viernes, 9 de septiembre de 2011

FERNANDO VALLEJO


El premio otorgado a Fernando Vallejo por la feria del libro de Guadalajara es un reconocimiento que se suma a otros muy importantes: Premio Rómulo Gallegos, Premio FIL.  Ha escrito excelentes novelas, mejores ensayos y  algunos libros de divulgación científica, que han despertado todo tipo de controversias y por supuesto textos no tan buenos, intentos fallidos. El valor literario de su obra muchas veces se pierde entre el mar de debates que suele despertar sus declaraciones, que son muy radicales y variopintas. Por ejemplo, este  premio ya lo ofreció a una asociación de animales. 
Empecemos por hablar de su estilo:
Fernando escribe en primera persona y suele descalificar a quienes lo hacen de otra manera. Sus novelas son narraciones al desparpajo, ríos verbales de un riqueza inconmensurable, como si sus textos fueran guiados por una cámara, como lo señala Luis Antonio de Villena en la revista Arquitrabe, parecen escritas “siempre en las cimas de la desesperación, en un estilo magnífico, enrabietado, lleno de energía y precisión, colmado también de meandros sabrosos y quizás excesivas repeticiones, pues Vallejo –caudal, torrencial, volcánico, sulfúrico- no teme retornar, subrayar y machacar de nuevo”.
Sus novelas tienen por escenario a Colombia. “La virgen de los sicarios” se desarrolla en Medellín.  En este texto ya aparece su prosa descarnada, que parece colocarnos en medio de la trama, es envolvente y a pesar de su multiplicidad, responde a un orden preconcebido producto de una estructura prefigurada muy seria.  María Mercedes Jaramillo en la gaceta señala con lucidez sobre esta obra: Es una descarnada parodia de la violencia que afectó a Medellín durante el auge del cartel dirigido por Pablo Escobar.  Es curioso como alguna parte de la crítica ve a Vallejo como el precursor de este recurso, cuando en las novelas de Tomas Carrasquilla esta forma narrativa ya era un hecho relevante. El merito del escritor está en la calidad que le impone a la narración a través de un estilo decantado y perfecto en sus textos. En la “La virgen de los sicarios” “Vallejo se representa como un anciano homosexual de conservadoras costumbres y de espíritu elitista que se dedica a la gramática y que regresa a su ciudad natal después de largos años de exilio en busca de amantes adolescentes y en espera de la muerte. Con humor cáustico describe la ciudad y sus habitantes, nada escapa a su afán desacralizador y a su mirada crítica» (María Mercedes Jaramillo, Gaceta de Colombia).
Los cinco libros de su autobiografía titulada El río del tiempo son: Los días azules (1985), que refleja varios episodios de la infancia del autor en los escenarios de la finca de sus abuelos (Santa Anita) y el tradicional barrio Boston de Medellín; El fuego secreto (1987), donde explora como adolescente los caminos de la droga y la homosexualidad en Medellín y Bogotá; Los caminos a Roma (1988) y Años de indulgencia (1989) narran sus experiencias en Europa, especialmente en la capital italiana, y en Nueva York; Entre fantasmas (1993) comprende los años en que ha residido en Ciudad de México, donde vive desde 1971.
Con “El Desbarrancadero” Ganó el premio Rómulo Gallegos.  En medio de alusiones autobiográficas y con la inaudita fuerza de un lenguaje descarnado, Vallejo describe en esta obra la enfermedad y la muerte de su hermano Darío, presentando reflexiones sobre los temas de la enfermedad (el sida concretamente), la crisis de la familia, la violencia cotidiana y la iglesia católica como mal social.
En La rambla paralela (2002) un cadáver ambulante circula alucinadamente por una Barcelona asfixiada por el calor y que en la voz del narrador se confunde con Medellín y México, por medio de una prosa llena de furia y nostalgia, donde se funden en uno pasado, presente y futuro.
Mi hermano el alcalde (2004) —novela inspirada en la figura de su hermano Carlos, alcalde del municipio de Támesis, en Antioquia—, describe irónica pero festivamente los rituales electorales sudamericanos: promesas irrealizables, votos comprados, electores fantasmas y compadrazgos. Tras luchar a brazo partido con su ingénita honradez, el protagonista es elegido alcalde y su gestión, saturada de problemas económicos y judiciales, redunda en un gran progreso para la ciudad.
 Los escenarios  de sus novelas están vinculados a Colombia y sus temas recurrentes son la violencia y la homosexualidad, la adolescencia y las drogas en su caótica Medellín.
Tema aparte debe figurar las excelentes biografías de Porfirio Barba Jacob y la de José Asunción Silva. Las dos excesivamente documentas y donde hay un trabajo de archivero sin límites, aclarando mitos y dimensionando la grandeza de cada uno de estos poetas desde una visión novedosa y humana.  Son de una factura impecable y de hecho constituyen un aporte a los pocos trabajos serios sobre  nuestros escritores en Colombia.

