de la modernidad, los textos y discursos que lo hicieron posible desde la ilustración: “Por más que no sean conscientes de ello, los relatos sociológicos canónicos de la modernidad contienen, si no una teoría desarrollada de las emociones, por lo menos numerosas referencias a éstas: angustia, amor, competitividad, indiferencia, culpa; si nos tomamos el trabajo de profundizar en las descripciones históricas y sociológicas de las rupturas que llevaron a la era moderna, podremos advertir que todos esos elementos están presentes en la mayor parte de ellas.  Lo que quiero destacar en este libro es que cuando recuperamos esa dimensión no tan oculta de la modernidad, los análisis de lo que constituye la identidad y la personalidad modernas, de la división entre lo privado y lo público y su articulación en las divisiones de género, experimentan un gran cambio”. Este texto lleva varios años de publicado, realmente no lo había referenciado, pero ahora que lo leo, estoy gratamente sorprendido, es un hecho que la relación del sujeto con los poderes instaurados, las servidumbres y la manera como vivimos en el marco del capitalismo imperante, situación que para la mayoría de sujetos no está resuelta desde la perspectiva de  la justicia social, es más una impostura de la que difícilmente escapamos, en una economía global como la actual, que no permite disidencias,  en medio de las tecnologías de la información y el conocimiento, las cuales  han trasformado sustancialmente a este sujeto y su relación  con el medio.
Nancy Fraser ha trabajado el tema con mucha hondura, sus textos son emblemáticos y en ellos enfatiza el grave problema de la distribución de la riqueza, como se dan las diferencias, como se traducen en la escasez de oportunidades´, trabajo que comenzó estudiando la discriminación de la mujer: “Así pues, en general nos enfrentamos a una nueva constelación. El discurso de la justicia social, centrado en otro momento en la distribu­ción, está ahora cada vez más dividido entre las reivindicaciones de la redistribución, por una parte, y las reivindicaciones del reconocimiento, por otra”. Desde el feminismo ha hecho evaluaciones y descripciones de la manera como se expresa el capitalismo en el sujeto a través de la distribución y el reconocimiento.
Estas lecturas confirman que la escuela sociológica del siglo XX, que tanto le aportó a la filosofía y al estudio de las sociedades pos-industriales continua de alguna manera produciendo textos lucidos que explican estos contextos tan importantes.

















