jueves, 7 de agosto de 2014

ALGUNAS LECTURAS PARA TENER EN CUENTA




La escritura en el caso propio, hablo muy a título personal, cumple con la misión de ser una catarsis hermosa a esta vida harto complicada, aunque nunca infeliz, lo complicado al final resulta ser un deleite, cuando se superan las trabas, cuando no, son trágicas ataduras, gracias a ellas existe el psicoanálisis y los lacanianos que es otra manera de vivir. La lectura sigue siendo el bálsamo que me permite sobre-llevarla con más facilidad, otra barca que atenúa estos escozores, son aquellos encuentros y conversaciones con quienes son capaces de liberarse del esclavo mundo digital que nos domina y la estandarización del pensamiento.
Oteando en la red me he encontrado con dos cosas muy hermosas. En el suplemento de Babelia de “El país “ Un artículo de Alberto Manguel que recomienda la lectura de un texto que recoge relatos sobre el mar: “Desde Colon a Hemingway”, se llama. El libro por razones del tema, de antemano nos da garantía de ser un deleite, pues resulta ser una especie de antología que recopila los relatos más importantes sobre el mar. Manguel trae algunas consideraciones hermosas del vasto océano, como perlas:
“Sófocles comparó el mar a las mareas de la miseria humana. Jorge Manrique, a la muerte. Joseph Conrad sintió que el mar era, como los sueños, una imagen de la vida misma, y en Lord Jim escribió: “Un hombre que nace, cae en un sueño como quien cae al mar. Si trata de remontar a la superficie como hacen las personas inexperimentadas, se ahoga, nicht wahr?¡No! Le digo: lo que se debe hacer es someterse al elementodestructivo”. Otros sintieron que el mar era una prisión (Robinson Crusoe), un emblema de la libertad (Baudelaire), una metáfora de nuestra soledad (Terence Ratinggan) o del populoso universo (Melville) Marta Salís resume esa ambigua riqueza diciendo que el mar ha sido siempre una "gran fuente de inspiración literaria" cuya lectura refleja "toda su belleza, misterio y crueldad". Agrega adelante: “La selección de textos que Salís propone en esta antología sobre este vasto tema no es "histórica", en el sentido de verse obligada a retrasar los pasos de Moisés, Ulises o Jasón, pero sí cronológica, e incluye no solo ficciones sino crónicas de aventuras auténticas que merecerían serlo. Así leemos de la nave que perdieron los marineros de Colón, de los piratas que acosaron la ciudad de Maracaibo, de una seudorrobinsonada contada por el inventor de la primera, Daniel Defoe, de los sufrimientos de esclavos como Olaudah Equiao y de los razonamientos de negreros como el capitán Hugh Crow, de aventuras más recientes como la del circunnavegador solitario Joshua Slocum (que, al parecer de Richard Ford, fue uno de los mejores escritores de lengua inglesa)”. Es un plato Gourmet realmente.
Esta semana, que realmente ha sido una especie de catástrofe, alcance a leer un texto muy corto pero de una hondura y rigor inimaginable: “En el mismo barco” del filósofo Alemán Sloterdijk, es una visión del sujeto y del estado, por quien descifra con  pasmosa claridad los intríngulis del sistema, la relación sujeto-poder y por supuesto las claves de la política desde la lógica de sus configuraciones, lectura que hacemos como víctimas lúcidas, frenetizando con alguna racionalidad las consecuencias que padecemos, sus efectos están ahí, nos atormentan, hacen parte de nuestras complicaciones cotidianas, realmente es un libro tenaz.
Conseguí en la ciudad de Manizales Colombia una versión antigua de la enciclopedia “Universitas” de Salvat editores, en 20 tomos. Esta belleza editorial fue la que me permitió nacer como lector en mi lejana niñez, es hermoso rescatar algunos objetos que nos recuerdan claves de nuestra vida. Suelo rememorar a cada rato como si fuera hoy, sus artículos sobre el renacimiento, realmente es una obra magistral, allí está todo.
Hay una excelente serie de publicaciones sobre la segunda guerra mundial. Empezaré a realizar una especie de selección, lógico para ir entregándola. Siempre se encuentra uno con excelentes blog. Recomiendo este:
Lo encontré buscando información más amplia sobre Thomas Piketti. Este hombre desnuda en su totalidad las perversidades del capitalismo, el autor del blog reseña con inteligencia: “El nuevo libro de Thomas Piketty, Capital en el siglo 21 hace un trabajo notable para centrar la atención sobre el crecimiento de la desigualdad en las últimas tres décadas y advertir sobre el potencial riesgo de que aumentará aún más en los próximos años sino se hace algo para frenar esta situación que amenaza con hacer retroceder al mundo al siglo 19. Piketty aborda un punto básico muy simple y es que cuando la tasa de retorno sobre el patrimonio (r) es mayor que la tasa de crecimiento (g), se acelera la concentración de la riqueza. Esto es lo que ha ocurrido en los últimos 30 años con la implantación a gran escala de los postulados del libre mercado y la desregulación financiera. Las fallas intrínsecas en los modelos de competencia perfecta que ocultan asimetrías y mercados imperfectos, ha creado un primer mundo en la periferia del tercer mundo y un tercer mundo en el corazón del primer mundo”.

