Transcribo
esta excelente columna, publicado en el portal universitario azul naranja.
Mónica Saray Arango antes del 2016
era una deportista como cualquier otra. Luchaba por un sueño muy claro junto a
su compañera de dúo Estefanía Álvarez y entrenadora Paula Mejía: competir en
los juegos olímpicos de Río. Dedicaron cuatro años de su vida a entrenar cerca
de ocho horas diarias. descansaban solo los domingos, días que Mónica
dedicaba a sus estudios de psicología
Saray Arango tiene 24 años, 20
dedicados al nado sincronizado. La caracteriza un carácter fuerte, sin dejar de
ser extrovertida y amigable. Ha sido una defensora incansable de la igualdad y
la justicia, no permite que le pasen por encima y aboga por sus compañeras de
equipo cada vez que hay inequidad en alguna de sus calificaciones.
Desde la
categoría infantil fue la primera en su grupo. Precozmente compitió en
categorías mayores por su excelente ejecución. Sus triunfos y una
carrera en ascenso permanente la convirtieron en la deportista favorita, junto
a su colega, para ser el dúo que aspiraría a los juegos olímpicos; Y
no se equivocaron, pues no solo participaron, además hicieron historia
como las primeras colombianas participes en este deporte.
cuando la vi por primera vez
supe que tendríamos una conversación agradable. Me recibió con una gran sonrisa
y un abrazo amigable. Estaba en su ambiente natural, cerca al agua, en la Liga
de Natación de Antioquia. Allí empatizamos como si lleváramos una amistad de
años y confirme, como ya todos me lo habían advertido, que era una joven
relajada. A pesar de tantos méritos recibidos después de su honrosa
representación en la contienda deportiva más importante del mundo, seguía
siendo una joven humilde, dispuesta a compartir su experiencia con todo aquel
que estuviera dispuesto a escucharla.
Era habitual de vez en
cuando ver a Nicolás oteando novedades en las librerías del centro de Bogotá,
compartiendo un tinto con sus amigos alrededor de los temas recurrentes que
como lector voraz mantenía a la mano, su vida fue dedicada enteramente a la
literatura y a los buenos libros. No
solo fue un gran divulgador de la buena literatura sino un excelente traductor,
poeta, además de ser un conversador exquisito. Quedan pocos hombres de su
talante, la literatura se ha convertido en un tema menor y son pocos los sitios
de encuentro para intercambiar experiencias alrededor del libro. Jotamario Arbeláez, en una biografía muy polémica, lo describe magistralmente: “La voz mejor guardada de una
generación de intelectuales colombianos, el hombre que se atrevió a vivir una
obra propia y a traducir cientos de obras exóticas de la literatura universal.
Nicolás Suescún es sin duda uno de los nombres más importantes de nuestras
letras. Poeta, cuentista, novelista, traductor, lector voraz. Como artista
plástico ilustró, entre otras, la carátula de “El coronel no tiene quien le
escriba”, de García Márquez, y La “Obreriada”, de Luis Vidales. Ha publicado,
entre traducciones y libros propios, alrededor de treinta títulos en Colombia y
en el extranjero. Cursó la secundaria en Estados Unidos, fue becario del taller
de escritores de Iowa y ganó la beca de escritor del DAAD, de Berlín. Dirigió
la revista Eco y la librería Buchholz. Su libro de cuentos El retorno a casa
fue catalogado por la crítica como uno de los libros más importantes de la literatura
colombiana del siglo XX”. Este hombre vivió el mejor momento de la vida
intelectual de la rancia Bogotá, la efervescencia de la revista “Eco” con una
generación, que asumió la literatura como su única manera de llevar la vida,
con un rigor absoluto y siempre respondiendo a su verdadera pasión, la lectura
y a un amor desmedido por los buenos libros.
Era un Bogotano de pura cepa, bien hablado, con un humor y una ironía
inteligente, repentista, siempre con la cita precisa, muchas veces tuve la
oportunidad de escucharlo en el café automático de Bogotá de la mano de sus
amigos más emblemáticos, era un espectáculo, muy jóvenes, disfrutábamos
de esos encuentros y de hecho los esperábamos, estábamos siempre a la caza de
la llegada de estos señores, nos robábamos sus citas y anotábamos los autores
desconocidos, los cuales salíamos leer como si fuera una tarea inaplazable.
Sus trabajos como traductor, le darían per se, un lugar destacado en nuestras letras:”Norma publica en 1992 su
traducción del inglés de "Diez novelas y sus autores" de Somerset Maugham, en el
2000 la traducción de "Timón de Atenas" de Shakespeare, en la serie Shakespeare
por sus escritores. Áncora Editores publica en 1993 su traducción del francés
de “Una temporada en el infierno” y en 1995 de “Iluminaciones” de Arthur
Rimbaud. Traduce también poemas de Blake y de Yates. En la traducción de obras
de carácter general podemos destacar “El río”: exploraciones y descubrimientos
en la selva amazónica, de Wade Davis, publicado por el Fondo de Cultura
Económica en Bogotá en el 2009. Su gran talento de traductor y escritor lo
demuestra con la traducción de Madame Bovary de Flaubert, publicado por la
editorial Norma en 1993, Con respecto a esta traducción, dice Suescún en la
entrevista realizada por Jeannette Insignares y publicada en el número sobre
“Latinoamérica y los escritores-traductores” de Mutatis Mutandis, que aunque no
buscó traducirlo -se trató de un encargo-, fue todo un placer realizar ese
trabajo, dado que era uno de sus libros favoritos. Su actividad intensa en
traducción lo lleva a traducir poetas colombianos al inglés y al francés, entre
ellos A Piedad Bonnett, Porfirio Barba Jacob, Fernando Charry Lara. Para el
Festival de Poesía de Medellín, hace traducciones en ambos sentidos, muchas de
esas traducciones están publicadas en la revista Prometeo órgano de publicación
del festival. Su personalidad discreta, no lo hace menos grande”[1].