domingo, 18 de diciembre de 2016

TEXTO Y CONTEXTO 2

Quisiera referirme de nuevo a este tema, titulo de uno de los ensayos más lúcidos de George Steiner, exponer la infinidad de conexiones que podemos articular alrededor de una obra.  Depende de cada lector quien matiza su mirada y su relación con el texto de múltiples maneras. Carolina Sanin una inteligente escritora, profesora de literatura y crítica Colombiana en su última columna de la revista “Arcadia”, comenta la poca importancia que le da al contexto histórico de una obra, explica que este debe ser descubierto al interior de la misma, que en todo caso, para sus alumnos lo tiene en cuenta, pero que siempre hace esfuerzos para recordarlo en cada obra, al final, para ella este no es tan importante. “Babelia”, el suplemento literario del diario “El país” de España acaba de declarar el libro del año los relatos de Lucia Berlin “Manual para mujeres de la limpieza”.  Su vida, una verdadera novela, recuerda los periplos extremos de los poetas malditos de la Francia del siglo XIX, la divulgación de su atribulada existencia  ayuda a disparar  las expectativas por su obra, sobra decir que para la crítica especializada siguen siendo de suma importancia. La relación entre los aspectos biográficos del autor y el texto, aspectos que muchas veces los publicistas de las editoriales terminan convirtiendo en mito con el ánimo de impulsar un mercado, y los cuales la crítica, sobre todo los estudios académicos, descifran y develan con mucho rigor, pese a su importancia, no desplazan al texto,  desde Poe constituyen un basamento que es imposible eludir, pero la obra se sobre-pone a estas articulaciones.
El texto, sin caer en los pecados propios del estructuralismo, constituye un cuerpo, un universo, que sobrevive al autor y a todo el contexto histórico que pretendamos elucidar. Toda obra nace en circunstancias especiales desde la perspectiva histórica, incluyendo el entorno del escritor, aquellos aspectos meramente personales. “El coronel no tiene quien le escriba” de Gabriel García Márquez, tal vez sea el mejor ejemplo, la relación con el contexto histórico en que fue concebida y escrita por el autor son fundamentales sí se quiere ahondar en un estudio genealógico más incisivo, las circunstancia existenciales del escritor son de igual manera imprescindibles para entender ciertos tics del texto y el propio contexto al interior del mismo develan algunas claves de la génesis del cuerpo narrativo y de su estructura.  Miremos los comentarios de  Carolina Sanin al respecto: “Promuevo la lectura fuera del contexto: en el texto. Les digo a los estudiantes que en el texto está el contexto. Que el contexto son el texto. Que el contexto son el texto, la totalidad de la lengua y el lector. Que la vida de uno es el contexto de lo que uno lee, y además, eso es irreversible. Enseño literatura, no historia de la literatura”. Estas elucidaciones que además Carolina expone desde la esclerótica del amor, tienen mucho sentido: “Creo que sí tratamos de entender un poema, entrevemos como fuimos al escribirlo, cuando lo leemos con atención (Cuando lo contemplamos, lo analizamos, lo partimos y lo juntamos y nos demoramos en sus espacios) el poema- o cualquier obra de arte-nos dignifica, pues nos enseña que es ser humano, y que después que un ser humano alcanza-y no alcanza- en suma, creo que leer y amar son una sola cosa, una sóla cancelación del tiempo. Leer hace que nos amemos así mismos”. Dice  Steiner: “ Las configuraciones psicológicas de la lectura, los reflejos de conciencia que organizan nuestra ingestión, (Termino de Ben Jonson) del texto, no son ciertamente, menos temporales, menos el producto de la intrincada coincidencia de opciones innatas y ambientales, aquí como en la historia del arte o de la forma musical, el momento cogniscitivo más simple implica procesos interactivos y en constante movimiento, que van desde los neurofisiológicos, por un lado, hasta los elementos más inestables y difíciles de de documentar de la moda, la contingencia social, y el accidente local por el otro”.  Establece después: “La mayoría de los actos de lectura, digamos el 95 %, simplemente para ejemplificar la tosquedad de la evidencia, se dán en un contexto ( adviértanse las proximidades ininteligibles, y sin embargo vitales, , de texto y contexto) se objetivizan con relación a los fines que no pueden llamarse sino  efímeros, utilitarios, mecánicos, casi sonámbulos”.

Un texto siempre remite a otras referencias, pese a no necesitar el entrevero de estas articulaciones muy comunes en la crítica especializada. Citati, el gran crítico Italiano, nos ha enseñado a mirar las obras desde adentro, sin contexto. Desde su universo construye todas las miradas, para nada se sale del texto, la obra siempre se contiene en una totalidad, no necesita referencias de ningún orden. Lo interesante es que el lector tiene la palabra. La relación del texto con su lector es rica en matices, de esto no hay duda.