Releí un texto “Sobre escritores y escritoras ingleses” De Howard Rochester, que había leído hace más de quince años, publicado por la Universidad nacional de Colombia, realmente segundas lecturas son mejores. No son solamente análisis críticos, sino nos entrega muchas de las circunstancias en que nacieron obras clásicas de la literatura Anglo-Sajona. El texto de Shakespeare es muy bien logrado, realmente hay aportes valiosos. 

sábado, 2 de agosto de 2014

A PROPOSITO DE UNA COLUMNA DE SANTIAGO GAMBOA


La última columna de este excelente escritor colombiano, giró en torno a dos escritores: Knausgard,  Guadalupe Nettel, que le permitió disertar sobre  la auto-ficción como recurso literario. En este blog alguna vez hable del mismo, no dejo de insistir en que es un instrumento extraordinario que le permite al escritor crear, pontificar sobre temas específicos, actuar como ensayista a la vez, salirse del argumento, mezclar variables temáticas múltiples, con aluciones autobiográficas. Gamboa escribió al respecto: “Es poco frecuente un empeño tan claramente proustiano como el de Knausgard, el cual consiste ya no sólo en aislar un episodio de su vida y narrarlo, sino en trasponer a la escritura la totalidad de su vida para verla al trasluz, darle vuelta y analizarla, interrogarla con las armas de la literatura y, en particular, de la novela. El propio Knausgard denominó su obra global -Mi lucha-, título obviamente provocador, de la cual se han publicado en español los dos primeros tomos, La muerte del padre y la muy reciente Un hombre enamorado”.  
Martin Amis y Paul Auster, son dos novelistas quienes lo han explotado con una perfección indiscutible, convirtiéndolo en una técnica no solamente novedosa (En apariencia), sino versátil. Este recurso le dio a la novela un respiro frente al avasallante mundo digital, consolidándose como el género más importante y exitoso de la literatura en estos tiempos de dominio de la imagen y las TIC sobre la prosa.   .
La cita de Proust no es casual: “En busca del tiempo perdido”, es una clara muestra del recurso desde la subjetividad más extrema, desde donde hace un recorrido por el arte, la sociedad francesa de su tiempo, la música y la propia literatura, realmente es una radiografía de lo que el autor quiera tocar desde las líneas de una historia de ficción.
Un artículo de “El país” de España categorizaba frente a un encuentro de escritores: La auto-ficción domina la narrativa en castellano y ha llegado también al cómic y al arte. No son memorias, no son diarios, no son biografías: es una escritura del Yo, que se diversifica y ocupa nuevos espacios. Ratifica el artículo mencionado refiriéndose al recurso: “Los trazos principales de este retrato oral hablan de que se trata de libros con un tipo de argumento y de narración más acorde a estos tiempos de individualidad, del supuesto desprestigio de la ficción, de la avidez de los lectores por historias verídicas, de la necesidad del lector de que le reconstruyan el mundo y poder reconocerse en él, de lo difícil que es competir con tantas historias increíbles divulgadas por los medios de comunicación; y en España, por la desinhibición de hablar de sí mismos tras un pasado de miedos y de la pérdida de prejuicios sobre los géneros que cuentan vidas”.
Me pregunto acaso si Balzac y Fiódor Dostoyevski, no son representantes dignos del recurso, escriben verdaderos tratados sociales, entran y salen de la historia analizando aspectos esenciales de la subjetividad acordes a los grandes sucesos y problemas de su tiempo que no eran menores.
Es absolutamente cierto lo que expresa Gamboa con respecto “Al olvido que seremos” de Facio Lince, es un formidable ejemplo del recurso, pero además constituye una obra mayor de la literatura colombiana e hispanoamericana debido al grado de perfección que alcanza: Excelente retrato de una ciudad, una época, del conflicto social que reverberaba, auto-biográfica, de una textura especial, bien contada, con una prosa coloquial que hace de su lectura un frescura, rememora al padre asesinado, un personaje inolvidable de Medellín vilmente asesinado, al país enfrentado en medio de una violencia soterrada que aun no superamos.  
La literatura sobrevive hábilmente a los embates de la era digital, con total éxito, leer una gran novela aún es un gran divertimiento.
Winston Manrique Sabogal, expresa con respecto a la novela de autoficcion: No son autobiografías, no son diarios, no son memorias, no son actas notariales, no son biografías, no son ensayos novelados, no son novelas puras donde todo es imaginación. Pero también son todo eso. Es literatura. Son novelas, insiste Javier Marías, "porque ella lo asimila todo".
Siempre he categorizado que la novela es la que mejor interpreta la naturaleza humana. El artículo de Gamboa cumplió con la tarea de rememorar este excelente artificio.
“El teniente Sturm de Ernest Junger es un reflejo vivo de esta técnica, no solo narra una historia, sino que describe en su totalidad una época y sucesos de guerra inenarrables de la primera guerra mundial y a la vez realiza una reflexión filosófica sobre la misma de una hondura que interroga a la humanidad.
















lunes, 21 de julio de 2014

GIORDANO BRUNO Y LOS FURORES HEROICOS



El nuevo Siglo de Bogotá ha venido publicando una serie  de artículos del escritor Colombiano Luis Fernando Potes que en mi criterio ameritan ser publicados en este blog, empezaré con el primero y espero entregarle a mis lectores la totalidad.