En el café “El cisne” de
Bogotá, el Café automático, la librería “Grancolombia”, en la 13 y la 18 del
centro de Bogotá, durante mucho tiempo, años, se vivió un tertulia permanente,
constante, que reunía a las mejores mentes del país y de la que no se ha escrito
con el rigor que amerita, Nicolás perteneció a este pléyade, no se nos olvide
que fue director de la librería del viejo Buchholz, toda un paradigma para Suramérica en
materia de librerías, allí se reunía lo más granado de la intelectualidad,
simplemente a conversar de buena literatura.
Este hombre grande se nos
ha ido, siempre queda su obra, para leerla, disfrutarla y divulgarla.
[1] nació
el 5 de mayo de 1937 en Bogotá, en la misma fecha que Carlos Marx, con 119 años
de diferencia; en la misma casa de La Candelaria donde don Antonio Nariño
imprimiera los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Comenzó desde muy joven a
adquirir nombradía intelectual, pues dirigió por varios años la librería
Buchholz de la avenida Jiménez y a la vez la revista Eco, bastión de la cultura
alemana. Sus viajes por Norteamérica, Francia y Alemania le pusieron en
contacto con escritores de esos países, de donde le surgió la pasión por la
literatura, expresa en varios libros de poesía, cuentos y una novela
experimental. Pero con especial vehemencia se ha dedicado a la traducción, del
inglés y francés, de notables obras clásicas y modernas.
Se cumplen treinta años de
la feria del libro de Bogotá, el evento más importante del libro en Colombia.
Este año el invitado especial es Francia: “En esta versión, Francia celebrará
su invitación como país invitado de honor y ofrecerá una programación diversa
destinada a todos los públicos de la FILBO. Serán 3000 metros cuadrados de un
moderno pabellón dedicado a la literatura infantil y juvenil, al cómic y a la
ilustración, con numerosas actividades propuestas alrededor de estas temáticas.
Esta participación tiene como objetivo principal mostrar otra faceta de la
creación literaria francesa, contemporánea y popular siempre teniendo a la
cultura como herramienta de cohesión social en un contexto de postconflicto en
Colombia. Así mismo, una delegación importante de invitados buscará animar y
presentar colaboraciones entre artistas y autores franceses y colombianos.
Muchas sorpresas están por llegar. El pabellón, diseñado por un grupo de
profesionales liderado por el arquitecto Manuel Villa, ofrecerá tres librerías
(literatura infantil, literatura juvenil y cómic y una librería generalista),
un auditorio equipado para el ciclo de conferencias y charlas con autores /
ilustradores, un espacio para talleres, un espacio de exposiciones, un café al
estilo parisino y una zona de restaurantes con una variedad de propuestas de
gastronomía al mejor estilo francés . Las librerías, animadas y organizadas por
la ACLI (Asociación Colombiana de Libreros Independientes), tendrán para la
venta más de 20.000 publicaciones, tanto en español como en francés”.
Los invitados son un bocado
de cardinale. El más importante en mi apreciación es Richard Ford, con este
solo escritor, podría uno decir que se salva la feria, para muchos entendidos, es el escritor más
importante de Norteamérica. Junto a este excelente escritor hay una serie de
invitados de la mayor importancia para la literatura, igual que algunos personajes
vinculados al mundo del libro, como editores, comercializadores y por supuesto
los buenos críticos.
La feria es un punto de
encuentro alrededor de una sola pasión: El universo del libro. Los
conversatorios son de mucha altura. Miremos algunos invitados: Alain Serres,
este hombre especial, no sólo por lo que ha hecho en literatura infantil, sino
por la promulgación de autores hasta hace poco
desconocidos[1].
Otra invitada que enaltece la feria es la de Alba Lucia Ángel, hace más de 20 años leí “Estaba
la pájara pinta sentada en su verde limón” esta mujer, bastante especial y
diferente, exiliada, será un buen bocado de feria[2].
Quisiera oír a Andrea Salgado Cardona, una escritora y crítica joven, cuya voz
constituye de por sí una renovación[3].
Camila Gutiérrez es una escritora joven Chilena, cercana al cine, que también sería
importante oír y compartir inquietudes con ella, es otra invitada que amerita
la visita al recinto ferial.[4]
Son mucho los invitados, el recinto no es un solo un sitio para comprar, sino
para departir.
http://feriadellibro.com/?d=conferencistas
[1]
Nació en el año 1965 en Biarritz y antes de ser escritor fue profesor en un
jardín infantil en los barrios populares de París. Apasionado por la renovación
de la literatura infantil y juvenil a comienzos de los años 80, intentó
escribir «todos los libros que siendo niño, le hubiera gustado leer ». Su
primera publicación fue en 1982. Durante trece años trabajó paralelamente como
docente y escritor, participando en numerosas animaciones y talleres de
escritura para niños.
En 1996 fundó la editorial Rue du monde gracias al
apoyo de 1000 bilbiotecarios y docentes, con el fin de incentivar valores
humanistas, la apertura de la mente y la creatividad. Actualmente la casa
editorial cuenta con más de 400 títulos para todas las edades de la niñez y
cuyos temas hablan principalmente de cuestiones sociales, de historia, de
poesía y del imaginario.
Ha publicado más de 120 libros con diferentes
editoriales que han sido traducidos en muchos países. También escribe poemas,
canciones y dibujos. Por su experiencia como autor y docente, participa
regularmente en conferencias sobre literatura infantil y sobre la creatividad.