sábado, 10 de diciembre de 2016

LA JUVENTUD COLOMBIANA Y NUESTRA LITERATURA

Pocas veces se hace el diagnostico sobre el conocimiento de la literatura Colombiana de  nuestra juventud, el nivel de compromiso en este ámbito, cómo se articula esta relación en un mundo dominado por las TIC, con mucha prevalencia de los medios digitales. En este semestre he visitado de manera continua las bibliotecas públicas de Medellín, he conversado con estudiantes de literatura y con lectores espontáneos sin ninguna formación profesional. También soy un asiduo visitante de las principales librerías de la ciudad y en estos sitios de igual manera he escrutado este tópico. No dejo de asistir a los eventos en que se presentan nuevos libros, esto para dejar en claro, que de alguna manera puedo ser testigo de cargo de cómo vibra esta relación. Varias son las realidades. La primera, ya no populan los lectores compulsivos de otros tiempos y son muy pocos los sitios de encuentro para hablar de literatura, la juventud cada vez se aleja del texto y más bien se acerca al mismo a través de otros medios tecnológicos más acordes con su mundo. Aún así, pese a que se venden muchos libros, no se leen. Segundo, el acercamiento a los más importantes textos de nuestra literatura: “María”, “La vorágine”, " Cien años de Soledad" ,la poesía de Silva,  para citar sólo unos, la información que obtuve fue de personas absolutamente distantes, la mayoría de veces los interrogados desconocen estas obras, los jóvenes están leyendo autores contemporáneos, pero no nuestros clásicos, algunos muy populares, más por gracia de los medios de comunicación, me refiero aquellos libros que han servido para montar series televisivas, series que han tenido mucha popularidad, su vigencia se debe más a los artificios de la publicidad que a su calidad.
A esta especie de apatía imperante contribuye la ausencia de una crítica rigurosa, llamativa y que fomente la lectura, por este camino el conocimiento de nuestra literatura ya no es importante, ni siquiera para los lectores asiduos, la oferta de textos extranjeros es muy grande . Quede estupefacto, de comprobar cómo la juventud desconoce la mayoría de los autores emblemáticos de nuestra literatura. Tomé a Héctor Rojas Herazo como ejemplo, realice una encuesta alrededor suyo y después de mucho preguntar entre la juventud,  su desconocimiento era casi general. Con un problema adicional, a la juventud no le preocupa esta falencia, la lectura de textos es cada vez menos importante para su formación. En todo caso, no se puede afirmar que la batalla esta perdida, pues en otros países la lectura de literatura es popular y de suma importancia. Que estamos haciendo desde la gestión pública. Colombia tiene una de las mejores redes de Bibliotecas públicas. Hay una política de fomento a la lectura rigurosa. Tal vez debemos ser más ingeniosos en el acercamiento del joven al texto. Pascale Casanova, está excelente crítica, escribió: “¿Es posible restablecer el eslabón perdido entre la literatura, la historia y el mundo, y al mismo tiempo mantener una completa percepción de la irreducible singularidad de los textos literarios? Segunda, ¿puede concebirse la literatura como un mundo en sí? Y en tal caso, ¿podría una exploración de su territorio ayudarnos a responder la primera pregunta. Cómo darle a entender a nuestra juventud la importancia de la buena literatura, como memoria, desde la perspectiva hedonística, como descubrimiento del mundo estético propio y de la visión particular narrada por nuestros escritores a través de sus obras más importantes”.
Funda lectura realiza un labor encomiable. Los libros y las bibliotecas en las paradas de autobús son un recurso de suma importancia, reglar libros en el transporte público y fomentar lecturas, labores en las que no cede son una buena política. Fuera de esto, gestiona políticas públicas a favor del fomento de los lectores y por su puesto en el conocimiento de nuestras letras. La lectura cumple un papel vital en la vida nuestra, como formación y como memoria, Alberto Manguel recordaba:
“¿En qué consiste ese extraño sentimiento de intimidad compartida, de sabiduría regalada, de maestría del mundo a través de un mero juego de palabras? Éste es un paseo por la historia de los libros y por las obras de algunos de esos grandes hechiceros responsables del paraíso de la lectura. Memoria, intimidad, imaginación, sentimientos, inteligencia, aventura y descubrimiento son algunas de las palabras que reivindican el estatus de un placer que nos hace más humanos.
Como la experiencia muestra, la debilidad de nuestra memoria olvida fácilmente no sólo los actos ocurridos hace mucho tiempo, sino también los recientes de nuestros días. Es, pues, muy conveniente y útil poner por escrito las hazañas e historias antiguas de los hombres fuertes y virtuosos para que sean claros espejos, ejemplos y doctrina para nuestra vida, según afirma el gran orador Tulio". Así comienza la novela que, entre los pocos libros perdonados de la biblioteca de Don Quijote, el cura rescata por ser "un tesoro de contento y una mina de pasatiempos": el Tirant lo Blanc de Joanot Martorell y Martí Joan de Galba. "Llevadle a casa y leedle", le dice a su compadre el barbero, "y veréis que es verdad cuanto dél os he dicho"[1].
Después agrega, refiriéndose a la lectura: “Pero ¿qué es este placer? ¿En qué consiste ese extraño sentimiento de intimidad compartida, de sabiduría regalada, de maestría del mundo a través de un mero juego de palabras, de entendimiento adquirido como por acto de magia, de manera profunda e intraducible? ¿Por qué nos lleva a rechazar ciertos libros sin misericordia y a coronar a otros como clásicos de nuestra devoción si algo en ellos nos conmueve, nos ilumina, pero por sobre todo nos deleita?”. Tal vez la respuesta a estos interrogantes, nos permitan fomentar más el conocimiento de nuestras letras, que es un poco el rescate de nuestra memoria y de la identidad a travez de las obras de literatura más importantes.