El presente criba el pasado. El pasado suele ser una proyección de preocupaciones y desahogo de fantasmas. Pero es más patético, es una rutina.
Al margen de ese devenir anodino, se están cristalizando vidas que ansían la luz, los llamados constantes, depositarios de una verdad que no es de nadie y que puede liberar a todos.
Ser, es una dignidad que comporta haber desentrañado auténticos significados vitales, haber traspasado un velo que detiene la comprensión de la infinitud, el escenario oculto de lo viviente.
Quién como Bruno, indagó y aprendió a vivir como un sabio, despreciando toda necedad humana, honores, apegos, ambiciones del yo que se aferran al mundo, puede proclamar con mirada transparente una percepción ligada a verdades centradas en la claridad.
Él fue visionario, su profunda capacidad de captar el universo y habitar la vida como un extraño, lo hizo asombroso y relator de maravillas.
No basta ser incomprendido, no hay que exponerse al mundo que tritura todo a su paso. La verdad de Bruno es para quien trasciende. Su inmenso amor por la verdad lo llevó a divulgar lo que descubría, y esto lo llevó al martirio.
El mundo es ciego y no ve más allá de la apariencia, de la inmediatez. Su obra es delirante, desafiante, tanto por la época, como por innumerables circunstancias históricas.
La tolerancia de esta época es la medida de lo mediocre, es un síntoma de decadencia, un triunfo de la ignorancia. Bruno es un ejemplo de excelsitud de pensamiento y respeto a la vida, y esto no se lo perdonaron. Es muy fácil que triunfe la bestia.
Bruno es una resplandeciente llama que jamás se apagará, porque portó el estandarte de los valientes que no se doblegan al poder servil de complacencias que deterioran la vida. Él es el profeta de un universo infinito poblado de mundos innumerables, habitados por seres inteligentes, luminosos.
Las guerras de poder retrasan el avance de una plenitud que se aplaza porque nadie puede decidirla, nadie puede otorgarla. Nadie libera a nadie, es un trabajo sinuoso de inmensa soledad, de interminable meditación; de conectarse con fuentes sensibles, ocultas a lo vulgar.
La madurez ardiente de Bruno lo eleva a percibir realidades estrambóticas para su tiempo, son cosmovisiones de un enajenado. Bruno está vigente, su visión relativista es un puente gigante que se erige para resolver muchas dudas. En él, el Uno alterna con lo cotidiano, es una comprensión de la totalidad. El Dios de Bruno lo penetra todo, su teología trasciende conceptos, es vívida. Su concepción espiritual es para crear una civilización más digna y honesta, llena de valores que exalten la vida, la liberen. El cielo es la imagen universal, lo que debería ser, si aclaráramos la conciencia.
El amor en la expresión bruniana es el heroico furor que impulsa al héroe a trascender su condición actual, a fin de explorar los secretos del universo y del saber. Un héroe furioso es el que mira en los espejos de la realidad en su anhelo de sondear la vida, el punto divino que armoniza los contrarios para concentrar toda su energía e inteligencia. Giordano Bruno ve en la naturaleza y en la mitología una manera de recrear en la imaginación un entramado que no es lógico, más bien mágico, en el sentido de no ser aprehensible a la razón.
Sus furores heroicos y la expulsión de la bestia triunfante, son obras como sistemas de imágenes diseñadas con el objeto de instrumentar y vivificar con contenidos conceptuales relacionados con la dirección de la vida para desarrollar una filosofía práctica. Sus elaboradas artes de la memoria son sistemas constructivos de imágenes, máquinas de imágenes mentales orgánicamente relacionadas con las peculiaridades de la vida individual.
Bruno no se limitó a pensar que la teoría científica, al igual que la poesía, pertenecen al mundo irreal de lo fantástico; creía que la realidad se nos ofrece a través de la irrealidad de la imaginación, como en la música la notación no va referida a los sonidos sino a imágenes de tono visual interno.
Uno de los lemas que mejor corresponde al mundo filosófico de Bruno, es aquél que los descubren como la imagen del furor y de la bestia.
Bruno contrapesa la grandiosidad astronómica y el aparato celeste de su plan moral, con unos diálogos irónicos y a menudo irreverentes. Gusta mezclar lo trivial con lo metafísico, por su afición al contraste.
La expulsión de la bestia triunfante es una obra condenatoria, que lo condenó. Dibuja al hombre, el vicio, la virtud, toda la atrocidad que destruye la sociedad. La frescura y franqueza de sus textos no da lugar a equívocos, acusa su tiempo, clama por cambios que jamás vendrán.
Lo definieron como despertador de almas dormitantes, domador de la ignorancia presuntuosa y recalcitrante, en todos sus actos proclama una filantropía universal.
Las virtudes y potencias del alma, acuden a secundar la obra y el acto de todo cuanto por justo, bueno y verdadero define la luz eficiente, la cual endereza el sentido, el intelecto, el discurso, la memoria, el amor, la sindéresis, la elección, es decir, un cambio interior que resignifique nuestra orientación y despierte la conciencia a una claridad que antes no se sospechaba, esto es Bruno, un instigador de una moral celestial.
Quería purificación, renovación, nuevas influencias e improntas, cambiar causas, una mejor humanidad.
Como apóstol de la libertad de pensamiento, vagabundeó buscando acomodo, para divulgar sus doctrinas. Acerbo crítico contra la superstición, el fanatismo y la intolerancia de los credos de su época. Su convicción es de una íntima unidad de todo lo real, frente al universo frío e inerte de la ciencia.
El Dios de Bruno no es trascendente, es inmanente al mundo; el hombre se concibe como un ser natural, pero partícipe de esa dignidad. Su ética de la dignidad humana se fundamenta en atreverse a saber, aunque cueste la vida misma. Su ética de la restauración de los valores se encamina a una coherencia entre palabras y objetos, un recto pensamiento. Apela al silencio y la soledad para una regeneración espiritual, ese desierto que nos revela una verdad que une seres y naturaleza.
Bruno es un ejemplo vigente del esfuerzo del alma por alcanzar la luz, en medio de las mayores vicisitudes, aunque haya adversidad y contrariedad.
LUIS FERNANDO ZULUAGA P. 