Su libro Je serai trois milliards d’enfants/
Yo seré tres millones de niños (Edelvives, 2010), ilustrado con imágenes y
fotos sobre los derechos de los niños, ha sido leído por miles de niños en
colegios de todo Colombia.
[2]
En la Universidad de los Andes de Bogotá, estudió Letras e Historia del Arte.
Fue alumna de la crítica de arte Marta Traba. En 1964 viaja a Europa, para
proseguir sus estudios de Arte y Letras en la Universidad de La Sorbona y
estudió cine en la Universidad de Roma. Es en este continente cuando empieza a
escribir, adquiriendo relevancia a partir de su primera novela, Girasoles
en Invierno. Comenzó su carrera literaria como crítico de arte y ha
ejercido distintas formas de periodismo, así como el oficio de
"diseuse" de la canción folklórica ayudándose con una guitarra. Ha
escrito poesía, ensayo, y novela. La ciudad de Pereira, dónde nació, fue
fundada por sus antepasados y a la que sigue vinculada por la permanencia de su
familia, en 1939, Alba lucía Ángel viene residiendo en distintas ciudades
europeas desde 1964. Reside en Londres desde 1980.
Nació en Sevilla, Valle del Cauca, en 1977. Su
escritura se encuentra en el límite impreciso entre la realidad y ficción. A
manera de broma, en un coloquio en la Universidad Nacional, donde es
profesora de la Maestría en Escrituras Creativas, definió su escritura como una
“autoficción de ciencia ficción”.
Nació en diciembre de 1985 y empezó a escribir a los
20 años un blog autobiográfico que luego se transformó en una película de la
cual fue coguionista. Joven y Alocada ganó el premio a mejor
guión en el Festival de Sundance en el 2012 y, al año siguiente, publicó su
primer libro, que lleva el mismo nombre de la película. En el 2015 publicó No
te ama. Ambos libros llegaron al primer lugar de ventas en Chile.
Actualmente cursa la Maestría en Escritura Creativa en Español que imparte NYU
y escribe un libro sobre el fin del mundo, los animales y el amor.
Me
parece de suma importancia traer a colación esta columna del excelente escritor
Juan Villoro tomada de “El país” de España por lo que significa la muerte del
escritor Sergio González Rodríguez para las letras y el periodismo
hispanoamericano.
El ameritado corazón de
Sergio González Rodríguez dejó de latir el 3 de abril, a los 67 años. En 1992
fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo con El centauro en el
paisaje. 12 años más tarde ganó ese certamen con Campo de guerra,
un estudio de la militarización de la política mexicana.
Aunque era experto en la
relación entre la literatura y el ocultismo, al comenzar el tercer milenio no
buscó un acercamiento esotérico a la realidad: la abordó con rabioso y
documentado pragmatismo. Su libro Huesos en el desierto fue un
recuento pionero de los feminicidios de Ciudad Juárez, El hombre sin
cabezaanalizó la simbología de la violencia extrema y Los cuarenta
y tres de Igualaindagó las causas que llevaron a la desaparición de los
estudiantes de Ayotzinapa.
Fui testigo de la
persecución que González Rodríguez sobrellevó con insólito aplomo. En 2001,
cuando investigaba los crímenes de Ciudad Juárez, Roberto Bolaño lo consultaba
para escribir La parte de los crímenes en su novela 2666. La
aportación de Sergio fue tan notable que se convirtió en personaje de la
historia. Triangulamos informaciones hasta que Roberto y yo recibimos un
extraño mensaje; de pronto apareció un recuadro en la pantalla de nuestras
computadoras: “Usted no está autorizado para leer esto”. El sistema operativo
se congeló y sólo pudo reactivarse apagando la computadora.
A
pesar de que en 1999 sufrió un secuestro exprés que le dejó graves lesiones,
Sergio indagó la verdad con el temple de un sereno notario de lo real
Poco después viajé con
Sergio a Alemania para participar en un coloquio en la Casa de las Culturas del
Mundo. Al llegar a Frankfurt, él fue detenido y sometido a una agraviante
revisión. Ningún otro pasajero fue tratado de ese modo. Él lo atribuyó a que la
policía alemana había recibido un mensaje de las autoridades mexicanas.
De 2004 a 2006, cada vez
que nos veíamos en un restaurante, una mesa cercana a la nuestra era ocupada
por personas de traje desleído y rostro evaporado, cuya única función parecía
ser estar ahí, tomando “nota” de la vida ajena. En alguna ocasión, Sergio les
dejó su tarjeta para que le hablaran, ahorrándose la molestia de seguirlo. La
recurrente aparición de esos “testigos” impedía atribuirlos al azar. Cumplían
un barroco protocolo: se hacían notorios para incomodar y al mismo tiempo
pretendían que no espiaban.
En una ocasión, el
novelista Horacio Castellanos Moya, que participó en la guerrilla salvadoreña,
llegó con retraso a la mesa donde lo aguardábamos. Se dirigió a nosotros hasta
que algo lo hizo cambiar de rumbo y salir del restaurante. Regresó al poco
tiempo a explicar que las mesas que flanqueaban la nuestra eran ocupadas por
conspicuos interesados en el acontecer ajeno. Había salido a revisar la zona y
calcular los alcances del operativo. Buscó una camioneta equipada para
registrar conversaciones y no dio con ninguna: “Es un operativo sencillo”,
diagnosticó: “Son idiotas, sólo quieren que notemos que están aquí”.
Esos burócratas de la
vigilancia se convirtieron en una constante hasta que desaparecieron con la
arbitrariedad con que habían llegado. A pesar de que en 1999 sufrió un
secuestro exprés que le dejó graves lesiones, Sergio indagó la verdad con el
temple de un sereno notario de lo real y la ironía de quien vive en un sitio
donde el carnaval se confunde con el apocalipsis. No quiso asumirse como
víctima e insistió en que la suerte de otros era peor que la suya.