Vallejo también ha cultivado el ensayo: en 1983, el Fondo de Cultura Económica publicó en México Logoi. Una gramática del lenguaje literario, un ambicioso proyecto investigativo sobre la escritura literaria, en el que resaltan puntos de vista originales y críticos sobre el lenguaje, su uso y sus límites; en La tautología darwinista (1998) intenta refutar la teoría darwinista de la selección y adaptación como causas de la evolución, que acepta pero teniendo como causa exclusiva las modificaciones que aleatoriamente pueden producirse en el ADN a nivel molecular, sin intervención ni influjo del medio ambiente ni de ninguna causa exterior.
Como narrador ofrece una visión insolente, iconoclasta, negra y profundamente pesimista del mundo. Su estilo es áspero y vigoroso y en conjunto representa una de las cumbres de la actual narrativa colombiana. Un ensayo más, el Manualito de imposturología física (2005), ofrece una discusión, en forma de sátira, de las construcciones teóricas de la física; en la voz de un erudito narrador, Vallejo acusa de impostores a los máximos representantes de la física con la ayuda de la 'imposturología', una ciencia de la impostura inventada por él. Este libro, para mi es un intento fallido del autor en su compulsiva pasión por algunos temas, que muchas veces son superiores a su capacidad.
El año 2007 publicó La puta de Babilonia, un ensayo histórico extenso y prolijo, en el que Vallejo expone una intransigente crítica al cristianismo y la Iglesia Católica. Él ha definido el libro como un prontuario de crímenes del Vaticano. En principio debería haber sido publicado por Santillana, la editorial del Grupo Prisa, pero esta le pidió que eliminara "referencias antimusulmanas, por miedo a las represalias. Él se negó y fue a Planeta, que se la publicó como la escribió". En esta obra su estilo desborda las condiciones estéticas que le eran habituales, el odio por la iglesia católica le hace sucumbir y en mi apreciación el libro es una denuncia histórica vulgar, aunque como todo lo suyo excesivamente documentada.
Hijo del abogado conservador Aníbal Vallejo Álvarez, creció en Medellín, su ciudad natal.
Aficionado a la música, llegó a ser un pianista excelente. Su gusto por Mozart, Chopin,  Richard Strauss es destacable. Después de un año de estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, se licenció en Biología en la Universidad Javeriana. Viajó a Europa para estudiar cine en Italia, en la Escuela Experimental de Cinecitta.
El 25 de febrero de 1971 Vallejo se transladó a Ciudad de México, donde ha producido la totalidad de su obra. Desde entonces no ha vuelto a vivir en Colombia.
En septiembre del 2009 Fernando Vallejo fue galardonado con el doctorado honoris causa de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, después de un extenuante trabajo debido a la polémica en torno a su obra.
Vallejo vive con su pareja, el escenógrafo David Antón.
El mejor homenaje, leerlo, el deseo, que termine la biografía sobre José Rufino Cuervo.


jueves, 1 de septiembre de 2011

LA REVISTA ARCADIA



En Colombia los proyectos culturales casi nunca perduran y las revistas literarias son de muy corto vuelo, con las contadas excepciones que conocemos. Son de grata recordación los casos emblemáticos de “Mito” y la revista “Eco”. En los últimos diez años se vienen publicando con mucha calidad las revistas “Numero”,” Malpensante” y “Arcadia”. Quiero referirme a esta última, que se ha convertido en un verdadero plato de cardinali y cada vez, como los buenos vinos mejora.
Esta revista pertenece a la revista semana de Colombia, lo que es signo de garantía y permanencia. Casi todos estos proyectos literarios en Colombia han nacido liderados por intelectuales quienes emprenden su tarea sin ningún respaldo económico ni propuesta seria que las blinde en el tiempo, lo que de antemano las condena al fracaso total.