sábado, 12 de julio de 2014

JOHN BANVILLE

La última novela que leí de este excelente escritor Irlandés fue “El mar”, ha ganado premios como el Booker, Frank Kafka, Leteo, Nonino, American-Irish Foundation o el premio Asuríaco de Literatura Europea Booker en 2005. Este año recibió con todo justicia el príncipe de Asturias según el jurado reunido en Oviedo, lo premia por "su inteligente, honda y original creación novelesca" y, "a su otro yo", Benjamin Black -el pseudónimo que utiliza para escribir novela negra-, por sus "turbadoras y críticas novelas policiacas". Desdeñó la academia, viajó mucho regresando a su país para dedicarse de lleno   a la literatura.
Winston Manrique Sabogal,escribe con el tono siempre adecuado de sus comentarios literarios, acertados y de una textura absolutamente lúcida sobre su obra: “porque el novelista irlandés es el creador de exquisitos e inquietantes universos privados y emocionales en obras como Eclipse, El mar (Anagrama) o Antigua luz (Alfaguara); también el creador de zonas más oscuras con su álter ego Benjamin Black en la novela policíaca; y no contento con eso, y bajo el nombre de Black se atrevió a revivir a Philip Marlowe, el célebre detective creado por Raymond Chandler”.
Bamville describe los eventos más truculentos de la naturaleza humana, descarnados, asesinatos, develando las pasiones más bajas: la ambición, la lucha por el poder, la envidia inscrita en el ADN social de la humanidad desde tiempos inmemoriales, de la mano de sus personajes, quienes son estereotipos tomados de la  sociedad, los que se ocultan sutilmente en su entramado, pero hacen parte de la cotidianidad urbana, se producen a granel, descifrando al hombre en todas sus imposturas y describiendo las acciones más bajas, con una narración depurada, contrario a las novelas de este tipo, su prosa refleja el cuidado de un escritor riguroso y talentoso, con un lenguaje brillante,  en las novelas de este orden sobrepasa los tecnicismos que el formato exige, su estética corresponde a los textos más excelsos de la literatura Europea..
El acta del jurado definió su narrativa de manera muy acertada: "Cada creación suya atrae y deleita por la maestría en el desarrollo de la trama y en el dominio de los registros y matices expresivos, y por su reflexión sobre los secretos del corazón humano".
Hace más de diez años le vengo leyendo con cierta paranoia, Benjamin Black el hombre central de sus novelas policiacas, pasará a la historia como uno de los grandes personajes de la novela negra.
En la reseña de su texto “Copérnico”, la cual aconsejo  leer,  establece: “Le interesan los personajes ambivalentes y obsesivos que procuran aliviar su infelicidad a través del conocimiento”. La tetralogía se le agregaría “Mefisto” y la “Carta de Newton”, todas ellas ahondan en los intricados procesos mentales desde la perspectiva del creador que compite con Dios.
Es gratificante cuando confirmamos las calidades de lo que leemos a través de premios cuya seriedad está descontada. No por prurito ni vanidad, simplemente para confirmar las virtudes de un género literario que está en plena efervescencia. “Heredero de la literatura de Nabokov, al que admira desde su juventud, de su estilo destaca la cuidada construcción de cada frase, unidad básica de su literatura y la narración en primera persona. Todo ello y en muchos casos aderezado por su humor negro”.
“De su producción literaria sobresale «El intocable» (1985), «El libro de las pruebas» (1989), con el que fue finalista al prestigioso Premio Booker, «Eclipse» (2000) o «El mar» (2005), que muchos consideran su obra maestra y que fue reconocida con el Booker en 2005 y el Irish Book Award en 2006.
Su novela más reciente es «Antigua luz» (2012), donde retoma personajes y narradores de otras historias y donde mezcla sexo, intriga y melodrama”.
El universo literario de este narrador Irlandés es muy vasto. Se ha preocupado por hacer buena literatura. En un artículo posterior hablaremos del mismo con el rigor que este amerita. Solo queda decir que este escritor es de mi total preferencia.