De acuerdo con la ONG
Artículo 19, en 2016 hubo 11 asesinatos y 426 agresiones a periodistas en
México. González Rodríguez vivió para denunciar el oprobio, pero también para
abrir espacios de esperanza. En La ira de México escribe: “Los
infiernos terrestres son temporales”. Sus libros, que hoy son espejo del
horror, serán en el futuro la historia de lo que nunca debió ocurrir, pero que
alguien tuvo la entereza de narrar.
Sentía el crepitar de una
maquina, la vibración constante, perversa, como sí el mundo se estuviese
acabando con una lentitud lacerante, su cama, que era decir mucho, un colchón
votado en el suelo, entre la tierra húmeda y unas tablas sabiamente acomodadas,
temblaba con un ritmo miedoso, constante, como la música hermosa de Pink Floy
que tanto le gustaba, Tac,tac,tac,tac…………
afuera de esta casa de madera pasaban muchas cosas……….. fue armada un día
cualquiera, cada tabla se fue ajustando a la tierra, en una noche invernal
inenarrable, diseñando un cuadrado, al lado de esta quebrada que tanto amaba,
de la canalización como dicen los señores de planeación, escuchando al líder,
quien organizaba la toma del terreno con el sigilo necesario para no despertar sospechas. Ahora reconoce con dolor su historia.......Este fue su hogar por seis años, después de
muchos días de huirle a la muerte, corriendo con su hermano, pensando que ya
venían por ellos, que los muchachos malos al fin cumplirían con su misión, que
no era otra que desaparecerlos, sacarlos de su pueblo, matarlos como habían hecho con tantos amigos…..saben que......... ustedes tienen
que irse, no me importa cómo, lárguense o se mueren.........Listo, se mueren y de
pronto se vieron en esta metrópoli inmensa, llena de todo y de nada, vacía,
inhumana, acogedora al fin y al cabo, entre tanta contradicción y flagrancia,
muerte y vida en un mismo espacio, pero perfecta para pasar desapercibido…..tac..tac….tac, tac, escuchaba afuera, sentía su propio universo tan vulnerable, este rancho que le había acogido con tanta gratitud, su mesa de noche
improvisada, el cuadro del sagrado corazón donde escondía los porros, la ropa
colgada en un palo de escoba viejo, el baño, su cocina, un fogón sobre una butaca
de bar vieja, la vida en fin, ordenada de acuerdo a cumulo de limitaciones
superadas…la vida es hoy….la vida es hoy, la vida es hoy……..hummmmmm, vibra..Vibra
la tierra, crepita, sentía la maquina encima….en nada se parecía al silencio de
esa noche invernal, cuando 25 familias se fueron tomando este lugar, haciendo
de este espacio su única razón de ser……cada uno levantaba su casa con un esmero
inexplicable, respetando las reglas de la líder, aprendiendo a amar lo mínimo, arraigándose…..levantaba
las paredes mientras cuidaba a su hermano que se iba perdiendo en esas trabas
interminables…..tac..tac..tac, sentía el ruido afuera, se paralizaba por
momentos, cuando pasaba esto se sentaba en la poltrona vieja que algún día
estuvo en una sala, en una casa de esas grandes, que envidiaba, en esos
castillos, donde la gente sale siempre con sonrisas, como si la vida no fuera
tan jodida, poltrona que desde hace tres años, era el mueble a mostrar en este cubículo
que tanto amaba………….subía los pies, como cuando era niña, recordaba a su mami………
y de pronto no quiso hacer nada mas…tac,tac,tac,tac…gritos, sabía que afuera estaba
lleno de gente, la institución con su fuerza descomunal, los policías, la inspectora…todo
lo que odiaba……….la vida puerca…ya no quería salir…más bien moriría en este
espacio, mi casa como solía decir, esta es mi casa………llegaron una noche cualquiera,
se organizaron a diez cuadros de este espacio............fue hace seis años…….muchachos
nos vamos a tomar ese lugar, cada uno se ubica, el señor les enseña cómo se
construye una casita de madera en solo tres horas y en ese lugar iremos armando
nuestro hogar..ojo……todos tenemos que estar unidos…no se les olvide la
palabra..Victimas..Desplazados…eso somos, así nos categoriza la ley, así nos
reconocen…somos desplazados…..es la verdad..desplazados…………tac,tac,tac, el
suelo vibraba…………sabía que vendrían a sacarla de este marasmo, a levantarla de
la poltrona…precisamente hoy…. sentir tantas cosas juntas, se cayó la tierra,
ya no hay esperanzas…… pensaba en su hermano….hoy no puede trabarse……..hoy no…..ayer
se reunieron y le explicaron la estrategia como en las guerras, nos van a
desalojar…… a ella le acompañaría Manuela, esa niña encantadora de la
universidad..sí su nombre era Manuela, ese era el único trago dulce de esta historia….y
esto es lo que vamos a hacer……..ojo…..tac,tac,tac,tac……ese mosntruo de metal
está encima……..hummmmmmmm, la tierra vibra, no tengo por qué pararme…no
entenderán que este es mi hogar, ojala que entendieran....tac,tac,tac,tac……………la
institución comete sus atropellos acompañada de psicólogos, de antropólogos,
racionaliza cada crueldad…..no era tonta, sabía cómo eran estas cosas…no podía
olvidar lo que le dijeron ayer los