[1]Elogio de la lectura”. Alberto Manguel. http://elpais.com/diario/2006/04/22/babelia/1145662750_850215.html


domingo, 4 de diciembre de 2016

UN LIBRO SOBRE LAS HERIDAS DEL PASADO GANA EL PREMIO CLARÍN NOVELA


Tomado De la revista “Ñ” del periódico “Clarin” de Argentina
El texto elegido fue escrito por Carlos Bernatek, nacido en Avellaneda en 1955. La Historia en la vida personal.
Después de la espera, de los saludos, en el Teatro Coliseo, llegó la noticia: el ganador del Premio Clarín Novela es Carlos Bernatek, un escritor que nació en Avellaneda en 1955 y actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional.
La novela se llama El canario, que es el apodo de Maidana, el personaje sobre el que gira la trama de la novela. El canario explora el pasado reciente de la Argentina, el pasado truculento de los Años de Plomo. El tema aparece de manera infrecuente porque Maidana es un conscripto que accidentalmente va a parar a la ESMA y es testigo involuntario de los horrores que allí ocurren. Logra salir pero queda marcado de manera definitiva. Todo está contado por un narrador testigo que es Javier, un hombre autoexiliado, que vuelve a la Argentina de los 80 para encontrar un país en el que los bares se han transformado en estacionamientos y que ve con desencanto.
En la sala, habían esperado la decisión personalidades de la política, la cultura y el periodismo. Entre ellos, el ministro de Cultura, Pablo Avelluto; el titular del Sistema de Medios Públicos, Hernán Lombardi, la subsecretaría de Cultura de San Isidro, Eleonora Jaureguiberry; los escritores Claudia PIñeiro, Guillermo Martínez, Daniel Guebel y Patricia Suárez; los editores Augusto Di Marco, Julieta Obedman, Daniel Divinsky y Kuki Miller, entre otros.
En la sala, antes de proclamar al ganador, se leyó la lista de los diez finalistas. Algunos llevaban "hichada", que los vivaba al ser nombrados. Pero el que subió fue Bernatek, quien contó que éste es su décimo libro, que tiene su origen hace veinte años y que cuando lo volvió a tomar, tanto los personajes como él habían cambiado.
El autor vivió muchos años en la ciudad de Santa Fe. De hecho La noche litoral, su última novela está protagonizada por un hombre que se busca la vida en esa ciudad.
PRIMERA PÁGINA DE LA NOVELA
Fue como nacer de nuevo, pero viejo. El tiempo, como una clase de combustible fósil, se había consumido demasiado rápido. Y ya era tarde para muchas cosas. Tarde para preguntarse, por ejemplo, como el irlandés Yeats, si ¿había acaso otra Troya para que ella incendiara?
Porque esa ella, en mi caso, no era Helena, sino la juventud, los años más o menos salvajes, quemados sin sentido ni nostalgia. Edad peculiar los cuarenta: excesivamente tarde para muchas cosas, demasiado temprano para el retiro, una especie de vejez prematura con atisbos de juventud tardía. Una verdadera cuarentena de dudoso final.
Al menos sabía que nadie me buscaba: mis osadías de muchacho, de exasperado, eran causas prescriptas, algo en realidad insignificante en comparación con todo lo ocurriera en éste lugar después de mi partida. Ni siquiera estaban vivos los que podrían reclamarme algo. La ley, la norma –como siempre lo supuse- es un papel que alguien, un empleado menor, una secretaria, un cadete, de pronto olvida, extravía, omite (...)
Mirá también: Un libro sobre las heridas de la Dictadura gana el Premio Clarín Novela