lunes, 30 de junio de 2014

ALREDEDOR DE UN BUEN CAFÉ




Siempre trato de escribir desde la perspectiva de un impenitente lector, busco trasmitir mis impresiones sobre textos que en mi modesta opinión ameritan replicarse y autores de mi preferencia. Colombia se inventó unos fines de semana largos con una ley llamada Emiliani, nombre del legislador ponente que traslada los festivos para el lunes, creando eso que llamamos puentes, que le permiten un respiro a la vida, tres días libres para leer y otear, generando a la vez para la industria del turismo un aire a sus ingresos. Entre junio y julio hay tres seguidos.

En este fin de semana vi un video en YOTUBE del excelente periodista y escritor Sergio Gonzales Rodríguez que es importante que conozcan, es un verdadero desciframiento sobre lo que sucede en México de hoy:


Es impresionante todo lo que se puede ver desde este portal: entrevistas, biografías y conversatorios, todos importantes para entender el mundo desde una perspectiva más seria y precisa, por fuera de los estándares del mercado, debemos  realizar un inventario de lo que tenemos a mano en el mismo, sería de suma importancia.
En el “Boomerang, el portal de escritores de “El país” de España, donde siempre me acerco a muchos narradores, me encontré en el blog de Jorge Volpi un comentario  a propósito de la creación de una comisión sobre la familia creada por el senado Méxicano para legislar sobre la misma lógicamente, que le da un poder de interpretación y de penetración inconmensurable, que es en el fondo lo que queremos evitar a toda costa y realmente no hemos podido, somos impotentes al respecto, bastante tenemos con los medios masivos quienes no sólo dominan lo que pensamos, lo que imaginamos, lo que consumimos, sino lo que soñamos. Ahora se viene el tercer poder legislando sobre lo humano y lo divino, eso está pasando en México. Mire lo que dice Volpi:
  “Los avances sociales -y éticos- de una sociedad se encuentran justo en esas materias de las que ya no se puede hablar. Decir, y decir desde una posición de poder, que cualquier tema puede ser discutido es lo contrario de un avance democrático: una aberración y un pretexto para discriminar a quienes no piensan o actúan como nosotros (o la "abrumadora mayoría"). Así como ya resulta impensable discutir si los negros o los indígenas son inferiores, también debería resultar impensable discutir sobre la inferioridad de otras personas a causa de sus preferencias sexuales o a su estado civil. Hablar de una Familia es, ni más ni menos, como hablar de una Religión: un resabio medieval que sigue llegando a nosotros por obra y gracia de la Iglesia. La obligación de cualquier Estado democrático no es velar por lo que quiere la mayoría, así sea del 99 por ciento, sino asegurar que todas las personas sean tratadas de forma equivalente. Es lamentable que el Senado de la República y en particular los miembros de los partidos que no pertenecen a la derecha conservadora no se den cuenta del daño que le hacen al país al permitir la existencia de una comisión como ésta. No existe la Gran Familia Mexicana: lo que existe una gran variedad de familias y la obligación del Estado consiste en proteger a cada una de ellas -en especial de quienes creen que sólo existe Una”.
Este es un tema muy serio, llevo muchos años trabajándolo desde la obra de Foucault.
En el Boomerang encontré un texto sobre la melancolía de Vicente Verdu realmente diferente, esta es una sociedad depresiva y melancólica:


“MELANCOLÍA Y EVAPORACIÓN”