amigos de la U..Cualquier problema con Manuela, ella estará siempre a su lado…..…ojo,
estamos juntos y entonces recordaba la alegría de hace seis años..Muchachos
acabe mi rancho...así lo llamaban a este lugar los ranchitos…..Con ese diminutivo
maldito que le cuelgan a todo lo que
hacemos, que minimiza……los ranchitos..y de pronto los recuerdos, seguíamos construyendo un hábitat…un hogar y el barrio
fue quedando, el sitio se fue engalanando con la vida, con tanto niño, llenos
de alegría………….tac,tac,tac, sentía la música en su cabeza, Pin Floy…….su
hermano le dijo, se llama el muro…..escúchela…el muro……….de pronto alcanzaba
una paz…esos espacios pequeños que le mostraban un orden, una esperanza…el
ruido sabio de la quebrada, con su ritmo hermoso……fue sintiendo su cauce…..sabía que tenía que pararse de la
poltrona……tac,tac, el monstruo encima , no paraba…….estaba al frente….tac,tac,tac,tac………esperaba
a Manuela, le explicaría que tendría que
hacer….la universidad los había acompañado….universidad pública, publica…., fue
entendiendo lo publico….se aparecen los milagros…Rafa….así se llamaba el
profesor..Rafa……..tendría que empezar de cero…le enseñaba palabras nuevas……..Hábitat,
espacio, derechos adquiridos……sentía que quedaba algún mundo bueno…….su hermano
no se le iba……….tac…tac, donde estará, que estará haciendo…ojala no se despierte
nunca…aquí están las cosas más duras que esa tragedia suya…en su interioridad, en esa
fiesta que se le arma con sus trabas…tac,tac,tac,tac, tac……..Manuela…..estaba
en la puerta, con la dulzura, nos vamos le dijo…tienes que negociar con la alcaldía….no
tengas miedo y de impertérrito…lloró…….el llanto incontenible y sintió el abrazo
de Manuela….no se preocupe….mejor dicho ocúpese….tranquila, el crepitar de la
maquina encima…lloraba mucho,lagrimas grandes, como el cauce, llenaban su tragedia….la
maquina una Caterpillar, no paraba….con su cuchara inmensa tumbando todo…..aquí
vivo por qué no lo entienden…a quien le hacemos daño, a nadie….tac..tac…tac….Manuela
ayúdeme…please..ayedeme…….y salimos y la institucionalidad con toda su crueldad
estaba ahí..más 300 personas, caos, tac,tac,tac…hay que negociar…nos vamos,
sabía que en cinco minutos no tendría casa..fácil para ellos…ya no había nada…la
quebrada con su cauce…su ritmo, esa música natural llena de paz, durmió muchas
noches arrullada por ella…me iría………nos vamos le decía Manuela, no te preocupe…nos
vamos….no…nos echaron, sepa niña que nos echaron, nos desplazaron, a la calle
otra vez………………..empezaremos una nueva lucha….no
estás sola…no estás sola….Pink Floyd, nada vale y todo vale la pena………tac,tac,tac,tac,
se perdieron seis años…se no va yendo la vida………………..el sol me golpea la cara....empezar de nuevo..empezar
La importancia para la
literatura Colombiana e hispanoamericana de este autor está descontada, su
trayectoria como crítico, como promotor de ediciones de suma importancia, como
poeta, como divulgador riguroso de todo lo relevante en materia literaria, textos
y ensayos que constituyen un aporte
constante, invaluable, desde su pasión obsesiva por la lectura.
Desde la dirección de la
revista “Eco”, hace más de treinta años, un proyecto excepcional de
nuestra cultura, hablo en principio de Colombia, empezó una labor crítica sin pausa alguna, ha
venido divulgando lo que pasa en Latinoamérica en materia literaria, trayendo poetas nuevos al sonajero, abordando el
universo de nuestros escritores más emblemáticos, descifrando la genealogía de
sus textos, generando controversias, haciendo paralelos con el momento creativo
que vivimos, descubriendo influencias, con una prosa
exquisita, clara, ensayos que siempre incitan a la lectura y que por su puesto enseñan.
Samuel Serrano en un artículo
del portal (De Cobo Borda[1])
lo describe magistralmente: “No ha de extrañarnos, por tanto, que algunos de
los principales volúmenes de su amplia obra ensayística, en la que imaginación
y reflexión se encuentran íntimamente ligadas, formando una tupida red de
asociaciones, aparezcan signados desde su título por esta empresa que nunca
concluye: La alegría de leer, Leyendo América Latina, El oficio del lector,
Leyendo a Silva y, su más reciente colección de ensayos, Lector impenitente,
publicada en 2005 por el Fondo de Cultura Económica, en la que partiendo de
textos fundadores de nuestras letras, como el Sumario de Gonzalo Fernández de
Oviedo o Elcarnero de Juan Rodríguez Freyle pasa revista a algunos de los
principales hitos de nuestras letras hispanoamericanas que han sido fuente
constante de sus reflexiones: "La indestructible María de Jorge
Isaacs", "El modernismo y los múltiples Daríos", el inagotable
Borges, los numerosos libros reunidos en esa novela de la memoria que es Vivir
para contarla de Gabriel García Márquez, "El murmullo inagotable de Juan
Rulfo", la batalla verbal de Vargas Llosa, los parajes que divisa en su
delirio el Gaviero de Álvaro Mutis, la mirada implacable y reveladora de
Machado de Assís, la violenta marginalidad de la prosa de Rubén Fonseca, etc.”.