El caso de Arcadia es una excepción. El proyecto nació de la mano de la mejor revista periodística del país. En el portal de la publicación se establece que Publicaciones Semana empezó con la revista “Semana”, hoy se ha convertido en una moderna y pujante empresa de comunicaciones liderada a través de su primer título, revista SEMANA, "una publicación que se ha destacado en el continente con varios premios internacionales, por su periodismo con carácter, su capacidad investigativa y su independencia. Con más de un millón de lectores al mes, según el Estudio General de Medios, la revista es además un referente obligado para los líderes colombianos en la política, la economía y la cultura".

Arcadia va por la edición número 70. Su directora es Marianne Pansford,  garantía de calidad y  de buenas nuevas en materia literaria y por su puesto de divulgación: Comunicadora Social de la Universidad Javeriana de Bogotá. Fue fundadora y gerente de la revista Malpensante, editora senior del Grupo Planeta en Madrid, directora de la Revista Cromos por dos años, directora editorial área Trade, de ediciones Turner en Madrid. Obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 1999. Además tiene ojo y criterio en materia literaria, ha sido lo ha demostrado, como editora, entrevistadora y ahora como directora de esta excelente revista.
Arcadia tiene columnistas muy buenos. Nicolás Morales, Martha Ruiz, mi preferida entre otras cosas, Carolina Sanín, Antonio Caballero, quien ha vuelto en esta revista a escribir de arte, Lucas Ospina y Miguel Mesa. Un consejo editorial fuera de serie: alejandro Santos, Hector Abad, Alberto Aguirre..para no seguir citando y una planta de colaboradores excepcional.

Cada número sorprende por darnos verdaderas novedades y artículos de altísima calidad. Solo como ejemplo, en la revista número 69, el articulo de Francisco Barrios “una pasión correspondida” sobre el naturalista Prusiano Alexander Von Humboldt, es muestra excepcional de análisis, divulgación y buen periodismo cultural. En el mismo número apareció un escrito de Lorenzo Morales denominado “la deshonra de la colina” retrato de una cuadra bulliciosa, sobre los escándalos producidos por un grupo de artistas en la Bogotá de los sesenta, articulo de excelente factura y de muy agradable lectura. Cada revista tiene un articulo central o una pregunta que pretende resolver desde varios puntos de vista: “Dos visiones sobre el museo”, numero 68, “Colombia en dos novelas”, en el numero 67, para solo citar algunas.
La reseña y crítica de libros es una verdadera guía para nosotros los lectores impenitentes. Esta revista sale mensualmente. Esta en internet:


En esencia es un proyecto peeriodistico, posesionado en el mercado y cumple una labor de divulgación inigualable. En Colombia se consolidó como la primera revista literaria. He sabido que tiene muchos suscriptores  lo que garantiza su supervivencia.
Esperamos que quienes no la hayan leído proceden hacerlo y de antemano sabemos que por lo menos con este proyecto no pasará lo de siempre. Larga vida y buena mar.