martes, 29 de noviembre de 2016

LITERATURA Y PODER

Con la muerte de Fidel Castro pensé en esta relación ancestral, la cual ha sido muy estudiada por la academia.  La abordaré desde una perspectiva muy personal, sin el rigor que amerita. Recorde la Iliada de Homero, al principio asumí que el tema central era el rapto de Helena por Paris, después mi profesora de literatura me aseguró que realmente es la ira de Aquiles por la muerte de Patroclo, ahora pienso que es un poema épico sobre el poder  o tal vez, las tres variables constituyen aristas de un mismo eje sobre el cual se desarrolla la historia: Amor, poder y muerte. La “Biblia”, el gran relato místico del cristianismo y el judaismo está llena de narraciones centradas entre la rivalidad del poder divino, inconmensurable, omnímodo, y la naturaleza humana, con todo el mar de contradicciones que la caracteriza. Este texto es rico en historias de este tipo, hay un enfrentamiento permanente entre el mal y el bien, entre el poder de Dios y el hombre; la expulsión de la primera pareja del paraíso terrenal nace de un desafío, del rompimiento de reglas, de una rebelión contra el poder divino, de la sed de conocimiento. La historia del primer patriarca Abrahán, está llena de vicisitudes alrededor del poder, unas de sumisión total, es enviado a matar a su hijo y el obedece sin cuestionar a su Dios y otras de rebelión, de duda. La Historia de Job es memorable, por un reto entre la divinidad y el diablo se le somete a todos los vejámenes imaginables y pese a sus desgracias súbitas nunca denosta de su Dios. Son mychos los ejemplos tanto en el viejo como en el nuevo testamento. Grecia, la cuna del pensamiento y la ciencia moderna, escribió verdaderos tratados sobre el poder.  “La política” de Aristóteles es un tratado sobre el poder, “La republica” es la primera utopía, es una propuesta sobre el uso del poder, sobre el modelo de estado. Roma estudió hasta la saciedad el poder, lo estructuró y creó las reglas sobre las que se articula la sociedad, de hecho son los padres del Derecho moderno. La relación de los pensadores y escritores con el poder es igualmente cautivante.  El ejemplo de Platón es emblemático, su cercanía con un dictador no tuvo un final feliz, Sócrates fue condenado a muerte por el estado y se le obligó a tomar la cicuta, Seneca murió de igual forma. La edad media termina con la rebelión del pensamiento ilustrado contra las imposiciones de la iglesia y los poderes anquilosados de los reyes en medio dde procesos inquisitoriales y hoguera para muchos científicos y escritores. La relación de ciertos pensadores con los Nazis en plena efervescencia del fascismo es aún materia de controversia. Basta solo citar a Heidegger, para encontrar interrogantes que tal vez nunca se resuelvan.  Lo mismo pasó con la relación perversa de algunos escritores Españoles con el Franquismo, o su consecuencia nefasta, el exilio de otra pléyade de creadores que simpatizaban con la republica y la izquierda española, se fueron después de la derrota, sólo volvieron cuatro décadas después. En Latinoamérica, no solamente algunos escritores estuvieron cercanos al poder, sino que escribieron hermosas novelas sobre dictadores y la soledad del poder. “El otoño del patriarca”, “El señor presidente”, “Yo el supremo”, “El siglo de las luces” son apenas las más importantes. Mauricio vicent en una columna de “El país” de España tiene una anécdota que refleja la situación de cierta época de dictaduras en Latinoamérica: “La primera vez que Gabriel García Márquez escuchó el nombre de Fidel Castro fue en 1955. Por aquel tiempo el escritor compartía exilio en París con un grupo de intelectuales latinoamericanos y cada uno esperaba la caída de su propio dictador, por eso cuando una mañana el poeta cubano Nicolás Guillén abrió la ventana de su habitación y gritó: “¡Se cayó el hombre!”, cada cual pensó que se trataba del suyo propio. Los paraguayos creyeron que era Stroessner, los nicaragüenses, Somoza, los colombianos, Rojas Pinilla, los dominicanos, Trujillo, y así una lista interminable. Al final resultó ser Juan Domingo Perón y, poco después, charlando sobre el asunto Guillén le confesó a García Márquez que no tenía muchas esperanzas de ver el fin de Batista en Cuba”[1].  Remata el artículo trayendo a colación como se dio la relación entre Gabo y Fidel: “Tres años después, García Márquez estaba en Caracas viviendo como reportero el primer año de Venezuela sin Marcos Pérez Jiménez, y en eso llegó la noticia del triunfo de Castro. Dos semanas más tarde él y Plinio Apuleyo Mendoza se embarcaron en un avión con un grupo de periodistas rumbo a La Habana. García Márquez acabaría formando parte del núcleo fundacional de la agencia Prensa Latina, creada en el verano de 1959 por Jorge Ricardo Masetti y el Che Guevara, y desde entonces su relación con Cuba y con Fidel Castro, casi lo mismo para García Márquez, pues la isla y su amistad con el líder cubano eran para él cosas inseparables”. Este es el tema para un libro, se podría tratar desde muchas variables y aún no se agotaría: Literatura y poder.
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[1] http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/03/actualidad/1396551081_198117.html