La melancolía es una emoción especialmente disolvente. Fluida y alcohólica como es, se infiltra en cualquier articulación del alma y ataca como un  líquido alcohólico los tejidos más dispares por donde escuece.
No hay además métodos fáciles para enjugar su influencia puesto que la melancolía nace de una fuente inmanente y al cabo de un periodo ha empapado la totalidad de los diferentes espacios emotivos. De ahí que frente a  la melancolía logre poco efecto el sentido del humor, que es un secativo, ni tampoco la objetivación que es especialmente apta para quedar apresada en su seno. De hecho la melancolía opera en dos eficientes direcciones. Una hacia el interior donde crea su angustioso charco característico  y hacia el exterior como un glaucoma que anega de niebla la contemplación y, en consecuencia, la posible valoración de todas las circunstancias, incluso las mejores. Anega todas ellas y al humedecerlas las hace siempre valer menos y perder la posible firmeza de su entidad.
Ciertamente le sobrevendrán acontecimientos positivos al melancólico que podrían compensarle de su aflicción pero debido a su mucilaginosa perspectiva  se le presentarán posiblemente muy mojados. Hechos desmedrados por el aguacero melancólico y perjudicados encima  por la composición alcohólica de esa llorosa lluvia. No hay pues otro remedio que esperar a que la situación escampe. Ninguna  melancolía acantona o alivia la anterior, sino que, por el contrario, toda melancolía fluye hacia un nuevo episodio melancólico y la solución no llega sino paradójicamente por la solución. En tanto la melancolía es un disolvente cabe esperar que corroa a toda  materia que se le aproxima pero siendo un disolvente cabe también que termine por corroer su originario corazón. La muerte de la melancolía llega así bien por la extinción mortal del melancólico, incapaz ya de emitir más triste humedad o por suicidio orgánico de esa emoción que, alcoholizada, pierde el juicio y deriva en su cirrosis polvorienta donde toda gota de líquido desaparece por implacable evaporación”.
Este texto de Félix De Azua en el mismo portal es muy bello:

LARGO VIAJE HACIA LA TRANSPARENCIA

Nunca llegué a leerlo, aunque era el libro que más me atraía en la biblioteca de mis padres. Seguramente me cautivaba el título, tan seductor como repelente. Se llamaba Primavera mortal y lo había escrito un húngaro entonces extensamente leído, pero hoy desaparecido, Lajos Zilahy. Creo que en posteriores ediciones se le cambió el título por otro más comercial,Primavera mortífera. Se me asociaba con un verso famoso: Abril es el más cruel de los meses. Un verso a veces profético.
    La última primavera está siendo especialmente mortífera con mis amigos, Ana María Moix, Leopoldo Panero, José María Castellet... ojalá que García Márquez sea tan sólo su invitado final. Ahora le veo, en algún momento del siglo pasado, abriendo la puerta de su modesto apartamento en la calle de la República Argentina de Barcelona, donde tenía que entregarle unas galeradas de parte de Carlos Barral. Vestía un chándal azul prusia, muy notable en una época en la que aún no se había aprobado el chándal ni siquiera como prenda casera. Sonaba una música y con el desparpajo de la juventud le dije que era una de mis piezas favoritas. Le llamó la atención y me hizo pasar para terminar de oírla. "Es usted la primera persona que conozco que la conoce", dijo con aquella facilidad para el juego de palabras tan típico de su generación. A partir de entonces siempre que nos veíamos me hablaba de aquel cuarteto de Bartók y yo le comentaba que era el único escritor que conocía que lo conocía.
    Menos la última vez, hará cosa de cinco años. Fue en casa de Carmen y con los encantadores Feduchis. En algún momento de la comida salió a relucir el bello soneto anónimo que comienza con el verso, No me mueve mi Dios para quererte. Comenzó a recitarlo Luis Feduchi, pero se le añadió García Márquez y lo dijeron a capella. Siguió luego una conversación sobre asuntos generales hasta que la interrumpió la voz de Gabo que comenzó de nuevo con No me mueve mi Dios para quererte. Luis se unió también en esta ocasión al recitado. La escena se repitió diez o doce veces. Luis le siguió en todos los recitados. Gabo decía los versos lentamente, como si los paladeara, y a veces con los ojos cerrados.
Podría haber sido una broma muy de los años setenta. Recuerdo escenas similares con amigos recitando una y otra vez un verso, un poema, un fragmento de novela. En mi grupo de colegas, casi todos escritores, podíamos repetir docenas de veces: Es cierto, el viajero que saliendo de Región pretende llegar a su sierra siguiendo el antiguo camino real... Cualquier ocasión era buena para ello, nadie podía pronunciar la frase "es cierto..." sin que se le echara encima la jauría presente para continuar la cita a coro y luego repetirla a lo largo de la noche tantas veces como aguantáramos hasta aburrirnos.
Pero esta vez no era ninguna broma. Aunque yo diría (no lo sé, por supuesto) que García Márquez no tenía creencias religiosas, aquel soneto, como cualquier obra maestra del lenguaje, le permitía participar de toda la esperanza, de todo el consuelo que suele aportar una religión. La perfección de la palabra escrita con arte, el resplandor de la verdad que lleva consigo, bastan para entender que el sentido de nuestras vidas es exactamente aquel que nosotros le damos, el que alcanzamos a cristalizar en algunos momentos excepcionales. Así podríamos nosotros ahora, si esto fuera una comida de amigos y lectores, comenzar a repetir una y otra vez, Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo. Porque quizás en esta frase se encuentre el sentido mismo de la vida de García Márquez, así como la de Región resume de modo extraordinario la vida de Benet, aquel viajero que para llegar a donde quería, siguiendo el antiguo camino real, no podía dejar de atravesar un pequeño y elevado desierto que parece interminable. Comienzos de obras inmortales que son también reflejos de vidas completas.
El segundo verso del soneto anónimo añade una causa determinante al primer verso: No me mueve mi Dios para quererte/ el cielo que me tienes prometido. Para amar algo, sea un dios, una compañía, un soneto, un paraje o la literatura misma, no es necesario que veamos en ello una garantía de felicidad, como pretendía Keats, para quien la belleza encerraba siempre una promesa de gozo perpetuo ya que nunca se marchitaba: Lo hermoso es alegría para siempre/ su encanto se acrecienta y nunca vuelve a la nada, dice el poeta en la traducción de Irene.
El verso es muy bonito, A thing of beauty is a joy for ever, pero es falso. El gozo de la belleza es pasajero y siempre vuelve a la nada. Ese es precisamente su encanto, que es efímero y debe ser tomado al vuelo, dura un instante y desaparece. Es la pequeña estrella shakespeariana que uno desearía ver danzar en la palma de la mano y observar su centelleo durante años y años placenteros, pero el lugar de la estrella es el firmamento en donde parpadea durante unas horas y ni siquiera podemos saber si su luz viene de un astro vivo o de una estrella muerta.
Por esta razón cuando queremos a alguien o algo no suelen movernos sus promesas de felicidad sino más bien su naturaleza transitoria, fugaz, la belleza de su paso ígneo antes de fundirse en la helada luna de la noche sin fin. Participar de esa fugacidad es la auténtica alegría, acabe como acabe. Así lo decía Ishmael, tras la catástrofe del capitán Ahab y su velero, el Pequod: él estaba allí y por eso pudo contarlo, porque todo lo vio y participó del instante en que el gigantesco Leviatán engulle en las simas del océano al infame, al obsesivo, al destructivo perseguidor de Moby-Dick. También en las destrucciones hay una chispa de belleza cuando la destrucción arrastra al maligno.
Y allí, frente al pelotón de fusilamiento, está también el testigo de una destrucción, esta vez definitiva, con su último recuerdo. En el chispazo que va a llevarle a las simas de la nada, el coronel vislumbra la posible razón de toda su existencia, aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo. Suelen decir algunos escritores que en el momento preciso de la muerte, un instante antes de que se abra la puerta del sueño eterno, toda nuestra vida circula velozmente por una memoria que se despide de sí misma. Prefiero pensar que más bien la memoria elige un instante privilegiado, un momento en el que se concentra todo el sentido posible de nuestra existencia, y con él nos ensimisma. El caso más exacto y precioso que conozco es el que relata Ambrose Bierce en El puente sobre el río del búho.
Como el hombre del cuento de Bierce, que va a morir de un momento a otro sobre el funesto río de Alabama, no sin que antes la memoria le arranque del presente con una prodigiosa mano mágica, así también el coronel, erguido ante la muerte, recibe la visita de un recuerdo específico e imborrable, aquel día en que su padre le llevó a  conocer el hielo. Y no es que su padre "le enseñara" o "le mostrara" el hielo, es que le llevó a "conocerlo". Tantos niños han esperado impacientemente a conocer el mar, a conocer la caza del oso, a conocer el amor, a conocer el mundo, a conocer la victoria, que el conocimiento del hielo es una hipérbole magnífica de todas las desesperadas ilusiones de la infancia.
El cielo que nos tiene prometido, la inmarchitable belleza eterna, el siempre te amaré, la estrella cautiva, la perduración de lo maravilloso, se truecan, en el instante supremo, en un radiante pedazo de hielo, en el remolino espumoso de la ballena blanca hundiéndose para siempre, en la estrella que se posa en tu mano durante unos segundos. A cada cual, según sus merecimientos.
Gabriel García Márquez sabe ahora cómo es el alma invisible del hielo. Fortuna será, para cada uno de nosotros, alcanzar a ver con luminosa claridad, en el relámpago previo a la oscuridad eterna, cuál ha sido nuestro ya ineludible cielo prometido.




jueves, 26 de junio de 2014

CARTA NUMERO 2 DE RESPUESTA A XIMENA RESTREPO


Estoy gratamente impresionado por el tono de su carta, siento el tenue candor de una feminidad tácitamente expuesta y una sinceridad esquiva de toda arrogancia.  El tema entre lo que uno debe leer y lo que le apasiona es un verdadero viacrucis, pero resulta ser  una lúcida diatriba  que le acompañará toda la vida. Usted trajo a colación la literatura africana, le cuento que estoy seriamente comprometido en su estudio y la lectura rigurosa de la misma, he descubierto en esta exploración, no solamente su riqueza sino el rigor  absoluto de la misma, como el jazz, está cargada de una tristeza ancestral y una especie de grito profundo, de dolor contenido. Tiene mucha influencia de la literatura inglesa y por lo tanto es poco barroca y más bien su prosa es esencial, depurada, en este punto tiene una sustancial diferencia con los autores latinoamericanos muy a pesar de haber trasegado por algunos recorridos similares, como el costumbrismo por ejemplo, para solo citar uno, sus diferencias son muy marcadas. Mi exploración apenas empieza, pero estoy muy juicioso.