lunes, 29 de agosto de 2011

CANTICO PRIMAVERAL


La literatura le debe mucho a la Web 2.0 y es un hecho que los blog son un excelente referente para seguirles la pista a muchos autores que antes estaban en el anonimato. José Pablo Feimann, habla pésimo de los blog: ahora cualquier pelotudo tiene un blog. Siendo cierta la afirmación, también es verdad que nos hemos encontrado con verdaderas sorpresas, con muchas diría y de hecho hay blog muy famosos, para nosotros lectores impenitentes, son de obligada lectura cada semana, no solo por su calidad, sino por la información que se cruza. En esta ocasión quiero referirme a este portal específico, no para hablar del poeta, Elkin Uribe, pues en el blog hay una muestra antológica de su poesía, que será tema de otro artículo. Quiero hablar de la divulgación hecha desde hace unos meses, de una serie de poetas del siglo XIX Colombiano que estaban en el olvido y que son muy importantes para la literatura nuestra. Esta labor es encomiable, no solo por el valor antológico que representa en esencia, sino por que vuelve a poner sobre la palestra la discusión recurrente sobre la calidad de nuestra poesía, que tal vez nunca se resolverá. Sé que el autor ha pensado en ampliar su tarea investigativa, cubriendo otros temas de este mismo orden tan importante como el que viene haciendo. Colombia es tierra de mucha poesía, tal vez de muy pocos poetas, pero la crítica y la historia, deberán cumplir su tarea a cabalidad. No queda sino felicitar al autor de este blog y animarlo para que no cese en su empeño.



domingo, 21 de agosto de 2011

HOTELES LITERARIOS Y OTRAS LECTURAS



Nathalie De Saint Phalle
Urdir en la mente creativa de un autor es una tarea deliciosa. Nunca alcanzamos a descubrir todo lo que encubre un buen libro. Cada obra tiene una biografía vital que la antecede, una historia creativa que compromete a su autor, una genealogía, con sus influencias literarias, sus obsesiones y la búsqueda de técnicas propias del oficio, que hacen de muchos textos un producto absolutamente excepcional. En esta geografía, los lugares también cuentan y los hoteles han representado para la literatura una referencia muy especial. El libro “Hoteles literarios”, es un delicioso recorrido por aquellos hoteles que fueron importantes para escritores que hoy tienen un reconocimiento mundial. Pareciera que están todos los hoteles emblemáticos para la literatura. Es impresionante la excelente factura de este libro, que nos va entregando en orden alfabético la intrincada y especial relación entre estos lugares, los escritores y su obra. Es un texto documentado, se deja leer con mucho agrado y de hecho tiene mucha calidad literaria. La reseña lo sintetiza magistralmente:
“En hoteles mueren los literarios (Chéjov, Lautréamont), en hoteles les sobreviene la pasión (Apollinaire). Hoteles habitados por fantasmas que vieron Jilien Green y Yeats. Hoteles frecuentados por ladrones que conocieron Maiakovski y Stefan Zweig... Hoteles literarios no es tanto una evolución de los lugares como un bellísimo viaje de referencias letradas: dos siglos cambiando de habitación, para que el lector se aloje con los más grandes escritores de la historia. Un recorrido sin final posible”.

Nunca había leído nada de esta autora. De hecho siendo periodista este texto dice mucho de su capacidad. Que buen libro.

LOS MARTIRES DE JUAN ESTEBAN CONSTAIN

Este excelente autor Colombiano, escribió hace ya un tiempo esta obra. La busque a propósito del premio Espartaco y de hecho desde hace tiempo me habían aconsejado su lectura. Estos relatos sobre escritores, son un reconocimiento literario a sus predecesores, están escritos desde una óptica muy personal, tomando algún aspecto relevante pero desconocido de la biografía personal de los escritores escogidos o de su propia obra y llevándolos a un relato corto, pero de excelente factura, que lo hace único. Después de leerse, se recuerda esa sensación secreta y sublime que nos dejan ciertos autores y que se mantienen toda la vida. Dice el autor: Fue dictado por la admiración y la gratitud y en uno o dos casos por la indignación. A veces se nos olvida de manera injusta, pero la literatura es un destino en cuyo cumplimiento la vida humana se adhiere a lo más hondo del misterio, y por eso resulta trágica o grotesca, o maravillosa o terrible, pero nunca impune. Un escritor nace para ser un instrumento de fuerzas que lo exceden y el mismo (o ella) termina por formar parte esencial de una creación en el cual no es testigo sino cómplice, cuando no beneficiario en su carne propia de sus balances y de sus heridas”.