La revista “Semana” dio una lista en una edición de las veinte novelas sobre el poder:
La Historia del Rey David
La Biblia

Porque la historia de David es probablemente la más grande narrativa de la antigüedad sobre una vida moldeada por las presiones de la vida política, las instituciones públicas, la familia, los impulsos del cuerpo y del espíritu, y la inevitable decadencia de la carne. Una mirada al cruel proceso de la historia y al comportamiento humano envuelto en la búsqueda de poder.

2. Edipo Rey
Sófocles 

Porque es la trama fundacional de las complejas relaciones filiales. Porque es un tratado sobre el poder en el sentido primordial: un secreto es capaz de devorar a un hombre y convertirlo en el verdugo de su propio padre.

3. Yo, Claudio
Robert Graves 

Porque es honda reflexión sobre el tiempo y la mortalidad de los hombres que un día se creyeron dioses, en una época en la que todavía importaban los dioses.

4. Memorias de Adriano
Margarite Yourcenar 

Porque es una larga carta sobre la soledad del poder. Adriano, otro de los emperadores romanos, vivió una época imperial en la que se derrumbaron los ideales del mundo clásico, y el cristianismo no se había implantado del todo.

5. Calígula
Albert Camus 

Porque muestra la débil frontera entre el exceso de poder y la tiranía. Envenenado por el sufrimiento de perder a su hermana, el emperador romano Calígula empieza a desear lo imposible y a ejercer todo su poder para obtenerlo sin importar el costo.

6. El nombre de la rosa
Umberto Eco 

Porque es bueno recordar cómo el poder de la palabra escrita fue celosamente protegido del vulgo durante siglos por la Iglesia, y en esta, la gran novela de Eco, se ponen de manifiesto todas las oscuras maquinaciones de las que fueron capaces los monjes del medioevo para mantener ese poder.

7. Castellio contra Calvino
Stefan Zweig

Porque en este bello ensayo histórico se pone de manifiesto que cuando los hombres, hasta los más humanistas y revolucionarios, llegan al poder, son capaces de aniquilar a sus adversarios: así le ocurrió al joven teólogo Castellio cuando osó discutir cómo Calvino había sido capaz de condenar a la hoguera a Servet, otro teólogo.

8. Macbeth
William Shakespeare 
Porque se trata de uno de los más apasionantes relatos sobre la ambición que haya concebido el hombre. Macbeth es la historia de un hombre ciego por la codicia que es capaz de asesinar para conseguir sus propósitos.

9. Fouché
Stefan Zweig 
Porque es la gran biografía de eso que se podría llamar el poder en la sombra. No en vano este hombre de finales del siglo XVII y comienzos del XVIII fue el único que sobrevivió a dos antagonistas como Napoleón y Robespierre. Y el único que cambió de opiniones radicalmente entre las ideas revolucionarias y las monárquicas en un período apasionante de la historia.

10. Rojo y negro
Stendhal 

Porque es el gran retrato de la ambición y el arribismo por ascender socialmente. Porque es un gran fresco de una época en la que comenzaban a imponerse valores sociales como el dinero, como mecanismo para humillar a los demás.

11. La piel de zapa
Balzac 

Porque es el mejor retrato del arribismo, uno de los valores burgueses por excelencia en el siglo XIX, y una poderosa metáfora que echa mano de elementos fantásticos para mostrar que la ambición siempre rompe el saco.

12. El maestro y Margarita
Mijail Bulgakov 

Porque es una gran alegoría del estado de represión de los artistas en un estado totalitario y, además, una de las novelas más hondas sobre el bien y el mal escritas en el siglo XX.