Son las dos y media de la mañana, está lloviendo, recuerdo las lluvias eternas que cita Gabo del Bogotá que siempre detestó en contraposición a su adorado caribe. Cuando  se refiere a sus lecturas, abres el interrogante entre lo que se debes leer y  lo que se quiere verdaderamente leer, , se vuelve al tema sobre los textos que son esenciales en una formación literaria y aquellos que nos apasionan. Recodé dos libros: “El arte de la novela” de Kundera y “porqué leer los clásicos” de Ítalo Calvino. En la primera, el autor Checo, con el que estoy totalmente de acuerdo, expresa que  la novela ha descrito al hombre en toda su esencia  muy por encima de la ciencia y en la segunda el italiano hace un estudio detallado de los clásicos desde la condición de lector impenitente.
Dice textualmente Kundera: ”La novela acompaña constante y fielmente al hombre desde el comienzo de la Edad Moderna. La "pasión de conocer" (que Husserl considera como la esencia de la espiritualidad europea) se ha adueñado de ella para que escudriñe la vida concreta del hombre y la proteja contra "el olvido del ser"; para que mantenga "el mundo de la vida" bajo una iluminación perpetua. En ese sentido comprendo y comparto la obstinación con que Hermann Broch repetía: descubrir lo que sólo una novela puede descubrir es la única razón de ser de una novela. La novela que no descubre una parte hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral. El conocimiento es la única moral de la novela”. La novela como el cine ha tocado todas las tragedias humanas.

Viene el otro tema, aquellos libros que es imposible evitar. Digamos que el Quijote en su riqueza no resulta ser esencial para muchos, incluso suele ser aburrido para la mayoría, pero aquellos inmersos en el universo de las letras, sabemos de su importancia y de su riqueza. Son muchos los libros que despiertan igual interrogante, no deja de ser esta una verdadera paradoja.
Vale citar de nuevo a Kundera, pues la literatura es directamente proporcional al conocimiento humano en su riqueza textual. Categoriza en su ensayo sobre la novela: “Cuando Dios abandonaba lentamente el lugar desde donde había dirigido el universo y su orden de valores, separado el bien del mal y dado un sentido a cada cosa, don Quijote salió de su casa y ya no estuvo en condiciones de reconocer el mundo. Este, en ausencia del Juez supremo, apareció de pronto en una dudosa ambigüedad; la única Verdad divina se descompuso en cientos de verdades relativas que los hombres se repartieron. De este modo nació el mundo de la Edad Moderna y con él la novela, su imagen y modelo”.

Estos son temas que lo encarretan a uno por su riqueza y por la pasión que encubren. En la próxima carta le hablaré del texto de Calvino, que creo usted debe conocer muy bien. Espero sus vacaciones lleguen pronto y las lecturas emprendidas sean de su deleite. Cuídate mucho.





domingo, 22 de junio de 2014

25 AÑOS SIN ANDRÉS HOLGUÍN


Recordamos a Andrés Holguín, el gran intelectual, poeta, traductor, crítico, jurista, profesor, diplomático y colaborador de la HJCK.
La razón, se cumplen 25 años de su muerte, ocurrida el 21 de junio de 1989.

En este aniversario que pasa inadvertido para los masivos medios de comunicación, pero no para los medios culturales, bien vale la pena recordar la trayectoria de quien fue uno de los más importantes intelectuales colombianos.


Andrés Holguín ocupó numerosos cargos públicos, entre ellos, procurador general de la Nación y consejero de Estado. También fue diplomático en París, Roma y Caracas.  El 5 de marzo de 1987, el Consejo Nacional Electoral lo eligió por unanimidad registrador nacional del Estado Civil, cargo al que renunció poco después por motivos de salud. 


Publicó más de veinte libros, entre ensayos, poesía, filosofía y crítica literaria. Fundó el Muro Blanco y El Arké, instituto dedicado a difundir la cultura.

También fue profesor en varias universidades, en especial en la de los Andes, de Bogotá. Allí fundó y dirigió la revista Razón y Fábula. Como periodista, publicó durante varios años su columna "Temas inesperados" en el diario El Tiempo, de Bogotá, con la cual obtuvo el Premio Nacional de Periodismo en la modalidad cultural y en la HJCK colaboró en esta Revista dominical.

Entre sus publicaciones se destacan: Poemas, La tortuga, símbolo del filósofo, Antología crítica de la poesía colombiana, y Notas griegas.

En esta sección recordamos a Andrés Holguín con la grabación de archivo en la que el escritor Germán Arciniegas habla de Andrés Holguín y uno de los comentarios que Holguín presentaba en la Revista dominical HJCK, titulado Perdura el yo.