INVISIBLE DE PAUL AUSTER

Esta no es una novela policiaca de corte clásico, sino un excelente relato de suspenso, que nos deja ver a través de sus personajes y de una historia personal muy del tipo de este autor, la intrincada mente humana, el coctel explosivo que guarda y los secretos de culpa implicados. La historia se va tejiendo desde una inocencia pueril. Siempre de la mano de la mejor calidad literaria, autor que sobra decirlo es de mis preferidos. Adán Walker, es un poeta que se ve involucrado súbitamente en un proyecto literario por un personaje misterioso, mórbido, pero con un poder de seducción inexplicable: Rudolf Born, como el Bertrand de Born, el poeta provenzal de uno de los cantos de Dante, que lleva su propia cabeza cortada en sus manos. Margot es la compañera de Walker, quien en este triangulo juega un papel extraño, pero predecible y que sirve de pretexto para urdir sobre culpa, con todos sus matices, desde los pretextos de una narración perfectamente hilvanada. Qué buena novela.

miércoles, 10 de agosto de 2011

LOUIS FERDINAND CELINE POR MARIO VARGAS LLOSA


La grandeza de este escritor siempre estuvo en cuestion gracias a su antisemitismo exacerbado y una capacidad infinita para sembrar odios. Fue el último escritor maldito de Francia. Vargas Llosa escribió un articulo que vale la pena leer a  proposito de la efervesencia que hay en Francia por su obra en estos momentos.

Por Mario Vargas Llosa. Escritor:

Curioso por el entusiasmo que despertó en Onetti, sobre el que escribo un ensayo, la primera novela de Céline, he vuelto a leer --¡después de casi medio siglo!-- al último escritor "maldito" que produjo Francia. Como escribió panfletos antisemitas y fue simpatizante de Hitler, muchos se resisten a reconocer el talento de Louis-Ferdinand Céline (1894-1961). Pero lo tuvo, y escribió dos obras maestras, "Viaje al final de la noche" (1932) y "Muerte a crédito" (1936) que significaron una verdadera revolución en la narrativa de su tiempo. Luego de estas dos novelas su obra posterior se desmoronó y nunca más despegó de esa pequeñez y mediocridad en que viven, medio asfixiados y al borde de la apoplejía histérica, todos sus personajes.

En aquellas dos primeras novelas lo que destaca es la ferocidad de una postura --la del verboso narrador-- que arremete contra todo y contra todos, cubriendo de vituperios y exabruptos a instituciones, personas, creencias, ideas, hasta esbozar una imagen de la sociedad y de la vida como un verdadero infierno de malvados, imbéciles, locos y oportunistas, en el que solo triunfan los peores canallas y donde todo está corrompido o por corromper. El mundo de estas dos novelas, narradas ambas en primera persona por un Ferdinand que parece ser el mismo (en "Muerte a crédito" cuenta su niñez y adolescencia hasta que se enrola en el Ejército y, en "El viaje al final de la noche", su experiencia de soldado en la Primera Guerra Mundial, sus aventuras en el África y en Estados Unidos y su madurez de médico en los suburbios de París), sería intolerable por su pesimismo y negrura, si no fuera por la fuerza cautivadora de un lenguaje virulento, pirotécnico y sabroso que recrea maravillosamente el argot popular y finge con éxito la oralidad, y por el humor truculento e incandescente que, de tanto en tanto, transforma la narración en pequeños aquelarres apocalípticos. Estas dos novelas de Céline, más que para ser leídas, parecen escritas para ser oídas, para entrar por los oídos de un lector al que los dichos, exclamaciones, improperios y metáforas del 'titi' parisien de los suburbios le sugieren todo el tiempo un gran espectáculo sonoro y visual a la par que literario. Qué oído fantástico tuvo Céline para detectar esa poesía secreta que escondía la jerga barriobajera enterrada bajo su soez vulgaridad y sacarla a la luz hecha literatura.

No hay un solo personaje entrañable en estas novelas, ni siquiera alguno que merezca solidaridad y compasión. Todos están marcados por el resentimiento, el egoísmo y alguna forma de estupidez y de vileza. Pero todos imantan al lector, que no puede apartar los ojos --los oídos-- de sus disparatadas y sórdidas peripecias, sobre todo cuando hablan. El menos repelente de todos ellos es, sin duda, el astronauta e inventor de "Muerte a crédito", Courtial des Pereires, --una versión gangsteril y diabólica del tierno Silvestre Paradox de Pío Baroja-- que luego de estafar a media Francia con sus delirantes invenciones y sus exhibiciones aerostáticas, termina descerrajándose un escopetazo en la boca que lo convierte en una masa gelatinosa que pringa las últimas cincuenta páginas de la novela y hasta a los lectores los ensucia de pestilentes detritus humanos. No creo haber leído jamás unas novelas que se sumerjan tanto y con semejante placer y regocijo en la mugre humana, en toda ella, desde las funciones orgánicas hasta los vericuetos más puercos de los bajos instintos.