13. Bella del señor
Albert Cohen 

Porque explora a fondo las relaciones de poder en el amor de un hombre judío de la burguesía y una mujer aristócrata en el convulso período de los años 30 en Europa. Esta novela es un fresco de una época en la cual el mundo estaba gobernado por el totalitarismo.

14. Todos los hombres del rey
Robert Penn Warren 
Porque este libro, ganador del premio Pulitzer de 1946 y basado en la historia del gobernador de Louisiana Huey Long, es un despiadado retrato de un político populista que atropelló a todo el mundo para mantenerse en su cargo.

15. 1984
George Orwell 

Porque es la crítica más aguda a los regímenes totalitarios que se haya escrito jamás. Pinta el panorama de un dictador supremo que ha reprimido a la humanidad por medio de manipulación y propaganda. Este es el Gran Hermano, que siempre está vigilando.

16. Fahrenheit 451
Ray Bradbury 
Porque presenta un futuro en el que la humanidad se ha convertido en una masa sin pensamiento crítico. Un grupo de bomberos se encarga de incinerar libros porque, según los altos mandos del poder, generan infelicidad en las personas al hacerlas ver con otros ojos lo establecido.

17. La hoguera de las vanidades
Tom Wolfe 
Porque retrata el Nueva York de los años 80, uno de los grandes centros de poder financiero del mundo. Una historia en la que se muestra cómo los intereses políticos y judiciales pueden convertir a alguien en el rey del mundo un día, para luego comérselo vivo a la mañana siguiente.

18. El señor de las moscas
William Golding 

Porque es una radiografía descarnada de lo ambicioso que puede llegar a ser el espíritu humano. Una fábula sobre el deseo de poder, narrada desde el punto de vista de unos niños abandonados en una isla desierta.

19. Agosto
Rubem Fonseca 

Porque retrata de una manera minuciosa y casi quirúrgica la caída de un dictador. El cerco que se va imponiendo sobre Getulio Vargas, y los crímenes de Estado son, en esta novela, una manera de reflexionar sobre la tiranía.


20. Ámsterdam
Ian McEwan 

Porque se sumerge en las relaciones de poder de una amistad. Porque desvela el desmesurado poder de los periodistas que cuando tienen una exclusiva son capaces de anteponer el afecto al éxito.





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[1] http://elpais.com/elpais/2014/04/20/opinion/1398007823_649987.html