Hay una afinidad con Cobo
que me une por encima de tantas cualidades expuestas: Su pasión por la obra de
Borges, por todo lo que implica este autor inmenso de nuestras letras. De
hecho, cuando fue nombrado embajador en argentina hace muchos años, pensé, pues siempre ha estado al tanto de su
itinerario creativo, este hombre no tiene otro cometido que estar cerca del
escritor Argentino en sus últimos años de vida. Hoy tenemos el testimonio en su
obra de estos acercamientos, pese a que desde hacía más de treinta años estuvo
al tanto de su obra y de su divulgación. No solo compartió con Borges muchos
momentos, sino que lo entrevistó muchas veces, oteo su mundo, el Buenos Aires
mítico que tanto influyó en su obra y que al final terminó en un ciclo de
conferencias y de libros que le permiten fungir como uno de los Borgeanos más
lúcidos y profundos que he conocido. Manuel Serrano expresa, refiriéndose a su
mundo crítico, que cae como anillo al dedo a propósito de estas obsesiones:
“Nacidos del diálogo y la pesquisa, los ensayos de Juan Gustavo Cobo Borda, en
los que la lectura aplicada a la crítica literaria presenta una vocación
creadora, dilatan nuestro pasado a base de desempolvarlo y presentarlo ante
nosotros bajo una nueva lumbre, tarea desmitificadora que de análoga manera
cumple su poesía con el hombre, pues armada de sarcasmo e ironía, rescata, a
fuerza de señalarle sus flaquezas, lo que puede ser salvado de sus sueños e
ilusiones frustradas”.
Su obra poética, de todo mi
gusto, es tan importante como su obra crítica. Contenida en los libros Consejos
para sobrevivir (1974), Salón de té (1979), Casa de citas (1981), Ofrenda en el
altar del bolero (1981), Roncando al sol como una foca en las galápagos (1982),
Todos los poetas son santos (1987), Almanaque de versos (1988), Tierra de fuego
(1988), Dibujos hechos al azar de lugares que cruzaron mis ojos (1991) y El
animal que duerme en cada uno (1995).
Su poesía es fresca,
hilvanada con dulzura inenarrable, llena de sitios y evocaciones muy bellos, nostálgica, entrañable por qué siempre está
tocando al hombre de carne y hueso con todas sus tragedias y alegrías, devela
al lector apasionado, al escritor con sus influencias más severas:
CAVAFIS
Las
calles de Alejandría están llenas de polvo,
el resoplido de carros viejos y un clima
ardiente y seco cerrándose en torno a cada cosa viva.
Incluso la brisa trae sabor a sal.
En el letargo de las dos de la tarde
hay un ansia secreta de humedad
y el tendero busca en sueños, con obstinación,
la áspera suavidad de una lengua inventando la piel.
Bebe con avidez el agua amarga de la siesta
y despierta cansado por ese insecto que vibra insistente.
La frescura de la tarde desaparece también
y su única huella fue este sudor nervioso
y el bullicio que minuto a minuto agranda los cafés.
Pasan los muchachos, en grupo, alborotando
y aquel hombre comprende
que ninguna palabra logrará atrapar sus siluetas.
La noche devora y confunde
haciendo más largo su insomnio,
más hondos sus pasos por sucias callejuelas.
El amanecer lo encontrará contemplando
ese velero que abandona el muelle
y atraviesa la bahía, rumbo al mar.
En la red, en un portal que
se llama “Poemas del alma” encontré una pequeña reseña de su mundo poético muy reveladora: “Se lo ubica
dentro del grupo llamado Generación sin nombre, cuyas principales
características es presentar una poesía disconforme con la realidad, tal es así
que algunos especialistas también suelen llamar a esta generación del
desencanto. Su obra presenta un tono de delirio y sensualidad, cualidades
presentes sobre todo en sus primeras publicaciones, que se titularon
"Salón de té" y "Ofrenda en el altar del bolero".
Posteriormente su poesía adquirió un carácter más intimista; de esta etapa
podemos citar "Dibujos hechos al azar de lugares que cruzaron mis
ojos" y "El animal que duerme en cada uno"[2].
Los estudios dedicados a la
obra de Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis, son imprescindibles en cualquier
acercamiento crítico al corpus creativo de estos dos importantes autores
Colombianos, sus vidas paralelas, ligadas desde su juventud, hermanadas, aspectos
biográficos de suma importancia; la genealogía de sus textos, son abordados por
Borda, con la paciencia de un relojero, con la hondura crítica aguda que devela
siempre nuevas miradas, expone el detalle, articula con sus influencias, trae a
colación momentos esenciales de su creación, con anécdotas propias de
quien compartió y estudio mucho su mundo
creativo, siempre incitando a nuevas lecturas.
Lo mismo pasa con los
extensos trabajos sobre nuestro poeta Silva. No solo recopila la extensa obra
crítica sobre su obra sino que hizo infinidad de conservatorios y encuentros
alrededor de su obra, editó trabajos que era imposible conseguir y generó un
avivamiento alrededor de nuestro poeta mayor. Pienso que es hora de publicar
las obras completas de Gustavo Cobo Borda, es justo y necesario para nuestras
letras.
Quiero dejar una pequeña
muestra de esta pluma lúcida que espero nos acompañe por mucho tiempo:
40
AÑOS DE CIEN AÑOS DE SOLEDAD
Juan Gustavo Cobo Borda
Hace 40 años, en una casa
de Ciudad de México, un colombiano nacido en 1927 trataba de darles forma a sus
fantasmas. Los cargaba desde niño y el exilio en México, a partir de 1961, le
había permitido depurarlos y verlos con mayor nitidez. Duró 18 meses en esa
ardua tarea y las 510 páginas de este logro perdurable fluyen con agilidad y
siempre presente poesía. ¿De qué hablan?
De una aldea tropical, aislada del mundo, donde un hombre,
instigado por los exóticos gitanos, busca los beneficios de la ciencia.
Aquellos inventos que ayudan a vivir.