Siempre se ha dicho que el Céline político solo apareció después de escribir sus dos primeras novelas, cuando su antisemitismo lo llevó a excretar "Bagatelles pour une masacre" y otros repugnantes panfletos de un racismo homicida. Pero la verdad es que, aunque, en términos estrictamente anecdóticos, estas novelas no desarrollen temas políticos, ambas constituyen una penetrante radiografía del contexto social en que el nazismo y el fascismo echaron raíces en Europa en los primeros años del siglo veinte. El mundo que Céline describió en sus novelas no es el de la burguesía próspera, ni el de la desfalleciente aristocracia, ni el de los sectores obreros de lo que, a partir de aquellos años, se llamaría el cinturón rojo de París. Es el de los pequeños burgueses pobres y empobrecidos de la periferia urbana, los artesanos a los que las nuevas industrias están dejando sin trabajo y empujando a convertirse en proletarios, los empleados y profesionales que han perdido sus puestos y clientes o viven en el pánico constante de perderlos, los jubilados a los que la inflación encoge sus pensiones y condena a la estrechez y al hambre. El sentimiento que prevalece en todos esos hogares modestos, donde los apuros económicos provocan una sordidez creciente, es la inseguridad. La sensación de que sus vidas avanzan hacia un abismo y que nada puede detener las fuerzas destructoras que los acosan. Y, como consecuencia, esa exasperación que posee a hombres y mujeres y los induce a buscar chivos expiatorios contra la condición precaria y miedosa en la que transcurre su existencia. Bajo las apariencias ordenadas de un mundo que guarda las formas, anidan toda clase de monstruos: maridos que se desquitan de sus fracasos golpeando a sus mujeres, empleados y policías coloniales que maltratan con brutalidad vertiginosa a los nativos, el odio al otro --sea forastero al barrio, o de distinta raza, lengua o religión-- el abuso de autoridad, y, en el ánimo de esos espíritus enfermos, en resumen, la secreta esperanza de que algo, alguien, venga por fin a poner orden y jerarquías a pistoletazos y carajos en este burdel degenerado en que se ha convertido la sociedad.

Todos estos personajes son nacionalistas y provincianos en el peor sentido de estas palabras: porque no ven ni quieren ver más allá de sus narices. Como el Ferdinand Bardamu de "El viaje al final de la noche" pueden recorrer el África negra y vivir en Estados Unidos, o, como el Ferdinand de "Muerte a crédito" pasar cerca de dos años en Inglaterra. Inútil: no entenderán ni aprenderán nada sobre los otros porque, por prejuicio, desgana o desconfianza, son incapaces de abrirse a los demás y salir de sí mismos. Por eso, regresarán a su suburbio aldeano, a su campanario, como si nunca lo hubieran abandonado. No saben nada de lo que ocurre más allá de su entorno porque no quieren saberlo: como si romper las celdas en que se han encerrado por el miedo crónico en que viven, fuera a hacerlos más vulnerables a esos misteriosos enemigos de que se sienten rodeados. Pocos escritores han descrito mejor que Céline ese espíritu tribal que es el peor lastre que arrastra una sociedad que intenta progresar y dejar atrás los prejuicios y hábitos reñidos con la modernidad. En Céline no hay la menor intención crítica frente a esta humanidad obtusa y estúpida que describió con intuición genial. Para él, el mundo es así, los seres humanos están hechos de ese apestoso barro y nada ni nadie los mejorará.