lunes, 21 de noviembre de 2016

MÚSICA Y LETRA

Siempre leo con mucha asiduidad el blog de Sergio Ramírez en Boomerang Literario del periódico “El País” de España. Sus artículos, además de estar bien escritos, estamos frente a un escritor mayor, cumplen con una tarea de divulgación y crítica memorable, constituyen un bálsamo, una buena conversación. Cuando me encuentro con esos artículos especiales, siempre deseo replicarlo en este blog para que mis lectores lo disfruten
              Rubén Darío fue un músico que como él mismo dice vivía "loco de armonía". No lo ocultaba. En su novela inconclusa El oro de Mallorca, el protagonista es un famoso compositor latinoamericano, Benjamín Itaspes, pero de inmediato reconocemos que se trata de él mismo, disfrazado así para hacer una confesión autobiográfica, amarga y triste. O más bien que un disfraz, es su verdadera alma la que muestra en esos capítulos. El alma del músico que siempre cargó con su piano Pleyel, y que terminó perdiendo en una casa de empeño, agobiado por las deudas.
            Su preferido entre los personajes de la mitología griega es Orfeo, músico, y entre los dioses del panteón latino, Pan, músico también. Y su poesía que más nos gusta, la que entra por el oído, es pura música, sino oigamos los compases que tiene la Marcha Triunfal, clarines, trompas de guerra, y donde los timbales marcan el ritmo en el desfile de los vencedores.
            Y aquel poema A Margarita: ¿Recuerdas que querías ser una Margarita/
Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está,/ cuando cenamos juntos, en la primera cita,/ en una noche alegre que nunca volverá...tiene la medida y la cadencia de un tango. Sin olvidar que Borges escribió letras de milongas, a las que Piazzola puso música.
            Pero contra lo que alguien pudiera pensar, en la prosa tiene que haber música, y el que escribe en prosa debe tener oído musical, para la melodía y para el ritmo. Esto podría parecer contradictorio en mi caso, pues mi tío Alberto Ramírez, chelista y compositor de boleros, nos declaró sordos a mi hermana Luisa y a mí tras sus esfuerzos frustrados en enseñarnos solfeo. Quizás era el horario de las lecciones. Las dos de la tarde es la peor hora para enseñar a solfear, igual que para aprender mecanografía, en lo que también fracasé, pues nunca aprendí a escribir con todos los dedos, como Dios manda, sino que me quedé usando los dos índices que picotean en el teclado, un anacronismo en esta era de los dedos pulgares.
            Desde entonces he inventado la teoría, muy a mi favor, que hay dos oídos, el que reproduce entonando, en lo cual confieso mi sordera, pues si me atrevo a cantar lo hago en un solo tono, y el oído que oye y puede recordar un quinteto de cuerdas o una sinfonía a la primera frase, el mismo oído que distingue los compases de un tango o de un bolero y reconoce cada instrumento en un concierto, y sobre todo, el que me da la medida al escribir.
            Vengo de una familia de músicos, abuelo y tíos paternos, todos miembros de una orquesta, y esa es mi vena artística, mi punto de partida. No me son extraños los monótonos ejercicios de clarinete de mi tío Carlos José en las tardes tranquilas de Masatepe, ni la figura de mi abuelo Lisandro inclinado sobre el papel pautado que el mismo rayaba con un curioso instrumento de cinco filos al que llamaba "pata", componiendo tal como se lo dictaba su cabeza, porque nunca pudo ser dueño de un piano.
            Músicos pobres, pero que hallaban siempre felicidad en los "toques" esos viajes a caballo por los pueblos vecinos tocando en las misas de gloria, los rosarios rumbosos y las procesiones, lo mismo que en las barreras de toros y en bailes de gala; o ponían serenatas persiguiendo amoríos.  
            La literatura se emparenta, pues, con la música, o mejor dicho, ambas comparten la misma sustancia. Y un buen ejemplo es el nicaragüense Carlos Mejía Godoy, quien recibe este mes en Las Vegas el premio Grammy Latino que le ha sido otorgado en reconocimiento a su carrera de compositor, palabra que hay que descomponer de manera debida, en su sentido completo: compositor es el que crea música y letra. Es decir, un artista que saber oír, y sabe escribir. Y al escribir, lo hace en pocas líneas, para lo cua se precisa de maestría.
            La polvareda que despertó la concesión del premio Nobel de Literatura a Bob Dylan aún no se asienta, y yo siento que Leonard Cohen se haya muerto sin recibirlo. Si se trata de premios literarios, además de musicales, como el Grammy, Carlos Mejía Godoy merecería más de uno, igual que Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez o Pablo Milanés. Todos ellos son poetas de la altura de Jacques Prévert que escribió la letra de Hojas muertas, o el poema que fue a dar a la canción. Un poema que cubre toda la melodía, igual que Volvió una noche de Alfredo Lepera, en la voz de Carlos Gardel.
            Conocí a Carlos en León, en 1960. Yo estudiaba derecho, y él llegó a estudiar medicina. Recuerdo un viaje que hicimos una noche a la playa de Poneloya a bordo de un jeep sin techo, de aquellos de la segunda guerra mundial, los dos atrás, hablando de música. Para entonces él empezaba a componer y yo a escribir, dos caras de la misma moneda, y él asegura que critiqué mal una de sus canciones primerizas. Cada vez que me lo recuerda, entre risas, yo prefiero responderle que ese episodio nunca existió.
            La imagen de Carlos es inseparable de su acordeón, pero entonces tocaba también el serrucho, al que sacaba arpegios de película de vampiros. Su obra empezaba apenas a crecer, y hoy sus centenares de canciones tocan sentimientos de nostalgia y rebeldía que componen lo que podría llamarse el alma nacional de Nicaragua. Él le puso música y letra a la revolución, sin cuya música aquella gesta de todos no se explica, como tampoco se explica sin la poesía de Ernesto Cardenal.
            Bastaría la Misa Campesina para que su obra quedara en la memoria. La grabación de 1979 en la que entra la Orquesta Sinfónica de Londres, con las voces de Miguel Bosé, Ana Belén, Sergio y Estibaliz, hay que oírla siempre.
            Carlos es un poeta con los dedos en las teclas del acordeón.