Los imanes, la lupa, el
telescopio, la alquimia, las alfombras voladoras lo conducen, no a la piedra
filosofal o a la reproducción del oro, sino a descubrir a sus propios hijos:
uno de 14 años y otro de 6. A toparse con verdades obvias y por ello mismo aún
más asombrosas: la Tierra es redonda como una naranja y el hielo es el gran
invento de nuestro tiempo. En este aprendizaje de la realidad, de darles por
primera vez nombre a las cosas, el hombre tiene dos soportes: un gitano,
Melquiades, con algo de sabio esotérico, y una frágil, pero no por ello menos
terrestre mujer, Úrsula Iguarán, su esposa. Mientras Melquiades gira errante
por el mundo, de Madagascar al estrecho de Magallanes, Úrsula siembra yuca y
ñame, para darle de comer incluso a ese ser, víctima de ?alocadas novelerías?.
Amenaza incluso con morirse, para quedar sembrados en ese palmo de tierra y no
emprender otra quimérica aventura.
Fundadores de esta aldea de
300 almas, compartían un común remordimiento de conciencia: "Eran primos
entre sí" (p. 32). Ante el temor de parir iguanas, o engendrar hijos con
cola de cerdo, se habían abstenido de todo trato carnal, hasta que Prudencio
Aguilar, un rival de José Arcadio Buendía derrotado en la pelea de gallos, lo
insultó llamándolo impotente. Este, para defender su honor, lo desafía a un
duelo donde Aguilar muere atravesado por su lanza, como si fuesen guerreros
homéricos.?
El machismo militante
tendrá un reverso melancólico: Aguilar ya muerto reaparece todas las noches
poniéndose un tapón de esparto mojado en agua para detener la sangre de la
herida. Es tal la desolación de su mirada, y tan honda su nostalgia de los
vivos, que la pareja debe abandonar el pueblo, como si se tratase de un éxodo
bíblico, con familias amigas. Solo se detendrán cuando: "José Arcadio
Buendía soñó esa noche que en el lugar se levantaba una ciudad ruidosa con
casas de paredes de espejo. Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron
con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que
tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo" (p. 37).
La imaginación crea la
utopía, muy pronto ese espacio se puebla de casas concretas, con terrazas y
huertas, y de gente real, como el adolescente José Arcadio Buendía enloquecido
por el deseo en pos de Pilar Ternera.?
"Una mujer alegre,
deslenguada, provocativa, que ayudaba en los oficios domésticos y sabía leer
el porvenir en la baraja". Tocándolo, en su masculinidad excesiva, él
"quería que ella fuera su madre" (p. 39). Finalmente, al hacer el
amor, "se encontraba con el rostro de Úrsula" y no el de ella y en
ese dilema de quedarse o de huir, de estar "para siempre en aquel silencio
exasperado y aquella soledad espantosa" terminará por escapar de Pilar
Ternera ya embarazada, detrás de una joven gitana. El orden patriarcal y sus
códigos morales desde el inicio se ven rotos por esos hogares paralelos y esos
frutos espurios.
Uno de los primeros
círculos del libro se cierra entonces cuando Úrsula, buscando al hijo
descarriado, encuentra el camino, a solo dos días de viaje, hacia pueblos que
recibían el correo y conocían "las máquinas de bienestar".
"Puros y simples accesorios terrestres puestos en venta sin aspavientos
por los mercachifles de la realidad cotidiana? (p. 52). Macondo ya no estaba
rodeado de agua por todas partes, como pensaba el fracasado expedicionario que
había sido José Arcadio fundador. Úrsula había encontrado la vía de acceso al
mundo real."
Están aquí trazadas algunas
de las líneas clave que sostendrán esta hazaña narrativa. Un vértigo de
aventuras, de excesos que siempre se nutren de la realidad y de pormenores
realistas que terminan por adquirir la pátina del mito y la leyenda. Por ello,
el libro, desde este Génesis auroral hasta el decrépito Apocalipsis final,
donde se extingue la estirpe y la cola de cerdo agoniza estéril para clausurar
el ciclo, mantiene varios niveles de lectura. Es una saga colombiana, pero
también una muy humana Biblia de guerras, caudillos y profetas, de esplendores
y desaciertos. De ejes que giran y se desgastan, y de generaciones que intentan
dejar huella y solo obtienen el olvido como su única recompensa. Tiene rasgos
épicos, trazos trágicos, escenas de humor jocundo, exaltaciones líricas,
revisiones históricas y la música alborozada de una comedia de excesos
sexuales, todo ello en el marco incomparable de la cultura del Caribe. Pero es
también una mixtura literaria donde tradición oral, Kafka, Faulkner y Virginia
Woolf, Borges y Rulfo, Las mil y una noches y los cantos vallenatos forman un
eficaz y sólido conjunto, donde los nombres se repiten y el destino de las
generaciones parece enredarse en sus fallidos afanes. Guerras civiles,
supersticiones, prejuicios, apariencias formales y juegos de azar contribuyen
al declive. Para concluir en la más solitaria y desconsoladora elegía. La
familia Buendía se borra de la faz de la tierra y solo nos queda el prodigio de
una novela que la restituye a la vida: Cien
años de soledad, aparecida el 30 de mayo de 1967 en la
Editorial Sudamericana de Buenos Aires, y escrita hace 40 años en una casa de
Ciudad de México.