Céline pertenecía a este mundillo y nunca salió de él. Por sus simpatías hitlerianas, al final de la guerra huyó a Alemania tras los nazis que escapaban de París y, luego de un peregrinaje patético que narró en unas seudonovelas que no son ni sombra de las dos primeras que escribió, terminó en una cárcel danesa. Dinamarca se negó a extraditarlo argumentando que si lo entregaba a Francia no tendría un juicio imparcial y sería poco menos que linchado. (Estuvo a punto de ser asesinado durante la ocupación por un comando de la resistencia en el que, por lo menos eso juraba él, participó el escritor Roger Vailland). En 1953, fue amnistiado y pudo regresar a París. Volvió a la banlieu donde acostumbraba jugar a la 'pétanque' con amigos de su barrio. Jamás se arrepintió de nada. Poco antes de morir concedió una entrevista en la televisión a Roger Stéphane. Nunca he olvidado esa cara del viejo Céline con la barba crecida y sus ojos enloquecidos, clavados en el vacío, mientras, apretando su puñito esquelético, su vocecita cascada rugía, frenética, ante la cámara: "¡Cuando los amarillos entren a Bretaña, ustedes, franceses, reconocerán que Céline tenía razón!".

lunes, 1 de agosto de 2011

“MEDIANOCHE EN PARIS” DE WOODY ALLEN


Es paradójico que el mejor homenaje en los últimos 10 años hecho a Paris, teniendo en cuenta la animadversión de los franceses por todo lo americano, sea de la mano de este excelente director. La película logra evocar el encanto de la ciudad luz, diferente a todas, absolutamente hermosa. La historia en apariencia, es de una simplicidad excepcional : Al rubio Owen Wilson como Gil, artista en crisis creativa y emparejado con la superficial Inés (Rachel McAdams), su prometida y con quien pasa una temporada en París junto a sus padres. Gil sólo quiere renunciar a los éxitos de taquilla, a la frivolidad y quiere lanzarse a su vocación: escribir como sus amados escritores de los años 20, Francis Scott Fitzgerald o Ernest Hemingway, y por eso respira y vive por las calles de París como si se le fuera la vida en ello( Periódico el Tiempo).

Woody Allen logró  encontrar su propio remplazo, se reencarna como actor, en un mimesis formidable: Wilson, en una película ciento por ciento alleniana, es un personaje puramente alleniano. Se mueve, habla y reacciona como lo haría Woody Allen si tuviera el protagónico. Neurótico, culposo, cómicamente amargado, como ya antes lo han hecho otros actores que han hecho de Allen: desde Kenneth Branagh como Lee Simon, el periodista con ínfulas de novelista en Celebrity (1999), hasta Scarlett Johansson como la estudiante de periodismo Sondra Pransky en Scoop (2006), una clonación femenina del director. "Fue grandioso ver a Owen en ese papel, porque él es lo opuesto a mí", explica Allen sobre esta nueva representación de sí mismo en el cuerpo de otro actor. "Yo tengo la apariencia de un intelectual de la costa Este, mientras que él es un rubio relajado de la costa Oeste amante de las playas. Y eso le da al personaje una dimensión que yo jamás le habría podido dar".

Woody Allen reconstruyó una época sublime, mítica,  como si leyeramos " Paris es una fiesta". Aparece Gertrude Stein,  una historia que  se va tejiendo entre la bohemia propia de los 20, con Hemingway, el matrimonio Fitzgerald, Dalí, Buñiel, Picasso. El filme logró en una narración cargada de nostalgia, con una fotografía formidable, en medio de las tensiones y paranoias  típicas de este director, hacer un homenaje sin igual a una ciudad que vive más en el pasado que en el presente.

Esto respondió Woody Allen a la pregunta específica sobre el tema:

-¿Le habría gustado vivir en esos años 20?,

"Creo -dice Allen- que es una gran trampa pensar que viviendo en otro tiempo la existencia sería mejor. Todos quieren salir de lo que están viviendo ahora, porque la vida es bastante dura y no tiene demasiada diversión. Pero yendo hacia atrás en el tiempo sólo se extrapolan las cosas buenas. Si vas a los años 20, naturalmente encontrarás cosas maravillosas, pero si vas al odontólogo, no habrá novocaína y tampoco habrá aire acondicionado... Por lo que no me gustaría ir a otro tiempo que no sea el de ahora". Gracias a sus horas y horas de lectura juvenil, Allen sólo tuvo que sacar del baúl de sus recuerdos los nombres de los escritores y artistas más admirados por él para poner el telón de fondo de esta inusual aventura de un viaje en el tiempo: "No tuve que hacer una gran investigación porque cuando crecí fui un gran fan de toda esta gente, fui un gran admirador de Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, T.S. Elliot, del trabajo de Dalí, Picasso. Fue fácil escribir un guion sobre eso".

Que bien, hay que ir a verla.







domingo, 31 de julio de 2011

JUAN ESTEBAN CONSTAIN GANA PREMIO EN ESPAÑA

En un artículo, que estoy preparando sobre este excelente escritor colombiano, que subiré al Blog, estoy haciendo un estudio muy personal sobre los aspectos de su obra. Por ahora, transcribo la información sobre el premio como tal y aspectos biográficos de suma importancia, para aquello que no le conocen.
Juan Esteban Constain ha ganado hoy el premio Espartaco a la mejor novela histórica publicada en español por su obra "Calcio" en la que ensaya una versión sorprendente de los orígenes del fútbol.

El jurado del galardón de la Semana Negra de Gijón, localidad asturiana en el norte de España, formado por Fermín Goñi, Alfonso Mateo Sagasta y Juan Miguel Aguilera, ha seleccionado la novela de Constain entre otras dos finalistas: "La venganza de los patriotas", del argentino Miguel Bonasso, y "Los escarpines de Kristina de Noruega", de la española Cristina Sánchez Andrade.

"Calcio" es una hipótesis un tanto descabellada pero literariamente asumible de lo que pudo haber sido el primer partido de fútbol jugado con los pies, que según el relato de Constain, se jugó entre las fuerzas del imperio de Carlos V y las de la República de Florencia y sirvió para dirimir el conflicto.

Nació en Popayán en 1979. Historiador con énfasis en lenguas clásicas, en el 2003 publicó Librorum, obra filológica e historiográfica sobre los textos antiguos del Colegio Mayor del Rosario, y en el 1/1/2004, Ideas políticas. Historia y filosofía. En la actualidad es profesor de relaciones internacionales en la Universidad del Rosario, institución para la que reseña y traduce los libros en griego y en latín de su Archivo Histórico.

Ha escrito una serie de artículos que han sido publicados en diversos periódicos. Entre sus libros se conocen: La formación del mundo contemporáneo(2005), Ideas políticas: historia y filosofía (2004), Los mártires (2004), Librorum: libros políticos latinos del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario(2003) y "El Naufragio del imperio".

Su obra "Los mártires" (Enero 2004) es un libro de relatos sobre una veintena de figuras míticas, como Pushkin, Conrad, Dickens, Dumas, Quevedo, Chateaubriand, Rimbaud, Boecio, Shelley, Ariosto, Hölderlin o Camoens, o de personajes abatidos por la fama, como el doble de William Shakespeare o Johnson, Lonnie Johnson, el cantante de blues. El Naufragio del Imperio" (2007) es una novela de mar y tierra en la época napoleónica: unos neogranadinos se embarcaron en una aventura con el emperador francés. En 1816, intentaron ir hasta Santa Elena, la isla de colonia inglesa donde Napoleón fue retenido, para secuestrarlo, traerlo a la Nueva Granada y hacer que gobernara estas tierras. Este hecho reseñado en el libro 'Bonapartien' (1830), llamó la atención de Constaín y fue el punto de partida de su novela. La novela contiene abundantes referencias históricas. Sin embargo, se dejó llevar por su imaginación. Constaín dice que "Yo creo que la historia es un género literario, porque, incluso como disciplina, se sirve de la literatura para desentrañar los misterios".El Napoleón de la novela es un desencantado, que desconfía profundamente de su obra. "Este Napoleón se da cuenta de que ni sus admiradores, ni sus detractores lo entienden (...) refleja a la perfección la soledad del poder", dice el autor, que escribió la obra en dos años. Las ilustraciones que incluyó en su libro ayudan a resaltar el romanticismo de una época, que "fue diseñada con los valores de la estética", según él (Mario Pachajoa Burbano).