Íbamos por un jugo natural especial,
mi hija menor es diabética y desde que apareció un franquicia en el mercado colombiano con
el nombre de “Cosechas”, la ciudad se
llenó de locales comerciales ofreciendo jugos naturales, hechos con frutas orgánicas
y en condiciones que según ella respondían mucho más a las exigencias de su
dieta. Cuando había dinero en la tarde era casi de rutina salir a buscar un
local de estos. El día que conocí a Mara cumplía con ese itinerario, por alguna
razón no fuimos al mismo sitio de siempre y de pronto estábamos en un local más
lejos, nuevo para nosotros, pidiendo el susodicho jugo e impresionados por esta
mujer bella que nos atendía, espontanea, y de alguna manera intuíamos tenía
un universo inmenso, más allá de lo que uno supone en razón del lugar. Mi hija saborea estos jugos con jubilo, sublimiza el momento, los degusta con
absoluto encanto, no importa que los tome todos los días, cada vez que lo hace, los disfruta como si fuera la primera vez, exagera sus gestos, abre los
ojos; de hecho, ella que tiene una dieta tan restrictiva valora mucho estos momentos, los disfruta de sobremanera. Mientras toma su jugo me mira y me
habla, para ella es muy importante que yo le preste atención, se irrita cuando
no le contesto o no le sigo la charla, de pronto, me dijo.......Papi te estoy
hablando, ahora la miras, me dice con una sonrisa irónica, estaba seriamente
distraído viendo a Mara moverse como una gacela atendiendo a los clientes,
atenta, pero no servil, puntual, nunca iba más allá de lo comercial y nunca pierde el orden, es exacta. La
manos de Mara siempre me han impresionado, son mucho más que unas manos, ahí
parece estar su mundo contenido, su vida, las expectativas que valen la pena,
lo importante para ella. No sé cómo pasó, ni a qué hora, estábamos hablando de
pintura, del arte figurativo, de la universidad de los Andes, de lo que le
inquieta del arte contemporáneo con sus instalaciones y vanguardias, no podía
creerlo, estaba con una pintora, que ahora por razones inexplicables, estaba
sirviendo jugos en un lugar recóndito de Medellín, alejada de su mundo,
rememorando todo lo que le importa realmente, lo hacía sin arrepentimientos, más bien
con nostalgias por los amores con el arte arrinconados gracias a las
vicisitudes de la vida. Desde ese día la visitamos habitualmente, rememoraba en cada encuentro, que la mayoría de pintores tienen experiencias de este tipo, desde ese día volví a los
libros de arte, pensaba que es una constante histórica el hecho que la suerte de los pintores siempre está supeditada a un mecenas,
que ahora paradójicamente se llama mercado, al final, es la capacidad para
vender obra a una élite específica los que los hace importantes en el mundo comercial, tiene que ver al final mucho con las influencias,
con la lagartería. Mara, nacida en Cali Colombia, había estudiado arte en la
mejor universidad del país, tubo los mejores maestros y por lo tanto las
mejores experiencias, vivió en Europa, cuando recordaba estos recorridos, sus
ojos adquirían una matiz de nostalgia que difícilmente podía disimular. En cada
visita que le hacíamos al negocio, conversábamos sobre todas aquellas
afinidades que hoy nos unen, pero al final siempre terminaba mirando esas
manos, que parecían hablar, que decían mucho de ella, cuando salía del local,
me obsesionaba con sus movimientos, eran como portadoras de una sabiduría
formal inocultable para el común de los mortales, como ocultando una
sensibilidad extraordinaria. Recodé lo que significan las manos para un pintor,
la obsesión de Leonardo Da Vinci con las manos…..En Mara, sus mano parecen
hablar, suaves, sus dedos como de pianista se mantienen firmes, en una especie
de contención inexplicable, listos para expresar. De pronto, quise conocer su
obra, no sabía cómo decirle, conozco las estrechas y tensas relaciones entre la
obra de un artista y su vida, en ella se traducen muchos de las emociones y las
vicisitudes de su existencia, muchas veces no les gusta mostrar sus cuadros por
lo que puedan expresar, no sabía si este era el caso de Mara. Por circunstancias
especiales conocí su mejor obra, sus hijos, Andrea una niña con una dulzura y sensibilidad extraordinaria, muy alta para
su edad, sus ojos son intensos, tiene una delicadeza que me recuerda ciertas
damas descritas por Alejandro Dumas en sus novelas más emblemáticas, enamorada
de la vida, llena de expectativas. Nicolás, es un muchacho diferente a todo lo
que conozco, dulce pero serio, amable, respetuoso, parco, pero no es tímido,
habla lo necesario, pero cuando lo hace, deja ver toda su sabiduría y orden
mental. Estudia veterinaria, pero su ilusión es ser médico, trabaja
incansablemente para este sueño, que estoy seguro cumplirá.
Algún día, después de haber
compartido muchos momentos con Mara, Andrea, Nicolas y mis hijos, termine en su
casa. Nunca había perdido el deseo de conocer su obra, más bien estaba esperando
el momento, que se me presentó de súbito, como todo lo grande de la vida. Quede impertérrito, sabía que ese ser y esas
manos, estaban por fuera del común de los mortales. Su oleos, con una fuerza
tenaz, me trajeron a colación desde Miguel Ángel y algunos artistas del
manierismo florentino como Rosso y Bronzino; hasta Diego Velásquez, Rembrandt,
Francis Bacon, Roberto Matta, Willem de
Kooning, Goya, entre muchos otros, artistas que no había vuelto a tocar, que
había abandonado por mi obsesión con la literatura. Era un hecho, su pintura
expresa muchas influencias, un recorrido, evoca momentos específicos del arte
Colombiano,la pintura de ciertos artistas norteamericanos del sesenta, su
lectura está llena de sorpresas, hay un universo completo en estos oleos, confirme que tenía una persona especial, no
sabía qué hacer, raras veces tiene uno sorpresas tan bellas en la vida, estaba
alegre y sabía que este ser estaba haciendo con su vida lo que no le
corresponde, las razones las desconocía, pero ahí estaba su obra, como un faro,
para repetirme esta verdad.